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EN EL CONCESIONARIO DE MERCEDES BENZ.

 

Un señor entra en un concesionario MERCEDES. Ve un coche que le parece perfecto y se acerca a inspeccionarlo. Al agacharse para tocar el interior, sin querer se le escapa un sonoro pedo… Preocupado se gira nervioso para ver si alguien se había dado cuenta y ve que a su lado, estaba parado un vendedor:

– Buenos días, señor. ¿En qué le puedo ayudar?

El señor, muy incómodo porque era obvio que el vendedor había oído el pedo… le pregunta disimulando:

– ¿Cuánto cuesta este precioso coche?

El vendedor, con una media sonrisa, le responde:

– Mire usted, si se tiró un pedo al tocarlo… ¡CUANDO LE DIGA EL PRECIO SE CAGA!

FOLLARME A UNA CHICA ENCIMA DE LA LAVADORA.

 

Esta es la amarga historia de un sueño roto: uno de tantos sueños que acabaron pisoteados y enterrados bajo la desangelada rutina cotidiana. Una triste historia que quiero compartir con ustedes. No busco compasión (podéis metérosla por el puto culo); si acaso, una brizna de humano consuelo.

Todo comenzó en una cafetería. Acudí a una cita que tenia con una chavala a la que había conocido días antes en el chat. Tras hablar un par de veces por teléfono con ella, se me antojo como una joven desinhibida y desenfadada, con muchas ganas de encontrar un novio: la presa perfecta. Al llegar al local, la encontré sentada esperándome. No era fea, cosa que ya sabía por la foto de carné digitalizada que me había mandado a través del IRC, pero estaba muy gorda, así que descarte de entrada entablar cualquier tipo de relación sentimental o sexual con ella. No soy de los que buscan la perfección física en la pareja, ni de los que rechazan una bien repartida voluptuosidad en el cuerpo de la mujer, pero cuando una dama pesa lo suficiente como para aplastarme y despanzurrarme algo en mí reacciona generando un cauteloso rechazo. Son cosas del instinto natural. Iniciamos, no obstante, una amena charla, en la que ella, tal como había hecho durante las conversaciones telefónicas previas al encuentro, intento incitarme a la pasión hablando de posturitas para hacer el amor, escenarios eróticos, trucos sexuales y no se cuantas chorradas mas. A la última chica que consiguió ponerme caliente en una cafetería le basto con pedirme la cucharilla de mi taza para disolver el azúcar, rechupetearla al acabar de mover el café para, supuestamente, limpiarla y colocarla de nuevo en mi platillo: si, me empalme allí mismo. Pero la gorda no tuvo tanta suerte, por más que intento darle un toque picante a aquella cita. El caso es que en un momento dado hablo de un escenario sexual bastante extraño: follar encima de una lavadora mientras la misma centrifuga, estando el chico sentado sobre la tapa de la maquina y la chica a horcajadas encima de él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al imaginarme a aquella mole de carne sentada sobre mis piernas mientras un electrodoméstico hacia vibrar mi pandero. Pasada una hora, terminé aquello con un “ya te llamare otro día”, cosa que no hice.

De vuelta a casa, considere el tema de la fornicationis per machina. No encontré el asunto especialmente excitante, pues lo que la naturaleza varonil pide es sacar y meter el gusano, permitiendo que los testículos cuelguen cual badajo campanero y acompañen acompasadamente con su alegre vaivén a los movimientos de la cadera y los gemidos de la amada. Pero supuse que a las mujeres les habría de encantar, pues ellas se corren bien pronto si les vibra el chumino.

Unos meses mas tarde, conocí a una chica muy mona y comenzamos una relación amorosa relativamente estable. Tras follármela de todas las formas posibles y practicar con ella todas las guarrerías concebidas -mas algunas de las inconcebibles-, me acorde del tema de la lavadora, y se me metió en la cabeza que tenia que probar aquello.

Por aquel entonces, compartía piso con otros tres estudiantes. Vivíamos en un primero con pleno acceso al patio del edificio; de hecho, nuestra lavadora se encontraba justamente allí. Esta parecía haber sido fabricada entre la primera y la segunda revolución industrial. Cuando empezaba a centrifugar sufría una suerte de tembleque epiléptico; un trance mecánico que la ponía en movimiento, de tal manera que se iba paseando ella sola por todo el patio hasta que acababa el centrifugado. Siempre pensaba al verla en dicho estado que cualquier día me iba a tocar salir a la calle a buscarla:

–Oiga, una lavadora con unos gayumbos dentro, ¿no la ha visto usted pasar por aquí?
–No.
–Señor guardia. Mi lavadora me ha robado mis gayumbos rojos de la suerte. ¡Por el amor de Dios, haga algo y no se me quede mirando así!

Y de pronto, aquel escandaloso y tembloroso cacharro se convirtió a mis ojos en un aparato de inusitadas virtudes eróticas. El acto de meter y sacar mi ropa del bombo adquirió entonces una significación especial. Además, cuando cerraba la puerta lo hacia con tacto y cariño, y no de una patada, como tenia por costumbre.

El gran problema era que estaba, como ya he dicho, en el patio, a la vista de todo el vecindario. Cualquiera que se asomara a las ventanas interiores de su vivienda podía sorprendernos allí, enganchados en pelota picada como dos conejitos. Había, no obstante, una solución fácil: perpetrar el fornicio de madrugada, confiándole nuestra intimidad a la oscuridad y al buen hacer de Morfeo con todos los vecinos. Pero aun quedaban un par de detalles por resolver: el ruido de la lavadora y los rebuznos amorosos de mí pareja, muy dada a berrear durante el acto. A ella siempre podía amordazarla:

–Cariño, te voy a tapar la boca con un calcetín y nos vamos a subir encima de la lavadora a las cuatro de la mañana para follar. ¡Veras que divertido!
–¡Oh, si! Me corro solo de pensarlo. Que sea con el calcetín que llevas puesto.
–¿El izquierdo o el derecho?
–El de tu puta madre.

Bueno, tal vez bastara con pedirle simplemente que no gritara. Pero… ¿y el ruido de la lavadora? ¿Cómo iba a conseguir que aquel trasto no despertara a todos los habitantes del edificio, incluidos mis propios compañeros? Pensé que tal vez engrasándola toda entera… O probando a centrarle un poco el eje… O quizá nivelándola un poco… Puede que apretando tuercas aquí y allá… Pero, amigos míos, fue pasando el tiempo sin animarme en ningún momento a probar cualquiera de estas soluciones. De alguna manera, la idea de aquel capricho fue dando tumbos entre la materia gris mi cerebro, hasta que paso a un aparente olvido.

Meses mas tarde, trajeron al piso una lavadora nueva. Y es que los vecinos protestaban frecuentemente por el ruido que provocaba la que teníamos, por lo que el casero decidió acabar con las quejas al respecto. Era de marca alemana, y tenía un diseño muy atractivo. Toda ella parecía querer decir: soy sexy y eficiente. El día que me toco estrenarla, mecánicamente metí mi ropa dentro del bombo, coloque el programa adecuado –que en mi caso es invariablemente el de “Ropa muy sucia”; entiéndase como un eufemismo- y la puse en marcha. Aquello empezó a funcionar acompañado de un silencio perfecto: mi gata hace más ruido cuando anda. Entonces me quede absorto a la vez que contrariado, mirando el electrodoméstico con un cierto resquemor, notando que en mi alma se abría una especie de vacío emocional, una amarga sensación de fracaso… hasta que me acorde de aquel viejo capricho, y caí en la cuenta de que la nueva lavadora no era apta para las labores erótico-festivas porque no vibraba en absoluto. Buscando un alivio, gire el mando hasta ponerlo en el modo de centrifugado. Nada. El bombo daba vueltas vertiginosamente pero aquello no se movía lo mas mínimo. Además, el sonido emitido no era mayor que el zumbido de una mosca. “¿Y ahora que? ¿Me meto dentro y me tiro a las churris ahí?“, pensé. Fue cuando me empecé a mosquear. Di unas cuantas vueltas alrededor del trasto, buscándole un punto débil. Le pegue una patada en la parte de atrás, intentando descentrarle el eje. No lo conseguí.”¡Malditos alemanes!”, farfulle. Le pegue otras dos patadas sin mayor fortuna. “Perfeccionistas de mierda”, añadí. No se en que momento perdí el control de mis actos. Lo único que recuerdo con algo de claridad es que acabe pegándole puñetazos a aquel jodido cacharro mientras gritaba a grandes voces cosas como: “Tu no vas a poder conmigo, hija de puta”, “Los alemanes me vais a chupar la polla, desalmados”, “Me voy a follar a todas vuestras hijas aquí encima, cabrones”… y no se cuentas burradas mas.

Volví a tomar conciencia de mis actos cuando oí una voz que me llamaba por mi nombre. Al volverme, vi a mis tres compañeros de piso mirándome desde la puerta del patio asombrados a la vez que asustados… y a todos los vecinos asomados a sus ventanas. Golpee disimuladamente con el pie derecho el suelo del patio, probando si con ello conseguía abrir un agujero en la tierra para bajar a esconderme al infierno y quedarme allí acurrucado, tapándome la cara con las manos.

Y esta es mi historia. Si alguien tiene una lavadora vieja y nerviosa, le propongo que pruebe el curioso escenario sexual y lo disfrute. Yo ando ya en el ocaso de mi juventud, camino de una adusta madurez, y he dejado caer ciertos sueños en las profundidades de la desesperanza y de la frustración. Porque la vida es “asin”, ¡y que se le va a hacer!

~~~w0w~~~

PD1: De la obra Cuentos, misivas irreverentes y malas hierbas, inscrita en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de Andalucía.

PD2: Podéis escuchar el audio del articulo desde aquí. Cortesía de Tomás Galindo y su equipo del programa radiofónico “La Papelera”, emitido en Radio Tular Irratia.

FUENTE: Blog.innerpendejo.net

PIEDRAS PA LOS CRISTALES.

 

En un manicomio había un exceso de locos y todos ellos se dedicaban a tirarle piedras a los cristales del sanatorio.

Hartos ya de esto, los siquiatras acordaron que iban a soltar a los que estuviesen menos locos.

Los doctores les van preguntando uno a uno a los locos lo que harían tan pronto salieran del manicomio.

Llegan junto al primer loco y le preguntan: «A ver chico, ¿tú que harías si salieras de aquí?»

«¿Yo?, responde el loco, pues subiría hasta la colina de enfrente y… ¡piedras pa los cristales!»

Los doctores dicen que ese nada no puede salir.

Le preguntan al segundo:

«A ver chico, ¿tú que harías si salieras de aquí?»

«¿Yo?, pues subiría hasta la colina de enfrente y… ¡piedras pa los cristales!»

Y así con varios hasta que llegan al lado de uno que les dice:

«¿Yo?, pues iría a la ciudad…» Los doctores asienten… «

…me ligaría una chica…»

Los doctores asienten y dicen que éste está bastante bien.

«…luego me la traería hasta la colina de enfrente… le quitaría el jersey…»

«Sigue sigue» dicen los loqueros.

«Le quitaría las bragas…»

«Joder sí está bien» exclaman los médicos. «

…y con la goma de las bragas fabricaría un tirachinas y… ¡piedras pa los cristales!»

 

DE GALLINAS Y PERROS.

La gallina llega borracha a su casa y el gallo le dice:
-Y tú? Qué carajo haces llegando borracha?!
-Y la gallina  le contesta:
-Me vas bajando el tonito que aquí la de los huevos soy yo!!!

REGALO PERRO (CON PEDIGREE)
A mis amigos:
Ayer por la noche, fui asaltado en mi casa.
Entraron los ladrones y me encerraron en el baño y se llevaron casi todo.
Mi perro, que supuestamente era guardián, no me alertó, ni tampoco reaccionó ante los bandidos.
Ese es el motivo por el cual lo estoy regalando. Tal vez vosotros sabréis educarlo mejor.
No quiero más perro en casa. Es preferible instalar sistema de alarma, que es más seguro y a la larga, más barato.
Los que quieran el perro, por favor se comunican conmigo.
Anexo foto

 

 

¡¡¡ A LA LADROOOONAAAA, QUE NO ESCAPE, LA TRINQUEN C….. !!

¡¡HEY...CLICK EN LA IMAGEN !!!
¡¡¡ PERO ...¿QUIERES CLICAR DE UNA VEZ, MIRÓN? !!!

¡RAYOS! ¿ME ESTÁ USTED AMENAZANDO SEÑORITA?

 

¿CUAL ES SU EXCUSA?

Entonces, cual es su excusa???

La mía? 

No tengo calzones de ese color rosa!!!!!!

TRATAMIENTO DEL OJO MORADO.

El ojo  morado es un hematoma causado por algún golpe
alrededor del ojo, es una herida en la cara y no en el ojo,

se le ha dado ese nombre por el color como resultado

de una hemorragia sanguínea bajo la piel alrededor del ojo

Por  mucho tiempo un remedio popular para tratar un ojo morado ha sido

cubrir el ojo con un pedazo de carne cruda

estudios cientificos prueban que la carne cruda reduce la hinchazon y

acelera la reconstitucion de los vasos sanguíneos rotos alrededor del ojo,

carne fresca es recomendable en lugar de carne congelada

la cual causa quemaduras superficiales en la piel.

Estos mismos estudios cientificos demostraron que la aplicación

de carne suave y templada ayudan a curar el hematoma

Por lo cual recomiendo este proceso la próxima vez que tengas un ojo morado

Administre este tratamiento hasta que la hinchazón desaparezca

Efectos secundarios: este tratamiento causa hinchazón en otra parte del cuerpo

¡¡ ATENCIÓN !!, GENUINO CEREBRO MASCULINO.

 

MI ADORADA SUEGRA.

 

LA SUEGRA  CON GANAS DE BUSCARLE BRONCA A LA NUERA LE PREGUNTA:

 

¿ POR QUE MI NIETO NO SE PARECE  A MI HIJO?

 

LA NUERA LE RESPONDE:

  NO SE……… YO TENGO UNA VAGINA NO UNA

FOTOCOPIADORA………