Llamarles culos quizás sea caer en un lugar común. ¿Pero qué mejor lugar para caerse? Clica en las fotos para aumentar ;)
MAS EN ORIGINAL.
LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD. Politicamente MUY incorrecto.
Etiqueta: HUMOR
Llamarles culos quizás sea caer en un lugar común. ¿Pero qué mejor lugar para caerse? Clica en las fotos para aumentar ;)
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Nasrudín llamó al médico y se quejó de que todo lo veía con manchas negras. Cuando el médico hubo examinado al enfermo y extendió la prescripción, había caído la noche y pidió que le prestaran un farol. Unos días más tarde, encontró a Nasrudín y le preguntó por su vista.
—Por desgracia, dijo Nasrudín moviendo la cabeza,ahora sufro una ceguera nocturna total. Quizá sea porque todavía tienes mi lámpara.
Nasrudín pasó delante de un puesto colmado de tentadores alimentos. Cantidades de albaricoques y de higos; grandes tarros de pistachos, almendras y piñones; cestos llenos de huevos; cuencos de nata, queso y mantequilla; y multitud de bandejas de diferentes dulces. El Mullah observó como el dependiente esperaba a los clientes y rellenaba los cuencos, cestos y bandejas sin probar bocado de las mesas.
—¿Estás vigilando el puesto para el dueño?,preguntó.
—¿Qué quieres decir?, cuestionó el comerciante. Yo soy el dueño.
—¿Pero cómo es entonces que no comes?
—Estoy aquí para vender, no para comer.
—¡Qué desperdicio!, exclamó el Mullah Nasrudin. Si el puesto fuera mío, empezaría con nueces y frutos secos. Seguiría después con diez huevos revueltos. Y dulces de postre.
«Al hombre lo que más le gusta de la mujer es que sea ajena».
«Cada acierto nos trae un enemigo. Para ser popular hay que ser mediocre.»
Oscar Wilde
«Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo; simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima».
Oscar Wilde
Nasrudín perdió un magnífico y costoso turbante.
—¿No te sientes abatido, Mullah?, le preguntó alguien.
—No, me siento confiado. Verás, he ofrecido a quien lo encuentre una recompensa de media pieza de plata.
—Pero… quien lo encuentre, seguramente nunca se desprenderá del turbante, que vale cien veces más que la recompensa.
—Sí, ya pensé en eso. En el anuncio puse que era un turbante viejo y sucio, y no el verdadero.
Un día, el rey y Nasrudín tuvieron una disputa y el monarca lo desterró de la corte.
—¡Vete ya, no quiero volver a ver tu cara hasta que estés dispuesto a mostrarme algún respeto!
Pasaron unas semanas y el rey empezó a echar de menos a Nasrudín. Le llamó de regreso al palacio. Cuando el Mullah acudió, se acercó al trono caminando de espaldas.
—¿Qué tontería es ésta?, preguntó el rey.
—Simplemente estoy obedeciendo tu última orden,replicó Nasrudín.
El Mullah Nasrudin estaba de continuo pensando maneras de molestar a su vecino, que era un reconocido roñoso.
Cierta noche, entró silenciosamente en el patio del avaro, atrapó una gallina del corral y se largó con ella. Mientras escapaba, se reía entre dientes con gran deleite pensando en el dolor que tal pérdida causaría al rico pero avariento hombre. Después de andar un trecho, comenzó a preguntarse por qué el ave no hacía ningún alboroto por su rapto. Tal vez había sido asfixiada por el grueso material de la bolsa en que apresuradamente la metió por la fuerza. Nasrudín se detuvo, abrió el saco y la gallina asomó la cabeza y empezó a hacer un ruido terrible.
—Exactamente lo yo que pensaba, dijo el Mullah.Está tan harta de la avaricia de mi vecino como yo. Esto es un rescate más que un robo.
El burro de Nasrudín se escapó de nuevo.
—¿Lo ha visto alguien esta vez?, preguntó a un grupo de aldeanos.
—Lo vi ayer presidiendo una causa criminal en la audiencia, dijo un
bromista.
—Es muy posible, afirmó Nasrudín. Siempre escuchaba con mucha atención cuando enseñaba leyes a mis alumnos.
Uno de los hijos de Nasrudín era muy curioso. Un día le preguntó a su padre:
—¿Cómo es posible que la madera flote en el agua? Eso es lo que le ocurre a una piedra o a un cuchillo.
Nasrudín, que siempre quería responder con seguridad, le respondió:
—Hijo, realmente no lo sé.
—¿Y cómo consiguen respirar los peces en el agua? Porque afuera se ahogan sin el aire…
—No tengo la menor idea, contestó Nasrudín después de otra larga reflexión.
—¿Y el misterio de las mareas? ¿A qué se deben? ¿Cómo es posible que los mares avancen y retrocedan, como si tuviesen vida propia?
—Hijo mío, perdona, tampoco lo sé.
—Pero no te molesta que te haga tantas preguntas, ¿verdad, padre?
—¡Claro que no, hijo! ¡Si no hicieras todas esas preguntas, nunca aprenderías nada!
Llega una esposa del trabajo, y el esposo le dice:
-¿Dónde está lo mas hermoso de mi vida?
A lo que ella contesta:
-La cerveza está en la nevera!
—Al fin y al cabo, le comentaba Nasrudín al poderoso Tamerlán, que disfrutaba con la compañía del Mullah, nunca buscaríamos a nadie si antes no hubiéramos conocido su existencia, pues nadie puede buscar lo que no conoce.
—¿Entonces, si yo conozco las repuestas, para qué hago las preguntas?
—Eso digo yo, gran Tamerlán, eso digo yo.
-Papá papá! ¿Es cierto que en algunos sitios de la India la el hombre no conoce a su mujer hasta que se casa?
-Eso pasa en todos lados hijo!!
ESTA MODA DE LOS SELFIES……..
Estando Nasrudín en la corte de Tamerlán, le llegó la noticia que su esposa había dado a luz.
—¿Qué ha tenido tu mujer esta vez?, preguntó el Conquistador al Mullah.
—A diferencia de vuestra majestad, un hombre humilde como yo será padre de un niño o de una niña, contestó el Mullah.
—¿Y qué piensas que tienen los emperadores como mi propio padre?, preguntó Timur con una sonrisa.
—Tiranos, opresores, dictadores, déspotas. Hay mucho donde elegir.
Un hombre ávido de instrucción visita a Nasrudín.
—He oído que eres un sabio respetado. ¿Dime, por favor, qué sucede en el otro mundo?
—Te sugiero que preguntes a alguno de ellos,respondió el Mullah, señalando el cementerio.
¡¡OTIÁ TU…..
… MAS SELFIES!!
-¡Oye! ¿Sabes cuál es el sucesor de Mohamed Primero?
-¿Mohamed Segundo?
-No. Secame despues!
—Nasrudín, dijo el rey lanzándole una mirada furiosa, he oído que andas diciendo que cuando muera, iré derecho al infierno.
—Habéis oído correctamente, Majestad.
—¿No temes por tu vida?
—Pero, señor, no era una crítica, sino un cumplido.
—¿Cómo es eso?
—Simplemente anunciaba que Satanás se prepara a recibirte en el infierno renunciando a su trono y entregándotelo a ti.
El imán encontró a Nasrudín en la cocina, con su perro.
—¡Maldito infiel!, vociferó. ¿Has olvidado que el patriarca Noé dividió a los animales en dos categorías: puros e impuros?
—¿Y en qué categoría entra mi perro guardián?
—¡En la categoría de impuro, sin duda alguna! ¡Haz que desaparezca ese perro asqueroso de tu casa o sufrirás la ira de Dios, que enviará
a sus ángeles a tu miserable morada!
—¿Y los ángeles de Dios ahuyentarán a los ladrones y cuidarán de mis cabras?
—¡Vesánico!, protestó el imán. ¿Por qué los santos ángeles deberían preocuparse de tus menesteres?
—Oh, entonces y a riesgo de enfadar a Dios, sin duda alguna, voy a conservar a mi perro.
Cuenta Nasrudin que cierto día dos leñadores fueron a ver al juez.
—Venimos de vender la leña en el mercado, explicó uno, y mi colega dice que tiene derecho a la mitad de las ganancias.
—¿No es eso justo?, preguntó el juez.
—Lo sería si hubiera hecho un trabajo honrado,contestó el hombre, pero mientras yo trabajaba con el hacha, él se sentó en un tronco y
no hizo nada.
—Mientes, apuntó el otro. Mientras tú blandías el hacha, yo gritaba: ¡dale!, para animarte.
—Puede haber gritado ¡dale!, pero yo hice todo el trabajo duro, dijo el primero.
—Pero no habrías podido seguir sin mi estímulo,afirmó el segundo.
Escuchada las declaraciones, el juez reflexionó, pero por mucho que se esforzaba, no podía llegar a un veredicto.
—¿Me permite Su Señoría?, íntervino Nasrudin después que hubieran transcurrido varios minutos.Tomó una moneda y la tiró al aire. Cayó al suelo con un ¡clink!
—¿Has oído ese ruido?, preguntó al segundo leñador.
—Sí, contestó el hombre.
—Bien, entonces toma ese ¡clink! en pago por tu¡dale! y abandona
el tribunal, decidió Nasrudin.
Un antisemita está bebiendo en un bar. Se da cuenta que hay un judío sentado en una mesa cercana y no le gusta.
«Camarero! Una ronda de las cosas buenas para todo el mundo excepto él!»
Todos, excepto el judío reciben un vaso de whisky escocés premium.
El antisemita mira al judío con una sonrisa satisfecha.
El judío le devuelve la sonrisa.
El antisemita pierde su expresión satisfecha.
«Camarero! Dé a cada uno una bebida de la más fina más un aperitivo!»
Él mira directamente al judío y añade: «A todo el mundo excepto el judío.»
El judío mira al antisemita, y sonríe de nuevo.
Furioso, el antisemita dice al camarero: «¿Es que el judío simplemente es estúpido o simula serlo?»
«¡Oh, no, señor, es el propietario».


Una noche Nasrudin caminaba en solitario por una calle. De repente se dio cuenta de que unos cuantos hombres a caballo se dirigían hacia él.
Su mente comenzó a trabajar. Pensó que podían ser asaltantes, que podían matarle. O que podían ser soldados del rey y que podían llevárselo para que prestara el servicio militar o cualquier otra cosa mala. Se asustó y cuando los hombres y el ruido de sus caballos se acercaron, se puso a correr y entró a toda prisa en un cementerio. Para esconderse se tumbó rapidamente en una fosa abierta.
Los jinetes – que eran simples viajantes – se sorprendieron al ver a aquel hombre corriendo. Siguieron Nasrudin y se acercaron a la tumba en que estaba. Él estaba allí con los ojos cerrados como si estuviera muerto.
Los hombres le dijeron:
– ¿Qué te sucede?
– ¿Por qué te has asustado tanto de repente?
– ¿Qué pasa?
Entonces Mulla Nasrudin se dio cuenta de que se había asustado a sí mismo sin motivo.
Abrió sus ojos y dijo:
– Es algo muy complejo, muy complicado. Si insistís en preguntarme porqué estoy aquí, os lo diré. Estoy aquí por vuestra culpa y vosotros estáis aquí por la mía.
Una noche, mientras dormía, Mulla sintió frío y se despertó. Llovía, granizaba y, entre estallido y estallido de trueno, oyó el ruido de una discusión cerca de su casa.
Movido por la curiosidad, saltó de la cama, se cubrió con su manta de lana y salió para comprender la causa de aquel jaleo. Advirtió entonces que había una banda de ladrones que , tan pronto como le vieron, se arrojaron sobre él, le arrebataron la manta y se pusieron pies en polvorosa.
Tiritando entonces de frío y de temor, regresó a su casa, cerró la puerta y se reunió con su mujer en la cama.
-¿Qué era tanto jaleo?- le preguntó ella-. ¿Y cual era la razón de esa disputa?
Nasrudin respondió con tono desenvuelto:
-Era una banda de gamberros que se peleaban por mi manta. Una vez que la han cogido, han hecho las paces y han proseguido tranquilamente su camino.
Dos comerciantes aparecieron en el tribunal en que el Mullah Nasrudín estaba sentado como juez. Habían vuelto recientemente de un viaje a Bagdad donde cada uno había comprado un saco de albaricoques secos y cada uno había puesto su parte de fruta en sus hermosas alforjas. En el viaje de vuelta, se habían comido los albaricoques, pero en vez de comerse cada uno los suyos, habían robado los del otro. Por lo cual cuando llegaron a casa, las dos bolsas estaban vacías.
Después de escuchar la historia, Nasrudín dio a cada hombre la alforja del otro.
—Ahora, los dos habéis sido compensados por vuestras pérdidas, pero antes de que os marchéis, debemos considerar los costes del tribunal,convalidó el juez. Y para cubrirlas, se quedó con ambas alforjas.
En un pequeño pueblo, hace ya algunos años, el sacerdote de la parroquia tenía que marcharse a una ciudad lejana por razones de trabajo (se puede sustituir el sacerdote por un pastor, predicador o cualquier líder religioso). Así que a las puertas del pueblo se despide del Alcalde del pueblito.
– Bueno hijo mío, me marcho. Espero que todo esté bien durante mi ausencia.
– No se preocupe Padre, todo estará muy bien.
Y de ésta manera, el cura se marchó montado en su mula.
Semanas después el padre emprende su regreso y al estar cerca del pueblo observa a la distancia que una persona se acerca corriendo. Era el alcalde del pueblo, con la ropa toda sucia y con cara de desespero. El cura le dice:
– ¡Hijo mío! ¡Que ocurrió!
– Una desgracia padre, una desgracia. ¡Un huracán! Pasó por el pueblo y se llevó mi casa y todas mis pertenencias. ¡Quedé sin nada!
– Lo sabía, lo sabía –Dijo el sacerdote en tono de reproche- Ya te lo había advertido. Muchas veces te dije que tu mal comportamiento te traería desgracias. Es un justo castigo de Dios por toda tu corrupción, robos, infidelidades y toda tu perversión. Es un justo castigo del cielo.
El Alcalde se queda mirando fijamente al sacerdote y le dice en forma sarcástica:
– Sabe una cosa Padre. El huracán también se llevó su casa.
El Cura junta sus manos a manera de plegaria y mira hacia el cielo. Y dice:
– Hijo mío ¡Los caminos del señor son tan misteriosos!…
Estaba un dia Jesús contemplando la tierra desde el cielo y mirando todo el mundo le llama la atencion el Vaticano. Ahí ve la suntuosidad con la que viven todos los sacerdotes y mas aún, el Papa, Cristo mira sus atavíos tan finos, sus anillos y cáliz de oro, los lingotes de metales preciosos, sus autos blindados y aviones privados. Y queda tan sorprendido que lo único que se le ocurre decir es:
-Vaya y pensar que yo inicié el negocio subido en un burro…
Nasrudín compró una gran cantidad de huevos e inmediatamente los vendió a un precio menor que el costo. Y cuando alguien le preguntó por qué había hecho eso, respondió:
—Usted no querrá que me llamen especulador, ¿no?
Un día, el rey y Nasrudín tuvieron una disputa y el monarca lo desterró de la corte.
—¡Vete ya, no quiero volver a ver tu cara hasta que estés dispuesto a mostrarme algún respeto!
Pasaron unas semanas y el rey empezó a echar de menos a Nasrudín. Le llamó de regreso al palacio. Cuando el Mullah acudió, se acercó al trono caminando de espaldas.
—¿Qué tontería es ésta?, preguntó el rey.
—Simplemente estoy obedeciendo tu última orden,replicó Nasrudín.
– Íbamos yo y Nacho.
– No hijo, íbamos Nacho y yo.
– ¿Cómo? ¿entonces yo no iba?
Una madre va al colegio a hablar con el profesor de su hijo.
– ¿Por qué va usted a suspender a mi hijo?.
– Porque ha copiado descaradamente a su compañero.
– ¿Y cómo sabe usted que ha copiado mi hijo y no el otro chico?.
– Pues verá señora, porque las nueve primera respuestas eran exactamente iguales, pero cuando ha llegado a la última, el compañero de su hijo había puesto:
– No me la sé.
Y su hijo ha escrito:
– Yo tampoco.
Nasrudín robó un buey, lo mató y le quitó el cuero.
El dueño lo identificó como el autor del delito y comenzó a gritar y a lamentarse.
—Es extraño, musitó Nasrudín, como funcionan causa y efecto. Yo mato un animal, y es el dueño el que se comporta como si lo estuvieran desollando.
Entra un señor en un bar y el camarero le pregunta:
– ¿Qué quiere?.
– ¡Que qué quiero!, una casa más grande, tener más dinero, que mi mujer sea más guapa.
– No, hombre, ¿que qué desea?.
– ¡Que qué deseo!, tener una mansión, ser millonario, que mi mujer sea estupenda.
– ¡No hombre!. ¿Que qué va a ser?.
– ¿Que qué va a ser?. Yo prefiero que sea chica pero si es un niño, no me importa.
– ¡No hombre!. ¿Que qué va a tomar?.
– ¡Ah, hombre, eso se dice antes!. ¿Qué hay?.
– Pues nada, por aquí, siempre detrás de la barra…
Y ADEMÁS, tonight, a las 20:45, ¡¡FURBO, FUTBOL, FOOTBALL, SOCCER!!!
El Mullah Nasrudin fue al barbero, quien comenzó a afeitarlo con mano torpe y una navaja mellada. Cada vez que lo hacía sangrar, el hombre aplicaba sobre la herida un trozo de algodón para detener la sangre.
Esto continuó por bastante rato, tanto hasta que la pobre mejilla del Mullah quedó tupidamente salpicada con algodón. Cuando el barbero ya se disponía a afeitar la otra mejilla, el Mullah, impetuosamente, al verse en el espejo pegó un salto y dijo:
—Es suficiente; ¡gracias, hermano! He decidido cultivar algodón en un lado y cebada en el otro.
—¡Amigos!, voceó un día Nasrudín a sus vecinos, ¿quién me dará un precio justo por mi tierra?
—Pero si vendes la tierra, ¿de qué vivirás, Mullah?, le preguntaron.
—Simple economía, contestó Nasrudín. Invertiré el dinero en otra pequeña parcela que añadiré a la que antes tuve. De esta manera, ¡extenderé mi hacienda!
Un hombre visitó al Mullah y le dice:
—Me he acercado a ti porque, después de siete años de ser discípulo de un supuesto maestro, me he dado cuenta de que no era un hombre espiritual.
—¡Quia!, me recuerdas al hombre al que le preguntaron por qué había dejado su casa tras vivir alli siete años, y respondió que acababa de descubrir que no tenía cuarto de baño.
Un perro ajeno había ensuciado la calle entre dos casas. Cada vecino reclamaba que el otro la limpiara.
Nasrudin estaba en el tribunal cuando el asunto fue presentado ante
el magistrado.
Al juez le molestaba que el Mullah afirmara ser un árbitro en derecho consuetudinario. El caso era complicadísimo, así que decidió bajarle un poquito los humos a Nasrudin.
—Acataré tu decisión, Mullah, dijo, pues éste es un caso harto difícil. Tienes la última palabra.
—Mi decisión, respondió inmediatamente Nasrudin,es que, al ser competencia de la judicatura el aclarar los asuntos en una disputa, debería limpiarla usted.
El único momento en el que una mujer abre el Marca, es cuando necesita envolver cosas para una mudanza.
Me gustaría conocer al compositor de Melendi, ¿Alguien sabe a qué hora sale del cole?
Mi suegra se cruzó con el Diablo. El Diablo agarró un crucifijo con su mano derecha y enfrentádola le gritaba:
– Fuera la vieja! Fuera la vieja!
El Mullah Nasrudin y su vecino estaban comparando historias de ruina financiera.
—Tú puedes ser muy pobre Mullah, dijo el otro hombre, pero yo debo tanto que no podré pagar todo lo que debo en mi vida. Mis hijos tan pronto tendrán que cargar con mis deudas, y ellos, desdichadamente, a su vez, serán incapaces de pagarlas. Y así, la deuda seguirá impaga hasta que el Ángel de la Muerte venga a arrancarme el alma.
—Yo que tú, sugirió impávido Nasrudín, detendría inmediatamente las devoluciones y esperaría a que muera primero el Ángel de la Muerte.
Conversaban dos hombres en un bar cuando uno pregunta:
– Disculpa la pregunta, ¿pero a ti te cae bien tu suegra?
– No, para nada.
– Entonces ¿por que llevas una fotografia de ella en el paquete de cigarrillos?
– Ah! Es que quiero dejar de fumar.
Nasrudín regresaba de una visita a su familia política en la comarca cuando se encontró con el exasperante imam.
Reacio a caminar solo, el imam decidió olvidar su desagrado hacia el Mullah y se unió a él en el camino de vuelta a la ciudad. Y no habían andado mucho cuando el camino comenzó a subir en pendiente, y el imam no pudo evitar fustigar a su compañero:
—Alá misericordioso, sin duda has empinado este camino, sólo, para recompensar al Mullah por sus pensamientos irreligiosos.
—Gran imam, dijo jadeante Nasrudín, estás derrochando fuerzas con tus palabras, pues estás mal informado.
—¿Qué sabrá un blasfemo como tú de las obras de Dios?, sermoneó el imam.
—Esta mañana, cuando tomé este camino para mi trayecto de ida, se inclinaba hacia abajo y era fácil andar por él. Es sólo ahora, después de haberte unido a mí, cuando ha aparecido la pendiente hacia arriba.
Una estudiante (muy pero muy bonita) entra a la oficina de su maestro, antes chequeando si no habia nadie en el pasillo, y cierra la puerta.
– «Profesor, yo haria cualquier cosa por pasar esta clase.»
El maestro levanta la mirada desde su escritorio y la queda mirando.
Ella se le acerca seductivamente y le dice, -«Quiero decir, que haría CUALQUIER cosa..»
El le pregunta, -«Cualquier cosa?»
-«Cualquier cosa.»
-«…Cualquier cosa???»
Ella se le acerca más y contesta de nuevo, -«Cualquier cosa!»
El acerca su rostro al de ella, y le susurra en el oido, -«Podrías…..estudiar???»
Nasrudin fue un día a ver al imam de la gran mezquita y afirmó:
—Yo puedo realizar las destrezas de los profetas y los santos. A mis requerimientos, ¡los árboles bajarán la ladera de la montaña, y los ríos alterarán su curso para venir a mí!
—¡Demuestra verdaderamente si estás bendecido con los poderes de un profeta para disponer que las piedras rueden hacia ti, o pagarás cara tu blasfemia!, vociferó el imam.
Nasrudín extendió sus brazos hacia la roca y le dijo que fuera hacia él, pero ésta no se movió. Frustrado el Mullah pisoteó el lugar donde aquella estaba.
—Dices que posees los poderes de los profetas, pero eres un fraude, gritó el imam. Prepárate a sufrir las consecuencias.
—Mis acciones son perfectamente admisibles para la ley islámica. ¿O acaso has olvidado que cuando la montaña no fue al profeta Mahoma, él fue a la montaña?, replicó Nasrudín.