Etiqueta: ISLAM

Marine Le Pen tuiteo fotos de ejecuciones de ISIS e indignó a familiares de víctimas.

¿Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN QUE?

ESAS FOTOS SON HECHOS REALES Y ¿NO ES CIERTO QUE EL PÚBLICO TIENE DERECHO A SABER?

PUES ESO, EL QUE SEA MUY «SENSIBLE» QUE NO MIRE, PERO ESTÁ POR ENCIMA EL DERECHO A LA INFORMACIÓN. ESO SON HECHOS Y LA GENTE TIENE QUE SABERLO, DA IGUAL QUIEN LO PUBLIQUE.

IMPORTA EL PRODUCTO, NO EL PROVEEDOR.

Es una realidad: Facebook apoya el terrorismo islámico.

Facebook suspende a una usuaria por publicar una foto de la terrorista de San Bernardino, pero permitió que esta misma terrorista enviara apoyo a ISIS a través de la red social

 

Una mujer fue suspendida de Facebook después de que publicó un meme en su página, que incluía una foto de la terrorista islámica de San Bernardino, Tashfeen Malik, y una referencia a la política de inmigración musulmana de Donald Trump.

DailyWire   El meme que había sido citado con esta imagen de Malik decía:

El candidato presidencial Donald Trump está pidiendo “un cierre total y completo para que los musulmanes no puedan entrar en los Estados Unidos hasta que los representantes de nuestro país puedan averiguar lo que está pasando. ¿Aceptas?

El meme fue publicado por el  Restless Patriot, una página conservadora muy visitada, dedicada a la lucha por las libertades constitucionales de los Estados Unidos, mientras que hace honor a la memoria de Andrew Breitbart. El gerente de la página dijo a  The Wire Daily  que poco después de la publicación, a ella se le notificó que iba a ser bloqueada por 30 días debido a que su página de facebook había violado las “normas de la comunidad.”

Usted ha publicado varias veces cosas que no están permitidas en Facebook”, le fue notificado.  Facebook había suspendido la página de la mujer en el pasado por el intercambio de un meme de otra página, en referencia a Margaret Sanger.

Irónicamente, Malik, el tema del meme, llevó a cabo su masacre después de prometer públicamente su lealtad al líder al-Baghdadi de ISIS en Facebook. Facebook desmontó el post de Malik sólo después de que ella  asesinó a 14 civiles inocentes en San Bernardino, California.

Facebook no desmonta discursos de odio musulmán como este:

“La terrorista islámica pudo prometer su lealtad a ISIS en Facebook pero en cambio suspenden por 30 días a una usuaria por publicar su foto,” dijo el gerente de la página Restless Patriot.

Como para demostrar deliberadamente su punto de vista: la misma noche que el agitado Patriot criticó fuertemente a “Facebook cárcel”, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg,  se comprometió en Facebook a luchar para proteger los derechos de los musulmanes:

Facebook ha tomado varias medidas en el pasado para bloquear el contenido anti-islámico desde su red, incluyendo uno que se publicó en el año 2012, cuando se bloqueó enlaces a un vídeo anti-islámico porque violaba “leyes contra la blasfemia” en Pakistán. Twitter, por su parte, no había cedido a la petición de Pakistán para eliminar el contenido que “ofendía a los musulmanes” y fue  prohibido en el  país.

Aunque estoy de acuerdo con su mensaje, me da pena que como Judio no se ponga de pie y apoye a su propia comunidad cuando se trata del odio al que nos enfrentamos todos los días “, dijo un usuario de Facebook respondiendo al mensaje de Zuckerberg el miércoles.

El administrador de Restless Patriota dijo a  The Wire Daily que ella había tratado de apelar la suspensión de su página de Facebook pero no había recibido respuesta.

“Esta foto no era de la mujer terrorista muerta, era la foto que he visto en infinidad de otras páginas de FB, pero la mía fue emparejada con la cita del triunfo”, dijo a The Wire Daily. “No estaba al tanto de qué lo que pensaban era una violación a las normas de la red social. He tratado de apelar, pero no he oído ni una palabra “.

Zuckerberg prometió a Angela Merkel que iba a prohibir los mensajes de Facebook que son insultantes para los musulmanes, especialmente los que van en contra de los invasores musulmanes que ahora inundan Europa por invitación de Merkel.

DE: La Polémica

YO soy islamófobo.

Una guerra que no podemos ganar.

Dejando a un lado el postureo. Dejando a un lado declaraciones miserables como la de Mariano Rajoy diciendo que “no es una guerra de religiones”. ¿Qué nos queda? ¿Qué hacer?

No podemos ir a los países musulmanes a hacer la guerra contra millones de personas que ni quieren la democracia, ni el respeto a los derechos humanos, ni la igualdad de hombres y mujeres, ni el progreso económico.

Bush lo intentó y fracasó. Y sólo consiguió el odio contra él, en Occidente y en el mundo musulmán.

No podemos cambiarlos.

Ellos seguirán matándose entre ellos y a los demás. Seguirán teniendo tres o cuatro hijos por mujer con las consecuencias demográficas y económicas que eso tiene.

Tampoco quieren cambiar cuando llegan a Europa.

Cuando una guerra no se puede ganar lo único que se puede hacer (dejando a un lado la rendición preventiva de la izquierda retrógrada) es sencillamente frenarla, aislarla. Y eso implica levantar fronteras, barreras, expulsar a los enemigos e intentar depender en lo mínimo del comercio con ellos.

Triste paro es así.

Todo lo demás es postureo.
A lo mejor me equivoco.
Espero propuestas RACIONALES.

Y no, yo no pongo lacitos negros ni otros símbolos de postureo (lo siento Luis).
Y estoy harto de los que comparan el cristianismo con el islam.
Y estoy harto de los que justifican los crímenes contra occidentales porque los terroristas “también matan musulmanes”
!Qué estupidez!
Y estoy harto de los que justifican los crímenes porque “Bush invadió Irak”.

Y estoy harto de los que justifican a criminales como Saddam Hussein, Gadafi o Assad porque “mantienen o mantuvieron regímenes laicos”.
Y estoy harto de los que hablan de Islam moderado. Muy bien, cuando hagan su Revolución liberal e industrial hablamos.

Nosotros NO PODEMOS HACERLA POR ELLOS.

Pero el movimiento se demuestra andando, ¿Para cuándo las mujeres van a poder conducir un coche en Arabia Saudí?

Podemos hacer cosas racionales o seguir como hasta ahora… con el postureo y la crítica a los islamófobos.

Yo soy islamófobo.

Islam 03

 

DINAMARCA: sólo el 5% de las mujeres musulmanas invasoras han trabajado después de cuatro años en Dinamarca

ESO SON LOS MUSULMANES, TANTO ELLOS COMO ELLAS, UNA PANDILLA DE PARÁSITOS QUE VIENEN A VIVIR DEL CUENTO, A PARASITAR Y A IMPONERNOS SU MIERDA DE IDEOLOGIA BÁRBARA, DEPRAVADA Y TOTALITARIA DISFRAZADA DE RELIGIÓN.

¡¡AH!! Y TENED UNA COSA EN CUENTA, EL PARTIDO DE “AL PABLONE” IGLESIAS, PODEMOS, JUSTIFICA A ESTOS SALVAJES PIOJOSOS Y QUIERE DIALOGAR CON ELLOS.

¡PENSAD A QUIEN LE DAIS EL VOTO ESTE DOMINGO!

Facebook atenta contra el derecho a la libre expresión cerrando páginas que critican al islam.

A Eiffel pongo por testigo.

PARIS

No deja de ser evidente para todos observar un curioso fenómeno que se da en este trozo de tierra, que tanto amamos, pero que a veces, y parafraseando a Machado, nos hiela el corazón. Me refiero a la simpatía manifiesta hacia el mundo musulmán, incluso justificando su vertiente más extrema del terrorismo,  que ciertos sectores de nuestra sociedad llegan a apoyar abiertamente; culpando incluso a las víctimas. Es más, su veta sectaria jamás han mostrado más que desprecio hacia las víctimas, lo que indica un rabioso cainismo, rayando la locura, y muy cercano al síndrome de la mujer maltratada: algo malo les hemos hecho y por eso nos matan es lo que intentan justificar. Ello actúa como trampolín hacia el racismo positivo, con lo cual poco hacen por integrar a nadie. Será que les interesa que no se integren.

Este curioso fenómeno se muestra más virulento entre ciertos sectores de la hipersubvencionada izquierda más “progre” de salón, champagne y caviar, en perfecta comunión con otras facciones de una izquierda rabiosamente antisistema y extremista. Si unos se pasean sin ningún pudor por el buenismo más pasteloso de las fracasadas alianzas de civilizaciones, los otros azuzan el fuego de la destrucción de nuestro sistema social para imponer su nuevo orden mundial; donde ellos, claro está, ocuparían los nichos vacantes de poder.

Tanto los que pertenecen a ese exclusivo club de artistas y actores mediocres; ya que de no serlo no necesitarían el trampolín de la subvención y eco mediático de causas buenistas, como los que se apuntan a esa izquierda extrema antisistema, muestran todos una veneración casi religiosa ante todo aquello que tenga sabor a musulmán. Si por ellos fuese les entregarían todas nuestras plazas de toros, nuestras iglesias y catedrales para que pudiesen imponer sus mezquitas y su forma de vida sobre nosotros. Y sin pudor alguno salen en procesión con parafernalia religiosa a defender unos derechos supuestamente inalienables pertenecientes a los que degüellan, asesinan, crucifican o queman vivos a unos infelices que han tenido la mala suerte de coincidir en espacio y tiempo con los musulmanes equivocados en el momento equivocado.

Ante los atroces crímenes cometidos en París los franceses se levantaron como una solo voz al himno de la Marsellesa, y los perroflautas en comitiva procesionaria les acusan a ellos, a los patriotas, de terroristas por no dejarse asesinar impunemente. Por estas latitudes los bien pagados pancarteros profesionales vuelven a martillearnos con el mantra del “No a la Guerra” , como si los pueblos amasen las guerras porque sí y las madres desearan enviar a sus hijos al sacrificio. Pero ya el simple hecho de que cierto sector del mundo izquierdista salga vociferante en comitiva procesionaria a la calle  implica que disfrutan de poder, algo de lo que los ciudadanos de a pie que pagamos nuestros impuestos religiosamente y trabajamos carecemos. No nos engañemos, después del franquismo los españoles no hemos tenido ni un solo átomo de poder.

Dudo que los okupas paguen ni la luz y mucho menos impuestos, pero no carecen de móviles, tablets y ordenadores de última generación; dominan las redes sociales; y al no tener que someterse como nosotros a la disciplina de un horario y calendario de trabajo pueden desplazarse cuando quieran al país y ciudad donde les manden a romper escaparates, quemar coches o contenedores  en un tiempo récord; y disponen de un dinero y tiempo del que los trabajadores carecemos. ¿De dónde sale tanto dinero y tanto poder? Grecia, por ejemplo, ardía por los cuatro costados y así se mostraba en las redes sociales antes de que la izquierda tomase el poder. Es la primera pregunta que debemos plantearnos. ¿Quién paga a los pancarteros, voceros, rompe escaparates, pirómanos y quema coches profesionales? ¿Quién paga su amplio eco mediático ante cualquier tropelía que se les ocurre hacer, pero cuya importancia queda amplificada exponencialmente como si de hechos transcendentales se tratasen? Porque si a Vd, amigo lector, se le ocurre la mala idea de romper un escaparate o quemar un coche seguro que la policía lo coge y un juez le multará y se lo hará pagar. Además, Vd. nunca saldrá por televisión. Pero ellos no solo se van de rositas sino que el protagonismo ante los grandes medios de comunicación está garantizado. No me extraña que protesten ante la ley mordaza.

Para mejorar las cosas, queda por plantear ¿de dónde proviene esa fascinación y adoración de esa izquierda extremista hacia el Islamismo, llegando incluso a justificar los ataques terroristas de París o los trenes de Madrid?

De entre todas las conjeturas, apliquemos la navaja de Ockham y escojamos la más sencilla, pues ésta tiene más probabilidades de ser la cierta. Hemos de considerar que ambos extremismos tienen en su punto de mira un objetivo común, pero por motivos distintos. Ambos extremismos constituyen, ante todo,  una ideología, cuya único y principal objetivo consiste en la destrucción de nuestra cultura occidental; de nuestra forma de vida. Si para unos el capitalismo es el monstruo a abatir, para los otros el enemigo que han mantenido durante más de 1400 años es el cristianismo y cualquier otra religión y forma de vida que no sea la suya. Si unos sueñan con izar la bandera roja de la hoz y el martillo sobre la cúpula de San Pedro o el Capitolio, los otros desearían izar la bandera de la media luna. Y sobre todo, su odio se centra en nuestra cultura y nuestra forma de vida. Ambos extremismo desean nuestra destrucción y aniquilación total como sociedad: unos con objeto de imponer el Comunismo y los otros con objeto de imponer el Islamismo. Ambos, de esclavizarnos y aniquilarnos y ambos han demostrado ser capaces de aplicar el genocidio a quienes se les oponían. He aquí una sencilla explicación: los enemigos de mis enemigos son mis amigos, pero de momento. Luego los destruiré también. No nos extrañemos de las simpatías aparentes de los unos hacia los otros, de los “No a la Guerra” y de la caída de gobiernos ante atentados, como ya nos ocurrió una vez.

Evidentemente, no a todas las guerras que en este momento se estén dando en contraposición a una en particular, pero siempre y sin excepción la libertad tiene un precio y siempre existirán facciones que deseen arrebatárnosla. Nuestra defensa ante estas atrocidades está en nuestra unión. En la unión de la nación española, tal como muy bien han ejemplarizado los franceses. Está en una #EspañaUnida

Vicente Jiménez

BastadeCasta1

Izquierda e Islam, la extraña pareja

Nada hay más contrario a todo lo que defiende la izquierda que el islam. Porqué son aliados hoy en Occidente es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo.

«Hay muchísima gente que aquí, en Occidente, no tiene ninguna salida y yo creo que son elementos estructurales en donde hemos fallado. No sólo en la seguridad, no sólo en las agencias de información».

Son las palabras ya famosas/infames del eurodiputado de Podemos Miguel Urbán explicando la negativa de su partido a sumarse al Pacto Antiyijadista. Olviden por un momento el esperpéntico concepto de «estructurar gente», fruto probable de haber oído campanas sin saber muy bien dónde. Con diferentes grados de confusión o precisión gramatical y semántica, Urbán está lejos de encontrarse solo en su postura más que comprensiva con los radicales islámicos, en España y en el resto de Occidente.

Lejos de ello: desde el propio Pablo Iglesias pidiendo diálogo, a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena asegurando que «la respuesta a la barbarie no es la venganza, sino hablar» o su homóloga barcelonesa Ada Colau y su concejal Gerardo Pisarello («el Gobierno de Hollande responde a las muestras de solidaridad y de condolencia con más terrorismo desde el aire. Un acto indecente que no resolverá nada»), son otros tantos indicios de uno de los fenómenos más curiosos de la historia ideológica de nuestros tiempos: la alianza antinatural de la izquierda con el islam.

El Islam -más el radical, pero incluso el moderado- representa una visión de la sociedad que está en el extremo opuesto de lo que la izquierda defiende con más énfasis. Todo aquello de lo que los podemitas puedan y suelan acusar a la derecha, el Islam lo cumple elevado a la máxima potencia. ¿Estado secular? Imposible: el islam no diferencia entre ambos, y muchos de sus mandatos exigen una autoridad política que los aplique. ¿Ideología de género? Absolutamente ‘haram’. ¿Feminismo? No me haga reír. Pacifismo, tolerancia, libertad de expresión… Elijan el campo que quieran.

Y, sin embargo, las evidencias de una alianza táctica entre la izquierda, y especialmente la más radical, y el islam, y especialmente el islam más radical, están por todas partes. Ante cualquier comportamiento violento de grupos islamistas, es siempre la izquierda la que muestra la reacción más comprensiva, esforzándose por ‘explicar’, minimizar o incluso justificar el acto.

Vivimos un momento de extraños compañeros de cama, de fractura de las líneas ideológicas de la posguerra y alianzas inesperadas. Ante cada nueva crisis observamos cómo ya no hay una derecha que defienda en bloque una postura, atacada también en bloque por la izquierda. Así, el conflicto de Ucrania o la figura de Putin agrupa a izquierdistas y derecha en un bando y a otra izquierda y otra derecha, en el otro.

Pero ninguna de estas alianzas es, como señalamos, tan violentamente antinatural como la que une al islam con la izquierda. ¿Cómo es posible, de dónde nace este estrambótico ‘pacto de suicidio’?

Lo primero que hay que entender, el sucio secreto de la izquierda occidental, es que a lo largo de la posguerra fue perdiendo su base natural, su ejército proletario, los parias de la tierra de los que canta la Internacional. El obrero fabril, lejos de cumplir las profecías de Marx y depauperarse hasta la absoluta indigencia y multiplicarse en número, mejoró de forma constante sus perspectivas económicas y nivel de vida, pasando a engrosar la creciente clase media. La izquierda, aunque mantuvo la retórica obrerista, necesitaba urgentemente otra ‘clase oprimida’ que justificara su visión y su lucha, y encontró muchas: el propio planeta, con el ecologismo, las mujeres oprimidas por el Patriarcado, los homosexuales y demás compañeros de viaje, los pueblos indígenas oprimidos por la herencia colonial, los inmigrantes discriminados por nuestra sociedad xenófoba…

El Islam representa a estos dos últimos grupos. El islamismo exterior, en el extranjero, viene a ser una revuelta marxista de los desheredados con un pintoresco disfraz religioso; el interior, es la reacción contra la opresión xenófoba. Los musulmanes son, en fin, una potente internacional proletaria que aún no tiene la conciencia correcta, pero es solo cuestión de tiempo.

Basta con observar una lista parcial de intelectuales de izquierdas que mostraron una actitud ambigua, justificaron o incluso celebraron públicamente el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York de 2001 para hacerse una idea de la amplitud del fenómeno: Jean Baudrilliard, Damien Hirst, Norman Mailer, Dario Fo, Nelson Mandela, Harold Pinter, Arundhati Roy, Jose Saramago, Susan Sontag, Karlheinz Stockhausen, Oliver Stone, Hunter S. Thompson, Ted Turner, Desmond Tutu, Peter Ustinov, Gore Vidal…

Sí, el islam parece representar todo lo que la izquierda aborrece, pero eso es solo producto de la ‘falsa conciencia’. El enemigo es el de siempre, Occidente, y muy especialmente su herencia cristiana. Explica perfectamente el periodista y autor británico Peter Hitchens:

“La hostilidad de la izquierda hacia el cristianismo es específica, porque el cristianismo es la religión de sus propios hogares y de su tierra. El Islam ha sido un credo distante y exótico que nunca se les ha enseñado como una fe viva y probablemente nunca se les ha propuesto en la práctica como opción de vida. Por tanto pueden simpatizar con él porque es el enemigo de su monocultura y como un factor anticolonialista y, por tanto, progresista. Algunos marxistas formaron alianzas con los musulmanes británicos pese a sus muy reaccionarias actitudes con respecto a las mujeres y los homosexuales. Otros prefieren vivir en un estado de doblepensar no resuelto.”

La izquierda está atrapada en una prisión conceptual marxista que la obliga a ver el mundo bajo un prisma simplista, el de opresor/oprimido, ciega para cualquier realidad que no quepa en ese esquema aunque le golpee en la cara. Como resume el periodista americano Dennis Mitzner,la izquierda pasa por alto la religiosidad islámica porque ve a los musulmanes como parte de su propia lucha contra la hegemonía occidental. «El islam no parece a la izquierda una amenaza en el mismo sentido que el cristianismo o el judaísmo. Miran a cristianos y judíos y ven riqueza; miran a los musulmanes y ven pobreza». Siendo hijos de Marx, «ver el mundo bajo el prisma de las condiciones económicas es perfectamente lógico».

En Occidente, el islam se deja querer. Vota a esa misma izquierda sin dios porque es votar concesiones, sin más. Pero la ironía es que la victoria total de cualquiera de los dos aliandos es el exterminio absoluto del otro. Si la izquierda triunfa absolutamente, impondrá un régimen en el que no habrá lugar para la discriminación de los homosexuales, la discriminación de las mujeres o, ya que vamos a ello, la religión, mucho menos una que pretenda imponerse políticamente. Si, por el contrario, los islamistas se salen con la suya, la izquierda sufrirá el mismo destino que el resto de los infieles, multiplicado. Los cristianos tienen un lugar, subordinado y servil, en la cosmovisión islámica. Los ateos, en cambio, son reos de muerte. De la independencia de la mujeres o de la ‘visibilización’ de los homosexuales, mejor nos olvidamos.

Para los izquierdistas más perceptivos, los que advierten estas irreconciliables diferencias -igual que para los islamistas más astutos-, se trata de una carrera. La izquierda confía en ‘domar’ a los islamistas, que a corto plazo suponen, sin más, un contingente añadido de votos. Confían en que nunca lleguen a imponerse numéricamente o que, cuando lo hagan, ya hayan sido convenientemente secularizados por la influencia de la vida occidental. En su cosmovisión, la religión no es más que «superestructura». Su ignorancia sobre los siglos de historia musulmana suele ser total.

Para los islamistas, en cambio, la izquierda occidental son traidores útiles en Dar al Herb, la Tierra de la Guerra, de los que han encontrado muchos a lo largo de la historia, fenómenos pasajeros que serán absorbidos y sometidos a su tiempo sin problemas. Y que, si se obstinan en sus ideas seculares y nefandas, ni siquiera obtendrán el magro consuelo de los dhimmis y su destino será la espada.

pabloiglesias22

Hay muchas probabilidades de que Francia cierre 160 mezquitas … para siempre!

MASTER PLAN, están islamizando al mundo ! ! ! ! !………….y lamentablemente, con éxito !!

ayatolá Ahmad Hassani al-baghdadi-on-islam

Agradecería que este post fuera divulgado a saco.  Los refugiados de países musulmanes tienen donde ir, el lugar es a países de su hermandad, pero esperan que Europa les de el bienestar que nunca supieron conseguir o ellos mismo crear…

¿Qué es esto? Arabia Saudí tiene mas de 100.000  tiendas vacías, donde pueden acoger a millones de personas y no acoge a un solo refugiado.

3 millones de tiendas que sólo se utilizan 5 días al año. Refugiados acogidos: cero.
3 millones de tiendas que sólo se utilizan 5 días al año. Refugiados acogidos: cero.

Arabia Saudita tiene 100.000 tiendas de campaña climatizadas que pueden acoger a 3 millones de personas, y están vacías. Aun así, no han acogido ni un solo refugiado.

REFLEXIÓN

Estas tiendas, con climatizadores y todo como puede verse en las fotos, son para los peregrinos de la fiesta del Hajj en la ciudad de Medina. Arabia Saudí tienen recursos económicos para acoger a millones de refugiados, y no HA ACOGIDO a nadie. Todos se encaminan a Europa.
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Tres millones de personas pueden ser albergadas.
           
Sugerencia para que nuestros políticos europeos pidan soluciones contra la invasión de refugiados ante quienes tienen medios suficientemente demostrados. ¡Ésta puede ser la idea!
¡Háganse oír! Aunque tal vez no quieran porque lo saben de sobra. ¿Por qué?
¿Por qué no recibir en La Meca a sus «hermanos perseguidos»?
Mina, el poblado de tiendas para los peregrinos de La Meca. Estas tiendas están climatizadas y son ininflamables. Dispone cada una de ellas de un altavoz, una televisión, un termómetro y un detector de incendios.
¿No sería éste el campo ideal para todos los fugitivos de la guerra que tienen montada ELLOS MISMOS?
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LOS MUSULMANES NO ESTÁN FELICES

  • Ellos no están felices en Gaza.
  • Ellos no están felices en Cisjordania.
  • Ellos no están felices en Egipto.
  • Ellos no están felices en Libia.
  • Ellos no están felices en Argelia.
  • Ellos no están felices en Tunes.
  • Ellos no están felices en Marruecos.
  • Ellos no están felices en Yemen.
  • Ellos no están felices en Irak
  • Ellos no están felices en Afganistán.
  • Ellos no están felices en Siria.
  • Ellos no están felices en Líbano.
  • Ellos no están felices en Sudan.
  • Ellos no están felices en Jordania.
  • Ellos no están felices en Irán.

 

¿Y donde los musulmanes están felices ?

 

Ellos están felices en Inglaterra.

Ellos están felices en Francia.

Ellos están felices en Italia.

Ellos están felices en Alemania.

Ellos está felices en España

Ellos están felices en Suecia.

Ellos están felices en Holanda.

Ellos están felices en Dinamarca.

Ellos están felices en Bélgica.

Ellos están felices en Noruega.

Ellos están felices en U.S.A.

Ellos están felices en Canadá.

Ellos están felices en Rumania.

Ellos están felices en Hungría.

Ellos están felices en Australia.

Ellos están felices en Nueva Zelandia.

Ellos están felices en Brasil.

Ellos están felices en cualquier país en el mundo no gobernado por musulmanes.

¿Y A QUIEN CULPAN ELLOS?

  • No al Islam.
  • No a sus líderes.
  • No a sí mismos.

Culpan a los países donde están viviendo libremente y bien.

La democracia es realmente buena para ellos: la democracia, en la que pueden vivir confortablemente, aprovechar la alta calidad de vida, que buena parte de ellos no construyen y no trabajaron para tener. Puede, esa buena parte, mantener sus costumbres, desobedecer las leyes, explotar los servicios sociales, hacer parodias de nuestra política y de nuestros tribunales.

Generalmente, muerden la mano que los alimenta.

Y, además de eso, ellos nunca van a Rusia, Vietnam, Corea del Norte, Cuba o Camboya

La cuestión es contradictoria, paradójica, porque, al mismo tiempo, intentan traer su sistema de vida fallido

y transformar a los países que los acogieran en el país que abandonaron…

Eso es la más absoluta verdad… por eso mismo:

¿Se puede entender?

Si, se puede entender, es el MASTER PLAN, están islamizando al mundo ! ! ! ! !………….y lamentablemente, con éxito !!

stopislam8

El verdadero coste del ‘enriquecimiento’ musulmán de Europa

cabayotroya

Por George Igler

Traducción del texto original: The True Cost of Europe’s Muslim «Enrichment»
Traducido por El Medio

  • Desde hace décadas, la inmigración masiva de los musulmanes a Europa ha sido calificada de «enriquecimiento». El grito de «¡islamofobia!» no niega cómo es prácticamente imposible pensar en un solo país que realmente se haya visto enriquecido por ella.

  • La idea de que con el tiempo la doctrina del islam se moderará de algún modo y se disolverá por el mero hecho de alojarse en Europa, es ilusoria, especialmente en las comunidades donde los migrantes musulmanes ya superan en número a los nativos europeos.
  • Incluso en un país con una población islámica consolidada como Gran Bretaña, el desempleo entre musulmanes languidece un 50% entre los hombres y un 75% entre las mujeres.

La palabra refugiado es un término legal, definido por varios tratados internacionales. Esos documentos alumbraron el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y son la base de la importancia de este organismo de Naciones Unidas como el responsable en materia de refugiados hasta la fecha.

Los contenidos de esos tratados, sin embargo, no se corresponden demasiado bien con el modo exhaustivo con que ACNUR ha tratado de embaucar al público europeo respecto al estatus predominante de la afluencia demográfica a su continente durante este año.

Ninguno de esos documentos –la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados de 1967, o las Regulaciones de Dublín de la propia Unión Europea– garantiza el derecho al estatus de refugiado a aquellos que atraviesan varios países seguros y cruzan ilegalmente múltiples fronteras para quedarse en el mejor Estado de Bienestar.

Incluso un refugiado legítimo de Siria que ahora viva en, por ejemplo, Turquía o el Líbano pierde su estatus de refugiado al pagar a un traficante de personas para viajar a Europa. Según la ley internacional, ese refugiado se convierte entonces en un «solicitante de asilo». Solo cuando su petición de asilo ha sido investigada y considerada válida por el correspondiente organismo del país, vuelve a ser de nuevo un refugiado.

Hasta ahora, los medios mundiales han seguido con diligencia el falso relato que ACNUR ha establecido. Quienes se han sentido preocupados por un flujo sin comprobaciones ni controles de musulmanes hacia Europa –preocupaciones siniestramente confirmadas por las atrocidades de los yihadistas en París el pasado viernes– han sido generalmente acusados de inhumanidad hacia los supuestos refugiados.

La prensa, sin embargo, no ha sido ni mucho menos la única que ha definido la bienvenida a la afluencia ilegal de musulmanes como una obligación moral. También se han utilizado sistemáticamente argumentos económicos para legitimar la afluencia humanitaria de este año, dado el envejecimiento de la población en los países europeos.

Al celebrar los resultados del Informe de Seguimiento Global del Banco Mundial, «Los objetivos de desarrollo en una era de cambio demográfico», publicado el mes pasado, su presidente, Jim Yong Kim, anunció con aplomo:

Con el conjunto adecuado de políticas, esta era de cambio demográfico puede ser un motor de crecimiento económico (…) Si los países con envejecimiento de la población pueden crear un camino para que los refugiados y los migrantes participen en la economía, todos se beneficiarán.

A pesar de tener una estructura de gobernanza diferente a la de la ONU, el Banco Mundial forma parte del sistema de Naciones Unidas.

Las palabras «objetivos de desarrollo» en el título del informe del Banco Mundial son muy reveladoras. Se refieren a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un exhaustivo programa elaborado bajo el mandato del exsecretario general de la ONU Kofi Annan, para la transición de la Organización de las Naciones Unidas, de organismo cuyo principal cometido es limitar los conflictos internacionales a motor de justicia social global.

Mientras que los medios de comunicación, las ONG, los activistas con principios y los famosos han seguido el camino de ACNUR, muchas e importantes instituciones financieras han imitado igualmente la declaración del Banco Mundial: hay que dar la bienvenida a la entrada de migrantes en Europa.

El HSBC, por ejemplo, un gigante de la banca mundial, predijo sólidos beneficios fiscales para los países de la Unión Europea tras un «periodo de ajuste». Una nota de investigación emitida por el HSBC el 8 de octubre, y elaborada por un equipo de analistas dirigido por Fabio Balboni, llegaba a la siguiente conclusión:

Desde una perspectiva económica, Europa necesita más trabajadores. Es bien sabido que en la mayor parte de Europa las poblaciones están envejeciendo rápidamente. Esto da lugar a un menor crecimiento y a menores ingresos fiscales, mientras que eleva simultáneamente el gasto público a través de las pensiones y la asistencia sanitaria. La Eurozona, en particular, está a punto de embarcarse en este reto demográfico con una montaña de deudas. La manera más fácil de soportar más jubilados es tener más contribuyentes.

El grupo europeo de investigación macroeconómica del HSBC fue aún más lejos, desglosándolo en cifras:

De una población en edad de trabajar de 220 millones, calculamos que un millón más de inmigrantes al año podría impulsar el crecimiento potencial de la Eurozona un 0,2% anual, y para 2025 el PIB potencial acumulado podría ser 300.000 millones mayor de lo que habría sido de otro modo. Pese a que se necesita tiempo para integrar a los inmigrantes en el mercado laboral, incluso a corto plazo, el aumento del gasto público necesario para hacer frente a la crisis podría respaldar el crecimiento.

Que esas predicciones se opongan a todas las evidencias disponibles es problemático.

Incluso en un país con una población islámica consolidada como Gran Bretaña, el desempleo entre musulmanes languidece un 50% entre los hombres y un 75% entre las mujeres.

Además, los musulmanes suponen en Gran Bretaña el grupo demográfico con la mayor tasa de nacimientos. Sumado a sus niveles de paro, estos salvadores imaginarios del modelo de bienestar social europeo son, como grupo, receptores de los ingresos del Estado, en vez de contribuyentes.

Las sucesivas generaciones de musulmanes en toda Europa, como Christopher Caldwell señaló en 2009, no están normalizando las tasas de nacimientos de sus poblaciones de acogida, como han hecho anteriores grupos inmigrantes. Se podría admitir que esa tendencia pueda ser útil para impulsar la población de Europa en cifras, pero también subraya un alarmante patrón.

Como anunció recientemente la baronesa Caroline Cox, la «vista gorda» que se ha hecho con la poligamia en Gran Bretaña –y en Francia, Bélgica y Alemania– ha hecho posible que algunos musulmanes estén teniendo hasta 20 hijos con múltiples esposas, casi siempre a costa del Estado. Esta es una pésima noticia para la inmigración: las familias con posturas fundamentalistas están teniendo más descendencia que sus correligionarios más moderados.

Incluso si la afluencia demográfica que inunda actualmente Europa se compusiese enteramente de verdaderos solicitantes de asilo sirios, los cuales tienen tasas de nacimientos algo más bajas que los musulmanes surasiáticos o africanos, las noticias económicas serían peores.

Un reciente estudio en Dinamarca precisaba que, de todo el rango de orígenes de los inmigrantes que se han establecido allí, los sirios son los que tienen los niveles más bajos de desempleo (22,8%). Un estudio danés distinto, longitudinal, también revelaba que, de aquellos migrantes musulmanes que habían ido a Dinamarca afirmando ser refugiados, solo uno de cada cuatro había logrado encontrar un trabajo después de diez años.

A pesar de que hay cuatro millones de sirios desplazados por el conflicto, y pese a la fácil disponibilidad de falsos documentos de identidad sirios, se calcula que, de los que han entrado en Europa este año, los sirios suponen solamente el 20% de un total que va en aumento.

El gran número de migrantes no sirios, que han utilizado la entrada ilegal para acceder a los Estados de Bienestar de Europa y vivir a costa de los contribuyentes del continente, llevó a un eurodiputado a condenar las cuotas de reubicación de la Unión Europea. Hasta ahora, el programa de cuotas de reubicación es la única solución planteada para abordar el gran número de migrantes que ya se encuentran en Europa. Sin embargo, es una medida cuyo efecto es el de subcontratar la política de inmigración del continente a los traficantes de personas.

Como resultado de los ataques yihadistas en París la semana pasada, el esquema de cuotas de la Unión Europa, que obliga a los Estados miembros a aceptar a los inmigrantes que las instituciones europeas les imponen, queda hecho trizas. Como predijo el Gatestone Institute, el Gobierno polaco recién electo se ha negado unilateralmente a participar aduciendo motivos de seguridad.

Otros países parecen destinados a seguir su ejemplo, especialmente tras el anuncio de Grecia esta semana de que uno de los terroristas suicidas de París había cruzado el 3 de octubre como refugiado a la isla griega de Leros desde Turquía.

La persistencia de la política de cuotas obligatoria en cada cumbre de la UE celebrada este año dio qué pensar especialmente a la presidente de Lituania. En una reunión del Consejo Europeo en Bruselas el 23 de septiembre, Dalia Grybauskaitė habló a los periodistas de su confusión. Los líderes de Europa, dijo, habían estado discutiendo desde febrero medidas «estratégicas» para lidiar con el problema de la migración, con vistas a cortar de raíz el creciente flujo que atraviesan las fronteras de la UE y tratar de asegurar éstas.

En su lugar, reflexionaba Grybauskaitė, las cifras de las cuotas de reubicación, en aumento constante, destinadas a la distribución de los migrantes musulmanes entre todos los Estados miembros, siempre parecían –por alguna razón– una prioridad en las agendas. Por ello, el 22 de septiembre la Comisión Europea había sido legalmente facultada para extender la creciente cantidad de migrantes de los países islámicos por todo el continente. Los miembros de los países europeos que objetaron fueron desestimados.

Lamentablemente, los costes económicos –basados en predicciones macroeconómicas defectuosas alejadas de las realidades geopolíticas– se han seguido amontonando contra la nación en la que se ancla la estabilidad de la moneda única: Alemania.

Al principio, el Gobierno de la canciller Angela Merkel afirmó que la ola de migrantes de este año le habría costado a Alemania solo unos 5.000 millones de euros adicionales. Después, un banco japonés, Mizuho, citó una predicción de 25.000 millones de euros en dos años. Sin embargo, ese cálculo no tuvo en cuenta la casi segura multiplicación por dos del número de migrantes en 2016. La última predicción –presentada por la Asociación de Ciudades Alemanas el 29 de octubre– de 16.000 millones de euros cada año de cara al futuro ya está fragmentando la unidad de los atribulados líderes de Alemania.

Dada la menguante reserva de ciudadanos alemanes en edad de trabajar, algunos puntales de la industria como Mercedes-Benz han sumado sus voces al coro de bienvenida a la afluencia humana en Europa. Pero si el 80% de los migrantes carecen de cualificación, y el 20% son analfabetos, solo pueden trabajar en la industria si reciben formación. Los estándares de las escuelas alemanas ya van en descenso; algunos funcionarios reconocen que, como respuesta pragmática a la magnitud de la presión migratoria, los estándares deberán ser más bajos.

A menudo, la cuestión del fracaso de Europa para integrar a los musulmanes se ha reducido a acusaciones de racismo autóctono e intrínseco. Esta acusación parece, sin embargo, carecer de fundamentos en un continente que se ha inyectado multiculturalismo durante décadas.

La experiencia de Alemania es un caso ilustrativo. Los padres de clase media de su preexistente población musulmana, principalmente turca, enviaban a sus hijos a las cada vez más escasas escuelas con predominio de niños alemanes. Aparentemente, a esos padres musulmanes les preocupa que allá donde haya sobre todo alumnos de origen turco, que apenas adquieren en casa una alfabetización básica –en cualquier idioma–, el rendimiento académico de sus hijos pueda caer en picado.

No obstante, los organismos gubernamentales europeos han respondido a la invasión musulmana de este año fletando transbordadores y alquilando autobuses para ayudar a agilizarla. Los responsables de seguridad en las fronteras de la UE describen dichas incursiones como «flujos de migración» hacia el interior que deberían ser «gestionados» por el bien del continente.

Una explicación a este cambio radical en las políticas de fronteras que aplican ahora las instituciones europeas se encuentra quizá en una detallada propuesta publicada en 2000 por Naciones Unidas. Defendía el «reemplazo» de la población europea por migrantes musulmanes del Tercer Mundo.

Desde entonces, aquellos que han especulado sobre las inevitables consecuencias sociales, culturales y de seguridad de la transformación demográfica de Europa perfilada por Naciones Unidas –como la escritora de origen egipcio Gisèle Littman, el escritor francés Renaud Camus y el ensayista noruego Peder Jenssen– han sido durante mucho tiempo tachados de cuentistas delirantes y fanáticos.

Dejando a un lad o dicha polémica, y cómo las políticas de repoblación involuntaria masiva parecen estar preocupantemente cerca de infringir el la cláusula c) del Artículo 2 de la propia Convención sobre el Genocidio de 1948 de la ONU, hay una premisa económica no abordada que sustenta esa visión: que importar en masa el mundo musulmán a Europa es beneficioso para ambos.

El razonamiento parece ser que, una vez que un país tiene un Estado de Bienestar, el gasto social de ese país solo se puede mantener aumentando perpetuamente el tamaño de su población –un supuesto económico con consecuencias de largo alcance ampliamente demostradas en toda Europa este año–.

El mayor problema parece ser que tanto la ONU como la UE, esas burocracias gemelas transnacionales con legitimidad democrática sumamente limitada, tienen más en común la una con la otra –en las visiones y soluciones que promueven– que en su respuesta a los deseos de las poblaciones que tienen que vivir con los resultados.

Los resultados de 2015 indican hasta qué punto las facultades críticas de los líderes de la Unión Europea han sido atacadas en su punto ciego por el multiculturalismo. Es sin duda una verdad molesta e hiriente, dada la frecuencia con que acusan a sus críticos más severos, y también del islam –como el líder del PPV holandés, Geert Wilders– de tener un concepto bidimensional de la fe musulmana, carente de matices.

Aquellos que emplean la lógica económica para implementar la transformación demográfica europea, no reconocen las complejidades del islam: ignoran el resurgimiento fundamentalista sostenido durante más de un siglo. Un rasgo de esta creciente adhesión a la literalidad es la creenciavalidada por las sagradas escrituras– de que los musulmanes tienen el derecho a beneficiarse ociosamente de la productividad de los infieles. Esta perspectiva sitúa la actitud de legitimidad de muchísimos migrantes en un contexto inesperado pero muy necesario.

Anjem Choudary (centro), un prominente islamista británico, ha urgido a sus seguidores a abandonar sus trabajos y reclamar los subsidios de desempleo para que puedan disponer de tiempo para la guerra santa. "Nosotros [los musulmanes] tomamos la yizia, que es nuestra. Lo normal es tomar el dinero de los 'kufar' [no musulmanes]. Nos dan el dinero. Trabajad, dadnos el dinero. Alá es grande. Tomamos el dinero.
Anjem Choudary (centro), un prominente islamista británico, ha urgido a sus seguidores a abandonar sus trabajos y reclamar los subsidios de desempleo para que puedan disponer de tiempo para la guerra santa. «Nosotros [los musulmanes] tomamos la yizia, que es nuestra. Lo normal es tomar el dinero de los ‘kufar’ [no musulmanes]. Nos dan el dinero. Trabajad, dadnos el dinero. Alá es grande. Tomamos el dinero.

Desde hace décadas, la inmigración masiva de los musulmanes a Europa ha sido calificada de «enriquecimiento». El grito de «¡islamofobia!» no niega cómo es prácticamente imposible pensar en un solo país que realmente se haya visto enriquecido por ella.

La idea de que con el tiempo la doctrina del islam se moderará de algún modo y se disolverá por el mero hecho de alojarse en Europa, es ilusoria, especialmente en las comunidades donde los migrantes musulmanes ya superan en número a los nativos europeos.

Al final, ¿no es una triste ironía que el crecimiento de la población en Europa –con su responsabilidad respecto a la emancipación de la mujer– dependa ahora por completo de que se importe una cultura en la que la mujer tiene mucha menos libertad sobre su fecundidad, y sobre otras muchas cosas?

También parece irónico que, pese a la necesidad de Europa de aumentar el número de mujeres que tienen hijos, la inmensa mayoría de los que llegan por «motivos de repoblación» sean varones jóvenes abiertamente agresivos.

Ante esa disparidad de género, ¿con quién esperan estos hombres, y se espera de ellos, que procreen?

Las mujeres europeas, como demuestra una serie de recientes incidentes desagradables, ignorados en su mayoría por los grandes medios, tienen buenos motivos para alarmarse por la realidad de la crisis actual y por la visión del futuro que los jefes políticos han elegido para ellas.

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