Etiqueta: RELATOS

FOLLARME A UNA CHICA ENCIMA DE LA LAVADORA.

 

Esta es la amarga historia de un sueño roto: uno de tantos sueños que acabaron pisoteados y enterrados bajo la desangelada rutina cotidiana. Una triste historia que quiero compartir con ustedes. No busco compasión (podéis metérosla por el puto culo); si acaso, una brizna de humano consuelo.

Todo comenzó en una cafetería. Acudí a una cita que tenia con una chavala a la que había conocido días antes en el chat. Tras hablar un par de veces por teléfono con ella, se me antojo como una joven desinhibida y desenfadada, con muchas ganas de encontrar un novio: la presa perfecta. Al llegar al local, la encontré sentada esperándome. No era fea, cosa que ya sabía por la foto de carné digitalizada que me había mandado a través del IRC, pero estaba muy gorda, así que descarte de entrada entablar cualquier tipo de relación sentimental o sexual con ella. No soy de los que buscan la perfección física en la pareja, ni de los que rechazan una bien repartida voluptuosidad en el cuerpo de la mujer, pero cuando una dama pesa lo suficiente como para aplastarme y despanzurrarme algo en mí reacciona generando un cauteloso rechazo. Son cosas del instinto natural. Iniciamos, no obstante, una amena charla, en la que ella, tal como había hecho durante las conversaciones telefónicas previas al encuentro, intento incitarme a la pasión hablando de posturitas para hacer el amor, escenarios eróticos, trucos sexuales y no se cuantas chorradas mas. A la última chica que consiguió ponerme caliente en una cafetería le basto con pedirme la cucharilla de mi taza para disolver el azúcar, rechupetearla al acabar de mover el café para, supuestamente, limpiarla y colocarla de nuevo en mi platillo: si, me empalme allí mismo. Pero la gorda no tuvo tanta suerte, por más que intento darle un toque picante a aquella cita. El caso es que en un momento dado hablo de un escenario sexual bastante extraño: follar encima de una lavadora mientras la misma centrifuga, estando el chico sentado sobre la tapa de la maquina y la chica a horcajadas encima de él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al imaginarme a aquella mole de carne sentada sobre mis piernas mientras un electrodoméstico hacia vibrar mi pandero. Pasada una hora, terminé aquello con un “ya te llamare otro día”, cosa que no hice.

De vuelta a casa, considere el tema de la fornicationis per machina. No encontré el asunto especialmente excitante, pues lo que la naturaleza varonil pide es sacar y meter el gusano, permitiendo que los testículos cuelguen cual badajo campanero y acompañen acompasadamente con su alegre vaivén a los movimientos de la cadera y los gemidos de la amada. Pero supuse que a las mujeres les habría de encantar, pues ellas se corren bien pronto si les vibra el chumino.

Unos meses mas tarde, conocí a una chica muy mona y comenzamos una relación amorosa relativamente estable. Tras follármela de todas las formas posibles y practicar con ella todas las guarrerías concebidas -mas algunas de las inconcebibles-, me acorde del tema de la lavadora, y se me metió en la cabeza que tenia que probar aquello.

Por aquel entonces, compartía piso con otros tres estudiantes. Vivíamos en un primero con pleno acceso al patio del edificio; de hecho, nuestra lavadora se encontraba justamente allí. Esta parecía haber sido fabricada entre la primera y la segunda revolución industrial. Cuando empezaba a centrifugar sufría una suerte de tembleque epiléptico; un trance mecánico que la ponía en movimiento, de tal manera que se iba paseando ella sola por todo el patio hasta que acababa el centrifugado. Siempre pensaba al verla en dicho estado que cualquier día me iba a tocar salir a la calle a buscarla:

–Oiga, una lavadora con unos gayumbos dentro, ¿no la ha visto usted pasar por aquí?
–No.
–Señor guardia. Mi lavadora me ha robado mis gayumbos rojos de la suerte. ¡Por el amor de Dios, haga algo y no se me quede mirando así!

Y de pronto, aquel escandaloso y tembloroso cacharro se convirtió a mis ojos en un aparato de inusitadas virtudes eróticas. El acto de meter y sacar mi ropa del bombo adquirió entonces una significación especial. Además, cuando cerraba la puerta lo hacia con tacto y cariño, y no de una patada, como tenia por costumbre.

El gran problema era que estaba, como ya he dicho, en el patio, a la vista de todo el vecindario. Cualquiera que se asomara a las ventanas interiores de su vivienda podía sorprendernos allí, enganchados en pelota picada como dos conejitos. Había, no obstante, una solución fácil: perpetrar el fornicio de madrugada, confiándole nuestra intimidad a la oscuridad y al buen hacer de Morfeo con todos los vecinos. Pero aun quedaban un par de detalles por resolver: el ruido de la lavadora y los rebuznos amorosos de mí pareja, muy dada a berrear durante el acto. A ella siempre podía amordazarla:

–Cariño, te voy a tapar la boca con un calcetín y nos vamos a subir encima de la lavadora a las cuatro de la mañana para follar. ¡Veras que divertido!
–¡Oh, si! Me corro solo de pensarlo. Que sea con el calcetín que llevas puesto.
–¿El izquierdo o el derecho?
–El de tu puta madre.

Bueno, tal vez bastara con pedirle simplemente que no gritara. Pero… ¿y el ruido de la lavadora? ¿Cómo iba a conseguir que aquel trasto no despertara a todos los habitantes del edificio, incluidos mis propios compañeros? Pensé que tal vez engrasándola toda entera… O probando a centrarle un poco el eje… O quizá nivelándola un poco… Puede que apretando tuercas aquí y allá… Pero, amigos míos, fue pasando el tiempo sin animarme en ningún momento a probar cualquiera de estas soluciones. De alguna manera, la idea de aquel capricho fue dando tumbos entre la materia gris mi cerebro, hasta que paso a un aparente olvido.

Meses mas tarde, trajeron al piso una lavadora nueva. Y es que los vecinos protestaban frecuentemente por el ruido que provocaba la que teníamos, por lo que el casero decidió acabar con las quejas al respecto. Era de marca alemana, y tenía un diseño muy atractivo. Toda ella parecía querer decir: soy sexy y eficiente. El día que me toco estrenarla, mecánicamente metí mi ropa dentro del bombo, coloque el programa adecuado –que en mi caso es invariablemente el de “Ropa muy sucia”; entiéndase como un eufemismo- y la puse en marcha. Aquello empezó a funcionar acompañado de un silencio perfecto: mi gata hace más ruido cuando anda. Entonces me quede absorto a la vez que contrariado, mirando el electrodoméstico con un cierto resquemor, notando que en mi alma se abría una especie de vacío emocional, una amarga sensación de fracaso… hasta que me acorde de aquel viejo capricho, y caí en la cuenta de que la nueva lavadora no era apta para las labores erótico-festivas porque no vibraba en absoluto. Buscando un alivio, gire el mando hasta ponerlo en el modo de centrifugado. Nada. El bombo daba vueltas vertiginosamente pero aquello no se movía lo mas mínimo. Además, el sonido emitido no era mayor que el zumbido de una mosca. “¿Y ahora que? ¿Me meto dentro y me tiro a las churris ahí?“, pensé. Fue cuando me empecé a mosquear. Di unas cuantas vueltas alrededor del trasto, buscándole un punto débil. Le pegue una patada en la parte de atrás, intentando descentrarle el eje. No lo conseguí.”¡Malditos alemanes!”, farfulle. Le pegue otras dos patadas sin mayor fortuna. “Perfeccionistas de mierda”, añadí. No se en que momento perdí el control de mis actos. Lo único que recuerdo con algo de claridad es que acabe pegándole puñetazos a aquel jodido cacharro mientras gritaba a grandes voces cosas como: “Tu no vas a poder conmigo, hija de puta”, “Los alemanes me vais a chupar la polla, desalmados”, “Me voy a follar a todas vuestras hijas aquí encima, cabrones”… y no se cuentas burradas mas.

Volví a tomar conciencia de mis actos cuando oí una voz que me llamaba por mi nombre. Al volverme, vi a mis tres compañeros de piso mirándome desde la puerta del patio asombrados a la vez que asustados… y a todos los vecinos asomados a sus ventanas. Golpee disimuladamente con el pie derecho el suelo del patio, probando si con ello conseguía abrir un agujero en la tierra para bajar a esconderme al infierno y quedarme allí acurrucado, tapándome la cara con las manos.

Y esta es mi historia. Si alguien tiene una lavadora vieja y nerviosa, le propongo que pruebe el curioso escenario sexual y lo disfrute. Yo ando ya en el ocaso de mi juventud, camino de una adusta madurez, y he dejado caer ciertos sueños en las profundidades de la desesperanza y de la frustración. Porque la vida es “asin”, ¡y que se le va a hacer!

~~~w0w~~~

PD1: De la obra Cuentos, misivas irreverentes y malas hierbas, inscrita en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de Andalucía.

PD2: Podéis escuchar el audio del articulo desde aquí. Cortesía de Tomás Galindo y su equipo del programa radiofónico “La Papelera”, emitido en Radio Tular Irratia.

FUENTE: Blog.innerpendejo.net

Anécdotas insubstanciales 2.0: El garbanzo asesino

 

Cuando entro a YouTube, a veces pierdo estúpidamente mi tiempo visionando alguno de los que llaman vídeos destacados, los cuales suelen mostrar a videobloggers de éxito contando paridas, nimiedades, banalidades, vacuidades, aburridas intimidades y peroratas existencialistas bastante vomitivas … Me hacen sentir como un imbécil, porque yo gasto mas horas que un tonto buscando siempre cosas interesantes para la bitácora. Pero eso se ha acabado. A partir de ahora me voy a convertir en un verdadero blogger 2.0, limitándome a relatar anécdotas insubstanciales relativas a mi vida personal. Por ejemplo, la que me sucedió ayer mismo.

Al mediodía, vacié sobre un plato el contenido de una lata de cocido de garbanzos precocinado y lo metí en el microondas. Lo mío siempre han sido las lentejas en lata, pero mi desatendido paladar me pedía algo nuevo con lagrimas en las papilas.Como no sabía el tiempo que necesitaba este guiso para calentarse, le di cinco minutos: dos más de lo que suelen necesitar las lentejas. Al sonar la campana de aviso del microondas, abrí la puerta de este y vi que me había excedido con el tiempo de cocción, pues aquello parecía una especie de infierno culinario. De hecho, el trozo de tocino que me había tocado en suerte crepitaba angustiosamente entre las legumbres, aparentando estar retorciéndose de dolor. Metí la cuchara en el plato para remover un poco el cocido con la intención de disipar el exceso de calor. Entonces sonó un ‘pop’ y un garbanzo traicionero saltó desde el caldo describiendo, cual bala de cañón, una trayectoria parabólica en el aire hasta caer finalmente sobre mi antebrazo izquierdo. Me llevé la mano derecha hasta el punto del impacto con un gesto de dolor, pues el ardiente garbanzo me había quemado. Al retirarla, vi que la maldita legumbre asesina me había dejado un círculo de piel enrojecida. Sin pensármelo dos veces, salí corriendo hacia del hospital mas cercano.

Aguanté con resignación en la Sala de Espera de Urgencias durante dos horas junto a otros pacientes. Cuando me tocó el turno, entré a la consulta que me indicaron por megafonía, donde me atendió un señor.

– ¿Y usted que tiene? -me preguntó.
– Un garbanzo asesino se ha abalanzado sobre mi causándome gravísimas quemaduras -contesté indolente, intentando demostrar una cierta actitud estoica ante el terrible ataque sufrido. 

Me miró con los ojos muy abiertos, y me indicó: “Usted debe ir a la consulta número ocho, que está en el primer sótano, al final del pasillo nueve”.

Bajé hasta la mencionada consulta. Allí, una doctora me explicó que para elaborar un diagnostico adecuado necesitaba hacerme antes un test, el cual llamaban de Rorschach. “De acuerdo”, dije. A continuación, me enseñó extraños dibujos de inspiración pornográfica compuestos por manchas, los cuales me pidió que identificara correctamente.Creo que no fallé ninguno: el mono masturbador, la pareja de lesbianas comiéndose el coño, el labriego follándose a una cabra, la novicia usando un rosario como carrete tailandes… Al finalizar la prueba, la médico extendió por fin una receta para lo mío y me despidió amistosamente. Me acerqué enseguida hasta la farmacia más próxima. Durante el camino, quise saber cual era la medicación prescrita, pero aquello estaba caligrafiado con una ininteligible letra de médico. Una vez en la botica, la farmacéutica que me atendió echó un vistazo rápido a los garabatos del papel y se me quedó mirando con una cierta expresión de enfado; como si estuviera siendo objeto de una broma.

– ¿Pasa algo? -pregunté confuso.
– Si. Aquí no aparece recetado ningún medicamento.
– ¿Qué pone en el papel, entonces?
– Dice exactamente: “Tenga mucho cuidado con este hombre. Es un majadero con marcados rasgos de psicópata sexual. Déle unos caramelos para que se vaya a su puta casa”. 

Acto seguido, me devolvió con desprecio la receta médica y atendió a otro cliente, ignorándome por completo.

Indignado, regresé a casa. Entré a la cocina y me situé frente al microondas, que aun guardaba en su interior el plato de garbanzos. “Ahora os vais a enterar, cabrones. De mi no se ríe nadie. Reventareis todos como sapos inflados por el culo”, les avisé. Cerré la puerta del horno, puse el temporizador en 20 minutos y me fui al cuarto de baño a hacer de vientre, deleitándome sentado en el vater con el sonido de la cruel sangría: pop… pop… pop…

Y esto es todo… Bueno, miento. En realidad, aquí no ha acabado la cosa, porque mañana pienso ir a tirar con unos cuantos cócteles molotov dentro del hospital para quemarlo: será mi venganza por el denigrante trato recibido. Pero como esa no será una anécdota insustancial, os tendréis que enterar de los detalles por los periódicos.

Hale, hasta mañana.

FUENTE: Innerpendejo.net

OCHO PATAS.

 

Descripción: relatos de terror de teo rodriguez del programa de milenio 3.

AUDIO. PINCHAR EN LA IMAGEN

MICRO RELATOS DE TERROR: » LA BRUJA «

 

Descripción: Relatos donde las abracadabrantes experiencias de los protagonistas podrían ser las tuyas propias. Para escuchar en soledad y si es posible durante la noche. AUDIO. PINCHAR EN LA IMAGEN:

PASAJES DEL TERROR: Verdugo John ketch

 

John Ketch (Alrededor de 1630-1686) fue un verdugo al servicio del rey Carlos II de Inglaterra y que fue conocido por su extrema crueldad y sadismo. Estudiosos de la criminología consideran a Ketch como uno de los primeros asesinos en serie de la historia.

Juan Antonio Cebrián nos narra la historia de este Verdugo cruel. Documento de AUDIO, PINCHAR EN LA IMAGEN.

JOHN KETCH

PASAJES DEL TERROR: la secta de Heidnik

 

El Pasaje del Terror de Juan Antonio Cebrián trata sobre la secta creada por un psicokiller, Heidnik.

DOCUMENTO DE AUDIO, PINCHAR EN LA IMAGEN:

RELATOS: » EN LA LINEA DE FUEGO «

Cuando el Teniente Daekan recorre las calles de la devastada y confusa 4ta Metrópolis, un descorazonador escalofrío recorre su cuerpo. Las cosas han cambiado mucho en los últimos 200 años, y desde su tercer nacimiento en 3036, a Daekan le ha tocado vivir ya muchos de esos años, demasiados piensa.

Las morfosis experimentadas y los miles de viajes ínter temporales en su espalda le han reservado un extraordinariamente largo e interminable ciclo de extravida, como suelen llamarlo los científicos ahora. Sus días pueden resumirse en pocas palabras, mas la cantidad de tiempo abarcado es indescriptible, pues cada salto en los portales exeter ínter espaciales de la colonia hacia universos lejanos supone para él sólo un par de horas en la rutina, pero varios años terrestres para el resto de los mortales. Un sin fin de años, sin embargo, no hacen una vida plena, lo ha aprendido Daekan, y al caminar por las calles esta noche se le hace cada vez más presente este hecho.

A su alrededor puede observar todas las consecuencias de la serie de ataques nucleares que vivió esta tierra, si así pudiéramos llamarla, durante las guerras cybertecnológicas de hace 200 años, no sólo la aniquilación casi completa de quienes habitaron alguna vez las colonias terrestres de esta luna artificial, que orbita los restos del alguna vez llamado Planeta Tierra, sino además los efectos visibles en quienes sobrevivieron como él, luego de años de lucha y peor aún, en las generaciones posteriores, frutos de la contaminación radiactiva.

Aunque las sociedades poco a poco vuelven a aflorar y enriquecerse, el caos anterior ha sido suplantado por algo parecido a un sistema urbano, en donde las pandillas de niños asesinos deambulan por cada rincón y callejuela aún existente. Es por eso que el Teniente Daekan necesita hacer sus rondas cada noche, pues son estas las horas en que despiertan los ejecutores, violadores y asesinos con los que suele toparse en su caminar.

Poco queda por proteger, y de eso poco desea ser protegido, ya que esta vida no resulta ser un asunto de gran importancia para los hijos del efecto post nuclear. Todo ahora es distinto, hace mucho que murieron las enfermedades que conocíamos y para las cuales estábamos más o menos preparados, las epidemias de hoy son mucho más crueles y del todo mortales, las grandes corporaciones farmacéuticas sobrevivientes al desplome financiero de 3015 han desaparecido como fuentes de cura, sus fármacos obsoletos fueron cambiados por los increíbles modificadores de Nanogenomas, que han intentado inhibir la incalculable taza de deformidades congénitas, en lo que apenas, se puede definir como raza humana. Esa raza para la cual trabaja Daekan, y a la que hace mucho dejó de pertenecer. Sus implantes de Cyborg regeneradores musculares, las cámaras de alta definición inyectadas a sus globos oculares, su nuevo sistema circulatorio reforzado con un nuevo corazón de alto rendimiento, su nueva piel, resistente a radiaciones e impactos, su cerebro mejorado en el laboratorio del ejercito y estimulado por los, aun en estudio, implantes neuro aceleradores de lo que primitivamente se conocía como cobre.

Poco queda del hombre llamado Daekan. Su conciencia es lo único 100% humano que le va quedando, y eso es lo que más le asusta, pues ¿quién se puede fiar de la conciencia humana?.

Una noche más de inspección es todo lo que queda por afrontar, su paso seguro, su vista aguda, son unas de las tantas ventajas con que cuenta al controlar el vandalismo imperante. A unos metros observa a las cada vez más pequeñas prostitutas que se le aparece en cada segundo de ronda, no menos violentas que las bandas de niños. Esa es su forma de obtener unos pocos bonos de canje por alguna ración de comida o un galón de agua, elementos escasos y valiosos en este lugar, mucho más valiosos que el sexo o las drogas, estimulantes que en este nuevo mundo carecen de sentido. Los nuevos animales surgidos en las alcantarillas sucias y rojas, híbridos salvajes, portadores de las nuevas infecciones que terminan de consumir lo poco que queda de vida ahora en la otrora más fructífera colonia extraterrena, esas bestias no lo atemorizan.

Fue cuando las máquinas adoptaron conciencia humana, cuando las nuevas y sofisticadas inteligencias artificiales hicieron propios sentimientos de hombre, ahí fue cuando su orgullo y ambición las llevó a volverse en nuestra contra, eso piensa Daekan, la humanidad adoptada por las IA, la humanidad lo hunde todo.

Para soportar las largas horas de patrullaje, activa en sus impulsores auditivos nervio adaptados, un poco de esa primitiva poesía de la tierra antigua, música le llamaban, según sabe, los habitantes de aquel periodo pasado. Y es lo que lo lleva a confusión, El Teniente Daekan no comprende cómo, cómo una raza poseedora de semejante belleza, pudo destruir todo aquello que los mantenía libres de su propia bajeza.

Pero la noche ha sido tranquila, su bastón protoagresor permanece inofensivo en la funda de su cinto y en su fase no mortal, tal vez esta noche no sea necesario usarlo en su forma asesina.

Las pequeñas y contaminadas rameras de la calle no suponen mayores ofensas para sus ojos, y extrañamente las pandillas de niños poco trabajo le han ocasionado en los últimos días. Sólo es su conciencia la que lo perjudica drásticamente a cada paso, ¿podría ayudar a esta gente?, poco importa, la contaminación nuclear aun los va matando lentamente, y El Teniente Daekan sabe que nada puede hacer.

Cuando el soldado raso Daekan despertó de aquella pesadilla por el brillo del sol en su ventana, una sensación de angustia amenazaba con apoderarse de su cuerpo, mucho hacía que no soñaba con un nivel tan claro de realeza, podía sentir en su cabeza aun, el hedor de las calles moribundas. Cuando el soldado raso Daekan decidió observar aquella mañana desde su ventana el brillo del sol, un terror inmenso se apoderó de su persona, mientras a lo lejos, en donde debía estar el sol, un gran hongo negro y ensordecedor se elevaba por los cielos, cegando con su luz devastadora todo el paisaje de lo que hasta ahora era su amada tierra.

AUTOR: Revolver

FUENTE: Rosavientos.es

LA FÁBULA DEL FUNCIONARIO MALVADO.

Érase una vez una nación en la que todo el mundo era feliz, donde:

– Un nene semianalfabeto sin la ESO se ponía a apilar ladrillos y ganaba 4.000 euros al mes.

– Marroquíes y rumanos parían a sus hijos porque cobraban 2.500 euros y tenían guarderías gratis.

– Un ecuatoriano se traía a su familia a operarse de juanetes.

– Los ministros se entretenían encargando estudios estúpidos sobre la reproducción de la lagartija espongiforme.

– A la oposición le regalaban trajes y se iban a puticlubs gastos pagados por el ayuntamiento de turno.

– En el Senado se ponían traductores.

– El mago bueno ZP cuidaba de todos.

– Todo era feliz y feliza (por aquello de la igualdad).
Pero en este bonito país no todo era perfecto, había un malvado llamado «El funcionario», vago entre los vagos, tomador de cafeses y fumador de cigarros, de trato desagradable, forrado y sinvergüenza, que vivía de lo robado a los honrados banqueros y políticos, a los honrados curritos que no defraudaban (sólo preguntaban con IVA o sin IVA).

Pues bien, nuestro protagonista era un tierno obrero salido de un instituto con 18 años sin aprobar ni el recreo llamado Jonathan, volvió un día del tajo y decidió comprarse un BMW serie 3 con el Pack Sport, llantas, y le puso fluorescentes y un equipo de música con subwoofer y una casita pareada.

En el banco, el señor director, muy amable le prestó el dinero sin ningún problema, mejorando su petición con más dinero que también le prestó para que se diera un homenaje en la Rivera Maya.

Pasó el tiempo,y un mal día a Jonathan lo echaron del trabajo, ¿con qué iba a pagarse sus vicios?. Y sobre todo, ¿su BMW?. Apurado fue a ver al Sr. Director del banco, que, muy simpático él, no pudo ayudarle, a pesar de que se desvivía por los necesitados. El Sr director, compungido, al ver que Jonathan no podía pagar, y que el no cobraba, fue a ver al mago bueno, a ZP.

Mientras… el malvado funcionario seguía trabajando en la sombra, envidioso él de nuestro amigo, que no tiene estudios y dilapidaba los euros que ganaba.
Un buen día, a nuestro mago bueno ZP, lo llamó papá Obama y mamá Merkel y le dijeron que esto no podía seguir así.

La solución estaba clara, salvar a Jony y fastidar al malvado. Le bajamos el sueldo al despreciable funcionario y ya está.

Secuencia:

– Johathan no paga lo que debe al banco.

– El banco no cobra.

– El banco le pide pasta al Gobierno.

– El Gobierno se la da quitándosela al funcionario; o sea,

– El BMW y la casita lo paga el funcionario con su 5%.

Y dos noticias curiosas de última hora

Los licenciados en paro ocultan su curriculum para poder acceder a trabajos de menos cualificación ¡joder a lo que estamos llegando!

Y 2: se va a limitar la velocidad en ciudad a 30 km/h así que ya puedes ir tirando a
la basura ese BMW de 200 CV porque su limitador de velocidad no da para tanto y te acabarán poniendo una multa para pagar los cafés de los políticos. ¡puta mierda!…¡ayyyy!

PASAJES DE LA HISTORIA. BIOGRAFÍAS: JULIO VERNE.

 

Juan Antonio Cebrián nos desvela el personaje de Verne que le atribuyen frases como:   “todo lo que yo invento y yo imagino quedará siempre más acá de la verdad porqué llegará un momento que l…as creaciones de la ciencia superarán la imaginación”.  

En AUDIO, PINCHAR EN LA IMÁGEN:

            

PASAJES DEL TERROR: John Wesley Hardin «dedos fríos»

 

Pasaje del terror de John Wesley Hardin, “dedos fríos” en el salvaje oeste.

John Wesley Hardin ( Bonham, Texas, 26 de mayo de 1853- El Paso, Texas, 19 de agosto de 1895) fue un criminal del oeste estadounidense del siglo XIX a quien se adjudican, al menos, 40 muertes. Reconocido por ser un hábil pistolero, creció en la etapa anterior a la guerra civil en la cual la violencia era una forma aceptada de solucionar conflictos. Después de estar preso por dieciséis años por la muerte de un sheriff, logró convertirse en abogado, pero fue abatido a balazos por un policía de la ciudad de El Paso. Escribió su autobiografía incompleta bajo el nombre de Vida de John Wesley Hardin, escrita por él mismo.

NARRACIÓN: Juan Antonio Cebrian en «La Rosa de los Vientos» de Onda Cero.

DOCUMENTO DE AUDIO, PINCHAR EN LA IMAGEN: