
Aquella primera vez me enteré ya de noche de que lo habían ingresado en el hospital. ¡Joooder…! Le tenía un muy especial cariño y quería verlo a cualquier precio; no sabía dónde me metía… Subí casi completamente a oscuras las escaleras hasta la planta de psiquiatría; pregunté por él, y asombrados, tanto su familia como los enfermeros me conminaron expresamente a que de ninguna manera se me ocurriera entrar en su habitación; que estaba muy muy mal y era muy tarde, me dijeron.

Cuando insistí cabezón en lo de entrar a verlo, fuese cual fuese su estado o condición, noté claramente una expresión diría hasta que de espanto en sus caras, en el cruce de sus miradas. Ni que tuviesen allí encerrado un basilisco, pensé… Para tenerlo bien vigilado y de cerca, su habitación permanecía siempre monitorizada, iluminada y abierta; y era, la situada justo junto al box del control…
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