Etiqueta: COMUNISMO ASESINO

La máquina de matar más grande de la historia

El partido comunista chino ha sido la gran máquina de matar: a los cerca de 70 millones de represaliados asesinados hay que sumar los millones de muertos por hambrunas y los centenares de millones de niños abortados por la política de hijo único.

Por Steven Mosher

Mural en Alemania en memoria del héroe de la plaza de Tiananmen

Se podría llenar una biblioteca con todo lo escrito acerca de las muertes e incontables sufrimientos causados ​​por un siglo sangriento de comunismo. Solo la sección del Partido Comunista Chino contra el pueblo chino requeriría las dos terceras partes del recinto.

«El Libro Negro del Comunismo», publicado en 1999 por Harvard University Press, ofrece una sugestiva estimación de tamaña carnicería. El editor, Stéphane Courtois, calculó que el número total de muertos a causa del comunismo del siglo XX se acercaba a los 100 millones. Y China encabeza la lista con 65 millones de muertes.

Courtois señala: «Los regímenes comunistas convirtieron el crimen masivo en un sistema de gobierno totalmente legal». Es decir, eran empresas criminales por su propia naturaleza, grupos de matones que regularmente aterrorizaban a las poblaciones bajo su control para mantenerlas temerosas y dóciles.

Estos regímenes estaban y están dirigidos por hombres violentos y sin ley (los Lenin, los Stalin, los Pol Pot y los Kim norcoreanos) que mataban sin motivo, con violencia y sin ningún respeto por la vida humana. Pero ninguno de estos asesinos en masa, ni siquiera todos juntos, se acerca a la magnitud de los crímenes de Mao Zedong y el Partido Comunista Chino contra el pueblo chino.

Mao pasó sus días inventando nuevas formas de aterrorizar al pueblo chino para que obedezca los dictados de la religión mundana creada en torno a sí mismo, formas que invariablemente implicaban la estigmatización, la tortura y la ejecución de un gran número de personas. La máquina de matar comunista, que él mismo operaba, afectó a una amplia franja de la población.

La idea de que dos tercios del total de víctimas del comunismo murieron a manos de la empresa criminal conocida como Partido Comunista Chino es bastante aterradora. Sin embargo, 40 años de estudio del régimen chino me han convencido de que la cifra de 65 millones que figura en el «Libro Negro» es, en mi opinión, una subestimación. 

Otros investigadores están de acuerdo en que hubo muchos millones más de muertes. Jung Chang y Jon Halliday, en su libro brillantemente investigado «Mao: The Unknown Story», dan una cifra de más de 70 millones de muertes atribuibles a Mao durante su mandato en el poder.

Pero creo que la cifra es aún mayor. No sólo porque las matanzas han continuado desde 1976, año en que Mao se hizo marxista. Habría que añadir a la lista dos campañas importantes, cada una de las cuales produjo decenas de millones de víctimas adicionales.

La primera gran adición a esta cifra serían los 45 millones o más de chinos que murieron de hambre a manos de los comunistas entre 1960 y 1962 en la peor hambruna de la historia de la humanidad. El profesor Frank DiKötter, que escribió «La gran hambruna de Mao: la historia de la catástrofe más devastadora de China», 1958-1962 (Nueva York: Bloomsbury, 2010), en realidad cree que la cifra real puede superar los 50 millones.

La segunda adición, aún mayor, a esta cifra son los 400 millones de pequeñas víctimas, tanto nacidas como no nacidas, de la prolongada política del hijo único del Partido Comunista Chino, una política de la cual Mao fue el padrino ideológico.

Sólo Dios sabe el número exacto de personas asesinadas por el Partido Comunista Chino, pero según mis cálculos, la cifra se acerca a los 500 millones. Los regímenes comunistas siempre matan, pero la China comunista ha alcanzado un nivel de carnicería verdaderamente demencial.

Gran parte de estos asesinatos (aunque no todos) pueden atribuirse al carácter del hombre que dirigió el Partido Comunista Chino durante más de 40 años. Si se suman los años en que Vladimir Lenin (1917-1924) y Joseph Stalin (1924-1953) gobernaron la Unión Soviética, ninguno de estos regímenes se acerca al lapso de tiempo, (1935 – 1976), en el que Mao controló el Partido Comunista Chino.

Los 41 años de reinado de Mao fueron una larga ola de asesinatos, y la mayoría de ellos se llevaron a cabo por órdenes directas suyas. «El comunismo no es amor», dijo una vez. «El comunismo es un martillo que utilizamos para destruir al enemigo».

Mao puso en marcha algunas de las primeras campañas terroristas del Partido Comunista Chino, llevadas a cabo en las “áreas de base rojas” que controlaba en la década de 1930. Fue responsable de millones de muertes de civiles durante la Guerra Civil China en los años siguientes.

Además, en las décadas de 1950 y 1960, después de haber conquistado toda China, llevó a cabo repetidas campañas sangrientas para atacar, aislar y destruir diferentes elementos de la sociedad china. Lo hizo no sólo para eliminar una posible oposición sino también, como admitió libremente, para aterrorizar al resto de la población y obligarlo a obedecer incondicionalmente.

El uso del terrorismo como herramienta de control político continúa en China hasta el día de hoy. El fantasma de Mao se puede ver en acción en los ataques genocidas contra los uigures , la persecución de la práctica espiritual Falun Gong y los demenciales cierres de provincias enteras por el COVID-19.

El sistema comunista que Mao creó en China (inspirado en Marx, convertido en arma por Lenin y exportado a China por Stalin) continúa devorando un gran número de víctimas. Es una empresa criminal que, al igual que su principal progenitor, mata de forma intencional y violentamente, sin ningún respeto por la vida humana.

A veces, este sistema asesino mata rápidamente, como sucedió con los manifestantes de la Plaza de Tiananmen que fueron asesinados a tiros en las calles de la capital de China. Otras veces mata lentamente, como fue con la política del hijo único que duró casi cuatro décadas.

Mata de distintas maneras posibles. Es la naturaleza misma de la bestia.

Steven W. Mosher es presidente dPopulation Research Institute autor de “Bully of Asia: Why China’s Dream is the New Threat to World Order.”

(*) Publicado originalmente en inglés en The Epoch Times

Los crímenes perpetrados por el comunismo al que defiende el ultraizquierdista Pablo Iglesias / The crimes perpetrated by communism defended by the ultraleftist Pablo Iglesias

49571241973_a800fd161a_b

EL VICEPRESIDENTE ESPAÑOL SALE EN APOYO DE UNA IDEOLOGÍA TAN VIL COMO EL NAZISMO

Durante el siglo XX, el mundo sufrió los terribles efectos de dos ideologías totalitarias: el comunismo y el nacional-socialismo, ambas con muchos millones de víctimas.

Nazismo y comunismo iniciaron juntos la Segunda Guerra Mundial

El nacional-socialismo fue derrotado militarmente en 1945, y en el año siguiente, durante los Juicios de Nüremberg, salieron a la luz los innumerables crímenes cometidos por los partidarios de esa monstruosa ideología. El amplio rechazo que afortunadamente recibe el nazismo contrasta, lamentablemente, con la insistencia de muchos izquierdistas en blanquear a la otra gran ideología criminal del siglo XX: el comunismo. Se trata de toda una paradoja, pues la Segunda Guerra Mundial fue iniciada por Hitler y Stalin con su invasión conjunta de Polonia, acordada en el pacto secreto firmado por sus respectivas dictaduras en agosto de 1939, un pacto en virtud del cual se repartieron tanto ese país como Finlandia, Lituania, Estonia y Letonia, repúblicas que la URSS invadió entre 1939 y 1940.

Los efectos de la alianza entre nazis y comunistas

Los soviéticos rivalizaron con los nazis en criminalidad: prueba de ello es la masacre de 22.000 oficiales polacos en Katyn a manos del NKVD de Stalin, un crimen de guerra por el que nadie fue castigado. Hitler y Stalin mantuvieron su alianza hasta junio de 1941, cuando Alemania invadió la URSS. Fue una alianza tan estrecha que Moscú dio orden a los comunistas franceses de sabotear el esfuerzo bélico de su país en plena invasión alemana de Francia en 1940. Por esa misma razón, los Partidos Comunistas a las órdenes de Stalin no se unieron a los movimientos de resistencia de los países ocupados por los alemanes hasta que éstos invadieron la URSS. En el marco de la alianza entre esas dos potencias totalitarias, el NKVD soviético entregó a la Gestapo nazi a unos 4.000 judíos y comunistas alemanes que habían huido a la URSS.

Media Europa pasó de la tiranía nazi a la tiranía comunista sin poder elegir otra cosa

Al final de la Segunda Guerra Mundial, en algunos países la tiranía sólo cambió de color: media Europa pasó de estar bajo la dictadura nazi a estar bajo la dictadura soviética, sin que la URSS le diese la oportunidad de elegir un sistema democrático. Los comunistas llegaron a aprovechar un campo de concentración alemán para encerrar a polacos que habían combatido contra el nazismo, simplemente porque esos combatientes no obedecían las órdenes de Stalin. En varios países la “liberación” soviética consistió en una ola masiva de violaciones de mujeres y niñas por parte de los soldados del Ejército Rojo. A eso hay que unir el pillaje cometido por los soviéticos. Aún hoy en Polonia se conoce al Ejército de Stalin como “czerwona zaraza” (La plaga roja), por las atrocidades que cometieron en ese país.

Un sistema totalitario que ha matado a más de 100 millones de seres humanos

El comunismo instauró dictaduras allí donde conquistó el poder, estableciendo sistemas de partido único sin elecciones libres, en los que los derechos humanos eran sistemáticamente violados, y en los que más de 100 millones de personas fueron víctimas de sus políticas genocidas. Tomando los dogmas ideológicos de Marx y de Engels como referencia, e impulsando el odio de clase con el mismo fanatismo con el que el nazismo promovió el odio de raza, el comunismo se dedicó a perseguir, torturar y asesinar a científicosa homosexualesa huelguistas, a propietarios agrícolas, a disidentes políticos y a religiosos. Ningún otro sistema político ha dedicado tantos recursos a reprimir la libertad y a asesinar a millones de personas: en esto los comunistas ganaron por goleada a los nazis. Aún a día de hoy más de 1.500 millones de personas, es decir, la quinta parte de la humanidad, siguen sometidas a dictaduras comunistas (China, Corea del Norte, Cuba, Laos y Vietnam).

El Parlamento Europeo condenó los crímenes del comunismo: el PCE rechazó esa condena

El año pasado, el Parlamento Europeo condenó los crímenes del nazismo y del comunismo, recordando que “los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”. La moción de condena también rechazaba “toda manifestación y propagación de ideologías totalitarias, como el nazismo y el estalinismo, en la Unión”. El Partido Comunista de España (PCE) rechazó esa condena, que considera una “equiparación de los crímenes del nazismo con los supuestos “crímenes del estalinismo”, según los términos utilizados en la resolución del Parlamento Europeo”Llamar “supuestos” a los crímenes del estalinismo es un claro caso de negacionismo. Y lo peor es que dos ministros del Gobierno español pertenecen a ese partido.

Un vicepresidente del Gobierno español sale en defensa del comunismo

Teniendo en cuenta esto, resulta escandaloso escuchar la defensa que hizo ayer Pablo Iglesias del comunismo. El vicepresidente podemita del Gobierno español llegó a decir que considera “un honor” representar al PCE:

El siniestro historial del PCE a las órdenes de Stalin

Iglesias se refiere al mismo partido que estuvo implicado en crímenes de guerra como la Masacre de Paracuellos, en la que fueron asesinadas 5.000 personas por motivos políticos, incluidos 50 niños. Un crimen monstruoso por el que ningún dirigente del PCE ha pedido perdón hasta la actualidad. Es más: el año pasado Podemos acusó de “fascismo” a las víctimas de esa masacre, un insulto miserable por el que el partido de extrema izquierda todavía no se ha disculpado. Hay que decir que los crímenes del PCE no se dirigieron sólo contra católicos y derechistas: también colaboró en la represión de comunistas disidentes como los trotskistas del POUM, siguiendo los dictados de Stalin. También por orden de Moscú, e igual que otros Partidos Comunistas, el PCE justificó la invasión nazi-soviética de Polonia y la invasión soviética de Finlandia, difamando y calumniando a los países invadidos.

El PCE sigue defendiendo hoy a dictaduras y dictadores comunistas

Sé que alguien alegará que el PCE es en la actualidad un partido democrático. No es verdad. El PCE sigue apoyando a dictaduras comunistas como ChinaVietnam y Cuba, y sus Juventudes incluso han apoyado a Corea del Norte. De hecho, el pasado 23 de abril el PCE ensalzó al primer dictador comunista, Lenin, cuyo régimen utilizó las más brutales torturas y fue responsable de la muerte de millones de personas por hambre y represión. Un partido así no debería ser legal, como tampoco debería serlo un partido nazi. Es el colmo que un gobernante español considere “un honor” defender a un partido totalitario como ése. Teniendo en cuenta esto, e igual que Pablo Iglesias equiparó el franquismo con el nazismo hace dos años, con mayor motivo cabe preguntarse: ¿qué país libre aceptaría ser gobernado por alguien que defiende el nacional-socialismo? ¿Y por qué aceptamos en España a un gobernante que defiende una ideología igual de criminal como es el comunismo?

Foto: Podemos.

FUENTE: outono.net

¿Comunismo cosecha del 2016?

POR: Arsenio del Castillo.

No puedo ser comunista. Lo que me hizo reflexionar fue que cuando iba a países comunistas, yo con papeleo de visados, permisos podía ir, en cambio, los nativos o no podían salir o si lo conseguían era con mucho trabajo y “conocimientos”.

He pasado controles rigurosos, nunca me prohibieron la entrada. He visto vallas, muros, vigilancia que en realidad era para impedir que salieran, quedarse sin gente. La primera vez que puse mis pies en un paraísocomunista era muy joven, estaba intrigado pero a las pocas horas comprendí las causas por las que la gente se jugaba la vida para abandonar el “paraíso comunista”.

Solo comprendo que alguien elija ser comunista por desconocimiento, no de la teoría, panfletos y argumentarios que la recitan de memoria, sino, quienes como yo, han estado allí y siguen erre que erre.

La ideología está bien hilvanada, es amena, pero la sociedad y ciudadano que crea o produce no es para imitarlo. Menos aún hacer proselitismo y lavarse las manos.

Actualmente España, millones de españoles, está jugando con un comunismo de primera hornada, puro leninismo y se quemará los dedos como ha ocurrido en todos los países y sociedades donde brotó la semilla que unos cuantos “intelectuales” sembraron entre la clase trabajadora, obrera. Curiosamente, desde Marx, Lenin, Trotsky ninguno era de clase obrera.

No me gusta el comunismo porque no recuerdo más que dictaduras, deportaciones y millones de muertos, miseria, hambre y siguen igual. Es algo que no quiero para mi país ni para mis hijos y nietos. Además yo estuve allí muchas veces.

Katyn: genocidio con la firma de Stalin

POR: 

En la URSS de Stalin no había problemas con la población disidente ni con los prisioneros: o al gulag o a la fosa.

Después de firmar el pacto de amistad con Adolf Hitler, Stalin apuñaló por la espalda a los polacos el 17 de septiembre, dieciséis días después de que Alemania atacase por el oeste.

La máquina de propaganda bolchevique funcionó perfectamente y repartió sus consignas a comunistas de todo el mundo: la URSS sólo había acudido para proteger a las minorías ucranianas y bielorrusas. El problema fue para el Ejército Rojo y la policía secreta, la NKVD, mandada por Lavrenti Beria: qué hacer con las decenas de miles de oficiales capturados. Se habían rendido más de 200.000 militares.

La NKVD los distribuyó en varios campos de concentración construidos a toda prisa. De acuerdo con el historiador Donald Rayfield (Stalin y los verdugos), en ellos muchos polacos murieron de hambre, frío y enfermedades; otros miles fueron convertidos en esclavos: 25.000 fuerin enviados al Cáucaso para construir carreteras y 11.000 más a las minas de Ucrania. También se entregó a los alemanes 43.000 polacos que provenían de la zona ocupada por los primeros.

El más duro castigo para los reaccionarios

A Beria y a Stalin les sorprendió que los polacos no se resignasen a la cautividad y la muerte lenta. Tanto los militares como sus familias reclamaban derechos como el de recibir correspondencia (que los alemanes no negaban a sus compatriotas presos) y pedían amparo a las embajadas. Añadían que si la URSS estaba en guerra con Polonia tenían que ser tratados de acuerdo a la Convención de Ginebra, pero que si entre ambos países había estado de paz su detención era ilegal.

El 5 de marzo de 1940 Beria declaró al Politburó que los polacos eran «enemigos recalcitrantes del poder soviético», incapaces de ser reeducados, por lo que proponía aplicarles «el castigo más severo: el fusilamiento». Seis miembros del Politburó votaron ese mismo día a favor del exterminio en masa. Stalin fue el primero en firmar la orden; le siguieron Voroshílov y Molotov. Se trata de uno de los escasos documentos en que uno de los genocidas del siglo XX se responsabilizó por escrito del exterminio de quienes había escogido por enemigos.

Parte de las ejecuciones se realizaron en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, que ha dado nombre al genocidio, pero también las hubo en las cárceles de las ciudades de Kalinin y Jarkov.

Se calcula el número de asesinados en casi 22.000, de los que un 8% eran judíos, además de otros grupos nacionales como ucranianos y bielorrusos. Junto a los capellanes católicos también cayó el principal rabino del Ejército polaco.

En el colmo de la hipocresía, en una reunión en Moscú en diciembre de 1941, Stalin, el padrecito de los pueblos, espetó al general Sikorski, primer ministro del Gobierno polaco en el exilio y jefe de sus fuerzas armadas, que los oficiales que reclamaba habían escapado a pie a Manchuria.

Se cargó el crimen a los alemanes

Un oficial alemán adscrito a labores de inteligencia en el Grupo de Ejércitos Centro, el general Rudolf von Gersdorff, recibió en 1943 informes sobre los enterramientos realizados en Katyn. En abril, los alemanes excavaron la zona y descubrieron miles de cadáveres (serían poco más de 4.000), con el tiro en la nuca marca de la NKVD.

El ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, montó una de sus mejores operaciones. Llevó al bosque a varios periodistas para que difundiesen la noticia; también organizó una comisión internacional de investigadores, que incluía a la Cruz Roja Internacional, que aseveró que los cuerpos pertenecían a militares polacos asesinados (por objetos como diarios, cartas y periódicos) en torno a abril y mayo de 1940.

Los soviéticos replicaron que los alemanes eran los exterminadores, que éstos, en su maldad, habían exhumado los cadáveres, introducido los objetos en las ropas y vuelto a enterrarlos, antes de convocar a los periodistas y los médicos.

Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt tomaron partido por la versión de Stalin. El paso siguiente fue hacer callar al Gobierno polaco en el exilio, por cuya causa los aliados habían ido a la guerra y que combatía a los nazis desde septiembre de 1939.

Józef Czapski, aristócrata y pintor, oficial del Ejército que debido a su fama fue salvado de la muerte por intercesión del duce Benito Mussolini, investigó la suerte de sus compatriotas. En su libro En tierra inhumana escribió que en el Tribunal de Nüremberg se produjo

un suceso sin precedentes en toda la historia del derecho y de la jurisdicción en el mundo civilizado: el acusado de haber cometido un crimen se lo imputó a otro y lo juzgó por él.

En Minsk, según Rayfield, los soviéticos ahorcaron a varios oficiales alemanes por el delito de haber masacrado a los polacos.

En Occidente, el desprecio a los polacos que no se sometieron a Stalin llegó al punto de que el Gobierno laborista británico no les invitó a participar en el desfile de la victoria, celebrado en Londres en 1946.

Durante las décadas siguientes, la matanza de Katyn fue una de las líneas rojas que marcaban la división entre los comunistas y sus compañeros de viaje, por un lado, y los anticomunistas, por el otro. Quienes dudasen de la versión soviética, recibían las marcas de anticomunistas viscerales, agentes de la CIA y hasta de pronazis.

Czapski sostiene que un elemento que influyó en la desgana de los anglosajones y los franceses para buscar la verdad fue su vinculación con el nazismo.

No puede ser únicamente consecuencia de la campaña de la prensa comunista, tan susceptible en este punto y tan agresiva con cualquiera que se atreva a hablar con objetividad del tema. Diré más: sobre este asunto planea la sombra de Goebbels y de su propaganda histérica, un recuerdo que oscurece los contornos de la imagen y hace que toda información sobre Katyn parezca sospechosa.

Y es que todo lo que tocó Hitler es sospechoso.

Entre las matanzas cometidas por Stalin que Jruschov le atribuyó en el discurso que pronunció en el XX Congreso del PCUS en 1956, aunque incluyó las grandes purgas, no citó Katyn. El reconocimiento por los soviéticos de que habían cometido genocidios en la guerra contra la bestia nazifascista habría despojado a los comunistas del mayor elemento propagandístico de que disponían: su sacrificio para eliminar a Hitler.

Reconocimiento por la URSS

El régimen soviético se negó a reconocer su autoría hasta finales de los años 80. Los esfuerzos polacos, incluso bajo el comunismo tambaleante, empezaron a horadar la muralla de mentiras. El 13 de abril de 1990 Mijaíl Gorbachovreconoció que la NKVD había asesinado a los militares polacos y presentó sus condolencias a la nación polaca. Ese mismo año el presidente ruso, Boris Yeltsin, entregó numerosos documentos al presidente polaco, Lech Walesa.

En 2005 el Parlamento polaco aprobó una resolución reclamando a Rusia que calificase el exterminio de esos 22.000 polacos como genocidio. El presidente Putin lo llamó «crimen político» en una entrevista en un diario polaco. En 2010 Putin y el presidente polaco, Donald Tusk, acudieron juntos al monumento de Katyn y la televisión rusa emitió la película polaca del mismo título que describe la matanza. En noviembre de ese año la Duma aprobó, con la oposición de los diputados comunistas, una resolución en la que se afirmaba que las muertes fueron ordenadas por Stalin.

El enfrentamiento entre Rusia y Europa de los últimos años también ha afectado a este asunto. Moscú no ha desclasificado aún los archivos pendientes. Y, cómo no, los comunistas rusos vuelven a mostrar su capacidad para mentir al seguir manteniendo la versión de que los asesinos fueron los nazis.

NOTA: Y es muy curioso ver como la propaganda nazi y la comunista ES PRACTICAMENTE IGUAL. SU ESTÉTICA ES LA MISMA: