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El demoledor testimonio de un exmusulmán al que quieren callar acusándole de ‘islamofobia’ (vídeo y texto) / The devastating testimony of an ex-Muslim who they want to silence accusing him of ‘Islamophobia’ (video and text)

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«LA GENTE TIENE DERECHO A TEMERLE AL ISLAM. ESTO NO ES UNA FOBIA», DICE RACHID

Por/By @ElentirVigo en outono.net/elentir

Se llama Rachid, fue musulmán y hoy es cristiano. Tiene un canal de Youtube con más de 39.000 seguidores, en el que habla sobre Cristianismo, Islam y terrorismo en árabe y en inglés.

El 22 de diciembre de 2015 este exmusulmán nacido en Marruecos publicó un interesantísimo vídeo en inglés titulado “Islamophobia VS. Freedomophobia” (Islamofobia vs Libertofobia), en el que cuenta su experiencia tras su conversión al cristianismo y su huída de Marruecos a causa de ello. Me enteré de la existencia de este vídeo anoche por un tuiteo de Santi Abascal. Por su interés he decidido publicar aquí la versión subtitulada en español que publicó hace un mes el canal de Youtube de Libertoso:

Como sé que el blog lo leen también personas que pueden tener alguna dificultad visual, y posiblemente prefieran disponer de este testimonio en formato texto, me he tomado la molestia de transcribir las palabras de Rachid:

“Mi nombre es Rachid. Soy un exmusulmán. Abandoné mi país porque no tenía permitido abandonar el Islam ni criticarlo. Me matarían si hoy vuelvo a cualquier país musulmán. Y ahora, cuando vine a Occidente, los musulmanes intentan callarme usando otra herramienta: “islamofobia”.

¿Y qué es la islamofobia? Nunca había escuchado ese término cuando estaba en Marruecos. Allí sólo decían que el apóstata debe ser asesinado. Pero en Occidente, si criticas el Islam te acusan de islamofobia. El Islam nos silencia en Oriente, amenazando a algunos de nosotros, arrestando a algunos, persiguiendo a otros y matando a los apóstatas. Pero en Occidente, el Islam intenta silenciarnos usando este término raro: “islamofobia”.

Sé que miles fueron perseguidos por culpa del Islam, y miles fueron asesinados por culpa del terrorismo islámico. Por el otro lado, déjenme preguntarles a aquellos que usan este término: ¿cuántas personas fueron asesinadas por culpa de la islamofobia?

¿Quieres hablar sobre islamofobia? Entonces quiero que encuentres un nombre para describir esto, por favor. Cuando dejé el Islam y me convertí al Cristianismo, fui rechazado por mi propia familia musulmana porque el Islam les pide que lo hagan. Fui perseguido por mi propio país, porque es un país islámico y el Rey es el príncipe de los creyentes. Cuando me reunía -en secreto- con cristianos que se habían convertido, como yo, no teníamos permitido tener Biblias en árabe. No teníamos permitido reunirnos ni rendir culto. Aquellos que se querían casar tenían solo una opción: hacerlo como un casamiento islámico. No teníamos permitido ponerles nombres cristianos a nuestros hijos. Sólo se permitían nombres árabes musulmanes. Nuestros niños fueron forzados a estudiar Islam en la escuela y a memorizar versos del Corán.

Nos juntábamos en casas con las puertas y las ventanas cerradas y hablábamos sigilosamente para que nadie nos escuchase. Fingíamos que solo estábamos visitando a unos amigos para poder reunirnos. Éramos forzados a ayunar durante el Ramadán. Y si comíamos a la vista de alguien, nos metían presos por hasta seis meses. Éramos forzados a escuchar críticas sobre nuestra fe y quedarnos en silencio, porque si contestábamos, nos hubiesen arrestado y sentenciado por -al menos- dos años por sacudir la fe de un musulmán.

Esto no pasaba en Arabia Saudí o Irán. Esto era en Marruecos, uno de los países “más moderados” en el mundo musulmán. Y no fui solo yo el que sufrió. Otros, ateos, lo han sufrido hasta ahora. Los cristianos están sufriendo. Los bahaís están sufriendo. Cualquiera que critique al Islam está sufriendo. ¿Cómo llamas a eso? Por favor, ponle un nombre. ¿”Libertofobia”?

El Islam teme a la libertad. La libertad jamás mató a nadie. La gente tiene derecho a temerle al Islam. Esto no es una fobia. Esto es un miedo razonable, porque nosotros vemos los frutos del Islam. Lo vemos en países musulmanes, lo vemos en el ISIS. Los vemos también en noticias sobre terrorismo en todas partes. En Boko Haram. En Al Shabaab en Somalia. En Arabia Saudí. En las decapitaciones, las crucifixiones, las amputaciones de manos y las lapidaciones. Es un miedo real. Por lo tanto, nosotros vamos a criticar el Islam, y los musulmanes van a tener que vivir con eso.

Es Islam no es una raza. Yo puedo criticarlo sin tener miedo de ser acusado de racista. El Islam es un conjunto de doctrinas. Yo tengo el derecho de criticarlo como cualquier otra doctrina. Es un conjunto de ideas. La gente puede denunciarlas, criticarlas y hasta odiarlas sin ser hostigada o acusada de odio. ¿Es discurso de odio si yo odiara una ideología? El Islam es una ideología. El Islam se da a sí mismo el derecho de criticar a otras religiones, especialmente al Cristianismo y al Judaísmo. Debería también aceptar críticas de las otras religiones. Los musulmanes, por ejemplo, acusan a los cristianos de cambia su Biblia y les llaman politeístas porque rinde culto a Jesús. Así que también deberían aceptar las críticas hacia su religión. La libertad corre hacia ambos lados. No es buena solo cuando te sirve a ti.

Los musulmanes son personas. El Islam es una ideología. Criticar y odiar el Islam no significa odiar a los musulmanes. Mis padres son musulmanes. Muchos de mis familiares son musulmanes. Yo los amo y los respeto. Pero aún así critico el Islam sin confundir una cosa con la otra. Deberíamos diferencia entre ellos. Los miembros de mi familia no deberían estar forzados a ser musulmanes. Lo mismo para cualquier musulmán. Lo pueden denunciar. No es su raza o su ADN. Es su elección. Si hay una fobia, existe en los países musulmanes, que le tienen miedo a la libertad. Miedo a un puñado de cristianos reuniéndose en una casa para rezar. Miedo a gente comiendo públicamente en Ramadán. Miedo a una mujer descubriendo su cabello. Aquellos que nos siguen sermoneando sobre la islamofobia deberían sermonear a Arabia Saudí, que le teme a una mujer que conduce su coche, y le teme a un bloguero que escribía sobre la libertad.

El terrorismo cometido por aquellos yihadistas musulmanes está obviamente conectado al Islam. No deberíamos tener miedo de decirlo. Nadie debería tener miedo de criticar al Islam en voz alta. No deberíamos dejar que nadie nos silencie o intimide usando etiquetas como islamofobia, o cualquier otra etiqueta. Defiende tu libertad y tus derechos.

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NOTA PERSONAL: Tengo motivos para pensar que este vídeo pueda durar poco en Youtube por lo que me permito sugerir que os lo bajéis al disco duro para no perderlo y poder seguir difundiéndolo. Incluso tampoco sería mala idea subirlo a alguna plataforma alternativa a YouTube, por ejemplo VIDME. Yo la estoy utilizando y hasta el momento me va bastante bien.

El vídeo me lo he bajado ANTES de copiar el artículo y después lo subiré a dicha plataforma. Naturalmente, el que conozca otra u otras que les merezcan su confianza, que las usen, lo importante es que esto no se pierda y se difunda.

inglaterra

«THE PEOPLE HAVE THE RIGHT TO FEAR THE ISLAM. THIS IS NOT A FOBIA,» SAYS RACHID

His name is Rachid, he was a Muslim and today he is a Christian. It has a Youtube channel with more than 39,000 followers, in which it talks about Christianity, Islam and terrorism in Arabic and English.

On December 22, 2015, this Moroccan-born ex-Muslim published an interesting video in English titled «Islamophobia VS. Freedomophobia «(Islamophobia vs. Libertophobia), in which he tells of his experience after his conversion to Christianity and his flight from Morocco because of it. I learned of the existence of this video last night by a tweet by Santi Abascal. For your interest I decided to publish here the version subtitled in Spanish that published a month ago the YouTube channel of Libertoso:

(VIDEO SUBTITLED TO SPANISH, ABOVE, ENGLISH ONLY, CLICKING THE LINK OF THE PREVIOUS PARAGRAPH)

As I know the blog also read people who may have some visual difficulty, and possibly prefer to have this testimony in text format, I have taken the trouble to transcribe the words of Rachid:

«My name is Rachid. I’m an ex-Muslim. I left my country because I was not allowed to abandon Islam or criticize it. They would kill me if I go back to any Muslim country today. And now, when I came to the West, Muslims try to shut me up using another tool: «Islamophobia.»

And what is Islamophobia? I had never heard that term when I was in Morocco. They only said that the apostate should be killed. But in the West, if you criticize Islam you are accused of Islamophobia. Islam silences us in the East, threatening some of us, arresting some, chasing others and killing the apostates. But in the West, Islam tries to silence us by using this rare term: «Islamophobia.»

I know that thousands were persecuted because of Islam, and thousands were killed because of Islamic terrorism. On the other hand, let me ask those who use this term: how many people were killed because of Islamophobia?

Do you want to talk about Islamophobia? Then I want you to find a name to describe this, please. When I left Islam and converted to Christianity, I was rejected by my own Muslim family because Islam asks them to do so. I was persecuted by my own country, because it is an Islamic country and the King is the prince of the believers. When I met – secretly – with Christians who had become like me, we were not allowed to have Bibles in Arabic. We were not allowed to meet or worship. Those who wanted to get married had only one option: to do it as an Islamic marriage. We were not allowed to give Christian names to our children. Only Arab Arabic names were allowed. Our children were forced to study Islam at school and to memorize verses from the Quran.

We would gather in houses with doors and windows closed and we would talk quietly so that no one would listen to us. We pretended that we were just visiting friends so we could meet. We were forced to fast during Ramadan. And if we ate in sight of someone, we were imprisoned for up to six months. We were forced to listen to criticism of our faith and remain silent, because if we answered, we would have been arrested and sentenced for at least two years for shaking the faith of a Muslim.

This was not happening in Saudi Arabia or Iran. This was in Morocco, one of the «most moderate» countries in the Muslim world. And it was not just me who suffered. Others, atheists, have suffered so far. Christians are suffering. Bahais are suffering. Anyone who criticizes Islam is suffering. What do you call that? Please put a name. «Libertophobia»?

Islam fears freedom. Freedom never killed anyone. People have the right to fear Islam. This is not a phobia. This is a reasonable fear, because we see the fruits of Islam. We see it in Muslim countries, we see it in ISIS. We also see them in news about terrorism everywhere. In Boko Haram. At Al Shabaab in Somalia. In Saudi Arabia. In beheadings, crucifixions, amputations of hands and stoning. It is a real fear. Therefore, we are going to criticize Islam, and the Muslims are going to have to live with that.

It is Islam is not a race. I can criticize him without being afraid of being accused of racist. Islam is a set of doctrines. I have the right to criticize it like any other doctrine. It is a set of ideas. People can denounce them, criticize them and even hate them without being harassed or accused of hatred. Is it hate speech if I hated an ideology? Islam is an ideology. Islam gives itself the right to criticize other religions, especially Christianity and Judaism. It should also accept criticism from other religions. Muslims, for example, accuse Christians of changing their Bible and calling them polytheists because they worship Jesus. So they should also accept criticism of their religion. Freedom runs to both sides. It is not good only when it serves you.

Muslims are people. Islam is an ideology. Criticizing and hating Islam does not mean hating Muslims. My parents are Muslims. Many of my relatives are Muslims. I love and respect them. But I still criticize Islam without confusing one thing with the other. We should make a difference between them. Members of my family should not be forced to be Muslims. Same for any Muslim. You can report it. It is not your race or your DNA. It is your choice. If there is a phobia, it exists in Muslim countries, which are afraid of freedom. Fear of a handful of Christians meeting in a house to pray. Fear of people eating publicly in Ramadan. Fear of a woman discovering her hair. Those who continue to lecture us about Islamophobia should lecture Saudi Arabia, who fears a woman who drives her car, and fears a blogger who wrote about freedom.

The terrorism committed by those Muslim jihadists is obviously connected to Islam. We should not be afraid to say it. No one should be afraid to criticize Islam aloud. We should not let anyone silence or intimidate us by using labels like Islamophobia, or any other label. Defend your freedom and your rights. «

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PERSONAL NOTE: I have reason to think that this video can last a little on Youtube so I suggest you download it to the hard drive so you do not lose it and continue to spread it. Even it would not be bad idea to upload it to an alternative platform to YouTube, for example VIDME. I am using it and so far I am doing quite well.

I downloaded the video BEFORE copying the article and then upload it to the platform. Of course, the one who knows another or others who deserve their trust, who use them, the important thing is that this is not lost and diffused.

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Delitos de odio: una excusa para imponer métodos de censura propios de dictaduras / Hate crimes: an excuse to impose censorship methods of dictatorships

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¿TODO VALE PARA QUE ALGUNOS NO OIGAN AQUELLAS OPINIONES QUE NO LES AGRADAN?

Los países occidentales están adentrándose en una peligrosa espiral con la excusa de perseguir ciertas fobias. Parece que todo vale con tal de reprimir lo que algunos tachan de “odio”.

El odio ya era una circunstancia agravante en el Derecho penal

La mayoría de los políticos y de los medios tratan de convencernos de que la sociedad necesita armarse legalmente para combatir contra esas fobias sociales porque, según dicen, el odio mata. Hay que decir que todo país democrático ya dispone de herramientas legales para castigar aquellos delitos que son motivados por el odio. Por ejemplo, en España el Código Penal de 2015 contempla en su Artículo 22 una serie de circunstancias agravantes que llevan a incrementar la pena impuesta a determinados delitos. Entre esos agravantes figura el siguiente: “Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad.” Así pues, ya existen en nuestro Derecho penal las herramientas para perseguir ese tipo de conductas como debe hacerse en una democracia: dejando que sean los jueces quienes apliquen las leyes.

Nos imponen leyes de excepción que ejecutan políticos y no jueces

Sin embargo, la mayoría de los políticos y de los medios, empujados por ciertos grupos de presión, están consiguiendo imponernos una serie de normas que convierten a los políticos acusadores y jueces. Políticos y periodistas nos aseguran que el castigo de esos “delitos de odio” por la vía administrativa es una necesidad imperiosa ante la amenaza que suponen esos delitos. Curiosamente, entre esos políticos y medios hay algunos que rechazan las leyes antiterroristas aplicadas por jueces porque, según ellos, son leyes de excepción, es decir, normas creadas vulnerando el ordenamiento constitucional para conseguir delitos por mera voluntad política. Este mismo año un partido de ultraizquierda, Podemos, ha intentado legalizar la apología del terrorismo, con el argumento de que ese tipo penal “habla mal de nuestra calidad democrática”. Sin embargo, ese mismo partido pretende aprobar ahora una “Ley Mordaza” que crea delitos de opinión y deja su castigo en manos de políticos, y no de jueces, algo propio de dictaduras.

Critican la ‘Ley Mordaza’ y luego piden una con la excusa de perseguir el ‘odio’

En una clara muestra de esa idea de que todo vale para perseguir las opiniones que no les gustan, Podemos ha includo en su “Ley Mordaza” aspectos que criticó en una ley presentada por el PP y que la formación de ultraizquierda tachó, de hecho, de “Ley Mordaza”. Lo que revela esta forma de actuar es la descaradamente arbitraria forma de entender la ley que tiene nuestra clase política, rechazando o aceptando ciertos preceptos legales no por la bondad del precepto en sí, sino en función del propósito que se busca con su imposición: es el viejo y aberrante principio de que el fin justifica los medios. En el caso de la ultraizquierda, además, la promoción de ese tipo de leyes se enmarca en una doble moral que ya viene de muy atrás. Y es que esa ultraizquierda critica la censura franquista pero no tiene reparos en apoyar dictaduras como las de Cuba y Venezuela, sin mostrar ni el más mínimo atisbo de vergüenza.

Se dicen liberales pero apoyan leyes dictatoriales

Pero si ese cinismo es lo que cabe esperar de la extrema izquierda, lo más chocante es ver como otros que se dicen demócratas y moderados se suben al carro de la censura e incluso pretenden ser los más aventajados en su imposición. Me refiero concretamente a formaciones como el Partido Popular y Ciudadanos, que a menudo presumen de liberales pero que el año pasado apoyaron, junto a Podemos y al PSOE, una de esas “leyes mordaza” en Madrid. Una ley que no resiste ni el más leve análisis desde un punto de vista democrático: viola la libertad de expresión y la libertad de educación, usurpa funciones exclusivas de los jueces e incluso vulnera el derecho a la presunción de inocencia, exigiendo que sean los acusados quienes prueben que no son culpables, cuando lo único legítimo en una democracia es que sea el acusador quien tenga que probar su acusación. Este método acusatorio es propio de regímenes totalitarios como el nazismo y el comunismo, y deja a los ciudadanos totalmente indefensos ante cualquier desaprensivo que quiera servirse de una falsa acusación para someter a alguien a un calvario legal.

Permiten matar a hijos por nacer pero prohíben decir que si tienen pene son niños

Lo más alarmante es que normas similares se han aprobado ya en otras muchas comunidades autónomas. Con esas normas, España está cayendo por una pendiente resbaladiza hacia la tiranía. Una tiranía en la que pretenden prohibir el mero hecho de afirmar, por ejemplo, que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Es decir, quieren censurar a quien diga que existen dos sexos (y no 37) o que el sexo lo define la biología, y no el entorno cultural, convirtiendo la afirmación contraria en un dogma legal y tipificando toda discrepancia en un delito. Afirmar lo obvio hoy es tachado “odio” y te convierte en blanco de la censura. Sin embargo, no hay ningún problema en extender el odio a España, en decir que matar a hijos por nacer es un “derecho” o en promover el odio de clase o la cristianofobia, por citar cuatro manifestaciones de odio bien vistas por el progresismo y que han provocado multitud de muertes. Pero contra ese odio, real y cada vez más extendido, no ponen en marcha ninguna ley. La doble vara de medir que usan es escandalosa.

El ‘odio’ como excusa para desatar una caza contra los discrepantes

Si lo que acabo de señalar desde el punto de vista legal ya es grave, las consecuencias a nivel social y mediático no lo son menos. Animados por esas leyes liberticidas, los hinchas de los partidos que las han aprobado se han lanzado a la caza del discrepante, con especial entusiasmo en el caso de los más extremistas. Esa persecución se está notando especialmente en Internet. Las redes sociales se han convertido en un nuevo circo romano en el que los fans de la nueva censura insultan, amenazan e incluso desean la muerte al que les contradice. Esta ola de fanatismo ha registrado un aumento espectacular en estos últimos dos años. Si antes el tachar a alguien de “fascista” era la excusa más habitual para que los llamados “antifascistas” insultasen, amenazasen y agrediesen a cualquiera, ahora la acusación de “odio” se ha convertido, paradójicamente, en la señal para desatar campañas de odio contra los que no opinan como dicta la élite política y mediática.

Periodistas que actúan como si fuesen comisarios políticos

La élite mediática tiene una especial responsabilidad en las campañas de acoso que se están desatando en Internet e incluso en las calles. El cada vez mayor nivel de señalamiento y manipulación está convirtiendo a muchos periodistas en auténticos comisarios políticos, que se creen con autoridad para dictarnos lo que podemos opinar y lo que no, so pena de ser el blanco de sus iras (y de sus mentiras). Han ayudado a propagar palabras-policía como ultracatólico, ultraconservador, islamófobo, machista, homófobo y transfóbico, con las que van definiendo lo que tienes que pensar y lo que no. Poco importa que seas un católico y un conservador a secas, que no odies a las mujeres, ni a los homosexuales, ni a los transexuales ni a los musulmanes. Esas palabras-policía se lanzan indiscriminadamente contra todo el que no piensa como dicta la élite mediática, con la misma ligereza con la que el bolchevismo purgaba a aquellos a los que señalaba como “contrarrevolucionarios”. El problema para esa élite política es que los señalados conforman un colectivo social tan amplio que está creciendo el hartazo ante esos señalamientos. Basta con ver los comentarios de los lectores en muchos diarios digitales para comprobar el creciente alejamiento entre la élite mediática y su audiencia, porque ésta última no necesita a los medios para percibir e interpretar lo que pasa en la calle: para algo tiene ojos y oídos. Esa rebelión frente a la manipulación se ha hecho notar, por ejemplo, en la victoria electoral de Trump en EEUU, una victoria inesperada y contra la que se había conjurado la amplia mayoría de los medios. Veremos cuánto tarda en ocurrir algo así en Europa, porque lo que no pueden esperar esas élites políticas y mediáticas es que nos quedemos callados y sin rechistar mientras nos pisotean.

inglaterra

Western countries are entering a dangerous spiral with the excuse of pursuing certain phobias. It seems that everything is worth with such to repress what some brand of «hatred».

Hate was already an aggravating circumstance in criminal law.

Most politicians and media try to convince us that society needs to arm itself legally to fight against these social phobias because, they say, hatred kills. It must be said that every democratic country already has legal tools to punish those crimes that are motivated by hatred. For example, in Spain, the Penal Code of 2015 contemplates in Article 22 a series of aggravating circumstances that lead to increase the penalty imposed for certain crimes. These include: «Committing the offense on the basis of racist, anti-Semitic or other discrimination concerning the victim’s ideology, religion or belief, ethnicity, race or nation, sex, orientation or identity Sexual, gender, disease or disability. «Thus, there are already in our criminal law the tools to pursue such behaviors as should be done in a democracy: leaving the judges to enforce the laws.

We impose exceptional laws enforced by politicians and non-judges.

However, most politicians and the media, pushed by certain lobbyists, are getting to impose a series of rules that make politicians accusers and judges. Politicians and journalists assure us that the punishment of these «hate crimes» by administrative means is imperative to the threat posed by these crimes. Curiously, among those politicians and means there are some who reject the antiterrorist laws applied by judges because, according to them, they are laws of exception, that is, rules created violating the constitutional order to obtain crimes by mere political will. This same year an ultra-left party, Podemos, has tried to legalize the apology of terrorism, with the argument that this criminal type «speaks badly about our democratic quality.» However, the same party intends to approve a «Gag Law» that creates crimes of opinion and leaves its punishment in the hands of politicians, and not of judges, something typical of dictatorships.

They criticize the ‘Gag Law’ and then ask for one with the excuse of pursuing ‘hate’.

In a clear example of this idea that everything is worth pursuing the opinions they do not like, Podemos have included in their «Gag Law» aspects that criticized in a law presented by the PP and that the formation of ultra-left crossed, in fact, Of «Gag Law». What reveals this way of acting is the blatantly arbitrary way of understanding the law that has our political class, rejecting or accepting certain legal precepts not because of the goodness of the precept itself, but in function of the purpose that is sought with its imposition: The old and aberrant principle that the end justifies the means. In the case of the ultra-left, in addition, the promotion of this type of laws is framed in a double moral that already comes from far behind. And is that ultra-left criticizes the Franco censorship but has no qualms to support dictatorships like those of Cuba and Venezuela, without showing even the slightest hint of shame.

They call themselves liberals but they support dictatorial laws.

But if that cynicism is what we expect from the extreme left, the most shocking thing is to see how others who say they are Democrats and moderates get into the car of censorship and even pretend to be the most advantageous in their imposition. I am referring concretely to formations like the Popular Party and Citizens, who often boast of liberals but who last year supported, together with We and the PSOE, one of those «gag laws» in Madrid. A law that does not withstand the slightest analysis from a democratic point of view: it violates freedom of expression and freedom of education, usurps the exclusive functions of judges and even violates the right to presumption of innocence, demanding that they be the defendants Who prove that they are not guilty, when the only legitimate thing in a democracy is that it is the accuser who has to prove his accusation. This accusatory method is characteristic of totalitarian regimes such as Nazism and Communism, and leaves the citizens totally defenseless against any unscrupulous who wants to use a false accusation to subject someone to a legal calvary.

They allow to kill children to be born but they prohibit to say that if they have penis they are children.

Most alarming is that similar rules have already been approved in many other autonomous communities. With these rules, Spain is falling down a slippery slope towards tyranny. A tyranny in which they pretend to prohibit the mere fact of affirming, for example, that the children have penis and the girls have vulva. That is, they want to censor whoever says that there are two sexes (and not 37) or that sex is defined by biology, not the cultural environment, making the opposite statement into a legal dogma and typifying any discrepancy in a crime. Affirming the obvious today is labeled «hate» and makes you the target of censorship. However, there is no problem in extending hatred to Spain, in saying that killing unborn children is a «right» or in promoting class hatred or Christianophobia, to cite four manifestations of hate well seen by progressivism and Which have led to a multitude of deaths. But against this hatred, real and increasingly widespread, they do not implement any law. The double measuring rod they use is scandalous.

The ‘hatred’ as an excuse to unleash a hunt against discrepants.

If what I have just pointed out from the legal point of view is already serious, the consequences at social and media level are no less. Encouraged by these libertarian laws, the supporters of the parties that have approved them have thrown themselves into the pursuit of the dissenting, with special enthusiasm in the case of the most extremist. That persecution is especially noticeable on the Internet. Social networks have become a new Roman circus in which fans of the new censorship insult, threaten and even want death to contradict them. This wave of fanaticism has seen a dramatic increase in the last two years. If before to brand someone as «fascist» was the most common excuse for the so-called «antifascists» to insult, threaten and attack anyone, now the accusation of «hatred» has become, paradoxically, the signal to unleash Hatred against those who do not think as dictated by the political and media elite.

Journalists acting as if they were political commissars.

The media elite has a special responsibility in the harassment campaigns that are unleashing on the Internet and even on the streets. The increasing level of signaling and manipulation is turning many journalists into real political commissars, who believe with authority to dictate what we can say and what not, under penalty of being the target of their anger (and their lies) . They have helped to spread word-police as ultracatholic, ultraconservative, islamophobic, macho, homophobic and transphobic, with which they define what you have to think and what not. It matters little that you are a Catholic and a conservative to the dry, that you do not hate women, or homosexuals, transsexuals or Muslims. These police words are thrown indiscriminately at anyone who does not think as dictated by the media elite, with the same lightness with which Bolshevism purged those whom he called «counterrevolutionaries.» The problem for this political elite is that the people in question make up a broad social group that is growing tired of these signals. It is enough to see the comments of the readers in many digital newspapers to verify the growing estrangement between the media elite and its audience, because the latter does not need the media to perceive and interpret what happens in the street: for something has eyes and ears . This rebellion against manipulation has been noted, for example, in Trump’s electoral victory in the United States, an unexpected victory against which the vast majority of media had been conjured up. We will see how long it takes for such a thing to happen in Europe, because what these political and media elites can not expect is that we remain silent and unconvinced while we are trampled underfoot.

FUENTE/SOURCE: Outono.net

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¡QUE VIENE LA CENSURA! / HERE COMES THE CENSORSHIP! (SPANISH-ENGLISH)

censurado

Escrito por / Written by  Luis I. Gómez

Me dicen que no, que las libertades fundamentales no están en peligro, que disfrutan de las garantías de la ley y el estado. Es falso.

Leo con estupefacción en la prensa germana los comentarios sobre la última propuesta del Ministro de Justicia germano Heiko Maas para “castigar” los comentarios de “incitación al odio” en las redes sociales.  Pretende exigir a los operadores de las plataformas de medios sociales (Facebook, Twitter y co.) que eliminen (censuren) los comentarios de usuarios que puedan ser legalmente discutibles. Si no lo hacen, amenaza tanto a los autores de los comentarios como a las empresas que mantienen los servicios de redes sociales con multas de hasta 50 millones de euros. ¡Y quiere hacer de ello una ley!

La propuesta no solo es profundamente liberticida en sus últimas cnsecuencias, no tiene ningún sentido. La medida nos dejaría al pie de los caballos de los denunciantes furibundos vigilantes de lo políticamente correcto y los empleados de FB, por ejemplo, que no son juristas (ni tienen que serlo) pero se convertirían en agentes arbitrarios del ministerio de la decencia, la verdad y la felicidad. Y todo ello casi en secreto, sin participación de los órganos que realmente dispone la justicia.

El estado de derecho se fundamenta justamente en lo contrario: si usted cree que alguien le ha difamado o amenazado, son los jueces quienes deben decidir sobre si existe difamación o amenaza y disponer, en tal caso, el castigo oportuno. Los jueces! y no los carniceros o el kiosquero de al lado. Y créanme, un empleado de Facebook no es diferente del kiosquero, ni está más cualificado para emitir un juicio que el carnicero.

Cuando una legión de juristas aficionados (altamente motivados para evitar multas a su empleador)  dispone del poder de borrar mis comentarios en Twitter sólo por el hecho de que ciertos vigilantes verdeprogresistas de las neoverdades los consideran inaceptables u ofensivos, estamos minando las bases fundamentales del estado de derecho. ¿No es el estado el encargado de garantizar mi libertad de expresión?

La están liando parda, y de momento no se mueve nadie. Lloraremos como esclavos lo que no supimos defender como libres.

inglaterra

ENGLISH

They tell me no, that fundamental freedoms are not in danger, that they enjoy the guarantees of law and state. It’s false.

I read with bemusement in the German press the comments on the latest proposal by the German Minister of Justice Heiko Maas to «punish» the comments of «incitement to hatred» in social networks. It aims to require operators of social media platforms (Facebook, Twitter and co.) To remove (censor) comments from users that may be legally questionable. If they do not, it threatens both the commentators and the companies that maintain social networking services with fines of up to 50 million euros. And he wants to make it a law!

The proposal is not only deeply liberalized in its ultimate consequences, it does not make any sense. The measure would leave us at the foot of the horses of the furious whistleblowers vigilantes of the politically correct and the employees of FB, for example, who are not jurists (nor they have to be) but would become arbitrary agents of the ministry of the decency, the Truth and happiness. And all this almost in secret, without the participation of the organs that really provide justice.

The rule of law is founded on the contrary: if you believe that someone has defamed or threatened, it is the judges who must decide whether there is defamation or threat and in such cases have the right punishment. The judges! And not the butchers or the kiosk next door. And believe me, a Facebook employee is no different from the kiosk, nor is he better qualified to pass judgment than the butcher.

When a legion of amateur jurists (highly motivated to avoid fines to their employer) has the power to erase my comments on Twitter just because some greenprogress watchdogs in the neo-states consider them unacceptable or offensive, we are undermining the fundamental foundations of the state Of law. Is not the state responsible for guaranteeing my freedom of expression?

They are playing brown, and no one is moving at the moment. We will cry as slaves what we did not know how to defend as free.

El doctor LGTBI Frankenstein y el moderno cretino Prometeo

Las ampollas que un autobús rotulado con unas frases que rayan lo exacto y meridiano es, sin más ambages, un síntoma del grado de cinismo, cobardía e imbecilidad que imperan en el seno de nuestra sociedad.

“Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer seguirás siéndolo.” Este ha sido el puñado de frases que ha hecho explotar la indignación de la dictadura de lo políticamente correcto y de la policía del pensamiento, en la que los grandes grupos de la comunicación se han erigido.

Con esta lógica de la locura, decir que hoy, día en el que se publica este editorial, es uno de marzo puede llegar a ser considerado una aberración e incluso algo condenable. Porque si cada uno podemos ser lo que queramos, quién es el que puede decirnos en qué momento o día vivimos.

Podemos ser hombres y sentirnos mujeres, ser mujeres y sentirnos hombres, ser humanos y sentirnos lombrices, ser ancianos y sentirnos adolescentes, ser blancos y sentirnos negros. Podemos sentirnos lo que queramos, desafiando a la medicina, a la antropología o a la misma biología. Esta es la quimera que conduce irremisiblemente al colapso a las sociedades de Europa occidental. Esta es la libertad que nos ofrece, junto con las ofertas del Primark, el modelo económico global en su peor vertiente, que es la europea.

Pero esa presunta libertad, básicamente la libertad de ser un majadero, está blindada. Son esos irrefutables, sagrados e intocables dogmas de nuestros días que, en apenas veinte años, han puesto patas arriba milenios de civilización europea. Leyes, dotaciones presupuestarias y códigos penales aprobados por amplias mayorías parlamentarias que han llevado al ordenamiento jurídico a un plano similar al del Derecho Inquisitivo.

Porque la libertad o la defensa de la integridad de las personas por su condición sexual tienen muy poco, o nada, que ver con la actual operación de ingeniería social que estamos sufriendo. Es así de claro y sencillo.

En España el amparo no ya de una moral determinada, sino del más simple sentido común biológico cuenta con muy pocos valedores. Y en el marco del panorama político la situación es simplemente desoladora. El PP, el partido de los complejos y de la vergüenza, se sube a la carroza del orgullo arcoíris al son con el que Cifuentes mueve su teñida melena.

Solamente los ciudadanos de a pie somos quienes podemos contrarrestar el lavado de cerebro colectivo al que se nos está sometiendo. Debemos seguir llamando a las cosas por su nombre y ni plegarnos a la censura de los medios e instituciones, ni imponernos autocensura alguna ante el temor a la exclusión social. Son los padres los que han de vigilar y paliar el machacón adoctrinamiento que sus hijos reciben, desde la enseñanza primaria, en la ideología de género y en la apología del homosexualismo. Debemos denunciar, en reuniones de padres y profesores, la basura e inmundicia con la que se quiere confundir y corromper las inocentes mentes de los niños. Puede que sea duro, pero es una cuestión de supervivencia.

Ante la ley del silencio que se nos pretende aplicar, ante los dedos acusadores y las manipulaciones vertidas por los grandes medios de comunicación, ante los chillidos y estridencias del doctor Frankenstein de la ideología de género, transgénero o como quieran llamar a semejante genocida mamarrachada nos queda la resistencia civil.

Somos más los que creemos que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva a quienes afirman que hay niños con vulva y niñas con pene. Y somos más, aunque hagamos menos ruido y muchos tengan miedo a expresarlo públicamente, porque simplemente tenemos razón y porque así ha sido desde que el hombre es hombre y así será hasta el día de nuestra extinción.

Los alaridos y gruñidos que han despertado unas cuantas verdades rotuladas en un autobús nos indican que el camino no es el de la resignación o el del silencio, sino decir las cosas alto y claro. Nadie dijo que ser libres fuese fácil.

Redacción Despiertainfo.com

La corrección política se nos ha ido de las manos./The political correctness has gone out of our hands. (SPANISH-ENGLISH)

Imagen Luigi Morante
Imagen Luigi Morante

Hemos llegado a un punto en el que cada vez son más las personas que prefieren autocensurarse, eludir la discusión, el debate o, simplemente, no manifestar su opinión ante el riesgo de ser señaladas con el dedo.

POR JAVIER BENEGAS

Es muy probable que usted, querido lector, pertenezca a una familia de clase media, con más o menos posibles, en la que, desde la más tierna infancia, sus padres, abuelos y familiares le educaron en una serie de convenciones morales, algunas de ellas bastante elementales tales como que no se debía abusar de los demás, que estaba mal pegar o pelearse, menos aún hacerlo con personas manifiestamente más débiles. Incluso, tal vez le enseñaran que la violencia de cualquier tipo, no sólo física, sino también verbal, contrariamente a lo que un crío pueda creer, no te colocaba por encima de los demás sino justo lo contrario: te degradaba.

Era difícil siendo muy joven asumir por completo esas enseñanzas, sobre todo en el colegio, sin el amparo de la familia, rodeado de desafiantes competidores, de locos bajitos que buscaban destacar sobre los demás, erigirse en líderes dominantes o, simplemente, colocarse los primeros en la cadena alimenticia de una selva infantil. En ocasiones se fracasaba porque resultaba imposible reprimir el insulto ante una provocación o no recurrir al uso de la fuerza cuando algún chaval te arreaba un mamporro durante una discusión. Sin embargo, los mayores insistían. Así, perseverando, madurabas y desarrollabas un mayor autocontrol. Ya de adulto, eras tú quien transmitías esas mismas convenciones a tus hijos, que a su vez tenían que asumirlas e intentar salir indemnes de sus infantiles selvas particulares.

Evolución social

Sin embargo, pese a esas convenciones nobles, aquellos eran tiempos diferentes. Tiempos en los que hacer chistes sobre maricas, negros, mujeres, discapacitados físicos o mentales no estaba mal visto. Se admitían porque nos hacían reír y se descontaba que su coste moral no recaía sobre nosotros sino que corría a cuenta de minorías testimoniales. La “ofensa” era inocua, en tanto que afectaba a grupos supuestamente residuales o que no manifestaban de forma contundente su indignación. Obviamente esta circunstancia no ennoblecía la costumbre. De hecho, antes de que aparecieran  grupos organizados que defendieran a las minorías, estas actitudes ya resultaban incómodas para quienes eran educados en contra del abuso, porque podían intuir cierta incoherencia entre esas elevadas convenciones transmitidas en el seno familiar y la trivialización del menosprecio, aunque fuera para pasar el rato. Así, aunque la actitud mayoritaria consistiera en mirar para otro lado, con el tiempo aquellas actitudes fueron cayendo en desuso.

El progreso social consiste en desarrollar reglas informales contrarias a cualquier práctica que atente o denigre a los demás

Podríamos decir que el progreso social consiste en desarrollar reglas informales contrarias a cualquier práctica que atente o denigre a los demás. Unas reglas informales que tarde o temprano terminan convirtiéndose en reglas formales. Quizá no a la velocidad que muchos desean, pero la evolución se produce. Sin embargo, lo que hoy entendemos como corrección política (o políticamente correcto) es relativamente reciente. Un fenómeno no tanto surgido de forma espontánea, a través de reglas informales que dimanan de la sociedad, sino dirigido desde las instituciones a exigencia de organizaciones que, se supone, representan a grupos agraviados, discriminados o simplemente vituperados. Esta corrección política ha dado lugar no sólo a legislaciones polémicas, que, esgrimiendo la discriminación positiva, han chocado frontalmente contra el principio de igualdad ante la ley, sino al surgimiento de una policía del lenguaje. Incluso, en ocasiones, lo que puede parecer un avance, una evolución, puede ser un viaje al pasado, como sucede, por ejemplo, con el “novedoso” delito de odio, que es una puesta al día deldelito por convicción ideado en la totalitaria y, se supone, desaparecida Unión Soviética.

La policía del lenguaje

Hoy, cualquiera con una mínima empatía sabe que no sólo la agresión física hace daño sino que también puede hacerlo la palabra. Por lo tanto, la corrección política, que afecta al uso del leguaje, ha progresado sin apenas resistencia, a una velocidad vertiginosa, demasiado vertiginosa como para no producir efectos adversos. Al fin y al cabo, ¿quién osará oponerse a prohibiciones que persiguen actitudes inmorales? Lamentablemente, las sociedades no son masas uniformes de millones de individuos, capaces todos de avanzar a igual velocidad en el complejo terreno de las convenciones. Hay quienes están encantados con que la progresión sea vertiginosa y quienes necesitan más tiempo para asumir situaciones completamente nuevas que, en no pocos casos, les obligan no ya a luchar contra la costumbre, el hábito, sino a girar 180 grados sobre sí mismos.

Hoy, cualquiera puede meterse en un buen lío por el simple hecho de tener un desliz y usar una expresión inconveniente

Hoy, cualquiera puede meterse en un buen lío por el simple hecho de tener un desliz y usar una expresión inconveniente, quizá anacrónica, aunque sólo sea una frase hecha dentro de una conversación mucho más amplia y, desde luego, sin intención de ofender. Peor aún, se puede sacar de contexto una expresión y que algún desdichado termine siendo linchado socialmente, sin que la turba atienda a razones. De hecho, resulta alarmante la facilidad con la que hoy se adjudican etiquetas como “intolerante”, “machista”, “racista”, “xenófobo”, “homófobo” a cualquiera que, no ya utilice expresiones incorrectas, sino manifieste su desacuerdo o disienta de determinadas iniciativas, leyes o medidas que supuestamente tienen como fin revertir algún tipo de discriminación.

Autocensura y silencio

Así, hemos llegado a un punto en el que cada vez son más las personas que prefieren autocensurarse, eludir la discusión, el debate o, simplemente, no manifestar su parecer ante el riesgo de ser señaladas con el dedo y que su reputación se vea comprometida. En vez de propiciar el acuerdo, el intercambio de ideas y pareceres, se incentiva el silencio, la falta de comunicación y el distanciamiento entre las personas.

Los políticos llevan demasiado tiempo jugando al peligroso juega de la polarización, a dividir a la sociedad en facciones, en grupos de intereses de los que se valen para alcanzar el poder

Para que una sociedad evolucione de forma equilibrada es necesario un clima que favorezca el diálogo, donde las personas puedan expresar libremente sus preocupaciones, inquietudes, dudas y, por qué no, desacuerdos. Una sociedad sana tiene que poder debatir sobre cualquier asunto, abiertamente, sin tabúes, desde todas las perspectivas y dentro de un clima de confianza. Pero si la policía de la corrección política anda al acecho, atenta al menor indicio de disidencia, dispuesta a arrojar a la hoguera a cualquier sospechoso de herejía, ese clima es imposible. Así, lejos de lograr la integración, lo que se perpetúa es la exclusión. Si hay un síntoma de la crisis de la política es la incapacidad de los partidos para sumar, para ser realmente inclusivos. Muy al contrario, los políticos llevan demasiado tiempo jugando al peligroso juega de la polarización, a dividir a la sociedad en facciones, en grupos de intereses de los que se valen para alcanzar el poder. Y están determinados a perseverar en el error.

Como muestra, valga un botón. Tras la victoria de Trump, el partido Demócrata se plantea buscar un candidato que movilice el voto afroamericano y latino, porque ahí ha estado la clave del fracaso de Hillary Clinton. Pero lo que puede parecer un acierto en el corto plazo, es un error a largo plazo. En realidad, el fracaso no ha estado en no movilizar a minorías decisivas sino plantear la política como un juego de desequilibrios, en vez de como un gran proyecto, donde todos los ciudadanos, independientemente de su raza, sexo, religión o preferencias, estén y se sientan debidamente representados.

inglaterra

ENGLISH

We have reached a point where more and more people prefer to self-censor, avoid discussion, debate or simply not express their opinion at the risk of being pointed with the finger.

BY JAVIER BENEGAS

It is very likely that you, dear reader, belong to a middle-class family, with more or less possibility, in which, from the earliest childhood, their parents, grandparents and relatives educated him in a series of moral conventions, some of them They were quite elementary such as not to abuse others, it was wrong to hit or fight, let alone to manifestly weaker people. They might even teach him that violence of any kind, not only physical but also verbal, contrary to what a child can believe, did not put you above others, but just the opposite: it degraded you.

It was hard to be very young to fully assume these teachings, especially in school, without the protection of the family, surrounded by challenging competitors, crazy little people who wanted to stand out over others, become dominant leaders or simply put the first In the food chain of a children’s jungle. Sometimes it failed because it was impossible to suppress the insult to a provocation or not to resort to the use of force when some guy was driving you a fight during an argument. However, the elders insisted. Thus, persevering, matured and developed a greater self-control. As an adult, it was you who transmitted these same conventions to your children, who in turn had to take them and try to get free of their childish particular jungles.

Social evolution

However, despite these noble conventions, these were different times. Times in which to make jokes about fags, blacks, women, physically or mentally disabled were not frowned upon. They were admitted because they made us laugh and it was deduced that their moral cost did not fall on us but it was run by testimonial minorities. The «offense» was innocuous, while it affected groups supposedly residual or who did not manifest in a forceful way their indignation. Obviously this circumstance did not ennoble the custom. In fact, prior to the emergence of organized groups defending minorities, these attitudes were already uncomfortable for those who were educated against abuse, because they could sense a certain inconsistency between these high conventions conveyed in the family and the trivialization of contempt, Outside to hang out. Thus, although the majority attitude consisted in looking the other way, over time those attitudes were falling into disuse.

Social progress consists of developing informal rules that are contrary to any practice that threatens or denigrates others

We could say that social progress consists in developing informal rules that are contrary to any practice that threatens or denigrates others. Informal rules that sooner or later end up becoming formal rules. Maybe not at the speed that many want, but evolution occurs. However, what we understand today as political correctness (or politically correct) is relatively recent. A phenomenon not so much spontaneously emerged, through informal rules that emanate from society, but directed from the institutions to the demands of organizations that are supposed to represent aggrieved groups, discriminated or simply vituperated. This political correctness has given rise not only to controversial legislation, which, on the basis of positive discrimination, has clashed head-on against the principle of equality before the law, but to the emergence of a language police. Sometimes, what may seem to be an advance, an evolution, can be a journey into the past, as, for example, with the «novel» hate crime, which is an updating of crime by conviction devised in the Totalitarian and, supposedly, disappeared Soviet Union.

The Language Police

Today, anyone with a minimum of empathy knows that not only does physical aggression hurt, but so can the word. Therefore, political correctness, which affects the use of language, has progressed with little resistance, at a vertiginous speed, too dizzying to produce no adverse effects. After all, who dares oppose prohibitions that pursue immoral attitudes? Regrettably, societies are not the uniform masses of millions of individuals, all capable of advancing at the same speed in the complex terrain of conventions. There are those who are delighted that the progression is vertiginous and those who need more time to take on completely new situations that, in a few cases, force them not to fight against habit, but to turn 180 degrees on themselves.

Today, anyone can get into a mess by the simple fact of having a slip and use an expression inconvenient

Today, anyone can get into a mess by the simple fact of having a slip and use an inconvenient, perhaps anachronistic, expression, if only a phrase made into a much broader conversation and certainly not meant to offend. Worse, an expression can be taken out of context and some wretch ends up being socially lynched, without the mob attending to reasons. In fact, it is alarming the ease with which today labels like «intolerant», «macho», «racist», «xenophobic», «homophobic» are given to anyone who does not already use incorrect expressions, but expresses their disagreement or dissents Of certain initiatives, laws or measures that are supposed to reverse some form of discrimination.

Self-censorship and silence

Thus, we have reached a point where more and more people prefer to self-censor, to avoid discussion, debate or simply not to express their opinion to the risk of being pointed with the finger and that their reputation Is compromised. Instead of fostering agreement, the exchange of ideas and opinions, silence is encouraged, lack of communication and distance between people.

Politicians have spent too long playing the dangerous game of polarization, dividing society into factions, groups of interests that are used to achieve power

For a society to evolve in a balanced way, it is necessary a climate that favors dialogue, where people can freely express their concerns, concerns, doubts and, why not, disagreements. A healthy society must be able to discuss any issue, openly, without taboos, from all perspectives and within a climate of trust. But if the politically correct police are on the lookout for the slightest sign of dissent, ready to throw any suspected heresy to the stake, that climate is impossible. Thus, far from achieving integration, what is perpetuated is exclusion. If there is a symptom of the crisis of politics is the inability of parties to add, to be truly inclusive. Quite the contrary, politicians have spent too long playing the dangerous game of polarization, dividing society into factions, into groups of interests that are used to achieve power. And they are determined to persevere in error.

As shown, a button is worth. After Trump’s victory, the Democratic Party plans to seek a candidate who mobilizes the African-American and Latino vote, because that has been the key to Hillary Clinton’s failure. But what may seem like a success in the short term is a long-term mistake. In reality, the failure has not been to not mobilize decisive minorities but to pose politics as a game of imbalances, rather than as a grand project, where all citizens, regardless of race, sex, religion or Feel properly represented.

Navidad en Europa: no hables, no preguntes

La primera ministra británica, Theresa May, dijo la semana pasada que los cristianos no deben tener miedo de hablar de su fe en el trabajo y en lugares públicos. Añadió que los cristianos deben “guardar celosamente” su derecho a hablar de su fe “libremente, con respeto y responsabilidad”. [The Telegraph, en inglés, de pago]

En un discurso inusual en un gobernante europeo, la señora May señaló que “estamos en el tiempo de Adviento, tenemos en nuestro país una tradición muy fuerte de tolerancia religiosa y libertad de expresión, y nuestra herencia cristiana es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos”. 

Las palabras de la primera ministra respaldaban las conclusiones de dos informes que alertan de una creciente presión de los códigos de corrección política en las empresas británicas. Se está obligando a los trabajadores cristianos a no mostrar signos externos de su fe para no ofender a los no creyentes y a los musulmanes. 

David Isaac, presidente de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, dijo haber detectado “demasiada ansiedad” por la corrección política en muchas empresas. Cada vez es más frecuente que las compañías dejen de celebrar la Navidad con árboles, postales y actos específicos, para no ofender a una parte de sus empleados. [Equality and Human Rights Commission, en inglés]

El Cristianismo “debe ser celebrado, no denigrado”, concluye otro informe, elaborado conjuntamente por la Evangelical Alliance y el Lawyers Christian Fellowship, que apunta los mismos síntomas. “Me alegra dar la bienvenida a este informe y a sus conclusiones”, dijo la primera ministra, refiriéndose a este último documento. 

La dictadura de la corrección política está haciendo estragos con las libertades fundamentales en las democracias. La libertad religiosa no es una libertad más, sino una que goza de una especial protección en el contrato social. No son libertades de la misma naturaleza expresar una opinión sobre fútbol o política, y expresar tu fe. Vivir y manifestar libremente tus creencias es un derecho reforzado en las constituciones democráticas avanzadas. 

Hasta el progresista The Guardian reconoció este domingo, en un artículo editorial, que la corrección política está llegando demasiado lejos. [The Guardian, en inglés]

Y no solo en el Reino Unido. 

En Virginia (Estados Unidos), acaban de prohibir que en los colegios se lean las novelas Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, y Las aventuras de Huckelberry Finn, de Mark Twain, porque su contenido puede ofender a los negros. [Kiro7 y The Daily Wire, en inglés]

En España, este libro de HazteOir.org que describe la aplicación en los colegios de las nuevas leyes LGBT aprobadas por Gobiernos locales como el de Madrid y el de Cataluña, ha suscitado una campaña de censura de autoridadespartidos políticos y grupos de presión. Todos exigen la retirada de la publicación, de la que se están distribuyendo 100.000 ejemplares. [Actuall]

Además, se han pedido acciones legales contra la plataforma ciudadana, cuyos responsables creen que lo que vendrá, a continuación, es una intensa campaña en televisión y otros medios para intentar desacreditar su labor. [Actuall]

Son prácticamente inexistentes las voces en la sociedad española que han denunciado estas prácticas censoras. Una de las excepciones es la red liberal Club de los Viernes, cuya delegación de Extremadura emitió un comunicado el pasado sábado, defendiendo la libertad de expresión y el derecho a difundir el libro que describe los contenidos LGBT que se enseñarán en los colegios al amparo de las nuevas leyes de discriminación positiva. 

El presidente de HO, Ignacio Arsuaga Rato, responde a la polémica en este artículo en Actuall, en el que inscribe la censura contra el libro en el marco de las tensiones entre la sociedad civil y las élites instaladas. [Actuall]

El discurso de la primera ministra May merece ser tenido en cuenta, para que Europa y, en general, las sociedades democráticas occidentales no acaben adoptando una política selectiva de “no hables, no preguntes” para ciertas creencias y ciertas opiniones.

Actuall 

Y PARA LOS MAS CORTITOS, A VER, CEPORRETES, LA CORRECCIÓN POLÍTICA ES CENSURA, ES UN ATAQUE A LA LIBERTAD INDIVIDUAL Y LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD ¿OS ENTERAIS DE UNA VEZ, PANDA DE SACAMANTECAS?

LA TOLERANCIA NO ES PROHIBIR NI AUTOCENSURARSE, BERZOTAS.

Y EN EL CASO PARTICULAR DEL TEMA DE LAS NAVIDADES, LOS ÚNICOS QUE PROTESTAN SON LOS PUTOS MUSULMANES, YO SOY AGNÓSTICO Y NUNCA ME HA MOLESTADO PERO ES MAS, ES QUE CONOZCO A MUCHAS OTRAS PERSONAS, NO RELIGIOSAS, QUE SIEMPRE HAN CONVIVIDO PERFECTAMENTE Y SIN PROBLEMAS, ESTO LO HAN EMPEZADO, UNA VEZ MAS, LOS SEGUIDORES DE ESA INMUNDA IDEOLOGIA, DISFRAZADA DE RELIGIÓN, QUE PIDE TOLERANCIA CUANDO LOS QUE NO TOLERAN NADA A NADIE SON ELLOS.

Políticamente incorrecto / Politically incorrect

Tomo prestado este video que me he encontrado en Neuronaliberal. Loquillo tío, es que no tengo palabras. Eres la o*tia, eres dios… Ten cuidao, que cada vez hablas más claro y los de siempre s…

Origen: Políticamente incorrecto

La libertad de expresión asesinada por lo políticamente correcto.

Por  LUIS I. GÓMEZ

El sol se pone, lánguido, sobre el horizonte de la libertad de expresión y el derecho de cada uno de nosotros a decir lo que pensamos. Este verano de 2016 quedará en la memoria de todos no como el verano más tibio, o más caliente, sino como el verano en el que, tras meses (años) de orquestada campaña igualitarista empezó a bosquejarse el fin de uno de los derechos fundamentales de toda persona.

En España, los esfuerzos cordosanitarios y las altisonantes campañas buenistas unicorniales han conseguido aunar las fuerzas de izquierda con la negligente inacción del PP en un vórtex final en el que el enemigo somos todos. Todos los que no estén estrictamente del lado del mainstream, no me lo podrán negar, claramente colectivista y enajenante.

Las denominadas campañas  contra el “discurso del odio”, orquestadas desde todos los altares sociales: ministerios, ONG’s, partidos, redes sociales y panfletos de barrio han sabido imponerse a pesar de ambigüedad se su mismísimo objeto: ¿de qué “odio” estamos hablando?  ¿Son todos los “odios” iguales? ¿Qué es exactamente lo que no podemos “odiar”? El objetivo, nos dicen, es posicionarse con contundencia frente a la incitación a la ofensa, sin definir muy bien esta última, pero dejando claro que nada de lo escrito en los medios o en internet quedará sin leer-censurar-denunciar. Ejércitos de bots pululan en la red en busca del twitt “inadecuado”, el comentario “xenófobo” en Facebook o el artículo neoturboliberal “digno” de ser amordazado.

Todo aquello que “alguien” – incluso para un miembro de alguna checa autoconfigurada asambleariamente en un perdido foro de internet – considera que tiene pinta de ser odio, incitación o puesta en duda del mainstream, puede ser declarado como odio, incitación y puesta en duda del mainstream. Declaración de spam, denuncia en Twitter, bloqueo en Facebook, demonización de un blog, incluso denuncia ante algún tribunal que se preste. El umbral de lo “legal” definitivamente enmarcado en el dintel del “eso no lo queremos”, “eso no nos gusta”.

La ridícula pirueta intelectual, el funanbulismo mental necesario para redactar los titulares de buena parte de la prensa – no ya española, la europea también – cuando  de presentar ciertas noticias se trata, es el precio a pagar tras haberse arrojado en caída libre por el abismo de la autocensura, abismo excavado en buena medida por esos mismos medios en su afán de gustar al poder.

No, no se trata del temor a incumplir una ley con artículos y párrafos, todavía no. Pero todos experimentaremos las consecuencias de la cada día más patente ausencia de luz sobre la libertad de expresión: ¿retuiteo esta frase? ¿le doy al “me gusta” este artículo? Lo notaremos siempre que vacilemos antes de escribir nada, no sea que hacerlo pudiese ser perjudicial y dañar la propia carrera profesional.

El miedo está ahí, el deseo de participar en una discusión abierta, que siempre debe ser la base para la toma de cualquier decisión que afecte a la mayoría, se desvanece. Como en los mejores tiempos de todas las notorias dictaduras, el debate se retira al sector privado y en los espacios seguros de personas afines.

Esto acaba de empezar.

CENSURA: El Supremo señala que el PP usó la censura para callar las críticas de un grupo provida.

SE VULNERÓ LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DE LA PLATAFORMA CÍVICA HAZTEOIR.ORG

El Tribunal Supremo ha comunicado hoy una sentencia dando la razón a HazteOir.org frente a la censura sufrida por esta plataforma cívica en las últimas Elecciones autonómicas en Madrid.

Tergiversan la Ley Electoral para prohibir una campaña de una asociación provida
Tras rechazar el amparo legal para los niños por nacer, Cifuentes lo pide para las mascotas

Una campaña denunciada por el PP y prohibida por la JEPM el mismo día

El 7 de mayo de 2015 y a iniciativa de Cristina Cifuentes, el PP denunció ante la Junta Electoral la campaña “Yo rompo con Cifuentes”, con la que HazteOir.org recordaba el apoyo al aborto de la entonces candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Además de mentir sobre su posición en ese tema, Cifuentes dijo que la campaña de HO era “algo intolerable, injustificable y bastante ofensivo”. Como ya recordé entonces, se daba la circunstancia de que en 2008 el propio PP había acogido en un mitin pancartas con un lema similar, pero dirigido contra Zapatero. Sin tener en cuesta esto y con una inusitada rapidez, la Junta Electoral Provincial de Madrid admitió la denuncia del PP ese mismo día y prohibió la campaña de HO, y lo hizo apelando al artículo 50.5 de la LOREG y al párrafo 2º del artículo 53 de esa misma norma, unos preceptos que se referían a la campaña electoral y a la captación de sufragios, y que por tanto no tenían relación con la iniciativa del grupo provida. El 9 de mayo de 2015 ya denuncié aquí que esta censura se basaba en una tergiversación de la Ley Electoral y que vulneraba el Artículo 20 de la Constitución Española.

El Supremo deja en evidencia la vulneración de un derecho constitucional

En su sentencia, los magistrados del Tribunal Supremo coinciden con las apreciaciones que hice en aquella entrada: Carece de justificación la equiparación o asimilación que el recurrido acuerdo de la JEC efectúa de los actos dirigidos a orientar el voto de los electores con las estrictas actividades llevadas a cabo “en orden a la captación de sufragios” que, a los efectos de delimitar el concepto de campaña electoral, literalmente menciona el apartado 4 del artículo 50 de la LOREG, y a la que está referida la prohibición dispuesta en el apartado 5 de dicho precepto legal.” Concretamente, y como también señalé el año pasado aquí, la sentencia afirma “la necesidad de preservar el derecho fundamental a la libertad de expresión del artículo 20.2 CE que el mencionado precepto de la LOREG establece”. Esto es lo que dice el citado Artículo 20 de la Constitución:

“1. Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones
mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

(…)
2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

La sentencia advierte que “establecer una equivalencia entre pedir el voto e influir en el voto puede conducir a una grave y desproporcionada restricción de derechos fundamentales durante el periodo electoral, estrangulando el debate público y convirtiendo el espacio del dialogo político en un ámbito de monopolio ocupado en exclusiva por los partidos políticos y sus candidaturas.”

La sentencia no contempla que los censurados sean indemnizados

Lo que sí es insólito de la sentencia del Supremo conocida hoy es que no se pronuncia sobre las costas procesales, esto es, que no contempla que a la asociación injustamente censurada sea indemnizada ni se le restituya siquiera el dinero que ha gastado en su defensa tras ser víctima de un atropello contra sus derechos constitucionales. Hay que recordar que a la hora de censurar esa campaña totalmente legal, el PP se valió de recursos públicos pagados por todos, incluso llamando a los anunciantes para amenazarles con el derribo de sus vallas si no retiraban inmediatamente la campaña de HO. Este punto de la sentencia abre la puerta a que el poder político siga abusando de su posición y de los recursos de los que dispone -insisto: pagados por todos los contribuyentes- para silenciar campañas críticas, aunque sea de forma abiertamente contraria a la ley, como ocurrió en el caso que nos ocupa, mediante una política de hechos consumados que deja al ciudadano expuesto a grandes gastos judiciales incluso si el tribunal le da la razón, lo que provocará que más de uno se deje pisotear a falta de fondos para afrontar su defensa.

Cifuentes guarda silencio tras el jarro de agua fría del Supremo

Hay que decir, a pesar de lo que acabo de señalar, que esta sentencia supone un gran jarro de agua fría para la presidenta madrileña, que se valió de su posición para conseguir que una Junta Electoral censurase una campaña totalmente legítima y legal. Además, el Supremo deja en evidencia que Cifuentes ganó las elecciones tras servirse de la censura para acallar críticas en su contra, un hecho que perturba claramente la necesaria limpieza con la que se tendría que desarrollar una campaña electoral en un país democrático. Aunque en el momento de redactar estas líneas Cifuentes aún no ha hecho declaración alguna sobre el dictamen del Supremo -un silencio que tal vez se deba a la enorme dificultad que supone explicar ahora su autoritaria reacción a la campaña de HO-, no sería extraño que en su gabinete conociesen desde hace días la sentencia. Eso explicaría el nerviosismo de Ángel Garrido con su ataque a Ignacio Arsuaga este fin de semana, presentando al presidente de HO como anticristiano, después de que tanto Garrido como Cifuentes hayan apoyado leyes anticristianas como la vigente Ley del Aborto de 2010.

La sombra de la sentencia se cierne sobre la última ley de Cifuentes

Además de lo señalado, y aunque obviamente no la menciona pues no era el objeto de ese recurso de HO, la sentencia del Supremo arroja sombras sobre la ley totalitaria aprobada por el PP la semana pasada con el apoyo del PSOE y de Podemos. Si ya ha quedado claro con una sentencia judicial firme que Cifuentes fue capaz de echar mano de la censura para silenciar críticas contra ella por su apoyo al aborto, ¿qué garantía tienen los ciudadanos madrileños de que esa ley no se usará también para ejercer la censura, cuando la propia norma incluye vulneraciones de derechos constitucionales? Por otra parte, y como ya señalé el año pasado, esta sentencia demuestra el curioso orden de prioridades que mantiene el PP: no tiene tiempo para capturar a etarras fugados como Josu Ternera, ni para echar a las marcas electorales de ETA de las instituciones, pero sí para censurar una campaña provida de forma abiertamente ilegal. Y en el PP aún se extrañarán de la enorme cantidad de votos que se ha dejado por el camino.

FUENTE: Elentir

Y ¡OJO! esto es una batalla ganada, pero nada mas, solo basta, sin ir mas lejos, leer este post que publiqué ayer mismo y que tiene relación con este tema por cuento esta sentencia puede influir, y mucho, en esta ley impresentable que se han sacado y que, practicamente, COLOCA AL «LOBBY GAY» EN UNA POSICIÓN DE PRIVILEGIO contra lo que, además, puede ser peligroso hacer críticas, puesto que te pueden denunciar por «discriminación». Esto es algo que nos advierten incluso personas homosexuales, como podemos ver en este otro artículo en el que se habla de que el Lobby Gay ejerce una auténtica DICTADURA.

También tenemos este otro ejemplo, esta vez se trata de la famosa «red de redes», Facebook, en la que estamos casi todos (aunque haya quien no lo quiera reconocer y se tira el rollo de que no que «que va, yo Facebook nunca») y en el que vemos que la «facequisición» ha cerrado una página, con multitud de seguidores además, todo ello a instancia una vez mas del «lobby»: http://citizengo.org/es/35804-que-se-abra-cuenta-sexo-seguro-que-fue-arbitrariamente-cerrada

La cosa es aun mas grave, pues hasta ahora, todo lo que hemos visto se refiere, o solo a España o a un solo tema (como en el último caso) pero es que la cosa se extiende a Europa y tambien a los Estados Unidos, lo que quiere decir que es a nivel global, porque hay por ahí paises donde esto ni siquiera hace falta ya que NUNCA han tenido la menor libertad de expresión (los paises MUSULMANES, por ejemplo, o China y Corea del Norte), como podemos ver en este otro artículo (está en inglés, pero con el traductor de Google se entiende perfectamente): Facebook, Twitter prohibición de la libertad de expresión para formar «Super-Estado» virtual

Es decir que, incluso esta sentencia de nuestro Tribunal Supremo PUEDE QUEDAR EN NADA SI LAS DIRECTRICES EUROPEAS LO ORDENAN y no olvidemos que, en Alemania, por ejemplo, ya te pueden hasta encarcelar si haces críticas contra los inmigrantes o contra el Islam, y no solo es Angela Merkel, no, el SPD (los social-demócratas), a traves del Ministro de Justicia, pertenciente a dicho partido (para quien no esté enterado, que los habrá, le recuerdo que en Alemania, el gobierno es una coalición entre la derecha y los social-demócratas, osea, como si aquí al final llegaran a un acuerdo PP y PSOE y gobernaran juntos) a obligado a Facebook, Twitter y Google a borrar material (http://www.lavozdegalicia.es/noticia/redessociales/2015/12/15/google-twitter-facebook-eliminaran-mensajes-odio-racial-aleman-24-horas/00031450209842993303793.htm)

Esto nos dicen, nos intentan convencer PRACTICAMENTE A LA FUERZA que es para acabar con la discriminación, pero NO ES OTRA COSA QUE IMPONER EL PENSAMIENTO ÚNICO, ni mas ni menos.

¿QUIEN COJONES ES EL ESTADO PARA DECIRLE A UN INDIVIDUO LO QUE PUEDE O NO PUEDE SENTIR O PENSAR? Esto es el mundo que nos narra Orwell en su famosa novela «1984», así de sencillo.

Nos convierten en una sociedad aborregada e INFANTILOIDE, ¿nadie lo ve? pues es fácil ¿quien de niño no le ha ido a su papi o su mami con la cantinela de «papá, mamáaa…sniff, snifff, que Ricardito me ha llamado gordo»?, bien y ahora nos están llevando al «Papá Estado, Papá Estado, que Ricardito me ha llamado maricón (o negro o moro o calorro…)».

Y esto no deberia ser así, ¿que te llaman tal o cual? ¡Pues contestas o te aguantas!, eso ENDURECE EL CARACTER, en lugar de convertirte EN LOS INDIVIDUOS BLANDENGUES Y LLORICAS EN QUE NOS ESTÁN CONVIRTIENDO.

Yo, desde luego, lo tengo bien claro, LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEBE ESTAR SIEMPRE POR ENCIMA DE IDEOLOGIAS, RELIGIONES, COSTUMBRES, CREENCIAS, TRADICIONES, COLECTIVOS Y NACIONES.

A MI ME PARECE QUE ES HORA DE AMOTINARSE, ASÍ, COMO SUENA.

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¿Cuánto de nuestra cultura estamos entregando voluntariamente al islam?

« Ciertamente, los rezos en la calle, los velos, el halal y las mezquitas son símbolos de ocupación y de conquista. » (Riposte Laïque)

por Giulio Meotti
5 de Julio de 2016

  • Las democracias son, o al menos deberían ser, guardianas de un tesoro perecedero: la libertad de expresión. Esa es la gran diferencia entre París y La Habana; entre Londres y Riad; entre Berlín y Teherán, y entre Roma y Beirut. La libertad de expresión es lo que nos otorga lo mejor de la cultura occidental.

  • Es contraproducente discutir por nimiedades sobre la belleza de las viñetas, poemas o pinturas. En Occidente hemos pagado un alto precio por la libertad de hacerlo. Por lo tanto, todos deberíamos protestar cuando un juez alemán prohíbe versos «ofensivos», cuando una editorial francesa despide a un editor «islamófobo» o cuando un festival de música veta a una banda políticamente incorrecta.

Todo ocurrió en la misma semana. Un juez alemán prohibió a un comediante, Jan Böhmermann, que repitiera los versos «obscenos» de su famoso poema sobre el presidente turco Recep Tayip Erdogan. Al parecer, un teatro danés canceló los Versos Satánicos de su programa por temor a «represalias». Dos festivales franceses retiraron de su cartel a Eagles of Death Metal –la banda estadounidense que estaba actuando en la sala Bataclan de París cuando se produjeron allí los atentados del ISIS (89 personas fueron asesinadas)– por los comentarios «islamófobos» de Jesse Hughes, su vocalista. Hughes sugirió que los musulmanes deberían ser sometidos a un mayor escrutinio, diciendo: «No pasa nada por discrepar hoy en día en lo relativo a los musulmanes», y añadió:

Saben que hay todo un grupo de chavales blancos ahí fuera que son estúpidos y ciegos. Estos chavales blancos y ricos han crecido con planes de estudios progresistas desde la guardería, a los que les inundan con conceptos vacuos que no son más que cháchara.

Como escribió Brendan O’Neill, «Los progresistas occidentales les están haciendo el trabajo sucio; están silenciando a quienes el ISIS acusa de ser blasfemos; están completando la acción terrorista del ISIS».

Pocas semanas antes, la editorial más importante de Francia, Gallimard, despidió a su editor más famoso, Richard Millet, autor de un ensayo en el que escribió:

El declive de la literatura y los profundos cambios causados en Francia y Europa por la continua y vasta inmigración de fuera de Europa, con sus elementos intimidantes del salafismo militante, y por la corrección política en el núcleo del capitalismo global; es decir, el peligro de la destrucción de Europa y su humanismo cultural, o del humanismo cristiano, en nombre del «humanismo» en su versión «multicultural».

Kenneth Baker acaba de publicar un nuevo libro, On the Burning of Books: How Flames Fail to Destroy the Written Word. Es un compendio sobre el llamado «bibliocausto», la quema de libros, desde el califa Omar a Hitler, e incluye la fatwa contra Salman Rushdie. Cuando los nazis quemaron libros en Berlín, dijeron que de las cenizas de esas novelas «surgiría el ave fénix de un nuevo espíritu«. Es el mismo odio que proviene de los islamistas y sus aliados políticamente correctos. Ni siquiera tenemos una vaga idea de a cuánta cultura occidental hemos renunciado a causa del islam.

La película de Theo Van Gogh, Submission, por la que fue asesinado, desapareció de muchos festivales de cine. Las viñetas de Charlie Hebdo sobre el profeta islámico Mahoma fueron ocultadas en la esfera pública: tras la masacre, muy pocos medios reprodujeron las viñetas. Los artículos de Raif Badawi en su blog, que le costaron 1.000 latigazos y diez años de prisión en Arabia Saudí, han sido borrados por las autoridades saudíes y ahora circulan como lo hacía la literatura «samizdat» en la Unión Soviética.

Tras la matanza en la redacción de ‘Charlie Hebdo’, muy pocos medios reprodujeron las viñetas de Mahoma. Arriba, Stéphane Charbonnier, director y editor de ‘Charlie Hebdo’ -que fue asesinado el 7 de enero de 2015, junto con varios de sus colegas-, ante la antigua sede del magacín, justo después de que fuera atacada en noviembre de 2011.

Molly Norris, la dibujante estadounidense que en 2010 dibujó a Mahoma y proclamó el «Día de Dibujar a Mahoma», sigue viviendo escondida, y tuvo que cambiar de nombre y de vida. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York retiró unas imágenes de Mahoma de una exposición, mientras que Yale Press vetó las imágenes de Mahoma en un libro sobre las viñetas. La joya de la Medina, una novela sobre la esposa de Mahoma, también fue retirada.

En los Países Bajos, una ópera sobre Aisha, una de las esposas de Mahoma, fue cancelada en Rotterdam después de que la obra fuese boicoteada por los actores musulmanes de la compañía, tras las evidencias de que iban a ser objetivo de los islamistas. El periódico NRC Handelsblad tituló así su reportaje sobre el caso: «Teherán en el Mosa«, el río que atraviesa la ciudad holandesa.

En Inglaterra, los museos Victoria y Albert retiraron una imagen de Mahoma. «Los museos y bibliotecas británicas conservan decenas de esas imágenes, la mayoría miniaturas incluidas en manuscritos con varios siglos de antigüedad, pero durante mucho tiempo no se ha permitido que el público las viera», explicó The Guardian. En Alemania, la Deutsche Opera canceló la opera de Mozart Idomeneo en Berlín, porque aparecía la cabeza cortada de Mahoma.

Tamerlán el Grande, de Christopher Marlowe, donde se hace referencia a que Mahoma «no merece ser adorado», fue reescrita en el teatro Barbican de Londres, mientras que el Carnaval de Colonia canceló la carroza de Charlie Hebdo.

En la ciudad holandesa de Huizen se retiraron de una exposición dos cuadros de desnudos tras las críticas de los musulmanes. La obra de la artista iraní-holandesa Sooreh Hera fue retirada de varios museos holandeses porque algunas de las fotografías mostraban retratos de Mahoma y de su yerno, Alí. De seguir esta tendencia, un día la National Gallery de Londres, el Uffizi de Florencia, el Louvre de París o El Prado de Madrid decidirán censurar a Miguel Ángel, a Rafael, a El Bosco y a Balthus por si ofenden la «sensibilidad» de los musulmanes.

El dramaturgo inglés Richard Bean ha sido obligado a censurar una adaptación de Lisístrata, la comedia de Aristófanes, donde las mujeres griegas se pone en «huelga de sexo» para evitar que sus hombres vayan a la guerra (en el guion de Bean, las vírgenes musulmanas se ponían en huelga para frenar a los terroristas suicidas). Varios pueblos españoles han dejado de quemar efigies de Mahoma en la ceremonia que conmemora la reconquista del país en la Edad Media.

Existe un vídeo que fue grabado en 2006, cuando las amenazas de muerte contra Charlie Hebdo empezaron a ser preocupantes. Sus periodistas y dibujantes se encontraban reunidos en torno a una mesa para decidir la siguiente portada de la revista. Hablaban sobre el islam. Jean Cabu, uno de los dibujantes que fue más tarde asesinado por los islamistas, lo expresó así: «Nadie en la Unión Soviética tenía el derecho de hacer sátira sobre Brezhnev».

Entonces, otra futura víctima, Georges Wolinski, dice: «Cuba está llena de dibujantes, pero no hacen caricaturas sobre Castro. Así que somos afortunados. Sí, somos afortunados. Francia es un paraíso».

Cabu y Wolinski tenían razón. Las democracias son, o al menos deberían ser, guardianas de un tesoro perecedero: la libertad de expresión. Esa es la gran diferencia entre París y La Habana; entre Londres y Riad; entre Berlín y Teherán, y entre Roma y Beirut. La libertad de expresión es lo que nos otorga lo mejor de la cultura occidental.

A causa de la campaña de los islamistas, y al hecho de que ahora solo algunos «chalados» se sigan arriesgando a ejercer su libertad, ¿nos vamos a limitar a asustarnos? Los dibujantes, periodistas y escritores «islamófobos» son los primeros europeos desde 1945 que se han apartado de la vida pública para proteger sus propias vidas. Por primera vez en Europa desde Hitler, se ha ordenado la quema de libros en la Bebelplatz de Berlín; de películas, cuadros, poemas, novelas, viñetas, artículos y obras de teatro que son literal y metafóricamente quemadas en la hoguera.

El joven matemático francés Jean Cavailles, para explicar su fatídica participación en la resistencia contra los nazis, solía decir: «Luchamos para leer el Paris Soir en vez del Völkischer Beobachter«. Solo por esa razón, es contraproducente discutir por nimiedades sobre la belleza de las viñetas, poemas o pinturas. En Occidente hemos pagado un alto precio por la libertad de hacerlo. Por lo tanto, todos deberíamos protestar cuando un juez alemán prohíbe versos «ofensivos», cuando una editorial francesa despide a un editor «islamófobo» o cuando un festival de música veta a una banda políticamente incorrecta.

¿O es ya demasiado tarde?

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