“Defiant Donald Trump confirms US will recognise Jerusalem as capital of Israel” (The Guardian) “Donald Trump reconoce Jerusalén como capital de Israel” (ABC de Madrid)…
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Breve retrato del joven progresista. / Brief portrait of the young progressive. (SPANISH/ENGLISH)

Progreso no es lo mismo que progresismo. Lo primero designa la cualidad de un hecho o una serie de hechos específicos que permiten el avance en algún campo de la realidad; lo segundo es la ideología según la cual todo hecho novedoso entraña esta cualidad. Es en virtud de esta diferenciación conceptual que debemos retratar al joven progresista de la sociedad occidental contemporánea.
En efecto, deslumbrado por toda novedad —por su mera condición novedosa— el joven progresista es parte del paisaje socio-político de nuestros tiempos. Podemos verlo en Facebook dedicando algunos minutos de su día a despotricar contra las “multinacionales”, a través de su MacBook último modelo que compró en su último viaje a Europa debidamente financiado por papá; en Change.org firmando peticiones para proteger al tigre de bengala y, al mismo tiempo, otras para legalizar el asesinato del ser humano por nacer que indulgentemente denomina “interrupción del embarazo”; en Twitter condenando al “heterocapitalismo patriarcal” en 140 caracteres por la violación que una joven sufrió ayer, en manos de un violador que la justicia (con minúscula) soltó anteayer en virtud de la ideología garantista que el joven progresista también defiende en sus próximos 140 caracteres.
El joven progresista es un producto bien diseñado por la institución educativa y los medios de comunicación dominantes. Probablemente no lo sepa, pero es el hijo necesario de la crisis histórica del marxismo clásico que derivó de la absorción de la clase obrera por el capitalismo avanzado. Habiendo quedado huérfana de su sujeto revolucionario arquetípico, la izquierda se replegó sobre la juventud que protagonizó en la década del ’60 hechos de trascendencia mundial como el Mayo Francés, los movimientos contraculturales y la emergencia de la New Left norteamericana.
Claro: quienes en aquellos tiempos eran jóvenes, hoy son los adultos que educaron al joven progresista contemporáneo. El problema, no obstante, es que a diferencia de sus antepasados progresistas, el joven progresista de nuestros días ha dejado de ser contracultural: se ha convertido en una figurita repetida y verdaderamente mainstream de un espacio ideológico4 que intercambió la guerra de guerrillas por los viajes de mochileros, también financiados por mamá y papá.
Debe remarcarse a este respecto que el desprecio que el joven progresista siente por los mayores, sus valores y jerarquías “alienantes”, es directamente proporcional sin embargo al uso que aquél hace de los frutos del también “alienante” trabajo que éstos desarrollan. Algo debe quedar claro: no hay joven progresista sin acceso a la tarjeta de crédito de mamá y papá. Aquélla siempre está lista para ser reventada, preferentemente en viajes multiculturales capaces de encubrir la vorágine de consumo capitalista (en la que el progresista tanto adora zambullirse) detrás de algún famélico ser humano del mundo sub-desarrollado que será congelado en una fotografía de IPhone, debidamente subida a las redes sociales con alguna nada novedosa reflexión que culpabilice al “capitalismo salvaje” del hambre de este pobre hombre, que jamás conoció ningún capitalismo por cierto.
Para el joven progresista, la única cultura que no debe ser conservada es la de su propia sociedad. De ello resulta una de sus acusaciones favoritas: “¡etnocéntrico!”, dirá apuntando con el dedo a todo aquel que ose criticar culturas diferentes de la propia, levantando una suerte de protección epistemológica que, mientras permite escandalizarnos respecto del hecho de que el hombre occidental prefiera una mujer sin vello en las axilas a aquellas que desean dejarse vello y teñirlo de azul o de rosa, cierra la posibilidad de toda crítica por ejemplo a culturas que practican la ablación sobre la mujer: es decir, la mutilación de su clítoris. Las africanas e indígenas son, claro, culturas chic.
No importa que la cultura foránea produzca atraso y pobreza. El progresismo, ya lo dijimos, nada tiene que ver con el progreso: es apenas su deformación ideológica. Nada podría ser más claro para ejemplificar el caso que las culturas indígenas: no importa que sus condiciones culturales impidan todo atisbo de modernización económica; importa “conservarlos” y fomentar ideológicamente su atraso, como quien desea conservar alguna especie en algún zoológico que esporádicamente visita para pasar el tiempo libre mirando ejemplares extraños del mundo animal. ¿No es esto lo que hace, en efecto, el joven progresista cuando al regresar de sus viajes de mochilero comenta a sus amigos —con sonrisa de oreja a oreja, como quien se topa con algún objeto hasta el momento desconocido pero fascinante— sobre “las cholas” que vio en algún destartalado medio de transporte del altiplano sudamericano?
El joven progresista sobreestima su papel y su realidad. Se ve a sí mismo como un ejemplar del “hombre nuevo”, pero no como el “hombre nuevo” que llamaba a construir el Che Guevara, dedicado con rudeza al más duro trabajo por meros incentivos morales, sino más bien como el “hombre nuevo” de Herbert Marcuse, un hombre con “sensibilidades” presuntamente superiores que hoy traducimos en lloriqueos banales y safe spaces universitarios: esos cuartos especiales con los que ya cuenta en Estados Unidos para encerrarse cuando alguien dicen algo “ofensivo”.
Es entendible que esta sobreestimación haga del joven progresista un completo narcisista. Él está convencido de ser poseedor de una mente superior, “de avanzada”, “propia de los tiempos que corren”. Por ello califica de “retrógrado” a todo aquel que no festeje sus trillados slogans, como si la historia tuviera un orden preestablecido de manera necesaria: una suposición que en el marco de la filosofía de la historia nada tiene de novedosa, valga aclarar. Pero el joven progresista cree, en el fondo, ser un “libre pensador”; un tipo hecho a sí mismo, ajeno a las “estúpidas tradiciones y creencias” del medio que lo rodea. La verdad sobre él es que no es mucho más que un pobre diablo fabricado en serie, un muñequito hecho a medida, cuyos moldes pueden ser fácilmente advertidos en cualquier película de Hollywood o en cualquier serie de NetFlix: su arquetipo no es ya el proletariado marxista, sino el protagonista del filme “Into the Wild”.
Producto que se cree a sí mismo original, pero que rebela en su praxis su producción serial, el joven progresista no es tampoco difícil de identificar en sus gustos y usos del lenguaje. “Sensibilidad social”, “Redistribución de la riqueza”, “Pueblos originarios”, “Enfoque de género”, “Popular”, “Pueblo”, son algunos de los sobreutilizados conceptos que forman parte de su lenguaje afirmativo; “capitalismo salvaje”, “afán de lucro”, “neoliberalismo”, “patriarcado”, “cisgénero”, “imperialismo”, “heterocapitalismo”, “genocidio blanco”, “hombre blanco heterosexual”, son algunos de los componentes de su lenguaje condenatorio. Cada vez que pronuncia alguno de estos significantes, se siente parte de los que buscan “un mundo mejor”, por supuesto.
Lo interesante de esta reproducción en masa que está en el origen de nuestro joven progresista, es que esconde relativamente bien su propia dinámica detrás un convencimiento contracultural que ya no puede ser sostenido por mucho tiempo más. En efecto, el joven progresista hoy es hegemónico: su rebeldía hoy es conformismo; su lucha política hoy es divertimento; sus consignas hoy son pose; su estética hoy es tendencia mainstream; su ideología hoy es obligación; su vocabulario hoy es redundancia; su revolución hoy es una cortina de humo que protege al establishment.
Algo de esto debe haber visto Johnny Rotten, vocalista legendario de Sex Pistols, cuando recientemente dijo que el antiprogresismo es, en los días que corren, el “nuevo punk”.

ENGLISH
Progress is not the same as progressivism. The first designates the quality of a fact or a series of specific facts that allow the advance in some field of reality; The second is the ideology according to which every new fact involves this quality. It is by virtue of this conceptual differentiation that we must portray the progressive young man of contemporary Western society.
In fact, dazzled by any novelty-by its very novel condition-the young progressive is part of the socio-political landscape of our times. We can see him on Facebook spending a few minutes of his day ranting against the «multinationals», through his latest model MacBook bought on his last trip to Europe duly financed by Dad; At Change.org, signing petitions to protect the Bengal tiger and, at the same time, others to legalize the murder of the unborn human being that he indulgently calls «termination of pregnancy»; On Twitter condemning «patriarchal heterocapitalism» in 140 characters for the rape that a young woman suffered yesterday, in the hands of a rapist that justice (with lower case) released the day before yesterday by virtue of the guarantor ideology that the young progressive also defends in his next 140 Characters.
The young progressive is a product well designed by the educational institution and the mainstream media. He probably does not know it, but he is the necessary child of the historical crisis of classical Marxism that derived from the absorption of the working class by advanced capitalism. Having been left orphaned by her archetypal revolutionary subject, the left retreated over the youths who staged in the 1960s events of global significance such as the French May, the counterculture movements and the emergence of the New Left.
Of course: those who in those days were young, today are the adults who educated the young contemporary progressive. The problem, however, is that unlike his progressive ancestors, the progressive young man of today has ceased to be countercultural: he has become a recurrent and truly mainstream figure of an ideological space4 that exchanged guerrilla warfare for travel Of backpackers, also financed by mom and dad.
It should be pointed out in this connection that the contempt that the young progressive sees for the elders, their «alienating» values and hierarchies, is directly proportional to his use of the fruits of the «alienating» work that they develop. Something must be clear: there is no progressive young man without access to the credit card of Mom and Dad. This is always ready to be busted, preferably on multicultural trips capable of covering up the vortex of capitalist consumption (in which the progressive so much loves to dive) behind some starving human being in the underdeveloped world that will be frozen in a photograph of IPhone, Duly uploaded to social networks with some nothing new reflection that blames «savage capitalism» on the hunger of this poor man, who never knew any capitalism by the way.
For the young progressive, the only culture that should not be preserved is that of their own society. This is one of his favorite accusations: «ethnocentric!» He will point his finger at anyone who dares criticize cultures different from his own, raising a kind of epistemological protection that, while allowing us to scandalize about the fact that man Western preference for a woman without hair in the armpits to those who want to leave their hair and dye it blue or pink, closes the possibility of all criticism for example to cultures that practice ablation on women: that is, the mutilation of their clitoris. African and indigenous are, of course, chic cultures.
It does not matter that foreign culture produces backwardness and poverty. Progressivism, as we have said, has nothing to do with progress: it is hardly its ideological deformation. Nothing could be more clear to exemplify the case than the indigenous cultures: it does not matter that their cultural conditions prevent any hint of economic modernization; It is important to «preserve» them and ideologically promote their backwardness, as if they want to preserve some species in a zoo that sporadically visits to spend their free time looking at strange examples of the animal world. Is this not what the young progressive man does when he returns from his backpacking trips to his friends – with a smile from ear to ear, like someone who encounters something unknown yet fascinating – about » The cholas «that he saw in some ramshackle transport of the South American highlands?
The young progressive overestimates his role and his reality. He sees himself as an exemplar of the «new man,» but not as the «new man» who called for the construction of Che Guevara, rudely dedicated to hard labor for mere moral incentives, but rather as the «new man «By Herbert Marcuse, a man with supposedly superior» sensitivities «that today we translate into banal whining and university safe spaces: those special rooms with which he already counts in the United States to lock himself up when someone says something» offensive «.
It is understandable that this overestimation makes the young progressive a complete narcissist. He is convinced of being a possessor of a higher mind, «advanced», «own of the times that run.» For that reason, he describes as «retrograde» anyone who does not celebrate his trite slogans, as if history had a pre-established order in a necessary way: an assumption that within the framework of the philosophy of history has nothing new, worth clarifying. But the young progressive believes, at heart, to be a «free thinker»; A self-made type, oblivious to the «stupid traditions and beliefs» of the environment around him. The truth about him is that he is not much more than a poor serial devil, a tailor-made doll whose molds can easily be noticed in any Hollywood movie or any series of Netflix: its archetype is no longer the Marxist proletariat , But the protagonist of the film «Into the Wild».
A product that believes itself original, but that rebels in its praxis its serial production, the young progressive is not difficult to identify in his tastes and uses of language. «Social Sensitivity», «Redistribution of Wealth», «Original Peoples», «Gender Approach», «Popular», «People», are some of the overused concepts that form part of their affirmative language; «Wild capitalism,» «profit-seeking,» «neoliberalism,» «patriarchy,» «cistern,» «imperialism,» «heterocapitalism,» «white genocide,» «heterosexual white man,» are some of the components of his language condemnatory. Whenever you pronounce any of these signifiers, you feel part of those who are looking for «a better world,» of course.
What is interesting about this mass reproduction that is at the origin of our young progressive is that he hides his own dynamics relatively well behind a countercultural conviction that can no longer be sustained for much longer. In fact, the young progressive today is hegemonic: his rebellion today is conformism; His political struggle today is fun; His slogans today are pose; Its esthetics today is mainstream trend; His ideology today is an obligation; Their vocabulary today is redundancy; Its revolution today is a smokescreen that protects the establishment.
Some of this must have seen Johnny Rotten, legendary vocalist of Sex Pistols, when he recently said that anti-progressism is, in these days, the «new punk.»

Escarmentar en tabaco ajeno. / To learn in foreign tobacco (SPANISH-ENGLISH)

Por Lecroix en Contra la Ley «Antitabaco»
Predijimos, ya no recuerdo en qué entrada, que esta Semana Santa sería “calentita“. Para los que estudiamos las tácticas del movimiento antitabaco hace años, algunas cosas son obvias.
Delicuentes islamistas y de extrema izquierda, responsables de sembrar el pánico en la Semana Santa sevillana. –Despiertainfo.com

Uno de los detenidos gritó “Alá es grande” –La Gaceta
Y luego, en perfecto movimiento de pinza, están los grupos políticos que dificultan o prohíben directamente las manifestaciones religiosas cristianas.
La izquierda radical y el islamismo radical, trabajan juntos contra nuestra civilización, como siempre. Y dado que esa izquierda radical abre las puertas a la llegada de más inmigrantes musulmanes, que a su vez se reproducen más rápido que los habitantes locales, su fuerza crecerá y crecerá. Y mientras todo eso pasa, la derecha, el centro derecha, la socialdemocracia o como se llamen, seguirán pidiendo “diálogo” y “entendimiento”.
Resulta fácil predecir que la Semana Santa del año que viene, será aún peor. Y así hasta que queden cada vez menos cristianos, los que queden vayan cogiendo miedo o vergüenza por serlo y un día de repente, llegue el hachazo final y la Semana Santa sea prohibida, “por el bien de todos”.
¡Si es que es la vieja táctica del “solo la puntita“!
- No todos los españoles son cristianos, es justo que haya sitio para los que no lo son.
- Los edificios públicos son de todos, incluso de los que no son cristianos…
- Deben prohibirse los símbolos religiosos cristianos en las escuelas, los hospitales…
- Hay pocas mezquitas, queremos que haya más.
- Hay muchas iglesias, no hacen falta tantas.
- ¿Por qué no convertir algunas iglesias en mezquitas? Así todo sería más justo…
- La Cristiandad ha hecho y hace mucho daño a la humanidad.
- Sería bueno hacer campañas que expliquen a la gente lo mala que es la Cristiandad.
- Necesitamos más campañas, hay que insistir en lo mala que es la Cristiandad.
- Nadie os quiere quitar las iglesias, solo pedimos lo que es justo.
- La mayoría de la gente ya no es cristiana, no es justo que se les tenga tan en cuenta.
- Todo deberían ser mezquitas.
Y un día, tras años de acoso y campañas, llega la ley definitiva y ya todo son mezquitas.
- ¡A ser Cristiano a la calle!
- ¡Si quieres ser cristiano hazlo en tu casa, a los demás déjanos en paz!
- ¡Los cristianos apestan!
- ¡No entiendo cómo está permitido aún ser cristiano, con lo malo que es!
- ¡Deberían subirle los impuestos a los crucifijos hasta que ya nadie pueda comprarlos!
Y quien dice Cristiandad, dice también por ejemplo idioma español. ¿No se ha usado acaso la misma táctica para eliminarlo en algunos sitios?
“Solo la puntita”. Es así como se hace. Y a medida que se cede en lo que al principio es razonable, van llegando peticiones cada vez menos razonables, a las que también se cede. Hasta que al final pasa lo que pasa y el intolerante se quita el disfraz, te da dos h*stias y te dice “y ahora a callar, que ahora aquí mando yo“.
Y entre todos se lo hemos permitido.
Por eso me entra la risa cuando veo a políticos locales del PP o PSOE hablar de “diálogo”, de “fórmulas que contenten a todos”. Me río y hasta a veces les digo que no tienen ni idea de como funcionan las cosas.
Porque es que da lo mismo el tema. Sea el cristianismo, el tabaco, la familia, la patria o el idioma, el intolerante que pretende destruir esas cosas no quiere meter “solo la puntita”. Ni quiere solo “lo que es justo”.
No. Lo quiere todo, porque es un intolerante.
Y mientras no nos demos cuenta de eso y no actuemos con contundencia contra la intolerancia, los intolerantes seguirán ganando en todo hasta que los tolerantes desaparezcamos. Es una ley sencilla de la Naturaleza.


ENGLISH
We predicted, I no longer remember in which entry, that this Holy Week would be «warm». For those of us who study the tactics of the anti-smoking movement years ago, some things are obvious.
Islamist and far-left delors, responsible for sowing panic in Seville’s Holy Week. –Despiertainfo.com (ARTICLE IN SPANISH)

One of the detainees shouted «Allah is great» – La Gaceta (ARTICLE IN SPANISH)
And then, in perfect rapier movement, are the political groups that hinder or directly prohibit Christian religious manifestations.
The radical left and radical Islam, work together against our civilization, as always. And since that radical left opens the door to the arrival of more Muslim immigrants, who in turn reproduce faster than the locals, their strength will grow and grow. And while all that happens, the right, the right center, the Social-Democracy or whatever they are called, will continue to call for «dialogue» and «understanding.»
It is easy to predict that next year’s Holy Week will be even worse. And so until there are fewer and fewer Christians, those who remain are going to be afraid or embarrassed for being one and suddenly, the final ax and the Holy Week will be banned, «for the good of all.»
If it is the old tactic of «just the tip»!
– Not all Spaniards are Christians, it is just that there is room for those who are not.
– Public buildings belong to all, including those who are not Christians …
– Christian religious symbols should be banned in schools, hospitals …– There are few mosques, we want more.
– There are many churches, not so many.
– Why not turn some churches into mosques? Thus everything would be more just …– Christianity has done and does much harm to mankind.
– It would be good to make campaigns that explain to people how bad Christianity is.
– We need more campaigns, we must insist on how bad is Christianity.– Nobody wants to take away the churches, we only ask what is fair.
– Most people are no longer Christian, it is not fair that they should be taken into account.
– Everything should be mosques.
And one day, after years of harassment and campaigns, the final law comes and everything is already mosques.
– To be a Christian on the street!
– If you want to be a Christian do it in your house, let the others leave us alone!
– Christians stink!
– I do not understand how it is even allowed to be a Christian, how bad it is! They should tax crucifixes until no one else can buy them!
And who says Cristiandad, also says for example Spanish language. Has not the same tactic been used to eliminate it in some places?
«Just the tip». This is how it is done. And as you give in to what is reasonable at first, petitions are arriving less and less reasonable, to which also it yields. Until at the end happens what happens and the intolerant takes off his disguise, gives you two hours and says «and now to silence, that now I am here.»
And we have allowed it among all.
That’s why I get the laugh when I see local politicians of the PP or PSOE talk about «dialogue», «formulas that please everyone.» I laugh and sometimes I tell them that they have no idea how things work.
Because the issue is the same. Be it Christianity, tobacco, family, country or language, the intolerant who seeks to destroy these things does not want to put «just the tip.» Nor does he want only «what is right».
No. He wants everything, because he’s an intolerant.
And as long as we do not realize that and do not act forcefully against intolerance, intolerants will continue to win everything until the tolerant ones disappear. It is a simple law of nature.




Las tres leyes del progresismo. / The Three Laws of Progressivism.
El pensamiento progresista puede sistematizarse también mediante un número reducido de leyes sencillas. No se trata aquí de enumerar los tópicos más comúnmente manoseados, sino de abstraer unas reglas formales.

Por alguna razón misteriosa, o que al menos lo parece, existen muchos fenómenos, estudiados por las disciplinas más diversas, que pueden ser descritos mediante tres leyes: no dos ni cuatro, sino precisamente tres.
Citemos por ejemplo las tres leyes de Newton, las de Kepler, las de Mendel o las de los gases. En el campo de las ciencias sociales, Robert Conquest propuso el trío de leyes conocidas por su nombre, y en la literatura de ciencia-ficción son dignas de mención las populares tres leyes de la robótica, formuladas por Isaac Asimov.
El pensamiento progresista puede sistematizarse también mediante un número reducido de leyes sencillas. No se trata aquí de enumerar los tópicos más comúnmente manoseados, sino de abstraer unas reglas formales, previas a cualquier contenido concreto. Las exponemos a continuación.
“No olvidemos que el medio en que surge el progresismo es la civilización cristiana, no la islámica, la hindú o la china”
Primera Ley: El progreso sólo se da en una dirección
Corolario: Quien discrepe acerca de cuál sea esa dirección, está en contra del progreso. Por ejemplo, para un progre, la legalización del aborto es un paso más en el camino de la liberación de la mujer.
En cambio, quien considera que es todo lo contrario, un drástico paso atrás en la defensa de la dignidad de la vida humana, será un integrista fanático que está en contra de las mujeresy por supuesto del progreso.
La primera ley propugna un monopolio de la verdad, lo que implica un conflicto ineludible con la verdad revelada según el cristianismo. No olvidemos que el medio en que surge el progresismo es la civilización cristiana, no la islámica, la hindú o la china. Sin tener en cuenta esto, no se entiende nada.
El progre, por mucho que presuma de tolerante y escéptico, se cree en posesión de la verdad absoluta. También el cristiano, pero la diferencia crucial es que el segundo no esconde el carácter indemostrado de sus dogmas de fe.

No engaña a nadie sosteniendo que sus convicciones se derivan exclusivamente de la razón y la ciencia (aunque no rehúse apoyarse también en ellas), como sí hace el progre.
Dicho sea de paso, nada más falso que ese supuesto apoyo de la ciencia a las tesis progresistas. Estas, en lo que respecta al papel de la cultura en las diferencias entre los sexos, por ejemplo, entran en contradicción con las abrumadoras evidencias científicas que, sin negar la influencia del medio, ponen de relieve el enorme peso de la genética. Lo ha expuesto ampliamente, por citar sólo a un autor, el psicólogo evolucionista Steven Pinker, en su conocida obra ‘La tabla rasa’.
Cuando un magistrado como Antonio Salas publica en las redes sociales determinadas reflexiones de sentido común sobre el problema de la violencia que sufren algunas mujeres, ideas que chocan con la visión oficial de la ideología de género, la reacción de ciertas indignadas feministas es recomendarle al juez cursillos de formación.
Ni se les pasa por la cabeza la idea de que tal vez sean ellas, y ellos, quienes tienen un déficit formativo, que suplen con mantras ideológicos.
“Para un progre, la crisis de la familia tradicional es un progreso, aunque sólo fuera porque la percibe como una tendencia imparable e irreversible”
Segunda Ley: El progreso es inevitable a largo plazo
Corolario 1: Aquello que es (supuestamente) inevitable a largo plazo, necesariamente será un progreso. Corolario 2: Oponerse al progreso no sólo es inmoral, es también inútil.
Para un progre, la crisis de la familia tradicional es un progreso, aunque sólo fuera porque la percibe como una tendencia imparable e irreversible. No queda otra opción que asumirla como un signo de los tiempos.
De ahí la matraca de que la Iglesia debe adaptarse a las transformaciones sociales, discurso interiorizado por una parte del propio clero.
La segunda ley establece un evidente fatalismo histórico, extrapolado aventuradamente a partir del avance tecnológico, desde el descubrimiento del fuego hasta el desciframiento del genoma humano. Es sin duda propio de una cosmovisión materialista o positivista.
Que, sin ir más lejos, el director del Proyecto Genoma Humano, Francis S. Collins, al igual que tantos grandes científicos, sea un ferviente cristiano, no es obstáculo para que los progres sigan recreándose en su tosco relato maniqueísta del conflicto entre razón y fe, en el que indefectiblemente –nos aseguran– triunfará la primera.
“Los progres despliegan un talento innegable para distinguir entre injusticias intolerables y otras ‘comprensibles’ o incluso legítimas”
Tercera Ley: El progreso no se puede medir con la misma escala de valores en todas partes
Las violaciones de derechos humanos en países de economía socialista o no occidentales no son juzgadas por los progres con la misma severidad que gastan con países democráticos.
Como mucho, admitirán la existencia de “errores” y “excesos”, pero nunca reconocerán que el problema se encuentre en las tesis progresistas de partida. Y con frecuencia culpan a los países democráticos de la pobreza, el terrorismo y hasta las catástrofes climáticas.
La tercera ley está emparentada inequívocamente con el viejo principio de que el fin justifica los medios, exacta antítesis de la ética cristiana, como ilustró inolvidablemente Arthur Koestler en ‘El cero y el infinito’.
Los progres despliegan un talento innegable para distinguir entre injusticias intolerables y otras “comprensibles” o incluso legítimas, al considerarlas como el precio inevitable que debe pagarse por el triunfo y la supervivencia de la revolución de turno.
Así amparan desde el genocidio de La Vendée hasta los presos de ETA; pasando, cómo no, por las criminales dictaduras socialistas del siglo pasado y el actual. Esta bula de la que goza el comunismo no se limita a las izquierdas.
La presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, expresó en una ocasión su “respeto” por los comunistas. En su disculpa cabe suponer que no debe haber leído a Koestler… Ni a Solzhenitsyn, ni a Revel, ni tal vez nada.
Concluyendo, el pensamiento progresista hace del progreso un dios, y como tal invencible e incuestionable. Una patética caricatura del Dios judeocristiano, al que no por casualidad ansía ver desterrado del espacio público.
ENGLISH
For some mysterious reason, or at least it seems, there are many phenomena, studied by the most diverse disciplines, which can be described by three laws: not two nor four, but precisely three.
For example, Newton’s three laws, those of Kepler, those of Mendel, or those of gases. In the field of social sciences, Robert Conquest proposed the trio of laws known by their name, and in science-fiction literature the popular three laws of robotics, formulated by Isaac Asimov, are noteworthy.
Progressive thinking can also be systematized by a small number of simple laws. It is not a matter here of enumerating the most commonly handled topics, but of abstracting some formal rules, prior to any concrete content. We will explain them below.
«Let’s not forget that the medium in which progressivism arises is Christian civilization, not Islamic, Hindu or Chinese civilization»
First Law: Progress only occurs in one direction
Corollary: Anyone who disagrees about that direction is against progress. For example, for a progre, the legalization of abortion is a further step in the path of women’s liberation.
On the other hand, whoever considers it to be the opposite, a drastic step back in defending the dignity of human life, will be a fanatical fundamentalist who is against women and of course progress.
The first law advocates a monopoly of truth, which implies an inescapable conflict with truth revealed by Christianity. Let us not forget that the medium in which progressivism arises is the Christian civilization, not the Islamic, the Hindu or the Chinese. Without taking this into account, nothing is understood.
The «progre», however much it presumes to be tolerant and skeptical, believes itself to be in possession of absolute truth. Also the Christian, but the crucial difference is that the second does not hide the unmasked character of his dogmas of faith.
He does not deceive anyone by claiming that his convictions derive exclusively from reason and science (although he does not refuse to rely on them as well), as does the «progre».
Incidentally, nothing more false than that supposed support of science to progressive theses. These, for example, contradict the overwhelming scientific evidence which, without denying the influence of the medium, emphasizes the enormous weight of genetics, as regards the role of culture in the differences between the sexes. He has exposed it extensively, to cite only one author, the evolutionary psychologist Steven Pinker, in his well-known work ‘La tabla rasa’.
When a magistrate like Antonio Salas publishes in social networks certain common-sense reflections on the problem of violence suffered by some women, ideas that conflict with the official vision of gender ideology, the reaction of certain indignant feminists is to recommend to the judge Training courses.
Nor does the idea that they may be them, and they, who have a formative deficit, replace them with ideological mantras.
«For a» progre «, the crisis of the traditional family is a progress, if only because it perceives it as an unstoppable and irreversible tendency»
Second Law: Progress is inevitable in the long run
Corollary 1: That which is (supposedly) inevitable in the long run will necessarily be a progress. Corollary 2: Opposing progress is not only immoral, it is also useless.
For a «progre», the crisis of the traditional family is a progress, if only because it perceives it as an unstoppable and irreversible tendency. There is no choice but to assume it as a sign of the times.
Hence the chatter that the Church must adapt to social transformations, speech internalized by a part of the clergy itself.
The second law establishes an evident historical fatalism, extrapolated adventurously from the technological advance, from the discovery of the fire until the decipherment of the human genome. It is certainly characteristic of a materialist or positivist worldview.
That the director of the Human Genome Project, Francis S. Collins, like so many great scientists, is a fervent Christian, is not an obstacle for progress to be recreated in his crude Manichean account of the conflict between reason and Faith, in which unfailingly – assured us – triumph the first.
«The «progres» display an undeniable talent for distinguishing between intolerable injustices and other ‘understandable’ or even legitimate ‘
Third Law: Progress can not be measured with the same scale of values everywhere
Human rights violations in socialist or non-Western economy countries are not judged by progress with the same severity that they spend with democratic countries.
At most, they will admit the existence of «errors» and «excesses», but they will never recognize that the problem lies in the progressive theses of departure. And they often blame democratic countries for poverty, terrorism and even climate catastrophes.
The third law is unequivocally related to the old principle that the end justifies the means, the exact antithesis of Christian ethics, as Arthur Koestler unfortu- nately illustrated in ‘Zero and Infinity’.
The «progres» unfolds an undeniable talent for distinguishing between intolerable and other «understandable» or even legitimate injustices, as the inevitable price to be paid for the triumph and survival of the revolution of the day.
They protect from the genocide of La Vendée to the prisoners of ETA; Passing, of course, by the criminal socialist dictatorships of the last century and the present. This bull that communism enjoys is not limited to the left.
The president of the community of Madrid, Cristina Cifuentes, once expressed her «respect» for the communists. In his apology, it may be supposed that he should not have read Koestler-Neither Solzhenitsyn, nor Revel, nor perhaps nothing.
Concluding, progressive thinking makes progress a god, and as such invincible and unquestionable. A pathetic caricature of the Judeo-Christian God, who does not accidentally yearn to be banished from public space.

Impuestos. Lo que el gobierno no te cuenta / Taxes. What the government does not tell you (VÍDEO)

Video realizado por Libertad / y Progreso, en el que podrán ver cuánto de sus ingresos se lleva el Estado mediante impuestos. Entérate cuánto de tus ingresos se lleva el Estado mediante impuestos.
Y seamos claros, esto es practicamente global, no se decir ahora mismo si existe algún país en el que esto no pase, y esto ya es malo, muy malo, dicho en plan callejero, «chuuuuuuunguiiiiisimo tiioo» pero es que encima la cosa no se queda ahí, porque resulta que hay grupos de poder, es decir, partidos políticos que, escudandose en que «papá estado» es quien nos tiene que garantizar eso que llaman (y que, en realidad, es otra falacia) el «estado del bienestar», lo quieren hacer todo público e igualitario, como es el caso de los bolivarianos en Venezuela, los comunistas en general y, en España, esa chusma llamada PODEMOS que, con la excusita mencionada y el embuste de que siendo todo público, todos estaremos mejor, imponen una fiscalidad brutal que practicamente acaba con el legítimo derecho a la propiedad privada, es decir, para entendernos mejor, a la propiedad de uno, a que tu dinero sea tuyo y nada mas que tuyo, así como cualquier otra propiedad que hayas adquirido legitimamente y que, en uso de tu libertad individual (la única verdadera libertad, la libertad, si no es individual, no es libertad, eso de las «libertades colectivas», «el pueblo libre», etc., es otra falacia, los colectivos, los pueblos, son entidades abstractas, no pueden ser libres, LIBRES SOLO PUEDEN SER LOS INDIVIDUOS DE CARNE Y HUESO) el compartir sea decisión de uno mismo y no por ley.
Y sus adoctrinados, que les votan sin pensar en profundidad, no se dan cuenta de que esto es puro totalitarismo y elimina por completo la propiedad. Ya no trabajas para vivir tu vida de la mejor manera posible e intentar mejorarla, incluso ¿porque no? tratar de hacerte rico, que tambien es un derecho legítimo si no que trabajas para el estado y, como es lógico y es muy fácil darse cuenta, para mantener a vagos y parásitos que nunca han tenido intención de trabajar. Estos parásitos les son muy útiles al estado para su propaganda pro «solidaridad e igualdad».
Como ya veo venir a muchos con la famosa falacia del «y tu tambien, y tu mas», me remito al principio de este escrito, esto es global y no se salva ningún pais ni ningún partido, de hecho, es innegable que el actual gobierno del PP, saltandose a la torera todo lo que prometió en campaña y que le llevo a una mayoria absoluta aplastante, realizó una subida impositiva brutal, aplastante, sangrante, pero solo hace falta leer con detenimiento los programas de socialistas y, por supuesto, de la chusma PODEMOS (ahora UNIDOS PODEMOS) para ver que lo que hizo el PP es una bicoca comparado con lo que nos reservan estos totalitarios si llegan al poder. Seria la desaparación casi por completo del derecho a la propiedad privada y la definitiva pérdida de la verdadera libertad, o, tal y como están las cosas, de la poca que aun nos queda.

El estado no crea ni ha creado nunca riqueza, la riqueza la ha creado siempre la iniciativa privada; lo que el estado crea, sobre todo un estado dirigido por grupos como PODEMOS, es un modo de vida de rebaño borreguil, en el cual te garantizan todos los dias que te echan tu pienso y un establo con techo (que, por supuesto, no es tuyo, es del estado) donde pasar la noche o los momentos libres (lo de «libre» es un decir, necesidad lingüística). De ser uno dueño de su propia vida y no conformarse con lo del rebaño, olvídate.
Eso si, los parásitos, en su salsa, puesto que la vida de un parásito es la que es, tener el pienso y el establo asegurados y luego, un trapicheo por aquí, otro por allá (aquí recomendaria ver una película cubana, una coproducción cubano/española/alemana, Guantanamera, que refleja situaciones muy acordes con todo esto y además te ries un montón, aunque claro, para nada me gustaria vivirlo) y a vivir que son dos dias; lo que convierte a un regimen así en un auténtico criadero de ellos. Un verdadero criadero de PARÁSITOS porque, vamos a ver, si resulta que por mucho que me esfuerce, no voy a conseguir nada para mi, para mejorar mi modo de vida, ya que haga lo que haga no va a ser para mi si no que el estado es el que decidirá (e incluso me obligará a compartirlo con otros si o si) ¿para que cojones me voy a esforzar? ¡¡¡Naaaá!!!, hago lo justito (y cuando tenga ocasión de escaquearme, la aprovecho sin pensarmelo dos veces) y ya está.
El vídeo dice la mas absoluta verdad, eso lo vemos cada dia, es así y el estado te lo vende como que «se hace para mejorar el modo de vida de todos» pero es un engaño. Vemos claramente como no solo es el IRPF (el vídeo no es español, pero el impuesto sobre la renta es el impuesto sobre la renta, el nombre que se le de en cada país es irrelevante), es que la misma mina de un miserable lapiz ya lleva consigo una cascada de impuestos y eso el estado se lo calla, no se habla de ello y la gente conscientemente no se para a pensar en ello, pero si te paras a hacerlo, te das cuenta de que nos sangran de una manera que … bueno, es que mas bien nos desangran.
Y encima aparecen partidos como el hoy llamado UNIDOS PODEMOS y todavia tienen el rostro de querer meter mucha mas presión fiscal ¡y encima lo venden como una gran mejora!
Y muchos os lo tragais.
Pues ved el vídeo una tercera y una cuarta vez, vamos.


LOS ONCE PRINCIPIOS DE LA PROPAGANDA SEGÚN GOEBBELS.
En su tiempo eran los principios del nazismo aunque hoy día siguen aplicándose
con el progresismo y el socialismo en España, al fin y al cabo el socialismo y
el nazismo son dos caras de la misma moneda.
- Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario
en un único enemigo. - Principio del método de contagio. Reunir diversos
adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de
constituirse en suma individualizada. - Principio de la transposición. Cargar sobre el
adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el
ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las
distraigan”. - Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. - Principio de la vulgarización. “Toda propaganda
debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los
individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a
convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La
capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa;
además, tienen gran facilidad para olvidar”. - Principio de orquestación. “La propaganda debe
limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente,
presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre
convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene
también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba
por convertirse en verdad”. - Principio de renovación. Hay que emitir
constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que
cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa.
Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel
creciente de acusaciones. - Principio de la verosimilitud. Construir
argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados
globos sondas o de informaciones fragmentarias. - Principio de la silenciación. Acallar sobre las
cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las
noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la
ayuda de medios de comunicación afines. - Principio de la transfusión. Por regla general la
propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una
mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales;
se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes
primitivas. - Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a
mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de
unanimidad.
FUENTE: ZAPATEROLANDIA.


