Cuando la política pierde su vinculación con la verdad y el bien común para ensuciar el terreno de la Historia, reduciéndola a propaganda, procede completar la memoria, para que no se reduzca a revancha.
He aquí las ideas de los ancestros del partido político, que dice querer volver a repetir lo mismo, que no concuerdan con la arrogante defensa de la democracia que presumen.
Entre el 10 y el 13 de mayo de 1931 fueron asaltados e incendiados varios cientos de conventos e iglesias en toda España. El periódico El Socialista publicaba el siguiente comentario: «La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: esa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista» (12 de mayo de 1931).
«¿En qué se diferencia el Partido Socialista del Partido Comunista? Doctrinalmente en nada […]. El Partido Comunista es marxista, nosotros también. […]. Profesamos el marxismo en toda su pureza».(Francisco Largo Caballero en Renovación. 29 de marzo de 1933).
«¿Quiere decir que por ir a las elecciones con fe y entusiasmo renunciemos a la acción revolucionaria? Ya sabemos nosotros que el poder no se conquista pacíficamente […]. En unas elecciones no obtendremos nunca la mayoría absoluta para socializar constitucionalmente. El poder solo puede conquistarse con la violencia organizada de la clase obrera […]. (Artículo de Francisco Largo Caballero en Renovación. 4 de noviembre de 1933).
«Si nos sujetamos justamente a la legalidad que nosotros contribuimos a crear, pero que no tenemos por qué respetar siempre, ya que al hablar de revolución social ésta ha de saltar por encima de la legalidad, yo os digo que nos veremos empujados a salirnos de la legalidad». (Declaración de Francisco Largo Caballero a El Socialista, periódico oficial del Partido, el 2 de diciembre de 1933. En noviembre el PSOE había perdido las elecciones). ..
«En un plazo de cinco años sería derribada la presente democracia y quedaría ya perfectamente establecida la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de la Península Ibérica, abarcando toda España y posiblemente Portugal también».(Francisco Largo Caballero, Secretario General del PSOE y Presidente del Gobierno, en declaraciones a La Prensa el 21 de febrero de 1936).
«Tiene razón la nueva Constitución Soviética al prohibir los partidos políticos». El Socialista 1936.
«¡Por la bolchevización del Partido Socialista![…]¡Por la penetración en los cuerpos armados del Estado! ¡Por el triunfo de la Revolución bajo la forma de dictadura del proletariado! ¡Por la reconstrucción del movimiento obrero sobre la base de la Revolución rusa! (Editado por la Federación Nacional de las Juventudes Socialistas. Julio de 1936.
Fuente de las citas: J.R. PORTELLA, El PSOE y la II República: ¿democracia o comunismo? Reproduce las publicaciones que contienen las citas.
En noviembre de 1933, la derecha ganó las elecciones. Esta fue la aceptación democrática del resultado por parte del líder socialista Largo Caballero: ‹‹La lucha ha quedado planteada entre marxistas y antimarxistas […]) y eso nos llevará inexorablemente a una situación violenta […]). Esto, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil. Pongámonos en la realidad […]) estamos en plena guerra civil […] que no ha tomado los caracteres cruentos que, por fortuna o por desgracia, habrá de tomar››.
En 2017, los profesores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa probaron documentalmente el fraude electoral que, en febrero de 1936, dio el triunfo al Frente Popular. Con anticipación a dichas elecciones, Francisco Largo Caballero, el Lenin español, amenazó: ‹‹Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; perosi triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble, porque con nuestros aliados podremos laborar dentro de la legalidad, y ganando las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada. Y esto no es una amenaza, es una advertencia. Y que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas: que nosotros las realizamos››. (Largo Caballero en Alicante el día 25 de enero de 1936).
«Antes de la República nuestro deber era traer la República; pero establecido este régimen, nuestro deber es traer el socialismo. Y cuando hablamos de socialismo, no nos hemos de limitar a hablar de socialismo a secas. Hay que hablar de socialismo marxista, de socialismo revolucionario».El líder socialista, Francisco Largo Caballero, pronunció estas palabras en el cine Europa, el día 12 de enero de 1936.
De la amenaza a la acción :
« […] Yo no sé cómo va a morir Gil-Robles (líder de la derecha) […] pero sí puedo afirmar que si se cumple la justicia del pueblo morirá con los zapatos puestos». José Díaz, dirigente del Partido Comunista, en sesión de Cortes del 15 de abril de 1936.
«La violencia puede ser legítima en algún momento. Pensando en su señoría (José Calvo Sotelo, líder de Renovación Española), encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida». Ángel Galarza, diputado socialista, en sesión de Cortes del día 1 de julio de 1936.
A las tres de la madrugada del día 13 de julio, un grupo de Guardias de Asalto y miembros de las Juventudes Socialistas dirigidos por el Capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés, instructor de las milicias paramilitares socialistas, en un furgón policial, llegaron a la casa de Calvo Sotelo llevándolo consigo. En el viaje se consumó el asesinato, mediante un tiro en la nuca. El autor material de la muerte fue el pistolero socialista, Luis Cuenca, miembro de la escolta del dirigente del PSOE, Indalecio Prieto. Gil Robles tuvo más suerte, ya que en ese momento se hallaba fuera de Madrid y no pudieron consumar el crimen.
La alusión al fascismo como argucia tan vieja como vigente: ‹‹No debemos hablar ni de una acción para implantar el socialismo, lo que habría de restarnos bastantes apoyos ni de la defensa de la democracia, por si con ello se enfriaba el entusiasmo de nuestros camaradas. Debe hablarse solo de antifascismo, en lo que puede resumirse todo››. Wenceslao Carrillo. (1888-1963. Miembro de la dirección del PSOE y la UGT).
Dos versiones coincidentes de los mismos hechos:
«Creo que van más de doscientos muertos y heridos desde que se formó el Gobierno y, he perdido la cuenta de las poblaciones en que han quemado iglesias y conventos». Manuel Azaña, presidente del Gobierno. 17 de marzo de 1936 (solo había transcurrido un mes desde el pucherazo electoral, que dio el triunfo al Frente Popular.
Intervención de José María Gil Robles, líder de la derecha, en la Sesión de Cortes del 16 de junio de 1936: «Habéis ejercido el Poder con arbitrariedad, pero, además, con absoluta, con total ineficacia. Aunque os sea molesto, Sres. Diputados, no tengo más remedio que leer unos datos estadísticos. Desde el 13 de mayo al 15 de junio, inclusive:
Iglesias totalmente destruidas, 36.
Asaltos de iglesias, incendios sofocados, destrozos e intentos de asalto, 34.
Muertos, 65.
Heridos de diferente gravedad, 230.
Atracos consumados, 24.
Centros políticos, públicos y particulares destruidos, 9.
Asaltos, invasiones e incautaciones —las que se han podido recoger—, 46.
Huelgas generales, 79.
Huelgas parciales,92
Clausuras ilegales, 7.
Bombas halladas y explotadas, 47»
¿El Partido Socialista pretendía la democracia o la dictadura del proletariado? Aquella izquierda era tan antidemocrática como los sublevados, a los que pretende derrotar, a posteriori, con la revancha democrática. Que el lector saque sus propias conclusiones sobre el mensaje: «Largo Caballero actuó como queremos actuar hoy nosotros».
«La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano […] No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad»
Hacia fines del siglo XIX, para contrarrestar las diferencias que se producían en la explosión de la revolución industrial, y en vez de corregir los defectos que sufría la sociedad por los drásticos cambios en los sistemas de producción, muchas sociedades comenzaron a incursionar en distintas pruebas con los postulados socialistas y comunistas que podríamos decir habían comenzado a ser parte de las nuevas ideologías sociales con la Revolución Francesa.
Las distintas líneas políticas que aparecen desde principios del turbulento siglo XX tienen todas orígenes similares. Podemos decir que los primeros pasos coinciden con la revolución rusa de 1917. Ahí es donde Lenín, con su marcado odio y ataque a los ricos dueños de las tierras habla que el socialismo es el paso al comunismo, el cual es la pureza ideológica.
Benito Mussolini coincide plenamente con el ideario socialista y opina igual que Lenín que el trabajador no era por naturaleza revolucionario y había que empujarlo por la elite intelectual. La diferencia de Mussolini es que ve que el nacionalismo era una idea más aglutinante que la revolución de los trabajadores.
Después de un gran fracaso electoral donde solo obtiene 5000 votos en Milán, su propia sección, con muchos disturbios especialmente por el norte de Italia, il Duce lanza dos amenazas con fuertes discursos en Udine y Nápoles exigiendo se le entregue el poder. Increíblemente el 29 de octubre de 1922 marcha sobre Roma y le usurpa el poder al Primer Ministro Luigi Facta.
Poco tiempo después Adolf Hitler emergió con su nuevo sistema socialista al que llama nacional socialismo. También usó políticas de identidad nacionalistas para reunir y unificar a sus seguidores.
De la misma manera que Lenín apuntaba contra los ricos dueños de las tierras y Mao Zedong contra los propietarios, Hitler lo hizo contra los judíos expresando así su odio hacia los propietarios y al capitalismo.
En definitiva, el socialismo, el fascismo y el nacional socialismo son muy similares. Tienen el mismo origen, los mismos objetivos, aunque con distintas motivaciones y quizás algunas diferencias en el aspecto organizativo.
Como bien dice Joshua Philipp: “El actual relato de que el socialismo está de algún modo separado del nazismo y del fascismo, y aún más, creer que estos conceptos están divorciados de sus orígenes comunistas, se debe al revisionismo histórico y a mucha acrobacia mental.”
Por eso insisto con un concepto que vengo expresando hace tiempo y es que las ideologías políticas no las podemos representar en un segmento donde en los extremos estén a la izquierda el comunismo y a la derecha el nazismo y en el medio todas las demás que se aplican en el mundo, sino que la representación más real sería una circunferencia donde se puedan ubicar todas las ideologías y las dos mencionadas estarán bastante cerca una de la otra.
No pensar de esa manera, es decir que el socialismo es pariente cercano de las ideologías como el fascismo y el nazismo, tan denostadas y criticadas casi unánimemente por toda la sociedad es como dicen los psicólogos una transferencia de culpa.
El socialismo / comunismo, además de haberse cobrado la vida de más de 100 millones de personas en el último siglo, el sistema fracasó por destruir la moral y la creencia humana.
Para el socialismo la propiedad de los medios de producción debe ser social y no privada, la libertad es limitada en vez de plena, el trabajo es un deber y no un derecho, la distribución de riqueza debe ser igualitaria y no de acuerdo al mérito de cada uno, y el marco institucional es centralizado al contrario del sistema capitalista.
Históricamente, luego del desorden de la I Guerra Mundial y como dijimos sucede el advenimiento de gobiernos comunistas como fascistas y nazis, luego se produce la II Guerra Mundial donde después del sangriento conflicto desaparecen esas dictaduras, que si bien hubo posteriormente gobiernos dictatoriales llamados de derecha, no tuvieron la entidad de aquellos derrotados entonces. De hecho nosotros vivimos de cerca dictaduras llamadas de derecha que nos castigaron en todo Latinoamérica.
Luego de la II guerra comenzaron los tiempos de la llamada guerra fría, en la que el mundo estaba dividido en dos, aquellos países que apoyaban al capitalismo liderados por Estados Unidos, y los que estaban dentro de la órbita del comunismo o socialismo liderados y dirigidos por la Unión Soviética y en menor medida por China.
El mundo vivió un proceso de más de cuarenta años donde esa división estuvo más o menos marcada, con momento tranquilos y momentos de mucha tensión.
Pero en 1989 el socialismo cayó estrepitosamente derrotado por su propia ineficacia. La misma sociedad de los países comunistas y socialistas se rebeló y buscó su propia libertad, y los fuertes gobiernos totalitarios de antes nada pudieron hacer para frenar el deseo natural del hombre.
Como símbolo de ese momento se toma la caída del muro de Berlín en noviembre de ese año. Con la caída del muro se rompieron las barreras que separaban al mundo y ese pueblo oprimido durante tanto tiempo por el socialismo quiso buscar su libertad y posibilidad de progreso en el capitalismo.
Se había extirpado el cáncer. El socialismo había producido tanto mal en el mundo que era irrisorio pensar que podía volver de alguna manera.
Pero también como muchas veces produce esa terrible enfermedad hizo metástasis en varios lugares del planeta para traer más violencia y pobreza.
Con lo que respecta a nuestra zona geográfica, poco tiempo después de la caída del muro, algunos sobrevivientes liderados por Fidel Castro desde Cuba y en complicidad con varios mandatarios americanos como Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y el matrimonio Kirchner organizados bajo el título de Foro de Sâo Paulo arman la gran estrategia global para retomar para el socialismo todo el sub continente.
Con metas muy marcadas, con grandes financiaciones provenientes del narcotráfico y aprovechando el caldo de cultivo que aparecía en la pobreza de ciertos países se dedicaron a imponer nuevamente el socialismo mediante fuertes campañas políticas, con violentos actos anárquicos con mucha destrucción, con planes de convencimiento mediante ataques al orden establecido, a la propiedad privada, a la cultura y a la familia.
Lamentablemente cuentan con la complicidad, supongamos inocente, de distintas líneas políticas que actúan con tibieza buscando consenso donde no lo hay, o bien las entidades religiosas, incluyendo a la iglesia católica que quizás menosprecien el riesgo que se corre.
La destrucción que están produciendo es enorme y será muy difícil salir de esta situación.
En Latinoamérica ya casi no hay medias tintas. Está bien marcado cuáles son los gobiernos o líderes que van en un sentido u otro y las batallas libradas y a librar son muy fuertes. En cambio, en Europa, como en otras épocas sufrieron el socialismo de forma más drástica, no se ve tanta injerencia de esta ideología, aunque hay que prevenir que existen partidos políticos y algunos gobiernos que constantemente vuelven a lo mismo.
Es raro que los pueblos no sepan ver y comparar cómo se desarrollan otros en el mundo. Hoy todas las noticias nos llegan al instante, y si bien hay mucho manejo de la información y siempre hay comentarios tendenciosos que ensucian la pureza de la misma, los hechos se saben, se conocen. Entonces es muy fácil copiar lo bueno y descartar lo malo.
Una de las cosas que está a la vista, por más que lo quieran esconder, es que el socialismo fracasó en cualquier lugar donde se lo haya aplicado y con la intensidad o modo que lo hayan hecho.
El socialismo es un cáncer, se extirpó en 1989 simbólicamente con la caída del muro de Berlín, pero volvió con muchas y peligrosas metástasis.
La única cura para esa terrible enfermedad es la libertad y el sistema económico del capitalismo.
En la mitad de una clase, en una universidad, uno de los alumnos, inesperadamente, le preguntó al profesor:
– ¿Usted sabe cómo se capturan los cerdos salvajes?
El profesor creyó que era una broma y esperaba una respuesta graciosa. El joven respondió que no era una broma, y con seriedad comenzó su disertación:
– Para capturar cerdos salvajes, primero se localiza un lugar en la floresta al que los cerdos salvajes suelen ir, y allí se coloca diariamente un poco de maíz en el suelo.
Así, los cerdos salvajes vienen todos los días a comer el maíz “gratis” y, cuando se acostumbran a venir diariamente, usted va construyendo una cerca alrededor del lugar donde se acostumbraron a comer, un lado por vez…
Cuando ellos se acostumbran a un lado de la cerca, vuelven para comer el maíz, y usted construye otro lado de la cerca…
Ellos vuelven a acostumbrarse y vuelven a comer.
Usted va construyendo la cerca alrededor, poco a poco, hasta instalar los cuatro lados del cercado alrededor de los cerdos.
Al final, instala una puerta en el último lado.
Los cerdos ya están habituados al maíz fácil y a las cercas, y así comienzan a venir solos por la entrada.
Es entonces cuando usted cierra el portón y captura a todo el grupo.
Así de simple, paso a paso, hasta que en el último segundo los cerdos pierden su libertad.
Ellos comienzan a correr en círculos dentro de la cerca, pero ya están presos.
Después, comienzan a comer el maíz fácil y gratuito.
Se acostumbran tanto a eso que se olvidan de cómo cazar por sí mismos, y por eso aceptan la esclavitud.
Incluso, se muestran agradecidos con sus captores y, durante generaciones van felices al matadero.
Ni siquiera desconfían de que la mano que los alimenta es la misma que los mata.
El joven le comentó al profesor que era exactamente eso lo que él veía que sucedía en su país, en su provincia, en su ciudad, con su pueblo.
Los gobiernos populistas, en sus proyectos dictatoriales, escondidos bajo el manto “democrático”, estuvieron lanzando maíz gratuito durante tiempo suficiente para alcanzar la mansedumbre sistemática.
Y cada nuevo “Gobierno Salvador” disfraza de “programas sociales” sus limosnas, da dinero que saca del bolsillo del propio trabajador, realiza misiones, planes, indulgencias, leyes de “protección”, subsidios para cualquier cosa, expropiaciones indebidas, programas de “bienestar social”, fiestas, ferias o festivales, uniformes, pan y circo, transporte “gratis”.
“¡G R A T I S!”
Toda esa “gratuidad” que nos ofrecen tales estafadores, disfrazados de políticos, llena de felicidad a un pueblo mal acostumbrado con las migajas del maíz fácil y “gratuito”. Nos roban la capacidad de ser críticos, pensantes y personas emprendedoras.
Sin embargo, claro que nada nos salió “gratis”.
Consecuentemente, ¡“no existe almuerzo gratis”!
Finalmente, si usted se da cuenta de que toda esa maravillosa “ayuda” gubernamental es un problema que se opone al futuro de la democracia en nuestro país, deberá compartir este mensaje.
Alonso de Mendoza ha realizado un vídeo para explicar en apenas tres minutos cómo surge y qué es la ideología de género.
Estos días el concepto ideología de género parece estar en boca de mucha gente, algunos de los cuales no tienen realmente claro qué es esta ideología, ni cómo surge ni qué supone.
Es por eso que el periodista Alonso de Mendoza ha realizado un vídeo para explicar en apenas tres minutos cómo surge y qué es la ideología de género. La respuesta es más simple de lo que parece: “El marxismo de toda la vida”.
Si hay alguna herramienta utilizada por el marxismo cultural y su consiguiente ideología de género a la hora de ganar terreno en su batalla psico-política, es justamente la del lenguaje. Para tal fin, estos lobbystas no han escatimado en manosear el idioma y el sentido de las palabras, para luego acudir no sólo a su embestida propagandística sino también a la amable quimera del “diálogo” como herramienta de “persuasión civilizada”:“No hay dicotomía entre diálogo y acción revolucionaria.1 No hay una etapa para el diálogo y otra para la revolución. Al contrario, el diálogo es la esencia misma de la acción revolucionaria”[1] sostenía el agente marxista Paulo Freire, pedagogo brasileño oriundo de Pernambuco (suerte de Antonio Gramsci tercermundista), quien tanto influyó con su famosa obra Pedagogía del oprimido publicada en 1968.
Paulo Freire: agente comunista y corruptor del lenguaje. El más influyente ideólogo de la subversión cultural de Sudamérica.
Pero tres años antes y con notable vocación visionaria, otro brasileño nacido en San Pablo y pensando desde las antípodas ideológicas de Freire, ya venía denunciando la incipiente trampa “dialoguista” del neocomunismo desde su libro Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo (1965): nos referimos a Plinio Correa de Oliveira. Es en esta imprescriptible obra donde este avezado intelectual de derecha advertía que desde la técnica del diálogo las palabras “ecumenismo”, “diversidad”, “pacifismo” y afines, serían las que de ahora en más acuñaría la estrategia comunicacional revolucionaria para engañar a la población y de esta forma “trasbordar ideológicamente” al interlocutor no izquierdista. Estos vocablos especialmente seleccionados eran denominados por Plinio como “Palabra-talismán” y según el autor “Se trata de palabras cuyo sentido legítimo es simpático y a veces hasta noble”[2], motivo por el cual “los conferencistas, oradores o escritores que emplean tales palabras, por ese sólo hecho ven aumentadas sus posibilidades de buena acogida en la prensa, en la radio y en la televisión. Es este el motivo por el cual el radioescucha, el telespectador, el lector de diarios o revistas encontrará utilizadas esas palabras a todo propósito, que repercutirán cada vez más a fondo en su alma” y ante ello, los comunicadores tendrán “la tentación de usarla con creciente frecuencia y así lograrán hacerse aplaudir más fácilmente. Y, para multiplicar las oportunidades de usar tal palabra, la van utilizando en sentidos analógicos sucesivamente más audaces, a los cuales su elasticidad natural se presta casi hasta el absurdo”[3]. Con este mecanismo de acción psicológica, sostenía Plinio que “un anticomunista fogoso puede ser ‘trasbordado’ a un anticomunismo adepto exclusivamente a las contemporizaciones, a las concesiones y a los retrocesos”[4], agregando que el objetivo es “el de debilitar en los no comunistas la resistencia al comunismo, inspirándoles un ánimo propenso a la condescendencia, a la simpatía, a la no resistencia, y hasta al entreguismo. En casos extremos, la distorsión llegaba hasta el punto de transformar a los no comunistas en comunistas”. Por ende los comunistas “esperan mayores resultados de la propaganda que de la fuerza”[5], dado que “ya no es más de los partidos comunistas existentes en los países libres, sino de la técnica de la persuasión implícita, que el comunismo espera la conquista de la opinión pública”[6]. Más aún, decía Plinio que cuanto menos emparentado esté el eventual comunicador con el comunismo, mayor penetración tendrá su mensaje en las masas. No es casualidad entonces que la “ideología del género” esté hoy siendo apoyada por tantos voceros desideologizados o semicultos, frecuentemente pertenecientes al mundo de la farándula, del deporte o del periodismo panelístico: “El partido comunista no puede mostrarse. Debe escoger agentes de apariencia no comunista, o hasta anticomunistas, que actúen en los más diversos sectores del cuerpo social. Cuanto más insospechables de comunismo parecieren, tanto más eficaces será”[7], concluía con impecable certeza Correa de Oliveira.
Plinio Correa de Oliveira: su magistral labor intelectual contrarrevolucionaria tiene más vigencia que nunca.
Luego, con este consenso comunicacional hegemonizado y con las bases de este “diálogo” sedimentadas, los sofistas de la subversión cultural comienzan a jugar con las palabras cuyo significado ha sido previamente manipulado, enfatizando aquellas que serían funcionales a su causa y quitando las que podrían resultarles inconvenientes. Es por ello que hace tiempo vienen erradicando por “reaccionaria y arcaica” la denominación binaria “hombre-mujer” y en sentido contrario, multiplicaron sus consignas con la sigla “GLBT” (visualmente acompañadas por pabellones multicolores) correspondiente a “Gays” (homosexuales varones), Lesbianas (homosexuales mujeres), “Bisexuales” (personas que practican actividad venérea con personas de ambos sexos alternadamente) y según el caso, la letra “T” se corresponde con “Travestis”, “Transgenéricos”, “Transexuales” y elementos afines, cuyos significados terminológicos se encuentran en “plena evolución” según informan sus glamorosos catequistas. Tanto es así que los grupos LGTB en sus comunicados han llegado a catalogar un total de 23 “identidades sexuales” (“agenéricos”, “pansexuales”, “intersexuales” y muchas otras ocurrencias) y con esta flexibilidad, se pretende licuar todo paradigma sexual instaurando un verdadero desconcierto discursivo en el cual se diluye cualquier criterio rector y se procura ir arrastrando sutilmente al desprevenido interlocutor hacia su causa o al menos, a ser indiferente ante ella.
En esta inteligencia, uno de los principales triunfos filológicos conseguidos por la maquinaria propagandística del “género” sin dudas ha consistido en imponer en el léxico popular la palabra “gay” (vocablo anglosajón que suena “cool” y vanguardista), la cual no significa absolutamente nada en términos sexuales —“alegre” es la traducción de “gay” del inglés al español— y con ello, se le brinda a una conducta reñida con la naturaleza una connotación sonriente y festiva:“La misma palabra ‘gay’ es un catalizador que tiene la facultad de anular lo que expresaba la palabra ‘homosexualidad’”le comenta en 1981 el periodista Gilles Barbedette al pornógrafo comunista Michel Foucault, cuyo entrevistado celebra este triunfo idiomático respondiendo lo siguiente: “Es importante porque, al escapar a la categorización ‘homosexualidad-heterosexualidad’, los gays, me parece, han dado un paso significativo e interesante. Definen de otro modo sus problemas al tratar de crear una cultura que sólo tiene sentido a partir de una experiencia sexual y un tipo de relaciones que les sean propios. Hacer que el placer de la relación sexual evada el campo normativo”[8]. O sea que con este revestimiento simpático y auspicioso, la cofradía del género toma más impulso para vanagloriase públicamente de sus hábitos procurando así, no que la homosexualidad sea tolerada —nadie se opone a la existencia de dicha tolerancia—, sino que esta praxis sea catalogada de una manera tan valiosa y fecunda como la heterosexual o incluso superior a ella: “Los hombres y las mujeres gays, al conocer mejor sus propios cuerpos, podían estimular y satisfacer a sus compañeros más efectivamente que los hombres a las mujeres”[9], sostiene el ideólogo del género costarricense Jacobo Schifter Sikora, cuyo macizo libro Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia se desvive por “demostrar” la superioridad moral homosexual por sobre la heterosexual.
Michel Foucault: comunista, drogadicto, homosexual y apologista de la pedofilia, murió de SIDA en 1984. Es el intelectual más aplaudido por la corrección política y el marxismo cultural hoy en boga.
Y así como se ha pretendido con éxito la adulación a toda manifestación cultural emparentada con la homosexualidad, de manera inversamente proporcional se buscó (también con éxito) satanizar a todo aquel que cuestione dicha agenda, imponiéndole al circunstancial contradictor la etiqueta pseudocientífica de “homofóbico”, apodo fabricado por George Weinberg —psicólogo izquierdista aliado a la causa homosexual—, quien inventó dicho estigma para regocijo y gratitud de Arthur Evans, co-fundador del “Gay Activists Alliance” (Alianza de Activistas Homosexuales)[10]: “La invención de la palabra ‘homofobia’ es un ejemplo de cómo una teoría puede echar raíces en la práctica”[11]sostuvo con júbilo. De más está decir que dicha denominación no sólo no tiene el menor rasgo científico (no figura en ningún DSM de psiquiatría) sino que la naturaleza del vocablo incurre en una evidente contradicción: si el prefijo griego “homo” significa tanto “hombre” como “igual”, y del mismo griego surge que “fobia” es un “miedo” o “aversión”, tendríamos que “homo-fobia” es un “miedo o aversión a los hombres o a los iguales”. Es decir, en comprensión literal, la palabra “homofobia” es un sinsentido consistente en que uno siente miedo de los iguales a uno, cuando de existir alguna “fobia” habría de ser del diferente y nunca del afín: salvo que los homosexuales confiesen que no se sienten iguales sino diferentes, pero esta confesión iría en contradicción con el igualitarismo ideológico tan caro al discurso de su respectiva agenda.
O sea que la “ideología de género” impuso la paradoja de brindarle una connotación patológica no a quienes atentan contra el orden natural sino a quienes lo reivindican. No es para menos; la exoneración de todo aquel que se resista al engaño cultural fue una técnica que también supo ser definida por el precitado delincuente idiomático Paulo Freire: “Cuando la creación de una nueva cultura es apropiada pero se la ve frenada por un ‘residuo’ cultural interiorizado es preciso expulsar este residuo por medios culturales. La acción cultural y la revolución cultural constituyen, en diferentes momentos, los modos apropiados para esta expulsión”[12]. Luego, nada más efectivo que inventarle a todo detractor de la ideología de género el infamante apodo de “homofóbico” y así, expulsarlo de la contienda dialéctica: denuesto artificial que ya fue indulgentemente recogido como propio por el grueso de los acobardados exponentes del centrismo bienpensante y el libertarianismo funcional.
Pero estrategias sucias al margen preguntamos: si a los defensores del orden natural se los considera “homofóbicos” y por ende enfermos (dado que la fobia es una patología): ¿Cómo puede ser entonces que se acuse de manera insultante al “homofóbico” por ser tal si al ser un enfermo no sólo no habría que reprocharle su “fobia” sino contenerlo y auxiliarlo? Indudablemente, la incorporación acrítica de dicha fabricación lingüística con pretensión despreciativa es otro gran triunfo publicitario de la nueva izquierda.
Y si no es “homofobia” el insulto, la palabra talismánica utilizada en su reemplazo por los voceros del género y sus bienpensantes colaterales es justamente “discriminación”, muletilla por antonomasia aplicada a todo aquel que no acepte dócilmente concederle a la Internacional Rosa los caprichos de su agenda. Incluso, la palabra discriminación ha sido también bastardeada como si todo acto discriminatorio fuese malo en sí, cuando en su cabal acepción discriminar significa “distinguir o discernir”. Vale decir: discriminar es lo contrario a confundir. Y lo que no se suele decir en la materia que nos concierne, es que hay discriminaciones que no surgen del prejuicio, ni de la ley, ni tampoco de ninguna “construcción cultural” sino de la naturaleza misma: “Al condenar toda discriminación, deberíamos por lo mismo reprochar a la membrana plasmática las tareas que realiza para el bien de nuestro organismo, dado que esta membrana selecciona, discrimina las moléculas que deben entrar a la célula respecto de otra, las que deben salir. Asimismo, deberíamos castigarnos a nosotros mismos por distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo natural de lo contranatural”[13]sentencia el joven ensayista Juan Carlos Monedero (h) en su libro Lenguaje, ideología y poder, texto precisamente dedicado a estudiar las trampas lingüísticas utilizada por los agentes de la subversión cultural.
Otra apelación recurrente de la propaganda del género es al término “diversidad” —que según la Real Academia Española significa “desemejanza”[14]—, vocablo extraño puesto que justamente lo que caracteriza al vínculo sexual de una persona con otra del mismo sexo es que el otro no es un “diverso” sino un “semejante” —es decir lo opuesto a la diversidad—. O sea que el vínculo homosexual, lejos de hacer honor al cacareado mantra de la “diversidad” hace lo contrario, dado que representa lo redundante, lo equivalente, lo imitativo: “En el acto homosexual no se realiza ese asombroso trascender hacia la unión de los opuestos; al ser encerrado en sí sólo une lo mismo con lo mismo, incapacitado de saltar a la diverso”[15]señala el neurólogo y psiquiatra chileno Armando Roa.
De igual forma, uno de los recurrentes trucos lingüísticos propagados es el referido a la pretensión manifestada por algunos travestis, consistente en operarse y así “cambiarse de sexo”. Pero el sexo no se cambia jamás en la vida y en todo caso, a lo que un travesti puede aspirar es a someterse quirúrgicamente a la autoagresión corporal consistente en amputarse los genitales, pero esta insana decisión de arrancarse la entrepierna en modo alguno implica que el mutilado varón deje de ser varón: nació varón y morirá varón con o sin tijeretazo.
Un varón tiene todo el derecho a disfrazarse y autoagredirse con operaciones múltiples: pero nació varón y morirá varón.
Este tipo de farsas dialécticas como las ejemplificadas son muy parecidas a las promovidas por las filicidas, es decir por las mujeres abortistas, aquellas que bregan por asesinar a su hijo antes de nacer, al sostener que persiguen el “derecho a disponer de su cuerpo”: nadie les niega ese derecho, pero una cosa es disponer de “su cuerpo” —verbigracia hacerse un tatuaje, teñirse el pelo u operarse los senos— y otra absolutamente distinta, es disponer del cuerpo de un tercero y que encima ese tercero sea nada más y nada menos que su propio hijo, y cuya “disposición” consistiría en asesinarlo. Aunque ellas insisten en su engañoso eufemismo llamando a dicho crimen como “Interrupción del embarazo”, encubrimiento del homicidio con lenguaje cortés, dado que los embarazos no se “interrumpen” porque la interrupción es el cese transitorio de una actividad para su posterior reanudación, pero el aborto es un acto de naturaleza definitiva e irreversible: precisamente porque la muerte es un hecho de naturaleza definitiva e irreversible.
Mujeres abortistas claman por el “derecho a decidir” matar a su hijo.
¿Y cuál fue el secreto de tan exitosa estrategia comunicacional? Además de los muchos aportes de Paulo Freyre y de varios de los ideólogos ya mencionados, en los años ´70, se publicó un extenso documento de marketing sodomítico titulado “Vendiendo la homosexualidad a América”[16](Selling homosexuality to America). En tal documento se detallaban los pormenores de la campaña que iniciaron los grupos de presión en aquellos tiempos —quienes para tal fin contrataron expertos en comunicación egresados de la Universidad de Harvard— en la cual se puso en funcionamiento el concepto de la aplicación de “las cuatro P” del marketing para transferir masivamente la idea normalizadora de la homosexualidad[17].
Este texto primigenio sirvió de antesala para que en 1989, un par de publicistas homosexuales (Marshall Kirk y Hunter Madsen) se asociaran, entre otras cosas, para publicar en los Estados Unidos un libro titulado After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s (Tras la fiesta: Cómo conquistará Estados Unidos su miedo y odio hacia los gays en los años 90´s), el cual detalló una serie de pasos a seguir en la estrategia tendiente a imponer los objetivos de su agenda. Este libro se convirtió luego en el manual por excelencia en el que abrevaron todos los movimientos pansexualistas modernos[18]. En este trabajo, los autores sostienen que el público prioritario a conquistar es el de los indecisos de centro —“los escépticos ambivalentes” según sus palabras— y la principal táctica comunicacional debe apuntar al costado emocional del interlocutor a convencer: “La insensibilización tiene como objetivo reducir la intensidad de las reacciones emotivas anti-homosexuales a un nivel próximo a la total indiferencia; el bloqueo intenta obstruir o contrariar el gratificante ‘orgullo de ser prejuicioso’ (…) vinculando el odio contra los homosexuales a un sentimiento previo y autocastigador de vergüenza por ser intolerante (…) Tanto la insensibilidad como el bloqueo (…) son simples preludios para nuestro objetivo máximo, aunque indefectiblemente mucho más lento de obtener, que es la conversión”[19].
Una vez agotada esta instancia, la estrategia apela al sentimentalismo e intenta centrar el debate acudiendo a la “compasión”. De este modo, se supone que quien apoya la agenda homosexual demuestra compasión y quien no lo hace, insensibilidad. Pero en verdad, esta dicotomía es otra deliberada distorsión. Por empezar hay que aclarar que la compasión es un noble sentimiento humano relacionado con la conciencia del sufrimiento ajeno y el consiguiente deseo de aliviarlo. Pero ocurre que este sentimiento es manipulado por la ideología del género, porque aquí no se percibe como compasivo a todo aquel que se acerque al homosexual con el fin de ayudarlo o contenerlo sino a quien se acerca para ponderar sus hábitos. Es decir, el concepto de la compasión ha sido hábilmente maniobrado en los debates y reducen este sentimiento sólo a su aspecto emocional despojándolo de toda intervención de la razón, dado que si alguien efectúa sobre el tema que nos ocupa un juicio refractario (sea moral, biológico, ideológico, antropológico o científico), ese alguien “carecería” de toda compasión. O sea que con ese criterio, ante un amigo alcohólico la compasión no consistiría en intentar rescatarlo de su desarreglo sino en proveerle mayores dosis de bebida para que no se enoje ni sufra abstinencia etílica.
Luego, una compasión que no sea guiada por la razón quedaría reducida a una simple pulsión desprovista de prudencia y discernimiento. En definitiva, la “compasión” tal como se exhibe y concibe en los manipulados debates televisivos, acaba siendo una piedad mal orientada, la cual nos conduce a proporcionarle al paciente los medios para que este siga apegado a sus vicios y no al rescate de los mismos: tal acción favorecería no a la persona sino a la permanencia de sus malos hábitos.
Los ejemplos abundan y las tergiversaciones idiomáticas son trabajadas de manera permanente, dado que esta constancia distorsiva del lenguaje forma parte del catecismo sentenciado por el “pedagogo” Freire: “Para ser auténtica, una revolución debe ser un acontecimiento continuo o de lo contrario cesará de ser una revolución y se convertirá en burocracia esclerótica (…) el proceso revolucionario se convierte en revolucionario cultural”[20]. León Trotski supo publicar La revolución permanente en 1930, Freire varias décadas después propuso también la revolución permanente pero no a través de la agitación callejera como su predecesor sino de la deformación idiomática y cultural: nuevos vientos para viejas banderas. Mismos objetivos pero distinta estrategia. Aquella revolución era ruidosa, hostil, armada y dolorosa. Esta es silenciosa, simpática, desarmada y con anestesia.
No en vano en los años ‘30 Charles Maurras con sentida preocupación advertía: “La revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria”[21].
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[1]Bandera, A. Paulo Freyre. Un Pedagogo. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1981, p. 92.
[2]Oliveira, P. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Santiago de Chile, Corporación Cultural Santa Fe, 1985. p. 48.
[9]Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia. San José, Editorial ILPES, 1997. p. 4.
[10]La Alianza de Activistas Gays (“Gay Activists Alliance”) fue fundada en Nueva York el 21 de diciembre de 1969 por miembros disidentes del Gay Liberation Front (GLF; “Frente de liberación gay”, en español), entre los que se encontraban además del citado Arthur Evans, Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson, Jim Coles, Brenda Howard, Christopher Charles y Altan Zimbabwe.
[11]Evans, A. The Logic of Homophobia. [Nota periodística]. Ver informe completo en el siguiente enlace:
[12]Prólogo a Freyre, Paulo. Concientización. Buenos Aires, Búsqueda, 1974, p. 31. Citado en: Díaz Araujo, E. Ob. Cit., p. 187.
[13]Citado en Monedero (h), J.C. Lenguaje, ideología y poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación. Buenos Aires, Ediciones Castilla, 2015, p. 81.
[14]Definición provista por la Real Academia Española, que puede verse digitalmente en el siguiente enlace:http://dle.rae.es/?id=E0b0PXH
[17]Las “cuatro P” consisten en: Product (conceptualizar el producto que se desea vender), Price (centrándose en el precio de exacción), Promotion (mecanismos que se utilizarán para promocionar la idea al público) y finalmente Place (lugar o clientes que serán objeto de la campaña).
[18]El nombre es un neologismo que proviene del prefijo griego pan-, que significa “todo”. Pansexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por todos los géneros y sexos de manera indistinta.
[19]Kirk, Marshall; Madsen, Hunter. After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s. New York, Penguin Books, 1990, p. 153.
[20]Citado en Díaz Araujo, La Rebelión de la Nada, o los ideólogos de la subversión cultural. Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1983. 185.
[21]Maurras, Ch. Mis ideas políticas. Buenos Aires, Huemul, 1962, p. 183.
Las nuevas izquierdas emergentes españolas hunden sus raíces ideológicas en gran medida en autores comunistas, pero, ¿qué ha aportado históricamente esta ideología a la humanidad? Repasemos algunos de sus datos más escalofriantes
Con la irrupción de partidos políticos comoPodemosa nivel estatal o por ejemplo la Candidatura de Unidad Popular(CUP)en Cataluña, parece reavivarse el espíritu del comunismo en amplios sectores de una sociedad cada vez más laica y desvinculada. De hecho, en ambos partidos está bien presente la ideología comunista.
ParaSantos Juliá, catedrático de Historia Social y del Pensamiento Político en laUNED, las ideas transmitidas por los líderes de Podemos podían concretarse en “la lucha por la hegemonía de Gramsci; la razón y la mística del populismo, deLaclau; algo deLeniny mucho deCarl Schmitt”(Wikipedia).
Por su parte, el sello de la CUP es una ideología “anticapitalista de extrema izquierda y defensor de la independencia de Cataluña”, con “una clara referencia marxista” (Wikipedia).
El ideólogo de cabecera de Pablo Iglesias es el teórico marxista Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano
El lado más oscuro
Así, ante unas nuevas izquierdas emergentes que hunden sus raíces ideológicas en gran medida en autores comunistas, cabe preguntarse qué ha aportado históricamente esta ideología a la humanidad.
Salvando las distancias, propias de una sociedad más abierta y democrática, no hay que olvidar el lado más oscuro del comunismo, cuyo totalitarismo ha dejado una herencia de casi cien millones de muertes a lo largo de su historia.
Así lo constataEl libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión(1997), obra de una serie de profesores universitarios e investigadores europeos, donde se detallan actos criminales, como asesinatos, tortura o deportaciones, entre otros, perpetrados por la implementación del comunismo en determinados Estados.
El libro fue editado porStéphane Courtois, director de investigaciones del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), organización pública de investigación de Francia.
En la introducción de la obra, a cargo del editor, Stéphane Courtois, se explica que “el comunismo real […] puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno”.
Las cifras de la vergüenza
Entre otras cuestiones, el libro muestra una estadística con las estimaciones realizadas sobre el número de víctimas mortales que ha ocasionado a lo largo de su historia el comunismo, que “se acerca a la cifra de cien millones”, como se puede observar en la siguiente tabla, elaborada a partir de los datos del libro.
Las víctimas mortales del comunismo en el mundo
El listado lo encabeza la República Popular China, con una estimación de 65 millones de muertes; seguido de laUnión Soviética, con 20 millones. Y por detrás, Corea del Norte y Camboya (2 millones cada uno); África (1,7 millones); Afganistán (1,5 millones); Vietnam (1 millón); los regímenes comunistas de Europa oriental (1 millón);Cuba y otros países latinoamericanos (150.000); España, con las víctimas de la represión en zona republicana durante la Guerra Civil (entre 38.000 y 85.000); y las del movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder (10.000).
En la introducción del libro se destacan algunos detalles de los actos criminales llevados a cabo por estos regímenes, como, en la Unión Soviética, el “fusilamiento de rehenes o personas confinadas en prisión sin juicio y asesinato de obreros y campesinos rebeldes entre 1918 y 1922; la hambruna de 1922; la liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920; el uso del sistema de campos de concentración del Gulag en el periodo entre 1918 y 1930; la Gran Purga de 1937-1938; la deportación de loskuláksde 1930 a 1932; la muerte de seis millones de ucranianos (Holodomor) durante la hambruna de 1932-1933; la deportación de personas provenientes de Polonia, Ucrania, los países bálticos, Moldavia y Besarabia entre 1939 y 1941 y luego entre 1944 y 1945; la deportación de los alemanes del Volga en 1941; la deportación y abandono de los tártaros de Crimea en 1943; de los chechenos en 1944 y de los ingusetios en 1944”.
También mencionan la “deportación y exterminio de la población urbana de Camboya”; o la “destrucción de tibetanos” en China.
Los autores de “El libro negro del comunismo” plantean las diferencias y similitudes de esta ideología con la del nazismo
Cosas en común con el nazismo
Otra de las cuestiones que plantea el libro es las diferencias y similitudes entre las ideologías nazis y comunistas. En ese sentido, Stéphane Courtois afirma que “los mecanismos de segregación y de exclusión del ‘totalitarismo de clase’ se asemejan singularmente a los del ‘totalitarismo de raza’”.
“La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la ‘raza pura’, la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa. […] una parte de la humanidad es declarada indigna de existir, como sucedía en el nazismo. La diferencia reside en que la poda por estratos (clases) reemplaza a la poda racial y territorial de los nazis”.
“¿Cómo calificar el crimen que consiste en exterminar, por razones político-ideológicas, no ya a individuos o a grupos limitados de opositores, sino a segmentos masivos de la sociedad?”, se pregunta. “Algunos autores anglosajones así lo piensan y han creado el término ‘politicidio’”, concluye Courtois.
Críticas a favor y en contra
Por otra parte, El libro negro del comunismo ha suscitado desde que se publicó críticas a favor y en contra de los datos expuestos.
Así, están los historiadores que argumentan que las cifras de víctimas no cuadran. “Las estimaciones acerca de las muertes causadas por el régimen de Stalin en la Unión Soviética varían entre 8,5 y 51 millones, mientras que los relativos a la China de Mao oscilan entre 19,5 y 75 millones”, se puede leer en Wikipedia.
Sin embargo, “los autores del libro negro defienden sus estimaciones acerca de la Unión Soviética (20 millones) y Europa oriental (1 millón) aseverando que han utilizado fuentes que no estaban disponibles para investigadores anteriores (los archivos soviéticos mencionados anteriormente)”, aclara, entre otras cuestiones, aunque hay autores que muestran cifras “aún mayores que las del libro negro para China y Rusia respectivamente”.
Por su parte, los críticos alegan que “el libro usa el término ‘comunismo’ para referirse a una amplia variedad de sistemas diferentes, y que ‘arbitrariamente pone en el mismo saco fenómenos históricos totalmente diferentes”.
Otro grupo de críticos argumenta que “sólo algunos (o incluso ninguno) de los regímenes mencionados en el libro fueron de hecho ‘comunistas’”.
Pero, “como respuesta a las críticas dirigidas contra el Libro negro, el autor destaca que no ha habido en el campo marxista del ‘socialismo real’ jamás un régimen democrático o pluralista, ni un sistema que no se viera necesitado del totalitarismo, del partido único y de la persecución política”.
La corrección política es la censura socialmente aceptada a la que se alude cuando se pretende evitar la ofensa a grupos étnicos, culturales y religiosos, asociados con cierto relato victimista o que han sufrido cierta forma de opresión cultural por parte de la civilización occidental. En un sentido completo, lo políticamente correcto es el aseguramiento institucional de cierta ortodoxia política o hegemonía cultural que se asume (por fe) como absolutamente cierta y que define las linea directrices de toda la oficialidad histórica (esto es: diseñan la memoria de las civilizaciones para adecuarlas a fines populistas bien definidos).
En el mundo occidental moderno, el dominio lo ostentael marxismo cultural, que es el régimen de castigo ideológico de la disidencia que estigmatiza (mediante el rotulado y el estereotipo) todo aquello que se desvía del nuevo orden social dominante: la socialdemocracia. El marxismo cultural, como ideología de elogio a la mediocridad y a los sujetos marginados y débiles, considera que toda forma de genialidad o excelencia es una potencial amenaza para el orden igualitario. La otra cara de la igualdad socialista es la intolerancia ideológica. Esta define las formas correctas de expresión lingüística mediante eufemismos y disfemismos buscando la promoción de un discurso único socialmente aceptado.
Los eufemismos son anti-conceptos que se utilizan para remplazar términos objetivamente definidos. El eufemismo pretende adecuar una idea irracional y subversiva (o un paquete-oferta de ellas) a un espacio o contexto donde la ideología dominante podría llegar a excluirla, por marginal o peligrosa. La introducción de eufemismos comienza con la identificación de palabras-tabú (que comienzan a asociarse con el mal gusto, la ofensa, lo peyorativo o lo superado) y la posterior operación de una inversión valorativa, donde lo que antes era definido como malo,pasa a ser definido como bueno e idealizado. Los disfemismos, por su parte, son también anti-conceptos, pero actúan en sentido inverso a los anteriores. Su objetivo es criminalizar e identificar chivos expiatorios. Y, en cierto modo, unos y otros (eufemismos y disfemismos) funcionan y operan al mismo tiempo. Se podría decir, en términos epistemológicos, que son los equivalentes anti-conceptuales de laidentificación (eufemismo) y la diferenciación (disfemismo) de una epistemología objetivamente definida.
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Acerca del autor: Adrián Rodríguez
Adrián Rodríguez López es doctorado en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Estudió el Máster de Filosofía Teórica y Práctica en la misma universidad. Se especializó en Historía de la Filosofía y Pensamiento Contemporáneo. Su interés filosófico se centra en el estudio del lenguaje político y en el pensamiento liberal. Es un amante apasionado de la lógica formal y de las obras de Ayn Rand. Actualmente vive en Madrid.
No puedo ser comunista. Lo que me hizo reflexionar fue que cuando iba a países comunistas, yo con papeleo de visados, permisos podía ir, en cambio, los nativos o no podían salir o si lo conseguían era con mucho trabajo y “conocimientos”.
He pasado controles rigurosos, nunca me prohibieron la entrada. He visto vallas, muros, vigilancia que en realidad era para impedir que salieran, quedarse sin gente. La primera vez que puse mis pies en un paraísocomunista era muy joven, estaba intrigado pero a las pocas horas comprendí las causas por las que la gente se jugaba la vida para abandonar el “paraíso comunista”.
Solo comprendo que alguien elija ser comunista por desconocimiento, no de la teoría, panfletos y argumentarios que la recitan de memoria, sino, quienes como yo, han estado allí y siguen erre que erre.
La ideología está bien hilvanada, es amena, pero la sociedad y ciudadano que crea o produce no es para imitarlo. Menos aún hacer proselitismo y lavarse las manos.
Actualmente España, millones de españoles, está jugando con un comunismo de primera hornada, puro leninismo y se quemará los dedos como ha ocurrido en todos los países y sociedades donde brotó la semilla que unos cuantos “intelectuales” sembraron entre la clase trabajadora, obrera. Curiosamente, desde Marx, Lenin, Trotsky ninguno era de clase obrera.
No me gusta el comunismo porque no recuerdo más que dictaduras, deportaciones y millones de muertos, miseria, hambre y siguen igual. Es algo que no quiero para mi país ni para mis hijos y nietos. Además yo estuve allí muchas veces.