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La debilidad del déspota

Se acerca el momento de la verdad para Pedro Sánchez, el despota español, cuyo sueño es permanecer eternamente en el poder. En los próximos meses se enfrentará a dos elecciones en la que los españoles decididrán si quieren que se quede o que se marche. A esas elecciones acude con fortalezas y debilidades. Su gran fortaleza es que manda mucho, que controla casi todos los resortes del poder y que tiene sometidos a casi la totalidad de los poderes. instituciones y fuerzas de España. Su debilidad es ese mismo poder, que cuando es casi absoluto, como es su caso, corrompe y convierte en imbéciles a los déspotas.

El poder corrompe y fabrica déspotas cada día más débiles y obtusos. El poder aleja de la realidad y confunde. Cuando el poder es absoluto, el déspota se vuelve idiota y ya resulta fácil de destronar.

Ese proceso de deterioro ha funcionado desde hace milenios y ha acabado con cientos de emperadores e imperios que cayeron porque no supieron rodearse de verdad y decencia, sino de sumisión,mentiras y lealtades ciegas.

Cuando nadie de su entorno se atreve a decirle la verdad, el déspota ya está muerto.

El orgullo es el gran enemigo de todo déspota, lo mismo que la vanidad lo es de toda mujer hermosa.

Gobernar una democracia teórica con totalitarios y golpistas como Podemos, BILDU y ERC convierte a Sánchez en un monstruo Frankestein

Es lo que le está ocurriendo a Pedro Sánchez, un déspota de libro, que ya valora más al adulador que al amigo sincero, un tipo al que el poder ha deteriorado tanto que no es consciente de que media España le rechaza y le quiere ver lejos del poder y juzgado por sus abusos, arbitrariedades e injusticias.

Desde que murió Franco se habla en España del “Síndrome de la Moncloa”, un proceso inexorable de deterioro mental que afecta y no perdona a los presidentes de gobierno que habitan en ese palacio. Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar y Rajoy lo padecieron y el atontamiento les llevó a perder el poder. Pero con Zapatero y Sánchez, el síndrome ha empeorado y se ha convertido en una enfermedad tan grave que sus víctimas, además de atontarse, se envilecen y se hacen perversas.

Zapatero inauguró el mal terrible que envilece y pervierte a los presidentes, un drama que convirtió a Rajoy en un gilipollas andante y a Sánchez en un ser altamente peligroso y desenfrenado.

Desde Zapatero, ningún político catastrófico paga por sus pecados, lo que constituye una tragedia para el pueblo español, que está sometido a caprichos, abusos, injusticias, errores y suciedades impunes.

Rodeado de un cortejo de aduladores cínicos que no osan contradecirle, Sánchez es ya un pobre diablo con poderes que le desbordan y que no sabe gestionar.

Sánchez se ha vuelto tan obtuso, inflado y prepotente que toma todas las decisiones personalmente, despreciando las toneladas de neuronas de sus asesores contratados, convertidos en enchufados estériles.

¿Le ocultan ya a Sánchez aquello que no desea escuchar? Es más que probable ¿Se atreve alguien a decirle que es el presidente de gobierno más odiado desde Fernando VII y Godoy? No lo creo ¿Se cree Sánchez superior a todos sus asesores, compañeros y adversarios? Seguro que sí ¿Le advierten que los impuestos están asfixiando la economía? ¿Le han advertido que esconder desempleados en las estadísticas es delito? ¿Le advierten que el endeudamiento de España es un suicidio? ¿Le avisan de que el abuso del avión Falcon y de los helicopteros Puma para actos de su partido es un abuso de poder intolerable? ¿Se atreven a decirle que gobernar con socios totalitarios y preñados de odio, como Podemos, BILDU y ERC, le convierten en un peligroso monstruo Franquestein?

El déspota es tan todopoderoso como frágil e imbécil y cuando acapara demasiado poder siempre termina siendo un ridículo pavo real arrogante y un bobo con patas.

Francisco Rubiales




En opinión de Unamuno, y en la mía, por supuesto, España está en manos de locos y de tontos… Por Julio Merino

Unos locos (o un loco, Pedro Sánchez que lo quiere todo para seguir en la Moncloa)… y unos tontos (o un tonto, Alberto Núñez Feijóo que solo piensa en llegar a la Moncloa).

POR:  JULIO MERINO 

Solo han pasado 4 meses y vuelvo a publicarlo. Tal vez, por seguro, porque todos están más locos y cada día hay más tontos. Ahora, cosa curiosa, se han unido los locos y los tontos para combatir la Moción de Censura de VOX y desprestigiar al catedrático Tamames. La Izquierda está loca por mantenerse en el Poder y la Derecha cada día está más tonta pensando que ya tiene en sus manos la Moncloa. Pues, lo dicho. Lo que ayer decía de esta gente lo mantengo. Así es que pasen y lean:

Cuando yo sea Presidente suspenderé la Ley de Memoria Histórica y la Democrática.

Cuando yo sea Presidente me cargaré los indultos

Cuando yo sea Presidente me cargaré la Ley de Igualdad de Género

Cuando yo sea Presidente me cargaré todos los “chiringuitos” de la LGTBI+

Cuando yo sea Presidente les devolveré la independencia al CGPJ y al TC

Cuando yo sea Presidente mandaré rehacer todo lo que se ha hecho en el Valle de los Caídos.

Cuando yo sea Presidente bajaré todos los impuestos

Já,já,já, pobre diablo, pobre Alberto Núñez Feijóo, porque los Oráculos dicen que este “moderado” jamás podrá llegar a la Moncloa.

Que ya lo decía don Miguel de Unamuno (y curiosamente se lo decía a Franco en la comida que tuvieron en el Hotel Nacional de Madrid con la presencia de Ramón Serrano Súñer).

  • —Me pregunta usted, general, qué va a pasar ahora en España y yo le respondo con mi verdad. Ahora aquella esperanza del comienzo (de 1931) es ya un túnel sin salida. Mejor dicho. Con una única salida: la del enfrentamiento, la del exterminio, lo de siempre… otra Guerra Civil. O tú o yo. ¡No, no me gusta cómo van las cosas! Las Izquierdas, o eso que llaman Izquierdas, se han vuelto locas, y las Derechas o eso que llaman Derechas están ciegas y además son tontos. O sea, que estamos entre locos y ciegos o tontos… ¡¡Y esto no puede terminar bien!!

Pero ya no somos  nosotros solos los que venimos publicando que Pedro Sánchez es el mayor traidor de la Historia de España (Bellido Dolfos fue un monaguillo a su lado) como lo pueden comprobar en algunos de los artículos que les reproduzco.

“Traidor. Es el calificativo que más he encontrado, a lo largo del fin de semana, en políticos, articulistas, redes sociales, incluso en conversaciones informales, al hablar de Pedro Sánchez y su iniciativa de eliminar el delito de sedición, reduciéndolo poco menos que a una bronca callejera, por muy ‘agravada’ que se quiera.

Sustituir sedición por ‘Desórdenes públicos agravados’ (¿quién habrá sido el promotor de esa figura, Félix Bolaños?) parece una tomadura de pelo, más que una medida seriamente pensada y madurada, si no fuera porque se trata de asunto altamente delicado.

Lo de traidor podría parecer excesivo. Sin embargo, dice la Real Academia que traidor es quien “comete traición”. Y para “traición” concreta dos acepciones: “1) Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. 2). Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria”.

Por esos dos lados puede cogerse a Pedro Sánchez. Por el del quebranto a la fidelidad y lealtad debidas, y por el de atentado contra la seguridad de la patria.

Lo primero, habida cuenta del cúmulo de promesas incumplidas, hechas a la sociedad, a los españoles, a la ciudadanía, y por la suma de mentiras comprobadas.

Las redes sociales vienen mostrándolas con insistencia y claridad una tras otra: no iba a pactar con Pablo Iglesias (lo hizo vicepresidente), ni con Bildu (“si quiere, lo digo veinte veces”), ni con Esquerra (“no voy a permitir que la gobernabilidad de España dependa de partidos independentistas”), y se pronunció en contra de los indultos (“los indultos políticos deben acabar en nuestro país”). En fin, un cúmulo de incumplimientos y traiciones.

Y una suma de mentiras también. Que Pedro Sánchez continúa lanzando. Lo hizo en la entrevista de La Sexta, como destacó Carlos Alsina de forma contundente en su programa. Una de ellas, afirmar que el delito de sedición es muy anacrónico, porque fue redactado en 1822, “cuando en España -dijo- se producían alzamientos militares”.

Dos mentiras. En España se produjo un alzamiento militar en 1981: el 23-F. El delito de sedición se reguló hace 27 años, en el Código Penal de 1995. Otra más: afirmar que había reivindicado esa reforma desde siempre. Vale la pena volver a escuchar el comentario de Alsina, en el que recuerda también a Sánchez que en 2018, recién llegado al Gobierno, sostuvo, en una entrevista con Susana Griso, que lo ocurrido en Cataluña era una rebelión.

En cuanto a la segunda acepción de traición, es decir atentar contra la seguridad de la patria, lo cierto es que la desaparición del delito de sedición, convertido en simple “bronca pública”, deja a España indefensa frente quienes desean romperla y planean promover nuevos procesos de ruptura y de independencia como los vividos en 2017.

Y todo ello recurriendo a trucos de tramposo. Lo es tramitar la reforma como proposición de ley, no como proyecto de ley, con lo que no tendrá que escuchar al Consejo del Poder Judicial ni al Consejo de Estado. Y por vía de urgencia, por supuesto. Otra ocurrencia tal vez de Félix Bolaños, o del omnipresente asesor Cándido Conde Pumpido.

La reforma del delito de sedición no va a afectar de forma directa a los condenados por el ‘procés’, porque ya han sido indultados. Pero sí a los numerosos dirigentes de Esquerra que aún están siendo enjuiciados en Cataluña. Y a los cargos de la Generalidad y del Parlamento que siguen fugados fuera de España.

Tal como explica el boletín de FAES, dependiendo de su configuración, el nuevo tipo penal se podría no aplicar a los hechos sucedidos en 2017, si estos no encajan con lo que recoja el nuevo precepto, por lo que quedarían impunes, al no serles de aplicación ni el nuevo precepto ni el antiguo (ya derogado). “Podríamos estar, pues, ante una amnistía encubierta, al menos en lo que se refiere al delito de sedición”.

Más aún. También podría quedar afectada la imputación –condena para los ya juzgados– por el delito de malversación. Si se considera que es instrumental del delito de sedición, la desaparición de este podría conllevar también la del primero. Y, sin ese delito, desaparecería la inhabilitación que impide a los separatistas catalanes ocupar cargos públicos y presentarse a las elecciones. Podrán, en fin, volver a ser candidatos en las convocatorias próximas.

¿Y todo eso por qué? ¿O, más bien, para qué? Pues para mantenerse en el poder. Alfonso Reyes citaba en Twitter esta frase de Robespierre: “La traición deja de ser un defecto para convertirse en una virtud cuando te permite mantener el poder”.

Ladrillo a ladrillo, Pedro Sánchez está destrozando los cimientos de España. (José Apezarena –  “Confidencial Digital)

“Sánchez ha retomado el testigo de aquel PSOE de la Guerra Civil al que no le tembló el pulso ni cuando dijo  que urgía la sovietización de España, el que se alzó en armas contra la propia República en 1934, que tuvo checas donde se torturaba y asesinaba a inocentes de mano de criminales como Agapito García Atadell – miembro de la ejecutiva federal de la UGT y escolta personal de Indalecio Prieto – y, en fin, el que se alió con el comunismo para mantener un horror en la retaguardia incomparable mientras sus dirigentes expoliaban las riquezas de sus compatriotas para llevárselas al exilio en calidad de botín personal. Que nadie se engañe: el PSOE que hemos conocido de Felipe no tiene nada que ver con éste de ahora, guerracivilista, rabioso, cainita, despreciador de leyes, instituciones, reglas democráticas y fraternidad.

Lo repito, el momento es gravísimo. La política nacional la dictan asesinos etarras, golpistas catalanes y comunistas dispuestos a conseguir por la fuerza lo que las urnas no les otorgan, como la “manifestación” en favor de la sanidad pública de este domingo que no era más que una concentración de militantes rogelios venidos de toda España con billete, bocata y treinta euros para gastos de bolsillo, contra la presidenta Ayuso.

¡Que les importan a estos tipos los problemas reales de los españoles! Todo es objeto de manipulación, de engaño, de falsedad si con ello se contribuye a su causa. Sus medios adictos están empeñados en disfrazar, cuando no mentir, acerca de los terribles errores económicos, políticos y sociales de este gobierno de incompetentes. Nadie en el partido socialista se atreve a romper la baraja porque también entre los llamados barones regionales existe el egoísmo personal que prima ante el deber cívico de salvar a España y a su sistema democrático de la perversión a la que Sánchez la está abocando. Sánchez modifica por la puerta de atrás el delito de sedición ahora, pero mañana lo hará con otras cosas, y acabaremos viendo un pseudo referéndum en Cataluña, y en las vascongadas y en todo lugar del territorio nacional que disponga de una clase política mezquina y traidora. Y veremos a la nación más vieja de Europa convertida en una federación extraña y repulsiva, a la justicia en manos de 2 amigotes y conmilitones sanchistas – con la República también hubo jueces y jurados y todos fallaban en consonancia con los deseos del Frente Popular -, y veremos como el crimen y la delincuencia se sientan en los más altos sillones de la nación, y a Ceuta y Melilla entregadas a Marruecos y quién sabe si las Canarias. ¿Por qué? Porque Sánchez es capaz de todo y quiere un país como el que querían sus predecesores en los años treinta, un país servil y dócil a los dictados del partido, un país sin medios libres, sin oposición, sin poderes independientes, un país en el que solo sean millonarios ellos y sus compañeros de viaje. No soy alarmista ni apocalíptico, créanme, el paso dado con la sedición permite vaticinarlo. Ante esto, que supone un antes y un después en los cuarenta años de libertad que hemos gozado gracias al consenso y a la democracia constitucional, no caben inhibiciones. Ya no es solo un asunto del PP, de VOX o de Ciudadanos. Esto nos compete a todos los demócratas españoles que no queremos vivir en un sistema doctrinario y represor. Tengamos muy presente que lo que ahora puede parecernos más o menos importante no es más que la antesala del infierno que nos espera si no reaccionamos con vigor democrático. Patronal, organizaciones de trabajadores, partidos, profesionales, mujeres, hombres, estudiantes, todos estamos llamados a decir que hasta aquí hemos llegado.

Ojalá estemos a tiempo de salvar a España. Ojalá estemos a tiempo de salvarnos a todos.” (Miguel Giménez – “Voz Populi”)

El totalitarismo del siglo XXI. Neocomunismo de millonarios para progres aburguesados

POR: JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Aquiles en la Ilíada: «Todo es vano, excepto reinar sobre los dioses».

Benito Mussolini: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra él».

El siglo XX sufrió el sometimiento al totalitarismo, encarnado en los tres regímenes políticos del mal, que se sucedieron en este orden: comunismo, fascismo y nacionalsocialismo. No surgieron de la nada. Su génesis común se inició dos siglos antes. 

Dada la evolución que sigue el globalismo progresista hacia el totalitarismo universal, en camuflada versión neocomunista, vamos a intentar refrescar sus pretensiones clásicas y actuales, para  estimular el olfato, facilitar su detección. 

Mientras las tiranías clásicas aspiraban a dominar el cuerpo y controlar la opinión manifestada en público, los totalitarismos, van más allá,  pretenden poseer las almas. 

Los totalitarismos son religiones profanas. Ocupan en las almas el lugar de la fe y la salvación queda situada en este mundo, que llegará en un futuro, que nunca se hará presente, como se ha podido comprobar. Pretenden establecer un “ser humano nuevo”; una “era nueva”; un “nuevo  Reich”; hacer del pasado “tabla rasa”; crear un mundo inédito gobernado por un ser humano nuevo en una «sociedad perfecta». 

El totalitarismo no conoce límite, todo le está permitido porque representa la verdad absoluta, Pretende reducir la diversidad humana a un único modelo en el que  el individuo en soledad, desestructurado, sin normas, desligado de grupos orgánicos primarios como la familia, se reduce a ser un grano de arena del montón de arena constituido por las masas desarraigadas, a las que, previamente, les han hurtado sus raíces culturales. Este individuo, cual tabla  rasa, vacío de contenido, se parece a un recipiente, siempre dispuesto a ser llenado por cualquier cosa

Como su fin es absoluto (no hay nada ni  nadie superior) justifica que se recurra a todos los medios: la violencia puede ser una necesidad ética porque se utiliza para la finalidad «redentora» de la sociedad futura, que nunca llega. La eliminación del adversario es condición necesaria para la culminación del proceso a futuro. 

La esencia del totalitarismo fue el terror y la purga permanente«Sería una gran vergüenza mostrarnos dubitativos y no fusilar por falta de acusados» (Lenin 1919). Practica un proceso de liquidación colectiva, más que individual. Se es liquidable por el hecho de pertenecer a un determinado grupo social o profesional; se clasificaron como enemigas a categorías enteras de personas solo por pertenecer a una clase social, a una raza, a una nacionalidad, previamente convertidas en «ex personas». He aquí dos citas obra de Trotski: «La cuestión de saber a quién pertenecerá el poder no se resolverá con referencia a los artículos de la constitución, sino por el recurso a todas las formas de violencia». «No entraremos en el reinado del socialismo con guantes blancos y caminando sobre un piso encerado». 

El fascismo y el nazismo fueron derrotados en la guerra y condenados por la Historia. Los regímenes políticos comunistas del este de Europa cayeron con el muro de Berlín en 1989, pero no así su ideología que sigue vigente y renacida, gozando de prestigio y pedigrí  democrático y moral. «Si como fenómeno político el monstruo ha muerto, sigue bien vivo como fenómeno cultural. Cayó el muro de Berlín, pero no en las mentes» (Jean-François Revel).  

«¿Por qué el  negacionismo es definido como un crimen cuando se refiere al nazismo, y no lo es cuando se escamotean los crímenes comunistas…La razón consiste en que a los ojos de la izquierda subsisten buenos y malos verdugos» (Jean-François Revel).  El comunismo, bajo un falso maquillaje democrático, se  autolegitimó  aprovechando el hecho de haberse enfrentado y derrotado, junto con el occidente democrático, al nacionalsocialismo. He ahí la trampa, mientras Estados Unidos e Inglaterra eran enemigos del totalitarismo desde la democracia, la URSS comunista se enfrentó al totalitarismo nazi para sustituirlo, no por la democracia sino por el totalitarismo comunista. 

El nazismo puede, definirse como un anticomunismo que ha tomado de su adversario las formas y métodos, empezando por los métodos del terror. Drieu la Rochelle matiza: «Los nazis son los cínicos, porque reconocen abiertamente su violencia, su tiranía y los marxistas son los hipócritas, porque niegan desvergonzadamente las suyas».

El totalitarismo occidental se ha actualizado bajo formas aterciopeladas, un guante de seda que oculta la implacable mano de hierro que le es propia, sin renunciar a la violencia física, si es precisa, como sucede en varios países de Hispanoamérica.

Procura no parecer violento sino  que se sirve de una nueva forma de servidumbre: el ser humano se ve plácidamente privado, incluso con su propio consentimiento, de su humanidad.  ¿Para qué dominar por el terror si se puede hacerlo a demanda de los poseídos? Aldous Huxley lo expresa de manera clarividente: «Un Estado totalitario realmente eficiente, es aquél en el que las élites controlan a una población de esclavos que no necesita ser coaccionada, porque en realidad ama esta servidumbre». Alexis de Tocqueville lo describió llamándole despotismo democrático: «Una servidumbre reglamentada, apacible y benigna bajo un poder inmenso que busca la felicidad de los ciudadanos, que pone a su alcance los placeres, atiende a su seguridad, conduce sus asuntos procurando que gocen con tal de que no piensen sino en gozar».

El totalitarismo del siglo XXI ha renovado su técnica y sus medios: el mercado, la técnica, la comunicación, siempre que mediante medios indoloros se puedan conseguir los mismos fines. Aprovecha el oportunismo para adaptarse a las circunstancias e instrumentalizar los fenómenos sociales del presente para ocupar el poder. Los viejos dogmas marxistas se renuevan bajo otras apariencias a modo de nuevas ideologías, animadas por impulsos emocionales, que facilitan la labor de una ingeniería social intensiva, basada en la propaganda, la coacción y los hechos consumados. Es la denominada ideología progre: sustitución de la conciencia de clase por la de identidad;  ideología de género; ecologismo radical; animalismo; movimiento “okupa”; leyes educativas exterminadoras del saber, así como el relativismo moral, que permite adaptar el bien y el mal a la conveniencia del momento.

El proceso hacia el totalitarismo se apodera de las decisiones políticas, hasta el punto de conseguir que entre los partidos políticos, supuestamente democráticos, exista un consenso en torno a las leyes en las que se concreta la ideología progre, mediante la asunción de las ideas que, definidas en sus agendas,  foros y cenáculos, imponen las oligarquías globalistas. Esto hace, que los denominados «partidos de Estado» no presenten diferencias en cuanto a las finalidades, limitándose a discrepar sobre los medios para difundir los mismos valores y conseguir los mismos objetivos. Una muestra se da en nuestro país. Hemos escuchado anunciar la derogación de leyes de ese corte por parte del partido de la hipotética derecha cuando llegase al poder, pero una vez alcanzado éste ha mantenido todas ellas tal cual.

La democracia está en peligro. Se ha instalado la creencia de que la política puede y debe resolver e intervenir en todos los problemas, quedando su ejercicio, dada su complejidad, reservado a una élite de expertos, mientras que los ciudadanos han perdido la capacidad de control sobre ella, quedando la democracia amenazada en su esencia, aunque se mantenga una apariencia participativa bajo la celebración de elecciones, de cuyos resultados se encargará la propaganda mediática.

«Así pues, nos enfrentamos a un nuevo y temible totalitarismo, una ideología invisible, líquida, polimórfica, que desborda las tradicionales fronteras ideológicas. Un monstruo con vida propia que apela a las emociones y no a la razón, a las ensoñaciones y no a la realidad, que promete proporcionar aquello que cada uno desee, aunque sea una identidad imposible. Incrustado dentro del propio poder, compra voluntades, proporciona prebendas a quienes son sus cómplices y castiga con la muerte civil a quienes lo desafían» (J. Benegas, la ideología invisible). El sistema está condenado a agotarse en sí mismo o a consolidarse en el más puro totalitarismo. La negación de la existencia de la ley natural, de principios objetivos sobre los que asentar  el ordenamiento social o su marginación a la privacidad autista, conlleva una inseguridad acerca de los fundamentos mismos de la humanidad. Si la definición del bien y el mal dependen de las encuestas,lo que hoy se considera pernicioso, mañana la variación de la aritmética sociológica podrá convertirlo en una excelencia moral.

«Toda utopía comienza siendo un enorme paraíso que tiene como anexo un pequeño campo de concentración para rebeldes a tanta felicidad; con el tiempo, el paraíso mengua en bienaventurados y la prisión se abarrota de descontentos, hasta que las magnitudes se invierten»Milan Kundera. Citado por J. Benegas, la ideología invisible

«Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo»Benedicto XVI

La muerte de la prensa libre

Como ya sabrán, hace pocos días se aireó la noticia de los pagos del F.C. Barcelona a los árbitros, con la sospecha de que esas mordidas buscaban comprar un trato de favor. Una noticia de este calibre justificaría inundar las portadas de la prensa catalana. Pero no...

POR: Joan Puig

Cuando se descubrió el pastel, eché un vistazo a la prensa deportiva catalana. Asombroso. Ni una sola línea. Repito: ni una sola línea. No hace falta imaginar que habría pasado si lo mismo hubiese ocurrido con el Real Madrid.  En los días siguientes echaba ojeadas a la prensa generalista —La Vanguardia, El Periódico, Ara, etcétera…—. Y lo único que encontré fue un artículo que se hacía eco de los comentarios del entrenador del Barça, en el que decía que era raro que algo así se publicase justo ahora, siendo líderes. O sea, que era una conspiración. 

Sigamos. A las puertas de la huelga de Sanidad en Cataluña, La Vanguardia publicaba un artículo a página completa… ¡Sobre Ayuso y la Sanidad! ¿Saben que Cataluña es la Comunidad Autónoma que lidera las listas de espera para operarse? Es vergonzoso.

Hace unos días ocurrió algo terrible: el suicidio de una niña en Sallent. Aunque se intentó ocultar, finalmente se descubrió que la causa era el bullying que sufría en la escuela, entre otras razones porque se burlaban de su nivel de catalán. Cuando encontré alguna mención a esta noticia, era sobre la lacra del bullying en España. Cataluña, la tierra de la Omertá.

Recuerdo que cuando se descubrió el caso Pujol, un periodista y exdirectivo de un periódico importante de Cataluña hizo autocrítica: “hemos mirado demasiado hacia otro lado durante demasiados años”. Obviamente no han aplicado lo aprendido. Es más… proliferan los artículos de opinión que loan la figura figura histórica del expresidente. Aquí todo es intocable.

Tampoco leerán nada sobre los suicidios en las cárceles catalanas, que ostenta el triste récord de ser líderes en España,  por ejemplo. O sobre la tasa de fracaso escolar en Cataluña, que es aterradora. Es deprimente, créanme.

Estos días nos hemos enterado del hackeo de varios centros hospitalarios. Es gravísimo. Entre otras consecuencias, es posible que los datos de los pacientes acaben en las aseguradoras y que éstas lo utilicen para denegar solicitudes para ser cliente de la entidad. Algo así, en cualquier democracia occidental, conllevaría la dimisión del máximo responsable político. Pero en Cataluña, no. ¿Por qué? Porque saben que, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación catalanes, la sociedad seguirá en la inopia. Es desolador. 

Y si hablamos de las radios, tres cuartos de lo mismo. Estos días, tan prolíficos en noticias escandalosas en Cataluña, ¿saben de qué hablan en RAC1 (emisora líder)? Pues de la Operación Cataluña, Villarejo, etcétera.

Los medios de comunicación catalanes han contribuido, y siguen contribuyendo, a construir una sociedad idiotizada, que se mira el ombligo. “Somos los mejores” es la letanía que emiten los medios, sin mostrar nunca la más mínima exigencia o crítica hacia los organismos públicos que les gobiernan.

Algo tan saludable como la crítica sirve para que los Gobiernos estén obligados a ser mejores y, sobre todo, a que la sociedad sea exigente. Fíjense que jamás ha habido ninguna manifestación como protesta contra la corrupción. Impensable. Los medios de comunicación catalanes sólo se calientan con el tema de la lengua. Tenemos un ejemplo reciente. El caso de la enfermera que protestaba por tener que obtener el nivel C de catalán. ¡Anatema, herejía! Ahí sí, ahí entraron al trapo, como un rebaño de miuras, TV3, la prensa, la radio, las tertulias, magnificando un caso puntual. 

Sí, señores, no les quepa la menor duda: el periodismo en Cataluña no existe. Y es cómplice y responsable de haber creado una sociedad infantilizada y manipulada, que alimenta un vergonzoso sentimiento de superioridad que roza el racismo. ¿Exagero? ¡En absoluto! Miren, recientemente, por un extraño milagro de origen desconocido, TV3 emitió un reportaje sobre el protagonismo de los catalanes en la explotación de los negros de Cuba. ¿Han oído hablar del repugnante papel jugado por los negreros catalanes en el tráfico de esclavos? Seguramente sí. Las grandes fortunas catalanas se amasaron comerciando con seres humanos, a miles, decenas de miles. Como en todas partes, la Historia tiene etapas luminosas y otras mucho más oscuras. Pues bien… ¿Saben cuál fue la reacción que generó ese programa? Negación, absoluta, rotunda. Y balón por la banda. Y cortina de humo. Y que eso era culpa de España, porque los catalanes, seres de luz, no hacían estas cosas.

Este último ejemplo refleja perfectamente en qué han convertido a la sociedad catalana los medios controlados por los gobiernos nacionalistas: no conciben, ni admiten, ni analizan, que los catalanes no sean seres luminosos, ahora y en toda su historia pasada. Cataluña es una sociedad adolescente,  estúpida, sumamente inculta, y sumamente fanatizada. Da mucha pena, muchísima, toda.   

Recuerdo que hace ya algún tiempo mantuve un intercambio de tweets sobre lo “sangrientos que fueron los españoles, el Duque de Alba, etcétera». Cuando argumenté que en aquel contexto histórico era algo habitual, la guerra, las conquistas, mi interlocutor me contestó —¡cómo no— que los catalanes no eran así. Que ellos eran seres élficos. Le puse un ejemplo de lo contrario y documentado. De hecho, todavía a día de hoy, el recuerdo de la terrible «Venganza Catalana», bajo la figura del Katalan, como respuesta al asesinato de Roger de Flor aún persiste en los países balcánicos, donde la figura de un guerrero-gigante, sediento de sangre, se usa para asustar a los niños. O en Bulgaria, donde es un insulto llamar a alguien “hijo de catalán”. En la respuesta incluí un enlace a un excelente artículo histórico. ¿Saben que ocurrió? ¡Me bloqueó de inmediato! Y es que esta parroquia de fanáticos no soporta ninguna verdad que pueda estropear su falsa luminosidad.

¿Tiene solución el periodismo en Cataluña? Pues me temo que no. Hace ya unos cuantos años publiqué un artículo sobre este tema, en el que utilizaba como ejemplo un texto del periodista Enric Juliana, subdirector de La Vanguardia. Me pareció correcto enviárselo en un mensaje privado de Twitter. Lo leyó. Vaya si lo leyó. De cabo a rabo se lo leyó… ¿Y saben que hizo? ¡Bloquearme a los pocos minutos! 

Mientras he escrito estas líneas, más y más ejemplos de la muerte del pensamiento crítico y del periodismo libre se han producido en Cataluña. Es inútil intentar siquiera consignarlos todos. Descanse en paz el periodismo en Cataluña, tierra de silencio.

Las últimas arcadas del chamanismo

No hubo expertos. Ahora, a tres años vista, lo sabemos con certeza y no pasa nada. Y España definitivamente es un desastre confirmado por todos los organismos serios, pues todos avalan la bancarrota, pero parece que tampoco pasa nada. 

POR: Francisco Gómez Valencia

No hubo expertos. Ahora, a tres años vista, lo sabemos con certeza y no pasa nada. Y España definitivamente es un desastre confirmado por todos los organismos serios, pues todos avalan la bancarrota, pero parece que tampoco pasa nada. 

Y miren: a estas alturas, y después de tanto escrito sobre el asunto, no se trata de sacar rédito literario por difundir la defunción de España como Estado-Nación, sino de intentar, al menos, bajar el volumen de la burda serenata ofrecida por la orquesta del Titanic, que acompaña con sus melodías fúnebres de cuarteto de cámara al chamán que ocupa la Moncloa.

El otro día me enfadé mucho cuando dijo que la culpa de todo es del clima. Y es que yo ya vengo calentito desde los tiempos de “Z-Paro”. “La tierra es del viento” —¿recuerdan?—. Y después puso esa cara de papanatas que Dios le ha dado.

Que el clima parte la pana ya lo tenemos asumido, porque el asunto ha calado en todos los ámbitos de la sociedad en general, y en las empresas en particular. Uno ya no adquiere, gasta, come, disfruta, o lo que sea, por gusto o necesidad básica, sino en base al CO2 que se ahorró de emitir a la atmósfera el fabricante, el distribuidor, el comerciante, ¡y hasta uno mismo al comprar, disfrutar, usar, comer o incluso defecar!

Ante esta perspectiva vital para tanta gente básica, ¿por qué no darles lo que quieren? Ante cuestiones difíciles, respuestas sencillas para gente sonriente.

Gente de esa que llora por un árbol mientras desea la muerte de su suegra para trincar antes y por ello defiende la eutanasia. Gente que asume que a sus hijos les coman la cabeza profesores anormales y mal formados mientras les meten mano. Gente que se zafa en el trabajo del trabajo, para reclamar, en comidilla, más derechos en grupos de WhatsApp en horario laboral. Gente que no ha usado zapatos jamás.

El clima. Vale, sí, el clima…

¿Eres pobre por el clima? ¿Te suben la hipoteca por el clima? ¿Su casa, de usted y su señora, vale menos por el clima? ¿Ha pasado frío este invierno porque no puede pagar la calefacción? ¿No come carne, pescado o fruta, y lo poco que compra viene importado de Marruecos? Parece  que a cada vez mas gente le pasa… ¿verdad? Pues los capitostes de Bruselas siguen aumentando las partidas presupuestarias en forma de ayudas para que se desarrollen ellos, en origen… ¿Y se lo regalan, así, por la cara, al rey moro? 

¿Y aquí, qué? La culpa es del clima y de los empresarios que no pagan bien. Allí, que no hay ni derechos fundamentales, se ve que lo hacen de maravilla, y el clima es mejor aunque hablemos de África.

¿Y lo de ir a la gasolinera a repostar? ¡Bueno, bueno…! Eso ya es un deporte de riesgo, pues los combustibles andan por las nubes. Pero de extraer gas en España nada de nada, porque deteriora el planeta. Mejor se lo compramos a EEUU y a Rusia a espuertas, que están muy lejos. Pero la culpa de que usted eche, en el mejor de los casos, sólo 20 eurillos, es del clima. Vale, vale…

Suben las pensiones, los salarios; ofrecen más puestos para ser funcionario; crujen a impuestos a todo el ecosistema empresarial; persiguen a las pymes y masacran a los autónomos. Lloran por lo público a ritmo de batucada, exterminando la iniciativa privada, y señalan a las empresas, a los empresarios de éxito; apoyan a espuertas a los sindicatos improductivos… ¡En definitiva, gobiernan para la gente sonriente! 

La gente con cara de bobo que aplaudía a los que hoy no les atienden en la consulta y en los hospitales, como muchos avanzamos que sucedería; los mismos que no entienden que primero hay que trabajar generando las condiciones necesarias para que después se pueda exigir y no al contrario… Gente que no sabe esforzarse, sufrir, o pasarlas canutas para conseguir algo en la vida.  Gente cómoda que se piensa que todo cae del cielo, al amparo de un Gobierno que dice ser progresista para que ellos progresen también sin esforzarse. Gente que siempre culpa al de al lado porque eso ve hacer al Gobierno. Gente que no quiere traer hijos a este mundo —y a los pocos que traen les inculcan el miedo de serie contra quienes les lleven la contraria o les protejan de los inmigrantes que llegan para sustituirlos. Gente que improvisa a mediados de mes, sin pensar en el fin de mes, pero que no se sacrifica en nada ni por nadie porque le han inculcado que ser egoísta es lo correcto mientras no percibe que está siendo colectivizado y clasificado como ganado… Y así, todo.

La verdad es que es tanto lo arrasado desde los días de Zapatero que uno ya no recuerda tiempos prósperos. Con Rajoy el personal era, quizás, algo más feliz; no como ahora, que dicen que hay que sacar hasta número y pedir cita previa para suicidarse. Vale… pero al menos había trabajo basura para todos. 

Aquí, ahora y por fin, en las últimas arcadas del sanchismo mas nauseabundo, el cuento de las cuentas del paro ha sido reconocido en el Senado. El ministerio de Sanidad también ha reconocido que se compran tantas vacunas como caducan, y que, además, hasta algunas matan a gente. El hermano de Ayuso es inocente, y de la gestión sobre las residencias de ancianos, también carpetazo. Claro, faltaría más… ¡Cuanto me alegro presidenta! A ver si ahora resulta que sólo presuntamente se narcotizaron ancianos para que murieran solos, tranquilos y sin molestar en una única Comunidad Autónoma.

Fíjense: es que llegados a este momento de la legislatura, me alegro tanto, o lo mismo, de que se vayan a librar Salvador Illa, José Luis Ábalos Meco, Pablo Iglesias, Yolanda Díaz, Carolina Darías, Miguel Ángel Revilla, el Tito Berni y hasta el presidente del Barça, con tal de que al menos trinquen otros… Porque entonces ¿qué sentido habría tenido que antes se hubieran librado Felipe González, José Bono, Chaves, Griñán, o Junqueras y compañía?

LETRA EN INGLÉS / ENGLISH LYRICS

Socialists, socialists
we do not know how to govern
when we get a budget
we just melt it down

With communists and pro-terrorists
a brutal symbiosis
as soon as I can I give them a stick
and they will never come back

I move through the sewers
with unparalleled ease
I do my business
I call it legislating

We are millions and together
a plague of the copón
just like on the right
the rats another legion

Democracy a fallacy
that has long since vanished
we fuck it every day
in your silly face

And meanwhile in our chairs
with responsibility
we share out the little seats
in Endesa or Enagas

In the next elections
you will have to choose
between one plague or another
to infect the country

This way you are entertained
and give us time to continue
emptying your life
while you fight for me

The socialists, the socialists
we do not know how to govern
when we get a budget
we just melt it down

Democracy is a fallacy
that has long since vanished
we fuck it every day
in your silly face

La razón por la que los partidos centristas se han transformado en socialistas e irán a peor

El centrismo se ha convertido en una ficción por la radicalización de la izquierda

Elentir

Desde hace más de 200 años, se viene dividiendo el mapa político en dos facciones: derecha e izquierda. En medio de ellas estaría el llamado «centrismo».

Si equiparamos a la derecha con el conservadurismo y a la izquierda con el socialismo, ¿qué es el centrismo? Aparentemente sería una mezcla de ambas facciones. Existen, de hecho, posiciones que son llamadas de «centro-izquierda» y de «centro-derecha», para referirse a aquellas personas y partidos más cercanas al centro político. Lo que mucha gente no tiene en cuenta es que estamos ante un mapa variable, y esto significa que aunque la derecha no cambie sus posiciones, el resto del mapa sí ha cambiado: se está estirando hacia la izquierda.

En los últimos años, la izquierda ha vivido un proceso de radicalización, que ha invertido la tendencia que se dio en Occidente en la postguerra, cuando los llamados socialdemócratas fueron abandonando las tesis marxistas y aceptando la economía de mercado y la democracia liberal. Desde hace tiempo, el llamado centro-izquierda ha ido asumiendo tesis que hasta entonces sólo defendía la extrema izquierda, como el feminismo radical y la ideología de género (y especialmente su versión más radical, la teoría queer).

La derecha pudo haber aprovechado esa oportunidad para evidenciar el creciente extremismo izquierdista, pero decidió iniciar una huida hacia el centro en un intento por ocupar ese espacio que creía abandonado por la izquierda. Al intentar ocupar el centro, la derecha abandonó sus posiciones de siempre y fue arrastrada por la izquierda en su proceso de radicalización. ¿Cómo pudo ocurrir esto? Pues por la sencilla razón de que el centro político es una posición equidistante: con una izquierda más radicalizada, el centro se mueve hacia la izquierda. Cuanto mayor es la deriva extremista de la izquierda, mayor es el desplazamiento izquierdista del centro político.

El problema de los partidos centristas es que la sociedad no se mueve al mismo ritmo que ellos. El creciente divorcio entre el centrismo y sus votantes ha dado lugar a una nueva derecha, que ha acabado ocupando ese espacio abandonado por el centro-derecha. Esa nueva derecha ha empezado a librar una batalla ideológica que el centrismo no puede dar, debido a su equidistancia. Esto representa un gran problema para los partidos centristas, que estaban muy tranquilos cuando no tenían competencia por la derecha. Ahora que la tienen, el centrismo debe elegir: seguir dejándose arrastrar por la izquierda o recuperar las posiciones perdidas. La mayoría del centrismo ha elegido la primera opción, porque ya no sabe hacer otra cosa que dejarse arrastrar por la izquierda.

Ésa es la razón de que cada vez sea más difícil distinguir a un centrista y a un socialista. Debido al desplazamiento de la izquierda hacia la extrema izquierda, que está llegando a unas cotas inimaginables hace sólo unos años, los centristas de hoy están ocupando las coordenadas ideológicas de los socialistas de ayer, y el proceso no se detiene, por lo que la deriva izquierdista del centrismo está condenada a ir a peor, como ya estamos comprobando. De hecho, el centrismo ya viene asumiendo viejas posiciones de la extrema izquierda (como las citadas del feminismo radical y de la ideología de género) igual que lo hizo la izquierda. El centrismo de hoy es el socialismo de hace 10 o 15 años.

Esto presenta un reto para la nueva derecha que se mantiene fiel a los planteamientos conservadores. ¿Tiene sentido que la derecha conservadora se sienta afín a un centrismo abiertamente socialista? ¿Cómo conciliar las posiciones provida de la derecha conservadora y la militancia abortista que ha adoptado el centrismo en su viaje hacia la izquierda, por ejemplo? En Polonia esa ruptura ya se produjo hace años: la derecha conservadora (el partido Prawo i Sprawiedliwość, PiS) es ya directa rival de la centrista Platforma Obywatelska (PO, abiertamente proaborto y aliada con la izquierda).

En España aún no se ha dado esa ruptura, pero Vox (partido conservador y provida, socio del partido PiS) tiene una relación cada vez más difícil con el Partido Popular (PP, centrista y socio de la PO), que viene asumiendo gran parte de las tesis ideológicas de la izquierda y cuya secretaria general ha afirmado sentirse más cerca de los socialistas del PSOE que de Vox. La cuestión es que si el PP sigue su viaje hacia la izquierda, será insostenible para Vox pactar con ese partido y tendrá que asumir que el PP es tan rival de la derecha como el PSOE.

Foto: La Moncloa. El socialista Pedro Sánchez, presidente del gobierno d España, saludando a Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, en una visita de éste al palacio de La Moncloa.

Pésima aplicación de la suma cero

El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos.

 por Alberto Benegas Lynch

En última instancia los mayores errores en economía obedecen a una aplicación muy desacertada de lo que en teoría de los juegos se denomina “la suma cero”, esto va desde la parla habitual en muchos medios a representantes de la Iglesia, hasta el keynesianismo y el estatismo en general.

El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos. En el siglo XVI, Michel Montaigne -a pesar de buenas contribuciones en otras materias- concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas las transacciones.

Éste es el punto de partida de una equivocación garrafal que ha teñido buna parte del discurso que pretende explicar aspectos clave de la economía. Al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, en estos casos inexorablemente lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco. Curiosamente los patrocinadores de la suma cero en transacciones libres y voluntarias imponen esa modalidad en lo que defienden, es decir, el estatismo en sus diversas variantes.

Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros, que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo disparate. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy, salvo raras excepciones, resulta en verdad tristes los espectáculos que ofrecen candidatos a ocupar la escena política en todas partes del llamado mundo libre: compiten en una carrera desenfrenada de promesas para ver quién saquearía más los bolsillos de los que tienen recursos para entregárselos graciosamente a los que tienen menos patrimonios.

Resulta triste a la luz de los postulados de los Padres Fundadores quienes consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución estadounidense, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. También en nuestro medio el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi, se preguntaba y respondía: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía a Alejandro: que no le haga sombra.”

¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes incluso en Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retornar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

Por su parte una de las pocas sentencias acertadas de John Maynard Keynes con razón estampó que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

El párrafo no puede ser más ajustado a la realidad. Sin embargo Keynes ha tenido y sigue manteniendo la influencia más nefasta de cuantos intelectuales han existido hasta el momento. Mucho más que Marx, quien debido a sus inclinaciones violentas y a su radicalismo frontal ha ahuyentado a más de uno. Keynes, en cambio, patrocinaba la liquidación de la sociedad abierta con recetas que, las más de las veces, resultaban de una mayor sutileza y difíciles de detectar para el incauto debido a su lenguaje alambicado y tortuoso.

Es del caso repasar los pensamientos de Keynes en este contexto de la suma cero que navega en sus escritos. Los ejes centrales de su obra más difundida (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurrir a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” ya que nos dice en ese libro que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.

Tal vez los trabajos de mayor lucidez sobre Keynes estén consignados en el noveno volumen de las obras completas del premio Nobel en Economía F.A. Hayek (The University of Chicago Press, 1995) y en el meduloso estudio de H.Hazlitt traducido al castellano como Los errores de la nueva ciencia económica (Madrid, Aguilar, 1961). Numerosas universidades incluyen en sus programas las propuestas keynesianas y no como conocimiento histórico de otras corrientes de pensamiento, sino como recomendaciones de la cátedra. Personalmente, en mis dos carreras universitarias y en mis dos doctorados tuve que estudiar una y otra vez las reflexiones keynesianas en el mencionado contexto. Todos los estatistas de nuestro tiempo han adoptado aquellas políticas, unas veces de modo explícito y otras sin conocer su origen. Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo más crudo durante las presidencias de Roosevelt: eso era su “New Deal” que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas donde se abandonó la disciplina monetaria.

Las terminologías y los neologismos más atrabiliarios son de su factura. No quiero cansar al lector con las incoherencias y los galimatías de Keynes, pero veamos sólo un caso, el que bautizó como “el multiplicador”. Sostiene que si el ingreso fuera de 100, el consumo de 80 y el ahorro 20, habrá un efecto multiplicador que aparece como resultado de dividir 100 por 20, lo cual da 5. Y préstese atención porque aquí viene la magia de la acción estatal: afirma que si el Estado gasta 4 eso se convertirá en 20, puesto que 5 por 4 es 20 (sic). Ni el keynesiano más entusiasta ha explicado jamás como multiplica ese “multiplicador”.

En definitiva, y aquí es una de las instancias en que se filtra de contrabando la suma cero, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”.

En resumen, la incoherencia de la suma cero en la cooperación social en libertad está presente en todas las exposiciones estatistas que empobrecen moral y materialmente por más que como queda dicho estén en boca de no pocos sacerdotes muy escasos de conocimientos elementales en ciencias sociales de muy diversa jerarquía eclesiástica y de expositores cacofónicos dignos de una torpeza de dimensiones colosales que alardean de proteger a los más vulnerables con lo que los extienden por doquier.

Pompeyo

Es conveniente recomendar a Irene Montero que no redacte una ley para revisar las penas de los delitos inmersos en el terrorismo

Por Alfonso Ussia

Pompeyo es un personaje de película. De película que termina bien, porque ha sido detenido, ha declarado ante el juez, y su señoría le ha mandado a la trena. Tengo que reconocer que, en un principio, no le concedí importancia alguna a los sobres con explosivos que envió, entre otros, al presidente del Gobierno a La Moncloa. Creí que se trataba de una broma de mal gusto, como la farsa de la bala que recibió Stalincito en su domicilio probablemente enviada por el propio Stalincito. Prueba de ello es que nadie se acuerda ya de la bala y del falso susto que con tan escasa maestría interpretó el chico de Vallecas. Nada se parece aquello a lo de Pompeyo, un jubilado comunista, nostálgico de la Unión Soviética y entusiasta partidario de la invasión brutal y sangrienta de Ucrania por parte de la Rusia pre imperial de Putin. Pompeyo González tenía a buen recaudo en su dulce hogar, un dron con un dispositivo para lanzar artefactos más potentes, y toda suerte de explosivos, tornillos y demás objetos destinados a convertirlos en metralla. Es decir, que Pompeyo González, si no se demuestra lo contrario, es un bicho digno a tener en cuenta. Una de mis tías bisabuelas tenía unos hablares tan elegantes que intercalaba una «t» entre la «i» y la «c», y pronunciaba «bitcho». – Hay que despedir a Saturnino, el «tchófer» porque además de un «bitcho» no tiene ni idea de «cotches». Pero no lo hizo. Saturnino se jubiló de «tchófer» de mi tía bisabuela porque le producían honda pena la mujer de Saturnino y sus «tchicos».

Ignoro el porqué de la indiscreta e innecesaria referencia en el presente texto a mi tía bisabuela. Mis lectores sabrán perdonarme.

Pólvora y clorato potásico le fue intervenido por la Policía. Según su declaración ante el juez adquirió sus conocimientos químicos para fabricar armas explosivas en Internet, y posteriormente, con la asignatura bien aprendida, los compró en Amazon. Se me antoja un tanto extraño que en Amazon atiendan pedidos y solicitudes tan sospechosas como inexplicables, pero así está el patio. Cuando finalice este artículo procederé a pedir a los de Amazon una ametralladora de segunda mano con el fin de defenderme de una invasión de topos que se han apoderado de mi jardín. Entiendo que esa petición no sea del agrado de los animalistas, pero mi paciencia ha sobrepasado el límite de la resignación. Si a Pompeyo González le sirvieron su pedido, espero que el mío lo admitan con parecida celeridad e indulgencia.

Lo cierto es que Pompeyo González, como poco, está como una chota. Autoproclamarse soldado de la URSS cuando la URSS ya no existe, y colaborar desde Miranda de Ebro con el Ejército invasor ruso, merecería toda suerte de comentarios jocosos si los juguetes a su disposición no hubieran sido tan peligrosos. He pasado por Miranda de Ebro en coche y en tren en centenares de ocasiones, desconociendo que allí habitaba Pompeyo González. De haberlo sabido, habría invertido más tiempo dando un rodeo por una carretera secundaria, y de viajar en tren, exigido a los máximos responsables de la Renfe y el Talgo de tener en cuenta y consideración la proximidad del domicilio de Pompeyo González de la estación, que para colmo, es nudo ferroviario de los trenes que pululan por el norte.

Es conveniente recomendar a Irene Montero que no redacte una ley para revisar las penas de los delitos inmersos en el terrorismo. Porque la libertad de Pompeyo puede causarnos más que un susto. Los soldados comunistas de la URSS no descansan. Y de Amazon, ya hablaremos. Y de los topos.

Despotismo indefendible

El autobombo de Sanchez acabará en autodecepción y cavará su tumba

Por JIMMY GIMÉNEZ-ARNAU

La escoria totalitaria que integra este Gobierno (destructor de las libertades y proclive a los abusos) perderá las elecciones, según las encuestas, el despotismo de su caudillo papanatas es indefendible. Las encuestas serias, casi todas, a excepción de las del CIS, que inventa el cerril Tezanos y con chulería barata reconoce que nunca es imparcial, pues debe atender las consignas de la voz de su amo, un crustáceo enrocado en La Moncloa decidido a no abandonarla. Tan zumbado está el iluso, que sueña con que su ego hortera e inepto transformará los abucheos en votos, lo único que en verdad le mortifica, porque el futuro de la nación española le importa un rábano. Él sólo piensa en sí mismo… Que el futuro de la gente no le preocupa y la deuda que nos va a dejar, se la sopla.

El autobombo de Sánchez acabará en autodecepción y cavará su tumba. El enemigo público número uno ya no engaña a nadie, de sumar las atrocidades y las traiciones que ha cometido, no le vota ni su madre. Cada voto que compre con subvenciones, a cargo de nuestros impuestos, equivale a cientos, sino miles, de votos de cuantos lo odian. Las elecciones lo van a triturar. El tirano mutó en un muerto viviente, huele a cadáver y tiene los días contados. De quedarle una pizca de raciocinio, cosa que dudo, vista su ineptitud, tendría que hacer el equipaje y mendigar asilo en un edén comunista, llevándose a la escoria totalitaria, en pleno, como ayudantes de cámara. Quizá algún demente dictador tropical los alquile y les permita plagiar, sus falsas memorias de redención.

Poco les queda por hacer tras humillar a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, llamándola «asesina» en el templo de la Complutense. Así demostraron lo que son estas bandas de infradotados, que nos gobiernan. Dicen ser feministas, pero atacan a una noble mujer que sabe hacer su trabajo y les planta cara, pues repudia a las hordas que hacen daño a la capital de España, el motor de nuestra economía. Despotismo a granel es el arma que utiliza el maniquí contra Ayuso, su enfermiza fijación, que ella triunfa, donde él fracasa. Y sabe que perderá las elecciones irremisiblemente. Mientras la diosa Ayuso logró que prosperase la Comunidad de Madrid, el muy lerdo consiguió arruinar a España entera.

Hoy priva, entre las pedorras de Igualdad, atacar a insignes empresarios, como Amancio Ortega y Juan Roig. Valgan tres frases de sabias personas, para que las incultas se ahoguen en su ignorancia. Sir Winston Churchill: «Si pones comunistas a cargo del desierto del Sahara, en cinco años, habrá escasez de arena». Mrs. Margaret Thatcher, la dama de hierro: ·»Todo izquierdista es un incompetente y fracasado que cree que las personas que tienen éxito, le deben algo». El genial Antonio Escohotado: «Ser comunista en un país libre es fácil, lo difícil es ser libre en un país comunista». Las pedorras ya pueden dimitir que, como socias de Sánchez, le conducirán al desastre. Aunque, sin ellas, también se habría estampado, porque no sirve para gobernar una nación como España. Le cae demasiado grande a tal presuntuoso.

Cómo vencer la cultura del miedo

Nuestros padres y abuelos no vivían obsesionados por la salud ni por vivir cien años. Cierto es que nadie les recomendaba excentricidades como beber dos litros de agua al día, pues en aquel entonces no se bebía por obligación sino cuando se tenía sed, un sistema milenario bastante infalible que recomiendo encarecidamente.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Vivimos en una sociedad atrapada por el miedo, y ese miedo nos está arrebatando nuestra libertad y nos está impidiendo vivir, porque vivir esclavizado por el miedo no es vivir. El hombre fue creado libre, y no para arrastrar los pies tristemente atado a las herrumbrosas cadenas del miedo.

La sociedad actual es mucho más miedosa que la de nuestros antepasados. Cuando yo era pequeño y montábamos en bicicleta, de vez en cuando nos caíamos y nos hacíamos alguna herida. La culpa no era del exceso de velocidad ni de la impericia del niño, sino de la fuerza de la gravedad. Sin fuerza de gravedad es imposible caerse, ¿verdad? Pero es lo que hay, qué le vamos a hacer. Vivir es arriesgarse. Hoy en día hay niños que van en bici con casco, coderas, rodilleras, guantes (y móvil, naturalmente).

Nuestros padres y abuelos no vivían obsesionados por la salud ni por vivir cien años. Cierto es que nadie les recomendaba excentricidades como beber dos litros de agua al día, pues en aquel entonces no se bebía por obligación sino cuando se tenía sed, un sistema milenario bastante infalible que recomiendo encarecidamente.

Hoy, por el contrario, los medios tienen una sección de “Salud” en la que nos asustan con todo tipo de enfermedades y nos prometen que, si cumplimos con unas normas, seguimos un estilo de vida determinado o la dieta de moda, vamos constantemente al médico y nos atiborramos a medicinas, viviremos eternamente.

El deseo de inmortalidad del hombre moderno

El hombre moderno, controlado por la Cultura del Miedo, vive obsesionado con la eterna juventud fingiendo que la muerte no existe. ¿Han tenido éxito estas ínfulas de inmortalidad?

La respuesta quizá les sorprenda. Naturalmente que la esperanza de vida al nacer ha aumentado mucho, pero no hay que confundir esperanza de vida con longevidad. No es que el ser humano viva mucho más, sino que un número mayor de los que nacen llegan a la vida adulta gracias, sobre todo, a la reducción de la mortalidad infantil.

Platón, en el s. IV a. C, vivió 80 años; san Juan (s. I), cerca de 90; san Alberto Magno, en el s. XIII, 87 y Juan de Mariana, en el s. XVI, 88 años.

De hecho, la esperanza de vida a los 65 años apenas ha aumentado 4 o 5 en el último siglo, lo que significa que un hombre de 65 años que a finales del s. XIX esperaba vivir hasta los 78 ahora puede confiar en vivir hasta los 83[1]. En personas de más de 80 la esperanza de vida apenas ha aumentado en Occidente en los últimos 100 años[2], y esto a pesar de vivir en la sociedad más medicada de la Historia.

¿Necesitamos vivir entre algodones? Una vida de privaciones físicas tampoco parece ser óbice para alcanzar una provecta edad. Diógenes, en el s. IV a.C., caminaba descalzo todo el año, dormía en los pórticos de los templos envuelto en un manto y alcanzó los 90 años. Claro está, lo hizo durante el Período Cálido Romano, cuando la temperatura del planeta era superior a la actual (para desmayo de los cambioclimatistas[3]).

San Antonio Abad, uno de los eremitas del s. III conocidos como los Padres del Desierto, llegó a los 105 de edad de ayuno en ayuno. Y el psicólogo Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, murió con 92, y no fue una excepción, pues los supervivientes de los campos de concentración han sido estadísticamente longevos[4].

El miedo a todo

Pero ¿qué es el miedo? El miedo es la ansiedad anticipatoria de un daño, real o imaginario. Cuando el miedo anticipa un daño real evitable nos protege, pues podemos prevenirlo. Sin embargo, cuando nos anticipa un daño inevitable, o un daño evitable, pero lo hace de forma desproporcionada o, peor aún, cuando nos anticipa un daño meramente imaginario, puede resultar funesto.

La Cultura del Miedo[5] exacerba, interioriza y extiende a la vida cotidiana un miedo desproporcionado, creando una sociedad caracterizada por la búsqueda compulsiva de una seguridad inalcanzable que idealiza una fantasía: que es posible vivir con riesgo cero.

Así, la Cultura del Miedo nos ofrece la manzana envenenada de una falsa promesa de seguridad a cambio de nuestra libertad y lo hace bajo dos premisas. La primera es que todo es peligroso; la segunda es que todo peligro puede ser evitado si obedecemos determinadas normas ordenadas por el Poder, sea político, científico o médico, que nos protegerá de todo mal.

La divinización de la seguridad no deja ser otra idolatría y, como buen ídolo, no es fiel a sus promesas. Efectivamente, la seguridad es elusiva por inexistente.

El miedo al covid, al cambio climático o a la guerra nuclear son sólo ejemplos concretos. Los principales temores con los que nos asusta la Cultura del Miedo son el miedo a la falta de amor, a la soledad, a la enfermedad, a la ancianidad y a la muerte, a la crítica, a la pobreza, y, de forma muy significativa, a la libertad. En definitiva, la Cultura del Miedo nos propone que tengamos miedo a la vida.

Las trampas de la Cultura del Miedo

Lo siniestro es que esta cultura del temor constante no desea solucionar estos miedos, sino hacerlos crónicos. Así, frente al miedo a la pobreza nos propone más Estado, menos libertad y menos propiedad privada, exactamente aquello que aumenta la pobreza.

Frente al miedo a la crítica propone las redes sociales, donde se fomenta precisamente el miedo a no ser aceptado y se censura o lincha a quien no comulga con las ruedas de molino del pensamiento único.

Frente al miedo a la falta de amor y a la soledad propone la destrucción de la familia mediante el divorcio exprés, el aborto y la perversa ideología de género.

Frente al miedo a la enfermedad propone la hiper medicación que conduce a la hipocondría, o los aberrantes confinamientos de personas sanas, el aislamiento social, la farsa de las mascarillas o la vacunación coercitiva con terapias genéticas ineficaces y peligrosas.

Frente al miedo a la ancianidad, propone la eutanasia; y frente al miedo a la muerte, la desesperanza. Hay algo oscuro en todo esto, ¿verdad?

Por último, la Cultura del Miedo, y los yonquis del poder que la promueven, desean fervientemente que tengamos miedo a la libertad, pues libertad implica responsabilidad.

Simultáneamente crean el miedo a lo que ellos llaman “perder la libertad”, pero se trata de un sucedáneo. Por ejemplo, nos proponen que no nos comprometamos de por vida con nuestro cónyuge y que no luchemos por nuestro matrimonio (divórciate y recobra “tu libertad”).

O que no tengamos ese maravilloso hijo que nos atará de por vida con los lazos del amor, sino que lo destruyamos en el vientre de su madre (aborta y recobra “tu libertad”). O que no intentemos, en fin, vencer nuestras pasiones y luchar por obrar bien: “libérate”, hombre, y haz lo que te dé la gana. Esto sólo conduce a la infelicidad y a la esclavitud, pues en vez de elevar al ser humano lo animaliza. Como decía Séneca, “en la virtud radica la dicha verdadera[6]”.

Para los cristianos la historia del miedo está ligada al pecado original, pues la primera vez que aparece el miedo en el Génesis fue después de que Adán comiera del fruto prohibido. De modo significativo, por tanto, el temor y el mal aparecen unidos. En el Nuevo Testamento, por el contrario, la Buena Noticia comienza con el “no temas” del ángel a la Virgen María, y una de las frases más recurrentes de Jesucristo es “no tengáis miedo”.

El miedo también nos paraliza impidiendo que desarrollemos nuestros talentos y demos fruto, no en balde en la parábola de los talentos el motivo que esgrime el siervo para no haberlo hecho fructificar es que sintió miedo (Mt 15, 14-30).

El miedo como instrumento del Poder

¿De dónde proviene la Cultura del Miedo? ¿Es éste un fenómeno espontáneo o responde a factores inducidos? El miedo es consustancial al ser humano, pero existen elementos exógenos interesados en exacerbarlo.

Sin duda, el elemento exógeno más importante es la ofensiva del nuevo totalitarismo, que utiliza el miedo para controlarnos. En efecto, el poder no quiere individuos pensantes que dominen sus temores, sino clones obedientes y asustados, al igual que no desean individuos libres, sino hombres-masa dependientes y controlables.

La libertad, don fundamental de Dios al hombre, siempre está amenazada por el poder. Así, poder y libertad son un juego de suma cero: si aumenta uno, necesariamente tiene que disminuir el otro.

Decía Ralph Waldo Emerson que el antídoto contra el miedo es el conocimiento, y es cierto, pero el conocimiento exige pensar, y Occidente vive hoy un declive de la razón. Cuando hace muchos años preguntaron al Premio Nobel Albert Schweitzer qué le ocurría al hombre moderno, respondió: “El hombre de hoy simplemente no piensa”.

Si pensar es al antídoto del miedo y el miedo es el instrumento de los yonquis del poder para controlarnos, éstos procurarán que no pensemos y que nos limitemos a repetir como papagayos la última noticia o el menú ideológico del día.

Dicho sea de paso, el miedo no es el único instrumento que los yonquis del poder utilizan para dominarnos. Conscientes de que el vicio esclaviza y la virtud libera, fomentan el vicio en vez de la virtud, y, como la serpiente del Génesis, lo presentan de modo que sea “atrayente a los ojos y deseable”.

Raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, altruismo, fidelidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente. Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, denominará “solidaridad” a la envidia, a la codicia de los bienes ajenos y a fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) y “derechos” a evitar toda obligación y toda responsabilidad, incluso hacia nuestro cónyuge e hijos.

Las astutas tácticas de la Cultura del Miedo

Los yonquis del poder utilizan el miedo como táctica de control: primero crean un miedo, real o ficticio, que pronto se transforma en ira; luego señalan un culpable, real o inventado, hacia el que dirigir dicha ira; y finalmente se postulan como salvadores si les entregamos nuestra libertad. Así, el miedo acaba conduciendo a la servidumbre.

El caso del covid es revelador: primero crearon el pánico; luego buscaron un chivo expiatorio: los jóvenes, estigmatizados por su comportamiento supuestamente irresponsable, y más tarde los no vacunados, a los que condenaron a un vergonzoso apartheid; y finalmente se postularon como salvadores si les obedecíamos sin rechistar renunciando a nuestra libertad con los confinamientos, mascarillas, “vacunas” y demás tomaduras de pelo.

Pero el miedo también funciona como arma para doblegar voluntades de forma más directa mediante la presión de grupo. El hombre, animal social y gregario, teme el aislamiento, y por tanto es vulnerable a la amenaza de ser estigmatizado y condenado al ostracismo si se atreve a ir contracorriente.

Dios nos creó individuos, únicos e irrepetibles. Los yonquis del poder buscan destruir esa individualidad para transformarnos en dóciles e indistinguibles autómatas.

Un instrumento muy útil para lograrlo son las redes sociales, diseñadas para diluir la individualidad en una masa informe cuyos individuos sean esclavos de su “popularidad” y, por tanto, fácilmente controlables por quien decide lo que es popular. Para eso inventaron los likes, utilizando no sólo el miedo a quedarnos solos, sino nuestra tendencia a construir nuestra opinión sobre nosotros mismos en función del aplauso ajeno, craso y frecuente error.

Al miedo a la presión de grupo se suele unir el abuso del principio de autoridad, que antaño era política, militar o religiosa. Hoy los yonquis del poder han decidido manipular la Ciencia (con mayúscula) para convertirla en la nueva Autoridad, en un nuevo dios, y a los científicos en los nuevos sumos sacerdotes, siervos útiles del poder. Lo dice “la Ciencia”, así que no discutan: obedezcan.

Todo esto está inventado desde hace milenios y los estudiantes de siglos anteriores, más inteligentes que los de hoy (pues carecían de móviles), lo estudiaban en cualquier curso de lógica antes de cumplir los 16.

Se trata de la falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado, la falacia ad hominem, que en lugar de proponer argumentos desacredita a la persona que defiende la postura contraria, y la falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.

Durante el covid, las medidas “científicas” más absurdas, las mentiras más descabelladas y las creencias supersticiosas repetidas ad nauseam por los yonquis del poder y sus portavoces mediáticos no han sido más que una sucesión de falacias. En el siguiente artículo recordaré a qué extremo llegamos y propondré cómo combatir la Cultura del Miedo en la que se ha basado la locura que hemos vivido, pues no podemos permitir que se repita.

[1] Life expectancy, 1920–1922 to 2009–2011 (statcan.gc.ca)
[2] Period and cohort-specific trends in life expectancy at different ages: Analysis of survival in high-income countries – ScienceDirect
[3] Persistent warm Mediterranean surface waters during the Roman period | Scientific Reports (nature.com)
[4] Against all odds: Male Holocaust survivors have a longer life-expectancy — ScienceDaily
[5] Cómo Funciona el Miedo, Frank Furedi, Rialp 2022.
[6] Sobre la Vida Feliz, Séneca, Gredos 2011.