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Yorick

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El presidente ucraniano Volodomir Zelenski cuando sólo era un bufón

Por Sertorio

Nepogoda (pronúnciese “niepagoda”) es el término que los rusos utilizan para denominar al mal tiempo, además del título de una famosa canción de la era soviética. Y de septiembre a marzo hay abundancia de nepagoda. Con el mal tiempo la electricidad, el gas y el petróleo se usan en enormes cantidades para mantener caldeadas las viviendas, las escuelas y todo tipo de lugares de habitación. A los mediterráneos, acostumbrados a la bondad de nuestro bendito clima, nepogoda nos dejaría tiritando cuando las temperaturas bajan a varias decenas de grados bajo cero o nos hundiría en melancólicos pensamientos cuando anochece casi en la sobremesa y los cielos nos oprimen con todos los matices que van del gris al negro.

Otros chaparrones, con diluvios de chuzos de punta y granizadas de obuses, caerán sobre la Ucrania del Maidán, ahora que se celebra el décimo aniversario de la revolución de colores que acabó en un golpe de Estado en toda regla. La guerra de desgaste ha causado en Ucrania un mínimo de 200.000 bajas, según los atlantistas, y de cerca de 400.000, según los rusos, pero todo parece indicar que la cifra más ajustada es algo superior a los 300.000. Lo que sí se sabe de cierto es que por cada prisionero ruso en manos de Kíev hay veinte ucranianos en poder de Moscú. Y eso nos puede dar una idea bastante aproximada de la proporción de bajas del conflicto en cada bando. Añadamos que, además, una buena parte de los prisioneros de guerra hechos por Rusia se niegan a ser canjeados, ya sea por su terrible experiencia como carne de cañón en Artyómovsk (Bajmut), Mariúpol o Soledar, ya sea porque no quieren luchar contra sus hermanos de sangre y religión; también se olvida el curioso dato de que hay cerca de tres millones de refugiados en Rusia, que es el país que más ucranianos acoge. La aventura de la OTAN ha costado más de 130 mil millones de dólares (130.000.000.000 US$) y el resultado de semejante inversión es una lenta, implacable, inevitable y humillante catástrofe para Occidente.

Rusia no ha vuelto a la Edad Media, como vaticinaban los expertos de la UE. Al revés: este año lo ha acabado con unos ingresos extra de 75.000 millones de dólares, disfruta de pleno empleo y el único peligro en el horizonte es algo que en la frígida Gayropa autosancionada de hoy resulta inimaginable: que la economía se recaliente. No sólo los Shylocks como Borrell, Scholz, Biden y compañía se han quedado sin su deseada libra de carne rusa y sin su rejuvenecedor baño de sangre eslava, sino que Rusia florece como a principios de este siglo: las sanciones económicas de los tecnócratas de la UE están produciendo el milagro económico ruso, el más inesperado de todos los efectos de la guerra de Biden. Quien sí se acerca a la edad oscura es Ucrania, sin olvidar que Europa también la ronda. Sólo los Estados Unidos han hecho un excelente negocio, pues han cortado el flujo de energía barata de Rusia a Alemania, han iniciado la desindustrialización de Europa y han convertido el tinglado de Bruselas en una colonia cada vez más dependiente de Washington en todos los aspectos: políticos, económicos y militares. Pero el contribuyente yanqui está harto de ser explotado por el fisco para ayudar a unos rusos renegados y la ayuda a Israel es mucho más prioritaria que mantener con algo de chatarra blindada la picadora de carne ucraniana. Se aproximan las elecciones y Biden quiere soltar lastre, pero Moscú no tiene ninguna prisa. Todos sabemos cómo acaban las guerras de desgaste contra Rusia.

Diez años después del golpe del Maidán, Ucrania es un inmenso cementerio donde pronto veremos al bufón-presidente interpretar su último papel: el de Yorick, una calavera en las manos de Hamlet.

El comisario Thierry Breton lanza la Ley de Servicios Digitales

Europa vuelve a la censura. Será el poder el que decida quién odia y quién miente.

El comisario de Mercado Interior Thierry Breton no ha dudado en promulgar los nuevos mandamientos progresistas que permitirán borrar aquellos sitios de Internet que no gusten al poder

POR Eulogio López

Sé que la sociedad actual tiene unas tragaderas increíbles pero resulta difícil de comprender por qué nadie levanta la voz cuando la censura que viene ya es paneuropea. El misil se llama Ley de Servicios Digitales y es inminente.

El comisario de Mercado Interior Thierry Breton no ha dudado en promulgar los nuevos mandamientos progresistas que permitirán borrar aquellos sitios de Internet que no gusten al poder. Y ojo: no hablamos de los derechos y libertades habituales sino de odio y de bulos.

Delitos de odio: la carga de la prueba se invierte: que el acusado demuestre que no odia. Es decir, imposible y estúpido, pero penado en España con condenas que pueden alcanzar los cuatro años de prisión. En cuanto la ley -insisto, paneuropea- entre en vigor se podrá censurar cualquier sitio que, según los lobbies que marcan cómo debemos vivir, considera que promocionan el odio: censurado.

Y luego está lo de los bulos. Por lo  general, cuando el poder se mete a perseguir bulos no castiga las mentiras sino las opiniones que no le gustan y cualquier postura políticamente incorrecta. Es decir, que niegue las mentiras que el poder propaga como verdades.

Lo más curioso es que hace no más de un cuarto de siglo estas obviedades no era necesario explicárselas a nadie. Un planteamiento como el de la Ley de Servicios Digitales de don Thierry Breton habría acabado con su carrera. Hoy me temo que no.

Los pasaportes sanitarios son una condena civil para millones de personas

El lunes la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Comisión Europea pusieron en marcha una “asociación histórica en materia de salud digital” que marca el inicio de la Red Mundial OMS de Certificación en Salud Digital para promover un pasaporte digital interoperable a escala mundial (1).

El anuncio de la colaboración entre la OMS y la Comisión Europea se produjo pocos días después de la conclusión de la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) de la OMS.

A partir de este mes, la OMS adoptará el sistema de certificación digital “covid” de la Unión Europea “para establecer un sistema mundial que contribuya a facilitar la movilidad internacional y a proteger a los ciudadanos de todo el mundo frente a las amenazas sanitarias actuales y futuras, incluidas las pandemias”, según anunciaron el lunes la OMS y la Comisión Europea (2).

La OMS y la Comisión Europea afirman que el pasaporte sanitario internacional, en marcha desde 2021, “desarrollará una amplia gama de productos digitales para mejorar la salud para todos”.

Ambos organismos prometen que la OMS no recopilará datos personales de las personas a través de estos documentos digitales, afirmando que dicha recopilación de datos “seguirá siendo dominio exclusivo de los gobiernos”.

No ha sido una sorpresa. Hace más de un mes, la OMS anunció discretamente que estaba trabajando en ello. La OMS no estaba esperando a las negociaciones con Bruselas para poner en marcha iniciativas como un pasaporte digital mundial de vacunas.

Las consecuencias para la libertad de circulación suscitan preocupación. Los pasaportes sanitarios son una condena civil para millones de personas. Anulan los derechos para quienes no cumplan con los requisitos. Suponen restricciones de movimientos y de vida para los no vacunados y vacunación forzosa para participar en los actos sociales.

La OMS ha venido advirtiendo del riesgo de una futura pandemia y de la propagación de una enfermedad a la que aún no han puesto nombre, y han expresado la necesidad de “restringir las libertades individuales” en caso de una futura emergencia sanitaria.

La Unión Europea ha sido una firme defensora de los pasaportes digitales de vacunas, lanzados por primera vez para sus Estados miembros a finales de 2020 -al mismo tiempo que la introducción de las vacunas contra el “covid”- bajo el nombre de “pasaporte verde”. La experiencia de la Unión Europea con los pasaportes digitales se menciona en el anuncio del lunes, en el que se afirma:

“Uno de los elementos clave de la actuación de la Unión Europea contra la pandemia de “covid” han sido los certificados digitales. Para facilitar la libre circulación dentro de sus fronteras, la Unión Europea introdujo rápidamente certificados covid interoperables”.

Los certificados digitales “covid” permiten conectar a los países no pertenecientes a la Unión Europea que emiten certificados, convirtiéndose así en la solución más socorrida en el mundo.

La Unión Europea es uno de los más firmes defensores de los pasaportes de vacunas en las negociaciones en curso sobre el “Tratado de Pandemias” de la OMS y las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional.

Durante las negociaciones sobre las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional, la Unión Europea presentó propuestas para normalizar la aplicación de un certificado sanitario digital internacional.

La República Checa ha solicitado formularios de localización de pasajeros “que contengan información sobre el destino del viajero”, preferiblemente en formato digital, con fines de localización de contactos.

También ha propuesto que la Asamblea de la Salud de la OMS adopte, en cooperación con la Organización de Aviación Civil Internacional y otras organizaciones, requisitos para los documentos en formato digital o en papel relativos a la interoperabilidad de las plataformas de tecnología de la información, requisitos técnicos para los documentos sanitarios y salvaguardias para reducir el riesgo de uso indebido y falsificación”.

La OMS cita a la Organización de Aviación Civil Internacional como parte interesada oficialmente reconocida (3).

La República Checa y la Unión Europea han propuesto documentos no sólo para la vacunación, sino también para los “certificados de prueba y curación” en los casos en que aún no se disponga de una vacuna o profilaxis para una enfermedad para la que se haya declarado una emergencia de salud pública de importancia internacional.

Los planes para el certificado digital de la OMS han estado en desarrollo desde al menos agosto de 2021, cuando la OMS publicó un documento titulado “Documentación digital de certificados covid-19: estado de las vacunas: especificaciones técnicas y directrices de implementación, 27 de agosto de 2021”.

El pasaporte sanitario internacional se incluyó en el orden del día de la Asamblea Mundial de la Salud de este año. La secretaría elaboró directrices sobre la documentación digital de los certificados “covid”, que incluyen recomendaciones sobre los datos, su lectura digital, la funcionalidad, la adaptabilidad y la arquitectura de confianza necesarias para garantizar la interoperabilidad de los registros de inmunización y salud a escala mundial.

La OMS también anunció la conclusión de un “estudio de viabilidad técnica para el establecimiento de una red fiduciaria mundial federada, que puso a prueba la capacidad de interoperar el contenido sanitario y las redes fiduciarias dentro de los esfuerzos regionales existentes”.

El lanzamiento del “Pasaporte Verde” estuvo acompañado de unas declaraciones de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en las que pedía un “debate” sobre la vacunación obligatoria en la Unión Europea.

Una de las prioridades declaradas de la Unión Europea en su plan quinquenal 2019-2024 es crear una “identidad digital para todos los europeos”. Cada ciudadano y residente de la Unión Europea tendría acceso a una “cartera digital personal”, que incluye documentos de identidad, certificados de nacimiento y médicos, y permisos de conducir.

Las propuestas están alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, y en particular con la meta que pide una identidad legal digital para todos, incluidos los recién nacidos, para 2030.

Cuando se dirigió a la Asamblea Mundial de la Salud de este año Tedros calificó los Objetivos de Desarrollo Sostenible de “nuestra estrella polar”.

(1) https://www.who.int/news/item/05-06-2023-the-european-commission-and-who-launch-landmark-digital-health-initiative-to-strengthen-global-health-security
(2) https://www.who.int/publications/i/item/WHO-2019-nCoV-Digital_certificates-vaccination-2021.1
(3) https://apps.who.int/gb/inb/pdf_files/inb2/A_INB2_4-en.pdf

FUENTE: mpr21

El Banco Mundial exige a España que pague los pleitos millonarios de las renovables

La correspondencia que han intercambiado el CIADI y el Gobierno pone en un compromiso internacional al Estado. Los funcionarios nacionales consideran que el organismo no tiene potestad para hacerles pagar

Pedro Sánchez junto a la carta del CIADI, institución del Banco Mundial Jesús García

ALBERTO SANZ

El conflicto de España con los fondos internacionales por el recorte a las renovables lleva enrocado más de una década. Y, de forma recurrente, aparece con fuerza en la actualidad. Este mes de abril es uno de esos momentos. Como explican fuentes conocedoras de estos pleitos a Vozpópuli, este pico está vinculado a la correspondencia que han intercambiado en las últimas semanas el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), institución del Banco Mundial, y el Reino de España.  

El CIADI enviaba a la Abogacía del Estado una carta, a la que ha tenido acceso este medio, para exigir que afrontara el pago de cerca de 120 millones de euros por el denominado ‘caso Antin’, por la compensación del recorte más los costes judiciales e intereses. España perdió este arbitraje ante el CIADI en 2018 y el Tribunal internacional ratificó su decisión un año después a favor de los inversores en energías renovables Infrastructure Services Luxembourg S.A.R.L y Energia Termsolar B.V, titulares del laudo Antin.

“El CIADI ha recibido la comunicación adjunta de fecha 16 de diciembre de 2022, junto con los poderes de representación también adjuntos, recibidos por el Centro el 23 de enero de 2023, informando que, a la fecha, el Reino de España no ha cumplido con el Laudo. En este sentido, hacemos referencia al Artículo 53 del Convenio del CIADI que dispone que el Laudo y la Decisión de Anulación son definitivos y obligatorios para las partes”, explica la carta del organismo del Banco Mundial. 

Esta misiva, con fecha 25 de enero, era una reacción del organismo a la queja por parte de los inversores. Estas firmas internacionales quieren cobrar lo que les ha reconocido el Banco Mundial. Su protesta reside en que consideran a España una “democracia avanzada” que debe cumplir sus obligaciones dentro de su marco de seguridad jurídica. Sin embargo, los incumplimientos e impagos siguen escalando, hasta el punto de que solo Venezuela tiene tantos laudos pendientes de pago como informó Vozpópuli. 

“Agradeceremos que el Reino de España informe al CIADI las medidas que hayan sido adoptadas para cumplir con los términos. En caso de que no se haya adoptado ninguna medida hasta la fecha, instamos al Reino de España a cumplir y acatar los términos del Laudo tal como lo dispone el Convenio del CIADI y con el fin de evitar la acumulación de los intereses previstos en el Laudo”, añaden. 

España no ve motivos para pagar

El Reino de España, a través del Ministerio de Justicia, contestó a esta carta el pasado 22 de marzo a la exigencia del Banco Mundial. “El CIADI no juega ningún papel en el reconocimiento y ejecución de los laudos bajo el Convenio del CIADI, el cual no le reconoce ningún papel en esta materia. Por otra parte, este convenio no impone al Reino de España obligación alguna de informar sobre las medidas adoptadas”, apuntan desde el actual Gobierno. 

Para el Ministerio de Justicia “desgraciadamente” este tipo de comunicaciones castigan a la UE porque ofrecen una “publicidad indebida” de los intereses e imagen del Reino de España. El Gobierno español le recuerda al organismo del Banco Mundial que tanto España como los demás estados miembros de la Unión Europea no han sometido a la jurisdicción del Centro los litigios que afectan con el Tratado sobre la Carta de la Energía a nivel europeo

“Razón por la cual cualquier laudo dictado en una controversia de esta naturaleza constituye una extralimitación del tribunal arbitral”, afirman los funcionarios españoles. “En este sentido, el Reino de España solicita al CIADI que se abstenga de registrar solicitudes de arbitraje que se encuentren manifiestamente fuera de la jurisdicción del Centro, de conformidad con el artículo 36(3) del Convenio”, explican.

Carta del Ministerio de Justicia Jesús García

La UE es el escudo

España se agarra a su papel de país miembro de la Unión Europea, que están sujetos a los Tratados y sus disposiciones sobre Ayudas de Estado. La Comisión Europea actualmente está analizando si un laudo arbitral constituye una ayuda de estado. Algo que no es compatible “con la integridad del mercado interior”, como le recuerda Justicia al CIADI. 

“El propio inversor es plenamente consciente de esta situación y del motivo por el cual España no ha procedido al pago de la cantidad fijada en el laudo, ya que se le ha dado la oportunidad (junto a otros inversores) de presentar las oportunas alegaciones en el procedimiento iniciado por la Comisión”, asegura esta carta a la que ha tenido acceso este medio. 

El Gobierno también considera que los demandantes del ‘caso Antin’ saben que, de acuerdo con el Derecho de la Unión Europea y su interpretación por parte del Tribunal de Justicia, que debería ser el sistema judicial de la propia Unión donde debería haber acudido para hacer valer los derechos que le confiere el ordenamiento jurídico europeo

“Sin embargo, esta información ha sido silenciada por Antin en su carta”, apuntan. Una respuesta contundente al Banco Mundial que ni el Ministerio de Justicia ni la Secretaría de Estado de Comunicación han querido añadir más ante la consulta de Vozpópuli.

Las políticas de la UE: el asalto a nuestra libertad, costumbres y tradiciones

por Francesco Giubilei

Se trata de fenómeno que encuentra su aplicación en la política, pero que hunde sus raíces culturales en el concepto de odio a lo propio. De ahí el deseo de borrar nuestra identidad construyendo una nueva Europa mediante normativas de la Unión Europea.

Si las analizamos una a una, las normativas aprobadas por la Unión Europea en los últimos años parecen decisiones con un impacto limitado a un único ámbito social, como, por ejemplo, el medio ambiente, la alimentación, la familia o la religión. Ahora bien, si unes todos los puntos, surge con claridad un diseño político muy preciso.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que se trata de un proyecto realizado por una parte del establishment europeo para redefinir nuestros estilos de vida, nuestras costumbres y tradiciones: un gran plan de reeducación pedagógica basado en un leitmotiv, el sentido de culpa. Tenemos que cambiar nuestra manera de vivir porque nuestros comportamientos hacen que el planeta se deteriore. Tenemos que dejar de comer carne porque las granjas producen demasiada contaminación. Ya no podemos decir que un niño nace de una madre y un padre porque es discriminatorio. No se pueden celebrar fiestas cristianas porque los fieles de otras religiones se ofenden. Tenemos que renunciar a nuestro pasado a causa del colonialismo y otras gaitas… Todo un desparrame de corrección política.

Es un fenómeno que encuentra su aplicación en la política, pero que hunde sus raíces culturales en el concepto de oikofobia, el odio al hogar, el odio a lo propio. De ahí el deseo de borrar nuestra identidad construyendo una nueva Europa mediante normativas y directivas de la Unión Europea que imponen decisiones de arriba a abajo y deben ser aceptadas e implementadas por los ciudadanos. Se pierde así uno de los pilares básicos del buen gobierno, que es el principio de subsidiariedad. Cuanto más cerca esté una institución del ciudadano, mejor podrá realizar su tarea y más podrá el ciudadano verificar su trabajo. Por el contrario, cuanto más lejos esté el poder de los ciudadanos, más difícil resultará controlar la acción de quienes lo ejercen. Y como es bien sabido, una entidad supranacional como la UE es cualquier cosa menos un organismo local.

El campo de acción de la UE es global y se inmiscuye en todos los ámbitos de nuestra vida, pero hay algunos sectores sobre los que la acción comunitaria se empecina especialmente, en particular el medio ambiente. La nueva Biblia de la UE se llama Green Deal (Acuerdo verde), un gran plan que ya está en marcha y cuyo objetivo es alcanzar la neutralidad energética en 2050, con un plazo inicial en 2030 mediante el “Fit for 55”, es decir, la reducción de emisiones en un 55%. Para entender la relevancia que las instituciones europeas atribuyen a este proyecto, basta citar las palabras de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, para quien el Green Deal será “como el aterrizaje del hombre en la luna”.

Aunque el plan de la UE es efectivamente lunático en términos de contenido y de plazos, las consecuencias para los ciudadanos europeos son, lamentablemente, bien concretas.

La última hazaña ha sido prohibir los automóviles diésel y gasolina para 2035, una decisión votada en el Parlamento Europeo la semana pasada. Los efectos socioeconómicos de esta decisión son múltiples y corren el riesgo de desmantelar el liderazgo europeo e italiano en el sector del automóvil. No sólo afecta a las grandes compañías automovilísticas sino también a numerosas PYMES dedicadas a los componentes. Además del impacto en el empleo, esta decisión frenará las inversiones en biocombustibles, motores híbridos y otras tecnologías alternativas a la electricidad menos contaminantes. Pero hay otro aspecto aún más preocupante y se refiere a la seguridad. Tras la crisis energética de los últimos meses en la que comprendimos por fin lo que significa depender en demasía de un único proveedor de gas como Rusia, la UE no parece haber aprendido la lección y está cometiendo un error parecido con China, que tiene un papel preponderante en el vehículo eléctrico.

Lo mismo sucede con las energías renovables ya que Beijing detenta prácticamente el monopolio de las tierras raras, minerales esenciales para los componentes de paneles solares y turbinas eólicas. Centrarse en exclusiva en las energías renovables sin haber desarrollado primero una cadena de suministro europea es un suicidio en términos de seguridad energética.

Otro sablazo para los ciudadanos es la directiva de vivienda verde que aún no ha sido aprobada por el Parlamento Europeo, pero que es casi cosa hecha. Esta directiva presenta numerosos problemas insalvables, en particular para los italianos, que tienen más activos inmobiliarios que otras naciones europeas. La obligación de mejorar la eficiencia es un aumento disfrazado del valor patrimonial que no tiene en cuenta las características de muchos de nuestros edificios, especialmente en los centros históricos, construidos hace siglos y que nunca podrán ser eficientes al 100%. En efecto, la propuesta inicial de la directiva recogía la imposibilidad de vender o alquilar viviendas que no presentaran eficiencia energética. Es un ejemplo perfecto de cierta mentalidad, generalizada en Bruselas, que afecta a la propiedad privada.

La Unión Europea no solo entra en nuestras casas, también nos dice qué debemos comer. La obsesión por la alimentación es la nueva frontera de la reeducación europea, que quiere que dejemos de comer carne porque las granjas contaminan, aunque los insectos sí que son bienvenidos en nuestras mesas. No entiende que estamos perjudicando a un sector como el alimentario que no sólo forma parte de nuestra identidad, sino que también representa uno de los principales sectores económicos del país. De forma reciente, fue el vino el producto que acabó en el banquillo de los acusados con la propuesta irlandesa de incluir las palabras “perjudica gravemente la salud” en las etiquetas de las botellas.

Si no se está de acuerdo con las políticas de la UE, se nos tacha de “negacionista climático” en el tema del medio ambiente y de “teórico de la conspiración” en el caso de los insectos. Pero el caso más llamativo es el asunto de la familia, ya que argumentar que un niño nace de un padre y de una madre o estar en contra del vientre de alquiler lleva a ser acusado de “homofobia”. Así es como asistimos a la ausencia de verdaderas políticas de apoyo a la natalidad y a la familia, y tenemos que aguantar una catarata de normas para las “familias” (estrictamente en plural).

Si el hundimiento de las tasas de natalidad no es una prioridad para la Unión Europea, sí lo es la inmigración, no tanto para regular los flujos migratorios, sino para suplir el declive demográfico con una nueva fuerza de trabajo que sataniza el concepto de fronteras y promueve la sociedad abierta.

Así es como ha surgido la superación del concepto de nación y el deseo de borrar nuestra identidad fundada en raíces cristianas. Y eso a pesar de que, como recuerda Benedicto XVI, el autor de un libro esclarecedor como La nueva Europa: identidad y misión“Europa no es un concepto geográfico, sino cultural, conformado por un recorrido histórico que, aunque conflictivo, está centrado en la fe cristiana”.

Es difícil olvidar el documento de la Comisión Europea que quería suprimir la palabra Navidad y los nombres de pila. Pero, mientras tanto, la UE, empeñada en denunciar una supuesta islamofobia, no dice ni una palabra sobre los crecientes episodios de intolerancia hacia los cristianos (que mientras no se demuestre lo contrario son la mayoría de los ciudadanos) en los países europeos. En Francia y Bélgica, los casos de iglesias quemadas, estatuas religiosas destrozadas, e incluso sacerdotes asesinados como el padre Jacques Hame, se han vuelto habituales.

Si se considera que lo espiritual y lo religioso son aspectos de la vida humana de los que podemos prescindir (Augusto del Noce ya advertía de los peligros de la secularización), la reeducación europea pasa por el uso de la tecnología y por la tecnocracia. Las redes sociales e internet, que deberían representar una herramienta para la libertad de palabra, corren el riesgo de verse restringidas bajo el pretexto de luchar contra la desinformación y la injerencia extranjera, como lo demuestra la última directiva europea sobre publicidad política.

El enfoque dirigista de la Unión Europea no perdona a ningún sector de la sociedad y está cada vez más omnipresente. Prevalece sobre las naciones y las autoridades locales, sin tener en cuenta las necesidades de las comunidades y favoreciendo una visión homogeneizadora. Una función pedagógica destinada a los europeos, plasmada negro sobre blanco por la UE en las conclusiones de la Conferencia sobre el futuro de Europa. Por un lado, propone una estandarización destinada a borrar las identidades individuales. Por otro, las políticas europeas acaban siendo rehenes de minorías ideológicas que quieren imponer su agenda.

Y por si las normativas y directivas aprobadas hasta la fecha no fueran suficientes, lo peor está por llegar: la reeducación europea no ha hecho más que empezar.

La Unión Europea regula la censura en las redes sociales

El 16 de noviembre del pasado año entró en vigor la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea. Según esta ley, las grandes plataformas en línea con más de 45 millones de usuarios activos mensuales, como Twitter, Facebook e Instagram, tienen que eliminar rápidamente de sus plataformas los contenidos ilegales, la incitación al odio y la llamada “desinformación”. De lo contrario, se enfrentarán a multas de hasta el seis por ciento de sus ingresos mundiales anuales. Las plataformas más grandes deberán cumplir la ley antes de este verano, mientras que las más pequeñas estarán obligadas a abordar estos contenidos a partir de 2024.

Las ramificaciones de esta medida son inmensas. La ley no sólo impondrá por primera vez la regulación de los contenidos en internet, sino que se convertirá en una norma mundial, no sólo europea.

En los últimos años la Unión Europea se ha convertido en una reguladora mundial. Puede dictar cómo debe comportarse cualquier empresa del mundo si quiere operar en Europa, el segundo mercado mundial. Como resultado, sus estrictas normas reguladoras a menudo acaban siendo adoptadas en todo el mundo tanto por las empresas como por otros reguladores, en lo que se conoce como el “efecto Bruselas”.

Tomemos como ejemplo el Reglamento de Protección de Datos, una norma sobre la intimidad que entró en vigor en mayo de 2018. Entre otras muchas cosas, exige que las personas den su consentimiento explícito antes de que se puedan procesar sus datos. Desde entonces, esta normativa de la Unión Europea se ha convertido en la norma mundial, y ahora va a ocurrir lo mismo con la Ley de Servicios Digitales.

La aplicación del Reglamento de Protección de Datos por parte de la Unión Europea ha sido algo vacilante. Solo ha generado alrededor de 1.700 millones de euros en multas desde 2018, según The Economist, lo que es muy poco para una industria que genera más de un billón de euros en ingresos anuales.

La Comisión Europea ha creado un organismo interno de vigilancia del sector que contará con más de 100 trabajadores a tiempo completo el año que viene. Además, se espera que los especialistas supervisen también las operaciones de las grandes tecnológicas.

Se trata de lo que Thierry Breton, Comisario de Mercado Interior de la Unión Europea, califica de “momento histórico de la regulación digital”. Se espera que las grandes plataformas en línea financien ellas mismas esta operación de control, pagando cada año a la Comisión hasta el 0,05 por cien de su facturación anual mundial.

Esto confiere a la Unión Europea un poder extraordinario. La aplicación de la Ley de Servicios Digitales será supervisada por la propia Comisión, no por un regulador independiente. Además, la ley incluye un “mecanismo de gestión de crisis”, añadido el año pasado en una enmienda de última hora. La Comisión argumentó que necesita poder dirigir la respuesta de las plataformas ante ciertas informaciones, como la Guerra de Ucrania.

En una crisis, no es suficiente con la censura que habitualmente imponen las empresas tecnológicas. El control de la información tiene que ser mucho más estricto. En virtud de la nueva ley, la Comisión se ha otorgado a sí misma el poder de determinar si existe tal “crisis”, definida como “un riesgo objetivo de perjuicio grave para la seguridad pública o la salud pública en la Unión”.

Las normas europeas “normalizan” la censura para que nos vayamos acostumbrado a lo peor. Es la consecuencia lógica de las aberraciones que se vienen aireando desde hace unos años: desinformación, posverdad…

FUENTE: mpr21

Europa en cuestión

Estamos asistiendo a una situación económica y energética a nivel mundial que podríamos llamar insólita y que nadie ha sido capaz de prever ni de ofrecer soluciones alternativas en estos últimos 40 años.

Estamos asistiendo a una situación económica y energética a nivel mundial que podríamos llamar insólita y que nadie ha sido capaz de prever ni de ofrecer soluciones alternativas en estos últimos 40 años. Aún a pesar de las crisis vividas anteriormente tanto energéticas como económicas y financieras, parece mentira que ningún político en el cargo haya sido capaz de poder hacer una planificación energética eficiente, sostenible y que garantizase el suministro de forma estable. 

El caso de la Unión Europea y en particular de Alemania y algunos países del norte es evidente. La transición hacia esa famosa “energía” verde y el rechazo a los combustibles fósiles y a la energía nuclear, ha provocado una dependencia del gas ruso (barato) y de las energías renovables (intermitentes) que han puesto a Europa en una situación muy crítica tras la invasión de Ucrania y el corte de suministro de gas ruso por el famoso gasoducto Nord Stream 1 y 2 después de las sanciones aplicadas a Rusia. 

Las consecuencias de todo ello ya las estamos padeciendo todos en nuestros bolsillos y nuestras facturas mensuales, incluso en aquellos países donde la dependencia del gas ruso era bastante menor. A pesar de ello, ninguno de esos políticos que nos han traído hasta aquí ha salido a pedir perdón y a poner encima de la mesa alternativas que permitan que esta situación no se vuelva a repetir. Ninguno. Lejos de pedir perdón, han seguido con sus políticas expansivas monetarias, inundando de liquidez el mercado y presionando a una inflación que ya en 2021 se anticipaba más alta y que ha llegado a cotas no vistas en los últimos 40 años. Además de seguir incidiendo en la famosa Agenda 2030 y su transición verde. 

Recuerden que la inflación es el “impuesto de los pobres” y es una las peores lacras para las economías, especialmente para aquellas más vulnerables y con bajos ingresos. Ya estamos viviendo situaciones de economías familiares en situación muy preocupante y recurriendo a todo tipo de ayudas para poder enfrentarse al encarecimiento de todos y cada uno de los componentes de sus facturas mensuales.

No les voy a aburrir con datos y estadísticas que ya ven todos los días en las televisiones y periódicos sobre la evolución de la inflación (ya la sufren en sus bolsillos) ni tampoco con cual debe ser la política energética que se debe implementar para evitar situaciones similares a futuro. Energía nuclear conviviendo con desarrollo de renovables y aprovechamiento de todos los recursos a nuestro alcance (fracking y tierras raras) para poder tener el suficiente abanico de oferta de energía que garantice la estabilidad de suministro y abarate el coste de la electricidad en la factura de los consumidores. Reforma del sistema de precio mayorista de la electricidad en España vinculando el precio marginal a los contratos de futuros (y no al precio al contado más volátil), eliminación de impuestos y cargas políticas de la factura, eliminación del impuesto a los derechos de CO2 y favorecer fiscalmente el desarrollo de nuevas inversiones para explotar todos los recursos disponibles así como eliminar las leyes que limitan su prospección y explotación, como es el caso  español.

Ya lo estamos viendo en otros países que están empezando a desarrollar capacidad nuclear y el desarrollo del fracking para tener mayor oferta de suministro. Estar dependiendo de países como EEUU que se ha convertido en el salvador del mercado europeo con sus exportaciones de GNL (gas natural licuado a través de metaneros) pero a un precio más del doble que veníamos pagando antes de la invasión o de países como China, Arabia Saudí, Argelia, Nigeria y algunos otros, no tiene ningún sentido, especialmente si disponemos de los recursos a nivel interno para poder ser independientes energéticamente hablando. Especialmente cuando estos países utilizan técnicas mucho más contaminantes para desarrollar sus recursos, como es el caso de China.

Que España esté importando gas ruso (9% de las importaciones) a estas alturas del partido y financiando al régimen de Putin no tiene nombre ni ningún sentido lógico.

Todo ello está llevando a unas cifras de déficit comercial preocupantes, insostenibles e históricas en toda la Unión Europea (España incluida). El otro día conocimos el déficit comercial de la zona euro en agosto con un aumento de 50.900 millones de euros comparado con un superávit de 2.800 millones de euros del mismo mes de 2021. En términos acumulados en el año 2022 el déficit comercial asciende a 228.800 millones de euros frente a un superávit de 124.000 millones de euros del mismo periodo de 2021. Son palabras mayores. Y la mayor razón de este giro en las cifras, está basado en el déficit energético en el que estamos incurriendo con las importaciones de energía a las que Europa se ha visto obligada a recurrir. En el caso español la situación es similar. Estamos aumentando nuestro déficit energético en unos 5.000 millones mensuales en 2022. La decisión del Sahara tomada por nuestro inepto presidente y la pérdida del gas de Argelia ha supuesto una mayor importación de gas de otros países, principalmente de EEUU, a unos precios más del doble del que veníamos pagando. Naturgy está ahora en plena negociación con Sonatrach para revisar los contratos del suministro del 20% del gas que recibimos todavía de Argelia y que supondrá una actualización de precios de mercado, lo que implica que nuestra factura se seguirá encareciendo. De ahí la fuerte caída del euro en los últimos meses, que se seguirá manteniendo en la medida que seguimos importando inflación mes tras mes.

Toda la situación en su conjunto ha provocado una inflación galopante que en muchos de los países supera los dos dígitos hasta el mes de agosto. Algo absolutamente insostenible y que no parece que vaya a remitir en los próximos meses de invierno.

Los bancos centrales han tenido que reaccionar ante este incremento descontrolado de la inflación con fuertes subidas de tipos que se mantendrán al menos en las próximas dos subastas y que llevarán los tipos a niveles superiores al 3%-4,5% como herramienta para poder intentar bajar la inflación al objetivo del 2%. Algo que según las estimaciones de los principales servicios de estudios, no ocurrirá hasta bien entrado el año 2024.

La subida de tipos y la inflación disparada provocará que la economía global se desacelere y que incluso se pueda llegar a una recesión técnica (dos trimestres de crecimiento negativo del PIB) en muchos países como es el caso de Alemania, España, Francia, Italia, Reino Unido y el propio Estados Unidos. El propio Luis de Guindos ya reconocía el otro día que el escenario pesimista que contemplaban, pasa a ser el escenario central para 2023, lo que implica bajo crecimiento (incluso recesión técnica) e inflación alta y persistente. Lo que normalmente se llama “estanflación”. La Unión Europea podría entrar en crecimiento negativo del 0,9% de su PIB en 2023 comparada con un crecimiento estimado previamente del 0,9%. Y una inflación del 6,9% en 2023 frente a una estimación previa del 5,5% del escenario base.

Y además de toda esta negra situación a futuro, hemos vivido una crisis de deuda soberana en Reino Unido muy preocupante, teniendo el Banco de Inglaterra que intervenir en el mercado, inyectando liquidez para que los fondos de pensiones no se vieran perjudicados por las subidas de garantías exigidas para proteger la caída de los precios de la deuda soberana (Gilts), técnicamente llamadas “margin calls”. 

Y mientras, nuestro querido gobierno presentando unos presupuestos absolutamente expansivos con incrementos de gasto insostenibles y con unas previsiones de ingresos (vía mayores impuestos y recaudación por la inflación) difícilmente creíbles ante la desaceleración del consumo privado y de las economías en su conjunto. No hay por donde cogerlos. Seguimos aumentando el déficit estructural (cercano al 4,5% del PIB) y aumentando la deuda (cercana al 120% del PIB) en el peor momento posible. Ni un solo anuncio de reducción de gasto improductivo, reducción de estructura pública o de austeridad fiscal y presupuestaria que es la necesaria en este momento. Para colmo se suben el sueldo un 5% cuando la media de los convenios en el sector privado español no supera el 2,6% y en Europa el 4,4%. Con un par. Mientras los españoles sufren una inflación real cercana al 40% con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo.

Y esta es la situación queridos lectores. Nada halagüeña y con unos mercados, tanto de renta fija como de variable, con caídas superiores al 20% y destruyendo el ahorro (sumen la inflación). El dólar se ha convertido en el refugio natural de los inversores ante la evolución del resto de monedas fiat y sus economías.

Edredones fuertes queridos lectores, dos duchas a la semana y restricciones en consumo de electricidad. Esa es la propuesta de Hacienda y en estas manos estamos. Cuídense que viene un invierno muy duro.

ÁLVARO SHARES

Los Veintisiete dan luz verde a la tasa a las energéticas y a la reducción del 5% de la demanda eléctrica

Nord Stream evaluará los daños del gasoducto cuando se acaben las fugas de gas.

Bruselas no acepta la propuesta española de topar el precio del gas ruso.

Bruselas obligará a reducir el consumo eléctrico un 5% en las hora de la cena.

Los ministros de Energía de la Unión Europea han cerrado este viernes un acuerdo político sobre las medidas de emergencia para intervenir el mercado eléctrico comunitario y han pactado reducir la demanda eléctrica en la UE un 5% en horas pico, una tasa a las empresas de combustibles fósiles y establecer un límite de 180 euros/MWh al precio al que las productoras de electricidad inframarginales pueden comercializar la energía.

Tras poco más de una hora de reunión, los titulares de Energía de los Veintisiete han adoptado estas medidas de emergencia para fijar una reducción obligatoria del consumo de electricidad, establecer una tasa de «solidaridad» a las intermediarias de combustibles fósiles, como petroleras, o redistribuir a los más vulnerables los beneficios extraordinarios de las tecnologías inframarginales que vendan la electricidad por encima de de 180 euros/MWh.

«Creo que hoy daremos otro paso necesario para gestionar la crisis energética. La Comisión ha propuesto medidas para reducir la demanda de energía y generar beneficios», ha indicado la comisaria de Energía, Kadri Simson, a su entrada al Consejo de ministros de Energía de la UE, al tiempo que ha agregado que estos instrumentos «relajarán la presión en los precios».

Las medidas, que serán formalmente adoptadas por procedimiento escrito la próxima semana, no entrarán en vigor hasta el día siguiente a su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) y su aplicación se extenderá del 1 de diciembre del presente ejercicio al 31 de diciembre de 2023, si bien Chipre y Malta cuentan con excepciones específicas por su condición de islas energéticas, según informa Europa Press. 

Medidas

El acuerdo suscrito por los ministros de Energía de los Veintisiete establece que estas medidas serán compatibles con las implementadas a nivel nacional por los Estados miembros si tienen un carácter equivalente, como es el caso del mecanismo de minoración del gas o el impuesto sobre los ingresos de las grandes energéticas.

Así, los ministros de Energía han suscrito la propuesta de Bruselas de fijar una reducción obligatoria del 5% de consumo de la electricidad en la franjas horarias de máximo consumo y una disminución del 10% de la demanda de electricidad entre el 1 de diciembre de 2022 hasta finales de marzo de 2023.

En todo caso, corresponderá a cada país introducir las medidas apropiadas para alcanzar los objetivos de reducción del consumo durante este periodo.

«El acuerdo alcanzado hoy supondrá un alivio para los ciudadanos y empresas europeos. Los Estados miembros aplanarán la curva de demanda de electricidad durante las horas pico, lo que tendrá un efecto positivo directo en los precios», ha indicado el ministro checo de Industria y Comercio, Jozef Síkela, en un comunicado.

Tasa de solidaridad

Además, los Veintisiete han convenido establecer una tasa de «solidaridad» a las empresas intermediarias de combustibles fósiles, como petroleras, gasísticas o el sector del refino. Esta medida fijará una «contribución» del 33% sobre los beneficios obtenidos hasta el 31 de diciembre de 2023 y que se sitúen un 20% por encima de la media de los últimos cuatro años.

Este impuesto se articula como una contribución temporal y el importe recaudado se destinará a hogares vulnerables, a las empresas más afectadas y a las industrias electrointensivas.

La tercera de las medidas acordadas por los países de la UE pasa poner establecer un máximo de 180 euros/MWh al precio al que las tecnologías inframarginales, las que producen electricidad por debajo de las productoras de ciclo combinado de gas como las renovables o la nuclear, pueden vender la electricidad en el mercado mayorista (‘pool’).

El acuerdo contempla la posibilidad de que los países introduzcan modificaciones como establecer un limite de precios más elevado, utilicen medidas para limitar los beneficios del mercado, establezcan diferenciaciones por tecnologías o apliquen límites a los beneficios en el mercado a otros operadores como los proveedores.

Con este instrumento, que estará operativo hasta el 30 de junio de 2023, se pretende atajar los beneficios extraordinarios de estas compañías de electricidad que se redirigirán a cubrir la factura eléctrica de los colectivos más vulnerables, para lo cual los Estados miembros podrán aplicar las medidas que consideren más convenientes e incluir ciertas flexibilidades para adaptarse a las circunstancias de cada mercado.

OKDIARIO

El primer ministro belga advierte que la economía europea se detendrá por completo «en las próximas semanas»

El primer ministro belga, Alexander De Croo, advirtió que Europa debe actuar de inmediato para abordar la crisis energética o arriesgarse al cierre económico del que costará recuperarse.

“Unas pocas semanas como esta y la economía europea se detendrá por completo. Recuperarse de eso va a ser mucho más complicado que intervenir en los mercados de gas hoy”, dijo el jueves en una entrevista con la agencia de noticias Bloomberg. “El riesgo de eso es la desindustrialización y el grave riesgo de malestar social”.

De Croo dijo que la Unión Europea debería imponer sin demora un tope de precio amplio al comercio de gas en el bloque si quiere salvar a sus industrias de un cierre.

Honestamente, no veo otra opción que hacer intervenciones en el mercado”, dijo De Croo. “No tenemos una segunda oportunidad de demostrar como 450 millones de europeos que tomamos las cosas en nuestras manos. Lo que estamos viendo hoy es un drenaje masivo de prosperidad fuera de la Unión Europea”.

De Croo habló en la víspera de una reunión de alto riesgo de 27 ministros de energía de la UE en Bruselas para discutir planes de intervención dura en los mercados energéticos del bloque, que se celebró el viernes pasado. Las medidas que se discutieron incluyen poner un precio tope al gas, la reducción obligatoria del uso de electricidad y un impuesto a los productores de combustibles fósiles para usar los ingresos excedentes para apoyar a los consumidores, pero realmente no se llegó a ninguna conclusión relevante.

El gobierno federal de Bélgica está pidiendo la introducción de topes de precios amplios en los mercados de gas en lugar de sólo en las importaciones rusas “porque Vladimir Putin ya dijo que dejaría de vender gas”.

El tope debería ser temporal y “dinámico”, ofreciendo un margen sobre los precios asiáticos que actualmente son sólo la mitad de lo que pagan los clientes europeos, dijo. Esto dará tiempo para pensar cómo reestructurar el mecanismo de fijación de precios de la electricidad para el futuro, agregó.

Solo hay un problema evidente con esta estrategia: no producirá más energía necesaria y provocará inflación, posiblemente hiperinflación, de modo que los precios de todo lo demás, incluida la comida, se disparará fuera de control. Es como echar gasolina al fuego y esperar que éste se apague, por lo que la amenaza del jefe de gobierno belga hay que tomársela en serio.

FUENTE: mpr21