Mes: julio 2012

INDIANA JONES CAT

 

YUSSUF EL FUTBOLISTA.

 

Un corresponsal de noticias, cubriendo la guerra en Irak, se entera que hay un jugador de fútbol excelente, que tiene en promedio tres goles por partido, y se lo comunica al entrenador de la selección venezolana Richard Páez.

Richard, a pesar de la guerra, viaja a Bagdad y ve que, efectivamente, Alm Yussuf es un fuera de serie que hace tres goles en cada partido.

Después de rápidas negociaciones, y por un precio muy alto, Alm Yussuf es traído a Venezuela. Luego de una semana, se le incluye en el Caracas FC y lo alinean contra el Carabobo FC en el estadio Brígido Iriarte. En ese juego, su debut, hace tres goles, y gana su equipo, convirtiéndose en el nuevo ídolo de los seguidores del Caracas FC.

Preocupado por su familia, y para presumirles lo bien que le había ido en el partido que acababa de jugar, Alm Yussuf, la llama desde el mismo estadio Brígido Iriarte en Caracas.

Su esposa Nadim contesta el teléfono compungida y le dice: .- “Por aquí todo mal. Esta mañana mataron al abuelo, y al medio día una banda armada intentó entrar a la casa. Hace un momento, a nuestro hijo Yassim lo golpearon en la calle sin ninguna razón. Y no te lo quería decir, pero. Hace dos días quisieron violar a la nena y a mí me robaron todo lo que tenía encima, y, además, no podemos dormir por los tiros, el ruido, las sirenas y los gritos de la gente. ¡Y todo por tu culpa!”

Y Yussuf le responde: .- “¿Y por qué por mi culpa? ¿Qué culpa tengo yo…?”

Y la mujer le contesta: .- “¿Y quien coño nos trajo a vivir a Venezuela?”……………

VAN DER GRAAF GENERATOR – » AFTERWARDS «

 

Siguiendo con el primer album de Van Der Graaf, ahora si, ahora subo el tema que abre el album «The Aerosol Grey Machine» que, como apunté en el post anterior, es de 1.969.

Este tema no es tan «oscuro» como el otro, es más lírico y muy bello. Es una armoniosa melodía con una  base simple de batería y bajo, acompañada con esporádicos rasgueos de  Hammill en su guitarra acústica y por supuesto, su magnífica voz con todas sus ricas tonalidades, el cuadro se completa con un excelente trabajo con el órgano creando un efecto de arrastre muy singular más una formidable entrada de piano sobre la mitad del tema y  en los estribillos, Evans realiza  cambios de ritmo ligeros con la  batería, además de utilizar  variados elementos percusivos. El tema es  rock progresivo de ritmo lento, cadencioso y claramente psicodélico.

No olvidemos que estamos en el año 1.969 y estos genios no se sustrajeron ni mucho menos al rollete psicodélico que dominaba el panorama del rock, incluso entre los grupos de rock más progresivo.

En resumen, una obra lírica y muy bella. Es un auténtico «trippy» tranquilo, para flotar (y flipar, jejejejejejee).

VAN DER GRAAF GENERATOR – » AFTERWARDS «

You stare out in yellow eyes larger than my mind;
In viscous pools of joy, relaxing, we glide…
It’s all too beautiful
For my mind to bear
And, as we shimmer into sleep, something’s unshared.

But, seeing the flower that was there yesterday,
A tear forms just behind the soft peace of your shades….
The world’s too lonely
For a message to slip
But between the dying rails of peace
You trip.

The petals that were blooming are just paper in your hand;
Your eyes, which were clear in the night, are opaque as you stand.
It was too beautiful 
For it to last…
These visions shimmer and fade out of
The glass.

The petals that were blooming are just paper in your hand.

Miras fijamente a los ojos de color amarillo más grande que mi mente; 
En las piscinas de viscosa de la alegría, relajación, nos deslizamos … 
Es demasiado hermosa 
Por mi mente para llevar 
Y, como brillan en el sueńo, algo no compartido. 

Pero, viendo la flor que estaba allí ayer, 
Una lágrima se forma justo detrás de la paz de sus tonos suaves …. 
El mundo es demasiado solitario 
Para que un mensaje de deslizamiento 
Sin embargo, entre los rieles mueren de paz 
Su viaje. 

Los pétalos que estaban en flor son sólo papel en la mano; 
Sus ojos, que eran claras en la noche, son opacos mientras está de pie. 
Era demasiado hermoso 
Para que dure … 
Estas visiones brillo y desaparecer de la 
El vidrio. 

Los pétalos que estaban en flor son sólo papel en la mano.

 

FACEBOOK SHOW. Las cosas que se trincan por el “Feisbú” ( – IV – )

 

 

¡¡¡CHSSSST…NO MIRES PERO MUCHO ME TEMO QUE HEMOS SIDO DESCUBIERTOS!!!

 

Absolutely majestic ( 3 D full screen !!! )

BELLISIMO!!!!! y os dejo la URL debajo para quien quiera verlo a pantalla completa, ES IMPRESIONANTE.

Poned también altavoces o casos pues la música tampoco tiene desperdicio.

 

http://www.youtube.com/watch_popup?v=W-Zk8WqCAf4&feature=related

VAN DER GRAAF GENERATOR – » INTO A GAME «

Ladys and gentlemans, mademoiselles, madames et monsieurs, señoritas, señoras y caballeros, es viernes por la tarde, estamos metidos en el el weekend y tengo ganas del mejor rock progresivo y sinfónico de toda la historia por tanto, para ello, vuelvo con mas temas de los INSUPERABLES, LOS SOBERBIOS, LOS ÚNICOS, LOS EXCELSOS VAN DER GRAAF GENERATOR.

Y voy a empezar por este ESCALOFRIANTE tema de su primer album, «The Aerosol Grey Machine» de 1.969, su presentación y donde ya demuestran lo que iban a ser, LOS MEJORES.

No empiezo por la canción nº 1 de la cara A del vinílo que sería lo lógico sinó con la última de esa misma cara ¿porqué? pues por que es la que mas me pone de todo el album, por eso y así se puede uno ir preparando de lo que va a ser el todo el album pues este  PEDAZO DE TEMA resume un poco todo lo que tiene el album. Y  hecho en el 69, hace más de cuarenta años y sin embargo, con un sonido que más de uno quisiera ahora mismo con toda su super tecnología punta.

Una canción movida, se inicia con una entrada acústica de Hammill para que rapidamente entre un maravilloso piano y una  base rítmica bastante compleja de manos de Evans, acompañada en todo momento por la guitarra de Hammill y sus voces en un “galope” que no da respiro hasta la parte intermedia del tema. Allí se realiza un corte interesante, donde una delicada base de Banton es seguida por la bella voz de Hammill, para que luego continúe Evans con otra arremetida en su batería, siguiendo a Banton en un solo de piano precioso. El final es realmente una apoteosis y además dandole el toque final de un oscurantismo brutal. Un ritmo hipnóptico y de ambiente tétrico, con bajo y batería al que se van de nuevo añadiendo piano y efectos vocales de Hammill.

Una ocurriencia que puedo dar, en plan «experimento» es escuchar este tema estando de acampada, en un paraje solitario y por la noche, pero noche ya cerrada, a eso de la media noche (jejejejejejeeee…) y, teniendo eso si cuidado de no cometer ninguna «barrabasada» contra el campo, hacer algún tipo de luces tenues, tales como antorchas en plan «la Santa Compaña» o parecido.

En ese final, con el bajo «dundundún, dundundun, dundundun…» acompañado de la bateria y lo que le sigue, montando el ambiente que digo, acojona, más de uno se coje el «canguelazo» de su vida. Lo se, jejejejejeje, lo probé en su momento.

¡¡¡FLIPAS!!!

Y sin más, venga, a disfrutarlo, esto es LO MÁS, nadie llega a semejante perfección. NADIE.

 

VAN DER GRAAF GENERATOR – » INTO A GAME «


I never thought it could come to this,

as you sit there crying,

hanging on with your fingertips

to something that’s already dead.

Now we’re into a game

and it’s all a bit strange.

 

Once on a time we were sincere;

now, we’re acting charades,

hiding behind cracked images

from other people’s stages;

now, we’re into a game,

and it’s all a bit strange,

but familiar, too…

the rules never change; I know it, but do you?

I’ve seen it all before,

and this play no longer moves me,

but the closing of a door

is never easy.

 

Look at the cards in your hands:

kings turned to jokers.

There are no prizes for laughing:

situation hopeless.

Now we’re into a game

and it’s all a bit strange,

but familiar, too…

the rules never change; I know it, but do you?


Let’s stop it now.

 

It’s no good looking to me for reassurance.

I’m tired and don’t need you to show me

your bruised innocence.

Nunca pensé que podría llegar a esto,
como usted se sienta a llorar,
colgada, con alcance de su mano
a algo que ya está muerto.
 Ahora estamos en un juego
y todo es un poco extraño.
 Una vez que en un momento en que eran sinceros;
ahora, estamos actuando charadas,
escondiéndose detrás de las imágenes rotas
de las etapas de los demás;
ahora, estamos en un juego,
y todo es un poco extraño,
pero familiar, también …
las reglas no cambian nunca, lo sé, pero lo hace?
 Lo he visto todo antes,
y este juego ya no me mueve,
pero el cierre de una puerta
nunca es fácil.


Mira las cartas en sus manos:

Reyes volvió a bromistas.

No hay premios para reír:

situación desesperada. Ahora estamos en un juego

y todo es un poco extraño,

pero familiar, también … las reglas no cambian nunca, lo sé, pero lo hace?

 

Vamos a detenernos ahora.


No es bueno mirar a mí por consuelo.

Estoy cansado y no necesito que me muestran

 tu inocencia magullado

 



			

¿SOLO UNA PESADILLA MÁS?

 

 

Las pesadillas son algo común en todas las personas. Desde siempre ha habido ese tipo de cosas, ya sea provocadas, como se cree comúnmente, por cenar demasiado antes de dormir o por otros motivos. Lo cierto es que siempre he tenido pesadillas, y por eso es un tema recurrente en casi todo lo que hago. En la escuela, cuando los profesores solían pedirnos redactar cuentos, siempre escribía sobre mis pesadillas. Recuerdo a la maestra Martha, de mi cuarto año de primaria, quien incluso trató de enviarme al psicólogo escolar, luego de que usara una especialmente desagradable como inspiración para un cuento que nos había pedido para la clase de lenguaje, por ese motivo, deje de usarlas como base en mis redacciones escolares.

 

Mis pesadillas eran extrañas, o al menos es esa la manera en la que yo las percibo. Podían variar de tema de manera abrupta, pero siempre eran similares en el fondo, la representación de uno de mis tantos temores. Soñaba, por ejemplo, que todos en mi familia se habían convertido en vampiros, excepto yo; mis familiares me perseguían intentado morderme para que me uniera a ellos. Sé que suena como algo tonto, pero cuando los soñé debía de tener unos seis años. Un miedo infantil.

 

Otro sueño que recuerdo claramente, y que en verdad resulto aterrador, trataba sobre una muñeca. Mi madre, cuando joven, coleccionaba muñecas de porcelana, esas que parecen inusualmente reales, ataviadas con vestidos victorianos y ese tipo de cosas. Recuerdo que había una habitación llena de ellas en casa de la abuela, que mamá no había querido llevarse a su casa, ya que temía que cuando tuviera hijos estos las destrozaran. Debó de admitir que eso era una posibilidad muy grande cuando yo era un niño. Bueno, sólo hubo una muñeca que ella se llevo a la casa. Media unos cincuenta centímetros y estaba hecha de porcelana blanca, la cual hacia que pareciera tener una piel pálida y lustrosa. Tenía un cabello negro rizado cubierto por un sombrero de ala ancha adornado con encajes blancos y plumas de pavorreal; llevaba un vestido verde oscuro de en estilo victoriano. Esa muñeca me había dado pavor desde que vi una película de miedo sobre una muñeca que estaba viva.

 

Pero, bueno, en el sueño yo era enviado por mi madre a buscar algo a su cuarto. Entraba corriendo, pues sabía que lo que buscaba estaba sobre la cómoda, sólo era cuestión de entrar, tomarla y volver corriendo al primer piso. Abría la puerta con cuidado, veía mi objetivo y corría hacia él, al tomarlo, se escuchaba la puerta cerrarse tras de mí, me volvía para salir y entonces veía a la muñeca parada frente a la puerta. Trataba de gritar, pero de mi boca no salía sonido alguno. La muñeca comenzaba a caminar hacía a mí.

 

—Juega conmigo —decía de pronto ella, mientras extendía sus manos hacia mí. Justo cuando estaba por alcanzarme, despertaba.

 

Ese tipo de sueños han sido comunes durante toda mi vida, lo cierto es que, nunca me he podido deshacer de ellos. En el pasado, despertaba continuamente sintiendo un horror indescriptible. Recuerdo que me levantaba de la cama y me ponía a dar vueltas por la habitación en penumbras, tratando de dejar de pensar en lo que acaba de soñar. Usualmente mi padre se levantaba para decirme que volviera a dormir, cuando más chico inventaba que tenía ganas de ir al baño, pero que me daba miedo bajar solo a la planta baja. Mi padre me acompañaba y se quedaba en el pasillo fuera del cuarto de baño hasta que yo terminaba de hacer mis necesidades. Conforme fui creciendo, deje esa manía de levantarme cuando tenía ese tipo de sueños, y solamente me quedaba acostado, tratando de tranquilizarme pensando cosas agradables.

 

A los doce años, leí en algún lugar que era posible alejar las pesadillas escuchando algo de música relajante mientras se dormía. Antes de eso, había intentado otras cosas, como dormirme en determinada posición. Llegue a creer que si dormía viendo específicamente a la pared este de mí cuarto podía evitarlas. Al final, luego de tanto «remedio casero» intente lo de la música. Elegí música clásica, ya que siempre me ha parecido sumamente relajante, y al poco encontré una estación local que transmitía una selección de música clásica toda la noche. Mis pesadillas disminuyeron considerablemente, o al menos eso pensaba.

 

A los quince años, fue cuando comenzó. Recuerdo que dormía plácidamente, cuando de improviso me desperté. No había soñado algo especialmente desagradable como para que me despertara con un sobresalto, al menos no recuerdo nada. La habitación estaba oscura, salvo por los eventuales destellos de uno que otro coche que pasaba por la calle. En la radio sonaba la Novena de Beethoven. Allí estaba yo, sin saber porque de pronto me había despertado con el corazón latiendo ferozmente y un extraño sudor frio perlándome el cuerpo.

 

Fue la primera vez que la escuche. Una risa como de niña, pero yo era hijo único, así que obviamente no tenía hermana y, aunque la tuviera, era demasiado tarde como para que alguien, salvo el que despierta por una pesadilla, estuviera despierto. La risa parecía provenir de algún lugar del pasillo, fuera de mi habitación. Ya que era invierno, me cubrí con las cobijas hasta la cabeza. Permanecí en vilo, mientras la risa no paraba de sonar. Al poco rato se escucharon unos pasos que se acercaban a la puerta de mi habitación, aún bajo los cobertores y el edredón, apreté los ojos y trate de regular mi respiración agitada, fingir que dormía.

 

Las risas y los pasos se detuvieron justo frente a mi puerta, la cual estaba cerrada por dentro. Se escucharon cuatro golpes quedos, como los que daría una mano pequeña y luego una risita como de burla. Luego de eso, pasaron unos minutos, pero en ese instante debió de haberme parecido más tiempo, antes de que los pasos se alejaran en dirección a la escalera. Se escucho como si alguien bajara las escaleras con pequeños saltos.

 

c

No pude volver a dormir esa noche, o al menos no me di cuenta de en que momento el sueño volvió a alcanzarme.

A la mañana siguiente creí que había sido una de mis inusuales pesadillas, o tal vez sólo trataba de convencerme de eso. Pasaron dos semanas sin que nada de eso volviera a ocurrir, y el incidente se borró de mi mente. Llegaron las vacaciones de navidad y el tiempo en que podía quedarme hasta noche viendo los programas de comedia de la barra nocturna, que termina a las dos de la mañana.

Los primeros días no pasó nada de importancia, hasta el cuarto día. Estaba por terminar el penúltimo programa de ese día, cuando la risa volvió a escucharse en el pasillo. Me quede paralizado. En la tele Ross decía algo sobre paleontología que los demás no entendían, pero a mi no me hizo gracia el chiste, estaba muerto de miedo. Nuevamente escuche que tocaban a la puerta. Trate de quedarme quieto, de no hacer ruido.

—Sé que estas allí —se escucho una voz de niña, tal vez de entre siete y ocho años, no lo sé, tal vez menos, nunca he sido bueno para definir la edad de las personas sólo por su voz—. Vamos, sal a jugar.

Aun paralizado por el miedo, comencé a rezar todas las oraciones que podía recordar de mis días en el catecismo. Nunca he sido muy religioso, pero en momentos como ese toda ayuda, especialmente divina, es bien recibida. El ser fuera de mi cuarto tarareaba una canción infantil, aunque no recuerdo cual, sólo que la forma en que lo hacia tenía un efecto que aumentaba el horror de tal escena.

 

—Eres muy aburrido —dijo de pronto la niña. Se escucho que sus pasos se alejaban nuevamente hacia la escalera, esta vez de manera veloz, como si estuviera corriendo.

 

Me metí a la cama sin preocuparme por apagar el televisor y me cubrí nuevamente con las cobijas. Resulta extraño como unas siempre piezas de tela parecer ser una coraza impenetrable para quien experimenta tales horrores.

 

A la mañana siguiente, algo cansado y asustadizo, baje al comedor a desayunar. Mi padre, que también tenía vacaciones esos días, estaba sentado leyendo el periódico, mientras mi madre preparaba el desayuno.

 

—Deberías de bajar el sonido cuando ves la televisión por las noches, Raúl —me reprendió de pronto—, juró que esta vez estaba tan alto que parecía retumbar por todo el pasillo.

 

Me quede helado ante esto, sólo atine a contestar un escuálido: «Sí, papá».

 

—Hablando de eso —intervino mamá, mientras me servía un plato de huevos revueltos—, ¿qué veías?

 

—Los programas de comedia —respondía, mientras usaba el tenedor para picar distraídamente mi plato.

 

—Me pareció que era otra cosa —agregó ella, sentándose a la mesa—. Creo haber escuchado una canción que no oía desde que mi abuela, que en paz descanse, nos la cantaba cuando niña a tus tíos y a mi.

 

Por la tarde, mis padres salieron para visitar a la tía Samanta que había estado algo enferma, por lo que me quede solo en casa. Por alguna razón me había olvidado de lo ocurrido la noche anterior, quedando sólo como una pesadilla más. Conecte la consola de videojuegos en la televisión de la sala y me dispuse a jugar una partida del juego de guerra que mi abuela me había regalado en mi cumpleaños.

 

Estaba muy entretenido tratando de entrar a un bunker nazi, cuando escuche nuevamente la voz de la niña en el segundo piso. ¡Esta vez a plena luz del día! Creo que deje caer el control del videojuego, mientras el terror volvía a apoderarse de mí. Podía oír claramente como la niña parecía estar jugando a brincar el avión en el piso de arriba, incluso entonando la vieja melodía. Luego se escuchó como corría hacía las escaleras. Desde la sala, es posible ver el inicio y el final de estas, ya que sólo son separadas por un muro, y las escaleras, además, estas defienden en forma de «U».

 

Impulsado por una fuerza extraña, volví la mirada hacía estas. Pude ver la forma de unos pequeños piececillos bajar corriendo. Con temor esperé a que el fantasma apareciera en mi marco de visión. Lo cual sucedió de inmediato.

 

Me encontré frente a una niña de unos seis años. Tenía un largo cabello castaño oscuro y una piel blanca de aspecto cenizo, mostraba una sonrisa inocente en sus pequeños labios sonrosados, aunque esta perdía su fuerza debido al aspecto terrorífico de sus ojos amarillos, los cuales parecían mirar como un depredador. Traía puesto un vestido amarillo de holanes, unas calcetas blancas hasta la rodilla y unos zapatitos negros.

 

Al verme la «niña» sonrió como si se hubiera encontrado con un juguete nuevo. Comenzó a caminar hacia mí con paso lento. A cada movimiento de sus piececillos podía sentir como mí terror se incrementaba. La niña se dio cuenta de eso y su sonrisa abandono su sonrisa inocente para adoptar una más cruel e inhumana. Era una escena surrealista, una niña jamás debe de verse de esa manera. Era aterrador.

 

Salí de mi mutismo y me aleje de ella, lo más que pude, arrastrándome al otro lado del sofá en el que estaba sentado. La cosa hizo una mueca.

 

—¿No quieres jugar, Raúl? —su voz sonaba engañosamente tierna. Se detuvo y me miro con una expresión curiosa. Volvió su mirada a la pantalla del televisor, donde, a esas alturas, se mostraba una imagen de mi personaje muerto y un texto donde se le preguntaba al jugador si quería continuar la partida desde el anterior punto de salve—. Esos son los juegos que te gustan —dijo, mientras parecía analizar la pantalla—. ¡No me gustan! —grito, haciendo una especie de berrinche.

 

La niña se sentó en el sofá, sin apartar sus orbes amarillentos de mí. Yo hacia lo mismo, pero el ente no parecía querer acercarse más sólo estaba allí, sentada mientras balanceaba sus pies y tarareaba una canción infantil.

 

—Sabes, me agradas —dijo, mientras se subía por completo al sillón y comenzaba a gatear hacia a mí. Me paralice nuevamente, la niña se detuvo mientras su rostro quedaba a unos escasos centímetros del mió—. Realmente me agradas mucho.

 

Su aliento olía como a vegetales podridos, aunque sus dientes parecían ser perlas relucientes de lo blancos que estaban. Movió la cabeza cómo si fuera a intentar darme un beso en la mejilla, pero bajo más, de tal manera que pude sentir su fétido aliento en mi cuello. Justo en ese momento se escucho que la puerta automática de la cochera se abría, mis padres habían llegado. La niña se puso de pie de un brinco, y luego subió las escaleras corriendo. No sin antes prometer que jugaríamos en otro momento.

 

Casi no pude dormir esa noche, ni las siguientes, por temor a la extraña niña. Pero ni una sola vez volví a escuchar sus risas y juegos en el pasillo.

 

Cerca de tres meses más tarde, me encontraba ayudado a mi madre a acomodar unas cosas en casa de la tía Samanta, que acaba de morir. Ella en realidad era mi tía abuela, y vivía sola desde que su marido muriera poco antes de que nacieran sus hijos gemelos, y nunca se había vuelto a casar.

 

Estábamos ordenando viejas cajas con fotografías, cuando me tope con una muy extraña. En ella aparecían la tía Samanta, mi abuela y otra niña. Mi abuela era menor que mi tía por cinco años, pero esa otra niña, que estaba a la derecha de mi abuela, quien estaba al centro, parecía ser unos dos años menor que la tía. Traía puesto un vestido blanco de esos que se usaban unos setenta años atrás, en los años cuarenta.

 

—¿Quién es la otra niña? —pregunte a mi madre.

 

Ella tomó la fotografía de mi mano y la observo un momento con semblante triste. Luego volvió a guardarla en una de las cajas.

 

—Era tú tía abuela Isabel —respondió ella, con mirada seria.

 

—¿Murió? —pregunte.

 

—Se podría decir —parecía distraída, por lo que no presione a pesar de que tenía curiosidad—. Desapareció —dijo al fin—, en un viaje a Guanajuato para visitar a tus bisabuelos, se perdió en las calles de la ciudad mientras paseaban una noche. Nunca pudieron hallarla. La verdad dudo que siga con vida.

 

La foto había quedado hasta arriba de las demás. En un momento de descuido de mi madre, la agarré y la guardé en el bolsillo trasero de mis pantalones.

 

Pasó alrededor de un mes, en el que pude dormir tranquilo, confiándome a que el horror que había vivido con ese extraño ente se había acabado. Volvía a mi vida normal, aunque las pesadillas volvían a atormentarme de vez en cuando, algunas veces soñaba con aquella niña pero nada más. Hasta que volvió.

 

Esa noche, convenientemente, había olvidado cerrar la puerta de mi habitación por dentro, puesto que me había quedado hasta tarde terminando con un trabajo de química. Cuando me desperté a las dos treinta de la mañana, de la misma manera en que me había ocurrido la primera vez que la escuche, supe que era lo que ocurría.

 

La escuche reír en el pasillo, mientras sus pasitos de acercaban cada vez más a mi puerta. Cuando ella toco la primera vez, la puerta se entre abrió, causando que ella riera divertida, aunque con un deje de crueldad. Empujó la puerta. Como era verano yo sólo tenía una sabana para cubrirme en caso de mosquitos. Estaba bajo de esta, pero la luz de la luna llena que se colaba por el pasillo me permitía ver perfectamente la silueta de la niña.

 

La pequeña se acercó hacia a mi, tarareando una de esas viejas melodías infantiles que parecían ser una especie de marca personal en ella. Se detuvo justo al lado de mi cama. La radió sobre mi cabeza tocaba una canción de Mozart cuyo nombre no recuerdo. Las manitas de la niña agarraron la sabana y la jalaron para descubrirme.

 

—Hola, Raúl —dijo, con ese todo de inocencia fingida—. Esta vez si vamos a jugar.

 

Aunque estaba paralizado de miedo, me obligue a mi mismo a tomar algo de valor de cualquier lugar. Con voz queda susurré algo.

 

—¡Espera Isabel! —mi voz era tan baja que por un momento temí haberlo pensado en vez de haberlo dicho.

 

La niña, que para ese momento ya se estaba acercando hacia mi cuello, mientras se relamía los labios, se detuvo en seco. Sus ojos me miraron con extrañeza, a la vez que me exigían revelar como era que sabía algo tan personal de ella como su nombre.

 

En un rápido movimiento saqué la fotografía que durante el último mes había permanecido escondida bajo mi almohada. Se la mostré a Isabel quien, tras contemplarla un momento con mudo asombro, la arrebato de mis manos. Siguió observando el retrato, y en cierto momento acarició la imagen como si se tratara de un gran tesoro.

 

—¿Cómo… ? —parecía realmente confundida por el hecho de que yo tuviera algo como eso.

 

—¿Eres la tía abuela Isabel? —pregunté—. La hermana desaparecida de la tía Samanta y la abuela Ágata.

 

Ella me volvió a ver con sus ojos amarillos que parecían tener un destello especial por la noche. No había ningún rastro de malicia en ellos, al contrario, parecían verme con genuina dulzura.

 

—Gracias, hijo —susurró, antes de salir de mi habitación, mientras sostenía la foto en sus manos como su posesión más preciada. Supongo que era lo único que tenía para recordar a sus hermanas.

 

Nunca más volví a verla ni a escucharla siquiera, y al poco tiempo deje de soñar con ella. Las otras pesadillas ya no me molestaban tanto, no luego de haber visto un horror de verdad tangible, como lo era, o más bien, es Isabel. No sé que le habrá pasado cuando niña en ese viaje a Guanajuato, ni que es ella realmente, si un fantasma o algo más. Sólo sé que, de la familia o no, no quiero volver a verla ni a escucharla en mi vida.

 

Al final, al recordarla, deseo que mi encuentro con ella fuera sólo una pesadilla más, aunque el miedo y la incertidumbre que me causo nunca dejaran que tal cosa pasé, ni siquiera en mis pensamientos.

AUTOR:  alucard70

FUENTE: Escalofrío.com

 

NO TENGO SUEÑO (RELATO)

 

Fin de semana. Como muchos Samuel pasa las noches solo en su casa, sin amigos más que sus padres,y con su hermanita que juega a la fuerza a las muñequas con él, ¿patético, no?.

 

Ya pasada la media noche decide salir a la puerta de su casa,echando un vistazo solo encuentra oscuridad,decide salir a caminar, los perros le ladran, está solo. Llegando a la esquina mira como unos muchachos devuelven lo consumido en una fiesta cercana , patéticos como Samuel.

 

Sigue, ya van dos calles y sigue sin siquiera estar cansado. Decide doblar y bajar hacia la avenida principal. Está a dos calles de ella, pero dobla y se encuentra caminando por la calle paralela a su casa. Sin mucha iluminación, estando casi a mitad del camino, ve sentado a un niño llorando no mayor a 10 años. Se acerca, decide preguntarle su nombre, sigue llorando pero le contesta.

 

«Mi nombre es Luis, me duele mucho». Samuel un poco nervioso mira a su alrededor, se pregunta qué hace un niño a esas horas en la oscuridad; lo levanta con cuidado, lo mira bien: no tiene un solo rasguño, pero Luis sigue diciendo lo mucho que le duele…

 

-Vamos, dime dónde está tu casa y cómo se llaman tus padres.

 

Luis señala con un dedo la dirección. No están lejos. Lo carga en brazos y caminan.

 

-Estamos cerca, Luis.

 

-Sí, es allí -apunta con su manito.

 

-Toca el timbre, te abrirá mi mamá, se llama Shara.

 

Lo baja lentamente le dice que espere. Toca un par de veces seguido,una luz se prende en el interior y alguien se asoma por la ventana, sale y es su madre.

 

-¿Quién llama?, es muy tarde, diga su nombre

 

-Me llamo Samuel, vivo en la calle paralela a ésta. Salí y encontré a su hijo llorando, dice llamarse Luis.

 

La madre sale apresurada, al escuchar el nombre de su hijo.

 

-¿Dónde está?, ¿está bien? Dígame…¿cómo conoce a mi hijo?…

 

Samuel mira atrás suyo, le tiemblan las piernas, se queda paralitico, y solo atina a decir “ no está”. Mira a su alrededor, se queda mudo. Su madre insiste en saber dónde está su hijo. Entonces recuerda que hace como una hora su padre y Luis fueron a buscar una farmacia para un medicamento que necesitaba su hijo. Recuerda que salió en moto y ya debían de llegar.

 

Le pide a Samuel que lo acompañe a la avenida, su madre presiente algo.Llegando miran a su alrededor, deciden caminar en dirección a la farmacia, a un lado del camino una moto está desecha y dos cuerpos yacen cerca, sangrando inconcientes los dos.

 

-Busca ayuda rápido. Samuel no sabe qué hacer, logra hacer parar un auto, le pide ayuda, llaman a una ambulancia. Tarda 10 minutos en llegar, los examinan. Sobrevivirán.

 

La madre de Luis da gracias, gracias a Samuel y le pregunta qué hacía a esas horas por allí. Samuel, entre tartamudeos, solo alcanza a decir “no tenía sueño», y «salí a caminar”.

 

Llega a su casa, se pregunta si lo que pasó esta noche fue real, si no lo soñó. El patético de Samuel no sabe que, gracias a su patética vida sin amigos, sin novia o algo en que ocupara su triste existencia, ayudó a una familia.

 

Entra a su casa con la miranda quién sabe dónde. Su madre sale a preguntarle dónde fue a estas horas, y el patético (bueno, ahora no tan patético) de Samuel solo alcansa a decir: “no tenía sueño, salí a caminar”.

AUTOR: loko21 

FUENTE:  Escalofrio.com

 

 

CUIDADO CON LAS VELAS…..

 

La Sra. Donovan caminaba por la calle O’connell de Dublin cuando se cruzó con el padre Rafferty. ‘Muy buenos días, ¿no es usted la Sra. Donovan a quien case hace dos años’?

Ella contestó: ‘ Efectivamente padre, soy yo’.

El sacerdote pregunto: ‘¿ No han tenido niños aun?’

Ella respondió : ‘No padre, aun no’

El padre dijo: ‘Bueno, la semana próxima viajo a Roma, así que, si quiere, encenderé una vela por usted y su esposo’.

La Sra Donovan contesto: ‘Oh padre, muchas gracias, le estaremos muy agradecidos’ y ambos siguieron su camino.

Años más tarde se encontraron nuevamente.

El sacerdote preguntó: ‘Bueno, Sra. Donovan, ¿como se encuentra usted ahora?’.

Ella contestó: ‘Muy bien, padre’

El cura preguntó: ‘Por favor, dígame, ¿han tenido niños ya?’

Ella respondió: ‘Oh si padre, 3 pares de mellizos y 4 criaturas mas. En total 10’

El padre dijo: ‘¡Bendito sea el Señor!. ¡Que maravilla! ¿Y donde está su amante esposo?’

Ella contestó: ‘Camino a Roma, a ver si puede apagar la puta vela’