Mes: mayo 2023

Es hora de separar la escuela del Estado

En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.

Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema.  (Archivo)

Por FEE

El sistema escolar estatal actual es una monstruosidad de talla única que desplaza a las alternativas privadas y difunde propaganda socialista y anticristiana. Es hora de pensar más allá de los vales escolares de Friedman, es hora de separar la escuela del Estado.

Desplazamiento

Si hay algún estigma contra las escuelas privadas, es su coste frente al sistema público. Esto deja espacio para que el partidario de la escuela pública afirme: “si hubiera un mercado para la educación privada de bajo coste, se ofrecería, pero como no se cumple ampliamente, el consenso general debe permanecer con el sistema público.” El argumento sería correcto de no ser por un detalle: el mercado está distorsionado por el poder político del Estado, que impide la entrada de las empresas necesarias para llenar el vacío.

Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema. Como resultado, el coste de la educación pública es artificialmente bajo para los padres que la utilizan, una situación que no podría reproducirse en un mercado libre. Si el sistema estatal fuera una empresa privada, no duraría ni un año antes de quebrar, ya que sólo puede sobrevivir gracias a las subvenciones que le proporcionan los impuestos, el poder político.

La empresa privada es enormemente competitiva y, cuando se libera, casi puede hacer milagros, pero lo que no puede hacer es competir eficazmente con las empresas estatales, que pueden financiar sus pérdidas con los impuestos. En consecuencia, actualmente no es posible que las escuelas privadas ocupen el mismo nicho que las públicas, sino que deben ramificarse y especializarse para ofrecer un bien fundamentalmente distinto del que ofrece el Estado. Las escuelas concertadas KIPP, como analiza Thomas Sowell en su nuevo libro Las escuelas concertadas y sus enemigos, prometen mejores resultados académicos, y las escuelas parroquiales prometen una educación tradicional y religiosa. Todos ellos son bienes fundamentalmente diferentes del que proporciona el sistema estatal, y este es un punto de partida.

Mientras el sistema público pueda trasladar sus pérdidas a los contribuyentes, habrá pocas grietas en el control monopolístico del sector por parte del Estado. Si finalmente el edificio se rompe y un Estado decide lanzarse a la privatización total, el mercado volverá con fuerza y ofrecerá más opciones, y a precios más asequibles que los actuales.

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El Estado siempre y en todas partes pretende monopolizar la educación y hay una razón no benévola para ello: la juventud es impresionable y las ideas inculcadas a una edad temprana son difíciles de desarraigar. Si el Estado puede decidir lo que aprende la próxima generación, puede inculcar una ética y una visión del mundo estatistas que sofocan la resistencia antes de que arraigue. En la práctica, la educación estatal no es un acto de caridad, sino un mecanismo de defensa contra el pensamiento no estatista.

No es nada nuevo que el Estado busque reproducirse y sofocar la resistencia a través de la educación. La táctica fue un invento de Prusia a finales del siglo XVIII. Vladimir Lenin, un hombre cuyas inclinaciones hacia la clase y la producción eran muy diferentes a las de los prusianos, es popularmente citado, posiblemente apócrifamente, diciendo: “Dadme cuatro años para enseñar a los niños, y la semilla que he sembrado nunca será arrancada”. Sea precisa o no la verborrea, es ciertamente coherente con la maximización del Estado necesaria para que su socialismo arraigue. Lo que Lenin y los prusianos tenían en común era el Estado; cualesquiera que fueran sus diferencias, ambos eran archiestatistas y trataban de inculcar la ética del Estado a la siguiente generación.

El Estado inculcando obediencia y fomentando el socialismo a través de las escuelas no es sorprendente. Lo que es relativamente nuevo es un ataque total a las normas de la civilización occidental en general, y del cristianismo en particular. Cualquiera que haya tenido alguna relación con las escuelas y universidades públicas en los últimos años puede afirmar la inmensa hostilidad del profesorado hacia cualquier cosa que contravenga la agenda interseccional.

En la actualidad, las escuelas organizan de forma rutinaria eventos drag que hacen alarde de la sexualidad delante de menores.

Además, es un acto de agresión sexualizar a alguien menor de edad y, por lo tanto, viola flagrantemente el axioma libertario de no agresión, por no mencionar la ley establecida. El libertario, independientemente de sus opiniones reales sobre los estilos de vida en cuestión, no puede aprobar la predicación de la sexualidad descarada a menores en instituciones estatales a las que la asistencia es casi obligatoria, y las barreras para optar por la vía privada se mantienen deliberada y artificialmente altas. Esto es descaradamente hostil a los disidentes, especialmente a los cristianos, que no desean participar en este estilo de vida ni que se les imponga, algo que está perfectamente cubierto por el derecho a la libre asociación, la propiedad de la persona y la interacción social.

La mejor respuesta a actos atroces como éste es permitir que el mercado decida qué tipo de educación sexual debe recibir la próxima generación en las escuelas. Seguramente, algunos ofrecerán precisamente este tipo de educación sexual en los bastiones de la izquierda, pero no se extenderá a las zonas del interior donde todavía se cree en las normas y la decencia. La privatización masiva romperá el dominio de Washington, por no hablar de los gobiernos estatales, sobre el plan de estudios y podría frenar la enseñanza del ahistórico y racista Proyecto 1619, los espectáculos de travestis para menores, etc.

Los vales de Friedman

En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.

El dinero del Estado viene con condiciones. Es difícil imaginar que el Estado no presente directrices sobre las instituciones que pueden optar a los vales, lo que presupone que el Estado establezca normas y directrices universales para todas las escuelas públicas y privadas. Una consecuencia del plan Friedman es el control total por parte del Estado de lo que es y no es aceptable en cualquier lugar, no sólo para las escuelas públicas. Esto empezaría con preocupaciones relativamente benignas sobre seguridad y normas matemáticas, pero sin duda se extendería a áreas periféricas sobre las que hay mucho desacuerdo. Las escuelas que no proporcionen baños separados para los estudiantes transgénero, que no enseñen un plan de estudios de historia racializada, o incluso las escuelas sólo para niños o sólo para niñas, tarde o temprano se encontrarían en la guillotina.

Si los vales se introducen en la economía de las escuelas privadas que ahora no están acostumbradas a esta entrada de dinero, lo incorporarán rápidamente a sus costes de funcionamiento, y pronto no será una ganancia inesperada, sino una necesidad para el funcionamiento. El trabajo se amplía para ajustarse al presupuesto asignado. Por lo tanto, perder estos vales sería una calamidad, incluso si la institución hubiera funcionado anteriormente sin ellos, y muchos, si no la mayoría, doblegarían sus normas y principios para mantener el flujo de dólares estatales. Seguramente habría algunas escuelas privadas obstinadas que se conformarían con perder la financiación antes que acomodarse a las exigencias del Estado, pero esto no puede esperarse de la mayoría, ya que se trata, al fin y al cabo, de un negocio.

Los libertarios y conservadores que siguen el modelo de Friedman van por buen camino, pero no piensan con suficiente audacia. La respuesta no es conseguir que el Estado financie también las escuelas privadas, sino privatizar la infraestructura de las escuelas públicas, eliminar la carga reglamentaria que supone poner en marcha una nueva escuela y lograr la separación total de la educación y el Estado.

La separación de la educación y el Estado

Al eliminar al Estado de la educación, ocurrirán varias cosas: el tamaño absoluto del monstruo se reducirá, los sindicatos de profesores tendrán menos poder sobre la continuidad educativa de los estudiantes, se ofrecerán diferentes tipos de educación y los cristianos, derechistas, libertarios, antiestatistas y librepensadores no serán sometidos a la fuerza a la propaganda del Estado.

Sin la necesidad de supervisar la educación de la mayoría de los niños del tercer país más grande del mundo, el tamaño del Estado disminuirá. No habrá necesidad de legiones de profesores contratados por el Estado, pero la mayoría de ellos no se quedarán sin trabajo, sino que formarán la columna vertebral de la nueva plantilla de profesores privados.

Sin distritos escolares públicos masivos, las huelgas de los sindicatos de profesores serán menos probables y menos destructivas, por lo que la reciente huelga de profesores de Los Ángeles -que dejó sin clase a 420.000 alumnos- será casi imposible. Es de suponer que, al aligerarse el entorno normativo, volverán los contratos de “perro amarillo”, que impedirían a los empleados escolares afiliarse a sindicatos como condición de empleo.

En sectores tan complicados como el de la educación, no hay dos empresas iguales (a diferencia de las empresas quitanieves, que son bastante parecidas). Esta diversidad garantiza que se ofrecerá una mayor variedad de productos, lo que permitirá a los padres tener más control sobre qué y cómo aprenden sus hijos. Algunas escuelas perfeccionarán las matemáticas y formarán ingenieros de forma más rápida y barata, otras pondrán las humanidades en primer plano y crearán un nuevo cuadro de ciudadanos bien formados para concebir las grandes ideas del mañana, otras impartirán una educación estrictamente cristiana o religiosa y ofrecerán toda una serie de clases de teología. Las posibilidades son tan infinitas como apasionantes.

Por último, aquellos que disientan de la perspectiva estatista, racializada y anticristiana que se ha apoderado de las escuelas públicas no estarán obligados a asistir a ellas. Habrá escuelas basadas en hombres libres y mercados libres, Dios y el país, o cualquier otro motivo para el que haya mercado. La vibrante comunidad eclesiástica de Estados Unidos sin duda entrará en acción y construirá sus propias escuelas autofinanciadas, como llevan haciendo los católicos desde hace más de cien años. Además, con la multiplicidad de empresas, será imposible que la mentalidad socialista, racializada y anticristiana invada todas las escuelas, como ocurre actualmente en el sistema estatal. ¿Cómo podría hacerlo sin un punto de entrada fácil a nivel administrativo y una resistencia renovada por parte de las escuelas privadas empoderadas?

Teniendo en cuenta todos estos puntos, no es difícil defender la libertad total en la educación. De hecho, lo difícil es mantener el sistema estatista en su estado actual. A la luz del fracaso de las escuelas, las huelgas de profesores, la propaganda anticristiana generalizada y el aumento vertiginoso de los costes, una persona razonable podría decir que el sistema estatista es un fracaso y está listo para ser reemplazado. La libertad total en la educación es una idea cuyo momento ha llegado, América se lo merece. Es hora de separar la educación del Estado.

Este artículo fue publicado originalmente en FEE

Alfonso Rojo: “Los socios del socialista Sánchez presentan en las elecciones del 28-M a 7 asesinos”

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PERIODISTA DIGITAL / No arrugue la frente; ni ponga cara de susto.

Si usted vota al PSOE en las elecciones del 28-M, estará votando a ETA, a los asesinos de un millar de españoles.

Repito: si cuando meta su papeleta en la urna, dentro de 18 días, respalda a Page en Castilla y La Mancha, a Puig en Valencia, a Vara en Extremadura, a Lambán en Aragón o a cualquier otro de los socialistas que aspiran a ser alcaldes, concejales o diputados autonómicos, estará usted abrazándose a los miserables que sembraron España de mutilados, huérfanos y viudas y todavía lo celebran.

Son los mismos canallas con los que Sánchez pactó no hace tanto su reforma laboral y ha sacado adelante bodrios como la ley del ‘Si es Si’, la animal o la de vivienda y con los que ya ha dejado claro que gobernará otra vez si logra reeditar el…

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Josué Cárdenas, asqueado con los 44 etarras que se presentan a las elecciones

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PERIODISTA DIGITAL / Presenciamos algunos de los peores momentos de la democracia en España. 

44 terroristas de ETA aparecerán en las listas electorales de los comicios del próximo 28 de mayo. Y lo harán, cómo no, por Bildu. 

Siete de ellos, incluso, condenados por asesinato, ponen en evidencia una vez más quiénes son los socios reales de Pedro Sánchez, y todo apenas unas horas después de que el propio inefable Zapatero les defendiera. 

Desde Periodista Digital la condena es enérgica y unánime. En voz de Josué Cárdenas, presentador de ‘La Burbuja’ (cada día en Youtube a las 22 horas), lanzamos nuestra repulsa al asunto. Fue en el programa de este 10 de mayo de 2022:

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El colosal troleo de Juanma Moreno a Juan Espadas que el socialista no vio venir

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PERIODISTA DIGITAL / El meneo es de los que hacen afición.

Y del que difícilmente se puede recuperar el político que lo recibe.

El socialista Juan Espadas, en el último pleno en el Parlamento andaluz acabó sopapeado a base de bien por el presidente de la Junta, el popular Juanma Moreno, a cuenta de los bandazos dados por el líder del PSOE con los regadíos en Doñana.

El jefe del Ejecutivo autonómico hizo un ejercicio de recopilar toda la hemeroteca y como entonces el propio Espadas defendía la autonomía de Andalucía frente a las imposiciones del Gobierno Sánchez.

El chorreo, subrayamos, de los que pasarán a los anales de la historia: Le voy a explicar lo que decía usted y lo que decía ahora: Espadas reivindica su autonomía frente al Gobierno y defiende ampliar regadíos en Doñana’ (‘El País’). ¡Anda, guauuu! ¿Miente ‘El País’? Está diciendo que ‘El País’ miente.

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Pedro Sánchez cumple: viviendas, prostitutas, Marruecos, fondos europeos, casas en La Palma…

OTRO EJEMPLO CLARO: IZQUIERDA = RUINA

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El Banco de España advierte de que la ley de la vivienda «podría generar efectos indeseados» a medio plazo.

PisosenterraderosPisos ya iniciada su construcción para que estén listos al finalizar la campaña electoral. Pedro Sánchez lo prometió y aquí está el resultado. ¡Pedro Sánchez cumple!

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¡Inútiles, dañinos e indigentes intelectuales! ¡A la p*** calle!

¡…y Margarita se pasó tres pueblos!

EJEMPLO IMPECABLE DE RETRASO MENTAL PROFUNDO.

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IsabelCatólicaEstudiar un poco de Historia no le vendría mal a Margarita Robles.

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La desposesión de lo humano: el animalismo como barbarie

El animalismo forma parte de las ideologías autoritarias que en nombre del género, la digitalización o el cambio climático intentan modificar nuestra racionalidad

Cartel de Pacma para el 8-M. Pacma

Por DAVID SOUTO ALCALDE en VozPopuli

El animalismo, ese virus moral que defiende la igualdad jurídica entre humanos y animales, ha llegado como un ejército invasor a nuestras vidas para obligarnos a modificar hábitos, tradiciones e incluso la concepción que tenemos de nosotros mismos. Por medio de una macabra inversión de sentido, todos aquellos que defendemos los derechos humanos hemos pasado de ser considerados “humanistas” (defensores de la humanidad) a ser vilipendiados como “especistas” o guardianes de fronteras entre especies que legitiman la primacía humana sobre los animales. Incubado en las universidades de élite americanas como una corriente de activismo minoritaria (igual que la teoría queer o el posthumanismo), el animalismo se ha convertido en tiempo récord en uno de los instrumentos ideológicos de dominación poblacional. En España, su tóxica fumigación sobre la ciudadanía ha tenido lugar el pasado marzo por medio de una serie de eventos que han culminado en la aprobación de la Ley de Bienestar Animal y que buscan convertir el animalismo en un nuevo sentido común.

Si el 8 de marzo el PACMA conseguía copar titulares en todos los medios con un cartel anti-especista que equiparaba a una vaca con una mujer para reclamar “un feminismo sin distinción de especies” en el que no hubiese ni oprimidas (vacas) ni opresoras (mujeres, en tanto que humanas), tan solo un día después se anunciaba la concesión del premio BBVA a Peter Singer, fundador del movimiento animalista. Según el jurado, este galardón se debía al “progreso moral” ocasionado por las teorías del filósofo australiano, que inspiran de manera directa la ley animalista que se oficializó el 28 marzo impulsada por Unidas Podemos.

La polémica tardó poco en explotar, pues Singer lleva desde 1975 defendiendo el infanticidio, la experimentación en laboratorios con personas con retraso mental o la zoofilia como condición para borrar la frontera entre humanos y animales. Por ejemplo, mientras que Julio Llorente glosaba la barbarie animalista del premiado en un artículo publicado en estas mismas páginas, Pablo de Lora realizaba en The Objective una encendida, pero vacua defensa suya porque el filosofar de Singer, decía, “es revoltoso y escandaloso y no tiene empacho en formular las preguntas inaugurales”. 

El animalismo como anti-ética

El animalismo forma parte de las ideologías autoritarias que en nombre del género, la digitalización o el cambio climático intentan modificar nuestra racionalidad con el objetivo de hacernos creer que nuestra naturaleza ha cambiado o que tiene que cambiar a fuerza de ley. La desposesión, jurídica, pero también material, que el animalismo pone en marcha, pudiendo parecer la más inofensiva, es la más peligrosa de todas. Mediante la creación de un marco inhumano que sirve a los intereses del posthumanismo (hay que desterrar todo lo que sea humano, porque lo humano es irremediablemente igualitario por inmutables leyes naturales), el animalismo desprotege tanto a humanos como animales y nos somete a los designios arbitrarios de una élite tecnócrata que decide quién debe ser protegido y quién abandonado.

Las teorías animalistas de Peter Singer son las que más nos debieran preocupar pues son las que han directamente inspirado la Ley de Bienestar Animal, que no solo propone hasta 18 meses de cárcel por matar a un vertebrado (por ejemplo, un ratón), sino que legaliza la zoofilia y se compromete a otorgar derechos casi humanos a los grandes simios. El animalismo de Singer derriba la frontera entre humanos y animales de manera que ciertos seres humanos (bebés, personas con retraso mental, etcétera) dejan de tener derechos y pasan a ocupar el rol de bestias sacrificables, mientras que ciertos animales detentan derechos humanosEn palabras de Singer: “Algunos miembros de otras especies son personas: algunos miembros de nuestra propia especie no lo son. Ninguna valoración objetiva puede apoyar la postura de que en todas las ocasiones es peor matar a miembros de nuestra especie que no sean personas, que a miembros de otras especies que sí lo son”. Esta reformulación de categorías éticas que afirma que un bebé no es una persona, pero un cerdo sí lo es, lleva al propio Singer a aventurar que “si perros y gatos pueden ser calificados como personas, los mamíferos que utilizamos como alimentos no pueden encontrarse demasiado lejos” y a lamentar: “¿No estaremos convirtiendo personas en beicon?”.

El cambio radical que animalismo propone se basa en sacrificar aquello que nos hace humanos (la defensa de los vulnerables) para construir una nueva ética anclada en principios de eficacia propios de la filosofía utilitarista. Según esta corriente, que pensadores como Durkheim, Weber, Rawls o Nozick consideraban como incompatible con la naturaleza humana, la sintiencia (la capacidad de experimentar sufrimiento o placer) es la única fuente originaria de derechos, que serán tenidos en cuenta, en mayor o menor medida, dependiendo de la capacidad de autoconciencia y la probabilidad de ser felices, no solo en el presente sino también en el futuro. Por ejemplo, en libros como Liberación animal o Ética Práctica, Singer defiende que en los experimentos clínicos habría que sustituir a animales por humanos con retraso mental severo, pues así “el número de experimentos realizados con animales se reduciría de forma significativa”, puesto que “existen humanos discapacitados intelectualmente que tienen menos derecho a que se les considere conscientes de sí mismos o autónomos que muchos animales no humanos”.

El peligro de abrir la caja de Pandora de la animalidad se hace evidente cuando Singer defiende el derecho al infanticidio, ya que, según argumenta, “si podemos dejar a un lado los aspectos emocionalmente conmovedores, pero estrictamente sin pertinencia alguna, que surgen al matar un bebé, veremos que los motivos para matar personas no se aplican a los recién nacidos”. Esto sería así según este premiado y alabado impulsor del “progreso moral” porque “si el derecho a la vida debe basarse en la capacidad de querer seguir viviendo, o en la capacidad de verse a sí mismo como un sujeto con mente continua, un recién nacido no puede tener derecho a la vida”. Anticipándose a las posibles objeciones, Singer explica que “si estas conclusiones parecen demasiado escandalosas para ser tomadas en serio, quizá merezca la pena recordar que nuestra actual protección absoluta de la vida de los niños es una actitud típicamente cristiana más que un valor ético universal” y que “quizá ahora sea posible pensar en estos temas sin asumir el marco moral cristiano que ha impedido, durante tanto tiempo, cualquier revaloración fundamental”. Estas “preguntas inaugurales” que Pablo de Lora parecía celebrar en su artículo ponen fin a un tabú que según el filósofo australiano hace que “desde la derrota de Hitler, no ha[ya] sido posible (…) comparar el valor de la vida humana y no humana”. 

Es quizás por eso que en un texto titulado “Heavy Petting” Singer va más allá y defiende la zoofilia tras asegurar que la vagina de una vaca puede satisfacer sexualmente a un hombre, que las mujeres se sienten más atraídas hacia los caballos que hacia los seres humanos o que es muy normal que un orangután tenga una sincera erección al ver a una mujer por ser los límites entre especies algo artificial. Es más, Singer asegura que nuestro rechazo a la zoofilia “se ha originado como parte de un más amplio rechazo al sexo no reproductivo” como el sexo oral o el anal, pero que “la vehemencia con la que esta prohibición se mantiene mientras otras prácticas sexuales no reproductivas han sido aceptadas sugiere que hay otro poderoso motivo: nuestro deseo para diferenciarnos, eróticamente y de cualquier otra manera posible, de los animales”.

Francisco de Vitoria

El universalismo cristiano que Singer crítica como base de la vieja moral que nos impide matar a inocentes (niños, personas con retraso mental, etc.) y que prohíbe que humanos y animales tengamos los mismos derechos tiene su origen en el teólogo español Francisco de Vitoria (1483-1546). En su ensayo (relectio) “Sobre los indios”, considerado como el fundamento de los derechos humanos actuales, Vitoria explora las posibles razones ilegítimas que, de acuerdo con la ley natural, impedirían a los españoles ejercer su dominio sobre los indios del Nuevo Mundo, aun cuando leyes creadas por humanos lo permitiesen. Las conclusiones de Vitoria son claras: no existe ninguna razón por la que los españoles puedan dominar a los indios, ya que estos tienen dominio (dominium) sobre sus propios cuerpos, territorios y son perfectamente capaces de gobernarse a sí mismos sin importar que sean paganos, herejes o delincuentes. En su argumentación escolástica, Vitoria invierte avant la lettre los razonamientos animalistas de Singer y afirma que aunque los indios fuesen como niños pequeños, tuviesen algún retraso mental o estuviesen locos, no habría razón para dominarlos, pues de hacerlo serían víctima de una injusticia (iniura) por ser imágenes de Dios (imago dei).

El argumento de Vitoria es especista de principio a fin, y muestra que la igualdad y los derechos solo son posibles desde postulados especistas. Hablando en plata, los indios tienen tantos derechos como los españoles por la sencilla razón de que son humanos. Pese a las acusaciones de canibalismo, su humanidad se confirma mediante dos argumentos complementarios: tienen dominio, es decir, derecho natural a gestionar los recursos naturales y a autogobernarse, que se basa en que han sido creados a imagen y semejanza de Dios (son imagen de dios, no Dios, como parecen creer los posthumanos y los animalistas). Este dominio, que tiene un soporte legal humano o positivo mediante derechos como el de propiedad, es ajeno por completo a los animales, quienes según Vitoria no pueden ser víctimas de una injusticia pues “privar a un lobo o león de su presa no supone una injusticia”. Si los animales tuviesen dominio, prosigue, “cualquier persona que vallase un terreno con hierba que antes era consumida por ciervos estaría cometiendo un delito, pues estaría robando comida sin permiso del propietario”.

La lógica argumental de Vitoria es implacable. Pensemos, de hecho, que la mayor prueba de que los animales no tienen dominio la constituye la propia doctrina animalista que en su despiadada defensa de lo animal se arroga el derecho, por ejemplo, a esterilizar gatos sin su consentimiento o a intervenir en hábitats naturales si consideran, en base a principios utilitarios, que obtendrán un balance ecológico más justo aunque maten a miembros de tal o cual especie. Este mismo derecho a esterilizar o matar animales no existe con respecto a los seres humanos por la sencilla razón de que esterilizar o matar a miembros de una población (o a un individuo), fuese cual fuese la causa, sería visto como una injusticia. Es más, los miembros humanos de esa comunidad podrían declararle la guerra o directamente matar a los humanos que hubiesen esterilizado a su población, puesto que uno de los objetivos de los derechos humanos consiste en asegurar, en la medida lo posible, que aquellos que son capaces de agredirse a sí mismos con unos niveles de eficacia no poseídos por otras especies -los seres humanos- no lleguen a hacerlo.

La desposesión de lo humano (especismo o barbarie… tecnócrata)

El animalismo defendido por Peter Singer e inoculado en la política española por parte de nuestros políticos más “izquierdistas” (aspirantes eternos a mediocre profesor universitario, tecnócratas sin oficio que asumen como verdad toda vileza que la academia americana produce) implementa una desposesión humana que nos hace pasar de ser iguales en tanto que imago dei a estar sometidos a los caprichos de un dios arbitrario encarnado en la tecnocracia global. El animalismo, como recordaba Miguel Ángel Quintana en un debate reciente con Ernesto Castro, sustituye la ética de vínculos propia de la humanidad por una ética de atributos. Este modelo supone una desprotección absoluta de los seres humanos (y de los animales) en tanto que hace depender nuestros derechos y supervivencia de la posesión de un determinado atributo (un mayor grado de inteligencia, una mayor voluntad de vivir de manera feliz, etc.) que cambia de acuerdo con los deseos de aquel que dicta las reglas. Esta nueva ética, a diferencia de la humana, solo es posible mediante una violencia coercitiva y vertical que, en su aspecto aterciopelado, toma forma de lo que Ignacio Castro Rey ha denominado en En Espera como “violencia perfecta”.

La ética de atributos que el animalismo hace suya ha sido la mayor promotora de desigualdad a lo largo de la historia, pues es solo mediante ella como pueden llegar a darse males como el racismo o el machismo, que consideran que ciertos sujetos carecen de determinado atributo y no se bastan de su humanidad para tener derechos. Esta violencia animalista no tiene otro fin que promover una tecnocracia posthumana que elimine la frontera entre humanos y animales y nos convierta a todos en bestias que habitan el zoológico humano soñado por Sloterdijk. Estamos ante el enésimo uso instrumental de los animales, solo que esta vez en lugar de ser empleados en fábulas como fuentes de moralidad, los animales son utilizados como arma con la que desposeernos de la dignidad humana y de nuestra responsabilidad con la naturaleza.

El animalismo, como mostraré en otro artículo, es una doctrina alienante que mediante una moral new age hipnotiza a cantidades cada vez más grandes de población antes de que estas mueran ahogadas en el río de las falsas promesas identitarias. Por una parte, en tanto que defensor del principio utilitario del no sufrimiento y la felicidad como base del derecho a la vida, el animalismo hace creer a parte de la ciudadanía que toda frustración debe ser evitada por ir en contra de los delirantes postulados de la felicidad eficaz, que para ser efectiva debe ser medida en todo momento (de ahí, la incitación actual a cambiarse de sexo o a solicitar una eutanasia ante la menor contrariedad, como sucede en Canadá). Por otra parte, la proyección que el animalismo hace del pasado humano previo al surgimiento del utilitarismo como una época de barbarie refuerza la creencia de que la Ilustración, madre de todas las distopías del presente, es la verdadera época de la racionalidad y no una de sus más peligrosas negaciones.

En un contexto de desposesión humana como el actual solo nos queda mirar hacia adelante con un prudente retrovisor que nos permita visualizar en toda su complejidad teorías del pasado como la de la ética universal de Francisco de Vitoria, que hace de la vulnerabilidad humana la fuente de derechos y no un principio de exterminio. Vitoria, como Hegel, dio lugar a una izquierda y a una derecha vitoriana (cierta interpretación de sus teorías legitimó atrocidades cometidas en tierras extranjeras en nombre de lo que hoy denominaríamos libre mercado), pero defendió ante todo las bases naturales de la libertad humana y la necesidad de crear legislaciones que protegiesen esta. En un ejercicio de preventiva anticipación a la actual izquierda hobbesiana, que donde ve un ser humano detecta un criminal, el teólogo español aseguró, por medio de Ovidio, que “El hombre no es un lobo para el hombre, sino un hombre”. Si queremos evitar la criminal deshumanización del prójimo impulsada por el animalismo y demás golpes de estado woke, así como respetar a nuestros compañeros los animales, haríamos bien en memorizar esta máxima milenaria y en asimilar, sílaba a sílaba, su incontestable verdad.

«GRAPHIC DESCRIPTION OF PROGRESSIVISM»

El supermercado público de Ione Belarra será la ruina del españolito en dificultades

#PodemosBasura #PodemosChusma #PodemosMugre

«Todas estas promesas incrementan el gasto público, pero no generan riqueza nacional, lo que siempre obliga a que la Agencia Tributaria tenga que recaudar más y cometa más injusticias con los ciudadanos más esforzados»

La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra y la ministra de Igualdad, Irene Montero EUROPA PRESS / Gustavo Valiente.

Por Rubén Arranz en VozPopuli

Antonio (por llamarle de alguna forma) es un joven español cuya familia es especialista en el equilibrismo financiero. Su madre trabaja de dependienta y su padre -de 55 años- cobra un subsidio de desempleado de larga duración. Lo complementa con alguna ñapa en negro que sirve para llegar a fin de mes. Antonio es universitario y no pudo disfrutar de una beca Erasmus porque su cuantía era muy baja y su familia no podía prestarle apoyo con los gastos de su estancia en otro país. Tampoco pudo acompañar a sus amigos en el largo mes de Interrail que pasaron hace un año, entre sacos de dormir en estaciones de tren, bocadillos de mortadela y episodios seminales. Antonio si acaso viaja con alguna oferta de aerolínea de bajo coste y nunca por más de 100 horas. Los veranos ‘los estudia’ y los trabaja y, como hormiga, mira a las cigarras viajeras con cierto desprecio mientras el sudor gotea bajo su camisa y sueña con la suerte, ese concepto tan abstracto y tan lejano.

Estos días, ha leído en sus redes sociales que el Gobierno pagará una parte de la próxima aventura en ferrocarril de sus compañeros y ha pensado: “Ellos ya se lo podían permitir y yo tampoco iba a poder irme un mes. Vaya tontería. Vaya forma de comprar votos”.

A la familia de Antonio no le cuentan la verdad quienes hablan estos días de justicia social para convencerlos de que deben votar a su partido el próximo 28 de mayo. Resulta tentador que un Gobierno regale cheques-viaje, perritos piloto, bonificaciones de 400 euros y rentas universales. «Algo caerá», piensa su padre, mientras pide a su mujer 5 euros para tabaco, no sin tragarse cierta ración de la típica frustración de quien se siente un perdedor.

Por si fueran pocas las referencias gubernamentales a la tierra prometida, Ione Belarra ha anunciado recientemente que Podemos quiere constituir empresas públicas para todos los sectores estratégicos. Entre ellos, el de los supermercados. “Esta propuesta no le gustará a Juan Roig”, expresaba este domingo Pablo Echenique. Y la madre de Antonio pensaba: “Con lo difícil que es llegar a fin de mes, pese a lo que trabajo, y con lo que han subido los precios, quizás sea bueno votar a quienes nos defienden de verdad y quieren que paguemos menos en el súper”.

Lo que no le cuentan los portavoces de Podemos a la familia de Antonio es que todas estas promesas incrementan el gasto público, pero no generan riqueza nacional, lo que siempre obliga a que la Agencia Tributaria tenga que recaudar más y cometa más injusticias con los ciudadanos más esforzados. Generalmente, para que las hormigas asuman las cargas que las cigarras rechazan.

Esto es lo que provoca que la jefa de la madre de Antonio no pueda contratar a otra trabajadora; o que su padre no tenga grandes opciones de salir del agujero del paro por la vía del autoempleo. En ambos casos, el Estado pone sobre los emprendedores la pesada losa de la tributación desmedida. La que -dicen- sirve para pagar los hospitales, carreteras y colegios. Esos que cada vez se encuentran en peor situación, sin que nadie haya propuesto un debate serio sobre la forma de gestionarlos en el medio y largo plazo. Aquí no se habla de eso. Aquí se reparten subvenciones y se desafía a la inteligencia de los ciudadanos con propuestas como la de los supermercados públicos.

Personas fáciles de engañar

Estas iniciativas siempre resultan peligrosas porque suelen calar entre los desencantados. Las personas que deben ocuparse de su supervivencia no tienen tanto tiempo para informarse sobre los ‘asuntos públicos de relevancia’ como quienes pueden procrastinar y liberarse en su sindicato. Llenar el frigorífico, reunir el dinero necesario para pagar las facturas y ahorrar un poco por si se rompe la lavadora provoca demasiados quebraderos de cabeza y no permite concentrarse, muchas veces, en la reflexión profunda y el análisis pormenorizado de los discursos estatalistas de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Cristina Fallarás.

Pero convendría aclarar que sus razonamientos son falaces, dado que la base de las sociedades prósperas no se encuentra en la política ministerial, sino en las relaciones comerciales y de colaboración de los individuos que las conforman. Cuanto mayor sea el volumen de ellas, mejor le irá a un territorio y más dinero tendrán sus habitantes. Cuanto más se impida el libre comercio, mayor dependencia del Estado habrá y más temor a los recaudadores de impuestos, que cada vez pedirán más a los contribuyentes. 

Medidas como las que proponen Belarra y Pedro Sánchez -ni que decir la estupidez de Yolanda Díaz de dar 20.000 euros de herencia universal a los jóvenes- incrementan la factura, pero no generan beneficios, lo que provocará que a Antonio le cobren más IRPF del primer sueldo que perciba cuando termine la universidad y acceda a un trabajo cualificado, lo que dificultará su ahorro y sus proyectos personales.

Y todo ese sistema tan injusto -que paraliza el ascensor social y sangra a las clases medias- impedirá que su padre se gane la vida como autónomo, dado que entre cuotas e impuestos no le será rentable. Tampoco ayudará a sus potenciales clientes, que también estarán obligados a pagar al Estado casi hasta por respirar. Reitero: lo que les quite Hacienda no lo invertirán en la economía doméstica.

La desesperanza en un Estado socialista

También puede ocurrir algo peor, y es que el empleador que iba a contratar a Antonio quizás se lo piense dos veces a la vista de que el Gobierno cada vez pone más cargas a los empresarios, así que el muchacho probablemente se vea con un título en la mano, pero sin la capacidad de progresar. En esas condiciones, pensará: «O repartidor de Glovo u opositor«. Quizás tenga suerte y consiga una plaza pública en unos años, a base de tesón y esfuerzos por agarrar la moral para que no descienda hasta el subsuelo en los largos días de estudio. Entonces, conseguirá un trabajo indefinido, pero con un sueldo normalucho que pagarán el resto de los contribuyentes. Incluida su madre cuando vaya al supermercado y le cobren el IVA de cada producto.

«La solución podría ser un supermercado público», le dicen en Podemos. La iniciativa ha sido un desastre allá donde se ha aplicado. La URSS cayó entre desabastecimiento, estanterías vacías y colas en la calle, a 10 grados bajo cero, por una barra de pan o un paquete de arroz. En Cuba, este fin de semana disparaban con cañones de agua a los manifestantes en Guantánamo por lamentar la decisión del Gobierno de privar de carne de pollo a los menores de 13 años. En Venezuela, Hugo Chávez vendía en televisión frigoríficos al ‘precio justo’ determinado por la revolución. Ahora, el país es tan pobre y el bolivar está tan devaluado que no hay muchas más opciones que hacer una sopa con papel moneda para llenar el estómago de forma barata.

A Antonio y a su familia les dirán estos días que hay que votar al PSOE y a Podemos porque son los partidos del pueblo. Son los que reparten el dinero público entre los pobres y los que distribuyen equitativamente los recursos públicos. En Europa, esa filosofía política ha implicado el incremento imparable de las deudas y la creación de sociedades adocenadas y subvencionadas que acaban pudriéndose en su propia mediocridad mientras despotrican contra los Amancio Ortega, Juan Roig o Iberdrola de turno por el mero hecho de ser empresarios y, por tanto, de estar asociados a la codicia y la esclavitud de los proletarios.

En otras latitudes, las vertientes radicales de esa ideología han traído resultados mucho más dramáticos. Tanto, que cualquiera de sus habitantes hubiera matado por trabajar en un Mercadona con un sueldo base de 1.400 euros y 15 pagas. Que son mucho más de lo que ofrecen quienes son incapaces de crear sociedades prósperas Los intentos de colectivizar los recursos que se obtienen a partir de las relaciones comerciales han derivado históricamente en desastre, dado que no hay mayor derrochador de dinero público que el Estado que se deja llevar por las ocurrencias socialistas. Tampoco es nuevo este debate. Los escolásticos ya hablaban del ‘precio justo’ y los intelectuales de mediados del siglo XVI se preguntaban el porqué la riqueza que se obtenía en las colonias se destinaba a guerras lejanas y no a garantizar la prosperidad en España. La respuesta por estos lares ha sido siempre similar: la ceguera, las manías y la impericia gubernamental ha aplastado las buenas ideas de otros muchos.

Sobra decir que el modelo que proponen Podemos y el PSOE ni crea prosperidad ni arregla las necesidades de los pobres. Sin duda, es necesario que existan unos impuestos justos para que Antonio pueda estudiar y ascender en la sociedad hasta poder encontrar un trabajo o montar una buena empresa con la que poder pagarse el Interrail o un viaje a Cancún con sus padres. Pero quienes hoy le prometen el oro y el moro son los que más difícil le pondrán el conseguir ese objetivo. Pero eso no lo dicen en los mítines que Antonio y sus padres escuchan cuando ponen el telediario del fin de semana.

Joaquín Leguina zarandea al ministro ‘perejil’ Bolaños y lanza un recado al PSOE

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PERIODISTA DIGITAL / Joaquín Leguina, socialista de toda la vida, pero sumamente crítico con la dirección actual, vuelve a sobarle los morros al sanchismo por la última ‘hazaña’ perpetrada.

Y es que el intento de Félix Bolaños de querer colarse en la tribuna presidencial el Día de la Comunidad de Madrid sigue generando reacciones de todo tipo y no precisamente para dejar en buen lugar al ministro de la Presidencia.

El que fuera presidente de la Puerta del Sol, además último mandatario del PSOE en ocupar ese cargo (1983-1995), es claro en sus críticas a Bolaños, pero también ve la mano alargada de un Pedro Sánchez que no sabe qué hacer ya para intentar horadar el terreno a una Isabel Díaz Ayuso que se encamina a pasos agigantados para obtener la mayoría absoluta el próximo 28 de mayo de 2023.

En una intervención en ‘El Cascabel’ (13TV), Leguina no…

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