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Menos libres que ayer y más que mañana

CARLOS LÓPEZ DÍAZ

Tan peligroso para la libertad es que el Estado sea negligente en sus funciones esenciales (preservar la paz y la seguridad) como que se exceda en ellas y se desborde en ámbitos que no tienen nada que ver. No creamos que lo primero conduce al mero desorden y la anarquía, a diferencia de lo segundo. Ambas tendencias se retroalimentan y nos conducen hacia al totalitarismo. Si el Estado no es capaz de proteger las fronteras de un país contra un Estado agresivo, es obvio que ello nos expone a ser dominados por un ocupante que por definición no se considera obligado por nuestras leyes e instituciones. Esto es un caso que no se producía en Europa desde hace ochenta años, hasta la invasión rusa de Ucrania. Pero en la Europa occidental lo que está sucediendo no es menos grave a la larga: los Estados no nos están protegiendo contra la invasión migratoria, más o menos “pacífica”, y encima son cada vez menos eficaces en la lucha contra la pequeña delincuencia, que es la que afecta a la mayor parte de los ciudadanos, en especial a los de rentas medias y bajas.

Ahora bien, las burocracias y las fuerzas policiales del Estado moderno no se han desmantelado, ni están inactivas o funcionando a medio rendimiento. El formidable aparato del Estado, ya que no se emplea para garantizar la seguridad y la propiedad, tiende a utilizarse para controlar y fiscalizar a los ciudadanos respetuosos con las leyes, los que se dedican a trabajar honradamente para ganarse la vida y mantener a sus familias. Para que ello resulte aceptable, se desvía el foco de atención desde la delincuencia de todo tipo (tanto común como política) a otro tipo de males, aunque realmente afecten mucho menos a la seguridad y la prosperidad del ciudadano común.

Aquí entran en juego los discursos sobre el machismo, el racismo, el cambio climático y todo aquello que sirve para convencer a la gente de que debe aceptar nuevos sacrificios (impuestos, normas, restricciones de libertades) para combatir esas amenazas, y preocuparse ante todo por ellas, no por el creciente peso del Estado sobre sus vidas, ni por una delincuencia que funcionalmente adopta cada vez más un carácter parapolicial, con violaciones de las leyes y de la propiedad pública y privada que parecen más amparadas por la administración que la actividad económica legal, martirizada por los impuestos y normativas.

No hay, pues, ninguna paradoja en que el Estado por un lado desatienda sus funciones esenciales (preservar la paz y la seguridad) y por otro se inmiscuya en muchos otros aspectos de la vida: la economía, las familias, la educación, las creencias y costumbres. Lo primero conduce a lo segundo, porque el Estado no tiene ningún interés en disminuir su poder, y además se reviste de ideologías “progresistas” que justifican esa redefinición de su sentido. Ahora ya no se trata meramente de proteger la vida y la propiedad, sino de hacernos felices, de construir un mundo mejor. Ello abre la puerta a todo tipo de abusos y engaños que acaban amenazando valores primordiales, mucho más tangibles que la subjetiva felicidad, como son la vida, la propiedad y la privacidad. El Estado no está tan interesado en que las calles sean seguras y los ciudadanos prosperen con su trabajo e iniciativa, como en entrar en los hogares y las empresas privadas para garantizar que haya igualdad de sexos, se reciclen adecuadamente los desechos, no se malgaste la energía ni se emita CO₂ en exceso.

Cada vez más cosas dependen del Estado, es decir, de la minoría que lo controla. Cada vez más gente es dependiente de ayudas y subvenciones, lo que implica aumentar la presión fiscal sobre los que producen. Cada vez es más difícil emprender, circular o simplemente expresarse sin violar alguna norma o tener que pagar algún peaje económico o simbólico. Cada vez los medios de comunicación son más instrumentos de propaganda de la ideología progresista que sirve a los intereses de este incipiente Estado totalitario. Hoy somos menos libres que hace medio siglo, y vamos camino de serlo más que dentro de diez o veinte años. Porque el proceso, que es de carácter global y está auspiciado por las grandes organizaciones y corporaciones multinacionales, se está acelerando claramente. O conseguimos detener e invertir esta tendencia (para empezar, señalándola y denunciándola) o nuestra civilización se convertirá en algo irreconocible y mucho peor de lo que ha sido hasta ahora.

La realidad y el ideal.

El sistema está edificado entonces, entre depredadores y depredados, en una misteriosa y oscura simbiosis.

Los gobiernos y las atrocidades que cometieron y cometen no están exentas de una mayoría humana que no es capaz de convivir como individuos, sin ellos.

En el sentido no ya de administraciones mínimas, necesarias, naturales de cualquier comunidad pequeña, mediana o grande, sino de mega estados poderosos que no son otra cosa que castas de seres con atribuciones de violencia constante, sobre todo el resto. Que lo acepta y soporta sin sacárselos de encima. Y ese es el punto.

La naturaleza humana mayoritaria, si bien pacífica y no siendo quien crea a los psicópatas en el poder, es quien cree en ellos bajo hipnosis colectiva y adoctrinamiento y la que les otorga poder o al menos se lo reafirma constantemente.

Bajo un sistema espurio, falso, de supuesta elección de «autoridades». Cual más inútil, mentiroso y criminal.

El sistema está edificado entonces, entre depredadores y depredados, en una misteriosa y oscura simbiosis. Y esa abstracción «el estado» se nutre de ocupantes surgidos de la población misma y no nacidos de repollos.

Ergo, la idea de que la humanidad puede vivir sin ello, en un estado de libertarismo anárquico, solamente es posible de imaginar en otro tipo de humanidad que no es esta, que clama por amos-verdugos y los sostiene.

Esa imaginaria Humanidad Ideal, por sí sola no los generaría. Y ese es el asunto en contraposición y para no fantasear.

Quizás, esa Humanidad, sea una visión que está en nuestro espíritu, nuestros genes, como una pulsión profética intuitiva de un tiempo que está en el futuro lejano.

Por ahora, «sarna con gusto no pica», debería cantar a coro una gran mayoría, obedeciendo y creyendo a sus depredadores. Sean dirigidos donde sea que unos lo planeen y los otros siendo amnésicos crónicos de esas atrocidades, bajo las cuales los someten. Obedientes, indolentes.

Acaso desde el 2020 hasta hoy, no se han dado las más claras muestras de esto? (Individuo Libre)

Un recorrido al pasar.

La red de malla fina ya la tendieron paso a paso, desde nuestros mails, búsquedas y atenciones en internet, transacciones, celulares, etc.

Con el poder de imprimir papeles sin valor, fusionado a las leyes político- gubernamentales-estatales que sostienen su falsa burbuja como real y de obligatoriedad, el dominio de la prisión humana planetaria ya fue asegurado.

Ellos te dan sus papeles y a cambio tú, les diste tus horas de vida y cada gota de tu esfuerzo. Y así se enriquecen parasitando.

Nada es tuyo. Solo condicional si pagas los impuestos.

Estás registrado, legislado, observado y vigilado siempre.

Los idiotas sin conciencia de libertad y naturaleza esclava, lo creen «sociedad organizada».

Es su granja humana y sin dudas que lo está.

Dentro del sistema y bajo potestad de los que creen tener el derecho y el poder de decidir cuántos sobran en la granja y cuántos van a quedar.

Ellos – en su mal y locura insondables – acumulan poder muerto, «riquezas» sin alma, como es su esencia.

Las fisuras posibles hacia la LIBERTAD INDIVIDUAL que son el mercado negro y el contrabando (real libre comercio), serán más estranguladas aún, cuando saquen el papel pintado sin valor (billetes) de circulación e impongan el «dinero digital».

La red de malla fina ya la tendieron paso a paso, desde nuestros mails, búsquedas y atenciones en internet, transacciones, celulares, etc.

La Humanidad, cada individuo con todo su acontecer, están ya casi todos dentro de la «Hal 9000» («2001 Odisea Espacial») planetaria.

Los cercos son invisibles y con la marca «CONTROL DE TODOS».

Ellos, «la masa», no lo ven…solo ven pantallas de noticias, TV. Más y más dosis cada día.

El DESPERTAR como siempre, será individual y una minoría luchará por la salvación y la derrota de los engendros del mal y su sistema. Siempre fué así.

No pierdas tiempo, sal a buscar e investigar.

Si no logras CONOCIMIENTO y COMPRENSIÓN, no podrás sumarte a la Victoria. No llegarás y te alcanzarán de un modo u otro.

Ya lo hicieron con millones. Y siguen cayendo.

Aprópiate de tu mente y de tu Conciencia Individual y serás victorioso junto con tus pares. No hay fronteras en eso.

Porque el mal al final, tiene asegurada su autodestrucción. (Individuo Libre).-

Cómo el gobierno nos roba derechos de forma gradual y progresiva

La única forma que el gobierno tiene para «justificar» su existencia es a través de problemas. Si hay problemas, «necesitamos al gobierno», pero ¿Si no hay problemas? El gobierno los inventa.

Jose Miguel

Cada nueva ley, política, ordenanza o cualquier forma que el gobierno encuentra para hablar de «un problema» y regular, legislar o controlar en base a ese problema, no es más que la forma en la que el gobierno convence a la gente de que este «es necesario» y así prolongar su existencia.

En Twitter escribí:

Son muchos los ejemplos que existen de cómo el gobierno ha crecido en tamaño e intervención, gracias al brillante trabajo que hacen de convencernos de que «solo ellos pueden resolver ciertos problemas».

El sistema de salud, el educativo y la seguridad nacional, son los temas más populares cuando se habla de la supuesta «necesidad de un gobierno», porque han magnificado estos tres a tal punto que la gente termina creyendo que no hay forma de tenerlos sin el gobierno, o que no pueden ser resueltos de manera local y focalizada.

Mientras el gobierno más mete sus narices, más son los controles, restricciones y robo de libertades de los que somos objeto constantemente por parte de esta institución, que crece constantemente, mientras trata de evitar que otros lo hagan.

¿Qué hace el gobierno cuando encuentra resistencia a sus intenciones de restringir y controlar? Comienza una campaña que se ejecuta de manera gradual pero progresiva, en la que la gente empieza a aceptar poco a poco grandes regulaciones que vienen en paquetes pequeños, pero constantes.

Veamos esto con ejemplos recientes, como el libre porte de armas. Es todo un tema en Estados Unidos, porque la gente está siendo convencida desde los medios de comunicación que «la violencia con armas de fuego en el país es un gran problema».

Una secta política anti-segunda enmienda, financia estas matrices de opinión que aterrorizan a la gente, a pesar de que en la realidad, casi cualquier país de Latinoamérica -con control de armas- es mucho más violento que Estados Unidos.

Siempre inician la propuesta con un paquete «all-in», en el que está todo lo que quieren hacer: que menos personas puedan tenerlas, que sea imposible comprarlas, que de ser posible sean totalmente prohibidas; así es el paquete inicial.

Cuando consiguen resistencia, empiezan con cambios «graduales», pero progresivos, para que la gente los acepte creyendo que «no alteran el derecho en su conjunto» y -de paso- creen que «es lo racional de hacer».

Por ejemplo:

Cuando nos damos cuenta, de 18 años cambiaron la edad para 21, lo que quiere decir que hay que esperar 3 años más para tener derecho a la legítima defensa. Aceptamos ese cambio y el gobierno viene con otro: aumentemos los controles del chequeo de antecedentes.

Unos años después, 21 años «ya no son suficientes», «subámoslo a 25» grita el gobierno y en un abrir y cerrar de ojos, el libre porte de armas ha sido derogado y con él, el derecho a la legítima defensa.

Cierro con esto:

SUMA Y SIGUE.

Con algunas multinacionales farmacéuticas en el punto de mira; sin que nadie nos dé una explicación amplia y detallada de los efectos nocivos de las supuestas vacunas; sin que salga a la luz el número de muertos de forma súbita, muchos de ellos jóvenes deportistas en perfecto estado de salud; sin que se aclare la repercusión real que, en un futuro más o menos inmediato, pueda tener sobre el organismo la vacunación a la que hemos sido sometidos, ya nos anuncian, a bombo y platillo, la inoculación de una nueva dosis con la advertencia -siempre es la misma- de que pronto hará acto de presencia una nueva cepa de la Covid 19, por supuesto mucho más letal que las anteriores.

Se trata, una vez más, de inocular el miedo a una población amedrantada y dispuesta a ceder cualquier derecho y libertad con tal de salvar la vida, al menos a corto plazo.

A los medios de comunicación, casi todos subvencionados por el poder globalitario, se les llena la boca hablando de las largas colas en los denominados “vacunódromos” -el solo pronunciar ese nombre ya produce cierta intranquilidad por la forma tan trivial de abordar un asunto cuyas consecuencias pueden ser irreparables- y haciendo hincapié, a la vez, en que ya se puede comenzar a vacunar a los menores de cinco años.

Evidentemente, estos anuncios y recomendaciones van sazonados con el siempre socorrido informe que refiere un “notable incremento de los casos” y un mayor número de “ingresados en los centros hospitalarios”. Es decir, suma y sigue. Lo mismo de siempre y así desde hace casi tres años.

Hay quien piensa que esta campaña de amedrantamiento irá en aumento de aquí a las Navidades para así justificar una desastrosa campaña navideña que se avecina cuyos resultados se deberán, no a la covid, si no al notable incremento de los precios, consecuencia de la salvaje subida de impuestos provocada por la ineptitud de este gobierno socialista que dilapida el dinero -ese que aquella indocumentada decía que no era de nadie- en pagar chiringuitos y en financiar a vagos.

En cualquier caso, la grave situación por la que atraviesa España, debido a la incompetencia manifiesta de los social-comunistas que nos desgobiernan, situándonos a la cabeza de los países más inflacionistas y con una tasa mayor de paro; a la cabeza de los países donde cuesta más cara la energía y los combustibles; con una bolsa de la compra disparada, exige desviar la atención sobre estos problemas y focalizarla en otros asuntos, en este caso esas presumibles nuevas cepas de las que ya nos advierten con lo cual, la población amedrantada, perderá de vista la desastrosa situación en la que nos encontramos, toda vez que la guerra de Ucrania, pese a intentarlo, no está siendo excusa suficiente para que el globalismo internacional logre sus objetivos.

Entretanto, nuestros dineros se gastan en viajes en Falcon; interminables caravanas de coches oficiales, algunos de los cuales consume el 16% de gasolina; financiar la compra de videojuegos a los de 18 años, o en la creación de observatorios -buen eufemismo para evitar llamarlos por su nombre: “chiringuitos de amigotes desocupados, afines ideológicamente a la causa”- para conocer si la mujer goza más individualmente o en pareja y otras chorradas por el estilo.

Todavía a muchos, yo entre ellos, nos gustaría saber por qué este bichito plandémico, creado en un laboratorio chino, se ceba más en los países del primer mundo, de manera especial en la vieja Europa, que en otros cuyas capacidades, tanto de higiene como sanitarias, son mucho más deficientes. Una de las muchas dudas que parece nadie quiere resolver. Otro de los muchos misterios de esta gran farsa a nivel mundial orquestada por el globalismo internacional que pretende hacerse con las riendas del poder desde las sombras.

Hay demasiadas incógnitas sobre este asunto que lleva casi tres años mortificándonos y que, a lo que se ve, suma y sigue sin que nadie sea capaz, de una vez por todas, de dar respuesta a las muchas dudas que planean alrededor de esta gran operación de cambio de los hábitos de la sociedad, especialmente la occidental.

Ah, por cierto, estamos casi concluyendo octubre y la tradicional gripe estacional todavía no ha hecho acto de presencia, al menos que se sepa. Al final resultará que se ha erradicado y todos sin saberlo. Resulta, cuando menos, extraño, aunque, tal vez, el problema radique en que esos test a los que nos someten que, a decir de muchos, no ofrecen resultados fiables, realmente lo que están detectando es la gripe de toda la vida.

El caso es que la permanente campaña de inoculación de pánico a la que nos tienen sometidos suma y sigue para que así, la malvada izquierda, siga encaramada al poder.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )

El problema de la libertad

Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo

Por: Almudena Negro Konrad 

La sociedad occidental se encuentra como siempre en una encrucijada entre libertad o totalitarismo. Décadas de socialdemocracia, que no es más que un grado del socialismo como la Coca Cola Zero lo es de la Coca Cola, han convertido a nuestras sociedades en acomodaticias e infantilizadas. Dependientes de la propaganda que se traslada a través de los «comprometidos» medios de comunicación y de las sociedades clientelares. La paguita. Así se puso de manifiesto en el debate sobre el estado de la nación española, con Pedro Sánchez ofreciendo recetas fracasadas y subvenciones. Ni una sola propuesta que de verdad pueda ayudar a las clases medias, cada vez más bajas. Algo que celebraron con fruición en la extrema izquierda, pero no solo. El problema es grave por cuanto la mentalidad estatista y el totalitarismo liberal se han extendido por todo el mundo. Y ha conformado regímenes que podrían ser calificados como regímenes estupidocráticos. La característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Hoy, la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo. Los parlamentos, pero también las universidades, son más una guardería que lugares para la reflexión.

Tras el derrumbe por implosión del Muro de Berlín y de la socialdemocracia leninista han aparecido no pocas formas totalitarias escondidas tras un supuesto neoliberalismo (otra forma de la socialdemocracia). Fukuyama erró, hoy está claro, cuando anunció el fin del la historia. Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo. Las hoy triunfantes bioideologías (de género, ecologistas, de la salud…), que actúan como verdaderas Ersatzreligionen, hunden sus raíces en el biologicismo propio del nacional socialismo alemán. No es extraño. Al fin y al cabo, el nacional socialismo fue una herejía de la religión marxista.

El democratismo es hoy la coartada del totalitarismo liberal. Muchos creen que porque votamos cada cuatro años vivimos en democracia. Algo completamente falso. Basta con recordar que bajo la dictadura de Francisco Franco en España se votaba. Como se vota en la Venezuela de Nicolás Maduro; un régimen que nada tiene que ver con la democracia.

Por otra parte, y debido a la mentalidad estatista imbuida en las sociedades libres desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos confían su vida, bienes y libertad a esa máquina artificial llamada Estado, que es hoy el gran enemigo de la libertad. Un Estado moral y minotauro conformado como religión secular que nos dicta lo que debemos de pensar y cómo debemos de vivir. Contra el que no cabe derecho de resistencia, propio del derecho natural anterior a la aparición de esa máquina artificial que todo lo monopoliza y que ha sustituido la ley por legislación. Despojo legal, que diría Bastiat.

El declive de nuestras sociedades se percibe en todos los ámbitos. El lassalliano y teocrático «el Estado es dios» se ha hecho realidad. Lasalle sostuvo que es el Estado el que tiene la función de realizar la evolución de la libertad. ¡Qué barbaridad y cuántos, a izquierdas y derechas, se la han creído! Ortega y Gasset advirtió certeramente contra el Estado, al que consideraba «el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización».

Contribuye a ello la confusión, en la que caen no pocos liberales, entre Estado y Gobierno. Cuando es posible un Gobierno sin Estado, pero no un Estado sin Gobierno. El origen se encuentra en las palabras anglosajonas State y Government.

Los liberales defendemos un gobierno limitado. La tradición liberal española, por su parte, es antiestatista. Podría entrar aquí en las absurdas disquisiciones teóricas entre minarquismo, paleoliberalismo, anarcocapitalismo y demás tribus o colectivos liberales, que tanto han contribuido a la huida de la defensa de la libertad. No lo haré. Soy individualista y me importan bien poco los debates histriónicos (¿puedo vender el riñón de mi hijo?, por ejemplo) que en la mayoría de los casos nada aportan a la defensa de la libertad y sí mucho a la confusión y al rechazo a las ideas liberales.

Otros creen que la libertad se limita a la libertad económica. Algo que abrazan con fruición casi orgásmica los tecnócratas de todos los partidos. Esto explica que existan liberales que tengan a Singapur por el colmo de la libertad, cuando es un régimen autoritario. La mayoría de estos liberales beben en las fuentes nacionalistas de partidos como la extinta CiU. Cuando el nacionalismo, colectivista, es incompatible con la defensa de la libertad puesto que subsume al individuo en la tribu. Siempre y sin excepción. No existe el nacionalismo bueno desde el punto de vista de la libertad.

Como es incompatible el liberalismo con las nuevas formaciones políticas conservadoras, algunas ultraconservadoras, surgidas recientemente, cuyo programa económico suele basarse en la bajada de impuestos mientras que el resto de sus propuestas oscilan entre lo demagógico, lo autárquico y el proteccionismo.

Decía Jean François Revel en El conocimiento inútil que el liberal simplemente observa, toma lo que funciona y desecha lo que no funciona. Marañón sostenía que ser liberal era una forma de vida, una actitud: «Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir».

Un debate entre un liberal y un colectivista es una pérdida de tiempo porque la fe no se puede combatir con la razón o los hechos. Menos en los tiempos de la tecnociencia («todo lo que puede hacerse debe ser hecho», Lorenz) y el cientificismo. Porque, al contrario que el socialismo, el liberalismo no es una ideología. Ideologías que, afirmaba Revel certeramente, actúan como triple dispensa: moral (y ética), intelectual y práctica. Ayn Rand decía que con un colectivista «no se puede razonar. No está abierto a la razón. No puedes hablar con él: no puede escuchar». Basta con abrir un periódico o ver un telediario para darse cuenta.

Te convencieron

Te convencieron de que no existe Diós y crearon el supremo diós «estado» en tu mente, al que te sometes y temes.

Te convencieron que la Ley Natural no está escrita y te imponen «sus leyes».

Te convencieron de que tu no existes sino «la sociedad» y anulan tu existencia.

Te convencieron de que ellos pueden crear derechos, mientras así, violan tus Derechos Individuales Naturales.

Te convencen con la «Tell-a-Visión» de cual es «la realidad», y ya no ves La Realidad, viviendo una ficción.

PUEDES DESPERTAR DE LA MENTIRA, pero es una DECISIÓN INDIVIDUAL.

-Individuo Libre-

EL SISTEMA REAL ES PRIMERO MENTAL

El concepto abstracto de «el estado» y sumado al de «el gobierno», forman un escudo protector de simples criminales para poder ejercer todas las brutales violaciones del Derecho Individual contra la población.

Es hipnótico, por tanto es inconsciente.

El poder real primario de aquellos es, mental.

No hay dudas de que la anomia general y paralela sumisión a criminales, van de la mano de algo muy similar a un Síndrome de Estocolmo masivo.

No se puede eliminar a un hombre consciente de su individualidad, a una mente liberada. Sólo matarlo.

Pero tampoco se puede rescatar a una mente muerta como individuo, que en su programa sólo cree en directivas y leyes de esa letal ficción: la «autoridad» y el sistema que los sustenta.

La real autoridad va por la orilla opuesta, claro.

Su base es miedo y adoctrinamiento. No es un individuo libre.

Incluso superó la disonancia cognitiva, para transformarse en un no dubitativo defensor del sistema que lo asfixia y de sus propios verdugos. Vota por ellos, se identifica con ellos, en ese vacío de conciencia individual, despersonalización.

Para escapar de un manicomio, primero tienes que reconocer que estás dentro de uno y que tú no estás loco ni eres estúpido como ellos.

Estamos rodeados de locos y estúpidos que defienden el manicomio, a pesar del maltrato y crímenes contra ellos porque creen que fuera de él, no hay vida posible.

(Individuo Libre)

OBSERVANDO UN PERVERSO SISTEMA CERRADO

El profundo problema de las personas, comunidades, que priorizan valores morales, respeto de derechos individuales, es que son víctimas.

No pueden detectar el nivel de deshumanismo, maldad, perversión, sadismo, de los psicópatas en el poder, por cuestiones profundas y graves.

Algo en sus mentes, en sus genes, les impide ver. Y por eso proyectan sus parámetros citados, en la imaginaria posibilidad de que estos degenerados de La Creación, malnacidos, «comprendan» y sean buenos, los traten bien, justamente, mañana.

Se indignan diariamente como expresión crónica y esquizofrénica circular, de las nuevas barbaridades, ilegalidades y la conocida lista de brutalidades del gobierno y la política toda, contra ellos.

Ese nivel de ceguera, proyección ficticia, es en realidad de una estupidez sin límites para quienes comprendemos la profundidad del mal, su absoluta ausencia de empatía, de los que – al ser psicópatas – necesitan el poder como su ecosistema natural. Y así lograr depredar, esclavizar a aquellos que se entregan de manera ciega, inconsciente a su sometimiento gracias a un sistema deformado y deforme llamado «democracia», «gobierno». Que aceptan como necesario gracias a otro programa-defecto en sus genes/mentes: la fantasía de «la autoridad».

Y decimos «fantasía» porque esos criminales – sus amos – no son poseedores de real autoridad, autoridad natural, sino seres que ese sistema por ellos deformado y aceitado, les permite «llegar»: Los peores de la población tienen su paraíso en todo el engranaje político-gubernamental y de ese modo, tipos criminales de diverso grado e índole, vagos, improductivos, mentirosos, manipuladores, pueden soñar en ser mañana «señor presidente», «señor diputado», «señor intendente», etc. etc.

Y sus víctimas en el llano, aceptando todo gracias a esa condición nata, más el adoctrinamiento escolar, el de los medios masivos (herramienta del poder para mentir, ocultar, programar), los hace totalmente inermes. Más allá de berrinches, manifestaciones, publicaciones, que no son más que la catarsis del impotente.

Por todo esto, es «normal» y no de sorprender a aquellos que observamos esta moneda de dos caras entre víctimas y victimarios e intentamos «despertarlos», que se nieguen a ello e incluso nos acusen de todo tipo de estupideces imaginarias, a su nivel. (Individuo Libre)

La bota del Estado / The boot of the State

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Es difícil encontrar una pluma tan ligera y espléndida como la de Stefan Zweig. El genial escritor tuvo el enorme placer de crecer en una época extraordinaria. La Viena de finales del siglo XIX y principios del XX estaba habitada por Hayek, Mach, Freud, Schumpeter, Kafka, Musil, Mises, etc., desde la Atenas de Pericles no se había visto una concentración mayor de talento y sabiduría. Una sociedad basada en los pilares de la autoexigencia, las ganas de instruirse, de ser libres, de no depender de nada más allá de tu talento y trabajo. Todo lo radical y violento se antojaba imposible en la era de la razón.
Zweig se resistía a aceptar que Freud estaba en lo cierto cuando afirmaba que la forma de vida vienesa tan solo era una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada por las fuerzas destructoras. Un hombre tan bondadoso como él, no podía concebir la idea de ver caer una sociedad que lo tenía todo a su alcance, en manos del fanatismo inculto representado por los nacionalsocialistas de Hitler y compañía. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Zweig acabaría suicidándose tras ver como su amada Viena pasaba de ser una ciudad culta, cosmopolita y tolerante, a un bastión de la violencia, el nacionalismo paleto y la intolerancia. El individuo fue aplastado por la bota del Estado, que durante décadas apagó la luz del progreso y la innovación que surge de forma espontánea por individuos brillantes.
Y en eso estamos ahora. Un gran número de personas se ha rendido y está esperando que venga un burócrata manirroto a ayudarles. Tengan claro, que jamás lo harán. Solamente les atarán para siempre a las cadenas del estatismo clientelar. Ese y no otro, es el fin último de cualquier gobernante socialista para saber que su poder está asegurado. La pandemia nos está costando vidas, quiebras, pobreza, depresiones y millones de personas asustadas que no ven la luz al final del túnel. El gran reto de nuestro tiempo será evitar que una sociedad que habitará en la pobreza, la desesperanza y rodeada de miserables que trataran por todos los medios de aprovechar la situación, caiga en manos del populismo como los contemporáneos de Zweig.