Occidente eran Roma frente a Cartago y Grecia frente a los persas. Hoy Occidente ya no es nada de eso.
Occidente fue un conquistador español que abría selvas con un estandarte de la Virgen. Occidente fue un explorador inglés buscando las fuentes del Nilo. Occidente fue Juana de Arco, santa y guerrera y mártir. Occidente fueron Dante, Cervantes y Montaigne. Occidente era el marinero de alma salobre que tensaba las gavias del galeón de Manila. Occidente era Sherlock Holmes (y Watson). Occidente fue John Wayne. Occidente fue Tintin. Y Corto Maltés. Occidente era un comerciante alemán de La Hansa y también un usurero holandés del puerto de Ámsterdam. Occidente fue Juan de Austria en Lepanto y Carlos V en Augsburgo (porque Lutero, sí, también era Occidente).
Occidente eran Roma frente a Cartago y Grecia frente a los persas. E Iván el Terrible, aquel providencial psicópata, echando a los tártaros de la madre Rusia. Occidente es la Dama de Shalott de Waterhouse y el Monte de las Ánimas de Bécquer y un aforismo de Lichtenberg, y también la torre Eiffel y el ferrocarril transiberiano. Y Occidente es la ciudad y Occidente es el Imperio, y la democracia y la dictadura también son Occidente. Y Nietzsche y San Agustín. Todo y lo contrario de todo.
Occidente eran un héroe de Joseph Conrad y un plantador portugués en Brasil. Occidente era Rommel y Occidente era Montgomery. Occidente fueron Napoleón y el cura Merino. La espada de Garcilaso de la Vega era Occidente, y la pluma de Shakespeare y la mano de hierro de Götz von Berlichingen, y la reina Isabel de Castilla. Occidente era Santa Teresa, tanto como Lawrence de Arabia, sin ánimo de comparar. Occidente era Cristo y, a veces, también el demonio era Occidente. Y el papa Luna y Wallenstein. Y Robespierre y Donoso Cortés. Y sor María de Ágreda y sor Juana Inés de la Cruz, y por cierto que también el indio Juan Diego fue Occidente. Occidente era un cazador en los bosques de Canadá y una dama bóer en Transvaal y un colono castellano en la sierra de Guadarrama. Occidente eran Goethe y un templario en Tierra Santa y un escribano en la Casa de la Contratación. Y la Pompadour y la Laura de Petrarca y la Dulcinea del Quijote. Y Luisa de Medrano dictando cánones en la Universidad de Salamanca, y María Curie, enferma, devorada por la radiactividad. Y Homero. Y Plutarco. Y el bardo galés Taliesin. Y Tristán e Isolda.
Hoy Occidente ya no es nada de eso.
Hoy Occidente es un anciano decrépito con evidentes problemascognitivos, corrupto y lascivo, que intenta disimular su indisimulable senilidad con cierta sonrisa odontológica y gestos mecánicos de muñeco articulado. Occidente hoy es Joe Biden (y sus dobles). Es la histeria de lo woke y la maldición sobre la propia historia y el odio a sí mismo de quien se mira y sólo reconoce el vacío de lo que un día existió. Y el gesto bobo de las multitudes narcotizadas repitiéndose a sí mismas «oh, qué feliz soy», sin apartar la vista del móvil, mientras se ponen de rodillas ante su propio vacío. Y seres que no son hombres ni mujeres, ni tienen hijos, ni tienen tierra ni tienen Dios, seres que no son ni tienen nada. Hoy Occidente ha dejado de ser Roma para ser Cartago.
Hoy Occidente se está suicidando por su propia ideología, como dice Emmanuel Todd. Hoy Occidente quiere morir. Ergo, hoy Occidente merece morir. Pues bien: que muera. Y entonces, tal vez, los últimos hombres sobre esta tierra, ya no bendita, descubrirán una forma de empezar de nuevo. Tal vez, entonces, podamos recuperar la ingenuidad de aquel primer griego al que se le apareció, en sueños, el perfil del Partenón.
Para ilustrar gráficamente el artículo, les remitimos a este tweet de nuestra cuenta (@elmanifiestocom).
Nepogoda (pronúnciese “niepagoda”) es el término que los rusos utilizan para denominar al mal tiempo, además del título de una famosa canción de la era soviética. Y de septiembre a marzo hay abundancia de nepagoda. Con el mal tiempo la electricidad, el gas y el petróleo se usan en enormes cantidades para mantener caldeadas las viviendas, las escuelas y todo tipo de lugares de habitación. A los mediterráneos, acostumbrados a la bondad de nuestro bendito clima, nepogoda nos dejaría tiritando cuando las temperaturas bajan a varias decenas de grados bajo cero o nos hundiría en melancólicos pensamientos cuando anochece casi en la sobremesa y los cielos nos oprimen con todos los matices que van del gris al negro.
Otros chaparrones, con diluvios de chuzos de punta y granizadas de obuses, caerán sobre la Ucrania del Maidán, ahora que se celebra el décimo aniversario de la revolución de colores que acabó en un golpe de Estado en toda regla. La guerra de desgaste ha causado en Ucrania un mínimo de 200.000 bajas, según los atlantistas, y de cerca de 400.000, según los rusos, pero todo parece indicar que la cifra más ajustada es algo superior a los 300.000. Lo que sí se sabe de cierto es que por cada prisionero ruso en manos de Kíev hay veinte ucranianos en poder de Moscú. Y eso nos puede dar una idea bastante aproximada de la proporción de bajas del conflicto en cada bando. Añadamos que, además, una buena parte de los prisioneros de guerra hechos por Rusia se niegan a ser canjeados, ya sea por su terrible experiencia como carne de cañón en Artyómovsk (Bajmut), Mariúpol o Soledar, ya sea porque no quieren luchar contra sus hermanos de sangre y religión; también se olvida el curioso dato de que hay cerca de tres millones de refugiados en Rusia, que es el país que más ucranianos acoge. La aventura de la OTAN ha costado más de 130 mil millones de dólares (130.000.000.000 US$) y el resultado de semejante inversión es una lenta, implacable, inevitable y humillante catástrofe para Occidente.
Rusia no ha vuelto a la Edad Media, como vaticinaban los expertos de la UE. Al revés: este año lo ha acabado con unos ingresos extra de 75.000 millones de dólares, disfruta de pleno empleo y el único peligro en el horizonte es algo que en la frígida Gayropa autosancionada de hoy resulta inimaginable: que la economía se recaliente. No sólo los Shylocks como Borrell, Scholz, Biden y compañía se han quedado sin su deseada libra de carne rusa y sin su rejuvenecedor baño de sangre eslava, sino que Rusia florece como a principios de este siglo: las sanciones económicas de los tecnócratas de la UE están produciendo el milagro económico ruso, el más inesperado de todos los efectos de la guerra de Biden. Quien sí se acerca a la edad oscura es Ucrania, sin olvidar que Europa también la ronda. Sólo los Estados Unidos han hecho un excelente negocio, pues han cortado el flujo de energía barata de Rusia a Alemania, han iniciado la desindustrialización de Europa y han convertido el tinglado de Bruselas en una colonia cada vez más dependiente de Washington en todos los aspectos: políticos, económicos y militares. Pero el contribuyente yanqui está harto de ser explotado por el fisco para ayudar a unos rusos renegados y la ayuda a Israel es mucho más prioritaria que mantener con algo de chatarra blindada la picadora de carne ucraniana. Se aproximan las elecciones y Biden quiere soltar lastre, pero Moscú no tiene ninguna prisa. Todos sabemos cómo acaban las guerras de desgaste contra Rusia.
Diez años después del golpe del Maidán, Ucrania es un inmenso cementerio donde pronto veremos al bufón-presidente interpretar su último papel: el de Yorick, una calavera en las manos de Hamlet.
… los yonquis del poder intentan disuadir al hombre para que no piense por sí mismo, pues no quieren individuos pensantes sino clones obedientes, al igual que no desean hombres libres e independientes sino hombres-masa, dependientes y controlables.
Hace muchos años preguntaron al Premio Nobel Albert Schweitzer en una entrevista: “Doctor, ¿qué le ocurre al hombre de hoy?” Tras meditar unos segundos, Schweitzer respondió: “El hombre de hoy simplemente no piensa”. Si ésta era la respuesta hace décadas, me pregunto cómo sería hoy cuando el móvil ha reducido nuestra capacidad de atención al nivel de un simio.
Porque saber en tiempo real todo lo que acontece o repetir como un papagayo lo que oímos de otros no es pensar. Como escribe el gran filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila, “en un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora[2]”.
Pensar es formar y combinar ideas en la mente tras atenta reflexión, y eso exige detenimiento, tiempo y esfuerzo. Cotorrear, sin embargo, no exige nada de eso, motivo por el que es una actividad más popular. Pero pensar tiene otro atributo adicional: es el escudo que protege nuestra libertad.
Por este motivo, los yonquis del poder intentan disuadir al hombre para que no piense por sí mismo, pues no quieren individuos pensantes sino clones obedientes, al igual que no desean hombres libres e independientes sino hombres-masa, dependientes y controlables.
Para lograrlo, lo primero que hacen es enardecer sus pasiones, puesto que éstas entorpecen a la razón, e inclinarles hacia el vicio, que siempre esclaviza (del mismo modo que la virtud libera). En efecto, raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente.
Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, fomentará la envidia y la codicia de los bienes ajenos (bajo la coartada de la “solidaridad”) y prometerá fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) evitando asumir ninguna responsabilidad, que asumirá el Estado Leviatán, carcelero benevolente. En palabras de Gómez Dávila, “aun sin querer la tiranía, el pueblo quiere fines que la implican”.
Por lo tanto, el sistema de incentivos perverso de las elecciones en las democracias “del Bienestar” conlleva el paulatino debilitamiento moral del individuo y, como moral y libertad son conceptos indisolublemente ligados, la pérdida de moral conduce a la servidumbre.
El poder del miedo
Los yonquis del poder conocen bien un atajo para lograr que el hombre deje de pensar, se deje dominar por las pasiones y acepte la servidumbre. Se trata del miedo.
El miedo puede ser una táctica de control para dirigir nuestras pasiones (generalmente la ira) hacia terceros: se crea un miedo, real o ficticio; se señala un culpable, real o inventado; y “los salvadores” se postulan para protegernos y devolvernos nuestra seguridad a cambio de entregarles nuestra libertad. Miedo y libertad, por tanto, acaban siendo incompatibles.
Pero el miedo también puede ser utilizado para doblegar voluntades de forma más directa. No olviden que el poder trata siempre de someter la voluntad de los demás utilizando su capacidad de modificar su situación mediante la administración de premios y castigos.
Un modo eficaz de intimidar es mediante la presión de grupo. ¿Cómo funciona? Por un lado, confunde la opinión de la mayoría con la verdad, confusión facilitada por la ficción democrática. Es fácil que el hombre, animal gregario y social, crea que si toda la manada se dirige hacia un lugar, allí debe haber comida y agua (aunque sea un despeñadero). No es estrictamente necesario que la mayoría real piense de un modo; basta con que el individuo así lo crea, y esto lo logran los yonquis del poder a través del martilleo mediático.
Asimismo, esa misma naturaleza social hace que el ser humano considere peligroso ir contracorriente y arriesgarse a ser estigmatizado y condenado al ostracismo, pues la soledad le asusta y frecuentemente construye su opinión sobre sí mismo en función del aplauso ajeno.
No olviden que enfrentarse a la masa requiere mucho valor. Como nos recuerda Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo, “han existido hombres capaces de resistir a los más poderosos monarcas y de negarse a someterse ante ellos, pero ha habido pocos que resistieran a la multitud, que permanecieran solos ante las masas manipuladas atreviéndose a decir no cuando se le exigía un sí”.
El último instrumento de manipulación que quiero comentar es el abuso del principio de autoridad. Antaño la autoridad podía ser política, militar o religiosa, pero dado el descrédito de la política, la preterición de lo militar y el declive en las creencias religiosas, los yonquis del poder han decidido convertir a la Ciencia (con mayúscula) en el nuevo dios y a los científicos en los nuevos sumos sacerdotes, siervos útiles del poder. Lo dice “la Ciencia”, así que no discutan: obedezcan.
Naturalmente, todo esto está inventado desde hace milenios y los estudiantes de siglos anteriores, más inteligentes que los de hoy (pues carecían de móviles), lo estudiaban en cualquier curso de lógica antes de cumplir los 16: es la falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado, la falacia ad hominem, que en lugar de argumentar desacredita a la persona que defiende la postura contraria, y la falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.
Finalmente, cuando la intimidación blanda falla, el poder aumentará la presión a través del silenciamiento del disidente mediante la censura o la persecución judicial, y llegados al extremo, utilizará su privilegio de la violencia física, por ejemplo, arrestando al individuo en cuestión, legal o ilegalmente.
Hemos recorrido así el camino por el que los yonquis del poder manipulan, engañan e intimidan al hombre para que no piense y le controlan a través del miedo.
Resulta irónico que esta destrucción de la razón se haya dado precisamente en nombre de la diosa Razón en sociedades que, habiendo abandonado la idea de Dios y el sentido de la trascendencia, se sentían por fin liberadas para alcanzar la iluminación a través de un cientificismo que prometía ser la cúspide de la civilización: el hombre, por fin, se había declarado dios, definidor del bien y del mal y dueño de la vida y la muerte.
“Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegisteis el deshonor, y tendréis la guerra”, espetó un premonitorio Churchill tras el infame acuerdo de Chamberlain con Hitler. Utilizando una paráfrasis, podría decirse de las sociedades occidentales: “Os dieron a elegir falazmente entre fe y razón. Elegisteis perder la fe, y acabareis perdiendo la razón”. Como católico no puedo dejar de admirar la clarividencia de Juan Pablo II cuando defendía en Fides et Ratio que “fe y razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.
El declive de la razón se ha acelerado en la última década, como muestran la ideología de género o el ecologismo radical que adora a la Madre Tierra como en épocas primitivas, pero voy a centrarme en dos cuestiones: el relato oficial sobre el covid y su paralelismo con la religión climática, cuyo principal punto en común es el control a través del miedo. En ambos casos se nos ordena que no utilicemos la razón y confiemos ciegamente en la autoridad (“científica”, naturalmente). Desobedezcamos.
Terror y mentiras covid
El SAR-CoV-2 apareció a finales del 2019 en una ciudad china en la que un laboratorio (parcialmente financiado por instituciones norteamericanas) estaba investigando o más bien modificando genéticamente ese patógeno en concreto.
Imaginen que se produce un vertido de cacao en un pueblo donde hay una fábrica de chocolate. Como comprenderán ustedes, la probabilidad de que, de todos los lugares de la Tierra, de decenas de miles de ciudades de 195 países de cinco continentes, la epidemia del coronavirus surgiera precisamente en una ciudad donde existía un laboratorio que trabajaba con ese coronavirus sin que el origen sea ese laboratorio es ínfima. Podía haber surgido en cualquier lugar, pero lo hizo precisamente en Wuhan. Fíjense qué puntería.
Luego la razón sugiere claramente que el origen del coronavirus fue una filtración accidental de dicho laboratorio. Digo accidental porque obviamente si el gobierno chino hubiera querido desatar una epidemia no lo habrían hecho en China sino en EEUU.
A pesar de ello, los medios enseguida se hicieron eco de la versión oficial chino-norteamericana respecto al origen supuestamente zoonótico de un pangolín que aún sigue en busca y captura. La irracional e improbable explicación de un salto accidental de animal a humano prevaleció sobre la racional y probable explicación de una negligencia en un laboratorio utilizando la falacia ad verecundiam (algo es verdad porque una autoridad lo dice), y a los que osaban discutir la versión oficial se les tildó de paranoicos de teorías de la conspiración (falacia ad hominem, criticando a la persona y no el argumento).
Tras esta cortina de humo, vino el control a través del miedo: el contubernio político-mediático-farmacéutico puso en marcha una campaña de terror sin precedentes para que la población aceptara alucinantes restricciones a su libertad y se inyectara unas “vacunas” y terapias genéticas en gran medida experimentales.
Este pánico artificialmente creado permitió escenarios propios de dictaduras, como abusos policiales, toques de queda y confinamientos, mientras aparecía la figura del colaboracionista, típica de regímenes totalitarios, que denunciaba a sus vecinos.
La clave de la campaña de terror fue la ocultación de un dato esencial: desde mediados del 2020 se sabía que el covid sólo era una enfermedad peligrosa para una minoría de la población de riesgo, definida por edad y cuatro patologías concomitantes: obesidad, diabetes, hipertensión y cardiopatías. Para el resto el covid era una enfermedad estadísticamente leve, como pusieron de manifiesto numerosos estudios epidemiológicos realizados en muchos países[3], España incluida[4].
Medidas absurdas, despóticas y arbitrarias
Las medidas liberticidas e irracionales se sucedieron una tras otra. Los ilegales confinamientos fueron un completo desastre que arruinaron mental[5] y económicamente a decenas de miles de personas sin beneficio epidemiológico alguno, llegando a la barbarie de condenar a nuestros mayores a morir solos.
Tras negar la utilidad de las mascarillas nos las impusieron caprichosamente hasta en el campo y en la playa, algo tan ridículo que da vergüenza recordarlo. En interiores la obligatoriedad de las mascarillas también constituyó un rotundo fracaso (salvo para los comisionistas), pues no impidió que se sucedieran ola tras ola de contagios[6]. Lo que sí logró la maldita mascarilla fue crear una permanente sensación de peligro que convertía al otro en una potencial amenaza para la salud, contribuyendo a la hipocondría, a la discordia y al aislamiento.
El disparate llegó a obligar a familias que vivían juntas y viajaban en un mismo coche a sentarse separadas en un restaurante, ¿lo recuerdan?
Otro ejemplo de irracionalidad fue la negación de la inmunización natural de mano de quienes sin embargo glorificaban unas terapias genéticas experimentales incluso antes de ser desarrolladas, un acto de fe muy poco científico y una contradicción flagrante, pues casi siempre pasar una enfermedad infecciosa genera una respuesta inmunológica natural más potente y duradera que vacunarse contra ella[7].
Quizá la mayor irracionalidad fue la imposición del pasaporte covid[8]. Las vacunas y terapias genéticas covid nunca previnieron el contagio ni la transmisión de la enfermedad, pero el contubernio político-mediático-farmacéutico, con el único fin de promover torticeramente la vacunación y a sabiendas de la falsedad del argumento, hizo creer que los vacunados estaban protegidos y desató una caza de brujas contra los no vacunados, acusándoles falsamente de propiciar la continuación de la epidemia. Así se completaba la tríada necesaria: un miedo, un culpable, un salvador.
Aunque los vacunados continuaron contagiándose a mansalva y muriendo por covid[9], se siguió proponiendo nuevas dosis de unas inyecciones que no sólo no funcionaban[10], sino que causaban un nivel de efectos adversos sin precedentes[11].
Por último, a quienes denunciaban estas contradicciones basándose en datos se les tildaba de “negacionistas” (crítica ad hominem)y se censuraban sus escritos. Mientras, los colegios médicos amenazaban a los pocos facultativos valientes que osaban alzar su voz en defensa de la evidencia científica. “Limítense a obedecer”, era la consigna. Todo muy científico.
Terror y mentiras climáticas
El experimento totalitario del covid tiene muchos paralelismos con la manipulación climática. Es incluso probable que sus autores intelectuales sean los mismos (malos, pero poco creativos), pues no por casualidad el término denigratorio “negacionista”, elegido para etiquetar a quien no aceptaba comulgar con las ruedas de molino del covid, es el mismo término utilizado para criticar a quienes ponen en duda la teoría del calentamiento global antrópico.
Al igual que con el covid, el fanatismo climático ha construido un Himalaya de falsedades partiendo de algunas premisas reales, como el aumento de CO2 en la atmósfera y el ligero calentamiento global de 0,14°C por década desde 1979[12]. Los datos, sin embargo, desmontan sus eslóganes fetiche, de modo que la letanía catastrofista se ha convertido ya en una cansina reiteración de necedades.
¿Sabían que la población de osos polares está aumentando[13], el coral en la Gran Barrera australiana está en máximos de los últimos 35 años[14] y la superficie de bosques del planeta crece[15]?
El hielo del Ártico, sujeto a enormes variaciones estacionales e influido por fenómenos poco comprendidos como las corrientes oceánicas, está revirtiendo su anterior tendencia y lleva varios años creciendo: 2021 marcó el segundo año con más hielo desde 2003[16]. Además, como flota y ocupa ya un volumen, su derretimiento no supondría un aumento del nivel del mar. Echen hielo a un vaso de agua, esperen a que se derrita y compruébenlo.
Dado que la Antártida contiene 1.250 veces más hielo que el Ártico, el hielo que debería preocuparnos es el antártico, pero la Antártida se ha enfriado ligeramente desde 1979, lo que quizá explique que esté estable o ganando hielo[17]. De hecho, en 2021 vivió los seis meses más fríos jamás registrados[18].
La tranquilizadora realidad es que el nivel de los océanos ha aumentado unos 120 metros desde la última glaciación y en el último siglo ha aumentado entre 1 y 3mm anuales[19], un ritmo despreciable y normal en una época interglaciar.
Asimismo, los huracanes están disminuyendo en número e intensidad al menos desde 1990[20], la superficie total quemada por incendios forestales a nivel global ha descendido un 25% en las últimas dos décadas[21] y “sigue sin haber evidencia a nivel global respecto al signo de la tendencia, magnitud y frecuencia de las inundaciones y de las sequías desde mediados del s. XX” (IPCC, AR5, WG I, capítulo 2.6, p. 214-217).
Con estos datos en la mano, cuando las generaciones venideras estudien las histerias colectivas del s. XXI se preguntarán cómo las sedicentes “élites” occidentales decidieron empobrecer a su población en nombre de una excéntrica teoría sustituyendo fuentes de energía baratas, eficientes y fiables por otras que son caras, ineficientes e intermitentes (alias “renovables”), que sólo funcionan en determinadas latitudes, cuando luce el sol o cuando sopla el viento. Alucinante.
Covid y cambio climático: la anti-ciencia
El contubernio político-mediático primero nos dice de qué debemos asustarnos. Luego busca un culpable: los no vacunados, los “irresponsables” jóvenes o los combustibles fósiles. Seguidamente, nos intimida mediante la presión de grupo y figuras de autoridad (los famosos “expertos”).
Se niega el debate, se censura cualquier información que no coincida con la mentira oficial y quienes osan mostrarse escépticos son tachados de “negacionistas”. Evidentemente, esto no es ciencia sino la antítesis de la ciencia, un dogma de obligada creencia que no está permitido discutir ni puede ser sometido al escrutinio de los datos.
Como es bien sabido, el método científico (o la inferencia de teorías a partir de hechos observados) tiene una parte inductiva, en la que de un número limitado de observaciones se intentan extraer leyes, reglas o principios generales que permiten hacer predicciones, y una parte deductiva en la que se aplica la teoría general y se observa si los datos reales validan la hipótesis.
Tanto con el covid como con el cambio climático el proceso de deducción ha fallado, por lo que si el proceso fuera científico dichas hipótesis habrían sido desechadas.
En el caso del covid, las intervenciones no farmacéuticas (confinamientos, mascarillas, etc.) no han funcionado: Suecia, que no hizo nada, ha tenido un exceso de mortalidad muy inferior a la mayoría de países que sí tomaron dichas medidas, España incluida[22], y en EEUU, estados que no tomaron medida coercitiva alguna (como Dakota del Sur) han tenido similar o menor mortalidad que otros estados que sí las adoptaron[23].
Por otro lado, las “vacunas” y terapias genéticas no sólo han resultado ineficaces para acabar con la epidemia, sino que han causado efectos secundarios adversos sin precedentes (no hay más que ver el “inexplicable” exceso de mortalidad[24]).
En el caso del cambio climático, los modelos de circulación general en cuyas proyecciones se basan las predicciones catastrofistas llevan 30 años fracasando en sus previsiones de un apocalipsis que nunca llega. Si se tratara de ciencia, un historial predictivo tan lamentable hace tiempo habría desautorizado la hipótesis de origen.
En realidad, el hombre aún ignora en gran medida el porqué de las variaciones climáticas, de modo que “los modelos matemáticos simplifican una realidad tremendamente compleja, caótica, en aras a realizar proyecciones – a treinta, cincuenta, setenta años – que carecen de robustez[25]”.
Una realidad orwelliana
En su novela 1984, George Orwell describe una distopía totalitaria en la que un Estado todopoderoso y opresivo tiraniza a la población mediante una vigilancia masiva y una represión implacable.
Parte importante del sistema es el control del pensamiento mediante la perversión del lenguaje, de modo que el significado real de las palabras sea el opuesto al que le corresponde. Así, el Ministerio del Amor se ocupa de administrar los castigos y la tortura , el Ministerio de la Paz se encarga de lograr un estado de guerra perpetua (¿epidemia perpetua?), el Ministerio de la Abundancia está encargado de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia mediante un duro racionamiento (¿de la electricidad?) y el Ministerio de la Verdad se dedica a engañar constantemente (¿a través de los medios?).
¿Estamos viviendo el comienzo de esta pesadilla distópica? A la superstición la llaman ciencia; a la censura, libertad; a la envidia y la codicia de los bienes ajenos, solidaridad; a la histeria, sensatez; a un totalitarismo creciente, democracia; a los que ofrecen datos, “negacionistas”, y a los que los niegan, “científicos”; a los que aplican razonamientos lógicos, “paranoicos de la conspiración”, pero los que repiten la consigna como papagayos, ciudadanos ejemplares.
Tanto la Cultura del Miedo como el declive de la razón, que difumina los contornos que separan la verdad de la mentira, son incompatibles con la libertad. Como nos advierte Hannah Arendt, filósofa judía alemana superviviente del nazismo, “el objeto ideal de la dominación totalitaria no eran el nazi o el comunista convencidos, sino las personas para quienes ya no existía la distinción entre el hecho y la ficción, entre lo verdadero y lo falso”.
Querido lector: yo quiero interpelarle directamente. Cuando llegue el nuevo totalitarismo encontrará dos grupos de personas. El primero, mayoritario, estará compuesto por personas aborregadas, supersticiosas, esclavizadas por el miedo y las adicciones y corrompidas por las promesas de los demagogos. Éstas recibirán a los nuevos tiranos entre vítores, pues los considerarán sus salvadores.
El segundo grupo, minoritario, estará formado por los centinelas de la verdad y de la libertad, personas sobrias, libres, valientes y pensantes que le plantarán cara. Constituirán la última línea de defensa, y yo le pregunto: ¿a qué grupo se unirá usted?
Dos meses después del brutal atentado contra la vida de Salman Rushdie, el alcance total de sus heridas está quedando claro. Andrew Wylie, el agente de Rushdie, ha confirmado que parecen cambiar la vida. Rushdie ha perdido la vista de un ojo y el uso de una de sus manos . Hadi Matar, el islamista de 24 años que presuntamente apuñaló a Rushdie en el escenario mientras se preparaba para dar una conferencia en Nueva York, perforó el ojo del autor y cortó los nervios de uno de sus brazos. Wylie dice que Rushdie tiene 15 puñaladas más en el pecho y el torso. Fue un milagro que sobreviviera.
El hecho de que Rushdie nunca pueda volver a escribir a máquina es particularmente desagradable. Porque fue su escritura lo que puso precio a su cabeza en primer lugar. Su novela finalista del Premio Booker, Los versos satánicos , atrajo la ira de los islamistas de todo el mundo después de su publicación en 1988. Los clérigos de línea dura la condenaron como una blasfemia contra el Islam, a menudo mientras se jactaban de no haberla leído nunca. Y esta agitación finalmente llamó la atención del ayatolá Jomeini de Irán, quien emitió su fatua en 1989 y condenó a muerte a Rushdie.
Treinta y tres años después, luego de muchos intentos fallidos de ejecutar la sentencia, Matar se ha convertido en el primero en acercarse tanto. En una entrevista con el New York Post poco después del ataque en agosto, Matar habló de su ‘respeto’ por Khomeini , aclamándolo como una ‘gran persona’, sin llegar a decir que se inspiró para atacar a Rushdie por la fatwa, bajo el consejo de su abogado. Pero no dudó en condenar al hombre, tres veces mayor que él, a quien acababa de apuñalar. ‘No creo que sea muy buena persona. No me gusta… Es alguien que atacó al Islam’, dijo Matar al Post . Y luego vino el truco: solo había «leído un par de páginas» de la novela que estaba dispuesto a matar a Rushdie por escribir.
A medida que el alcance total de las lesiones de Rushdie y los motivos de su presunto atacante se vuelven más claros, no deberíamos aceptar más tonterías acerca de que las palabras ofensivas son una forma de violencia: la justificación de propósito general para la censura ejercida por todos, desde los canceladores del despertar hasta los asesinos islamistas. Lo que le pasó a Salman Rushdie, eso fue violencia. Fue una violencia brutal, no provocada y cobarde sobre un libro aparentemente tan ofensivo para Matar que ni siquiera se atrevió a leerlo. Y para cualquiera que intente hacer una advertencia sobre su condena del ataque con una condena del libro ‘ofensivo’ e ‘islamófobo’ de Rushdie, solo tenga en cuenta lo que está insinuando: que él mismo se lo buscó. Que es también la posición del gobierno iraní , como sucede.
Además, la noticia del estado de Rushdie es un sombrío recordatorio de cuán débil ha sido la respuesta al ataque. La mayoría de la gente en la política y los medios esencialmente se habían olvidado de Rushdie, al parecer, hasta que surgieron los comentarios de Wylie ayer. Rápidamente siguieron adelante, como es ahora la maniobra de referencia en respuesta a los actos de terrorismo islamista. Las efusiones de horror y preocupación de hace dos meses también fueron bastante tibias. Al menos en 2015, tras los asesinatos de Charlie Hebdo , hubo un aumento de la solidaridad y la agitación (la gente proclamó ‘Je suis Charlie’ y realizó marchas de solidaridad) antes de que inevitablemente se agotara. Pero como ha señalado Mick Hume de Spike, no hubo ningún movimiento ‘Je suis Salman’ después del ataque en agosto .
El mundo occidental corre el riesgo de traicionar a Salman Rushdie por segunda vez, al igual que las élites occidentales se degradaron después de que se emitió la fatua. Es posible que el gobierno del Reino Unido haya ofrecido protección policial a Rushdie en 1989, pero Margaret Thatcher y sus ministros también se aseguraron de extender su simpatía a los islamistas que se sintieron ofendidos . Jimmy Carter fue mejor , declarando Los Versos Satánicos un ‘insulto’ al Islam apenas un mes después de que se emitiera la fatua. ‘No hay ninguna ley en la vida o en la naturaleza que diga que las grandes religiones pueden ser insultadas con impunidad’, fue la respuesta de su compañero autor John le Carré .
El caso Rushdie dejó muy claro en 1989 que la amenaza a la libertad de expresión en la era moderna proviene más de nuestra propia cobardía que de los teócratas extranjeros. Hoy, ahora que Salman Rushdie ha perdido un ojo y una mano en la lucha por la libertad de expresión, el establishment occidental vuelve a mirar al vacío. Se merece mucho mejor.
Tom Slater es el editor de Spiked . Síguelo en Twitter: @Tom_Slater_
El presidente ruso Vladimir Putin anunció la anexión formal de cuatro regiones de Ucrania en un discurso el viernes 30 de septiembre. Putin y los líderes de las cuatro regiones firmaron tratados para anexar Luhansk, Donetsk, Kherson y Zaporizhia, una medida que Ucrania y las potencias occidentales han denunciado como ilegal.
Durante un largo discurso de 37 minutos, Putin habló sobre la desintegración de la Unión Soviética, la «política colonial» occidental, las armas nucleares y su visión de la moral occidental. Las siguientes citas han sido traducidas al inglés del ruso (y yo del inglés al español). Si aún no lo ha hecho, le recomiendo que lea lo que dijo Putin.
‘Defendiendo ‘nuestra tierra»
“Defenderemos nuestra tierra con todos los poderes y medios a nuestra disposición”.
“En 1991, en el bosque de Belovezh, sin pedir la voluntad de los ciudadanos comunes, los representantes de las élites del partido de entonces decidieron destruir la URSS, y la gente se vio repentinamente aislada de su patria. Esto desgarró y desmembró a nuestra nación, convirtiéndose en una catástrofe nacional…
“Admito que no entendieron completamente lo que estaban haciendo y las consecuencias que esto inevitablemente conduciría al final. Pero esto ya no es importante. No hay Unión Soviética, el pasado no se puede recuperar. Y Rusia hoy ya no lo necesita. No estamos luchando por esto.
“El campo de batalla al que nos ha llamado el destino y la historia es el campo de batalla de nuestro pueblo, de la gran Rusia histórica, de las generaciones futuras, de nuestros hijos, nietos y bisnietos”.
‘Un mensaje a Kyiv’
“Quiero que las autoridades de Kyiv y sus verdaderos amos en Occidente me escuchen para que recuerden esto. Las personas que viven en Luhansk y Donetsk, Kherson y Zaporizhia se están convirtiendo en nuestros ciudadanos. Siempre.
“Hacemos un llamado al régimen de Kyiv para que ponga fin de inmediato a las hostilidades, ponga fin a la guerra que desató en 2014 y regrese a la mesa de negociaciones.
“Estamos listos para esto… Pero no discutiremos la elección de la gente en Donetsk, Lugansk, Zaporizhia y Kherson. Eso se ha hecho. Rusia no los traicionará”.
‘Fuga de gas de Nord Stream’
“Las sanciones no fueron suficientes para los anglosajones: pasaron al sabotaje. Es difícil de creer, pero es un hecho que organizaron las voladuras en los gasoductos internacionales Nord Stream, que recorren el fondo del mar Báltico… Está claro para todos los que se benefician de esto”.
‘imperialismo occidental’ “Occidente… comenzó su política colonial en la Edad Media, y luego siguió la trata de esclavos, el genocidio de las tribus indias [indígenas] en América, el saqueo de la India, de África, las guerras de Inglaterra y Francia contra China…
“Lo que hicieron fue enganchar a naciones enteras con las drogas, exterminando deliberadamente a grupos étnicos enteros. Por el bien de la tierra y los recursos, cazaban personas como animales. Esto es contrario a la naturaleza misma del hombre, la verdad, la libertad y la justicia”.
‘Precedente nuclear’
“Estados Unidos es el único país del mundo que ha usado dos veces armas nucleares, destruyendo las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, y sentando un precedente”.
“Incluso hoy, en realidad ocupan Alemania, Japón, la República de Corea y otros países, y al mismo tiempo los llaman cínicamente aliados de igual rango.
‘Moral occidental’
“Ahora han avanzado por completo, hacia una negación radical de las normas morales, la religión y la familia…
“La dictadura de las élites occidentales está dirigida contra todas las sociedades, incluidos los pueblos de los propios países occidentales. Este es un desafío para todos. Esta es una negación completa de la humanidad, el derrocamiento de la fe y los valores tradicionales. De hecho, la supresión de la libertad en sí misma ha adquirido las características de una religión: satanismo absoluto”.
“¿Realmente queremos, aquí, en nuestro país, en Rusia, en lugar de ‘mamá’ y ‘papá’, tener ‘padre número uno’, ‘padre número dos’, ‘número tres’? ¿Se han vuelto completamente locos? ¿Realmente queremos… inculcaron a los niños en nuestras escuelas… que supuestamente hay géneros además de mujeres y hombres, y [a los futuros niños] se les ofrece la oportunidad de someterse a operaciones de cambio de sexo? … Tenemos un futuro diferente, nuestro propio futuro”.
Es esta una época de hombres pequeños, de homúnculos. De unos enanitos agarrados a las ubres de la patria, de la que viven y a la que paradójicamente desean destrozar. Enanos estatales, autonómicos, provinciales, municipales… Todos separatistas, antifranquistas activos, traidores… Antiespañoles, en definitiva. Y malvados. Son una carcoma. Unos okupas instalados en puestazos o puestecillos, en los medios informativos, en los chollos de la cultura, en eventos varios, en ministerios y tribunales, en despachos policiales o militares, en las universidades…
Viven de la patria que odian, del sudor de los trabajadores que aún se esfuerzan y a los que humillan. Y últimamente también de multar a los que circulan a 109 Km/h por autovías con repentinos tramos limitados a 100 km/h. Porque necesitan el dinero para sus gastos personales y para los gastos de sus condicionales, a los que hay que pagar los servicios prestados.
Gente que parasita gracias al vasto nepotismo que nos invade y corroe. Todos amiguetes, familiares, amantes, cuñaos… Todos inútiles, vagos, fracasados -funcionarios o no- que en su vida las han visto más gordas. Todos resentidos con los luchadores que se ganan las lentejas sin parcialidades ni amiguismos. Todos ellos, individuos con dos caras que, afiliados al partido de turno, andan sueltos como diablos y con el rabo trenzan subvenciones y esquilman los filones de España. Gente que corta diariamente el cuello a la excelencia, por rencor, y para que no les prive de la carnada.
Personajillos de la política, en fin, o sus afines; asesores, consejeros, políticos de la casta que se esfuerzan por mantener las apariencias, sabiendo que el mundo -los electores- les darán crédito para todo lo demás. Pero no se le puede dar veneno a la serpiente, que es lo que llevan haciendo los españoles hace décadas: engordar a esta caterva, sus dilectos delincuentes públicos. Locura es correr en la oscuridad, en esa oscuridad que es hoy España, como es locura esconder la cabeza bajo el ala cuando se derrumba un monte sobre nosotros. Y que esta época es un tiempo triste y mutilado está claro, pues malos tiempos son aquellos en los que es preciso proclamar lo obvio.
No hay justicia suficiente para juzgar y condenar unas faltas como las de nuestros políticos traidores y codiciosos, y las de su cohorte. No es casualidad, sino farsa falaz y estratégica propaganda la formación y proliferación de tantas tertulias televisivas o radiofónicas vendidas al Sistema. Hay que ser muy sectario o muy venal para participar con gente entregada a organizar e integrar semejantes debates, porque querer oír o colaborar con lo que en ellos se dice es querer una bajeza.
El caso es que, España, sumida en la oscuridad, arriesga a cada instante perderse; pero, tal vez, de modo inconsciente, en estos días de indiferencia e ignominia, los esclavos estén esperando al Hombre; y el Hombre llegará, con mirada plácida y rebelde. No es este su mundo, en el que hay miseria, gentes sufrientes y niños violados en plena inocencia o asesinados antes de nacer, y muchachos y doncellas vendidos al vicio de los ricos.
Este Hombre, que quiere la paz, tendrá que encender la guerra, porque el más santo no puede mantenerse en paz cuando no le place al vecino malvado. Condenará a los traidores y dignificará a la patria, redimirá a los perseguidos por la venal justicia, pero no podrá resucitar a los muertos que se cobraron las instituciones globalistas y sus secuaces aprovechando las provocadas pandemias, ni podrá cambiar finalmente la naturaleza de los redimidos que, al cabo, le han de señalar con el dedo para que lo eliminen los enemigos, o han de contemplar su ejecución, inertes y en silencio.
Morirá, una vez más, con mil heridas, ofreciendo su sangre a la verdad, dirigiendo sus ojos a los escasos compañeros que se sacrificaron o lucharon junto a él, para que prosigan esa inacabable marcha hacia la utópica redención del ser humano. E, instantes antes de su muerte, recordará a Dante en su Comedia, y lo parafraseará amargo y afligido, viendo como las ovejas ignorantes van al pasto y vuelven del pasto repletas de inexistencia, de ignominia.
«Cristo no dijo a sus primeros seguidores: “Andad y predicad patrañas al mundo”, sino que les dio como sustento la verdad y esta apareció en sus labios como escudo y lanza. Ahora, para predicar se abusa de los engaños y de las bufonadas, y los papagayos se hinchan de orgullo. Si el vulgo lo quisiera ver no admitiría las indulgencias ni las humillaciones de manos de aquellos por cuya culpa ha crecido tanto la necesidad, la perversión y la traición en la tierra. Así engordan los puercos y otros muchos que son peores que puercos, pagando en moneda no acuñada».
Para cuando sean el 51 por ciento ningún fanático descerebrado precisará apuñalar a ningún Salman Rushdie que haya escrito nada, porque no habrá quien publique nada de ese estilo
No lo veremos nosotros, pero sí nuestros descendientes. Entonces no habrá problemas de inseguridad enlas calles ni en barriadas difíciles, porque de ellos serán las calles y de ellos las barriadas, que ya no serán difíciles para una policía que será la suya. No habrá problemas con leyes racistas ni restrictivas,porque ellos serán la ley. No habrá más templos que los de ellos, no porque sean mala gente, sino porque así se lo exige su credo revelado. Los antiguos romanos carecieron durante bastante tiempo de problemas con la asimilación de un dios o más en su parnaso. Donde había varios cabían más. Hasta que llegó el dios único que no admite rivales. Y luego el siguiente, el de los que van camino de ser el 51 por ciento. Ya se sabe que la revelación tiene el pequeño inconveniente de ser una voz celeste que habla aalguien al que hay por fuerza que creer, sin ningún argumento racional de superior cuantía. Y cuando un colectivo religioso lo es mucho, trata de imponer esa revelación por el mero hecho de serlo. Nosotros hemos reblandecido no poco nuestras convicciones. Ellos, nada. No han tenido ni es fácil que tengan un Renacimiento ni una Ilustración que les racionalice una mijita su credo. Y si les llega, ya nonos incumbirá. Para mucho antes, para ese históricamente breve espacio de tiempo que queda hasta que sean el 51 por ciento, impondrán sus creencias y sus leyes adjuntas, con todo lo que incluyen de aniquilación para los monoteísmos o politeísmos de la competencia. Entonces no habrá papanatas que hablen de delitos de odio cuando se les critique, porque nadie podrá criticarlos, y quien lo haga, sufrirá las ya conocidas, implacables consecuencias. Cuando rebasen esa mitad aritmética, nuestra democracia, para no entrar en contradicción consigo misma, les abrirá las puertas de los parlamentos, de los ayuntamientos, de las diputaciones, de lo que sea, gracias a la ley de Hont o de cualquier otro sociólogoque no previó la deriva de sus cálculos. Cuando sean el 51 por ciento ríanse ustedes de rastreras leyes de memoria histórica que eliminan o pretenden eliminar recuerdos de anteriores regímenes. La damnatio memoriae será tan absoluta que en un par de generaciones se desconocerácasi todo el arte que hoy vemos como bello, evocador, personalista, desobediente o de una mínima transgresión contra las normas. Ríanse de Hitler y su concepto de arte degenerado destruyendo o al menos prohibiendo u ocultando creaciones que no satisfacían sus dictados. Nada que ver con lasprohibiciones estalinistas en la literatura soviética de su momento. La misma inquisición se vería de una paternal complacencia, de haber memoria escrita de ella para entonces, claro. Orwell claramente escribe contra Stalin en su 1984, pero la metódica demolición de la justicia, la reinvención del pasado y los dictados sobre el futuro son canónicos para cualquier sistema totalitario que busque eternizarse, una de las primeras premisas de dichos sistemas. Cuando sean el 51 por ciento no precisarán ya llevar la corbata que portan los actuales alcaldes suyos en las ciudades europeas donde han conseguido ese título. Nonecesitarán estos idiomas nuestros que han producido tanta literatura decadente y que desunen a los pueblos. La lengua común será impuesta, comprensiblemente, en bien de una comunidad que ellos gobernarán por fin. Y esa división occidental de poderes será olvidada para los restos, estudiada en todo caso como un momento de degradación política en la historia de la humanidad. La muerte de Montesquieu no ha sido solo buscada y pregonada por todo político de tendencias totalitarias, sino que se verá como una condición necesaria para que un credo que es norma absoluta privada y públicaencarrile hacia la obediencia a una población en manos de sus benévolos y sabios gobernantes.
No es fácil que para cuando sean el 51 por ciento la humanidad en general haya llegado a cotas de conocimiento que la hagan independiente de dictados pretendidamente venidos de regiones ignotas. Nuestra línea divisoria entre la vida y la muerte parece ser por mucho tiempo una muralla infranqueable tras la cual toda hipótesis tiene cabida, y en consecuencia, toda aplicación transcendente a la vida terrena es válida, por discutible que resulte.
Para cuando sean el 51 por ciento ningún fanático descerebrado precisará apuñalar a ningún Salman Rushdie que haya escrito nada, porque no habrá quien publique nada de ese estilo, porque nadie escribirá nada contra el 51 por ciento, y porque no habrá lugar donde mal que bien pueda refugiarse en nuestro mundo el hipotético escritor que transgreda las normas. Cuando sean el 51 por ciento quedará el consuelo de que no habrá que perseguir a nadie por blasfemia ni ateísmo, porque incluso de haberlos, su desaparición no aparecerá siquiera en las noticias.
La adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea
Desde hace años, sociólogos, antropólogos o psicólogos vienen advirtiendo sobre la infantilización de la sociedad postindustrial. La media de edad aumenta incesantemente, la población envejece, pero los rasgos adolescentes permanecen en una porción significativa de sujetos adultos. La juventud se ha convertido en icono de culto, objeto de incesante alabanza, de veneración. Lo grave no es que la gente intente aparentar juventud física, recurra en exceso a la cirugía estética o a los implantes capilares. Es más preocupante que un creciente porcentaje de adultos se afane en el cultivo consciente de su propia inmadurez. Hoy día no son los jóvenes quienes imitan la conducta de los adultos… sino al revés. La experiencia, el conocimiento que proporciona la edad no es ya virtud sino rémora, un lastre del que desprenderse a toda costa.It’s so hard to get old without a cause. Youth is like diamonds in the sun, and diamonds are forever.
Marcel Danesi, profesor de antropología y autor del libro “Forever Young”, describe este síndrome colectivo: la adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea. La opinión pública tiende a considerar la inmadurez deseable, incluso normal para un adulto. Como resultado, cunde una sensación de inutilidad, de profunda distorsión: quienes toman las decisiones cruciales suelen ser individuos con valores adolescentes. Va desapareciendo la cultura del pensamiento, de la reflexión, del entendimiento y es sustituida por el impulso, la búsqueda de la satisfacción instantánea. La infantilización se impone.
El discurso político se simplifica, dogmatiza, se agota en sí mismo, se limita a meras consignas, sencillas estampas. Pierde la complejidad que correspondería a un electorado adulto. En concordancia con la visión adolescente del mundo, no se exige en los líderes políticos ideas, capacidad de elaboración, sino belleza, atractivo, tópicos, divertidas frases, una imagen que conecte con un electorado envejecido en edad pero muy rejuvenecido en mentalidad.
Infantilización: los derechos, o privilegios, imperan sobre los denostados deberes
Los nuevos tiempos son testigos de la preponderancia de los rasgos infantiles sobre los maduros. La impulsividad, los instintos, dominan a la reflexión; el placer a corto plazo a la búsqueda del horizonte.Los derechos, o privilegios, imperan sobre los denostados deberes, esas pesadas obligaciones de un adulto. La inclinación a la protesta, al pataleo, domina a la auto superación. Y la imagen se antepone al mérito y el esfuerzo.
Los medios de comunicación actúan en consecuencia: incluso la prensa más seria promociona el cotilleo más obsceno, el chascarrillo, el escándalo, esas noticias que hacen las delicias del público con mentalidad adolescente. Resulta preocupante la fuerte deriva de la prensa hacia el puro entretenimiento, la mera diversión, en detrimento de la información y análisis rigurosos. La preponderancia de ubres y glúteos sobre la opinión razonada.
El creciente infantilismo fomenta la difusión de miedos, esos temores inventados o exagerados que generan los reflejos distorsionados de la calle en la oscuridad de la habitación. Surge una “sociedad del pánico“, tremendamente conservadora, que en el cambio ve peligros, no oportunidades. Una colectividad asustadiza, víctima fácil del terrorismo internacional. Jamás fue el mundo tan seguro como en el presente; pero nunca el ciudadano medio vivió tan aterrado. Ni el intelectual tan temeroso de escribir lo que ocurre.
Vivimos en una sociedad bastante cobarde, insegura, que se asusta de su sombra, de lo que come o respira, que siente pánico ante noticias que, por definición, no son más que excepciones. Prueba de ello es la creciente atracción por el milenarismo: igual que en la Edad Media, los predicadores del Apocalipsis ejercen una singular fascinación,aunque sólo pretendan llenarse los bolsillos.
El populismo, culminación de la infantilización
Muchos olvidan que la madurez consiste básicamente en la adquisición de juicio para distinguir el bien del mal, la formación de los propios principios y, sobre todo, la disposición a aceptar responsabilidades. Y que los dirigentes han contribuido con todas sus fuerzas a diluir o difuminar la responsabilidad individual. A sumir al ciudadano poco avisado en una adolescencia permanente. El Estado paternalista aseguró al súbdito que resolvería hasta la más mínima de sus dificultades a cambio de renunciar al pensamiento crítico, de delegar en los dirigentes todas las decisiones. Fue la promesa de una interminable infancia despreocupada y feliz.
La mentalidad infantil encaja muy bien en la sociedad compuesta por grupos de intereses, que tan magistralmente describió Mancur Olson. Unas facciones que actúan como pandillas de adolescentes en entornos donde escasea la responsabilidad, donde el grito, la pataleta, el alboroto, son vías mucho más eficaces para conseguir ventajas que el mérito y el esfuerzo. Un marco donde predomina quien más vocifera, “reivindica”, apabulla. O el que tiene más amigos, mejores contactos e influencias. Raramente quién aporta razones más profundas.
El populismo constituye la fase final, el perfeccionamiento del proceso de infantilización, la cosecha definitiva de esas semillas sembradas concienzudamente por los dirigentes del Mundo Occidental. Nada tan significativo como el discurso arbitrista, empachado de “lo público”, proclive al reparto de prebendas, tendente a eliminar los restos de responsabilidad individual. Líderes adolescentes y caprichosos para una sociedad infantil, anestesiada, entretenida con los juguetes que los de arriba dejan caer a voluntad.
El grupo terrorista yihadista ISIS ha amenazado una vez más al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
ISIS ha transmitido un fotomontaje que muestra a un hombre encapuchado en el papel de verdugo a punto de ejecutar a dos prisioneros: estos son Donald Trump y el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. «Judíos y adoradores de la cruz, juramos romperles el cuello y derramar su sangre», dice el mensaje que acompaña a la imagen.
ISIS lanzó un póster de Santa Claus en los sitios de redes sociales del grupo. El cartel muestra a Santa mirando a Times Square con una caja de dinamita a su lado. En la imagen, las calles de Nueva York están llenas de peatones por la noche y Santa lleva un saco rojo voluminoso. «Nos encontramos en Navidad en Nueva York … pronto», dice el texto en la imagen.
Una denuncia penaldeclaróque Mohamed Rafik Naji, de 37 años, residente legal permanente de EE. UU. Y ciudadano de Yemen, discutió un plan para tratar de llevar a cabo un ataque al estilo Niza utilizando un camión de basura para cortar gente en Times Square.
Una imagen creada digitalmente muestra a un hombre armado de pie debajo del Templo Mormón de San Diego California, con ‘Próximamente’ escrito en letras manchadas de sangre y envueltas en malla verde.
Los señores de la guerra de ISIS han lanzado una amenaza escalofriante para llevar carnicería a Oxford Street de Londres esta Navidad. Un cartel lleno de sangre emitido por el grupo terrorista muestra a un jihadista fuertemente armado caminando por la calle comercial más concurrida de la ciudad bajo luces festivas.
La propaganda dice: «A partir de ahora iremos a atacarlos y no vendrán a atacarnos». Los jefes delgrupo malvadotambién han amenazado a la Reina y han alentado los ataques contra la Copa del Mundo del próximo año.
ISIS lanzó una imagen enfermiza de la cabeza del monarca cubierta de sangre frente a una bandera sindical. Un cuchillo de trinchar salpicado de sangre yace sobre la imagen, que lleva la advertencia: «En observación … pronto».
Y luego está esta del Big Ben:
Otro cartel compartido en canales encriptados muestra a Santa arrodillado frente a un terrorista con la calle Regent Street de Londres de fondo.
Un cartel muestra a un yihadista con un cuchillo sangriento mirando hacia un mercado navideño con la Torre Eiffel de fondo y el mensaje «Pronto en sus vacaciones».
Y frente al Arco del Triunfo:
Una imagen, que hizo su ronda en varias redes sociales, parece mostrar una multitud reunida frente al icónico Arco del Triunfo de 200 años de antigüedad. Un gráfico superpuesto en la imagen muestra una mano empuñando un cuchillo ensangrentado y una leyenda de «Haremos el infierno del día de Año Nuevo», pegado a él.
Los líderes de ISIS también han instado a los yihadistas a atacar a Roma en un cartel en línea que muestra a un lobo con vista a la Plaza de San Pedro.
En noviembre, apareció un cartel que mostraba a un terrorista que dominaba la Plaza de San Pedro en el Vaticano con un lanzacohetes, junto con un mensaje que instaba a los extremistas: «No se contengan con su sangre, la recompensa es el paraíso».
El mensaje advirtió que «la fiesta de los cruzados se acerca», aludiendo a un ataque navideño en la ciudad santa de la iglesia católica. ‘Sus convoyes se amontonarán frente a ustedes y se prepararán para que les muestren el significado del terrorismo’.
Un cartel de propaganda lanzado por un grupo pro-ISIS este fin de semana muestra al Papa Francisco siendo decapitado por un jihadista de ISIS.
El cartel fue descubierto en un canal pro-ISIS de la aplicación Telegram por un grupo de inteligencia, y muestra a un terrorista con su cara enmascarada con túnicas blancas de pie sobre la cabeza ensangrentada del Papa.
El objetivo de ISIS de atacar a Roma es tan antiguo como el propio grupo. La misma semana en que Abu Bakr al-Baghdadi anunció el califato, por ejemplo, también declaró que el grupo militante «conquistaría Roma y sería dueño de todo el mundo».
«ISIS también desea apuntar a Italia ahora porque es uno de los pocos países europeos importantes que aún no ha alcanzado», dijo Meserole. «Esperan inspirar la violencia allí para que puedan decir, en efecto, ‘ya hemos atacado sus capitales en Londres, en París y en Barcelona, y ahora hemos atacado Roma. No hay ningún lugar al que no podamos llegar.
«Rezos en las calles, insistencia en llevar velos y niqab, burkini, quitar según que comidas de los colegios y guarderías ya que les ofenden, eliminar perros, eliminar crucifijos de las aulas y oficinas publicas, todo les molesta y les oprime y los políticos se desviven en complacerles.»
La tercera invasión musulmana se hizo visible en 2015 y en 2016 Europa se llenó de musulmanes con la colaboración de políticos, medios desinformativos, fundaciones y ong’s que han vendido su población al islam, el daño que han causado es prácticamente irreversible.
De todas maneras la cosa ya venía de 30 años atrás ante la ceguera y arrogancia de Occidente. Cuando los peones islámicos marcharon sobre Occidente con la excusa de mejorar de vida y provenir, se establecieron en ciudades y pueblos por pequeños que fueran, eran la avanzadilla que debía preparar el terreno e ir de victimas poniendo carita de pena ya que la taqqyya es su gran baza. Cuando empiezan a aumentar el numero esa carita cambia por completo y empiezan las peticiones y exigencias, con la inestimable colaboración de la derecha cobarde y la izquierda suicida.
Rezos en las calles, insistencia en llevar velos y niqab, burkini, quitar según que comidas de los colegios y guarderías ya que les ofenden, eliminar perros, eliminar crucifijos de las aulas y oficinas publicas, todo les molesta y les oprime y los políticos se desviven en complacerles. El escritor alemán Udo Ulfkotte ya denunció en 2008 estas maniobras de conquista en su excelente libro «SOS Abendland». Debido a la polémica que levantó el libro ,tuvo que vivir escondido y con protección durante bastante tiempo. Ulkotte fue encontrado muerto en extrañas circunstancias en febrero de este año, la izquierda alemana celebró con alegría su muerte, la derecha en su papel de ambiguos que es lo suyo.
Si nos ponemos en un plan más místico se pueden citar las terribles profecías de Baba Vanga, todo es aplicable y se puede entender como guste cada uno pero esta clarividente búlgara ha dado en el clavo en tantas ocasiones que da que pensar. En 1939, predijo la SGM y su final.En 1942, la muerte del zar búlgaro Boris incluida la fecha exacta. La muerte de Stalin, la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS, la muerte de Indira Gandhi, la Perestroika, la caída de la URSS, la muerte de la princesa Diana, el hundimiento del submarino ruso Kursk, el ataque a las torres gemelas etc, etc.
Su profecía para 2043 es que Europa sigue bajo el yugo de los musulmanes. y que en 2299, en Francia, surge un movimiento guerrillero contra el Islam.
Ahora cada uno que lo vea como quiera.
MARXISMO CULTURAL.
Hoy en día, los practicantes del marxismo cultural se están levantando de las sombras y reproduciendo a un ritmo increíble.
Su gran lucha es destruir la cultura europea a través del «políticamente correcto» para implantar las costumbres e ideas que traen los «inmigrantes y refugiados» ,los que no estén a favor de someterse a esa dictadura rápidamente son calumniados a través de las redes sociales y los medios afines, con calificativos de «racismo», «fascismo», «nazi», «xenofobo» y «supremacismo blanco» entre otros. Después viene la segunda fase, «suavizar» a toda la masa restante en una «burbuja amorfa» donde se le repetirá continuamente a través de los medios y tertulias políticas que hay que aceptar lo que venga de fuera y así moldear una nueva mentalidad de sumisión.
El que no entre en su juego será machacado ideológicamente, en España tenemos los casos de Herman Tersch, Abascal, García Serrano, Alfonso Rojo entre otros ,que no pliegan a las exigencias del «políticamente correcto» y basta ver la caña que les dan desde La Sexta, Cuatro, SER, El País, es.diario,Público etc, etc..
El perfecto ejemplo de marxismo cultural se encuentra en la mayoría de las élites de la UE, en especial los alemanes aliados con Angela Merkel, esta globalista que está llevando Europa a la ruina moral y económica, junto a sus sirvientes Macron, Mark Rutte, Charles Michel, Alexander Van der Bellen y Stefan Löfven forman un ramillete de traidores que están sacrificando a sus pueblos en el altar del buenísimo y del políticamente correcto.
«Prayers in the streets, insistence on wearing veils and niqab, burkini, removing according to what schools and daycares eat because they are offended, eliminating dogs, eliminating crucifixes from classrooms and public offices, everything bothers them and oppresses them and politicians They go out of their way to please you. «
The third Muslim invasion became visible in 2015 and in 2016 Europe was filled with Muslims with the collaboration of politicians, disinformation media, foundations and NGOs that have sold their population to Islam, the damage they have caused is virtually irreversible.
Anyway, the thing was already 30 years ago before the blindness and arrogance of the West. When the Islamic pawns marched on the West with the excuse of improving life and coming, they settled in cities and towns no matter how small they were, they were the advance guard that had to prepare the ground and go to the victims with a little face of sorrow since the taqqyya is their great trick. When they begin to increase the number that little face changes completely and the petitions and demands begin, with the inestimable collaboration of the cowardly right and the suicidal left.
Prayers in the streets, insistence on wearing veils and niqab, burkini, remove according to what meals from schools and nurseries since they are offended, eliminate dogs, eliminate crucifixes from classrooms and public offices, everything bothers them and oppresses them and politicians They go out of their way to please them. The German writer Udo Ulfkotte already denounced in 2008 these maneuvers of conquest in his excellent book «SOS Abendland». Due to the controversy that raised the book, he had to live hidden and protected for quite some time. Ulkotte was found dead in strange circumstances in February of this year, the German left cheerfully celebrated his death, right in his ambiguous role that is his thing.
If we put ourselves in a more mystical plan we can mention the terrible prophecies of Baba Vanga, everything is applicable and can be understood as everyone likes but this Bulgarian clairvoyant has hit the nail on so many occasions that it has to think. In 1939, he predicted the SGM and its end. In 1942, the death of the Bulgarian Tsar Boris included the exact date. The death of Stalin, the invasion of Czechoslovakia by the USSR, the death of Indira Gandhi, the Perestroika, the fall of the USSR, the death of Princess Diana, the sinking of the Russian submarine Kursk, the attack on the twin towers etc etc. His prophecy for 2043 is that Europe remains under the yoke of the Muslims. and that in 2299, in France, a guerrilla movement against Islam arose.
Now everyone who sees it as they want.
CULTURAL MARXISM
Today, practitioners of cultural Marxism are rising from the shadows and reproducing at an incredible rate.
Their great struggle is to destroy European culture through the «politically correct» to implement the customs and ideas that bring «immigrants and refugees», those who are not in favor of submitting to that dictatorship are quickly slandered through social networks and the related media, with descriptions of «racism», «fascism», «Nazi», «xenophobe» and «white supremacism» among others. Then comes the second phase, «soften» the rest of the mass in an «amorphous bubble» where it will be repeated continuously through political media and gatherings that you have to accept what comes from outside and thus mold a new mentality of submission .
Those who do not enter their game will be crushed ideologically, in Spain we have the cases of Herman Tersch, Abascal, Garcia Serrano, Alfonso Rojo among others, who do not fold to the demands of the «politically correct» and just look at the cane they give them from La Sexta, Cuatro, SER, El País, es.diario, Público etc., etc..
The perfect example of cultural Marxism is found in the majority of the EU elites, especially the Germans allied with Angela Merkel, this globalist who is leading Europe to moral and economic ruin, along with her servants Macron, Mark Rutte, Charles Michel, Alexander Van der Bellen and Stefan Löfven form a bunch of traitors who are sacrificing their people on the altar of good and politically correct.