Categoría: SOCIEDAD

Los boomers se jubilan: radiografía de la generación que marcará el rumbo en las próximas décadas

Los boomers decidirán el destino del país las próximas tres décadas. GETTY IMAGES
  • En los próximos 30 años se jubilarán en España más de 15 millones de personas
  • En 2050 el 50% de la población será mayor de 50 años
  • La economía, la política, la ciencia, el ocio, la salud… todo girará en torno a los jubilados

Ya empiezan a jubilarse los boomers, las generaciones más numerosas que ha tenido España en toda su historia. De los años 1958 a 1977 nacieron en España casi 14 millones de niños, que en los próximos 30 años se irán jubilando. Esto lo cambiará todo: las pensiones, el mercado de trabajo, la economía, la salud, el cuidado a los dependientes… los próximos 30 años estarán marcados por la manera en que afrontemos como sociedad este formidable reto.

Un aluvión de jubilados

Entre 1958 y 1978 se produjo el baby boom español. En esos veinte años nacieron casi 14 millones de niños (más de 650.000 cada año, hoy nacen la mitad), sumando 4,5 millones más que en los 20 años siguientes y 2,5 más que en los 20 años anteriores. Hace 25 años había en nuestro país 6.412.000 mayores de 65 años. Hoy ya son 9.620.000, y en 2050 habrá 16 millones de mayores de 65 años, según las proyecciones del INE. La progresión impresiona. Envejecemos rápidamente. En 2001 éramos el 19 país más envejecido de Europa. Hoy somos el 5º, y en 2050, según la ONU, seremos el 1º.

Llama la atención el crecimiento de los mayores de 65 en los últimos años, pero la bomba demográfica viene detrás, 15 millones de españoles que hoy tienen entre 45 a 65 años, y que esperan jubilarse durante los próximos 25 años. Este tsunami demográfico vivirá su cénit en los años 30 y 40 de este siglo, para decaer a partir de 2050, cuando los primeros boomers comiencen a desaparecer.

Más mujeres

En envejecimiento tiene nombre de mujer. A los 50 años el número de hombres y mujeres está igualado, pero a partir de los 50, los hombres se mueren más. A los 65 años ya hay 3 mujeres por cada hombre, y la diferencia se acentúa con la edad. La esperanza de vida a los 65 años es de las más altas de Europa y del mundo, las mujeres españolas tienen por delante 24 años más de vida, y los hombres casi 20. Y si hablamos de esperanza de vida tras la jubilación, a los hombres les quedan 23 años, y a las mujeres casi 28 después de jubilarse.

Y cada vez vivimos más tiempo. Según el INE, en enero de 1973, hace 50 años, en España vivían 190.000 mayores de 85 años. En el año 2000 ya eran 665.000, y ahora viven 1.625.000 mayores de 85 años. En el año 2000 vivían apenas 2.000 centenarios, en 2023 ya son más de 15.000, de los que 12.000 son mujeres.

La patata caliente

Los 14 millones de boomers han sustentado el Estado de Bienestar de nuestro país durante los últimos 40 años, y ahora les toca cobrar sus pensiones. El problema es que nuestro sistema es de reparto, esto es, se pagan las pensiones de hoy con las cotizaciones de hoy, y cada vez hay menos cotizantes por cada jubilado.

El sistema ya tiene un déficit contributivo de más de 26.000 millones de euros, según el foro de expertos del Instituto Santa Lucía. Gastamos más del 12% del PIB en pensiones y éstas se llevan el 40% del gasto de los Presupuestos Generales del Estado.

En diez años en número de pensiones ha aumentado en casi un millón, de las 9.146.000 de 2013 a las poco más de 10 millones actuales; y el gasto ha pasado de los 7.800 millones al mes de 2013, a los más de 11.900 millones al mes de enero de 2023. Hablamos de todas las pensiones, incluidas las de viudedad, incapacidad y orfandad. La pensión media de jubilación ha pasado de los 987 euros al mes de 2013, a los 1.368 de 2023, según las estadísticas de la Seguridad Social.    

Y esto antes de que lleguen los boomers a la jubilación. En 2023 se pagan casi 12 millones de pensiones. En 2050 se pagarán 17 millones. Ahora hay 2,3 trabajadores por cada pensionista, en 2050 habrá 1,3 trabajadores para pagar cada pensión.

El objetivo de las continuas reformas es que el sistema aguante durante las próximas tres décadas, hasta que la tensión de la llegada de los boomers a la jubilación se relaje. La mejora de las condiciones salariales actuales, de la productividad o el impulso de la economía y la inmigración pueden hacer cambiar una situación muy compleja. Sobre los boomers planea la amenaza de no poder disfrutar de igual modo de unas pensiones que sí han disfrutado otros gracias a su esfuerzo.

La reinvención del trabajo

El mercado laboral español tiene que cambiar. Tenemos la peor tasa de empleo en el grupo de 55 a 59 años de Europa y, junto con Francia, el valor más bajo en el tramo de 65 a 69 años, según el Mapa del Talento Senior de la Fundación Mapfre. Según el INE, la tasa de actividad en el mercado laboral disminuye sustancialmente a partir de los 55 años, reduciéndose al 50% entre los 60 a 64 años y al 9% entre los 65 y 69 años.

Uno de cada tres parados en España es mayor de 50 años, y lo que resulta más preocupante, se trata de parados de larga duración.

Ante la falta de apoyos y las trabas para seguir trabajando, muchos mayores de 50 optan por emprender un negocio. Según el Observatorio del EmprendimientoEl 60% de los sénior que emprenden lo hacen por necesidad, para ganarse la vida. Y no lo hacen mal, el 70% de las compañías creadas por ellos sobreviven más de tres años, frente al 28% de supervivencia de las creadas por los emprendedores más jóvenes. Además, los sénior que se proponen emprenden acaban por materializar su idea en un 90% de los casos, frente al 36% de los más jóvenes.

Y la creación de negocios, y por lo tanto de empleo, sería más fructífera si hubiera más apoyos. Según la OCDE el 60% de los emprendedores “perdidos” por falta de ayudas y asesoramiento son mayores de 50 años. En Europa nos llevan ventaja y las apuestas por la llamada economía de las canas ya es firme. La contribución de los sénior al PIB de la UE en 2025 alcanzará entre 5,7 y 6,4 billones de euros, duplicando prácticamente su volumen de la década anterior (uno de cada tres euros aportados al PIB de la UE vendrá de los sénior).

Una economía de oportunidades     

La revolución de la longevidad que plantean algunos demógrafos también se producirá en la economía. El envejecimiento de la población abre la puerta a nuevas oportunidades de negocio, y plantea un cambio en las industrias y los productos dirigidos a un segmento de la población con un poder adquisitivo un 12% superior al resto. El 40% tiene unos ingresos anuales superiores a los 25.000 euros, según ‘El Libro Blanco de la Silver Economy en España’.  

Las pensiones han salvaguardado el poder adquisitivo de los jubilados frente a las sucesivas crisis que llevamos desde 2008. Pero no es que sean más ricos, es que el resto se ha empobrecido más. Para hacernos una idea, los que tienen pensiones de más de 2.500 euros son el 8%, unas 734.000 personas. Pensiones de entre los 1.500 y los 2.500 euros, hay 1.400.000. Tenemos 1.740.000 pensionistas que cobran entre 1.000 y 1.500 euros. Y la gran mayoría, casi 6.000.000 de pensiones, están por debajo de los 1.000 euros, y de éstas, más de 2.000.000 están por debajo de los 600 euros, lo que no es para tirar cohetes.

Otra fortaleza de los mayores de 50 es que el 76% tiene vivienda en propiedad, un porcentaje que sube hasta el 90% en los mayores de 65 años. El valor del patrimonio en vivienda de los silver supera los 620.000 millones de euros, tanto como la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) español, y casi seis veces superior a todo el patrimonio acumulado en el conjunto de planes de pensiones, que asciende a 106.000 millones de euros, según la Fundación Mapfre.

Los mayores de 50 años son un pilar esencial en nuestra economía, y tendrán más protagonismo en el futuro. En 2050 habrá más de 23 millones de mayores de 50 años, casi la mitad de la población.

Contribución del gasto de los mayores de 50 años en 2019 CENIE

Según el último informe del Cenie, Centro Internacional sobre Envejecimiento del CSIC, antes de la pandemia (cuando se tomaron los datos) el gasto de las personas mayores de 50 años en España era ya un impulsor significativo de las actividades económicas del país, y representaba aproximadamente el 60% del gasto en consumo nacional y generó directamente 1,9 millones de puestos de trabajo.

Ahorran, pero menos

Son ahorradores. Casi la mitad de ellos ahorra todos los meses (el 43%), un porcentaje que ha caído en los últimos tres años, y que en 2020 ascendía al 56%. Lo hacen para cubrirse ante posibles imprevistos, como enfermedad y dependencia, así como ayudar a familiares. Una mayoría de sénior obtiene más de un ingreso en su hogar (uno de cada dos), y suele echar una mano a sus allegados (cuatro de cada 10), según el III Barómetro del Emprendedor Senior, de Mapfre.

Conectados

Los boomers están presentes en las redes sociales: 10,9 millones utilizan YouTube; 10 millones usan el servicio de mensajería instantánea WhatsApp; 9,8 millones, Facebook, 9 millones están en Instagran. Por otra parte, 9,4 millones gestionan sus cuentas corrientes a través de la web de su banco, y 8 millones compran por Amazon.

El reto de cuidar bien

Una gran parte de los mayores de 50 tienen a sus padres en situación de dependencia y se enfrentan al problema de buscarles la mejor ayuda posible. La Ley de Dependencia llega tarde, a veces mal, y en muchas ocasiones, nunca.

Según el último Observatorio de la Dependencia, que realiza la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, hay 194.000 personas esperando que se les asigne algún recurso para atender a sus familiares, de las que 86.000 son grandes dependientes, personas que no pueden vivir sin ayuda diaria y constante. El 70% de los cuidados son proporcionados por mujeres mayores de 50 años, generalmente, la hija, lo que condiciona su vida laboral y su futura pensión.

El desarrollo de la economía de los cuidados puede ser una de las industrias más importantes del futuro, así como una fuente importante de empleo estable, si se destinan a ello más recursos. El año 2021 se destinaron algo más de 9.000 millones de euros a la dependencia, el 0,8% del PIB, cuando los países de nuestro entorno dedican a los cuidados el 2% del PIB.

Decisivos en todo

La ola de los boomers llega a todos los rincones de la economía del país. El 28% de todos los viajes de turismo en 2021 fueron realizados por mayores de 55 años. El 17% van al teatro, el 26% al cine, son los mayores asistentes a conciertos de música clásica (57% del total), y también de zarzuela (65% del total), el 90% entra a internet regularmente y son lectores fieles y constantes, el 60% lee libros habitualmente, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales del ministerio de Cultura 2022.

Les cuesta hacer deporte, lo que más hacen, el 88%, es andar o pasear, aunque las nuevas generaciones van cogiendo la costumbre y el 21% están apuntados a un gimnasio. No pierden el gusto por el sexo, el 46% reconoce practicarlo todos los meses, y el 21%, una vez a la semana.

También conservan algunos malos hábitos, el 37% de los que tienen entre 55 y 65 años ha fumado tabaco durante el último mes, y el 6% se ha fumado un porro según la última Encuesta Nacional sobre Drogas, que curiosamente no contempla a los mayores de 65 años.

Los que ahora tienen entre 45 y 65 años, los boomers, deciden las elecciones, el 89% votó en las últimas generales, el 32,5% votó al PSOE y 19% PP, pero según el último barómetro del CIS, de enero de 2023, si tuvieran que votar hoy, el 22% lo haría al PSOE y el 24,5%, al PP.

El vaso medio lleno

El envejecimiento puede verse como una amenaza para los sistemas de pensiones y sanitario, pero también como una fuerza social transformadora. “La economía plateada puede abrir nuevas oportunidades de empleo en sectores como el turismo, los hogares inteligentes, las tecnologías de asistencia, los productos y servicios accesibles, la robótica de servicios, el bienestar, la cosmética y la moda, la seguridad, el ocio, la cultura, la movilidad personal y automatizada, los cuidados personales, la atención a la dependencia y la banca. La innovación científica y médica también abrirá oportunidades para quienes desarrollan tecnologías y para los profesionales sanitarios y los cuidadores altamente cualificados, al tiempo que ofrecerá el avance necesario para responder al envejecimiento de la sociedad”, señala el ‘Libro Verde sobre el Envejecimiento’ 2021 de la Comisión Europea.

No nos queda más remedio que vivir en una sociedad que envejece, pero eso no tiene porqué ser un drama. El demógrafo Julio Pérez Díaz afirma que «quien aborda las consecuencias del envejecimiento demográfico con ánimo alarmista olvida que se trata sólo de una expresión más del desarrollo económico y social, y que su correcta interpretación pasa por comprender sus causas. No sólo se ha reordenado el peso respectivo de las edades, sino que ha cambiado radicalmente lo que cada una de ellas significa: la vejez ha llegado a nuestro mundo, por primera vez, en pie de igualdad con las otras edades, y ha venido para quedarse».

FUENTE: Uppers.es

El mundo en que vivimos.

Hoy, cerca de cumplir el primer cuarto de siglo del tercer milenio, el ser humano ha descubierto decepcionado que el progreso no lo está llevando a donde creía; más bien percibe entre las brumas del porvenir un profundo y oscuro abismo sin fondo.

Por G. H.Guarch

Habitamos un mundo que creemos sólido y eterno, sin querer pensar que en realidad nuestro mundo no es más que una mera e inestable corteza sobre un llameante abismo del que apenas nos separan unos miles de metros. Somos en realidad frágiles seres vivos en evolución permanente, repletos de dudas sobre su procedencia y su destino. Todo a nuestro alrededor es un gran misterio; el planeta que nos alberga, al que llamamos Tierra, procede del caos que conformó el universo, fruto del choque fortuito de fragmentos de gigantescos trozos de materia estelar. Somos —por el momento— los únicos observadores de un suceso ocurrido hace cerca de quince mil millones de años y al que llamamos Big-Bang, donde supuestamente cuando aún no existía el tiempo ni el espacio, una ínfima partícula explosionó en un momento dado para conformar un universo gigantesco que parece no tener límites, algo incomprensible, pero que nos tranquiliza, al aceptar que nada puede ser eterno.

De ahí —lo veremos más adelante— surgió la necesidad aristotélica de la primera causa, que luego los sabios cristianos, san Agustín, santo Tomas, san Anselmo…, hicieron suya para intentar demostrar la existencia de Dios. Como santo Tomás lo afirma en su Suma Teológica: “Luego existe un ser inteligente que dirige todas las causas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios”. Mucho más tarde, Darwin demostró que la tesis de un creador no era precisa.

La cuestión es que el ser humano ha evolucionado tras milenios de pugna, de una durísima lucha contra los elementos, cazando para no ser cazado, comiendo para no ser comido, intentando sobrevivir un día más, protegiendo a los suyos, viendo cómo el mundo era un lugar hostil donde apenas había un instante de sosiego, un momento de descanso entre las interminables y angustiosas carreras huyendo de sus enemigos o persiguiendo a sus presas para obtener el suficiente alimento para su tribu.

¿O no? ¿O tal vez desde que el ser humano tuvo conciencia de sí mismo, justo cuando dejó de ser un animal que había conseguido erguirse, supo ya entonces que todo sería inútil? Al caer la noche, aquel universo de infinitos e incomprensibles puntos luminosos que giraba sobre él tuvo que amedrentarle al hacerle comprender su pequeñez y su efímero paso por la vida.

 El mundo ha cambiado mucho en los últimos cien años; de hecho ha cambiado más en ese plazo de tiempo que en los últimos mil años. Durante el siglo XX se podía percibir cómo cambiaba por días. Hoy, cerca de cumplir el primer cuarto de siglo del tercer milenio, el ser humano ha descubierto decepcionado que el progreso no lo está llevando a donde creía; más bien percibe entre las brumas del porvenir un profundo y oscuro abismo sin fondo. ¿Entonces, el progreso adónde nos conduce? ¿Cuál es la pretensión de los seres humanos? ¿Una efímera seguridad? ¿La búsqueda de la felicidad? Eso ya lo escribieron los padres fundadores de los Estados Unidos, sabiendo que no era más que una utopía inalcanzable y que el ser humano no alcanzará jamás la felicidad en este mundo. Tendrá que aguardar al otro.

Hoy en día, en el año 2022 de nuestra era, en algunas gigantescas metrópolis de la Republica Popular de China, como Pekín o Shanghai, sus habitantes y los que las visitan, todos lo que se encuentren en ellas por cualquier motivo, son permanente vigilados por los superordenadores del Partido Comunista Chino. Sus rostros, sus expresiones faciales, sus movimientos corporales, son escaneados miles de veces por minuto por las innumerables cámaras existentes por doquier en esas ciudades, y automáticamente, desde que cualquier persona sale por la puerta del avión, del tren o del barco que allí los ha conducido hasta que vuelva a subir para marcharse, se abrirá automáticamente un dossier digital para cada uno de ellos en donde se recogerá quién es ese individuo, de dónde procede y adónde va, sus gustos, sus aficiones, también las sexuales, su ideología, sus antecedentes, su situación financiera, sus pensamientos más íntimos, sus manías, sus enfermedades, la medicación que toma cada día, con quién se relaciona, por qué ha viajado hasta allí: todo, absolutamente todo, ya que sus cuentas de internet habrán sido copiadas por los superordenadores gubernamentales, y todas las búsquedas que haya realizado a lo largo de su vida en internet definirán su perfil personal con una seguridad y una certeza que ni el propio individuo conocerá acerca de si mismo. Lo mismo sucederá en todas y cada una de las centenares ciudades de China, en sus pueblos, sus aldeas; todos, incluidos los miembros del politburó, los ministros, el propio secretario general del Partido Comunista, nadie escapará a ello.

 No va a tardar en aparecer un escáner para diseccionar los mismos sueños que hasta ahora han sido la última frontera en apariencia inviolable de la libertad personal. En efecto, el universo onírico ha sido hasta ahora una parte fundamental de la privacidad más íntima de los seres humanos. Cuando soñamos, caminamos por un mundo en el que podemos encontrar nuestro paraíso o nuestro infierno, pero sólo nosotros podemos acceder a él a pesar de todo lo que Freud escribió acerca de la interpretación del subconsciente. Ese mundo supuestamente propio, que siempre ha sido un refugio íntimo e inaccesible ,a partir de muy pronto tampoco nos pertenecerá. Dejará de estar oculto, la inteligencia artificial contará a todos quiénes somos en realidad, con un nivel de detalle imposible de imaginar, abriendo una tras otra las innumerables capas de cebolla de nuestro subconsciente. Será como mostrar nuestros pecados, nuestros vicios, nuestras manías, a la vista de todos. Eso, no hay la menor duda, se convertirá en una increíble tortura, un infierno insoportable para muchos del que sólo podrán escapar quitándose la vida. En efecto, la violación de la intimidad más interior, que desnuda nuestra personalidad más oculta, esa que escondemos en alguna de las estancias más privadas y remotas de nuestros archivos personales, a las que sólo podemos acceder nosotros mismos haciendo un enorme esfuerzo en ocasiones, significará una catástrofe personal, porque conllevará la destrucción de la última defensa de nuestra identidad, y en tal caso muchos elegirán la desaparición definitiva. Sucederá.

La vida antes de la modernidad digital era muy diferente, más dura y difícil, más física, también más humana, de otra manera, más cercana, podríamos decir que hasta más intima; en ella los sentimientos estaban a flor de piel, las tragedias personales, como la desaparición de un ser querido, se convertían en una catarsis colectiva. Muy pocos recordarán ya aquellas elegantes y tenebrosas carrozas acristaladas, negras y doradas que se usaban en Europa para conducir a los fallecidos desde el que había sido su hogar hasta su última morada. Los caballos enjaezados ad hoc, portaban sobre sus cabezas tenebrosos penachos de plumas negras que con sus ondulaciones y reflejos transmitían un mensaje de macabro duelo a la comunidad. Pero ese mundo ya ha quedado atrás, se está difuminando con rapidez, desapareciendo de nuestra memoria colectiva. Por lógica, los que lo conocimos estamos destinados a desaparecer muy pronto. Esos recuerdos desaparecerán para siempre con nosotros, y pronto será como si aquel universo no hubiera existido nunca.

 El mundo hacia el que nos dirigimos no va a ser más feliz, ni más justo, ni más amistoso para los seres humanos. Desde la aparición del mundo digital se están sustituyendo frenéticamente los sentimientos por algoritmos, las cálidas relaciones humanas por frías imágenes en las pantallas de nuestros omnipresentes móviles, lo paradójico es que la información puede viajar miles de kilómetros desde un artilugio electrónico digital y regresa una milésima de segundo más tarde al de nuestro compañero que está sentado al lado comunicándose por el medio que ha aprendido. Utilizar el móvil le resulta más fácil que intercambiar palabras. Eso supondrá también la perdida de las expresiones faciales, tan importante en el lenguaje oral, la anulación de la gesticulación de brazos y manos, el subrayado de las frases, la acentuación de las palabras. Un verdadero desastre para la comunicación humana. La intuición también se está perdiendo, la realidad física está siendo sustituida por hologramas, la intimidad por la información personal adquirida ilegalmente y subastada por grandes compañías de Silicon Valley que pretenden monopolizar la información a cualquier coste, a la que podrá acceder cualquiera una vez realizado el pago correspondiente, la verdad por la ficción políticamente bien pensante, la cultura por un melting uniforme en el que no se admitirá el disenso, la ideología por el tribalismo, las creencias por el agnosticismo, el nihilismo o el radicalismo dependiendo de incontrolables factores externos. Ya nadie estará nunca más solo, y eso que podría parecer una bendición, será por el contrario como una maldición bíblica, los ojos del gran hermano eterno no dejaran de observarnos permanentemente, por siempre jamás. Si desaparece la intimidad desaparece el YO. Los contornos entre unos y otros se van uniformizando, hasta que al final se anulan.

¿Dónde estará la verdad? La verdad suele ser incómoda. No estamos preparados para ella. Provocaría una enorme vergüenza tener que explicar a los otros quienes somos en realidad, y por eso el ser humano engaña, miente, oculta, intenta trasladar una falsa imagen de sí mismo. Utiliza la vestimenta, el look, el maquillaje, el corte de pelo, los tintes, los complementos, para decir a los demás: “Este soy yo”. Y es mentira, solo pura ficción, una absoluta y total falsedad. Así, por costumbre, por convicción o por sistema, el ser humano engaña a su pareja, a sus amigos, a sus socios, incluso a su médico, al psiquiatra, al psicólogo, hasta a su peluquero de confianza. El Homo Sapiens, tendría que haber sido denominado Homo Mendax, el hombre mentiroso, – y también por supuesto su compañera de fatigas, Femina Mendax – ya que es el único primate superior que ha hecho del engaño su forma de vida. No es menos cierto que si de pronto alguien dijera siempre la verdad de inmediato se quedaría sin familia, sin amigos, sin conocidos, se quedaría solo. El ser humano sabe que la verdad mata el amor y aniquila la amistad, mientras que la mentira es un dulce refugio y una indispensable estrategia vital. Algo de uso consuetudinario, la expresión más usual al encontrar a otro suele ser: “¡Qué bien te veo! ¡Estás increíble! ¡Tienes que contarme tu secreto! ¡Qué haces para conseguir ese aspecto!”. Después de todo, ¿qué puede decir uno ante los estragos del tiempo? ¿La verdad? ¡Qué absurdo! El ser humano que en ese preciso instante tenemos delante no volvería a saludarnos jamás.

La Sirenita racista

Disney es un agente político de la izquierda woke en general, y del Partido Demócrata en particular, y es la principal encargada de reescribir la cultura para que se ajuste a esta narrativa progresista del enfrentamiento.

Por  Ignacio M. García Medina

El estreno del tráiler de la nueva versión en live action de La Sirenita de Disney ha desencadenado una polémica en redes sociales de proporciones diluvianas. El hecho de que Disney haya elegido a una actriz negra para interpretar a la otrora pelirroja y blanquísima Ariel ha conseguido que el tráiler acumule millones de puntuaciones negativas en YouTube, mientras que quienes defienden a Disney, acusan a los detractores de racistas.

Si las muestras de descontento del público hacia Disney por su enésima alteración de un clásico como La Sirenita están siendo masivas, no menos contundente está siendo la campaña por parte de la compañía y sus medios afines para desacreditar a los críticos, a quienes tachan de racistas y, cómo no, ultraconservadores.

Una de las principales armas arrojadizas contra los críticos son los vídeos virales en los que niñas negras reaccionan emocionadas al tráiler de La Sirenita, diciendo cosas como “¡es negra! ¡es como yo!”.

Curiosamente, muchos de los medios que hoy reproducen estos vídeos apelando al sentimentalismo bajo titulares como “la inclusión es importante”, o “la tierna reacción de unas niñas al ver el tráiler de La Sirenita”, son los mismos medios progresistas que hace unos años también calificaban como “tierno y emocionante” un vídeo viral en el que dos hermanas blancas ni siquiera reparaban en el color de su nueva hermanita adoptiva negra, acompañándolo del lema “los niños no nacen racistas”.

También se está haciendo viral un vídeo de una niña mexicana que sostiene una muñeca de La Sirenita pelirroja de la versión de 1989 que, tras ver el nuevo tráiler, se entristece y dice que esa no es Ariel. Sin embargo, esta reacción sentimental de la niña, no sólo no es considerada por lo comentaristas como tierna o emotiva, sino que es calificada de racista (a pesar de ella no ser pelirroja y ser “latina”), e incluso acusan a la niña de estar condicionada por su madre.

¿En qué quedamos? ¿Lo racista es reparar en el color de la piel y no en el contenido del carácter —como decía Martin Luther King— o lo contrario? ¿Por qué se prejuzga a la niña mexicana y su madre como racistas por darse cuenta del cambio, y no a las niñas negras y sus progenitoras por darle tanta importancia y trascendencia a la raza?

Indudablemente, entre quienes prejuzgan la nueva versión de La Sirenita habrá racistas, al igual que puede haberlos entre quienes la alaban, pero los intentos de Disney y los medios de izquierda por determinar quién es racista y quién no, hace sospechar que nos encontramos ante una maniobra política, que resulta especialmente abyecta por utilizar a los niños.

Si un niño varón dijera que no juega al videojuego Tomb Raider por no sentirse identificado con el personaje de Lara Croft, se le tacharía a él y a quienes lo han educado como misóginos, o incluso dirían que es un homófobo con masculinidad frágil, u homosexual de clóset. Sin embargo, la narrativa progre, que se llena la boca con la palabra empatía, insiste en que sólo puedes sentirte plenamente identificado con personajes de tu misma raza, sexo y orientación sexual.

La Sirenita, Disney y el marxismo cultural

Este tipo de incongruencias son fruto de las políticas identitarias que ha abrazado la izquierda, que no son otra cosa que una actualización y ampliación de la idea marxista de la lucha de clases. La dialéctica marxista enfatizaba el enfrentamiento entre proletarios y dueños de los medios de producción —trabajadores y empresarios—, y ahora ha extrapolado esta lucha a hombres contra mujeres, negros contra blancos, homosexuales contra “cisgénero”, etc.

La izquierda vive del enfrentamiento y de alimentar el sentimiento de victimismo y envidia de las minorías que creen que les votarán, y hará todo lo posible para perpetuar y alimentar toda diferencia.

Disney es un agente político de la izquierda woke en general, y del Partido Demócrata en particular, y es la principal encargada de reescribir la cultura para que se ajuste a esta narrativa progresista del enfrentamiento.

Puede que La Sirenita acabe siendo un remake fotograma a fotograma de la original, con la única variación del color de la piel de algunos de los protagonistas —como hicieron con El Rey León, que es casi calcada—, pero también es muy probable que Disney no deje pasar la oportunidad de hacer cambios más profundos en la trama y desarrollo de los personajes —como hicieron con Pinocchio—, para adaptar la historia al relato que interesa al progresismo.

Seguramente, toda esta polémica alrededor del color de Ariel no sea más que una maniobra publicitaria y una cortina de humo para que, o bien no reparemos en los cambios ideológicos profundos en la moraleja que seguramente llevarán a cabo, o bien para acusar de racistas a quienes los denunciemos.

Conociendo los caminos del wokeismoDisney no desaprovechará la oportunidad que le brinda La Sirenita para subvertir y deconstruir los valores originales del cuento.

Seguramente lanzará mensajes muy diferentes en cuanto al amor romántico, por ser poco feminista; alterará la relación padre-hija, para hacerla menos “heteropatriarcal“; redimirá de alguna manera a la villana Úrsula, para no incurrir en la “gordofobia” ni en la “transfobia“; y el Príncipe Eric abandonará su “masculinidad tóxica“, abdicará y se convertirá en tritón, porque Ariel ya era perfecta siendo sirena y no tiene por qué volverse humana ni perpetuar anacronismos como la monarquía. Guarden estas predicciones.

«Black? My daughter is black?»

El Polo Sur alcanza temperaturas récord en noviembre

Según los últimos datos de los satélites, la temperatura planetaria no se ha movido desde hace más de ocho años.

POR CHRIS MORRISON (ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH)

Los registros de frío extremo continúan cayendo en el Polo Sur. Tres días recientes (16, 17 y 18 de noviembre) han registrado un récord diario, con el 18 cayendo a -45,2 °C, en comparación con -44,7 °C en el mismo día de 1987. Los récords siguen al invierno de seis meses de 2020 -21, que fue el más frío desde que comenzaron los registros en 1957. Inexplicablemente, todos estos hechos y tendencias han escapado a los informes de los principales medios de comunicación. La excusa podría ser que es solo el clima, y ​​las temperaturas siempre han subido y bajado. Pero la excusa no parece aplicarse al máximo de 40,3 °C del Reino Unido del 19 de julio en RAF Coningsby, registrado al costado de la pista utilizada por los aviones Typhoon después de la combustión. Este récord apenas ha estado fuera de los titulares de Net Zero desde entonces.

De hecho, cualquier cosa que se enfríe apenas se ve en estos días. El hielo marino del Ártico está regresando de manera significativa y casi silenciosa. El hielo de verano a finales de septiembre cubría 4,92 millones de kilómetros cuadrados, 1,35 millones de kilómetros cuadrados más que el mínimo de 2012. En tierra, la capa de hielo de Groenlandia puede haber aumentado de tamaño durante el último año hasta agosto de 2022. Mientras tanto, la zoóloga Dra. Susan Crockford informó que este es el quinto año de los últimos siete en que se ha formado suficiente hielo marino a lo largo de la costa. costa oeste de la Bahía de Hudson a mediados de noviembre para cazar osos polares y poder salir al hielo, “tal como se hizo en la década de 1980”.

Por supuesto, ha sido un año muy malo para los catastrofistas climáticos en general. El coral está creciendo en la Gran Barrera de Coral con fuerza, solo unos años después de que los periodistas y sus ‘expertos’ advirtieran que era probable que desapareciera. Según los últimos datos satelitales, la temperatura global no se ha movido durante más de ocho años. Un poco más de dióxido de carbono en la atmósfera ha llevado a un «reverdecimiento» significativo del planeta, un proceso que durante los últimos 30 años sin duda ha reducido el hambre y la hambruna en el mundo. Sir David Attenborough dirigió recientemente una serie de seis películas de propaganda verde Frozen Planet II que presentan una variedad de catástrofes climáticas ‘modeladas’. Notable fue la afirmación de que todo el hielo marino del verano del Ártico podría desaparecer para 2035. Además,destacó una colonia de pingüinos Adelia en la Antártida occidental, cuyo número se dice que se redujo en 40 años de 20 000 a solo 400 parejas reproductoras, aparentemente debido al cambio climático. En la narración faltaba la noticia más alegre de que recientemente se había descubierto una colonia de 1,5 millones de Adelia en el lado este del continente.

Dado que todos los carteles de miedo recientes están desapareciendo rápidamente, hay un énfasis creciente en ‘atribuir’ un evento único de mal tiempo al cambio climático, o a la crisis/emergencia/colapso climático: las nuevas palabras de agitprop utilizadas para disfrazar el hecho de que las temperaturas globales, con o sin la ayuda del CO 2 , se quedó sin fuerza hace más de dos décadas.

Fiona Harvey, activista de The Guardian desde hace mucho tiempo , dijo en una edición reciente del BBC Media Show que los escritores pueden ser imparciales y presentar los hechos, y los hechos fueron que los ‘científicos’ nos dijeron que estamos en un precipicio y enfrentamos puntos de inflexión que hacer el planeta inhabitable. Pero, ¿de quién son los ‘hechos’ que ella informa? Una vez más, como ha demostrado el Daily Skeptic , la agenda Net Zero de comando y control está impulsada por la ciencia politizada y, a menudo, se deriva de modelos climáticos defectuosos, bases de datos de temperatura superficial corruptas e historias inventadas de ‘atribución’ del clima . Cuando el guardiáncita ‘científicos’, a menudo se refiere a los practicantes de disciplinas de observación como la geografía, donde se promueven ampliamente las predicciones de ‘impacto’ modeladas.

En el curso de su entrevista, Harvey repitió la falsedad desacreditada de que el 30% de Pakistán se había inundado como resultado de las recientes inundaciones del monzón. La cifra real en este país montañoso se comprobó fácilmente a partir de los datos de la NASA y fue de alrededor del 8%. Refiriéndose a la narrativa general sobre el cambio climático y la necesidad de mantener el calentamiento en 1,5°C, señaló que si eso no te pareciera una historia, “no deberías ser periodista”. Una mejor historia, por supuesto, podría ser preguntar quién inventó la cifra de 1,5 °C en primer lugar y por qué.

Muchas personas, como Harvey, afirman que son periodistas, no activistas, pero cada vez hay más pruebas de que ese pase se ha vendido durante mucho tiempo en muchas áreas de los principales medios de comunicación y comunicación. El sociólogo de la Universidad de Cardiff, el Dr. Aaron Thierry, sostiene que las universidades deberían permitir que los académicos dediquen al menos el 10 % de su tiempo a la “defensa y el compromiso con los procesos políticos”. En su opinión , “aquellos con el mayor conocimiento y comprensión de estas crisis tienen la obligación moral de proporcionar liderazgo y participar en la promoción y el activismo”.

El geólogo australiano, el profesor Ian Plimer, le da poca importancia a todas las mentiras y ofuscaciones que rodean a la ciencia climática establecida. Si se hubiera probado que las emisiones humanas de dióxido de carbono impulsan el calentamiento global, «habría una cita interminable de la docena de artículos científicos seminales que demuestran esta prueba». En cambio, señala, hay un “silencio ensordecedor”. Los ciclos climáticos no han cambiado porque los humanos están vivos hoy, “y no pueden ser cambiados por sentimientos, ideología o legislación”. También señaló: “Los portadores de hechos validados son denigrados, cancelados y considerados controvertidos por aquellos que no tienen contraargumentos, no tienen capacidad para analizar críticamente y confían en sus propios intereses y sentimientos”.

Se podría decir que se exponen al frío, al igual que todos esos inconvenientes registros de temperatura del Polo Sur.

Chris Morrison es el editor ambiental del Daily Skeptic .

Stop Press: Ross Clark en el Spectator dice que debemos ignorar a los enemigos del clima y celebrar el hecho de que la población mundial ha alcanzado los ocho mil millones .

Porque el estado del bienestar destruye a las personas

LA SITUACIÓN DE REINO UNIDO DEBERÍA CONSTITUIR UN TERRIBLE AVISO PARA EL RESTO DE EUROPA. Y NO HABLAMOS DEL ‘BREXIT’, SINO DE LA DEVASTACIÓN SOCIAL QUE PUEDE PROVOCAR LA COMBINACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR Y CIERTO TIPO DE CULTURA O FILOSOFÍA VITAL. COMPARADO CON ELLA, EL ‘BREXIT’ ES UN ASUNTO TRIVIAL

POR THEODORE DALRYMPLE

En el hospital en el que trabajaba como médico prácticamente ningún niño era hijo de padres casados, excepto los hijos de inmigrantes indios. Tal vez en algunos países la ausencia de vínculo matrimonial no importe, ya que los progenitores se esfuerzan por seguir juntos para no perjudicar a los niños. Pero en Reino Unido ese no era el caso. Cuando un adolescente británico cumple 15 años, es mucho más probable que tenga un televisor en su cuarto a que tenga un padre viviendo en casa. De hecho, el adolescente no habita un hogar tradicional; habita un hogar por el que desfila una serie cambiante de personas. Ese adolescente tiene en realidad tres progenitores: la madre, el Estado y la televisión.

No estoy hablando de una minoría cuya situación es trágica, pero que carece de relevancia social. Más de la mitad de los niños británicos nacen fuera del matrimonio. Para un buen porcentaje de ellos, su modelo de familia consiste en una sucesión de extraños. Los novios de sus madres van y vienen, y lo más probable es que alguno o varios de ellos sean francamente desagradables.

Un indicador de la destrucción de la vida familiar es el hecho de que una quinta parte de los niños británicos no come con otro miembro de su familia (o quizás debería decir: con otro miembro de su hogar) más de una vez cada dos semanas. Vale la pena analizar este hecho.

LA CALLE ES MI CASTILLO

Compartir mesa es seguramente uno de las formas de socialización más importantes, aunque sea algo elemental. El niño aprende a controlarse: tiene que compartir y esperar su turno, tiene que conversar en lugar de simplemente afirmar algo o expresarse con la mayor fuerza posible. En al menos una quinta parte de los hogares británicos, este tipo de relaciones no existen. En la cárcel en la que también trabajé, conocí a muchos prisioneros que nunca habían comido con alguien en su casa.

En esos hogares (en los que, dicho sea de paso, a menudo ni siquiera hay una mesa a la que las personas puedan sentarse juntas, pese a que no faltan varias pantallas enormes de televisión) no se cocina; solo se calientan alimentos preparados en el microondas. A los niños se les deja coger comida de la nevera cuando tienen hambre. Lo que encuentran son alimentos dulces y grasos, que consumen frente a la televisión y que, no por casualidad, han hecho que estén entre los más gordos del mundo. Este patrón también ayuda a explicar el terrible hecho de que la gente tire tanta basura a la calle. Solía decirse que el hogar de un inglés era su castillo, pero ahora la calle es su comedor. Come casi tanto en la calle como en casa y, como es antisocial, arroja los desperdicios a su alrededor igual que una vaca en el campo.

Este patrón de consumo antisocial, derivado de las ideas de los intelectuales progresistas, indica que estas personas no quieren aceptar lo obvio y no quieren enfrentarse a realidades desagradables, que cuestionen su opinión sobre el mundo. La explicación que ofrecen es que existen «desiertos alimentarios» en las zonas donde este patrón es prevalente. En otras palabras, que no hay tiendas en las que las mujeres puedan comprar alimentos frescos.

Pero esto es lo mismo que empezar a construir la casa por el tejado. La razón por la que no hay tales tiendas es que nadie compraría en ellas si las hubiera. En las zonas donde viven inmigrantes asiáticos pobres, existen comercios que venden gran variedad de verduras a un precio tan barato que es muy difícil que una persona pueda llevarse a casa ella sola todo lo que puede comprar a cambio de lo que cuestan unos pocos platos para calentar en el microondas.

El problema es otro: algo ha ido terriblemente mal con nuestra cultura.

SOLEDAD

Cuando trabajaba como médico, preguntarle a un paciente joven quién era su padre era una pregunta un poco delicada. A menudo respondía moviendo la cabeza: no sabía quién era o lo había olvidado, o quizá lo odiaba. Uno me contestó: «¿Se refiere a mi padre actual?» De hecho, los padres en el sentido tradicional casi habían desaparecido: había inseminadores y había padrastros, pero no había padre tradicional. Por cierto, la descomposición extrema de la familia explica en parte las dificultades para encontrar vivienda: mientras una familia nuclear necesita un hogar, una fragmentada necesita dos o más hogares. La cantidad de personas que viven solas en Reino Unido ha aumentado considerablemente como resultado de la ruptura de la estructura familiar. Dado que no se construyen más casas para satisfacer la demanda, los alquileres suben y la calidad de las viviendas existentes disminuye.

No es inconcebible que las buenas escuelas compensen de alguna manera las deficiencias de la vida hogareña, pero de hecho sucede lo contrario. Gracias a la pedagogía «progresista», varias generaciones no saben leer correctamente, de modo que una parte no insignificante de la población ni siquiera entiende que es necesario leer correctamente. Esto explica por qué, incluso en épocas en que la tasa de paro es alta, las empresas británicas a menudo prefieren la mano de obra extranjera a la británica, y por qué la productividad per cápita británica sigue siendo tan baja. Cuando decía a mis pacientes jóvenes que leyeran un texto para analizar su capacidad de lectura, a menudo señalaban una palabra larga y decían: «no la conozco», como si el inglés se escribiera con ideogramas en lugar de con el alfabeto.

PRUDENCIA

¿Qué papel ha desempeñado el estado de bienestar en esta catástrofe social? Como mínimo la ha hecho posible, casi inevitable.

Cuando empecé a trabajar como médico en 1974 todavía existía una generación que había vivido momentos muy difíciles: la Gran Depresión, la guerra mundial o la escasez de la posguerra. Esa generación no tenía la culpa de las dificultades que sufrió y estaba orgullosa de haber sobrevivido a esas penurias sin recurrir a mucha asistencia pública, cosa que les avergonzaba. Recordaba que la prudencia era una virtud y era fiscalmente conservadora, por así decirlo. Para esa generación era una cuestión de honor no comprar lo que no podía pagar; consideraba más vergonzoso el endeudamiento incontrolado que la pobreza.

Pero esta forma de pensar cambió pronto y la antigua cultura de la prudencia dio paso a una nueva de imprevisión, en la que a mucha gente no le importaba contraer deudas e incluso no pagarlas. El estado de bienestar garantizaba un nivel de vida por debajo del cual era imposible caer (independientemente de cómo cada uno eligiera vivir) y que no era muy inferior al de un trabajador no cualificado. Las prestaciones y las ayudas sociales dejaron de ser discrecionales y se convirtieron, al menos según la opinión de quienes las recibían, en derechos inalienables. Este cambio de actitud se reflejó en el lenguaje. En 1974, una persona que recibía dinero de la asistencia social decía: «Me dan el cheque el viernes». Cuatro décadas más tarde, decía: «Me pagan el viernes». Pagar es una remuneración por haber hecho un trabajo, por supuesto, y el trabajo por el que el estado de bienestar paga un cheque es una remuneración por simplemente seguir existiendo.

Al mismo tiempo, se lanzó un ataque a nivel intelectual, fiscal y legal contra el matrimonio como institución. Este último ha sido durante mucho tiempo objeto de crítica por parte de los intelectuales, por supuesto. Marx lo detestaba e Ibsen escribió obras muy fuertes contra él. (Cualquiera se da cuenta de que en Casa de muñecas Nora abandona a sus hijos sin ni siquiera pensarlo). George Bernard Shaw tachó el matrimonio de «prostitución legalizada». Para estos intelectuales, la plenitud de la personalidad humana solo se alcanzaría si se eliminaran todos los aspectos contractuales, convencionales y sacramentales en la relación entre los sexos.

Inspirado por esta crítica utópica e incluso adolescente, el Gobierno fue eliminando progresivamente las ventajas financieras y legales del matrimonio, hasta el punto de que ahora ya no tiene casi ninguna: por extraño que parezca, las clases altas, las que más criticaron la institución del matrimonio en abstracto, han resultado las más tradicionales en la práctica. Si yo creyera en conspiraciones, diría que la política social británica de los últimos 60 años ha sido un complot para mantener baja a la clase más baja.

La destrucción de la familia en Reino Unido no hubiera sido posible sin el estado de bienestar. Ahora hemos llegado a una situación en la que muchas mujeres consideran que la independencia no es la independencia del Estado o del erario público, sino la independencia (tanto económica como emocional) de los padres respecto de sus hijos. La dependencia total del Estado no les parece en absoluto una dependencia, porque lo que el Estado les da es un derecho inalienable. Ni siquiera se plantean si el hombre que va a ser el padre de su próximo hijo es apto para la paternidad. Tampoco se plantean si ese hombre les dará alguna ayuda financiera, porque el Estado siempre pagará. Pero si ni un hombre ni una mujer se plantean nada antes de tener un hijo, ¿en qué tipo de personas se han convertido?

ADICCIÓN

Para un porcentaje considerable de la población británica, la solidaridad social ahora consiste principalmente, o incluso exclusivamente, en las ayudas del Gobierno y sus organismos de asistencia. En Reino Unido nos sorprende la relativa paz social que reinó en España durante la Gran Recesión, porque sabíamos que si sufriéramos una crisis tan profunda (lo que ciertamente no es imposible e incluso podría ser probable), la agitación habría sido incontrolable. Dado que la familia ha sido pulverizada por una combinación de política social y fiscal, de una parte, y por el relativismo moral, de otra, no es una posible fuente de ayuda en tiempos difíciles. La imprudencia no ha sido solo de la población, sino también del Gobierno (supongo que su supuesta preocupación por el bien del país no es solo una máscara que oculta su preocupación por su propio interés). De hecho, el Estado ha actuado como un narcotraficante: ha vuelto a buena parte de la población adicta a sus ayudas, de modo que su eliminación plantea verdaderas dificultades y, como los políticos solo piensan en las próximas elecciones, hacer reformas es muy difícil.

Nuestro estado de bienestar ha corrompido algo más que los modales de los británicos: ha corrompido nuestro pensamiento y nuestra honradez intelectual. Un ejemplo de esto es el uso del término austeridad para referirse a los esfuerzos para equilibrar el presupuesto. No está claro si este intento de hacerlo, o al menos el intento de frenar el crecimiento de la deuda pública (gran parte de la cual es imputable al gasto en prestaciones sociales), es una buena idea desde el punto de vista económico; la opinión de los expertos no es unánime. Pero usar la palabra austeridad para denostar el intento de que la diferencia entre el ingreso y el gasto público no sea mayor del 3% del PIB en el año correspondiente es una infamia. Si tuviera que ir al banco a pedir un crédito porque gasto más que lo que gano y dijera que en el futuro solo gastaré un 3% más de lo que ingreso, ¿estaría siendo austero?

CORRUPCIÓN

En Reino Unido hubo otro ejemplo del efecto del estado de bienestar sobre nuestra honradez intelectual. En 2004 había 2,5 millones de personas que recibían ayudas públicas porque supuestamente estaban demasiado enfermas para trabajar. El estado de bienestar había dado lugar a más inválidos que la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo había logrado esta notable hazaña?

La respuesta es la corrupción. No me refiero al tipo de corrupción en la que se entrega dinero por debajo la mesa, sino a algo mucho peor. (En una situación económica excesivamente regulada, la corrupción de ese tipo puede incluso incrementar la eficiencia). Me refiero a la corrupción del alma, por así decirlo.

Alrededor del 70% de las personas que consideraban que estaban demasiado enfermas para trabajar en 2004 en realidad no tenían ninguna enfermedad. Cuando preguntaba a algunos de mis pacientes que recibían ayudas cuál era su enfermedad, ni siquiera comprendían la pregunta; uno incluso respondió que su enfermedad era el certificado que acreditaba que estaba enfermo, expresando así inconscientemente una verdad. En aquel momento el Gobierno deseaba fervientemente que la gente pensara que había resuelto el problema del paro y, por supuesto, los enfermos no eran desempleados. Por tanto, una transferencia de la categoría de desempleados a la de enfermos era buena para la propaganda electoral (algo que, por cierto, la prensa francesa se tragó en su totalidad).

Los desempleados, por su parte, estaban encantados, porque la prestación por enfermedad era algo mayor que la de desempleo. Por un curioso capricho de la psicología humana, los que fueron transferidos a la prestación por enfermedad empezaron a sentirse realmente mal: si le pagas a un hombre por sentirse mal, comenzará a sentirse mal, especialmente si no quiere considerarse un fraude.

Finalmente, los médicos estuvieron dispuestos en masa a certificar que las personas estaban enfermas aunque sabían perfectamente que no lo estaban. Hicieron esto para evitar problemas o escenas desagradables. La única vez que un paciente (llamémoslo el señor A) presentó una protestó contra mí fue porque me negué a firmarle una baja. El señor A se quejó de mí a los gerentes del hospital, estos me pidieron explicaciones y yo escribí lo siguiente: «El señor A es un borracho que pega a su esposa y no voy a firmarle ningún papel». No volví a tener noticias del señor A, pero estoy convencido de que otro médico le dio su certificado. Después de todo, las personas dependientes son emprendedoras a su manera y, al fin y al cabo, ¿beber demasiado y pegar a la esposa no es una enfermedad?

Así que había tres clases de personas corruptas, una de ellas (no la política) una profesión que antes era distinguida. Esto me lleva a mi conclusión: que mi objeción al estado de bienestar tal como se practica en Reino Unido no es que sea económicamente insostenible, aunque podría serlo, sino que ha ejercido y todavía ejerce un efecto profundamente corruptor sobre la personalidad humana.

Theodore Dalrymple es psiquiatra, articulista y escritor.

Los hombres princesita: la verdadera masculinidad tóxica

La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el hombre princesita. Ante ella adopta una actitud de altanería y soberbia.

Irene González

Quizá el origen de todo esté en la música indie. Esa desgracia musical que inutilizó los cerebros de una generación, atormentada en su egocentrismo, impregnándolos de debilidad y desprecio por lo valioso, para ocultar sus complejos ante la masculinidadTodo vestigio de hombría quedó denostado al crear al pusilánime, al eterno adolescente, al hombre princesita. Un subgénero del hombre moderno heterosexual.

El anhelo de ligar, de conectar. Ese interés, esa torpe curiosidad rodeada de errores y ganas de ver, tocar y vivir a la otra persona por encima de cualquier miedo, insignificante ante el calor del otro. Ligar muchas veces implica interrumpir, quizá molestar, insistir o sentirse ridículo, pero siempre es atreverse. Ser capaz de vencer ese instante de salto al vacío es un alarde natural de virilidad, aunque en muchas ocasiones no surta efecto. Siempre fue cosa de dos. Una especie de baile donde cada uno hace lo que puede y el valor va cambiando de lado, al paso.

Toda esa excitante y extraordinaria tentación ha sido sustituida en la vida posmoderna por una reacción en redes, un «me gusta», que sin palabras no es más que un bucle de emoticonos a ninguna parte. Sé que es difícil no caer rendida de deseo ante este absurdo, que lleva a refugiarse en una película de Marcello Mastroianni. Pienso en la masculinidad destruida que representan los hombres princesita y me invade la desolación ante el declive estético de la seducción y el amor, tras el que hay un oscuro vacío moral.

El princesita está tan acomodado en su cobardía que la ha transformado en pereza sexual y desidia emocional. Su apatía posmoderna le incapacita para vivir el vigor del deseo, tan alejado de la necesidad y el ansia de consumo. Tiene más miedo a mostrar un natural interés por una mujer y no ser correspondido, que a perderse lo que pueda vivir. Este desdén ante el sexo que requiere moverse del sofá hay quien lo interpreta como una desgana ante la falsa sensación de abundancia. Las redes le han hecho preso del espejismo de ilimitadas opciones y experiencias. Una generación atrapada y agitada en la saturación de un scrolling infinito que deja un vacío aturdido y demasiado cansado como para sentir ante la vida real que se escapa, mientras se intenta huir de ella en esa pantalla, en esa rueda de hámster. Hacerse next a uno mismo.

Hombres princesita: cobardía emocional

Atrapados en el síndrome de María Antonieta, el hombre princesita necesita ser buscado, elogiado e invitado hasta tenerlo en bandeja para muchas veces desdeñarlo. Un ego débil, caprichoso e infantil que necesita alimentar la sensación de exceso. O algo mucho peor, aparentar un carácter bohemio que su cobardía emocional nunca le podrá dar. La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el princesita, ante la que adopta una actitud de altanería y soberbia. Le da tanto miedo no ser deseado por ciertas mujeres que opta por el desprecio para ocultar sin éxito su falta de hombría. Lo que más valora es la facilidad de acceso y deshecho, la comodidad que le permita disfrazar sus limitaciones, masculinidad destruida.

El feminismo de tercera ola ha hecho mucho daño a las guapas. Sin piropos, ni caballerosidad, ni amor romántico. Ahora todo es un asco.

La ampliación del concepto de violencia sexual hasta el absurdo ha dado refugio a los depredadores al permitir que se confundan con el que mira a la chica que le gusta. (No te quedes ahí, ve a hablar con ella).

Este escenario sirve como excusa para camuflar su pusilánime existencia esperando impávido que vayan a cortejarle. Tan infantil como insustancial murmulla: «que se acerque ella, estamos en el siglo XXI». Terror. El princesita además de poco hombre no es muy listo.

La iniciativa no es y no debe ser exclusiva de los hombres, pero tampoco de las mujeres como pretenden. El posmofeminismo ha conseguido que las mujeres se encarguen de todo, de parir y de invitarles a salir. «No, que me denuncian», «igualdad», contesta el princesita —lo peor es que son unos aburridos. Pocas cosas más antieróticas que un tipo pidiendo cuotas de igualdad para él en el momento de «ligar».

Que hoy nazcan niños en este mundo del absurdo sentimental es un milagro. Se dedican estudios a la incidencia del precio del alquiler y los salarios en la baja natalidad. Nadie habla de los puentes destruidos entre los que son iguales y naturalmente algo distintos. Toda diversidad se celebra, menos la existente entre sexos. Se fomenta la confusión y se enaltece la fugaz compañía, sin capacidad para conocer el deseo, normalizando el desprecio al amor.

La verdad de una sociedad está en las costuras de cómo nos relacionamos y aproximamos a la intimidad. El lugar que ocupa en cada uno la posibilidad del amor, que no es tan frecuente como las parejas estables. Ahora la soberbia, el miedo, la envidia y la desidia llenan un espacio ausente de ternura y curiosidad hacia el otro a la hora de explorar una conexión real, una intimidad. Lo que más anhelan los hombres y mujeres supervivientes de la posmodernidad.

© Voz Populi

Y para que nada falte a nuestra condena a ser dilapidados en plaza pública por manifiesto delito de heteropatriarcado y masculinidad tóxica, he aquí La fortuna de ser mujer, una película con los grandes Sofia Loren y Marcello Mastroianni.

El metaverso del estado de bienestar

Para saltar de un modelo a otro basta con un clic. De hecho de un día para otro se tuercen las cosas por cualquier motivo y terminas rellenando formularios en los servicios sociales y una amable trabajadora social te acredita como vulnerable.

Para saltar de un modelo a otro basta con un clic. De hecho un día para otro se tuercen las cosas por cualquier motivo y terminas rellenando formularios en los servicios sociales y una amable trabajadora social te acredita como vulnerable.

Una mala experiencia laboral, una repentina enfermedad, un traspiés financiero y el mundo tal y como lo conocemos se viene abajo. El techo de cristal infinito al que jamás pensaste que llegarías pese a no tener tope, gracias a las mil y unas oportunidades que la vida y el capitalismo te ofreció, se rompe y se te cae encima hecho añicos en un instante.

La tan manoseada clase media comprendida de manera ficticia entre aquellas unidades familiares que ingresaban al menos 2.700€ al mes (con una media de cuatro integrantes), ya no sólo ve cómo pierde poder adquisitivo un día sí y otro también simplemente comprando refrescos y snacks, sino que el mero planteamiento o la simple necesidad de cambiar de teléfono móvil cada dos años o de vehículo cada cinco culmina sacando al churumbel del futbol, o a la nena de sus clases de baile y claro… este traspiés genera tal estrés, que rompe los esquemas de cualquiera. Ese primer paso hacia la pobreza para el que la mayoría de la gente no está preparada, no tiene precio. Prescindir de estos servicios hasta ahora básicos, no sólo nos coloca de golpe ante nuestra triste realidad sino que además, frustra las esperanzas de los papás; esos  niños eternos que trasladan sus sueños en sus pequeñas y repelentes réplicas, tratando de batir así sus propias metas y decepciones.

En otras ocasiones cuando es una enfermedad la que te expulsa del mercado laboral y te arruina como ser humano -como hay miles de casos-, la sensación de necesitar estar muerto entiendo que a veces te arrolla haciéndote menguar exponencialmente hasta límites insospechados. La obligación de reinventarse y renacer de tus propias cenizas con una nueva y humilde personalidad, necesariamente más férrea ante la cruda revelación de nuestra propia debilidad, se hace indispensable para soportar la vida. Respecto a este colectivo, la manipulación es tal que unos se presentan como sus salvadores innatos, ofreciendo miserables ayudas y otros imitan los procedimientos defendiendo que eso es posible además bajando impuestos a todos.

Si el golpe sobreviene por malas elecciones financieras como por ejemplo cuando se nos habla de la ruina de los “criptokers”, podría hasta provocarnos al resto de los sufridores cierta vergüenza ajena y compasión. Este club y otros de sobrados caídos en desgracia, la mayoría de las veces por su propio egoísmo y falta de empatía, sin embargo también han logrado que nos duela en el alma, y así y por estas nos tienen enfrascados a los unos y los otros defendiendo a los ricos para que no les suban o  bajen los tramos del IRPF.

En definitiva cuando por el motivo que sea lo que sucede simplemente es que se pierde el empleo y el tiempo se echa encima y alguien, sin tu permiso te descataloga para seguir activo, la peor cara del Estado del bienestar llama a tu puerta como los de AVON. La descarnada espera para obtener la categoría social de parado tras lograr esa increíble cita te denigra hasta los huesos. Esa fría demostración de indiferencia que el Estado te demuestra te pone en el paredón de los zombis. Pasas de lleno a esa multitud de buscavidas que como “el ratilla del Lazarillo” aprende a golpes a sacar de donde no hay para seguir viviendo en la mentira un poco más, mientras compruebas como va bajando el saldo de las cuentas corrientes.

La pandemia, los ERTES posteriores, el atasco en la economía, la tontería desarrollada por la Unión Europea y desarrollada hasta límites insospechados por el actual Gobierno lleno de felones, han generado miles de inútiles que en las empresas han dejado de preocuparse por su propia actividad, pensando solo en reciclar su existencia recibiendo subvenciones que nadie sabe como pedir, para compensar groseramente sus cuentas de explotación, sin vender un “saci”.

Puntos de protección al colectivo LGTBI dentro de almacenes de construcción o material de oficina, como si “ser o no ser, esa es la cuestión» fuera escrito en la frente (que a veces sí…), está pasando. Tal memez terminará provocando que algún día pite el detector de gays o lesbianas al entrar y el vigilante empático ya no te seguirá para que no robes, sino para protegerte por si eres esto o aquello mientras las alimañas que todos sabemos arrasan el local. 

Por seguir citando idioteces, abundan las compañías que, por ejemplo, alquilan máquinas industriales y vehículos de toda condición que alardean de plantar árboles para compensar lo que sueltan sus máquinas por los tubos de escape, pero luego nadie sabe dónde los plantan. Y de remate tenemos a las bienaventuradas empresas que anuncian trabajo especialmente para mujeres -como si eso fuera algo extraordinario-, puntuando doble si llegas maltratada. En fin…

Esta cantinela buenista ya es algo establecido en nuestro país. Que alguien normal pase a ser catalogado como cafre del sistema (vulnerable), otorga un bonus extra (pero solo por ser sufriente) al empresario gracias a la posibilidad de recibir subvenciones, primando la contratación de ese colectivo cada vez mas grande por la decadencia del Estado del bienestar. El «no va más» ha sido que una mujer maltratada además de serlo -que ya es triste- también sea considerada dependiente (del Estado), y por lo tanto doblemente subvencionable.

La subvención como solución a la desgracia sobrevenida al individuo por el propio sistema injusto, lo ayuda y denigra a la vez. Lo convierte en un pobre de solemnidad con escasas posibilidades de salir del bucle fatal, a la vez que alimenta su capacidad de odiar a los demás que no corren su misma suerte. Sencillamente y por desgracia son como los hamster agobiados de por vida mientras corren enloquecidos girando sin parar en la rueda de su jaula, eso sí: ahora ya, solo gracias al Estado clientelar que le proporciona las dos pipas gordas que siempre llevan en los mofletes. 

Y el cafre (dicho con todo el cariño) solamente saldrá adelante gracias a su determinación, coraje y un punto de suerte. Solo así será posible que resurja y salga del círculo vicioso al que por la cara lo han invitado y descaradamente lo han hecho actor principal.

Eso sí, pasado el mal trago y maltrato -administrativa y políticamente hablando-, gracias y con la excusa del virus chino (también conocido como covid19), ahora y en los mejores cines tenemos: “La guerra de Putin y la madre que los parió”, “Vamos a morir todos porque hace calor”, “Las mil y una hipotecas variables”, «El edredón gordo, ande o no ande», «Niño apaga la luz» y el clásico: “Si te ha pillao la vaca: jódete, jódete…”.

FRANCISCO GÓMEZ VALENCIA

Puedes seguirle en Twitter en la cuenta @Sr_Gómez

SUMA Y SIGUE.

Con algunas multinacionales farmacéuticas en el punto de mira; sin que nadie nos dé una explicación amplia y detallada de los efectos nocivos de las supuestas vacunas; sin que salga a la luz el número de muertos de forma súbita, muchos de ellos jóvenes deportistas en perfecto estado de salud; sin que se aclare la repercusión real que, en un futuro más o menos inmediato, pueda tener sobre el organismo la vacunación a la que hemos sido sometidos, ya nos anuncian, a bombo y platillo, la inoculación de una nueva dosis con la advertencia -siempre es la misma- de que pronto hará acto de presencia una nueva cepa de la Covid 19, por supuesto mucho más letal que las anteriores.

Se trata, una vez más, de inocular el miedo a una población amedrantada y dispuesta a ceder cualquier derecho y libertad con tal de salvar la vida, al menos a corto plazo.

A los medios de comunicación, casi todos subvencionados por el poder globalitario, se les llena la boca hablando de las largas colas en los denominados “vacunódromos” -el solo pronunciar ese nombre ya produce cierta intranquilidad por la forma tan trivial de abordar un asunto cuyas consecuencias pueden ser irreparables- y haciendo hincapié, a la vez, en que ya se puede comenzar a vacunar a los menores de cinco años.

Evidentemente, estos anuncios y recomendaciones van sazonados con el siempre socorrido informe que refiere un “notable incremento de los casos” y un mayor número de “ingresados en los centros hospitalarios”. Es decir, suma y sigue. Lo mismo de siempre y así desde hace casi tres años.

Hay quien piensa que esta campaña de amedrantamiento irá en aumento de aquí a las Navidades para así justificar una desastrosa campaña navideña que se avecina cuyos resultados se deberán, no a la covid, si no al notable incremento de los precios, consecuencia de la salvaje subida de impuestos provocada por la ineptitud de este gobierno socialista que dilapida el dinero -ese que aquella indocumentada decía que no era de nadie- en pagar chiringuitos y en financiar a vagos.

En cualquier caso, la grave situación por la que atraviesa España, debido a la incompetencia manifiesta de los social-comunistas que nos desgobiernan, situándonos a la cabeza de los países más inflacionistas y con una tasa mayor de paro; a la cabeza de los países donde cuesta más cara la energía y los combustibles; con una bolsa de la compra disparada, exige desviar la atención sobre estos problemas y focalizarla en otros asuntos, en este caso esas presumibles nuevas cepas de las que ya nos advierten con lo cual, la población amedrantada, perderá de vista la desastrosa situación en la que nos encontramos, toda vez que la guerra de Ucrania, pese a intentarlo, no está siendo excusa suficiente para que el globalismo internacional logre sus objetivos.

Entretanto, nuestros dineros se gastan en viajes en Falcon; interminables caravanas de coches oficiales, algunos de los cuales consume el 16% de gasolina; financiar la compra de videojuegos a los de 18 años, o en la creación de observatorios -buen eufemismo para evitar llamarlos por su nombre: “chiringuitos de amigotes desocupados, afines ideológicamente a la causa”- para conocer si la mujer goza más individualmente o en pareja y otras chorradas por el estilo.

Todavía a muchos, yo entre ellos, nos gustaría saber por qué este bichito plandémico, creado en un laboratorio chino, se ceba más en los países del primer mundo, de manera especial en la vieja Europa, que en otros cuyas capacidades, tanto de higiene como sanitarias, son mucho más deficientes. Una de las muchas dudas que parece nadie quiere resolver. Otro de los muchos misterios de esta gran farsa a nivel mundial orquestada por el globalismo internacional que pretende hacerse con las riendas del poder desde las sombras.

Hay demasiadas incógnitas sobre este asunto que lleva casi tres años mortificándonos y que, a lo que se ve, suma y sigue sin que nadie sea capaz, de una vez por todas, de dar respuesta a las muchas dudas que planean alrededor de esta gran operación de cambio de los hábitos de la sociedad, especialmente la occidental.

Ah, por cierto, estamos casi concluyendo octubre y la tradicional gripe estacional todavía no ha hecho acto de presencia, al menos que se sepa. Al final resultará que se ha erradicado y todos sin saberlo. Resulta, cuando menos, extraño, aunque, tal vez, el problema radique en que esos test a los que nos someten que, a decir de muchos, no ofrecen resultados fiables, realmente lo que están detectando es la gripe de toda la vida.

El caso es que la permanente campaña de inoculación de pánico a la que nos tienen sometidos suma y sigue para que así, la malvada izquierda, siga encaramada al poder.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )

Los parásitos del dinero público

OKUPAS

Vaya por delante mi firme apoyo a una renta o pensión mínima para todas las familias o personas que la necesiten en estos tiempos de pandemia y crisis laboral. Pero siempre con los correspondientes controles para que ese dinero no se pierda en el bolsillo de quien no se encuentra en la situación de precariedad legalmente prevista. El parásito es el principal enemigo de toda política económica en materia de subsidios, subvenciones o ayudas a quien realmente los precisa.

No en vano la novela picaresca española es puntera en la literatura universal. Y, ya en la actualidad, no son raras las noticias de quienes siguen cobrando durante años y aún décadas la pensión a favor de un familiar fallecido. Lo que, unido a los notorios casos de corrupción política y social, aconseja que los poderes públicos procedan en consecuencia. No sólo sobre el papel, que según dicen todo lo aguanta, sino también en la exigencia de responsabilidades.

Quien acostumbra a disfrutar de balde y sin derecho alguno de la electricidad y el agua, e incluso de una vivienda, como sucede con los “okupas”, no tendrá demasiados escrúpulos para embolsarse fraudulentamente los euros que pueda. La renuncia voluntaria a ganarse la vida trabajando como hace la mayoría de los españoles daña por igual a las arcas públicas y a la decencia colectiva .

Nuestras elevadas cifras de parados, muchos de los cuales viven en zonas rurales, no se compaginan bien con el recurso habitual a los temporeros que vienen a recoger la fruta tanto de Marruecos y otros países africanos como de la lejana Rumanía, miembro de la Unión Europea. Suelen vivir éstos en muy deplorables condiciones, durmiendo hacinados y con escasos servicios higiénicos. Uno se pregunta entonces, pidiendo perdón por anticipado, si algunos ciudadanos españoles no podrían trabajar en el campo según hicieron sus familias durante generaciones.

Nos hemos acostumbrado a vivir desahogadamente sin los sacrificios de nuestros abuelos, pero el futuro ya no es, al menos económicamente, como el ayer antes del coronavirus. No hace todavía mucho tiempo que los españoles emigraban a otros países europeos para ganarse la vida, y todos conocemos los viajes a Inglaterra de quienes, teniendo a veces un título universitario, prueban allí fortuna, dispuestos a fregar platos o lo que haga falta. No se les caen por ello los anillos.

José Luis Manzanares

La demonización de los no vacunados: una mirada retrospectiva

Los funcionarios de muchas jurisdicciones propusieron que los no vacunados paguen más por la atención médica.

POR / BY (ORIGINAL POST IN ENGLISH): Michael P Senger

Las redes sociales han estado alborotadas desde que un miembro del Parlamento Europeo publicó un video de una audiencia en la que un director de Pfizer admitió que la compañía nunca probó si su vacuna de ARNm Covid previene la transmisión antes de su aprobación para uso de emergencia.

Aunque el hecho de que las vacunas de ARNm de covid no evitan la transmisión fue, por supuesto, muy claro a partir de los datos poco después de su implementación, este mito fue una justificación principal para los pases de vacunas y una causa principal del veneno sin precedentes lanzado contra quienes rechazaron las vacunas de covid. a lo largo de 2021 y continúa hasta hoy.

Los gobiernos no solo ejercieron esta presión a través de la política, sino que en muchos casos los políticos y funcionarios utilizaron su cargo para avivar deliberadamente la estigmatización social de los no vacunados. Aquí hay una mirada retrospectiva a algunas de las críticas sin precedentes que se lanzaron contra aquellos que rechazaron las vacunas contra el covid a partir de 2021 y más allá.

Los funcionarios de muchas jurisdicciones propusieron que los no vacunados paguen más por la atención médica.

En Victoria, Australia, donde los cierres fueron más prolongados que quizás en cualquier otra ciudad del mundo, un político propuso eliminar por completo a los no vacunados del sistema nacional de salud.

Una idea particularmente inquietante que comenzó a ganar fuerza entre los comentaristas de élite fue hacer que los hospitales clasificaran la atención de emergencia para atender a los no vacunados en último lugar, o incluso negar la atención médica a los no vacunados por completo, un crimen contra la humanidad bastante claro.

Un defensor vocal de la idea de clasificar la atención de emergencia para desfavorecer a los no vacunados fue David Frum, editor senior de Atlantic, más famoso por su apoyo abierto a la invasión de Irak. Cuando su infame tuit sobre el tema provocó un alboroto, Frum se duplicó.

Piers Morgan estuvo de acuerdo en que a los no vacunados se les debe negar la atención de emergencia.

Sorprendentemente, esta idea atroz de clasificar la atención de emergencia en función del estado de vacunación todavía se propone hasta el día de hoy.

La demonización de los no vacunados estaba, por supuesto, lejos de limitarse a la atención médica. Vilipendiar a los no vacunados se convirtió en una especie de moda antiliberal entre los comentaristas de élite. El CDC de EE. UU. incluso pagó a guionistas y comediantes para promocionar las vacunas contra el covid, lo que en algunos casos implicaba pagarles para burlarse de los no vacunados.

En un brote de reincidencia a principios del siglo XX, Austria y Alemania introdujeron el escalofriante concepto de «encierro para los no vacunados».

El «bloqueo para los no vacunados» también ganó fuerza en el mundo de habla inglesa.

La mayoría de los países, ciudades y estados de todo el mundo occidental introdujeron pases de vacunas que sus propios ciudadanos tenían que mostrar para participar en la vida diaria. La Organización Mundial de la Salud publicó un extenso documento sobre la implementación de un sistema digital de pases de vacunas, que incluye un registro internacional del estado de las vacunas e instrucciones sobre cómo revocar más tarde el pase de vacunas de alguien.

El más distópico de estos sistemas de pases de vacunas fue el de Lituania, donde a los no vacunados se les prohibió la entrada a casi todos los espacios públicos y empleos fuera de sus hogares; las pocas tiendas donde podían comprar artículos esenciales tenían que colocar grandes carteles rojos en sus puertas que indicaban que las personas no vacunadas podían estar presentes.

Y, por supuesto, quién podría olvidar la diatriba clásica al estilo del Führer de Justin Trudeau sobre tener que compartir el transporte público con los no vacunados, a pesar de que los documentos gubernamentales revelaron más tarde que no tenía ciencia para respaldar ninguna de estas afirmaciones.

Como gran parte de la respuesta a Covid , estos pases de vacunas y la moda iliberal de estigmatizar a los no vacunados no fueron científicos, sin precedentes, ineficaces, totalitarios, brutales y tontos.

Nunca fue remotamente realista que ningún gobierno esperara que todas las personas se vacunaran, especialmente cuando la vacuna en cuestión involucraba una nueva terapia basada en la genética. Por lo tanto, estas propuestas de imponer penurias draconianas a quienes rechazaron las vacunas contra el covid implicarían inevitablemente que el Estado impusiera penurias draconianas a una parte considerable de la población.

Según el epidemiólogo de Harvard Martin Kulldorff, una de las voces más creíbles sobre el tema, las vacunas contra el covid probablemente produjeron beneficios para los ancianos y los vulnerables, pero aún no está del todo claro si las vacunas contra el covid han brindado algún beneficio para los adultos sanos y especialmente para los niños. Junto con los riesgos aún desconocidos asociados con la tecnología de ARNm y los casos ahora bien documentados de muerte y lesiones graves a causa de estas vacunas, que los gobiernos de todo el mundo hayan ejercido una presión extrema sobre los niños y adultos sanos para obtener estas vacunas es absolutamente repugnante.

Que algunos jóvenes sanos sin duda fueron obligados a recibir una inyección que les provocó la muerte o lesiones graves, cuando los datos mostraban que los beneficios no superaban los riesgos, es una tragedia inconcebible.