El presidente estadounidense, Joe Biden, quiso tener enfrente al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, para hablar de inmigración y de los inmigrantes que España empezará a asumir desde este mes para aliviar parte del caos migratorio en EEUU y, de paso, salvarle la papeleta al presidente de la primera potencia del mundo, muy castigado en las encuestas de su país.
Por su parte, el presidente del Gobierno español ha empezado a acuñar nuevos términos para referirse a lo que será una masiva llegada de irregulares a nuestros territorio: migración circular, movilidad segura, operación humanitaria, etc. Todo con el fin de enmascarar una realidad no explicada aún por el Ejecutivo para explicar porqué ha sido el único dirigente occidental que se ha prestado a participar en los planes de Joe Biden, con la excepción de Canadá que por razones geográficas se entiende su implicación.
El equipo de asesores y comunicación de Pedro Sánchez pretendieron desde un inicio que la cuestión migratoria no copase la atención de los medios de comunicación y que la reunión en la Casa Blanca se interpretase como un espaldarazo político de Biden a Sánchez. Sin embargo, el dirigente de la Casa Blanca habló en clave interna y lo primero que hizo tras agradecerle su apoyo a Ucrania, felicitó a su colega por poner a España como destino para los miles de inmigrantes irregulares que no vayan a EEUU.
«Dependerá de las necesidades del mercado laboral español», insistió Sánchez en rueda de prensa tras la reunión con Biden. Sin embargo, eso no es del todo cierto. De acuerdo con el principio de acuerdo suscrito entre EEUU, España y Canadá el 3 de mayo, el gobierno español se comprometió a «incrementar el número de personas procedentes de América Latina durante los próximos tres años a través de vías vinculadas a las necesidades del mercado laboral ampliando su programa de migración circular con una nueva vía complementaria para personas necesitadas de protección internacional».
El mismo día que el jefe del Ejecutivo se dirigía a la sede del gobierno estadounidense, éste lanzaba Movilidad Segura, su nueva plataforma con la que los inmigrantes podrán solicitar su envío a España.
A través de una web llamada Movilidad Segura (movilidadsegura.org), creada por el gobierno estadounidense con ACNUR de Naciones Unidas así como con la organización internacional para las migraciones (OIM), se explica que «las personas refugiadas e inmigrantes elegibles serán consideradas para entradas humanitarias y otras rutas a los EEUU otros países [España] que puedan ofrecer estas oportunidades».
El gobierno estadounidense ha establecido varios centros regionales de procesamiento en algunos países iberoamericanos, como Colombia y Guatemala, aunque prevé llegar hasta el centenar ante la avalancha de solicitudes que pretenden servir para dirigir a los refugiados e inmigrantes y evitar los riesgos asociados a la movilidad humana.
La gestión de dichos centros será llevada a cabo por las organizaciones de la ONU implicadas, pero serán los oficiales estadounidenses quienes estarán presentes para contribuir en la tramitación de la solicitudes. Según el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, «estos centros de tramitación abrirán en un futuro próximo».
¿Cómo acabar en España?
El servicio de Movilidad Segura anuncia que hay cuatro posibilidades para venir a España: ser considerado refugiado, trabajos estacionales, acogida humanitaria para ciertas nacionalidades o por reunificación familiar.
Todo ello contrasta con lo dicho por el gobierno español. El Ministerio de Inclusión que dirige José Luis Escrivá dijo previamente que la única manera de aplicar para los inmigrantes que vengan a España será tener reconocido el estatus de protección internacional, es decir, tendrán que ser refugiados para ser tratados de la misma manera que los solicitantes de asilo de Siria o Ucrania.
Pero este planteamiento genera problemas porque la solicitud de asilo no se concede hasta pasado un tiempo desde su petición, por lo que aquellos inmigrantes a quienes posteriormente se les deniegue dicho reconocimiento con toda probabilidad ya estén en territorio español y localizarlos para su repatriación será una tarea muy compleja. Muchos de ellos se habrán movido a lo largo del territorio nacional y otros tantos se habrán desplazado hacia el resto de países europeos.
Las personas en la región podrán hacer una cita desde su teléfono para visitar la oficina más próxima antes de viajar, obtener una entrevista con especialistas en inmigración, y una vez reúnan los requisitos serán enviadas a España.
«Don’t worry Pedro, I have everything ready for the next bilateral meeting with Biden.»
Ambos mandatarios esperan conversar sobre las relaciones entre EEUU y España, posiblemente incluyendo detalles de un acuerdo migratorio que busca aliviar la enorme crisis en la frontera con México, debido a la expiración del famoso Título 42. El país europeo se comprometió a recibir personas deportadas
El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, viaja a Washington DC en Estados Unidos para reunirse con el presidente Joe Biden. Se espera que la agenda incluya asuntos como las relaciones entre ambos países y sus posturas frente la guerra en Ucrania. Sin embargo, el tema que se está llevando el protagonismo es el acuerdo migratorio en el que el país europeo se comprometió a recibir migrantes que crucen ilegalmente por la frontera sur de EE. UU.
Las críticas llueven por estas horas, debido a que desde el Partido Republicano de EE. UU. no lo ven como un simple encuentro, sino como una táctica del Gobierno español —de corte socialista— para proteger al golpeado e impopular gobierno demócrata de Biden. Para la congresista María Elvira Salazar, los planes entre Sánchez y Biden son claros.
Uno de los mayores cómplices del castrismo y el chavismo en Europa, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, estará en DC. Biden lo recibirá en la Casa Blanca y allí Sánchez defenderá a sus aliados Maduro y Díaz-Canel. ¡Cruzará el Atlántico para ser abogado del diablo!”, escribió la representante del Congreso. El presidente del Partido Popular español, Alberto Núñez Feijóo, también se pronunció.
Es que ciertamente, el jefe del Gobierno español ha abogado previamente por las dictaduras latinoamericanas. Hasta hace par de semanas uno de sus funcionarios viajó a Bogotá para apoyar el encuentro creado por el presidente colombiano, Gustavo Petro, para promover el levantamiento de sanciones estadounidenses contra el chavismo en Venezuela.
Uno de los mayores cómplices del castrismo y el chavismo en Europa, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, estará en DC.
Biden lo recibirá en la Casa Blanca y allí Sánchez defenderá a sus aliados Maduro y Díaz-Canel. ¡Cruzará el Atlántico para ser abogado del diablo!
— María Elvira Salazar 🇺🇸 (@MaElviraSalazar) May 9, 2023
¿Acuerdo migratorio o simple conveniencia?
Días previos a la reunión entre Biden y Sánchez se supo que ambos acordaron que España recibirá a migrantes irregulares que quieran cruzar a EE. UU. Funcionará con centros que Washington quiere construir en Colombia y Guatemala para evitar que las personas lleguen a México.
Ese tratado pretende aliviar parcialmente la oleada de migrantes que se están acumulando en la frontera debido a la expiración del Título 42. Un dolor de cabeza para la Administración demócrata, la cual luego de haber promovido la migración —prometiendo crear un sistema “justo y humano”—, hoy suplica no viajar porque “la frontera no está abierta”. En el medio de esta situación, es interesante cómo cada gobernante utiliza el actual encuentro a su conveniencia.
Por ejemplo, la prensa socialista a favor de Sánchez reporta la reunión como un espaldarazo de Biden el mismo día que comienza la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 28 de mayo. Sin embargo, para la Casa Blanca, elegir el próximo 12 de mayo “más tiene que ver con sus problemas internos que con las ensoñaciones del presidente español”, remarca Ok Diario. El día en el que Biden se reúna con Pedro Sánchez, “la avalancha migratoria en la frontera sur no habrá hecho más que empezar”.
Posiblemente tras la reunión se sepan detalles de ese acuerdo. Por ejemplo, cuántos migrantes recibirá España desde los centros dispuestos por EE. UU. Hay que recordar que el país europeo lidia por sí mismo con flujos irregulares desde el continente africano. Un problema con que continúa abordando a pesar de la ligera disminución el año pasado. Con este problema sobre sus hombros, se vuelven más válidas las sospechas de ayuda Sánchez a Joe Biden y si tienen que ver con no dejar caer su imagen rumbo a las elecciones estadounidenses de 2024. Otro de los temas a tratar será la posición de Occidente frente a Rusia por la guerra en Ucrania y el tema de las tierras contaminadas con Plutino en la localidad española de Palomares desde 1966.
La desesperación de Biden
No solo España lanzará un salvavidas a Biden en el tema de las crisis migratoria. Canadá también recibirá a personas que intenten cruzar a EE. UU. luego de cruzar varios países por tierra. El mandatario demócrata quiere evitar que empeore una situación desesperada.
Tan solo en la madrugada de este 11 de mayo arribaron unos 4000 migrantes más a la ciudad mexicana de Tapachula. “En medio de empujones y gritos se disputan un lugar en las filas para que las autoridades mexicanas los atiendan y empiecen un primer viaje de unos 1000 kilómetros a la capital del país”, reportó la agencia EFE. Todos ellos quieren llegar a la frontera sur estadounidense.
No importa que el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, anunciara nuevas medidas contra quienes lleguen a la frontera sin cita previa por la aplicación CBP One, los migrantes siguen viajando en masa. Se conoció que demócratas y republicanos presentaron un proyecto de ley que daría a la Administración Biden dos años más para prepararse adecuadamente en lugar de lanzar normas apresuradas. El objetivo es implantar por ese tiempo una medida similar al Título 42.
Si ese proyecto no es aprobado, probablemente Biden siga cerrando filas con sus pares socialistas para contener la enorme crisis.
"Título 42" es tendencia por las imágenes del gigantezco número de inmigrantes que están llegando a las fronteras de los Estados Unidos horas antes de expirar el Título 42.pic.twitter.com/iQqgldHTlx
— ¿Por qué es tendencia? (@estendenciavzl) May 11, 2023
En la era actual del «Antropoceno», el término de moda, los seres humanos han alterado el equilibrio de la naturaleza. En mi opinión, los escenarios apocalípticos de los propagandistas del cambio climático son burdas exageraciones
Marcha del movimiento ambientalista “Fridays for the Future”. (Flickr)
The Revolt against Humanity: Imagining a Future without Us por Adam Kirsch Columbia Global Reports, 2023; 100 pp.
Aristóteles dice en el libro 1 de la Ética a Nicómaco que «la felicidad, por tanto, encontrándose como algo final y autosuficiente, es el Fin al que apuntan todas las acciones». La palabra griega eudaimonia, «felicidad» en esta edición, se traduce a menudo como «florecimiento».
¿No es obvio que quieres que tu vida florezca? Por supuesto, te pueden pasar todo tipo de cosas malas, pero no son lo que pretendes. Algunas personas piensan que la moralidad es algo más que la felicidad, o definen la «moralidad» de modo que sólo incluya los deberes para con los demás, pero incluso quienes hacen esto suelen reconocer que buscar tu propia felicidad es importante.
En su nuevo libro, Adam Kirsch, poeta y crítico literario que edita la sección weekend Review del Wall Street Journal, escribe sobre las personas que niegan que uno deba buscar su propia felicidad, dándoles la credibilidad que sus opiniones no merecen. Los antihumanistas son un grupo de personas que no valora el florecimiento. Creen que los seres humanos provocarán una catástrofe no sólo para sí mismos, sino también para otras especies si se mantienen los actuales niveles de emisiones de carbono.
Los antihumanistas no creen que nuestro daño se limite al clima. En la era actual del «Antropoceno», el término de moda, los seres humanos han alterado el equilibrio de la naturaleza. No es que el mundo fuera un paraíso antes de nuestra llegada, pero hemos empeorado mucho las cosas:
La idea de que nos destruyamos a nosotros mismos al expoliar el planeta es más radicalmente inquietante [que la amenaza de una guerra nuclear]. Significa que la humanidad está en peligro no sólo por nuestros vicios reconocidos, como el odio y la violencia, sino por perseguir objetivos que de ordinario consideramos buenos y naturales: prosperidad, comodidad, aumento de nuestra especie.
En mi opinión, los escenarios apocalípticos de los propagandistas del cambio climático son burdas exageraciones, pero ese no es un argumento que haya que considerar aquí. (Para un buen debate, véase Fossil Future, de Alex Epstein, que reseñé aquí).
Supongamos que tú sí crees que se avecina una catástrofe climática inminente a menos que «hagamos algo». En ese caso, ¿no deberíamos intentar organizar nuestras actividades de modo que perturben lo menos posible nuestras vidas? Los antihumanistas no piensan lo mismo. Puesto que hemos hecho tanto daño a la naturaleza, piensan que sería mejor idea deshacernos de nosotros.
Si la única manera de restaurar la soberanía de la naturaleza es que la civilización humana se derrumbe, entonces [Paul] Kingsnorth da la bienvenida a la perspectiva. . . . Si tiene que elegir entre la naturaleza y la humanidad, Kingsnorth elige la primera, con plena conciencia de adónde puede conducir tal decisión.
Kirsch señala que algunos filósofos que simpatizan con el antihumanismo piensan que para exponer correctamente su postura es necesario modificar radicalmente el lenguaje ordinario:
El primer paso para cambiar nuestra imagen del mundo es cambiar el lenguaje que utilizamos para describirlo. . . . Para los teóricos del antihumanismo, el lenguaje presenta un problema particular, porque es un modo de cognición exclusivamente humano. Paradójicamente, en cuanto afirmamos nuestra intención de pensar fuera o en contra de nuestra humanidad, hemos fracasado, ya que se trata de una afirmación que sólo los seres humanos podrían concebir o comprender.
Quienes adoptan una postura tan negativa hacia los seres humanos se enfrentan a un problema interesante. Si nuestras actividades nos ponen en conflicto con otros tipos de vida o con el «equilibrio de la naturaleza», ¿por qué debería importarnos? ¿Por qué nos interesa sacrificarnos por una serie de plantas y animales?
Una respuesta sería negar que los valores, es decir, lo que debe perseguirse, estén directamente relacionados con las personas que los desean. Según esta postura, los valores son «intrínsecos»; algo es valioso sólo por sí mismo. Sin embargo, entre los valores intrínsecos se encuentran los valores o intereses relativos de diversos seres vivos (y no vivos, en algunos casos). En consecuencia, lo que valoran los seres humanos no cuenta o cuenta negativamente. Pero quienes piensan así deben dar cuenta de la motivación moral: aunque haya valores intrínsecos, hay que demostrar por qué deberían importarnos.
No creo que los antihumanistas hayan proporcionado tal relato, pero eso no les ha impedido desear que todos estuviéramos muertos:
Un ejemplo destacado es Patricia MacCormack, cuyo libro El manifiesto antihumano: activismo para el fin del Antropoceno (2020) reclama «el fin de lo humano tanto conceptualmente como excepcionalizado y realmente como especie». La segunda parte de la demanda debe cumplirse mediante «la desaceleración de la vida humana a través del cese de la reproducción» y «abogando por el suicidio [y la eutanasia]».
La mayoría de los lectores encontrarán repugnantes opiniones de este tipo, pero ¿es racional tal reacción? dice Kirsch:
La mezcla de razas y la homosexualidad también fueron antaño profana para la mayoría de la gente; la esclavitud y el sistema de castas fueron cosas que la humanidad mantuvo durante milenios. Los males arraigados sólo pueden superarse cuando se someten a un escrutinio racional. . . . La sabiduría de la repugnancia significa que la razón calla cuando más necesita ser escuchada.
Kirsch no ha conseguido bloquear la sabiduría de la repugnancia. Como él dice, la gente puede rechazar con horror propuestas para cambiar males ante los que está ciega, pero esto sólo demuestra que la repugnancia no es la última palabra. A menudo, un examen racional apoyará la propuesta o al menos no encontrará nada malo en ella, pero esto no demuestra que la repugnancia no cuente para nada. La carga de la prueba recae sobre quienes proponen un cambio. Deben aportar argumentos suficientes para contrarrestar nuestra repugnancia. La razón es el juez final, pero los reformadores deben partir de donde estamos ahora.
La risa también tiene mucho que decir a su favor. Kirsch se lo toma en serio, pero ¿cómo evitar reírse de él y por qué intentarlo?
[La teórica política Jane Bennett] escribe que se encontró con un montón de basura al azar en un desagüe de Baltimore y, de repente, lo vio de una forma nueva: «la materialidad del guante, la rata, el polen, el tapón de botella y el palo empezaron a brillar y a chispear»: «la materialidad del guante, la rata, el polen, el tapón de la botella y el palo empezaron a brillar y a chispear». . . .
«¿Por qué defender la vitalidad de la materia? Porque tengo la corazonada de que la imagen de la materia muerta o completamente instrumentalizada alimenta la arrogancia humana y nuestras fantasías de conquista y consumo que destruyen la Tierra», escribe. Una vez que reconocemos que tanto la materia viva como la inerte nos son afines en aspectos esenciales, es menos probable que la destruyamos o la explotemos.
Vertederos del mundo, ¡únanse!
Este artículo fue publicado inicialmente en el Instituto Mises
David Gordon es miembro sénior del Instituto Mises y editor de la Revista Mises
En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.
Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema. (Archivo)
El sistema escolar estatal actual es una monstruosidad de talla única que desplaza a las alternativas privadas y difunde propaganda socialista y anticristiana. Es hora de pensar más allá de los vales escolares de Friedman, es hora de separar la escuela del Estado.
Desplazamiento
Si hay algún estigma contra las escuelas privadas, es su coste frente al sistema público. Esto deja espacio para que el partidario de la escuela pública afirme: “si hubiera un mercado para la educación privada de bajo coste, se ofrecería, pero como no se cumple ampliamente, el consenso general debe permanecer con el sistema público.” El argumento sería correcto de no ser por un detalle: el mercado está distorsionado por el poder político del Estado, que impide la entrada de las empresas necesarias para llenar el vacío.
Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema. Como resultado, el coste de la educación pública es artificialmente bajo para los padres que la utilizan, una situación que no podría reproducirse en un mercado libre. Si el sistema estatal fuera una empresa privada, no duraría ni un año antes de quebrar, ya que sólo puede sobrevivir gracias a las subvenciones que le proporcionan los impuestos, el poder político.
La empresa privada es enormemente competitiva y, cuando se libera, casi puede hacer milagros, pero lo que no puede hacer es competir eficazmente con las empresas estatales, que pueden financiar sus pérdidas con los impuestos. En consecuencia, actualmente no es posible que las escuelas privadas ocupen el mismo nicho que las públicas, sino que deben ramificarse y especializarse para ofrecer un bien fundamentalmente distinto del que ofrece el Estado. Las escuelas concertadas KIPP, como analiza Thomas Sowell en su nuevo libro Las escuelas concertadas y sus enemigos, prometen mejores resultados académicos, y las escuelas parroquiales prometen una educación tradicional y religiosa. Todos ellos son bienes fundamentalmente diferentes del que proporciona el sistema estatal, y este es un punto de partida.
Mientras el sistema público pueda trasladar sus pérdidas a los contribuyentes, habrá pocas grietas en el control monopolístico del sector por parte del Estado. Si finalmente el edificio se rompe y un Estado decide lanzarse a la privatización total, el mercado volverá con fuerza y ofrecerá más opciones, y a precios más asequibles que los actuales.
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El Estado siempre y en todas partes pretende monopolizar la educación y hay una razón no benévola para ello: la juventud es impresionable y las ideas inculcadas a una edad temprana son difíciles de desarraigar. Si el Estado puede decidir lo que aprende la próxima generación, puede inculcar una ética y una visión del mundo estatistas que sofocan la resistencia antes de que arraigue. En la práctica, la educación estatal no es un acto de caridad, sino un mecanismo de defensa contra el pensamiento no estatista.
No es nada nuevo que el Estado busque reproducirse y sofocar la resistencia a través de la educación. La táctica fue un invento de Prusia a finales del siglo XVIII. Vladimir Lenin, un hombre cuyas inclinaciones hacia la clase y la producción eran muy diferentes a las de los prusianos, es popularmente citado, posiblemente apócrifamente, diciendo: “Dadme cuatro años para enseñar a los niños, y la semilla que he sembrado nunca será arrancada”. Sea precisa o no la verborrea, es ciertamente coherente con la maximización del Estado necesaria para que su socialismo arraigue. Lo que Lenin y los prusianos tenían en común era el Estado; cualesquiera que fueran sus diferencias, ambos eran archiestatistas y trataban de inculcar la ética del Estado a la siguiente generación.
El Estado inculcando obediencia y fomentando el socialismo a través de las escuelas no es sorprendente. Lo que es relativamente nuevo es un ataque total a las normas de la civilización occidental en general, y del cristianismo en particular. Cualquiera que haya tenido alguna relación con las escuelas y universidades públicas en los últimos años puede afirmar la inmensa hostilidad del profesorado hacia cualquier cosa que contravenga la agenda interseccional.
En la actualidad, las escuelas organizan de forma rutinaria eventos drag que hacen alarde de la sexualidad delante de menores.
Además, es un acto de agresión sexualizar a alguien menor de edad y, por lo tanto, viola flagrantemente el axioma libertario de no agresión, por no mencionar la ley establecida. El libertario, independientemente de sus opiniones reales sobre los estilos de vida en cuestión, no puede aprobar la predicación de la sexualidad descarada a menores en instituciones estatales a las que la asistencia es casi obligatoria, y las barreras para optar por la vía privada se mantienen deliberada y artificialmente altas. Esto es descaradamente hostil a los disidentes, especialmente a los cristianos, que no desean participar en este estilo de vida ni que se les imponga, algo que está perfectamente cubierto por el derecho a la libre asociación, la propiedad de la persona y la interacción social.
La mejor respuesta a actos atroces como éste es permitir que el mercado decida qué tipo de educación sexual debe recibir la próxima generación en las escuelas. Seguramente, algunos ofrecerán precisamente este tipo de educación sexual en los bastiones de la izquierda, pero no se extenderá a las zonas del interior donde todavía se cree en las normas y la decencia. La privatización masiva romperá el dominio de Washington, por no hablar de los gobiernos estatales, sobre el plan de estudios y podría frenar la enseñanza del ahistórico y racista Proyecto 1619, los espectáculos de travestis para menores, etc.
Los vales de Friedman
En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.
El dinero del Estado viene con condiciones. Es difícil imaginar que el Estado no presente directrices sobre las instituciones que pueden optar a los vales, lo que presupone que el Estado establezca normas y directrices universales para todas las escuelas públicas y privadas. Una consecuencia del plan Friedman es el control total por parte del Estado de lo que es y no es aceptable en cualquier lugar, no sólo para las escuelas públicas. Esto empezaría con preocupaciones relativamente benignas sobre seguridad y normas matemáticas, pero sin duda se extendería a áreas periféricas sobre las que hay mucho desacuerdo. Las escuelas que no proporcionen baños separados para los estudiantes transgénero, que no enseñen un plan de estudios de historia racializada, o incluso las escuelas sólo para niños o sólo para niñas, tarde o temprano se encontrarían en la guillotina.
Si los vales se introducen en la economía de las escuelas privadas que ahora no están acostumbradas a esta entrada de dinero, lo incorporarán rápidamente a sus costes de funcionamiento, y pronto no será una ganancia inesperada, sino una necesidad para el funcionamiento. El trabajo se amplía para ajustarse al presupuesto asignado. Por lo tanto, perder estos vales sería una calamidad, incluso si la institución hubiera funcionado anteriormente sin ellos, y muchos, si no la mayoría, doblegarían sus normas y principios para mantener el flujo de dólares estatales. Seguramente habría algunas escuelas privadas obstinadas que se conformarían con perder la financiación antes que acomodarse a las exigencias del Estado, pero esto no puede esperarse de la mayoría, ya que se trata, al fin y al cabo, de un negocio.
Los libertarios y conservadores que siguen el modelo de Friedman van por buen camino, pero no piensan con suficiente audacia. La respuesta no es conseguir que el Estado financie también las escuelas privadas, sino privatizar la infraestructura de las escuelas públicas, eliminar la carga reglamentaria que supone poner en marcha una nueva escuela y lograr la separación total de la educación y el Estado.
La separación de la educación y el Estado
Al eliminar al Estado de la educación, ocurrirán varias cosas: el tamaño absoluto del monstruo se reducirá, los sindicatos de profesores tendrán menos poder sobre la continuidad educativa de los estudiantes, se ofrecerán diferentes tipos de educación y los cristianos, derechistas, libertarios, antiestatistas y librepensadores no serán sometidos a la fuerza a la propaganda del Estado.
Sin la necesidad de supervisar la educación de la mayoría de los niños del tercer país más grande del mundo, el tamaño del Estado disminuirá. No habrá necesidad de legiones de profesores contratados por el Estado, pero la mayoría de ellos no se quedarán sin trabajo, sino que formarán la columna vertebral de la nueva plantilla de profesores privados.
Sin distritos escolares públicos masivos, las huelgas de los sindicatos de profesores serán menos probables y menos destructivas, por lo que la reciente huelga de profesores de Los Ángeles -que dejó sin clase a 420.000 alumnos- será casi imposible. Es de suponer que, al aligerarse el entorno normativo, volverán los contratos de “perro amarillo”, que impedirían a los empleados escolares afiliarse a sindicatos como condición de empleo.
En sectores tan complicados como el de la educación, no hay dos empresas iguales (a diferencia de las empresas quitanieves, que son bastante parecidas). Esta diversidad garantiza que se ofrecerá una mayor variedad de productos, lo que permitirá a los padres tener más control sobre qué y cómo aprenden sus hijos. Algunas escuelas perfeccionarán las matemáticas y formarán ingenieros de forma más rápida y barata, otras pondrán las humanidades en primer plano y crearán un nuevo cuadro de ciudadanos bien formados para concebir las grandes ideas del mañana, otras impartirán una educación estrictamente cristiana o religiosa y ofrecerán toda una serie de clases de teología. Las posibilidades son tan infinitas como apasionantes.
Por último, aquellos que disientan de la perspectiva estatista, racializada y anticristiana que se ha apoderado de las escuelas públicas no estarán obligados a asistir a ellas. Habrá escuelas basadas en hombres libres y mercados libres, Dios y el país, o cualquier otro motivo para el que haya mercado. La vibrante comunidad eclesiástica de Estados Unidos sin duda entrará en acción y construirá sus propias escuelas autofinanciadas, como llevan haciendo los católicos desde hace más de cien años. Además, con la multiplicidad de empresas, será imposible que la mentalidad socialista, racializada y anticristiana invada todas las escuelas, como ocurre actualmente en el sistema estatal. ¿Cómo podría hacerlo sin un punto de entrada fácil a nivel administrativo y una resistencia renovada por parte de las escuelas privadas empoderadas?
Teniendo en cuenta todos estos puntos, no es difícil defender la libertad total en la educación. De hecho, lo difícil es mantener el sistema estatista en su estado actual. A la luz del fracaso de las escuelas, las huelgas de profesores, la propaganda anticristiana generalizada y el aumento vertiginoso de los costes, una persona razonable podría decir que el sistema estatista es un fracaso y está listo para ser reemplazado. La libertad total en la educación es una idea cuyo momento ha llegado, América se lo merece. Es hora de separar la educación del Estado.
El animalismo forma parte de las ideologías autoritarias que en nombre del género, la digitalización o el cambio climático intentan modificar nuestra racionalidad
El animalismo, ese virus moral que defiende la igualdad jurídica entre humanos y animales, ha llegado como un ejército invasor a nuestras vidas para obligarnos a modificar hábitos, tradiciones e incluso la concepción que tenemos de nosotros mismos. Por medio de una macabra inversión de sentido, todos aquellos que defendemos los derechos humanos hemos pasado de ser considerados “humanistas” (defensores de la humanidad) a ser vilipendiados como “especistas” o guardianes de fronteras entre especies que legitiman la primacía humana sobre los animales. Incubado en las universidades de élite americanas como una corriente de activismo minoritaria (igual que la teoría queer o el posthumanismo), el animalismo se ha convertido en tiempo récord en uno de los instrumentos ideológicos de dominación poblacional. En España, su tóxica fumigación sobre la ciudadanía ha tenido lugar el pasado marzo por medio de una serie de eventos que han culminado en la aprobación de la Ley de Bienestar Animal y que buscan convertir el animalismo en un nuevo sentido común.
Si el 8 de marzo el PACMA conseguía copar titulares en todos los medios con un cartel anti-especista que equiparaba a una vaca con una mujer para reclamar “un feminismo sin distinción de especies” en el que no hubiese ni oprimidas (vacas) ni opresoras (mujeres, en tanto que humanas), tan solo un día después se anunciaba la concesión del premio BBVA a Peter Singer, fundador del movimiento animalista. Según el jurado, este galardón se debía al “progreso moral” ocasionado por las teorías del filósofo australiano, que inspiran de manera directa la ley animalista que se oficializó el 28 marzo impulsada por Unidas Podemos.
La polémica tardó poco en explotar, pues Singer lleva desde 1975 defendiendo el infanticidio, la experimentación en laboratorios con personas con retraso mental o la zoofilia como condición para borrar la frontera entre humanos y animales. Por ejemplo, mientras que Julio Llorente glosaba la barbarie animalista del premiado en un artículo publicado en estas mismas páginas, Pablo de Lora realizaba en The Objective una encendida, pero vacua defensa suya porque el filosofar de Singer, decía, “es revoltoso y escandaloso y no tiene empacho en formular las preguntas inaugurales”.
El animalismo forma parte de las ideologías autoritarias que en nombre del género, la digitalización o el cambio climático intentan modificar nuestra racionalidad con el objetivo de hacernos creer que nuestra naturaleza ha cambiado o que tiene que cambiar a fuerza de ley. La desposesión, jurídica, pero también material, que el animalismo pone en marcha, pudiendo parecer la más inofensiva, es la más peligrosa de todas. Mediante la creación de un marco inhumano que sirve a los intereses del posthumanismo (hay que desterrar todo lo que sea humano, porque lo humano es irremediablemente igualitario por inmutables leyes naturales), el animalismo desprotege tanto a humanos como animales y nos somete a los designios arbitrarios de una élite tecnócrata que decide quién debe ser protegido y quién abandonado.
Las teorías animalistas de Peter Singer son las que más nos debieran preocupar pues son las que han directamente inspirado la Ley de Bienestar Animal, que no solo propone hasta 18 meses de cárcel por matar a un vertebrado (por ejemplo, un ratón), sino que legaliza la zoofilia y se compromete a otorgar derechos casi humanos a los grandes simios. El animalismo de Singer derriba la frontera entre humanos y animales de manera que ciertos seres humanos (bebés, personas con retraso mental, etcétera) dejan de tener derechos y pasan a ocupar el rol de bestias sacrificables, mientras que ciertos animales detentan derechos humanos. En palabras de Singer: “Algunos miembros de otras especies son personas: algunos miembros de nuestra propia especie no lo son. Ninguna valoración objetiva puede apoyar la postura de que en todas las ocasiones es peor matar a miembros de nuestra especie que no sean personas, que a miembros de otras especies que sí lo son”. Esta reformulación de categorías éticas que afirma que un bebé no es una persona, pero un cerdo sí lo es, lleva al propio Singer a aventurar que “si perros y gatos pueden ser calificados como personas, los mamíferos que utilizamos como alimentos no pueden encontrarse demasiado lejos” y a lamentar: “¿No estaremos convirtiendo personas en beicon?”.
El cambio radical que animalismo propone se basa en sacrificar aquello que nos hace humanos (la defensa de los vulnerables) para construir una nueva ética anclada en principios de eficacia propios de la filosofía utilitarista. Según esta corriente, que pensadores como Durkheim, Weber, Rawls o Nozick consideraban como incompatible con la naturaleza humana, la sintiencia (la capacidad de experimentar sufrimiento o placer) es la única fuente originaria de derechos, que serán tenidos en cuenta, en mayor o menor medida, dependiendo de la capacidad de autoconciencia y la probabilidad de ser felices, no solo en el presente sino también en el futuro. Por ejemplo, en libros como Liberación animal o Ética Práctica, Singer defiende que en los experimentos clínicos habría que sustituir a animales por humanos con retraso mental severo, pues así “el número de experimentos realizados con animales se reduciría de forma significativa”, puesto que “existen humanos discapacitados intelectualmente que tienen menos derecho a que se les considere conscientes de sí mismos o autónomos que muchos animales no humanos”.
El peligro de abrir la caja de Pandora de la animalidad se hace evidente cuando Singer defiende el derecho al infanticidio, ya que, según argumenta, “si podemos dejar a un lado los aspectos emocionalmente conmovedores, pero estrictamente sin pertinencia alguna, que surgen al matar un bebé, veremos que los motivos para matar personas no se aplican a los recién nacidos”. Esto sería así según este premiado y alabado impulsor del “progreso moral” porque “si el derecho a la vida debe basarse en la capacidad de querer seguir viviendo, o en la capacidad de verse a sí mismo como un sujeto con mente continua, un recién nacido no puede tener derecho a la vida”. Anticipándose a las posibles objeciones, Singer explica que “si estas conclusiones parecen demasiado escandalosas para ser tomadas en serio, quizá merezca la pena recordar que nuestra actual protección absoluta de la vida de los niños es una actitud típicamente cristiana más que un valor ético universal” y que “quizá ahora sea posible pensar en estos temas sin asumir el marco moral cristiano que ha impedido, durante tanto tiempo, cualquier revaloración fundamental”. Estas “preguntas inaugurales” que Pablo de Lora parecía celebrar en su artículo ponen fin a un tabú que según el filósofo australiano hace que “desde la derrota de Hitler, no ha[ya] sido posible (…) comparar el valor de la vida humana y no humana”.
Es quizás por eso que en un texto titulado “Heavy Petting” Singer va más allá y defiende la zoofilia tras asegurar que la vagina de una vaca puede satisfacer sexualmente a un hombre, que las mujeres se sienten más atraídas hacia los caballos que hacia los seres humanos o que es muy normal que un orangután tenga una sincera erección al ver a una mujer por ser los límites entre especies algo artificial. Es más, Singer asegura que nuestro rechazo a la zoofilia “se ha originado como parte de un más amplio rechazo al sexo no reproductivo” como el sexo oral o el anal, pero que “la vehemencia con la que esta prohibición se mantiene mientras otras prácticas sexuales no reproductivas han sido aceptadas sugiere que hay otro poderoso motivo: nuestro deseo para diferenciarnos, eróticamente y de cualquier otra manera posible, de los animales”.
Francisco de Vitoria
El universalismo cristiano que Singer crítica como base de la vieja moral que nos impide matar a inocentes (niños, personas con retraso mental, etc.) y que prohíbe que humanos y animales tengamos los mismos derechos tiene su origen en el teólogo español Francisco de Vitoria (1483-1546). En su ensayo (relectio) “Sobre los indios”, considerado como el fundamento de los derechos humanos actuales, Vitoria explora las posibles razones ilegítimas que, de acuerdo con la ley natural, impedirían a los españoles ejercer su dominio sobre los indios del Nuevo Mundo, aun cuando leyes creadas por humanos lo permitiesen. Las conclusiones de Vitoria son claras: no existe ninguna razón por la que los españoles puedan dominar a los indios, ya que estos tienen dominio (dominium) sobre sus propios cuerpos, territorios y son perfectamente capaces de gobernarse a sí mismos sin importar que sean paganos, herejes o delincuentes. En su argumentación escolástica, Vitoria invierte avant la lettre los razonamientos animalistas de Singer y afirma que aunque los indios fuesen como niños pequeños, tuviesen algún retraso mental o estuviesen locos, no habría razón para dominarlos, pues de hacerlo serían víctima de una injusticia (iniura) por ser imágenes de Dios (imago dei).
El argumento de Vitoria es especista de principio a fin, y muestra que la igualdad y los derechos solo son posibles desde postulados especistas. Hablando en plata, los indios tienen tantos derechos como los españoles por la sencilla razón de que son humanos. Pese a las acusaciones de canibalismo, su humanidad se confirma mediante dos argumentos complementarios: tienen dominio, es decir, derecho natural a gestionar los recursos naturales y a autogobernarse, que se basa en que han sido creados a imagen y semejanza de Dios (son imagen de dios, no Dios, como parecen creer los posthumanos y los animalistas). Este dominio, que tiene un soporte legal humano o positivo mediante derechos como el de propiedad, es ajeno por completo a los animales, quienes según Vitoria no pueden ser víctimas de una injusticia pues “privar a un lobo o león de su presa no supone una injusticia”. Si los animales tuviesen dominio, prosigue, “cualquier persona que vallase un terreno con hierba que antes era consumida por ciervos estaría cometiendo un delito, pues estaría robando comida sin permiso del propietario”.
La lógica argumental de Vitoria es implacable. Pensemos, de hecho, que la mayor prueba de que los animales no tienen dominio la constituye la propia doctrina animalista que en su despiadada defensa de lo animal se arroga el derecho, por ejemplo, a esterilizar gatos sin su consentimiento o a intervenir en hábitats naturales si consideran, en base a principios utilitarios, que obtendrán un balance ecológico más justo aunque maten a miembros de tal o cual especie. Este mismo derecho a esterilizar o matar animales no existe con respecto a los seres humanos por la sencilla razón de que esterilizar o matar a miembros de una población (o a un individuo), fuese cual fuese la causa, sería visto como una injusticia. Es más, los miembros humanos de esa comunidad podrían declararle la guerra o directamente matar a los humanos que hubiesen esterilizado a su población, puesto que uno de los objetivos de los derechos humanos consiste en asegurar, en la medida lo posible, que aquellos que son capaces de agredirse a sí mismos con unos niveles de eficacia no poseídos por otras especies -los seres humanos- no lleguen a hacerlo.
La desposesión de lo humano (especismo o barbarie… tecnócrata)
El animalismo defendido por Peter Singer e inoculado en la política española por parte de nuestros políticos más “izquierdistas” (aspirantes eternos a mediocre profesor universitario, tecnócratas sin oficio que asumen como verdad toda vileza que la academia americana produce) implementa una desposesión humana que nos hace pasar de ser iguales en tanto que imago dei a estar sometidos a los caprichos de un dios arbitrario encarnado en la tecnocracia global. El animalismo, como recordaba Miguel Ángel Quintana en un debate reciente con Ernesto Castro, sustituye la ética de vínculos propia de la humanidad por una ética de atributos. Este modelo supone una desprotección absoluta de los seres humanos (y de los animales) en tanto que hace depender nuestros derechos y supervivencia de la posesión de un determinado atributo (un mayor grado de inteligencia, una mayor voluntad de vivir de manera feliz, etc.) que cambia de acuerdo con los deseos de aquel que dicta las reglas. Esta nueva ética, a diferencia de la humana, solo es posible mediante una violencia coercitiva y vertical que, en su aspecto aterciopelado, toma forma de lo que Ignacio Castro Rey ha denominado en En Espera como “violencia perfecta”.
La ética de atributos que el animalismo hace suya ha sido la mayor promotora de desigualdad a lo largo de la historia, pues es solo mediante ella como pueden llegar a darse males como el racismo o el machismo, que consideran que ciertos sujetos carecen de determinado atributo y no se bastan de su humanidad para tener derechos. Esta violencia animalista no tiene otro fin que promover una tecnocracia posthumana que elimine la frontera entre humanos y animales y nos convierta a todos en bestias que habitan el zoológico humano soñado por Sloterdijk. Estamos ante el enésimo uso instrumental de los animales, solo que esta vez en lugar de ser empleados en fábulas como fuentes de moralidad, los animales son utilizados como arma con la que desposeernos de la dignidad humana y de nuestra responsabilidad con la naturaleza.
El animalismo, como mostraré en otro artículo, es una doctrina alienante que mediante una moral new age hipnotiza a cantidades cada vez más grandes de población antes de que estas mueran ahogadas en el río de las falsas promesas identitarias. Por una parte, en tanto que defensor del principio utilitario del no sufrimiento y la felicidad como base del derecho a la vida, el animalismo hace creer a parte de la ciudadanía que toda frustración debe ser evitada por ir en contra de los delirantes postulados de la felicidad eficaz, que para ser efectiva debe ser medida en todo momento (de ahí, la incitación actual a cambiarse de sexo o a solicitar una eutanasia ante la menor contrariedad, como sucede en Canadá). Por otra parte, la proyección que el animalismo hace del pasado humano previo al surgimiento del utilitarismo como una época de barbarie refuerza la creencia de que la Ilustración, madre de todas las distopías del presente, es la verdadera época de la racionalidad y no una de sus más peligrosas negaciones.
En un contexto de desposesión humana como el actual solo nos queda mirar hacia adelante con un prudente retrovisor que nos permita visualizar en toda su complejidad teorías del pasado como la de la ética universal de Francisco de Vitoria, que hace de la vulnerabilidad humana la fuente de derechos y no un principio de exterminio. Vitoria, como Hegel, dio lugar a una izquierda y a una derecha vitoriana (cierta interpretación de sus teorías legitimó atrocidades cometidas en tierras extranjeras en nombre de lo que hoy denominaríamos libre mercado), pero defendió ante todo las bases naturales de la libertad humana y la necesidad de crear legislaciones que protegiesen esta. En un ejercicio de preventiva anticipación a la actual izquierda hobbesiana, que donde ve un ser humano detecta un criminal, el teólogo español aseguró, por medio de Ovidio, que “El hombre no es un lobo para el hombre, sino un hombre”. Si queremos evitar la criminal deshumanización del prójimo impulsada por el animalismo y demás golpes de estado woke, así como respetar a nuestros compañeros los animales, haríamos bien en memorizar esta máxima milenaria y en asimilar, sílaba a sílaba, su incontestable verdad.
«Todas estas promesas incrementan el gasto público, pero no generan riqueza nacional, lo que siempre obliga a que la Agencia Tributaria tenga que recaudar más y cometa más injusticias con los ciudadanos más esforzados»
La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra y la ministra de Igualdad, Irene Montero EUROPA PRESS / Gustavo Valiente.
Antonio (por llamarle de alguna forma) es un joven español cuya familia es especialista en el equilibrismo financiero. Su madre trabaja de dependienta y su padre -de 55 años- cobra un subsidio de desempleado de larga duración. Lo complementa con alguna ñapa en negro que sirve para llegar a fin de mes. Antonio es universitario y no pudo disfrutar de una beca Erasmus porque su cuantía era muy baja y su familia no podía prestarle apoyo con los gastos de su estancia en otro país. Tampoco pudo acompañar a sus amigos en el largo mes de Interrail que pasaron hace un año, entre sacos de dormir en estaciones de tren, bocadillos de mortadela y episodios seminales. Antonio si acaso viaja con alguna oferta de aerolínea de bajo coste y nunca por más de 100 horas. Los veranos ‘los estudia’ y los trabaja y, como hormiga, mira a las cigarras viajeras con cierto desprecio mientras el sudor gotea bajo su camisa y sueña con la suerte, ese concepto tan abstracto y tan lejano.
Estos días, ha leído en sus redes sociales que el Gobierno pagará una parte de la próxima aventura en ferrocarril de sus compañeros y ha pensado: “Ellos ya se lo podían permitir y yo tampoco iba a poder irme un mes. Vaya tontería. Vaya forma de comprar votos”.
A la familia de Antonio no le cuentan la verdad quienes hablan estos días de justicia social para convencerlos de que deben votar a su partido el próximo 28 de mayo. Resulta tentador que un Gobierno regale cheques-viaje, perritos piloto, bonificaciones de 400 euros y rentas universales. «Algo caerá», piensa su padre, mientras pide a su mujer 5 euros para tabaco, no sin tragarse cierta ración de la típica frustración de quien se siente un perdedor.
Por si fueran pocas las referencias gubernamentales a la tierra prometida, Ione Belarra ha anunciado recientemente que Podemos quiere constituir empresas públicas para todos los sectores estratégicos. Entre ellos, el de los supermercados. “Esta propuesta no le gustará a Juan Roig”, expresaba este domingo Pablo Echenique. Y la madre de Antonio pensaba: “Con lo difícil que es llegar a fin de mes, pese a lo que trabajo, y con lo que han subido los precios, quizás sea bueno votar a quienes nos defienden de verdad y quieren que paguemos menos en el súper”.
Lo que no le cuentan los portavoces de Podemos a la familia de Antonio es que todas estas promesas incrementan el gasto público, pero no generan riqueza nacional, lo que siempre obliga a que la Agencia Tributaria tenga que recaudar más y cometa más injusticias con los ciudadanos más esforzados. Generalmente, para que las hormigas asuman las cargas que las cigarras rechazan.
Esto es lo que provoca que la jefa de la madre de Antonio no pueda contratar a otra trabajadora; o que su padre no tenga grandes opciones de salir del agujero del paro por la vía del autoempleo. En ambos casos, el Estado pone sobre los emprendedores la pesada losa de la tributación desmedida. La que -dicen- sirve para pagar los hospitales, carreteras y colegios. Esos que cada vez se encuentran en peor situación, sin que nadie haya propuesto un debate serio sobre la forma de gestionarlos en el medio y largo plazo. Aquí no se habla de eso. Aquí se reparten subvenciones y se desafía a la inteligencia de los ciudadanos con propuestas como la de los supermercados públicos.
Personas fáciles de engañar
Estas iniciativas siempre resultan peligrosas porque suelen calar entre los desencantados. Las personas que deben ocuparse de su supervivencia no tienen tanto tiempo para informarse sobre los ‘asuntos públicos de relevancia’ como quienes pueden procrastinar y liberarse en su sindicato. Llenar el frigorífico, reunir el dinero necesario para pagar las facturas y ahorrar un poco por si se rompe la lavadora provoca demasiados quebraderos de cabeza y no permite concentrarse, muchas veces, en la reflexión profunda y el análisis pormenorizado de los discursos estatalistas de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Cristina Fallarás.
Pero convendría aclarar que sus razonamientos son falaces, dado que la base de las sociedades prósperas no se encuentra en la política ministerial, sino en las relaciones comerciales y de colaboración de los individuos que las conforman. Cuanto mayor sea el volumen de ellas, mejor le irá a un territorio y más dinero tendrán sus habitantes. Cuanto más se impida el libre comercio, mayor dependencia del Estado habrá y más temor a los recaudadores de impuestos, que cada vez pedirán más a los contribuyentes.
Medidas como las que proponen Belarra y Pedro Sánchez -ni que decir la estupidez de Yolanda Díaz de dar 20.000 euros de herencia universal a los jóvenes- incrementan la factura, pero no generan beneficios, lo que provocará que a Antonio le cobren más IRPF del primer sueldo que perciba cuando termine la universidad y acceda a un trabajo cualificado, lo que dificultará su ahorro y sus proyectos personales.
Y todo ese sistema tan injusto -que paraliza el ascensor social y sangra a las clases medias- impedirá que su padre se gane la vida como autónomo, dado que entre cuotas e impuestos no le será rentable. Tampoco ayudará a sus potenciales clientes, que también estarán obligados a pagar al Estado casi hasta por respirar. Reitero: lo que les quite Hacienda no lo invertirán en la economía doméstica.
La desesperanza en un Estado socialista
También puede ocurrir algo peor, y es que el empleador que iba a contratar a Antonio quizás se lo piense dos veces a la vista de que el Gobierno cada vez pone más cargas a los empresarios, así que el muchacho probablemente se vea con un título en la mano, pero sin la capacidad de progresar. En esas condiciones, pensará: «O repartidor de Glovo u opositor«. Quizás tenga suerte y consiga una plaza pública en unos años, a base de tesón y esfuerzos por agarrar la moral para que no descienda hasta el subsuelo en los largos días de estudio. Entonces, conseguirá un trabajo indefinido, pero con un sueldo normalucho que pagarán el resto de los contribuyentes. Incluida su madre cuando vaya al supermercado y le cobren el IVA de cada producto.
«La solución podría ser un supermercado público», le dicen en Podemos. La iniciativa ha sido un desastre allá donde se ha aplicado. La URSS cayó entre desabastecimiento, estanterías vacías y colas en la calle, a 10 grados bajo cero, por una barra de pan o un paquete de arroz. En Cuba, este fin de semana disparaban con cañones de agua a los manifestantes en Guantánamo por lamentar la decisión del Gobierno de privar de carne de pollo a los menores de 13 años. En Venezuela, Hugo Chávezvendía en televisión frigoríficos al ‘precio justo’ determinado por la revolución. Ahora, el país es tan pobre y el bolivar está tan devaluado que no hay muchas más opciones que hacer una sopa con papel moneda para llenar el estómago de forma barata.
A Antonio y a su familia les dirán estos días que hay que votar al PSOE y a Podemos porque son los partidos del pueblo. Son los que reparten el dinero público entre los pobres y los que distribuyen equitativamente los recursos públicos. En Europa, esa filosofía política ha implicado el incremento imparable de las deudas y la creación de sociedades adocenadas y subvencionadas que acaban pudriéndose en su propia mediocridad mientras despotrican contra los Amancio Ortega, Juan Roig o Iberdrola de turno por el mero hecho de ser empresarios y, por tanto, de estar asociados a la codicia y la esclavitud de los proletarios.
En otras latitudes, las vertientes radicales de esa ideología han traído resultados mucho más dramáticos. Tanto, que cualquiera de sus habitantes hubiera matado por trabajar en un Mercadona con un sueldo base de 1.400 euros y 15 pagas. Que son mucho más de lo que ofrecen quienes son incapaces de crear sociedades prósperas Los intentos de colectivizar los recursos que se obtienen a partir de las relaciones comerciales han derivado históricamente en desastre, dado que no hay mayor derrochador de dinero público que el Estado que se deja llevar por las ocurrencias socialistas. Tampoco es nuevo este debate. Los escolásticos ya hablaban del ‘precio justo’ y los intelectuales de mediados del siglo XVI se preguntaban el porqué la riqueza que se obtenía en las colonias se destinaba a guerras lejanas y no a garantizar la prosperidad en España. La respuesta por estos lares ha sido siempre similar: la ceguera, las manías y la impericia gubernamental ha aplastado las buenas ideas de otros muchos.
Sobra decir que el modelo que proponen Podemos y el PSOE ni crea prosperidad ni arregla las necesidades de los pobres. Sin duda, es necesario que existan unos impuestos justos para que Antonio pueda estudiar y ascender en la sociedad hasta poder encontrar un trabajo o montar una buena empresa con la que poder pagarse el Interrail o un viaje a Cancún con sus padres. Pero quienes hoy le prometen el oro y el moro son los que más difícil le pondrán el conseguir ese objetivo. Pero eso no lo dicen en los mítines que Antonio y sus padres escuchan cuando ponen el telediario del fin de semana.
Fidel solamente estaba repitiendo las tácticas que unas décadas antes había implantado otro dictador comunista, Iósif Stalin. (Archivo)
El fallecido Olavo de Carvalho concluyó que muchas de las teorías marxistas no pasaban de ser falacias y mentiras. Por ejemplo, asumir que la lucha de clases es la constructora de la historia no tiene ningún asidero en la vida real. Ya que las personas tienen más progreso y mejores condiciones de vida cuando colaboran entre ellas. La lucha de clase destrozaría todo, pero no construirían nada.
Sin embargo, el verdadero peligro del marxismo y del wokis mo, su hijo posmoderno, no radica en sus disparatadas pretensiones de ciencia, sino en haber servido de justificativo para cometer toda clase de crímenes. Veamos.
Durante su «juicio» por traición a Cuba ―objetivamente, era un teatro montado porFidel y Raúl― el comandante Huber Matos dio testimonio de la infiltración comunista en el proceso revolucionario.
Matos denunció que la Reforma Agraria era, en realidad, una expropiación de tierras a pequeños productores agrarios y familias sembradoras de arroz. Esas ideas ―que salían de la mente de Ernesto Guevara y otros comunistas― no tenían el apoyo de los productores cubanos. Pero eso no le importó a Castro, y para implantarlas recurrió a la táctica de todos los tiranos, encarcelar y matar a sus oponentes.
Pero Fidel solamente estaba repitiendo las tácticas que unas décadas antes había implantado otro dictador comunista, Iósif Stalin.
En su extensa obra, Iósif Stalin: una biografía, el escritor Robert Service nos relata que durante su juventud el dictador ruso era, junto a su pandilla, el principal organizador de asaltos a bancos y familias adineradas. Su mayor golpe lo dio en 1907, cuando su mara robó una diligencia de caudales. Luego del asalto huyeron a Finlandia. El atraco llenó de orgullo aVladímir Lenin.
En 1922, dos años después de la muerte de Lenin, Iósif Stalin acapara el poder en la URSS, y comienza una purga de sus opositores. León Trotski, su mayor enemigo, fue desterrado de la Unión Soviética en 1929; él se exilia en México. Pero Stalin ya había ordenado su ejecución. En 1940 el militante comunista catalán Jaime Ramón Mercader del Río sería el encargado de cumplir esa orden.
Aunque los teóricos marxistas dicen que ambos tenían diferentes posturas en cuanto al futuro del comunismo, en verdad se trató de una vil y vulgar pelea de matones por el poder. Obviamente, Stalin resultó más sanguinario que Trotski.
No obstante, no es necesario retroceder tanto en la historia, ni viajar tan lejos para encontrar ejemplos, Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, fue uno de los principales exponentes del indigenismo, una especie de versión boliviana del wokismo.
Su militancia en la causa indigenista no se limitó a escribir libros o artículos, sino que, a principios de la década del 90, fundó El Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). La organización estuvo involucrada en asaltos a camiones de remesas y atentados a antenas de telecomunicaciones.
El discurso indigenista sirvió para que los crímenes cometidos por el EGTK sean vistos ante la opinión pública como un acto de «reivindicación» histórica. Pero como dice Max Manwaring, experto en seguridad y violencia pandillera, son simples hampones intentando figurar como luchadores sociales.
Incluso el propio Evo Morales es un producto de las ONGS y el dinero de los cárteles del narcotráfico. Su imagen de «líder» de los indígenas no pasa de ser una escena teatral para ocultar su naturaleza criminal, pedofilia incluida.
A modo de cierre, aquellos que piensan que todo se reduce a una batalla cultural o a procesos electorales son, en el mejor de los casos, funcionales a las dictaduras. Los militantes del castrochavismo están dispuestos a mantener el poder a cualquier costo, incluidos las guerras civiles y el terrorismo de Estado (lo dijo el propio Hugo Chávez). Nunca se trató de política, sino de crimen transnacional.
Podemos declaró como «fideicomiso» los 425.000 euros recibidos del chavismo para mantener al aire el programa La Tuerka, de Pablo Iglesias. Hacienda descubrió la maniobra financiera. Entre los beneficiados aparece una muy cercana colaboradora de la ministra de Igualdad, Irene Montero
Entre los beneficiados por el cuantioso aporte del chavismo al programa La Tuerka, de Pablo Iglesias, que propició la fundación de Podemos, resaltan Noelia Vera, mano derecha de la ministra de Igualdad, Irene Montero. (PanAm Post)
La Tuerka, ese programa de televisión de repugnantes tertulias izquierdistas que durante siete años condujeron los líderes de Podemos, Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, recibió casi medio millón de dólares del régimen chavista de Nicolás Maduro a través del Banco del Tesoro para cubrir los costos de producción audiovisual y de personal.
El envío de los fondos desde Caracas, cuyo monto ascendió a 425.000 euros (468.000 dólares), llegó hasta los bolsillos de Monedero mediante una transferencia a la cuenta de Caja de Resistencia Motiva 2, una sociedad instrumental ad hoc. Tras la cifra hacerse efectiva, el fundador de la formación morada creó un fondo de inversión para ocultarla.
Luego de la ruleta bancaria, Ok Diario revela que los recursos se utilizaron para el pago de nóminas de trabajadores y colaboradores de La Tuerka y a la sociedad Producciones Con Mano Izquierda, agencia audiovisual de la cual formaba parte Iglesias.
Según datos divulgados por el medio español, Maduro transfirió el dinero a una de las cuentas personales de Monedero, activa en el Banco Santander en 2013, quien 24 horas después los desvió a la cuenta de sociedad de la que es administrador único para intentar ahorrarse 130.000 euros al tributar este ingreso a través del Impuesto de Sociedades, en lugar del Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas (IRPF).
La maniobra no funcionó. La Agencia Tributaria descubrió la pretensión de Monedero, quien se vio obligado a presentar una declaración complementaria para evitar una multa.
Una coartada sin efecto
Juan Carlos Monedero se delató al colocar en el concepto de la operación financiera «Transferencia de BT/Fideicomiso». «BT» para distinguir la transferencia hecha por el Banco del Tesoro, cuyo único accionista es la República Bolivariana de Venezuela a través del Ministerio del Poder Popular de Economía y Finanzas.
Para el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) esta práctica –la del fideicomiso– puede ser utilizada para ocultar propiedades de origen ilícito o para operaciones de blanqueo de capitales. En el detalle de los gastos de los 425.000 euros entregados por Maduro destacan 101.513 euros para financiar el programa La Tuerka; 115.941 euros para el pago de impuestos correspondientes al año 2014 y el resto para «otros gastos».
“Entre 2015 y 2017 se retiraron los 139.000 euros restantes del fondo de inversión, dejando la cuenta en cero, para pagar a empresas que habían realizado un trabajo de asesoría jurídica a la mercantil”, precisa OkDiario.
Los beneficiados
Entre los beneficiados por el cuantioso aporte del chavismo al programa que propició la fundación de Podemos con sus transmisiones en Tele K y Canal 33, resaltan Noelia Vera, mano derecha de la ministra de Igualdad, Irene Montero, y exsecretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, quien recibió 13.569 euros procedentes de Venezuela.
La exdiputada recibió diez transferencias con el abono de sus honorarios mensuales que pasaron de 1.300 euros a 1.450 euros por trabajar en el espacio. También aparece Almudena Tomás Hernández, exsecretaria de Producciones Con Mano Izquierda, quien recibió 11.111,57 euros; Caterina Muñoz Luceño, integrante del Círculo Podemos Feminismo, quien cobró 12.527 euros; Facundo Díaz, director del programa Tuerka News, quien recibió 12.010 euros, y Pablo Gabande, cofundador del programa La Tuerka, que recibió 14.666 euros.
Todos impulsaron medidas para esconder el origen de sus pagos, pero de nada sirvió que la dirección del partido elaborara un informe con pautas para negar que su líder intentara defraudar a Hacienda. «Hay que evitar decir que se ha estado financiando La Tuerka con ese dinero», pedían a sus militantes.
Ahora, sin posibilidad de volver a la academia después de fracasar en tres concursos para retomar su carrera como profesor, Pablo Iglesias apuesta por eladoctrinamiento a Latinoamérica con una versión en YouTube de su Canal Red. Desde la plataforma compartirá contenido dirigido a audiencias de Argentina, Uruguay, Perú, Chile y México. El canal en la plataforma de streaming para la región ya comenzó a operar, con la intención de acabar con el “bloque de poder mediático de la derecha” e impulsar las ideas izquierdistas de Podemos. ¿De dónde salen los recursos?
Continúa el goteo de encuestas para las elecciones del 28 de este mes de mayo, donde hay comicios municipales en toda España y en gran parte de las comunidades autónomas.
Este lunes hemos conocido 2 importantes sondeos, para las que son sin duda las 2 comunidades estelares este 28-M: Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana, ya que no habrá convocatoria en las urnas en Cataluña, Andalucía, Euskadi o Galicia.
Las encuestas han sido elaboradas por 40DB para ‘El País’ y la ‘Cadena SER’.
Comunidad de Madrid
Isabel Díaz Ayuso arrasaría en las urnas, ganando de nuevo, como en la repetición electoral que se hizo en 2021, un triunfo que no logró en 2019 pese a accede a la presidencia madrileña.
En estos nuevos comicios el PP lograría un 46,6% de los apoyos, lo que le daría 69 escaños, superando en uno el número necesario para ostentar la mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid.
El PSOE recuperaría la segunda plaza con el 18,6% de votos, mejorando Juan Lobato la herencia recibida de Ángel Gabilondo en 2021, aunque en 2019 había ganado las elecciones. Obtendría 27 escaños.
Más Madrid, que en 2021 dio el sorpasso a los socialistas con Mónica García, bajaría ahora a la tercera plaza con 26 diputados y el 17,7% de los votos. Mejora cifras respecto a 2021 pero la recuperación socialista le supera.
Vox se estanca y repetiría con el 9,2% de los apoyos los que obtuvo hace 2 años. La lista liderada por Rocío Monasterio se quedaría en 13 escaños que esta vez serían intrascendentes ante la mayoría absoluta de Ayuso.
Ciudadanos sigue fuera de la Asamblea, com en 2021, y Unidas Podemos está en peligro de no superar el corte. Según esta encuesta de 40DB, no llega ahora mismo al 5% de los votos necesarios. Los morados, liderados ahora por Alejandra Jacinto, se quedarían en el 4,4% de votos.
Ficha técnica: La encuesta de 40DB contó con 1.200 entrevistas realizadas entre el 28 de abril y el 3 de mayo.
Comunidad Valenciana
En esta región, el PP ganaría las elecciones autonómicas que ganó en 2019 el PSOE de Ximo Puig. Eso sí, no obtendría mayoría absoluta ni con el apoyo de Vox, por lo que entre socialistas, regionalistas de Compromís y la izquierda podrían retener el gobierno autonómico.
El PP arrasaría con el 30% de los votos y 33-35 escaños. La mayoría absoluta en Les Corts la marca el diputado número 50.
El PSOE valenciano obtendría el 26% de votos y 30-31 escaños, por lo que mejoraría sus cifras actuales a costa de la izquierda.
Compromís sería la siguiente fuerza política con el diputado nacional Joan Baldoví, que regresa a su tierra para dar el relevo a Mónica Oltra. Apenas pierde votos respecto a las anteriores elecciones y podría mantener sus actuales 17 escaños o perder uno.
La alianza de Podemos e Izquierda Unida, Unidas Podemos, se hunde con el 5,3% de los votos, pasando por los pelos el corte parlamentario del 5%. Lograrían 5 diputados.
En el lado de la derecha, Ciudadanos desaparecería con el 3,3% de los votos y no pasar el corte. Vox crecería hasta el 15% de los apoyos y 13-14 escaños.
PP y Vox podrían sumar 46-49 escaños, a sólo uno de la mayoría absoluta. PSOE y las izquierdas sumarían 51-52.
Ficha técnica: se realizaron 1.200 entrevistas entre el 28 de abril y el 3 de mayo para esta encuesta. El margen de error muestral es del 2,8%.
Cientos de científicos, ingenieros e informáticos que durante años han trabajado e impulsado el mundo de la Inteligencia Artificial han abandonado el sector alertando de los peligros que supone su avance
Esta semana, el ‘padrino de la Inteligencia Artificial’, Geoffrey Hinton, abandonó Google, donde durante años había promovido esta tecnología, alertando de los peligros que veía en ella. Una noticia sorprendente si se ve de manera aislada, pero poco extraña si se compara con otros cientos de científicos, ingenieros e informáticos que trabajaron e impulsaron la IA y finalmente dejaron el sector alarmando de los peligros que supone su avance.
En el año de la pandemia salió un documental que revolucionó la sociedad, enganchada y adicta a las redes sociales, a los teléfonos y las pantallas. Se llamaba «El dilema de las redes sociales» y en él, antiguos trabajadores de Facebook, desencatados y «espantados» por lo que su sueño era realmente, contaban los secretos de los dueños de las redes sociales para enganchar y manipular la sociedad.
Una de las frases que más reflejan lo que para muchos supone el avance de las inteligencias artificiales la dijo uno de sus protagonistas en este documental: «Hay dos industrias que llaman a sus clientes usuarios: la de las drogas ilegales y la del software». Y lo dijo precisamente un hombre que durante años formó parte de esa industria, convencido de sus maravillas.
Los peligros que señalan los expertos arrepentidos de su pasado (principalmente, trabajadores de Facebook, Twitter y Google) en pro de la tecnología son principalmente seis.
Que el objetivo es robar el tiempo de las personas, «una moneda valiosa para empresas, políticos, organizaciones o países que quieran vender productos o ideas a audiencias vulnerables e hipersegmentadas»; que «si no pagas el producto, es que tú eres el producto»; que las herramientas están diseñadas para enganchar y manipular, como ocurre con la droga; que nos engañan con falsas recompensas, creando métodos de navegación capaces de estimular la circulación de la dopamina a niveles sin precedentes; que nos venden seguridad por inseguridad (sobre todo por los peligros psicológicos) y que las noticias falsas se propagan seis veces más rápido que las verdaderas.
Años atrás, Stephen Hawking, uno de los grandes científicos de la historia, también mostró su rechazo a lo que ya entonces veía como el imparable avance de la IA.Entonces dijo que los esfuerzos por crear máquinas inteligentes representan una amenaza para la humanidad. Concretamente, el científico, que precisamente utilizaba una IA para comunicarse debido a la enfermedad que padecía, aseguró que «el desarrollo de una completa inteligencia artificial (IA) podría traducirse en el fin de la raza humana«.
Para Hawking la inteligencia artificial desarrollada hasta ese momento había demostrado ser muy útil, pero temía que una versión más desarrollada pudiera «decidir rediseñarse por cuenta propia e incluso llegar a un nivel superior». «Los humanos, que son seres limitados por su lenta evolución biológica, no podrán competir con las máquinas, y serán superados», aseguró el científico.
Este mismo año, en marzo, el propio Elon Musk, magnate de la tecnología y de la ciencia, pidió a través de una carta junto con otro grupo de científicos, que se suspendan durante seis meses los experimentos con inteligencia artificial muy potente porque consideran que «pueden plantear profundos riesgos para la sociedad y la humanidad«.
«La sociedad ha hecho una pausa en otras tecnologías con efectos potencialmente catastróficos en la sociedad. Podemos hacerlo aquí. Disfrutemos de una larga pausa veraniega de la IA y no nos apresuremos a caer sin estar preparados», dice la carta abierta publicada por el organismo sin ánimo de lucro Future of Life Institute.
No son los únicos preocupados. En febrero, Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, empresa desarrolladora de ChatGPT, afirmó que el mundo podría no estar «tan lejos de herramientas de IA potencialmente aterradoras» y que la regulación sería fundamental, pero que llevaría tiempo resolverla.
Los peligros de la IA que destaca Hinton
El último científico que desde dentro del sector tecnológico pide el fin del avance de los robots y de las inteligencias ha sido precisamente el ‘padrino en Google de las IA’s’. El experto ha contado en una entrevista que de repente «ha cambiado de opinión sobre si estas cosas van a ser más inteligentes que nosotros». «Creo que ahora están muy cerca de ello y que en el futuro serán mucho más inteligentes que nosotros… ¿Cómo sobreviviremos a eso?», ha expresado.
Para él, los problemas que plantea esta tecnología son principalmente cuatro, muy similares a los que dicen los extrabajadores de Facebook. Que es posible que la IA sea más inteligente que nosotros los humanos, que puede sobre alimentar la difusión de información falsa, que provocará la destrucción de miles de empleos (como contamos en este periódico, la Inteligencia Artificial destruirá uno de cada cuatro empleos actuales en España) y que ni los más expertos saben cómo detenerlo.