Mes: marzo 2018

Una «esquirola»

#8-M

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A vueltas con el 8-M.

Lo explica muy bien en ABC:

«Me declaro abiertamente esquirol. O «esquirola», que diría Irene Montero, en lucha contra el diccionario de la RAE. Yo hoy trabajo, igual que cualquier otro día, no solo por necesidad y afán de independencia, sino por profunda convicción. Soy mujer, soy feminista, en el sentido original del término, y en uso de la libertad que tanto nos costó conquistar digo un NO como una casa a la huelga manipuladora y sectaria convocada por la izquierda aprovechando este día.

Basta leer el manifiesto 8-M para darse cuenta del monumental engaño en el que pretenden involucrarnos los organizadores de esta farsa. «Juntas somos más», se titula. Y una se pregunta ¿Juntas entre quiénes? ¿Juntas para qué? ¿Para «gritar bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único y destroza nuestro planeta y nuestras vidas»? (sic) ¿Para afirmar que…

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Carlos Esteban nos aclara en qué consiste «la brecha»

Carlos Esteban nos aclara en qué consiste «la brecha»

#8-M . LA FALACIA FEMINISTA.

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Y desmonta la falacia feminista

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Carlos Esteban en La Gaceta, indispensable en el día de hoy:

«Las mujeres cobran menos que los hombres -75 céntimos por cada euro es una de las proporciones más repetidas- por el mismo trabajo. Esa es la ‘brecha salarial’  tal como se presenta habitualmente y que, de ser cierta, no solo constituiría una flagrante injusticia, sino un enorme asombro, un misterio insondable.

Significaría que todos los economistas que han descrito el mecanismo del mercado yerran, que el empresario no se mueve esencialmente por el deseo de maximizar los beneficios sino que deja que un extraño prejuicio misógino se imponga a lo evidente y provechoso.

Significaría que una clamorosa vulneración de la ley es, a la vez, flagrante e ignorada por el ejército de abogados que hay en España y por todos los sindicatos, que no están llevando masivamente los casos a los tribunales.

Significaría…

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El negro xenófobo: vea cómo cortocircuita el periodismo políticamente correcto

El negro xenófobo: vea cómo cortocircuita el periodismo políticamente correcto

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Cuando la realidad no se ajusta a tu prejuicio

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No es que seamos muy fans de Salvini, un político oportunista que no hace tanto quería destruir el país que ahora dice querer salvar mientras se fotografiaba con la bandera de los separatistas catalanes. Pero esto de colocarle el cartelito de xenófobo a cualquiera que quiera limitar el flujo de inmigrantes no es de recibo.

Luego pasan cosas como éstas, cuando el ABC hace el ridículo al acusar de xenofobia a un negro originario de Nigeria. Tal y como nos explican en la noticia, «Toni Iwobi, 62 años, de origen nigeriano, reside en Spirano, un pueblo de 5.700 habitantes de la provincia de Bergamo… Llegó a Italia con 22 años, con una visado para estudiar en la universidad de Perugia, y ha sido responsable de inmigración de la Liga, elegido por el propio Salvini.

… Hace…

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La manifestación feminista desde dentro: «Saca tu rosario de mis ovarios» y otras muchas ‘lindezas’

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Nada mas empezar vemos una pancarta que nos demuestra que, efectivamente, la manifestación tiene mas que ver con la política de ultraizquierda que con los derechos de la mujer / C. Jordá

Las feministas anticapitalistas terminan la manifestación comiendo hamburguesas en el McDonalds.

Por Elena Berberana en LIBREMERCADO

«Tía, estoy cansada, la gente no anda, me duele la espalda, vamos al parque a sentarnos». Su amiga responde con una reprimenda: «Tía, solo llevamos aquí media hora, en el concierto de Lady Gaga estuvimos siete horas haciendo cola y no nos dolía nada, aunque yo también estoy harta ya». Son las 19:30h y en el Paseo del Prado no cabe ni un alma. Las feministas empiezan a desesperarse porque no pueden moverse. Pero allí están las animadoras del cotarro para que el ambiente no decaiga pese a que sólo han pasado 30 minutos de concentración.

Una joven con megáfono en mano se dirige a los miles de manifestantes que portan cientos de carteles con proclamas y grita: «¡Qué viva la lucha de la mujer obrera! ¡Sí al socialismo, no al capitalismo!«. Cientos de banderas con hoces y martillos ondean y la multitud teñida de morado corea y repite las consignas anticapitalistas mientras fuman Malboro, Lucky Strike o Chesterfield y captan el emotivo momento con sus móviles.

Numerosos dispositivos Iphone y Samsung Galaxy se alzan en el ala anarcocomunista. Además de los lazos morados, las jóvenes, en su mayoría adolescentes y veinteañeras, llevan los labios pintados del mismo color violeta. A ninguna le falta el rímel en sus pestañas, colorete, pelo alisado casi de peluquería, zapatillas Converse, Adidas, Nike o Reebok, mochilas Vans y sus lemas pintados en un cartón que antiguamente sirvió de embalaje a una SmartTV.

 

La chica que estuvo horas en una cola para ver a Lady Gaga le comenta a su amiga que «tiene sed» y necesita «que le sujete su pancarta». De su mochila John Smith saca una Coca Cola. Tras abrir la lata y beber vuelve a tomar posesión de su reivindicativo estandarte en el que se puede leer: «No al heteropatriarcado capitalista». La joven sigue bebiendo Coca Cola. El grupo de al lado, aunque está más animado, no para de quejarse. «¿Cuándo va a empezar esto a andar? ¡Me aburro!», exclama una chica con unos granos en la cara que denotan la dura pubertad que está atravesando. Lleva unas gafas de sol Ray Ban colgadas, masca chicle nerviosa y su pandilla empieza a tocar las palmas y a cantar una letra difícil de pillar. «¡Saca tu rosario de mis ovarios!«. Las chicas de alrededor, contagiadas por la original cancioncita, la repiten a la vez que pegan un ligero saltito. «¡Saca tu rosario de mis ovarios!» Y llevadas por el júbilo añaden: «¡Sola, borracha, quiero llegar a casa!».

Miles de chicas ríen y suena de fondo un clásico que todas conocen:»¡La talla 38 me aprieta el chocho!«. Los coros son ensordecedores, pero no todas cantan. Hay grupúsculos que se abstienen de gritar contra el Primmark y Zara. Cinco hembras millennials se miran entre ellas y susurran, como si estuvieran escondiéndose de la mismísima Stasi, que ellas tienen una talla 34 y 36 y que el otro día estuvieron en el Primmark de la Gran Vía comprando. Lo cierto es que no son las únicas que se muestran más honestas a la hora de no verbalizar la crítica a las medidas en costura femenina. Un círculo de chicas con las mechas teñidas de rosa y blanco permanecen calladas ante sus compañeras. «¡La talla 38 me aprieta el coño!, ¡Abajo Amancio Ortega!, ¡Abajo Inditex!«.

Cabe destacar que, paradójicamente, las protagonistas e iniciadoras de la cantinela contra el empresario gallego lucen unos pitillos que dejan entrever sus delgadas piernas de talla 34. Rápidamente cambian de tercio y ahora toca saltar de nuevo. «¡Un bote, dos botes, machista el que no bote!«. Hay que decir que no todas cantan porque las fuerzas ya no son las mismas tras cincuenta minutos esperando a avanzar. Los pocos chicos que hay botan sin pensárselo dos veces. Uno de ellos le comenta al otro que mejor que salte si no quiere que lo tachen de machirulo.

A las 20:10h muchas desisten de «su lucha feminista y obrera» e intentan salir como pueden del atolladero humano formado en el Paseo del Parque. Las del concierto de Lady Gaga ya se han ido. La marabunta se altera y un hombre no manifestante que intenta cruzar al otro lado regaña a una mujer:»¿Qué hace usted aquí con un bebé en el carrito? ¡Lo está poniendo en peligro!»

El frente comunista

Se viven algunos momentos de pánico, hay decenas de carricoches con pequeños dentro y un cartel por cada vehículo. «Huelga de cuidados a otros y al hogar». La muchedumbre se agolpa y los coches de bebé encuentran su hueco entre las bicicletas de alquiler. Algunas respiran tranquilas. Pero otras no.

La histeria empieza a apodarse en el sector del Frente Comunista. Al parecer, el motivo es que no tienen Internet en sus teléfonos. Las comunistas Instagramers feministas entran en una histeria colectiva, chillan y se preguntan unas a otras si «les va el Whatsapp» o si «pueden llamar». No, ninguna puede. «Como en Nochevieja, no funciona Internet». «¿Y cómo vamos a subir las fotos?», espeta una de ella preocupada. Las sindicalistas a lo lejos sí parecen tener mejor suerte. Están posando como auténticas modelos de la Fórmula 1. Se nota que dominan la imagen. «¿Lo has subido a Insta?». «¿Salgo guapa?». «¡Dame la barra de labios de Helena Rubinstein!», reclama entre risas y agitada la manifestante de UGT.

Cientos de chicas comienzan a andar para alivio de muchas. Hay señoras, mujeres mayores vestidas al estilo de la Pasionaria. Estas hembras maduras se escandalizan al escuchar a sus herederas. Hay una palabra que está en boca de todas: «Coño». «¡No saliste de una costilla! ¡Hombres, salisteis de nuestro coño!». «Con mi coño hago lo que quiero». «Mi coño es mío». Y agregan animadas:»¡El falo es tendencia en todos los museos, no me quedan euros para ver algo tan feo!«.

Jóvenes al rescate

Parecen muy enfadadas. La gente anda lentamente y las que se quieren escapar por los laterales, pese a llevar menos de una hora trabajando contra el heteropatriarcado, desean huir. Una valla de metal impide a cientos de ellas escapar. La rabia se apodera de las jóvenes, se forma un tapón y sollozan porque el barro está manchando sus Nike. Repentinamente unos chicos sortean el muro sin problemas y empiezan a coger a las mujeres en brazos para que puedan pasar al otro lado de la acera.

El caso es que estos héroes se ven metidos en un embrollo cuando ven que son decenas las féminas que solicitan su ayuda masculina para salvar el obstáculo de metal. Los chicos no saben qué hacer, son muchas reclamando ser salvadas de las arenas. Una de ellas sostiene una pancarta con un mensaje que hace refunfuñar a los jovencitos. «No os necesitamos hombres, el mundo sin nosotras se para». Estos buenos samaritanos se dejan los riñones, no cabe duda, su rostro refleja esfuerzo y dolor, pero ahí siguieron hasta sabe Dios.

A las 21:15 hay hambre. Es la hora de la cena, y el malvado capitalismo opresor de la mujer ya no parece ser tan malo. McDonalds, Burguer King, Telepizza y Foster Hollywood están hasta la bola. Las colas colapsan las entradas. Las femicomunistas ocupan todas las mesas y hacen filas que salen hasta la calle. La encargada del McDonalds intenta organizar a sus trabajadores para que el caos no se apodere del establecimiento. Un ejército de Big Mac, refrescos y helados desfilan por el local.

La mayoría paga con tarjeta y come mirando su Whastapp. Una de ellas expresa alegría al contemplar que su foto de la mani ha tenido 205 Me Gustaen Facebook. Su amiga con el lazo morado a medio hacer le contesta: «Es que las sudaderas Billabong son un acierto para la mani«. En la mesa de al lado cuatro musulmanas con el hijab de color morado se quedan mirando pensativas a las españolas. Las jóvenes estrellas de Facebook tiran sus pancartas a la papelera del McDonalds junto con los restos de comida sobrante de su MacMenú. Es hora de irse…

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Y OTRAS VEINTICINCO (25) FOTOS MAS. VER EN ARTÍCULO ORIGINAL.

El ropaje y la catadura

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«A caballo entre la ignorancia histórica, el postureo y la mala fe, quienes convocan una huelga general feminista para protestar por la discriminación prescinden de que sigue vigente el engendro zapateril de la ‘discriminación positiva’.»

Por  en Libertad Digital

Tras el auge del terrorismo comunista en los años 70 y 80, respaldado de modo más o menos abierto por una industria cultural inclinada a ver en Marx «sencillamente la verdad objetiva» (Sartre), la implosión soviética supuso para esa conciencia entrar en una fase de espora, donde seguiría hasta descubrir aliados en el integrismo islámico y en el imperio académico de la posmodernidad.

Roma, por ejemplo, perdió muchos catecúmenos fervorosos no suscribiendo «la preferencia de Dios por el pobre» llamada Teología de la Liberación, y explicó sus objeciones en la Libertatis Nuntius (1984), un extenso informe de Ratzinger dedicado a mostrar el compromiso de dicho movimiento con la lucha de clases. Pero desde 2013 el solideo papal lo ostenta un adalid de la rama bautizada como Iglesia del Pueblo, que hoy reclama la santificación de 69 mártires asesinados en la franja de terreno comprendida entre Canadá y la Patagonia, todos ellos por defender «la permanente e incondicional apuesta de Dios contra los encumbrados, y a favor de los humillados».

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El papa Francisco llama «pueblo de Dios» al conjunto de «los excluidos por la globalización», y está sin duda en lo cierto cuando alega que el comunismo no es un fenómeno reciente, sino fidelidad a la condena del rico –espiritual y material– expuesta por el Sermón de la Montaña, núcleo a su vez de la verdad revelada. Cree que los satisfechos son tan culpables de los insatisfechos como los prósperos de los míseros, y en 2016 se besó repetidamente con los imames supremos del Islam chiita y sunita, mediando gestos de cordialidad tan emocionada como los mostrados al encontrarse con Fidel y Maduro.

 

En El sueño zapatista, que demostró la potencia editorial del marxismo publicándose simultáneamente en nueve lenguas, el subcomandante Marcos explica que «la caída del Muro significó el desierto, la soledad, lo irreal del mundo por el que luchábamos (…) sin dar lugar a un mundo mejor, más abierto, más plural, sino a un ascenso de la derecha», y en Chiapas se celebraría el primero de los Encuentros Internacionales por la Humanidad y contra el Neoliberalismo (1996).Lo abierto es el telón de acero, y el mundo plural lo contrario de la globalización, dos paradojas ilustrativas del respeto por la coherencia que caracteriza a un espíritu enemistado ante todo con la libertad responsable, y herido allí donde cualquier ciudadanía se emancipe de caudillos redentores.

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Si coordinamos el treno jeremíaco del subcomandante con el orden prosaico de cosas, descubriremos que aquella década coincidió con los mandatos de Clinton en los USA, y en Europa con otros tantos de laborismo británico y socialdemocracia, gracias a los cuales se consolidó una inversión pública sin precedente en enseñanza, sanidad, seguros sociales y pensiones. Esto le parece al subcomandante «ascenso de la derecha», porque el realismo de cuadrar gastos con ingresos ha logrado sostener el sistema asistencial más amplio de los anales, pero es anatema para el pobrismo victimista lograrlo con innovación económica y concordia política, correlacionando prestaciones y productividad.

Desde 2000, cuando el adversario se concreta en la Organización Mundial del Comercio, los disturbios ligados a cada una de sus reuniones exhiben lo que Fernando Savater llama «izquierda centrifugada», y el Foro de Porto Alegre abre el año siguiente enumerando algo más de 1.400 tendencias –algunas unipersonales–, detalladas por sus organizadores como testimonio de fortaleza y universalidad. Todos coinciden en que «la miseria se agudiza vertiginosamente», una tesis avanzada por Marx en 1848, a su juicio compatible con que en 2018 el planeta sostenga diez veces más habitantes, y haya multiplicado por tres tanto la esperanza de vida como la renta per cápita.

Siglo y medio de experiencia no basta para tocar una coma de la idea fija, que empezó blindándose como revelación y quiso luego pasar por humanismo, basada siempre en que «los de abajo» se venguen al fin de «los de arriba». Partiendo de conceptos tan veraces como la conspiranoia, y brújulas tan ecuánimes como el rencor de clase, la idea fija da por seguro que «la fría lógica de la ganancia» debe domarse con «lo irresistible del deseo profético». Son palabras del profesor A. Negri, cuyo ensayo Imperio (2003) refleja tanto como El sueño zapatista la nostalgia por el Muro, deplorando «la facilidad con la cual cruzan fronteras las tecnologías, las personas y los bienes».

La última novedad en este orden cosas es el rencor de género, que ha decidido ligar capitalismo con virilidad como el subcomandante Marcos unía la indigencia con un crecimiento de la derecha, aunque desde finales de los años 40 hubiese optado en toda Europa por engrosar el centro. A caballo entre la ignorancia histórica, el postureo y la mala fe, quienes convocan una huelga general feminista para protestar por la discriminación prescinden, para empezar, de que sigue vigente sine die el engendro zapateril llamado discriminación positiva, como si discriminar no fuese la esencia de lo injusto, y en este preciso campo un estímulo para pervertir abierta o veladamente el principio constitucional de igualdad ante la ley, y el afán de igualar también las oportunidades.

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Tanteando hasta dónde podría la izquierda centrifugada rascar algún voto extra, y como una especie de plebiscito informal sobre el posible retroceso de Podemos y afines, dicha jornada de paro muestra la misma indiferencia hacia el rendimiento de empresas y servicios que los disconformes genéricamente con la existencia de mercancías, porque llamar la atención sobre el grupo autobautizado como 8-M prima sobre cualquier perjuicio o molestia a terceros, por supuesto de ambos sexos.

Tras almorzar, cuando Libertad Digital me invitó a escribir algo sobre esta huelga, pregunté a mi mujer qué opinaba de la iniciativa, y me dijo textualmente: «No nací víctima, y agradezco haber nacido en un país donde he tenido todas las oportunidades que quise tener». ¿Cuántas españolas piensan lo mismo? ¿Y cuántas coinciden en ver un sesgo ideológico tan siniestro como contraproducente en el paquete zapateril de medidas dirigidas a prevenir y castigar la violencia de género? Ojalá lo supiera, porque el seguimiento de la iniciativa anti «heteropatriarcal» bien podría depender mucho más de pereza y gregarismo que de plantearse el fondo del asunto, y los convocantes han dado por eso muestras de aptitud en la asignatura llamada «agitprop» desde Lenin.

En todo caso, quienes firman el manifiesto publicado anteayer llaman «a celebrar el 8 de marzo que la gran mayoría de las mujeres en España somos libres para elegir carrera profesional, trabajo y tipo de vida». Olé sus arrestos, y olé su cordura, que serán sin duda necesarios para capear la nueva invitación al resentimiento, y la deslealtad de omitir los progresos realizados. Nadie en sus cabales negará que la española puede ampliar esos logros, pero no será vistiendo a las monas de seda, ni sustituyendo una evolución gradual por decretos.

No por llamarse subcomandante perderá quien usa el alias Marcos sus ansias de Comandante Supremo, y no por representar a la Iglesia de Roma dejará Bergoglio de confraternizar al tiempo con dictadores rojos y pontífices de una religión que manda matar al apóstata, y trata a la mujer como menor de edad perpetuo. Tampoco decir que defiende la igualdad le quitará su rabia vindicativa al feminismo del 8-M, empeñado en trasladar la guerra civil al ámbito de la relación sexual.

No, yo no mato mujeres

«Ya está bien, me niego a aceptar ni la más mínima culpa por los delitos que yo no he cometido, por las actitudes que no tengo. Yo no mato mujeres, señor Fernández Vara, señoras militantes del feminismo ultra.»

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Por  en Libertad Digital

Ya está bien, me niego a aceptar ni la más mínima culpa por los delitos que yo no he cometido, por las actitudes que no tengo. Yo no mato mujeres, señor Fernández Vara, señoras militantes del feminismo ultra, no las mato ni por ser mujeres, ni por ser mediopensionistas ni por vestir de una u otra forma. No las mato, no las golpeo, no las maltrato. Nada.

Yo no soy un delincuente, mucho menos un asesino. No soy un engranaje más de una supuesta máquina de opresión, ni un eslabón nuevo de no sé qué cadena secular. Convivo con muchas mujeres en mi propia casa, en el trabajo o cuando estoy entre amigos, y las trato a todas como lo que son: personas, iguales, sin imponerles nada, pero sin dejarme imponer ningún peso moral por asesinatos que yo condeno como el que más y por delitos que a mí también me asquean.

Hay una estrategia clara para socializar determinadas culpas, en algunos casos por un fanatismo cuasirreligioso, en otros por puro rencor, en ocasiones porque es un carro del que se espera recoger un puñado de votos, a veces por simple y llana estupidez, pero la culpa no puede ser de un grupo social: en una sociedad democrática con un mínimo de justicia las culpas no son nunca ni de los hombres, ni de las mujeres, ni de los pobres, ni de los ricos… Son de los culpables. Culpables que, por cierto, son aquellos condenados por un tribunal tras un proceso con garantías, no necesariamente los que se señalan en los pseudoinformativos televisivos, las primeras páginas de los periódicos o determinadas cuentas de Twitter.

La violencia doméstica es intolerable, cualquier tipo de violencia ejercida contra una persona más débil es intolerable, sea esa persona una mujer, un niño o un hombre, y que eso ocurra entre las paredes del hogar o en el marco de una relación afectiva está claro que hace la situación mucho más dramática y dicho comportamiento más repugnante.

 

Pero el problema de las mujeres asesinadas por sus parejas no lo vamos a solucionar ni llamando a las cosas por lo que no son, ni convirtiendo a la mitad de la humanidad en potenciales asesinos y culpables sin juicio. Porque no lo somos, porque no debemos soportar esa infamia y porque tampoco lo vamos a consentir.

De lo sustancial

Enya-basta principio estoy a favor de las huelgas, ¿cómo no iba a estarlo?En Cuba las huelgas están prohibidas, como casi todo. Allí donde quiera que se implante el castro-comunismo, lo más relevante es y será siempre la prohibición, la censura, la negativa como respuesta inicial y definitiva. ¿Quién se enfrenta a eso sin correr el riesgo de la cárcel, el fusilamiento, el destierro? A estas alturas, el que lo ignore no es más que un colaboracionista del régimen, y su deplorable cúmbila.

El único sindicato de trabajadores existente en Cuba, la CTC, fundado antes del año fatídico, 1959, se preocupa más –desde hace 59 años– de ejercer su servidumbre al castrismo que de defender los derechos de los obreros. Varios documentos y documentales atestiguan este hecho.

Entonces, reitero, apoyo el derecho de los trabajadores a las protestas sociales mediante huelgas. Ojalá esas huelgas pudieran hacerse en Cuba, aunque esa huelga de brazos caídos, de alguna manera, lleva décadas ejerciéndose y es reflejada de manera oblicua en el desgano, apatía y desidia de los ciudadanos.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con la huelga de mujeres del 8 de marzo. No puedo apoyar principios que no me representan como mujer ni como feminista, y mucho menos como persona. Tampoco creo que sea una huelga reivindicativa de derechos, estamos ante un lamentable espectáculo provisto de odios, resentimientos y actos politizados y vengativos. No me interesa esa muestra espantosa de cretinismo y de eliminación de un supuesto adversario que ya ni siquiera es para ellas el macho, sino el capitalismo, representado exclusivamente por el hombre.

 

No y no. No, porque no es una huelga, es una afrenta bruta y bestial, gratuita y mezquina, exenta de intelecto, por no llamarlo sencillamente, juicio. Es un ultraje, un agravio, de esa izquierdona malcriada, que con sus millones pretende zaherir y vilipendiar, antes que acordar y solucionar. Su mayor argumento es el chillido, el arañazo, la fútil impertinencia.

Situemos lo sustancial:

Antes que feminista soy mujer. Antes que mujer soy un ser humano. A menudo antes que ser yo soy otro.

No se trata de un conflicto sexual o sexista.

Estamos frente a un estallido de la bestialidad contra la humanidad, de hostilidad al razonamiento, del sentimiento frente a la sensibilidad.

No cuenten conmigo para ninguna sublevación que aniquile a la inteligencia.

 en Libertad Digital

Las actitudes sociales de los inmigrantes musulmanes siguen siendo «más asombrosas» cuanto más tiempo viven en Europa

#StopIslam

Ante la colonización ideológica de género, ¡Despertad!

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A día de hoy trece Comunidades Autónomas gobernadas por partidos de diverso signo político han aprobado leyes denominadas genéricamente LGTBI. En todas ellas, sin excepción, se atenta contra ese bien fundamental del hombre que es su libertad. Estas leyes, que están ya vigentes, en su mayoría, conculcan derechos básicos de las personas, como son: la presunción de inocencia, la libertad de expresión, la igualdad, la libertad de cátedra, la seguridad jurídica, el derecho de los padres a educar a los hijos según sus convicciones, etc.. Y en especial atentan contra los más vulnerables, los menores, conculcando el principio del interés superior del menor.

El iter legislativo, puede culminar en breves semanas con la aprobación en el Congreso de los Diputados de la “Proposición de ley de Podemos contra La discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales”.

Esta Proposición, lejos de perseguir lo que afirma, no solo atenta contra numerosos derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución, sino que trata de imponer una ideología, una forma de concebir al hombre, violentando la ciencia bajo unos parámetros no científicos, y todo ello en un marco de absoluto relativismo moral, con el perverso sello de estimular guerras y odios entre iguales. Por supuesto, con la prescripción y aplicación de sanciones para el que disienta. Única forma de hacer prevalecer a una ideología contraria a la naturaleza.

Esta ley prevé una legislación específica, para un determinado grupo de personas, en función de su orientación sexual, produciendo una discriminación con cualquiera otro que entienda la sexualidad de manera diferente.

El sexo biológico desaparece frente al “sexo sentido”. Los menores podrán recibir tratamientos irreversibles que, según dictamina la Asociación de Pediatras Americana, hacen un profundo daño a los niños.

Se prohíben tratamientos para revertir el sexo hacia la heterosexualidad, aun pudiendo ser esta la voluntad del paciente.

Introduce en la escuela una determinada forma de entender la sexualidad, siempre contraria al sexo biológico y a la evidencia científica, violentando el derecho de los padres y se transgrede la clara obligación de absoluta neutralidad del Estado en estas cuestiones.

Culpabiliza a todo aquel que pueda disentir, imponiendo sanciones de forma discrecional a quien sea denunciado por discriminación, con el único parámetro subjetivo del sentimiento del presunto ofendido.

Todo ello bajo la excusa de igualdad y no discriminación, que encierra toda una estrategia para modificar culturalmente nuestra sociedad y subvertir los valores en los que se asienta nuestra Carta Magna. ¿Cómo no defender la igual dignidad de toda persona? ¿Cómo no luchar contra cualquier tipo de discriminación? ¿Cómo no crear en los colegios pautas en contra de cualquier ataque a un compañero? Pero… lamentablemente, esta no es la intención. Nuestro ordenamiento jurídico actualmente responde ante estos posibles ataques.

La ley de Podemos, que es muy parecida en sus postulados a la aprobada por unanimidad en la Comunidad de Madrid, y que conlleva en ambos casos sanciones a quien disienta, ha sido objeto de una enmienda a la totalidad presentada por el GPP. Una enmienda que trataba de que se aprobara un texto, por otra parte innecesario, de no discriminación. Un gran avance, si se hubiera aprobado, con respecto a todo lo anterior (aunque pueda disentir de parte de su contenido). Pero, en mi opinión, esta enmienda iba más dirigida a dar una pátina de cordura y trasladar un mensaje a sus votantes, que realmente a defender lo obvio.

“Paroles, paroles, paroles…” se oyó en el hemiciclo.

Un discurso consistente, que denunciaba vulneraciones de derechos fundamentales, que era digno de alabar, y que hacía falta oír, pero en el que se introdujo, justificando a modo de torpe excusa, que en las Comunidades Autónomas donde se gobierna, existen leyes similares que ya se están aplicando. Madrid, Galicia, Extremadura o Murcia. Esa reafirmación, no parece muy coherente. Porque esas leyes autonómicas, que adolecen de los mismos errores que denuncian para la Ley de Podemos, se están aplicando, introduciendo sus pautas culturales, y sancionando a quien disienta. Lo hemos podido comprobar con el director de un colegio en Madrid, perteneciente a la institución educativa Educatio Servanda.

En su virtud, y atendiendo a la coherencia, la Plataforma por las Libertades, formada por más de cien asociaciones, reivindica la derogación de estas leyes autonómicas, que contradicen de forma evidente el discurso del PP en el hemiciclo, y lo que es más importante, contradicen la Constitución Española.

Ahora bien, la consagración de la colonización ideológica a nivel nacional, viene de la mano de Podemos y, lamentablemente, con el apoyo fundamental de los dos partidos PSOE y Ciudadanos. El resto de grupos parlamentarios que componen la Cámara han dado el visto bueno a la tramitación de la Ley (excepto PP y UPN del GP mixto). Auspiciada por la izquierda esta revolución social de deconstrucción del hombre y la familia, encuentran ahora, la inestimable ayuda de Ciudadanos, que aprovecha cualquier oportunidad para crear inestabilidad, con afán oportunista, sin importarle la defensa de tal o cual derecho incuestionable del hombre.

El procedimiento requiere en este momento, que el texto acometa el trámite de enmiendas parciales. Si se aprueba en sus términos actuales, se consagrará a nivel nacional, “el ataque a la libertad, en nombre de la libertad”, como afirma Gabrielle Kuby. Esta nueva ley que de principio a fin, persigue una colonización ideológica, poco podrá mejorarse con unas enmiendas parciales. Podrá minorar sus graves efectos, pero…, ojalá me equivoque, se utilizará la demagogia imperante para, en nombre de la libertad, atentar contra las libertades y sobretodo hacer un gravísimo daño a los niños. Porque,cuando se atenta contra la verdad del hombre, se hace precisamente más daño a aquellos a quien se dice defender.

Serán en fin los Tribunales y en concreto el Tribunal Constitucional, quienes tendrán que dirimir, después de pasado un tiempo su legalidad o constitucionalidad. Es la consecuencia de la actitud de políticos y gobernantes que en unos casos delegan su función representativa en ellos, como estamos viendo últimamente (y como ha ocurrido con el ya olvidado tema del aborto) y en otros casos como éste, legislan en contra de sus propios ciudadanos. Han pasado casi ocho años desde que se presentó el recurso contra la actual Ley del Aborto en el Constitucional, por lo que, podemos concluir, que en similares circunstancias, se habrán conseguido para entonces parte de sus objetivos de normalización aceptación e irreversibilidad.

Ante esta desoladora situación política, en tema tan trascendente, solo nos queda…. ¡Despertar!Un despertar que ha de comenzar por recordar a nuestros representantes cuál es su verdadera obligación. Y si no es la defensa de las libertades… ¿Cuál es entonces?

Lourdes Méndez Monasterio 
Coordinadora de la Plataforma por las Libertades

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Las mujeres no nacemos víctimas

Las mujeres no nacemos víctimas

#8M

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Importante manifiesto contra las mentiras de las feministas del 8-M

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No todas las mujeres se tragan las patrañas del feminismo odiador. Es más, la mayoría de las mujeres no necesitan odiar a los hombres para sentirse libres.

Frente al odio de la huelga del 8 de marzo, unas cuantas mujeres valientes han lanzado este manifiesto:

«En el Día de la Mujer nos proclamamos en deuda con aquellas mujeres que lucharon por conseguir la igualdad de derechos y deberes entre los sexos. También expresamos nuestra inquietud ante una corriente de opinión supuestamente feminista que pretende hablar en nombre de todas las mujeres, imponerles su forma de pensar y retratarlas como víctimas de nacimiento de lo que llaman el heteropatriarcado. Nosotras no nos reconocemos víctimas de nuestros hermanos, parejas, padres, hijos, amigos y compañeros, nuestros iguales masculinos. Nos rebelamos contra esa política de identidad que nos aprisiona en un bloque…

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