Final y nuevo comienzo

Estamos viviendo tiempo de la caída final de instituciones.

Instituciones que en su momento se formaron – algunas de ellas – con buenos fines y así sirvieron en sus primeras etapas. Ciclos cumplidos.

Hoy ya son cáscaras vacías, fósiles. Y la mayoría de ellas, totalmente podridas, corruptas por procesos de infiltración y de la naturaleza humana – o no humana – de aquellos que solo persiguen el poder y someter a los demás y fueron ocupándolas.

Y está demostrado que en su estertor final, se han unido bajo el más espurio y demencial fin, que es el de lograr un totalitarismo global.

Una institución central – se podría definir – donde todos los pervertidos morales, psicópatas, criminales, soberbios, pretenden llevar a la humanidad completa a un final programado por ellos.

Si bien esto no comenzó hace poco, hoy ya lo expresan a cara descubierta y a los cuatro vientos.

Sólo los idiotas y los idiotizados por ellos, sus propagandas y programación, no quieren o no pueden verlo. Y así fueron y forman el ejército de los idiotas útiles de siempre.

Pero el presente es del individuo que por su propio impulso se ha liberado de ellas, y traza su propio camino de libertad.

Con la información a su alcance como jamás en la historia se había producido, esta claro que aquellos que aún están atados a esas instituciones, las directivas de sus corruptos y perversos ocupantes, no podrán ser parte de esta era de liberación.

Lo corrupto y lo fosilizado, jamás puede renacer.

Y el tiempo de evolución del Individuo Libre, capaz de conectar con su propia conciencia, construirse espiritual y mentalmente desde allí y considerar al prójimo como iguales, en comunidad, con autoridades naturales reconocidas y nunca impuestas, es imposible que sea detenido.

Junto con el final-final de lo viejo. (Individuo Libre)

Borregos a un lado, sensatos enfrente

#Parásitos #Delincuentes #Terroristas

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LadoViendo los borregos que se juntan en el mismo lado, el mío es el de enfrente.

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Vago y degenerado con tontos alrededor como Bolaños

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EntierroFrancoUn vago al que le han llamado la atención en varias ocasiones.

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Desde Wuhan, una epidemia de mentiras

Escrito por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Hace pocos días el director del FBI afirmó que “muy probablemente” el origen de la pandemia había sido un escape accidental de laboratorio en Wuhan[1], sumándose así a diversos informes que han ido aflorando recientemente y al informe eminentemente científico del Senado de EEUU, publicado en octubre de 2022, que descartaba la teoría de un origen zoonótico natural y espontáneo[2].

Aunque probablemente el momento elegido para estas tibias iniciativas esté relacionado con la situación geopolítica actual y que por ahora carezcan del énfasis que merece la responsabilidad por la muerte de millones de personas, estamos ante un cambio de relato radical, pues durante la pandemia los medios de comunicación negaron y censuraron la teoría de un escape de laboratorio, aunque prestigiosas publicaciones médicas como el BMJ lo consideraban verosímil[3]. Dado que el único objeto de la censura es ocultar la verdad, de por sí éste era ya un indicio revelador, pero hay más.

El origen extremadamente probable de la pandemia

Como es bien sabido, en Wuhan existían dos laboratorios biológicos de seguridad y se sabía que al menos uno de ellos estaba trabajando con el mismo tipo de coronavirus que el SARS-CoV-2[4]. Como es obvio, la probabilidad a priori de que, de todas las ciudades del mundo, el virus emergiera precisamente en una ciudad donde existían dichos laboratorios sin que estos tuvieran nada que ver es ridículamente baja. Si se produce un vertido tóxico al lado de una fábrica de productos químicos, ¿de quién sospechamos?

En segundo lugar, la eficiencia con la que el SARS-CoV-2 se unía a los receptores ACE2 y la elevada contagiosidad del covid entre humanos encajaba mal con un origen zoonótico espontáneo. Existen escasos precedentes históricos de grandes pandemias de origen zoonótico procedente de mamíferos en el que el vector de transmisión no haya sido un insecto y la probabilidad de que una enfermedad pase de forma natural de mamífero a humano y se convierta en altamente contagiosa entre humanos es muy baja. Asimismo, la evidencia genética del coronavirus no mostraba que hubiera circulado por otros animales que no fueran seres humanos.

Por último, tres años después no se ha encontrado el animal origen del SARS-CoV-2 ni el grupo de animales contagiados que hiciera de reservorio de la enfermedad. Si ellos fueron el origen de la epidemia, ¿dónde están esos animales enfermos? Tampoco han seguido contagiando a humanos: ¿sólo los contagiaron una vez y sólo en Wuhan? La realidad es que no hay evidencia científica alguna que apoye la a priori muy improbable teoría del origen natural de la epidemia.

Los interesados en ocultar la teoría del escape biológico

El interés de la dictadura comunista china en ocultar un potencial escape biológico es evidente, pero ¿qué interés ha tenido la burocracia de EEUU en contribuir a tal ocultación hasta ahora? Existen tres motivos. El primero era un motivo político: Trump había acusado a China y el establishment norteamericano estaba juramentado para desacreditarle en todo lo que dijera, aunque fuera verdad[5].

El segundo motivo es que existía la preocupación de que culpar de la pandemia a un accidente biológico en un laboratorio gubernamental pusiera en riesgo los programas biológicos que todas las potencias – incluido EEUU – tienen en distintas partes del globo.

Pero el motivo más relevante es que conocidas instituciones de salud norteamericanas dirigidas por conocidos científicos y burócratas habían financiado parte de los experimentos en Wuhan debido a la prohibición legal de realizarlos en territorio estadounidense.

El intento de encubrimiento involucró a la corrupta OMS, que casualmente eligió a uno de estos científicos para unirse al equipo enviado a Wuhan “para investigar” el origen de la pandemia y aseverar, naturalmente, que los chinos nada habían tenido que ver[6], al fáustico Dr. Fauci[7], y a 27 científicos que publicaron una carta en The Lancet tildando de “teoría conspiratoria” la posibilidad de un escape de laboratorio. El escándalo fue mayúsculo, pues pronto se supo que 26 de los 27 tenían vínculos directos o indirectos con el propio laboratorio de Wuhan o sus financiadores[8].

Algunos creen que el escape no fue accidental y que la epidemia fue provocada. Sin embargo, si el gobierno chino hubiera querido desatar una epidemia nunca lo habría hecho en su propio territorio y mucho menos en una ciudad con laboratorios biológicos. Es más, aquellos que defienden que la epidemia fue provocada se verían obligados en pura lógica a mirar hacia algún adversario de China, como EEUU. Lo considero muy improbable.

Que el escape fuera accidental no exime al gobierno chino de responsabilidad ante la negligencia y ante algo mucho peor: su opacidad inicial, plagada de ocultaciones (consustanciales a un régimen comunista) y la exportación del virus al resto del mundo, de la que existen indicios de dolo al no prohibir presuntamente los vuelos internacionales una vez había prohibido los nacionales[9].

Si no hemos vivido una pandemia natural sino un accidente de laboratorio a lo Chernóbil con uno o varios escapes a lo largo del otoño del 2019, el relato sobre el covid cambia. Entre otras cosas, la psicosis sobre una futura epidemia se reduce considerablemente y Bill Gates queda en entredicho como sedicente profeta de pandemias y consejero sobre cómo prevenirlas. ¿Por qué no propone impedir que los yonquis del poder, sus científicos arrogantes y las vampíricas empresas farmacéuticas sigan jugando al peligroso juego de la manipulación genética de patógenos con fines bélicos o lucrativos?

Confinamientos, mascarillas e inmunidad natural: una epidemia de mentiras

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse” (Lc 8, 16-18). Con el paso del tiempo el Himalaya de falsedades que ha rodeado la epidemia del covid está saliendo a la luz. Este aluvión de mentiras cimentó un programa de manipulación de masas sin precedentes para crear la histeria colectiva necesaria para lograr que la población aceptara mansamente una claustrofóbica dictadura sanitaria.

La implantación de los ilegales confinamientos (“dos semanas para aplanar la curva”, ¿recuerdan?) no sirvió para nada salvo para arruinar mental y económicamente a millones de personas.

Las mascarillas, primero denostadas y luego histéricamente impuestas, nunca dejaron de ser una completa farsa, una superstición, un símbolo de sumisión y un negocio para los comisionistas de turno. Ningún plan de epidemias previo contemplaba su uso y no existía evidencia sobre su utilidad para el público en general, pero ha sido un reciente estudio Cochrane (máxima fiabilidad estadística) el que ha dado la puntilla a la creencia de que las mascarillas valgan para prevenir la transmisión de virus como la gripe o el SARS-CoV-2. En efecto, su conclusión es que el uso comunitario de mascarillas quirúrgicas supone “poca o ninguna diferencia en el desenlace de gripe/SARS‐CoV‐2 confirmada en laboratorio en comparación con no utilizarla”, y que “las mascarillas N95 (FFP2) no implican “diferencias claras en comparación con el uso de mascarillas médicas/quirúrgicas (…)[10]”.

Si las mascarillas quirúrgicas y FFP2 no servían para impedir el contagio y la transmisión del virus (como evidencia que dos años de obligatoriedad no impidieran que éste circulara a voluntad), imaginen cómo nos tomaron el pelo con las mascarillas de tela. En España, tras torturar a los niños en colegios transformados en campos de concentración, la tomadura de pelo continuó en el transporte público y continúa aún en hospitales y farmacias.

La campaña de terror mediática también hizo creer que toda la población estaba expuesta a idéntico riesgo cuando se sabía que estadísticamente la enfermedad sólo revestía peligro para personas mayores y para quienes sufrían comorbilidades muy específicas. A pesar de que esta evidencia era conocida desde principios de 2020, Gates tuvo la desfachatez de afirmar en 2022 que “[al principio] no entendíamos que el covid tenía una letalidad bastante baja y que sobre todo afectaba a los ancianos, de modo similar a la gripe, aunque algo diferente[11]”. Los adultos sanos y, sobre todo, los jóvenes, adolescentes y niños, nunca corrieron un grave riesgo, pero este dato se ocultó para mantener a la población aterrorizada y maximizar el lucro del escandaloso programa de vacunación universal.

Asimismo, el contubernio político-mediático-farmacéutico negó el poder de la inmunización natural y exigió a quienes habían pasado la enfermedad que se vacunaran igualmente. La literatura médica y una robusta evidencia científica decían que esto era un disparate, y así lo denuncié desde el principio. Tres años después, un macro estudio financiado por la Fundación Gates concluye que la inmunización natural otorgaba una protección “igual o superior” a la de las vacunas, “muy elevada y duradera” contra la reinfección y gravedad para las variantes anteriores a ómicron y algo menor contra la reinfección, pero igualmente potente contra la gravedad, con ómicron[12]. La realidad es que la inmunización natural de virus respiratorios, que excita la producción de anticuerpos IgA en las mucosas y la inmunidad celular (células T), es siempre superior a la provista por vacunas sistémicas como las del covid.

Terapias genéticas y “vacunas” ineficaces e inseguras

Finalmente topamos con las terapias genéticas o “vacunas” covid imprudentemente aprobadas e impuestas a toda la población sin que cumplieran con los requisitos exigidos a toda vacuna: necesidad (criterio incumplido salvo para la población de riesgo), eficacia y seguridad. Incluso crearon un pasaporte sanitario para forzar la vacunación de los renuentes a pesar de que las “vacunas” nunca fueron concebidas para impedir la transmisión (como reconoció la propia Pfizer), de modo que la meta del 70% de inmunidad de rebaño no dejó de ser otra quimera para vender más vacunas. El fracaso de las vacunas antigripales, que “60 años después de su introducción no han logrado nada para prevenir la infección”, es un ejemplo de que “ninguno de los virus respiratorios en mucosas ha sido efectivamente controlado por ninguna vacuna[13]”. Esto se sabía desde un principio, pero se ocultó.

En la edición de Davos de 2022 el propio Gates reconoció que las vacunas covid “no tienen un efecto demasiado duradero y no son buenas bloqueando la transmisión”, con lo que se preguntaba “qué sentido tenía” comprobar si las personas estaban vacunadas[14]. Irónicamente, en Davos la organización exigía prueba de triple vacunación[15].

Las “vacunas” no sólo han resultado ineficaces e innecesarias para la inmensa mayoría de la población para la que el covid era estadísticamente leve (como se sabía, repito, desde 2020), sino que han provocado unos efectos adversos sin precedentes que explicaría el actual exceso de mortalidad cardiovascular y una multitud de bien documentados efectos isquémicos, inmunitarios, oculares, neuropáticos, herpes, menstruales, de fertilidad masculina e incluso cancerígenos[16].

¿Quién asumirá la responsabilidad?

Ante tanta acumulación de evidencias, ¿qué responsabilidad asumirán los políticos y las autoridades “sanitarias” que nos encerraron ilegalmente impidiéndonos circular con libertad, que abandonaron a nuestros mayores y los condenaron a morir solos, que nos obligaron a pasear como presos dos horas al día, a llevar mascarilla en el campo y a sentar familias separadas en restaurantes, que incitaron al odio hacia los no vacunados y nos empujaron mediante el pasaporte sanitario a inyectarnos unas terapias genéticas experimentales, ineficaces y poco seguras?

¿Qué responsabilidad asumirán los periodistas ignorantes y sin escrúpulos que aterrorizaron a la población durante dos años mintiendo constantemente, ocultando la realidad de las mal llamadas “vacunas” como si fueran agentes de ventas de la industria farmacéutica, animando escandalosamente a inyectarse a jóvenes, embarazadas y niños y censurando a quienes aportaban datos científicos mientras los estigmatizaban calumniándolos hipócritamente como “negacionistas”?

¿Qué responsabilidad asumirán las turbias agencias del medicamento que parecen controladas por las grandes empresas farmacéuticas y aprobaron con enorme negligencia[17] unos productos ineficaces e inseguros mientras boicoteaban todo tratamiento terapéutico? ¿Y los colegios de médicos que amenazaron y persiguieron a los pocos facultativos que osaban levantar su voz para protestar ante tanto atropello acientífico?

¿Qué responsabilidad asumirán tantos médicos de especialidades de todo tipo que incitaron a sus pacientes a vacunarse indiscriminadamente sin distinción de edad o circunstancias y ahora callan los efectos secundarios que ven de primera mano, que aceptaron como obedientes funcionarios las consignas de las “autoridades” sin pensar por sí mismos y sin leer un solo estudio científico sobre el covid mientras pontificaban desde su ignorancia abusando de la autoridad de la bata blanca?

¿Y qué decir de aquellos “expertos” entrevistados en los medios que no paraban de repetir necedades políticamente correctas atraídos por el brillo de un protagonismo efímero y que ahora han vuelto a la sombra de la que nunca debieron salir?

Contrasten estas actuaciones con la de los pocos médicos que tuvieron el enorme coraje de poner en peligro su carrera para defender la verdad científica o la de aquellos que no tenían tiempo de dar su opinión porque estaban ocupados tratando desesperadamente de salvar vidas en aquella traumática primavera de 2020. O la de aquellos ciudadanos, por cierto, que resistieron heroicamente la presión e histeria de las masas y decidieron no vacunarse en ejercicio de su libertad.

¿Qué lecciones debemos sacar de este enorme fraude?

La experiencia del Himalaya de falsedades que hemos vivido debería enseñarnos a desconfiar axiomáticamente del contubernio político-mediático-farmacéutico, de las “autoridades” políticas o sanitarias, pues son la misma cosa, y de la enorme corrupción que engloba a la industria farmacéutica y el amplio campo de voluntades que puede comprar.

De modo más profundo, lo que hemos vivido es un colosal fracaso del cientificismo que propugna la omnipotencia del hombre y “La Ciencia”, el mismo que despreciaba nuestro maravilloso sistema inmunológico natural mientras ponía su fe en una chapuza de “vacunas”, y cuyas ínfulas no son más que un despliegue de soberbia.

Pero lo más importante que debemos aprender es que quienes han aprovechado un accidente de laboratorio para poner en marcha un experimento totalitario creen haber creado un precedente y aspiran a lograr el atajo hacia un gobierno global mediante una dictadura sanitaria global. Ésta es la función del Tratado de Pandemias que la OMS (cofinanciada por la Fundación Gates) quiere aprobar antes de que el senil Darth Biden abandone el poder.

Este tratado otorgaría potestad absoluta a la OMS en caso de emergencia sanitaria e incentivaría estados de pandemia permanente. No olviden que la OMS[18] modificó la definición de pandemia para que incluyera cualquier enfermedad contagiosa, aunque fuera un virus conocido y estadísticamente leve[19], que aprovechó la insignificante viruela “del mono”, que ya nadie recuerda, para declarar una “emergencia sanitaria internacional[20]” y que tres años después aún mantiene vigente la declaración de pandemia con el covid. Ésta es una amenaza real para nuestra salud y libertad. Tómenla en serio.

[1] FBI director says China trying to thwart Covid origin probe (nbcnews.com)
[2] Report An Analysis of the Origins of COVID-19 (senate.gov)
[3] Covid 19: We need a full open independent investigation into its origins | The BMJ
[4] In 2018, Diplomats Warned of Risky Coronavirus Experiments in a Wuhan Lab. No One Listened. – POLITICO
[5] CNN ex-boss Jeff Zucker told staff not to probe ‘lab leak’ theory (nypost.com)
[6] How can Peter Daszak be part of WHO’s team investigating the original source of the outbreak?  | Daily Mail Online
[7] Fauci: No scientific evidence the coronavirus was made in a Chinese lab (nationalgeographic.com)
[8] Revealed: How scientists who dismissed Wuhan lab theory are linked to Chinese researchers (telegraph.co.uk)
[9] How China locked down internally for COVID-19, but pushed foreign travel (indiatimes.com)
[10] Intervenciones físicas para interrumpir o reducir la propagación de los virus respiratorios – Jefferson, T – 2023 | Cochrane Library
[11] Martin Kulldorff en Twitter: «After pushing covid lockdowns, @BillGates admits that he and his foundation experts «didn’t understand that it’s a fairly low fatality rate and that it’s a disease mainly of the elderly»; basic facts known in early 2020. He should stay away from public health.» / Twitter
[12] Past SARS-CoV-2 infection protection against re-infection: a systematic review and meta-analysis – The Lancet
[13] Rethinking next-generation vaccines for coronaviruses, influenzaviruses, and other respiratory viruses: Cell Host & Microbe
[14] Preparing for the Next Pandemic with Bill Gates | Davos | #WEF22 – YouTube
[15] Davos is back but participants have to be vaccinated and tested (cnbc.com)
[16] El covid y la cultura del miedo – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[17] FDA oversight of clinical trials is “grossly inadequate,” say experts | The BMJ
[18] WHO and the pandemic flu “conspiracies” | The BMJ
[19] WHO Changed Definition of Influenza Pandemic | The BMJ
[20] WHO Director-General declares the ongoing monkeypox outbreak a Public Health Emergency of International Concern

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«El socialista, Largo Caballero, inició la Guerra Civil y asesinó al líder de la oposición», les dijo un viejo comunista

Díaz Ayuso destroza a las «mujeres de mandil» de la izquierda madrileña

Las elecciones no detendrán el declive de España

Escrito por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Como diría Dickens, España rueda con extraordinaria suavidad pendiente abajo. Sus mejores momentos parecen haber quedado atrás y el edificio constitucional de 1978 –un capítulo más de su larga historia, pero el orden vigente hoy en día- parece estar siendo sistemáticamente demolido. ¿Es esta situación responsabilidad exclusiva del actual gobierno o estamos ante un problema más profundo?

Resulta fácil, y más en el rifirrafe propio de períodos preelectorales, denostar a un gobierno tan dañino como el que tenemos y mantener la esperanza de que un cambio de ciclo político reconstruirá lo destruido y nos devolverá a un pasado mejor o, al menos, más tranquilo. Pero personalizar el declive de nuestro país en quienes nos gobiernan hoy nos dibuja un cuadro incompleto de la realidad, y la esperanza de que la indolente no-oposición cambie las cosas de manera duradera nos conducirá con toda probabilidad a la frustración, una vez más.

Me gustaría que no se considerase este punto de vista como una absolución de un gobierno que considero liberticida y subversivo. ¿Cómo no enjuiciar negativamente a quien dinamita nuestro Estado de Derecho, traiciona su promesa de lealtad y demuestra repetidamente no aceptar ningún límite ético, estético o legal?

Sin embargo, estas consideraciones, aun siendo ciertas, no nos muestran toda la verdad, porque el problema de España es mucho más profundo y complejo y no desaparecerá cuando este gobierno, que es un síntoma de la enfermedad que aqueja a España mas no la enfermedad en sí misma, pase al baúl de los olvidos.

Así, me gustaría ahondar en los factores estructurales de mayor calado que explican la deriva de nuestro país. El primero es la crisis institucional causada por las debilidades del régimen del 78 y por el abuso reiterado que de él han hecho los dos grandes partidos durante décadas.

La necesaria separación de poderes

En efecto, aunque la causa próxima de la crisis de régimen sea este gobierno, el problema de fondo radica en los desaciertos constitucionales que han permitido el desproporcionado poder alcanzado por los partidos políticos, un cáncer que ha hecho metástasis colonizando todas las instituciones del Estado e invadiendo con el transcurso del tiempo órganos vitales.

Ya en 1977 ese gran observador de la Transición que fue el filósofo Julián Marías advirtió que no le quedaba claro si los partidos se habían creado para servir al Estado o el Estado para servir a los partidos. Décadas más tarde nadie duda de la respuesta: los partidos consideran que el Estado es de su propiedad, una propiedad sobre la que tienen derecho de aprovechamiento por turno. Así, cuando se produce la alternancia política, el partido entrante ocupa todas las parcelas que ha tenido que desalojar el saliente convencido de que “tiene derecho” a ostentar no sólo el poder, sino el monopolio del poder durante un tiempo. “Ahora me toca a mí”, es la consigna.

Esta pretensión de monopolio del poder es muy peligrosa. Los sabios de antaño, conocedores de la inmutabilidad de la naturaleza humana y ajenos, por tanto, a toda tentación utópica, tenían claro que para preservar la libertad se debía evitar la concentración del poder en pocas manos.

Ya en la República Romana la razón de ser de su maraña de instituciones era dividir el poder para que la ambición de unos frenara el exceso de ambición de los otros. Veintitrés siglos más tarde Montesquieu lo resumió en una frase: “para evitar el abuso de poder, es preciso que el poder frene al poder”.

Quienes aplicaron este concepto con mayor rigor fueron los fundadores de los EE. UU., cuya Constitución moderaba el ejercicio de poder para que las mayorías no abusaran de las minorías y evitar la tiranía de las masas, tan manipulables, veleidosas y tendentes al linchamiento. Asimismo, crearon un complejo equilibrio de pesos y contrapesos con sus listas abiertas, sus primarias, su estricta separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, el Senado del Congreso, la duración de los mandatos y la existencia de instituciones independientes.

Comparen este sistema con el español, en el que el poder ejecutivo emana del legislativo, el judicial está completamente politizado y donde existen listas cerradas, disciplina de voto y un Senado inútil. Nuestra Constitución no preservó debidamente la separación de poderes: el poder ejecutivo y el legislativo quedaron fusionados en uno solo y se dejó abierta la puerta para que ese poder único controlara también el judicial.

¿Puede haber un gobierno delincuente?

Pero aparte de la separación de poderes, en un Estado de Derecho es la ley la que limita la caprichosa voluntad del que ostenta el poder. Por eso, el primero que debe cumplir la ley es el propio gobierno, porque cuando los gobernantes dejan de respetar la ley y puentean los procedimientos formales destinados a preservar la seguridad jurídica, se abre la caja de Pandora, estalla el Estado de Derecho y se liberan fuerzas destructivas que conducen primero a la anarquía y luego a la tiranía.

Así, la persistente vulneración por parte de todos los partidos de la norma suprema de nuestro sistema, la Constitución de 1978, y el abuso procedimental (o incluso el fraude de ley) habitual en este gobierno, suponen un verdadero riesgo existencial. Defender la Constitución no significa glorificarla ni mitificarla negando sus evidentes debilidades, sino defender el orden legal vigente.

Es importante comprender que, del mismo modo que el escorpión de la fábula no puede evitar picar a la rana, aunque ello conduzca a ambos a la muerte (“es mi naturaleza”), el poder no puede evitar tender a expandirse en el tiempo y en el espacio, aunque ello nos conduzca al desastre. Así, está en su naturaleza buscar constantemente la permanencia en el tiempo y la totalidad en su alcance, es decir, el poder perpetuo no sujeto a ley alguna, pues el súmmum del poder es la arbitrariedad. Esta amenaza es más alarmante cuando el poder político cae en manos de una persona que exhibe evidentes rasgos psicopáticos, como es nuestro caso.

Si el poder anhela la permanencia y la arbitrariedad intentará por todos los medios evitar límites temporales o legales que obstaculicen su voluntad de poder ilimitado y procurará saltarse los laboriosos procedimientos establecidos por la ley que le estorban en el ejercicio absoluto del poder. Así, para quien ostenta el poder las elecciones son un mal irremediable que le gustaría posponer, evitar o trampear. También es frecuente – como hace este gobierno – que manifieste su hostilidad hacia aquellas instituciones que le son más difíciles de controlar, acusándolas, por ejemplo, de “no ser democráticas” (la Jefatura del Estado, el Poder Judicial, la Guardia Civil, el CNI o el Banco de España, por ejemplo). Esta crítica, proveniente de partidos tan poco democráticos en su estructura interna y funcionamiento (vulnerando, una vez más, nuestra Constitución), no sólo es un ejercicio de hipocresía, sino que parte de un concepto de unicidad de poder liberticida, puesto que la democracia no sujeta a la ley es dos lobos y una oveja votando qué vamos a cenar esta noche – o dos subsidiados y un trabajador votando cuánto vamos a subir los impuestos.

Abusando de las debilidades de la Constitución del 78

Reitero que el origen último del deterioro institucional que estamos viviendo es el sistema político débil e impotente que lo permite. En efecto, estamos pagando los errores e ingenuidades de nuestro texto constitucional de 1978 y el abuso reiterado de ellos perpetrado por los partidos políticos durante décadas. Si a esto unimos una sociedad civil medrosa y una carencia de instituciones independientes, es fácil comprender el daño que puede hacer la llegada al poder de un dinamitero.

Una Constitución puede ser escrita por un sabio, por un necio o por un cínico. El sabio la escribe pensando que quien va a ocupar el poder es su peor adversario, por lo que pone todas las trabas posibles a su ejercicio. El necio, por el contrario, piensa que sólo cabe la posibilidad de que gobierne él y, por lo tanto, procura allanarse el sendero. El cínico, por último, piensa que antes o después le llegará el turno y que cuando llegue podrá apurar hasta la última gota del néctar del poder puesto que, a fin de cuentas, la Constitución es papel mojado si se puede incumplir con total impunidad.

Como toda obra humana, todo sistema político es imperfecto y está condicionado por la época en que nació, por los miedos y esperanzas de sus actores y por la tendencia a compensar, a veces de modo torpe y miope, los elementos percibidos como negativos de la experiencia histórica más reciente. Pero, así como el paso del tiempo permite formarse una opinión más ecuánime de los acontecimientos pasados, también dificulta ponerse en el lugar de quienes tomaron las decisiones en su momento. Por tanto, no juzgaré a los “padres” de nuestra Constitución ni el proceso de aprobación de ésta salvo para decir que uno de ellos me confesó hace años que dicho proceso había sido “una improvisación permanente” y que no comprendía su desorbitada exaltación. En cualquier caso, el texto constitucional no arbitró suficientes mecanismos de autodefensa frente a los excesos de los propios partidos que la redactaron.

El diálogo sólo es posible sobre la base de unas premisas básicas compartidas y de una identidad indiscutida. ¿Alguien podría decirme, casi medio siglo después, cuál es la identidad indiscutida de España? El problema, hoy agravado, ya existía en 1977, de modo que el consenso entre la izquierda, la derecha y los entonces débiles nacionalismos fue más aparente que real, fruto de lo cual se inventaron conceptos para salir del paso (“nacionalidades”), párrafos contradictorios (propiedad privada “delimitada” por su “función social”) y remisiones a futuras leyes de inferior rango que cada partido confiaba poder redactar sin el molesto requisito del consenso. Dicho eso, y más allá de las buenas intenciones de unos, de la frivolidad, ignorancia y maquiavelismo de otros y de la ignorancia de la mayoría, me invade cierta nostalgia cuando pienso en la capacidad de encuentro de la España de entonces.

El obsceno asalto al poder judicial

En un ejemplo de remisión a norma inferior en ausencia de consenso, la Constitución no especificó quién elegía a 12 de los 20 miembros del máximo órgano de gobierno del Poder Judicial. En un primer momento (1980) los dos grandes partidos votaron a favor de que fueran los propios jueces (258 votos a favor). Tan sólo cinco años más tarde, la mayoría absoluta del PSOE (202 escaños) decidió unilateralmente que fueran elegidos por 3/5 de Congreso y Senado.

El posterior recurso de la oposición ante el Constitucional fue desestimado por unanimidad (1986) aunque el Tribunal aclaró, con el cómodo voluntarismo del que suelta al zorro confiando en que no va a comerse a las gallinas, que el criterio de 3/5 debía implicar que todos los candidatos fueran elegidos por consenso y, por tanto, sometidos a veto mutuo, evitando “cuotas” de poder proporcionales. El “consenso” incentivaba la presencia de independientes de reconocido prestigio y evitaba figuras con excesivo perfil político. Por el contrario, las “cuotas” han fomentado que jueces y magistrados tengan una creciente afinidad o lealtad política y ha desacreditado al Poder Judicial al dividirlo entre jueces y magistrados “conservadores” y “progresistas”.

Con estos antecedentes, el actual gobierno ha dado un paso más nombrando al Tribunal Constitucional candidatos indistinguibles de políticos de partido y sujetos incluso a conflictos de interés que suelen ser precursores de conductas prevaricadoras. Este asalto fue inicialmente abortado en legítima defensa por el propio Tribunal provocando que algunos criticaran un “choque de poderes sin precedentes”, cuando es precisamente el choque de poderes lo que garantiza el funcionamiento del sistema y la protección de nuestras libertades. En este choque inicial, por cierto, y fiel a su matonismo y desprecio de la ley, el gobierno presionó al Tribunal vulnerando el decoro y la legislación vigente con críticas groseras más propias de repúblicas bananeras que de países europeos. Le salió bien, y quedó impune.

El torpedeo bipartidista del Estado de Derecho

Sin embargo, aunque el actual gobierno esté demoliendo el Estado de Derecho y la seguridad jurídica sin ningún escrúpulo, la oposición carece de autoridad moral para criticar el intento de toma de control del poder judicial, pues el torpedeo del Estado de Derecho ha tenido una naturaleza bipartidista.

En efecto, los dos grandes partidos han modificado la Ley Orgánica del Poder Judicial y sus mayorías cuando les ha convenido, y la actual oposición no ha tenido ningún interés en cambiar el statu quo una vez ha llegado al gobierno, incumpliendo sus promesas electorales a pesar de contar con ocho años de mayoría absoluta.

La realidad es que en este asunto ningún partido político ha defendido elevados principios o el interés general, sino intereses particulares y cortoplacistas. Unos lo han hecho por su ideología totalitaria o por una voluntad de poder narcisista y psicopática; otros, por razones más prosaicas, como intentar que sus corruptelas no salgan a la luz controlando la “puerta de atrás”.

Este inquietante y enésimo asalto contra el Estado de Derecho dirigido por un presidente que prometió una lealtad a su país y a sus instituciones que traiciona constantemente no será el último, pues su patología no tolera perder ningún pulso ni le permite comprender por qué su voluntad no puede transformarse en ley ipso facto. El deterioro institucional ha alcanzado tal extremo que ya no se cubren siquiera apariencias meramente estéticas o pudorosas.

Cuando el que toma las decisiones no sufre las consecuencias de sus actos o lo hace de forma asimétrica (esto es, si sale bien, me beneficio, y si sale mal, no me pasa nada) se crea un sistema de incentivos perverso. En efecto, cualquier ciudadano paga con creces la menor infracción de la más pequeña de las normas. Sin embargo, nuestros políticos pueden atacar e incumplir la más importante de las leyes y no les pasa absolutamente nada, como vimos con el ilegal estado de alarma.

Como colofón a décadas de abuso de los partidos políticos, el régimen del 78 está siendo derribado ante nuestros ojos por un gobierno subversivo. Obviamente, el primer paso es desalojarlo del poder y exigir las responsabilidades que correspondan, porque la impunidad de la clase política debe acabar. Pero el segundo paso debe ser mejorar nuestro sistema político en vista de los errores y excesos cometidos. La pregunta es qué líder político comprende la gravedad de la situación y qué partido tomará la decisión de limitar su propio poder una vez lo haya alcanzado.

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Sequía y demolición de presas

Escrito por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Tras un enero y febrero con temperaturas normales, España ha tenido un marzo y abril muy calurosos y está sufriendo una severa sequía. Como siempre, los que han hecho del cambio climático su modus vivendi han aprovechado la circunstancia para retomar la antigua denominación de “calentamiento global” y asustarnos con el apocalipsis que nunca llega. Ya saben: cuando se producen olas de frío (como Filomena en 2021) lo atribuyen a una borrasca pasajera, pero el calor siempre es cambio climático.

Sin embargo, más allá de la cansina propaganda climática, produce estupor ver cómo los mismos que vierten lágrimas de cocodrilo por los efectos de la sequía están haciendo la vida imposible a agricultores y ganaderos en nombre de la propia religión climática.

La guerra contra el campo

En este contexto se enmarcan los crecientes obstáculos al uso los fertilizantes derivados del nitrógeno, la inmoral campaña contra el consumo de proteína (p.ej., carne), la grotesca demonización del ganado como emisor de metano o las restricciones al uso de pesticidas mediante la moda “eco”, “orgánica” y “sostenible”, eslóganes bonitos con los que los iluminados de Davos, de la UE y de la ONU ocultan su verdadero objetivo: revertir la Revolución Verde, que permitió multiplicar el rendimiento de los cultivos y alimentar a una población creciente.

Sumen a esto el aumento de la factura eléctrica causada por el propio fanatismo climático y el sinfín de regulaciones absurdas que están asfixiando el campo, normas caprichosas decididas por burócratas urbanitas que, desde sus cómodos despachos, utilizan el arma de las subvenciones y la amenaza de las sanciones para ejercer un control absoluto sobre el sector primario.

Estas políticas tendrán graves consecuencias. De hecho, existen precedentes de lo que puede ocurrir, llegados al extremo. En 2021, el gobierno de Sri Lanka decidió prohibir los fertilizantes químicos y los pesticidas argumentando que los primeros incrementaban el efecto invernadero y los segundos perjudicaban el ecosistema. Su presidente alardeó de ello en un discurso en el COP26 en el que mencionó el “cambio climático” en su primera frase y abogó por la “agricultura orgánica” y por las energías renovables, que quería supusieran un 70% de la generación eléctrica para el 2030. “El hombre debe vivir en sintonía con la naturaleza”, afirmó[1]. Su país logró, cómo no, un rating ESG de 98.1 sobre 100, casi perfecto. Tres años antes, el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos había publicado un artículo del entonces primer ministro del país en el que publicitaba su “visión”. Pues bien, las medidas para “paliar” el cambio climático provocaron en sólo seis meses una caída de la producción agrícola del 20% y un aumento de precios del 50%[2] mientras ciertos productos, como los tomates y las zanahorias, multiplicaban su precio por cinco y el gobierno se veía obligado a importar arroz. Finalmente, en 2022 llegó una terrible hambruna, las masas asaltaron el palacio presidencial y el presidente huyó del país (mientras el WEF borraba el artículo de su web[3]). El daño estaba hecho: hoy la desnutrición infantil sigue siendo un problema en Sri Lanka[4].

El derribo de presas y la agenda climática

El coste de oportunidad de la agenda climática está siendo inmenso. Imaginen el uso alternativo de los miles de millones desperdiciados durante años en subvencionar las ineficientes energías renovables – que también detraen superficies de cultivo– si se hubieran utilizado para fortalecer nuestras reservas hídricas en previsión de las recurrentes sequías. Sin embargo, lo que han estado haciendo los chamanes climáticos que nos gobiernan desde Madrid, Bruselas, Davos y Nueva York ha sido demoler presas para favorecer a pececillos y demás fauna, cuyo valor en esta época oscura parece ser superior al de la vida humana.

Las presas fueron inventadas para asegurar regadíos y reservorios de agua potable, aprovechar las lluvias y evitar inundaciones. Las más antiguas se remontan a comienzos de la Edad Antigua: la presa de Jawa, en Mesopotamia, se construyó en el 3.000 a.C. y la de Marib, capital del reino de Saba, alrededor del 2.000 a.C. Ésta fue utilizada durante 2.600 años, y su catastrófico derrumbe provocó la migración de 50.000 personas que ya no tenían cómo regar. Las más antiguas que aún permanecen en uso, construidas por los romanos hace cerca de 2.000 años, se encuentran en Homs (Siria) y Mérida (España).

Así, estas obras de ingeniería siempre se consideraron un avance de la civilización, hasta ahora. En efecto, desde 2021 el gobierno español ha derribado más de un centenar de ellas con el objeto de favorecer la libre circulación de la fauna fluvial. Aunque la mayor parte hayan sido presas y azudes pequeños (con excepciones, como el alucinante proyecto de demolición de Valdecaballeros), sólo el 15% de las presas europeas están obsoletas o en desuso[5]. Queda claro, una vez más, que destruir es la especialidad de este gobierno, y que destruir siempre es más fácil que construir.

Sin embargo, el vandalismo del gobierno y el fanatismo de las organizaciones ecologistas que promueven estas acciones no son los únicos responsables de haber destruido presas en vísperas de una sequía severa. El origen de esta medida está en la Estrategia sobre Biodiversidad para 2030 de la UE, que aboga por “la eliminación o adaptación de las barreras que impiden el paso de los peces migratorios (…)” de modo que “de aquí a 2030 al menos 25.000 km de ríos vuelvan a ser de caudal libre mediante la eliminación de obstáculos (…)”[6]. Esta misma estrategia propone “reducir el uso de fertilizantes en un 20% como mínimo (…), reducir en un 50% el uso global de los pesticidas químicos y gestionar al menos el 25% de las tierras agrarias en régimen de agricultura ecológica”. ¿Recuerdan Sri Lanka? A su vez, la Comisión Europea especifica que sus propuestas “están en consonancia con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y con los objetivos del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático”, no en balde el punto 6.6 de la Agenda 2030 propone “restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los ríos (…)”. Ahí lo tienen: ecologismo, cambio climático y Agenda 2030.

¿Otra vez el cambio climático?

En efecto, la destrucción de las presas y la guerra contra el campo tienen como raíz la ideología ecologista y climática, que aprovecha los fenómenos meteorológicos locales, como el calor y la sequía, para sus campañas de propaganda.

Sin embargo, los fenómenos meteorológicos locales nunca pueden considerarse prueba de ningún “calentamiento global”. Primero, porque el mundo es muy grande: el estado de California, casi tan extenso y poblado como España, ha sufrido en 2023 el quinto mes de marzo más frío desde 1895[7] y nadie ha advertido de un enfriamiento global. Segundo, porque el aumento de temperaturas del planeta es irrisorio e inapreciable, salvo sugestión. Desde 1979, año en que comienzan a tenerse mediciones por satélite y un año particularmente frío para comenzar la serie (de hecho, si hubiera comenzado en 1998 no podríamos hablar de calentamiento alguno), el planeta se ha calentado a razón de sólo 0,13°C (trece centésimas de grado) por década[8].

Siempre he pensado que un observador ecuánime consideraría esta escasísima variación una estabilidad asombrosa en la temperatura de un fluido del volumen de la atmósfera dentro de un sistema que nunca está en equilibrio, como es el clima. Ese mismo observador quizá diría lo mismo viendo la evolución de las temperaturas en España desde 1961, ajustadas al efecto isla de calor urbana o UHI (fuente: AEMET):

La pertinaz sequía

La relación entre temperatura y precipitaciones es compleja y no siempre intuitiva. Por ejemplo, la Antártida es el continente más frío, pero también el más seco del planeta, mientras que en el subcontinente indio llueve torrencialmente durante los meses de monzón coincidiendo con las elevadas temperaturas veraniegas.

La sequía es un fenómeno natural cíclico que ha afectado desde siempre a nuestro país, una anomalía transitoria de precipitaciones que puede conllevar una incapacidad de atender la demanda de agua para riego o consumo. En EEUU la sequía más grave de su historia se produjo entre 1933 y 1940, mientras que en España la peor tuvo lugar entre 1941 y 1946, cuando el río Manzanares se secó por completo y el Ebro se convirtió en un riachuelo (con razón, “la pertinaz sequía” se convirtió en un latiguillo del franquismo). Otra sequía importante, cuyas restricciones recuerdo con claridad, fue la de 1991-1995, aunque en aquel entonces la sociedad era menos histérica y mucho más libre que hoy y el cambio climático no se había convertido todavía en un dogma. Claro que en esos años el IPCC aún defendía que “el incremento de temperatura observado en el s. XX ha podido ser en gran parte causado por una variabilidad natural[9].

Aquí tienen la evolución de la pluviosidad anual en España hasta 2022. Como verán, aunque en el último tercio del período se ha producido una ligera disminución, la tendencia no es significativa (fuente: AEMET):

Estos son los datos en España, pero en el planeta cada vez llueve más. Efectivamente, a nivel mundial -sorpresa, sorpresa-, las precipitaciones han aumentado desde 1900[10], y no ha habido aumento alguno de sequías, inundaciones, huracanes[11] o incendios forestales[12]. Todos estos datos contradicen, una y otra vez, las mentiras recurrentes de la propaganda climática.

Pero las medias de precipitación anual pueden enmascarar la realidad local de las sequías: por ejemplo, en 2022, un año entre normal y seco en España, en la misma provincia de Badajoz unas comarcas tuvieron un año húmedo y otras, muy seco, y mientras que en gran parte de Castilla fue un año entre normal y húmedo, en el norte fue muy seco y en Levante, muy húmedo. La sequía, a veces, es contraintuitiva: en 1752 una importante sequía afectó el norte peninsular mientras el Guadalquivir sufría riadas, y en 2018, año muy húmedo en prácticamente toda España (el quinto más húmedo desde 1965), el oeste de Galicia sufrió un año seco o muy seco[13].

Nadie ha comentado lo más relevante de la sequía actual, esto es, que nadie – ningún “experto”, ningún modelo – ha sido capaz de predecirla. Sin embargo, los mismos que no supieron predecir un fenómeno tan cíclico como la sequía, y que tampoco pueden decirnos si volverá a llover en unas semanas, afirman conocer exactamente cuál será el clima del planeta dentro de 100 años. La tomadura de pelo es de tal calibre que sigue sorprendiéndome el recorrido que ha tenido.  ¿La ciencia es incapaz de predecir la meteorología local más allá de unos pocos días y es capaz de comprender un sistema multifactorial y caótico como el clima terrestre, plagado de retroalimentaciones de signo opuesto y sistemas de reequilibrio y en el que faltan mediciones fiables en series largas, y hacer predicciones para dentro de un siglo?

La teoría del cambio climático antrópico parte de hipótesis enormemente resbaladizas: el clima ha cambiado de forma natural desde el albor de los tiempos, ¿y ahora sólo cambia por la acción humana? Algo tan complejo como el clima, ¿depende del control de una sola variable como es la emisión de un gas residual como el CO2, cuyo origen antrópico apenas supone una ínfima parte del 0,04% de su composición atmosférica? Las variaciones naturales de la radiación solar, las anomalías orbitales y rotacionales, los océanos y las nubes, ¿ya no cuentan? ¿Por qué debería preocuparnos lo más mínimo un eventual aumento de temperaturas de 1,5°C cuando en los últimos 150 años aparentemente han aumentado lo mismo sin que pasara absolutamente nada? ¿Acaso no nos adaptamos sin problemas a cambios de temperatura de 20 o 30°C entre el alba y la tarde o entre el invierno y el verano?

Cabe añadir que el ciudadano perspicaz se percatará de que, casualmente, las políticas propuestas para combatir el “calentamiento global” son idénticas a las que se propusieron en su momento frente al “enfriamiento global” de los años 70 o la lluvia ácida, tal y como nos recordaba el Prof. Lindzen[14], uno de los más prestigiosos expertos en clima del mundo.

Los corresponsables

El gobierno, la UE (Bruselas-Davos) y la ONU ha declarado la guerra al campo en nombre de una ideología enemiga del hombre. Sin embargo, nunca habrían podido llegar a estos extremos sin la complicidad de otros actores, como los medios de comunicación, que aplican la censura, estigmatizan al “negacionista” (ellos, que ignoran los datos más elementales) e imponen la ideología climática como dogma de creencia obligada, bajo pena de ostracismo.

Pero lamentablemente también son cómplices las instituciones de la sociedad civil (empresas, universidades, etc.) que, llevadas por las buenas intenciones, por intereses económicos o por corrección política, se dedican a promover la Agenda 2030 y la consigna de lo “sostenible” como si fuera una moda inocua. Confío en que comprendan que al hacer esto están contribuyendo a la destrucción de nuestro campo.

El cambio climático es la mayor estafa de todos los tiempos y la ideología más destructiva desde los totalitarismos del s. XX, pues aspira al poder total mediante el control de la producción de energía y alimentos. ¿Cuántas pruebas más necesitarán para convencerse? ¿Tendremos que llegar a la pobreza y el hambre?

[1] Speech by President Gotabaya Rajapaksa at the “Rediscovering Nitrogen: Solutions and Synergies for Climate Change, Health, Biodiversity and Circular Economy”, COP26 Side Event, Scotland, UK on 31 October 2021 (slembassyusa.org)
[2] Sri Lanka Is a Wake-Up Call for Eco-Utopians – HumanProgress
[3] The WEF questioned after deleted Sri Lanka PM article is recovered by Wayback Machine « Euro Weekly News
[4] Sri Lanka’s children go hungry as food prices soar – BBC News
[5] 0.-REPORT_Dam-Removal-Progress-2021-WEB-SPREADS.pdf (damremoval.eu)
[6] Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030 (europa.eu)
[7] California endured the fifth-coldest March since 1895, data show – Los Angeles Times (latimes.com)
[8] UAH_LT_1979_thru_March_2023_v6.jpg (749×432) (drroyspencer.com)
[9] IPCC AR1, WG1, Policymakers Summary p. XII (1990)
[10] Climate Change Indicators: U.S. and Global Precipitation | US EPA
[11] IPCC AR5, Working Group 1, Chapter 2.6, p.214-220
[12] A human-driven decline in global burned area | Science
[13] Resúmenes climatológicos – Página 1 – España – Anuales – Agencia Estatal de Meteorología – AEMET. Gobierno de España
[14] Alarmismo climático y la irrelevancia de la ciencia – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)

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No pantalla

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Las pantallas de todo tipo de dispositivos en línea (teléfonos, televisores, ordenadores, etc.) se han convertido en las puertas de acceso preferente, a veces exclusivo, al trabajo, el ocio y las relaciones con la administración y los servicios públicos. Si esto tiene por un lado ventajas evidentes de inmediatez y ágil acceso a información tanto pública como personal, por otro lado tiende de modo creciente a mediatizar nuestras vidas, convirtiéndolas en más dependientes de intereses y poderes que están detrás de las omnipresentes superficies electrónicas. Dichos poderes disfrutan de una capacidad enorme, y aún así cada vez mayor, sobre todo mediante el desarrollo de la inteligencia artificial, de distraer, manipular, censurar, dirigir, etc., con fines ajenos a los individuos cautivados por las pantallas de sus teléfonos móviles, sus televisores y sus ordenadores.

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El mate del loco

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El mate del loco, también conocido comojaque mate en tres movimientos, es el jaque matemás rápido posible en el juego del ajedrez, es un mate con tres movimientos.

El mate del loco recibió este nombre porque solo puede ocurrir si las blancas juegan extraordinariamente mal, como un loco y las negras tan solo han de esperar la sucesión de tres estupideces del contrario. Incluso entre los principiantes, este mate es casi imposible y requiere de prácticamente un imbécil y es por eso por lo que casi nunca ocurre en la práctica.

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