Tras un par de días de ausencia por no tener la menor gana de estar en internet, como es finde y para ir cogiendole de nuevo el gusto, lo mejor uno de esos post con todo tipo de paridas, chorradas, chistes, viñetas, desnudos, etc., todo mezclado, ¡¡hala!!.
Bueno, en realidad no estuve a punto de morir, pero me encantan los títulos sensacionalistas.
El caso es que andaba por mis veinte años y estaba saliendo con una chica de mi misma edad que se llamaba Sonia. Ella residía en una ciudad distinta a la mía, así que nos veíamos poco. Solía venirse una o dos veces por mes a pasar el fin de semana al piso de estudiantes en el que entonces yo vivía. Para ello necesitaba inventarse alguna excusa creíble con la que engañar a sus padres, y no siempre conseguía hallarla. Como es obvio, durante cada uno de aquellos esporádicos encuentros aprovechábamos bien el tiempo para saciarnos sexualmente, así que caían dos polvos por día, los cuales espaciábamos convenientemente. Yo jamas sufrí ningún desfallecimiento sexual, salvo cuando ella llegaba el viernes y se iba el domingo: en este tercer y ultimo día a veces me costaba empalmarme sin su ayuda. No obstante, con su habilidosa lengua Sonia siempre conseguía echar a funcionar mi viril instrumento, y jamas volvía a su casa sin haber exprimido antes mis capacidades amatorias.
Un sábado de aquellos salimos de marcha por la noche y llegamos bebidos al piso. Le cayo el primero de aquel día en cuanto pisamos la habitación. Tras un largo rato de arrumacos y susurros, llegó el momento de echarle el segundo para acabar la noche y formar un oportuno trío con Morfeo. Pero, inexplicablemente, me corrí antes de tiempo durante el segundo coito. ¿Por que? ¡Ah, grandes misterios de la naturaleza humana cuya respuesta solo El Divino conoce!
Un amigo que tenia por aquel entonces solía referirse acertadamente como “la polla de plástico” al pene infuncional que se te queda cuando andas en estado de embriaguez etilica. Y es que, como todos sabemos, el alcohol en exceso altera la respuesta sexual del hombre, de tal forma que cuando follas estando demasiado bebido la metes y la sacas, la metes y la sacas, la metes y la sacas… pero nunca te corres: parece que tuvieras entre las piernas un inerte cacho de plástico. Por otra parte, si no se espacian los coitos lo normal es que vayas notando que cada vez te cuesta mas terminar como Dios manda, así que el de aquella noche fue, sin lugar a dudas, el caso de eyaculacion precoz mas asombroso de toda la entera historia de la humanidad.
Volvamos a donde estábamos. Sonia se quedo un poco planchada tras el fallo de mi instrumento amatorio, y con un largo silencio acusador acompañado de algunos forzados suspiros me dijo sin necesitar abrir la boca: “No me dejes a medias, maldito inútil”. Así pues, por consideración hacia mi amada me anime a echarle un tercer polvo para no dejarla con las ganas. La enfile por detrás, y estuve dale-que-te-pego durante un buen rato. Como aquello se alargaba demasiado tiempo, lo cual era normal dadas las circunstancias, aumente mucho el ritmo de penetración con la esperanza de terminar de una puta vez… Y mientras en mi cabeza se formaba un cóctel de materia gris y alcohol por tanto traqueteo, en mis oídos se mezclaba el rechinar de la cama con los gemidos de Sonia, que se lo estaba pasando en grande a costa de mi sufrimiento.
Cuando por fin termine, sufrí un pequeño mareo y me deje caer en la cama totalmente exhausto y medio asfixiado. Ella se percato de mi lamentable estado físico, y se fue a la cocina a por algo con lo que reanimarme un poco: una naranja… Si, una jodida naranja. La peló y fue metiéndome gajos en la boca, los cuales yo iba masticando con lentitud tal como un viejo achacoso zampándose parsimoniosamente su papilla. Entre gajo y gajo, de mi garganta escapaba un tenue silbido que parecía anunciar la triste hora de mi muerte. Ademas, las sombras que la lampara arrojaba sobre la pared se me antojaban ángeles del infierno, que me miraban como diciendo: “Tú, el follarin, arderás en el fuego eterno para expiar tu soberbia sexual, cacho de imbécil”. Afortunadamente, al poco el silbido se transformo en ronquido y tuve un profundo sueño de borrachuzo feliz.
Cuando desperté, tras disfrutar con los cinco sentidos de la gloria de sentirme vivo, jure, pene en mano y con los huevos encogidos, no volver a echarle tres polvos seguidos a una hembra por el jamas de los jamases. Así he hecho hasta ahora. Es mas, cuando ando con ganas me doy al largo-fornicio, y rara vez me animo a un segundo.
Pregunta: ¿Cual ha sido el máximo numero de polvos habéis conseguido echar en un solo día?
PD: Absténganse de responder charlatanes, fantasmas y pajilleros esquizofrenicos. Cualquier respuesta que aparente ser un farol sera borrada ipso facto.
Queridos Reyes Magos de la Tierra Media de Oriente.
Os escribo esta carta desde el salón de casa. Ayer terminamos de customizar el arbolito de navidad. En vez de colgarle de las ramas las típicas bolitas de colores usamos Estrellas de la Muerte, y en el top substituimos el clásico cometa guía por un X-Wing. Esto a papa le pareció en un principio algo alejado de la ortodoxia navideña, pero cuando le advertí que se estaba comportando como un estúpido looser y le amenace con chivarme a mama de sus andanzas interneteras en ciertos foros cambio rápidamente de parecer. Y es que a veces parece un patético n00b. Creo que ya andaba desfasado en los tiempos de la web 1.0 y lo suyo es un caso sin remedio. Procedo, sin mas dilaciones, a detallar mi lista de regalos y peticiones.
En primer lugar, quiero que se mueran todos los miembros de la SGAE y todos los músicos que venden discos. Por favor, estos violentos pensamientos no se los contéis al niño Jesús, porque no quiero que me vuelva a hacer un 0wn3d. Os cuento: hace unos meses colgué en la pared un póster del Monstruo Volador de Espagueti y entonces estuvo fallando la conexión a Internet durante toda la tarde… Si, sé que fue Él. ¡Ah, el día que me harte pegaré un puñetazo sobre la mesa e iré a apostatar al mismísimo Vaticano!
También quiero que se muera Bill Gates. Yo uso Windows, el Messenger y el Internet Explorer, pero si ese ruin monopolista estirara la pata entonces todas sus aplicaciones serian libres, como las distribuciones GNU/Linux, y no tendríamos que soportar constantemente los molestos mensajes de advertencia del Windows Genuine Advantage.
Por otra parte, últimamente ando un poco deprimido debido a que no consigo encontrar mi sitio en la blogosfera. Y no es por falta de iniciativa intelectual, pues he escrito para mi blog grandes artículos como: ‘Diez etiquetas HTML que riman con el undécimo decimal del numero Pi’, ‘Top ten de los bocadillos que puedes preparar si aparece a merendar un alienigena en tu casa’, ‘Como evitar que se echen a perder tus macetas en caso de sufrir un ataque nuclear’… y otros igualmente interesantes. ¿Y que creéis que he conseguido tras tamaño despliegue de brillantez mental? Pues un único comentario de un asqueroso hoygan tal como este: “HOYGA, USTED ES UN JARKER INFORMATICO????? NESESITO UN CRAK DE HTML PARA BAJAR PELIS PORNO DE LAS WEB. ES MUY URJENTE. MANDEMELO. POR FABOR, ES MUY INPORTANTE. GRACIAS DE TODAS LAS FORMAS”. ¡Maldita sean Tim Berners-Lee y el protocolo TCP/IP! ¿Como es posible que todo Internet este infestado de obsesos sexuales carentes del mas mínimo atisbo de inquietud tecnológica? Creo que un PageRank 7 me ayudaría a encontrar mi nicho en la red. Tomad nota, por favor.
Si no es mucho pedir, desearía ademas que los chicos de Google terminaran de llevar a cabo sus planes para dominar el mundo. Cuando ello ocurra, todo sera gratis por fin. Podríamos, por ejemplo, tener un coche que pagaríamos mirando anuncios publicitarios estrategicamente distribuidos en los bordes del parabrisas… Obviamente, se trataría de publicidad sostenible y renovable, como la de Microsiervos.
Por ultimo, os agradecería que me trajerais el Vibrador Hello Kitty alimentado por USB para regalárselo a la novia que no tengo… ¡Oh, wait! Bueno, lo usaré yo para darme masajes en la espalda mientras busco a una pareja con la que pueda compartir mis gustos y que conecte espiritualmente con mi particular forma de ser.
Me despido sin mas.
Un señor llega a su casa después de visitar a la suegra en el hospital, y le dice a su mujer:
– Tu madre se viene a vivir con nosotros.
– ¿Por qué dices eso? Le pregunta su mujer.
– Porque ha dicho el médico que esperemos lo peor.
Dos amigos italianos se encuentran. Uno de ellos va con una pala al hombro, y parece muy agotado. – Pero Raúl, ¿qué te ha pasado? – estoy hecho polvo, vengo de enterrar a mi suegra. – Pero te ha costado tanto, ¿con lo fuerte que tu eres? – Es que la muy puta no se dejaba.
En la prueba de los 50 metros de estilo libre en natación de Para-Olímpicos destacan 3 nadadores; el inglés sin brazos, el griego sin piernas, y el español sin brazos ni piernas. Dan la salida y el español se hunde. Pasa un minuto y deciden sacarle y medio ahogado dice: ¡Joder, un año entrenando con las orejas, y me ponen gorro!
Un señor entra en un concesionario MERCEDES. Ve un coche que le parece perfecto y se acerca a inspeccionarlo. Al agacharse para tocar el interior, sin querer se le escapa un sonoro pedo… Preocupado se gira nervioso para ver si alguien se había dado cuenta y ve que a su lado, estaba parado un vendedor:
– Buenos días, señor. ¿En qué le puedo ayudar?
El señor, muy incómodo porque era obvio que el vendedor había oído el pedo… le pregunta disimulando:
– ¿Cuánto cuesta este precioso coche?
El vendedor, con una media sonrisa, le responde:
– Mire usted, si se tiró un pedo al tocarlo… ¡CUANDO LE DIGA EL PRECIO SE CAGA!
Esta es la amarga historia de un sueño roto: uno de tantos sueños que acabaron pisoteados y enterrados bajo la desangelada rutina cotidiana. Una triste historia que quiero compartir con ustedes. No busco compasión (podéis metérosla por el puto culo); si acaso, una brizna de humano consuelo.
Todo comenzó en una cafetería. Acudí a una cita que tenia con una chavala a la que había conocido días antes en el chat. Tras hablar un par de veces por teléfono con ella, se me antojo como una joven desinhibida y desenfadada, con muchas ganas de encontrar un novio: la presa perfecta. Al llegar al local, la encontré sentada esperándome. No era fea, cosa que ya sabía por la foto de carné digitalizada que me había mandado a través del IRC, pero estaba muy gorda, así que descarte de entrada entablar cualquier tipo de relación sentimental o sexual con ella. No soy de los que buscan la perfección física en la pareja, ni de los que rechazan una bien repartida voluptuosidad en el cuerpo de la mujer, pero cuando una dama pesa lo suficiente como para aplastarme y despanzurrarme algo en mí reacciona generando un cauteloso rechazo. Son cosas del instinto natural. Iniciamos, no obstante, una amena charla, en la que ella, tal como había hecho durante las conversaciones telefónicas previas al encuentro, intento incitarme a la pasión hablando de posturitas para hacer el amor, escenarios eróticos, trucos sexuales y no se cuantas chorradas mas. A la última chica que consiguió ponerme caliente en una cafetería le basto con pedirme la cucharilla de mi taza para disolver el azúcar, rechupetearla al acabar de mover el café para, supuestamente, limpiarla y colocarla de nuevo en mi platillo: si, me empalme allí mismo. Pero la gorda no tuvo tanta suerte, por más que intento darle un toque picante a aquella cita. El caso es que en un momento dado hablo de un escenario sexual bastante extraño: follar encima de una lavadora mientras la misma centrifuga, estando el chico sentado sobre la tapa de la maquina y la chica a horcajadas encima de él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al imaginarme a aquella mole de carne sentada sobre mis piernas mientras un electrodoméstico hacia vibrar mi pandero. Pasada una hora, terminé aquello con un “ya te llamare otro día”, cosa que no hice.
De vuelta a casa, considere el tema de la fornicationis per machina. No encontré el asunto especialmente excitante, pues lo que la naturaleza varonil pide es sacar y meter el gusano, permitiendo que los testículos cuelguen cual badajo campanero y acompañen acompasadamente con su alegre vaivén a los movimientos de la cadera y los gemidos de la amada. Pero supuse que a las mujeres les habría de encantar, pues ellas se corren bien pronto si les vibra el chumino.
Unos meses mas tarde, conocí a una chica muy mona y comenzamos una relación amorosa relativamente estable. Tras follármela de todas las formas posibles y practicar con ella todas las guarrerías concebidas -mas algunas de las inconcebibles-, me acorde del tema de la lavadora, y se me metió en la cabeza que tenia que probar aquello.
Por aquel entonces, compartía piso con otros tres estudiantes. Vivíamos en un primero con pleno acceso al patio del edificio; de hecho, nuestra lavadora se encontraba justamente allí. Esta parecía haber sido fabricada entre la primera y la segunda revolución industrial. Cuando empezaba a centrifugar sufría una suerte de tembleque epiléptico; un trance mecánico que la ponía en movimiento, de tal manera que se iba paseando ella sola por todo el patio hasta que acababa el centrifugado. Siempre pensaba al verla en dicho estado que cualquier día me iba a tocar salir a la calle a buscarla:
–Oiga, una lavadora con unos gayumbos dentro, ¿no la ha visto usted pasar por aquí? –No. –Señor guardia. Mi lavadora me ha robado mis gayumbos rojos de la suerte. ¡Por el amor de Dios, haga algo y no se me quede mirando así!
Y de pronto, aquel escandaloso y tembloroso cacharro se convirtió a mis ojos en un aparato de inusitadas virtudes eróticas. El acto de meter y sacar mi ropa del bombo adquirió entonces una significación especial. Además, cuando cerraba la puerta lo hacia con tacto y cariño, y no de una patada, como tenia por costumbre.
El gran problema era que estaba, como ya he dicho, en el patio, a la vista de todo el vecindario. Cualquiera que se asomara a las ventanas interiores de su vivienda podía sorprendernos allí, enganchados en pelota picada como dos conejitos. Había, no obstante, una solución fácil: perpetrar el fornicio de madrugada, confiándole nuestra intimidad a la oscuridad y al buen hacer de Morfeo con todos los vecinos. Pero aun quedaban un par de detalles por resolver: el ruido de la lavadora y los rebuznos amorosos de mí pareja, muy dada a berrear durante el acto. A ella siempre podía amordazarla:
–Cariño, te voy a tapar la boca con un calcetín y nos vamos a subir encima de la lavadora a las cuatro de la mañana para follar. ¡Veras que divertido! –¡Oh, si! Me corro solo de pensarlo. Que sea con el calcetín que llevas puesto. –¿El izquierdo o el derecho? –El de tu puta madre.
Bueno, tal vez bastara con pedirle simplemente que no gritara. Pero… ¿y el ruido de la lavadora? ¿Cómo iba a conseguir que aquel trasto no despertara a todos los habitantes del edificio, incluidos mis propios compañeros? Pensé que tal vez engrasándola toda entera… O probando a centrarle un poco el eje… O quizá nivelándola un poco… Puede que apretando tuercas aquí y allá… Pero, amigos míos, fue pasando el tiempo sin animarme en ningún momento a probar cualquiera de estas soluciones. De alguna manera, la idea de aquel capricho fue dando tumbos entre la materia gris mi cerebro, hasta que paso a un aparente olvido.
Meses mas tarde, trajeron al piso una lavadora nueva. Y es que los vecinos protestaban frecuentemente por el ruido que provocaba la que teníamos, por lo que el casero decidió acabar con las quejas al respecto. Era de marca alemana, y tenía un diseño muy atractivo. Toda ella parecía querer decir: soy sexy y eficiente. El día que me toco estrenarla, mecánicamente metí mi ropa dentro del bombo, coloque el programa adecuado –que en mi caso es invariablemente el de “Ropa muy sucia”; entiéndase como un eufemismo- y la puse en marcha. Aquello empezó a funcionar acompañado de un silencio perfecto: mi gata hace más ruido cuando anda. Entonces me quede absorto a la vez que contrariado, mirando el electrodoméstico con un cierto resquemor, notando que en mi alma se abría una especie de vacío emocional, una amarga sensación de fracaso… hasta que me acorde de aquel viejo capricho, y caí en la cuenta de que la nueva lavadora no era apta para las labores erótico-festivas porque no vibraba en absoluto. Buscando un alivio, gire el mando hasta ponerlo en el modo de centrifugado. Nada. El bombo daba vueltas vertiginosamente pero aquello no se movía lo mas mínimo. Además, el sonido emitido no era mayor que el zumbido de una mosca. “¿Y ahora que? ¿Me meto dentro y me tiro a las churris ahí?“, pensé. Fue cuando me empecé a mosquear. Di unas cuantas vueltas alrededor del trasto, buscándole un punto débil. Le pegue una patada en la parte de atrás, intentando descentrarle el eje. No lo conseguí.”¡Malditos alemanes!”, farfulle. Le pegue otras dos patadas sin mayor fortuna. “Perfeccionistas de mierda”, añadí. No se en que momento perdí el control de mis actos. Lo único que recuerdo con algo de claridad es que acabe pegándole puñetazos a aquel jodido cacharro mientras gritaba a grandes voces cosas como: “Tu no vas a poder conmigo, hija de puta”, “Los alemanes me vais a chupar la polla, desalmados”, “Me voy a follar a todas vuestras hijas aquí encima, cabrones”… y no se cuentas burradas mas.
Volví a tomar conciencia de mis actos cuando oí una voz que me llamaba por mi nombre. Al volverme, vi a mis tres compañeros de piso mirándome desde la puerta del patio asombrados a la vez que asustados… y a todos los vecinos asomados a sus ventanas. Golpee disimuladamente con el pie derecho el suelo del patio, probando si con ello conseguía abrir un agujero en la tierra para bajar a esconderme al infierno y quedarme allí acurrucado, tapándome la cara con las manos.
Y esta es mi historia. Si alguien tiene una lavadora vieja y nerviosa, le propongo que pruebe el curioso escenario sexual y lo disfrute. Yo ando ya en el ocaso de mi juventud, camino de una adusta madurez, y he dejado caer ciertos sueños en las profundidades de la desesperanza y de la frustración. Porque la vida es “asin”, ¡y que se le va a hacer!