Mes: mayo 2017

«Las dos Españas»

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«La lucha de clases es un mito…clase se tiene o no se tiene; el conflicto radica en la envidia de quienes no la tienen» (Joao Camoens do Amonal, célebre poeta y sublevado portugués)

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«El buen porte y los buenos modales, abren las puertas principales» (anónimo; seguramente de alguno que tenía buena educación)

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Como hoy es Domingo, me guardo de escribir mucho, me limitaré a fotos y videos; quienes tienen clase entenderán, y quienes no seguramente se mosquearán sin saber exactamente el porqué.

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¿Ven a lo que me refiero?

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Contrastando con lo que es tener clase incluso montando en bici

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En modo audiovisual también nos retratamos, comparen…¡modales! (y coherencia)

VIDEOS

Ellos mismos se lo dicen….¿lucha de clases?…más quisieran.

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Evolecionando Evoleciones

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EVOLETION MAN!!!

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Existe una EVOLUCIÓN y también una EVOLECIÓN, que es el modo que tienen de entender la Evolución Jordi Évole y otros Iluminados; porque el Évole sólo presta el nombre de marca (Evoleción) al discurso de estas luminosas aunque taradas lámparas, que cual astros en el firmamento infinito, nos alumbran el camino con la luz de su único y sublime conocimiento; ¡TOMA YA!…

Hoy veo un tweet del Jordi Évole (Evoletion Man), a propósito de un supuesto «vaciamiento» de Doñana, en el que filosofa sobre si el progreso «tiene que ser sinónimo de crecimiento, de tener más» después de proponer un replanteamiento de lo que se entiende como progreso. No deja de ser curioso cómo a los progresistas, siempre tan seguros sobre todo lo divino y humano, les agrada tanto usar la palabra «replantear»; tampoco es que les haga mucha falta entender el significado de un vocablo para repetirlo si les gusta como suena, y lo de «tener que replantearnos qué entendemos por progresismo», además de sonar bien,  queda de lo más aparente…

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La corrupción en España es sistémica

La corrupción en España es sistémica

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No es una anécdota. La solución pasa por reducir el intervencionismo administrativo.

corrupcion

Interesante y realista aportación al debate sobre la corrupción en nuestra patria a cargo de Lorenzo B. de Quirós. No estamos tomando las medidas para evitar que esta plaga se acabe, más bien al contrario:

«Los últimos episodios de corrupción conocidos por la opinión pública y que han saltado a las primeras páginas de los medios de comunicación no constituyen un caso aislado, sino la punta de un iceberg que refleja la existencia de un problema sistémico en la democracia española. Esta situación tiene dos efectos letales. Por un lado, su impunidad mina la legitimidad de la democracia; por otro, provoca una ineficiente asignación de los recursos, daña el desarrollo del sector privado y es lesiva para el crecimiento.

(…)

Con su impropio comportamiento, el corrupto incumple su deber de ejercer su función de acuerdo con…

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Lección «republicana» de Memoria histórica

Lección «republicana» de Memoria histórica

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Una esquela que hace pensar

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Lo explica Francisco José Fernández de la Cigoña en su popular blog «La cigüeña de la torre«:

«Apareció en el número del 1 de mayo.

Y dice así:

LXXX Aniversario de

El Señor

Don Fabriciano Posada Codón

Maestro de la República

Inspector de Primera Enseñanza de la Provincia de Oviedo

Falleció en Cangas del Narcea (Asturias)

En mayo de 1937

Víctima del desgobierno y del odio frtricida, natural de Arrabalde (Zamora), estudiante en el seminario de Astorga. Maestro en Alija (León), y activo militante del sindicato FETE-UGT.

D.E.P.

Tu esposa y también maestra doña María Alonso Zorita, y tus hijos María-Jesús, Fabriciano, Caridad-Rosa y Esperanza, que murieron con la herida de tu temprana desaparición sin fecha ni lugar concretos para poder honrarte nunca te olvidaron; y tus nietos, que hemos vivido en una España en paz y además en convivencia democrática, igualmente te…

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El pacto con los nacionalistas vascos nos va a costar un ojo de la cara

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La corrupción sistémica del sistema del 78 en todo su esplendor

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Enrique García-Máiquez pone el dedo en la llaga, del PP… y de Ciudadanos. Lo escribe en el Diario de Cádiz:

«Cuando se discute tanto sobre los stagiers, alguien habrá caído en la cuenta de que el resto de los españoles somos los stagiers del cupo vasco, trabajando para pagar el privilegio. Esto lo denunciaba antes Ciudadanos con valor y desprecio del peaje político que pagaría sobre el territorio foral. Eso hay que reconocerlo.

Ahora, sin embargo, lo que hay es que verlo. Los de Albert Rivera han pactado los presupuestos con el PP y el PP, para rematar su carambola a tres bandas, ha pactado con el PNV, como le gusta. Nos va a costar un ojo de stagier de la cara de tontos. ¿Se plantará Ciudadanos, exhibiendo coherencia con sus postulados de ayer?

Parece que…

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¿Ya has visto el Defraudabús por tu barrio?

¿Ya has visto el Defraudabús por tu barrio?

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Carmena lo está buscando como loca para inmovilizarlo

defraudabus

Es el bus que los de Podemos prefieren esconder. El bus de la hipocresía, de la falsa superioridad moral de la ultraizquierda. Incluyendo ya su última incoporación, Javier Bardem.

Mi querida y corrupta España

MQE

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Rebelión en la Gala (I)

Avatar de Kaw-djerContra la ley "antitabaco"

El pasado martes se produjo un extraño acontecimiento en la Met Gala de Nueva York.

Vamos a tomar las palabras de la famosa revista Vogue para describirlo:

vogue news

© SNAPCHAT

DAKOTA JOHNSON EN EL BAÑO DE LA GALA MET 2017.

Bailar, fumar y beber en el baño del Met, por Dakota Johnson

Las fotos y vídeos de la actriz y otras tantas ‘celebrities’ en los servicios del museo han confirmado lo que ya sospechábamos: la verdadera fiesta sucedió allí

3 de mayo de 2017

María Mérida Se da por sentado que la Gala Met es la madre de todas las fiestas pero si tenemos en cuenta que algunos de los invitados más célebres decidieron trasladarse al baño del Museo Metropolitan durante el mencionado evento, quizá deberíamos cuestionar dicha afirmación. Y es que al final la verdadera magia de una fiesta surge en los lugares más inesperados, ya sea el…

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La mano que mece la cuna, de nuevo

Avatar de Kaw-djerContra la ley "antitabaco"

Porque nos hacemos mayores y la permanencia de la memoria es escasa, hay que contar las historias a los más jóvenes, a los que van llegando.

Debe hacerse con pasión, pero también con frialdad. Frialdad en cifras, héroes y villanos. Todo es más complicado que lo que nos cuenta un tuit.

Decía Reverte, jugándosela pero protegiendo los flancos, acerca de algunos soldados españoles en la IIGM (énfasis en negrita, mío):

… también ellos pelearon en Rusia con una dureza y un valor extremos, en un infierno de frío, nieve y hielo, en el frente del Voljov, en la hazaña casi suicida del lago Ilmen (los 228 españoles de la Compañía de Esquiadores combatieron a 50º bajo cero, y al terminar sólo quedaban 12 hombres en pie), en el frente de Leningrado o en Krasny Bor, donde todo el frente alemán se hundió menos el sector donde, durante el día…

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Breve retrato del joven progresista. / Brief portrait of the young progressive. (SPANISH/ENGLISH)

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POR Agustín Laje Arrigoni

Progreso no es lo mismo que progresismo. Lo primero designa la cualidad de un hecho o una serie de hechos específicos que permiten el avance en algún campo de la realidad; lo segundo es la ideología según la cual todo hecho novedoso entraña esta cualidad. Es en virtud de esta diferenciación conceptual que debemos retratar al joven progresista de la sociedad occidental contemporánea.

En efecto, deslumbrado por toda novedad —por su mera condición novedosa— el joven progresista es parte del paisaje socio-político de nuestros tiempos. Podemos verlo en Facebook dedicando algunos minutos de su día a despotricar contra las “multinacionales”, a través de su MacBook último modelo que compró en su último viaje a Europa debidamente financiado por papá; en Change.org firmando peticiones para proteger al tigre de bengala y, al mismo tiempo, otras para legalizar el asesinato del ser humano por nacer que indulgentemente denomina “interrupción del embarazo”; en Twitter condenando al “heterocapitalismo patriarcal” en 140 caracteres por la violación que una joven sufrió ayer, en manos de un violador que la justicia (con minúscula) soltó anteayer en virtud de la ideología garantista que el joven progresista también defiende en sus próximos 140 caracteres.

El joven progresista es un producto bien diseñado por la institución educativa y los medios de comunicación dominantes. Probablemente no lo sepa, pero es el hijo necesario de la crisis histórica del marxismo clásico que derivó de la absorción de la clase obrera por el capitalismo avanzado. Habiendo quedado huérfana de su sujeto revolucionario arquetípico, la izquierda se replegó sobre la juventud que protagonizó en la década del ’60 hechos de trascendencia mundial como el Mayo Francés, los movimientos contraculturales y la emergencia de la New Left norteamericana.

Claro: quienes en aquellos tiempos eran jóvenes, hoy son los adultos que educaron al joven progresista contemporáneo. El problema, no obstante, es que a diferencia de sus antepasados progresistas, el joven progresista de nuestros días ha dejado de ser contracultural: se ha convertido en una figurita repetida y verdaderamente mainstream de un espacio ideológico4 que intercambió la guerra de guerrillas por los viajes de mochileros, también financiados por mamá y papá.

Debe remarcarse a este respecto que el desprecio que el joven progresista siente por los mayores, sus valores y jerarquías “alienantes”, es directamente proporcional sin embargo al uso que aquél hace de los frutos del también “alienante” trabajo que éstos desarrollan. Algo debe quedar claro: no hay joven progresista sin acceso a la tarjeta de crédito de mamá y papá. Aquélla siempre está lista para ser reventada, preferentemente en viajes multiculturales capaces de encubrir la vorágine de consumo capitalista (en la que el progresista tanto adora zambullirse) detrás de algún famélico ser humano del mundo sub-desarrollado que será congelado en una fotografía de IPhone, debidamente subida a las redes sociales con alguna nada novedosa reflexión que culpabilice al “capitalismo salvaje” del hambre de este pobre hombre, que jamás conoció ningún capitalismo por cierto.

Para el joven progresista, la única cultura que no debe ser conservada es la de su propia sociedad. De ello resulta una de sus acusaciones favoritas: “¡etnocéntrico!”, dirá apuntando con el dedo a todo aquel que ose criticar culturas diferentes de la propia, levantando una suerte de protección epistemológica que, mientras permite escandalizarnos respecto del hecho de que el hombre occidental prefiera una mujer sin vello en las axilas a aquellas que desean dejarse vello y teñirlo de azul o de rosa, cierra la posibilidad de toda crítica por ejemplo a culturas que practican la ablación sobre la mujer: es decir, la mutilación de su clítoris. Las africanas e indígenas son, claro, culturas chic.

No importa que la cultura foránea produzca atraso y pobreza. El progresismo, ya lo dijimos, nada tiene que ver con el progreso: es apenas su deformación ideológica. Nada podría ser más claro para ejemplificar el caso que las culturas indígenas: no importa que sus condiciones culturales impidan todo atisbo de modernización económica; importa “conservarlos” y fomentar ideológicamente su atraso, como quien desea conservar alguna especie en algún zoológico que esporádicamente visita para pasar el tiempo libre mirando ejemplares extraños del mundo animal. ¿No es esto lo que hace, en efecto, el joven progresista cuando al regresar de sus viajes de mochilero comenta a sus amigos —con sonrisa de oreja a oreja, como quien se topa con algún objeto hasta el momento desconocido pero fascinante— sobre “las cholas” que vio en algún destartalado medio de transporte del altiplano sudamericano?

El joven progresista sobreestima su papel y su realidad. Se ve a sí mismo como un ejemplar del “hombre nuevo”, pero no como el “hombre nuevo” que llamaba a construir el Che Guevara, dedicado con rudeza al más duro trabajo por meros incentivos morales, sino más bien como el “hombre nuevo” de Herbert Marcuse, un hombre con “sensibilidades” presuntamente superiores que hoy traducimos en lloriqueos banales y safe spaces universitarios: esos cuartos especiales con los que ya cuenta en Estados Unidos para encerrarse cuando alguien dicen algo “ofensivo”.

Es entendible que esta sobreestimación haga del joven progresista un completo narcisista. Él está convencido de ser poseedor de una mente superior, “de avanzada”, “propia de los tiempos que corren”. Por ello califica de “retrógrado” a todo aquel que no festeje sus trillados slogans, como si la historia tuviera un orden preestablecido de manera necesaria: una suposición que en el marco de la filosofía de la historia nada tiene de novedosa, valga aclarar. Pero el joven progresista cree, en el fondo, ser un “libre pensador”; un tipo hecho a sí mismo, ajeno a las “estúpidas tradiciones y creencias” del medio que lo rodea. La verdad sobre él es que no es mucho más que un pobre diablo fabricado en serie, un muñequito hecho a medida, cuyos moldes pueden ser fácilmente advertidos en cualquier película de Hollywood o en cualquier serie de NetFlix: su arquetipo no es ya el proletariado marxista, sino el protagonista del filme “Into the Wild”.

Producto que se cree a sí mismo original, pero que rebela en su praxis su producción serial, el joven progresista no es tampoco difícil de identificar en sus gustos y usos del lenguaje. “Sensibilidad social”, “Redistribución de la riqueza”, “Pueblos originarios”, “Enfoque de género”, “Popular”, “Pueblo”, son algunos de los sobreutilizados conceptos que forman parte de su lenguaje afirmativo; “capitalismo salvaje”, “afán de lucro”, “neoliberalismo”, “patriarcado”, “cisgénero”, “imperialismo”, “heterocapitalismo”, “genocidio blanco”, “hombre blanco heterosexual”, son algunos de los componentes de su lenguaje condenatorio. Cada vez que pronuncia alguno de estos significantes, se siente parte de los que buscan “un mundo mejor”, por supuesto.

Lo interesante de esta reproducción en masa que está en el origen de nuestro joven progresista, es que esconde relativamente bien su propia dinámica detrás un convencimiento contracultural que ya no puede ser sostenido por mucho tiempo más. En efecto, el joven progresista hoy es hegemónico: su rebeldía hoy es conformismo; su lucha política hoy es divertimento; sus consignas hoy son pose; su estética hoy es tendencia mainstream; su ideología hoy es obligación; su vocabulario hoy es redundancia; su revolución hoy es una cortina de humo que protege al establishment.

Algo de esto debe haber visto Johnny Rotten, vocalista legendario de Sex Pistols, cuando recientemente dijo que el antiprogresismo es, en los días que corren, el “nuevo punk”.

inglaterra

ENGLISH 

Progress is not the same as progressivism. The first designates the quality of a fact or a series of specific facts that allow the advance in some field of reality; The second is the ideology according to which every new fact involves this quality. It is by virtue of this conceptual differentiation that we must portray the progressive young man of contemporary Western society.

In fact, dazzled by any novelty-by its very novel condition-the young progressive is part of the socio-political landscape of our times. We can see him on Facebook spending a few minutes of his day ranting against the «multinationals», through his latest model MacBook bought on his last trip to Europe duly financed by Dad; At Change.org, signing petitions to protect the Bengal tiger and, at the same time, others to legalize the murder of the unborn human being that he indulgently calls «termination of pregnancy»; On Twitter condemning «patriarchal heterocapitalism» in 140 characters for the rape that a young woman suffered yesterday, in the hands of a rapist that justice (with lower case) released the day before yesterday by virtue of the guarantor ideology that the young progressive also defends in his next 140 Characters.

The young progressive is a product well designed by the educational institution and the mainstream media. He probably does not know it, but he is the necessary child of the historical crisis of classical Marxism that derived from the absorption of the working class by advanced capitalism. Having been left orphaned by her archetypal revolutionary subject, the left retreated over the youths who staged in the 1960s events of global significance such as the French May, the counterculture movements and the emergence of the New Left.

Of course: those who in those days were young, today are the adults who educated the young contemporary progressive. The problem, however, is that unlike his progressive ancestors, the progressive young man of today has ceased to be countercultural: he has become a recurrent and truly mainstream figure of an ideological space4 that exchanged guerrilla warfare for travel Of backpackers, also financed by mom and dad.

It should be pointed out in this connection that the contempt that the young progressive sees for the elders, their «alienating» values and hierarchies, is directly proportional to his use of the fruits of the «alienating» work that they develop. Something must be clear: there is no progressive young man without access to the credit card of Mom and Dad. This is always ready to be busted, preferably on multicultural trips capable of covering up the vortex of capitalist consumption (in which the progressive so much loves to dive) behind some starving human being in the underdeveloped world that will be frozen in a photograph of IPhone, Duly uploaded to social networks with some nothing new reflection that blames «savage capitalism» on the hunger of this poor man, who never knew any capitalism by the way.

For the young progressive, the only culture that should not be preserved is that of their own society. This is one of his favorite accusations: «ethnocentric!» He will point his finger at anyone who dares criticize cultures different from his own, raising a kind of epistemological protection that, while allowing us to scandalize about the fact that man Western preference for a woman without hair in the armpits to those who want to leave their hair and dye it blue or pink, closes the possibility of all criticism for example to cultures that practice ablation on women: that is, the mutilation of their clitoris. African and indigenous are, of course, chic cultures.

It does not matter that foreign culture produces backwardness and poverty. Progressivism, as we have said, has nothing to do with progress: it is hardly its ideological deformation. Nothing could be more clear to exemplify the case than the indigenous cultures: it does not matter that their cultural conditions prevent any hint of economic modernization; It is important to «preserve» them and ideologically promote their backwardness, as if they want to preserve some species in a zoo that sporadically visits to spend their free time looking at strange examples of the animal world. Is this not what the young progressive man does when he returns from his backpacking trips to his friends – with a smile from ear to ear, like someone who encounters something unknown yet fascinating – about » The cholas «that he saw in some ramshackle transport of the South American highlands?

The young progressive overestimates his role and his reality. He sees himself as an exemplar of the «new man,» but not as the «new man» who called for the construction of Che Guevara, rudely dedicated to hard labor for mere moral incentives, but rather as the «new man «By Herbert Marcuse, a man with supposedly superior» sensitivities «that today we translate into banal whining and university safe spaces: those special rooms with which he already counts in the United States to lock himself up when someone says something» offensive «.

It is understandable that this overestimation makes the young progressive a complete narcissist. He is convinced of being a possessor of a higher mind, «advanced», «own of the times that run.» For that reason, he describes as «retrograde» anyone who does not celebrate his trite slogans, as if history had a pre-established order in a necessary way: an assumption that within the framework of the philosophy of history has nothing new, worth clarifying. But the young progressive believes, at heart, to be a «free thinker»; A self-made type, oblivious to the «stupid traditions and beliefs» of the environment around him. The truth about him is that he is not much more than a poor serial devil, a tailor-made doll whose molds can easily be noticed in any Hollywood movie or any series of Netflix: its archetype is no longer the Marxist proletariat , But the protagonist of the film «Into the Wild».

A product that believes itself original, but that rebels in its praxis its serial production, the young progressive is not difficult to identify in his tastes and uses of language. «Social Sensitivity», «Redistribution of Wealth», «Original Peoples», «Gender Approach», «Popular», «People», are some of the overused concepts that form part of their affirmative language; «Wild capitalism,» «profit-seeking,» «neoliberalism,» «patriarchy,» «cistern,» «imperialism,» «heterocapitalism,» «white genocide,» «heterosexual white man,» are some of the components of his language condemnatory. Whenever you pronounce any of these signifiers, you feel part of those who are looking for «a better world,» of course.

What is interesting about this mass reproduction that is at the origin of our young progressive is that he hides his own dynamics relatively well behind a countercultural conviction that can no longer be sustained for much longer. In fact, the young progressive today is hegemonic: his rebellion today is conformism; His political struggle today is fun; His slogans today are pose; Its esthetics today is mainstream trend; His ideology today is an obligation; Their vocabulary today is redundancy; Its revolution today is a smokescreen that protects the establishment.

Some of this must have seen Johnny Rotten, legendary vocalist of Sex Pistols, when he recently said that anti-progressism is, in these days, the «new punk.»

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Los cristianos iraquíes: "ISIS nos dijo, que le entregáramos todos nuestro dinero, o de lo contrario nos dispararían en la cabeza"