… >>
Origen: El demencial programa de Podemos-IU – La capitulación como ofensa, por Hermann Tertsch – Podemos y la ETA (video)

LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD. Politicamente MUY incorrecto.
Etiqueta: COMUNISMO

¿QUÉ BUSCAN CON ESAS ENORMES PÉRDIDAS DE INVERSIONES Y DE PUESTOS DE TRABAJO?
Este miércoles conocíamos un dato alarmante: las alcaldías podemitas, apoyadas por el PSOE, ya han costado la pérdida de 20.000 millones de euros en inversiones y 190.000 empleos
Ayer mismo la marca podemita en la capital de España, Ahora Madrid, y sus portamaletas del PSOE enterraban un proyecto que habría generado 120.000 empleos y 6.000 millones de euros en inversiones, sin costar ni un euro a los contribuyentes, pues la llamada Operación Chamartín había comprometido ese importante impulso para esa ciudad con un 100% de financiación privada. Desde el PSOE lo defendían así: “Queremos un urbanismo de izquierdas para cambiar las ciudades”. ¿Y eso en qué consiste, en hacer poblados de chabolas? ¿O quizá en abrasar fiscalmente a los ya sufridos contribuyentes para que el ayuntamiento pueda sustituir vía impuestos el astronómico volumen de las inversiones privadas que estos irresponsables han tirado por el balcón? La respuesta ya la tenemos: en sus primeros presupuestos Carmena ha disparado el gasto municipal en 1.169 millones de euros, una milmillonada que tendrán que costear los contribuyentes. Hay que recordar que Carmena empezó a subir los impuestos poco después de llegar a la alcaldía. Los efectos de los disparates podemitas en la capital ya se han empezado a hacer nota en el desempleo: por primera vez la tasa de paro en la capital ha superado a la de la Comunidad de Madrid.
Indiferente a los perjuicios que les están provocando a los madrileños, ayer el podemita Íñigo Errejón celebraba eufórico la pérdida de esos 120.000 empleos con este tuiteo:
¿Y qué es “el urbanismo de la gente”? ¿Construir casas okupas? Ayer conocimos un dato que demuestra la clase de planteamientos económicos que sostiene Errejón, del que dicen que es el cabeza visible del sector moderado de Podemos (¿cómo será el radical?): en 2013 defendió el modelo chavista venezolano, justificando las colas bajo la premisa de que “hay más dinero disponible”. Creer que un Estado es más rico porque imprime más dinero es una simpleza sin base real, como ya expliqué aquí. El caso de la Venezuela chavista, cuyas recetas económicas sigue Podemos, demuestra a dónde nos puede llevar ese disparate.
Recordemos que la política chavista del “exprópiese”, elogiada por Pablo Iglesias en 2013 junto al lema “orgullo comunista”, lesionó el derecho a la propiedad privada. La actuación sin límites de la clase dirigente chavista ha tenido como resultado, además, que Venezuela es a día de hoy el país con más corrupción política de América Latina. Esto ha generado una enorme inseguridad jurídica en el país y ha espantado a los inversores. ¿Quién va a arriesgar su dinero invirtiéndolo en un país donde un gobierno tremendamente corrupto te puede quitar tu comercio y tu empresa cuando le dé la gana? Paralelamente, el gobierno chavista intentaba comprar el favor de la gente a base de subsidios, eso que algunos resumen en la expresión “todo gratis”, como si nadie tuviese que pagarlo. El resultado fue un gasto público totalmente desbocado y que se ha financiado, en gran medida, a base de créditos. Esto, unido a la caída de los precios del petróleo, una gran fuente de riqueza natural que el chavismo ha dilapidado, disparó la deuda pública venezolana. Ya lo había advertido Margaret Thatcher: “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás.”La solución chavista al endeudamiento fue imprimir dinero de forma indiscriminada, convirtiendo el bolívar en una moneda-basura. Se disparó la inflación y con ella llegó el desabastecimiento. A día de hoy, el hambre y la desesperación ya han dado lugar a saqueos.
Hay que señalar que esto ha pasado en Venezuela con el asesoramiento de dirigentes de Podemos, los mismos que ahora aspiran a dirigir la economía española desde el poder si ganan las próximas Elecciones Generales del 26 de junio. No obstante, no deberían engañarse quienes piensan que las recetas económicas de Podemos se deben a la ignorancia o a la estupidez. Los dirigentes de la formación morada podrán ser personas sin escrúpulos y dispuestas a lo que sea para hacerse con el poder y perpetuarse en él, pero saben muy bien lo que hacen. Son discípulos del leninismo, una de cuyas tesis está sintetizada en tres palabras: “cuanto peor, mejor”. Cuanto peor le vaya al pueblo, más oportunidades tienen los charlatanes populistas de ganar adeptos, pues cuanto más desesperada está la gente, más dispuesta se muestra a renunciar a parte de su libertad a cambio de bienestar, aunque ese bienestar sólo sea una promesa tan formidable como irrealizable. Lenin ya defendió el uso de hambrunas con fines políticos en 1891, señalando que el hambre “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios”. En una carta al Politburó el 19 de marzo de 1922, el dictador comunista demostró su absoluta falta de escrúpulos al manifestar lo siguiente: “solamente la desesperación generada por el hambre puede acarrear una actitud benévola, o al menos neutra, de las masas hacia nosotros.“
El chavismo venezolano tiene muy presente esa tesis leninista. En septiembre de 2014 el gobernador chavista del estado venezolano de Aragua, Tareck El Aissami, reconoció sin rodeos que les beneficiaba la miseria: “Mientras uno más consigue pobreza hay más lealtad a la revolución y más amor por Chávez, mientras el pueblo es más pobre es más leal al proyecto revolucionario.” Puedes ver el vídeo aquí. El planteamiento es fácil de entender: cuanta más gente haya subsidiada y que atribuya su subsistencia al favor paternal del gobernante, más incondicionales tendrá éste, aunque el precio a pagar sean atracos fiscales, pobreza, desabastecimiento y un drástico recorte de libertades. Por lo demás, los más ignorantes aceptan más fácilmente consignas sobre malvados ataques extranjeros, que explicaciones sobre el verdadero y complejo funcionamiento de la economía. Esto lo saben y de ello se aprovechan déspotas como Maduro, que constantemente está denunciando conspiraciones extranjeras (lo mismo que aquí otros charlatanes culpan de todo a la “dictadura de los mercados” o a la Alemania de Merkel), distrayendo así a sus incondicionales de las verdaderas causas de la grave crisis que atraviesa Venezuela. A su pesar, la historia demuestra que no puede funcionar bien una economía desprovista de todo atisbo de libertad y controlada férreamente por políticos. Otra cosa es que esos políticos no tengan como meta generar una sociedad más próspera, sino someterla a sus dictados ideológicos cueste lo que cueste.




Siempre es triste ver a una familia perdiendo su fuente de ingresos, y más en tiempos de crisis, pero el problema se venía arrastrando desde hace años. En último término, lo que le pasa a El Mundo en una muestra más de que los medios impresos están abocados a la desaparición, ante el notable impulso que ha tenido Internet y, particularmente, los medios digitales. El proceso es tan normal como el que sufrió el telégrafo con la llegada de la radio y del teléfono. Editar periódicos, hoy en día, supone un gasto enorme que cada vez compensa menos. Por supuesto, se puede obviar el avance de la tecnología y pretender que una empresa siga invirtiendo en un negocio que no es rentable, pero lo que no se les puede exigir a quienes ponen el dinero para editar un periódico es que soporten pérdidas sin cesar. Pero hay gente que parece no entender esto.
Es más: hay gente que hace como que no lo entiende y que aprovecha la ocasión para sacar tajada política de un conflicto laboral como el citado. Muestra de ello es este tuiteo publicado hoy por las Juventudes Comunistas, una de las organizaciones integrantes de Izquierda Unida:

Como se ve, los jóvenes comunistas amenazan con que “calleremos sus noticias” si El Mundo no accede a sus demandas. Personalmente no me ha sorprendido leer un mensaje así en una organización que sostiene una ideología totalitaria, pues si por algo se ha caracterizado el comunismo es por imponer la censura allí donde ha implantado sus dictaduras. Los comunistas son auténticos expertos en callar noticias, ciertamente. Uno de ellos, Cayo Lara, mostraba ayer su solidaridad hacia los empleados afectados y su rechazo al ERE de El Mundo:

No, no os engaña la vista. Es el mismo Cayo Lara que dirige Izquierda Unida, formación que en agosto del año pasado despidió a todos sus empleados en Madrid. Pusieron en la calle a once personas que además no habían cobrado su salario desde el 24 de mayo, a causa de los problemas económicos que atraviesa IU a causa de sus malos resultados electorales y de la consiguiente pérdida de las subvenciones públicas. Lo cual me lleva a preguntar, sin ningún rodeo: señores de IU, ¿qué tal si fingen al menos tener una pizca de vergüenza?
INFORMA: OUTONO.NET

Por: FORUM LIBERTAS.COM
Con la irrupción de partidos políticos como Podemos a nivel estatal o por ejemplo la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en Cataluña, parece reavivarse el espíritu del comunismo en amplios sectores de una sociedad cada vez más laica y desvinculada. De hecho, en ambos partidos está bien presente la ideología comunista.
En el caso del partido que lidera Pablo Iglesias, su ideólogo de cabecera es el periodista italiano Antonio Gramsci, filósofo teórico marxista y uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano.
Para Santos Juliá, catedrático de Historia Social y del Pensamiento Político en la UNED, las ideas transmitidas por los líderes de Podemos podían concretarse en “la lucha por la hegemonía de Gramsci; la razón y la mística del populismo, de Laclau; algo de Lenin y mucho de Carl Schmitt” (Wikipedia).
Por su parte, el sello de la CUP es una ideología “anticapitalista de extrema izquierda y defensor de la independencia de Cataluña”, con “una clara referencia marxista” (Wikipedia).

Así, ante unas nuevas izquierdas emergentes que hunden sus raíces ideológicas en gran medida en autores comunistas, cabe preguntarse qué ha aportado históricamente esta ideología a la humanidad.
Salvando las distancias, propias de una sociedad más abierta y democrática, no hay que olvidar el lado más oscuro del comunismo, cuyo totalitarismo ha dejado una herencia de casi cien millones de muertes a lo largo de su historia.
Así lo constata El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997), obra de una serie de profesores universitarios e investigadores europeos, donde se detallan actos criminales, como asesinatos, tortura o deportaciones, entre otros, perpetrados por la implementación del comunismo en determinados Estados.
El libro fue editado por Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), organización pública de investigación de Francia.
En la introducción de la obra, a cargo del editor, Stéphane Courtois, se explica que “el comunismo real […] puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno”.
Entre otras cuestiones, el libro muestra una estadística con las estimaciones realizadas sobre el número de víctimas mortales que ha ocasionado a lo largo de su historia el comunismo, que “se acerca a la cifra de cien millones”, como se puede observar en la siguiente tabla, elaborada a partir de los datos del libro.

El listado lo encabeza la República Popular China, con una estimación de 65 millones de muertes; seguido de laUnión Soviética, con 20 millones. Y por detrás, Corea del Norte y Camboya (2 millones cada uno); África (1,7 millones); Afganistán (1,5 millones); Vietnam (1 millón); los regímenes comunistas de Europa oriental (1 millón);Cuba y otros países latinoamericanos (150.000); España, con las víctimas de la represión en zona republicana durante la Guerra Civil (entre 38.000 y 85.000); y las del movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder (10.000).
En la introducción del libro se destacan algunos detalles de los actos criminales llevados a cabo por estos regímenes, como, en la Unión Soviética, el “fusilamiento de rehenes o personas confinadas en prisión sin juicio y asesinato de obreros y campesinos rebeldes entre 1918 y 1922; la hambruna de 1922; la liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920; el uso del sistema de campos de concentración del Gulag en el periodo entre 1918 y 1930; la Gran Purga de 1937-1938; la deportación de los kuláks de 1930 a 1932; la muerte de seis millones de ucranianos (Holodomor) durante la hambruna de 1932-1933; la deportación de personas provenientes de Polonia, Ucrania, los países bálticos, Moldavia y Besarabia entre 1939 y 1941 y luego entre 1944 y 1945; la deportación de los alemanes del Volga en 1941; la deportación y abandono de los tártaros de Crimea en 1943; de los chechenos en 1944 y de los ingusetios en 1944”.
También mencionan la “deportación y exterminio de la población urbana de Camboya”; o la “destrucción de tibetanos” en China.

Otra de las cuestiones que plantea el libro es las diferencias y similitudes entre las ideologías nazis y comunistas. En ese sentido, Stéphane Courtois afirma que “los mecanismos de segregación y de exclusión del ‘totalitarismo de clase’ se asemejan singularmente a los del ‘totalitarismo de raza’”.
“La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la ‘raza pura’, la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa. […] una parte de la humanidad es declarada indigna de existir, como sucedía en el nazismo. La diferencia reside en que la poda por estratos (clases) reemplaza a la poda racial y territorial de los nazis”.
“¿Cómo calificar el crimen que consiste en exterminar, por razones político-ideológicas, no ya a individuos o a grupos limitados de opositores, sino a segmentos masivos de la sociedad?”, se pregunta. “Algunos autores anglosajones así lo piensan y han creado el término ‘politicidio’”, concluye Courtois.
Por otra parte, El libro negro del comunismo ha suscitado desde que se publicó críticas a favor y en contra de los datos expuestos.
Así, están los historiadores que argumentan que las cifras de víctimas no cuadran. “Las estimaciones acerca de las muertes causadas por el régimen de Stalin en la Unión Soviética varían entre 8,5 y 51 millones, mientras que los relativos a la China de Mao oscilan entre 19,5 y 75 millones”, se puede leer en Wikipedia.
Sin embargo, “los autores del libro negro defienden sus estimaciones acerca de la Unión Soviética (20 millones) y Europa oriental (1 millón) aseverando que han utilizado fuentes que no estaban disponibles para investigadores anteriores (los archivos soviéticos mencionados anteriormente)”, aclara, entre otras cuestiones, aunque hay autores que muestran cifras “aún mayores que las del libro negro para China y Rusia respectivamente”.
Por su parte, los críticos alegan que “el libro usa el término ‘comunismo’ para referirse a una amplia variedad de sistemas diferentes, y que ‘arbitrariamente pone en el mismo saco fenómenos históricos totalmente diferentes”.
Otro grupo de críticos argumenta que “sólo algunos (o incluso ninguno) de los regímenes mencionados en el libro fueron de hecho ‘comunistas’”.
Pero, “como respuesta a las críticas dirigidas contra el Libro negro, el autor destaca que no ha habido en el campo marxista del ‘socialismo real’ jamás un régimen democrático o pluralista, ni un sistema que no se viera necesitado del totalitarismo, del partido único y de la persecución política”.

No puedo ser comunista. Lo que me hizo reflexionar fue que cuando iba a países comunistas, yo con papeleo de visados, permisos podía ir, en cambio, los nativos o no podían salir o si lo conseguían era con mucho trabajo y “conocimientos”.
He pasado controles rigurosos, nunca me prohibieron la entrada. He visto vallas, muros, vigilancia que en realidad era para impedir que salieran, quedarse sin gente. La primera vez que puse mis pies en un paraísocomunista era muy joven, estaba intrigado pero a las pocas horas comprendí las causas por las que la gente se jugaba la vida para abandonar el “paraíso comunista”.

Solo comprendo que alguien elija ser comunista por desconocimiento, no de la teoría, panfletos y argumentarios que la recitan de memoria, sino, quienes como yo, han estado allí y siguen erre que erre.
La ideología está bien hilvanada, es amena, pero la sociedad y ciudadano que crea o produce no es para imitarlo. Menos aún hacer proselitismo y lavarse las manos.
Actualmente España, millones de españoles, está jugando con un comunismo de primera hornada, puro leninismo y se quemará los dedos como ha ocurrido en todos los países y sociedades donde brotó la semilla que unos cuantos “intelectuales” sembraron entre la clase trabajadora, obrera. Curiosamente, desde Marx, Lenin, Trotsky ninguno era de clase obrera.
No me gusta el comunismo porque no recuerdo más que dictaduras, deportaciones y millones de muertos, miseria, hambre y siguen igual. Es algo que no quiero para mi país ni para mis hijos y nietos. Además yo estuve allí muchas veces.



POR: Eulogio Lopez
De Lenin a Gramsci, de Stalin a Hugo Chávez, de Cayo Lara a Pablo Iglesias.
Y así, Pablo Iglesias afirma, siendo como es un peligro para la democracia, que es la democracia.
Pablo Iglesias es el nuevo comunista, el neocom. Convendría que lo viera todo el mundo.
Es el comunismo: la doctrina que habla de paz y que siempre lleva a la violencia.
Sí, es el paso de Lenin a Gramsci, el paso del comunismo al neocomunismo (los neocom), el paso de Stalin a Hugo Chávez y de Cayo Lara a Pablo Iglesias (en la imagen).
El paso, en suma, de la revolución comunista violenta (guerra civil española, por ejemplo) a los tiempos de la Blasfemia contra el Espíritu Santo (2015), donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo, bueno. Por eso, el neocomunista (neocom) Pablo Iglesias asegura que ellos son la democracia y el resto la casta depredadora de la democracia.
El problema es que el muro cayó en 1989. Hay gente que ya cuenta con 26 años, que no había nacido cuando cayó el comunismo, y no conoce ni de la brutalidad comunista, ni de su historia liberticida e ignora la muerte y miseria que ha provocado en el mundo.
Pablo Iglesias es el nuevo comunista, el neocom. Convendría que lo viera todo el mundo. Es el comunismo: la doctrina que habla de paz y que siempre lleva a la violencia.
EN UNAS MISERABLES COMPARACIONES QUE POSTULAN CADA VEZ QUE AGREDE ALGUIEN DE IZQUIERDA QUE LLENAS DE UNOS DENIGRANTES SUBTERFUGIOS SE ESCUDAN EN UNAS COMPARACIONES DE LO MÁS EXECRABLE.
Llevamos ya muchos años oyendo hipócritas condenas de la violencia y del terrorismo, siempre seguidas de un “pero”. Ese “pero” sólo servía para invalidar la condena previa.
Recordemos cuando Pablo Iglesias le emociona” ver a encapuchados pateando a un policía.
Recordemos a Pablo Iglesias justificando a los ultras violentos de Can Vies con un ‘argumento boomerang’
“No les «gusta» la violencia, pero…”
Uno de los ejemplos más claros de “pero” lo escribió Pablo Iglesias en mayo del año pasado refiriéndose a los incidentes violentos de Can Vies.
Me pregunto qué diría Pablo Iglesias si alguien utilizase ese argumento boomerang para referirse a una agresión contra alguien de izquierdas, por ejemplo, diciendo “pero violencia también es el saqueo fiscal que propone la izquierda”.
Supongo que le parecería fatal, pero no porque le parezca justo saquear los bolsillos de los contribuyentes que se le parece, como a todo buen comunista, sino porque la izquierda cree tener el privilegio exclusivo de trivializar la violencia política equiparándola con cualquier otra cosa.
Si los demás lo hacemos, está mal, pero si lo hacen ellos, es algo de lo más razonable. A veces ni siquiera se esconden a la hora de justificar la violencia sin rodeos.
Muestra de ello este vídeo publicado el 28 de septiembre de 2012 en el canal de Youtube de “La Tuerka”, uno de los programas de TV que presenta Pablo Iglesias:
En él, el ahora líder de Podemos confesaba sentirse “emocionado” viendo como unos ultras encapuchados pateaban a un policía.
Resulta difícil creer que alguien que se complace de ver como unos delincuentes agreden a un funcionario del Estado, sienta un sentimiento completamente distinto cuando otro ultra de izquierdas la arrea un puñetazo al Presidente del Gobierno.
¿O acaso patadas y puñetazos le merecen calificaciones morales distintas al líder de Podemos?
UN DIRIGENTE DE C’S FUE LINCHADO POR LLAMAR «VIOLENCIA» AL ABORTO
Veamos otro ejemplo: hace poco un dirigente de Ciudadanos fue desautorizado por su partido por decir que el aborto es violencia. Esta declaración mereció una ola de críticas por parte de la izquierda y la ultraizquierda en las redes sociales.
Y lo más llamativo es que tenía razón. Objetivamente hablando, abortar implica matar a un ser vivo humano, y matar es una forma de violencia. Otra cosa es que esa forma de violencia a cierta gente le merezca un aprobado moral, hasta el punto de llamar “derecho” a matar y descuartizar a un ser humano inocente e indefenso.
Imaginemos qué pasaría si alguien diese un puñetazo a un abortista y un dirigente del movimiento provida dijese: “rechazo toda violencia, pero el aborto también es violencia”.
No hace falta tener mucha imaginación: basta con ver los insultos recibidos por ese dirigente de C’s.
DESDE EL DIARIO PÚBLICO EQUIPARÁ el PUÑETAZO A RAJOY CON LOS DESAHUCIOS
Otra muestra más de la capacidad de la ultraizquierda para añadir “peros” a un supuesto rechazo de la violencia política la da hoy un columnista del diario Público, Arturo González, hablando sobre la agresión de ayer a Rajoy: “Nos escandalizamos por un puñetazo, pero no por un desahucio.
Ni con una reforma laboral que deja inermes a los trabajadores. O con la supresión de ayudas a personas físicamente dependientes. No entiendo por qué el puñetazo es más condenable que éstos y tantos otros casos de violencia política real que admitimos con indiferencia.”
En el fondo, esto es una forma de legitimar la violencia, porque se la equipara con medidas legales y legítimas como desahuciar a una persona que no paga sus deudas, o con el mero hecho de emprender una reforma laboral que no es del gusto de la izquierda. Es más: para el columnista, la “violencia política real” es la que él dice, y no el puñetazo a Rajoy.
Esta forma de argumentar abre de par en par al uso de puñetazos como forma de compensar eso que la izquierda considera “violencia” aunque no lo sea.
Y LUEGO VENDRÁN REPARTIENDO CARNETA DE DEMÓCRATAS
Lo más indignante es que esta gente, tan comprensiva hacia la violencia ejercida por sus afines con motivaciones políticas, al mismo tiempo pretende ir repartiendo carnets de demócrata, como si todos los españoles que no somos de izquierdas y que rechazamos la aberrante idea de discutir ideas a patadas y puñetazos fuésemos, en realidad, unos fachas y los verdaderos demócratas fuesen los que siempre encuentran un “pero” que añadir a cualquier objeción a la violencia política izquierdista.
HAY QUE DECIRLO Y DECÍRSELO BIEN ALTO Y CLARO.
NO SOIS DEMÓCRATAS, NO SOIS LIBERALES, SOIS UNOS UNOS VIOLENTOS QUE JUGÁIS CON EL MIEDO Y LA VIOLENCIA….
SOIS UNOS DICTADORES Y UNOS SALVAJES.
Es quizá demasiado tarde para revertir el gran engaño al que hemos sido sometidos en España, pero no por eso vamos a dejar de señalar la mentira. El título de este artículo hace honor a un libro al que nos referiremos más adelante; los paralelismos con la situación actual ponen de manifiesto que poco ha cambiado.
Desde que surgió, el partido político Podemos ha hecho uso de todos los recursos tradicionales de una oposición comunista subversiva. Sus métodos no son nuevos, pero una sociedad cada vez más adoctrinada, infantil, confiada e ignorante es muy vulnerable a ellos. El comunismo es más que una doctrina, es una falsa religión materialista y utiliza el engaño para explotar a sus víctimas manipulando sus sentimientos. No hay límites en el engaño ni moral alguna detrás de el comunismo y el resultado final es siempre el mismo: esclavitud, violencia y miseria, como ha denunciado el expresidente Felipe González.
El ataque del comunismo va dirigido a todo el mundo, siempre tienen algo que venderle a cada persona. Ya sea aprovechando debilidades, calamidades, esperanzas, aspiraciones, prejuicios, miedos o ideales, la función del comunista es agitar a las masas para crear confrontación y tensión. Agitar y dividir: esa es la manera de ablandar una democracia. Esta agitación se lleva a cabo de manera especializada, manipulando a determinados colectivos como pueden ser los jóvenes, las mujeres, pensionistas, inmigrantes, trabajadores de una multinacional, agricultores, sindicatos… Hay por supuesto una doble cara; siempre hay una consigna pública cuyo objetivo es manipular a las masas y otra que suele ser bien diferente, que es la línea interna del partido, cuyo objetivo es ayudar al avance del comunismo. Los aparentes cambios de opinión -muchas veces radicales y desconcertantes- a lo largo del tiempo son simplemente cambios de táctica, puesto que su objetivo final sigue siendo el mismo: el pleno comunismo.
Siempre disfrazan sus consignas y propuestas con cosas que todo el mundo
puede desear y apoyar, como mejores salarios, más educación o mejor vivienda, que son intereses muy legítimos. Pero apoyar estas metas u otras no tiene nada que ver con ser comunista. Los comunistas simplemente manipulan y aprovechan esos intereses para sus propios fines. No son más que el cebo. Cuando hablan de restaurar la libertad de expresión en realidad se trata de controlar todos los medios de comunicación. Devolver el poder a los ciudadanos en realidad se trata de dárselo a un nuevo régimen comunista. Distorsionan la realidad para lograr su meta, como si no tuviésemos ya libertad de expresión o democracia. Por ejemplo, la nueva ley de seguridad ciudadana les hace más difícil la agitación en las calles, por lo que la han tildado de ley mordaza aunque no tenga nada que ver. ¿Quién no va a sentirse indignado por que lo “amordacen” sin motivo? así recaban el apoyo popular. La imagen de propaganda a la derecha del texto pone de manifiesto su miseria moral. En el caso del violento “Alfon”, por ejemplo, intentaron sin éxito recabar apoyo para un delincuente que había llevado un artefacto explosivo a una manifestación, intentando hacer creer que se trataba de una injusticia –en palabras de Pablo Iglesias. Campañas como esa están hechas para dramatizar a los comunistas como campeones de las masas: progresistas, iluminados, humanitarios o defensores de la libertad ante la inacción de la gente. Siembran discordia y canalizan el descontento social para manipular a grandes masas de gente, con el objetivo de que acaben abrazando el marxismo y la lucha de clases.
Cuando detrás de todos los partidos comunistas estaba, invariablemente, la Unión Soviética, muchas de esas consignas estaban destinadas no sólo a subvertir si no además a favorecer a la U.R.S.S. de manera directa, como ocurría con la oposición a las armas nucleares, la apertura al comercio con el bloque del este, el levantamiento de sanciones a países comunistas, etc. ¿Todo en favor de la paz? No, todo a favor del régimen comunista soviético que tenía un férreo control de todos los partidos comunistas a nivel mundial. Hoy en día no existe ya ese vínculo, pero la ideología -la religión comunista- pervive.
Con frecuencia es mucho más efectivo para los comunistas ejercer su acción de agitación a través de organizaciones no reconocidas como procomunistas, ya sean organizaciones en las que se han infiltrado u organizaciones de nuevo cuño creadas por ellos. Cuando apoyan, por ejemplo, reivindicaciones de “asociaciones” o de “colectivos sociales”, frecuentemente ellos mismos controlan esas organizaciones. Crean una reivindicación que dicen que es de toda la ciudadanía y se erigen en adalides de la justicia o la libertad apoyándola. Estas organizaciones suelen atraer a individuos politizados que, sin ser miembros del partido, suelen seguir sus consignas -los llamados “compañeros de viaje”. El origen de esta forma de subversión se remonta muy atrás, al panfleto político “¿Qué hacer?” publicado por Lenin en 1902. Como el partido era ilegal en Rusia necesitaba llegar a las masas a través de un gran número de organizaciones que aceptasen un amplio espectro de miembros. En España en la actualidad se pueden ver ejemplos como “Jueces para la democracia”, a la que pertenece Manuela Carmena y que en realidad es una amenaza a la separación de poderes y por tanto la democracia; el sindicato de técnicos de Hacienda Gestha, que apoya a Podemos siempre que puede; la presuntamente corrupta asociación de consumidores Facua, la plataforma PAH, etc.
Desgraciadamente, hoy en día se ha llegado mucho más allá. Desde mediados del siglo pasado y tras décadas de infiltración en universidades y medios de comunicación, la aceptación del comunismo, marxismo e ideas similares es mucho mayor. Lo que antes era más difícil de digerir para simpatizantes o engañados, que se revolvían al conocer que habían sido manipulados, hoy se puede hacer mucho más abiertamente, con una impunidad mucho mayor y ganándose la simpatía de muchos. Una acción clave para ganarse esa simpatía de las masas es utilizar a las minorías. Desde sus orígenes, el comunismo se ha autodenominado la “vanguardia de la clase obrera” y como tal ha buscado asumir el papel de protector y campeón de las minorías. Aunque muchas lo rechazaron por lo que es, un modo de vida descorazonador y totalitario que desprecia por completo la dignidad humana, ellos siempre están a la busca de nuevas víctimas. La aparente defensa de los derechos de los negros que hacía en Estados Unidos a principios del siglo pasado, por ejemplo, era sólo por el interés, muchos de ellos lo notaron bien pronto y su éxito en convencerlos fue muy limitado -se pueden leer numerosos ejemplos en el libro que citamos más adelante. Otros colectivos también objetivo de los comunistas han sido tradicionalmente las mujeres o los separatismos. La defensa hecha -a veces de manera velada, a veces abiertamente- del llamado “derecho de autodeterminación de los pueblos” por Podemos y que los ha llevado a aliarse con independentistas no tiene nada que ver con que quieran la independencia de nadie -en realidad no la quieren- si no que es una tradición comunista desde hace un siglo para manipular masas en países donde aún no han conseguido establecerse. Es más, incluso durante las décadas de dominio soviético en Europa del este, seguían manteniendo que eran una federación de repúblicas unidas voluntariamente y libres de iniciar una secesión cuando quisieran, cuando en realidad estaban sometidas por la fuerza. Otro frente donde los comunistas han estado particularmente activos tradicionalmente son grupos de minorías étnicas, nacionales o culturales, puesto que les proporcionan una base de acción además de fuentes de financiación externas. Bazares, danzas, picnics, eventos multiculturales, todo patrocinio vale para ganarse a nuevos adeptos a la causa. Volviendo a España hoy, no hay más que ver la Navidad multicultural de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, o los esfuerzos por expropiar y ceder la Giralda y la mezquita-catedral al Islam.
Pero no acaban aquí los paralelismos de la España actual con Podemos y el mundo occidental del siglo pasado con el comunismo tradicional. Es bien conocido el odio comunista a los judíos y en España hemos visto como cargos públicos de Podemos han manifestado públicamente ese odio, como por ejemplo el concejal Guillermo Zapata con sus tuits que le valieron la reprobación de todos los partidos menos Podemos, que lo ha mantenido en su cargo. Esto no es nada nuevo, ya el propio Marx describía al judaísmo como “antisocial” y expresión del “egoísmo” judío. Marx, más que ningún otro líder comunista, pone de manifiesto la animadversión hacia los judíos. No podía ser leal a ambos así que, no contento con rechazar la tradición judía, buscó destruirla con todo su empeño con sus diatribas como cuando decía “el dinero es el celoso Dios de Israel al lado del cual no hay sitio para ningún otro”. Los emocionales exabruptos desmedidos de Hitler contra el judaísmo tienen también reminiscencias de ese odio anterior de los comunistas. Si bien el comunismo es particularmente hostil a los judíos, no es tolerante tampoco con cualquier religión con mayoría suficiente para poder hacer frente a sus ansias de control de la sociedad. Son sobradamente conocidos los abusos para erradicar la Iglesia ortodoxa en Rusia -o la Iglesia católica en España durante la Guerra Civil. Se lanzaron campañas de terror contra rabinos y sacerdotes apresados con el pretexto de haber cometido “crímenes contra el pueblo” o llevado a cabo actividades contrarrevolucionarias. La destrucción y quema de iglesias justificada como actos espontáneos de exaltados paisanos y trabajadores del pueblo para ocultar los verdaderos instigadores y perpetradores, los oficiales comunistas. No es de una naturaleza distinta la reciente agresión a Rajoy por parte de un joven de extrema izquierda.
Esta violencia contra los opositores o los disidentes es necesaria para instaurar o, al menos, para mantener el comunismo, pues de ninguna otra manera va a una población a tolerar el totalitarismo engendrador de miseria que es el comunismo una vez lo han conocido. Así, los líderes de Podemos -Pablo Iglesias e Íñigo Errejón- han expresado reiteradamente y sin pudor su inclinación por el uso de la violencia, antes de estar sometidos al escrutinio constante de los ciudadanos, como se puede ver en sus tuits que reproducimos a continuación. Tampoco han tenido pudor a la hora de expresar su orgullo por un candidato en sus listas condenado por agresión a un miembro del PSOE. Y ya hace tiempo que demostraron con hechos su disposición al uso de la violencia para acallar a quien se oponga a ellos, como en el “escrache” a Rosa Díez, en el que participaron Iglesias y Errejón o el asalto a la capilla de la Universidad Complutense que protagonizó la ahora concejal del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre.


La violencia ha demostrado ser parte integral y necesaria del proyecto
comunista totalitario de Podemos también en Venezuela, donde asesoraron al régimen chavista y con toda seguridad aprendieron de él. Tras años de comunismo chavista causando estragos en ese país, donde hoy es difícil encontrar medicinas y muchos productos básicos, el hampa amparada por el régimen está en las calles, la clase media ha sido destruida y se encarcela a los opositores; sólo la violencia puede mantener a los comunistas en el poder, como ha puesto de manifiesto el intento de golpe de Estado que está llevando a cabo Nicolás Maduro.
Nos entristece de sobremanera que se haya llegado a este extremo en la propagación del comunismo. Todos somos responsables, hasta el que no hizo nada, el que calló, el que les baila el agua por miedo o ignorancia, o el que se va de compadreo con los violentos. Es nuestra responsabilidad quitarle la careta al monstruo comunista y que el uso de la razón, el pensamiento crítico y el sentido del deber lo condenen a la irrelevancia que merece.
Masters of deceit: The Story Of Communism In America And How To Fight It fue escrito por John Edgar Hoover, primer director del FBI, en 1958. En él, examina el movimiento comunista en Estados Unidos y los principios del Marxismo-Leninismo. Ofrece además una visión completa de la historia del comunismo en Estados Unidos; las tácticas del espionaje comunista; la vida de los miembros del partido; el atractivo o la repulsa del comunismo por el americano medio; y en última instancia, cómo luchar contra el comunismo.
FUENTE: Pravda.es