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Etiqueta: PROGRESISMO
TERMINOLOGÍA PROGRE Y SU ENTENDIMIENTO
MANUAL BÁSICO PARA TRATAR CON IZQUIERDOSOS

Por vaktar111
Algunos de vosotros habréis notado que en la sociedad occidental existen grupúsculos perfectamente definidos: Alrededor del 40% de nuestra sociedad son conservadores, un 25% se consideran progresistas(esta es la manera cursi de autodenominarse que tienen últimamente socialistas, comunistas, radicales y progres) y otro 35% se echa a llorar cada vez que le preguntan dónde se posicionan y piden un coche policial para que los lleve a casa.
Todos aquellos con el carnet de conservador, creen de corazón en un poder limitado de los gobiernos, impuestos bajos y una constitución en la que se hable de la libertad personal. Aquellos que se consideran izquierdosos piensan firmemente que, si tuvieran un martillo gordo, lo dejarían todo absolutamente plano y romo, pero como no lo tienen se conforman con soltar gilipolleces o apoyar a Hamas, que es muy entretenido, con sus cohetitos y usando niños como carnaza y escudos humanos.
Llevar una camiseta en un país occidental diciendo “apoyo a Hamas” durante una manifestación de sarnosos antisemitas comunistas de mierda………. realmente quiere decir; APOYO A HAMAS Y A TODO BICHO VIVIENTE QUE MATE ISRAELÍES Y JUDÍOS, PORQUE SOY UNA RESENTIDA, IGNORANTE Y ME DEJO MANIPULAR POR CUALQUIERA, CAREZCO DE UNA VIDA NORMAL, LLORO MUCHO Y TENGO LA AUTOESTIMA POR LOS SUELOS, Y POR ESO ESCUPO MI RABIA CONTRA ISRAEL”, pero como es un poco largo, lo resumen en el slogan anteriormente citado. Y lo que hacen en el fondo es oprimir más al pobre pueblo árabe denominado “palestino” por Arafat en 1968, porque si apoyas el lanzamiento de misiles de Hamas hacia Israel lo que haces provocar las muertes inocentes entre los paisanos de la franja…………. pero tú, sabandija estúpida, tú esto no lo ves, sólo ves los tanques israelíes ejerciendo su derecho a la autodefensa y a tomar por el culo con la opinión internacional. Pues anda que no tienen callo gordo hecho ya los judíos con la puta comunidad internacional y toda tu puta madre. (Os recomiendo, si sabéis inglés leer una trilogía denominada en español “La nación fantasma:Palestina”, cuyo autor es israelí, quien tiene el defecto de ser un historiador perfectamente ajustado a los hechos reales. Sabéis lo que es la realidad y los hechos reales, verdad Sociatas? Todos aquellos hechos de facto e incontrovertibles que nunca deben interponerse en vuestra falsa narrativa para seguir manipulado a la gente).
Mi pregunta es la siguiente, ¿podemos intentar acercar a estos dos polos sin usar cinta americana o cuerda?, ¿quizá la utilización de una pistola neumática de clavos?, ¿no sería divertido?
Yo sinceramente creo que una sana comunicación es el camino a un mejor entendimiento, el cual es el sendero hacia mejores relaciones, y estas son el puente perfecto para mejores casas y jardines comunitarios, los cuales son la última parada del sueño occidental. Puf, esto lo diría Pedro Sánchez, casi que me desdigo.
Por eso hoy me llena de orgullo y satisfacción, presentaros el primer capítulo del “diccionario de la izquierda”. Todo un glosario de términos de izquierda y sus significados, los cuales ayudarán a todos aquellos que revolotean la derecha a entender todo aquello que dicen los comunistas y que no hay un dios que entienda.
Comencemos con un término que los conservadores escuchamos mucho cuando charlamos con izquierdosos: la expresión “tú eres un racista”. Esta corta frase la usan los progres para decir en realidad: “No tengo argumentos sólidos”. Como un ejemplo que os encontrareis tratando a estos engendros, podemos señalar aquella discusión en la que se explica que, bajo los gobiernos socialistas, el porcentaje de etnias desfavorecidas viviendo bajo el umbral de la pobreza ha aumentado, y su participación en la construcción de la sociedad ha disminuido, mientras que, bajo el gobierno conservador, esas mismas etnias trabajaban en un porcentaje alto y el margen entre ricos y pobres se estrechó. Es entonces cuando un progre empleará la frase: “tú eres un racista”. La mayoría de las veces acompañado de los famosos: cerdosionistanazifascistasupercalifragilisticoespialidoso……. ante lo cual debemos regocijarnos y dar rienda suelta a la chanza y el cachondeo porque es otra prueba más de la burbuja psicótica en la que viven aislados estos-estas-estes (me descojono mucho. lo sé) seres bípedos cuya existencia se basa en el consumo de CO2 y O a partes desiguales dependiendo de lo gilipollas que sea cada uno de ellos, todos izquierdosos, por supuesto. ¡Mira! Es lo único normal que compartimos los seres humanos con sentido común y los engendros de izquierdas.
El otro día día, paseando por las redes me encontré con un vídeo de hace unos años en el que el señor Anguita, uno de los pocos comunistas con los que tendría el placer de debatir incluso ahora que está muerto, hablaba de como acontecieron los acontencimientos acontecedores que propiciciaron que España saliera cagando leches del sahara occidental. En muchas de sus opiniones y manifestaciones coincido con él, pero es allí cuando usa la famosa táctica izquierdosa de usar a sus tontos útiles mediante las famosas técnicas de seducción de un buen manipulador como era este caballero, tratándose la misma en dar a sus tontos útiles cuatro reglas sencillas que puedan digerir apoyando su argumentario en un “mensaje cifrado” de Kisinger, nada menos, hilarante. No hay nada como meter una trama de espías malos de la CIA en una historieta para que los idiotas a usar se traguen anzuelo, hilo, caña y barca. No, Señor Anguita, no, lo que el señor Kisinger decía no era eso de “LIZI está para llegar en unos dos meses (No recuerdo exactamente la rocambolesca letra, pero es por el estilo), el mensaje era: Fire in the hole y maricón el ultimo”, ese era realmente, y ojo! lo he sacado de las mismas fuentes fidedignas de espionaje que el señor Anguita.
Los pjiprogres que no han tenido que derramar una sola lágrima ni una gota de sangre defendiendo la libertad que dan por supuesta (JA!), con lo cual no tienen ni puta idea del real valor y significado del dolor que cuesta ganarse la libertad de expresión, identidad, movimiento y pensamiento (Yo sí puedo atestiguarlo porque yo sí he luchado y puesto mi vida en riesgo por tales conceptos, y al que le escueza que se joda) son ingeniosos y tienen un montón de formas de decir: “No tengo argumentos lógicos”, por la misma razón que los esquimales tienen muchos términos distintos para nombrar a la nieve, es decir, ninguna sólida.
Otro modo genial que usará un andrajoso de estos para indicar que su punto de vista es ridículo es usando: “Me estás ofendiendo”. Si por ejemplo se te ocurre decir que el nivel de empleo femenino cayó durante los gobiernos socialistas, y que sus ingresos fueron menores con respecto a los hombres, haciendo hincapié sobre el hecho de fueron tiempos “oscuros” para las mujeres, un podemita te dirá: “Has usado la palabra “oscuro”, Eres un racista y me estás ofendiendo”.
Otro modo de decir que no tienen pensamientos lineales sensatos es usando la expresión: “son datos científicos o verdades como puños”. Esto de verdades como puños les parece genial para zanjar cualquier debate, es acojonante lo gilipollas que se puede llegar a ser. Si se te ocurre puntualizar que hay exactamente cero evidencias de que la acción humana tiene influencia sobre el cambio climático, un izquierdoso se responderá muy serio: Hay datos científicos”. Y cuando le preguntes por esos estudios concretos, probablemente escucharás: “me estás ofendiendo y eres un racista”. (Leer a Patrick Moore, fundador de Greenpeace y doctor en Ecología, veréis).
Esta es la costumbre fascistaizquierdosa de usar terminología klingon, despreciando todo aquello que suene a “significado lógico”. Por eso es bueno este repaso de palabras progres, para poder entender dentro de lo posible el significado del mundo progresista.
Bueno, no te quiero ya contar si les dices que el término y concepto de fascismo fue acuñado en los años veinte por un filósofo e ideólogo socialista llamado Giovanni Gentile, y de ahí han bebido todos los regímenes socialistas, como el nacional-SOCIALISTA y el de Mussolini, así como los regímenes comunistas. Esto les produce ya una apoplejía de las gordas y es cuando tu vida corre peligro si sigues riéndote mucho
Como por ejemplo: “En un país como este, todo el mundo debería respetar a la religión de paz”, o “la avaricia de las grandes compañías está creando el calentamiento global” o “quiero convertir el mundo en un lugar mejor”. Todas estas expresiones parecen inofensivas y sus palabras unidas por un extraño sentido aleatorio, pero no. Lo que realmente quieren decir es: “Soy mejor persona que tu” o “Quiero más poder”, por eso antes de intrincarnos más en expresiones complejas, bajemos a la base y veamos algunos términos fundamentales.
Comencemos con la palabra “progresista”. Normalmente se suele usar para citar enfermedades terminales como el cáncer o el enfisema o el socialismo…. Todo aquello que progresa lentamente hacia la destrucción de todo aquello que toca. En politología el término “progresista” ha reemplazado al término “liberal” cuando la gente se dio cuenta que el liberalismo de izquierdas no funcionaba, y “liberal”, a secas,sustituyó a “De izquierdas”, cuando la política de izquierdas dejo constancia de su inutilidad, y “de izquierdas” sustituyó a “socialista” cuando se vio que lo socialista no valía para nada. Y “socialista” vuelve a ocupar el sitio de “progresista”…. y tralalalalalalalalalalalalala.
Usada como un sustantivo, “progresista” (como ya hemos visto sustitutivo final de izquierdoso con sarna) se usa para llamar la atención sobre el supuesto hecho de que la humanidad progresa y se hace cada vez más civilizada con el paso del tiempo. Se pueden encontrar miles de ejemplos en la historia, por ejemplo, el imperio romano era un imperio militarista, por lo cual, independientemente de otros avances reales, la humanidad consiguió “progresar” y meterse en siglos de oscuridad y salvajismo; o la época victoriana, la represión sexual o el chovinismo racial y afortunadamente se “progresó” hacia los asesinatos en masa, guerras terribles y holocaustos del comunismo…. y al final hemos “progresado” hasta los teléfonos inteligentes y las pantallas de las que los idiotas no se despegan, así que evidente que es toda una cuestión de paciencia.
La idea del progreso se construye alrededor de otro término de izquierdas: “el siglo XXI” (Véase Pedro Sánchez 2050). En el mundo progre “el siglo XXI” significa un lugar mágico de paz e ilustración, de modo y manera que se usa en frases como: “Putin no puede hacer la guerra al isis en Siria, estamos en el siglo XXI” o “ninguna religión desea decapitar infieles o esclavizar a mujeres, estamos en el siglo XXI”…. Y así seguimos esperando a que llegue el jodido siglo XXI, lleno de paz y color. Mientras tanto, se puede seguir usando la frasecita en vez de tomar medidas serias. Y si resulta que el progreso no progresa y el siglo XXI no se convierte en el siglo XXI, un podemita siempre te puede responder con la actitud denominada “Inteligente”. Por ejemplo, la anterior secretaria de Estado norteamericana usó un poder “inteligente” para convertir Libia de una dictadura estable en un agujero negro sangriento con embajadores muertos, o el presidente Obama hizo uso de su inteligencia diplomática para convertir la frágil democracia iraquí en otro agujero negro sangriento. En el diccionario liberal, la palabra “inteligente “es sinónimo de “inefectivo” o “irreal” o “estúpido” o “progresista”.
Con este avance semántico, tenéis todas las armas para enfrentaros al demonio leftie sin miedo ninguno al fracaso.
Paz a todos aquellos izquierdosos que siguen respirando, aunque en el fondo no tengan ni puta idea que hacer con ella, porque están llenos de odio, resentimiento y la ignorancia es su burbuja.


Menos libres que ayer y más que mañana

Tan peligroso para la libertad es que el Estado sea negligente en sus funciones esenciales (preservar la paz y la seguridad) como que se exceda en ellas y se desborde en ámbitos que no tienen nada que ver. No creamos que lo primero conduce al mero desorden y la anarquía, a diferencia de lo segundo. Ambas tendencias se retroalimentan y nos conducen hacia al totalitarismo. Si el Estado no es capaz de proteger las fronteras de un país contra un Estado agresivo, es obvio que ello nos expone a ser dominados por un ocupante que por definición no se considera obligado por nuestras leyes e instituciones. Esto es un caso que no se producía en Europa desde hace ochenta años, hasta la invasión rusa de Ucrania. Pero en la Europa occidental lo que está sucediendo no es menos grave a la larga: los Estados no nos están protegiendo contra la invasión migratoria, más o menos “pacífica”, y encima son cada vez menos eficaces en la lucha contra la pequeña delincuencia, que es la que afecta a la mayor parte de los ciudadanos, en especial a los de rentas medias y bajas.
Ahora bien, las burocracias y las fuerzas policiales del Estado moderno no se han desmantelado, ni están inactivas o funcionando a medio rendimiento. El formidable aparato del Estado, ya que no se emplea para garantizar la seguridad y la propiedad, tiende a utilizarse para controlar y fiscalizar a los ciudadanos respetuosos con las leyes, los que se dedican a trabajar honradamente para ganarse la vida y mantener a sus familias. Para que ello resulte aceptable, se desvía el foco de atención desde la delincuencia de todo tipo (tanto común como política) a otro tipo de males, aunque realmente afecten mucho menos a la seguridad y la prosperidad del ciudadano común.
Aquí entran en juego los discursos sobre el machismo, el racismo, el cambio climático y todo aquello que sirve para convencer a la gente de que debe aceptar nuevos sacrificios (impuestos, normas, restricciones de libertades) para combatir esas amenazas, y preocuparse ante todo por ellas, no por el creciente peso del Estado sobre sus vidas, ni por una delincuencia que funcionalmente adopta cada vez más un carácter parapolicial, con violaciones de las leyes y de la propiedad pública y privada que parecen más amparadas por la administración que la actividad económica legal, martirizada por los impuestos y normativas.
No hay, pues, ninguna paradoja en que el Estado por un lado desatienda sus funciones esenciales (preservar la paz y la seguridad) y por otro se inmiscuya en muchos otros aspectos de la vida: la economía, las familias, la educación, las creencias y costumbres. Lo primero conduce a lo segundo, porque el Estado no tiene ningún interés en disminuir su poder, y además se reviste de ideologías “progresistas” que justifican esa redefinición de su sentido. Ahora ya no se trata meramente de proteger la vida y la propiedad, sino de hacernos felices, de construir un mundo mejor. Ello abre la puerta a todo tipo de abusos y engaños que acaban amenazando valores primordiales, mucho más tangibles que la subjetiva felicidad, como son la vida, la propiedad y la privacidad. El Estado no está tan interesado en que las calles sean seguras y los ciudadanos prosperen con su trabajo e iniciativa, como en entrar en los hogares y las empresas privadas para garantizar que haya igualdad de sexos, se reciclen adecuadamente los desechos, no se malgaste la energía ni se emita CO₂ en exceso.
Cada vez más cosas dependen del Estado, es decir, de la minoría que lo controla. Cada vez más gente es dependiente de ayudas y subvenciones, lo que implica aumentar la presión fiscal sobre los que producen. Cada vez es más difícil emprender, circular o simplemente expresarse sin violar alguna norma o tener que pagar algún peaje económico o simbólico. Cada vez los medios de comunicación son más instrumentos de propaganda de la ideología progresista que sirve a los intereses de este incipiente Estado totalitario. Hoy somos menos libres que hace medio siglo, y vamos camino de serlo más que dentro de diez o veinte años. Porque el proceso, que es de carácter global y está auspiciado por las grandes organizaciones y corporaciones multinacionales, se está acelerando claramente. O conseguimos detener e invertir esta tendencia (para empezar, señalándola y denunciándola) o nuestra civilización se convertirá en algo irreconocible y mucho peor de lo que ha sido hasta ahora.
Adoctrinamiento progresista: el marxismo cultural se adueñó de las universidades
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.

Antes de explicar lo que ocurre en la Universidad de Buenos Aires, donde el adoctrinamiento progresista cada vez es más presente y el marxismo cultural abarca cada vez más terreno, resulta imperativo hacer un breve paréntesis de lo que ha ocurrido este año calendario.
Los medios de comunicación, academias, universidades, políticos e influencers nos han metido hasta en la sopa un supuesto fracaso del modelo económico que rige en el mundo; culpabilizándolo de toda estructura y daño social que viene de siglos atrás y se han generado, en muchas ocasiones, por ideas diametralmente opuestas a la economía de mercado o libertades individuales. En ese sentido, es menester explicar como una narrativa engañosa ha calado tan fuerte en el mensaje cultural. Todo esto para llegar al punto clave: el adoctrinamiento progresista en la UBA y las universidades del mundo, en especial Estados Unidos.
2020, el año del quiebre
Este 2020 ha sido un año atípico, complejo, enredado; bastante difícil de explicar. Diversas cuestiones – sanitarias y económicas, política y estratégicas, ideológicas y culturales – se han puesto en tela de juicio; resurgiendo los eternos conflictos que aún no podemos terminar.
Uno de ellos yace en los valores de la libertad, los que defienden estas ideas – para muchos imprescindibles para otros claramente no – alzan sus voces ante aquellas medidas coercitivas estatales que, de una u otra manera, atentan contra sus principios básicos.
El derecho a la libertad de expresión es uno de ellos, algo que los autoritarismos desechan. Países como Venezuela, Cuba, China, Nicaragua hacen gala de ello. Pero lo más preocupante es como aquellos que fueron grandes diarios, como The New York Times, se han puesto del lado autoritario; defendiendo modelos como el chino y poniendo en duda la importancia de la primera enmienda con algunos artículos de opinión.
Pero hay otros puntos igual de preocupantes y trágicos: libertad económica o de libre tránsito, algo afectado en este 2020 indirectamente por la pandemia generada por la COVID-19.
A raíz del debate de las cuarentenas – o confinamientos – se reavivó la llama de varias cuestiones. ¿Qué nos conviene más?: ¿Estados más grandes o chicos? ¿Libertad individual o protección estatal? ¿Libertad económica o con muchas regulaciones impositivas para la redistribución? Aunque se han comprobado con dichos y hechos que, a menor tamaño del Estado, menos regulaciones y más libertades es mayor y mejor la calidad de vida; parece ser que el coronavirus creó un punto de inflexión para crear dudas donde no las debería haber.
Por ejemplo, se «reivindicó» el rol del Estado en un contexto pandémico único y atípico, como si este año fuera la norma a lo que viene y no la excepción. Además, sin tener un éxito sobresaliente. España, Argentina y tantos otros países son claros ejemplos del fracaso de los confinamientos radicales. ¿La sorpresa? Muchos medios lo ocultan. Pero a Suecia sí se le liquidó, aunque los datos demuestren que su sistema funcionó. Curiosamente llamativo.
En ese sentido, que no se olvide: siempre, a mayores libertades, hay más progreso. Tanto en lo social, económico y hasta cultural. Los avances son irreprochables. No hay que desechar los avances por la pandemia, sería ilógico.
Esto que parece hecho, lastimosamente, ha sido destrozado muchas veces por el relato. Por eso es que en Latinoamérica aún hay gente que piensa que Venezuela es un fracaso por un bloqueo económico estadounidense y que Argentina está en una situación paupérrima por el «neoliberalismo».
¿Cómo es que sucede esto? La respuesta es simple, adoctrinamiento mediático, manipulación de las narrativas, ignorancia académica y un lavado entero de la realidad donde las universidades juegan un papel preponderante.
Esa fórmula es un coctel de la muerte que sirve de semillero para ideas que han fracasado durante décadas en nuestra región, pero que de igual forma siguen tomando fuerza. Hacemos referencia a las ideas socialistas, por supuesto, hoy disfrazadas como progresistas para hacerlas más tolerables.
El caso en EEUU es sencillo de explicar, solo hay que mencionar este dato reseñado en La Gran Época: «Según un reciente informe del Young America’s Foundation (YAF), solo una de las 100 mejores universidades de EE.UU. invitó a un orador republicano para dirigirse a la clase de 2020 en sus ceremonias de graduación, lo cual refleja una abrumadora falta de voces conservadoras en el campus».
No es casualidad que el presidente Donald Trump haya pedido revisar la exención de impuestos para suprimir los beneficios impositivos a las casas de estudio que promuevan el «adoctrinamiento de izquierda radical». Pero el problema ya es de fondo, el progresismo y el marxismo cultural ha abarrotado las universidades más importantes del país.
Adoctrinamiento: caso de la UBA
Quizá, es más difícil explicar el aparato mediático, cómo los medios se han puesto del bando autoritario, pues es un tema amplísimo digno de tesis. Pero es más simple explicar el adoctrinamiento académico, tal y como ocurre en la Universidad de Buenos Aires (UBA), una casa de estudio reconocidísima en toda la región.
En la UBA existen hechos irrefutables que demuestran como a los jóvenes se les meten ideas de forma forzosas atentando contra los propios valores universitarios y las leyes argentinas.
El 13 de noviembre del 2019, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires dispuso una resolución donde se obligaba la capacitación obligatoria en temas de violencia contra la mujer y género a los docentes, estudiantes, autoridades; etc., «de conformidad con el artículo 1 de la Ley N˚ 27 499». Es decir, la Ley Micaela.
Este curso, que el lector puede verificar en la página web de la UBA y el canal de YouTube de la propia universidad argentina, tiene contenidos como: 1. «Patriarcado, sexismo y género», 2. «Historia de los feminismos con foco en la Argentina», 3. «Colectivos LGTTBIQ»; y una gran serie de vídeos con alto contenido dogmático progresista.
Por ejemplo, en el vídeo «Patriarcado, sexismo y género» la doctora en Ciencias Sociales, Diana Maffia, habla desde su mero punto de vista subjetivo sobre lo que es la violencia en base a la «jerarquización de los géneros», menciona que existe una trampa para la mujer en lo que ella considera el «principal cambio de la sociedad occidental» – pasar de un orden natural a un contrato social – y que esa trampa radica en el orden privado.
Según ella, la vida privada de las familias se sigue manteniendo en un «orden natural» que termina en un contexto opresivo para la mujer. Ella espeta, con alta seguridad en su vídeo, que el reconocimiento de derechos en el contrato social de la sociedad moderna llega solo al ámbito público – controlado por el Estado – pero no al privado, que se maneja en un orden natural familiar que ha dejado a la mujer como una esclava doméstica; además, culpa al capitalismo sobre ese origen opresivo.
La doctora en Ciencias, que demuestra constantemente su amorío por lo público, lo colectivo, por el Estado; y su desprecio constante hacia la familia, la propiedad y lo natural; destaca que, en el orden privado de la familia formado en un contexto natural, «los niños y la mujer son propiedades del hombre». Ese es su argumento en un vídeo de poco más de once minutos.
Este pensamiento, cargado de resentimiento pero, además, de muchas falacias y dogmas progresistas, ignorando conceptos básicos biológicos como que «hombres» se refiere a la raza humana y no solo a los varones – como indica ella –; que desconoce principios básicos de libertad, que no concibe la capacidad de las personas para prosperar y salir adelante individualmente, que descaradamente ofende a la realidad que destroza completamente su relato, es lo que se está impartiendo en la UBA de forma obligatoria para toda la comunidad académica.
Pero más allá del contenido, el cual es absolutamente reprochable para toda persona liberal (en referencia a los liberales América Latina, no EEUU), libertaria o conservadora; pero muy coherente para las gentes que están de acuerdo con las ideas progresistas y de izquierdas, aquí lo realmente preocupante es la obligatoriedad de realizar el curso, así tu carrera no tenga nada que ver con las ciencias sociales.
Qué es la Ley Micaela – la ley en la que se basa el curso – y su carga doctrinaria
Origen: «Micaela García, en quien se inspira esta ley, fue violada y asesinada por Sebastián Wagner en 2017, que estaba preso y fue liberado por la justicia garantista días antes del hecho», se lee en el portal La Derecha Diario.
Para poner en contexto, esta ley consta de 11 artículos, y el primero de ellos indica: «Artículo 1° – Establecerse la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación».
Es decir, la Ley Micaela, aprobada por amplia mayoría entre el kirchnerismo y el macrismo, jamás incluye a las universidades dentro de la capacitación. Mucho menos a los estudiantes. Por lo que este curso de género, basada en dicha ley, parte de una lectura sesgada y malinterpretada del primer artículo.
Segundo, y no menos importante, es la carga ideológica que lleva el contenido del curso. Esta Ley Micaela, desde un principio, fue un instrumento populista de partidos y movimientos de izquierda en Argentina; en una forma de congraciarse con los colectivos feministas y progresistas del país. Algo que ha ocurrido siempre y que no debe sorprender. El problema yace en que esto, ahora, se ha trasladado a una casa de estudio autónoma; como es la UBA.
Los temas abordados, con filosofías subjetivas, sin facts, con visiones sesgadas; y la forma en la que se imparte el curso, solo se ve en países autoritarios como Venezuela o China. Catalogar a esta especie de cátedra como «obligatoria» a toda la comunidad universitaria es solo uno de los agravantes. Este curso de temática de género se realiza de forma online, a través de vídeos en YouTube, por lo que los estudiantes no pueden debatir ni esbozar sus argumentos face to face con profesores u otros alumnos. ¿La casilla de comentarios? Desactivada, por lo que ningún estudiante puede emitir una opinión negativa; lo único que pueden hacer es darle al botón de dislike para demostrar su disconformidad.
Múltiples estudiantes se oponen a la obligatoriedad de este curso de género, en especial porque la Ley de Micaela, en teoría, debería basarse en la violencia contra la mujer, pero, en su defecto, se abordan temas ideológicos progresistas.
Bien se puede hacer referencia a los artículos 12 y 13 de la convención interamericana de DDHH que habla de la libertad de conciencia y de la libertad de pensamiento y de expresión. En Argentina, este tratado tiene un rango constitucional. ¿Hay libertad de expresión cuando una autoridad coercitivamente cancela la opinión de sus alumnos en una tribuna estudiantil?
Y no solo ello, si se evalúa con rigurosidad el contenido, bien podría hablarse de un claro adoctrinamiento de ideas progresistas. La carga ideológica de los profesores y lo que profesan, la nula existencia de crítica en la plataforma donde se desempeñan las clases, el carácter de obligatorio; la situación es muy similar a la reciente orden del Ministerio de Educación de China, que recientemente ordenó que «37 de las mejores universidades del país ofrezcan cursos sobre el estudio de las teorías políticas del líder del Partido Comunista Chino (PCch), Xi Jin ping», y estos son obligatorios para todos los estudiantes, según reseñó el medio La Gran Época.
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.
El testimonio estudiantil contra el adoctrinamiento
Este artículo surgió de la denuncia por parte de estudiantes de la UBA que no están de acuerdo con la obligatoriedad del curso con temática de género. Laura González, venezolana radicada en Argentina, cursante de la carrera Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, junto a Franco Matas, alumno de la Universidad Nacional de Rosario, organizaron una campaña en CitizenGo para recolectar firmas pidiendo la cancelación de la realización forzosa del curso.
- Enlace de la campaña: http://www.citizengo.org/es-ar/182541-adoctrinamientoenlauba
«Necesitamos una universidad comprometida con el pensamiento crítico y la libertad de expresión; por eso pedimos que no promuevan arbitrariamente teorías dogmáticas en la UBA como la ideología de género que nada tiene que ver con nuestras respectivas carreras», reseña la petición.
González se contactó con El American para pedir apoyo y visibilizar la situación, ella mencionó que este curso «es obligatorio para todos los estudiantes de todas las facultades» incluso para aquellas carreras que no tienen relación con temas humanitarios: «Yo estudio diseño gráfico, nada que ver con el curso. Es una cosa absurda que algo que no tenga nada ver con mi carrera me lo pongan como obligatorio», espetó.
La estudiante venezolana indicó que no son muchos los estudiantes que han alzado sus voces, pero sí hay mucho descontento y que no se pueden quedar callados ante los atropellos: «No puede ser que nos quedemos callados con todo lo que está pasando, si aceptamos esto nos van a meter otro curso aún peor. La semana en la ciudad de Rosario se ordenó que para sacar el carnet de conducir hay que hacer un curso con temática de género. Es una locura».
Laura no fue la única estudiante que se animó a declarar y manifestar su descontento, Daniela Pereira, estudiante de medicina de la UBA, aceptó declarar para este artículo junto a otros dos estudiantes de la carrera: «No quiere hacer este curso de género porque no tiene nada que ver con medicina, estoy en la carrera para estudiar las materias de la misma, no para estudiar temas obligados que no tienen relación. Si quieren hacer este curso para el que quiera hacerlo, está bien, pero no de manera obligatoria, yo no estoy obligada a estudiar una cosa con la que no estoy de acuerdo».
Bruna Santos no se quedó atrás, y también manifestó estar en contra de la obligatoriedad del curso con temática de género: «Claramente este curso tiene en su estructura una ideología y lo que busca es hacernos pensar de acuerdo con estas ideas y apoyar sus políticas. Y al hacerlo obligatorio, esto también lo hace muy autoritario, vivimos en democracia y el curso tiene el total derecho a existir, así como tenemos también el derecho de si nos interesa o no hacerlo, lo que se pide es bastante básico: libertad de elección».
Fernando Silva, otro estudiante de medicina brasilero, expresó que para él no hay que tener la obligatoriedad de tener el curso: «la universidad es abierta, libre, laica; así que no hay razón para que la gente que no esté involucrada en la cuestión de los géneros haga los cursos. No debe ser obligado como se está haciendo», sentenció.
La campaña que iniciaron Laura y Franco en CitizenGO ya pasaron las 500 firmas, con el objetivo de llegar a 1000. Un número que, si bien no parece significativo, se ha logrado con mucho esfuerzo y con escasa difusión. Lo que puede considerarse un gran logro. Aunque los estudiantes pretenden que esto sea mucho más grande y ya están intentando articularse en movimientos estudiantiles para defender los principios de la libertad. Lo cual es muy loable y valiente.
En las redes sociales también se encuentran las quejas de cientos de estudiantes que están en contra del adoctrinamiento progresista en la UBA. Cursos como el de temática de género, justificado de forma equivoca con la Ley Micaela, lo único que hace es impulsar ideas y teorías políticas fracasadas que se han implementado en toda la región durante décadas. Muchos chicos, inconscientemente, terminan adhiriéndose a estos colectivos por el simple hecho que lo vieron en la universidad; sin ver una contracara de la historia y sin tener la oportunidad de presenciar un debate con ideas que contrarresten a las expuestas.
Este tipo de acciones por parte de la rectoría de la UBA, al final de cuentas, no solo tiene lagunas legales preocupantes, sino que atentan contra los principios y valores universitarios universales. La imposición «académica» autoritaria en la UBA empieza a parecerse al de las peores tiranías del mundo, los estudiantes deberían alzar sus voces, antes que sea demasiado tarde. La apatía de los defensores de la libertad deja el terreno libre para aquellos que atentan contra sus principios más básicos. El caso es preocupantemente parecido en EEUU.
Cuando buena parte del legislativo se “trans”… torna.
«La Ley Trans, se aprobará… ahora o un poco más tarde… Y no será la última aberración a la que nos sometan»

Por: Antonio de la Torre
Sin ánimo de entrar en profundidades gramaticales, recojo en el título un prefijo, convertido en “trans”… cendental en los últimos días.
Un prefijo, “trans”, que el Diccionario de la R. A. E. define como “Al otro lado de” o “a través de”, y, en su entrada, deja ejemplos como Transalpino o trasalpino, transpirenaico o traspirenaico, translucido o traslúcido, transcendental o trascendental… trasladar, traspaso, trastienda y se podrían añadir algunos más como trasmitir o trasmitir, transcribir o trascribir… y, entre otros, uno que en política se da con más frecuencia de la que, a mí, particularmente, me gustaría, “tránsfuga o trásfuga”, que contribuye a la prostitución creciente que se ha producido en nuestra democracia. Precisamente el término “trastorno”, es de los que no tienen esa duplicidad.
Si no recuerdo mal, hubo un tiempo, hasta no sé cuando, exactamente –desde luego, en mi etapa escolar creo recordar que era así–, en el que, “trans”, era un prefijo potente e indiscutible, en las palabras que lo portaban. Pero perdió la “n”, no sé muy bien si por “economía” fonética o por cubrir la vagancia lingüística –y/u ortográfica– que se ha venido expandiendo –cual nefasta “plandemia”– en las dos o tres últimas generaciones, dos, si atendemos el criterio del Profesor Amando de Miguel que nos dice que una generación se corresponde con 30 años, la diferencia normal entre padres e hijos, aunque, según ese parámetro, hoy, posiblemente, nos iríamos a 40 o más en nuestra querida España, de no ser por la inmigración, islámica, fundamentalmente.
Volviendo al “trastorno”, que el citado D. R. A. E. define también, en su segunda acepción, como “Alteración leve de la salud”, parece que, en esa “buena parte del legislativo” que cito en el título, evolucionó al “trastorno mental” –puede que transitorio– que, de nuevo en su segunda acepción, desde el punto de vista psicológico lo recoge como “Perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento”. No otra cosa puede interpretarse, cuando se ven esas aberraciones que pretende convertir en normalidad la mal llamada Ley Trans, para un colectivo que no está preparado para tomar ese tipo de decisiones, a una edad tan temprana, niños o adolescentes. Y lo que es peor, con efectos irreversibles si se consuma. Innumerables estudios científicos coinciden en que más del 70% de los niños que piden cambiar de sexo, cuando pasan la adolescencia, no siguen pensando lo mismo. En cualquier caso, no deja de ser un “trampantojo” de unos cuantos “ideólogos” marxistas, que quieren justificar sus delirios con el pretexto de “satisfacer” a un colectivo, absolutamente minoritario, que lo sería aún más si, esos mismos “dementes” –transitorios o no–, hubieran recibido una educación basada más en los valores y principios que, en otra época menos “desarrollada”, eran los más comunes en la sociedad, que en una ideología artificial y antinatural.
Y es que la izquierda, con el permiso, si no connivencia, de la derecha, lo ha sabido hacer muy bien. Como decía Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, PCI, “para dominar a un pueblo basta hacerse con la cultura y la educación”. Y eso, precisamente es lo que se ha venido haciendo –y dejando hacer– en España (no sólo aquí), en los últimos 40 años, aunque la tarea venía ya de antes. Entraron en la Universidad en los finales de los 60, primero discretamente y hoy dominan la pública, por lo menos, y, por ende, buena parte de la población que sale de ella y, ya, “educa”, en el ámbito de muchas familias y colegios. Y lo hicieron empezando por poner en práctica otro de los mensajes del citado Gramsci: «La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad«. Y también en eso están imponiendo su ley. Por ejemplo con el avance del lenguaje inclusivo, cada día más extendido. Uno de sus mayores triunfos ha sido sin duda el hacer “sinónimos” los términos “sexo” y “género”, hasta el punto de que el segundo ha sustituido prácticamente al primero en el vocabulario de la calle y de los medios de comunicación, otra conquista del poder dominante, de influencia claramente comunista.
Asistía hace pocas semanas a una conferencia de la Profesora y diputada, Alicia Rubio, con el título “La Ideología de Género frente a la Antropología Natural”. En ella decía que “La disforia de género es una condición que la medicina conoce y trata desde hace unos cien años”. Hablaba también de que “la incidencia histórica, de alrededor de un caso por cada dos mil niños nacidos” (0’05%), “afectaba muy mayoritariamente a varones y era muy rara en niñas”, y subía exponencialmente, en Occidente, “desde los años noventa, debido a determinadas políticas públicas”. Lo hacía en niños de ambos sexos que “buscan una transición médico quirúrgica de sus rasgos sexuales hormonales y físicos”. Y ponía énfasis en que se da el caso de que “en determinados países y comunidades autónomas, se prohíben y sancionan los tratamientos psicológicos de reversión, mientras se fomentan las ayudas psicológicas, médicas y quirúrgicas para impulsar la transición”. Lo dicho, una aberración.
Pero claro, cuando al frente del ejecutivo está un personaje afectado de un síndrome de narcisismo agudo y ambición sin límite, exento de escrúpulos y sin un solo principio moral, que incluye en su equipo a miembros de esas minorías ideologizadas, no se puede esperar otra cosa. Sobre todo si, unido a lo anterior, el único objetivo personal del individuo es mantenerse en el poder “como sea”, que decía su antecesor, hoy bolivariano, José Luis Rodríguez. O lo que puede ser peor, que lo que está haciendo no sea sólo una imposición de sus socios, sino que forme parte de su ideología personal, que tampoco habría que descartarlo, visto el talante del personaje. Conviene recordar cuando, el que no lo iba a dejar “dormir tranquilo, como al 95% de los españoles”, decía aquello de que era “el más femenino de los hombres”. Y no olvidemos tampoco que, hoy, en esta perversión del sistema democrático que vivimos, cada día más avanzada, el poder ejecutivo, controla y manipula, a cambio de lo que sea, al poder legislativo, ahondando un poco más al Montesquieu enterrado por su antecesor Felipe González, entonces jefe de Alfonso Guerra, al que se le atribuye el “entierro”.
Leía recientemente, al respecto de esta polémica ley, un interesante artículo de un buen amigo, Luis Antequera, publicado en Religión en Libertad: “Entre el berrido de los cabrones y el silencio de los corderos”, que invito a leer. Decía, entre otras, cosas que “La llamada ‘Ley Trans’ no es una ley aislada y solitaria, presentada al albur de las ocurrencias de una cajera de supermercado metida a ministra… es sólo una más del entramado aberrante que nació con la ley del aborto, allá por 1985, y continuó con las leyes de cuotas, discriminaciones varias (todas ellas “positivas” faltaría más), violencia machista, ideología de género, animalistas, eugenésicas, adoctrinamiento en las escuelas, antifamilia, ‘sólo sí es sí’, cambio climático, sostenibilidad, eutanasia… Todas tienen en común un ataque frontal y perfectamente orquestado contra la reproducción, la familia y en última instancia, el género humano, que ha pasado de ser el ‘Rey de la Creación’, a una plaga más, y no menor, para el planeta”. Ese es el objetivo, desnaturalizar al hombre como individuo, su esencia personal y, de inmediato la naturaleza de la familia, célula principal de la sociedad. Haciendo dudar al ser humano sobre su naturaleza sexual y rompiendo la familia en una amalgama de uniones dispares, el éxito está asegurado. Y a por ello van.
Desgraciadamente, y pese a que la colonización ideológica no tiene en cuenta la realidad ni la verdadera diversidad de las personas, y a que el Papa Francisco habla de la “asquerosidad que se hace hoy en día con el adoctrinamiento de la teoría de género”, como recoge también el artículo antes citado, “La Ley Trans, se aprobará… ahora o un poco más tarde… Y no será la última aberración a la que nos sometan”.
Pero permítanme terminar con una nota de humor, que ha dejado uno de esos “genios” anónimos, que se manifiestan en las redes sociales: “Que inventen veinte géneros más. Al final, sólo se podrá elegir entre el urólogo y el ginecólogo”. Pues eso, que hay que alimentar la esperanza y pensar que, aunque no será tarea fácil, se recuperará el sentido común.
¿Estamos de acuerdo, Don Alberto Núñez Feijóo? Además de la economía, que se va a encontrar hacha unos zorros, vamos a la tarea de recuperar la cultura y la educación y a dar la batalla ideológica que sus antecesores descuidaron. España, y las generaciones futuras, a las que no quiere endeudar, como acaba de prometer ante sus Nuevas Generaciones, se lo agradecerán.
Un hombre espera en el desierto.

“Cada mañana salto de la cama, pisando arenas movedizas. Cuesta vivir cuando lo que se ama, se llena de cenizas.”.(“Me muero de”. Joaquín Sabina).
Por: JULIO MORENO LOPEZ
Vivimos, nuevamente, tiempos oscuros. Esta mañana, sin ir más lejos, nos hemos desayunado con la noticia, no por esperada menos alarmante, de que Rusia ha bombardeado Kiev. Por supuesto, era de esperar, pero no añade sino más incertidumbre a esta situación a la que nos ha llevado la megalomanía de Vladimir Putin. Esta guerra fratricida que cada vez tiene más tintes de ir a involucrarnos a todos. Y digo involucrarnos porque afectarnos, ya nos afecta, aunque sin el análisis pertinente no nos demos cuenta.
Es asombroso que en pleno siglo XXI, siglo marcado por el avance tecnológico, médico, el siglo de los supuestos logros sociales, de las supuestas, aunque muy discutibles, libertades, estemos prácticamente a las puertas de una nueva guerra mundial. En una Europa cada vez más concienciada, más condicionada incluso por los logros sociales, nuevamente estamos permitiendo que la espada venza a la pluma y que la maquinaria de la guerra, terrible monstruo económico, no nos olvidemos, pase por encima de la ideología, del arte y del humanismo. Nuevamente, el ejército, vence a la intelectualidad.
Habría que estudiar el tema en profundidad, pero en un análisis sucinto podemos darnos cuenta de cosas que, no por evidentes, a veces se nos escapan. La primera y para mi más importante es la polarización y la politización de los símbolos y actitudes que deberían ser comunes. Baste mirar lo que ocurre en nuestro país. El “no a la guerra” ha sido amortizado por la izquierda, convirtiéndolo en una máxima política, como si el resto de ideologías fuéramos, por el contrario, partidarios de la guerra. Incomprensible que una facción política quiera adueñarse de ese slogan, cuando contra la guerra, sin duda, estamos todos.

«La violencia gana la batalla a la cultura porque los violentos están bien organizados, porque saben claramente cual es su objetivo»
Y claro, la progresía hace frente común, pero con gestos del todo inútiles, como hacer reivindicaciones en los discursos de los Goya o, últimamente, cortarse un mechón de pelo para apoyar otra lucha legítima, la de las mujeres iraníes, cuando tenemos un ministerio de igualdad y asuntos sociales con un presupuesto inaudito que no ha abierto siquiera la boca en ninguno de estos casos.
Sin embargo, no es progresista aumentar el presupuesto de defensa, que es inferior al de asuntos sociales. Es más importante reivindicar los derechos fútiles, como la nueva Ley trans, por cierto denostada incluso por las feministas, que exigir que se deje de tratar como un objeto a la mujer, con derecho por parte del hombre incluso sobre su vida, en la cultura musulmana, la exterior y la autóctona. Contra eso, ni palabra.
Por supuesto que también hay símbolos que deberían ser universales y acapara la derecha, pero porque la propia progresía los ha marcado, como la bandera Nacional o el himno, al que ya le quitaron hasta la letra de Don Jose María Pemán, abuelo de mi buen amigo Ricardo, que cuando veo un partido de la selección nuestros jugadores parecen Massiel cantando el “la la la”. Dicho sea esto con todos los respetos, hacia Massiel.
La violencia gana la batalla a la cultura porque los violentos están bien organizados, porque saben claramente cual es su objetivo y porque no se andan con gilipolleces, en cambio, los intelectuales, nos dedicamos a criticarnos unos a otros, por nuestro color político y a promover facciones inmiscibles que, por supuesto, no tienen ninguna fuerza ni a nivel nacional ni mucho menos internacional. Porque se politiza, se estigmatiza y se polariza absolutamente todo, con el fin de sacar rédito político; Y así, no.
Así que si no queremos vivir de nuevo el incendio de la biblioteca de Alejandría, si no queremos volver a ver a los Nazis quemando libros, si no queremos recordar como los rusos tenían que tirar por el váter los libros prohibidos cuando la policía de Lenin hacía redadas aleatorias, la cultura debería unirse, hacer frente común, derramar ríos de tinta para que no se derramen ríos de sangre, prescindiendo de facciones, haciendo que la pluma, por fin , venza a la espada.
Tenemos una responsabilidad. Tenemos el inmenso privilegio de ser mediáticos. Demos ejemplo, merezcamos tal privilegio. Luchemos por la vida, por la cultura, por la información, por el criterio. Merezcamos la camiseta, coño. Unámonos. Demostremos que la cultura puede sobre las bombas y el odio. Seamos consecuentes.
“Desde los acantilados de Bojador cantan las olas. Basta ya de derrotas; el hombre del desierto, esperó demasiado”.(“Un hombre espera en el desierto”. Ismael Serrano) .
¿Hasta cuándo Catilina?

«Espero que algún político decente se cuadre en el estrado y exclame al ‘cum fraude’: ¡¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?!»
Por: Jose Crespo en La Paseata
‘¿Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?’ fue la frase pronunciada por Cicerón, conocida por ser la primera oración de la Primera Catilinaria, primero de los cuatro discursos de Cicerón pronunciados entre noviembre y diciembre del año 63 a. C., después de ser descubierta y reprimida la conjura encabezada por Catilina para dar un golpe de estado.
La frase se traduce del latín al español como: «¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?». Estas palabras fueron pronunciadas delante del Senado romano el día 8 de noviembre del año 63 aC. Ese fue el momento en el que Cicerón dio a conocer esa conjura que preparaba Catilina para hacerse con el poder absoluto. Con ese discurso la conspiración fue descubierta a tiempo y los conjurados huyeron de la ciudad, para ser derrotados al año siguiente en la batalla de Pistoya.
Que estamos ante una conjura contra España, su unidad, y sus símbolos empezando por el Rey, el Himno y la Bandera nacionales, la Historia, la actual Constitución, la democracia y la Soberanía Nacional nadie puede negarlo… y además pagándolo todos y cada uno de nosotros con nuestros impuestos.
Para ello auténticos indigentes intelectuales, muchos sin formación acreditada y sin experiencia laboral, pero a sueldo de España como los ‘doctores’ Sánchez e Iglesias y conmilitones como Dolores Delgado, Garzón, Asens y toda la cuadrilla de mantenidos separatistas y filoterroristas, sin olvidarnos de otros responsables activos y pasivos, algún juez delincuente expulsado de la carrera judicial y otros que desde dentro hacen labor de zapa… todos ellos comenzaron disputando la propiedad de los términos, concretamente el de ‘democracia‘ además del de ‘patriotismo‘. Acuérdense «la palabra dictadura, aunque sea del proletariado…no mola, democracia… mola, pues tendremos que disputársela al enemigo cuando hagamos política«, pues en esas están.
La sociedad española asiste aborregada y anestesiada al espectáculo con la ayuda de unos medios de comunicación regados con dinero público para hacer de palmeros del gobierno, un gobierno empeñado en empobrecer a toda la sociedad, adoctrinado, manipulando y tratando de dirigir nuestras vidas hasta los más mínimos detalles, lo que debemos comer y beber, el tipo de ropa, el tipo de vehículo, cómo desplazarnos, cómo hablar… eso sí con las cunetas de las carreteras y los parques llenos de basura como siempre. Metiéndonos miedo con el clima algo que depende exclusivamente del sol y de la propia tierra y su latido interno, cosas que nada tienen que ver con nosotros, en vez de preocuparse por la limpieza, recogida de basuras y mantenimiento de nuestros bosques y playas.
Comenzaron estos diseñadores de la nueva estética y señalética con el disparate de la ley de la ‘memoria histórica‘ de aquel que Dios confunda que dijo aquello de que «España es un concepto discutible y duscutido» y crecidos ahora están con la ley de ‘memoria democrática‘ con la idea de demonizar a media España y blanquear a los asesinos y delincuentes que provocaron la guerra civil como fueron Largo Caballero, Negrín o Prieto, y a los terroristas del FRAP, el GRAPO o la ETA, presentados como luchadores por la democracia cuando su proyecto era y es el de una dictadura marxista leninista, convertir a España en una república soviética, algo que impidió el general Franco, del cuya persona ni sus logros se va a poder hablar.
Mientras tanto, quieren hablar de muertos pero pasan por alto de los más de 50.000 provocados por la superlativa imprevisión estratégica y logística de la Covid, de la que hemos sido testigos, además de mala y corrupta gestión de lo que está siendo la mayor crisis sanitaria de nuestra Historia reciente y de consecuencias dramáticamente previsibles.
La izquierda-guiñol y la ultraizquierda que la maneja dan ahora los carnets de demócrata y vimos cómo Iglesias sentenció a los de enfrente que «no gobernarán nunca«, aunque su partido tenga menos votos que VOX, fuerza a la que no se cansan de demonizar con la cantinela de la ‘ultra derecha’ y el ‘fascismo’, que no era otra cosa que un socialismo nacional.
Se adueñan, menuda paradoja, del constitucionalismo, incluso de la Libertad y la Igualdad diciendo que ayudan a los pobres, e incluso de la Soberanía Nacional mientras que por otro lado son capaces de trocearla a gusto de los separatistas, con fiscalidades y financiación sobresimendionada, mientras que acusan de fascistas, insolidarias y de gobernar para los ricos, a las regiones gobernadas por la derecha.
Alardeando de demócratas mantienen un discurso guerracivilista bajo las 3M, miedo, mentira y manipulación, acusando incluso a la oposición de pretender dar un golpe de estado mientras lo perpetra el gobierno social-comunista, que opera bajo las 3R, rencor, revancha y resentimiento, los anti valores ajenos al Amor, del que emanan todos como la responsabilidad, el sacrificio, la solidaridad y la entrega, entre otro muchos.
Algunos incautos pensaban que lo de la tumba de Franco no iba con ellos, fue solo el comienzo, desde la putrefacción política y económica más inmunda acusan al anterior jefe del estado, que no está imputado por nada, y ahora se lanzan como hienas sobre el actual monarca acusándole de falto de neutralidad y de anticonstitucionalismo.
Ya indultaron a los delincuentes separaristas, y dentro de nada, mientras insultan nuestra inteligencia indultando a los políticos de los ERE,s, el mayor escándalo de la democracia europea, se reirán de nosotros controlando los medios y las redes para decirnos qué debemos hacer, pensar y comer. Bienvenidos a Cuba y Venezuela.
Ya es hora de que se alce la voz frente a una ultraizquierda desbocada y deslegitimada y si es necesario, que lo es, tomar pacíficamente las calles para que de una vez haya una ley electoral justa que impida que la Soberanía Nacional, residente en el Pueblo Español, permanezca maniatada en nombre de los enemigos de España.
Espero que algún político decente se cuadre en el estrado y exclame exigiendo al doctor ‘cum fraude‘ que devuelva la mirada: ¡¿Hasta cuando, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?!
Qué sociedad estamos creando en España que no nos protege de los okupas. Por Rodolfo Arévalo

«No sé qué mierda de sociedad estamos creando en España que da alas a cualquier tipo de maleantes, ladrones, corruptos u okupas»
Estaba viendo durante el desayuno la televisión y hablaban sobre una okupación de la vivienda, que fue denunciada por una vecina al parecer extranjera a cuyo marido propinaron los sinvergüenzas una paliza de muerte en la que le partieron un hueso con un bate de beisbol. Parece mentira que esta situación se pueda dar en la España del siglo XXI y tanto la familia afectada como la propia Guardia Civil tenga pocas herramientas para contestar de manera contundente a los allanadores, ladrones y matones.
No se si se trata de precaución por el origen étnico de los matones, para no ser tildados de racistas o xenófobos, pero lo que está claro es que esto es una usurpación de un derecho, el derecho a la propiedad, con descarado y no se puede permitir. No podemos confiar en unos políticos electos que proporcionan cobertura a estos delincuentes por inacción en legislar medidas duras y cuando digo duras, son duras, penas con privación de libertad de al menos diez años, por los perjuicios causados a las familias víctimas.
Nadie es culpable de que haya individuos que no quieran trabajar, o sin medios, que en vez de recurrir a la caridad del estado, decidan por su ley del más fuerte desproveer de vivienda, tanto habitada como dedicadas a cualquier otro uso, a personas que las han comprado con el sudor de su frente. Eso se llama CARADURA en cualquier lugar del mundo.
Esta claro que en las sociedades democráticas, no se puede acusar a nadie de tener bienes legalmente adquiridos, porque todos son libres de ganarse la vida para poder adquirirlos a su vez. Otro asunto es que haya gente que decida que por su cara bonita tiene derecho a todo, hasta de subyugar a los demás y a hacerles comulgar con ruedas de molino. Que estos asuntos queden muchas veces sin resolver, durante mucho tiempo, es inadmisible, la policía nacional o la guardia civil deberían tener derecho a intervenir expulsando del lugar ocupado a cualquiera que no pueda demostrar tener el alquiler pagado al día, y no con meses de retraso, o la propiedad del lugar.
Parece mentira que en la España del siglo XXI todavía haya que tolerar esas practicas medievales de asalto a los castillos, que como dicen los ingleses son la casa de cada cual. Algún día va a haber más que palabras por parte de alguna familia expropiada por estos sinvergüenzas con resultados que todos quisieran evitar y es entonces cuando la ciudadanía debería pedir las cabezas, no de los asaltantes o de los propietarios, si no de los políticos que con su falta de legislación y severidad lo hayan permitido.
Véase entre otros la ultra izquierda a los que parece que la propiedad les causa urticaria, salvo que se trate de la suya. Que se lo cuenten a Pablo Iglesias con su casa de Galapagar. Yo si fuera uno de esos afectados me encargaría de hacer el listado de propiedades de algunos políticos que parecen gustar de la ocupación y poner esa información a la libre disposición de los caraduras que okupan, para darles algo en que entretenerse. Si esto fuera así el tema se terminaba en unos pocos días. Si esto se hiciera así, las leyes contra ocupas se volverían duras y la policía y la guardia civil podrían actuar en minutos sin mayor preocupación.
No sé qué mierda de sociedad estamos creando en España que da alas a cualquier tipo de maleantes, ladrones o corruptos sin que parezca que se les caen los anillos a las bien asentadas posaderas de políticos de todo el espectro parlamentario. Recuerdo que hubo un asalto al Congreso hace años, pero sigan legislando así señores Parlamentarios y o generan otro asalto al Parlamento o cosas peores porque los ciudadanos legales que cumplen la ley se están empezando a hartar, y bastante, raro será que no empiecen a caerles palos de todo tipo encima a los diputados que permiten estas guarradas, nunca mejor dicho.
O Europa acaba, por vía policial con todos estos problemas, sin mayores complejos o veremos, tanto en estos casos, como en los temas de inmigración de gente que no se amolda a la sociedad que les acoge de la ley del Talión. Puedo asegurarles que las personas, todas, tienes su límite y al final algunos van a preferir matar y vivir seguros en las cárceles y no como el vecino apaleado brutalmente por los ocupas caraduras. Ya que estos no van a la cárcel, debería el estado crear cárceles de acogida para las personas que pierdan sus viviendas a manos de la hez de la sociedad. Nos va a salir por un congo, pero peor es que haya muertos cualquier día y no solo de la parte agredida, sino también de la parte agresora, porque cuando el estado no defiende al ciudadano este no tiene nada que perder defendiéndose a sí mismo, y habrá que ver quiénes son los jueces que se atrevan a mandar a la cárcel a individuos que hagan cualquier majadería por recuperar sus bienes y su vida. Mediten esto parlamentarios, jueces, y policías, variopintos. ¿Queremos que el siglo veintiuno se convierta en el medievo dos? Ustedes mismos.
FUENTE: La Paseata
El aparato mediático progresista

Los medios de comunicación, en su abrumadora mayoría, son hoy un mero aparato de propaganda de la ideología progresista. La idea de que su tarea principal es informar, y que cada cabecera, cada canal, posee su propia línea editorial, que se limita a ver con el color de su cristal los hechos de los cuales nos informa diligentemente, peca de una ingenuidad totalmente injustificada. Prácticamente todos los medios no hacen apenas otra cosa que dictarnos, de manera más o menos explícita, lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que opinar, lo que nos debe interesar o inquietar. Y prácticamente todos lo hacen en una misma dirección. Los periódicos de tendencia supuestamente conservadora se limitan en España a apoyar al Partido Popular, en la sección de política nacional; en todo lo demás, y en consonancia con la borrosa ideología de esa formación, son indistinguiblemente progresistas, sin apenas excepciones.
Estos son algunos de los principales métodos por los cuales se nos inocula la propaganda.
1) El más descarado es la mentira directa, lo que ahora está de moda llamar fake news, como si se tratara de un fenómeno nuevo que nos hubieran traído los “populismos”. No es tanto que los periodistas u otros agentes se inventen directamente hechos, o los fabriquen (que también), como que nos los sugieren sutilmente, sobre todo mediante el uso manipulador de imágenes. La imagen tiene la fuerza de un hecho incontestable, pero se puede usar, incluso sin necesidad de ningún montaje, para apoyar interpretaciones en absoluto evidentes. Así se hace con las fotografías o vídeos del deshielo estacional en regiones polares, utilizadas rutinariamente para crear alarmismo sobre el cambio climático en los espectadores profanos, que somos la inmensa mayoría. Toda imagen fuera de una adecuada contextualización objetiva (no la totalmente insuficiente y ya tendenciosa que suele aportar el pie de foto) debe siempre inspirarnos la máxima desconfianza.
2) Mucho más corriente es la confusión de opinión e información. El ejemplo paradigmático es el titular de portada de El País del 12 de setiembre de 2001, al día siguiente de los atentados islamistas contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. A partir de un hecho como que unos terroristas suicidas habían estrellado varios aviones de pasajeros contra objetivos civiles y militares, provocando miles de muertos y heridos, el periódico dirigido entonces por Juan Luis Cebrián se sacó de la manga un sentimiento imaginario (estar en vilo) aplicado a un sujeto sin voz propia (el mundo) respecto a algo que no había ocurrido, y que se anticipaba a juzgar, implícitamente, con un término (represalias) más cercano semánticamente a la venganza que a la Justicia o la Defensa.
Esa utilización de falsos sujetos es un procedimiento constante y generalizado de la prensa. A veces son puramente ficticios, otras se basan en confundir a las organizaciones que se arrogan la representación de los trabajadores, los estudiantes, las mujeres o los homosexuales con estos conjuntos de personas. Se da por sentado que todos los trabajadores o todas las mujeres piensan igual, salvo que sean idiotas. Un ejemplo de ayer mismo, 7 de agosto, entre miles, leído en el Diari de Tarragona: “La comunidad hispana pide a Trump que cese su discurso antiinmigrantes.” Habitualmente, el carácter manipulador del titular se puede descubrir o al menos sospechar simplemente con leer el cuerpo de la noticia. En este caso descubrimos que la “comunidad hispana” son en realidad cuatro personas entrevistadas: tres dirigentes de asociaciones de inmigrantes y un “estratega demócrata”.
También es frecuente sugerir una interpretación con la mera elección de una palabra aparentemente inocente. Por no salirnos del sesgo sistemático que se aplica a toda noticia relacionada con el actual inquilino de la Casa Blanca, el mismo periódico local titulaba el 6 de agosto: “Trump condena ahora el racismo”. Observen las connotaciones que se introducen con un simple adverbio como “ahora”, que no aporta ninguna información objetiva: que Trump antes no rechazaba el racismo, que su postura es hipócritamente electoralista… Por supuesto, uno puede pensar que esto es así, pero para decirlo están las columnas de opinión, no los titulares de las noticias.
3) Un tercer método es la burla o caricaturización, tanto gráfica como verbal. La fuerza de este procedimiento no es en absoluto desdeñable, porque incide directamente sobre nuestras emociones, no sobre la razón. El humor, bajo su carácter innegable de saludable ejercicio crítico o de mera diversión, en ocasiones se prostituye con el fin de ridiculizar, denigrar o incluso fomentar el odio contra determinadas personas, ideas o actitudes, sin apenas necesidad de argumentos o datos. A ello contribuye eficazmente el carácter gregariamente contagioso de la risa, que refuerza eficazmente los sentimientos que se pretenden inculcar.
4) Ahora bien, el recurso más poderoso y más difícil de detectar de los medios de comunicación no se basa en lo que dicen, sino en lo que no dicen: es decir, en su selección de los hechos que “son noticia” y su constante ocultamiento de información que es imprescindible para comprender adecuadamente la realidad, en especial para situar en su justo lugar la que nos proporcionan selectivamente. Por supuesto, es imposible contarlo todo; siempre resultará inevitable seleccionar, recortar, priorizar, dadas las limitaciones humanas. Pero lo cierto es que los periodistas encuentran aquí la excusa perfecta para imponernos su visión del mundo progresista.
Pensemos en algo tan premeditado como ocultarnos la nacionalidad de los delincuentes extranjeros, o en no contabilizar delitos cometidos por mujeres, o aquellos en los que las víctimas son hombres, para alimentar la ideología de género que criminaliza al varón. O, por terminar de decirlo todo sobre Trump, reflexionemos sobre la gran cantidad de informaciones favorables al presidente americano, que se nos hurtan sistemáticamente con el fin de crear una sensación, por acumulación de noticias exclusivamente negativas y desagradables, de que se trata de un personaje impresentable, que no hace una buena, ni de obra ni de palabra.
Los ejemplos en muchos otros temas son innumerables. Para no alargarnos, recordemos sólo la cobertura del conflicto palestino-israelí, que de manera sistemática oculta la mayor parte de la violencia ejercida por los palestinos, tanto contra la población civil israelí como contra los propios palestinos, en unos casos reprimidos brutalmente por sospechas de disidencia, y en su gran mayoría utilizados por los terroristas como escudos humanos.
Hemos aportado sólo unos pocos ejemplos muy obvios de información política. Pero para comprender el alcance de la propaganda mediática progresista deberíamos analizar no sólo la información de todas las demás secciones periodísticas, en especial la cultural y la social, sino la entera industria del entretenimiento, tanto televisivo como cinematográfico. En todos estos ámbitos se transmite, como quien no quiere la cosa, y con métodos muy similares a los aquí descritos, una misma cosmovisión poscristiana, que a la postre resulta siempre anticristiana, con la que se cuestionan de manera constante y reiterativa las bases de nuestra civilización occidental.
No se trata de imaginar conspiraciones. No hay probablemente ninguna conspiración mundial y eterna, no al menos de carácter humano. Sin negar la importancia de sociedades secretas como la masonería, o el poder de ciertas organizaciones y corporaciones internacionales, o de “filántropos” como George Soros, ellos por sí solos no son la explicación de los pecados de cada uno de nosotros, de las idolatrías en las que una y otra vez cae el hombre. Son solo agentes del error, que es lo que debemos identificar y combatir realmente, más que buscar chivos expiatorios. Los intelectuales son en general progresistas, incluso de izquierdas, porque el progresismo es un error intelectual. Los intelectuales son de izquierdas de manera análoga a como los médicos, y no los profanos, son los que cometen errores médicos. No debería hacer falta decir que señalar esto no es ir contra la inteligencia o contra la medicina. Ni tampoco contra el periodismo.
Racismo bueno, racismo malo (Good racism, bad racism)

“Todos los blancos están predispuestos genéticamente a quemarse más rápido bajo el sol, de modo que desde el punto de vista lógico sólo son adecuados para vivir bajo tierra, como humildes gnomos”
La llegada de Donald Trump al poder ha revalidado la actualidad del racismo. Si bien, según los medios de comunicación, cualquier líder del partido de Abraham Lincoln es automáticamente racista, en el caso de Donald Trump, con un discurso que desborda la pretensión de que la inmigración sea legal y ordenada, se ha ganado el epíteto por sí solo.
Los escribidores más avispados apuntan a la derecha alternativa, un movimiento ciertamente abominable y que tenía puestas sus esperanzas en la llegada al poder del candidato Trump. He de reconocer que, más allá del manejo del lenguaje de internet, con sus piezas mínimas de comunicación, sus mensajes sencillos e impactantes, no sé qué relevancia social tiene. Pero quien le dice a la realidad cómo es en verdad son los medios, y éstos han decidido que es un movimiento poderoso y muy peligroso, pues legitima el racismo.
Ser un hombre o una mujer de progreso exige hacer unas renuncias muy importantes, graves incluso, como la de dimitir de cualquier capacidad crítica. Una vez acallada, el maná progresista es mucho más fácil de asumir, pese a sus contradicciones.
Verbigracia, el racismo. Por un lado debemos rechazarlo. Por otro, forma parte de esa nueva moral que todos debemos aprender y asumir. Si ha de haber una discriminación positiva, ¿cómo no ha de haber un racismo positivo? Es más, necesitamos abrazar con espíritu de progreso, moral por supuesto, un nuevo racismo que fije una prelación de razas, un orden moral genético que nos sirva de guía a la hora de discriminar de forma científica. La propia expresión, discriminación positiva, exige que concurran dos criterios: uno taxonómico (en este caso, la raza), y otro moral (de ahí lo de positiva). No sólo hay que distinguir a los individuos según la categoría a la que pertenecen por su ADN, sino que es necesario aplicar a cada grupo un valor moral de tal modo que la discriminación sea positiva, que cada acto legal discriminatorio nos sitúe en un estadio superior de moralidad pública. En caso de duda, basta con aprender que en esa prelación la última de las razas ha de ser la blanca; con eso es suficiente para ir tirando.
El diario The New York Times, canon de esta nueva moral, ha vuelto a dar muestras de por dónde van los tiros. El NYT vive un momento maravilloso desde el punto de vista comercial. La llegada de Trump al poder ha hecho que aumenten las suscripciones al contenido del periódico, que vive la crisis de la prensa desde una cómoda bonanza. Esta situación le permite ampliar su plantilla, y el lunes 30 de julio incorporó a Sarah Jeong. Jeong es una periodista especializada en tecnología. Ha pasado por Vice, The Verge, The Guardian o Forbes, que entre sus numerosas listas tiene una para los menores de 30 que destaquen en su industria (30 under 30), incluyó a Jeong en la lista del año pasado de medios de comunicación.
Tiene un currículum brillante, y con Jeong el NYT quiere reforzar su sección de tecnología. Ahora bien, el medio ha sido criticado por la decisión de contratarla, y no es por su pericia periodística, sino por su ideología. Sarah Jong es conocida por su izquierdismo y por su racismo igualmente militantes. The Federalist ha recabado varios de los juicios morales de Jeong, que no dejan lugar a dudas: “Todos los blancos están predispuestos genéticamente a quemarse más rápido bajo el sol, de modo que desde el punto de vista lógico sólo son adecuados para vivir bajo tierra, como humildes gnomos”. Desde el punto de vista racista, este tuit es irreprochable, pero es cuestionable que una periodista volcada a la información tecnológica no tenga en cuenta que el hombre ha arbitrado infinidad de ingenios para protegerse del sol.
Para resarcirse de esa metedura de pata con la ciencia, Jeong recoge también un gráfico que mostraría una correlación entre ser blanco y ser horrible (“awful”). Aunque, reconozcámoslo, el gráfico no responde a más realidad que a la mente progresista y racista de la propia periodista del NYT.
Y así podríamos seguir poniendo un ejemplo tras otro. Como ese tuit en el que dice: “En teoría no se puede ser racista contra los blancos, pero jajaja cómo describir el extraño rumor del olor a perro”. La referencia al olor de los blancos es de primero de racismo, pero lo interesante es lo primero que dice: “En teoría no se puede ser racista contra los blancos”. O, dicho de otro modo, puedes dividir a las personas en función de su raza y mostrar tu odio hacia los que pertenecen a una en particular, siempre que sea de raza blanca; en ese caso, no es racismo. Es la misma concepción que hay detrás de la expresión “ser una persona racializada”. Alguien “racializado” es quien no sea blanco. Y, por tanto, tenga una identidad racial portadora de agravios históricos y de unos derechos que van más allá de la vieja concepción liberal de la persona. El derecho, por ejemplo, a ser discriminado a su favor.
El diario The New York Times ha defendido su derecho a contratarla. Lo tiene en plenitud. Y ha defendido la profesionalidad de Sarah Jeong, que en realidad nadie pone en duda. El diario no tiene mayor problema con el racismo alegre y desenvuelto de la periodista. Cabría pensar que, puesto que son opiniones que nada tienen que ver con la tecnología, el NYT simplemente se pone de perfil, pero no es el caso.
Muy recientemente el diario despidió a otra periodista, Quinn Norton, también de la sección de tecnología, por su relación con el racismo. Es una relación indirecta, ya que el diario no cita ninguna opinión de Norton que sea racista. Lo que alega el diario es que ella ha reconocido ser amiga de Andrew Auernheimer, que trabaja para el diario neonazi The Daily Stormer.
En una sociedad abierta se entiende que dos personas sean amigas, o tengan cualquier tipo de relación personal, comercial o profesional, aun cuando tienen formas distintas de pensar. Sensu contrario, ser amigo de una persona que no piensa como tú no la convierte en alguien indeseable. Excepto, claro, para el NYT que explicó en una nota que al conocer la relación entre ambos “sobre esta base, hemos decidido ir por caminos separados”.
Si el NYT tiene escrúpulos por relacionarse con una amiga de un racista, pero no los tiene contratando a otra, ambas para la misma sección, es evidente que el diario asume uno de los racismos como indeseable, pero el otro como perfectamente asumible.
Es la vuelta a la barbarie moral, revestida de progresismo.
Foto LoboStudio Hamburg
