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El problema de la libertad

Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo

Por: Almudena Negro Konrad 

La sociedad occidental se encuentra como siempre en una encrucijada entre libertad o totalitarismo. Décadas de socialdemocracia, que no es más que un grado del socialismo como la Coca Cola Zero lo es de la Coca Cola, han convertido a nuestras sociedades en acomodaticias e infantilizadas. Dependientes de la propaganda que se traslada a través de los «comprometidos» medios de comunicación y de las sociedades clientelares. La paguita. Así se puso de manifiesto en el debate sobre el estado de la nación española, con Pedro Sánchez ofreciendo recetas fracasadas y subvenciones. Ni una sola propuesta que de verdad pueda ayudar a las clases medias, cada vez más bajas. Algo que celebraron con fruición en la extrema izquierda, pero no solo. El problema es grave por cuanto la mentalidad estatista y el totalitarismo liberal se han extendido por todo el mundo. Y ha conformado regímenes que podrían ser calificados como regímenes estupidocráticos. La característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Hoy, la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo. Los parlamentos, pero también las universidades, son más una guardería que lugares para la reflexión.

Tras el derrumbe por implosión del Muro de Berlín y de la socialdemocracia leninista han aparecido no pocas formas totalitarias escondidas tras un supuesto neoliberalismo (otra forma de la socialdemocracia). Fukuyama erró, hoy está claro, cuando anunció el fin del la historia. Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo. Las hoy triunfantes bioideologías (de género, ecologistas, de la salud…), que actúan como verdaderas Ersatzreligionen, hunden sus raíces en el biologicismo propio del nacional socialismo alemán. No es extraño. Al fin y al cabo, el nacional socialismo fue una herejía de la religión marxista.

El democratismo es hoy la coartada del totalitarismo liberal. Muchos creen que porque votamos cada cuatro años vivimos en democracia. Algo completamente falso. Basta con recordar que bajo la dictadura de Francisco Franco en España se votaba. Como se vota en la Venezuela de Nicolás Maduro; un régimen que nada tiene que ver con la democracia.

Por otra parte, y debido a la mentalidad estatista imbuida en las sociedades libres desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos confían su vida, bienes y libertad a esa máquina artificial llamada Estado, que es hoy el gran enemigo de la libertad. Un Estado moral y minotauro conformado como religión secular que nos dicta lo que debemos de pensar y cómo debemos de vivir. Contra el que no cabe derecho de resistencia, propio del derecho natural anterior a la aparición de esa máquina artificial que todo lo monopoliza y que ha sustituido la ley por legislación. Despojo legal, que diría Bastiat.

El declive de nuestras sociedades se percibe en todos los ámbitos. El lassalliano y teocrático «el Estado es dios» se ha hecho realidad. Lasalle sostuvo que es el Estado el que tiene la función de realizar la evolución de la libertad. ¡Qué barbaridad y cuántos, a izquierdas y derechas, se la han creído! Ortega y Gasset advirtió certeramente contra el Estado, al que consideraba «el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización».

Contribuye a ello la confusión, en la que caen no pocos liberales, entre Estado y Gobierno. Cuando es posible un Gobierno sin Estado, pero no un Estado sin Gobierno. El origen se encuentra en las palabras anglosajonas State y Government.

Los liberales defendemos un gobierno limitado. La tradición liberal española, por su parte, es antiestatista. Podría entrar aquí en las absurdas disquisiciones teóricas entre minarquismo, paleoliberalismo, anarcocapitalismo y demás tribus o colectivos liberales, que tanto han contribuido a la huida de la defensa de la libertad. No lo haré. Soy individualista y me importan bien poco los debates histriónicos (¿puedo vender el riñón de mi hijo?, por ejemplo) que en la mayoría de los casos nada aportan a la defensa de la libertad y sí mucho a la confusión y al rechazo a las ideas liberales.

Otros creen que la libertad se limita a la libertad económica. Algo que abrazan con fruición casi orgásmica los tecnócratas de todos los partidos. Esto explica que existan liberales que tengan a Singapur por el colmo de la libertad, cuando es un régimen autoritario. La mayoría de estos liberales beben en las fuentes nacionalistas de partidos como la extinta CiU. Cuando el nacionalismo, colectivista, es incompatible con la defensa de la libertad puesto que subsume al individuo en la tribu. Siempre y sin excepción. No existe el nacionalismo bueno desde el punto de vista de la libertad.

Como es incompatible el liberalismo con las nuevas formaciones políticas conservadoras, algunas ultraconservadoras, surgidas recientemente, cuyo programa económico suele basarse en la bajada de impuestos mientras que el resto de sus propuestas oscilan entre lo demagógico, lo autárquico y el proteccionismo.

Decía Jean François Revel en El conocimiento inútil que el liberal simplemente observa, toma lo que funciona y desecha lo que no funciona. Marañón sostenía que ser liberal era una forma de vida, una actitud: «Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir».

Un debate entre un liberal y un colectivista es una pérdida de tiempo porque la fe no se puede combatir con la razón o los hechos. Menos en los tiempos de la tecnociencia («todo lo que puede hacerse debe ser hecho», Lorenz) y el cientificismo. Porque, al contrario que el socialismo, el liberalismo no es una ideología. Ideologías que, afirmaba Revel certeramente, actúan como triple dispensa: moral (y ética), intelectual y práctica. Ayn Rand decía que con un colectivista «no se puede razonar. No está abierto a la razón. No puedes hablar con él: no puede escuchar». Basta con abrir un periódico o ver un telediario para darse cuenta.

Un hombre espera en el desierto.

Un hombre espera en el desierto.

“Cada mañana salto de la cama, pisando arenas movedizas. Cuesta vivir cuando lo que se ama, se llena de cenizas.”.(“Me muero de”. Joaquín Sabina).

Por: JULIO MORENO LOPEZ

Vivimos, nuevamente, tiempos oscuros. Esta mañana, sin ir más lejos, nos hemos desayunado con la noticia, no por esperada menos alarmante, de que Rusia ha bombardeado Kiev. Por supuesto, era de esperar, pero no añade sino más incertidumbre a esta situación a la que nos ha llevado la megalomanía de Vladimir Putin. Esta guerra fratricida que cada vez tiene más tintes de ir a involucrarnos a todos. Y digo involucrarnos porque afectarnos, ya nos afecta, aunque sin el análisis pertinente no nos demos cuenta.

Es asombroso que en pleno siglo XXI, siglo marcado por el avance tecnológico, médico, el siglo de los supuestos logros sociales, de las supuestas, aunque muy discutibles, libertades, estemos prácticamente a las puertas de una nueva guerra mundial. En una Europa cada vez más concienciada, más condicionada incluso por los logros sociales, nuevamente estamos permitiendo que la espada venza a la pluma y que la maquinaria de la guerra, terrible monstruo económico, no nos olvidemos, pase por encima de la ideología, del arte y del humanismo. Nuevamente, el ejército, vence a la intelectualidad.

Habría que estudiar el tema en profundidad, pero en un análisis sucinto podemos darnos cuenta de cosas que, no por evidentes, a veces se nos escapan. La primera y para mi más importante es la polarización y la politización de los símbolos y actitudes que deberían ser comunes. Baste mirar lo que ocurre en nuestro país. El “no a la guerra” ha sido amortizado por la izquierda, convirtiéndolo en una máxima política, como si el resto de ideologías fuéramos, por el contrario, partidarios de la guerra. Incomprensible que una facción política quiera adueñarse de ese slogan, cuando contra la guerra, sin duda, estamos todos.

Sólo en soledad se siente la sed de verdad. María Zambrano

«La violencia gana la batalla a la cultura porque los violentos están bien organizados, porque saben claramente cual es su objetivo»

Y claro, la progresía hace frente común, pero con gestos del todo inútiles, como hacer reivindicaciones en los discursos de los Goya o, últimamente, cortarse un mechón de pelo para apoyar otra lucha legítima, la de las mujeres iraníes, cuando tenemos un ministerio de igualdad y asuntos sociales con un presupuesto inaudito que no ha abierto siquiera la boca en ninguno de estos casos.

Sin embargo, no es progresista aumentar el presupuesto de defensa, que es inferior al de asuntos sociales. Es más importante reivindicar los derechos fútiles, como la nueva Ley trans, por cierto denostada incluso por las feministas, que exigir que se deje de tratar como un objeto a la mujer, con derecho por parte del hombre incluso sobre su vida, en la cultura musulmana, la exterior y la autóctona. Contra eso, ni palabra.

Por supuesto que también hay símbolos que deberían ser universales y acapara la derecha, pero porque la propia progresía los ha marcado, como la bandera Nacional o el himno, al que ya le quitaron hasta la letra de Don Jose María Pemán, abuelo de mi buen amigo Ricardo, que cuando veo un partido de la selección nuestros jugadores parecen Massiel cantando el “la la la”. Dicho sea esto con todos los respetos, hacia Massiel.

La violencia gana la batalla a la cultura porque los violentos están bien organizados, porque saben claramente cual es su objetivo y porque no se andan con gilipolleces, en cambio, los intelectuales, nos dedicamos a criticarnos unos a otros, por nuestro color político y a promover facciones inmiscibles que, por supuesto, no tienen ninguna fuerza ni a nivel nacional ni mucho menos internacional. Porque se politiza, se estigmatiza y se polariza absolutamente todo, con el fin de sacar rédito político; Y así, no.

Así que si no queremos vivir de nuevo el incendio de la biblioteca de Alejandría, si no queremos volver a ver a los Nazis quemando libros, si no queremos recordar como los rusos tenían que tirar por el váter los libros prohibidos cuando la policía de Lenin hacía redadas aleatorias, la cultura debería unirse, hacer frente común, derramar ríos de tinta para que no se derramen ríos de sangre, prescindiendo de facciones, haciendo que la pluma, por fin , venza a la espada.

Tenemos una responsabilidad. Tenemos el inmenso privilegio de ser mediáticos. Demos ejemplo, merezcamos tal privilegio. Luchemos por la vida, por la cultura, por la información, por el criterio. Merezcamos la camiseta, coño. Unámonos. Demostremos que la cultura puede sobre las bombas y el odio. Seamos consecuentes.

Desde los acantilados de Bojador cantan las olas. Basta ya de derrotas; el hombre del desierto, esperó demasiado”.(“Un hombre espera en el desierto”. Ismael Serrano) .

¿Somos los últimos testigos de un mundo que desaparece?

La democracia, un concepto erróneo en origen y un sistema de gobierno imperfecto y limitado, ha acabado desprestigiándose por culpa de la codicia y de la estúpida e ignorante egolatría de los jerarcas del NOM

Por: JESÚS AGUILAR MARINA

Aunque bien explícito en sus agendas y en no pocas de sus facetas, el nuevo orden, lo mismo que los ensueños apocalípticos de sus fundadores, no es fácil de seguir detalladamente por su carácter subterráneo y clandestino y, más aún, contradictorio, lo que le ayuda, además, a ser semillero de las abundantes y estratégicas sectas y lóbis que proliferan al amparo de su financiación.

Tal vez no sea una sociedad cerrada, pero sólo acoge a aquél que, indígena o extranjero, de izquierdas o de derechas, sobresale por la complicidad intelectual en la hostilidad hacia el ser humano. Y le impone su etiqueta y sus normas, pues sus ambiciones son indelebles y absolutas: intelectuales y políticas, sociales y culturales, bioecológicas y etnográficas.

Es un grupo señorial, una cofradía mayestática, de altísima civilidad, que no roba ya por los caminos porque sus padres y abuelos robaron lo bastante. Ahora sólo especula en los mercados financieros mundiales y maneja los negocios de Estado sin salir de la guarida.

Ante sus puertas se detienen todos los forasteros, bárbaros o no, que desean halagar a la Bestia y vivir de sus migajas, para venderles su índole podrida, baboseando para ser bien recibidos y fotografiándose a su costado. Perfecto paradigma de ello son nuestros políticos de la casta, nuestros venales informadores y nuestros intelectuales áulicos.

Sus cánones mentirosos tratan de transformarse sospechosamente en las únicas referencias cotidianas; cánones trillados por la superchería y la arbitrariedad de quienes los cultivan y codifican, con el apoyo silencioso de los corderos canonizados. Pero tienen un problema, y es que todo se puede sofocar en el hombre salvo la necesidad del absoluto. Y es la búsqueda de la realización del absoluto, que tiene su origen en la inercia fatal del universo, lo que le ata al hombre a la esperanza.

La trascendencia constructiva es algo que ha emparentado a todas las civilizaciones antiguas, a todas las grandes culturas que han aportado su grandeza cultural a la historia. Pero los nuevos demiurgos no son espíritus constructores, sino destructores, y con la excusa de un nuevo ordenamiento del mundo a su imagen y semejanza acabarán por aniquilarlo si se les deja.

La democracia, un concepto erróneo en origen y un sistema de gobierno imperfecto y limitado, ha acabado desprestigiándose por culpa de la codicia y de la estúpida e ignorante egolatría de los jerarcas del NOM, que han confundido voluntariamente los ideales igualitarios, democráticos y de orden, tergiversados por criterios de clase, con sus delirios de plutócratas. Tal vez porque comparten la idea de que una civilización no existe ni se afirma más que por actos de provocación oligárquica.

Con unos discursos sociales, religiosos, científicos o metafísicos nacidos del delirio, ausentes por ello de prudencia y de trascendencia moral, sólo el azar y el caos podrán triunfar en ese indeterminado vacío en el que tratan de reedificar las mil explicaciones racionales que posibilitan nuestro vivir. Porque dan por hecho que la vida del hombre común es tal, que necesita el engaño, el espejismo y el miedo para poder soportarla.

Sin referentes morales y espirituales, ese hombre común se halla abandonado hoy a su suerte, porque ante la ausencia de una clase intelectual seria, profunda y honesta, los informadores sociales, servidores de la propaganda oficial, llenan este vacío con alardes de vulgar deshonestidad, tergiversando el lenguaje, modificando la realidad e intentando dar lecciones de ética, historia o cultura, con un sinfín de disparates, errores, verdades a medias y datos equívocos; y dando cuenta de una mediocridad que es reflejo de la audiencia a la que se debe.

En este modelo de sociedad creado por el NOM, lo que no tiene mercado o no acata las despóticas leyes LGTBI es como si no existiera. O peor aún: es algo destinado al exterminio. La raíz del mal está en que la usura, las finanzas, las multinacionales, las sectas, la depravación sexual, han cambiado el planeta radicalmente en medio siglo. Somos los últimos testigos de un mundo que desaparece, al menos como lo hemos conocido hasta ahora. Es lógico y urgente que nos preguntemos si conviene o no luchar para impedirlo.

La guerra abierta entre sexos, cada vez más cerca.

Lo sucedido en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid cuando menos merece un comentario. Naturalmente habrá quien piense que la culpa de todo la tiene Franco. Interpretaciones tan descabelladas o más, hemos podido verlas reproducidas en la  “mentira democrática” y la gente se lo ha tragado sin pestañear, porque el pueblo español no es que se distinga precisamente, por su capacidad crítica, de lo cual también se le echa la culpa al de siempre.  Pues bien, lo cierto es que un hecho así resulta inimaginable y cualquiera que haya vivido en la España franquista lo sabe bien, que nunca un hecho tan vergonzoso se hubiera podido producir, por la sencilla razón de que las escuelas de entonces, lo mismo que en los Colegios Mayores, eran lugares, donde se velaba por la  formación humana , donde los adolescentes y los jóvenes  aprendían a  ser personas de bien  y honradas a carta cabal. Los chicos   eran respetuosos con unas chicas que se hacían respetar porque habían sido educadas en la honestidad y en la limpieza de cuerpo y alma. Ésta y no otra era la clave para que los propios chicos, también educados en los mismos valores, tuvieran en gran estima a las chicas pudorosas, no como actualmente ocurre, en que  a la hora de elegir compañera, los propios interesados  confiesan que prefieren que  sean un poco “guarronas”.

Motivos hay para estar preocupados, no tanto por el hecho en sí del que todo el mundo habla, cuanto por lo que a través de él se dejé entrever y que viene a confirmar lo que ya más o menos sabíamos. Estamos viviendo una crisis aguda, que afecta a la relación entre los sexos. La situación es grave, tanto que la ministrilla Irene Montero se vio obligada a intervenir quirúrgicamente, sacando la ley del “solo el SÍ es SÍ”, tan equivocada que lo que seguramente va a conseguir es agravar el problema. Naturalmente que hay que tomar conciencia de la gravedad del asunto, pero sobre todo urge saber cuál es su origen para enfrentarnos a él y tratar de darle alguna solución.

 Resulta verdaderamente  grotesco e indignante que salgan en primera línea, lamentándose y rasgándose las vestiduras, precisamente dirigentes políticos, que por acción u omisión han sido sus principales causantes y no parece muy difícil dar con  quienes han sido, más aún, desde hace tiempo se vienen denunciando prácticas educativas aberrantes, inspiradas en la ideología de género, que bien podría ser visto, como un instrumento pensado para la corrupción de menores. No nos engañemos, en gran medida la falta de  compenetración, no solo entre las parejas jóvenes, sino también en las más maduritas, es fruto de una educación equivocada, que más que educar lo que hizo y está haciendo es deseducar. 

 El adoctrinamiento en la ideología de género que se está llevando a cabo en los centros educativos, no solo está siendo motivo de perversión moral, sino que está dando origen larvadamente a una guerra entre los sexos y quien no lo vea así es que está ciego. Guerra entre sexos en versión chusca, es exactamente lo que yo acierto a ver en lo sucedido en el colegio agustino de Elías Ahuja y que ha puesto bien de manifiesto el componente de un subconsciente masculino lleno aversión y resentimiento. No sé si habrá réplica por parte de las chicas, pero hay razones suficientes para pensar que si la hubiera, seguramente saldría a relucir un subconsciente sexista no menos preocupante, tal como hemos podido ver en más de una ocasión.  Esto que acaba de suceder y mucho más, hay que interpretarlo dentro del contexto amplio, enmarcado en un feminismo corrosivo y demoledor, que anda diciendo por ahí que los hombres son unos machistas depredadores, violadores irredentos, enemigos de las mujeres a las que siempre han tenido esclavizadas.  Hace falta mucho cinismo para lamentarse por algo de lo que se es responsable. Después de haber estado durante años, tratando de adoctrinar a los escolares en la práctica de una sexualidad salvaje, puramente biológica, ahora nos escandalizamos de que éstos se expresen en términos sexistas.  ¿Acaso se puede esperar una respuesta solidaria, comprometida y respetuosa con los demás a quienes han sido educados  en un pansexualismo enfermizo, que solo busca  la satisfacción momentánea y egoísta de los más bajos instintos?

Vamos a hablar claro, la educación sexual que se está impartiendo en las escuelas  además de ser  demoledora, está alimentando  resentimientos y malentendidos,  que propician el enfrentamiento entre hombre y  la mujer.  Una información interesada sobre los juguetes eróticos  puede  contribuir a despersonalizar la sexualidad dejando fuera de toda relación humana y humanizadora y convertirla en una pura estimulación mecánica.  ¿Que sentido tendría un aprendizaje de este tipo de cara a un relación conyugal, como la propia naturaleza exige?   Según he podido saber,  el tipo de educación sexual que se imparte en los centros, consiste en conocer el propio cuerpo, para así poder obtener el máximo de placer posible, lo que ciertamente se corresponde con una cultura eminentemente hedonista, no lo voy a negar, lo que sí que digo es que ésa no es la educación sexual que se está necesitando, o cuando menos no lo es toda. Lo que se necesita fundamentalmente y más que nada es conocer y explorar los espíritus y dotarles de aquellos valores humanos y morales que hagan posibles que un sujeto y una sujeta, distintos entre sí, se compenetren y mutuamente se apoyen y complementen. Recalco lo de un sujeto y una sujeta distintos entre sí, porque hay que partir de la evidencia científica de que hombre y mujer son diferentes. Lo son morfológicamente, lo son genéticamente, lo son anatómicamente y sobre todo lo son psicológicamente, con su sensibilidad propia y su modo característico de entender la sexualidad.       

 Desde mayo del 68 existen fuerzas muy interesadas por implantar la indiferenciación sexual,    sirviéndose para ello de las escuelas, los parlamentos y los medios de comunicación, para sus siniestros propósitos , incluso la propia ONU, está haciendo valer su autoridad moral a favor de   esto mismo. Es seguramente por ello, que la identidad femenina atraviesa una crisis sin precedentes. Todo comenzó por ocultar los sentimientos y afectos femeninos, para así poder ingresar más fácilmente en el mundo laboral de los hombres; la cosa fue a más y muchas mujeres acabaron  traicionándose a sí mismas,  sacrificando su propia identidad femenina,  para  convertirse en “hombretonas” y  llegar  a ser paradigma de lo que se dio en llamar la mujer moderna. Frente a tanta confusión, una cosa parece clara y es que la naturaleza de la mujer   es única e insustituible, estando llamada a realizar un tipo de humanidad maravillosa y diferente de la del hombre, de modo que solo siendo fiel a sí misma podrá lograr su plenitud. La falsificación de la mujer obra del feminismo radicalizado “a lo Beauvoir” ha repercutido negativamente en las relaciones de la pareja, pero a quien más daño ha hecho es a la propia mujer. A simple vista, semejante afirmación resulta paradójica, por lo que está pidiendo una explicación.   Bien está que a la mujer se la equipare con el hombre en todos los órdenes de la vida social, lo que no deja de ser una desgracia es que a la mujer se la masculinice, robándole su propia identidad, hasta verla convertida en una réplica del hombre. Ser mujer es un don, un privilegio que el mundo necesita, por eso una mujer nunca debiera dejar de serlo. Fue Julián Marías quien dijo que: “Cuando una mujer no sabe a mujer, resulta una forma degradada de lo humano”.  En la medida en que la mujer se olvida de su condición de mujer, se está convirtiendo en un objeto fácilmente manipulable.  Bien entendido que esta fidelidad de la que hablo es compatible con las preferencias personales y con la vocación profesional de cada cual, sin necesidad de tener que renunciar a nada, por supuesto tampoco a la maternidad y a la familia.  

 La Srª Irene Montero,  ministra de la igualdad, tiene que explicarnos qué está fallando en la política  de género, para que cada vez haya más desavenencias entre los jóvenes de distinto sexo, para que las agresiones sexuales sean el pan nuestro de cada día, o para que unos  universitarios nos obsequien con un espectáculo de tan mal gusto. Ha de explicarnos porqué  tantos chicos y chicas  se muestran reacios a formar una familia  estable  y cuando se deciden a hacerlo son incapaces de dar continuidad a un ilusionante proyecto en común.

Cuando en España se impuso por decreto la ley  la coeducación, se nos dijo que ello iba a favorecer la cooperación, el mutuo conocimiento, la convivencia, la cercanía, la confraternización, la interrelación. Todo ha sido un camelo, Sra. ministra, lo que está sucediendo   es otra cosa bien distinta.  Políticos, políticas y polítiques ¿por qué no se van a sus casas y nos dejan en paz?

El Correo de España

¿Hasta cuándo Catilina?

¿Hasta cuándo Catilina? Ilustración de Linda Galmor

«Espero que algún político decente se cuadre en el estrado y exclame al ‘cum fraude’: ¡¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?!»

Por: Jose Crespo en La Paseata

‘¿Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?’ fue la frase pronunciada por Cicerón, conocida por ser la primera oración de la Primera Catilinaria, primero de los cuatro discursos de Cicerón pronunciados entre noviembre y diciembre del año 63 a. C., después de ser descubierta y reprimida la conjura encabezada por Catilina para dar un golpe de estado.

La frase se traduce del latín al español como: «¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?». Estas palabras fueron pronunciadas delante del Senado romano el día 8 de noviembre del año 63 aC. Ese fue el momento en el que Cicerón dio a conocer esa conjura que preparaba Catilina para hacerse con el poder absoluto. Con ese discurso la conspiración fue descubierta a tiempo y los conjurados huyeron de la ciudad, para ser derrotados al año siguiente en la batalla de Pistoya.

Que estamos ante una conjura contra España, su unidad, y sus símbolos empezando por el Rey, el Himno y la Bandera nacionales, la Historia, la actual Constitución, la democracia y la Soberanía Nacional nadie puede negarlo… y además pagándolo todos y cada uno de nosotros con nuestros impuestos.

Para ello auténticos indigentes intelectuales, muchos sin formación acreditada y sin experiencia laboral, pero a sueldo de España como los ‘doctores’ Sánchez e Iglesias y conmilitones como Dolores DelgadoGarzónAsens y toda la cuadrilla de mantenidos separatistas y filoterroristas, sin olvidarnos de otros responsables activos y pasivos, algún juez delincuente expulsado de la carrera judicial y otros que desde dentro hacen labor de zapa… todos ellos comenzaron disputando la propiedad de los términos, concretamente el de ‘democracia‘ además del de ‘patriotismo‘. Acuérdense «la palabra dictadura, aunque sea del proletariado…no mola, democracia… mola, pues tendremos que disputársela al enemigo cuando hagamos política«, pues en esas están.

La sociedad española asiste aborregada y anestesiada al espectáculo con la ayuda de unos medios de comunicación regados con dinero público para hacer de palmeros del gobierno, un gobierno empeñado en empobrecer a toda la sociedad, adoctrinado, manipulando y tratando de dirigir nuestras vidas hasta los más mínimos detalles, lo que debemos comer y beber, el tipo de ropa, el tipo de vehículo, cómo desplazarnos, cómo hablar… eso sí con las cunetas de las carreteras y los parques llenos de basura como siempre. Metiéndonos miedo con el clima algo que depende exclusivamente del sol y de la propia tierra y su latido interno, cosas que nada tienen que ver con nosotros, en vez de preocuparse por la limpieza, recogida de basuras y mantenimiento de nuestros bosques y playas.

Comenzaron estos diseñadores de la nueva estética y señalética con el disparate de la ley de la ‘memoria histórica‘ de aquel que Dios confunda que dijo aquello de que «España es un concepto discutible y duscutido» y crecidos ahora están con la ley de ‘memoria democrática‘ con la idea de demonizar a media España y blanquear a los asesinos y delincuentes que provocaron la guerra civil como fueron Largo CaballeroNegrín o Prieto, y a los terroristas del FRAP, el GRAPO o la ETA, presentados como luchadores por la democracia cuando su proyecto era y es el de una dictadura marxista leninista, convertir a España en una república soviética, algo que impidió el general Franco, del cuya persona ni sus logros se va a poder hablar.

Mientras tanto, quieren hablar de muertos pero pasan por alto de los más de 50.000 provocados por la superlativa imprevisión estratégica y logística de la Covid, de la que hemos sido testigos, además de mala y corrupta gestión de lo que está siendo la mayor crisis sanitaria de nuestra Historia reciente y de consecuencias dramáticamente previsibles.

La izquierda-guiñol y la ultraizquierda que la maneja dan ahora los carnets de demócrata y vimos cómo Iglesias sentenció a los de enfrente que «no gobernarán nunca«, aunque su partido tenga menos votos que VOX, fuerza a la que no se cansan de demonizar con la cantinela de la ‘ultra derecha’ y el ‘fascismo’, que no era otra cosa que un socialismo nacional.

Se adueñan, menuda paradoja, del constitucionalismo, incluso de la Libertad y la Igualdad diciendo que ayudan a los pobres, e incluso de la Soberanía Nacional mientras que por otro lado son capaces de trocearla a gusto de los separatistas, con fiscalidades y financiación sobresimendionada, mientras que acusan de fascistas, insolidarias y de gobernar para los ricos, a las regiones gobernadas por la derecha.

Alardeando de demócratas mantienen un discurso guerracivilista bajo las 3M, miedo, mentira y manipulación, acusando incluso a la oposición de pretender dar un golpe de estado mientras lo perpetra el gobierno social-comunista, que opera bajo las 3R, rencor, revancha y resentimiento, los anti valores ajenos al Amor, del que emanan todos como la responsabilidad, el sacrificio, la solidaridad y la entrega, entre otro muchos.

Algunos incautos pensaban que lo de la tumba de Franco no iba con ellos, fue solo el comienzo, desde la putrefacción política y económica más inmunda acusan al anterior jefe del estado, que no está imputado por nada, y ahora se lanzan como hienas sobre el actual monarca acusándole de falto de neutralidad y de anticonstitucionalismo.

Ya indultaron a los delincuentes separaristas, y dentro de nada, mientras insultan nuestra inteligencia indultando a los políticos de los ERE,s, el mayor escándalo de la democracia europea, se reirán de nosotros controlando los medios y las redes para decirnos qué debemos hacer, pensar y comer. Bienvenidos a Cuba y Venezuela.

Ya es hora de que se alce la voz frente a una ultraizquierda desbocada y deslegitimada y si es necesario, que lo es, tomar pacíficamente las calles para que de una vez haya una ley electoral justa que impida que la Soberanía Nacional, residente en el Pueblo Español, permanezca maniatada en nombre de los enemigos de España.

Espero que algún político decente se cuadre en el estrado y exclame exigiendo al doctor ‘cum fraude‘ que devuelva la mirada: ¡¿Hasta cuando, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?!

LAS DESVENTURAS Y MALDADES DE LA BONDAD EXTREMA SOCIAL-COMUNISTA.

No considere a los colectivistas como ‘idealistas sinceros pero engañados’. La propuesta de esclavizar a algunos hombres por el bien de otros no es un ideal; la brutalidad no es ‘idealista’, no importa cuál sea su propósito. Nunca diga que el deseo de ‘hacer bien’ por la fuerza es un buen motivo. Ni la impetuosidad ni la estupidez son buenos motivos. AYN RAND.

AYN RAND.

No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio. 

AYN RAND.

Por: Carlos Aurelio Caldito Aunión

Es mucha la gente, demasiada, que hoy en pleno siglo XXI piensa que el comunismo es bueno y que sus seguidores y quienes han pretendido llevarlo a la práctica, durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI, es gente bienintencionada, todo ello a pesar de las enormes maldades que el socialcomunismo ha ocasionado durante décadas y décadas: hambre, enfermedad, muerte, tragedias y más tragedias, en nombre del socialismo.

Dicen que la ignorancia es muy atrevida y lleva a decir tonterías. Así es, sin duda. Y, para más INRI quienes hacen de altavoces del social-comunismo, ahora travestido de globalismo (¿qué fue primero, el huevo o la gallina?) están logrando, tras haber asaltado las univesidades y los centros de enseñanza en general, que la gente haga un acto de desmemoria y siga mirando con simpatías las diversas fórmulas colectivistas, intervencionistas, de planificación centralizada de la economía y la cada vez mayor limintación de derechos y libertades, con los pretextos más increíbles… Claro que, en parte, la buena fama del social-comunismo guarda relación con el hecho de haber sido los vencedores del nazi-fascismo en la segunda guerra mundial. Aunque, esto último es harina de otro costal, y asunto a tratar en otro texto.

Pues sí, sigue habiendo una inmensa -que no famélica- legión de progres que consideran que la URRSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) actuaba de buena fe y que sus dirigentes, eran buena gente si su proyecto no funcionó es porque se equivocaron (aquello de «humanum errare est»). Pues, como bien se sabe Lenin, Stalin, Mao, Pol-Pot, y etc. estaban movidos por su enorme amor a la Humanidad y su objetivo fundamental era conseguir un mundo feliz donde los humanos gocen del amor… y, cómo no, merjorar las condiciones de la clase trabajadora. Lo que ocurre es que lo hicieron de manera equivocada.

La mayoría de los jóvenes estadounidenses prefiere el socialismo o el comunismo al capitalismo, según estudios de opinión realizados en los últimos años… el 51 por ciento de esos estadounidenses actualmente entre las edades de 21 y 29, “millennials” (generación del milenio), preferiría vivir en un país socialista o comunista que en un país capitalista.

Ya digo, la URRSS y sus países satélites (Alemania Oriental, Rumanía, Yugoslavia, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, etc.) no fueron un regímenes malvados.

La revolución bolchevique, allá por 1917, dio lugar casi instantáneamente a un estado de partido único con represión de la disidencia, ejecuciones sumarias, campos de concentración (con unos 70.000 reclusos en el momento de la muerte de Lenin a principios de 1924), una campaña estatal concertada contra la religión, terror contra el campo. – y así sucesivamente.

Sin mencionar una policía secreta dieciséis veces más grande que cualquier cosa que el Zar Alejandro hubiera construido.

Y eso sin mencionar las atrocidades mucho peores que vinieron después: más de cien millones de muertos (algunos hablan de ciento cincuenta millones).

Oigan, ucranianos, estamos llevando a cabo la colectivización de una manera que matará de hambre a millones de ustedes, pero cariño, no se atrevan a olvidar que nuestros corazones están en el lugar correcto. 

El Holodomor, la mejor muestra de la bondad extrema del socialcomunismo.

La colectivización forzosa impuesta por Iósif Stalin condenó a una cruel muerte por inanición a unos siete millones de personas en toda la Unión Soviética, particularmente en Ucrania. El aparato del Estado requisó cosechas y alimentos y cercó poblaciones enteras para que nadie pudiera salir, sentenciando a sus habitantes a una muerte segura.

Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso fueron las regiones más castigadas por la «colectivización forzosa» propuesta por el Estado. Esta obligaba al campesinado a convertirse en proletario. A finales de 1927 estalló la llamada «crisis de las cosechas», cuando se produjo una caída espectacular en las entregas de los productos agrícolas a los organismos del Estado y se agravó en 1928, cuando los campesinos sólo pudieron entregar 4,8 millones de toneladas en lugar de los 6,8 millones del año anterior.

Aquella situación proporcionó a Stalin el pretexto perfecto para intervenir directamente en Ucrania. Como respuesta a aquella crisis, la Unión Soviética puso en marcha un plan quinquenal encaminado a desarrollar un ambicioso proyecto económico además de proceder a la modernización de la industria pesada en todo el país. Y una de sus propuestas estrella consistía en que fueran las exportaciones de trigo quienes pagaran la factura: la exportaciones de trigo ucraniano.

A partir de 1930, destacamentos de la Dirección Política del Estado (GPU) comenzaron a requisar de forma abusiva el grano y el trigo ucranianos, dejando las tierras sin las semillas necesarias para que pudieran germinar, ni tampoco dieron tiempo suficiente a la tierra para que se pudiera volver a plantar.

El 7 de agosto de 1932 se aprobó la Ley de las Espigas, que establecía castigos para todos aquellos que estuviesen en contra de la confiscación y, sobre todo, para todos los campesinos que se atreviesen a robar grano. De esa manera, se impusieron penas de prisión a muchas personas que fueron encarceladas en centros penitenciarios de las ciudades de Balashevo o Elan. A pesar de aquellas medidas, los robos fruto de la desesperación fueron tan elevados que las autoridades crearon tribunales para dictar penas de muerte a los saqueadores. Según registros de la época, bajo el paraguas jurídico de la Ley de las Espigas se ejecutó a 5.400 personas y 125.000 más fueron enviadas a los gulags de Siberia.

Al amparo de la Ley de las Espigas se ejecutó a más de 5.000 personas y unas 125.000 más fueron enviadas a los gulags.

Temeroso de una contrarrevolución, Stalin tenía muy presente la revuelta de los campesinos ucranianos durante la Guerra Civil Rusa que tuvo lugar entre 1918 y 1921. Conocedor de la hambruna que sufría el país a comienzos de los años treinta, en 1932 tomó la decisión de endurecer las condiciones en Ucrania, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera salir y creando unas brigadas que iban de casa en casa confiscando la comida de los campesinos.

Conocido como Holodomor, palabra ucraniana que significa «matar de hambre», el programa diseñado por el Estado soviético tenía una doble finalidad: por una parte pretendía eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado, y, por otra, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se definía como proeuropeo y anti Moscú.

En apenas unos meses, a comienzos de la primavera de 1932, los campesinos ucranianos empezaron a morir de hambre. Algunos documentos hablan de niños con el vientre hinchado por la falta de alimento, familias enteras obligadas a alimentarse de hierba o cortezas de roble, e incluso se comían a los perros y a los gatos. La situación llegó a tal punto que algunos historiadores afirman que en las zonas rurales más pobres se generalizó el canibalismo y los cadáveres se agolpaban en las calles porque nadie tenía fuerzas para poder darles sepultura.

En la obra Todo fluye, del ucraniano Vasili Grossman, el autor describe los efectos de la hambruna de la siguiente manera: «Al principio el hambre te echa de casa. Primero es un fuego que te quema, te atormenta, te desgarra las tripas y el alma: el hombre huye de casa […]. Luego llega el día en que el hambriento vuelve atrás, se arrastra hasta casa. Esto significa que el hambre le ha vencido, aquel hombre ya no se salvará. Se mete en la cama y permanece tumbado. Una vez el hambre lo ha vencido, el hombre ya no se levantará, no solo porque ya no tenga fuerzas: le falta interés, ya no quiere vivir. Se queda tumbado en silencio y no quiere que nadie lo toque. El hambriento no quiere comer […] no quiere que le molesten: quiere que le dejen en paz».

De los campos de trigo llegaba un hedor insoportable, y la gente hambrienta se arrastraba hasta allí para cortar las espigas y comérselas, pero al no poder digerirlas morían allí mismo. Era tal la cantidad de cadáveres que se acumulaban en los campos, que los soldados de la GPU tuvieron que emplear trenes para retirar los cuerpos sin vida y cavar gigantescas fosas comunes para evitar que se propagasen enfermedades. Los campesinos que eran capturados por la GPU eran sometidos a terribles torturas en los centros de detención.

Nadezhda Alilúyeva, segunda esposa de Stalin, pidió a su marido que reconsiderase su política en Ucrania. Nadezhda se había negado a llevar la vida cómoda que le ofrecía el Kremlin y quiso ingresar en la Escuela Técnica. Allí descubrió la realidad de la miserable vida que llevaba la mayoría de la población. Sus compañeros de trabajo le hablaron de las detenciones y de los fusilamientos arbitrarios que su marido le negaba que sucedieran. Este baño de realidad unido a las continuas infidelidades de Stalin sumergieron a Nadezhda en una profunda depresión. Una noche, en noviembre de 1932, al regresar de una celebración conmemorativa del aniversario de la Revolución, Nadezhda fue hallada muerta en su habitación junto a un revólver Walther, aunque Stalin obligó a los médicos a redactar un informe en el que se informaba que había muerto de apendicitis.

El Holodomor fue silenciado en muchos países gracias al eficiente aparato de propaganda del Komintern (Internacional Comunista), que logró desviar la atención del problema y vender una buena imagen de la URSS a nivel internacional. El antiguo Primer Ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia y los campesinos parecían felices. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: «¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!».

Gran Bretaña, Estados Unidos y la Sociedad de Naciones adoptaron la misma postura que Francia. Tan sólo unos periodistas italianos presentes en Kharkov, Odessa y Novorossisk quisieron denunciar lo ocurrido, aunque no pudieron informar de los hechos debido a que la Italia fascista de Benito Mussolini, que en aquellos instantes estaba intentando normalizar sus relaciones diplomáticas con la URSS, les prohibió hacerlo.

A inicios de 1934, el Holodomor finalizó en toda Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso. El resultado fue que alrededor 7 millones de personas murieron de inanición, y hasta un total de 40 millones de personas en toda la Unión Soviética se vieron afectadas por la hambruna. Para muchos historiadores, el Holodomor que tuvo lugar entre 1932 y 1934 fue el mayor crimen cometido en época de Stalin y de toda la historia de la Unión Soviética, constituyendo una de las mayores tragedias humanitarias del siglo XX.

Para saber más acerca de las bondades del socialcomunismo, les recomiendo que lean ustedes:

«Las desventuras de la bondad extrema»

Mauricio Rojas expone en su libro una de las principales paradojas del marxismo: cómo la bondad extrema de los supuestos fines –la salvación de la humanidad, la búsqueda del hombre nuevo y la construcción del paraíso en la tierra–, se convirtió en la maldad más cruenta y extrema capaz de exigir cualquier sacrificio de vidas humanas para imponer el «progreso». El texto es un recorrido personal que comienza en el doloroso desengaño sufrido ante la utopía marxista y desemboca años después en la asunción personal de los principios de la democracia liberal, donde en vez de la liberación colectiva del género humano prevalecen ya los derechos del individuo, la libertad y la responsabilidad moral de la persona.

 Aquí puede descargar el libro en formato PDF.

Breve historia del fracaso socialcomunista. Por Rafael García Alonso

Por: RAFAEL GARCÍA ALONSO.

La principal seña de identidad del socialcomunismo es su carácter totalitario, subsidiario de la subordinación del individuo a la colectividad. Así, bajo el disfraz de un supuesto “bien común” se esconde la aniquilación de las personas como entidades individuales, de tal forma que bajo el yugo de un Estado con connotaciones hobbesianas los individuos se ven obligadas a renunciar a su propio proyecto vital, asentado en sus valores, motivaciones, talento y laboriosidad. En defensa de sus planteamientos el socialcomunismo ha retorcido el concepto de libertad, recurriendo a lo que Isaiah Berlin denominó “libertad positiva”, la cual conlleva la existencia de un “yo superior” que, lejos de estar doblegado por los deseos del “yo inferior”, busca la autorrealización a través de su conversión en un elemento más de una totalidad social que trasciende los límites del propio individuo. De esta forma, cuando el proyecto individual no coincide con el proyecto colectivo los socialcomunistas arguyen que ello es debido a la ignorancia, razón por la cual entienden imprescindible la reeducación del sujeto para que los objetivos de su “yo auténtico” coincidan con los del “yo colectivo”. En este escenario el Estado socialcomunista se convierte en un gran Leviatán que cercena todo tipo de iniciativa individual en aras de una suerte de “voluntad general”, nítidamente roussoniana, que en realidad no es otra cosa que la voluntad de las élites en el poder.

Evidentemente, para que esta infernal maquinaria liberticida pueda funcionar a pleno rendimiento se hace imprescindible la existencia de unas fuerzas represivo que mantenga a la población sumida en el miedo, un aparato adoctrinador y propagandístico que fortalezca el sometimiento social a su perversión ideológica  y una planificación centralizada de la economía, la cual supone, como Friedrich A. Hayek señala en su obra Camino de servidumbre, “la organización deliberada de los esfuerzos de la sociedad en pro de un objetivo social determinado”. Con este planteamiento de base, el socialcomunismo defiende la dictadura del proletariado y la propiedad estatal de los medios de producción, de tal manera que, sustituyendo al libre mercado y la competencia, debe existir una entidad única, bajo el mando del Partido Comunista, que tendrá la tarea de establecer los bienes y servicios que han de producirse, así como el coste de los mismos. La aplicación de este sistema económico ha demostrado una ineficiencia absoluta, ya que la planificación centralizada de la producción ha provocado allí donde se ha aplicado una deficiente utilización de los recursos y una falta de incentivos a la producción, determinando todo ello la desaparición de la iniciativa privada, la recesión económica y el empobrecimiento de la población.

La República Democrática Alemana (RDA) constituye un ejemplo paradigmático de lo acontecido en los países que cayeron tras la Segunda Guerra Mundial bajo la abyecta sombra proyectada por el llamado por Winston Churchill “Telón de Acero Soviético”. Así, en la RDA cada año el gobierno decidía qué y cuánto se producía, el coste de lo producido y cuanto se dedicaba al mercado interno y a la exportación, estableciendo además un determinado objetivo productivo. Sin embargo, la economía de la Alemania Oriental lejos de crecer se encogía, mientras la deuda pública aumentaba continuamente y la calidad de vida de la población empeoraba progresivamente. Sin embargo, los alemanes orientales no cabían en sí de gozo y no pudiendo soportar tan elevadas dosis de felicidad decidieron huir en masa, de tal forma que cerca de 3 millones de personas abandonaron la RDA. Como las autoridades de la Alemania Oriental no podían consentir tamaño disparate decidieron acabar con el masivo éxodo, para lo cual construyeron en 1961 el Muro de Berlín, al cual llamaron “Muro de Protección Antifascista”, ya que, como es lógico suponer, su única finalidad no era evitar la despoblación, sino proteger a los trabajadores de las garras del capitalismo. Finalmente, en noviembre de 1989, una marea pacífica de alemanes orientales derribó para siempre el muro de la vergüenza.

El fracaso económico de la Europa comunista propició que el Partido Socialdemócrata de Alemania, en el Congreso de Bad Godesberg celebrado en 1959, renunciara al marxismo y se mostrara partidario de la democracia liberal y el libre mercado. Sin embargo, probablemente debido a reminiscencias de su pasado comunista, la socialdemocracia abogó por un Estado paternalista, ignorando que, como decía Immanuel Kant, “el paternalismo es el mayor despotismo imaginable”. En consonancia con ello, orientaron sus esfuerzos en materia económica a procurar una profunda redistribución de la riqueza mediante políticas impositivas confiscatorias y un gasto público desmesurado, sin caer en la consideración de que, como muestra la “Curva de Laffer”, a partir de un determinado punto de inflexión a medida que suben los impuestos disminuye la recaudación fiscal. Generalmente se pone a Suecia como nación que ejemplifica el éxito de la socialdemocracia, pero, como demuestra con todo lujo de detalles Daniel Lacalle en su obra Viaje a la libertad económica, la realidad es muy distinta de la dibujada por los socialistas de nuevo cuño. Así, desde 1960 a 1989, con el Partido Socialdemócrata Sueco en el poder, la carga tributaria soportada por los suecos pasó del 28% al 56% del PIB.; además durante este periodo se perdieron más de 300.000 empleos privados, mientras que el número de funcionarios creció en 885.000 personas, duplicando la media de los países de la OCDE. A comienzos de los años 90, con un Gasto Público del 70% del PIB, un déficit público del 11% del PIB y una tasa de paro del 14%, la situación se tornó insostenible, de tal forma que el sistema saltó por los aires, viéndose Suecia obligada a llevar a cabo una profunda reforma económica de carácter liberal, gracias a la cual pudo revertir la situación y salir de la crisis a la que se vio abocada por la aplicación de unas políticas socialdemócratas en sí mismas autodestructivas.

No obstante, como la necedad combinada con la maldad siempre acaba renaciendo como la mala hierba, tras la desintegración de la Europa comunista, la izquierda se vio en la necesidad de reinventarse y así, en el llamado “Foro de Sao Paulo”, celebrado en 1990 bajo los auspicios de tres dictadores como Fidel Castro, Hugo Chávez y Lula da Silva, nació el llamado “Socialismo del siglo XXI”. Este movimiento político básicamente consiste en la sustitución de la “dictadura del proletariado” por una “democracia iliberal”, es decir, por un sistema político socialcomunista caracterizado por el desmantelamiento del Estado de Derecho mediante el control totalitario de todos los resortes del poder, la nacionalización del tejido productivo, el dominio de los medios de comunicación y el silenciamiento o encarcelamiento de la oposición, celebrándose en este contexto procesos electorales sin ningún tipo de garantías democráticas. Con la llegada al poder en 1999 de un simio antropomorfo como Hugo Chávez, Venezuela se convirtió en el buque insignia del “Socialismo del siglo XXI”. La consecuencia de ello es que dos décadas después la situación no pude ser más dramática para los venezolanos. Así, a pesar de ser el país con mayores reservas de petróleo del mundo, nos encontramos con que, debido al desarrollo de políticas económicas de corte comunista, en el último lustro el PIB venezolano ha caído más del 50%, la tasa de paro ha crecido hasta alcanzar el 47,9%, la pobreza extrema afecta la 79,3% de la población, han emigrado más de 5 millones de personas y Caracas se ha convertido en una de las ciudades más violentas del mundo. De esta forma, se puede decir sin temor a equivocarse que Venezuela lleva años sufriendo las lacras del totalitarismo en el ámbito político y de la miseria en el terreno económico, mostrándonos así la verdadera faz del infernal paraíso socialcomunista.

El “Sanchismo” es otra cosa, es un socialismo sin anclaje ideológico, un salto al vacío, un páramo intelectual, un decorado de cartón piedra, una partitura sin pentagramas, un relato sin trasunto, un retrato desfigurado y, en definitiva, solipsismo narcisista en estado puro. Así, carente de todo principio ético y con la única finalidad de mantenerse en el poder, Pedro Sánchez ha sido capaz de pactar con comunistas desquiciados y separatistas irredentos, aprobando para ello leyes que promueven la falsificación de la historia, la eliminación del sexo biológico, la banalización de la transexualidad, la inmersión lingüística en las Comunidades Autónomas con lenguas cooficiales, ha concedido el indulto a los golpistas catalanes y ha permitido la exaltación del terrorismo etarra. A su vez, el Sanchismo ha provocado una auténtica degradación democrática mediante la politización de la Fiscalía General del Estado, el continuo acoso al Poder Judicial, el asalto a las instituciones del Estado, el control absoluto de los medios de comunicación públicos, la compra de voluntades de los sindicatos de clase a cambio de generosas dádivas y la creación de una costosísima y tupida red clientelar a su servicio. En lo que respecta a la economía los resultados de las políticas sanchistas no han podido ser más desalentadores, ya que, siguiendo unas recetas periclitadas y fracasadas, ha conjugado el Gasto Público desmedido -con el agravante de que hasta 60.000 millones de euros se han utilizado  de manera ineficiente según el Instituto de Estudios Económicos- con unas cargas impositivas desmedidas e inasumibles por los pequeños empresarios, los autónomos y los trabajadores -empeorando la situación su negativa a bajar el IVA de los alimentos básicos- de tal forma que son muchas las familias a las que no les llega el dinero para comer a final de mes. A ello, rindiendo pleitesía a las élites globalistas, debe sumarse un fanatismo medioambiental que impide la utilización de la energía nuclear a pesar de ser la energía más verde, prohíbe explorar la existencia de posibles fuentes energéticas, impulsa la destrucción de 108 embalses, lo cual no solo disminuye la producción de energía hidroeléctrica, sino que también dificulta el suministro de agua a la población, y, finalmente, pone todo tipo de trabas a ganaderos y agricultores, ahogando así al sector primario. Todo ello se corresponde con un ecologismo de salón que soslaya el empobrecimiento energético y demuestra un desconocimiento absoluto de la problemática que rodea al mundo rural. La resultante de todo ello es que, con un crecimiento económico anual prácticamente nulo como demuestran las cifras del PIB, en España estamos asistiendo a la escalada inflacionista más alta de la OCDE, a la tasa de paro más elevada de la eurozona y a una Deuda Pública que ya se sitúa entre las mayores del mundo. En función de todo lo expuesto es inevitable concluir que el Sanchismo ha deteriorado tanto la democracia, hasta convertirla en una oclocracia, como la economía, hasta el punto de sumir a más de un millón de personas en la pobreza. Mientras tanto el psicópata monclovita y su camarilla continúan disfrutando de los privilegios que el ejercicio totalitario y corrupto del poder proporciona.

«UNIVERSO 25» Y NUESTRO PRESENTE

El experimento “Universo 25” es uno de los experimentos más terroríficos de la historia de la ciencia, que, a través del comportamiento de una colonia de ratones, fue un intento de los científicos por explicar las sociedades humanas.

En la película Matrix, el Agente Smith le dice a Morpheus que el primer Matrix era un mundo donde todos serían felices y dijo que Matrix era un completo desastre. La gente se suicidó. Se perdieron cosechas enteras (seres humanos utilizados como baterías para las máquinas).

El Agente Smith se dio cuenta de que los humanos definen la realidad a través de la miseria y el sufrimiento. Pero The Matrix es solo una película, ¿verdad? ¿Podría una utopía terminar en personas que se suicidan en masa? ¿Puede una utopía convertirse en una distopía?

Los ratones son un 85 por ciento similares a los humanos. Dicho esto, ¿cómo sería una utopía de ratones? Incluiría un suministro ilimitado de alimentos, múltiples niveles y pequeños condominios de roedores aislados.

Esta utopía de ratones fue parte de los experimentos de John Calhoun llevados a cabo en un recinto de nueve pies cuadrados en una instalación rural en Poolesville, Maryland. Este recinto era conocido como Universo 25.

El llamado “Paraíso de los ratones”, un espacio especialmente diseñado donde los roedores tenían Abundancia de comida y agua, así como un gran espacio habitable.

En un principio, colocó cuatro parejas de ratones que en poco tiempo comenzaron a reproducirse, lo que hizo que su población creciera rápidamente.

Sin embargo, después de 315 días su reproducción comenzó a disminuir significativamente. Cuando el número de roedores llegó a 600, se formó una jerarquía entre ellos y entonces aparecieron los llamados “miserables”.

Los roedores más grandes comenzaron a atacar al grupo, con el resultado de que muchos machos comenzaron a “colapsar” psicológicamente.

Como resultado, las hembras no se protegieron y, a su vez, se volvieron agresivas con sus crías.

Con el paso del tiempo, las hembras mostraron un comportamiento cada vez más agresivo, elementos de aislamiento y falta de ánimo reproductivo. Hubo una baja tasa de natalidad y, al mismo tiempo, un aumento de la mortalidad en los roedores más jóvenes.

Entonces apareció una nueva clase de roedores machos, los llamados “ratones hermosos”. Se negaron a aparearse con las hembras o a “luchar” por su espacio. Todo lo que les importaba era comer y dormir. En un momento, los «machos hermosos» y las «mujeres aisladas» constituían la mayoría de la población.

Según Calhoun, la fase de la muerte constaba de dos etapas: la “primera muerte” y la “segunda muerte”. El primero se caracterizó por la pérdida de propósito en la vida más allá de la mera existencia: ningún deseo de aparearse, criar jóvenes o establecer un papel dentro de la sociedad.

Con el paso del tiempo, la mortalidad juvenil alcanzó el 100% y la reproducción llegó a cero. Entre los ratones en peligro de extinción, se observó homosexualidad y, al mismo tiempo, aumentó el canibalismo, a pesar de que había mucha comida.

Dos años después del inicio del experimento, nació el último bebé de la colonia. Para 1973, había matado al último ratón del Universo 25. John Calhoun repitió el mismo experimento 25 veces más, y cada vez el resultado fue el mismo.

El trabajo científico de Calhoun se ha utilizado como modelo para interpretar el colapso social y su investigación sirve como punto focal para el estudio de la sociología urbana.

Actualmente estamos presenciando paralelismos directos en la sociedad actual… hombres débiles y feminizados con poca o ninguna habilidad y sin instintos de protección, y mujeres excesivamente agitadas y agresivas sin instintos maternales.

¿PODRÍA SUCEDER A LOS HUMANOS?

Esta “utopía de los roedores” ha sido tema de interés entre los consejos de planificación urbana y las agencias gubernamentales de todo el mundo. Cuando se eliminan las necesidades de la vida de un individuo, la vida deja de tener un propósito. Los ratones, como humanos, prosperan con un sentido de identidad y propósito dentro del mundo en general. John Calhoun llegó a la conclusión de que cuando se tienen en cuenta todas las necesidades y no existe ningún conflicto, el acto de vivir se reduce a sus elementos fisiológicos más básicos: comida y sueño. Argumentó que experiencias como el estrés, la ansiedad y la necesidad de sobrevivir hacen necesario participar en la sociedad. Debido a los experimentos de Calhoun, podemos predecir que una utopía humana sería de corta duración. Quizás el experimento Universe 25 ofrece una idea de la desaparición de la humanidad. Sin embargo, en los últimos tiempos, la gente se ha preguntado si el experimento realmente podría aplicarse a los humanos.

El aislamiento de La Naturaleza («Desconexión»), hacinamiento, centralización de provisión de recursos, servicios…

Hoy estamos viendo lo que un ínfimo grupo de delirantes «ingenieros sociales» con poder centralizado y con actos a nivel global bien divulgados, entre otros de sus puntos a desarrollar, se encuentran las denominadas «ciudades inteligentes».

No hace falta agregar más. Esta en aquellos cuyas mentes se liberaron e investigan, interiorizarse de que se trata en profundidad eso y sus intenciones. (Individuo Libre)

El hombre blandengue. Por Vicky Bautista Vidal

El hombre blandengue

«Peligrosa campaña del Ministerio ese de igualdad desigual que funciona con arreglo a desigualdades y miserias casi obsoletas»

POR: Vicky Bautista Leal en La Paseata

No voy a ser yo quien niegue a “algunas” los tiempos oscuros de la diferencia entre géneros que en la tribu terráquea hubo y que sigue existiendo en mayor medida en ciertas partes del planeta, fomentada por la ignorancia y por la comodidad de quienes han asumido la “lotería” de pertenecer al género dominante en sus, para mí mal llamadas culturas: “El hombre”. Ese algo abstracto que montó el tenderete humano y que proviene de la misma humanidad, se encargó desde el principio de ensuciar todo trato, todo acuerdo, toda necesidad entre los habitantes del mundo: La Paz debe siempre ser erradicada. El amor discriminado, las diferencias vestidas de enemistad, la muerte y el asesinato publicitados, el miedo potenciado, la inseguridad viene de fábrica debido a que ninguno tenemos ni idea consciente de que es esto y que hacemos aquí…

Llegamos a acuerdos y constituciones entre sexos, que fueron, en los comienzos, necesarios. Éramos pocos, dispersos en grupos familiares donde cada uno tenía un cometido para la supervivencia de la tribu.

Con inteligencia se dividieron las labores. El hombre, físicamente más fuerte cumplía el cometido de enfrentarse a mamuts, leones y toda clase de animales feroces para conseguir el alimento del grupo. Mientras, la mujer, cubría las necesidades manteniendo el fuego encendido, preparando las pieles, cocinando la caza, pariendo los hijos, manteniendo el orden de lo cotidiano para que la comunidad avanzase hacia adelante.

La misma mujer, la que criaba, fomentaba y alentaba en los varones que paría la “bestialidad” necesaria en el momento para cumplir con su papel de futuro proveedor “porque era lo que tenía que ser”.

Lo malo es que esos acuerdos no evolucionaron. Y cuando las necesidades fueron otras y las formas avanzaban, el mundo, que podría haber adelantado en todos los campos, mantuvo a algunos de ellos apartados del desarrollo, como la relación entre géneros, que siguió, por comodidad para uno de ellos, como en las cuevas Neandertales.

El hombre y la mujer, diferentes en su sexo por la necesidad de reproducir la especie, no supieron compensar las diferencias ni igualar derechos porque, la comodidad de unos y la inercia obligada de la mayoría de las otras, desembocaron en las culturas presentes. Algunas más desarrolladas que otras, pero sin pulir ese subconsciente colectivo y ancestral al que ayudan los procesos típicos de cada sexo en cuestión de hormonas y mecanismos corporales que exigen y que son los gobernantes de ciertos cerebros que ignoran por completo cual podría ser su verdad si decidieran permitir que el intelecto (La parte que nos diferencia de los animales) presentara ante ellos las posibilidades de dar el salto cuántico definitivo para hermanar y no separar a los seres humanos de distinto sexo pero igual alma, intelecto y sentimiento en lo que son: seres complementarios que se necesitan mutuamente.

El pobre hombre, pues de él tratamos, se encontró desde el principio de los tiempos con un papel a interpretar donde se le exigían cualidades que no tenía por qué tener.

Emocionalmente castrado en tiempos en los que se le exigía fuerza, silencio emocional y una energía que no todos disfrutaban, el hombre entrenado asumía forzosamente lo que “debía ser” y pagaba un precio común: La muerte prematura.

Tanto a causa de las guerras como por la forma de vivir insana y por el cansancio vital que debía proporcionarles “cumplir” con su cometido, mantener un grupo familiar, mostrarse viril y enérgico, disimular sus miedos y sus sensibilidades… Aparentar lo que se llamó hombría sin dejar resquicio a la debilidad e incluso a la cobardía, que los hombres no eran ni vulnerables ni lloraban.

El mundo ha estado desde siempre lleno de viudas. Se dice que se debe a que la mujer, genéticamente es más fuerte debido a que tiene que lidiar con embarazos y partos…

Seguramente sí. Pero la presión de ser macho dominante, se quiera o no y la obligación de “demostrar” para que luego el Fary no les llamase “Hombres blandengues”, consumiría a cualquiera.

El hombre, en la historia, por necesidad de su fama y de sus obligaciones se degradaba físicamente en las guerras, en su forma de vivir, de beber y de comer. Pero también le pasó factura el miedo a no estar a la altura, el exceso de responsabilidades y la educación machista, normal hasta hace no muchos años.

Se conocen los problemas de obesidad y enfermedades como la gota y la diabetes a causa de los excesos de reyes, y nobles. Sin embargo, no era el caso de los pobres que, aunque mantenían por su sexo y educación la misma forma de sentir y sentirse, eran por fuerza más frugales en todo y mantenían su salud algo más de tiempo.

Respecto al pasado machista, también es verdad que pocas madres enseñaban a su hijo a comprender al otro género, no fuera a ser que se volviera un “calzonazos”: traducción materna de hombre blandengue que de ninguna manera debía disfrutar la futura nuera. ¡Faltaría más! Porque su nenuco había nacido para ser servido, convirtiéndose ellas en servidoras sin horario y sin ayuda de marido e hijos hasta su muerte para demostrar lo muy dignas y sacrificadas en aras del antiguo sistema Neandertal que eran. Por supuesto, esperaban de las futuras mujeres de sus hijos la misma filosofía y comportamiento, como mandaba la tradición, y lo que es peor, de sus hijas también.

Tampoco recibieron muchos una mínima educación ética realmente con arreglo a sus relaciones con las mujeres y sobre todo la ética de sexo que sobrevuela a los modales y a la buena educación incluso.

– ¡Nene! ¡Caca! ¡Ahí no se poliniza! – Perdonen la broma. Pero en su verdadero contexto quiere decir, de nuevo, que la empatía entre géneros no se fomentaba, llegando a sentir muchos que tenían derecho al uso y disfrute, literalmente, de todo lo que llevase faldas. Búsquese, por ejemplo, lo que era el “derecho de pernada”: El dueño de la propiedad feudal tenía derecho a acostarse en toda boda con la novia antes que el marido, de forma que muchos campesinos eran hijos del señor del castillo. Así, por la cara y por unas leyes miserables que ya dan a entender lo que se consideraba a la mujer en épocas pasadas: botín de guerra, esclava, sustraída por piratas para venderla, violada; que lo mismo da que fuera en un harem como concubina que en una choza en el campo por soldados que la consideraban un premio a sus asesinatos.

Lo cierto es que, en lugar de igualar las relaciones entre los dos sexos, el egoísmo y la falta de formación, quisieron considerar a la mujer como un objeto, una propiedad, utilidad que debía ser vendida, otorgada como botín de guerra y esclavizada…

Si las madres eran colaboradoras necesarias mucho más lo eran los padres, que inculcaban en sus hijos desde muy niños, según la tradición, lo que “debía” ser un hombre.

Tiempos hubo en los que muchos padres, con el pretexto de hacer de su hijo un hombre, los llevaban al burdel para lanzarlos en los brazos de cualquier prostituta, lo que podía resultar un trauma enquistado para la futura vida sexual del chico o, con suerte, una lección más positiva que le ayudase a relacionarse físicamente el resto de su vida con las mujeres.

Que las cosas siguen estado así en algunos países es cierto. Que las guerras hacen emerger a la canalla atávica de violadores y abusadores, también es cierto; pero el paso del tiempo y los cambios necesarios, nos han llenado el mundo, por suerte, de “Hombres blandengues” que llevan a sus hijos al colegio, hacen la compra, las cosas de la casa y lo que se tercie sin que se les caiga la barba y el bigote y su masculinidad sufra ni un ápice. Y que lloran si están tristes y demuestran sus sentimientos sin que sus atributos viriles se descompongan o se caigan al suelo como se ve que tanto se temían nuestros ancestros, y el Fary, que no era precisamente un filósofo de alguna escuela griega ni el adalid de la actualidad.

Las cosas han cambiado, menos para las bellas durmientes que viven del ministerio de Igualdad, que parece que se durmieron un día del siglo XI y se han despertado hoy intentando reivindicar con muy poca gracia cosas que ya lo están, porque, hace mucho tiempo que las mujeres podemos salir solas y volver a casa borrachas y solas o acompañadas sin que pase gran cosa.

Que sí, existen violadores y maltratadores de género, que son, en primer término, tarados mentales que utilizan los últimos ramalazos machistas para justificar sus asesinatos por lo que en realidad son criminales. Que las “culturas” atrasadas de gente que no come jamón no ayudan, pues también, pero que el mundo dispone de grandes cantidades de hombres blandengues que van dejando de lado una historia algo siniestra.

En estos momentos no se justifica la existencia de un ministerio que debería llamarse del tiempo, porque sus “integrantas”, cuestionan las cosas como si no hubiera pasado nada desde el siglo XII, por ejemplo y considerando a todos los hombres como a esos asesinos aislados que son delincuentes y que existirán siempre hasta que la ciencia no descubra la manera de sanar cerebros con taras psicóticas o discapacidades ocultas.

Los problemas sentimentales entre hombres y mujeres normales siempre serán: “Tú me quieres, pero yo no… o viceversa. Nos querremos hasta que Dios quiera… Te dejo porque se ha acabado el amor” … Pero lo otro, lo que sí causaba dolor y aislamiento y de alguna manera, aunque en ocasiones pareciera tolerable, posesión y servidumbre, se ha disuelto, quedando dos o tres nenes de mamá, algún hombre de otra época, ya mayor, y un puñado de animales sin cerebro exigiendo servicio y pleitesía… pero, poco más…

De momento, y si algún cataclismo social o sísmico no destruye todo y la historia vuelve a empezar. ¡Que pereza!

La novela de George Orwell y lo actual

Diferentes portadas de la novela 1984 de George Orwell

1984 es una obra fuerte, pero real y no muy lejana a la actualidad.

Por Lisbeth Samaniego G.

“No estamos lejos de 1984, quien sabe si ya lo hemos estado viviendo desde el momento en que llegamos al mundo”. 

1984 es una obra fuerte pero real y no muy lejos de la actualidad. Como hemos evidenciado fue escrita en 1949, un tanto revolucionaria, y anticipatoria.

El ser humano desde el momento en que nace llega al mundo como una tabula rasa, sin conocimientos, sin ideas, sin objetivos. Al crecer vamos formándonos las ideas de los demás, las costumbres que observamos de quienes nos rodean. Somos como una cámara que va captando desde lo más minucioso hasta lo más grande.

Pero la libertad no llega a ser del todo nuestra, pero si es, lo que a lo largo de nuestra vida nos han hecho creer, siendo esto todo lo contrario a lo que se conoce como libertad. En 1984 se menciona “Al gran hermano” el cual te vigila, dando a comprender que bajo vigilancia están todos seguros. 

En la actualidad este “gran hermano” se da mediante aquellas personas que nos rodean, la sociedad que nos impide la libre expresión de ideas, la sociedad que nos impide un sueldo igualitario entre hombres y mujeres, las etiquetas, las utopías de la lucha  contra  la esclavitud femenina, la lucha contra el machismo, o como se menciona en El cuento de la criada: “Benditas sean las sumisas”  la realidad y el control en el que nos encadena la sociedad. Una lucha desde tiempos memorables e incansable sin poder ponerle un fin. 

Sí nos enseñan a ser libres, pero crecemos con cadenas; estas cadenas no son visibles debido a que se encuentran en nuestros pensamientos, en nuestra conciencia, ese algo que nos frena y ese “gran hermano” que nos vigila llamado sociedad y etiquetas.

Lo que pretenden las series como El cuento de la criada y Black Mirror es una base de 1984 que desea explicarnos la realidad que vivimos de manera desnuda ante nuestros ojos. 

“La guerra es la paz, La libertad es la esclavitud, La ignorancia es la fuerza”. 1984

“Odia y vivirás tranquilo, sé libre y te esclavizarán tus decisiones, piensa igual que los demás y serás aceptado por la sociedad”.

¿Fuerte no?, ¿real?, sí. 

Nuestra sociedad se ha caracterizado por la autonomía, por creer que el pensamiento crítico es un acto de rebeldía y un cambio de opinión una lucha inalcanzable, manteniéndonos bajo su yugo de ideales, de etiquetas, que han salido favorecidas gracias a aquellos que no han conseguido un pensamiento crítico, llegando a convertirse en una gangrena cerebral. Logrando así la sociedad una doble moral, por temor a perder su autoridad, por temor a perder a los adeptos sin pensamiento crítico ni lógico; porque los ignorantes son muchos.