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12 COSAS QUE COMPRENDES EN TUS VEINTITANTOS

12 COSAS QUE COMPRENDES EN TUS VEINTITANTOS

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“La madurez exige un compromiso. En toda transformación hay algo que dejamos atrás, que destruimos”, dice José Carlos Somoza.¿Quién no ha mirado hacia atrás y ha visto que todo ha cambiado?

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buenosdias43

¡QUE PELIGRO! tienen los pensamientos demasiado transparentes, jejejejejejejejejejejejejejee7.

Un corto de animación muy original y divertido.

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Teoría del pájaro y el gusano.

 

Creo que todos hemos oído alguna vez ese viejo refrán que reza: «pájaro que madruga se come al gusano…», que vendría a ser la versión inglesa de nuestro más castizo «a quien madruga, Dios le ayuda…».
Pero, me pregunto, ¿alguien ha pensado alguna vez en la desdichada suerte que corre el gusano tempranero? Porque claro, aquí también se podría aplicar lo siguiente: «el gusano que madruga es comido por el pájaro…» ¿O no?
Pero introduzcamos, por ejemplo, un tercer elemento en discordia: un gato.
Supongamos que un pajarillo, muy madrugador él, tiene la fortuna de encontrarse con una lombriz a la que no se le han pegado las sábanas. Se la come y piensa: «si ya lo dice el refrán… jeje…!!!».
En estas, un gato traicionero (como todos) da un salto, atrapa el pajarito y se lo zampa de un bocado, relamiéndose y pensando lo bueno que le ha sabido el desayuno… ¡y todo por madrugar!
Reflexionemos. ¿A quién ha ayudado realmente el madrugón? Evidentemente, no a la pobre lombriz, ni al inocente pajarillo. En este caso el único beneficiado ha sido el gato. Uno de tres, minoría… Y pensemos también en añadir más factores como, por ejemplo, un perro que trate de despedazar al minino, una serpiente que ataque al perro, etc.
Quedaría así demostrado que madrugar no es necesariamente bueno. Pero, ¿es malo?
Evidentemente en el ejemplo anterior es malo para una mayoría, lo que no quiere decir que sea siempre así. Si sólo el gusano madrugara, sería bueno para él, pero no así para el pájaro, que se quedaría sin su sustento, ni para el gato, etc.
Pero pongamos el caso contrario: que nadie madrugue. El resultado sería exactamente el mismo pero más tardío. En lugar de suceder con el canto del gallo, ocurriría a la hora de la siesta, pero ocurriría igualmente.
Por tanto, queda también demostrado que la vagancia tampoco es la mejor opción.
Y ¿qué pasaría si unos madrugaran y otros no? Pues lo mismo, sólo que más repartido a lo largo del día. La única opción válida sería que los gusanos se levantaran a una hora, los pájaros a otra, los gatos cazaran a otra, y así sucesivamente. Pero claro, de esta manera nadie se alimentaría y al final resultaría perjudicial para todos.
Podemos entonces asegurar con total certeza que madrugar no es ni bueno, ni malo, ni todo lo contrario. Se podría aceptar aquí ese otro refrán que dice «no por mucho madrugar amanece más temprano…» que encierra una gran verdad en sí mismo.
Todas estas divagaciones, y otras que indefectiblemente conducirían a las mismas conclusiones, dan pie al enunciado del primer Teorema Peregrino, que a continuación pasamos a exponer:

PRIMER TEOREMA PEREGRINO
Madrugar no es bueno ni es malo. Es indiferente. Lo único cierto es que al final seremos todos pasto de los gusanos: el pájaro, el gato, el perro y todos nosotros. Por tanto, ¡muerte al gusano…!

Este teorema, tan absurdo como irrefutable, es fruto de largos años de meditación filosófica trascendental. Espero que se haya entendido perfectamente la profundidad de sus argumentos.
Si usted es partidario de madrugar, hágalo. Pero por favor, no intente usted convencer a nadie de que es la mejor opción, ya que ha quedado demostrado que es una elección tan buena o mala como cualquier otra. No trate de ser usted el «gusano» madrugador que amarga la vida de los demás, obligándoles a seguir sus normas y doctrinas, y que al final acaba por devorarles hasta la moral.
¡Ponga una sonrisa en su vida!

FUENTE: Teorías Peregrinas.

ACERCA DE UNO DE LOS DOGMAS/TABÚ MÁS IMPORTANTES DE LA IZQUIERDA: «LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA».

 

Leire Pajín, peligrosa "progre" feminazi. Desgraciadamente, Ministra de Sanidad de España

Lo que la progresía llama discriminación positiva no es otra cosa que la manera “postmoderna” de imponer las políticas igualitarias que defiende el socialismo.

Como cualquier otra acción que se emprenda con el objetivo de conseguir  “igualar” a los miembros (y “miembras”, je,je,je) de un grupo social concreto, la denominada “discriminación positiva” es intrínsecamente coactiva, y por tanto un ataque a la libertad individual; pero, no podemos olvidar lo más importante –por ser especialmente grave- es también un absoluto menosprecio a las capacidades de los seres humanos, de sus riquezas, es ignorar la tendencia natural de los humanos a la diversidad, frente a la uniformidad… Uniformidad que inevitablemente es sinónimo de mediocridad, precarización, empobrecimiento.

Calificar de «positivo” lo que cualquier diccionario define como negativo, tiene como fin evitar el rechazo de las personas “educadas”, aparte de darle un barniz de ética al asunto. Aunque sus partidarios no oculten que aunque “positiva” sigue siendo “discriminación” (en español lo correcto sería denominarlo “trato preferente, o trato de favor”) su intención no es otra que la de convencernos de que “el fin justifica los medios”, pues se trata de saldar una deuda con gente desfavorecida, maltratada, discriminada, y de que… para tan noble causa es legítimo incluso perjudicar a otros individuos.

La razón principal que esgrime gente tan bienintencionada, filantrópica, los partidarios de la discriminación positiva, es que la Sociedad tiene pendiente de saldar una “deuda histórica” con las personas pertenecientes a determinados grupos sociales debido a que, en algún momento de la Historia sus ancestros fueron discriminados, sojuzgados, esclavizados, violentados, privados de sus derechos… Y como consecuencia de tal “discriminación negativa” sus actuales descendientes son merecedores del derecho a ser compensados, a resarcirse del daño que se le causó a sus antepasados, mediante la reserva en la actualidad de cupos, cuotas, en las prestaciones y servicios que el Estado “del bienestar” proporciona a los ciudadanos, ya sea en la educación, en la sanidad, en la administración de justicia, en el acceso al mercado laboral o cualquier otro ámbito.

Obviamente será el gobierno el que decida (teniendo en cuenta siempre la posible rentabilidad electoral de la “acción positiva”, que es otro eufemismo usado para enmascarar el trato de favor a determinadas minorías…) qué sector de la población es digno de recibir tales beneficios. Las políticas de discriminación positiva (affirmative action) no es que no hayan tenido el efecto esperado por sus defensores, y no hayan solucionado los problemas que pretendían resolver, sino que, en la mayoría de los casos, han perjudicado a sus destinatarios. En este sentido, merece la pena leer las reflexiones que hace Thomas Sowell en su muy interesante libro La discriminación positiva en el mundo. Thomas Sowell, un liberal de raza negra, analiza lo que apenas nadie se atreve ni a nombrar –por la dictadura asfixiante de lo políticamente correcto- y por supuesto argumenta con estadísticas y  enésimos ejemplos.

Las políticas de discriminación positiva se fundamentan en una mezcla de mala conciencia, por las tropelías cometidas por nuestros ancestros; la corrección política, que los medios de información y demás trovadores divulgan de manera machacona, hasta abrurrir; y una intención clara de ingeniería social, de “rediseño social”. Los partidarios de políticas de discriminación positiva, en su afán totalitario e intervencionista, quieren destruir la actual sociedad y construir una nueva a la medida de su “utopía bienintencionada”, porque lo último que desean es que los seres humanos, libres, elijan actuar por sí mismos.

Estamos hablando de puro paternalismo: estamos hablando de gente totalitaria, que se caracteriza por su desconfianza en el libre actuar de las demás personas, considerándolas poco menos que estúpidas e incapaces, y están plenamente convencidos de que deben ser guiadas y dirigidas; en la idea de que «no se las puede dejar solas» (ésta es una idea que comparten las dictaduras diversas) que se las debe «proteger» y «ayudar» en todo (incluso en contra de su voluntad) con mil leyes que les digan qué comer y qué no comer, cómo y con qué se han de drogar-estimular, cómo se ha de hablar (imponiendo un lenguaje «socialmente correcto») cómo y cuánto trabajar o cómo emprender, cómo hacer el amor, cómo educar a los hijos, qué estudiar, las enfermedades que deben tener, e incluso cómo se ha de «ligar», «coquetear», etc. esta gente totalitaria, erigida en nuevos gestores de la moral colectiva, arrogándose una sapiencia fuera de lo común, piensan que, la sociedad no sabe organizarse por sí misma, y necesita de sus directrices.

El problema de la soberbia y la arrogancia intervencionista es que siempre, de manera inevitable, tiene que acabar haciendo frente a la dura y tozuda realidad. Las leyes se  aprueban con la intención de aplicarlas a “sociedades en abstracto” (distorsiones resultado de filtrar la realidad a través de determinadas ideologías), pero acaban afectando a los individuos que las componen. Así, por ejemplo, quienes aprobaron la denominada “paridad”, como la mejor manera de aumentar el número de miembros de un determinado sexo en ámbitos de poder, o trabajos en los que tradicionalmente las mujeres son minoría,  acabarán llegando a la conclusión de que algunos (no pocos) varones mejor preparados que algunas mujeres, acaben quedándose sin plaza… Esos hombres/varones no participarán de la llamada ideología patriarcalista, ni serán culpables de lo que supuestamente hicieron sus tatarabuelos; pero, sin embargo, van a pagar los platos rotos. En resumen: quienes promueven políticas de discriminación positiva pretenden poner solución a injusticias pretéritas, mediante injusticias presentes…

Pero aún hay más: los supuestos beneficiarios son en última instancia los más perjudicados, y eso por no hablar de los graves disturbios que suelen provocar estas medidas de discriminación institucional, que en muchos lugares del planeta se han cobrado miles de víctimas (en España, sin ir más lejos, la aplicación de la denominada “Ley Integral contra la Violencia de Género”, plasmación de la “discriminación positiva” en ámbito judicial, con el noble pretexto de “proteger a las mujeres”, ha traído como consecuencia la detención y el procesamiento indiscriminados de cientos de miles de hombres –más de un millón tras un lustro de su puesta en vigor- ocasionando más y mayores problemas que los que supuestamente se pretendían solucionar… y, ni que decir tiene que las supuestas beneficiarias de tales medidas de discriminación positiva, siguen estando en situación tan o más vulnerable que en la que se encontraban antes de la aprobación de tan perversa ley…)

Las políticas de discriminación positiva no provocan otra cosa, generalmente, que un enorme resentimiento social. Cuando el poder político promueve medidas de discriminación positiva (lo cual hace por puro electoralismo, favoreciendo a un grupo social fácilmente identificable para conseguir el apoyo de sus miembros en futuras citas electorales) acaba corrompiendo moralmente a la sociedad, pues se acaba propagando la idea de que es legítimo reivindicar la compensación de un determinado agravio pretérito, en lugar de preocuparse de labrar su futuro confiando en sus posibilidades, en igualdad de oportunidades con el resto de sus semejantes.

Es innegable que han sido muchas las minorías a las que se ha privado del acceso a la igualdad de oportunidades, unas veces por prejuicios racistas, otras ideológicos, o por motivos religiosos; pero la solución no pasa por rebajar la nota mínima de acceso a la universidad, o engordando las calificaciones de determinados estudiantes, o creando tribunales especiales para juzgar a los hombres –varones- de manera exclusiva, o castigándolos con penas más severas cuando incurren en los mismo “ilícitos penales” que las mujeres, o privándolos del derecho constitucional a la presunción de inocencia. De estas y otras maneras sólo se consigue perjudicar a buena parte de los miembros de las minorías que se pretende proteger, y se fomenta un sentimiento de discriminación entre quienes se han visto tratados injustamente…

Dar trato de favor, beneficiar a los miembros de un grupo social, sea por su color de piel, sea por su sexo, sea por la circunstancia personal que fuere, significa que no se confía en que los integrantes de ese grupo sean capaces de progresar por sí mismos, si se les da las mismas oportunidades que al resto de la población.

Al igual que el racismo no se combate con racismo, la misoginia no se combate con misandria. Resulta especialmente llamativo que no haya generalmente ningún político que acepte debatir sobre los efectos perjudiciales de la perversa discriminación positiva; si hablan de ello, lo hacen para proclamar la necesidad de aumentar las medidas de discriminación, con el objetivo de solucionar un problema que las medidas de discriminación positiva no han hecho más que agravar.

Y, no se olvide una cosa: Los males ocasionados por las generaciones que nos precedieron en siglos pasados, hágase lo que se haga seguirán siendo males, da igual lo que se haga en el tiempo presente…

AUTOR: Carlos Aurelio Caldito Aunión.

¿SIRENA O BALLENA?

PARA TODAS MIS AMIGAS y AMIGOS INTELIGENTES

 Es una interpretación muy femenina (que no feminista)

Hace unos días, en una ciudad de Francia, un cartel, con una joven
espectacular, en el escaparate de un gimnasio, decía:

‘ESTE VERANO ¿QUIERES SER SIRENA O BALLENA?’

Dicen que una mujer joven-madura, cuyas características físicas no han
trascendido, respondió a la pregunta publicitaria en estos términos:


Estimados Srs :

 


Las ballenas están siempre rodeadas de amigos (delfines, peces marinos,
humanos curiosos). Tienen una vida sexual muy activa, se embarazan y
tienen ballenitas de lo más tiernas a las que amamantan. Se lo pasan
bomba con los delfines poniéndose moradas de camarones. Juegan y nadan
surcando los mares, conociendo lugares tan maravillosos como La Patagonia

, el mar de Barens o los arrecifes de Coral de la Polinesia. Las ballenas
cantan muy bien y hasta graban CD’s. Son impresionantes y casi no tienen
más depredador que los humanos. Son queridas, defendidas y admiradas por
casi todo el mundo.

 

Las sirenas no existen. Y si existieran harían colas en las consultas de
los psicoanalistas porque tendrían un grave problema de personalidad:
‘¿mujer o pescado?’ No tienen vida sexual porque matan a los hombres que
se acercan a ellas, además por dónde?. Así que tampoco tienen hijos. Son
bonitas, es verdad, pero solitarias y tristes. Además ¿quien querría
acercarse a una chica que huele a pescadería?.

 

Yo lo tengo claro, QUIERO SER BALLENA.

 

PD : En esta época en que los medios de comunicación nos meten en la
        cabeza la idea de que sólo las flacas son bellas, prefiero disfrutar de
        un helado con mis hijos, de una buena cena con un hombre que me haga
        vibrar, de un café con pastas con mis amigos. Con el tiempo ganamos peso
        porque al acumular tanta información en la cabeza, cuando ya no hay más
        sitio, se reparte por el resto del cuerpo, así que no estamos gordas,
        somos tremendamente cultas. Desde hoy cuando me vea el culo en el espejo
        pensaré, madre mía, lo lista que soy…….


EL RABINO Y EL INSPECTOR DE HACIENDA.

 

Una vez acabado el año fiscal, la Agencia Tributaria envió un inspector de Hacienda para auditar los libros de una sinagoga.
Mientras los iba comprobando, se giró hacia el rabino y le dijo:
-Observo que compraron un montón de cirios- ¿Qué es lo que hacen con los restos de cera que gotean?
-Buena pregunta -dijo el rabino-
Las vamos guardando y las devolvemos al fabricante, y de vez en   cuando ellos nos envían gratis una caja de cirios.

-¡Oh!, respondió el inspector, algo decepcionado con que su insólita pregunta hubiese tenido una respuesta tan buena, pero continuó con sus odiosas maneras-

 

¿Qué me puede decir sobre sus compras de galletas? ¿Qué hacen con las migajas?
-¡Ah, sí! -respondió el rabino, dándose cuenta de que el inspector estaba intentando ponerle en un aprieto con su absurda pregunta; las recogemos y las devolvemos a los fabricantes y de vez en cuando, nos envían gratis una caja de benditas galletas.
 
-Ya veo- respondió el inspector, estrujándose el coco para ver como podía sacar de quicio al sabelotodo del rabino-.¡Bien rabino! y entonces, ¿qué es lo que hacen con los prepucios que van quedando de las circuncisiones que llevan a cabo?
-Pues aquí tampoco desperdiciamos nada -respondió el rabino-.
Lo que hacemos es irlos guardando y enviarlos a la Agencia Tributaria y de vez en cuando, una vez al año más o menos,
ellos nos envían un capullo completo.


 
El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota  delante de un idiota que aparenta ser inteligente. (NO LO OLVIDÉIS NUNCA, PORQUE HAY MONTONES POR TOS LAOS)
 

REFLEXIÓN DEL DÍA

Nunca discutas con un imbécil,

te hará descender a su nivel y allí te
ganará por experiencia.

NUESTROS HIJOS Y EL MUNDO QUE LES DEJAMOS.

 

 Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual 

Leopoldo Abadía (autor de » La crisis Ninja «) dice en su artículo:
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que «Dios les coja confesados».
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: «qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?»
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir «qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?»
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:
«y a mí, qué me importa?!»
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reuno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.
Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama «buena gente».
Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal,
que no digan que todo vale,
que piensen en los demás,
que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar.
Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres.
 Ya sé que todos tienen mucho trabajo,
que las cosas ya no son como antes,
que el padre y la madre llegan cansados a casa,
que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,
que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.
Leopoldo Abadía.
 P. D .
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

POR SUS PALABRAS LOS CONOCEREIS

– «¿Libertad? ¿Para qué?» (Lenin) 

«La Democracia es incompatible con el Socialismo» (Francisco Largo Caballero)

– «El hambre es progresista porque destruye la antigua economía campesina y prepara el camino al socialismo» (Lenin) 

– «La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia» (Francisco Largo Caballero)

– «Para deshacernos de nuestros enemigos, debemos tener nuestro propio terror socialista. Debemos atraer a nuestro lado digamos a noventa de los cien millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados» (Grigori Zinoviev Apfelbaum, septiembre de 1918, en «Severnaya Comuna», núm. 109, 19 de septiembre de 1918, pág. 2. LIBRO NEGRO DEL COMUNISMO, 93).

 

QUINO, SIEMPRE GENIAL