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La prueba cuádruple rotaria, ética y conciencia moral

Por Bernardo Rabassa

La mentira o la verdad a medias, se ha enseñoreado de la Sociedad española y se utiliza para referirse a los graves problemas que nos aquejan, el buen gobierno de las empresas, el terrorismo, el separatismo, las medidas de gobierno, Europa, la Crisis, la globalización, el Cambio Climático y tantos y tastos otros temas con los que se quiere alienar a los ciudadanos para justificar lo injustificable, hablando en lo que se ha dado en llamar, el “lenguaje políticamente correcto” y que en realidad es una mentira, hecha por relativistas sin conciencia moral, a quienes les importan los votos o la dirección de la opinión publica y que una y otra vez, intentan engañarnos, para que les votemos, aceptemos sus impuestos y sus innumerables leyes, muchas de ellas absolutamente injustas, y con las que nos tenemos que regir en la vida del día a día.

Todo esto se podría evitar con la aplicación por parte de todos los ciudadanos, rotarios y no rotarios con la prueba cuádruple de Rotary

La conciencia moral, desde la antigua Grecia fue preconizada, por el llamado triple filtro de Sócrates, quien gozaba de alta reputación y admiración por sus conocimientos. Un día un conocido encontró al gran Maestro en la calle, y le dijo: «Sócrates, ¿usted sabe lo que he oído acerca de un amigo suyo?”.

«Un momento», replicó Sócrates. «Antes de que me diga algo, quiero ver si usted supera una pequeña prueba. La llaman prueba del triple filtro”, “Antes que me hable de mi amigo, es una buena idea tomar un momento y filtrar lo que usted va a decirme.

El primer filtro es la verdad. ¿Está Ud. absolutamente seguro que lo que va a decirme es verdad?». «No», dijo el hombre, «realmente sólo lo oí y. “.”Muy bien, replicó Sócrates. «Entonces usted no sabe realmente si es verdad o no. Veamos el segundo filtro, el filtro de bondad. ¿Lo que me va a decir de mi amigo es algo bueno? «No, al contrario…»Entonces – prosiguió Sócrates – me va a decir algo malo de él, pero usted no está seguro de que sea verdad.

Todavía falta un filtro: el de utilidad. ¿Lo que me va a decir de mi amigo es útil para mí? “.”No, realmente no.»Bueno», concluyó Sócrates, «si lo que me va a decir no es ni verdad, ni bueno, ni aún útil, ¿Para qué me lo quiere Ud. decir?».

Este concepto, que se siguió aplicando muchos siglos después, es uno de los códigos de ética más populares y citados que hay en el mundo, la Prueba Cuádruple Rotaria. Fue hecha por el Rotario Herbert J. Taylor en 1932 cuando le pidieron que asumiera el mando de la empresa Aluminum Company en Chicago, que estaba al borde de la bancarrota y buscó la forma de salvar a esta empresa, hundida en una depresión por motivos financieros.

Herbert J. Taylor, fue presidente de Rotary International en 1954-1955. Bajo este código de ética consistente en 21 palabras, para que todos los empleados lo llevaran a cabo en sus propias ocupaciones dentro de la empresa, logró sacar a flote a la compañía.

1º ¿Es la verdad?

2º ¿Es equitativo para todos los interesados?

3º ¿Creará buena voluntad y mejores amistades?

4º ¿Será beneficioso para todos los interesados?



Si aplicara a los negocios, a las amistades, a las Instituciones, al secesionismo, al terrorismo, a la política o al “despotismo ilustrado” con que se gobierna España, o con que se desgobierna, a las manifestaciones de los múltiples grupos sociales, afectados por la Crisis, o a las sentencias de los Tribunales, controlados por el poder político, o a los Bancos, inmersos en unos 530 embargos diarios de viviendas, compradas a precios que hoy ya no valen, y que hacen de estas situaciones una tragedia nacional, o a las medidas “teóricas” para generar empleo, o a las situaciones de inopia que llevan a los nuevos pobres a los comedores de “Caritas”, o a ese millón y medio de familias con todos sus miembros en el paro, etc. etc. Las cosas cambiarían radicalmente, pues estaríamos obrando con Justicia, Utica y Conciencia moral


Asimismo, con este simple código, nos daríamos cuenta que vivimos en un Estado de falta de conciencia moral, donde la mentira nos rodea y nos asalta desde los medios de comunicación, que son auténtica basura intelectual y moral, que vivimos alienados como corderos y que hemos renunciado a los valores de la verdad, de la solidaridad, de la camaradería y la amistad, del beneficio para los demás antes que el nuestro, del esfuerzo, del mérito y de la lucha por la vida y por un mundo mejor.

Ética, es un problema de ética el que nos aqueja, y que conste que no hablo de Religión, aunque preferiría la Ética cristiana a “ninguna ética”, al fin y al cabo, este es un país católico desde muchos siglos.

Inma Castilla de Cortázar, en una magistral Conferencia en el CEU, aplicándose al terrorismo, nos dijo que mientras hubiera alguien, que no aceptara los argumentos más comunes para justificar la tregua con ETA, pactada por el PSOE, no solo existiría un valladar, de conciencia moral que impediría que la mentira prevaleciese, sino que, realmente mientras que ETA o el PNV, no se dieran cuenta de donde estaba la verdad, no cabria ni el arrepentimiento, ni la remisión histórica de la culpa para los delincuentes, que seguirían viviendo con ella.

Es decir que sería imposible la desaparición de ETA, en tanto todos no creyéramos, incluidos los terroristas, los presos y sus familias que habían hecho el “mal” y no el bien, Sin conciencia moral sería imposible la remisión de la culpa, del “reato”, de la atrición, ni de la contrición y por ello nunca desaparecería el daño infligido, ni el abrazo de “Vergara” que diera fin a la agresión unilateral, para consuelo de las víctimas, y de toda la sociedad española “victimada” a su vez.

Bastaría con que una sola persona o pequeños grupos como los rotarios, con su prueba cuádruple, se negaran a aceptar este engaño, para que se terminase con ese cáncer que aqueja a nuestra sociedad y que ninguna muerte acabará con él, por siglos que pasen en adelante. Por mucho que la sociedad vaya olvidando, el origen y los métodos de aplicación asesina, de estas doctrinas a las que se pretende disfrazar de “guerras independentistas”, como ha ocurrido con el genocidio de los bosnios por los serbios.

Nunca un tribunal Internacional, conseguirá terminar con el problema, por mucho que castigue, mientras esa lacra de falta de conciencia moral, no sea aceptada, como culpa real por aquellos que la originaron.

Bastaría con que alguien le dijera, por ejemplo, a Oriol Junqueras de Esquerra Republicana, en Catalunya ¿Por qué mientes? ¿Por qué quieres llevar a los catalanes nuestros hermanos, al precipicio de una secesión, que ni es verdad, ni es equitativo, ni hará amistades, sino odios profundos, y no les aportará ningún beneficio, para que el valladar exista mientras no se acepte la culpa, por la busca ególatra de más votos?

Así se fracasa. Winston Churchill dijo ‘Se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo, y se puede engañar a una parte de la gente durante todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo’? y si no que le hubieran preguntado a Rubalcaba(qepd), gestor de las cenizas del imperio Zapatero, quien tenía que habérsela hecho a sí mismo a sí mismo por el 11M e inmediatas elecciones y al PSOE un severo examen de conciencia moral, de su culpa y de cómo tenía que pagarla. Lástima que tan controvertidos personajes no conocieran la prueba cuádruple y peor sería que aun conociéndola, no la hayan aplicado jamás.

La mala gestión de la política por el daño que hace a toda la sociedad debería estar condenada no solo con multas sino con cárcel. A ver si ya que no tienen Ética, ni conciencia moral, por lo menos tienen miedo al castigo en este mundo, lo curioso es que no solo no se les juzga, sino que se les premia con sinecuras de dorado retiro en el que se refocila nuestro Zapatero.

ACERCA DE UNO DE LOS DOGMAS/TABÚ MÁS IMPORTANTES DE LA IZQUIERDA: «LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA».

 

Leire Pajín, peligrosa "progre" feminazi. Desgraciadamente, Ministra de Sanidad de España

Lo que la progresía llama discriminación positiva no es otra cosa que la manera “postmoderna” de imponer las políticas igualitarias que defiende el socialismo.

Como cualquier otra acción que se emprenda con el objetivo de conseguir  “igualar” a los miembros (y “miembras”, je,je,je) de un grupo social concreto, la denominada “discriminación positiva” es intrínsecamente coactiva, y por tanto un ataque a la libertad individual; pero, no podemos olvidar lo más importante –por ser especialmente grave- es también un absoluto menosprecio a las capacidades de los seres humanos, de sus riquezas, es ignorar la tendencia natural de los humanos a la diversidad, frente a la uniformidad… Uniformidad que inevitablemente es sinónimo de mediocridad, precarización, empobrecimiento.

Calificar de «positivo” lo que cualquier diccionario define como negativo, tiene como fin evitar el rechazo de las personas “educadas”, aparte de darle un barniz de ética al asunto. Aunque sus partidarios no oculten que aunque “positiva” sigue siendo “discriminación” (en español lo correcto sería denominarlo “trato preferente, o trato de favor”) su intención no es otra que la de convencernos de que “el fin justifica los medios”, pues se trata de saldar una deuda con gente desfavorecida, maltratada, discriminada, y de que… para tan noble causa es legítimo incluso perjudicar a otros individuos.

La razón principal que esgrime gente tan bienintencionada, filantrópica, los partidarios de la discriminación positiva, es que la Sociedad tiene pendiente de saldar una “deuda histórica” con las personas pertenecientes a determinados grupos sociales debido a que, en algún momento de la Historia sus ancestros fueron discriminados, sojuzgados, esclavizados, violentados, privados de sus derechos… Y como consecuencia de tal “discriminación negativa” sus actuales descendientes son merecedores del derecho a ser compensados, a resarcirse del daño que se le causó a sus antepasados, mediante la reserva en la actualidad de cupos, cuotas, en las prestaciones y servicios que el Estado “del bienestar” proporciona a los ciudadanos, ya sea en la educación, en la sanidad, en la administración de justicia, en el acceso al mercado laboral o cualquier otro ámbito.

Obviamente será el gobierno el que decida (teniendo en cuenta siempre la posible rentabilidad electoral de la “acción positiva”, que es otro eufemismo usado para enmascarar el trato de favor a determinadas minorías…) qué sector de la población es digno de recibir tales beneficios. Las políticas de discriminación positiva (affirmative action) no es que no hayan tenido el efecto esperado por sus defensores, y no hayan solucionado los problemas que pretendían resolver, sino que, en la mayoría de los casos, han perjudicado a sus destinatarios. En este sentido, merece la pena leer las reflexiones que hace Thomas Sowell en su muy interesante libro La discriminación positiva en el mundo. Thomas Sowell, un liberal de raza negra, analiza lo que apenas nadie se atreve ni a nombrar –por la dictadura asfixiante de lo políticamente correcto- y por supuesto argumenta con estadísticas y  enésimos ejemplos.

Las políticas de discriminación positiva se fundamentan en una mezcla de mala conciencia, por las tropelías cometidas por nuestros ancestros; la corrección política, que los medios de información y demás trovadores divulgan de manera machacona, hasta abrurrir; y una intención clara de ingeniería social, de “rediseño social”. Los partidarios de políticas de discriminación positiva, en su afán totalitario e intervencionista, quieren destruir la actual sociedad y construir una nueva a la medida de su “utopía bienintencionada”, porque lo último que desean es que los seres humanos, libres, elijan actuar por sí mismos.

Estamos hablando de puro paternalismo: estamos hablando de gente totalitaria, que se caracteriza por su desconfianza en el libre actuar de las demás personas, considerándolas poco menos que estúpidas e incapaces, y están plenamente convencidos de que deben ser guiadas y dirigidas; en la idea de que «no se las puede dejar solas» (ésta es una idea que comparten las dictaduras diversas) que se las debe «proteger» y «ayudar» en todo (incluso en contra de su voluntad) con mil leyes que les digan qué comer y qué no comer, cómo y con qué se han de drogar-estimular, cómo se ha de hablar (imponiendo un lenguaje «socialmente correcto») cómo y cuánto trabajar o cómo emprender, cómo hacer el amor, cómo educar a los hijos, qué estudiar, las enfermedades que deben tener, e incluso cómo se ha de «ligar», «coquetear», etc. esta gente totalitaria, erigida en nuevos gestores de la moral colectiva, arrogándose una sapiencia fuera de lo común, piensan que, la sociedad no sabe organizarse por sí misma, y necesita de sus directrices.

El problema de la soberbia y la arrogancia intervencionista es que siempre, de manera inevitable, tiene que acabar haciendo frente a la dura y tozuda realidad. Las leyes se  aprueban con la intención de aplicarlas a “sociedades en abstracto” (distorsiones resultado de filtrar la realidad a través de determinadas ideologías), pero acaban afectando a los individuos que las componen. Así, por ejemplo, quienes aprobaron la denominada “paridad”, como la mejor manera de aumentar el número de miembros de un determinado sexo en ámbitos de poder, o trabajos en los que tradicionalmente las mujeres son minoría,  acabarán llegando a la conclusión de que algunos (no pocos) varones mejor preparados que algunas mujeres, acaben quedándose sin plaza… Esos hombres/varones no participarán de la llamada ideología patriarcalista, ni serán culpables de lo que supuestamente hicieron sus tatarabuelos; pero, sin embargo, van a pagar los platos rotos. En resumen: quienes promueven políticas de discriminación positiva pretenden poner solución a injusticias pretéritas, mediante injusticias presentes…

Pero aún hay más: los supuestos beneficiarios son en última instancia los más perjudicados, y eso por no hablar de los graves disturbios que suelen provocar estas medidas de discriminación institucional, que en muchos lugares del planeta se han cobrado miles de víctimas (en España, sin ir más lejos, la aplicación de la denominada “Ley Integral contra la Violencia de Género”, plasmación de la “discriminación positiva” en ámbito judicial, con el noble pretexto de “proteger a las mujeres”, ha traído como consecuencia la detención y el procesamiento indiscriminados de cientos de miles de hombres –más de un millón tras un lustro de su puesta en vigor- ocasionando más y mayores problemas que los que supuestamente se pretendían solucionar… y, ni que decir tiene que las supuestas beneficiarias de tales medidas de discriminación positiva, siguen estando en situación tan o más vulnerable que en la que se encontraban antes de la aprobación de tan perversa ley…)

Las políticas de discriminación positiva no provocan otra cosa, generalmente, que un enorme resentimiento social. Cuando el poder político promueve medidas de discriminación positiva (lo cual hace por puro electoralismo, favoreciendo a un grupo social fácilmente identificable para conseguir el apoyo de sus miembros en futuras citas electorales) acaba corrompiendo moralmente a la sociedad, pues se acaba propagando la idea de que es legítimo reivindicar la compensación de un determinado agravio pretérito, en lugar de preocuparse de labrar su futuro confiando en sus posibilidades, en igualdad de oportunidades con el resto de sus semejantes.

Es innegable que han sido muchas las minorías a las que se ha privado del acceso a la igualdad de oportunidades, unas veces por prejuicios racistas, otras ideológicos, o por motivos religiosos; pero la solución no pasa por rebajar la nota mínima de acceso a la universidad, o engordando las calificaciones de determinados estudiantes, o creando tribunales especiales para juzgar a los hombres –varones- de manera exclusiva, o castigándolos con penas más severas cuando incurren en los mismo “ilícitos penales” que las mujeres, o privándolos del derecho constitucional a la presunción de inocencia. De estas y otras maneras sólo se consigue perjudicar a buena parte de los miembros de las minorías que se pretende proteger, y se fomenta un sentimiento de discriminación entre quienes se han visto tratados injustamente…

Dar trato de favor, beneficiar a los miembros de un grupo social, sea por su color de piel, sea por su sexo, sea por la circunstancia personal que fuere, significa que no se confía en que los integrantes de ese grupo sean capaces de progresar por sí mismos, si se les da las mismas oportunidades que al resto de la población.

Al igual que el racismo no se combate con racismo, la misoginia no se combate con misandria. Resulta especialmente llamativo que no haya generalmente ningún político que acepte debatir sobre los efectos perjudiciales de la perversa discriminación positiva; si hablan de ello, lo hacen para proclamar la necesidad de aumentar las medidas de discriminación, con el objetivo de solucionar un problema que las medidas de discriminación positiva no han hecho más que agravar.

Y, no se olvide una cosa: Los males ocasionados por las generaciones que nos precedieron en siglos pasados, hágase lo que se haga seguirán siendo males, da igual lo que se haga en el tiempo presente…

AUTOR: Carlos Aurelio Caldito Aunión.

DICTADURA FEMINAZI, EL CRIMEN MENTAL.

Totalitarismo y censura feminazi. Ingeniería social, adoctrinamiento de masas. El poder fomenta el gran negocio de la discordia y la violencia. Individuos disociados unos de otros para un mayor «control social».

A esto  nos están conduciendo, ¿esto es lo que la gente quiere?, PUES YO ME REBELO, SI SIGUE ASÍ, PIENSO DESOBEDECER CON TOTAL DESCARO.

Orwell, en su novela 1.984,de la que vemos aquí escenas de la película sobre la misma, marcó 1.984, bueno….sencillamente, ha ido un poco mas lento, PERO HACIA ELLO VAMOS.

ESTO ES LO QUE LE GUSTA, SIN IR MAS LEJOS, A ESA IGNORANTE, INCULTA DE LEIRE PAJÍN la cual, solo con un gobierno socialista podría llegar a donde ha llegado, ya que, ¿méritos?, NINGUNO, su intelecto –discutible— y su preparación académica la da para, como mucho, Auxiliar Administrativa. Y NO DE LAS MEJORES.

Para rematar, una excelente y magistral clase sobre la ideología de género, este es largo pero NO TIENE DESPERDICIO: