Gracias a las protestas obreras y populares, en China ha llegado el momento de la relajación de las restricciones sanitarias. El viernes varias ciudades flexibilizaron la aplicación de la política de “covid cero”, empezando por el abandono de las pruebas masivas diarias que pesaban como una losa sobre la vida cotidiana de millones de personas.
En Chengdu, al suroeste de China, ya no exigen un resultado negativo reciente para acceder a los lugares y transportes públicos, sino que se requerirá un pasaporte sanitario.
Pekín autoriza a los hospitales a atender a los pacientes que no tengan un resultado negativo en la prueba de la PCR de hace menos de 48 horas, a pesar de que la denegación de atención por ese motivo ha sido responsable de varias muertes, incluida la de un bebé, que ha conmocionado especialmente a los chinos.
Otras ciudades se están tomando la libertad de reabrir restaurantes, centros comerciales y escuelas. En particular, la capital de Xinjiang, Urumqi, permite a sus cuatro millones de habitantes volver a los supermercados, hoteles, restaurantes y estaciones de esquí.
Hasta China venía exigiendo pruebas de PCR casi diarias para acceder a lugares públicos, con cuarentenas regulares de empresas, edificios, barrios e incluso ciudades enteras.
Los funcionarios se han visto obligados a teletrabajar cuando pueden, y los trabajadores no pueden llegar a sus fábricas. En primavera, la capital económica china, Shanghai, fue sometida a un confinamiento estricto. Todas estas medidas han acabado por desbordar a los chinos tras dos años y medio de restricciones infundadas.
A pesar de la represión policial, la protesta, que culminó el pasado fin de semana, se extendió rápidamente a las grandes ciudades del país como Pekín, Shangai, Guangzhou y Wuhan. Para el gobierno ha sido la ola de protestas más extendida desde hace décadas.
Sorprendidas por la magnitud del movimiento, las autoridades parecen dispuestas a suavizar sus políticas sanitarias. Al no hacer pruebas masivas PCR, el número de “casos” se reducirá ostensiblemente, como en los demás países del mundo, sirviendo de pretexto para dar por finalizadas las restricciones.
El miércoles el viceprimer ministro Sun Chunlan admitió ante la Comisión Nacional de Salud que “el enfoque de China sobre el virus se enfrenta a nuevas circunstancias y nuevas tareas”. Sun Chunlan no resistió la tentación de aferrarse al mito: la variante ómicron es menos peligrosa y la vacunación ha logrado sus frutos.
Ni una cosa ni la otra son ciertas. Las restricciones no se impusieron ni se van a eliminar por motivos sanitarios. Ni en China ni en ningún otro lugar del mundo.
Los grupos yihadistas, como el Estados Islámico, usan asiduamente y sin dificultades en sus mensajes propagandísticos el árabe, el francés y el inglés, pero ahora sus organizaciones afines están reproduciendo esos contenidos en español para extender sus redes en Latinoamérica.
Es una nueva situación comprobada por los agentes de las fuerzas de seguridad de España, centrados ahora en la lucha contra la radicalización “online”, porque aun conscientes de que la calidad de la propaganda de los yihadistas del Dáesh está cayendo, los contenidos radicales se siguen expandiendo en las redes, ahora también en español.
Son algunas de las preocupaciones que este jueves expresaron mandos de la lucha antiterrorista españoles en una jornada organizada por el Real Instituto Elcano sobre “Extremismos relacionados con el terrorismo en Occidente: retos emergentes y persistentes”, en la que se presentó un informe sobre la hermandad musulmana en España.
Una jornada que clausuró el secretario español de Estado de Seguridad, Rafael Pérez, quien situó el terrorismo y la radicalización entre las prioridades de la Presidencia Española del Consejo de la Unión Europea que España asumirá en el segundo semestre de 2023.
Preocupado también por “los nuevos modos de radicalización”, cuya expansión hay que “frenar, Pérez también insisitió en la propaganda “online” y recordó que en las últimas acciones policiales los agentes han conseguido identificar 1.124 perfiles de usuarios que se dedicaban a difundir contenidos terroristas y extremistas.
En esas actuaciones, las fuerzas de seguridad españolas han localizado y retirado 563 contenidos digitales en 106 sitios web que servían de guía para la fabricación de explosivos o para la preparación y ejecución de ataques terroristas.
El coronel jefe de la Unidad Central Especial (UCE) 2 de la Guardia Civil, Francisco José Vázquez, subrayó la necesidad de esas organizaciones de llegar a todo el mundo y, de ahí, el mayor uso del español en su propaganda en internet.
Reconoció que el escrutinio de las redes para luchar contra la radicalización es el “dolor de cabeza diario” de las fuerzas de seguridad, que llevan a cabo una actividad ingente para evitar que internet sea el espacio donde los terroristas sigan manifestándose.
Ya en el “ámbito físico”, Vázquez situó la radicalización en las cárceles como el espacio que más preocupa, pero puso en valor el trabajo de las instituciones penitenciarias para prevenirlo, con programas que están sirviendo de ejemplo para otros países.
El comisario de la Policía Nacional español Manuel Rodríguez dejó claro que desde las fuerzas de seguridad se persigue delitos, no ideologías “por muy radicales que sean”, e indicó que aunque no todos los comportamientos radicales acaban en terrorismo, no ha conocido a ningún terrorista que no se haya radicalizado antes.
Rodríguez no quiso minimizar la amenaza actual porque persiste aunque no haya habido atentados graves. Y puso un ejemplo: Al Qaeda parece que ahora está en estado “durmiente”, pero “en cualquier momento puede enviar amenazas tangibles”.
Tampoco descartó que la zona del Sahel, en el norte de África, se convierta en santuario de los combatientes que quieran ir hasta allí a adiestrarse, como lo fueron Siria o Irak.
El mando de la Policía Nacional española abordó también el problema de los combatientes que retornan, entre ellos algunos que lo hacen desde los Balcanes, con lo que es más difícil detectarles al entrar por fronteras terrestres que a los que puedan hacerlo en las embarcaciones precarias que en España se conocen como pateras.
Disney es un agente político de la izquierda woke en general, y del Partido Demócrata en particular, y es la principal encargada de reescribir la cultura para que se ajuste a esta narrativa progresista del enfrentamiento.
El estreno del tráiler de la nueva versión en live action de La Sirenita de Disney ha desencadenado una polémica en redes sociales de proporciones diluvianas. El hecho de que Disney haya elegido a una actriz negra para interpretar a la otrora pelirroja y blanquísima Ariel ha conseguido que el tráiler acumule millones de puntuaciones negativas en YouTube, mientras que quienes defienden a Disney, acusan a los detractores de racistas.
Si las muestras de descontento del público hacia Disney por su enésima alteración de un clásico como La Sirenita están siendo masivas, no menos contundente está siendo la campaña por parte de la compañía y sus medios afines para desacreditar a los críticos, a quienes tachan de racistas y, cómo no, ultraconservadores.
Una de las principales armas arrojadizas contra los críticos son los vídeos virales en los que niñas negras reaccionan emocionadas al tráiler de La Sirenita, diciendo cosas como “¡es negra! ¡es como yo!”.
Curiosamente, muchos de los medios que hoy reproducen estos vídeos apelando al sentimentalismo bajo titulares como “la inclusión es importante”, o “la tierna reacción de unas niñas al ver el tráiler de La Sirenita”, son los mismos medios progresistas que hace unos años también calificaban como “tierno y emocionante” un vídeo viral en el que dos hermanas blancas ni siquiera reparaban en el color de su nueva hermanita adoptiva negra, acompañándolo del lema “los niños no nacen racistas”.
También se está haciendo viral un vídeo de una niña mexicana que sostiene una muñeca de La Sirenita pelirroja de la versión de 1989 que, tras ver el nuevo tráiler, se entristece y dice que esa no es Ariel. Sin embargo, esta reacción sentimental de la niña, no sólo no es considerada por lo comentaristas como tierna o emotiva, sino que es calificada de racista (a pesar de ella no ser pelirroja y ser “latina”), e incluso acusan a la niña de estar condicionada por su madre.
¿En qué quedamos? ¿Lo racista es reparar en el color de la piel y no en el contenido del carácter —como decía Martin Luther King— o lo contrario? ¿Por qué se prejuzga a la niña mexicana y su madre como racistas por darse cuenta del cambio, y no a las niñas negras y sus progenitoras por darle tanta importancia y trascendencia a la raza?
Indudablemente, entre quienes prejuzgan la nueva versión de La Sirenita habrá racistas, al igual que puede haberlos entre quienes la alaban, pero los intentos de Disney y los medios de izquierda por determinar quién es racista y quién no, hace sospechar que nos encontramos ante una maniobra política, que resulta especialmente abyecta por utilizar a los niños.
Si un niño varón dijera que no juega al videojuego Tomb Raider por no sentirse identificado con el personaje de Lara Croft, se le tacharía a él y a quienes lo han educado como misóginos, o incluso dirían que es un homófobo con masculinidad frágil, u homosexual de clóset. Sin embargo, la narrativa progre, que se llena la boca con la palabra empatía, insiste en que sólo puedes sentirte plenamente identificado con personajes de tu misma raza, sexo y orientación sexual.
La Sirenita, Disney y el marxismo cultural
Este tipo de incongruencias son fruto de las políticas identitarias que ha abrazado la izquierda, que no son otra cosa que una actualización y ampliación de la idea marxista de la lucha de clases. La dialéctica marxista enfatizaba el enfrentamiento entre proletarios y dueños de los medios de producción —trabajadores y empresarios—, y ahora ha extrapolado esta lucha a hombres contra mujeres, negros contra blancos, homosexuales contra “cisgénero”, etc.
La izquierda vive del enfrentamiento y de alimentar el sentimiento de victimismo y envidia de las minorías que creen que les votarán, y hará todo lo posible para perpetuar y alimentar toda diferencia.
Disney es un agente político de la izquierda woke en general, y del Partido Demócrata en particular, y es la principal encargada de reescribir la cultura para que se ajuste a esta narrativa progresista del enfrentamiento.
Puede que La Sirenita acabe siendo un remake fotograma a fotograma de la original, con la única variación del color de la piel de algunos de los protagonistas —como hicieron con El Rey León, que es casi calcada—, pero también es muy probable que Disney no deje pasar la oportunidad de hacer cambios más profundos en la trama y desarrollo de los personajes —como hicieron con Pinocchio—, para adaptar la historia al relato que interesa al progresismo.
Seguramente, toda esta polémica alrededor del color de Ariel no sea más que una maniobra publicitaria y una cortina de humo para que, o bien no reparemos en los cambios ideológicos profundos en la moraleja que seguramente llevarán a cabo, o bien para acusar de racistas a quienes los denunciemos.
Conociendo los caminos del wokeismo, Disney no desaprovechará la oportunidad que le brinda La Sirenita para subvertir y deconstruir los valores originales del cuento.
Seguramente lanzará mensajes muy diferentes en cuanto al amor romántico, por ser poco feminista; alterará la relación padre-hija, para hacerla menos “heteropatriarcal“; redimirá de alguna manera a la villana Úrsula, para no incurrir en la “gordofobia” ni en la “transfobia“; y el Príncipe Eric abandonará su “masculinidad tóxica“, abdicará y se convertirá en tritón, porque Ariel ya era perfecta siendo sirena y no tiene por qué volverse humana ni perpetuar anacronismos como la monarquía. Guarden estas predicciones.
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.
Antes de explicar lo que ocurre en la Universidad de Buenos Aires, donde el adoctrinamiento progresista cada vez es más presente y el marxismo cultural abarca cada vez más terreno, resulta imperativo hacer un breve paréntesis de lo que ha ocurrido este año calendario.
Los medios de comunicación, academias, universidades, políticos e influencers nos han metido hasta en la sopa un supuesto fracaso del modelo económico que rige en el mundo; culpabilizándolo de toda estructura y daño social que viene de siglos atrás y se han generado, en muchas ocasiones, por ideas diametralmente opuestas a la economía de mercado o libertades individuales. En ese sentido, es menester explicar como una narrativa engañosa ha calado tan fuerte en el mensaje cultural. Todo esto para llegar al punto clave: el adoctrinamiento progresista en la UBA y las universidades del mundo, en especial Estados Unidos.
2020, el año del quiebre
Este 2020 ha sido un año atípico, complejo, enredado; bastante difícil de explicar. Diversas cuestiones – sanitarias y económicas, política y estratégicas, ideológicas y culturales – se han puesto en tela de juicio; resurgiendo los eternos conflictos que aún no podemos terminar.
Uno de ellos yace en los valores de la libertad, los que defienden estas ideas – para muchos imprescindibles para otros claramente no – alzan sus voces ante aquellas medidas coercitivas estatales que, de una u otra manera, atentan contra sus principios básicos.
El derecho a la libertad de expresión es uno de ellos, algo que los autoritarismos desechan. Países como Venezuela, Cuba, China, Nicaragua hacen gala de ello. Pero lo más preocupante es como aquellos que fueron grandes diarios, como The New York Times, se han puesto del lado autoritario; defendiendo modelos como el chino y poniendo en duda la importancia de la primera enmienda con algunos artículos de opinión.
Pero hay otros puntos igual de preocupantes y trágicos: libertad económica o de libre tránsito, algo afectado en este 2020 indirectamente por la pandemia generada por la COVID-19.
A raíz del debate de las cuarentenas – o confinamientos – se reavivó la llama de varias cuestiones. ¿Qué nos conviene más?: ¿Estados más grandes o chicos? ¿Libertad individual o protección estatal? ¿Libertad económica o con muchas regulaciones impositivas para la redistribución? Aunque se han comprobado con dichos y hechos que, a menor tamaño del Estado, menos regulaciones y más libertades es mayor y mejor la calidad de vida; parece ser que el coronavirus creó un punto de inflexión para crear dudas donde no las debería haber.
Por ejemplo, se «reivindicó» el rol del Estado en un contexto pandémico único y atípico, como si este año fuera la norma a lo que viene y no la excepción. Además, sin tener un éxito sobresaliente. España, Argentina y tantos otros países son claros ejemplos del fracaso de los confinamientos radicales. ¿La sorpresa? Muchos medios lo ocultan. Pero a Suecia sí se le liquidó, aunque los datos demuestren que su sistema funcionó. Curiosamente llamativo.
En ese sentido, que no se olvide: siempre, a mayores libertades, hay más progreso. Tanto en lo social, económico y hasta cultural. Los avances son irreprochables. No hay que desechar los avances por la pandemia, sería ilógico.
Esto que parece hecho, lastimosamente, ha sido destrozado muchas veces por el relato. Por eso es que en Latinoamérica aún hay gente que piensa que Venezuela es un fracaso por un bloqueo económico estadounidense y que Argentina está en una situación paupérrima por el «neoliberalismo».
¿Cómo es que sucede esto? La respuesta es simple, adoctrinamiento mediático, manipulación de las narrativas, ignorancia académica y un lavado entero de la realidad donde las universidades juegan un papel preponderante.
Esa fórmula es un coctel de la muerte que sirve de semillero para ideas que han fracasado durante décadas en nuestra región, pero que de igual forma siguen tomando fuerza. Hacemos referencia a las ideas socialistas, por supuesto, hoy disfrazadas como progresistas para hacerlas más tolerables.
El caso en EEUU es sencillo de explicar, solo hay que mencionar este dato reseñado en La Gran Época: «Según un reciente informe del Young America’s Foundation (YAF), solo una de las 100 mejores universidades de EE.UU. invitó a un orador republicano para dirigirse a la clase de 2020 en sus ceremonias de graduación, lo cual refleja una abrumadora falta de voces conservadoras en el campus».
No es casualidad que el presidente Donald Trump haya pedido revisar la exención de impuestos para suprimir los beneficios impositivos a las casas de estudio que promuevan el «adoctrinamiento de izquierda radical». Pero el problema ya es de fondo, el progresismo y el marxismo cultural ha abarrotado las universidades más importantes del país.
Adoctrinamiento: caso de la UBA
Quizá, es más difícil explicar el aparato mediático, cómo los medios se han puesto del bando autoritario, pues es un tema amplísimo digno de tesis. Pero es más simple explicar el adoctrinamiento académico, tal y como ocurre en la Universidad de Buenos Aires (UBA), una casa de estudio reconocidísima en toda la región.
En la UBA existen hechos irrefutables que demuestran como a los jóvenes se les meten ideas de forma forzosas atentando contra los propios valores universitarios y las leyes argentinas.
El 13 de noviembre del 2019, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires dispuso una resolución donde se obligaba la capacitación obligatoria en temas de violencia contra la mujer y género a los docentes, estudiantes, autoridades; etc., «de conformidad con el artículo 1 de la Ley N˚ 27 499». Es decir, la Ley Micaela.
Este curso, que el lector puede verificar en la página web de la UBA y el canal de YouTube de la propia universidad argentina, tiene contenidos como: 1. «Patriarcado, sexismo y género», 2. «Historia de los feminismos con foco en la Argentina», 3. «Colectivos LGTTBIQ»; y una gran serie de vídeos con alto contenido dogmático progresista.
Por ejemplo, en el vídeo «Patriarcado, sexismo y género» la doctora en Ciencias Sociales, Diana Maffia, habla desde su mero punto de vista subjetivo sobre lo que es la violencia en base a la «jerarquización de los géneros», menciona que existe una trampa para la mujer en lo que ella considera el «principal cambio de la sociedad occidental» – pasar de un orden natural a un contrato social – y que esa trampa radica en el orden privado.
Según ella, la vida privada de las familias se sigue manteniendo en un «orden natural» que termina en un contexto opresivo para la mujer. Ella espeta, con alta seguridad en su vídeo, que el reconocimiento de derechos en el contrato social de la sociedad moderna llega solo al ámbito público – controlado por el Estado – pero no al privado, que se maneja en un orden natural familiar que ha dejado a la mujer como una esclava doméstica; además, culpa al capitalismo sobre ese origen opresivo.
Una clase adoctrinaria.
La doctora en Ciencias, que demuestra constantemente su amorío por lo público, lo colectivo, por el Estado; y su desprecio constante hacia la familia, la propiedad y lo natural; destaca que, en el orden privado de la familia formado en un contexto natural, «los niños y la mujer son propiedades del hombre». Ese es su argumento en un vídeo de poco más de once minutos.
Este pensamiento, cargado de resentimiento pero, además, de muchas falacias y dogmas progresistas, ignorando conceptos básicos biológicos como que «hombres» se refiere a la raza humana y no solo a los varones – como indica ella –; que desconoce principios básicos de libertad, que no concibe la capacidad de las personas para prosperar y salir adelante individualmente, que descaradamente ofende a la realidad que destroza completamente su relato, es lo que se está impartiendo en la UBA de forma obligatoria para toda la comunidad académica.
Pero más allá del contenido, el cual es absolutamente reprochable para toda persona liberal (en referencia a los liberales América Latina, no EEUU), libertaria o conservadora; pero muy coherente para las gentes que están de acuerdo con las ideas progresistas y de izquierdas, aquí lo realmente preocupante es la obligatoriedad de realizar el curso, así tu carrera no tenga nada que ver con las ciencias sociales.
Qué es la Ley Micaela – la ley en la que se basa el curso – y su carga doctrinaria
Origen: «Micaela García, en quien se inspira esta ley, fue violada y asesinada por Sebastián Wagner en 2017, que estaba preso y fue liberado por la justicia garantista días antes del hecho», se lee en el portal La Derecha Diario.
Para poner en contexto, esta ley consta de 11 artículos, y el primero de ellos indica: «Artículo 1° – Establecerse la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación».
Es decir, la Ley Micaela, aprobada por amplia mayoría entre el kirchnerismo y el macrismo, jamás incluye a las universidades dentro de la capacitación. Mucho menos a los estudiantes. Por lo que este curso de género, basada en dicha ley, parte de una lectura sesgada y malinterpretada del primer artículo.
Segundo, y no menos importante, es la carga ideológica que lleva el contenido del curso. Esta Ley Micaela, desde un principio, fue un instrumento populista de partidos y movimientos de izquierda en Argentina; en una forma de congraciarse con los colectivos feministas y progresistas del país. Algo que ha ocurrido siempre y que no debe sorprender. El problema yace en que esto, ahora, se ha trasladado a una casa de estudio autónoma; como es la UBA.
Los temas abordados, con filosofías subjetivas, sin facts, con visiones sesgadas; y la forma en la que se imparte el curso, solo se ve en países autoritarios como Venezuela o China. Catalogar a esta especie de cátedra como «obligatoria» a toda la comunidad universitaria es solo uno de los agravantes. Este curso de temática de género se realiza de forma online, a través de vídeos en YouTube, por lo que los estudiantes no pueden debatir ni esbozar sus argumentos face to face con profesores u otros alumnos. ¿La casilla de comentarios? Desactivada, por lo que ningún estudiante puede emitir una opinión negativa; lo único que pueden hacer es darle al botón de dislike para demostrar su disconformidad.
Múltiples estudiantes se oponen a la obligatoriedad de este curso de género, en especial porque la Ley de Micaela, en teoría, debería basarse en la violencia contra la mujer, pero, en su defecto, se abordan temas ideológicos progresistas.
Bien se puede hacer referencia a los artículos 12 y 13 de la convención interamericana de DDHH que habla de la libertad de conciencia y de la libertad de pensamiento y de expresión. En Argentina, este tratado tiene un rango constitucional. ¿Hay libertad de expresión cuando una autoridad coercitivamente cancela la opinión de sus alumnos en una tribuna estudiantil?
Y no solo ello, si se evalúa con rigurosidad el contenido, bien podría hablarse de un claro adoctrinamiento de ideas progresistas. La carga ideológica de los profesores y lo que profesan, la nula existencia de crítica en la plataforma donde se desempeñan las clases, el carácter de obligatorio; la situación es muy similar a la reciente orden del Ministerio de Educación de China, que recientemente ordenó que «37 de las mejores universidades del país ofrezcan cursos sobre el estudio de las teorías políticas del líder del Partido Comunista Chino (PCch), Xi Jin ping», y estos son obligatorios para todos los estudiantes, según reseñó el medioLa Gran Época.
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.
El testimonio estudiantil contra el adoctrinamiento
Este artículo surgió de la denuncia por parte de estudiantes de la UBA que no están de acuerdo con la obligatoriedad del curso con temática de género. Laura González, venezolana radicada en Argentina, cursante de la carrera Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, junto a Franco Matas, alumno de la Universidad Nacional de Rosario, organizaron una campaña en CitizenGo para recolectar firmas pidiendo la cancelación de la realización forzosa del curso.
«Necesitamos una universidad comprometida con el pensamiento crítico y la libertad de expresión; por eso pedimos que no promuevan arbitrariamente teorías dogmáticas en la UBA como la ideología de género que nada tiene que ver con nuestras respectivas carreras», reseña la petición.
González se contactó con El American para pedir apoyo y visibilizar la situación, ella mencionó que este curso «es obligatorio para todos los estudiantes de todas las facultades» incluso para aquellas carreras que no tienen relación con temas humanitarios: «Yo estudio diseño gráfico, nada que ver con el curso. Es una cosa absurda que algo que no tenga nada ver con mi carrera me lo pongan como obligatorio», espetó.
La estudiante venezolana indicó que no son muchos los estudiantes que han alzado sus voces, pero sí hay mucho descontento y que no se pueden quedar callados ante los atropellos: «No puede ser que nos quedemos callados con todo lo que está pasando, si aceptamos esto nos van a meter otro curso aún peor. La semana en la ciudad de Rosario se ordenó que para sacar el carnet de conducir hay que hacer un curso con temática de género. Es una locura».
Laura no fue la única estudiante que se animó a declarar y manifestar su descontento, Daniela Pereira, estudiante de medicina de la UBA, aceptó declarar para este artículo junto a otros dos estudiantes de la carrera: «No quiere hacer este curso de género porque no tiene nada que ver con medicina, estoy en la carrera para estudiar las materias de la misma, no para estudiar temas obligados que no tienen relación. Si quieren hacer este curso para el que quiera hacerlo, está bien, pero no de manera obligatoria, yo no estoy obligada a estudiar una cosa con la que no estoy de acuerdo».
Bruna Santos no se quedó atrás, y también manifestó estar en contra de la obligatoriedad del curso con temática de género: «Claramente este curso tiene en su estructura una ideología y lo que busca es hacernos pensar de acuerdo con estas ideas y apoyar sus políticas. Y al hacerlo obligatorio, esto también lo hace muy autoritario, vivimos en democracia y el curso tiene el total derecho a existir, así como tenemos también el derecho de si nos interesa o no hacerlo, lo que se pide es bastante básico: libertad de elección».
Fernando Silva, otro estudiante de medicina brasilero, expresó que para él no hay que tener la obligatoriedad de tener el curso: «la universidad es abierta, libre, laica; así que no hay razón para que la gente que no esté involucrada en la cuestión de los géneros haga los cursos. No debe ser obligado como se está haciendo», sentenció.
La campaña que iniciaron Laura y Franco en CitizenGO ya pasaron las 500 firmas, con el objetivo de llegar a 1000. Un número que, si bien no parece significativo, se ha logrado con mucho esfuerzo y con escasa difusión. Lo que puede considerarse un gran logro. Aunque los estudiantes pretenden que esto sea mucho más grande y ya están intentando articularse en movimientos estudiantiles para defender los principios de la libertad. Lo cual es muy loable y valiente.
En las redes sociales también se encuentran las quejas de cientos de estudiantes que están en contra del adoctrinamiento progresista en la UBA. Cursos como el de temática de género, justificado de forma equivoca con la Ley Micaela, lo único que hace es impulsar ideas y teorías políticas fracasadas que se han implementado en toda la región durante décadas. Muchos chicos, inconscientemente, terminan adhiriéndose a estos colectivos por el simple hecho que lo vieron en la universidad; sin ver una contracara de la historia y sin tener la oportunidad de presenciar un debate con ideas que contrarresten a las expuestas.
Este tipo de acciones por parte de la rectoría de la UBA, al final de cuentas, no solo tiene lagunas legales preocupantes, sino que atentan contra los principios y valores universitarios universales. La imposición «académica» autoritaria en la UBA empieza a parecerse al de las peores tiranías del mundo, los estudiantes deberían alzar sus voces, antes que sea demasiado tarde. La apatía de los defensores de la libertad deja el terreno libre para aquellos que atentan contra sus principios más básicos. El caso es preocupantemente parecido en EEUU.
El panorama informativo moderno, tanto en los medios de comunicación convencionales como en las redes sociales, las máquinas de propaganda sobrealimentadas de todas las naciones desarrolladas y nuestro sistema de educación pública, garantizan que las cifras peligrosas apenas serán cuestionadas por nadie una vez que se presenten al público como autoridades de facto.
Se puede argumentar que el mundo ha llegado al lamentable estado en el que se encuentra hoy en día en gran medida porque los académicos, los políticos, los «distinguidos expertos» y las «reconocidas autoridades» no tuvieron la humildad de admitir sus propios errores o de reconocer al menos los límites de sus conocimientos. Por supuesto, esto no es ni mucho menos una aflicción nueva en las sociedades y los sistemas políticos. La arrogancia era uno de los pecados más terribles contra los que advertían los antiguos griegos, y ha habido demasiados narcisistas en posiciones de poder para contarlos desde la aparición de las primeras sociedades organizadas. Las personas que creen que saben lo que es mejor, no sólo para ellas mismas, sino también para todos los demás, se sienten naturalmente atraídas por papeles que les permitan imponer su voluntad, su moral y sus valores a sus vecinos.
Sin embargo, también se puede argumentar que el problema es mucho más frecuente hoy que en cualquier otro momento de nuestra historia. El panorama informativo moderno, tanto en los medios de comunicación convencionales como en las redes sociales, las máquinas de propaganda sobrealimentadas de todas las naciones desarrolladas y nuestro sistema de educación pública, garantizan que las cifras peligrosas apenas serán cuestionadas por nadie una vez que se presenten al público como autoridades de facto, «reconocidas» y «ampliamente aceptadas». Esto también es cierto para los políticos, pero las cosas son infinitamente más peligrosas cuando se trata de la ciencia. El ciudadano medio puede cuestionar más fácilmente una postura política de forma directa, mientras que puede ser imposible juzgar los méritos de una postura científica sin un conocimiento detallado y específico.
Por lo tanto, es mucho más fácil «vender» a cualquier académico, desde los profesores hasta los investigadores noveles, como una «autoridad», a la que hay que obedecer y nunca cuestionar. Pueden aconsejarnos libremente a todos sobre cómo vivir nuestras vidas, e incluso pueden dictar políticas, a pesar de que normalmente ese tipo de cosas suelen tener efectos secundarios en áreas de las que no tienen absolutamente ninguna idea. Una vez colocados en sus pedestales, se convierten en «ungidos». Ni siquiera tienen que compartir sus calificaciones, sus logros o cualquier testimonio de sus compañeros.
Sus historiales profesionales son irrelevantes; bueno, sus fracasos, en todo caso. Al fin y al cabo, ¿cómo podrías tú, ciudadano de a pie, empezar a utilizar tu cerebro sin formación ni especialización para juzgar los detalles de sus currículos o sus investigaciones? Después de todo, ¿qué sabes de climatología, de enfermedades infecciosas o de macroeconomía? ¿No es una arrogancia por tu parte desestimar las décadas de dedicación y trabajo que otra persona invirtió en un solo tema y creer que tú sabes más?
Estos argumentos serían justos si viviéramos en un mundo imparcial en el que se fomentara realmente el debate abierto y el pensamiento independiente. En ese mundo, múltiples expertos participarían en intercambios públicos y se desafiarían unos a otros presentando hallazgos y pruebas relevantes y contradictorias para diferentes teorías. Y todos los puntos de vista serían explorados y examinados, en una gran competición de ideas. Aquellas hipótesis y modelos que se ajustaran a las observaciones de la vida real y tuvieran un valor predictivo más preciso serían promovidas a teorías, y sólo entonces podríamos basar nuestra elaboración de políticas en ellas. Pero con la misma facilidad, las viejas ideas serían relegadas al montón de cenizas de la historia una vez que llegaran ideas mejores. Este es el método científico, el producto de la razón; todo lo demás que vemos hoy es el producto de una mentalidad de culto.
Y produce los resultados que cabría esperar: «teorías» catastróficamente erróneas con consecuencias devastadoras para naciones enteras, incluso para el mundo entero. Estamos viendo mucho de esto en tiempo real hoy en día. El fanatismo demente de Occidente y la obsesión monomaníaca de sus líderes con la agenda «verde» han conducido a una crisis energética como ninguna otra. En Europa, guiados por los «consejos de los expertos», las políticas de la última década y la prematura transición para abandonar los combustibles fósiles han dejado a la mayoría de los países casi totalmente dependientes de las importaciones. Las facturas de electricidad, que se han disparado, ya han paralizado a innumerables hogares y esta crisis autoinfligida tiene incluso el potencial de costar vidas reales este invierno.
Otro ámbito en el que este fenómeno es dolorosamente obvio es el de la «ciencia sombría». Podría decirse que el campo de la economía ha producido algunas de las «autoridades» más peligrosas que el mundo haya visto jamás. Una vez colocados en una posición de poder, en un banco central o en un ministerio de finanzas, por ejemplo, el caos que pueden sembrar es aterrador y realmente duradero. Esto se debe a que el público en general no entiende realmente ni siquiera los principios económicos más básicos ni la historia monetaria, y se siente justificadamente intimidado por la jerga utilizada. Por eso los banqueros centrales pueden desviar la culpa con tanta facilidad cada vez que sus políticas salen mal y por eso los «respetados economistas» pueden vender ideas disparatadas pero populares como «hechos» tal y como vimos con la «teoría monetaria moderna».
Una rara excepción la encontramos en la economía austriaca. Los economistas de esta escuela entienden muy bien que la economía es un organismo vivo extremadamente complejo y que no existe un homo economicus o un actor perfectamente racional que se comporte exactamente como predice un modelo. No, no existen tales criaturas, sólo tenemos humanos con los que trabajar, para bien o para mal. Como dijo Walter E. Block en un artículo reciente:
Creo que la firme negativa de los austriacos a realizar predicciones económicas está en consonancia con nuestras limitadas facultades. Podemos explicar la realidad económica y entender bastante de ella, pero a menos que «todo lo demás sea constante», que nunca lo es, no podemos predecir, al menos no como economistas. La modestia intelectual tiene un gran valor. ¿Preveo que un día los economistas de la corriente principal llegarán a ver el error de sus caminos en este sentido? Espero que sí, pero, como economista austriaco, no hago predicciones en ningún caso.
Versados en bichos y parásitos, los especialistas en pulgas aseguran que pueden saltar 200 veces el largo de su cuerpo, y otros animales, algunos repugnantes, son capaces de dar saltos asombrosos en comparación con sus organismos. Sifonápteros son insectos neópteros de pequeño tamaño y difícil descubrimiento a simple vista. Se conocen 1.900 especies. Y, si no se tienen repelentes enérgicos y eficaces, poco se podrá hacer.
Son parásitos externos que sobreviven por la sangre. Consideradas el mejor saltador del mundo animal. De cuerpo duro, cubierto de pelos y espinas hacia atrás, soportan presión. Se caracterizan por ser ágiles, de color oscuro, con mecanismo adaptado para alimentarse de sus huéspedes. Su principal objetivo para sobrevivir es la de parasitar en partidos políticos, alimentándose del tejido conectivo líquido de dotes y privilegios. Poseen metamorfosis completa, un ciclo, desde dos semanas a ocho meses, dependiendo de la temperatura, humedad, alimento; y lo más importante, la especie de pulga que sea.
Es el caso, de ciertos profesionales de la política. No es tanto la distancia que brincan sino las veces que son capaces de hacerlo. Poseen esa habilidad casi milagrosa para cambiar de forma, mutar. En un momento, se pueden encontrar expectorando el proverbial fuego y azufre a sus adversarios, reales e imaginarios. Y al siguiente, suenan groseros, incluso petulantes. Expertos en transformarse de víctima en santiamenes oportunos, y convertir la crítica personal en capital político. Destreza perversa puesta en uso.
Como en la manada PSUV, fundado para abyectos que cumplieran órdenes sin discutirlas, porque, siendo militar de escaso profesionalismo jamás se sintió confiado entre civiles. Funciona con apariencia de obediencia, con la mayor parte de los jefes de diversos niveles, militares activos o retirados, incluyendo represores en cárceles e infractores de los derechos humanos. El conductor castrista, de militar solo tiene el enorme chaquetón con ramitas, y no puede confiar. En la piara todos quieren desplazar al guía; no es riesgo de un día sí y otro no; el líder del conjunto de animales de la misma especie reunidos está siempre amenazado, listo para gruñir y tener los colmillos afilados, nunca se sabe lo que intentarán los jóvenes que se consideran fuertes, o los viejos con experiencia.
El presidente decidirá cuando le convenga si competirá por la reelección respecto a la cual, tanto leales -los menos- como hipócritas y pretendientes; quienes creen ser mejores, y aspiran en algún lugar de sus confusas mentes. La fusión del bienestar colectivo y nacional con la personalidad de un líder electo da como resultado el debilitamiento de mecanismos que existen para hacer que los políticos en posiciones de poder rindan cuentas. Por lo tanto, se tiene razón al señalar que se deberían buscar votos sobre la base de actuaciones, en lugar de melodramas.
Hay que suponer que han aprendido, aunque sea observando el desastre causado por la revolución chavista; problemas y enredos que traen la corrupción e incompetencia. Aun reuniéndose con delegados confidenciales de la Casa Blanca; disfrutando encuentros con mandatarios importantes y sustituyendo al español por un francés. Sin olvidar que el diplomático, los sobrinos y elementos fortuitos, son sólo detalles. El respaldo no está en la prisión del ladrón de ladrones sino en el bienestar popular. Lo intuye, por ello, la insistencia cretina en propagar que el país está mejorando, olvidando que la mejoría se siente en el bolsillo, y la mayoría -el 90%- va al mercado y comercio midiendo la inflación y el nivel creciente de precios, directo, sin intermediario, que cualquier economista oficial u opositor. El problema no está en cuánto vale el bolívar respecto al dólar, sino cuánto y qué puedo comprar.
Las pulgas aparecen en tiempo electoral, pero ¡no se engañen! pueden sobrevivir en otras épocas. Es imprescindible cuidar la higiene. No aguantan el aroma de la honestidad, la fragancia de la decencia, el perfume de las buenas costumbres y cuando lo olfatean, se alejan atemorizadas del lugar de donde emana. Por eso, decir la verdad, no comprometer la ética, mantener la coherencia y autenticidad, rendir cuenta, funcionan como repelentes naturales. No dudes en utilizarlos, ¡las pulgas ni se arrimarán!
En el mundo politiquero oficialista y opositor sobran los que saltan de una talanquera a otra pensando en sí mismos, y posibilidades antes que sus responsabilidades. Los saltos deben ser conocidos. A las pulgas no hay que tomárselas a broma, ¡pueden llegar a ser muy peligrosas! Debemos evitar simpatías parasitarias. Hay que protegerse con dignidad y un collar antipulgas o aplicarse insecticida de pundonor y respetabilidad. ¡Eliminando al parásito, nos protegemos y erradicamos la plaga!
Estamos viviendo tiempo de la caída final de instituciones.
Instituciones que en su momento se formaron – algunas de ellas – con buenos fines y así sirvieron en sus primeras etapas. Ciclos cumplidos.
Hoy ya son cáscaras vacías, fósiles. Y la mayoría de ellas, totalmente podridas, corruptas por procesos de infiltración y de la naturaleza humana – o no humana – de aquellos que solo persiguen el poder y someter a los demás y fueron ocupándolas.
Y está demostrado que en su estertor final, se han unido bajo el más espurio y demencial fin, que es el de lograr un totalitarismo global. Una institución central – se podría definir – donde todos los pervertidos morales, psicópatas, criminales, soberbios, pretenden llevar a la humanidad completa a un final programado por ellos.
Si bien esto no comenzó hace poco, hoy ya lo expresan a cara descubierta y a los cuatro vientos.
Sólo los idiotas y los idiotizados por ellos, sus propagandas y programación, no quieren o no pueden verlo. Y así fueron y forman el ejército de los idiotas útiles de siempre.
Pero el presente es del individuo que por su propio impulso se ha liberado de ellas, y traza su propio camino de libertad.
Con la información a su alcance como jamás en la historia se había producido, esta claro que aquellos que aún están atados a esas instituciones, las directivas de sus corruptos y perversos ocupantes, no podrán ser parte de esta era de liberación.
Lo corrupto y lo fosilizado, jamás puede renacer.
Y el tiempo de evolución del Individuo Libre, capaz de conectar con su propia conciencia, construirse espiritual y mentalmente desde allí y considerar al prójimo como iguales, en comunidad, con autoridades naturales reconocidas y nunca impuestas, es imposible que sea detenido.
Junto con el final-final de lo viejo. (Individuo Libre)
La predominancia del COLECTIVISMO SOCIALISTA mediante el ESTATISMO en sus variadas formas (pero con el mismo fin de someter al individuo), han lavado la cabeza de millones en la creencia letal de que la ley puede «surgir», «ser creada» desde cabezas humanas reunidas en un recinto.
Y no, el hecho de que LA LEY, emana de algo más allá de seres en igualdad de la especie que por lo tanto jamás pueden legislar sobre-contra ella misma.
Lo cual es «ellos mismos» y destrona toda la farsa de la «creación de leyes», por un grupo de no otra cosa que delincuentes de la más alta soberbia.
La ignorancia masiva sostiene esa perversión y los efectos jamás pueden cambiar, mientras la humanidad no sea consciente de que por el hecho de esa NATURALEZA EN COMÚN COMO ESPECIE, fueron reconocidos como autoevidentes LOS DERECHOS INDIVIDUALES NATURALES (LEY NATURAL).
Desde ese basamento absoluto, debería ser imposible que los criminales que a diario son obedecidos como si fuesen los ancestrales sacerdotes de una secta que bajo el designio e inspiración de los dioses, pueden someter a capricho, legislar y violentar a piacere a todo aquel que se encuentra bajo su potestad. O sea: toda la población menos ellos.
Nada ha cambiado con la DEMAGOGIA POPULISTA y la ignorancia vocacional, el embrutecimiento de una mayoría adoctrinada, por no procurarse la propia educación como seres individuales.
Y no como esclavos de los políticos bajo discursos hipnóticos, mentiras y distorsiones de conceptos, pervirtiendo el lenguaje y las mentes. (Individuo Libre)
El 1 de enero entrará en vigor el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, que pretende llenar la hucha de las pensiones
Tanto si eres autónomo como empleado deberás pagar un nuevo impuesto a partir de 2023. Se trata del El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), un nuevo impuesto que deberán pagar, a partir del 1 de enero de 2023, todos los trabajadores que se encuentren dados de alta en la Seguridad Social y que supondrá un porcentaje del salario. Una medida que afecta a más de 20 millones de ciudadanos españoles.
¿Qué es el MEI? El nuevo impuesto que llega en 2023
El Mecanismo de Equidad Intergeneracional sustituye al antiguo Factor de Sostenibilidad y es contingente y temporal. Este impuesto tiene como objetivo volver a llenar la hucha de las pensiones mediante el reparto equilibrado entre generaciones del esfuerzo para financiar las pensiones.
Con elenvejecimiento de la población en niveles disparados, el paro actual, la inminente jubilación de la generación del baby boom y el fondo de reserva de las pensiones prácticamente vacío, el Gobierno prevé la llegada de tiempos muy difíciles para las pensiones.
Por lo que, entre otras medidas que incluye la reforma de las pensiones, se sacó adelante la del MEI, que se publicó en el BOE el pasado diciembre. Este mecanismo actúa sobre los ingresos (cotizaciones) y no sobre las prestaciones (gastos) como actuaba el derogado Factor de Sostenibilidad. A diferencia de este último, que calculaba las prestaciones en función del aumento de la esperanza de vida, el Mecanismo de Equidad Intergeneracional solo se activará si es necesario y de forma temporal.
Cómo será el nuevo impuesto del Mecanismo de Equidad Intergeneracional
El MEI que llegará en enero de 2023 no afectará a las pensiones, por lo que no se reducirá el importe de las mismas, a diferencia del derogado Factor de Sostenibilidad. Se trata de un nuevo impuesto que será asumido por todos los trabajadores independientemente de sus ingresos. Es decir, el porcentaje sobre el salario será el mismo para todos.Este nuevo impuesto se aplicará como un nuevo concepto de cotización, por lo que las personas que estén dadas de alta en la Seguridad Social verán reducidas sus nóminas en un 0,6%. Este recargo en la cotización pesará en la nómina de los trabajadores, pero también en la cuota de autónomos.
De esta forma, el Gobierno quiere recaudar suficiente dinero para cubrir el coste de las futuras pensiones. En concreto, se pretende recaudar alrededor de 22.000 millones de euros hasta 2032, fecha en la que está previsto que termine la aplicación de este nuevo impuesto.
¿Cómo te afectará el nuevo impuesto?
Para pagar este nuevo impuesto, que se pondrá en marcha el 1 de enero de 2023, se descontará un 0,6% del salario de los trabajadores. De esta cantidad, los empresarios pagará un 0,5% y los trabajadores pagarán el 0,1% restante. Mientras que en el caso de los autónomos, los autónomos, los sindicatos calculan que el pago medio será de unos 5 euros al mes.
Si hablamos de números, en el caso de los trabajadores con un salario bruto de 2.000 euros, por ejemplo, el nuevo impuesto supondría 12 euros al mes, de los que 10 euros los pagará la empresa y 2 euros el empleado.
A medida que fracasa a ojos vista el proyecto globalista en todo el planeta, desde Estados Unidos a Sri Lanka pasando por Holanda y toda la Unión Europea, se hace cada vez más imperativo limitar las informaciones incómodas, la disidencia en medios y redes sociales y las «opiniones odiosas». Por eso el Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos, propone hacer frente a las malas noticias con una censura automatizada.
Es la solución que se avanza en un artículo aparecido en la web del foro, titulado «¿La solución al abuso online? La Inteligencia Artificial más la inteligencia humana», cuya tesis, una vez que se expurga el texto de sus eufemismos buenistas, es que ni los algoritmos por sí solos ni la vigilancia de los censores humanos bastan para mantenernos a oscuras sobre lo que está pasando y no conviene que conozcamos, o sobre perspectivas y voces contrarias al pensamiento único.
Es evidente que la riada de información que se vierte a diario en redes sociales por parte de cientos de millones de usuarios hace imposible que un equipo de censores humanos, por gigantesco que sea, pueda controlarla y expurgarla. Eso es lo que ha hecho necesario a las tecnológicas recurrir al famoso/infame «algoritmo», es decir, patrones de lenguaje que puede reconocer y denunciar un programa de inteligencia artificial.
Pero las máquinas son solo máquinas, por muy listas que sean, y resultan incapaces de detectar las mil y una formas a las que recurren los usuarios que quieren burlar la censura, desde las faltas de ortografía deliberadas, el empleo de signos, la separación de letras de la palabra o palabras prohibidas y otras aún más ingeniosas. Por eso el foro propone combinar el poder de la máquina con la inteligencia humana, haciendo que ambas se refuercen mutuamente y «aprendan» una de la otra.
«Combinando de la manera adecuada el poder de las últimas tecnologías, la recopilación de datos a partir de las plataformas y la destreza de los expertos en la materia -que entienden cómo operan los perpetradores de amenazas-, la detección escalada del abuso en línea puede alcanzar una precisión casi perfecta», dice el foro.
Las vueltas que da el autor para aclarar de qué está hablando realmente (y que, naturalmente, no se aplica solo ni especialmente a «amenazas») son tales que hay que avanzar en el artículo para llegar al meollo: “Al prestar la información multilingüe y cribada por seres humanos de la plataforma a la Inteligencia Artificial, esta podrá detectar abusos nuevos y matizados antes de que lleguen a las principales plataformas. Complementar esta detección automatizada más inteligente con la experiencia humana para revisar casos extremos e identificar falsos positivos y negativos y luego volver a introducir esos hallazgos en conjuntos de entrenamiento nos permitirá crear IA con inteligencia humana integrada”.
Desde aquí nos preguntamos cuánto tiempo tardará la inteligencia artificial en detectar la ironía, porque quizá en no demasiado tiempo sea lo único que nos quede para expresarnos en libertad.