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EL LIBRE MERCADO NO ES UN SISTEMA DE EXPLOTACIÓN DEL DÉBIL/THE FREE MARKET IS NOT A SYSTEM OF EXPLOITATION OF THE WEAK (SPANISH/ENGLISH)

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Por/By Luis I. Gómez

Un reproche muy común al liberalismo, especialmente desde los púlpitos de la izquierda, es que se trata de una ideología social-darwinista mediante la que se justifica la explotación de los pobres y los débiles por parte de los fuertes, los ricos y los poderosos. Voy a tratar de refutar esta idea errónea en las siguientes líneas.

En primer lugar se plantea la cuestión de lo que es el “darwinismo social”. Yo entiendo que el concepto sugiere la transferencia de los principios darwinianos a la convivencia entre las personas y su organización en sociedad. Pero ¿cuáles son los principios darwinianos?

Como todos ustedes saben, Charles Darwin es el padre de la teoría de la evolución. Esta teoria pretende describir cómo la vida ha evolucionado en la Tierra, cómo se originaron los diferentes tipos de organismos y cuáles son los principios que regulan la selección natural en un entorno siempre cambiante. Variación (la aparición de descendientes diferentes a través de la reproducción y las mutaciones en el ADN) y selección (a través de organismos hostiles y/o falta de adaptación al medio ambiente) son las palabras clave. Se trata de la “supervivencia del más apto”: el más fuerte y mejor adaptado de su entorno natural sobrevive  y transmite sus genes, el resto es rechazado sin piedad por la naturaleza.

Resulta significativo que, efectivamente, la economía de mercado cuenta con procesos hasta cierto punto comparables. Las diferentes empresas con diferentes líneas de productos (variación) compiten en un mundo constantemente cambiante en un intento de proporcionar a clientes con diferentes preferencias (entorno dinámico) respuestas a sus necesidades. Solo aquellas empresas que puedan satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes permanecen y alcanzan el éxito. Las empresas dirigidas deficientemente o que no ofrecen productos deseados terminan por desaparecer del mercado (Selección.) Del mismo modo, diferentes empleadores compiten para contratar a los mejores trabajadores con diferentes habilidades, y estos a su vez compiten por obtener los mejores puestos de trabajo. Los avances tecnológicos y otras innovaciones también garantizan la renovación continua de los medios/formas de producción. No olvidemos que también las instituciones sociales, las leyes, las normas, las tradiciones y los valores se encuentran en constantes procesos de cambio a los que se han de adaptar las acciones empresariales … ¿Evolución? ¿Darwinismo?

Los mecanismos del mercado se corresponden con procesos de redescubrimiento adaptativo. La libre competencia permite, a través de incontables procesos de “ensayo y error // cambiar y mejorar” el procesamiento de inmensas cantidades de información que, analizadas por los numerosísimos actores del mercado libre ayudan a encontrar posibles soluciones óptimas para la asignación de recursos. Algo que jamás podría proporcionar una economía planificada en la que se mutilan las variables. Estos cambios constantes, cada vez más rápidos, tan temidos por algunas personas (sobre todo porque no sólo generan nuevos puestos de trabajo, sino que provocan la desaparición de los trabajos obsoletos), generan como resultado final un beneficio para la inmensa mayoría: los recién llegados y en desventaja social pueden ascender y alcanzar la riqueza/bienestar al tiempo que los poderosos incapaces de adaptarse pierden su privilegiada posición. Schumpeter habló en este contexto de “actos de destrucción creativa”.

Pero hay diferencias cruciales con el darwinismo del mundo animal. Mientras que una manada de animales lucha sin piedad por los recursos naturales a su alcance, el hombre como “animal racional”, es capaz de generar nueva riqueza a través de la razón. El hombre no sólo CONQUISTA (que también), sino que PRODUCE y CREA. Son precisamente las capacidades de creación y producción de bienes nuevos las que desembocaron en la revolución industrial y, en consecuencia, en la increíble riqueza que disfrutamos sobre todo en el mundo occidental, pero también cada vez más en Asia, América del Sur e incluso partes de África. Prosperidad como valor a conseguir mediante el intercambio, de forma conjunta y dinámica, no ya como la constante sobre la que se declararon tantas – ¿todas? – guerras. El hombre racional, el que insufló de vida la Ilustración, entiende que la riqueza ha de ser creada a través de la cooperación libre y pacífica de las gentes libres. El libre mercado no sólo se basa en la competencia entre empresas de un mismo sector para conseguir una mejor cuota de mercado, sino también en la cooperación entre las personas dentro de una empresa y entre empresas capaces de generar cadenas de producción.

Dado que la violencia interrumpe este proceso de creación de riqueza e impide que  el hombre pueda vivir como persona con derechos fundamentales innegociables en una sociedad civilizada, ésta debe ser proscrita y prohibida. Sólo admisible para castigar a los criminales, son necesarios mecanismos que permitan un control estricto de su uso. Mientras que en el mundo animal la violencia es parte crucial de la selección darwiniana, no existen los derechos y prevalece el más fuerte, el liberalismo significa no violencia, paz, imperio de la ley y el éxito de los agentes productivos (tanto individuales xcomo colectivos). La ley del más fuerte queda derogada por la fuerza de la ley. El hombre ya no es un lobo para el hombre, es un agente ansioso de conocer otros agentes, trabajar juntos y prosperar. Nada que ver con aquello de “comer y ser comido”.

Es el momento de plantear la pregunta del millón: ¿qué pasará con la gente que quede fuera del mercado debido a que carecen de las condiciones requeridas para ello? ¿Qué hay de los  pobres, los desempleados, los enfermos o los discapacitados? ¿Serán arrojados a su destino y perecerán miserablemente?

Bueno, el objetivo del libre mercado es el de generar riqueza. El liberalismo no es un plan político y no es omnipotente. Para cubrir los déficits sociales es necesaria una sociedad civil que funcione: familia, amigos, organizaciones de caridad, asociaciones privadas,  fondos sociales voluntarios y seguros. Los intereses de los trabajadores están representados por los comités de empresa y los sindicatos, las asociaciones de empleadores tienen sus propias organizaciones.

La mayoría de personas apoyarían esas instituciones financieramente o de otra forma, no sólo por su propio interés, sino también porque somos seres sociales con la capacidad de empatía, al menos allí dónde vemos que los problemas no nacen de quien los padece. Hoy en día buena parte de la masa beneficiada por el estado de bienestar podría valerse por sí misma … si les dejasen y pudiesen acceder a contratos no hiperregulados.

¿Y no es precisamente esto último lo que convierte a los empresarios en explotadores allí donde pueden?

No. Los trabajadores van a luchar. Algunos deciden abrir su propio negocio, otros deciden acudir a la competencia en busca de mejores condiciones. El derecho a la huelga (voluntaria siempre) es un instrumento natural de defensa frente a la explotación. Un Estado de Derecho que funcione tiene como misión fundamental la salvaguarda de los derechos individuales de los trabajadores –protegiéndoles de empleadores sin escrúpulos -, pero también de los empleadores –protegiéndoles del afán regulador de la política-.

El Estado actual, en manos de los políticos y arrojado al clientelismo electoral, distorsiona el mercado mediante leyes, prohibiciones, subvenciones y “ayudas” a sectores industriales o industrias concretas. El afán recaudatorio de los gobiernos, más preocupados por el mantenimiento de sus propias estructuras que por el bienestar de de sus administrados, obliga a los emprendedores a buscar nuevos mercados laborales, intentando minimizar los costes y así poder compensar las “pérdidas” generadas por la inmensa factura generada por los fiscos occidentales. Es la combinación Estado+Mercado, el mercantilismo nacido de la planificación estatal de la economía, lo que genera explotación y esclavitud.

Los contribuyentes financiamos a los gobiernos; los gobiernos, a través de subsidios, leyes e impuestos, financian/facilitan la explotación. Es hora de romper el círculo vicioso!


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(NOTE: It should be remembered that the concept of «Liberalism» is not the same in Europe as in the United States)

A very common reproach to liberalism, especially from the pulpits of the left, is that it is a social-Darwinist ideology that justifies the exploitation of the poor and the weak by the strong, the rich and the powerful. I will try to refute this misconception in the following lines.

First, there is the question of what «social Darwinism» is. I understand that the concept suggests the transfer of Darwinian principles to the coexistence between people and their organization in society. But what are the Darwinian principles?

As you all know, Charles Darwin is the father of the theory of evolution. This theory aims to describe how life has evolved on Earth, how different types of organisms originated and what are the principles governing natural selection in an ever changing environment. Variation (the appearance of different offspring through reproduction and mutations in DNA) and selection (through hostile organisms and / or lack of adaptation to the environment) are key words. It is the «survival of the fittest»: the strongest and best adapted of its natural environment survives and transmits its genes, the rest is rejected mercilessly by nature.

It is significant that, in fact, the market economy has processes to some extent comparable. Different companies with different product lines (variation) compete in a constantly changing world in an attempt to provide customers with different preferences (dynamic environment) answers to their needs. Only those companies that can meet the needs and desires of their customers remain and achieve success. In the same way, different employers compete to hire the best workers with different skills, and these in turn compete for the best jobs. Technological advances and other innovations also guarantee the continuous renewal of the means / forms of production. Do not forget that social institutions, laws, norms, traditions and values ​​are also in constant processes of change to which business actions have to adapt … Evolution? Darwinism?

The mechanisms of the market correspond to processes of adaptive rediscovery. Free competition allows, through countless processes of «trial and error // to change and improve» the processing of immense amounts of information that, analyzed by the numerous players in the free market, help to find possible optimal solutions for the allocation of resources. Something that could never provide a planned economy in which the variables are mutilated. These constant changes, increasingly rapid, so feared by some people (mainly because they not only generate new jobs, but also lead to the disappearance of obsolete jobs), generate as a final result a benefit for the vast majority: newcomers Arrivals and socially disadvantaged people can ascend and achieve wealth / well-being while the powerful unable to adapt lose their privileged position. Schumpeter spoke in this context of «acts of creative destruction».

But there are crucial differences with the Darwinism of the animal world. While a herd of animals struggles mercilessly for the natural resources at their disposal, man as a «rational animal» is able to generate new wealth through reason. Man not only CONQUES (that too), but PRODUCES and BELIEVES. It is precisely the capacities of creation and production of new goods that led to the industrial revolution and, consequently, to the incredible wealth we enjoy above all in the Western world, but also more and more in Asia, South America and even parts from Africa. Prosperity as a value to be achieved through exchange, jointly and dynamically, not as the constant on which so many – all? – wars. The rational man, who breathed life into the Enlightenment, understands that wealth must be created through the free and peaceful cooperation of free people. The free market is not only based on competition between companies in the same sector to achieve a better market share but also on cooperation between people within a company and between companies capable of generating production chains.

Since violence disrupts this process of wealth creation and prevents man from living as a person with non-negotiable fundamental rights in a civilized society, it must be proscribed and prohibited. Only permissible to punish criminals, mechanisms are necessary that allow a strict control of their use. While in the animal world violence is a crucial part of Darwinian selection, there are no rights and the strongest prevails, liberalism means nonviolence, peace, rule of law and the success of productive agents (both individual x as collective ). The law of the strongest is repealed by the force of law. Man is no longer a wolf for man, he is an agent eager to meet other agents, work together and thrive. Nothing to do with «eating and being eaten».

It is time to ask the million dollar question: what will happen to the people who are out of the market because they lack the necessary conditions for it? What about the poor, the unemployed, the sick or the disabled? Will they be thrown to their fate and perish miserably?

Well, the goal of the free market is to generate wealth. Liberalism is not a political plan and is not omnipotent. To cover social deficits, a functioning civil society is needed: family, friends, charitable organizations, private associations, voluntary and insurance social funds. The interests of workers are represented by works councils and trade unions, employers’ associations have their own organizations.

Most people would support these institutions financially or otherwise, not only for their own interest, but also because we are social beings with the capacity for empathy, at least there where we see that problems are not born of those who suffer from them. Today a good part of the mass benefited by the welfare state could stand on its own … if they let them and could access non-regulated contracts.

And is not it the latter that makes entrepreneurs exploitative wherever they can?

No. The workers are going to fight. Some decide to open their own business, others decide to go to the competition in search of better conditions. The right to strike (always voluntary) is a natural defense against exploitation. A fundamental rule of law is the safeguarding of the individual rights of workers – protecting them from unscrupulous employers – but also from employers – by protecting them from the political will to regulate them.

The current state, in the hands of politicians and thrown into electoral clientelism, distorts the market through laws, prohibitions, subsidies and «aid» to specific industrial sectors or industries. The collection of governments, more concerned with the maintenance of their own structures than with the well-being of their employees, forces entrepreneurs to seek new labor markets, trying to minimize costs and thus to compensate for the «losses» generated by Huge bill generated by Western taxation. It is the combination State + Market, mercantilism born of state planning of the economy, which generates exploitation and slavery.

Taxpayers finance governments; Governments, through subsidies, laws and taxes, finance / facilitate exploitation. It’s time to break the vicious circle!

ANALOGIA.

Miton Friedman escribió una analogía entre el alcoholismo y la inflación en un artículo de 1980 al que tituló «Why Inflation is Like Alcoholism», analogía que también usaría meses más tarde en su serie documental «Free to Choose».

Friedman explicaba que la inflación y el alcoholismo funcionaban de forma muy similar; primero, cuando uno bebe alcohol o cuando se imprime dinero en exceso, los efectos positivos vienen primero, el alcoholico comienza a tener buen ánimo, y al parecer la economía también, ya que cada ciudadano lleva a su bolsillo dinero más fácil que antes. El detalle es que al día siguiente el alcoholico amanece con cruda, los efectos negativos del alcohol lo han alcanzado. Sucede lo mismo con la impresión de dinero, ya que los trabajadores comienzan a darse cuenta que, aunque tienen más dinero en sus bolsillo, este les sirve para menos cada día.

Lo más trágico es que la solución que muchas veces encuentra el alcohólico para parar con su malestar, es volver a beber, aumentando así su malestar constantemente; de igual forma suele hacer el Estado que ha provocado la inflación, que normalmente para luchar en contra del aumento de los precios, aumenta la masa monetaria para volver a crear la sensación en los trabajadores de tener más dinero, aunque claro, continuarán empeorando las cosas.

Es problema de las soluciones sanas, como lo es que el alcohólico deje de beber y el Estado deje de imprimir, es que los efectos positivos no vienen rápido, e incluso, tales medidas suelen provocar malestares en el corto plazo, lo que hace que el Estado, como el alcohólico prefieran la solución errónea.

Iberoamérica en los últimos años ha sido un gran ejemplo de esta analogía, la maquinita de dinero en muchos países de la región no para de funcionar a un ritmo mucho mayor del adecuado, provocando el aumento de precios, desabasto, y la fractura de la sociedad.

Y esto se va extendiendo a nivel global, sin ir mas lejos, ultimamente, el Banco Central Europeo …

Consideraciones sobre el salario mínimo y la relación empleado-empleador como resultado de la intervención del Estado

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Por Alejandro Alarma Cabrerizo

El argumento que se esgrime para defender la aplicación del salario mínimo interprofesional es siempre el mismo: la defensa de los derechos de los trabajadores más vulnerables. Es decir, se entiende que con la aplicación de un salario mínimo se protegen mejor los derechos del trabajador y se conseguirá también un mejor reparto de los “ingresos”, que no los “beneficios” de una actividad empresarial. Por tanto, además, se le atribuye al salario mínimo unas virtudes como catalizador para una mejor redistribución de la riqueza.

Nada más lejos de la realidad. Su efecto es más bien contrario a los beneficios que sus defensores predican. ¿Por qué comento esto? Principalmente por una cuestión de teoría económica, además de por los resultados obtenidos donde se ha aplicado.

La única variable a tener en cuenta cuando hablamos del salario minino es la “productividad”. El salario está directamente relacionado con la productividad y por lo tanto, cualquier subida salarial que no vaya de la mano de un aumento de la productividad tendrá solo un impacto en el nivel de precios, provocando inflación.

 

El principal error de los defensores del salario mínimo es tomar como referencia el “salario nominal”, lo cual no deja de ser otra gran equivocación. Para comprobar correctamente cómo se encuentra el poder adquisitivo de los trabajadores debemos tomar como referencia el “salario real”. Y sabemos perfectamente que éste, solo presenta mejorías cuando ocurren dos cosas: el ya comentado aumento de la productividad y un aumento de la inversión.

El salario real sirve para mostrar si el poder adquisitivo del trabajador se ha reducido como consecuencia de la inflación, o si por el contrario ha aumentado, lo cual sería ideal. Podemos encontrarnos con casos donde el trabajador ha experimentado un aumento salarial, pero este no se ha traducido en un aumento de su poder adquisitivo. Por tanto, la única subida que nos debería interesar son las subidas del salario real ya que se traducirían en un mayor poder adquisitivo para el trabajador. Pero mientras no aumente la productividad, estas subidas solo serán artificiales, como las provocadas por subidas automáticas o programadas del salario mínimo.

Voy a utilizar como ejemplo datos de una economía dinámica como la norteamericana, donde se llevan recopilando estadísticas desde principios del siglo XIX. El primer aumento salarial en EEUU decretado por el gobierno federal ocurrió en el año 1938, y tuvo como resultado un aumento significativo de la tasa de desempleo, especialmente entre los trabajadores con menos formación, curiosamente aquellos a los que estas medidas pretenden ayudar.

Y ¿porque?. Pues, como dice el adagio: «there is no free lunch». En castizo: «no hay tal cosa como una almuerzo gratis, o no es almuerzo, o no es gratis». Cada vez que el gobierno impone una subida del salario mínimo, las empresas actúan en consecuencia, reduciendo personal, jornada laboral, quitando beneficios y por supuesto aumentando el precio final de sus productos. En definitiva, trasladando a los consumidores y por ende a los trabajadores más desfavorecidos el aumento del coste de la contratación.

Por lo que se ve, los políticos parecen no enterarse, o bien, prefieren seguir con el discurso electoralista y populista. Desde 1938 el salario mínimo en EEUU ha experimentado subidas en veintidós ocasiones. Según un estudio publicado en 2012 por Mark Wilson, los aumentos del salario mínimo en gran parte del siglo pasado no tuvieron ningún efecto a la hora de reducir el número de ciudadanos en situación de pobreza. Todo esto unido a los efectos que una subida de precios tendría sobre la inflación son argumentos más que sólidos para posicionarse en contra de la intervención del Estado a la hora de regular las condiciones económico-laborales.

Desgraciadamente, el control sobre el salario mínimo no es la única injerencia del Estado en las relaciones empleado-empleador. Tenemos los dichosos convenios colectivos regulados por sindicatos y gobierno, y que imponen a la fuerza a empresas con realidades económicas totalmente distintas en una especie de “café para todos” que solo sirve para reducir la flexibilidad de las mismas y entorpecer a los empresarios y trabajadores, que son realmente quienes mejor conocen su realidad y podrían establecer sus relaciones de forma más eficiente.

Mientras siga primando el discurso populista y desfasado de la actualidad, y continúe imperando el grito a la razón, seguiremos siendo castigados por un sistema que limita nuestras libertades y nos empobrece a todos.

El capitalismo no es el problema.

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… el capitalismo es el sistema por el que personas libres, en un mercado libre, ofertan y demandan: intercambian. No se trata de una ideología. Y no necesita de ningún estado ni sistema sociopolítico se llame como se llame para ser puesto en práctica.

Mi padre siempre decía que los libros sin la vida son como la vida sin libros: NADA. La experiencia, las ideas leídas, han de poder ser vividas. Y lo vivido, ha de ser transmisible, comunicable. Cada etapa de la vida debe suponer retos diferentes, pues lo contrario sólo puede significar que nos hemos encontrado ante problemas irresueltos (irresolubles desde nuestra sabiduría) que nos impiden avanzar, experimentar lo nuevo; no por nuevo, no por mejor, sólo por diferente, fruto de la inercia propia de nuestro ser. Todos tenemos nuestro propio pathos, heredado o adquirido, siempre acechando, a la espera de cualquier duda. Hay quienes, tras caer por una escalera, deciden evitarlas siempre. Otros se ponen armadura. Hay quien decide colocar unos cojines en los escalones, aunque ello dificulte transitar por ellos. Y hay quien decide que lo mejor es eliminar las escaleras. Y qué ocurre con quien nunca ha caído por una escalera, pero ha leído sobre ello, y toma una decisión no sólo para él, también para los demás? Supongamos que opta por la armadura. Decide, en ese mismo instante, no sólo que las otras formas de experiencia y sus resultados son “inadecuados”, elimina de un plumazo la posibilidad de que alguien encuentre una solución nueva, tal vez más eficaz. Y lo hace de oídas! O de leídas, vaya.

Yo entiendo que la impaciencia es una gripe que se cura sólo con el tiempo. Pero la impaciencia se domeña con la prudencia. Y la prudencia recomienda, ante todo, contínua revisión del propio convencimiento. No es más convincente el convencido, sino el coherente. Y no es más sabio el que dice mucho, sino el que dice lo justo sobre el objeto adecuado. Hoy les hablo de capitalismo.

Cuando un libertario como yo habla de capitalismo no se refiere nunca al sistema sociopolítico actual. A “lo de ahora” lo podemos llamar de muchas formas: Capitalismo de estado, Socialismo, Socialdemocracia, Democratura, Estatismo, Corporativismo, República Bananera, …

No, el capitalismo es el sistema por el que personas libres, en un mercado libre, ofertan y demandan: intercambian. No se trata de una ideología. Y no necesita de ningún estado ni sistema sociopolítico se llame como se llame para ser puesto en práctica. Además, no pocas veces leerán que hablamos de “sociedad libre”, algo para lo que también existe un gran elenco de palabras: anarco-capitalismo, anarquismo, voluntarismo, estado cero, libertarianismo …

En una sociedad realmente libre nada impediría que un grupo de personas decidiesen hacer realidad su sueño socialista, poniendo en práctica las teorías de Engels y Marx en su más puro estado científico. ¿Estarían libres de capitalismo? No. Se lo explico:

Esas personas seguirían siendo humanas y seguirían teniendo necesidades, deseos. Y deberán satisfacer esas necesidades. Tienen para ello tres opciones:

  1. Son superhombres, capaces de autoabastecerse con ropa, alimento, vivienda, seguridad, salud y todo aquello que se necesita para vivir. No es necesario intercambiar nada con nadie, todos son superhombres autosuficientes. Ocurre que los superhombres no existen, sólo hay humanos que, debido a que no son superhombres, limitan el ámbito de sus necesidades hasta el extremo de que, si lo desean, pueden vivir como ermitaños sin necesidad de intercambiar nada con nadie: solos y pobres.
  1. Mediante el robo también se puede aumentar la propia fortuna y bienestar. Pero antes de robar alguien ha tenido que producir lo robado. La producción de un bien obedece al deseo de mejorar las condiciones de vida y necesita del intercambio y reparto de trabajo, ya que, como vimos más arriba, no hay superhombres. La producción es inherente al intercambio, ya que se basa en ofrecer trabajo a cambio de un bien del que se carece. El intercambio se basa en la voluntad libre. Si la producción de un bien no se basa en un intercambio voluntario, estamos hablando de esclavitud, de robar a los productores su cuerpo y su voluntad enviándolos bajo amenaza de violencia (o pobreza absoluta) a trabajar. Esta forma de producción no puede mantenerse ad infitum, pues los esclavos serán siempre mayoría y terminarán por sublevarse, con violencia si necesaria, frente a los esclavistas. El robo necesita, pues, de producción y la producción necesita del acuerdo voluntario entre personas.
  1. Mediante intercambio. Una sociedad de socialistas científicos voluntarios también está formada por humanos. Y los humanos tienen necesidades, ya lo saben. Producen bienes y los intercambian. El intercambio basado en los contratos voluntarios genera producción, ventas, compras, valores, virtudes, bienes materiales e inmateriales, riqueza financiera e intelectual. También aquellos que reniegan del concepto “capitalismo” deben plegarse a estos tres principios para satisfacer sus propias necesidades o las de los otros. En un momento dado deberán tomar la decisión de intercambiar bienes voluntaria y libremente o robar (la voluntad, los bienes, el cuerpo de los otros) para mejor satisfacer sus necesidades y las de los demás.

Oiga, pero ¿qué me dice de la maldad del capitalismo?

El capitalismo, es decir, la economía de mercado, es sólo malo para las personas, si existe un “Dios todopoderoso” que “protege” el mercado: nos vemos obligados a comprar un producto porque es el único producto “protegido”.  Los mercados protegidos generan escasez en la oferta de bienes en términos de diversificación y – más importante – en términos de  provisión de productos similares por competidores, lo que afecta en gran medida el precio de los bienes disponibles. Sólo donde la demanda se satisface con una oferta razonable nacida de la libre competencia surgen precios razonables y máxima eficiencia, lo que beneficia al consumo de recursos en general, a los productores y a los consumidores.

El capitalismo se convierte en negativo cuando la política “protege” la economía o la economía “protege” a la política. Sólo a través de la influencia de la política (es decir, el Estado) puede surgir una “economía de mercado malvada”(monopolios, oligopolios).

Pero, ¡si el capitalismo no ha hecho nada bueno! 

Se equivoca. Seriamente.

¿Cuáles son los verdaderos factores sobre los que se fundamenta el progreso de nuestra especie en los últimos años?

  •          La higiene moderna (agua potable, eliminación de aguas sucias) contribuye al aumento de la esperanza de vida cuatro veces más que la medicina moderna. Ésta a su vez contribuye indiscutiblemente a la mejora de la calidad de vida.
  •          Los modernos métodos agropecuarios son capaces de ofrecer cada vez más y mejores alimentos… incluso carne! La ciencia ha contribuído a ello con tratamiento genético de mejora de especies, abonos artificiales, protección química de plantas, … Una vuelta a los métodos de producción “verdes” supondría la muerte de millones, el regreso de las hambrunas generalizadas. ¿Cuántos millones de vidas ha salvado el “maldito” DDT?
  •          Nunca antes, en ninguna época, tuvo la humanidad un acceso tan generalizado y barato a la energía. Desde la máquina de vapor hasta la energía nuclear pasando por la gasolina, el transporte de bienes y personas y la calefacción/refrigeración ha contribuído globalmente en un aumento de la esperanza de vida y la calidad de la misma.
  •          La libertad de expresión y la libertad investigadora han contribuído de manera definitiva a la hora de prevenir o corregir rápidamente desarrollos equivocados. Cualquier intento de la política por mutilar en nombre de lo políticamente correcto la primera y en nombre de “consensos” a segunda nos devolverá a la situación previa a la Ilustración.
  •          Con la excepción del Islam, todas las religiones han renunciado a la violencia y el apostolado agresivo.
  •          Las guerras expansionistas, tanto las basadas en nacionalismos como en ideologías totalitarias se han reducido –en comparación histórica- hasta casi desaparecer. El mérito es del comercio.
  •          La desigualdad social no es un fin deseable en sí misma, pero allí donde no se impone la igualdad ficticia por ley es un acicate indiscutible hacia el progreso. En las sociedades feudales era imposible desarrollar iniciativa propia y esfuerzo personal generalizado: sólo los nacidos en cuna noble decidían sobre el valor de los actos. Al pescador libre no le importa cuánto tiene quien le compra los peces. Le importa que le compren muchos peces, cuantos más clientes mejor. Reducir artificialmente la capacidad de compra de sus clientes mediante impuestos reduce la capacidad de crecimiento del negocio del pescador… que terminará por vivir no de su trabajo, pero de lo robado a los que antes eran sus clientes … hasta que estos tampoco tengan nada robable.

Y termino con la libertad … llámenlo como quieran: liberalismo, neo-, paleo-, ordo-, ultra-, … La fuerza desatada del capitalismo (que es como prefieren llamarlo sus enemigos), es decir, la dinámica de la persecución del propio interés y la propia felicidad de miles de millones de humanos. Éste es el motor que nos ha traído hasta aquí.

No, el capitalismo no es el problema. El liberalismo no es el problema. La libertad y el libre comercio no han sido nunca el problema.

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La riqueza de los ricos no es el problema.

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Por Luis I. Gómez

El verdadero veneno de nuestra sociedad no es la desigualdad, sino la gestión política de la envidia. La pobreza sólo podrá ser superada cuando superemos la envidia y aceptemos con naturaldad la riqueza de otros, también la de las grandes fortunas, dejando a un lado las preguntas sobre cómo llegaron esos ricos a serlo para pasar a preguntarnos cómo podemos nosotros alcanzar metas similares.

El primer paso fundamental es la abolición de todas las ayudas y subvenciones en que se basa nuestro sistema de redistribución de la riqueza; también aquellas dedicadas supuestamente a la ayuda de los pobres, pero que apenas consiguen sumirlos en un estado de eterna dependencia. Los pobres no son pobres porque los ricos son ricos. En una sociedad libre de trabas al mercado también habrá personas más ricas y más pobres que la media, simplemente por el hecho de que no todas las personas quieren o pueden producir lo mismo. El valor de lo producido se determinará, en una economía de libre mercado, por la escasez relativa. Es por eso que no sólo los llamados “cualificados” disponen de una oportunidad para obtener una buena renta de su trabajo, también aquellos que son capaces de encontrar (vía creatividad) un nicho de mercado – y esos nichos existirán siempre en una economía de servicios global – incluso entre las actividades para las que no es necesaria cualificación alguna. Los más ricos serán aquellos que mejor identifiquen las áreas de escasez -qué carencias se deben superar – y cómo gestionar esa escasez mediante los intercambios más productivos. Aquí no puedo olvidar hacer mención especial a la educación. Desde sistemas de educación más libres y abiertos se proporcionan a las personas más herramientas de conocimiento creativas y productivas que más tarde favorecerán la capacidad de inventar y descubrir las necesidades de otros. Tampoco olvido que en una sociedad abierta existen también los factores “suerte” y “mala suerte”,  “esfuerzo” y “pereza”.

La combinación de estos factores es infinitamente compleja y será siempre, desde algún punto de vista metafísico, “injusta”. La economía de mercado no es un juego de suma cero en el que hay un pastel definido que distribuir de forma “justa”. El pastel crece o disminuye en función de nuestra capacidad para descubrir o inventar nuevas necesidades. y ponerles solución medinte el intercambio. La base de una sociedad libre es siempre la desigualdad, porque de ella nacen las necesidades y sobre ellas crecen nuestro ingenio, nuestras mejores virtudes y nuestros mayores talentos.

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Lecciones y elecciones útiles: Adam Smith (video)

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A primavera, huele a primavera, el aire huele a floración tardía y los erizos de Iberia se prometen un verano feliz lleno de frutos caídos en buena hora de los árboles dejados en el olvido. Este erizo no es de Ibiza, pero ya ha manifestado la intención de irse a las playas. ¿Ibiza o Mallorca? … >>

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El mercado para la libertad (extracto)

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Los gobiernos siempre han considerado necesario usar la fuerza, tanto contra sus propios ciudadanos como contra otros gobiernos. Esto no es sorprendente si se piensa que cualquier gobierno sólo puede existir si mantiene un monopolio en su área de operaciones, y que sólo puede mantener este monopolio permanentemente mediante el uso de la fuerza. Las guerras y las represiones son un subproducto inevitable del gobierno: son simplemente la reacción normal de un monopolio coercitivo ante las amenazas externas e internas a su posición. Cuantas más áreas busca monopolizar dentro de sus fronteras (o sea, cuanto más totalitario es), más represiones tiene que ejercer contra sus ciudadanos y más violentas y sangrientas son esas represiones. Cuantas más áreas busca controlar fuera de sus fronteras (es decir, cuanto más imperialista es), más guerras emprenderá, y más prolongadas y destructivas estas serán. Algunos gobiernos son mucho más totalitarios e imperialistas que otros y, en consecuencia, mucho más crueles y sanguinarios. Pero cada gobierno debe iniciar la fuerza porque cada gobierno es un monopolio coercitivo. Mientras existan los gobiernos, las guerras y las represiones son inevitables. La historia de los gobiernos siempre ha sido, y siempre será, escrita con sangre, fuego y lágrimas.

Además de todo el resto de sus defectos, la estructura de cualquier gobierno es incurablemente arbitraria y, por lo tanto, carente de razón. Cualquier institución que no forme parte del mercado libre y, por lo tanto, no esté sujeta a las reglas del mercado, debe ser establecida y operada sobre la base de reglas arbitrarias y por lo tanto no puede ser justa y orientada hacia la realidad. La empresa privada es guiada por la realidad en la forma del mercado. Un empresario exitoso opera su negocio de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda y de esta manera tiene razones centradas en la realidad para las decisiones que toma. Pero el gobierno está fuera del mercado, no es guiado por las realidades del mercado, y por lo tanto sólo puede ser operado por decisiones arbitrarias. Esta verdad salta a la vista cuando uno honestamente trata de determinar con justeza cómo debería ser implementada la institución del gobierno (lo cual también explica por qué pocos defensores de la libertad han intentado esta tarea imposible). Por ejemplo, ¿cómo deben ser elegidos los jueces, por elección o nombramiento? Si es por elección, ¿en qué términos y por qué electorado (local, estatal o nacional)? La designación debería ser ¿bipartidista o no partidista? Si es por nombramiento, ¿por quién y con qué controles? ¿Cuáles son las reglas para votar, quién decide lo que ellas serán, y cuáles son los criterios objetivos para semejantes decisiones? Las discusiones sobre estos asuntos son a la vez interminables e infructuosas, porque no hay respuestas no arbitrarias.

– M & L Tannehill – «El Mercado Para La Libertad»

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