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EL VERDADERO «CHE» GUEVARA.

 

El verdadero Che Guevara

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Los defensores seculares de terroristas y tiranos buscan de cualquier forma justificar sus desmanes, excesos y crímenes. El comunismo internacional, se convirtió en la tiranía más férrea del siglo pasado.

Todos ellos creyeron que sus acciones por muy violentas que fueran siempre iban a ser necesarias para obtener su logros. Por lo tanto, puede justificarse sin que siquiera les remuerda la conciencia, los ajusticiamientos en masa perpetrados por el Che Guevara, Raúl Castro y otros durante los primeros meses de la Revolución Cubana. Si cayeron inocentes, no importa, porque redundo en beneficio del propósito revolucionario.

Al ejercer de abogados del diablo, claro esta, mencionan figuras egregias de la historia como Sarmiento, Bolívar y San Martín.

La mención se hace a vuela pluma sin citar fuentes históricas, cifras, circunstancias, ni otros detalles que valgan a la comparación. Pero caen en una trampa porque un crimen es un crimen, sea quien sea quien lo cometa y emplear palabras como «extirpar» para suavizar con un eufemismo, como si se tratara de un grano, el hecho perpetrado, que no es otra cosa que un asesinato, no establece distinciones entre quienes emplean tales métodos de represión y violencia.

Cabe preguntarse que si se justifica que alguien como el Che realice ajusticiamientos en masa sin siquiera mediar un juicio, se puede justificar también los ordenados por Stalin o Mao TseTung, Todos se dedicaron a «extirpar» a quienes calificaban de «traidores» y «enemigos de la patria». (Como si creyeran en la Patria)

Lo que no podemos es justificar a unos y condenar a otros. La tiranía tiene muchas caras pero un solo propósito: la perpetuación del poder. Sean o no positivos para quienes siguen viviendo los resultados de cualquier crimen, no podemos condonarlo ni justificarlo.

La muerte del Che conllevó la clásica moraleja de que el crimen se paga. Al Che lo ajusticiaron con su propia receta. En el caso del Che, la CIA lo quería vivo. El Che vivo era muy valioso. El Che muerto, por el contrario, se convertiría en un mártir valioso para el comunismo internacional.Pero el Presidente de Bolivia hizo caso omiso a la pataleta de la CIA. Evidentemente, el no estaba a su servicio.

Centenares de «izquierdistas» acuden cada año a rendir tributo al líder mitológico en el poblado de Vallegrande donde lo enterraron hace 30 años.Los militares bolivianos intentaron organizar merecidamente su propio tributo al centenar de soldados que murió combatiendo a la guerrilla del Che. Pero el sorprendente homenaje a su enemigo, ahora agigantado por el fervor de sus admiradores, no ha sido prohibido ni obstaculizado.

Lo lamentable es también que en Cuba no se permite que se rinda un humilde homenaje a los inocentes que murieron «extirpados» (algunos a sangre fría por su propia mano) en la ola ciega de fusilamientos que desato el Che Guevara en los predios de la Fortaleza de La Cabaña.

EL CHE GUEVARA: UN SÍMBOLO DECADENTE

Una crítica a sus biografías.

Dentro de cada rebelde hay un tirano tratado de salir. Nadie se ajusta mejor a esta definición que Ernesto «Che» Guevara. Fue el Ayatola Komeini de la revolución cubana, un asceta que convirtió su propia afición a la renunciación en un imperativo moral para los demás. Un mundo gobernada por Guevara hubiera sido tan divertido como la Ginebra de Calvino.

Es típico de la frivolidad de la juventud del mundo occidental el haber convertido a este inescrupuloso pedante en un símbolo ‘pop’ por el sólo hecho de que usaba boina, le tenía aversión al baño y resultaba fotogénico desde ciertos ángulos. Esta juventud no conoce sus sanguinarias ideas ni le interesan. Desde su punto de vista, cualquier joven que haya derrocado a un gobierno por la fuerza y en nombre de la justicia debe de ser un héroe.

Para ser justo con Guevara, él no tiene la culpa de ser tan mal comprendido por los estudiantes occidentales. Nunca se preocupó por ocultar ni sus ideas ni sus acciones. Pero, pese a su enorme seriedad, en el fondo compartía la frivolidad moral e intelectual de sus admiradores occidentales. Estos dos biógrafos alegan que tenía una insaciable curiosidad intelectual. Pero no hay ninguna prueba de que se haya dignado a reflexionar, aunque fuera un poco, sobre las causas de los crímenes de Stalin y de Mao. Tampoco se detuvo nunca a meditar sobre las fuentes del poderío económico, cultural y militar de Estados Unidos. No le pareció necesario. De joven, llegó a la conclusión de que la fuente de la riqueza de Estados Unidos y Europa era la explotación, y se mantuvo aferrado a esa estupidez hasta el final. Era la única fórmula que le permitía asignarse a sí mismo un papel providencial en la historia. De otra forma, se hubiera tenido que contentar con una simple práctica de la medicina, para la que no tenía ninguna vocación.

Estas largas biografías son el fruto de una diligente investigación y, aunque hay diferencias entre ellas, la imagen que emerge es básicamente la misma. Castañeda es mucho más informativo que Anderson en relación con ideas económicas de Guevara. Anderson lo es en relación con su infancia y su juventud. Castañeda ubica a la segunda esposa de Guevara, Aleida March, como miembro de la alta clase media. Para Anderson es la hija de un campesino. Castañeda menciona los hijos ilegítimos de Guevara, Anderson no hace referencia a los mismos. Pero ambos concuerdan en las características fundamentales de la vida y la obra de Ernesto Guevara.

Aunque sus dos padres provenían de una familia relativamente empobrecida de la oligarquía argentina, Guevara nunca conoció la verdadera pobreza y tenía la auto confianza de los que nacen en una elite. Sufrió de asma desde muy temprano y esto trajo dos consecuencias. En primer lugar, le garantizó el amor y la ansiosa preocupación de su madre, que fue, con mucho, la mujer más importante de su vida. En segundo lugar, le dio determinación para sobreponerse a las dificultades que encontrara en su camino. Pese al asma, se convirtió en un deportista y nunca cedió ante sus limitaciones físicas.

Durante el resto de su vida fue notablemente poco autocrítico. Aceptó la evaluación de su madre sobre su propia persona y creyó que lo que hacía era justo porque era él quien lo hacía. Hasta el fin de sus días, sobrestimó burdamente la importancia de su propia voluntad en la transformación del mundo que lo rodeaba. Su vanidad y su delirio de grandeza lo llevaron a la destrucción. A la que también arrastró a otros.

Como deja bien clara la narración de Anderson, Guevara desarrolló desde muy temprano la consciencia de su propia importancia. Cuando estuvo en dificultades durante sus juveniles vagabundeos por América Latina, no dudó en estafar a la gente que se cruzaba en su camino.
Consideraba su propia falta de honestidad como una diversión, no como una debilidad moral.

Después de todo, era él quien estaba siendo deshonesto. Posteriormente, su excesiva puntillosidad en cuestiones de dinero, en la que había una gran dosis de esnobismo moral e intelectual, se convirtió en el rasero con que medía a los demás.

Guevara siempre se consideró a sí mismo como un modelo.
Llamarlo un pensador de segunda sería excesivamente generoso. Su concepción económica fundamental, que toda ganancia personal debería de ser eliminada de la vida económica, es una idea estúpida que ni siquiera es original. Quizás sea excusable en un adolescente. Ciertamente es imperdonable en un adulto. Y solamente un monstruo moral estaría dispuesto a matar en aras de semejante ideal.
Guevara era ese tipo de monstruo. Era demasiado egoísta como para que la experiencia le hiciera cambiar de ideas. Soñaba con la creación de un Hombre Nuevo que, por supuesto, lo tendría a él como su maestro. Todos los hombres del pasado, desde el inventor de la rueda hasta Shakespeare, Newton y Mozart no satisfacían sus rigurosas exigencias.

Estas dos biografías dejan claro que durante la crisis cubana de los cohetes, Guevara estuvo a favor de la guerra nuclear. Guerra que, por supuesto, hubiera provocado la muerte de decenas de millones de norteamericanos y la aniquilación del pueblo cubano.


Pensaba que era deseable porque, sobre esa base de cenizas, se hubiera podido construir un mundo mejor. No sentía la más mínima vacilación al hablar a nombre de los millones de cubanos que serían inmolados. Guevara pensaba de la misma forma que Pol Pot.


Si terminó matando a muchas menos inocentes que el camboyano, no fue por falta de esfuerzo. Después de todo, estaba entusiasmado con la guerra de Indochina y hubiera gozado al ver dos, tres y muchas Cambodia en todo el mundo. La diferencia entre él y Pol Pot es que nunca estudió en París.

Los dos biógrafos se afanan por rescatar algo de esa vida desastrosa y repulsiva. Cualesquiera que hayan sido sus atractivos personales, un hombre que pueda haber defendido seriamente la muerte de todo un pueblo (teniendo casi la posibilidad de hacerlo realidad) tiene que ser de una indescriptible vileza. Lamentablemente, los autores no se animan a decirlo. Contradice demasiado ese clisé publicitario de nuestra época: que Guevara era un hombre fundamentalmente bueno y generoso. Y cuya imagen permite hacer excelentes carteles. Ninguno de los autores llama la atención sobre el hecho de que Guevara adoptó una posición violentamente antianortemericana y pro-soviética sin saber nada de la historia, la economía, las condiciones de vida o la cultura de ninguno de los dos países. Si Guevara se desilusionó con la Unión Soviética fue porque había dejado de ser suficientemente radical. Sus sueños eran El Gran Salto Adelante y la Gran Revolución Cultural Proletaria, con sus millones de víctimas.

La ambivalencia hacia Guevara es particularmente notable en el libro de Castañeda. Es como un viejo comunista que finalmente ha aceptado que Stalin mató a decenas de millones pero que trata de rescatar algo del inmenso naufragio y habla de éxitos en la salud o en la educación pública. Castañeda es un hombre de la izquierda y, por lo tanto, no puede aceptar que la visión de Guevara sea básicamente errónea. Su ambivalencia esta bien ilustrada en las páginas 188 y 189 de su libro donde describe los efectos de los escritos de Guevara en la juventud de su tiempo. En la página 188 leemos:

«Che no tenía razones para sospechar el impacto que tendrían (sus escritos) en miles de jóvenes estudiantes universitarios en los próximos treinta anos, mientras marchaban alegremente hacia la
masacre. … ningún autor debe de ser considerado responsable por la sagacidad o falta de sagacidad de sus lectores».

Pero en la página 189 leemos:

«El Che le dio a dos generaciones de jóvenes los instrumentos de esa fe (en la revolución), y el fervor de esa convicción. Pero también tiene que ser considerado responsable por la sangre y las
vidas de esas generaciones decimadas».

Estas citas contienen otra equívoco. Porque los jóvenes universitarios no sólo marchaban a ser masacrados sino también a masacrar. Guevara pensaba (como cita posteriormente el mismo Castañeda) que era necesario tener un «inquebrantable odio por el enemigo, el que empuja al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar fría, violenta, efectiva y selectiva.» Y no sólo eso. Ese odio asesino era el prerrequisito indispensable para construir un mundo mejor. Si Castañeda considera esto como noble, no quiero ni imaginarme que puede considerar innoble.

¿Cómo pudieron ver en Guevara algo más que un inescrupuloso fanático?
La respuesta no está en ninguno de estos dos libros. Pero ambos contienen suficiente información como para dejar claro que Ernesto Guevara fue uno de los más implacables enemigos de la libertad del siglo XX.

Fuente: National Review, septiembre 15, 1997.

 
EL CHE: UN ASESINO SIN CAUSA

La Banda invasora del Che sólo trajo dolor y muerte al pueblo boliviano.

Era el 9 de Octubre de 1967 cuando el Che Guevara llevaba once meses tratando de llevar la revolución a Bolivia. Estaba convencido que allí, en un pueblo débil tras la revolución comunista de 1952, podría triunfar su guerrilla terrorista.
No le quedaba otro camino, a Cuba ya no podía volver.

Él y su pequeña banda se las habían arreglado para no reclutar ni un solo seguidor entre los campesinos bolivianos. Se habían estado cuidando de una posible traición tal cual le sucediera en un principio con el partido comunista en La Paz al no haberle querido prestar ayuda.

Y al final todo lo que hizo, no fue más que acorralar mediante emboscadas y matar a unos 60 civiles y soldados bolivianos.

Ese es su único «logro» en Bolivia: Asesinar al boliviano.
No es ninguna novedad, en toda América del Sur el «revolucionario comunista» no ha hecho más que tomar el camino de la violencia para formar su tan anhelado «Estado Comunista».

El Coronel Joaquín Zenteno estaba al mando cuando el Che fue herido y capturado junto a dos de los suyos; Los demás murieron en el combate. Fue una captura bastante significativa, aunque el Che distaba mucho en esa época de ser la estatua de la libertad.

Por supuesto, ya había combatido y tenido éxito junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra de Cuba, en 1959. Había sido miembro del Gabinete de Castro. Pero era un alma inquieta y, después de escribir un cuaderno titulado «Guerra de Guerrillas» , empezó a recorrer las capitales europeas y durante meses trató de estimular la revolución en el Congo.

El rumor entre los cognoscente era que Castro quería deshacerse de él, en parte debido al natural carisma del asmático fumador en pipa y aficionado a las boinas, lector de poemas y doctor en medicina, con su sonrisa socarrona y su peinado a lo Beatle. Todo eso resultaba irritante a Castro, a quien no le gustaba la idea de compartir el escenario, como descubriera su hermano, entre otros. De modo que cuando el Che dio a conocer su intención de partir para colonizar a toda la América Latina en nombre de la revolución, Castro fue fácilmente persuadido de que debía dejarlo salir de Cuba.

Cuando el Che fue capturado, en el alto mando boliviano se planteó de inmediato la interrogante: ¿Qué hacer con él?. Fue llevado a una pequeña escuela de La Higuera, en donde vivían 175 campesinos muy pobremente.

El General René Barrientos, Presidente de Bolivia en ese momento, ya había lidiado con Regis Debray. Debray era un joven anarco-comunista francés que, al estilo de Fred el Rojo, de Alemania y del Che Guevara, trataba de librar al mundo del capitalismo, de los militares y de las libertades civiles, y fue capturado en plena actividad terrorista. Ese mismo año había sido juzgado en Bolivia, en un juicio que sirvió para organizar las fuerzas de la izquierda internacional, precipitando una larga filípica del filósofo Bertrand Russell, que arremetía contra todo el que calificara a Regis Debray de criminal de guerra.

Barrientos no quería más de eso y, por consiguiente, dio instrucciones a Zenteno de que interrogara a Guevara al día siguiente y, después, lo ejecutara.

Cuando, la tarde anterior, el Che se encontró frente a un soldado que pudo haberlo matado a quemarropa, le gritó: «No dispare, No dispare. Yo soy el Che Guevara y valgo para usted mucho más vivo que muerto» . Pero a la mañana siguiente se dio cuenta de que el alto mando boliviano no estaba de acuerdo en que Guevara era más valioso vivo.

Hacia el fin del interrogatorio se escuchó cuatro disparos provenientes de la habitación contigua. El sargento encargado de ejecutarlo preguntó si el Che sería lo suficientemente gentil como para dejarle su famosa pipa. El Che le dijo algo irreverente.

El Che Guevara había tenido sus propias dificultades con otras guerrillas. En Camagüey, Cuba, en 1962, operaba un movimiento guerrillero anticastrista. Cuando los guerrilleros fueron capturados, el Che Guevara estaba al mando de los militares y el Che dio orden de ejecutar a los guerrilleros.

Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con veneración del «Santo Che» . Su busto se levanta en la plaza de La Higuera, junto a fotografías colocadas en altares provisionales del Papa Juan Pablo II e imágenes de Jesús.

La publicidad no se detiene ahí, se encuentran imágenes del Che en relojes Swatch, en una cerveza inglesa, en ropas, en esquíes, en varios sitios de Internet, en varios discos compactos de rock, etcétera.

«Los grandes sueños se realizan con grandes sacrificios» , dijo la hija mayor del Che en la ceremonia que tuvo lugar en La Habana cuando se recibieron los huesos del Che, enviados por avión. Ella terminó su discurso con las palabras con que su padre terminaba los suyos: «Hasta la victoria siempre. Patria o muerte» .

La Patria del Che era, de acuerdo con su lugar de nacimiento, Argentina; De acuerdo con su ideología, la Unión Soviética; Pero su destino fue morir en la Patria de Bolivia, que no era su Patria y en la que nada tenía que hacer.

http://www.memoriacompleta.com.ar/Homes.htm

FRANCISCO LARGO CABALLERO. EL LENIN ESPAÑOL

 

Todo un «figura» el tio, MENUDO «ANGELITO». La quintaesencia de la TOLERANCIA y el TALANTE.

Gran «demócrata». Desde niño (espero que se haya notado el sarcasmo).

Y con estos dirigentes HISTÓRICOS nos vienen luego hablando del «partido de las libertades» y en los ochenta hasta se montaron ese EMBUSTE MAMARRACHO Y CANALLA de los «CIEN AÑOS DE HONRADEZ».

Francisco Largo Caballero fue el líder del PSOE durante la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil. Durante esta época lideró el sector más radical del partido frente a la opción moderada representada por Besteiro.

Fervoroso defensor del marxismo y la dictadura del proletario, el Golpe de Estado de Largo Caballero y el PSOE en 1934 es considerado el inicio de la Guerra Civil.

 

APUNTES BIOGRÁFICOS

1.- Conocido como «El Lenin Español», su apodo ya da una idea de su crueldad y carácter sanguinario, comparable para sus contemporáneos con el impulso de la dictadura comunista de la Unión Soviética.

2.- Al igual que el resto del PSOE, Largo Caballero colaboró la Dictadura de Miguel Primo de Rivera hasta el final, llegando a ser incluso Consejero de Estado, lo que le valió para fortalecer a la UGT (el sindicato nacido a partir del PSOE) y perseguir a la CNT. Haciendo gala de un oportunismo sin igual, al caer la Dictadura de Primo se unió al comité revolucionario que preparaba la República. Con la llegada de ésta fue nombrado Ministro de Trabajo con el gobierno provisional de Alcalá Zamora, volviendo a serlo con Azaña entre 1931 y 1933.

3.- En 1934, tras largos y concienzudos preparativos, Largo Caballero lideró en la sombra el Golpe de Estado del PSOE contra la legalidad de la República. De hecho, presidía el Comité Nacional Revolucionario (nacido el 3 de febrero de 1934) junto a otros conocidos asesinos socialistas, como Carrillo, Vidarte, o De Francisco, entre otros. El balance del Golpe de Estado socialista fue de casi 1.400 muertos en 26 provincias. La insurrección no triunfó finalmente, y el líder socialista, que fue encarcelado, pretendió eludir toda responsabilidad en los terribles hechos. La Historia demostraría años después su implicación total en el fallido Golpe de Estado.

Las elecciones fueron ganadas por las derechas el 19 de noviembre del 33. Ese mismo día Largo Caballero instaba a la Directiva del Partido a concretar “un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista” (Citas y reuniones,19 y 26-XI-33, en S, Juliá, Los Socialistas en la política española, Madrid, Taurus, 1997, p. 199 y 200). No fue, por lo tanto, el alzamiento del 34 una consecuencia del abuso de la derecha en el Gobierno durante su mandato, ya que éste aún no había tomado posesión y el golpe ya se preparaba.

4.- Tras las elecciones de febrero de 1936, el PSOE se encontró ásperamente dividido entre el sector de Prieto y el de Largo, quedando totalmente marginado, una vez más, el moderado y democrático Besteiro. El de Largo inició, en competencia con los anarquistas y los comunistas, una campaña de violencias, de organización y armamento de milicias, de imposición de la ley desde la calle, que prácticamente anularon la muy relativamente democrática Constitución republicana. Las relaciones entre los dos sectores socialistas se tornaron violentas, hasta el grado de que Prieto estuvo cerca de ser linchado por socialistas de Largo en el famoso mitin de Écija.

5.- Durante su etapa al frente del Gobierno del Frente Popular, convirtió a España en un protectorado de la Unión Soviética, con absoluta libertad para los sicarios del GRU y la NKVD (luego KGB) tanto en lo militar como en lo policial. Después de haber autorizado formalmente el envío del oro del Banco de España a Moscú, un día se cansó de las continuas interferencias de los soviéticos en su tarea y echó de su despacho, prácticamente a patadas, al embajador Rosenberg. Firma así su sentencia de muerte política, que le será ratificada cuando se niega a la ilegalización -y persecución implacable- del POUM, tras los sucesos de mayo del 37. Desde ese momento, quedará políticamente vetado en su propio bando.

En otoño del 37, Largo es expulsado de la UGT con la disculpa que no había pagado sus cuotas, tal y como indica él mismo en sus memorias. Es detenido por los guardias de Asalto. La correspondencia y fondos bancarios de la UGT fueron secuestrados. Dice con amargura: “En la historia del proletariado español no se ha conocido atropello semejante. Ni los enemigos naturales de la UGT se habían atrevido a realizarlo. FPI (Fundación Pablo Iglesias), AFLC XXV, p. 1.226.

6.- Con Largo Caballero como Presidente, las checas (prisiones) del PSOE, creadas a imitación de las soviéticas, asesinan, violan y roban, desatando el terror en muchos lugares de España, pero especialmente en Madrid. Ser sospechoso de reaccionario, haber acudido a misa con regularidad, o leer el ABC eran motivos suficientes para sufrir toda suerte de torturas por parte de los socialistas. Entre septiembre y diciembre de 1936, no menos de 12.000 personas fueron asesinadas en Madrid…, religiosos, gentes de derechas, burgueses, intelectuales, desafectos al régimen frentepopulista o simplemente victimas de ajustes de cuentas personales sufrieron torturas y perdieron la vida.

7.- Las temibles checas socialistas también se usaron para eliminar a gente apolítica o incluso de izquierda. Así, misteriosamente desaparecieron algunos enemigos políticos del propio Largo Caballero como Marcelino Valentín Gamazo (Fiscal General de la República), Ángel Aldecoa Jiménez (magistrado) o el Capitán Gándara.  

Ángel Aldecoa Jiménez, de 58 años, magistrado, fue detenido porque había juzgado un atentado relacionado con Largo Caballero, al parecer, no de la manera que hubiera complacido al dirigente socialista. Aldecoa pagó su independencia judicial frente al PSOE con el fusilamiento. 

Marcelino Valentín Gamazo, Fiscal General de la República, acusó a Largo Caballero por los sucesos de octubre de 1934 en estricto cumplimiento de sus deberes dentro de la legalidad republicana. El 5 de agosto de 1936, un grupo de milicianos llegó a la casa de campo de Rubielos Altos donde residía Gamazo con su familia y, tras realizar un registro y proceder a destrozar los objetos religiosos, comenzaron a golpearle delante de sus hijos pequeños a pesar de sus súplicas para que ahorraran a los niños aquel espectáculo. A las doce y media de la noche, en el paraje conocido como Cerrajón, del término de Tevar, Cuenca, Marcelino Valentín Gamazo y sus hijos José Antonio, Javier y Luis de 21, 20 y 17 años respectivamente fueron fusilados.

8.- El 13 de septiembre de 1936, mediante decreto reservado refrendado por el Presidente de la Republica Manuel Azaña, el gobierno presidido por Largo Caballero autorizada al Ministro de Hacienda, el también socialista Juan Negrín, a trasladar las reservas de oro, plata y papel moneda del Banco de España “al lugar que estime de más seguridad”. El lugar elegido por este triunvirato de la estupidez fue la Unión Soviética. Tan seguro era que del tesoro nunca más se supo.

Sobre el valor de lo transportado basta decir que las reservas del Banco de España ocupaban el cuarto lugar en la clasificación mundial después de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Entre 8.000 y 10.000 cajas fueron trasladadas al puerto de Cartagena y allí embarcadas en cuatro buques a Odessa. Uno de los miembros del Comisariado del Pueblo para las Finanzas de la Unión Soviética que colaboró en el desembarco escribió que “si todas las cajas de oro que apilamos en los muelles de Odessa se colocaran aquí una al lado de la otra, cubrirían completamente la Plaza Roja”.

Se completaba así el mayor robo de las arcas estatales que jamás haya sufrido España. Los responsables, cómo no, los socialistas liderados entonces por Largo Caballero.

La decisión de trasladar el oro fue tomada de la forma más oscura por tres ministros socialistas (Largo Caballero, Prieto y, sobre todo, el propio Negrín, entonces ministro de Hacienda), contraviniendo diversas leyes y al margen del resto del gobierno y del mismísimo presidente de la república, Azaña.

9.- En diciembre del 36, Stalin envía una carta a Largo aconsejándole que abra un parlamento aparentemente libre como estratagema para así ganarse la ayuda de las democracias liberales, y no sus lógicas sospechas. Largo le contestó que en la zona frentepopulista, en la que él presidía el Gobierno, nadie sentía la menor inclinación hacia las formas parlamentarias. En su carta del 06-01-37, contesta a Stalin: “Cualquiera que sea la suerte que el porvenir preserva a la institución parlamentaria, ésta no goza entre nosotros, ni aun entre los republicanos, de defensores entusiastas”.  

10.- Su falta de convicción democrática quedó reflejada para siempre en otro gesto más: la colocación de la efigie del sanguinario dictador comunista Josif Stalin en la madrileña Puerta de Alcalá.

11.- Tanto Largo Caballero como Indalecio Prieto vetaban la inclusión de homosexuales en las listas electorales del PSOE porque consideraban que alguien «indigno» (textual) no podía figurar en ellas.  

12.- En 1933, la CEDA gana las elecciones, siendo el Partido Radical la segunda fuerza más votada. Todas las izquierdas obtuvieron poquísimo respaldo del pueblo. Largo, en una comida con asistencia de diputados, miembros de la UGT y del PSOE, dijo: “el proletariado no tiene otra salida más que la violencia” (El Noroeste (2-1-34)). La coalición parlamentaria (que no gubernamental) radical-cedista no llevaba ni un mes con mayoría en el Parlamento y no habían derogado ninguna de las «magnificas» leyes de Largo, pero éste ya encontraba motivos suficientes para recurrir a la violencia como prueba de su gran talante democrático.

13.- Aunque a lo largo de toda su madurez no gustase hablar de ello, aprendió las primeras letras en escuelas religiosas, concretamente en los Escolapios primero y en la escuela de San Antón de Granada después.

14.- Participó de manera activa y en calidad de líder (fue miembro del comité organizador) en la fallida huelga revolucionaria de 1917, lo que le valió una condena de 30 años de prisión por parte de los tribunales de justicia. No los cumplió, ya que a los nueve meses de ingresar en la cárcel fue amnistiado y elegido diputado por Barcelona. Como veremos, esta de 1917 no sería la única ocasión en que los socialistas se volverían contra el orden legalmente constituido. 

15.- En las elecciones municipales de abril de 1931, los monárquicos obtuvieron  una clarísima victoria en el conjunto de España. Los candidatos republicanos sólo consiguieron mejores resultados en algunas capitales de provincia, lo que les valió para no reconocer su derrota y salir a la calle reclamando el poder y la instauración de la República. El Rey, Alfonso XIII, cedió ante la presión, y así fue como se instauró un nuevo régimen (la República) que nadie quería y como Largo Caballero llegó a convertirse de la noche a la mañana y sin esperarlo en Ministro de Trabajo.

16.- Pese a que en sus mítines era recurrente referirse al peligro de que en España se instaurase el fascismo, Largo Caballero sabía bien que eso era poco menos que imposible. Así lo reconoció el propio Largo ante representantes hispanoamericanos en Organización Internacional del Trabajo, donde en junio de 1933 dijo que «en España, afortunadamente, no hay peligro de que se produzca ese nacionalismo exasperado (…) No hay un ejercito desmovilizado (…) No hay millones de parados que oscilen entre la revolución socialista y el ultranacionalismo (…) No hay nacionalismo expansivo ni militarismo (…) No hay líderes». Quedaba claro, por lo tanto, que a su apelación al peligro fascista no era más que una estrategia para asustar a las masas y atraerlas engañadas hacia la revolución socialista.

17.- En 1921 los contrarios a la Internacional Comunista habían ganado por poca diferencia en el seno del PSOE. Largo se declaraba entonces «reformista». Un partidario de la III Internacional y del acercamiento que ella suponía a los dictados de Moscú, describía así a Largo: «Cuando habla, insulta; cuando calla, envenena el ambiente con su silencio; cuando mira, pronostica denuestos. Acusa con reticencias y silencios de refinada hipocresía y maldad. Jamás es sincero. Siempre en guardia, almacena cifras y datos de personas para su día. No combate con ideas, sino con anécdotas. Utilitario y egoísta, cree que le ha llegado la hora de cosechar».

18.- Apresado en Francia por la Gestapo, fue encarcelado en un campo de concentración nazi. Aquella experiencia le hace apreciar, quizá por primera vez y como nunca, el sentido de la libertad. Y en sus memorias, redactadas o ayudadas por Enrique de Francisco, escribe:»Hace años, en un mitin celebrado en el cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo, decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería ésta: ¡República! ¡República! ¡República!. Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!». Curiosa frase de uno de los mayores anti- liberales que ha dado la historia reciente de España.

19.- Madariaga escribió de él: “Te humillaron no los burgueses, sino los socialistas amigos de los comunistas y de Moscú a quien no quisiste obedecer”. (Salvador de Madariaga. Españoles de mi tiempo, Barcelona, Planeta, 1974).

 

ASÍ HABLABA LARGO CABALLERO

– “Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936).

Lo dijo el 19 de enero de 1936 en un acto electoral en Alicante. Efectivamente, Largo ya había iniciado la Guerra Civil en octubre de 1934, aunque su sublevación fue sofocada entonces por suerte para todos los españoles. Lejos de arrepentirse, estaba decidido a volver a la carga contra la legalidad vigente.

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– “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

Lo dijo Largo en un mitin celebrado en Linares el 20 de enero de 1936. Sin duda, unas palabras muy en la línea de aquella famosa frase de Lenin, de quien Largo Caballero tomaría el apodo. “¿Libertad? ¿Para qué?”, dijo en una ocasión el líder soviético.

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– “La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

Esto lo dijo Largo el 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa. Su democracia era, evidentemente, la de las purgas, los asesinatos masivos y, en definitiva, la dictadura del proletariado.

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“En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. “Vamos a la Revolución social. ¿Como? (una voz del público: como en Rusia) No nos asusta eso…Habrá que expropiar a la burguesía por la violencia”. “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos. Había que “preparar la ofensiva socialista”. Lo dijo el 1 de noviembre de 1933. Largo Caballero, Discursos a los trabajadores, Barcelona, Fontamara, 1979, p.151-2. M. de Coca, Anticaballero, Madrid, Centro, 1975, p.85 y ss. M. Tuñón de Lara, La crisis del estado: dictadura, República, guerra (1923-1939), Barcelona, Labor, 1986, p. 129,170..

Sin duda Largo Caballero sabía mucho de esos hechos que repugnan y de cómo debía manipularse luego la información para que la Historia los acabara justificando.

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– “Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos».

Ya en aquella época, como ahora, para el PSOE todo grupo que no el suyo era considerado inmediatamente «fascista” y “retrógrado”.

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 Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”. (febrero de 1933). Largo Caballero, Escritos de la República, Pablo Iglesias, 1985, p.34-5.

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– El 23-11-31 Largo, entonces Ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza: “Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-31, Madrid.

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“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible». (Agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones). FPI, XIII, p .452, El Socialista, 16-8-33.

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“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aun los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. El Socialista, 9-11-33.

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“Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas”. (24-5-36, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE). El socialista, 26-5-36. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 203.

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– “Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”. (Durante el Congreso de las Juventudes Socialistas). R. Calaf Masachs, Revolución del 34 en Asturias, Fundación José Barreiro, Oviedo, 1984, p. 57.

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“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”. (Verano de 1934 en Ginebra). M. Martínez Aguiar, ¿a dónde va el Estado español?, Madrid, p.135.

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“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen». Durante un mitin en el Cinema Europa de Madrid (1-10-34). 

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– “Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre (se refiere al golpe de estado contra la República dado por el PSOE)… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”. El Socialista, 13-1-36. Lo dijo en el cine Europa.

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– «El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo». Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

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– «El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder». 13 de noviembre de 1933.

EL ABUELO DE ZP, LA «DEMOCRÁTICA» VIDA DEL CAPITÁN LOZANO.

 

La verdad sobre el abuelo del peor Presidente de la democracia española 

«Procede de una familia comprometida políticamente. Su abuelo (el capitán Lozano), fue fusilado en Puente Castro (León) en 1936. En su testamento, escrito pocas horas antes de ser ejecutado dice “muero inocente y perdono», palabras que marcaron profundamente a José Luis Rodríguez Zapatero desde que su padre, Juan Rodríguez Lozano, le desveló el contenido del documento». 

Estas entrañables palabras figuran en la biografía que el PSOE hace en su página web del Secretario General del Partido y, gracias a una carnicería con 193 víctimas perpetrada por agentes marroquíes, Presidente del Gobierno de España. Resulta curiosa la mención al compromiso político de un militar en una web del PSOE. Un militar es un profesional al servicio del Estado, de la Patria si lo prefieren y no un conspirador político como el caso que nos ocupa. 

Las continuas invocaciones a la Guerra Civil, la obsesión por los símbolos y ese interés de hacer «Historia-ficción» y llevar a las izquierdas al triunfo de un conflicto que desgarró España durante tres años con una durísima postguerra, no son fruto de la demagogia ignorante de un gobierno formado por Ministras de cuota y borregos de tercera, sino por el odio escondido en el fondo del corazón del Presidente hacia aquellos a los que culpa de la muerte de su abuelo, el «demócrata» Capitán Lozano.

Es interesante recurrir al expediente que se guarda en el Archivo Militar de El Ferrol y poder comprobar in situ las profundas convicciones democráticas del abuelo del hoy Presidente del Gobierno (quiera Dios por el bien de todos que por poco tiempo). El «Capitán Lozano» no creía ni creyó en la Democracia nunca, pues era un revolucionario marxista. A los hechos me remito. En 1934 escribió una carta ofreciéndose al director del diario «El socialista», de reconocido prestigio «democrático»,  para escribir artículos de temática militar y hacer proselitismo en los cuarteles a través del susodicho panfleto revolucionario, con el objeto de ganar adeptos en los estamentos militares en favor de la Revolución. Curiosamente, en octubre del mismo año ocurrieron los sucesos de Asturias y Cataluña (abortados por el gobierno los conatos revolucionarios que se produjeron en otros puntos de España), que llevaron a una Guerra Civil apenas dos años después. 

Conforme al Código de Justicia Militar vigente en aquel momento, la pena establecida para aquellos militares que hubiesen contribuido a conspirar para derrocar un gobierno legítimo era la de muerte. Por lo tanto en el caso del «Capitán Lozano» no podemos hablar de asesinato o de crimen, sino de ejecución. En 1934 el «Capitán Lozano» conspiró activamente contra el gobierno legítimo de la República con objeto de extender la pólvora revolucionaria por las instalaciones militares de la provincia de su destino. Eso en cualquier Código de Justicia Militar es Alta Traición.

Estoy seguro de que el famoso expediente del «capitán Lozano» del Archivo Militar de El Ferrol, desaparecerá misteriosamente, al igual que parte de los documentos del Archivo de Salamanca. El gobierno que surgió del Atentado del 11 de marzo de 2004 está dispuesto a rescribir la Historia. La vinculación activa del PSOE en la Revolución de Asturias, que nació con vocación de ser Revolución a nivel nacional y se quedó en un sangriento movimiento local con cientos de víctimas y contra un gobierno legitimado por las urnas, no es grato recordarlo para muchos dirigentes actuales del partido. Para ellos, la Guerra Civil la inició Franco (falsedad histórica, ya que Franco fue el último general de renombre en unirse al Alzamiento y hasta pocos días antes estuvo intentando hacer entrar en razón al camaleónico político Diego Martínez Barrio) y por lo tanto él es el único responsable del baño de sangre que para nuestro país supuso el conflicto y la dura postguerra. Todavía es grato comprobar con páginas webs oficialmente marxistas publican artículos con títulos cómo «La Revolución Española 1931-39», pues reconocen explícitamente lo que muchas personas e historiadores venimos denunciando desde que tenemos uso de razón.

Probablemente el día que se reconozca oficialmente el Movimiento del 18 de Julio como un movimiento Contrarrevolucionario, quedarán cerradas las heridas del conflicto. Mientras se sigan removiendo fosas, retirando placas, sustituyendo monumentos e inventando demócratas como el «Capitán Lozano», la Guerra Civil continuará latente en el fondo de los corazones de los españoles.

Después de todo esto, es explicable la actitud radical del Presidente del Gobierno (por Gracia del Islam más fanático): Toma como ejemplo de conducta la de un abuelo militar, con mínimos valores castrenses, y un gran «talante» revolucionario. Así nos luce el pelo.