EL CURIOSO CASO DEL INSPECTOR DE HACIENDA Y LAS SERVILLETAS.

 

Hace años conocí el caso de un retaurante que se acogió a la tributación directa (ingresos menos gastos) y  que al estar en un medio urbano de pequeñas dimensiones utilizaba una técnica muy simple para defraudar: las facturas que daba a los conocidos no las contabilizaba, y las que daba a los desconocidos, iban íntegras la contabilidad. De ese modo, no corría el riesgo de que un día se sentara a su mesa un inspector de Hacienda y comprobase luego que la factura que le habían dado no aparecía en ninguna parte.

El caso es que debía de declarar muy pocos ingresos, y tras varios años de consecutivios de pérdidas, la cosa empezó a resultar rara. Las ciudades pequeñas tienen también ese inconveniente: que todo el mundo sabe qué negocios funcionan y cuales están vacíos, y además no es normal perder dinero siempre o ganar un sueldo de miseria a cambio de una inversión como la que requiere un restaurante.

Finalmente, un inspector de Hacienda amigo mío se presentó por allí y le pidió toda la contabilidad de los últimos tres ejercicicios, esperando encontrar más patatas comnpradas que vendidas, o más carne comprada que platos servidos. Pero no fue así: el dueño del restaurante tenía buen cuidado de aprovisionarse por los pueblos o en mercados a particulares donde lo trataban como a un cliente más, y sólo una parte de lo que compraba aparecía facturado por proveedores.

Mi amigo el inspector seguía sin creérselo. Pidió los recibos de la luz y el consumo era alto, pero eso no probaba nada. Tantas vueltas le dio, que al final lo encontró: el dueño del restaurante había declarado cuatro mil comensales en un año y la factura de la lavandería indicaba que se habían lavado veinte mil servilletas y siete mil manteles. ¿Le pone usted cinco servilletas a cada cliente? No, ¿verdad? Pues palo que Dios te crió.

Por eso, posiblemente, se ven ahora tantos restaurantes con servilletas y manteles de papel.

O eso desconfiamos algunos, aunque seguramente no sea por eso.

FUENTE: Trincado AQUÍ

5 comentarios sobre “EL CURIOSO CASO DEL INSPECTOR DE HACIENDA Y LAS SERVILLETAS.

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Efectivamente Hacienda recurre mucho a la comprobación de la compra de materias primas o al alquiler de servicios necesarios para el funcionamiento del negocio.

    Este es un motivo adicional para que el canon que las sanguijuelas de la SGAE han impuesto sobre CD y DVD vírgenes resulte indignante. Si los proveedores del «Top manta» los adquieren legalmente es fácil saber quienes son y debe ser a ellos a quienes se les reclame la supuesta pérdida de derechos. Si, como es muy probable son traídos de contrabando, resulta que los únicos que no pagan el canon de las narices son precisamente los «piratas»

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  3. Aquí en Colombia; hasta el año pasado, los negocios pequeños, no tenían necesidad de llevar el libro fiscal; pero a partir de este año se ha implementado una nueva medida, que consiste precisamente en llevar dicho libro fiscal obligatoriamente, hasta para el negocio mas pequeño que pueda existir aquí en el país. El que se pase de $53.000.000 de pesos Colombianos de ganancia en un año, tiene que pagar un impuesto de industria y comercio bastante elevado.
    Claro, que como siempre hay gente que se las ingenia para hacerle trampa al sistema, reportando mas gastos de lo normal. Saludos

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