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La libertad individual y el Estado.

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Ensayo de Enrique Arenz sobre la doctrina liberal

La libertad individual es la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista permanentemente amenazada y puesta en tela de juicio por el deseo de algunos de imponer su voluntad a sus semejantes.

Siempre hay personas que aspiran a gobernar a los demás, a pesar de que nadie en el mundo tiene el derecho de hacerlo. Es inevitable que esto ocurra en todos los tiempos y en todas las sociedades. Por eso la libertad no puede conservarse si los hombres no están dispuestos a defenderla cada día de su existencia, siendo muchos los peligros que la acechan permanentemente. Tanto la sociedad en su conjunto, al ejercer sobre las energías creativas de las personas ciertas presiones inhibitorias, como algunos hombres antisociales, al intentar someter a otros hombres, tejen una sutil trama de coacciones que tienen a limitar, restringir o, en algunos casos extremos, a impedir el ejercicio de las libertades individuales.

Por algo el premio Nobel de economía, Friedrich A. Hayek definió a la libertad como aquella condición por la cual la coacción que algunos ejercen sobre los demás queda reducida, en el ámbito social, al mínimo. “La libertad es la independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero”, afirmó resumiendo su claro concepto.

Pero Manuel Tagle va aun más lejos y asevera que la libertad es algo más que la simple ausencia de coerción. En su artículoAlberdi y de Tocqueville, dos almas gemelas, publicado en el diario La Prensa del 25/9/84, dice este pensador argentino: “En una primera instancia menos madura, la libertad se reduce a cortar los lazos dealgo que nos sujeta. Pero una vez alcanzada esa ausencia de coerción, la libertad del individuo se transforma en libertad para algo por realizar”.

Ahora bien, suele pensarse erróneamente que todo orden social implica inevitablemente una disminución de la libertad individual como precio por las ventajas de la civilización. Algunos opinan que el hombre primitivo disfrutaba plenamente de su derecho natural a ser absolutamente libre, pero que al organizarse socialmente debió sacrificar parte de su libertad en beneficio del conjunto.

No es así. La pérdida de la libertad jamás podría ser el precio de la civilización por la sencilla razón de que no puede haber libertad sin civilización. Imposible fuera concebir la libertad individual desvinculada de un ámbito de organización y cooperación social. Sólo en la esfera de las relaciones humanas cobra sentido la idea de la libertad. Tiene razón von Mises cuando nos señala que el hombre no nació ni fue libre en sus orígenes, puesto que en el orden biológico los más fuertes dominan y vencen a los más débiles, razón por la cual nuestros antepasados, los hombres primitivos, aún no organizados socialmente, sólo eran libres hasta que tropezaban con criaturas más fuertes. Cabe afirmar, por lo tanto, que el hombre no puede ser libre si no se organiza socialmente para serlo.

Suele decirse también que el “bienestar común” exige progresivas restricciones a la libertad individual. Debemos rechazar esta cómoda y peligrosa idea sencillamente porque tal “bienestar común” no existe, es una mera abstracción. Sólo existe el bienestar de los individuos siempre y cuando éstos dispongan de suficiente libertad y medios adecuados para alcanzar sus propios y personales fines. Resulta inimaginable una sociedad bien alimentada y feliz, salvo que esté integrada por individuos bien alimentados y felices. La sociedad es una abstracción cuya existencia sería inconcebible sin los individuos que la componen. La sociedad fue voluntariamente creada por las personas cuando éstas comprendieron las ventajas de unirse y cooperar entre sí frente a las dificultades que implicaba tratar de sobrevivir aisladamente. Por lo tanto el individuo está antes que la sociedad. El llamado “bienestar común” deriva en todo caso del bienestar de los individuos que componen la sociedad. Von Mises afirmaba que en libertad las mentes más agudas y ágiles son impulsadas a promover el bienestar de las más rezagadas.

Diferente, en cambio, es el concepto del bien común siempre que con él estemos señalando las condiciones políticas y jurídicas que aseguran las libertades del individuo y a las cuales éste se subordina. El bien común es la finalidad del derecho, según veremos más adelante.

Límites de la libertad

La libertad, sin embargo, nunca es absoluta, ya que necesariamente debe el hombre someterse a tres categorías de leyes que limitan sus acciones: las leyes físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas de orden público. (En cierto sentido, el orden moral también condicionaría la libertad. Jorge García Venturini afirmada que no hay libertad sin moral ni moral sin libertad. “El hombre -decía- es libre, pero no hace lo que quiere sino lo que puede, y tampoco debe hacer lo que pueda sino lo que deba”. Sin embargo, debemos advertir que esta cuestión pertenece al ámbito de la conciencia individual. Desde el estricto punto de vista de la doctrina libertad todo aquello que contribuye a fortalecer la cooperación social voluntaria es moral, en tanto que lo que tienda a entorpecer o impedir dicha cooperación debe considerarse inmoral).

Las tres categorías de leyes mencionadas arriba (físicas,praxeológicas y humanas) establecen límites a la libertad individual, pero cuando una sociedad está organizada para la libertad, estos límites tienden a expandirse en lugar de contraerse. Puede decirse que la libertad es un sistema de fronteras móviles que el hombre puede ampliar permanentemente.

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Este concepto encierra tanta importancia para la comprensión de nuestra doctrina que es conveniente demorarnos en una más detallada explicación.

Todo el mundo acepta la soberanía de las leyes físicas como razonable límite a la libertad. No ocurre así con las leyes praxeológicas que, por desconocimiento, suelen ser resistidas por las personas. Esto se refleja en las leyes humanas. Cuando la sociedad dicta sus leyes de orden público, respeta escrupulosamente la jurisdicción de las leyes físicas. Ninguna ley humana, por ejemplo, puede contradecir la Ley de gravitación universal de Newton. Sin embargo, las leyes humanas suelen extralimitarse en lo referente a las leyes praxeológicas cuyas zonas invaden por desconocimiento.

Absurdo sería aun para el más ignorante decir que un hombre no es libre porque no puede arrojarse desde un décimo piso y volar como las aves. Cualquier necio comprende las leyes físicas que impiden hacer tal cosa. Sin embargo, cuando se trata de juzgar la suba de precio de un producto que escasea, pocos son los que advierten (aún entre los más cultos) la existencia de leyes praxeológicas que producen ese fenómeno, y la mayoría prefiere culpar a los comerciantes y exigir la intervención del Estado en resguardo de la “libertad” de comprar barato. En muchos casos (en la Argentina y en muchos otros países, sobre todo en tiempos de inflación o de crisis) este reclamo popular induce al legislador a sancionar leyes arbitrarias que comprimen las libertades individuales, vulneran el derecho de propiedad y alteran el orden espontáneo del mercado agravando aun más el problema que se pretendía solucionar. (Comprobaremos más adelante que la “libertad de comprar barato” es equivalente a la “libertad de volar”. Tan ilusoria una como la otra, salvo que atinemos a ampliar inteligentemente las fronteras móviles de la acción humana, en cuyo caso ambas serán posibles.)

El hombre nunca podrá lograr absolutamente todo lo que se propone. Sus deseos son ilimitados, pero las posibilidades de que dispone para satisfacerlos son siempre escasas. Por eso su libertad se halla necesariamente restringida y condicionada a esfuerzos y sacrificios personales para ampliar sus límites.

Las leyes físicas y las leyes praxeológicas son dóciles con quienes las entienden y respetan. Pero castigan implacablemente a quienes las llevan por delante. “La naturaleza no consiente burlas -escribió Goethe-, es siempre verdadera, siempre seria, siempre rigurosa; tiene siempre razón, y los errores y equivocaciones son siempre de los hombres. Ella repudia al inepto y se rinde tan sólo a quien es capaz, verdadero y puro, revelándole sus secretos”

Pero así como las leyes físicas y las leyes praxeológicas ofrecen flexibilidad en el trazado de sus límites a la libertad individual, con la sola condición de que el hombre sepa descubrir y respetar sus postulados, las leyes humanas, cuando pretenden modificar la naturaleza de las cosas, crean barreras rígidas que reducen arbitrariamente la esfera de la acción humana. No hay forma de ensanchar las posibilidades del hombre dentro de un sistema jurídico que pretenda crear y conceder derechos contrarios al orden natural, cuando sólo debiera limitarse a proteger la propiedad privada, la libertad de todos y el ámbito de la convivencia pacífica.

Nadie se rebela contra las leyes físicas cuando son éstas las que se oponen a los caprichos humanos- Pero cuando se trata de leyes praxeológicas las personas suelen resistirse a sus designios simplemente por ignorancia, y en lugar de buscar las soluciones por los cauces que esas mismas leyes les ofrecen, prefieren inducir a los políticos a dictar leyes que expropien (porque de eso en definitiva se trata) los frutos del trabajo de unos en beneficio de otros, creyendo que la falla está en la distribución de la riqueza. Todos pierden libertad y prosperidad por este camino. La invocada “libertad de comprar barato” (que ciertamente no puede concederse por decreto por ser ella el resultado laborioso de comprender y respetar las leyes praxeológicas) se transforma así en una aspiración ilusoria.

Las leyes físicas le dicen al hombre que no puede volar, pero al mismo tiempo le sugieren las soluciones científicas para fabricar una máquina voladora. ¿A quién se le ocurriría pedir al gobierno la derogación de la ley de Newton en resguardo de la “libertad de volar”? Tan sólo respetando esta ley y otras leyes físicas ha podido el hombre volar libremente como los pájaros.

Ahora apliquemos este razonamiento a las leyes praxeológicas. Si un producto comienza a faltar en el mercado, es natural que suba de precios, porque hay una ley praxeológica que se llama “Ley de la oferta y la demanda” que dice que si muchas personas desean al mismo tiempo un bien escaso, se producirá una competencia entre los potenciales consumidores quienes ofrecerán más dinero para quedarse con el producto anhelado. El precio que finalmente se forme en el mercado debido a esta presión de la demanda será el factor selectivo que se encargue de segregar quiénes pueden pagar de quiénes no pueden hacerlo, ya que si así no ocurriera, la violencia o el azar serían los que decidirían a manos de qué consumidores irían a parar las limitadas existencias disponibles.

Puede parecer injusto que en una sociedad civilizada unos puedan pagar y otros no. Sin embargo no es así. Von Mises nos explica en La acción humana que la desigualdad económica entre las personas es en sí misma el resultado de una previa selección del mercado, el cual, en decisiones que se modifican todos los días, hace a la gente rica o pobre, triunfadora o fracasada, según haya sabido o no interpretar y satisfacer los caprichos de… nosotros los consumidores.

Por otra parte, para comprar un producto a un determinado precio, no basta solamente con “poder pagar”, también es indispensable estar dispuesto a hacerlo. Recordemos que todo intercambio comercial se produce únicamente si cada parte valora en más lo que recibe que lo que da. Por consiguiente, habrá consumidores que no aceptarán el precio de un bien deseado a pesar de contar con el dinero necesario, sencillamente porque no lo considerarán un buen negocio y preferirán destinar sus limitados recursos a la compra de otros bienes aun más deseados.

El precio de mercado (esto lo veremos detalladamente más adelante), como fenómeno social selectivo, se produce por influencia de muchos factores concurrentes en cada consumidor y en cada vendedor. Algunos de estos factores son de carácter subjetivo (valor atribuido, preferencia, necesidad, emotividad), y otros, rigurosamente objetivos (capacidad económica, apremio legal, etc.)

Pero retornemos a la cuestión de las leyes praxeológicas. Si bien el fenómeno de los precios nos suele llamar la atención únicamente en aquellos productos que experimentan alteraciones en su abastecimiento, se verifica, en rigor, en todos los bienes y servicios que existen, ya que la oferta siempre es menos a la demanda potencial.

Es la escasez (combinada con su utilidad) lo que convierte a las cosas en bienes económicos. Todo cuesta, todo es dificultoso, todo tiene su precio porque todo lo útil o bien es difícil de obtener, o es obra de la creatividad y del esfuerzo humano. Sólo el aire abunda en todas partes, y por eso no tiene precio. El agua, en cambio, tiene valor comercial en muchos lugares, y aun donde abunda, debe pagarse por el servicio de su potabilización y traslado a los domicilios. Decía Röpke: “Toda sociedad debe confrontar el hecho de que, por un lado están nuestros deseos ilimitados, y por el otro, nuestros limitados recursos para satisfacer dichos deseos”. Es por ello -según ya lo hemos dicho antes-  que nadie ve totalmente satisfechas sus ambiciones. Y cuando alguien se enfrenta a dos cosas que desea ardientemente pero que no puede obtener al mismo tiempo, debe siempre elegir una y renunciar a la otra.

Estas leyes praxeológicas parecen muy antipáticas porque se empeñan en poner freno a nuestros antojos y caprichos. Sin embargo, son estas mismas leyes las que nos enseñan a economizarrecursos escasos a la vez que nos revelan sus secretos sugiriéndonos la forma científica de producir más y mejor para satisfacer cada vez en mayor medida nuestros ilimitados deseos.

Respetando las leyes praxeológicas logramos ampliar sus fronteras y con ellas el campo de las posibilidades humanas. La libertad de comprar barato resulta así tan posible como la libertad de volar. Nada más destructivo para el hombre civilizado que ir contra ellas. Tan vano resulta fijar precios y salarios por decreto (por mencionar tan sólo una de las insensateces de la política moderna, como derogar la ley de Newton.

La libertad debe ser de todos

Ahora bien, de la misma manera que nadie puede considerarse menos libre porque debe obedecer las leyes físicas y las leyes praxeológicas, tampoco puede hablarse de pérdida de libertad cuando el hombre debe respetar los límites que le imponen las leyes humanas, siempre que estas leyes tengan por finalidad únicamente la protección del individuo y la defensa de la libertad de todos. Si las leyes humanas van más allá de este objetivo -que es, por otra parte, su única justificación- la libertad individual es irremediablemente lesionada.

“El derecho -escribe Kant- puede definirse en general como la limitación impuesta a la libertad de un individuo hasta donde lo permite su acuerdo con la libertad de todos los otros individuos, en cuanto ello es posible por medio de una ley universal”.

Y recordemos a nuestro Alberdi: “Lo que llamamos nuestro deber no es más que la libertad de los otros: es la libertad nuestra que paga el respeto que debe a la libertad de otros”

La libertad, pues, debe ser de todos, y ella presupone la existencia de un contexto de cooperación e interdependencia social y la ausencia de coacción. Más allá de los límites impuestos por la libertad de los demás, el individuo libre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual no pueden intervenir los otros ni la sociedad.

A cada integrante de la sociedad le conviene que sus vecinos y conciudadanos desarrollen al máximo sus energías creadoras a fin de que el aporte de cada uno de ellos hacia la comunidad sea el máximo que su capacidad le permita. Un país con abundancia es un país donde todos producen y se benefician con la diversidad creciente de posibilidades y recursos. Ahora bien, si la libertad individual (según lo hemos visto en el capítulo anterior) es la condición indispensable para el fenómeno productivo se multiplique geométricamente mediante la liberación de las energías creativas individuales, es natural que todos nosotros, desde el más pobre al más rico, tengamos especial y personal interés en la libertad de los otros. En las antiguas monarquías absolutas el rey no era más libre que sus siervos: no podía curar sus enfermedades, no disponía de medios para viajar cómodo y seguro, no había calefacción en sus húmedos y fríos aposentos, no era dueño de darse una ducha caliente ni de hacer sus necesidades en un cómodo sanitario.

“¡El Estado soy yo!”  “¡Después de mí el diluvio!”  Así expresaban su arrogancia los soberanos absolutos cuya autoridad de origen divino les concedía la potestad sobre vidas y haciendas de sus súbditos. Sin embargo no podían disfrutar de las mínimas comodidades que hoy tiene a su alcance el más humilde obrero de un país capitalista. Con todo acierto William Allen White dijo que la libertad es la única cosa que uno no puede tener sin estar dispuesto a que los demás también la tengan. Porque si yo tengo libertad para trabajar, comerciar y poseer bienes y las demás personas no la tienen, no podré intercambiar nada con ellas, por lo cual no dispondré de aquellos indispensables medios que sólo la múltiple creatividad de los otros podría proporcionarme. Y sin tales medios, de poco habrá de servirme la libertad, pues mis posibilidades de elección serán casi nulas. Por el contrario, si todos somos libres, aún el más pobre recibirá parte de la riqueza creada por todos. “La vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del más poderoso en otro tiempo. ¿Qué le importa no ser más rico que otros, si el mundo lo es y le proporciona magníficos caminos, ferrocarriles, telégrafo, hoteles, seguridad corporal y aspirina?” (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

Yo viajo diariamente en autobús. Mi asombro se renueva en cada uno de esos fantásticos viajes. Confortablemente sentado en una mullida y bien tapizada butaca individual, suelo preguntarme si no estoy soñando al desplazarme velozmente como en un cuento de hadas por lisos y bien nivelados pavimentos, protegido del frío y de la lluvia por grandes y transparentes ventanilla. Cuando llego a destino, oprimo un botón y como en el país de las maravillas de Alicia, el vehículo se detiene y la puerta trasera se abre para que yo, el soberano del siglo XX, pueda descender. ¿Cómo es posible no asombrarse frente a ese prodigio de la civilización? ¿Es que a alguien puede parecerle cosa natural un autobús circulando a frecuencia regular al servicio de la gente? Yo, al menos, no lo creo así. Soy consciente de que cada vez que hago ese fantástico viaje estoy recibiendo generosamente la cooperación acumulada de millones de personas que trabajaron, estudiaron, crearon, inventaron, ahorraron e invirtieron para que yo, por unos centavos, me pueda dar diariamente ese lujo inconcebible en otros tiempos. He ahí un sencillo ejemplo -a menudo inadvertido- de lo mucho que nos beneficia la acumulación de capital y la creatividad libremente expresada.

Gracias al capitalismo, cualquier trabajador recibe de millones de personas que jamás conocerá, más servicios y ventajas personales que los que obtenía a fuerza de látigo un señor feudal de sus esclavos.

Fácilmente deducimos, entonces, que el principal interés de toda comunidad consiste en asegurar a todos por igual el ejercicio de la libertad individual, creando leyes y costumbres tendientes a tal fin y abjurando del principal enemigo de la libertad, la divinización del poder, ya sea en su forma individual o colectiva.

El Estado y el orden jurídico 

Recapitulando, recordaremos que libertad individual es aquella condición por la cual todo hombre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual los demás no pueden interferir.

Si quisiéramos analizar el significado de la libertad desde un punto de vista negativo, deberíamos definir la esclavitud. Para ello nada mejor que recurrir a Herbert Spencer. Decía este pensador que esclavo es alguien que trabaja sometido a coerción para satisfacer los deseos de otro, y el grado de severidad de la esclavitud a que está sometido depende de la mayor o menor medida en que el esfuerzo es aplicado compulsivamente en beneficio de otro en lugar de serlo en propio beneficio.

Hemos analizado hasta aquí las dos condiciones extremas de un hombre: la total libertad individual (limitada por las físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas), y la máxima esclavitud posible (también limitada por la última y trágica libre opción del esclavo: obedecer o suicidarse). Todos los infinitos estados intermedios que puedan imaginarse entre ambas condiciones extremas, son exponentes de pérdida de libertad del hombre. No es una exageración tautológica afirmar que el hombre nunca es más o menos libre, sino más o menos esclavo. La condición del hombre libre es una sola: no absoluta ni ilimitada, como queda dicho, pero sí susceptible de constante perfeccionamiento. Nadie puede considerarse libre “a medias”. Sólo se puede ser esclavo a medias.

Ahora bien, cuando se pierde la condición de hombre libre, la disminución progresiva de la libertad no se detiene. Lamentablemente esto ocurre en forma gradual y las personas no advierten lo que les está sucediendo, sobre todo cuando la pérdida de la libertad se produce por el avance del Estado sobre el ámbito de acción privativo de los particulares, en violación de las leyes praxeológicas del mercado, provocan desocupación de un sector laboral en beneficio de los obreros que conservan sus empleos. Con esta arbitrariedad no solamente limitan la libertad del empleador -y del consumidor, que en definitiva es quien fija precios y salarios- sino que también limitan la libertad de los propios trabajadores que quizás preferirían trabajar por un sueldo menor antes que quedar sin empleo.

Los límites del Estado han sido siempre un motivo de discusión, ya que de la misma manera con que algunos pretenden llevar su poder hasta extremos en que el hombre se transforma en su siervo, otros pretenden negar toda forma de autoridad política, aduciendo que el menor atisbo de coerción gubernamental implica pérdida de libertad.

Ninguna de ambas posiciones es aceptable. Es más, constituyen las dos caras de una misma moneda totalitaria: el colectivismo y el anarquismo.

Von Mises se encargó de aclarar, con estas palabras los fundamentos del orden jurídico en un sistema de libertad: “Mientras el gobierno, es decir, el aparato social de autoridad y mando, limita sus facultades de coerción y violencia a impedir la actividad antisocial, la libertad individual prevalece intacta. Esta coerción no limita la libertad del hombre, pues aunque éste decidiera prescindir del orden jurídico y el gobierno, no podría al mismo tiempo disfrutar de las ventajas de la cooperación social, y actuar sin frenos obedeciendo a sus instintos de violencia y rapacidad”.

En efecto, cuando el hombre delega la defensa de su libertad en una organización social, no renuncia a dicha libertad, ya que lo que quiere es precisamente preservarla. A lo que renuncia es a la irracionalidad y a la violencia. Por eso el hombre no puede ser libre si no se desenvuelve en un medio social donde todos los hombres hayan pactado cooperar entre sí para ser libres.

Es obvio que los gobiernos carecerían de toda justificación moral si los hombres no tuvieran aquellos instintos de rapacidad y violencia que los llevan a enfrentar permanentemente entre sí. De no existir reglas estipuladas de convivencia y una fuerza defensiva organizada, los más fuertes e inescrupulosos terminarían por someter a los más débiles e indefensos. La justificación moral de todo gobierno se nutre en un derecho natural de todo ser viviente: usar de la fuerza para defenderse de las acciones destructivas de los demás.

Nadie pone en duda que el derecho más elemental e incuestionable de todo ser humano es el derecho a vivir y a conservar la propia existencia. Este derecho, lógicamente, implica el uso de los medios adecuados para la obtención del sustento y la preservación de la vida y la salud. (Recuérdese que hay una sola cosa que el hombre puede hacer sin medios: dejarse morir). Ahora bien, si admitimos el presupuesto del derecho a la vida y al uso de los medios idóneos para defenderla, fácilmente deducimos que el hombre es libre para elegir, usar y disponer de una variedad ilimitada e imponderable de dichos medios con los cuales ha de conservar la vida, ponerla a cubierto de futuros riesgos, asegurar la supervivencia y bienestar de los hijos, acumular reservas para la vejez y eventuales enfermedades y, finalmente, alcanzar fines superiores. Nadie puede razonablemente negarle al hombre tales lógicas atribuciones, con lo cual queda claramente perfilado su derecho natural e inalienable a poseer bienes y disponer libremente de ellos. He aquí el sentido de la propiedad privada.

Pero la propiedad privada sería ilusoria si no se la protegiera en forma efectiva mediante el orden jurídico. Los más fuertes y violentos impedirían este derecho a los más débiles y terminarían por apropiarse de todo. La vida humana se extinguiría en el planeta.

En todos los tiempos han existido hombres pacíficos y hombres violentos. Hombres buenos y hombres malos. Los pacíficos han intentado vivir en comunidad, trabajando, creando e intercambiando libremente el fruto de su trabajo. Pero los violentos, han utilizado sus energías destructoras para imponer su voluntad a sus semejantes y apropiarse por la fuerza de las energías creadoras de los demás.

He aquí, en esta realidad de la condición humana, la primera amenaza a la libertad del hombre. Caín impone su violencia homicida sobre el pacífico Abel. El Antiguo Testamento nos muestra descarnadamente esta trágica circunstancia que habrá de acompañar eternamente el destino del hombre: la libertad y su amenaza permanente. El hombre pacífico frente a su tirano, el hombre violento.

Como se recordará, Leonard Read define a esta realidad como “el único problema social que existe”, ya que todo lo demás queda en la jurisdicción de lo creativo y lo individual.

Según hemos visto, el derecho a la vida y a conservar la propia existencia, implica necesariamente el derecho a la libre elección de los medios con los cuales lograr tales primarios fines. No cabe pues duda de que la libertad individual es un derecho anterior al hombre mismo ya que proviene de su Creador que lo dotó de la voluntad de vivir y del instinto de la supervivencia. La libertad, sin embargo (y esto también lo dijimos), sólo es posible en un contexto de organización social, ya que el hombre primitivo jamás pudo ejercerla. Es, por lo tanto, un derecho que requiere el voluntario propósito de cultivarlo (la conciencia del hombre libre es, en rigor, un estado cultural), un derecho que exige una clara convicción de su conveniencia social y, sobre todo, una firme decisión de preservarlo. La manera moderna de ejercer la libertad individual (sobre todo en el plano económico que es donde alcanza su máxima significación social) constituye, como afirmamos al principio de este capítulo, la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista constantemente amenazada y puesta en tela de juicio. Por ello la libertad es un derecho que debe ser defendido todos los días, un derecho ligado a la vida misma que -al igual que ésta- se halla expuesta a mil peligros y acechanzas.

Por esta razón la libertad no es posible sin los medios adecuados para defenderla. Ahora bien, cualquiera tiene el derecho moral de impedir las acciones destructivas de los demás. Pero, por las razones que analizaremos a continuación, el hombre pacífico no puede enfrentar por sí mismo a los seres violentos que amenazan su libertad.

En primer lugar porque el hombre pacífico que dedica todas sus energías creativas a su trabajo, no puede estar de vigilante, temeroso de las acechanzas de los demás. Y aunque así lo hiciera, su reducido ámbito de información no le permitiría conocer los peligros que se ciernen sobre su vida y bienes, tramados a veces a mucha distancia.

Porque si cada individuo se hiciera cargo personalmente de su propia defensa, tendríamos en la Argentina 35 millones de tribunales de justicia, cada cual con su propia concepción del derecho.

Porque al hombre sólo le está moralmente permitido usar la “fuerza defensiva” y jamás la “fuerza agresiva”. La diferencia entre ambas es demasiado sutil para que cada cual la interprete a su manera.

Y finalmente el argumento más convincente: porque si se trata de imponerse por el uso de la fuerza, es imprescindible el empleo de las armas, y en este terreno siempre ganan los que las manejan mejor. Entre un hombre laborioso y pacífico y un delincuente, sin duda este último habrá de manejar más hábilmente las armas. Si cada cual estuviese librado a su propia defensa, los delincuentes no tardarían en erigirse en gobernantes y someter por la fuerza agresiva a todos los seres pacíficos.

Con lo cual no podemos sino llegar a la siguiente conclusión:El hombre debe delegar la defensa de su libertad en una organización que utilice con carácter de monopolio la fuerza defensiva, a fin de enfrentar -orgánica y eficientemente- el único problema social que existe: las agresiones de algunos individuos contra la libertad individual. De ahí la necesidad de que exista un gobierno y un orden jurídico.

La organización de un Estado sólo se justifica, entonces, en la necesidad de los individuos de defenderse contra las acciones humanas que inhiben la energía creadora y su libre intercambio. Un gobierno justo deriva de esta única motivación: la necesidad común de todos los hombres de protegerse contra aquellos que quisieran limitar sus posibilidades creativas.

“El principio que justifica la organización, por parte de la sociedad, de una función defensiva -nos advierte Leonard Read-, impone limitaciones a lo que debe realizar dicha organización. En una palabra, la limitación del derecho reside en la propia justificación del derecho.La fuerza es una cosa peligrosa. Por lo tanto, la función organizada de la sociedad es un instrumento peligroso. Contrariamente a lo que algunos sostienen, no es un mal necesario. Siempre que se limite a su debido alcance defensivo, es un bien positivo. Cuando excede sus justas limitaciones y se convierte en una agresión, no es un mal necesario sino un mal, directamente.”

Es simple deducir que las facultades de un Estado están limitadas por los mismos principios que justificaron su creación. Si ningún individuo tiene el derecho de gobernar a otro, mucho menos la asociación de muchos individuos (el Estado) formada precisamente para proteger a sus integrantes de aquellos que aspiran a imponerles su voluntad por la fuerza, podría asumir facultades que el individuo no tiene. Es decir, si yo me organizo junto a otros individuos en una sociedad para evitar que los merodeadores violentos intenten limitar mi libertad, mal puedo aceptar que esa misma sociedad vaya más allá de sus fines y avance sobre los derechos para cuya preservación fue creada.

Podemos, en fin, hacer un resumen de lo expresado hasta aquí diciendo que el ámbito donde la criatura humana puede desarrollar al máximo sus potencialidades creativas e intercambiar libremente sus energías en una cooperación voluntaria que beneficia a todos, es la libertad individual. Como dicha libertad está siempre amenazada, el hombre debe hacer algo para preservarla. El Estado, pues, es la consecuencia de la necesidad del hombre de proteger su libertad. Por tal razón el Estado es una organización subordinada al hombre que tiene, por definición, facultades estrictamente limitadas. Si estos límites defensivos son sobrepasados, cosa que ocurre hoy, lamentablemente, en todos los países del mundo, el individuo pierde independencia y ve interferida y reducida su esfera privada de acción.

Digamos, para finalizar este capítulo que existen dos tipos de fuerza  según ya lo insinuamos antes: la fuerza defensiva y lafuerza agresiva. La primera es un derecho indiscutido de todo ser viviente sobre la tierra. La segunda, en cambio, es siempre inmoral y socialmente destructiva. La violencia agresiva sólo es legítima en el mundo salvaje, en medio de la competencia biológica por la supervivencia.

 La competencia social propia del hombre civilizado se basa en la cooperación y en la búsqueda de ganancias mediante un mejor servicio a los demás. Decididamente, toda forma de agresividad es dañina y antisocial.

Hemos visto que el hombre se ve precisado a delegar en el cuerpo político de la sociedad, el uso de la fuerza defensiva. Ahora bien, si nadie tiene el derecho moral de emplear la fuerza agresiva contra sus semejantes, nadie tampoco puede delegar en el gobierno ese derecho que no tiene. Además, lo que no puede hacer un solo individuo, tampoco lo puede hacer un grupo de individuos o una sociedad. Sólo la fuerza defensiva podemos moralmente utilizar, y sólo la fuerza defensiva delegamos legítimamente en el gobierno,

Sin embargo, los gobiernos suelen atribuirse derechos y facultados que los individuos no tienen. A raíz de esta extralimitación, la fuerza defensiva del Estado puede transformarse, casi inadvertidamente, en una fuerza agresiva y volverse contra aquellos mismos a los cuales debiera proteger.

El padre del liberalismo político, John Locke, ha dicho que la grande y principal finalidad de los hombres que se unen en república y se someten al gobierno es el mantenimiento de su propiedad. Podríamos agregar que la única función de un gobierno republicano es defender la propiedad privada, amparar la libertad de los ciudadanos y asegurar la convivencia pacífica.

Podemos afirmar que todo empleo de la fuerza agresiva por parte del gobierno atenta contra la propiedad, reduce las esferas privadas de acción, inhibe las energías creadoras de los individuos y disminuye las posibilidades y recursos globales perjudicando a toda la sociedad. En este aspecto la doctrina liberal es, como acertadamente la definió Carlos Sánchez Sañudo, la doctrina de la limitación del poder.

En resumen: el orden social de la libertad es un inteligente sistema de fronteras móviles que el hombre puede ensanchar hasta el infinito siempre que tenga la sabiduría de armonizar sus propias y falibles leyes con aquellas otras leyes perfectas que el Creador estableció en todo el Universo para nuestro exclusivo uso y beneficio.

Políticamente Correcto: Que es, de donde vino. / Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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«Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa.»

Por / By Fred DeRuvo

ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH: 

Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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politicamente-correcto-autocensuraTodos hemos escuchado los términos “políticamente correcto” y “corrección política”. Sabemos que estos términos comenzaron como un poco más que eufemismos, pero en realidad, fueron (y son) de hecho un señuelo. Se hace hincapié en el disimulo del término para ocultar la verdadera amenaza que plantean a la sociedad lo políticamente correcto o la corrección política.

Políticamente correcto o Corrección política es esencialmente la labor externa de la cultura marxista en la sociedad.  El objetivo del marxismo cultural es la reformar de la sociedad para reemplazar completamente sus tradiciones y valores. Mientras que los marxistas de la vieja escuela creían que la oposición violenta, incluso militarizada era la mejor manera de lograrlo, los marxistas de hoy (Los nuevos Izquierdistas) encontraron una mejor manera de hacer eso mismo evitando el derramamiento de sangre y muerte con que plagaron el siglo XX. Hacerlo cambiando la sociedad desde adentro. Es algo que el secretario del partido comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había entendido y promovió en muchos de sus escritos.

La mayoría de la gente piensa que ser políticamente correcto significa simplemente evitar términos, frases y acciones que solo tienen el propósito de ofender a la gente. Normalmente, a personas que forman parte de grupos minoritarios. Por ejemplo, socialmente no es aceptable utilizar términos despectivos al referirse a las personas por su raza o por sus preferencias sexuales. Nos dicen que la corrección política en una sociedad civilizada evita hacer este tipo de cosas porque simplemente exacerba los problemas creando más separación entre los grupos.

¿Pero políticamente correcto es solo eso? Resumiendo, la corrección política en vez de alentar a la gente a reconocer su identidad, lleva a las personas a ver y acentuar sus diferencias. Esto es también conocido como multiculturalismo. Así, en lugar de celebrar nuestra identidad, deberemos celebrar nuestra diversidad. Se pretende que festejemos a los que son diferentes de nosotros, como si debido a esas diferencias ellos fueran mejores (no si eres blanco). Políticamente correcto es un llamado a ignorar el carácter de la persona centrándonos sólo en el color de su piel, su género u otra condición superflua.

Entiéndase que el objetivo del marxismo hoy sigue siendo el mismo que generaciones atrás, enfrentar a los trabajadores (el proletariado) contra la burguesía (ricos) y forzarlo a redistribuir su riqueza. Sin embargo, pretende lograr lo mismo mediante la corrección política (o multiculturalismo), obligando a la sociedad civil a rendir su libre pensamiento.

En otras palabras, se utiliza la presión social para obligar a la gente a aceptar nuevos valores y principios relegando esos molestos valores bíblicos. Por ejemplo, si una persona no está de acuerdo con el estilo de vida homosexual, rápidamente se enfrentara a “! DETEN EL ODIO!” entre otros comentarios diseñados para avergonzarla y conducirla a un sumiso silencio.

No importa si la persona realmente odia o no la homosexualidad. La idea aquí es que supoliticamente-correcto-libertad-expresion desacuerdo sea expuesto como odio y acusarlo de eso. Pronto, en el momento que alguien se atreva a afirmar su desacuerdo con ese estilo de vida, será verbalmente atacado e injuriado como alguien que odia al homosexual. Así eventualmente, aunque solo estén en desacuerdo con la homosexualidad las personas comienzan a mantenerse calladas. Es decir la corrección política se utiliza para forzarlo a aceptar un nuevo valor, suprimiéndole el de su tradición.

Estos insólitos valores también son acompañados por la promoción y constante repetición en los medios de comunicación, la educación y los negocios. Los teóricos marxistas a través de las últimas tres o cuatro generaciones hasta hoy, se ocultaron en grupos académicos detrás de los muros de nuestras universidades, en revistas de como Fortune 500,  tras películas de Hollywood y en la industria musical. También llenan los pasillos del Congreso. Desde estas posiciones de poder, los marxistas han redefinido valores fundamentales para nuestra sociedad. Mientras calladamente ocurría esta metamorfosis, creo que muchos fuimos sorprendidos totalmente fuera de guardia  y ahora tratamos de ponernos al día.

El principal problema con la corrección política (como la variedad multicultural) es que “en la mayoría de estos dogmas y tabúes podemos encontrar una creencia oculta que nunca  fue examinada correctamente y mucho menos probada, aun así, no puede ser cuestionada”. [1] La persona que dijo esto, Zuriel Redwood, utiliza el ejemplo de la homosexualidad perfectamente. Zuriel lo explica diciendo: “todo el movimiento de los derechos homosexuales se basa en el supuesto de que el homosexual nace homosexual. El dogma insiste en que ser homosexual no es una opción. Basado en este supuesto, sugiere la lógica que cualquier argumento en contra de los reclamos homosexuales es intrínsecamente injusto. Quien se oponga a la idea de los homosexuales en las fuerzas armadas es acusado inmediatamente de odiarlos”. [2]

El principio básico fundamental, que las personas nacen homosexuales, nunca ha sido probado. Redwood dice que mientras algunas personas posiblemente nacen homosexuales, no tenemos una pizca de evidencia o prueba concluyente que apoye el concepto/creencia de que todo homosexual, nació como tal y no que fue una elección personal. Sin embargo, por la presión social creada por la corrección política, esta conjetura (que el  homosexual nace así) aun sin pruebas es  aceptada como verdad.

Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa. Si miramos a través de las Escrituras, encontramos muchos ejemplos de personas que no claudicaron ante la presión social, manteniendo su integridad siguieron la verdad de Dios independientemente de lo que pudiera sucederles.

Políticamente correcto es una fuerza en la sociedad que moldea y forma no sólo lo que la gente dice y hace, al final hasta lo que piensa. “El Bolchevismo soviético dio lugar a la corrección política tal como la conocemos hoy. El término se refería a las acciones o declaraciones aunque no  ilegales, iban en contra de los estándares aprobados de la dirigencia política. Ser políticamente incorrecto no fue necesariamente castigado legalmente, pero tuvo consecuencias políticas”. [3]

Hoy, ser políticamente correcto significa evitar acciones y palabras que pudieran ofender las sensibilidades de los que se consideran víctimas de la sociedad (minorías). Sin embargo, es llevado al ridículo extremo, siendo lo más preocupante la aplicación legislativa de la corrección política. Sabemos que se han promulgado leyes en el Reino Unido que prohíben a la gente de decir ciertas cosas. ¿Llamarlo homosexualidad? “pecado” ¡Prepárate, será arrestado e ir a la cárcel! Lo mismo sucede ahora en Canadá, donde se aprobó una ley que prohíbe el uso de la palabra “sodomita” al referirse a un homosexual.

En esencia, el marxismo hoy emplea el multiculturalismo (a través de lo políticamente correcto) para cambiar las normas sociales y valores desde adentro, mientras que ayer los marxistas intentaban cambiar la sociedad desde fuera, asimiento el control a través de la oposición violenta. Obviamente, es mucho más efectivo cambiar la sociedad desde dentro. Aunque lograrlo toma mucho más tiempo, tiene más poder de permanencia.

Los izquierdistas están usando lo políticamente correcto para arruinar la sociedad. Apelan al anclaje sentimental y emocional de la persona. Nos dicen que “si se siente bien no es malo”. La corrección política ha creado una paleta siempre cambiante sobre la virtud de las emociones por las que la gente toma sus decisiones. La corrección política es un método sin basamento alguno en la Verdad real sustantiva. No es absoluta. Simplemente busca cerrar la discusión o la acción que considere ofensiva y lo hará con leyes si es necesario.

[1] Redwood, Zuriel (29 / 08 / 2012). Minoría bolchevismo (Kindle ubicaciones 1050-1051). Kindle Edition.
[2] Ibíd., Kindle ubicaciones 1038-1041
[3] Ibídem, Kindle ubicaciones 1059-1062

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 CORRECCIÓN POLÍTICA1

El ropaje y la catadura

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«A caballo entre la ignorancia histórica, el postureo y la mala fe, quienes convocan una huelga general feminista para protestar por la discriminación prescinden de que sigue vigente el engendro zapateril de la ‘discriminación positiva’.»

Por  en Libertad Digital

Tras el auge del terrorismo comunista en los años 70 y 80, respaldado de modo más o menos abierto por una industria cultural inclinada a ver en Marx «sencillamente la verdad objetiva» (Sartre), la implosión soviética supuso para esa conciencia entrar en una fase de espora, donde seguiría hasta descubrir aliados en el integrismo islámico y en el imperio académico de la posmodernidad.

Roma, por ejemplo, perdió muchos catecúmenos fervorosos no suscribiendo «la preferencia de Dios por el pobre» llamada Teología de la Liberación, y explicó sus objeciones en la Libertatis Nuntius (1984), un extenso informe de Ratzinger dedicado a mostrar el compromiso de dicho movimiento con la lucha de clases. Pero desde 2013 el solideo papal lo ostenta un adalid de la rama bautizada como Iglesia del Pueblo, que hoy reclama la santificación de 69 mártires asesinados en la franja de terreno comprendida entre Canadá y la Patagonia, todos ellos por defender «la permanente e incondicional apuesta de Dios contra los encumbrados, y a favor de los humillados».

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El papa Francisco llama «pueblo de Dios» al conjunto de «los excluidos por la globalización», y está sin duda en lo cierto cuando alega que el comunismo no es un fenómeno reciente, sino fidelidad a la condena del rico –espiritual y material– expuesta por el Sermón de la Montaña, núcleo a su vez de la verdad revelada. Cree que los satisfechos son tan culpables de los insatisfechos como los prósperos de los míseros, y en 2016 se besó repetidamente con los imames supremos del Islam chiita y sunita, mediando gestos de cordialidad tan emocionada como los mostrados al encontrarse con Fidel y Maduro.

 

En El sueño zapatista, que demostró la potencia editorial del marxismo publicándose simultáneamente en nueve lenguas, el subcomandante Marcos explica que «la caída del Muro significó el desierto, la soledad, lo irreal del mundo por el que luchábamos (…) sin dar lugar a un mundo mejor, más abierto, más plural, sino a un ascenso de la derecha», y en Chiapas se celebraría el primero de los Encuentros Internacionales por la Humanidad y contra el Neoliberalismo (1996).Lo abierto es el telón de acero, y el mundo plural lo contrario de la globalización, dos paradojas ilustrativas del respeto por la coherencia que caracteriza a un espíritu enemistado ante todo con la libertad responsable, y herido allí donde cualquier ciudadanía se emancipe de caudillos redentores.

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Si coordinamos el treno jeremíaco del subcomandante con el orden prosaico de cosas, descubriremos que aquella década coincidió con los mandatos de Clinton en los USA, y en Europa con otros tantos de laborismo británico y socialdemocracia, gracias a los cuales se consolidó una inversión pública sin precedente en enseñanza, sanidad, seguros sociales y pensiones. Esto le parece al subcomandante «ascenso de la derecha», porque el realismo de cuadrar gastos con ingresos ha logrado sostener el sistema asistencial más amplio de los anales, pero es anatema para el pobrismo victimista lograrlo con innovación económica y concordia política, correlacionando prestaciones y productividad.

Desde 2000, cuando el adversario se concreta en la Organización Mundial del Comercio, los disturbios ligados a cada una de sus reuniones exhiben lo que Fernando Savater llama «izquierda centrifugada», y el Foro de Porto Alegre abre el año siguiente enumerando algo más de 1.400 tendencias –algunas unipersonales–, detalladas por sus organizadores como testimonio de fortaleza y universalidad. Todos coinciden en que «la miseria se agudiza vertiginosamente», una tesis avanzada por Marx en 1848, a su juicio compatible con que en 2018 el planeta sostenga diez veces más habitantes, y haya multiplicado por tres tanto la esperanza de vida como la renta per cápita.

Siglo y medio de experiencia no basta para tocar una coma de la idea fija, que empezó blindándose como revelación y quiso luego pasar por humanismo, basada siempre en que «los de abajo» se venguen al fin de «los de arriba». Partiendo de conceptos tan veraces como la conspiranoia, y brújulas tan ecuánimes como el rencor de clase, la idea fija da por seguro que «la fría lógica de la ganancia» debe domarse con «lo irresistible del deseo profético». Son palabras del profesor A. Negri, cuyo ensayo Imperio (2003) refleja tanto como El sueño zapatista la nostalgia por el Muro, deplorando «la facilidad con la cual cruzan fronteras las tecnologías, las personas y los bienes».

La última novedad en este orden cosas es el rencor de género, que ha decidido ligar capitalismo con virilidad como el subcomandante Marcos unía la indigencia con un crecimiento de la derecha, aunque desde finales de los años 40 hubiese optado en toda Europa por engrosar el centro. A caballo entre la ignorancia histórica, el postureo y la mala fe, quienes convocan una huelga general feminista para protestar por la discriminación prescinden, para empezar, de que sigue vigente sine die el engendro zapateril llamado discriminación positiva, como si discriminar no fuese la esencia de lo injusto, y en este preciso campo un estímulo para pervertir abierta o veladamente el principio constitucional de igualdad ante la ley, y el afán de igualar también las oportunidades.

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Tanteando hasta dónde podría la izquierda centrifugada rascar algún voto extra, y como una especie de plebiscito informal sobre el posible retroceso de Podemos y afines, dicha jornada de paro muestra la misma indiferencia hacia el rendimiento de empresas y servicios que los disconformes genéricamente con la existencia de mercancías, porque llamar la atención sobre el grupo autobautizado como 8-M prima sobre cualquier perjuicio o molestia a terceros, por supuesto de ambos sexos.

Tras almorzar, cuando Libertad Digital me invitó a escribir algo sobre esta huelga, pregunté a mi mujer qué opinaba de la iniciativa, y me dijo textualmente: «No nací víctima, y agradezco haber nacido en un país donde he tenido todas las oportunidades que quise tener». ¿Cuántas españolas piensan lo mismo? ¿Y cuántas coinciden en ver un sesgo ideológico tan siniestro como contraproducente en el paquete zapateril de medidas dirigidas a prevenir y castigar la violencia de género? Ojalá lo supiera, porque el seguimiento de la iniciativa anti «heteropatriarcal» bien podría depender mucho más de pereza y gregarismo que de plantearse el fondo del asunto, y los convocantes han dado por eso muestras de aptitud en la asignatura llamada «agitprop» desde Lenin.

En todo caso, quienes firman el manifiesto publicado anteayer llaman «a celebrar el 8 de marzo que la gran mayoría de las mujeres en España somos libres para elegir carrera profesional, trabajo y tipo de vida». Olé sus arrestos, y olé su cordura, que serán sin duda necesarios para capear la nueva invitación al resentimiento, y la deslealtad de omitir los progresos realizados. Nadie en sus cabales negará que la española puede ampliar esos logros, pero no será vistiendo a las monas de seda, ni sustituyendo una evolución gradual por decretos.

No por llamarse subcomandante perderá quien usa el alias Marcos sus ansias de Comandante Supremo, y no por representar a la Iglesia de Roma dejará Bergoglio de confraternizar al tiempo con dictadores rojos y pontífices de una religión que manda matar al apóstata, y trata a la mujer como menor de edad perpetuo. Tampoco decir que defiende la igualdad le quitará su rabia vindicativa al feminismo del 8-M, empeñado en trasladar la guerra civil al ámbito de la relación sexual.

UNA DE «CUANDO LA GUERRA…»

 

No me gusta escribir sobre La Guerra Civil, sobre la última, porque aquí desde el siglo XIX, eso de acuchillarnos unos a otros por envidias, rencillas, lindes y etcéteras es deporte nacional y una de nuestras peores (y tenemos muchas) costumbres autodestructivas…

Pero el otro día, una señora mayor, una anciana que tiene en su casa más libros que yo pelos en la cabeza, me contó una historia.

Una historia real, vivida por ella y su familia durante aquellos negros días. Una historia que ilustra lo que fue aquel conflicto, y todos al fin y al cabo, una sarracina de pueblo inculto arrastrado por los intereses de unos y de otros. Apóstoles todos de los mas altos valores, dueños de la verdad indiscutible.

Una historia no de frentes y batallas, no de heroísmo, no de acciones de hombres valientes contra hombres valientes.

Una historia de retaguardia. De ratas disfrazadas de libertadores y de uniformados para los que el honor estaba en el fondo de una botella.

Relata cómo nos volvemos, cómo nos cegamos, cómo aprovechamos para saldar cuentas con el vecino. Amparados por la masa cometieron mil tropelías, mil canalladas, y las cometieron todos, sin excepción. Sin distingos, uniendo en la maldad y la vergüenza a rojos y a azules…

Y el pobre Pueblo Español, desangrado, abandonado, perdido entre cirios o entre eslóganes altisonantes, engañado y vendido, pobre gente ignorante y atrasada, que solo quiere pan y paz y futuro, y que siempre se lo niegan, que siempre se lo roban los que se aprovechan, los que siempre sobreviven, sean de derechas o izquierdas, la mugre que nos tapa el sol, la negra y dura conciencia, la maldita costumbre española, de chocar siempre, contra la misma piedra.

Nuestra protagonista era una cría cuando aquello. Una pequeña que iba a la escuela, a la que no faltaba un plato de comida, que iba a Misa los domingos con sus papás y con el resto del pueblo…

Era un poco privilegiada, ella misma lo reconoce, pero es que su padre, se ganaba un buen jornal, llevándole al Señorito, las cuentas del cortijo…

Contable. En aquella España de analfabetos, tan parecida a la de ahora, saber leer y escribir y las cuatro reglas era todo un lujo, y si además, siendo humilde, habías conseguido estudiar, como su padre, y sabías de cuentas y asientos, se te rifaban…

Y eso le había pasado a su padre, que tras años de sacrificio, estudio y esfuerzo, siendo hijo de un pobre minero de Alquife, había sacado sus estudios de contabilidad en la capital, trabajando como un burro en los mercados y estudiando hasta la madrugada.

Por eso ahora, podía pagar la escuela de sus hijos, y en su mesa se comía a diario, y los domingos, incluso, había carne. Algún pato, liebre, conejo o perdiz que el Señorito le regalaba…

El hombre nunca había expresado sus ideas políticas en público, no las tenía, me dice su hija, nunca las tuvo. Era un hombre honrado, y con eso bastaba.

Llevaba las oscuras cuentas del Señorito, no se metía con nadie y su única diversión era el domingo, tras la misa, irse con sus amigos a la tasca, a jugar al dominó y a trasegarse un litro o dos, de buen vino añejo y hablar de la vida, cómo hablan los hombres entre el humo de cigarros y risas rudas.

Y entonces estalló la guerra.

Y el miedo ocupó la vida de la gente. Y las noticias de que se mataba sin freno, de que se violaba, de que se incendiaba, de que se fusilaba sin contemplaciones, corrió como la pólvora.

La viejecita recuerda con ojos tristes. No llora, dice que ya lo hizo de niña, a raudales, a litros. Y que aquellas lágrimas se las provocaron tanto unos, como otros.

Su pueblo quedó en ese terreno incierto que es la línea frontera entre los unos y los otros. Tomado ahora por los de la hoz, ahora por los de las camisas azules. Mío, tuyo, tuyo, mío…

Un día, llegaron al pueblo unos que se decían milicianos, gente bruta, ruda, guiados por las consignas revolucionarias de algún iluminado lector de Marx.

Camiones atestados de gente armada, con gorrillos cuarteleros y pañuelos al cuello, los puños en alto entonando el himno anarquista, o alguno de ésos, a mí, me sonaban todos iguales, dice la anciana.

Se llevaron al Señorito, alcalde, al cura y al maestro, curiosa costumbre la de los marxistas de llevarse siempre por delante a los que enseñan, a los que tienen cultura, se los llevaron y nada se volvió a saber de ellos.

Todo el mundo sabía, sin embargo, que los habían matado. Pero nadie podía decir nada.

La segunda noche, se llevaron a su padre. Y al capataz del cortijo, y a Paco el barbero, al que le habían cogido escondida, una bandera de España, de las de antes…

La anciana se estremece un poco al recordar. Imagino a la niña llorando, abrazada a su madre y a sus hermanillos, mientras los puercos se desparraman por su hogar, vuelcan las mesas, roban las joyas, toquetean a la madre, incluso a ella la miran lascivos, y por fin, se llevan a su padre, maniatado gritándole fascista y cabrón y te vamos a dar matarile…

Tres días estuvo fuera su padre. Tres días de luto en la casa, de llanto y de dolor, de rabia, de odio, tres días en los que la desgracia y la muerte fueron sus compañeras…

El tercer día llegó a lomos de un borrico, el aguador que traía el agua fresca de la sierra, lo había encontrado medio muerto, apaleado, a un lado del camino, donde La Fuente Grande…. De los que con él se fueron, jamás se supo…

Cambió, me dice la anciana. Se volvió huraño y desconfiado. Nunca nos contó lo que pasó en el bosque, pero de ser un hombre decidido y fuerte, pasó a ser una piltrafa destruida y acabada…Nos costó años recuperarle…Y todavía no habían terminado con él…

Un par de meses después, con los frentes estables, y la calma chicha haciendo de las retaguardias un infierno, llegaron al pueblo los nuevos mandamases, con mucha trompeta y boato repartieron las tierras y destrozaron la iglesia…

Y claro, traían burocracia, papeleo, cuentas…

Y alguno fue con el cuento, de que el “fascista ése” sabía de números y de cuadrar libros…

Y lo pusieron a trabajar… Ahora todo era camarada y palmaditas en la espalda, siempre con la espada de Damocles encima, de su pasado fascista…

Y al hombre no le quedó más remedio, se puso manos a la obra, a llevar libros de cuentas y a distribuir los recursos entre las milicias…

Y entonces empezaron a perder la guerra…

La anciana ahora sonríe con amargura… Mi pobre madre, dice, esperaba más de los que llegaron…Más diferencias…Pero no las había…

Una mañana aparecieron unos moros, la gente corría de espanto a refugiarse en sus casas. Pero sólo pasaron, sorprendidos de que allí, no hubiese resistencia ni milicianos ni a Cristo por las calles.

Tampoco la anciana se queja de la soldadesca que después invadió el pueblo, bebían y gritaban, alguna paliza dieron y a alguna moza violentaron, pero lo malo llegó después.

Cuando de nuevo se estabilizó la cosa y en la retaguardia se queda el poso de venganza, las ganas de revancha y la maligna presencia de los hombres oscuros.

Su padre, que jamás se había metido en política, que había estudiado, que tenía cultura, al que casi fusilan los rojos, fue detenido una noche. Casi igual que la primera vez, patada en la puerta, camisas azules y mosquetones, miradas de odio, esta vez pintado con papeles de legalidad…

Y se lo llevaron…

Y otra vez el miedo y el terror por la persona amada, la incertidumbre, la pena, la tristeza…

La abuela vuelve a tener la expresión sombría…Y tuvo suerte, mucha…

Otros no pudieron decir lo mismo. A mi padre lo soltaron, porque lo reconoció, uno del pueblo que era capitán de La Legión, y lo había liberado…

Ya se lo llevaban vaya usted a saber donde… Su nombre aparecía en libros de cuentas capturados al enemigo. Un rojo con estudios, los más peligrosos, artistas e intelectuales de mierda, decían…

Ella se levanta, los viejos huesos crujiendo, a mi no se porqué, me viene a la cabeza que la viejita encorvada es como mi amada España.

Vapuleada, dolorida, vieja y cansada. Harta de ver en su vida tan solo malos gobiernos, hambres, miserias y guerras. Harta de ver como sus hijos entre ellos se maltratan, se pelean, los ojos se arrancan. Harta de querer y no poder, harta de que no la dejemos ser lo que debe ser.

Esta es la historia que La Señora me contó, sin rencores, sin odios, mirando atrás con mirada serena y lúcida.

Cerrando las heridas y convirtiéndolas en cicatrices, en recuerdos, en lecciones aprendidas.

Una cosa que deberíamos hacer, el resto de españoles…Pero, como siempre fue, no nos da la gana. Cómo decimos aquí: No nos sale de los cojones.

Abrazos Rojigualdos.

AUTOR: A, Villegas Glez. 31/1/12

UN PASEO POR EL TIEMPO

EL PASADO
Granada, 10 de Mayo 1478 D.C.

Esther, joven judía de 15 años. Su familia ha sido asesinada a manos de un sicario sarraceno, Muhamad Al Jaadi. Su casa y enseres arrasados y calcinados por el fuego. Ella, tras sufrir numerosas violaciones es conducida al harem del sultán Abu I Hassan (o Alí Muley Hacen), Allí tras dos años de vejaciones muere envenenada por la favorita del sultán, Zoraya, anteriormente noble castellana llamada Isabel de Solís. Tras una tortura agónica de golpes muy bien administrados para no dejar marcas evidentes le administró una onza de arsénico y acabó con ella.

EL PRESENTE
Turquía 10 de Agosto 2004 D.C.

Helena, mujer cristiana de 24 años, acaba de ser madre hace escasamente cinco meses. Su familia, bebé incluido, ha sido víctima de un atentado perpetrado en un hotel de Estambul reivindicado por las Brigadas Abu Hafs Al Masri, una de las organizaciones de Al Qaida. Todos muertos excepto ella.
Ha sido raptada y vendida a una red de prostitución en Dubai.Fallece víctima de Sida a los 29 años.

FUTURO INMEDIATO
Barcelona, 10 de Diciembre año 42 T.A.I. (Tras el advenimiento del Islam) 2122 D.C.

Tres mujeres: Aaminah, Myriam y Marina, residentes en Barcelona, ciudad de Al Andalus. Procedentes de antiguas familias, musulmana, hebrea y católica respectivamente.
El islam se ha instaurado en el mundo occidental y se prohibe y castiga profesar cualquier otra fe. La sharia es la única ley existente.
Pero en el seno de algunas familias la tradición oral sobre otros modus vivendi del pasado aun sobrevive.
Esas jóvenes tienen algo en común, las tres son esposas de un próspero empresario, Muhammad Saleem. A pesar de haber recibido educación superior muy esmerada, eso no ha sido óbice para que hayan sido adquiridas como esposas por el amo que las posee. Afortunadamente, dentro de su hogar del que apenas salen no son sometidas a una estricta vigilancia por el marido siempre ocupado.

FUTURO, 30 AÑOS DESPUÉS, 72 D.A.I, 2152 D.C.

Entre estas tres mujeres han traído al mundo diecisiete hijos. En secreto han ido imbuyendo en ellos el rechazo por el totalitarismo del islam. Eso sí, han puesto sumo cuidado en no hacerlo evidente a los ojos y oídos que les rodean.

FUTURO, 50 AÑOS DESPUES, 132 D.A.I., 2202 D.C.

Los descendientes de esas tres disidentes del islam ya son trescientos, cifra irrisoria para iniciar un levantamiento si. Pero trescientos fueron los soldados de las Termópilas y también con los que dispuso Pelayo para iniciar la Reconquista en la anterior invasión del territorio hispano.
Cierto que pasaron siglos antes que los Reyes Católicos los expulsaran, pero el asturiano inicio la lucha.

Esta vez es distinto. El islam ha tomado el antiguo mundo occidental y no deja resquicio para ninguna libertad individual.
Precisamente por eso, entre la población aunque en silencio recóndito por el miedo a las represalias, todavía bulle un grito callado de liberación.

Los descendientes de las tres esposas han sembrado la idea de un mundo distinto. han transmitido la posibilidad de vivir de otra forma, recuerdos de otros tiempos donde se permitía la libertad de pensamiento.

El islam se impuso por medio del terror, jamás por convencimiento.
Y esos trescientos serán la simiente de la que germine la clandestinidad de nuevas generaciones disconformes que en silencio se alzarán un día con la misma táctica que ellos se impusieron…Conquistar con el vientre de sus mujeres, tener multitud de hijos y educarlos en la oposición.
Se les preprará para que inicien una diáspora al estilo de los judios, diseminándose por todo el mundo, que es quizás la única forma de no desaparecer como entidad cultural y con suerte en años, un par de siglos ¿quién sabe? se levantarán en masa.

Y ya no se tratará de cometer de nuevo el error de expulsarlos como antaño, porque no habrá un reducto en la tierra que desee alojar de nuevo la semilla del mal, so riesgo de que vuelva a brotar.
La misión será ERRADICARLOS como entidad.

Quizás esta vez sean las mujeres las impulsoras del cambio a traves de la transmisión de la cultura olvidada a los hijos, a fin de cuentas las tradiciones y los recuerdos… los cuentos proviene en su mayoría de la tradición oral de las madres.

Porque, hoy, en el presente todavía… si no tomamos medidas a tiempo para evitarlo solo quedará decir en breve…BIENVENIDOSS AL ISLAM!!

LOS VICIOS NO SON DELITOS.

 

Los vicios no son delitos

Por Lysander Spooner
Traducido por Mariano Bas Uribe

Una reivindicación de la libertad moral

Escrito en 1875. Puede leerse la versión original aquí.

I.

Vicios son aquellos actos por los que un hombre se daña a sí mismo o a su propiedad.

Delitos o crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña la persona o propiedad de otro.

Los vicios son simplemente los errores que un hombre comete en la búsqueda de su propia felicidad. Al contrario que los delitos, no implican malicia hacia otros, ni interferencia con sus personas o propiedades.

En los vicios falta la verdadera esencia del delito (esto es, la intención de lesionar la persona o propiedad de otro).

En un principio legal que no puede haber delito sin voluntad criminal; esto es, sin la voluntad de invadir la persona o propiedad de otro. Pero nunca nadie practica un vicio con esa voluntad criminosa. Practica su vicio solamente por su propia satisfacción y no por malicia alguna hacia otros.

En tanto no se haga y reconozca legalmente esta clara distinción entre vicios y delitos, no puede haber en la tierra cosas como el derecho individual, la libertad o la propiedad; cosas como el derecho de un hombre a controlar su propia persona y propiedad y los correspondientes derechos de otro hombre a controlar su propia persona y propiedad.

Para un gobierno, declarar un vicio como delito y penalizarlo como tal, es un intento de falsificar la verdadera naturaleza de las cosas. Es tan absurdo como sería declarar lo verdadero, falso o lo falso, verdadero.

II.

Cada acto voluntario de la vida de un hombre es virtuoso o vicioso. Quiere decirse que está de acuerdo o en conflicto con las leyes naturales de la materia y el pensamiento, de las que depende su salud y bienestar físico, mental y emocional. En otras palabras, todo acto de su vida tiende, en general o bien a su satisfacción o a su insatisfacción. Ningún acto de su existencia resulta indiferente.

Más aún, cada ser humano difiere de los demás seres humanos en su constitución física, mental y emocional y también en las circunstancias que le rodean. Por tanto, muchos actos que resultan virtuosos y tienden a la satisfacción, en el caso de una persona, son viciosos y tienden a la insatisfacción, en el caso de otra.

También muchos actos que son virtuosos y tienden a la satisfacción en el caso de un hombre en un momento dado y bajo ciertas circunstancias, resultan ser viciosos y tender a la insatisfacción en el caso de la misma persona en otro momento y bajo otras circunstancias.

III.

Saber qué acciones son virtuosas y cuáles viciosas (en otras palabras, saber qué acciones tienden, en general, a la satisfacción y cuáles a la insatisfacción) en el caso de cada hombre, en todas y cada una de las condiciones en las que pueda encontrarse es el estudio más profundo y complejo al que nunca se haya dedicado o pueda nunca dedicarse la mejor mente humana. Sin embargo, es un estudio constante que cada hombre (tanto el más pobre como el más grande en intelecto) debe necesariamente realizar a partir de los deseos y necesidades de su propia existencia. También es un estudio en que cada persona, de su cuna a su tumba, debe formar sus propias conclusiones, porque nadie sabe o siente, o puede saber o sentir, como él mismo sabe y siente los deseos y necesidades, las esperanzas y los temores y los impulsos de su propia naturaleza o la presión de sus propias circunstancias.

IV.

A menudo no es posible decir de aquellos actos denominados vicios que lo sean realmente, excepto a partir de cierto grado. Es decir, es difícil decir de cualquier acción o actividad, que se denomine vicio, que realmente hubiera sido vicio si se hubiera detenido antes de determinado punto. La cuestión de la virtud o el vicio, por tanto, en todos esos casos es una cuestión de cantidad y grado y no del carácter intrínseco de cualquier acto aislado por sí mismo. A este hecho se añade la dificultad, por no decir la imposibilidad, de que alguien (excepto cada individuo por sí mismo) trace la línea adecuada o algo que se le parezca; es decir, indicar dónde termina la virtud y empieza el vicio. Y ésta es otra razón por la que toda la cuestión de la virtud y el vicio debería dejarse a cada persona para que la resuelva por sí misma.

V.

Los vicios son normalmente placenteros, al menos por un tiempo y a menudo no se descubren como vicios, por sus efectos, hasta después de que se han practicado durante años, quizás una vida entera. Muchos, quizá la mayoría, de los que los practican, no los descubren como vicios en toda su vida. Las virtudes, por otro lado, a menudo parecen tan duras y severas, requieren al menos el sacrificio de tanta satisfacción inmediata y los resultados, que son los que prueban que son virtudes, son a menudo de hecho tan distantes y oscuros, tan absolutamente invisibles en la mente de muchos, especialmente de los jóvenes, que, por su propia naturaleza, no puede ser de conocimiento universal, ni siquiera general, que son virtudes. En realidad, los estudios de profundos filósofos se han dedicado (si no totalmente en vano, sin duda con escasos resultados) a esforzarse en trazar los límites entre las virtudes y los vicios.

Si, por tanto, resulta tan difícil, casi imposible en la mayoría de los casos, determinar qué es vicio y qué no, o en concreto si es tan difícil, en casi todos los casos, determinar dónde termina la virtud y empieza el vicio, y si estas cuestiones, que nadie puede real y verdaderamente determinar para nadie salvo para sí mismo, no se dejan libres y abiertas para que todos las experimenten, cada persona se ve privada del principal de todos sus derechos como ser humano, es decir: su derecho a inquirir, investigar, razonar, intentar experimentos, juzgar y establecer por sí mismo qué es, para él, virtud y qué es, para él, vicio; en otras palabras, qué es lo que, en general, le produce satisfacción y qué es lo que, en general, le produce insatisfacción. Si este importante derecho no se deja libre y abierto para todos, entonces se deniega el derecho de cada hombre, como ser humano racional, a la “libertad y la búsqueda de la felicidad”.

VI.

Todos venimos al mundo ignorando todo lo que se refiere a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Por una ley fundamental de nuestra naturaleza todos nos vemos impulsados por el deseo de felicidad y el miedo al dolor. Pero tenemos que aprender todo respecto de qué nos produce satisfacción o felicidad y nos evita el dolor. Ninguno de nosotros es completamente parecido, física, mental o emocionalmente o, en consecuencia, en nuestros requisitos físicos, mentales o emocionales para obtener satisfacción y evitar la insatisfacción. Por tanto, nadie puede aprender de otro esta lección indispensable de la satisfacción y la insatisfacción, de la virtud y el vicio. Cada uno debe aprender por sí mismo. Para aprender, debe tener libertad para experimentar lo que considere pertinente para formarse un juicio. Algunos de estos experimentos tienen éxito y, como lo tienen, se les denomina virtudes; otros fracasan y, precisamente por fracasar, se les denomina vicios. Se obtiene tanta sabiduría de los fracasos como de los éxitos, de los llamados vicios como de las llamadas virtudes. Ambos son necesarios para la adquisición de ese conocimiento (de nuestra propia naturaleza y del mundo que nos rodea y de nuestras adaptaciones o inadaptaciones a cada uno), que nos mostrará cómo se adquiere felicidad y se evita el dolor. Y, salvo que se permita intentar satisfactoriamente esta experimentación, se nos restringiría la adquisición de conocimiento y consecuentemente buscar el gran propósito y tarea de nuestra vida.

VII.

Un hombre no está obligado a aceptar la palabra de otro, o someterse a la autoridad de alguien en un asunto tan vital para él y sobre el que nadie más tiene, o puede tener, un interés como el que él mismo tiene. No puede, aunque quisiera, confiar con seguridad en las opiniones de otros hombres, porque encontrará que las opiniones de otros hombres no son coincidentes. Ciertas acciones, o secuencias de acciones, han sido realizadas por muchos millones de hombres, a través de sucesivas generaciones, y han sido por ellos consideradas, en general, como conducentes a la satisfacción, y por tanto virtuosas. Otros hombres, en otras épocas o países, o bajo otras condiciones, han considerado, como consecuencia de su experiencia y observación, que esas acciones tienden, en general, a la insatisfacción, y son por tanto viciosas. La cuestión de la virtud y el vicio, como ya se ha indicado en la sección previa, también se ha considerado, para la mayoría de los pensadores, como una cuestión de grado, esto es, de hasta qué nivel deben realizarse ciertas acciones, y no del carácter intrínseco de un acto aislado por sí mismo. Las cuestiones acerca de la virtud y el vicio por tanto han sido tan variadas y, de hecho, tan infinitas, como las variedades de mentes, cuerpos y condiciones de los diferentes individuos que habitan el mundo. Y la experiencia de siglos ha dejado sin resolver un número infinito de estas cuestiones. De hecho, difícilmente puede decirse que se haya resuelto alguna.

VIII.

En medio de esta inacabable variedad de opiniones, ¿qué hombre o grupo de hombres tiene derecho a decir, respecto de cualquier acción o series de acciones “Hemos intentado este experimento y determinado todas las cuestiones relacionadas con él. Lo hemos determinado no sólo para nosotros, sino para todos los demás. Y respecto de todos los que son más débiles que nosotros, les obligaremos a actuar de acuerdo con nuestras conclusiones. No puede haber más experimentos posibles sobre ello por parte de nadie y por tanto, no puede haber más conocimientos por parte de nadie”?

¿Quiénes son los hombres que tienen derecho a decir esto? Sin duda, ninguno. Los hombres que de verdad lo han dicho o bien son descarados impostores y tiranos, que detendrían el progreso del conocimiento y usurparían un control absoluto sobre las mentes y cuerpos de sus semejantes, a los que debemos resistirnos instantáneamente y hasta el final; o bien son demasiado ignorantes de su propia debilidad y de sus relaciones reales con otros hombres como para merecer otra consideración que la simple piedad o el desdén.

Sabemos sin embargo que hay hombres así en el mundo. Algunos intentan ejercitar su poder sólo en una esfera pequeña, por ejemplo, sobre sus hijos, vecinos, conciudadanos y compatriotas. Otros intentan ejercitarlo a un nivel mayor. Por ejemplo, un anciano en Roma, ayudado por unos pocos subordinados, intenta decidir acerca de todas las cuestiones de la virtud y el vicio, es decir, de la verdad y la mentira, especialmente en asuntos de religión. Afirma conocer y enseñar qué ideas y prácticas religiosas son beneficiosas o perjudiciales para la felicidad del hombre, no sólo en este mundo, sino en el venidero. Afirma estar milagrosamente inspirado para realizar su trabajo y así virtualmente conocer, como hombre sensible, que nada menos que esa inspiración milagrosa le cualifica para ello. Sin embargo esa inspiración milagrosa no le ha resultado suficiente para permitirle responder más que unas pocas cuestiones. La más importante que los comunes mortales pueden conocer ¡es una creencia implícita en su infalibilidad (del papa)! y en segundo lugar que los peores vicios de los que podemos ser culpables son ¡creer y declarar que sólo es un hombre como el resto!

Hicieron falta entre quince y dieciocho siglos para permitirle llegar a conclusiones definitivas acerca de estos dos puntos vitales. Y aún parece que el primero debe ser previo a resolver cualquier otra cuestión, porque hasta que no se determinó su propia infalibilidad, no tenía autoridad para decidir otra cosa. Sin embargo, hasta ese momento, intentó o pretendió establecer unas pocas más. Y quizás pueda intentar establecer unas pocas más en el futuro, si continuara encontrando quien le escuche. Pero sin duda su éxito no apoya, hasta ahora, la creencia de que será capaz de resolver todas las cuestiones acerca de la virtud y el vicio, incluso en su peculiar área religiosa, a tiempo para satisfacer las necesidades de la humanidad. Él, o sus sucesores, sin duda, se verán obligados, en poco tiempo, a reconocer que ha asumido una tarea para la cual toda su inspiración milagrosa resultaba inadecuada y que, necesariamente, debe dejarse a cada ser humano que resuelva todas las cuestiones de este tipo por sí mismo. Y es razonable esperar que los demás papas, en otras áreas menores, tengan en algún momento motivos para llegar a la misma conclusión. Sin duda, nadie, sin afirmar una inspiración sobrenatural, debería asumir una tarea para la que obviamente es necesaria una inspiración de ese tipo. Y, sin duda, nadie someterá su propio juicio a las enseñanzas de otros, antes de convencerse de que éstos tienen algo más que un conocimiento humano ordinario sobre esta materia.

Si esas personas, que se muestran a sí mismos como adornadas tanto por el poder como por el derecho a definir y castigar los vicios de otros hombres dirigieran sus pensamientos hacia sí mismos, probablemente descubrirían que tienen mucho trabajo a realizar en casa, y que, cuando éste se completara, estarían poco dispuestos a hacer más con el fin de corregir los vicios de otros que sencillamente comunicar los resultados de su experiencia y observaciones. En este ámbito sus trabajos podrían posiblemente ser útiles, pero en el campo de la infalibilidad y la coerción, probablemente, por razones bien conocidas, se encontrarían con incluso menos éxito en el futuro que el que hubieran tenido en el pasado.

IX.

Por las razones dadas, ahora resulta obvio que el gobierno sería completamente impracticable si tuviera que ocuparse de los vicios y castigarlos como delitos. Cada ser humano tiene sus vicios. Casi todos los hombres tienen multitud. Y son de todo tipo: fisiológicos, mentales, emocionales, religiosos, sociales, comerciales, industriales, económicos, etc., etc. Si el gobierno tuviera que ocuparse de cualquiera de esos vicios y castigarlos como delitos, entonces, para ser coherente, debe ocuparse de todos ellos y castigar a todos imparcialmente. La consecuencia sería que todo el mundo estaría en prisión por sus vicios. No quedaría nadie fuera para cerrarles las puertas. De hecho no podrían constituirse suficientes tribunales para procesar a los delincuentes, ni construirse suficientes prisiones para internarlos. Toda la industria humana de la adquisición de conocimiento e incluso de obtener medios de subsistencia debería frenarse, ya que todos deberíamos ser siendo juzgados constantemente o en prisión por nuestros vicios. Pero aunque fuera posible poner en prisión a todos los viciosos, nuestro conocimiento de la naturaleza humana nos dice que, como norma general, habría, con mucho, más gente en prisión por sus vicios que fuera de ella.

X.

Un gobierno que castigara imparcialmente todos los vicios es una imposibilidad tan obvia que no hay ni habrá nunca nadie lo suficientemente loco como para proponerlo. Lo más que algunos proponen es que el gobierno castigue algunos, o como mucho unos pocos, de los que estime peores. Pero esta discriminación es completamente absurda, ilógica y tiránica. ¿Es correcto que algún hombre afirme: “Castigaremos los vicios de otros, pero nadie castigará los nuestros. Restringiremos a los otros su búsqueda de la felicidad de acuerdo con sus propias ideas, pero nadie nos restringirá la búsqueda de nuestra propia felicidad de acuerdo con nuestras ideas. Evitaremos que otros hombres adquieran conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno o necesario para su propia felicidad, pero nadie evitará que nosotros adquiramos conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno y necesario para nuestra propia felicidad”?

Nadie ha pensado nunca, excepto truhanes o idiotas, hacer suposiciones tan absurdas como éstas. Y aún así, evidentemente, sólo es bajo esas suposiciones que algunos afirman el derecho a penalizar los vicios de otros, al tiempo que piden que se les evite ser penalizados a su vez.

XI.

Nunca se hubiera pensado en algo como un gobierno, formado por asociación voluntaria, si el fin propuesto hubiera sido castigar imparcialmente todos los vicios, ya que nadie hubiera querido una institución así o se hubiera sometido voluntariamente a ella. Pero un gobierno, formado por asociación voluntaria, para el castigo de todos los delitos, es algo razonable, ya que todo el mundo quiere para sí mismo protección frente a todos los delitos de otros e igualmente acepta la justicia de su propio castigo si comete un delito.

XII.

Es una imposibilidad natural que un gobierno tenga derecho a penalizar a los hombres por sus vicios, porque es imposible que un gobierno tenga derecho alguno excepto los que tuvieran previamente, como individuos, los mismos individuos que lo compongan. No podrían delegar en un gobierno derechos que no posean por sí mismos. No podrían contribuir al gobierno con ningún derecho, excepto con los que ya poseen como individuos. Ahora bien, nadie, excepto un individuo o un impostor, puede pretender que, como individuo tenga derecho a castigar a otros hombres por sus vicios. Pero todos y cada uno tienen un derecho natural, como individuos, a castigar a otros hombres por sus delitos, puesto que todo el mundo tiene un derecho natural no sólo a defender su persona y propiedades frente a agresores, sino también a ayudar y defender a todos los demás cuya persona o propiedad se vean asaltadas. El derecho natural de cada individuo a defender su propia persona y propiedad frente a un agresor y ayudar y defender a cualquier otro cuya persona o propiedad se vea asaltada, es un derecho sin el cual los hombres no podrían existir en la tierra. Y el gobierno no tiene existencia legítima, excepto en tanto en cuanto abarque y se vea limitado por este derecho natural de los individuos. Pero la idea de que cada hombre tiene un derecho natural a decidir qué son virtudes y qué son vicios (es decir, qué contribuye a la felicidad de sus vecinos y qué no) y a castigarlos por todo lo que no contribuya a ello, es algo que nunca nadie ha tenido la imprudencia de afirmar. Son sólo aquéllos que afirman que el gobierno tiene algún poder legítimo, que ningún individuo o individuos les ha delegado o podido delegar, los que afirman que el gobierno tenga algún poder legítimo para castigar los vicios.

Valdría para un papa o un rey (que afirman haber recibido su autoridad directamente del Cielo para gobernar sobre sus semejantes) afirmar ese derecho como vicarios de Dios, el de castigar a la gente por sus vicios, pero resulta un total y absoluto absurdo que cualquier gobierno que afirme que su poder proviene íntegramente de la autorización de los gobernados, afirmar poder alguno de este tipo, porque todos saben que los gobernantes nunca lo autorizarían. Para ellos autorizarlo sería un absurdo, porque sería renunciar a su propio derecho a buscar su felicidad, puesto que renunciar a su derecho a juzgar qué contribuye a su felicidad es renunciar a su derecho a buscar su propia felicidad.

XIII.

Ahora podemos ver qué simple, fácil y razonable resulta que sea asunto del gobierno castigar los delitos, comparado con castigar los vicios. Los delitos son pocos y fácilmente distinguibles de los demás actos y la humanidad generalmente está de acuerdo acerca de qué actos son delitos. Por el contrario, los vicios son innumerables y no hay dos personas que se pongan de acuerdo, excepto en relativamente pocos casos, acerca de cuáles son. Más aún, todos desean ser protegidos, en su persona y propiedades, contra las agresiones de otros hombres. Pero nadie desea ser protegido, en su persona o propiedades, contra sí mismo, porque resulta contrario a las leyes fundamentales de la propia naturaleza humana que alguien desee dañarse a sí mismo. Uno sólo desea promover su propia satisfacción y ser su propio juez acerca de lo que promoverá y promueve su propia satisfacción. Es lo que todos quieren y a lo que tienen derecho como seres humanos. Y aunque todos cometemos muchos errores y necesariamente debemos cometerlos, dada la imperfección de nuestro conocimiento, esos errores no llegan a ser un argumento contra el derecho, porque todos tienden a darnos el verdadero conocimiento que necesitamos y perseguimos y no podemos obtener de otra forma.

El objetivo que se persigue, por tanto, al castigar los delitos, no sólo tiene una forma completamente diferente, sino que se opone directamente al que se persigue al castigar los vicios.

El objetivo que se persigue al castigar los delitos es asegurar a todos y cada uno de los hombre por igual, la mayor libertad que pueda conseguirse (consecuentemente con los mismos derechos de otros) para buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad. Por otro lado, el objetivo perseguido por el castigo de los vicios es privar a cada hombre de su derecho y libertad natural a buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad.

Por tanto, ambos objetivos se oponen directamente entre sí. Se oponen directamente entre sí como la luz y la oscuridad, o la verdad y la mentira, o la libertad y la esclavitud. Son completamente incompatibles entre sí y suponer que ambos pueden contemplarse en un solo gobierno es absurdo, imposible. Sería suponer que los objetivos de un gobierno serían cometer crímenes y prevenirlos, destruir la libertad individual y garantizarla.

XIV.

Por fin, acerca de este punto de la libertad individual: cada hombre debe necesariamente juzgar y determinar por sí mismo qué le es necesario y le produce bienestar y qué lo destruye, porque si deja de realizar esta actividad por sí mismo, nadie puede hacerlo en su lugar. Y nadie intentará si quiera realizarla en su lugar, salvo en unos pocos casos. Papas, sacerdotes y reyes asumirán hacerlo en su lugar, en ciertos casos, si se lo permiten. Pero, en general, sólo lo harán en tanto en cuanto puedan administrar sus propios vicios y delitos al hacerlo. En general, sólo lo harán cuando puedan hacer de él su bufón y su esclavo. Los padres, sin duda con más motivo que otros, intentan hacer lo mismo demasiado a menudo. Pero en tanto practican la coerción o protegen a un niño de algo que no sea real y seriamente dañino, le perjudican más que benefician. Es una ley de la naturaleza que para obtener conocimiento e incorporarlo a su ser, cada individuo debe ganarlo por sí mismo. Nadie, ni siquiera sus padres, puede indicarles la naturaleza del fuego de forma que la conozcan de verdad. Debe experimentarla él mismo y quemarse, antes de conocerla.

La naturaleza conoce, mil veces mejor que cualquier padre, para qué está designado cada individuo, qué conocimiento necesita y cómo debe obtenerlo. Sabe que sus propios procesos para comunicar ese conocimiento no sólo son los mejores, sino los únicos que resultan efectivos.

Los intentos de los padres por hacer a sus hijos virtuosos generalmente son poco más que intentos de mantenerlos en la ignorancia de los vicios. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a conocer y preferir la verdad, manteniéndolos en la ignorancia de la falsedad. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a buscar y apreciar la salud, manteniéndolos en la ignorancia de la enfermedad y de todo lo que la causa. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a amar la luz, manteniéndolos en la ignorancia de la oscuridad. En resumen, son poco más que intentos de hacer felices a sus hijos, manteniéndolos en la ignorancia de de todo lo que les cause infelicidad.

Que los padres puedan ayudar a sus hijos en definitiva en su búsqueda de la felicidad, dándoles sencillamente los resultados de su propia (de los padres) razón y experiencia, está muy bien y es un deber natural y adecuado. Pero practicar la coerción en asuntos en lo que los hijos son razonablemente competentes para juzgar por sí mismos es sólo un intento de mantenerlos en la ignorancia. Y esto se parece mucho a una tiranía y a una violación del derecho del hijo a adquirir por sí mismo y como desee los conocimientos, igual que si la misma coerción se ejerciera sobre personas adultas. Esa coerción ejercida contra los hijos es una negación de su derecho a desarrollar las facultades que la naturaleza les ha dado y a que sean como la naturaleza las diseñó. Es una negación de su derecho a sí mismos y al uso de sus propias capacidades. Es una negación del derecho a adquirir el conocimiento más valioso, es decir, el conocimiento que la naturaleza, la gran maestra, está dispuesta a impartirles.

Los resultados de esa coerción nos son hacer a los hijos sabios o virtuosos, sino hacerlos ignorantes y por tanto débiles y viciosos, y perpetuar a través de ellos, de edad en edad, la ignorancia, la superstición, los vicios y los crímenes de los padres. Lo prueba cada página de la historia del mundo.

Quienes mantienen opiniones opuestas son aquéllos cuyas teologías falsas y viciosas o cuyas ideas generales viciosas, les han enseñado que la raza humana tiende naturalmente hacia la maldad, en lugar de hacia la bondad, hacia lo falso, en lugar de hacia lo verdadero, que la humanidad no dirige naturalmente sus ojos hacia la luz, que ama la oscuridad en lugar de la luz y que sólo encuentra su felicidad en las cosas que les llevan a la miseria.

XV.

Pero estos hombres, que afirman que el gobierno debería usar su poder para prevenir el vicio, dicen o suelen decir: “Estamos de acuerdo con el derecho de un individuo a buscar a su manera su propia satisfacción y consecuentemente a ser vicioso si le place, sólo decimos que el gobierno debería prohibir que se les vendieran los artículos que alimentan su vicio”.

La respuesta a esto es que la simple venta de cualquier artículo (independientemente del uso que se vaya a hacer de él) es legalmente un acto perfectamente inocente. La cualidad del acto de la venta depende totalmente de la cualidad del empleo que se haga de la cosa vendida. Si el uso de algo es virtuoso y legal, entonces su venta para ese uso es virtuosa y legal. Si el uso es vicioso, entonces la venta para ese uso es viciosa. Si el uso es criminal, entonces la venta para ese uso es criminal. El vendedor es, como mucho, sólo un cómplice del uso que se haga del artículo vendido, sea virtuoso, vicioso o criminal. Cuando el uso es criminal, el vendedor es cómplice del crimen y se le puede castigar como tal. Pero cuando el uso sea sólo vicioso, el vendedor sería sólo un cómplice del vicio y no se le puede castigar.

XVI.

Pero nos preguntaremos: “¿No existe un derecho por parte del gobierno de evitar que continúe un proceso que conduce a la autodestrucción?”

La respuesta es que el gobierno no tiene derecho en modo alguno, mientras los calificados como viciosos permanezcan cuerdos (compos mentis), capaces de ejercitar un juicio y autocontrol razonables, porque mientras se mantengan cuerdos debe permitírseles juzgar y decidir por sí mismos si los llamados vicios son de verdad vicios, si realmente les conducen a la destrucción y si, en suma, se dirigirán a ella o no. Cuando pierdan la cordura (non compos mentis) y sean incapaces de un juicio o autocontrol razonables, sus amigos o vecinos o el gobierno deben ocuparse de ellos y protegerles de daños, tanto a ellos como a personas a las que pudieran dañar, igual que si la locura hubiera acaecido por cualquier otra causa distinta de su supuestos vicios.

Pero del hecho de que los vecinos de un hombre supongan que se dirige a la autodestrucción por culpa de sus vicios, no se deduce, por tanto, que no esté cuerdo (non compos mentis) y sea incapaz de un juicio o autocontrol razonables, entendidos dentro del ámbito legal de estos términos. Hombres y mujeres pueden ser adictos a a muchos y muy deleznables vicios (como la glotonería, la embriaguez, la prostitución, el juego, las peleas callejeras, mascar tabaco, fumar y esnifar, tomar opio, llevar corsé, la pereza, la prodigalidad, la avaricia, la hipocresía, etc., etc.) y aún así seguir estando cuerdos (compos mentis), capaces de un juicio y autocontrol razonables, tal como significan en la ley. Mientras sean cuerdos debe permitírseles controlarse a sí mismos y a su propiedad y ser sus propios jueces y estimar a dónde les llevan sus vicios. Los espectadores pueden esperar que, en cada caso individual, la persona viciosa vea el fin hacia el que se dirige y eso le induzca a rectificar. Pero si elige seguir adelante hacia lo que otros hombres llaman destrucción, debe permitírsele hacerlo. Y todo lo que puede decirse, en lo que se refiere a su vida, es que ha cometido un grave error en su búsqueda de la felicidad y que otros harán bien en advertir su destino. Acerca de cuál puede ser su situación en la otra vida, es una cuestión teológica de la que la ley en este mundo no tiene más que decir que sobre cualquier otra cuestión teológica que afecte a la situación de hombre en una vida futura.

¿Se puede saber cómo se puede determinar la cordura o locura de un hombre vicioso? La respuesta es que tiene que determinarse con el mismo tipo de evidencia que la cordura o locura de aquéllos que se consideren virtuosos y no otra. Esto es, por las mismas evidencias con las que los tribunales legales determinan si un hombre debe ser enviado a un manicomio o si es competente para hacer testamente o disponer de otra forma de su propiedad. Cualquier duda debe resolverse a favor de su cordura, como en cualquier otro caso, y no de su locura.

Si una persona realmente pierde la cordura (non compos mentis), y es incapaz de un juicio o autocontrol razonables, resulta un crimen por parte de otros hombres darle o venderle medios de autolesión[1]. No hay crímenes más fácilmente punibles ni casos en los que los jurados estén más dispuestos a condenar que aquéllos en que una persona cuerda vende o da a un loco un artículo con el cual este último pueda dañarse a sí mismo.

XVII.

Pero puede decirse que algunos hombres, por culpa de sus vicios, se vuelven peligrosos para otras personas: que por ejemplo, un borracho, a veces resulta pendenciero y peligroso para su familia y otros. Y cabe preguntarse: “¿No tiene la ley nada que decir en este caso?”

La respuesta es que si, por la ebriedad o cualquier otra causa, un hombre se vuelve realmente peligroso, con todo derecho no solamente su familia u otros, no sólo él mismo, pueden moderarlo hasta el punto que requiera la seguridad de otras personas, sino que a cualquier otra persona (que sepa o tenga base suficiente para creer que es peligroso) se le puede prohibir vender o dar cualquier cosa que haya razones para suponer que le hará peligroso.

Pero del hecho de que un hombre se vuelva pendenciero y peligroso después de beber alcohol y de que sea un delito darle o venderle licor a ese hombre, no se sigue que sea un delito vender licores a los cientos y miles de otras personas que no se vuelven pendencieros y peligrosos al beberlos. Antes de condenar a un hombre por el delito de vender licor a un hombre peligroso, debe demostrarse que ese hombre en particular al que se le vendió el licor era peligroso y también que el vendedor sabía, o tenía base suficiente para suponer, que el hombre se volvería peligroso al beberlo.

La presunción legal de ley sería, en todo caso, que la venta es inocente y la carga de la prueba del delito, en cualquier caso particular, reside en el gobierno. Y ese caso particular debe probarse como criminal, independientemente de todos los demás.

A partir de estos principios, no hay dificultad en condenar y castigar a los hombres por la venta o regalo de cualquier artículo a un hombre que se vuelve peligroso para otros al usarlo.

XVIII.

Pero a menudo se dice que algunos vicios generan molestias (públicas o privadas) y que esas molestias pueden atajarse y penarse.

Es verdad que cualquier cosa que sea real y legalmente una molestia (sea pública o privada) puede atajarse y penarse. Pero no es cierto que los meros vicios privados de un hombre sean, en cualquier sentido legal, molestos para otro hombre o el público.

Ningún acto de una persona puede ser una molestia para otro, salvo que obstruya o interfiera de alguna forma con la seguridad y el uso pacífico o disfrute de lo que posee el otro con todo derecho.

Todo lo que obstruya una vía pública es una molestia y puede atajarse y penarse. Pero un hotel o tienda o taberna que vendan licores no obstruyen la vía pública más que una tienda de telas, una joyería o una carnicería.

Todo lo que envenene el aire o lo haga desagradable o insalubre es una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores envenenan el aire o lo hacen desagradable o insalubre a otras personas.

Todo lo que tape la luz a la cual un hombre tenga derecho en una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores tapan la luz de nadie, salvo en casos en que una iglesia, un colegio o una vivienda la taparían igualmente. Desde este punto de vista, por tanto, los primeros no son ni más ni menos molestos que los últimos.

Algunas personas habitualmente dicen que una tienda de licores es peligrosa, de la misma forma que una fábrica de pólvora. Pero no hay analogía entre ambos casos. La pólvora puede explotar accidentalmente y especialmente en esos fuegos que tan a menudo se dan en las ciudades. Por esa razón resulta peligrosa para personas y propiedades en su cercanía inmediata. Pero los licores no pueden explotar así y por tanto no son molestias peligrosas en el sentido que lo son las fábricas de pólvora en las ciudades.

Pero también se dice que los lugares donde se consume alcohol están frecuentemente concurridos por hombres ruidosos y bulliciosos, que alteran la tranquilidad del barrio y el sueño del resto de los vecinos.

Esto puede ser ocasionalmente cierto, pero no muy frecuentemente. En todo caso, cuando esto ocurra, la molestia puede atajarse mediante el castigo al propietario y sus clientes y, si es necesario, cerrando el local. Pero un grupo de bebedores ruidosos no es una molestia mayor que cualquier otro grupo de gente ruidosa. Un bebedor alegre y divertido altera la tranquilidad de barrio exactamente en la misma medida que un fanático religioso que grita. Un grupo ruidoso de bebedores es una molestia exactamente en la misma medida que un grupo de fanáticos religiosos que grita. Ambos son molestias cuando alteran el descanso y el sueño o la tranquilidad de los vecinos. Incluso un perro que suele ladrar, alterando el sueño o la tranquilidad del vecindario, es una molestia.

XIX.

Pero se dice que el hecho de que una persona incite a otro al vicio es un crimen.

Es ridículo. Si cualquier acto particular es simplemente un vicio, entonces quien incita a otro a cometerlo, es simplemente cómplice en el vicio. Evidentemente, no comete ningún crimen, pues sin duda un cómplice no puede cometer una infracción superior al autor.

Cualquier persona cuerda (compos mentis), capaz de un juicio y autocontrol razonables, se presume que resulta mentalmente competente para juzgar por sí mismo todos los argumentos, a favor y en contra, que se le dirijan para persuadirle de hacer cualquier acto en particular, siempre que no se emplee fraude para engañarle. Y si se le persuade o induce a realizar la acción, ésta se convierte en propia e incluso aunque resulte dañina para sí mismo, no puede alegar que la persuasión o los argumentos a los que dio su consentimiento, sean delitos contra sí mismo.

Por supuesto, cuando hay fraude el caso es distinto. Si por ejemplo, ofrezco veneno a un hombre asegurándole que es una bebida sana e inocua y lo bebe confiando en mi afirmación, mi acción es un delito.

Volenti non fit injuria es una máxima legal. Con consentimiento, no hay daño. Es decir, legalmente no hay error. Y cualquier persona cuerda (compos mentis) capaz de un juicio razonable para determinar la verdad o falsedad de las razones y argumentos a los que da su consentimiento, esta “consintiendo”, desde el punto de visita legal, y asume por sí mismo toda responsabilidad por sus actos, siempre y cuando no haya sufrido un fraude intencionado.

Este principio, con consentimiento, no hay daño, no tiene límites, excepto en el caso de fraudes o de personas que no tengan capacidad de juzgar en ese caso particular. Si una persona que posee uso de razón y a la que no se engaña mediante fraude consiente en practicar el vicio más deleznable y por tanto se inflige los mayores sufrimientos o pérdidas morales, físicas o pecuniarias, no puede alegar error legal. Para ilustrar este principio, tomemos el caso de la violación. Tener conocimiento carnal de una mujer, sin su consentimiento, es el mayor delito, después del asesinato, que puede cometerse contra ella. Pero tener conocimiento carnal, con su consentimiento, no es delito, sino, en el peor de los casos, un vicio. Y a menudo se sostiene que una niña de nada más que diez años de edad tiene uso de razón de forma que su consentimiento, aunque se procure mediante recompensa o promesa de recompensa, es suficiente para convertir el acto, que de otra forma sería un grave delito, simplemente en un acto de vicio[2].

Vemos el mismo principio en los boxeadores profesionales. Si yo pongo un solo dedo sobre la persona de otro, contra su consentimiento, no importa lo suave que sea ni lo pequeño que sea el daño en la práctica, esa acción es un delito. Pero si dos personas acuerdan salir y golpear la cara del otro hasta hacerla papilla, no es delito, sino sólo un vicio.

Incluso los duelos no han sido generalmente considerados como delitos, porque la vida de cada hombre es suya y ambas partes acuerdan que cada una puede acabar con la vida del otro, si puede, mediante el uso de las armas acordadas y de conformidad con ciertas reglas que han aceptado mutuamente.

Y esta es una opinión correcta, salvo que se pueda decir (posiblemente no) que “la ira es locura” hasta el punto de que priva a los hombres de su razón hasta el punto de impedirles razonar.

El juego es otro ejemplo del principio de que con consentimiento no hay daño. Si me llevo un solo céntimo de la propiedad de un hombre, sin su consentimiento, el acto es un delito. Pero si dos hombres, que se encuentran compos mentis, poseen capacidad razonable de juzgar la naturaleza y posibles consecuencias de sus actos, se reúnen y cada uno voluntariamente apuesta su dinero contra el del otro al resultado de un tirada de dados y uno de ellos pierde todas sus propiedades (sean lo grandes que sean), no es un delito, sino sólo un vicio.

Ni siquiera sería un crimen ayudar a una persona a suicidarse, si éste posee uso de razón.

Es una idea algo común que el suicido es en sí mismo un evidencia concluyente de locura. Pero, aunque normalmente puede ser una fuerte evidencia de locura, no es concluyente en todos los casos. Muchas personas, con indudable uso de razón han cometido suicidio para escapar de la vergüenza del descubrimiento público de sus crímenes o para evitar alguna otra gran calamidad. El suicidio, en estos casos puede no haber sido la respuesta más sensata, pero sin duda no era una prueba de falta alguna de capacidad de razonar[3]. Y si estaba dentro de los límites de lo razonable, no era un crimen que otras personas le ayudaran, proporcionándole los instrumentos o de otra forma. Y si, en esos casos, no sería un crimen ayudar al suicido, ¿no sería absurdo decir que es un crimen ayudar a alguien en algún acto que sea realmente placentero y que una gran parte de la humanidad ha creído útil?

XX.

Sin embargo, algunas personas suelen decir que el abuso de las bebidas alcohólicas es el principal motivo de los delitos, que “llena nuestras prisiones de criminales” y que esta razón es suficiente para prohibir su venta.

Quienes dicen eso, si hablan seriamente, hablan a tontas y a locas. Evidentemente quieren decir que un gran porcentaje de los delitos los cometen personas cuyas pasiones criminales se ven excitadas, en ese momento, por el abuso del alcohol y como consecuencia de ese abuso.

Esta idea es completamente descabellada.

En primer lugar, los peores delitos que se cometen en el mundo los provocan principalmente la avaricia y la ambición.

Los peores crímenes son las guerras que llevan a cabo los gobiernos para someter, esclavizar y destruir la humanidad.

Los delitos que se cometen en el mundo que quedan en segundo lugar también los provocan la avaricia y la ambición: y no se cometen por súbitas pasiones, sino por hombres calculadores, que mantienen la cabeza fría y serena y no tienen intención alguna de ir a prisión por ellos. Se cometen, no tanto por personas que violan la ley, sino por hombres que, por sí mismos o mediante sus instrumentos, hacen las leyes, por hombres que se han asociado para usurpar un poder arbitrario y mantenerlo por medio de la fuerza y el fraude y cuyo propósito al usurparlo y mantenerlo es asegurarse a sí mismos, mediante esa legislación injusta y desigual, esas ventajas y monopolios que les permiten controlar y extorsionar el trabajo y propiedades de otros, empobreciéndoles así, con el fin de satisfacer su propia riqueza y engrandecimiento[4]. Los robos e injusticias así cometidos por estos hombres, de conformidad con las leyes (es decir, sus propias leyes), son como montañas frente a colinillas, comparados con los delitos cometidos por otros criminales al violar las leyes.

Pero, en tercer lugar, hay un gran número de fraudes de distintos tipos cometidos en transacciones de comercio, cuyos autores, con su frialdad y sagacidad, evitan que operen las leyes. Y sólo sus mentes frías y calculadoras les permiten hacerlo. Los hombres bajo el influjo de bebidas intoxicantes están poco dispuestos y son completamente incapaces para practicar con éxito estos fraudes. Son los más incautos, los menos exitosos, los menos eficientes y los que menos debemos temer de todos los criminales de los que las leyes deben ocuparse.

Cuarto. Los ladrones, atracadores, rateros, falsificadores y estafadores profesionales, que atentan contra la sociedad son cualquier cosa menos bebedores imprudentes. Su negocio es de un carácter demasiado peligroso para admitir esos riesgos en los que incurrirían.

Quinto. Los delitos que pueden considerarse como cometidos bajo la influencia de bebidas alcohólicas son principalmente agresiones y reyertas, no muy numerosas y generalmente no muy graves. Algunos otros pequeños delitos, como hurtos y otros pequeños ataques a la propiedad, se cometen a veces bajo la influencia de la bebida por parte de personas poco inteligentes, generalmente delincuentes no habituales. Las personas que cometen estos dos tipos de delitos no son más que unas pocas. No puede decirse que “llenen nuestras prisiones” y si lo hacen, deberíamos congratularnos de que necesitemos para internarlos tan pocas prisiones o tan pequeñas.

Por ejemplo, el Estado de Massachussets tiene un millón y medio de habitantes. ¿Cuántos están actualmente el prisión por delitos (no por el vicio de la bebida, sino por delitos) cometidos contra personas o propiedades bajo el influjo de bebidas alcohólicas? Dudo que sea uno de cada diez mil, es decir, unos ciento cincuenta en total y los crímenes por los que están en prisión son en su mayoría de muy poca importancia.

Y pienso que debe estimarse que estos pocos hombres son mucho más dignos de compasión que de castigo, porque fue su pobreza y miseria, más que su adicción al alcohol o tendencia al crimen, lo que les llevó a beber y les impulsó a cometer los delitos bajo la influencia del alcohol.

La dogmática acusación de que la bebida “llena nuestra prisiones” sólo la hacen, creo, aquellos hombres que no saben más que llamar criminal a un borracho y que no tienen mejor justificación para su acusación que el vergonzoso hecho de somos una gente tan brutal e insensible que condenamos y castigamos como si fueran criminales a personas tan débiles y desafortunadas como los borrachos.

Los legisladores que autorizan y los jueces que ejecutan atrocidades como éstas son intrínsecamente criminales, salvo que su ignorancia sea tal que les excuse (lo que probablemente no ocurre). Y habría más motivo en su conducta para que se les castigara como criminales.

Un juez de orden público en Boston me contó una vez que estaba acostumbrado a juzgar a borrachos (enviándoles a prisión durante treinta días –creo que era la sentencia tipo–) ¡a un ritmo de uno cada tres minutos! y a veces incluso más rápido, condenándoles así como delincuentes y enviándoles a la cárcel, sin piedad y sin averiguar las circunstancias, por una debilidad que debería hacerles dignos de compasión y protección, y no de castigo. Los verdaderos criminales en estos casos no eran los hombres que fueron a prisión, sino el juez y los que estaban detrás de él y le pusieron allí.

Recomiendo a esas personas a las que tanto les perturba el miedo a que las prisiones de Massachussets se llenen de criminales que empleen al menos una parte de su filantropía en prevenir que nuestras prisiones se llenen de gente que no son criminales. No recuerdo haber oído que nunca sus simpatías se hayan ejercido activamente en ese sentido. Por el contrario, perecen tener tal pasión por castigar criminales que no les preocupa averiguar particularmente si un candidato a castigo es realmente un criminal. Déjenme asegurarles que esa pasión es mucho más peligrosa y mucho menos caritativa, tanto moral como legalmente, que la pasión por la bebida.

Parece mucho más consecuente con el carácter despiadado de estos hombres enviar a un pobre hombre a prisión por embriaguez y así aplastarle, degradarle, desanimarle y arruinarle de por vida, que sacarle de la pobreza y miseria que ha hecho de él un borracho.

Sólo aquellas personas que tienen poca capacidad o disposición a iluminar, fomentar o ayudar a la humanidad, poseen esa violenta pasión por gobernarlos, dominarlos y castigarlos. Si en lugar de mantenerse al margen y consentir y sancionar todas las leyes por las que el hombre débil es en el primer lugar sometido, oprimido y desalentado y después castigado como un criminal, se dedicaran a la tarea de defender su derechos y mejorar su condición y así fortalecerle y permitirle sostenerse por sus propios medios y resistir las tentaciones que le rodean, tendrían, creo, poca necesidad de hablar sobre leyes y prisiones tanto para vendedores como para consumidores de alcohol e incluso para cualquier otra clase de criminales ordinarios. Si, en resumen, estos hombres, que tienen tantas ganas de suprimir los delitos, suspendieran, por un momento, sus reclamaciones al gobierno de ayuda para suprimir los delitos de individuos y se dirigieran a la gente para pedir ayuda para suprimir los delitos del gobierno, demostrarían su sinceridad y sentido común más claramente que ahora. Cuando todas las leyes sean tan justas y equitativas que hagan posible que todos los hombres y mujeres vivan honrada y virtuosamente y les hagan sentirse cómodos y felices, habrá muchas menos ocasiones que ahora para acusarles de vivir deshonesta y viciosamente.

XXI.

Pero también se dice que el consumo de bebidas alcohólicas lleva a la pobreza y por tanto hace a los hombres mendigos y grava a los contribuyentes, y que esto es razón suficiente para que deba prohibirse su venta.

Hay varias respuestas a este argumento.

1. Una respuesta es que si el consumo del alcohol lleva a la pobreza y la mendicidad es una razón suficiente para prohibir su venta, igualmente es una razón suficiente para prohibir su consumo, ya que es el consumo y no la venta, lo que lleva a la pobreza. El vendedor, como mucho, sería simplemente un cómplice del bebedor. Y es una norma legal, y también de la razón, que si el principal actor no puede ser castigado, tampoco puede serlo el cómplice.

2. Una segunda respuesta al argumento sería que si el gobierno tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier acto (que no sea criminal) simplemente porque se supone que lleva a la pobreza, siguiendo al misma lógica, tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier otro acto (aunque no sea criminal) que, en opinión del gobierno, lleve a la pobreza. Y bajo este principio, el gobierno no sólo tendría el derecho, sino que se vería obligado, a revisar los asuntos privados de cada hombre y sus gastos personales y determinar si cada uno de ellos lleva o no a la pobreza y a prohibir y castigar todos los de la primera clase. Un hombre no tendría derecho a gastar un céntimo de su propiedad de acuerdo con sus gustos o criterios, salvo que el legislador sea de la opinión de que ese gasto no le lleva a la pobreza.

3. Una tercera respuesta al mismo argumento sería que si un hombre se entrega a la pobreza e incluso a la mendicidad (sea por sus vicios o sus virtudes), el gobierno no tiene obligación de ocuparse de él, salvo que quiera hacerlo. Puede dejarle perecer en la calle o hacerle depender a la caridad privada, si quiere. Puede cumplir su libre deseo y discreción en este asunto, porque en este caso estaría fuera de toda responsabilidad. No es, necesariamente, obligación del gobierno ocuparse de los pobres. Un gobierno (esto es, un gobierno legítimo) es simplemente una asociación voluntaria de individuos, que se une para los propósitos que les parezcan y sólo para esos propósitos. Si ocuparse de los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) no es uno de esos propósitos, el gobierno como tal no tiene más derecho ni se ve más obligado a hacerlo que un banco o una compañía de ferrocarriles.

Sea cual sea la moralidad que tengan las reclamaciones de un hombre pobre (sea éste virtuoso o vicioso) acerca de la caridad de sus conciudadanos, no puede reclamar legalmente contra ellos. Puede depender totalmente de su caridad, si se dejan. No puede demandar, como un derecho legal, que deben alimentarle y vestirle. No tiene más derechos morales o legales frente a un gobierno (que no es sino una asociación de individuos) que los que pueda tener sobre cualquier otro individuo respecto de su capacidad privada.

Por tanto, de la misma forma que un pobre (sea virtuoso o vicioso) no tiene más capacidad de reclamar, legal o moralmente al gobierno comida o vestido que la que tiene frente a personas privadas, un gobierno no tiene más derecho que una persona privada a controlar o prohibir los gastos o las acciones de un individuo justificándolas en que le llevan a la pobreza.

El señor A, como individuo, claramente no tiene derecho a prohibir las acciones o gastos del señor Z, aunque tema que esas acciones o gastos puedan llevarle (a Z) a la pobreza y que Z puede, por tanto, en un futuro indeterminado, pedirle afligido (a A) algo de caridad. Y si A no tiene, como individuo, ese derecho a prohibir cualquier acción o gasto de Z, el gobierno, que no es más que una asociación de individuos, no puede tener ese derecho.

Sin duda, ningún hombre compos mentis mantendría que su derecho a disponer y disfrutar de su propiedad fuera una posesión de tan poco valor que autorizara a algunos o todos sus vecinos (se hagan llamar a sí mismos gobierno o no) a intervenir y prohibirle cualquier gasto excepto aquéllos que piensen que no le llevarán a la pobreza y no le conviertan en alguien que les reclame caridad.

Si un hombre compos mentis llega a la pobreza por sus virtudes o sus vicios, nadie puede tener derecho alguno a intervenir basándose en puede apelar en el futuro a su compasión, porque si se apelara a ella, tendría perfecta libertad para actuar de acuerdo con su gusto y criterio respecto de atender sus solicitudes.

El derecho a rechazar dar caridad a los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) es un derecho sobre el que los gobiernos siempre actúan. Ningún gobierno hace más provisiones para los pobres que las que quiere. En consecuencia, los pobres quedan, en su mayor parte, dependiendo de la caridad privada. De hecho, a menudo se les deja sufrir enfermedades e incluso morir porque ni la caridad pública ni la privada acuden en su ayuda. Qué absurdo es, por tanto, decir que el gobierno tiene derecho a controlar el uso de la propiedad de la gente, por miedo a que en el futuro lleguen a ser pobres y pidan caridad.

4. Incluso una cuarta respuesta al argumento sería que el principal y único incentivo por el que cada individuo tiene que trabajar y crear riqueza es que puede disponer de ella de acuerdo con su gusto y criterio y para su propia satisfacción y la de quienes ame[5].

Aunque a menudo puede que un hombre, por inexperiencia o mal juicio, gaste parte de los productos de su trabajo de forma poco juiciosa y por tanto no consiga el máximo bienestar, adquiere sabiduría en ello, como en todo, a través de la experiencia, por sus errores tanto como por sus éxitos. Y esta es la única manera de la que puede adquirir sabiduría. Cuando se convenza de que ha hecho un gasto absurdo, al tiempo aprenderá a no volver a hacer algo parecido. Y debe permitírsele hacer sus propios experimentos a su satisfacción, es ésta como en otras materias, ya que de otra forma no tendría motivo para trabajar o crear riqueza en absoluto.

Todo hombre que sea hombre, debería mejor ser un salvaje y ser libre para crear o procurar sólo esa pequeña riqueza que pueda controlar y consumir diariamente, que ser un hombre civilizado que sepa cómo crear y acumular riqueza indefinidamente y al que no se la permita disfrutar o disponer de ella, salvo bajo la supervisión, dirección y dictado de una serie de idiotas y tiranos entrometidos y sobrevalorados, quienes, sin más conocimiento que el de sí mismos y quizás ni la mitad de eso, asumirían su control bajo la justificación de que no tiene el derecho o la capacidad de determinar por sí mismo qué debería hacer con los resultados de su propio trabajo.

5. Una quinta respuesta al argumento sería que si fuera tarea del gobierno vigilar los gastos de cualquier persona (compos mentis y que no sea criminal) para ver cuáles llevan a la pobreza y cuáles no y prohibir y castigar los primeros, entonces, siguiendo esta regla, se ve obligado a vigilar los gastos de todas las demás personas y prohibir y castigar todo lo que, en su criterio, lleve a la pobreza.

Si ese principio se llevara a efecto imparcialmente, la consecuencia sería que toda la humanidad estaría tan ocupada en vigilar los gastos de los demás y en testificar, acusar y castigar aquéllos que lleven a la pobreza, que no quedaría en absoluto tiempo para crear riqueza. Todo el mundo capaz de trabajo productivo o bien estaría en la cárcel o actuaría como juez, jurado, testigo o carcelero. Sería imposible crear suficientes tribunales para juzgar o construir suficientes prisiones para contener a los delincuentes. Cesaría toda labor productiva y los idiotas que estuvieran tan atentos a prevenir la pobreza, no sólo serían pobres, prisioneros y famélicos, sino que harían que los demás fueran asimismo pobres, prisioneros y famélicos.

6. Si lo que se quiere decir es que un hombre puede al menos verse obligado con todo derecho a apoyar a su familia y, en consecuencia, a abstenerse de todo gasto que, en opinión del gobierno, le lleve a impedirle realizar esta labor, pueden darse varias respuestas. Pero con sólo esta es suficiente: ningún hombre, salvo un loco o un esclavo, aceptaría que sea su familia, si esa aceptación fuera a ser una excusa del gobierno para privarle de su libertad personal o del control de su propiedad.

Cuando se otorga a un hombre su libertad natural y el control de su propiedad, normalmente, casi siempre, su familia es su principal objeto de orgullo y cariño y querrá, no sólo voluntariamente, sino con la máxima dedicación, emplear sus mejores capacidades de cuerpo y mente, no sólo para proveerles las necesidades y placeres de la vida ordinarios, sino a prodigarles todos los lujos y elegancias que su trabajo pueda obtener.

Un hombre no entabla una obligación legal ni moral con su esposa o hijos para hacer algo por ellos, excepto cuando puede hacerlo de acuerdo con su libertad personal y su derecho natural a controlar su propiedad a su discreción.

Si un gobierno puede interponerse y decir a un hombre (que esté compos mentis y cumple con su familia como cree que debe cumplir y de acuerdo con su juicio, por muy imperfecto que éste sea): “Nosotros (el gobierno) sospechamos que no estás empleando tu trabajo de la mejor forma para tu familia, sospechamos que tus gastos y tus disposiciones sobre tu propiedad no son tan juiciosos como deberían ser en interés de tu familia y por tanto te pondremos, a ti y a tu propiedad, bajo vigilancia especial y te indicaremos lo puedes hacer o no contigo y con tu propiedad y de ahora en adelante tu familia nos tendrá a nosotros (el gobierno) y no a ti, como apoyo”. Si un gobierno pudiera hacer esto, quedarían aplastados todo orgullo, ambición y cariño que un hombre pueda sentir por su familia, hasta donde es posible que una tiranía pueda aplastarlos, y o bien no tendrá nunca una familia (que pueda reconocer públicamente como suya) o arriesgará su propiedad y su vida para derrocar una tiranía tan insultante, despiadada e insufrible. Y cualquier mujer que quiera que su marido (siendo éste compos mentis) se someta a un insulto y prohibición tan antinatural, no merece en absoluto su cariño ni ninguna otra cosa que no sea su disgusto y desprecio. Y probablemente en seguida él le hará entender que, si escoge confiar en el gobierno como su apoyo y el de sus hijos, en lugar de en él, sólo podrá confiar en el gobierno.

XXII.

Otra respuesta completa al argumento de que el abuso del alcohol lleva a la pobreza es que, por regla general, pone el efecto por delante de la causa. Supone que es el abuso del alcohol el que causa la pobreza, en lugar de que la pobreza es la que causa el abuso del alcohol.

La pobreza es la madre natural de prácticamente toda ignorancia, vicio, crimen y miseria en el mundo[6]. ¿Por qué es tan grande el porcentaje de trabajadores en Inglaterra que se dan a la bebida y el vicio? Sin duda, no porque sean por naturaleza peores que otros. Sino porque su pobreza extrema y desesperada les mantiene en la ignorancia y el servilismo, destruye su coraje y su autoestima, les somete a tan constantes insultos y prohibiciones, a tan incesantes amargas miserias de todo tipo y por fin les lleva a tal grado de desesperación que el pequeño desahogo que pueden permitirse con la bebida u otros vicios es, en ese momento, un alivio. Ésta es la causa principal de la ebriedad y otros vicios que prevalecen entre los trabajadores de Inglaterra.

Si esos trabajadores ingleses que ahora son borrachos y viciosos, hubieran tenido las mismas oportunidades y entorno vital que las clases más afortunadas; si se hubieran criado en hogares confortables, felices y virtuosos, en lugar de escuálidos, horribles y viciosos; si hubieran tenido oportunidades para adquirir conocimientos y propiedades y hacerse inteligentes, acomodados, alegres, independientes y respetados y asegurarse todos los placeres intelectuales, sociales y domésticos con los que puede honrada y justamente remunerarles la industria; si pudieran tener todo esto, en lugar de haber nacido a una vida de desesperanza, de duro trabajo sin recompensa, con la seguridad de morir en la fábrica, se hubieran visto tan libres de sus vicios y debilidades presentes como aquéllos que ahora se los reprochan.

No tiene sentido decir que la ebriedad o cualquier otro vicio sólo se añade a sus miserias, porque está en la naturaleza humana (en la debilidad de la naturaleza humana, si lo prefieren), que el hombre puede soportar hasta cierto punto la miseria antes de perder la esperanza y el coraje y rendirse a cualquier cosa que les prometa un alivio y mitigación de su presente, aunque el coste sea mayor miseria para el futuro. Predicar moralidad y templanza a esos desdichados, en lugar de aliviar sus sufrimientos o mejorar sus condiciones, es simplemente burlarse de sus desdichas.

¿Querrían esos que suelen atribuir a los vicios la pobreza de los hombres, en lugar a la pobreza sus vicios (como si todos los pobres, o casi todos, fueran especialmente viciosos), decirnos si toda la pobreza que ha aparecido tan de repente en último año y medio[7] (como si dijéramos, en un momento) para veinte de millones de personas de Estados Unidos, les parece una consecuencia natural de su ebriedad o de otros vicios? ¿Fue su ebriedad u otros vicios los que paralizaron, como si hubiera caído un rayo, todas las industrias de las que vivían y que, hace pocos días, funcionaban prósperamente? ¿Fueron los vicios que afectaron a la parte adulta de esos veinte millones de vagabundos sin empleo los que les llevaron a consumir sus pocos ahorros, si es que los tenían, y así convertirse en mendigos (mendigando trabajo y, si no lo encuentran, mendigando pan)? ¿Fueron sus vicios los que sin previo aviso llenaron las casas de tantos de necesidad, miseria, enfermedad y muerte? No. Sin duda no fue la ebriedad ni otros vicios de estos trabajadores los que les llevó a esa ruina y desdicha. Y si no lo fue, ¿qué fue?

Ese es el problema que debe resolverse, porque se viene repitiendo constantemente y no puede dejarse de lado.

De hecho, la pobreza de una gran parte de la humanidad, de todo el mundo, es el gran problema de la humanidad. El que esa pobreza extrema y casi universal exista en todo el mundo y haya existido en todas las generaciones pasadas prueba que se origina en causas que la naturaleza humana común de quienes la sufren no ha sido hasta ahora suficiente fuerte como para superarlas. Pero quienes la sufren al menos están empezando a ver las causas y se están decidiendo a eliminarlas a toda costa. Y quienes imaginen que no tienen nada que hacer salvo seguir atribuyendo esa pobreza a sus vicios y predicando contra ellos por esos mismos vicios, pronto despertarán para descubrir que eso ya es pasado. Y entonces la cuestión será no cuáles son los vicios de los hombres, sino cuáles son sus derechos.


[1] Dar a un loco un puñal u otra arma o cosa con la que pueda autolesionarse, es un crimen.

[2] La ley de Massachussets indica los diez años como la edad a la que una niña se supone que tiene discernimiento suficiente para disponer de su virtud. ¡Pero la misma ley establece que ninguna persona, hombre o mujer, de ninguna edad ni grado de sabiduría o experiencia tiene discernimiento suficiente para beber un vaso de alcohol bajo su propio criterio! ¡Qué ejemplo de la sabiduría legislativa de Massachussets!

[3] Catón se suicidó para evitar caer en las manos de César. ¿Quién hubiera sospechado que estuviera loco? Bruto hizo lo mismo. Colt se suicidó sólo aproximadamente una hora antes de ser ahorcado. Lo hizo para evitar traer a su nombre y a su familia la desgracia de que se dijera que le habían ahorcado. Esto, sea o no sensato, fue claramente un acto dentro de lo razonable. ¿Supone alguien que la persona que le dio el instrumento necesario era un criminal?

[4] Un ejemplo de este hecho se encuentra en Inglaterra, cuyo gobierno durante más de mil años no ha sido más que una banda de ladrones que ha conspirado para monopolizar la tierra y, en la medida de lo posible, el resto de la riqueza. Esos conspiradores, haciéndose llamar reyes, nobles y terratenientes han detentado, por la fuerza o el fraude, el poder civil y militar; se han mantenido en el poder únicamente por la fuerza y el fraude y el uso corrupto de su riqueza y sólo han empleado su poder para robar y esclavizar a la mayor parte de su gente y someter y esclavizar a otros. Y el mundo ha estado y está lleno de ejemplos sustancialmente similares. Y, como podemos imaginar, el gobierno de nuestro propio país no difiere mucho de otros en este aspecto.

[5] Por este solo incentivo estamos en deuda por toda la riqueza creada a través del trabajo humano y acumulada en beneficio de la humanidad.

[6] Excepto aquellos grandes crímenes que unos pocos, autodenominándose gobiernos, practican contra la mayoría, mediante una extorsión y tiranía sistemáticas y organizadas. Y sólo la pobreza, ignorancia y consecuente debilidad de la mayoría, les permite adquirir y mantener sobre ellos un poder tan arbitrario.

[7] Esto es, del 1 de septiembre de 1873 al 1 de marzo de 1875.

FUENTE: LIBERALISMO.ORG

LA EFÍMERA VICTORIA DE LOS MENTIROSOS.

“Miente, miente, que al final algo quedará… …cuanto mas grande sea una mentira más gente lo creerá…»
Se puede engañar a toda la gente durante cierto tiempo; se puede engañar a alguna gente todo el tiempo; pero es imposible engañar  toda la gente todo el tiempo…


Como es bien sabido, el embuste, la mentira o la falsedad son lo contrario de la verdad, de lo cierto, de lo real. Las personas mentirosas son las que tienen por costumbre decir falsedades o medias verdades a propósito, por necesidad o con motivo o sin ellos, o por puro placer.

La mentira no discrimina por razón de edad, de sexo, de raza, formación académica, o cualquier otra circunstancia personal,  la practican los niños, los adultos, los hombres y las mujeres, los universitarios y los ignorantes, los padres o los hijos, los amantes o los esposos, los ricos y los pobres,… La mentira está presente en cualquier lugar, en cualquier contexto: en las relaciones familiares, entre amigos, en las relaciones de pareja, en el trabajo, en la investigación científica, en la política, en la administración de justicia, … en cualquier momento y lugar, allí donde haya gente.

 
Pero… ¿por qué miente la gente, por qué mentimos?

 
Generalmente, la gente  miente por miedo a ser castigado, para protegerse, o para salir airoso de una situación embarazosa, o para no ser descortés, o evitar ser impertinente, por vergüenza, también por carecer de ella, hay quienes mienten para obtener algún beneficio de los demás, sea “provecho psicológico” o sea provecho material o de cualquier tipo… En resumen, la experiencia cotidiana nos conduce a la conclusión de que las personas mienten esencialmente, por dos cuestiones por debilidad (porque se sienten vulnerables) y por poder.


“El mal político” miente por poder, sea para  conservarlo, sea para conseguirlo; por la misma causa lo hacen el estafador, el falso mendigo, los falsos amigos, las personas manipuladoras para conseguir alguna ventaja económica, o sentimental, o simplemente “fama”,  reconocimiento público.
Los falsarios, quienes mienten poseen, en apariencia, una cierta ventaja respecto de los demás, de los que han logrado ganarse su confianza, respecto de sus palabras y acciones… Pero, tarde o temprano acaban siendo descubiertos y desenmascarados para su humillación y vergüenza; claro que esto último poco importa a quien no la posee…

Los mitómanos (quienes tienen por norma  mentir de forma patológica, continuamente, distorsionando la realidad y haciéndola más “soportable”) los perfectos mentirosos empiezan a incubar su enfermedad, a ejercitarse en la mendacidad, en la mala costumbre de faltar a la verdad cuando pequeños, por lo general imitando u obedeciendo a sus padres o familiares mentirosos.  Como digo, la mayoría de los humanos aprenden a mentir cuando niños, y seguirán haciéndolo si acaban comprobando que poseen cierto poder ante sus “víctimas”, que puede manipularlas e conseguir influir en su comportamiento.

Todo ello comienza en la más tierna infancia, es más, los niños más inteligentes, los que mejores notas consiguen en el colegio, aprenden a mentir hacia los dos o tres años.  Los expertos en psicología infantil consideran que la mentira es un claro síntoma de inteligencia, pese a que la veracidad sea considerada una virtud, la habilidad para la mendacidad es cosa propia de los más inteligentes, mentir exige un desarrollo cognitivo avanzado y habilidades sociales que la veracidad no necesita.
La mayor parte de los niños hacen uso de la mentira para evitar castigos y cuando comprueban que es eficaz, acaban repitiendo, lo cual lleva al riesgo de que se convierta en costumbre. La mayoría de los padres oye mentir a su hijo y supone que es demasiado pequeño para entender qué es una mentira o que mentir está mal. Suponen que dejará de hacerlo cuando sea más grande y aprenda a distinguir. Craso error, pues es al revés: los que entienden temprano la diferencia entre la mentira y la verdad, usan ese conocimiento para su provecho, lo que los hace más proclives a mentir cuando se les da la oportunidad.

A medida que los niños crecen, librarse de ser castigados sigue siendo el motivo primordial por el que siguen recurriendo al embuste, y recurrirán con una mayor frecuencia al comprobar que es un medio eficaz para aumentar el poder y el control sobre otras personas. Los niños manipulan a sus amigos con burlas, se jactan para afirmar su status, y aprenden que pueden engañar a sus padres.


La mayoría de los estudios sobre la infancia demuestran que más de la mitad de los niños y niñas mienten, y si tras experimentar, llegan a la conclusión de que el embuste es útil para salir exitoso de situaciones relacionales más o menos complicadas, seguirán haciéndolo, hasta convertirse en adictos.
Los pequeños aprenden de los mayores.

La causa de que los menores mientan es sencillamente que los adultos los enseñan. No es  que les digamos que mientan, de manera  explícita, pero nos ven hacerlo. Nos ven mentir en nuestras relaciones sociales.
Por lo general os adultos suelen incurrir como media en una mentira diaria. La enorme mayoría de estas mentiras son de compromiso, para protegerse a sí mismos o a otros, como decirle a alguien que está muy elegante con determinada indumentaria, o que el regalo con el que lo han obsequiado le gusta mucho…


Los menores son alentados a decir tantísimas mentiras política y socialmente correctas, y oyen tan enorme cantidad que, acaban sintiéndose cómodos cuando son insinceros. Aprenden que la franqueza crea conflictos y que mentir es una manera de evitarlos. Y aunque sepan diferenciar las mentiras correspondientes al “saber estar”, de las dichas para ocultar alguna mala acción, acaban integrando la mentira en su esquema de pensamiento y acción, y por tanto desaparece la mala conciencia o el remordimiento. Se vuelve más fácil  mentirles a los padres.

Diversos estudios relativamente recientes llegan a la conclusión, desalentadora sin duda, de que alrededor del 40% de los jóvenes considera que mentir es lícito, y además necesario para tener éxito en la vida…
Según esos mismos estudios, ocho de cada diez adolescentes encuestados consideran que están recibiendo una formación en valores éticos adecuada para su futura incorporación al mercado profesional e integración social. Y el 54% de los adolescentes consultados cita a sus padres como los principales modelos a seguir, mientras que el resto de encuestados cita a amigos e incluso afirman no tener ningún modelo de referencia.

Pero… ¿Debemos decir siempre la verdad?

 
Habrá quienes digan que eso es casi imposible en la actual sociedad, e incompatible con la forma de vida contemporánea… Habrá quienes digan que vivir en sociedad implica ciertos compromisos y deberes que, no pocas veces, no podemos cumplir y que, en ocasiones no queda otro remedio que recurrir a la mentira, inventar algún cuento que nos valga para salvar nuestro prestigio, o lograr salir con éxito de una situación crítica, desesperada.

 
Tampoco debemos olvidar que existen individuos excepcionales, inasequibles al desaliento, que por amor –o fanatismo– a la verdad la defienden a ultranza, hasta el extremo de acabar perjudicándose  a sí mismos, con  tal de no ser nunca falaces (el psicólogo Jorge Bucay llama a esta forma de actuar “sincericidio”)

Nadie puede negar que son muchas las veces que mentimos para salir del paso, para no vernos obligados a dar engorrosas explicaciones (aunque sean ciertas) o tener que  perder tiempo, y sin duda para evitar hacerle daño a otras personas. Indudablemente si a algo debemos supeditar “la verdad” es a la conservación de la vida humana, a lo que todo lo demás debe ser supeditado.

 
Aunque la presión del entorno, de lo política y socialmente correcto sean muy intensas, si las personas han adquirido desde muy temprana edad el hábito de no mentir, y lo han instalado en su esquema de pensamiento y acción como un valor moral sólido, y se ve reforzado y confirmado en la adolescencia, es bastante probable que perdure en la juventud y en la adultez.
Claro que no podemos olvidar lo que Platón denominaba “mentira noble”, y en español se llama “mentira piadosa”: la mentirijilla ocasional e incluso cordial, a la que nos vemos en ocasiones, excepcionalmente obligados para escabullirnos de circunstancias engorrosas, o para evitarnos problemas innecesarios con la gente que frecuentamos, sea del tipo que sea…
¿Pero, entonces es inevitable dejarse arrastrar por el embuste, el engaño, la simulación, la hipocresía, el fraude y otras formas de mendacidad?

Somos muchos los que pensamos que no, que la mentira no es algo imposible de evitar, para lo cual es imprescindible aprender a confiar en nosotros mismos, a ser fuertes psicológica y materialmente, independientes y autosuficientes hasta donde sea posible. Para ello debemos optar por la sinceridad, ejercitarnos en ella, y por supuesto tener la valentía de afrontar la realidad diaria con humildad, sin engaños de clase alguna.

 
También, por otro lado, es importante tener en cuenta que si no queremos que otros las practiquen con nosotros debemos estar constantemente alertas, no pecar de ingenuidad, ni confiar de buenas a primeras en todo lo que se nos dice ni en las apariencias.

 
Otra cuestión, no menos importante que lo anterior, es lograr el suficiente conocimiento de nosotros mismos, de nuestras riquezas y de nuestras carencias, de nuestras propias debilidades y fortalezas, así como de los gustos y desagrados, y de ese modo estaremos preparados para no dejarnos arrastrar por anhelos fantásticos, vanas ilusiones,  o buscar la satisfacción inmediata de cualquier deseo…

 
AUTOR: Carlos Aurelio Caldito Aunión.

ACERCA DEL ORIGEN DE LOS PUEBLOS.

 

Medio Oriente realidad y falsedad

http://goo.gl/iurd

Acerca del origen de los pueblos

Por Aviber ( http://goo.gl/S1lg )

albertobernator@gmail.com

 Mitos, Hipótesis y Evidencias

Acerca del origen de los pueblos

 La verdadera identidad de los palestinos

 

En éste estudio presento el verdadero origen e identidad del pueblo árabe comúnmente conocido como «palestinos», y los muchos mitos difusos acerca de ellos. Este estudio es absolutamente neutral y objetivo, basado únicamente en evidencias históricas y arqueológicas así como en otros documentos, incluso fuentes árabes, y citando declaraciones de autoridades y personalidades islámicas.

Existen muchos mitos modernos –o mas exactamente, mentiras– que podemos oír diariamente a través de los medios de comunicación como si fueran verdades, por supuesto, ocultando la verdad.

Por ejemplo, cada vez que se menciona el Monte del Templo o Jerusalem, se recalca que es «el tercer lugar santo para los musulmanes», pero ¿por qué no se dice nunca que es el PRIMER Lugar Santo de los judíos? ¡ La información es evidentemente parcial !

 

Para hacer éste estudio lo mas comprensible posible, será presentado en dos unidades:

·1) Mitos y evidencias acerca del origen e identidad del pueblo impropiamente llamado palestino;

·2) Mitos y evidencias en relación a Jerusalem y la Tierra de Israel.

 

Origen e identidad de los palestinos

 

Los palestinos son el mas reciente de todos los pueblos sobre la faz de la tierra, y comenzaron a existir en un solo día a causa de una especie de fenómeno sobrenatural único en la historia de la humanidad, como es testificado por Walid Shoebat, un ex-terrorista de la OLP que logró reconocer la mentira por la cual estaba luchando y la verdad que estaba combatiendo:

 

“ ¿Por qué el 4 de junio del 1967 yo era un jordano y de repente al otro día me transformé en un palestino? ”

 

“A nosotros no nos importaba que hubiera un gobierno jordano. La enseñanza que debíamos lograr la destrucción de Israel era parte definida en nuestro currículum, pero nos considerábamos a nosotros mismos como jordanos hasta que los judíos regresaron a Jerusalem. Entonces improvisamente, todos éramos palestinos – quitaron la estrella de la bandera de Jordania y en un momento tuvimos la bandera palestina”.

“Cuando finalmente me dí cuenta de las mentiras y mitos que me enseñaron, es mi deber como persona honesta desenmascararlos”.

Ésta declaración de un verdadero «palestino» debe tener algún significado para un observador sinceramente neutral.

De hecho, no existe una tal cosa como el pueblo palestino, o una cultura palestina, o una lengua palestina, o una historia palestina. Nunca existió un estado palestino, ni ha sido jamás encontrado ningún resto arqueológico o moneda palestina.

Los actuales «palestinos» son un pueblo árabe, de cultura árabe, lengua árabe, historia árabe.

Ellos tienen sus propios estados árabes desde donde emigraron a la Tierra de Israel hace aproximadamente un siglo atrás con el fin de contrastar la inmigración judía. Ésta es la verdad histórica.

Ellos eran jordanos (otra reciente invención británica, porque jamás existió ningún pueblo conocido como «jordanos»), después de la Guerra de los Seis Días, en la que Israel derrotó en manera categórica y aplastante la coalición de nueve estados árabes y tomó legítimamente poseso de Judea y Samaria, los habitantes árabes de esas regiones experimentaron una especie de milagro antropológico y descubrieron que eran palestinos – algo que no sabían el día anterior.

Por supuesto, ésta gente, teniendo una nueva identidad debían construirse artificialmente una historia, es decir, debían robar la historia de algún otro, y el único modo para lograr que las víctimas de tal robo no se quejaran era que éstas no existieran mas. Entonces, los líderes palestinos se arrogaron dos linajes contradictorios de antiguos pueblos que habitaron en la Tierra de Israel: los cananeos y los filisteos.

Consideremos ahora ambos antes de proseguir con la cuestión palestina.

Los cananeos:

Los cananeos son históricamente reconocidos como los primeros habitantes de la Tierra de Israel, antes que se establecieran allí los hebreos. De hecho, el nombre geográfico correcto de la Tierra de Israel es Canaán, no «Palestina» (que es una invención romana, como veremos mas adelante). Los cananeos consistían en diferentes tribus, que pueden distinguirse en dos grupos principales: los septentrionales o cananeos de la costa y los meridionales o cananeos de la montaña.

·Los cananeos septentrionales poblaban la costa oriental del Mar Mediterráneo desde la parte sudoriental del golfo de Iskenderun hasta las proximidades del golfo de Haifa.

Sus ciudades principales eran Tzur (Tiro), Tzidon (Sidón), Gebal (Byblos), Arvad, Ugarit, y son mas conocidos en la historia por su nombre griego, Fenicios, pero ellos se llamaban a sí mismos «Kana’ana» or «Kinajnu».

No fundaron ningún reino unificado sino mas bien se organizaron en ciudades autónomas, y no eran un pueblo guerrero sino hábiles comerciantes, navegantes y constructores.

Los fenicios hablaban el arameo, idioma que adoptaron de sus vecinos semitas, lengua que era estrechamente emparentada conel hebreo (¡no con el árabe!). Fenicios e israelitas no necesitaban intérpretes para entenderse.

Les tocó el mismo destino que al antiguo Reino de Israel y cayeron bajo la dominación asiria, luego babilónica, persa, macedonia, seléucida y romana. 

A través de la historia los fenicios se mezclaron con diferentes pueblos que habitaron en su tierra, principalmente griegos y armenios.

Durante la expansión islámica fueron arabizados, sin embargo, nunca fueron completamente asimilados, y su actual nación es elLíbano, erróneamente considerada como un país «árabe», una etiqueta la el pueblo libanés rechaza.

A diferencia de los estados árabes, el Líbano tiene un nombre oficial en estilo democrático-occidental, «República del Líbano», sin el adjetivo «árabe» que se requiere en la denominación de todo estado árabe. La única mención del término árabe en la constitución libanesa se refiere a la lengua oficial del estado, lo que no significa que el pueblo libanés sea árabe, en la misma manera que el idioma oficial de la Argentina es elespañol sin que ésto califique a los argentinos como españoles.

Los comúnmente llamados palestinos no son libaneses (aunque algunos de ellos provienen del Líbano ocupado por Siria), por lo cual no son fenicios (cananeos)

De hecho, en Líbano los palestinos son «refugiados» y no se identifican con la población local.

·Los cananeos meridionales habitaron en la región montañosa desde el Golan hacia el sur, en ambos lados del Yarden (Jordán) y sobre la costa del Mediterráneo desde el golfo de Haifa hasta Yafo, que es el Canaán bíblico.

Consistían en varias tribus de extracciones diferentes: además de los cananeos propiamente dichos, (fenicios), estaban los amorreos, hititas y pueblos hurritas como los jebuseos, heveos y horeos, todos ellos asimilados dentro del contexto arameo-cananeo.

Nunca constituyeron un estado unificado ni organizado, sino que se mantuvieron dentro de un sistema de alianzas tribales.

Cuando los primeros hebreos llegaron a Canaán compartieron la tierra pero no se mezclaron, porque era prohibido a la familia de Abraham contraer matrimonio con cananeos. Sin embargo, once de los doce hijos de Yakov tomaron mujeres cananeas (el otro hijo tomó una egipcia), y desde entonces, las Tribus de Israel comenzaron a mezclarse con los habitantes locales.

Después del Éxodo, cuando los israelitas conquistaron la Tierra, hubo algunas guerras entre ellos y los cananeos en todo el periodo de los Shoftim (Jueces), hasta que los cananeos fueron definitivamente sometidos por el Rey David.

En aquél tiempo, la mayoría de los cananeos estaban emparentados con los israelitas, unos voluntariamente aceptaron la Torah y pasaron a ser israelitas, otros se unieron al ejército de Israel o de Judá.

En efecto, los cananeos son raramente mencionados durante elperiodo de los Reyes, generalmente en referencia a sus costumbres paganas que introdujeron entre los israelitas, pero ya no como un pueblo distinto, porque habían sido completamente asimilados dentro de la nación israelita.

Cuando los asirios invadieron el Reino de Israel, no dejaron aparte ningún cananeo, pues ya habían pasado a ser todos israelitas en aquél tiempo. Lo mismo sucedió cuando los babilonios deportaron la población del Reino de Judá.

Por lo tanto, el único pueblo que puede trazar un linaje que conduzca hasta los antiguos cananeos son los judíos, no los palestinos, porque cananeos no existían después del siglo 8th a.e.c. y no fueron aniquilados sino asimilados en el pueblo judío.

Conclusión: los palestinos no pueden reclamar ninguna descendencia de los antiguos cananeos – en tal caso,

¿por qué no pretender también los «territorios ocupados» por Siria, es decir, el Líbano? ¿Por qué no hablan el idioma de los antiguos cananeos, que era el hebreo?

Porque NO son cananeos!

Los filisteos:

Es del término «filisteo» que el nombre «palestino» ha sido tomado.

En realidad, los antiguos filisteos y los modernos palestinos tienen algo en común: ¡ ambos son invasores de otras tierras ! Ése es precisamente el significado de su nombre, que no es una denominación étnica sino un adjetivo aplicado a ellos:peleshet, del verbo «pelesh»«secesionistas»«intrusos» o«invasores».

Los filisteos eran una confederación de pueblos no-semíticos provenientes de Creta, las islas del Egeo y Asia Menor,conocidos también como «Pueblos del Mar». Las principales tribus eran Tzekelesh, Shardana, Akhaiusha, Danauna, Tzakara, Masa o Meshwesh, Lukki, Dardana, Tursha, Keshesh o Karkisha, Labu e Irven.

La patria original del grupo dominante en la federación filistea, o sea los «pelesati», era la isla de Creta. Cuando la civilización minoica colapsó, también la cultura minoica desapareció de Creta, porque invasores de Grecia tomaron el control de la isla. Estos antiguos que cretenses llegaron al sur de Canaán eran conocidos como «pelestim y keretim» por los hebreos y cananeos (que se aliaron para combatir contra los invasores).

El primer asentamiento filisteo parece haber sido Gaza, cuyo nombre original fue «Minoah», una clara referencia al caído reino minoico.

También invadieron Egipto y fueron derrotados por el faraón Ramsés III en el siglo 12 a.e.c.

Los filisteos estaban organizados en ciudades-estado, siendo elnúcleo principal la Pentápolis: Gaza, Ashdod, Ashkelon, Gath y Ekron, y su territorio era sobre la costa del Mediterráneo, un poco mas amplio que la actual «Franja de Gaza» – ¡ no la entera Judá, nunca llegaron a conquistar Hevron, Jerusalem o Jericó !

Los Pueblos del Mar que invadieron Egipto fueron expulsados hacia otras tierras del Mediterráneo y no evolucionaron para pasar a ser ningún pueblo árabe, sino que desaparecieron y ya no eran mas reconocibles en tiempos de los romanos.

Aquellos que vivían en Canaán fueron derrotados por el Rey David y reducidos a la insignificancia, los mejores guerreros de ellos fueron elegidos por David como su guardia personal.

Los filisteos que aún quedaron en Gaza fueron sometidos por Sargón II de Asiria y después de aquél tiempo, desaparecieron definitivamente de la historia. Nunca mas fueron mencionados desde el retorno de los judíos de Babilonia.

Conclusión: no hay una sola persona en el mundo que pueda probar de tener ascendencia filistea, sin embargo, si los palestinos insisten, deben reconocerse a sí mismos como invasores en Israel, y deben reclamar a Grecia que les devuelva la isla de Creta! Los filisteos se extinguieron, y toda alusión a una supuesta relación genética con ellos es completamente falsa pues es históricamente imposible de establecer. 

En todo caso, reclamar una heredad filistea es inútil pues no puede legitimar ninguna tierra en la cual ellos han sido ocupantes extranjeros y no habitantes nativos. Los filisteos no eran árabes, y la única característica en común entre ambos pueblos es que en Israel deben ser considerados como invasores, los filisteos desde el mar y los árabes del desierto.

Ellos no quieren a Jerusalem porque sea su ciudad, que no lo es y no lo ha sido nunca, ellos simplemente quieren quitársela a los judíos, a quienes ha siempre pertenecido por tres mil años. Los filisteos trataron de quitar a los israelitas el Arca del Pacto, los palestinos modernos tratan de quitarles la Ciudad del Pacto.

Los palestinos: No, ellos no son ningún pueblo antiguo, aunque lo digan. Ellos nacieron en un solo día, después de una guerra que duró seis días en 1967 e.c.

Si ellos fueran verdaderos cananeos, hablarían en hebreo y reclamarían a Siria que les dé las tierras ocupadas en el Líbano,pero no lo son.

Si fueran filisteos, reclamarían la isla de Creta a Grecia y reconocerían que no tienen nada que ver con la Tierra de Israel, y pedirían excusas a Israel por haber robado el Arca del Pacto.

La tierra llamada «Palestina»

En el siglo 2 e.c., el último intento de los judíos de lograr la independencia del Imperio Romano terminó con el famoso evento de Masada, que es históricamente documentado y universalmente reconocido como el hecho que determinó la Diáspora Judía en manera definitiva. La Tierra donde éstos eventos ocurrieron era hasta entonces conocida como la provincia de Judæa, y no existe ninguna mención de algún lugar llamado «Palestina» antes de ése tiempo.

El emperador romano Adriano estaba muy enfadado con la Nación Judía y decidió eliminar el nombre de Israel y de Judá de la faz de la tierra, para que no hubiera mas memoria del país que pertenecía a aquél pueblo rebelde.

Entonces decidió reemplazar la denominación de aquella provincia romana y recurrió a la historia antigua para hallar un nombre que pudiera ser apropiado, y encontró que un pueblo extinto que era desconocido en tiempos romanos, llamado «filisteos», habitó una vez en ésa área y eran enemigos de los israelitas.

Por lo tanto, según la escritura latina, inventó el nuevo nombre:«Palæstina», un nombre que sería también odioso para los judíos recordándoles sus antiguos rivales. El emperador hizo ésto con elpropósito explícito de eliminar todo vestigio de la memoria de la historia judía.

Los antiguos romanos, como los modernos palestinos, han cumplido la Profecía de las Escrituras que declara: «Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus elegidos. Han dicho: ‘Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel’.» – Tehilim 83:3-4 (Salmo 83:3-4). Pero fracasaron, porque Israel todavía vive.

Toda persona honesta reconoce que no existe mención del nombre Palestina en la historia antes que los romanos re-denominaran la provincia de Judea, que tal nombre no se encuentra en ningún documento de la antigüedad, no se halla escrito en la Biblia, ya sea en las Escrituras Hebreas como en elTestamento Cristiano, ni tampoco en registros asirios, o persas, macedonios, ptolemaicos, seléucidas o otras fuentes griegas, y que ningún pueblo «palestino» ha sido jamás mencionado, ni siquiera por los romanos que inventaron el término.

Si los «palestinos» supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no combatieron por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos?

¿Cómo es posible que ningún líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos haya sido mencionado en algún documento histórico?

¿Por qué no resulta ningún grupo de rebeldes palestinos, como por ejemplo los Zelotes judíos?

¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y también griegos, romanos y otros como extranjeros que vivían en Judea, pero no se nombra ningún pueblo palestino, ni como nativos ni como extranjeros?

Es mas, no hay ninguna referencia a algún pueblo palestino en elqur’an (corán), aunque los musulmanes dicen que su profeta estuvo una vez en Jerusalem (un evento que no se menciona en elcorán). Resulta evidente que él nunca encontró ningún palestino en toda su vida, ni tampoco sus sucesores.

El califa Salahuddin al-Ayyub (Saladino), conoció a los judíos y cortésmente les invitó a establecerse en Jerusalem, que él reconocía como la Patria de ellos, pero nunca vió a ningún palestino… ¡Decir que los palestinos son el pueblo original de Eretz Yisrael no está sólo en contra de la historia secular sino también en contra de la historia islámica!

El nombre «Falastin» que los árabes usan hoy para decir «Palestina» no es un nombre árabe, sino que ha sido adoptado y adaptado del latín Palæstina.

¿Cómo puede un pueblo árabe tener un nombre occidental en lugar de uno en la propia lengua?

Porque el uso del término «palestino» para un grupo árabe es solamente una creación política moderna sin ninguna base histórica o étnica, y no indica algún pueblo antes del 1967.

Un escritor y periodista árabe declaro «Jamás existió una tierra llamada Palestina gobernada por palestinos. Los palestinos son árabes, indistinguibles de los jordanos (otra invención reciente), sirios, iraquíes, etc. Tened en mente que los árabes controlan el 99.9 por ciento del Medio Oriente. Israel representa un décimo del uno por ciento de las tierras. Pero eso es demasiado para los árabes. Ellos quieren poseer todo. Y éste es en definitiva el motivo del conflicto con Israel… No importa cuántas concesiones de territorio los israelíes hagan, nunca será suficiente».

– Joseph Farah, «Mitos del Medio Oriente» – 

Tomemos en consideración lo que otros árabes han dicho:

«no existe ningún país que se llame Palestina. ‘Palestina’ es un término inventado por los Sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. ‘Palestina’ es ajena para nosotros. Son los Sionistas que han introducido este nombre».

– Auni Bey Abdul-Hadi, líder árabe sirio en la British Peel Commission, 1937 –

«No existe ninguna cosa llamada Palestina en la historia, absolutamente no». 

– Profesor Philip Hitti, historiador árabe, 1946 –

«Es de público dominio el hecho que Palestina no es otra cosa que la Siria meridional».

– Representante de Arabia Saudita en las Naciones Unidas, 1956 –

En cuanto a la Tierra Santa, el jefe de la delegación Siria en la Conferencia de Paz de París en febrero 1919 dijo:

«La única dominación árabe desde la Conquista en el 635 e.c. apenas duró como tal 22 años».

Las declaraciones precedentes, hechas por políticos árabes, fueron anteriores al 1967, porque no tenían la mas mínima idea de la existencia de ningún pueblo palestino.

 ¿Cómo y cuándo ellos cambiaron idea y decidieron que tal pueblo existe? Cuando el Estado de Israel renació en 1948 e.c., los «palestinos» no existían aún, los árabes todavía no habían descubierto ese «antiguo» pueblo. Estaban muy ocupados con elpropósito de aniquilar el nuevo Estado Soberano y no tenían intención de crear ninguna entidad palestina, sino solamente distribuir la tierra entre los estados árabes ya existentes.

Fueron derrotados. Trataron nuevamente de destruir Israel en 1967, y fueron humillados en sólo seis días, en los que perdieron la tierra que habían usurpado en 1948. En aquellos 19 años de ocupación árabe de Jerusalem, Judea, Samaria y la Franja de Gaza, ni Jordania ni Egipto sugirieron la idea de crear un estado «palestino», porque los aún inexistentes palestinos jamás habrían reclamado el supuesto derecho de tener un propio estado… Paradójicamente, durante el mandato británico, ningún grupo árabe era llamado «palestinos», sino los judíos!

Lo que otros árabes han declarado después de la Guerra de los Seis Días:

«No hay diferencias entre los jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de una misma nación. Es sólo por razones políticas que subrayamos con énfasis nuestra identidad palestina… sí, la existencia de una identidad palestina separada sirve sólo por propósitos tácticos. La fundación de un estado palestino es una nueva arma para continuar la batalla contra Israel».

– Zuhair Muhsin, comandante militar de la OLP y miembro del consejo ejecutivo de la OLP –  

«Ustedes no representan a Palestina tanto como nosotros. Nunca olviden éste punto: No existe tal cosa como un pueblo palestino, no existe ninguna entidad palestina, existe sólo Siria. Ustedes son parte integrante del pueblo sirio, Palestina es parte integrante de Siria. Por lo tanto somos nosotros, las autoridades sirias, los verdaderos representantes del pueblo palestino».

– El dictador sirio Hafez Assad al líder de la OLP Yassir Arafat –  

«Cuando yo vivía en Palestina, todas las personas que yo conocí podían trazar su ascendencia hasta el país de origendel cual vinieron sus bisabuelos. Todos sabían perfectamente que sus orígenes no provenían de los cananeos, pero irónicamente, ésta era una de las materias que nuestra educación sobre el Medio Oriente incluye. ¡Elhecho es que los palestinos de hoy son inmigrantes de las naciones vecinas! Yo crecí sabiendo perfectamente que la historia y los orígenes de los palestinos de hoy provenían as de Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, cristianos de Grecia, sherkas musulmanes de Rusia, musulmanes de Bosnia, y los vecinos jordanos. Mi abuelo, que era un dignatario en Bethlehem, casi perdió su vida ante Abdul Qader Al-Husseni (el líder de la revolución palestina) después de haber sido acusado de haber vendido tierras a los judíos. El nos sabía decir que su pueblo Beit Sahur (Campos del Pastor) en eldistrito de Bethlehem era desierto antes que su padre se estableciera allí con otras seis familias. El pueblo ha crecido ahora hasta 30.000 habitantes». 

– Walid Shoebat, un árabe «ex-palestino» –  

¿Desde cuándo los «palestinos» viven en «Palestina»?

Según los extravagantes conceptos de las Naciones Unidas, toda persona que pasó DOS AÑOS (!!!) en «Palestina» antes de 1948, con o sin pruebas, es un «palestino», así como todos sus descendientes.

De hecho, los líderes de la OLP demandan el «derecho» de todos los palestinos a regresar a la tierra que ellos ocuparon antes de junio de 1967 e.c., pero se refutan con vehemencia de regresar a la tierra donde vivían sólo 50 años antes, es decir, en 1917 e.c. ¿Por qué? Porque si aceptaran hacerlo, tendrían que establecerse nuevamente en Irak, Siria, Arabia, Libia, Egipto… y sólo un puñado de árabes permanecería en Israel (por Israel se entiende toda la Tierra entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, mas la región del Golan).

Es enteramente documentado que los primeros habitantes de Eretz Yisrael eran los pioneros judíos, y no los árabes llamados palestinos. Algunos testigos oculares han escrito sus memorias acerca de la Tierra antes de la inmigración judía:

«No hay ni una aldea solitaria a través de toda la extensión (valle de Jezreel, Galilea); no por treinta millas en cualquier dirección… Uno puede recorrer diez millas en la región sin ver un alma viva. Para experimentar el tipo de soledad que causa tristeza, ven a Galilea… Nazareth es abandono… Jericó yace en desolada ruina… Bethlehem y Bethania, en su pobreza y humillación… desposeídas de toda criatura viviente… Una región desolada cuyo suelo es rico, pero completamente despojado de todo… una expansión silenciosa, lúgubre… una desolación… Nunca vimos un ser humano en todo el recorrido… Difícilmente se ve un árbol o un arbusto en algún lado. Incluso el olivo y el cactus, aquellos amigos del suelo árido e indigno, han desertado… Palestina yace en silicio y cenizas… desolada y desamorada…». 

– Mark Twain, «The Innocents Abroad», 1867 –

¿Dónde se habían escondido los palestinos que Mark Twain no los vió? ¿Dónde estaba aquél «antiguo» pueblo a mitad del siglo XIX e.c.? Por supuesto, los políticos árabes de hoy tratan de desacreditar a Mark Twain e insultarlo y culparlo de racismo. Sin embargo, resulta que había otras personas que no lograron reconocer a ningún palestino en aquellos tiempos, ni antes:  

«En 1590 un ‘simple visitante inglés’ en Jerusalem escribió: ‘Nada allí es interesante excepto un poco de las viejas murallas que aún permanecen, todo el resto es matas, espinos y cardos’.».

 – Gunner Edward Webbe, Palestine Exploration Fund,

Quarterly Statement, p. 86; de Haas, History, p. 338 –  

«la tierra en Palestina carece de gente que pueda cultivar su suelo».

– Thomas Shaw, arqueólogo británico, mediados del s. XVIII –

 «Palestina es una tierra arruinada y desolada».

– El conde Constantine François Volney, autor e historiador francés del s. XVIII

«Los árabes mismos no pueden ser considerados sino residentes temporarios. Plantaban sus tiendas en los campos o construían sus lugares de refugio en las ruinas de las ciudades. No han creado nada allí. Siendo extranjeros en esa tierra, nunca lograron ser los propietarios. El viento del desierto que los llevó allí también un día los llevará a otra parte sin que hayan dejado algún señal de su pasaje». 

– Comentarios de cristianos acerca de los árabes en Palestina en els. XIX –  

«Luego entramos en el distrito montañoso, y nuestros pasos se sentían sobre el lecho seco de un antiguo torrente, cuyas aguas deben haber sido abundantes en el pasado, así como la tenaz y turbulenta raza que una vez habitó esos salvajes montes. Debe haber existido algún cultivo unos dos mil años atrás. Las montañas, o grandes montes rocosos que circundan este pasaje rústico, tienen crestas sobre sus laderas hasta la cima; en estas terrazas paralelas hay aún algo de suelo verde: cuando el agua fluía aquí, y el país era habitado por esa extraordinaria población que, según las Sacras Historias, era numerosa en la región, estas terrazas de montaña deben haber sido jardines y viñedos, como los que vemos hoy a lo largo de las costas del Rin. Ahora eldistrito es completamente desértico, y se lo recorre entre lo que parece haber sido muchas cascadas petrificadas. No vimos animales en aquél paisaje rocoso; escasamente una docena de pequeñas aves durante todo el recorrido».

– William Thackeray en «De Jaffa a Jerusalem», 1844 –

 «El país está considerablemente despoblado de habitantes y por lo tanto su mayor necesidad es de presencia humana».

 – James Finn, cónsul británico en 1857 –

 «Hay muchas pruebas, como antiguas ruinas, acueductos rotos, y restos de viejas rutas, que muestran que el país no ha sido siempre tan desolado como se ve ahora. En la porción de llanura entre Monte Carmel y Jaffa difícilmente se halla alguna aldea o otras señales de vida humana. Hay algunos rudos molinos que han sido arrastrados por la corriente de antiguos torrentes. Un viaje de una hora mas nos llevó a las ruinas de la antigua Cesarea, que un tiempo fue una ciudad de doscientos mil habitantes, y la capital romana de Palestina, pero ahora completamente desierta. A la puesta del sol notamos el puerto desolado, que una vez estaba repleto de naves, y miramos en vano hacia el mar tratando de ver algún barco. En éste que fue un mercado populoso, pleno de rumor del tráfico, reinaba el silencio del desierto. Después de cenar nos reunimos en nuestra tienda como siempre para hablar de los sucesos del día, o de la historia de la localitdad. Sin embargo era triste, cuando me recostaba en la noche, a escuchar el rumor de las olas y a pensar en la desolación a nuestro alrededor».

 – B. W. Johnson, en «Young Folks in Bible Lands», cap. IV, 1892 –

 «El área era despoblada y permanecía económicamente muerta hasta la llegada de los primeros pioneros Sionistas en los 1880s, que vinieron a reconstruir la Tierra Judía. El país ha seguido siendo «la Tierra Santa» en la conciencia religiosa e histórica de la humanidad, que la relaciona con la Biblia y la historia del pueblo judío. El desarrollo del país producido por los judíos ha atraído también gran número de otros inmigrantes – judíos y árabes. La ruta que va desde Gaza hacia el norte era sólo un camino usado enel verano apropiado para camellos y carros… Las casas eran todas de barro. No se veían ventanas… Los arados que se usaban eran de madera… Las cosechas eran muy pobres… Las condiciones sanitarias en la aldea [Yabna] eran horribles… Las escuelas no existían… La tasa de mortalidad infantil era altísima… La parte occidental, hacia el mar, era prácticamente un desierto… Las aldeas en ésta área eran pocas y escasamente pobladas. Muchas ruinas de poblados dispersas en el área, porque debido a la difusión de la malaria, muchas aldeas fueron abandonadas por sus habitantes».

– Informe de la British Royal Commission, 1913 –

 La lista de viajeros y peregrinos a través de los siglos XVI hasta XIX e.c. que coinciden en dar descripciones similares de la Tierra Santa es muy larga, incluyendo Alphonse de Lamartine, Sir George Gawler, Sir George Adam Smith, Siebald Rieter, sac. Michael Nuad, Martin Kabatnik, Arnold Van Harff, Johann Tucker, Felix Fabri, Edward Robinson y otros. Todos ellos hallaron el país casi vacío, exceptuando las comunidades judías en Jerusalem, Shechem, Hevron, Haifa, Safed, Irsuf, Cesarea, Gaza, Ramleh, Acre, Sidon, Tzur, El Arish, y algunos poblados en Galilea: Ein Zeitim, Pekiin, Biria, Kfar Alma, Kfar Hanania, Kfar Kana y Kfar Yassif. Incluso Napoleón I Bonaparte, habiendo visto la necesidad que la Tierra Santa fuera poblada, tuvo en mente programar un retorno masivo de los judíos de Europa para que se establecieran en el país que él reconocía como de ellos – evidentemente, el emperador no vió a ningún «palestino» reclamando derechos históricos sobre la Tierra Santa, cuyos pocos habitantes eran casi todos judíos.

 Además, muchos documentos árabes confirman el hecho que la Tierra Santa era de población y cultura judía a pesar de la Diáspora:

·En 985 e.c. el escritor árabe Muqaddasi se quejaba que en Jerusalem la gran mayoría de la población era judía, diciendo que«la mezquita está vacía y sin adoradores…».

 

·Ibn Khaldun, uno de los más acreditados historiadores árabes, en 1377 e.c. escribió:

«La soberanía judía en la Tierra de Israel dura por mas de 1400 años… Fueron los judíos que implantaron la cultura y las costumbres del asentamiento permanente».

Después de 300 años de dominación árabe en la Tierra Santa, Ibn Khaldun testificó que la cultura y las tradiciones judías eran todavía dominantes. En aquél tiempo no había ninguan evidencia de raíces o cultura «palestinas» .

·El historiador James Parker escribió:

«Durante el primer siglo después de la conquista árabe [670-740 e.c.], el califa y los gobernnadores de Siria y la Tierra [Santa] reinaban enteramente sobre súbditos cristianos y judíos. Aparte de lso beduinos en tiempos precedentes, los únicos árabes al oeste del Jordán eran los de las guarniciones».

 Aún cuando los árabes dominaron la Tierra desde el 640 e.c. hasta el 1099 e.c., nunca fueron la mayoría de la población. Casi todos los habitantes eran cristianos (asirios y armenios) y judíos.

 Si los documentos históricos, comentarios escritos por testigos oculares y declaraciones de los estudiosos árabes de mayor prestigio no son aún suficientes, citemos entonces la mas importante autoridad para los árabes musulmanes:

 «Entonces Nosotros [Alá] dijimos a los Hijos de Israel:‘habitad seguramente en la Tierra Prometida. Y cuando la última admonición pasará, os reuniremos allí en gran multitud’.».

 – Qur’an 17:104 –

Todo musulmán sincero debe reconocer la Tierra que ellos llaman «Palestina» como la patria Judía, según el libro que ellos consideran ser el más sagrado y la última revelación de Alá.

 Continuidad de la presencia judía en la Tierra Santa

Siempre que se trata la cuestión de la población judía en Israel, se da por sabida la idea que los judíos están «regresando» a la propia Patria después de dos milenios de exilio.

 Es verdad que tal es el caso de la mayoría de los judíos, pero no de todos ellos. No es correcto decir que la entera nación judía estaba en el exilio. El largo exilio, conocido como Diáspora, es un hecho documentado que prueba la legitimidad del reclamo judío de la Tierra de Israel, y fue la consecuencia de las Guerras Judaicas de independencia del Imperio Romano.

 Si los «palestinos» supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa,

 ¿por qué no lucharon por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos?

¿Cómo es posible que ni siquiera un solo líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos sea mencionada en ningún documento histórico?

¿Por qué no se habla de ningún grupo revolucionario palestino, como por ejemplo los Zelotes judíos?

¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y griegos, romanos y otros como extranjeros residentes en Judea, pero ningún pueblo palestino, ni como nativo ni como extranjero?

 Después de la última guerra judaica en el s. 2 e.c., el emperador Adriano saqueó Jerusalem en el 135 e.c. y le cambió el nombre por Ælia Capitolina, y el nombre de Judæa por Palæstina, para eliminar la identidad judía de la faz de la tierra.

 La mayoría de los judíos fueron expulsados de su propia Tierra por los romanos, hecho que determinó el inicio de la grande Diáspora. Sin embargo, pequeños grupos de judíos permanecieron en la provincia que fue denominada «Palestina», y sus descendientes habitaron en el propio país continuamente a través de generaciones hasta que los pioneros Sionistas comenzaron elretorno en masa en el siglo XIX. por lo tanto, el reclamo judío de la Tierra de Israel es justificado no sólo en base a la antigua Promesa Bíblica, sino también por una presencia permanente de judíos como la única comunidad étnica autóctona existente en la Tierra Santa.

 A través de los siglos y bajo diferentes dominaciones, los judíos «palestinos» nunca se sometieron a la asimilación sino que conservaron su identidad espiritual y cultural, así como las relaciones con otras comunidades judías en el Medio Oriente.

 El continuo flujo de judíos Mizrachim (orientales) y Sefaradim (mediterráneos, españoles) hacia la Tierra Santa contribuyó a mantener la existencia de la población judía en el área. Ésta presencia judía permanente en la impropiamente llamada Palestina precede de muchos siglos a la llegada del primer conquistador árabe.

Aún cuando Jerusalem fue declarada prohibida para los judíos en diferentes periodos (desde que los romanos prohibieron a todos los judíos entrar en la Ciudad), muchos de ellos se establecieron en las inmediatas proximidades y en otros poblados y aldeas de la Tierra Santa. Una comunidad judía se estableció en el Monte Sión. 

 El dominio romano y luego bizantino fueron opresivos; a los judíos fue prohibido hacer oraciones en el Kotel ( los restos del muro Occidental ), donde estuvo el Santo Templo. 

 Los persas sasánidas tomaron el control sobre Jerusalem en el 614 e.c. aliados con los judíos locales, pero cinco años mas tarde la Ciudad cayó nuevamente bajo control bizantino, aunque efímeramente porque en el 638 e.c. Jerusalem fue capturada por elcalifa Omar. Ésa fue la primera vez que un líder árabe puso el pie en la Ciudad Santa, habitada por pueblos no-árabes (judíos, asirios, armenios, griegos y otras comunidades cristianas). 

 Después de siglos de opresión romano-bizantina, los judíos dieron la bienvenida a los conquistadores árabes con la esperanza que sus condiciones mejorasen. los árabes encontraron una fuerte identidad judía en Jerusalem y alrededores; los judíos vivían en todo distrito del país y en ambos lados del Jordán. De hecho, los «palestinos» que habitaban históricamente en la Tierra Santa no eran otros que los mismos judíos! 

 Ciudades como Ramallah, Jericó y Gaza eran enteramente judías en aquél tiempo. Los árabes, no teniendo ningún nombre en la propia lengua para denominar ésta región, adoptaron el nombre latino «Palæstina», que tradujeron al árabe como «Falastin».

Los primeros inmigrantes árabes que se establecieron en la impropiamente llamada Palestina – o, según la moderna concepción de la ONU, los primeros «refugiados palestinos» – eran judíos árabes, es decir nabateos que habían adoptado el judaísmo. 

 Antes del islam, centros prósperos como Khaybar y Yathrib (re-denominada Medina) eran ciudades judío-nabateas. Cuando había carestía en el país, la gente se dirigía a Khaybar; los judíos siempre tenían frutos, y sus campos producían y eran irrigados con abundancia de agua. Cuando las hordas musulmanas conquistaron la Península Arábiga, toda esa riqueza fue reducida a ruinas; los musulmanes perpetraron masacres contra los judíos y los reemplazaron con masas de fellahin ignorantes sometidos a la nueva religión. Los sobrevivientes debieron escapar y refugiarse en la Tierra Santa, principalmente en Jericó y Dera’a, a ambos lados del Jordán.

Los califas árabes (omeyas, abasidas y fatimidas) controlaron la Tierra Santa hasta el 1071 e.c., cuando Jerusalem fue capturada por los turcos selyúcidas, y después de ése momento, nunca mas cayó bajo dominación árabe. Durante todo ése periodo, los árabes no establecieron ninguna estructura social permanente, sino se limitaron a gobernar sobre los habitantes nativos no-árabes, cristianos y judíos. Todo observador honesto notará que los árabes dominaron la Tierra Santa tres siglos menos que cuanto dominaron España!

En el 1099 e.c., los cruzados europeos conquistaron la impropiamente llamada Palestina y establecieron un reino que fue políticamente independiente, pero nunca desarrollaron una identidad nacional; era sólo una guarnición militar de la Europa «cristiana». Los cruzados eran perversos y trataron por todos los medios de eliminar toda expresión de la cultura judía, pero todos sus esfuerzos terminaron sin éxito. En el 1187 e.c., los judíos participaron activamente con Salah-ud-Din Al’Ayyub (Saladino) contra los cruzados en la conquista de Jerusalem. Saladino, que fueel mas grande conquistador musulmán, no era un árabe sino un curdo. 

 Los cruzados tomaron Jerusalem nuevamente desde 1229 hasta 1244 e.c., cuando la Ciudad fue capturada por los jwarezmios. Siguió un periodo de caos y de invasiones mongolas hasta el 1291 e.c., cuando los mamelucos completaron la conquista de casi todoel Medio Oriente y pusieron su capital en El Cairo, Egipto. los mamelucos eran originalmente mercenarios del Asia Central y del Cáucaso empleados por los califas árabes; una mezcolanza de pueblos cuyo contingente principal era compuesto por cumanos, una tribu turca conocida también como kipchak, relacionada con los selyúcidas, kimaks y otros grupos. Se caracterizaban por su comportamiento ambiguo, porque los mercenarios cumanos frecuentemente servían ejércitos enemigos contemporáneamente. 

 Los soldados mamelucos aprovecharon del momento propicio para tomar el poder para sí mismos, y aún cuando fueron despojados de su dominio, siguieron siendo empleados como guerreros por los sultanes otomanos y últimamente por Napoleón Bonaparte.

En el 1517 e.c., Jerusalem y toda la Tierra Santa fueron conquistados por los turcos otomanos y permanecieron bajo éste dominio por cuatro siglos, hasta el 1917 e.c., cuando los británicos capturaron Jerusalem y establecieron el «Mandato de Palestina». Fue el fin del Imperio Otomano, que hasta entonces poseía todos los que ahora son países árabes. De hecho, desde la caída del califato abasida en el 945 e.c., no existió ninguna entidad política árabe en el Medio Oriente por un milenio!

A inicios del siglo XX e.c., la población de Judea y Samaria –impropiamente llamada «Cisjordania»– contaba con menos de 100.000 habitantes, de los cuales la mayoría eran judíos. Gaza no tenía mas de 80.000 habitantes «nativos» en el 1951, a la conclusión de la Guerra de Independencia de Israel contra todo elmundo árabe. Gaza fue ocupada por los árabes: 

 ¿Cómo es posible que en sólo 50 años haya crecido de 80.000 a mas de un millón de personas?

 ¿Son todos esos árabes de Gaza tan hábiles para procrearse en manera sobrenatural? 

 La inmigración masiva es la ÚNICA explicación plausible para tal crecimiento demográfico. La ocupación árabe entre el 1948 y el1967 constituyó una gran oportunidad para los líderes árabes para promover la inmigración masiva de «palestinos» (una mezcolanza de inmigrantes árabes) en Judea, Samaria y Gaza de todo país árabe, principalmente de Egipto, Siria, Líbano, Irak y Jordania.

 De hecho, desde 1950 hasta la Guerra de los Seis Días, bajo dominio Jordano, fueron fundados más de 250 asentamientos árabes en Judea y Samaria. 

 La reciente construcción de las casas árabes resulta demasiado evidente en base a los materiales usados para construirlas: cemento armado y bloques. El gobierno israelí admite de haber permitido a mas de 240.000 trabajadores entrar en Judea y Samaria a través de la frontera con Jordania desde la Conferencia de Oslo ‒ sólo para permitirles de establecerse en esos territorios como colonos árabes. 

 El número real es probablemente mayor. Si cientos de miles de trabajadores inmigrantes del Medio Oriente están llegando a Judea, Samaria y Gaza, ¿por qué se requiere a Israel de darles trabajo? 

 En realidad es el contrario, está ayudando económicamente ésta gente que se rehúsa de aceptar la ciudadanía israelí o jordana; Israel está sólo atrayendo mas inmigrantes. 

 Arabia Saudita en un solo año expulsó mas de 1.000.000 de inmigrantes sin ciudadanía. 

 Basta que alguno piense que todos ellos son «palestinos», considerando la definición de «palestino» según las Naciones Unidas: todos los árabes que han pasado DOS AÑOS en «Palestina» antes del 1948, y sus descendientes ‒con o sin alguna prueba o documento‒. Ésta definición fue específicamente designada para incluir colonos inmigrantes árabes ( no colonos judíos ).

 La perfidia británica

 La restauración de la Tierra desolada y desierta inició en la última mitad del s. XIX con la llegada de los primeros pioneros judíos. 

Su trabajo creó nuevas y mejores condiciones y oportunidades, que a su vez atrajeron inmigrantes de muchas partes del Medio Oriente, principalmente árabes pero también circasianos, curdos y otros. 

 La Declaración de Balfour del 1917, confirmada por la Liga de Naciones, encargó al gobierno británico (que tomó el control de la Tierra Santa después de haber derrotado a los turcos otomanos) al principio que «el gobierno de Su Majestad vé con favor elestablecimiento en Palestina de la Patria Nacional Judía, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de tal objetivo».

 Fue especificado sea que ésta área sería abierta para»asentamiento judío» sea que los derechos de los habitantes ya residentes en el país serían preservados y protegidos. 

 El «Mandato de Palestina» ‒como fue denominada la tierra ocupada por los británicos‒ originalmente incluía todo lo que es hoy Jordania, así como todo Israel, y los impropiamente llamados «territorios» entre ambos (?) ‒en realidad, el río Jordán y el Mar Muerto son el único «territorio» entre Israel y el Reino Hachemita‒.

Sin embargo, los intereses políticos y económicos de la Gran Bretaña en Arabia se transformaron rápidamente en una vergonzosa política anti-judía. 

 El gobierno británico progresivamente limitó la inmigración judía. En 1939 la admisión de judíos para entrar en la Tierra Santa fue terminada. En el momento que los judíos de Europa tenían la mayor necesidad de refugio, los británicos les negaron de llegar a la Tierra que era la única esperanza de liberación de las atrocidades de la Shoah. ¡Sí, el gobierno británico no es menos culpable que la Alemania nazi por la Shoah!

 Contemporáneamente, los británicos permitieron e incluso fomentaron la inmigración masiva e ilegal en las tierras al oeste del río Jordán desde los países árabes.

 Sucesivamente, todas las tierras del Mandato de Palestina al este del río Jordán fueron entregadas a los árabes y se creó el estado títere de «Trans-Jordania», nombre que luego fue cambiado por «Jordania» después que los árabes ocuparon el lado occidental en 1948. No existía ningún nombre árabe tradicional o histórico para ésta tierra, entonces fue llamda en base al río que marcaba la frontera occidental (que luego fue incluido, hasta junio del 1967). Con éste acto político, que violó las condiciones de la Declaración de Balfour y el Mandato, los británicos robaron mas del 75 % de la Patria Nacional Judía.

 A ningún judío fue jamás permitido residir en la parte oriental del río Jordán. Quedaba entonces menos del 25 % del Mandato de Palestina, y aún de éste remanente, los británicos violaron los requisitos establecidos por Balfour y elMandato para la creación de la «Patria Nacional Judía» y del «asentamiento judío».

  Progresivamente restringieron el área donde los judíos podían comprar tierras, vivir, edificar, cultivar o trabajar.

 Después de la Guerra de los Seis Días en 1967, Israel pudo finalmente establecerse en las tierras que habían sido prohibidas a los judíos por los británicos. Los gobiernos británicos sucesivos regularmente condenaron los asentamientos judíos como «ilegales».

 De hecho, fueron los británicos que actuaron ilegalmente prohibiendo el acceso a los judíos a la Patria Nacional Judía! Para concluir vergonzosamente, cuando se llevó a cabo la votación en la ONU para la creación del Estado de Israel el 29 de noviembre de 1947, el Reino Unido SE ABSTUVO.

 Israel fue reconocido por la URSS, los países comunistas, los EE.UU. y Filipinas. Cuando los británicos debieron irse de la Tierra Santa, dejaron sus armas en manos de los árabes ‒ mientras que prohibieron a los judíos de poseer armas, las cuales debían tener clandestinamente para defenderse del inminente ataque de los árabes, en los cuales los británicos resultarían «desligados» y libres de toda responsabilidad…

 

 

Recorrida por Palestina en 1695

  Wikipedia 

Adriaan Reland (also known as Adriaen Reeland/Reelant, Hadrianus Relandus)

http://goo.gl/5iS0X

 Google Books – original scanned book ( in Latin )

http://goo.gl/dEFR

 Por Abi Goldreich

La maquina del tiempo, este es el sentir mio cuando estoy en la librería con libros antiguos del Sr. Hober en Budapest, Hungria.

Hober ya conoce mis debilidades, y luego de decirme hola y de entregarme un vaso de agua mineral (el Sr. Hober es naturista vegetariano) me lleva por las escaleras hacia elsotano gigante e iluminado, al sector ´judío´.

El sector judío es una pieza donde hay libros antiguos de temas que aparentan para el Sr. Hober judíos. Entre los libros viejos hay algunos que no valen ni las tapas de cuero que llevan y en pocos casos se puede encontrar reales creaciones de cultura.

Muchos son los libros liturgicos viejos que quizás fueron robados de la ´gniza´ de las Sinagogas, capitulos del Talmud, el Tanaj, Mishnaiot, Shuljan Haruj, Sidurim viejos con tradición Ashkenaz. Suelo abrirlos para observar quienes eran sus dueños, quién fue eljoven que recibió el libro para el Bar Mitzva hace 200 años, y a quién se le entrego durante su vida. Curiosidad.

Muchos de los libros estan escritos en alemán, y son libros goticos que fueron escritos por cristianos o judíos asimilados.

De vez en cuando se puede encontrar un capítulo de Talmud escrito a mano, que son muy caros, varios miles de euro y estan desplegados en un armario detrás de una vitrina iluminada. Hober sabe su valor. Y a veces hay ofertas como el libro Palestina, de Hadriani Relandi llamado el profesional. palaestina ex monumentis veteribus illustrata, Trajecti Batavorum: Ex Libraria G. Brodelet, 1714.

Se puede encontrar estos libros originales en varios lugares del mundo y también en la Universidad de Haifa. Se puede ver donde se encuentra el libro y también se puede encontrar detalles del autor y más.

El autor Rilandi, hombre destacado, geografo, cartógrafo y filólogo sabía perfectamente hebreo, árabe y griego antiguo, más las lenguas europeas. El libro esta escrito en latín. En 1695 fue enviado a recorrer la tierra de Israel o con el nombre de entonces Palestina. En su recorrido investigó 2500 lugares principales que estan nombrados en el Tanaj o en la Mishna.

Su forma de investigación es interesante. Primero, mapea la Tierrade Israel. Segundo, Rilandi ubicó con su nombre a cada uno de los lugares nombrados por la Mishna o el Talmud. Con el original nombre judío, cita el versículo que el corresponde en los libros santos. Si el nombre original es romano o griego, trae en griego y en latín el vinculo. Tercero, también hizo una estadística de la población de cada uno de los asentamientos.

Las principales conclusiones son:

1. Ningún poblado en la Tierra de Israel tiene un nombre original en árabe. Los nombres de los poblados son en su mayoría hebreos, o griegos o latinos romanos. Hasta el día de la fecha practicamente, ningún asentamiento árabe (fuera de Ramle) tiene un nombre árabe original. La mayoría de los poblados tienen origen hebreo o griego que fue desfigurado al árabe sin un sentido claro. No tienen ningún sentido en árabe el nombre de Acco, Haifa, Yaffo, Nablus, Gaza o Jenin y otros nombres de ciudades como Ramallah, El Jalil y ElQuds que no tienen raices históricas o filográficas árabes. En el año 1696, el año del recorrido, Ramllah por ejemplo, es llamada Betela (Bet El), Hebrón es llamada Hebrón, y la Cueva de los Patriarcas es llamada por los árabes El Jalil (Sobrenombre del patriarca Abraham).

2. La tierra estaba en su mayoría vacía, desierta y sus habitantes eran pocos y se centralizaban en las ciudades como Jerusalem, Acco, Safed, Yaffo, Tiberia y Gaza. La mayoría de los habitantes en las ciudades eran judíos y el resto eran cristianos y muy pocos musulmanes que en su mayoría eran beduinos. Fuera de Nablus, …. donde estaban asentadas unas 120 personas de la familia musulmana Natasha y unos 70 samaritanos.

3. En Nazaret, capital del Galil, habían unos 700 pobladores, todos cristianos. En Jerusalem habían 5000 personas, la mayoría judíos y la minoría cristianos. Lo interesante es que a los musulmanes Rinaldi los nombra como unas pocas tribus beduinas, que llegaron como empleados temporales para ser utilizados como fuerza laboral en la agricultura o en la construcción. En Gaza por ejemplo, habían 550 personas, 50% judíos y 50% cristiano. Los judíos se ocupaban de la agricultura floreciente de los viñedos, aceitunas y trigo (Gush Katif) y los cristianos se ocupaban del comercio y del traslado de las producciones. En Tiberia y en Safed eran poblados judíos, aunque no se trae que se ocupen de la pezca en el Kinneret, una profesión de Tiberia antigua. Un poblado como Um el Fahm por ejemplo, habían 10 familias, todas cristianas, como 50 habitantes, y también una Iglesia Maronita (Familia Shahada).

4. El libro contradice de forma completa las teorías postmodernistas de la ´herencia palestina´ o del pueblo palestino. Y afirma y confirma la pertenencia de la tierra de Israel al pueblo judío y la falta de pertenencia definitiva de los árabes, que robaron aún el termino latino Palestina y se lo apoderaron.

5. Por ejemplo en España, en Granada, se ve la herencia y la construcción árabe. Ciudades gigantes como Granada en Andalucía, ciudades como Guadalajara, que cuentan con una herencia cultural árabe real: escritura, obras de arte, arquitectura, medicina y más. Unos 700 años de gobierno árabe en España dejaron una herencia que no se puede ocultar o esconder. Y en vez aquí, nada, no hay nombres de ciudades, no hay cultura, no hay arte, no hay historia, no hay testimonios de gobiernos árabes. Solo robo y fraude, robo del lugar más importante para los judíos, robo de la tierra prometida a los judíos. Ultimamente con el patrocinio de todo tipo de israelíes postmodernistas, el robo de la historia.

Histoy in a Nutshell – a la izquierda varias presentasiones en Flash en varios idiomas: http://goo.gl/cJ8m4

YouTube: http://goo.gl/hE6bd

Mapa virtual interactivo sobre Israel: http://www.eyeonisrael.com/

LA COLONIZACIÓN DE EUROPA

Extractos del libro

«LA COLONISATION DE L’EUROPE»

LA COLONIZACIÓN DE EUROPA

Por Guillaume Faye

La guerra étnica ha comenzado. Por lo bajo. Y, año tras año, se

amplía. Por el instante, ha tomado la forma de una guerrilla

urbana larvada: incendios de automóviles o de comercios,

agresiones repetidas de europeos, ataques al transporte público,

emboscadas a la policía o a los bomberos, razzias desde los

suburbios hacia los centros urbanos, etc… Como demuestra un

estudio sociológico encargado para analizar el fenómeno, la

delincuencia de los jóvenes afro-magrebíes es también un medio

de conquista de territorios y de expulsión de los europeos en el

interior del territorio estatal francés. No está motivada únicamente

por razones de simple criminalidad económica.

A partir de los suburbios, se crean enclaves o «zonas sin derecho»,

que se extienden como manchas de aceite hacia el exterior. Desde

que la población alógena alcanzó cierta proporción, la

delincuencia ha hecho emigrar a los «petits blancs», acosados por

las bandas étnicas. (…) Se calculan en más de 1000 estas zonas en

Francia. El fenómeno de parcelación del territorio puede sugerir

que estamos entrando en una nueva Edad Media. Pero también

encubre un proceso de colonización territorial, proceso que hace

pedazos las utopías izquierdistas del «mestizaje étnico». Las élites

intelectuales francesas, que suelen vivir en las caras barriadas

reservadas a los blancos, siempre han propuesto el mestizaje

social en las zonas urbanas. El mestizaje funciona de forma muy

diferente entre las clases sociales de origen europeo. Entre las

élites, que niegan las diferencias étnicas, no existe problema

alguno en abandonar amplias zonas urbanas a las mayorías

emigradas. En estos casos se habla de «fractura social», cuando la

realidad es que se agita una fractura racial y etno-cultural.

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