¿Está en riesgo la libertad? / Is freedom at risk?

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«CLARO QUE ESTÁ EN RIESGO NUESTRA LIBERTAD, Y ACABARÁ POR PERECER SI NO ACERTAMOS A SER VALIENTES Y EXIGENTES CON LA RAZÓN, CON LA LÓGICA, CON LA EXPERIENCIA, CON EL CONOCIMIENTO CIERTO Y A NUESTRO ALCANCE SIN CONSENTIR CONFORMARNOS CON FÁBULAS NECIAS»

Por J.L. Gonzalez Quirós para DISIDENTIA

En los largos milenios que están a nuestra vista, la libertad política constituye una rara excepción. Incluso en la época posterior a lo que se llaman las revoluciones atlánticas, en los últimos dos siglos de nuestra civilización, que constituyen el período más brillante para las ideas democráticas, las libertades de opinión, de asociación y de movimiento, han estado muchas veces en peligro, cuando no perseguidas con saña. Ahora mismo, los países en los que impera un régimen que respete las libertades básicas de los ciudadanos constituyen una minoría y su pervivencia está expuesta al desafío de gigantes autoritarios como China que se presentan a los ojos del mundo como la síntesis perfecta del desarrollo, la tecnología y el orden social. Su pregonado éxito en el crecimiento económico y en la salud pública se proponen como ejemplo a contrastar con la ineficacia y la desunión de la vieja Europa, o la supuesta decadencia política del gigante americano.

Con todo, las amenazas principales a la libertad no provienen de fuera, sino que nacen en el seno mismo de nuestras sociedades. Al comienzo mismo de su excelente En defensa de la política advierte Bernard Crick de que el tedio por las verdades establecidas es el gran enemigo de los hombres libres. Nuestro criticismo con las innegables imperfecciones de las democracias y la tendencia a imaginar un futuro catastrófico, para lo que hay unas cuantas versiones disponibles, hace que muchos añoren la protección de un régimen que imponga el Bien de manera definitiva, que acabe con lo que cada cual considera los insoportables defectos del sistema.

La tendencia a imponer por las bravas supuestas verdades, por ejemplo, mediante legislaciones absurdas y liberticidas, se extiende por todas partes sin que parezcan ser sólidas las defensas oportunas. Una idea instrumental del poder legislativo, sin ningún respeto a la libertad de conciencia de cada cual, nos depara de continuo la implantación de nuevos delitos, y cada vez se está más cerca de considerar que es delictivo todo lo que no está conforme con una visión estrecha y autoritaria de lo que son los bienes morales. La libertad de opinión se proscribe con mucha facilidad, basta con no dejar hablar al que se espera que pueda decir algo que sea inconveniente y los medios de comunicación se lanzan con entusiasmo digno de mejor causa a facilitar estas formas descaradas de nueva censura, como si la creencia un poco infantil en que el miedo ha cambiado de bando autorizase a perseguir a los ciudadanos a escobazos, como si estuviésemos en el tren de la bruja.

Basta la superioridad numérica en el Parlamento para que se considere que se puede imponer como dogma cualquier gilipollez del gusto de los nuevos Torquemadas. En esto, nuestro Congreso está llegando a cimas de ridículo, a expresiones que uno creería más propias de El Mundo Today que de políticos en activo, como con el caso de una diputada de ERC que preguntó con toda seriedad al Gobierno que iba a hacer para impedir la ola de violencia policial en los Estados Unidos, es posible que esperase un gesto torero de Ábalos o una encendida condena de cualquiera a la espera de medidas más contundentes en un inmediato futuro. Parece claro que unos personajes que se creen que podrían leerle la cartilla a los EEUU estarán convencidos de poseer poderes sobrenaturales, como el que Cristo concedió a los apóstoles de perdonar los pecados, pero no para perdonar a nadie, sino para castigarlo con la debida severidad.

No es fácil explicar de otro modo que el Congreso se haya prestado a considerar la creación de un nuevo delito para aquellos que profesen la vergonzosa creencia negacionista de considerar como poco inteligente encasillar la violencia en géneros, o en transgéneros que no me he enterado muy bien. Esta inmensa bobería de creer que cambiando los nombres se cambian las cosas pertenece a un género, con perdón, de delirios lógicos difícil de combatir, porque es una variante lela de esa inmensa contradicción de creer que sea compatible sostener que todo es una construcción social al tiempo que se pueden combatir las fake news por mil procedimientos que este tipo de descerebrados considera obvios.

En 1950, el filósofo Karl Jaspers, que tenía muy presente el enorme desastre que había ocurrido en su patria alemana, escribió que los enemigos de la razón son siempre enemigos de la libertad, en especial por el afán de liberarse de la libertad, de simplificar el mundo hasta hacerlo inhumano, porque según el filósofo, la razón no existe por naturaleza, no aparece espontáneamente sino que surge de la libertad, de la acción en defensa de lo verdadero que está más allá de cualquier mentira, de no ceder a los intentos de ocultar las cosas abiertas a la capacidad del hombre de actuar con libertad, como diría su discípula Hanna Arendt. Siempre existe el riesgo de que muchos prefieran vivir agazapados en mentiras dóciles, a la sombra de diversos hechizos capaces de seducir a gentes deseosas de entregarse a cualquier causa.

En el mundo actual son todavía mucho mayores las posibilidades técnicas de atentar contra nuestra libertad, de ocultar las verdades que no convienen, y eso exige una especial vigilancia, una atención constante. A veces puede parecernos hasta infantil el empeño del Gobierno, por ejemplo, en engañarnos y engañarse acerca del número de víctimas de la pandemia, de disfrazar sus errores, que además no son solo suyos, con retórica bélica y con soflamas muy huecas. Hay que pensar que esas mentiras no son desinteresadas, que buscan privarnos de libertad, además de que nos debilitan en forma muy irresponsable frente a una posible repetición de amenazas de ese tipo o de otros géneros, porque invitan a un optimismo sin fundamento alguno, a una desmemoria, a ser indulgentes con los errores cometidos sin que importe que eso ayude a que puedan repetirse con mucha facilidad.

Claro que está en riesgo nuestra libertad, y acabará por perecer si no acertamos a ser valientes y exigentes con la razón, con la lógica, con la experiencia, con el conocimiento cierto y a nuestro alcance sin consentir conformarnos con fábulas necias. A cualquiera que se le pida esa actitud vigilante frente a los sofismas y los cuentos infantiles destinados a adultos complacientes, se le puede exigir también respeto por la libertad ajena, pero nunca que ese respeto encubra el miedo a buscar la verdad y a decidir por nuestra cuenta. Frente a quienes quieren engañar para maniatarnos hay que oponer un alto nivel de capacidad crítica, hay que esforzarse por no caer en el error que propician las mentiras, porque si se cae en él se acaba maniatado, y de inmediato se comienza a aplaudir al nuevo dueño.

Foto: Sven Przepiorka

Porqué es inevitable que la izquierda gane. / Why it is inevitable that the left will win.

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«AUNQUE SE INSISTA EN LA RESPONSABILIDAD DE COLEGIOS Y UNIVERSIDADES A LA HORA DE PRODUCIR SUJETOS CON UNA INMADUREZ CRÓNICA, EL ORIGEN DE ESTA DERIVA ESTÁ TAMBIÉN EN LOS HOGARES»

Por Javier Benegas para DISIDENTIA

Dios no existe, no hay más allá, esto que ves es todo. Así pues, si no hay un paraíso al otro lado, si no hay vida más allá de esta, el sufrimiento y la adversidad dejan de ser entendidos como episodios que nos redimen y fortalecen, y se convierten en agresiones y ofensas que deben ser evitadas. Así lo entendemos todos, no sólo los adversarios. Por eso el mundo se vuelve antagónico a la libertad y la responsabilidad. Por eso también es falso que la izquierda tenga superpoderes, simplemente expande su imperio de la corrección política sobre el desierto de los ideales contrarios.

¿Mérito y esfuerzo?… Nadie se lo cree, tampoco los conservadores y liberales porque prácticamente desaparecieron. Fueron arrastrados con todo lo demás por la corriente arrolladora de un desesperado nihilismo. En la actualidad, ser libre y responsable es un desiderátum y la independencia, la muerte social. Todos buscamos con desesperación una tribu, un grupo o simplemente una banda en la que alistarnos. Por eso medimos cada una de nuestras manifestaciones públicas, cada mensaje, incluso una simple declaración o la ocasional reseña que hacemos de un tercero, porque si nos descuidamos podemos liberar una crítica inconveniente que, como un neutrón separado de su núcleo, provocará en nuestro círculo una reacción en cadena que pondrá demasiadas cosas en duda, y eso arruinaría nuestros planes.

No sólo en la izquierda, sino en todos lados, ser tenido en cuenta exige una lealtad a toda prueba, un aplauso permanente, un servilismo libre de cualquier sombra de duda. De esta forma se consigue el salvoconducto para ingresar en el pelotón de la carrera hacia la relevancia. Pero esta relevancia carece de verdadera utilidad, menos aún tiene algún sentido trascendente. Al contrario que nuestros antepasados, ya no creemos en la inmortalidad. Pero no nos hemos parado ahí, hemos ido más lejos: tampoco creemos en la importancia del legado. Tenemos prisa por alcanzar el falso ideal de la seguridad y no queremos equipaje porque, aunque la palabra muerte sea tabú, nuestro conocimiento es básicamente conocimiento de la muerte: sabemos que hoy estamos vivos pero mañana ya no.

La búsqueda de la recompensa inmediata ha degenerado en un presentismo que se derrama de arriba abajo para, luego, rebotar de abajo arriba generando un círculo vicioso. Así, como el ciclo del agua, la mentira del mundo feliz cae sobre nosotros como una lluvia fina y persistente que cala hasta los huesos, y, después, mediante el inevitable desencanto de cada uno, regresa a las alturas en forma de microscópicas partículas que, sumadas unas a otras, dan lugar a las tormentas.

Los que atribuyen la responsabilidad de esta pérdida de referencias a la escuela, o a la universidad, tienen razón, pero sólo en parte. El problema es mucho más complejo y profundo: nuestra visión del mundo es por lo general intranscendente y estrecha, se ciñe al presente inmediato y a la autosatisfacción. Por eso el mérito y el esfuerzo ya no sirven para alcanzar la relevancia. Prima la pertenencia al grupo, los contactos, las relaciones personales; no el talento ni la honestidad.

Para Richard M. Weaver, da igual que llamemos a este fenómeno decadencia de la religión o pérdida de interés en la metafísica, el resultado es el mismo, puesto que ambas son núcleos integradores que, cuando ceden, generan una dispersión inabarcable que sólo cesa cuando la cultura ha sido reducida a escombros. Y, quizá, esté en lo cierto, porque Occidente parece ir camino de convertirse en un inmenso patio de colegio gobernado por los caprichos y ocurrencias de seres infantiles.

Sin embargo, aunque se insista en la responsabilidad de colegios y universidades a la hora de producir sujetos con una inmadurez crónica, el origen de esta deriva está también en los hogares. Muchos padres —bien es verdad que animados por la opinión de los expertos— llegaron a la conclusión de que ser severos y exigentes con los hijos mermaba sus fuerzas y convertía su fugaz paso por el mundo en un suplicio innecesario. ¿Por qué debían sufrir si su existencia era intrascendente y breve? Había pues que actuar en sentido contrario, evitándoles contrariedades y sufrimientos, y engordando su autoestima. Así, los padres renunciaron a su autoridad para convertirse en amigos de sus hijos, en cómplices cuyo deber era eliminar obstáculos y proporcionar una autoestima artificial que ya no procedía de la experiencia, de las duras lecciones de la vida, sino de la potenciación del ego.

En opinión de Hanna Arendt, era en la crianza y educación de los niños donde la autoridad en el sentido más amplio siempre se consideró un imperativo natural. Se exigía tanto por las necesidades naturales, como es la indefensión del niño, como por una evidente necesidad política: la continuidad de una civilización sólo podía perdurar si sus vástagos asumían el mundo preexistente y aceptaban que debían madurar, es decir, alcanzar cierta edad y sabiduría, para ocupar un sitio en la mesa de los adultos. Sin embargo, Arendt añadía ya en 1950 que la Autoridad no había entrado en crisis, sino que era una causa perdida.

Un buen amigo sostiene que el principio de autoridad no ha desaparecido, simplemente se habría trasladado de las figuras tradicionales, como podía ser el maestro, el cura o el médico, a otras nuevas, como los “influencers” de Instagram. Pero discrepo de esta idea. El principio de autoridad clásico, aunque evolucionara de forma progresiva, era bastante estable, no se mostraba voluble ante las reacciones del público porque estaba incardinado en la tradición y en un marco común de entendimiento que trascendía a la persona, esto hacía que el principio de autoridad, por lo general, no se plegara a los estados de opinión del momento o a modas pasajeras.

El influencer, en cambio, gira a la deriva en el remolino de las tendencias, está sometido al arbitrismo del público y el espejismo de su autoridad se desvanece tan pronto como contraría a sus seguidores. En realidad, es la masa quien domina al influencer, ejerciendo sobre él no ya una cierta y paradójica autoridad, sino un voluble e imprevisible autoritarismo. Por eso el influencer sólo expresa aquello que, estima, agradará al público, no lo que debe ser dicho. Como los padres con sus hijos, alimenta la autoestima de sus seguidores.

En un demoledor artículo sobre la izquierda actual y la propensión al totalitarismo de buena parte de la juventud, Gonzalo Garcés apunta a las universidades y se pregunta “por qué la democracia tiene tantas dificultades para defenderse de un virus ideológico que ni siquiera atinamos a nombrar: ¿política identitaria? ¿Social justice? ¿Posmodermismo? ¿Teoría crítica?” Pero si los universitarios de hoy no saben quién fue Aristóteles, mucho menos sabrán qué es la Teoría crítica. Pueden reconocer determinadas expresiones, términos y consignas, pero son incapaces de vincularlas a argumentos elaborados.

Han aprendido a odiar a Occidente, pero no saben razonarlo; menos aún son capaces de confrontar sus opiniones con otras distintas porque su ánimo no obedece a teorías ni razonamientos, sino a un hipertrofiado sentimiento de amor propio que ha sido alimentado con devoción por el entorno. Por eso cualquier argumentación contraria desata su furia, porque no pone en cuestión una determinada idea u opinión sino su propio ego.

A este respecto, apuntaba Margaret Thatcher en la década de los 60 del pasado siglo que uno de los efectos de la rápida difusión de la educación superior había sido equipar a las personas para criticar y cuestionar casi todo. Y añadía que algunas de ellas parecían haberse detenido allí en lugar de pasar a la siguiente etapa, que consistía en llegar a nuevas convicciones o reafirmar las antiguas. Así, recordaba la noticia en la prensa del momento en la que se reseñaba que el líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit había sido premiado por un trabajo extraordinario. Sus examinadores justificaban el galardón en que había planteado una serie de preguntas muy inteligentes, a lo que Thatcher añadía: “¿Significativo? Hubiera sido más feliz si él también hubiera encontrado una serie de respuestas inteligentes.” Pero el tiempo no pasa en balde. Desde entonces hasta hoy las universidades se han degradado bastante, y los activistas universitarios ya ni siquiera plantean preguntas inteligentes, las han sustituido por dogmas.

En este proceso, los ideólogos han actuado como los belicistas del pasado, utilizando el ansia por significarse de la juventud para promocionar sus guerras. Han asimilado los impulsos irreflexivos de los jóvenes a teorías que no están en el origen de los delirios narcisistas, sino que surgen a colación de éstos. En realidad, no son los artífices, simplemente, como el “influencer” de Instagram, seducen al público diciéndole aquello que quiere oír. Su trabajo consiste, pues, en avivar el fuego. Aunque les gusta que creamos que ellos dan forma al mundo, a lo sumo están contribuyendo a destruirlo. Pero sobre las ruinas no podrán edificar el sistema totalitario que añoran, porque el caos que están ayudando a desencadenar es una fuerza ciega que lo arrollará todo a su paso, a ellos también.

Las guerras —también las culturales— se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan ni tampoco cómo acaban. El problema añadido en el presente es que los ideólogos y políticos carecen de la autoridad que sí tenían los viejos gobernantes. Van a remolque de los acontecimientos, no controlan su deriva. Corren apresuradamente para colocarse en la cabeza de la manifestación, pero no la gobiernan, la masa les arrastra mediante la gratificación de la relevancia… y la promesa del poder.

En los años 70 del siglo XX algunos pensaban que el enorme deterioro de la Autoridad abriría una nueva era de mayor libertad individual. Otros creían, por el contrario, que conduciría a la anarquía social y al caos moral. Robert Nisbet apuntó, sin embargo, que el vacío dejado por la Autoridad sería llenado por un ascenso irresistible del poder. La pregunta medio siglo después es: ¿qué poder será ése?

Sea cual sea la respuesta, debemos tomar conciencia del peligro y entender que lo que cada uno haga o deje de hacer importa y mucho, que salvaguardar la libertad no sólo depende de las leyes o del Estado de derecho, que no existe un modelo político, por óptimo que sea, que por sí mismo la garantice y evite el auge irresistible del poder sobre el que advierte Nisbet.

La libertad es un valor trascendente, lleno de significado, por lo tanto, es incompatible con la creencia de que nuestros actos individuales son intrascendentes. Puede que la existencia sea un suceso fugaz, sin embargo, lo que hacemos tiene consecuencias. Así pues, debemos asumir nuestra responsabilidad y aceptar determinados sacrificios. No podemos abandonar a los jóvenes porque, en el colmo del cinismo, hemos concluido que son una causa perdida; tenemos que hablar con ellos, aunque hacerlo implique contrariarlos. Es crítico ayudarles a entender aquello que dijo Orwell, que, si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír. Ningún colegio, universidad, gobierno o Estado hará esto por nosotros.

Foto: Mika Baumeister

La carta de renuncia que expone a The New York Times

¿Impuesto a la riqueza? ¡A los pobres!

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Por Alejandro A. Tagliavini*

Es hora de descubrir a los demagogos y decir que todos los impuestos caen sobre los más débiles. De hecho, el Estado, la violencia que monopoliza- siempre destructiva- sin dudas es el principal creador de pobreza, sino el único.

Más de 80 multimillonarios publicaron una carta abierta instando a los gobiernos a subir impuestos, “inmediatamente” y de “forma permanente”, a los más ricos para financiar la recuperación. Entre los firmantes está el cofundador de los helados Ben and Jerry’s, Jerry Greenfield, el guionista Richard Curtis, la cineasta Abigail Disney, el exdirector gerente de BlackRock Inc., Morris Pearl, y el empresario danés-iraní Djaffar Shalchi.

Durante años, millonarios como Warren Buffett y Bill Gates han pedido que se les grave más. Hace un año, un grupo que incluía a George Soros, al cofundador de Facebook, Chris Hughes, y a los herederos de Hyatt y Disney, también publicaron una…

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El Consejo Mundial de Iglesias, consternado por Hagia Sophia

#FuckErdogan #StopIslam

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https://www.mcclatchy-wires.com/incoming/raks4h/picture244141352/alternates/LANDSCAPE_1140/TURQU%C3%8DA-HAGIA_SOPHIA_54262.jpg

El secretario general interino del Consejo Mundial de Iglesias expresó por escrito al presidente de Turquía su “dolor y consternación” por la decisión de cambiar el estado del emblemático templo de Hagia Sophia (Santa Sofía de Estambul), de un museo a una mezquita, abierta a los servicios religiosos.

Como museo del Patrimonio Mundial, “Hagia Sophia ha sido un lugar de apertura, encuentro e inspiración para personas de todas las naciones”, afirmó Ioan Sauca en la carta publicada el sábado por el grupo con sede en Ginebra.

El templo colosal fue construido hace 1.500 años como una catedral cristiana ortodoxa y se convirtió en una mezquita después de que los otomanos conquistaron Constantinopla, ahora Estambul, en 1453. En 1934, el gobierno secular turco decidió convertirla en museo.

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MINISTERIO DE LA VERDAD: Así trata la SER a Felipe VI. El saludo que nunca existió

MINISTERIO DE LA VERDAD: Así trata la SER a Felipe VI. El saludo que nunca existió

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Así inventa la cadena SER esta noticia con esta imagen

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Esto es lo que realmente pasó

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Barcelona ofrece talleres de okupas, nueva masculinidad y guarrerías varias para niños este verano

Barcelona ofrece talleres de okupas, nueva masculinidad y guarrerías varias para niños este verano

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Sin título

‘Autogestión y nuevos modelos de vivienda alternativos’, ‘Nuevas masculinidades’, ‘Filosofía sobre la liberación de espacios’, ‘Scaperoom feminista’… Son títulos de  los cursillos que el Ayuntamiento de Barcelona imparte a los niños durante este verano.

Hay un taller para aprender a hacer compresas caseras de tela. Hay otros talleres que son puramente ideología. como ‘nueva masculinidad’. En el taller ‘Autogestión y nuevos modelos de vivienda alternativos’, se impartirán cuatro sesiones “para acercarnos a modelos de alternativas de vivienda y en la autogestión”. Este taller incluye una charla sobre la ‘Filosofía de la liberación de espacios’, y otra sobre ‘Recursos y energías sostenibles’ o una tercera sobre ‘Botiquín natural’.

En otras palabras, el eje del taller es poner al alcance de los jóvenes un modo de vida alternativo, empezando por cómo justificar la okupación de viviendas y edificios. Este taller ya se había impartido durante dos días de mayo…

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El vestigio oculto que desvela la barbarie de Lenin y que la URSS escondió 70 años – Manuel P. Villatoro

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Ya sea para mal, ya sea para bien, los mitos son una suerte de losa casi imposible de apartar. En el primer ámbito tenemos a nuestra castizaLeyenda Negra, una dolencia que historiadores y expertos han extirpado (no sin esfuerzo) en los últimos años a golpe de dato y ensayo. Sin embargo, en el otro extremo de la cuerda tenemos a personajes comoVladimir Illich Ulianov(más conocido por su nombre de guerra:Lenin). Encumbrado por laUnión Soviéticapor su lucha contra el antiguo régimen ruso, su momia todavía reside en un mausoleo dedicado a su persona en laPlaza Roja. La realidad, por el contrario, es que era un líder que abogaba por la crueldad como forma de combatir a sus enemigos.«¡Una revolución sin pelotones de fusilamiento carece de sentido», señaló en una ocasión.

Pero uno de los vestigios más claros de su…

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«La violencia no tiene género»

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Macarena Olona de Vox es una de las pocas parlamentarias actuales en el Congreso capaces de construir un discurso en contra de todos los tabúes construidos alrededor de la «violencia de Género»

Macarena Olona, diputada de VOX y defensora de la ponencia contra el PSOE en su propuesta no de ley: «Combatir el negacionismo de la violencia de género»

En LOS_RÁBANOS_POR_LAS_HOJAS / El debate parlamentario sobre la proposición no de ley del PSOE para «combatir el negacionismo de la violencia de género«, ha provocado un duro enfrentamiento con el grupo Vox, que interpreta la iniciativa como un ataque directo a su partido por defender que la violencia de género no existe y que, en su lugar, existe violencia doméstica o intrafamiliar.

Macarena Olona de Vox es una de las pocas parlamentarias actuales en el Congreso capaces de construir un discurso en contra de todos los tabúes construidos alrededor de…

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Bendita Torre I, Maëdi Devri Laneyed

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«Cuando eres pobre, trabajas o pereces; te esfuerzas o te condenas. Aquí o allá, igualmente iba a tener que trabajar si quería sobrevivir. ¡Es el destino humano! Pero yo estaba en el puerto por decisión propia, ¡no lo olvides! Fui porque quise, y no me arrepiento. Tuve una oportunidad de prosperar, y la aproveché. Jamás, ¿escuchas?, jamás habría escapado a la miseria sin trabajo, tesón y esfuerzo. Además: viniendo aquí o quedándome allá, no me eximiría de trabajar. Y la labor campesina habría sido por lejos más dura y menos provechosa. ¿Por qué entonces pareces rechazar más radicalmente, mi empleo en la ciudad? ¡Precisamente el que ampliaba mis horizontes!»

Esta es la historia de un niño que abandona su hogar campesino, en busca de un futuro mejor en la industria marítima. Hombre hecho a sí mismo, Maëdi Devri Laneyed («Amigo de la Humanidad») no nos dejará indiferentes: es impetuoso y…

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