Categoría: ACTUALIDAD

Desde Wuhan, una epidemia de mentiras

POR: Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Hace pocos días el director del FBI afirmó que “muy probablemente” el origen de la pandemia había sido un escape accidental de laboratorio en Wuhan[1], sumándose así a diversos informes que han ido aflorando recientemente y al informe eminentemente científico del Senado de EEUU, publicado en octubre de 2022, que descartaba la teoría de un origen zoonótico natural y espontáneo[2].

Aunque probablemente el momento elegido para estas tibias iniciativas esté relacionado con la situación geopolítica actual y que por ahora carezcan del énfasis que merece la responsabilidad por la muerte de millones de personas, estamos ante un cambio de relato radical, pues durante la pandemia los medios de comunicación negaron y censuraron la teoría de un escape de laboratorio, aunque prestigiosas publicaciones médicas como el BMJ lo consideraban verosímil[3]. Dado que el único objeto de la censura es ocultar la verdad, de por sí éste era ya un indicio revelador, pero hay más.

El origen extremadamente probable de la pandemia

Como es bien sabido, en Wuhan existían dos laboratorios biológicos de seguridad y se sabía que al menos uno de ellos estaba trabajando con el mismo tipo de coronavirus que el SARS-CoV-2[4]. Como es obvio, la probabilidad a priori de que, de todas las ciudades del mundo, el virus emergiera precisamente en una ciudad donde existían dichos laboratorios sin que estos tuvieran nada que ver es ridículamente baja. Si se produce un vertido tóxico al lado de una fábrica de productos químicos, ¿de quién sospechamos?

En segundo lugar, la eficiencia con la que el SARS-CoV-2 se unía a los receptores ACE2 y la elevada contagiosidad del covid entre humanos encajaba mal con un origen zoonótico espontáneo. Existen escasos precedentes históricos de grandes pandemias de origen zoonótico procedente de mamíferos en el que el vector de transmisión no haya sido un insecto y la probabilidad de que una enfermedad pase de forma natural de mamífero a humano y se convierta en altamente contagiosa entre humanos es muy baja. Asimismo, la evidencia genética del coronavirus no mostraba que hubiera circulado por otros animales que no fueran seres humanos.

Por último, tres años después no se ha encontrado el animal origen del SARS-CoV-2 ni el grupo de animales contagiados que hiciera de reservorio de la enfermedad. Si ellos fueron el origen de la epidemia, ¿dónde están esos animales enfermos? Tampoco han seguido contagiando a humanos: ¿sólo los contagiaron una vez y sólo en Wuhan? La realidad es que no hay evidencia científica alguna que apoye la a priori muy improbable teoría del origen natural de la epidemia.

Los interesados en ocultar la teoría del escape biológico

El interés de la dictadura comunista china en ocultar un potencial escape biológico es evidente, pero ¿qué interés ha tenido la burocracia de EEUU en contribuir a tal ocultación hasta ahora? Existen tres motivos. El primero era un motivo político: Trump había acusado a China y el establishment norteamericano estaba juramentado para desacreditarle en todo lo que dijera, aunque fuera verdad[5].

El segundo motivo es que existía la preocupación de que culpar de la pandemia a un accidente biológico en un laboratorio gubernamental pusiera en riesgo los programas biológicos que todas las potencias – incluido EEUU – tienen en distintas partes del globo.

Pero el motivo más relevante es que conocidas instituciones de salud norteamericanas dirigidas por conocidos científicos y burócratas habían financiado parte de los experimentos en Wuhan debido a la prohibición legal de realizarlos en territorio estadounidense.

El intento de encubrimiento involucró a la corrupta OMS, que casualmente eligió a uno de estos científicos para unirse al equipo enviado a Wuhan “para investigar” el origen de la pandemia y aseverar, naturalmente, que los chinos nada habían tenido que ver[6], al fáustico Dr. Fauci[7], y a 27 científicos que publicaron una carta en The Lancet tildando de “teoría conspiratoria” la posibilidad de un escape de laboratorio. El escándalo fue mayúsculo, pues pronto se supo que 26 de los 27 tenían vínculos directos o indirectos con el propio laboratorio de Wuhan o sus financiadores[8].

Algunos creen que el escape no fue accidental y que la epidemia fue provocada. Sin embargo, si el gobierno chino hubiera querido desatar una epidemia nunca lo habría hecho en su propio territorio y mucho menos en una ciudad con laboratorios biológicos. Es más, aquellos que defienden que la epidemia fue provocada se verían obligados en pura lógica a mirar hacia algún adversario de China, como EEUU. Lo considero muy improbable.

Que el escape fuera accidental no exime al gobierno chino de responsabilidad ante la negligencia y ante algo mucho peor: su opacidad inicial, plagada de ocultaciones (consustanciales a un régimen comunista) y la exportación del virus al resto del mundo, de la que existen indicios de dolo al no prohibir presuntamente los vuelos internacionales una vez había prohibido los nacionales[9].

Si no hemos vivido una pandemia natural sino un accidente de laboratorio a lo Chernóbil con uno o varios escapes a lo largo del otoño del 2019, el relato sobre el covid cambia. Entre otras cosas, la psicosis sobre una futura epidemia se reduce considerablemente y Bill Gates queda en entredicho como sedicente profeta de pandemias y consejero sobre cómo prevenirlas. ¿Por qué no propone impedir que los yonquis del poder, sus científicos arrogantes y las vampíricas empresas farmacéuticas sigan jugando al peligroso juego de la manipulación genética de patógenos con fines bélicos o lucrativos?

Confinamientos, mascarillas e inmunidad natural: una epidemia de mentiras

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse” (Lc 8, 16-18). Con el paso del tiempo el Himalaya de falsedades que ha rodeado la epidemia del covid está saliendo a la luz. Este aluvión de mentiras cimentó un programa de manipulación de masas sin precedentes para crear la histeria colectiva necesaria para lograr que la población aceptara mansamente una claustrofóbica dictadura sanitaria.

La implantación de los ilegales confinamientos (“dos semanas para aplanar la curva”, ¿recuerdan?) no sirvió para nada salvo para arruinar mental y económicamente a millones de personas.

Las mascarillas, primero denostadas y luego histéricamente impuestas, nunca dejaron de ser una completa farsa, una superstición, un símbolo de sumisión y un negocio para los comisionistas de turno. Ningún plan de epidemias previo contemplaba su uso y no existía evidencia sobre su utilidad para el público en general, pero ha sido un reciente estudio Cochrane (máxima fiabilidad estadística) el que ha dado la puntilla a la creencia de que las mascarillas valgan para prevenir la transmisión de virus como la gripe o el SARS-CoV-2. En efecto, su conclusión es que el uso comunitario de mascarillas quirúrgicas supone “poca o ninguna diferencia en el desenlace de gripe/SARS‐CoV‐2 confirmada en laboratorio en comparación con no utilizarla”, y que “las mascarillas N95 (FFP2) no implican “diferencias claras en comparación con el uso de mascarillas médicas/quirúrgicas (…)[10]”.

Si las mascarillas quirúrgicas y FFP2 no servían para impedir el contagio y la transmisión del virus (como evidencia que dos años de obligatoriedad no impidieran que éste circulara a voluntad), imaginen cómo nos tomaron el pelo con las mascarillas de tela. En España, tras torturar a los niños en colegios transformados en campos de concentración, la tomadura de pelo continuó en el transporte público y continúa aún en hospitales y farmacias.

La campaña de terror mediática también hizo creer que toda la población estaba expuesta a idéntico riesgo cuando se sabía que estadísticamente la enfermedad sólo revestía peligro para personas mayores y para quienes sufrían comorbilidades muy específicas. A pesar de que esta evidencia era conocida desde principios de 2020, Gates tuvo la desfachatez de afirmar en 2022 que “[al principio] no entendíamos que el covid tenía una letalidad bastante baja y que sobre todo afectaba a los ancianos, de modo similar a la gripe, aunque algo diferente[11]”. Los adultos sanos y, sobre todo, los jóvenes, adolescentes y niños, nunca corrieron un grave riesgo, pero este dato se ocultó para mantener a la población aterrorizada y maximizar el lucro del escandaloso programa de vacunación universal.

Asimismo, el contubernio político-mediático-farmacéutico negó el poder de la inmunización natural y exigió a quienes habían pasado la enfermedad que se vacunaran igualmente. La literatura médica y una robusta evidencia científica decían que esto era un disparate, y así lo denuncié desde el principio. Tres años después, un macro estudio financiado por la Fundación Gates concluye que la inmunización natural otorgaba una protección “igual o superior” a la de las vacunas, “muy elevada y duradera” contra la reinfección y gravedad para las variantes anteriores a ómicron y algo menor contra la reinfección, pero igualmente potente contra la gravedad, con ómicron[12]. La realidad es que la inmunización natural de virus respiratorios, que excita la producción de anticuerpos IgA en las mucosas y la inmunidad celular (células T), es siempre superior a la provista por vacunas sistémicas como las del covid.

Terapias genéticas y “vacunas” ineficaces e inseguras

Finalmente topamos con las terapias genéticas o “vacunas” covid imprudentemente aprobadas e impuestas a toda la población sin que cumplieran con los requisitos exigidos a toda vacuna: necesidad (criterio incumplido salvo para la población de riesgo), eficacia y seguridad. Incluso crearon un pasaporte sanitario para forzar la vacunación de los renuentes a pesar de que las “vacunas” nunca fueron concebidas para impedir la transmisión (como reconoció la propia Pfizer), de modo que la meta del 70% de inmunidad de rebaño no dejó de ser otra quimera para vender más vacunas. El fracaso de las vacunas antigripales, que “60 años después de su introducción no han logrado nada para prevenir la infección”, es un ejemplo de que “ninguno de los virus respiratorios en mucosas ha sido efectivamente controlado por ninguna vacuna[13]”. Esto se sabía desde un principio, pero se ocultó.

En la edición de Davos de 2022 el propio Gates reconoció que las vacunas covid “no tienen un efecto demasiado duradero y no son buenas bloqueando la transmisión”, con lo que se preguntaba “qué sentido tenía” comprobar si las personas estaban vacunadas[14]. Irónicamente, en Davos la organización exigía prueba de triple vacunación[15].

Las “vacunas” no sólo han resultado ineficaces e innecesarias para la inmensa mayoría de la población para la que el covid era estadísticamente leve (como se sabía, repito, desde 2020), sino que han provocado unos efectos adversos sin precedentes que explicaría el actual exceso de mortalidad cardiovascular y una multitud de bien documentados efectos isquémicos, inmunitarios, oculares, neuropáticos, herpes, menstruales, de fertilidad masculina e incluso cancerígenos[16].

¿Quién asumirá la responsabilidad?

Ante tanta acumulación de evidencias, ¿qué responsabilidad asumirán los políticos y las autoridades “sanitarias” que nos encerraron ilegalmente impidiéndonos circular con libertad, que abandonaron a nuestros mayores y los condenaron a morir solos, que nos obligaron a pasear como presos dos horas al día, a llevar mascarilla en el campo y a sentar familias separadas en restaurantes, que incitaron al odio hacia los no vacunados y nos empujaron mediante el pasaporte sanitario a inyectarnos unas terapias genéticas experimentales, ineficaces y poco seguras?

¿Qué responsabilidad asumirán los periodistas ignorantes y sin escrúpulos que aterrorizaron a la población durante dos años mintiendo constantemente, ocultando la realidad de las mal llamadas “vacunas” como si fueran agentes de ventas de la industria farmacéutica, animando escandalosamente a inyectarse a jóvenes, embarazadas y niños y censurando a quienes aportaban datos científicos mientras los estigmatizaban calumniándolos hipócritamente como “negacionistas”?

¿Qué responsabilidad asumirán las turbias agencias del medicamento que parecen controladas por las grandes empresas farmacéuticas y aprobaron con enorme negligencia[17] unos productos ineficaces e inseguros mientras boicoteaban todo tratamiento terapéutico? ¿Y los colegios de médicos que amenazaron y persiguieron a los pocos facultativos que osaban levantar su voz para protestar ante tanto atropello acientífico?

¿Qué responsabilidad asumirán tantos médicos de especialidades de todo tipo que incitaron a sus pacientes a vacunarse indiscriminadamente sin distinción de edad o circunstancias y ahora callan los efectos secundarios que ven de primera mano, que aceptaron como obedientes funcionarios las consignas de las “autoridades” sin pensar por sí mismos y sin leer un solo estudio científico sobre el covid mientras pontificaban desde su ignorancia abusando de la autoridad de la bata blanca?

¿Y qué decir de aquellos “expertos” entrevistados en los medios que no paraban de repetir necedades políticamente correctas atraídos por el brillo de un protagonismo efímero y que ahora han vuelto a la sombra de la que nunca debieron salir?

Contrasten estas actuaciones con la de los pocos médicos que tuvieron el enorme coraje de poner en peligro su carrera para defender la verdad científica o la de aquellos que no tenían tiempo de dar su opinión porque estaban ocupados tratando desesperadamente de salvar vidas en aquella traumática primavera de 2020. O la de aquellos ciudadanos, por cierto, que resistieron heroicamente la presión e histeria de las masas y decidieron no vacunarse en ejercicio de su libertad.

¿Qué lecciones debemos sacar de este enorme fraude?

La experiencia del Himalaya de falsedades que hemos vivido debería enseñarnos a desconfiar axiomáticamente del contubernio político-mediático-farmacéutico, de las “autoridades” políticas o sanitarias, pues son la misma cosa, y de la enorme corrupción que engloba a la industria farmacéutica y el amplio campo de voluntades que puede comprar.

De modo más profundo, lo que hemos vivido es un colosal fracaso del cientificismo que propugna la omnipotencia del hombre y “La Ciencia”, el mismo que despreciaba nuestro maravilloso sistema inmunológico natural mientras ponía su fe en una chapuza de “vacunas”, y cuyas ínfulas no son más que un despliegue de soberbia.

Pero lo más importante que debemos aprender es que quienes han aprovechado un accidente de laboratorio para poner en marcha un experimento totalitario creen haber creado un precedente y aspiran a lograr el atajo hacia un gobierno global mediante una dictadura sanitaria global. Ésta es la función del Tratado de Pandemias que la OMS (cofinanciada por la Fundación Gates) quiere aprobar antes de que el senil Darth Biden abandone el poder.

Este tratado otorgaría potestad absoluta a la OMS en caso de emergencia sanitaria e incentivaría estados de pandemia permanente. No olviden que la OMS[18] modificó la definición de pandemia para que incluyera cualquier enfermedad contagiosa, aunque fuera un virus conocido y estadísticamente leve[19], que aprovechó la insignificante viruela “del mono”, que ya nadie recuerda, para declarar una “emergencia sanitaria internacional[20]” y que tres años después aún mantiene vigente la declaración de pandemia con el covid. Ésta es una amenaza real para nuestra salud y libertad. Tómenla en serio.

[1] FBI director says China trying to thwart Covid origin probe (nbcnews.com)
[2] Report An Analysis of the Origins of COVID-19 (senate.gov)
[3] Covid 19: We need a full open independent investigation into its origins | The BMJ
[4] In 2018, Diplomats Warned of Risky Coronavirus Experiments in a Wuhan Lab. No One Listened. – POLITICO
[5] CNN ex-boss Jeff Zucker told staff not to probe ‘lab leak’ theory (nypost.com)
[6] How can Peter Daszak be part of WHO’s team investigating the original source of the outbreak?  | Daily Mail Online
[7] Fauci: No scientific evidence the coronavirus was made in a Chinese lab (nationalgeographic.com)
[8] Revealed: How scientists who dismissed Wuhan lab theory are linked to Chinese researchers (telegraph.co.uk)
[9] How China locked down internally for COVID-19, but pushed foreign travel (indiatimes.com)
[10] Intervenciones físicas para interrumpir o reducir la propagación de los virus respiratorios – Jefferson, T – 2023 | Cochrane Library
[11] Martin Kulldorff en Twitter: «After pushing covid lockdowns, @BillGates admits that he and his foundation experts «didn’t understand that it’s a fairly low fatality rate and that it’s a disease mainly of the elderly»; basic facts known in early 2020. He should stay away from public health.» / Twitter
[12] Past SARS-CoV-2 infection protection against re-infection: a systematic review and meta-analysis – The Lancet
[13] Rethinking next-generation vaccines for coronaviruses, influenzaviruses, and other respiratory viruses: Cell Host & Microbe
[14] Preparing for the Next Pandemic with Bill Gates | Davos | #WEF22 – YouTube
[15] Davos is back but participants have to be vaccinated and tested (cnbc.com)
[16] El covid y la cultura del miedo – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[17] FDA oversight of clinical trials is “grossly inadequate,” say experts | The BMJ
[18] WHO and the pandemic flu “conspiracies” | The BMJ
[19] WHO Changed Definition of Influenza Pandemic | The BMJ
[20] WHO Director-General declares the ongoing monkeypox outbreak a Public Health Emergency of International Concern

CONTRA EL ANIMALISMO

NOTA: El artículo original es de 2014, pero su argumento vale perfectamente para la actualidad (y para demostrar, una vez mas, que eso que llaman «progresismo», no solo no tiene nada de progreso si no que es una auténtica MAJADERÍA propia de cerebros cortos e inmaduros.

POR: Juan Soto Ivars

La defensa de los animales es un principio de la dignidad humana. El hombre que maltrata a su perro delata su crueldad, y esto se entiende desde los tiempos de Esopo. En la actualidad, muchas personas se preguntan si el sufrimiento de los animales puede reducirse. Más allá de anécdotas como el anormal que pega a su caniche o el encierro de vaquilla de las fiestas de un pueblo, está el dilema de la alimentación. Yo, carnívoro empedernido, no deseo que las reses y polluelos que degluto tengan una existencia parecida a la de los muebles embalados de Ikea. Quisiera que las cadenas de producción ganadera tuvieran mejores condiciones para los animales, aunque sé que la industrialización de la ganadería es un factor esencial en el desarrollo de las grandes sociedades. Al menos, hasta que alguien descubra cómo producir carne a precios asequibles para una sociedad con tantos miles de millones de comensales.

Pero una cosa es tener conciencia de que los animales sienten y padecen, y estar a favor de que se cuide de ellos lo mejor posible, y otra creer que las películas de Disney son como documentales de la 2, es decir: que los animales y los humanos no somos tan distintos como nos había dicho Darwin. En este sentido, animalistas y creacionistas caen en un error con base equiparable.

Esta semana algunos quedamos asombrados por la repercusión de la vida de un perro en una situación de contagio del virus del ébola en España. Cualquiera que asomase el hocico a los mentideros se daba cuenta que la noticia del día era la del perro de Teresa, auxiliar de enfermería contagiada de esta enfermedad. Muchos internautas que llamaban al padre Pajares “el cura ese” se referían al perro por su nombre de pila, y la amenaza del sacrificio preventivo del can, finalmente llevada a cabo, movilizó en change.org a más de 300.000 personas que querían salvar al chucho de la muerte a cualquier precio. Algunas personas llegaron a formar un cordón humano en la puerta de la casa de la enfermera donde permanecía el perro, como cuando el banco desahucia a una familia.

Científicos entendidos explicaron que el perro no debía ser sacrificado. No porque defendieran su vida perruna, sino porque hubiera debido estudiarse si el animal funcionaba como transmisor pasivo del virus. Los perros lamen a otros perros y llevan una vida errática. Un comportamiento peligroso en una situación de descontrol sobre un virus tan letal. Muchos animalistas estaban tan obsesionados con salvar al perro que compartían el testimonio de estos científicos en las redes sociales, inconscientes de lo que significa poner al animal en cuarentena. Como dijo una amiga veterinaria: ¿se creen que es ponerle un piso en Fuengirola?

Lo importante para esta oleada de animalistas era salvar la vida del perro a toda costa, y así se manifestaron por la vida del perro, y firmaron una petición para salvar la vida del perro. Petición que contenía tantas faltas morales como de ortografía, y que redactó una internauta que, con toda razón, elegía la foto de una niña para su avatar de change.org.

A mí todo aquello me ponía los pelos de punta. No por miedo al ébola, sino por el comportamiento de la multitud.

Excálibur, así se llamaba el perro, pertenecía a una mujer sobre la que pesa todavía el riesgo de muerte. Una auxiliar de enfermería a la que pusieron a trabajar con enfermos de ébola sin haberla adiestrado en profundidad para quitarse el traje, en un nuevo caso de incompetencia de las autoridades. Sin embargo, el perro movilizó más apoyos que la enfermera. Si los negros que caen como moscas en África caminasen a cuatro patas y estuvieran cubiertos de pelo, es posible que consiguieran despertar un poco de esta inmensa, desnortada e infantiloide compasión.

Decían muchos animalistas que una cosa no quitaba a la otra. Que ellos defendían lo mismo al perro que a la enfermera, los misioneros y los negros de África. No percibieron lo terrible que es defender “lo mismo” a unos que otros, no se dieron cuenta, y para colmo mentían: Médicos sin Fronteras sigue pidiendo ayuda para su operativo de emergencia en los países afectados. Por supuesto, no han recibido ni una pequeña parte de los apoyos que recibió el perro. Quizás si Liberia ladrase…

Me pregunto si, en esta situación de imbecilidad generalizada, podría tener éxito una campaña para salvar a las medusas que son asesinadas cada verano en las playas. Miles de perros mueren en perreras, o atropellados porque los anormales de sus dueños los abandonan en la cuneta cuando se van de vacaciones, pero Excálibur se convertía en perro mediático y desataba una inmediata movilización. La velocidad y la trayectoria de la campaña delataba un preocupante relativismo moral. Buscando en Twitter “Excálibur” y “Ana Mato”, aparecían cientos de comentarios de internautas que consideraban la vida del perro más valiosa que la de la ministra. Hubo quien, incluso, comparó el momento del sacrificio del perro con la ejecución de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA.

El infantilismo y el relativismo moral alcanzaban tal grado de notoriedad que asustaban. Pero no es una sorpresa, si uno se para a pensar en las bases de la corriente animalista.

El animalismo existe desde hace siglos en Occidente, pero ha alcanzado una gran popularidad cuando la generación Disney se ha hecho mayor. No es paradójico que en los años de la crisis económica se hayan multiplicado en los medios de comunicación las consignas de los animalistas. Las protestas contra las fiestas populares donde se maltrata a los animales, parrafadas sobre la dieta vegana y manifestaciones antitaurinas aparecen cada pocos días en los medios. Mientras muchas familias españolas no tienen qué comer, los animalistas nos recuerdan lo pecaminoso que les resulta vernos tragar una hamburguesa. Todo esto hace pensar que el animalismo es un movimiento radical con un origen eminentemente burgués, aunque por supuesto muchas personas de origen y de vida humildes se hayan dirigido a esta corriente.

Defienden a los animales porque, según dicen, ellos no pueden defenderse. Creen que esto es una declaración de intenciones, pero en realidad es una falla argumental que los retrata. Uno puede defender la necesidad de llevar la democracia con aviones militares a un país como Irak, pero los iraquíes podrán negarse a ello y montar un Estado Islámico. Uno puede creer que las autoridades mexicanas deben arrancar la lacra de los narcos de la sociedad, pero posiblemente los narcos acaben agujereando al activista a base de balazos. En cambio, perros, gatos, corderos y zarigüeyas permanecen impasibles mientras las legiones de animalistas se dejan las horas del reloj en defenderlos de las agresiones del hombre.

En este sentido, el animalismo es una causa vacía: defiende los derechos de un colectivo que no los ha exigido y que no va a causar ningún problema a sus supuestos benefactores.

El animalismo no tiene malas intenciones, pero puede llegar a ser nocivo como todas las deformaciones grotescas de la bondad humana. Los presupuestos de los animalistas más radicales tienen tintes alienígenas: proclaman la igualdad de todos los seres con sistema nervioso que moramos sobre la tierra, y con una frecuencia alarmante comparan el valor de la vida de un humano con la de cualquier ratón de laboratorio. Cuando un animalista escribe que la vida de su perro es más valiosa que la de mucha gente, recibe un apoyo enorme por parte de otros animalistas. Ahí está lo nocivo de esta corriente que en principio tiene tan buenas intenciones: al equiparar el valor de la vida de los animales con la vida humana, considera que quien mata a un animal, aunque sea en un matadero alimenticio, está cometiendo un asesinato. Por lo tanto, si el animalismo sigue creciendo y logra representación en cámaras legislativas, las consecuencias podrían llegar a ser mucho más serias que los comentarios de cuarenta defensores de los gatos en una red social.

La fragilidad argumental del animalismo contiene una gran paradoja, que se manifiesta en la acusación que los animalistas radicales han elegido para quienes nos rebelamos contra su doctrina. Nos llaman, despectivamente, especistas. Antropocéntrico o especista es aquel humano que se considera superior a un mono titi o una merluza. ¿Dónde está la gran paradoja? En que el animalismo se levanta precisamente sobre un antropocentrismo radical: proyecta en los animales cualidades humanas, hasta el punto de considerar a los animales sujetos de derecho.

Esta confusión, de nuevo motivada por nobles sentimientos, resulta aparatosa desde un punto de vista humanista. El animalista cree que los animales tienen derechos aunque con frecuencia se muestra incapaz de explicar de dónde emanan estos derechos. Suele referirse al derecho a la vida de los animales como si fuera un mandato del reino natural que los humanos deben acatar, pero no especifican dónde está escrita esta ley.

Asumido este dogma, no se dan cuenta de que la ecuación funciona exactamente al revés: somos nosotros, los hombres, quienes tenemos el derecho a disfrutar de los animales. Por supuesto, es un derecho que nos hemos otorgado: son milenios usando a las bestias para acarrear el peso de los carros, a los perdigueros para ayudarnos en la caza, a las lombrices para servir de cebo en nuestros anzuelos. Nosotros inventamos los derechos y tenemos la potestad de repartirlos, y todos los derechos de que disfrutan los animalistas parten de la misma fuente: desde la libertad para expresar sus planteamientos por escrito o para manifestarse en la calle, hasta la garantía de que nadie, por mucho que aborrezca lo que digan, podrá reprimirlos por la fuerza sin recibir un castigo.

Pero ahí está el problema capital de la ideología animalista: en que los animales no tienen derechos, de la misma manera que no tienen obligaciones. No pueden acatar leyes, ni hacerlas cumplir a otros animales1. Cuando educamos a un perro para que no cague en casa estamos imponiéndole reflejos condicionados a su conducta, lo cual es totalmente diferente a imponer una ley. Pero que los animales no tengan derechos no significa que deban ser vulnerables a la crueldad humana: de nuestro derecho a utilizar a los animales emana nuestra obligación de cuidar de ellos. Es decir: no es que mi perro tenga derecho a una vida digna por ser un perro, sino que yo tengo la obligación de dársela, y por lo tanto debo ser castigado si lo maltrato. A cambio de mis cuidados, el perro me premia con su lealtad, su cariño y su simpatía, elementos tan intrínsecos a los perros que cualquiera con un poco de sensibilidad sufre cuando se le arrima por la calle un chucho abandonado.

Entre las dos posturas, la del derecho intrínseco del animal y la de nuestra obligación de cuidar a los animales, hay una distancia tan grande como la que separa a los niños de los adultos. Pero precisamente ahí, en el infantilismo, está el talón de Aquiles de los animalistas contemporáneos.

1 En la Edad Media se escribieron leyes que contemplaban a los animales como sujetos de derecho, y era frecuente que un labrador se querellase contra su burro porque éste no quería andar, o que una población quisiera llevar ante la justicia a una plaga de langostas que había arruinado las cosechas.

El indecente blanqueamiento de un dictador comunista en muchos medios occidentales

Llaman «presidente» y «elegido» a un dictador en un régimen de partido único

Elentir

Una de las costumbres más indignantes de muchos medios occidentales tiene relación con el tratamiento que reciben las dictaduras comunistas.

Tomemos el ejemplo de la mayor dictadura del mundo, la República Popular China. Ayer, su agencia oficial Xinhua publicó este titular cargado de cinismo y de falsedad: «Xi Jinping elegido por unanimidad presidente de China«.

La redacción de la noticia provocaría risa si no estuviésemos hablando de un régimen totalitario: «Un total de 2.952 diputados estuvieron presentes en la tercera reunión plenaria de la primera sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional (APN) hoy por la mañana, para ejercer su derecho constitucional de elegir al liderazgo de Estado de China. La votación fue anónima. Estruendosos aplausos estallaron en el Gran Palacio del Pueblo cuando se pronunciaron los resultados de las elecciones«.

Que una agencia oficial de una dictadura se dedique a blanquearla de este modo es algo nauseabundo pero que entra dentro de lo previsible. Lo más pasmoso es que muchos medios occidentales han copiado el titular de Xinhua, diciendo que Xi Jinping ha sido «elegido» como «presidente» de China por unanimidad.

Pues no. Xi Jinping no es un presidente: es un dictador. Su régimen no es nada parecido a una democracia: es una dictadura de partido único donde todo el poder lo ejerce el Partido Comunista de China, la mayor organización criminal del mundo, que lleva gobernando la República Popular China desde 1949 sin haber convocado elecciones libres y democráticas ni una sola vez. No puede ser «elegido» un dictador allí donde oponerse al gobierno se castiga con la prisión. Para elegir algo o a alguien hay que tener dos o más opciones. En China la única opción que hay es la que impone el Partido Comunista, de espaldas al pueblo.

Blanquear la designación antidemocrática de un dictador, presentándola con palabras como las que se usan en los procesos electorales de los países libres y democráticos, es una forma de hacerse cómplice de esa dictadura. Y estamos hablando, por si alguien lo ha olvidado, de una dictadura que ha matado a millones de personas, que todavía hoy mantiene una red de campos de concentración -el Laogai-, que figura entre los países que más persigue a los cristianos (con el puesto número 16), y que está cometiendo un genocidio contra el pueblo uiguir, con acciones que incluyen el internamiento de entre un millón y 1,8 millones de personas en campos de concentración.

Lo que deberían hacer los medios de comunicación de los países libres es informar sobre los abusos y crímenes de esa dictadura, en vez de dedicase a esconderlos y de presentar al dictador como un «presidente» que es «elegido». Basta ya de ser cómplices de ese régimen criminal.

Foto: Ju Peng / Europa Press.

Economía para las elecciones

Entramos en año electoral múltiple con elecciones municipales, autonómicas y generales a lo que se une la presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre del año. Ya saben lo que todo eso implica normalmente con carácter general, ¿no? Pues imagínense con nuestro presidente Sánchez y secuaces varios como directores de campaña electoral y de peleas internas entre todos ellos. Prepárense para emociones fuertes y fuegos de artificio a raudales. Y esto acaba de empezar.

ESCRITO POR: Álvaro Shares

Entramos en año electoral múltiple con elecciones municipales, autonómicas y generales a lo que se une la presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre del año. Ya saben lo que todo eso implica normalmente con carácter general, ¿no? Pues imagínense con nuestro presidente Sánchez y secuaces varios como directores de campaña electoral y de peleas internas entre todos ellos. Prepárense para emociones fuertes y fuegos de artificio a raudales. Y esto acaba de empezar.

Hemos conocido recientemente la EPA (Encuesta de población activa) del cuarto trimestre de 2022 y el producto interior bruto (PIB) provisional de cierre del año. Ambos indicadores han mostrado una foto de la última parte del año francamente preocupante y muy reveladora de lo que nos queda por delante en los próximos trimestres. Sin embargo, hemos visto a las cohortes gubernamentales, con Sánchez, Calviño, Montero, Escrivá y Díaz a la cabeza, sacando pecho y vendiéndonos las glorias de su “estupenda y fantástica” gestión. O sea, lo de siempre. Y para variar, la realidad está muy lejos del mensaje triunfalista de nuestros ilustres gobernantes. Mientras tanto, por la puerta de atrás, siguen saliendo condenados por delitos sexuales de las cárceles y rebajas de condenas a muchos de ellos, gracias a la súper ley de “Montero y cuchipandi” del “sí es sí”. En breve, empezaremos a ver rebajas de condenas y libertad para los corruptos por malversación gracias a la derogación de dicho delito por este gran gobierno que desgobierna la nación así como el perdón a los sediciosos por la misma razón. Hay que reconocer que hacen “cosas chulísimas”, en palabras de la súper ministra Ladyparo Díaz.

No pienso cansarles con los múltiples datos de la EPA ni el desglose y evolución de los componentes del PIB en 2022, ya que han tenido múltiples informaciones detalladas en prensa y televisiones varias con también múltiples y variadas interpretaciones dependiendo de las subvenciones gubernamentales y la sumisión al relato oficial de cada una de ellas.

Sobre la EPA sólo mencionar que se ha salvado el año gracias a la creación de empleo público (20.000 en el 4T22) mientras se sigue destruyendo empleo en el sector privado (101.900 empleos menos en 4T22), la productividad sigue sin crecer, las horas trabajadas sigue cayendo, los contratos a tiempo completo disminuyen en 214.500 en 4T22 mientras los a tiempo parcial aumentan en 159.900, la duración de los contratos disminuye, la tasa de paro juvenil se mantiene en el 29.26% (más alta de la UE) y el paro “real” se sitúa cerca del 15% (más alto de la UE). Y como nota destacada, desaparecen 111.200 autónomos en doce meses mientras el número de empleados públicos llega a su máximo histórico por encima de los 3.5 millones. Y como colofón el gobierno acaba de anunciar una nueva oferta récord de empleo público con 27.500 nuevas plazas. Éramos pocos y parió la abuela. Y lo peor de todo es que la tendencia que lleva la creación de empleo empeorará en los próximos trimestres del nuevo año. La famosa contrarreforma laboral de Ladyparo además de estar financiada con más impuestos y cotizaciones sociales seguirá teniendo una fuerte incidencia en la creación de empleo productivo y de más calidad y probablemente en una subida de salarios (más subidas del SMI).

Sobre la cifra de crecimiento del PIB en 2022 mencionar que si bien hemos evitado la famosa recesión técnica (al menos de momento) la tendencia de sus componentes en el 4T22 es claramente preocupante. Aún a pesar de haber crecido provisionalmente un 5,5% por efecto inercia del año 2021 (mismo crecimiento del 5,5%) se puede decir que excepto el 2T22 que creció un 2,2%, en el resto de trimestres el crecimiento intertrimestral ha sido del 0% en el 1T22 y del 0,2% en los dos últimos trimestres. Es decir, hablamos en realidad de estancamiento y no de crecimiento real y sobre todo remarcar que rebotar no es crecer. El PIB español sigue a 1,4 puntos de los niveles de 2019, siendo el único país de la UE que no ha conseguido recuperarlo pese al incremento masivo de deuda, la recaudación impositiva en máximos históricos y la recepción de los fondos europeos. En el 4T22 destacar la caída del consumo privado del 1,8% trimestral, de la inversión del 3,8% (bienes de equipo un 5,8%), las exportaciones cayendo un 1,1% y las importaciones un 4,2%. La demanda externa medida en términos interanuales aporta solamente 2,1 puntos al crecimiento del PIB, Por sectores la industria crece un paupérrimo 0,1% trimestral, la construcción cae un 0,3%, los servicios estancados con un 0,3% mientras el comercio y la hostelería se hunden un 0,6% y el segmento de actividades de ocio un 7%.

Es decir, los datos son malos y no auguran una buena evolución en 2023. Hay que recordar que el PIB español ha conseguido salir airoso en 2022 por la buena evolución del turismo y del sector exterior y apoyado en un ahorro acumulado por la economía doméstica durante la pandemia de más de 80.000 millones de euros. Sin embargo y según cifras del INE, la tasa de  ahorro de los hogares ha caído hasta un 5,7% de su renta disponible (el dato más bajo en cuatro años) desde un 25,1% en el 2T20. Es decir, ese viento de cola que ha apoyado el gasto privado durante estos dos años empieza a desinflarse a lo que hay que sumar los mayores costes financieros por la subida de tipos de interés y el mayor coste energético derivado de la invasión rusa de Ucrania. Apostaremos todo al gasto público y el interminable incremento de deuda. 

Conviene recordar que las cifras de PIB del 4T22 y según advertencia del propio INE en su nota de prensa, pueden variar significativamente en las dos próximas revisiones hasta su cómputo final, al no disponer de muchos datos relevantes de estos últimos meses. Curiosa la advertencia. Mi apuesta es que las revisiones serán a la baja.

Y con estos mimbres y una inflación subyacente desbocada en el 7% (la más alta desde noviembre de 1992), una inflación de alimentos superior al 15% y una inflación general del 5,7% empezamos el año 2023. Los precios industriales (medida anticipada de la inflación general) crecieron en diciembre u n 14,7% y en acumulado en el año un 35,5%. La factura de las pensiones de enero marcaron un nuevo máximo histórico en 11.902 millones de euros por la actualización del 8,5% de las mismas en base a la inflación (unos 170.000 millones de euros de coste anual).El BCE seguirá subiendo los tipos de interés en la primera parte del año unos 150 puntos básicos adicionales hasta el nivel del 3,50% y mientras el Euribor se mueve en el entorno del 3,30%, encareciendo los costes de financiación de empresas y de particulares con hipotecas variables.

Gracias a que hemos tenido unos meses de fin de año climatológicamente apacibles, los precios del gas natural y de la electricidad han cedido bruscamente desde sus máximos del año 2022 y han permitido que la inflación modere su crecimiento. En la medida que las condiciones climatológicas se endurezcan y se empiecen a consumir las reservas de gas natural acumuladas, los precios volverán a subir metiendo presión de nuevo a una inflación ya por desgracia en niveles no deseados. Habrá que estar atentos.

Pero bueno, como entramos en año electoral múltiple y las bolsas y los mercados financieros parecen haber descartado una recesión profunda, veremos mensajes triunfalistas por parte de nuestros ilustres políticos, aún a pesar del sombrío panorama que tenemos de fondo.

Recordemos que nos quedan por desplegar los famosos más de 140.000 millones de euros de fondos europeos del Next Generation (NGEU), cuya implementación en estos dos últimos años ha sido más que lamentable y con una incidencia mínima como multiplicador e impulsor del PIB y de la actividad empresarial. En breve nos visitan las autoridades europeas para analizar el destino de los fondos asignados hasta ahora ya que no hemos sido capaces de decirles en que han sido empleados. El gobierno de la transparencia y regeneración y tal y tal.

Por eso queridos lectores, ármense de paciencia y tragaderas para el bombardeo de campañas electorales, mensajes y promesas triunfalistas de todos los colores que vamos a tener que soportar. Como si no hubiésemos ya soportado suficiente con este gobierno social comunista y una oposición acomplejada y descafeinada, pues tomen dos tazas.

Ánimo, suerte y sobre todo mucha salud en este nuevo año que nos toca torear de nuevo. Nos vestiremos con nuestras mejores galas taurinas.

Nos vamos a comer a Pepito Grillo

Mientras escribo estas líneas unos 2.700 seres ilustres, entre los que se cuentan Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado; líderes políticos de toda adscripción, con su pin 2030 en la solapa; CEOs de grandes multinacionales y empresas punteras; banqueros de riñón forrado; representantes ilustres de la sociedad civil, y propietarios de grandes medios de comunicación, se hallan reunidos en el Foro de Davos

Por: Julio Murillo

Mientras escribo estas líneas unos 2.700 seres ilustres, entre los que se cuentan Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado; líderes políticos de toda adscripción, con su pin 2030 en la solapa; CEOs de grandes multinacionales y empresas punteras; banqueros de riñón forrado; representantes ilustres de la sociedad civil, y propietarios de grandes medios de comunicación, se hallan reunidos en el Foro de Davos, sacando humo por las orejas durante cuatro días o así, a fin de “impulsar soluciones con visión de futuro y abordar los desafíos globales más apremiantes”. Al menos ese es el objetivo según el portal oficial WEF (World Economic Forum) de la monumental francachela que se montan anualmente aquellos que rigen los destinos del mundo.

Llegan muy ufanos en sus flotillas de jets privados, con sus séquitos de asesores, adláteres, paniaguados y prensa subvencionada; se abrazan y se dejan querer en la alfombra roja; pronuncian discursos trascendentes en tono circunspecto pero con sonrisa ladina; se ponen tibios de pato a la naranja, ostras de Arcade, transportadas en contenedores especiales, y langosta a la meunière –manjares generosamente regados con grandes reservas y con champagne Cuvée Dom Ruinart Blanc de Blancs 2010 de Maison Ruinart–; mitigan la soledad y el insoportable peso que el poder conlleva solazándose con escorts selectas entre sesión y sesión, y, tras unos cuantos eructos, polvos y fotos oficiales para consumo global e interno regresan con expresión triunfal, dejando tras de sí una huella de carbono y un despilfarro inmensurable.

Pero calma, calma, que les veo venir… No se sitúen, amigos lectores, en una tesitura conspiranoica. A mí esas teorías me divierten mucho, para qué negarlo, pero fijo que ninguno de estos próceres del mundo mundial es un Illuminati, o aún peor, un Anunnaki reptiliano morador de la Tierra Hueca –aunque algunos tengan una morfología de ofidio que espanta–. No, simplemente son seres superiores (ahí tienen a nuestro insigne Presidente) dispuestos a solventar todos los problemas que nos afligen desde tiempo inmemorial, desde el olvidado agujero de ozono de la Antártida, el SIDA, el Ébola, las crisis económicas, el deshielo de los casquetes polares, las guerras geoestratégicas, las epidemias propagadas por un murciélago cabrón que se escapó de un laboratorio, y mil maldiciones más que requieren de bálsamos de Fierabrás a la voz de ya… porque el mundo, ahora mismo, va de culo, cuesta abajo y sin frenos.

Son muchísimos los problemas y poco el tiempo disponible para atajarlos o paliarlos… ¿Cómo parar una guerra no auspiciada por nadie?, ¿cómo reducir el nivel de contaminación sin dejar de producir y crecer?, ¿cómo reducir la población mundial porque aquí sobra, eso dicen ellos, más de la mitad de la gente?, ¿cómo lidiar con el cambio climático que nos abrasará en breve?, y sobre todo la pregunta más acuciante: ¿cómo alimentar a millones de parias y desheredados en tiempos de crisis, hiperinflación galopante y escasez de materias primas?

Tranquilos, que en 2030 todo esto estará solventado, a base de downsizing, decrecimiento controlado, y seremos felices sin necesidad de comer perdices. Confíen en la famosa Agenda. Estamos en las mejores manos. En lo referido a las hambrunas la solución es el grillo. Pepito Grillo. Nos lo vamos a comer, usted, yo, Vicente y el resto de la gente. La voz de Pepito Grillo, otrora voz de la exigua conciencia de los mentirosos, será ahora conciencia universal. Y también nos zamparemos al escarabajo del estiércol y sus larvas. Hasta en la sopa los vamos a degustar. Luego vendrán los gusanos, las larvas y los artrópodos, que constituyen el filum más numeroso y diverso del reino animal. No se espanten, recuerden a Steve McQueen interpretando a Papillón y cazando cucarachas en su celda en la Guayana francesa.

En medio de la tremenda avalancha de noticias que se generan a diario, quizás a muchos de ustedes les haya pasado inadvertida una medida legislativa de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que el 23 de marzo de 2022 ratificó la “seguridad” (déjenme poner comillas al término seguridad) en el consumo –en forma de pasta o preparado alimenticio, parcialmente desgrasado, congelado, liofilizado, molido, triturado o en polvo–, del Acheta domesticus (grillo de proximidad, como el de su jardín) y también la del Alphitobius diaperinus, o escarabajo Pelotero, un coleóptero veneradísimo en el antiguo Egipto –hasta el séquito del faraón se detenía a su paso, recuerden el magnífico film de 1966 de Jerzy Kawalerowicz– que redondea con sus patitas dentadas boñigas de estiércol para criar a sus larvas. La UE ha dictado Reglamento de Ejecución con fecha 5 de enero de 2023, a pesar de que admiten posibles efectos secundarios, reacciones adversas, alergénicas –sobre todo en aquellos que presenten intolerancia a moluscos y crustáceos–, e incluso casos de anafilaxia, no recomendando, por tanto, su consumo a menores de 18 años. Nuestro BOE ya ha publicado la normativa.

Y en esas estamos. Como parece que a nivel planetario debemos ir haciéndonos a la idea de que “the end is near and so we face the final curtain”, que nos cantaba Frank Sinatra, estos dos encantadores bichitos van a pasar a formar parte de panes, multicereales, colines, barritas energéticas, galletas, bizcochos, repostería en general, platos preparados con leguminosas y cereales, sucedáneos de carne, sopas o polvos de sopa, chocolate, pizzas, harinas, aperitivos, snacks, y mil y un productos más.

Nos estábamos quedando sin abejas, cada vez más raras de ver, y ahora se van a cepillar a millones de grillos y escarabajos. Torrefacción y molido. Y eso me lleva a recordar un lejano día en que un brillante profesor de Ciencias Naturales de bachillerato entró en clase y desplegó en la pared un gran mapa ilustrado, taxonómico, mostrando desde la base hasta el vértice de la pirámide todos los reinos y especies de nuestro mundo, desde los protozoos hasta el Homo sapiens. Tras una larga disertación nos preguntó: ¿cuál de estos animalitos consideran ustedes que es el más insignificante y prescindible? Claro, los reptiles, batracios, insectos e himenópteros ganaron por goleada. Aquel profesor fue contundente: “Si eliminan eso, lo pagarán caro, porque el mundo se irá a la mierda”.

Era mentira. Porque nos cepillamos anualmente docenas, centenares de especies, y aquí no pasa nada. Menos mal que tenemos a estas lumbreras al timón, pilotando el big reset que hará que todos seamos felices sin ser dueños del sayo que vistamos o de las alpargatas que calcemos. Tienen solución para todo: ¿Exceso de contaminación? Pues coche eléctrico que te endoso, a precio estratosférico, y ya lo pagarás como puedas y ya te espabilas buscando un enchufe; ¿hambruna en el horizonte?, pues toma grillo y escarabajo, que cuando se acaben ya seguiremos con gusanos, libélulas, hormigas y babosas. Y así, con todo. Absolutamente con todo. Y lo que no arregle la izquierda progresista mejor que lo dejemos en manos de Dios o de quien sea… There’s anybody out there?

A todo nos acostumbramos, amigos. Después de todo, los hábitos alimentarios son una mera cuestión cultural. Estas cosas en muchos puntos de Asia se las comen a diario de entrante, seguido de una buena rodaja de anaconda a la plancha y un licor de “largato” para bajar. Eso sí, aquí se impone que Klaus Schwab, George Soros, Bill Gates, Christine Lagarde, Pedro Sánchez, Alberto Nuñez Feijóo y, sobre todo, Alberto Garzón, el del chuletón descomunal, den ejemplo. Los queremos ver devorar un plato de escarabajos y otro de saltamontes au point en vivo y en directo. Las salsas, al gusto, porque todos ellos son muy finos.

El problema es que una vez iniciado, y aceptado –que eso está aún por ver–, ese camino, nos aproximamos un poco más a la solución final, de corte orwelliano. Les recomiendo encarecidamente que vean, o vuelvan a ver, “Soylent Green” (1973), titulada en España “Cuando el destino nos alcance”, película distópica dirigida por Richard Fleischer, con unos magníficos Charlton Heston y Edward G. Robinson –fue la última película de este inmenso actor–, en la que la humanidad malvive gracias a una «alga marina» salvífica; un último y desesperado recurso alimentario que el Gobierno reparte entre las masas, por el cual todos son capaces de matar a su hermano o a su vecino… Un alga que nace –tremenda revelación final– de la desesperación de millones, de la eutanasia voluntaria y de las morgues habilitadas a tal efecto.

Les dejo, que se desploma la temperatura y tengo que tapar los ajos, puerros, apios y semillas varias que estoy germinando. Sean felices. Bueno, sean lo que puedan ser, o lo que nos dejen ser. El núcleo de la Tierra ya gira a la inversa. Descorche lo que tenga a mano y rece para que cualquiera que no sea Pedro Sánchez esté al timón.

Cómo los «Ambientalistas», BLM y LGBTIQ+ son utilizados para extorsionar

Escrito por: Jose Miguel

En pocas líneas, el propósito de esta publicación es explicar de forma simple el cómo estas comunidades son utilizadas por la izquierda para extorsionar y censurar a quienes no comparten su narrativa.

Todos sabemos que la izquierda es astuta y habilidosa al momento de promover sus agendas.

Son tan astutos, que han sabido tocarle la tecla a comunidades como los LGBTIQ+, BLM y los «Ambientalistas», hasta el punto que los resentimientos los convierten en «luchas».

Al igual que toda mafia o pandilla, los comunistas apelan a la extorsión, persecución y el chantaje de los disidentes. Todo aquel que no se pliegue a su narrativa, es considerado «enemigo de la causa» y debe ser cancelado.

Pero para cancelarlo, hay que utilizar el poder. Los comunistas ☭ tienen poder económico, poder político y poder mediático. Combinados todos, terminan en algo muy peligroso: poder de manipulación.

Para manipular, la izquierda se apalancan en algo que a la gran mayoría de seres humanos les importa: las causas.

Veámoslo uno por uno: La autora estadounidense Candace Owensc expuso el gran tramado financiero que hay detrás de la organización BLM.

Este movimiento es usado como una célula de la mafia de izquierda, para bajar recursos $$ que financian todas las protestas y desastres de BLM.

BLM no solo es la cabeza de toda una pandilla de organizaciones que financia a supuestos «movimientos por los derechos de los negros», sino que desde BLM se bajan millones de dólares para movimientos que se identifican como LGBTIQ+ .

En palabras simples: El movimiento BLM es la nave nodriza y de ahí para abajo, movimientos como LGBTIQ+ y todos sus derivados, son células de una organización que funciona como mafia y como pandilla.

Pero ya va, ¿Por qué cómo pandilla? Las alas extremistas del movimiento BLM y de la comunidad LGBTIQ+, emplean las mismas técnicas y métodos que los pandilleros, al momento de ir contra sus contrincantes.

¿Qué contrincantes? Quienes no promuevan su narrativa y quienes la critiquen.

Son innumerables, la cantidad de veces que BLM y LGBTIQ+ han amenazado con sabotear, boicotear y hasta destruir, empresas, marcas, figuras públicas y al ciudadano común, utilizando su poder económico, político y mediático para difamar y extorsionar a los disidentes.

Estas pandillas han sido capaces de presionar a empresas para que despidan empleados, bajo la etiqueta «racistas» y «homofóbicos». También, han hecho que el poder político cierre negocios o imponga multas sobre negocios bajo las mismas etiquetas de «racistas» y homofóbicos».

Todo lo que no se sume a su narrativa, los movimientos BLM y sus células como la comunidad LGBTIQ+ los acusan con etiquetas que hoy día, la corrección política ha convertido en mazos para arrodillar a la humanidad. Racismo y homofobia son etiquetas que se usan hoy para extorsionar.

Hay un movimiento que funciona igual, pero más a nivel corporativo: los supuestos «Activistas por el medio ambiente». Estos son profesionales de la extorsión, porque tienen mucho poder y lobby político, en los principales gobiernos del mundo y en el Foro Económico Mundial.

La supuesta causa «por el medio ambiente» que promueven los «activistas por el medio ambiente», es utilizada para:

– Conseguir recur$o$ infinitos, vía impuestos, tasas y aranceles.
– Castigar a las empresas a través de multas y penalizaciones, por «no cumplir con lineamientos medioambientales».

¡Extorsión!

¿Cómo hacerles frente? Primero, hay que estar muy claros en que es deber moral el hacerle la guerra cultural a los tres: BLM + LGBTIQ+ + Activistas ambientales. Segundo, hay que mantenerse firmes en las opiniones, las tradiciones, la forma de ver la vida, las creencias y los valores. ¡No cedan!

La única forma de ponerle freno a las alas radicales de estos movimientos, es a través de la integridad, la unión, el trabajo en equipo y la guerra cultural. ¿Te quieren extorsionar? Pues hay que exponerlos. ¿Te quieren chantajear? Hay que hacerlo público y dejarlos en evidencia.

Si hay algo que sobra dentro de estas comunidades es:

– La hipocresía
– La xenofobia
– El desprecio por la libertad
– El odio a quien no piense igual
– El desprecio a lo bueno
– La intolerancia a la crítica
– La cultura pandillera

No se dejen intimidar.

La razón por la que los partidos centristas se han transformado en socialistas e irán a peor

El centrismo se ha convertido en una ficción por la radicalización de la izquierda

Elentir

Desde hace más de 200 años, se viene dividiendo el mapa político en dos facciones: derecha e izquierda. En medio de ellas estaría el llamado «centrismo».

Si equiparamos a la derecha con el conservadurismo y a la izquierda con el socialismo, ¿qué es el centrismo? Aparentemente sería una mezcla de ambas facciones. Existen, de hecho, posiciones que son llamadas de «centro-izquierda» y de «centro-derecha», para referirse a aquellas personas y partidos más cercanas al centro político. Lo que mucha gente no tiene en cuenta es que estamos ante un mapa variable, y esto significa que aunque la derecha no cambie sus posiciones, el resto del mapa sí ha cambiado: se está estirando hacia la izquierda.

En los últimos años, la izquierda ha vivido un proceso de radicalización, que ha invertido la tendencia que se dio en Occidente en la postguerra, cuando los llamados socialdemócratas fueron abandonando las tesis marxistas y aceptando la economía de mercado y la democracia liberal. Desde hace tiempo, el llamado centro-izquierda ha ido asumiendo tesis que hasta entonces sólo defendía la extrema izquierda, como el feminismo radical y la ideología de género (y especialmente su versión más radical, la teoría queer).

La derecha pudo haber aprovechado esa oportunidad para evidenciar el creciente extremismo izquierdista, pero decidió iniciar una huida hacia el centro en un intento por ocupar ese espacio que creía abandonado por la izquierda. Al intentar ocupar el centro, la derecha abandonó sus posiciones de siempre y fue arrastrada por la izquierda en su proceso de radicalización. ¿Cómo pudo ocurrir esto? Pues por la sencilla razón de que el centro político es una posición equidistante: con una izquierda más radicalizada, el centro se mueve hacia la izquierda. Cuanto mayor es la deriva extremista de la izquierda, mayor es el desplazamiento izquierdista del centro político.

El problema de los partidos centristas es que la sociedad no se mueve al mismo ritmo que ellos. El creciente divorcio entre el centrismo y sus votantes ha dado lugar a una nueva derecha, que ha acabado ocupando ese espacio abandonado por el centro-derecha. Esa nueva derecha ha empezado a librar una batalla ideológica que el centrismo no puede dar, debido a su equidistancia. Esto representa un gran problema para los partidos centristas, que estaban muy tranquilos cuando no tenían competencia por la derecha. Ahora que la tienen, el centrismo debe elegir: seguir dejándose arrastrar por la izquierda o recuperar las posiciones perdidas. La mayoría del centrismo ha elegido la primera opción, porque ya no sabe hacer otra cosa que dejarse arrastrar por la izquierda.

Ésa es la razón de que cada vez sea más difícil distinguir a un centrista y a un socialista. Debido al desplazamiento de la izquierda hacia la extrema izquierda, que está llegando a unas cotas inimaginables hace sólo unos años, los centristas de hoy están ocupando las coordenadas ideológicas de los socialistas de ayer, y el proceso no se detiene, por lo que la deriva izquierdista del centrismo está condenada a ir a peor, como ya estamos comprobando. De hecho, el centrismo ya viene asumiendo viejas posiciones de la extrema izquierda (como las citadas del feminismo radical y de la ideología de género) igual que lo hizo la izquierda. El centrismo de hoy es el socialismo de hace 10 o 15 años.

Esto presenta un reto para la nueva derecha que se mantiene fiel a los planteamientos conservadores. ¿Tiene sentido que la derecha conservadora se sienta afín a un centrismo abiertamente socialista? ¿Cómo conciliar las posiciones provida de la derecha conservadora y la militancia abortista que ha adoptado el centrismo en su viaje hacia la izquierda, por ejemplo? En Polonia esa ruptura ya se produjo hace años: la derecha conservadora (el partido Prawo i Sprawiedliwość, PiS) es ya directa rival de la centrista Platforma Obywatelska (PO, abiertamente proaborto y aliada con la izquierda).

En España aún no se ha dado esa ruptura, pero Vox (partido conservador y provida, socio del partido PiS) tiene una relación cada vez más difícil con el Partido Popular (PP, centrista y socio de la PO), que viene asumiendo gran parte de las tesis ideológicas de la izquierda y cuya secretaria general ha afirmado sentirse más cerca de los socialistas del PSOE que de Vox. La cuestión es que si el PP sigue su viaje hacia la izquierda, será insostenible para Vox pactar con ese partido y tendrá que asumir que el PP es tan rival de la derecha como el PSOE.

Foto: La Moncloa. El socialista Pedro Sánchez, presidente del gobierno d España, saludando a Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, en una visita de éste al palacio de La Moncloa.

ESTOS SON LOS SOCIATAS Y EN GENERAL, LA IZQUIERDA, SE PUEDE OBSERVAR CLARAMENTE EL CAZURRISMO MENTAL DEL QUE GOZAN

Garrulos y que no saben nada de nada, su estrategia es siempre la misma, RECHAZAN EL DEBATE porque lo pierden, está claro, y entonces huyen hacia adelante desviando los temas, o, lo mas fácil, infantilón y propio de quienes, sencillamente, SON OBTUSOS CONGÉNITOS o simples cazurros que mas les valiera hacer algo útil e irse a esos pueblos abandonados o casi a pastorear y arar, que para eso, alguno de ellos si servirá, si.

Ver el Tweet completo, con el vídeo y atentos a los encuestados, NI UNO SOLO PASARÍA UN EXAMEN SERIO DE CULTURA GENERAL:

Las llamadas «políticas progresistas» no tienen nada de progreso, al contrario, limitan lo mas importante del ser humano, LA LIBERTAD.

Si, porque, se pongan como se pongan, los seres humanos NACEMOS PARA SER INDIVIDUOS LIBRES, no estúpidos colectivistas que se autorestringen libertad para chorradas como el cambio climático y lo que pretenden limitar. ¡¡¡EH, LIMITAR PARA NOSOTROS!! ELLOS SEGUIRÁN DE PUTAS Y COMIENDO LO QUE LES VENGA EN GANA SALVO INSECTOS Y GUSANOS.

Bueno … Lo mismo alguno si los come, pero porque el mismo lo ha decidido, al fin y al cabo, en otros paises lo hacen desde tiempo inmemorial, pero, volvemos a lo mismo, DECIDIENDO LIBREMENTE, NO PORQUE LO DIGA «PAPÁ ESTADO».

PAPÁ ESTADO PROGRE, CLARO.

Por cierto, aunque parece fuera de tema ¿Alguien me puede decir donde está escrito, que «Ser Supremo» lo ha dicho, quien ha decidido de motu propio que venimos al mundo a preocuparnos de cuidar el planeta? Porque yo, desde luego, entiendo que la primera obligación de todo ser vivo, no solo el humano, es SU PROPIA SUPERVIVENCIA, LA SUYA, NO LA DE SUS DESCENDIENTES, por tanto, no venimos aquí a restringirnos libertades y otras cosas, venimos a vivir cada uno nuestra vida de la mejor manera que podamos y, desde luego, restingiendo cosas NO es la mejor manera de vivir.

Al fin y al cabo, y por frio que parezca, es REAL y eso es lo que cuenta, tarde o temprano, habrá una o varias generaciones que estarán presentes cuando todo se vaya al garete, que se irá, y si no preguntad a cualquier científico (a ser posible, que no sea de izquierdas porque entonces no es científico, ha comprado el título), un día el Sol hará alguna trastada, algún meteorito de esos, o vaya uno a saber, pero el caso es que hay infinitas posibilidades mas de que ocurra algo de esto a que ese supuesto «calentamiento global producido por nosotros los «malutos» humanos», se cargue el planeta. Puede que tarde siglos o puede ser mañana mismo (ejemplo clarísimo y está la cosa pendiente de un hilo y se sabe que tarde o temprano va a ocurrir, me refiero a esto: https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/cuando-yellowstone-estalle-2_312

En fin, a ver si empezamos a darnos cuenta que NO HAY NADA PEOR QUE UN GOBIERNO DE IZQUIERDAS.

Humor Animalista

El infantilismo y el relativismo moral alcanzan tal grado de notoriedad que asustan. Pero no es una sorpresa, si uno se para a pensar en las bases de la corriente animalista.

La defensa de los animales es un principio de la dignidad humana. El hombre que maltrata a su perro delata su crueldad, y esto se entiende desde los tiempos de Esopo. En la actualidad, muchas personas se preguntan si el sufrimiento de los animales puede reducirse. Más allá de anécdotas como el anormal que pega a su caniche o el encierro de vaquilla de las fiestas de un pueblo, está el dilema de la alimentación. Yo, carnívoro empedernido, no deseo que las reses y polluelos que degluto tengan una existencia parecida a la de los muebles embalados de Ikea. Quisiera que las cadenas de producción ganadera tuvieran mejores condiciones para los animales, aunque sé que la industrialización de la ganadería es un factor esencial en el desarrollo de las grandes sociedades. Al menos, hasta que alguien descubra cómo producir carne a precios asequibles para una sociedad con tantos miles de millones de comensales.

«ME PREGUNTO SI, EN ESTA SITUACIÓN DE IMBECILIDAD GENERALIZADA, PODRÍA TENER ÉXITO UNA CAMPAÑA PARA SALVAR A LAS MEDUSAS QUE SON ASESINADAS CADA VERANO EN LAS PLAYAS»

Pero una cosa es tener conciencia de que los animales sienten y padecen, y estar a favor de que se cuide de ellos lo mejor posible, y otra creer que las películas de Disney son como documentales de la 2, es decir: que los animales y los humanos no somos tan distintos como nos había dicho Darwin. En este sentido, animalistas y creacionistas caen en un error con base equiparable.

Esta semana algunos quedamos asombrados por la repercusión de la vida de un perro en una situación de contagio del virus del ébola en España. Cualquiera que asomase el hocico a los mentideros se daba cuenta que la noticia del día era la del perro de Teresa, auxiliar de enfermería contagiada de esta enfermedad. Muchos internautas que llamaban al padre Pajares “el cura ese” se referían al perro por su nombre de pila, y la amenaza del sacrificio preventivo del can, finalmente llevada a cabo, movilizó en change.org a más de 300.000 personas que querían salvar al chucho de la muerte a cualquier precio. Algunas personas llegaron a formar un cordón humano en la puerta de la casa de la enfermera donde permanecía el perro, como cuando el banco desahucia a una familia.

Científicos entendidos explicaron que el perro no debía ser sacrificado. No porque defendieran su vida perruna, sino porque hubiera debido estudiarse si el animal funcionaba como transmisor pasivo del virus. Los perros lamen a otros perros y llevan una vida errática. Un comportamiento peligroso en una situación de descontrol sobre un virus tan letal. Muchos animalistas estaban tan obsesionados con salvar al perro que compartían el testimonio de estos científicos en las redes sociales, inconscientes de lo que significa poner al animal en cuarentena. Como dijo una amiga veterinaria: ¿se creen que es ponerle un piso en Fuengirola?

Lo importante para esta oleada de animalistas era salvar la vida del perro a toda costa, y así se manifestaron por la vida del perro, y firmaron una petición para salvar la vida del perro. Petición que contenía tantas faltas morales como de ortografía, y que redactó una internauta que, con toda razón, elegía la foto de una niña para su avatar de change.org.

A mí todo aquello me ponía los pelos de punta. No por miedo al ébola, sino por el comportamiento de la multitud.

Excálibur, así se llamaba el perro, pertenecía a una mujer sobre la que pesa todavía el riesgo de muerte. Una auxiliar de enfermería a la que pusieron a trabajar con enfermos de ébola sin haberla adiestrado en profundidad para quitarse el traje, en un nuevo caso de incompetencia de las autoridades. Sin embargo, el perro movilizó más apoyos que la enfermera. Si los negros que caen como moscas en África caminasen a cuatro patas y estuvieran cubiertos de pelo, es posible que consiguieran despertar un poco de esta inmensa, desnortada e infantiloide compasión.

«HUBO QUIEN COMPARÓ EL MOMENTO DEL SACRIFICIO DEL PERRO CON LA EJECUCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO»

Decían muchos animalistas que una cosa no quitaba a la otra. Que ellos defendían lo mismo al perro que a la enfermera, los misioneros y los negros de África. No percibieron lo terrible que es defender “lo mismo” a unos que otros, no se dieron cuenta, y para colmo mentían: Médicos sin Fronteras sigue pidiendo ayuda para su operativo de emergencia en los países afectados. Por supuesto, no han recibido ni una pequeña parte de los apoyos que recibió el perro. Quizás si Liberia ladrase…

Me pregunto si, en esta situación de imbecilidad generalizada, podría tener éxito una campaña para salvar a las medusas que son asesinadas cada verano en las playas. Miles de perros mueren en perreras, o atropellados porque los anormales de sus dueños los abandonan en la cuneta cuando se van de vacaciones, pero Excálibur se convertía en perro mediático y desataba una inmediata movilización. La velocidad y la trayectoria de la campaña delataba un preocupante relativismo moral. Buscando en Twitter “Excálibur” y “Ana Mato”, aparecían cientos de comentarios de internautas que consideraban la vida del perro más valiosa que la de la ministra. Hubo quien, incluso, comparó el momento del sacrificio del perro con la ejecución de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA.

El infantilismo y el relativismo moral alcanzaban tal grado de notoriedad que asustaban. Pero no es una sorpresa, si uno se para a pensar en las bases de la corriente animalista.

El animalismo existe desde hace siglos en Occidente, pero ha alcanzado una gran popularidad cuando la generación Disney se ha hecho mayor. No es paradójico que en los años de la crisis económica se hayan multiplicado en los medios de comunicación las consignas de los animalistas. Las protestas contra las fiestas populares donde se maltrata a los animales, parrafadas sobre la dieta vegana y manifestaciones antitaurinas aparecen cada pocos días en los medios. Mientras muchas familias españolas no tienen qué comer, los animalistas nos recuerdan lo pecaminoso que les resulta vernos tragar una hamburguesa. Todo esto hace pensar que el animalismo es un movimiento radical con un origen eminentemente burgués, aunque por supuesto muchas personas de origen y de vida humildes se hayan dirigido a esta corriente.

Defienden a los animales porque, según dicen, ellos no pueden defenderse. Creen que esto es una declaración de intenciones, pero en realidad es una falla argumental que los retrata. Uno puede defender la necesidad de llevar la democracia con aviones militares a un país como Irak, pero los iraquíes podrán negarse a ello y montar un Estado Islámico. Uno puede creer que las autoridades mexicanas deben arrancar la lacra de los narcos de la sociedad, pero posiblemente los narcos acaben agujereando al activista a base de balazos. En cambio, perros, gatos, corderos y zarigüeyas permanecen impasibles mientras las legiones de animalistas se dejan las horas del reloj en defenderlos de las agresiones del hombre.

En este sentido, el animalismo es una causa vacía: defiende los derechos de un colectivo que no los ha exigido y que no va a causar ningún problema a sus supuestos benefactores.

El animalismo no tiene malas intenciones, pero puede llegar a ser nocivo como todas las deformaciones grotescas de la bondad humana. Los presupuestos de los animalistas más radicales tienen tintes alienígenas: proclaman la igualdad de todos los seres con sistema nervioso que moramos sobre la tierra, y con una frecuencia alarmante comparan el valor de la vida de un humano con la de cualquier ratón de laboratorio. Cuando un animalista escribe que la vida de su perro es más valiosa que la de mucha gente, recibe un apoyo enorme por parte de otros animalistas. Ahí está lo nocivo de esta corriente que en principio tiene tan buenas intenciones: al equiparar el valor de la vida de los animales con la vida humana, considera que quien mata a un animal, aunque sea en un matadero alimenticio, está cometiendo un asesinato. Por lo tanto, si el animalismo sigue creciendo y logra representación en cámaras legislativas, las consecuencias podrían llegar a ser mucho más serias que los comentarios de cuarenta defensores de los gatos en una red social.

La fragilidad argumental del animalismo contiene una gran paradoja, que se manifiesta en la acusación que los animalistas radicales han elegido para quienes nos rebelamos contra su doctrina. Nos llaman, despectivamente, especistas. Antropocéntrico o especista es aquel humano que se considera superior a un mono titi o una merluza. ¿Dónde está la gran paradoja? En que el animalismo se levanta precisamente sobre un antropocentrismo radical: proyecta en los animales cualidades humanas, hasta el punto de considerar a los animales sujetos de derecho.

Esta confusión, de nuevo motivada por nobles sentimientos, resulta aparatosa desde un punto de vista humanista. El animalista cree que los animales tienen derechos aunque con frecuencia se muestra incapaz de explicar de dónde emanan estos derechos. Suele referirse al derecho a la vida de los animales como si fuera un mandato del reino natural que los humanos deben acatar, pero no especifican dónde está escrita esta ley.

Asumido este dogma, no se dan cuenta de que la ecuación funciona exactamente al revés: somos nosotros, los hombres, quienes tenemos el derecho a disfrutar de los animales. Por supuesto, es un derecho que nos hemos otorgado: son milenios usando a las bestias para acarrear el peso de los carros, a los perdigueros para ayudarnos en la caza, a las lombrices para servir de cebo en nuestros anzuelos. Nosotros inventamos los derechos y tenemos la potestad de repartirlos, y todos los derechos de que disfrutan los animalistas parten de la misma fuente: desde la libertad para expresar sus planteamientos por escrito o para manifestarse en la calle, hasta la garantía de que nadie, por mucho que aborrezca lo que digan, podrá reprimirlos por la fuerza sin recibir un castigo.

Pero ahí está el problema capital de la ideología animalista: en que los animales no tienen derechos, de la misma manera que no tienen obligaciones. No pueden acatar leyes, ni hacerlas cumplir a otros animales1. Cuando educamos a un perro para que no cague en casa estamos imponiéndole reflejos condicionados a su conducta, lo cual es totalmente diferente a imponer una ley. Pero que los animales no tengan derechos no significa que deban ser vulnerables a la crueldad humana: de nuestro derecho a utilizar a los animales emana nuestra obligación de cuidar de ellos. Es decir: no es que mi perro tenga derecho a una vida digna por ser un perro, sino que yo tengo la obligación de dársela, y por lo tanto debo ser castigado si lo maltrato. A cambio de mis cuidados, el perro me premia con su lealtad, su cariño y su simpatía, elementos tan intrínsecos a los perros que cualquiera con un poco de sensibilidad sufre cuando se le arrima por la calle un chucho abandonado.

Entre las dos posturas, la del derecho intrínseco del animal y la de nuestra obligación de cuidar a los animales, hay una distancia tan grande como la que separa a los niños de los adultos. Pero precisamente ahí, en el infantilismo, está el talón de Aquiles de los animalistas contemporáneos.

FUENTE / SOURCE: EL ESTADO MENTAL

Disparate legal en España: una multa por un aborto ilegal y prisión si lesionas a una rata

Socialistas y comunistas protegen más a los roedores que a los hijos por nacer

Elentir

El extremismo ideológico de la izquierda española vuelve a exhibirse hoy en el Congreso de los Diputados con una reforma que lesiona derechos humanos.

Una reforma que desprotege aún más la vida humana en sus inicios

Según indica la agenda del Congreso de los Diputados, hoy se votará en esa cámara la reforma de la ley del aborto de 2010 impulsada por el gobierno de Pedro Sánchez (se puede leer aquí el dosier de esa reforma en la web del Congreso). La reforma, promovida por el gobierno de coalición formado por los socialistas del PSOE y los comunistas de Podemos, tiene como fin desproteger aún más los derechos de los niños por nacer, eliminando el periodo de reflexión para las madres que desean deshacerse de sus hijos no nacidos, eximiendo a las menores de entre 16 y 18 años del permiso paterno para abortar y elaborando un registro de objetores que amenaza con crear listas negras con profesionales sanitarios que se niegan a eliminar vidas humanas en el vientre materno.

Esta reforma viene a agravar todavía más la actual del ley del aborto, que permite matar a los hijos por nacer hasta la 14ª semana de vida o hasta la 22ª si sufren una discapacidad. Esta norma choca con el Artículo 15 de la Constitución, que protege el derecho a la vida, y con la sentencia 53/1985 del Tribunal Constitucional, que señaló: «si la Constitución protege la vida con la relevancia a que antes se ha hecho mención, no puede desprotegerla en aquella etapa de su proceso que no sólo es condición para la vida independiente del claustro materno, sino que es también un momento del desarrollo de la vida misma; por lo que ha de concluirse que la vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental –la vida humana– garantizado en el art. 15 de la Constitución constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional«.

Hace una semana se aprobó una ley que protege a todo animal vertebrado

Además de lo anterior, da la casualidad de que hace sólo una semanael Congreso aprobó otro proyecto de ley del gobierno que protege a todos los animales vertebrados, imponiendo penas de prisión para todos aquellos que maten o incluso lesionen a cualquier animal, aunque no sea doméstico. Esta ley ha generado polémica porque, conforme a su actual redacción, cualquier persona podría ir a la cárcel en España por matar o lesionar a una rata.

Multa por un aborto ilegal y prisión por lesionar a una rata

Esa ley animalista (se puede ver aquí su dosier parlamentario) impone pena de prisión de tres a dieciocho meses a quien lesione a un animal vertebrado, sin establecer ninguna excepción ni especificando si se trata de una cría o de un animal en periodo prenatal. Aquellos que maten a un animal vertebrado se enfrentan a una pena de prisión de doce a veinticuatro meses. Las penas de prisión contempladas por esa reforma resultan aún más chocantes si tenemos en cuenta que la actual ley del aborto modificó el Artículo 145 del Código Penal y estableció una simple multa para aquellas madres que aborten «fuera de los casos permitidos por la ley». En el caso de las personas que provoquen un aborto a una mujer con su consentimiento, el castigo es prisión de uno a tres años.

La ley animalista considera agravantes las circunstancias de los abortos legales

Se da la circunstancia, además, de que la citada ley animalista contempla que las penas se impongan en su mitad superior cuando concurran ciertas circunstancias, como el ánimo de lucro, el uso de veneno o el uso de instrumentos y objetos peligrosos para la vida o la salud del animal. Se trata de las mismas circunstacias que concurren en la práctica de abortos admitidos por la ley.

Así pues, si un médico utiliza un fórceps para matar a un bebé por nacer de 12 semanas de vida no se tiene que enfrentar a ningún reproche penal, pero podría ser condenado a una pena de prisión de hasta dos años si usa esa misma herramienta para matar a una rata. La pena podría llegar a ser superior por dar muerte a esa rata de la que se le impondría a ese médico si perpetrase un aborto ilegal, en caso de que no concurriesen circunstancias agravantes en este último. En España hemos llegado al disparate legal y ético de dar más protección a las ratas que a seres humanos inocentes e indefensos. Y aún hay políticos que consideran que no tiene sentido seguir hablando sobre el aborto…