Año: 2010

KINCADE – » DREAMS ARE TEN A PENNY «

 

Un super boom de 1.972 que fué además el único de esta banda comercial de pop británico que apenas duró en activo dos años, del 72 al 74.

Es un tema popero que se apoya completamente en el sonido acústico, muy de la época, comercial, pegadizo, alegre y bien compuesto, perfectamente trabajado, y que, curiosamente, fué un bombazo en toda Europa incluida España donde no había guateque en que hasta se juntaran varios singles porque era el disco que en su momento todo el mundo quería tener (y fardar de tenerlo) y luego claro, todo el mundo se lo traia como uno de sus «discos estrellas», en Australia, Nueva Zelanda ….., menos en el mismo Reino Unido, patria del grupo,  donde tuvo poca repercusión.

De todas formas, un buen tema, muy bien hecho, comercial pero bien orquestado, no es chabacano, el sonido es limpio y bien realizado, no basurerillo y lo pegadizo del mismo le hace muy agradable de escuchar.

Se hicieron del mismo muchas versiones, incluyendo una de aquel grupo (este si que muy chabacano y malo pero maaaaloo de solemnidad) español llamado «Los Mismos», versión que no recomiendo en absoluto si no quieren arriesgarse a terribles daños colaterales.

KINCADE – » DREAMS ARE TEN A PENNY «

When we were children, we played in your backyard
And we pretended whenever times were hard
We built a house up in a tree
And dreamed of how our life would be
But now the tree has died
So I’ve gotta say you

Jenny, Jenny, dreams are ten a Penny
Leave them in the lost and found
Jenny, Jenny, dreams are ten a Penny
Get your feet back on the ground
Oh, oh, oh, oh

You dreamed of heroes ridin’ across the sea
In shinin’ amour, but all you had was me
While all the time you never knew
All I could do was dream of you
And still I do today
So I’ve gotta say you

Jenny, Jenny, dreams are ten a Penny
Leave them in the lost and found
Jenny, Jenny, dreams are ten a Penny
Get your feet back on the ground
Oh, oh, oh

Jenny, Jenny, dreams are ten a Penny ….
Oh, oh, oh, oh ….

 

OhCuando éramos niños jugábamos en el patio trasero
Y hemos pretendido siempre que los tiempos eran difíciles
Construimos una casa de? hacer creer
Y soñaba con cómo sería nuestra vida
Pero ahora el sueño ha muerto

Así que tengo que decir a usted
Jenny, Jenny diez sueños por un penique

Deja en los perdidos y encontrados
Jenny, Jenny diez sueños por un penique

Conseguir sus pies en el suelo
Oh

Usted soñaba con los héroes
Montar a caballo a través del mar
De brillante armadura
Pero todo lo que había era yo
Si bien todo el tiempo nunca se sabía
Lo único que pude hacer es soñar contigo
Y todavía puedo hacer hoy

Así que tengo que decir a usted
Jenny, Jenny diez sueños por un penique

Deja en los perdidos y encontrados
Jenny, Jenny diez sueños por un penique

Conseguir sus pies en el suelo
Oh

Así que tengo que decir a usted
Jenny, Jenny diez sueños por un penique 
Deja en los perdidos y encontrados
Jenny, Jenny diez sueños por un penique 
Conseguir sus pies de nuevo en el suelo

Jenny, Jenny diez sueños por un penique

LA ESCLAVITUD AUN EXISTE, LA PRACTICA…¡¡ EL ISLAM !!

SEGURO, PERO COMPLETAMENTE SEGURO ESTOY DE QUE ALGUIEN APARECERÁ Y DIRÁ QUE ESTO ES PURA MANIPULACIÓN.

O saldrá por peteneras diciendo «¿y lo que hicieron los conquistadores españoles cuando fueron a América?», «¿y lo que hicieron idem los del Imperio Británico?, «¿Y……?».

Pero ocurre QUE NADIE NIEGA ESO, LA HISTORIA ES LA QUE ES, mas hay un «PEQUEÑÍSIMO DETALLE» aunque PROCEDENTE Y MUY IMPORTANTE, ¡¡¡EL TIEMPO DE LA CONJUGACIÓN DEL VERBO!!!.

Es decir, PARA TODO AQUEL LERDO QUE NO LO CAPISQUE, «HICIERON», tercera persona del plural del Pretérito Perfecto Simple (antiguamente, Pretérito Indefinido) del verbo HACER, en suma «PRETÉRITO» o «PASADO».

Esto que también en tiempos PRETÉRITOS lo hacian los islámicos, no solo los occidentales, NO OLVIDEMOS  QUE ERAN LOS COMERCIANTES ESCLAVISTAS ISLÁMICOS, LOS MUSULMANES,LOS QUE MAS PENETRABAN EN EL AFRICA NEGRA, ENTRANDO A SACO EN CADA TRIBU QUE PILLABAN, SECUESTRANDO JOVENES, MUJERES Y NIÑOS PARA LUEGO VENDERSELOS A LOS OCCIDENTALES EN SUS MERCADOS DE ESCLAVOS Y POR TANTO ENRIQUECIENDOSE CON ELLO LOS PRIMEROS Y HACIENDO ADEMÁS EL TRABAJO DE RAPTAR, ARRASAR, VIOLAR, ETC.., LO SIGUEN HACIENDO HOY EN DIA, es decir, NO EN TIEMPOS PRETÉRITOS SINÓ EN TIEMPOS ACTUALES.

LOS JEQUES Y DEMÁS JERIFALTES DE ESOS RICOS REINOS Y EMIRATOS ISLÁMICOS PETROLEROS QUE TODOS SABEMOS, TIENEN ESCLAVOS EN SUS SUNTUOSOS PALACIOS, INCLUSYENDO ESOS QUE SE HAN LLEVADO EL MUNDIAL FUTBOLERO DEL 2022.

UNA MAS DEL  ISLAM, LA RELIGIÓN «DE LA PAZ»,  LA «CIVILIZACIÓN DISTINTA» CON LA QUE TENEMOS QUE SER «TOLERANTES».

A ver QUIEN ES EL «LISTILLO» QUE REFUTA LO SIGUIENTE:

http://blogs.periodistadigital.com/t…stianos-sudane

Liberados 603 esclavos cristianos sudaneses del sur

Christian Solidarity International [Solidaridad Cristiana Internacional] (CSI) ha informado el 10 de diciembre de 2010 que ha conseguido la libertad de 603 esclavos del sur del Sudán en una acción de liberación de esclavos antes de Navidad.

La mayoría de los esclavos cristianos fueron capturados por las milicias árabes baggaras al servicio del Gobierno de Sudán en su Yihad -guerra santa- contra las comunidades negras, no-musulmanas del sur de Sudán (1983 – 2005). Algunos de los niños esclavos liberados habían nacido en cautiverio.

Muchos de estos esclavos cristianos fueron obligados a convertirse al Islam. Muchos cristianos que se negaron a convertirse al Islam fueron ejecutados por sus amos árabes musulmanes.

Todos los esclavos eran propiedad de los capitanes árabes musulmanes de las regiones del norte sudanés de Darfur y Kordofan.

El abuso físico y psicológico informado por los esclavos liberados es coherente con lo descrito en el Informe de Gobierno de los EEUU.-patrocinado del Grupo Internacional de Personas Eminentes sobre la Esclavitud, Servidumbre Forzada y Secuestro.

Según un destacado miembro del ahora disuelto Comité para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños (CEAWC), James Aguer Alic, aproximadamente 35.000 sudaneses cristianos del sur siguen siendo esclavizados en el norte de Sudán y musulmán.
Los árabes musulmanes tienen esclavizados a millares de cristianos y animistas del sur de Sudán.

«El papel central de la Christian Solidarity International [Solidaridad Cristiana Internacional] en la liberación de 603 esclavos de Sudán antes de Navidad es un signo de nuestro compromiso permanente para alcanzar la erradicación de la esclavitud en Sudán», dijo el Dr. John Eibner, director general de la CSI (EEUU). En septiembre pasado, el Dr. John Eibner advirtió al presidente Barack Hussein Obama que «la persistencia de la esclavitud y la intolerancia racial y religiosa que se basa este» crimen contra la humanidad «internacionalmente reconocido arruina la perspectiva de una paz duradera entre el norte y el sur de Sudán.»

El mundo árabe y musulmán practica el esclavismo en Sudán, en Mauritania, y en Arabia Saudita. La esclavitud no recibe críticas por parte de los ultra izquierdistas europeos.
Ante los esclavistas árabes y musulmanes, los vasallos ultraizquierdistas agachan la cabeza frente a sus amos y señores. Los relativistas éticos duermen narcotizados por la estulticia de su ideología.

NOTAS

http://www.state.gov/documents/organization/11951.pdf

http://www.bradenton.com/2010/12/10/…#ixzz1889aXtWs

http://www.bradenton.com/2010/12/10/…liberated.html

LO QUE NO TE CUENTAN DE LA EXPANSIÓN ISLÁMICA ACTUAL.

 

El Islam no es una religión, ni un culto. En su forma más amplia, es una forma de vida 100% completa, total.

El Islam tiene componentes religiosos, legales, políticos, económicos, sociales y militares.

El componente religioso es una tapadera de todos los demás componentes.

La islamización comienza cuando se alcanza en un país un número suficiente de musulmanes como para poder comenzar campañas en favor de privilegios religiosos.

Cuando en las sociedades políticamente correctas, tolerantes y culturalmente diversas se aceptan las demandas de los musulmanes en favor de sus privilegios religiosos, algunos de los restantes componentes tienden también a infiltrarse en el resto de los aspectos de la vida ciudadana.

He aquí cómo funciona todo esto:

En tanto la población musulmana permanezca alrededor, o por debajo del 2% de la de cualquier país, ésta será vista por la población local como una minoría amante de la paz, y no como una amenaza hacia los demás ciudadanos. Éste es el caso de lo que ocurre en:

Estados Unidos: 0,6% de musulmanes
Australia: 1,5% de musulmanes
Canadá: 1,9% de musulmanes
China: 1,8% de musulmanes
Italia: 1,5% de musulmanes
Noruega: 1,8% de musulmanes

Con una población que alcance entre el 2% y el 5%, los musulmanes comienzan con el proselitismo entre otras minorías étnicas y grupos descontentos del lugar, a menudo con reclutamientos considerables en cárceles y entre las bandas callejeras. Esto está ocurriendo en:

Dinamarca: 2,0% de musulmanes
Alemania: 3,7% de musulmanes
Reino Unido: 2,7% de musulmanes
España: 4,0% de musulmanes
Tailandia: 4,6% de musulmanes

A partir del 5% de población musulmana, estos ejercen una influencia desorbitada con respecto al porcentaje de población que representan. Por ejemplo, insistirán en la introducción de los alimentos halal (limpios de acuerdo a los preceptos islámicos), asegurándose de esta manera empleos de manipuladores de alimentos reservados a los musulmanes. Empezarán las presiones sobre las cadenas de supermercados para que muestren alimentos halal en sus estanterías – junto con las correspondientes amenazas si no se cumplen estos requisitos. Esto está ocurriendo en:

Francia: 8,0% de musulmanes
Filipinas: 5,0% de musulmanes
Suecia: 5,0% de musulmanes
Suiza: 4,3% de musulmanes
Holanda: 5,5% de musulmanes
Trinidad y Tobago: 5,8% de musulmanes

Llegados a este punto, trabajarán para que la autoridad gubernamental les permita que ellos mismos se regulen bajo la Sharia, la Ley Islámica (dentro de sus ghettos). El objetivo último de los islamistas es establecer la Sharia en todo el mundo.

Cuando los musulmanes se aproximan al 10% de la población, tienden a aumentar la anarquía como un medio de quejarse sobre sus condiciones de vida en el país. En París ya hemos visto las revueltas imparables con quema de coches y de mobiliario urbano. En esta situación, cualquier acción no musulmana ofende al Islam, y resulta en insurrecciones y amenazas, como las de Amsterdam tras la oposición a las viñetas de Mahoma y películas sobre el Islam. Estas tensiones se ven a diario, particularmente en los sectores musulmanes de:

Guyana: 10,0% de musulmanes
India: 13,4% de musulmanes
Israel: 16,0% de musulmanes
Kenia: 10,0% de musulmanes
Rusia: 15,0% de musulmanes

Tras alcanzar el 20%, las naciones pueden esperar disturbios espeluznantes, formación de milicias jihadistas, asesinatos esporádicos, y la quema de iglesias

Etiopía: 32,8% de musulmanes

Con un 40% de musulmanes, las naciones experimentan masacres generalizadas, ataques terroristas crónicos, y guerra ininterrumpida de milicias, como las de:

Bosnia: 40,0% de musulmanes
Chad: 53,1% de musulmanes
Líbano: 59,7% de musulmanes

Los países que alcanzan un 60% de población musulmana experimentan persecuciones sin límite de los no-creyentes de todas las demás religiones (incluyendo a los musulmanes no ortodoxos), limpiezas étnicas esporádicas (genocidios), el uso de la Ley de la Sharia como arma, y el establecimiento de la Jizya, el impuesto sobre todos los infieles, como está ocurriendo en:

Albania: 70,0% de musulmanes
Malasia: 60,4% de musulmanes
Qatar: 77,5% de musulmanes
Sudán: 70,0% de musulmanes

A partir del 80% deben esperarse intimidaciones y jihad violenta sobre la población no islámica, algún tipo de limpieza étnica dirigida por el Estado, e incluso algún genocidio, a medida que estas naciones expulsan a los pocos infieles que van quedando, y se dirigen hacia el objetivo de un Estado 100% musulmán, tal y como se ha experimentado ya, o está en vías de consecución en:

Bangla Desh: 83,0% de musulmanes
Egipto: 90,0% de musulmanes
Gaza: 98,7% de musulmanes
Indonesia: 86,1% de musulmanes
Irán: 98,0% de musulmanes
Irak: 97,0% de musulmanes
Jordania: 92,0% de musulmanes
Marruecos: 98,7% de musulmanes
Pakistan: 97,0% de musulmanes
Palestina 99,0% de musulmanes
Siria: 90,0% de musulmanes
Tajikistan: 90,0% de musulmanes
Turquía: 99,8% de musulmanes
Emiratos Árabes: 96,0% de musulmanes

Alcanzar el 100% marcará el comienzo de la Paz de “Dar-es-Salaam” (el Paraíso de la Paz Islámico). Aquí, se da por supuesta la existencia de la paz, porque todo el mundo es islámico, las Madrazas son las únicas escuelas, y el Corán la única palabra, como ocurre en:

Afganistán: 100% de musulmanes
Arabia Saudí 100% de musulmanes
Somalia 100% de musulmanes
Yemen: 100% de musulmanes

Desgraciadamente, la paz nunca se alcanza, puesto que en estos estados con el 100% de musulmanes, aquellos más radicales intimidan y vomitan odio, y satisfacen sus ansias asesinando a los musulmanes menos radicales, por una variedad de razones..

Antes de cumplir los nueve años, ya había aprendido la doctrina básica de la vida árabe: era yo contra mi hermano; yo y mi hermano contra nuestro padre; mi familia contra mis primos y el clan; el clan contra la tribu; la tribu contra el mundo, y todos juntos contra los infieles

León Uris “El Peregrinaje»

Es importante entender que en algunos países, con bastante menos del 100% de población musulmana, como en Francia, la minoría musulmana vive en ghettos, dentro de los cuales constituyen el 100%, y en los que viven bajo la Ley de la Sharia. La policía no osa entrar en esos ghettos. No hay tribunales, ni escuelas nacionales, ni establecimientos religiosos no musulmanes.

En estas situaciones, los musulmanes no se integran en la comunidad en general. Los niños asisten a las Madrazas (escuelas musulmanas), donde sólo estudian el Corán.

Incluso relacionarse con un infiel es un crimen punible con la muerte. Por lo tanto, en algunas áreas de ciertas naciones, los imanes y los extremistas musulmanes ejercen más poder que el que la media nacional de penetración de la población podría indicar.

Mil ochocientos millones de musulmanes representan hoy el 22% de la población mundial.

Pero su tasa de nacimientos eclipsa a la de los cristianos, hinduístas, budistas, judíos y todos los demás creyentes.

Los musulmanes superarán el 50% de la población del mundo al final de este siglo.

Este es el futuro que nos espera a no ser que tomemos todos consciencia para frenar en seco y cuanto antes esta temible expansión.

FUENTE: http://blogs.que.es/stopislamisation/2009/10/6/lo-no-te-cuentan-la-expansion-islamica-actual-#c53894476

MOUTON 1928

 

Solo para los que saben apreciar los pequeños matices…….Así es el vino.
  
 

 Juran los entendidos que esta fue una situación real que ocurrió hace ya  muchos años…
 
 Un hombre entró al restaurante Ritz Carlton de París con su pareja y pidió una botella de MOUTON DE 1928. El camarero regresa con una garrafa de decantación llena de vino y sirve un poco en la copa para que el hombre lo pruebe. Este toma la copa, lo huele, lo prueba, posa la copa en la mesa y comenta un poco disgustado:

 – Esto no es Mouton 1928…!!
 
 El camarero le asegura que sí y rápidamente la mesa de la pareja está rodeada por el maître, el gerente del hotel y el chef, quienes intentan convencerlo inútilmente de que sí es el vino que él pidió.
Finalmente a alguien se le ocurre preguntar que como sabe él que eso no es Mouton de 1928…
 
El hombre dice muy pausado y claro:

– Mi nombre es Phillipe de Rothschild y yo hice ese vino…
 
Consternación general…
 
Entonces el camarero da un paso al frente y admite que esa es una garrafa de CLERC MILON de 1928, y agrega: No podía soportar la idea de consumir nuestra última garrafa de Mouton  1928.

Pero, si no me equivoco, el Señor también es dueño de los viñedos Clerc Milon, que quedan en la misma aldea de Mouton, hacen la vendimia a la misma altura, la misma poda, cosechan las mismas uvas al mismo tiempo, ponen el mosto en las mismas barricas, engarrafan el vino al mismo tiempo y usan huevos de las mismas gallinas para la refinación… Los vinos son iguales, apenas con una pequeñísima diferencia geográfica…

Rothschild se le acercó al camarero  y le susurró al oído: – Cuando usted regrese a su casa esta noche, dígale a su mujer que se quite toda la ropa, métale un dedo por delante y otro por detrás, y aprecie la diferencia de aroma y bouquet que puede existir solamente debido a esa pequeñísima diferencia geográfica.

EL CORÁN ES UNA SUPERCHERIA.

 

 
 
 \aleph 2,mujeres del AS 1944.

 
Estos textos son tomados de un artículo,muy extenso,del «Puesto de Vigilancia de Canada».

                                         EL ISLAM ES UN INVENTO
 
«No hay ningún texto que pruebe la existencia del Islám antes del Vlll siglo .»
 
«Los investigadores,mayoritariamente,han dicho que el Islám es una compilación de varios textos tardios,hecha en cientos de años,con la que se formó la escritura sagrada musulmana.»
 
«La génesis del Islám no se produjo en la época de Mahoma,sino como una elaboración que duró unos 300 años.»

«Ningún documento se encuentra durante los 150 años que separan las primeras conquistas  islámicas y las publicaciones  de la biografia de Mahoma  y los hadiths. Como historiadores,tenemos derecho  a esperar descubrir  algunos fragmentos de textos,pero no se encuentra nada. Para el cristianismo  se contabilizan unos 25000 manuscritos ,descubiertos o conservados,del siglo l.»
 

 
ADORANDO A UN METEORITO. LA KAABA,EN LA MECA.  

.La conclusión:ESTOS TEXTOS SON TODOS CREADOS EN FECHAS TARDIAS.QUIZAS DURANTE LOS ABASIDAS.LA HISTORIA SANTA ISLAMICA ES UNA SUPERCHERIA.

 

 

Sometidas por un engaño que las transforma en esclavas.
  

nota:LOS TEXTOS CORÁNICOS RECIÉN ENCONTRADOS,QUE SE REMONTAN AL SIGLO Vll son TOTALMENTE DIFERENTES AL CORAN OFICIAL ACTUAL;EL CUAL SE REDACTO HACIA EL SIGLO Vlll,O SEA UNOS 200 AÑOS DESPUES DE LA MUERTE DE MAHOMA.LA SUNNA Y LOS HADITHS NO SE REDACTAN HASTA LA LLEGADA DE LOS ABASIDAS DE BAGDAD.EN LA EPOCA EN LA QUE SE FIJA EL CANON OFICIAL CORANICO.
             

Mujer musulmana en la playa.

 

DISCURSO DE MARIO VARGAS LLOSA EN LA ENTREGA DEL NOBEL DE LITERATURA.

 

Elogio de la lectura y la ficción.

Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

 

La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

 

No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.

 
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
 

Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
 

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos -aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.

 
En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy -que trato de ser- fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.

De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.

 
De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.

Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman «las raíces», mis vínculos con mi propio país -lo que tampoco tendría mucha importancia-, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.

Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si -el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan- el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.

Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de «todas las sangres». No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!

La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo.

Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.

Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.

De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.

Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.

No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del «otro», siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban «el pie ajeno» -lindo y triste apelativo-, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño -la llamábamos el Barrio Alegre-, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.

El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: «Mario, para lo único que tú sirves es para escribir».

Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. «Escribir es una manera de vivir», dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima,La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas -rayos, truenos, gruñidos de las fieras-, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

 
Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.

Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
© FUNDACIÓN NOBEL 2010

ALGUNAS MUJERES SÍ SABEN INFORMÁTICA!!!!!!!!!!!!….‏

 CASOS REALES 

Conversaciones reales registradas entre un Servicio de Asistencia Técnica y usuarias de equipos informáticos.

Caso 1
Técnico de Servicio: ¿Qué ordenador tiene usted?
Usuaria: Uno color blanco con ribetes grises…
Técnico de Servicio: (Silencio)…

Caso 2
Usuaria: ¡Hola!. No puedo sacar el cd del reproductor.
Técnico de Servicio: ¿Ha intentado apretar el botón?
Usuaria: Sí, claro, está como pegado…
Técnico de Servicio: Eso no suena bien, tomaré nota.
Usuaria: No… Espera… No había metido el cd… está todavía en la mesa…, gracias.

Caso 3
Técnico de Servicio: Haga clic sobre el ícono de ‘Mi PC’, a la izquierda de la pantalla.
Usuaria: ¿Su izquierda o mi izquierda ?

Caso 4
Técnico de Servicio: Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
Usuaria: Hola, no puedo imprimir.
Técnico de Servicio: Por favor dé clic en ‘inicio’ y…
Usuaria: Escuche, no empiece con tecnicismos, no soy experta en ordenadores. ¡Coño!

Caso 5
Usuaria: Hola, buenas tardes. Mire, no puedo imprimir, cada vez que lo intento dice ‘No se encuentra impresora’. ¡¡¡¡¡He cogido incluso la impresora, la he colocado frente al monitor pero el ordenador todavía dice que no la puede encontrar!!!!!

Caso 6
Usuaria: Tengo problemas para imprimir en color rojo.
Técnico de Servicio: ¿Tiene una impresora a color?
Usuaria: No, la mía es blanca solo…

Caso 7
Técnico de Servicio: ¿Qué ve en su monitor ahora mismo?
Usuaria: Un osito de peluche que mi novio me compró en Barcelona…

Caso 8
Técnico de Servicio: Ahora, pulse F8…
Usuaria:
No funciona.
Técnico de Servicio: ¿Lo ha hecho correctamente?
Usuaria: Sí, he presionado ocho veces la letra F.. .

Caso 9
Usuaria: Mi teclado no quiere funcionar.
Técnico de Servicio: ¿Está segura de que está conectado?
Usuaria: No lo sé. No alcanzo la parte de atrás.
Técnico de Servicio: Coja el teclado y dé diez pasos hacia atrás.
Usuaria: Vale
Técnico de Servicio: ¿El teclado sigue con usted?
Usuaria:
Técnico de Servicio: Eso significa que el teclado no está conectado ¿Hay algún otro teclado?
Usuaria: Sí, hay otro aquí. Huy,…. ¡¡¡Este sí funciona!!!

Caso 10
Técnico de Servicio: Tu password es ‘a’ minúscula de andamio, V mayúscula de Víctor, el número 7…
Usuaria: ¿7 en mayúscula o minúscula?

Caso 11
Usuaria: No puedo conectarme a Internet, aparece error de clave.
Técnico de Servicio: ¿Está segura de que está utilizando el password correcto?
Usuaria: Sí, estoy segura, ví a mi marido escribirlo.
Técnico de Servicio: ¿Me puede decir cuál era el password?
Usuaria: 5 asteriscos.

Caso 12
Usuaria: Tengo un grave problema. Un amigo me puso un protector de pantalla, pero cada vez que muevo el ratón el protector desaparece…

Caso 13
Usuaria: No logro encontrar el icono para abrir el Word.
Técnico de Servicio: Mire en el escritorio. ¿Qué ve ahí?
Usuaria: Muchos papeles y mi bolso…

¡HMMMMM…!. JURARÍA QUE FACEBOOK TRATA DE DECIRME ALGO.

 

 

ATENTADO ISLAMISTA EN SUECIA, OTRO «AVISO» DE LA «RELIGIÓN DE LA PAZ».

¡¡Y MIRA QUE ME JODE QUE LA GENTE, QUE MUCHA GENTE SIGA SIN QUERER VERLO!!, que es así, EL ISLAM ES ASÍ y SI NO NOS MOSTRAMOS FIRMES, ESTO VA A IR A PEOR.

Menos mal que esta vez ha sido chapucero y parece ser que solo ha habido una víctima mortal, EL TERRORISTA que era un terrorista suicida pero además, chapucero (lástima que eso no ocurra mas veces, fijaté, que mueran muchos de ellos sin que haya ningún herido, a ver si así se van extinguiendo):

 

Estocolmo, Agencias
Al menos una persona ha muerto y otras dos han resultado heridas como consecuencia de las dos explosiones registradas en la noche de ayer sábado en Estocolmo, la capital de Suecia. Al cierre de esta edición aún no se conocían con certeza las causas de las explosiones, aunque algunos medios de comunicación suecos empezaban a atribuir las detonaciones a un atentado suicida en el que habría muerto el terrorista, cuya identidad aún no había trascendido.

Las dos explosiones ocurrieron a unos 200 metros de distancia en un barrio concurrido de la ciudad y en una de ellas destruyeron un vehículo.

Al filo de la medianoche de ayer no se había producido confirmación de que el suceso fuera efectivamente un atentado terrorista, aunque la agencia de noticias oficial sueca, TT, informó de la recepción de una advertencia por correo electrónico que relacionaba el posible doble atentado con la guerra de Afganistán, por la presencia de soldados suecos en este país, y con las caricaturas del profeta Mahoma, obra del artista Lars Vilks.

El correo, remitido también a la Policía de Seguridad, fue enviado unos diez minutos antes de las dos explosiones. En él había archivos de audio adjuntos en sueco y árabe.

La voz de los archivos se dirige a Suecia y al pueblo sueco y habla sobre el silencio del país ante las caricaturas de Vilks y de la presencia militar de Suecia en Afganistán.

«Nuestras acciones hablarán por sí mismas. Mientras no pongáis fin a vuestra guerra contra el Islam, a la humillación del profeta y a vuestro estúpido apoyo al cerdo Vilks», afirma el hombre de la grabación, según TT.

ESTÁ MUY CLARO, ¿que esto es por los soldados suecos en Afganistán?, ¡¡¡VENGA YA!!, ni ellos se lo creen, ESTO ES UN AVISO, UNO MAS, de lo que pretenden los islamistas, SOMETER A TODO EL GLOBO AL ISLAM, NI MAS NI MENOS.

Hay que mentalizarse ya de una vez y dejar de ser CRÉDULOS, NO HAY UN ISLAM FANÁTICO Y UN ISLAM MODERADO Y PACÍFICO, NO LO HAY, SOLO HAY ¡¡¡ISLAM!!! y su pretensión es bien clara puesto que así lo dice su papel higienic….libro, esa «cosa» llamada Corán, TODO EL MUNDO TIENE QUE SOMETERSE A LOS DICTADOS DE LO QUE UN MAJADERO CONDUCTOR DE CARAVANAS Y PASTOR DE CABRAS DEL DESIERTO, ANALFABETO Y PEDERASTA, es decir, UN DEGENERADO SEXUAL dice que es la «única verdad» porque es la «palabra del único Diós verdadero», es decir, la palabra de un invento supersticioso al que nadie ha visto y que llaman «misericordioso»  pero que llama a la guerra y el asesinato indiscriminado y que desprecia completamente a la mujer convirtiendola en algo menos que un simple juguete que el hombre puede manejar a su antojo, que llama a los suyos a someter, por la fuerza y sin contemplaciones si es necesario a todo quisque, que está por encima de toda ley, toda idea, toda constitución, todo pensamiento.

Y este es uno de sus avisos, y en plena Europa. Lo de los soldados suecos solo es un disimulo, la realidad es que NOS ESTÁN DICIENDO CON CLARIDAD QUE O NOS SOMETEMOS O VAMOS A TENER BOMBAS Y DE TODO UN DIA SI Y OTRO TAMBIÉN.

Luego está claro que SI QUEREMOS SEGUIR CON NUESTRAS PROPIAS COSTUMBRES, CON NUESTROS DERECHOS Y NUESTROS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS, QUE NO SON PERFECTOS, NATURALMENTE PERO QUE SI SON MUCHO MEJOR QUE VIVIR EN EL SIGLO XV Y QUE TANTO NOS HA COSTADO IR CONSIGUIENDO (Y NO DIGAMOS YA LOS DE LA MUJER), HAY QUE EMPEZAR A HACER FRENTE CON TOTAL FIRMEZA Y SIN CONTEMPLACIONES TAMBIÉN A TODOS ESTOS BÁRBAROS.

 

THE VOLUPTUOUS HORROR OF KAREN BLACK – » UNDERWEAR DRAWER «

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Hoy traigo por aquí algo BRUTAL, PROVOCATA Y FUERTEMENTE SEXUAL.

Poco conozco yo de esta tia y su gente. Me enteré de su existencia por este mismo video, yo andaba por el youtube buscando temas de otro tipo y lo ví, me llamó la atención el nombre, eso de «Voluptuous Horror» y el careto que se ve, pensé el algo parecido a Alice Cooper y me encontré….con esto.

El PUNK ROCK no es exactamente lo mio, hay grupos como los Pistols o los Ramones que si, que me encantan pero no es algo que haya seguido atentamente nunca, y de hecho he escuchado después algunas otras cosas de esta chica y no me han gustado, me han parecido con muy mal sonido y deslabazadas, pero esta no, esta es una pasada.

Es eso, un punk rock clarisimo, con una fuerza y un salvajismo brutal y además tiene unos riffs de guitarra enormes, sonido mas bien sucio, de eso se trata, con una puesta en escena, totalmente PROVOCATIVA, MUY INSINUANTE y CLARAMENTE SEXUAL, ALGO MAS QUE SIMPLE EROTISMO. Pertenece al que creo que es su último album hasta ahora, Black Date, de 1.998 y digo último hasta ahora porque por lo que he podido averiguar, el grupo sigue funcionando pero no he visto que tengan albunes posteriores.

 

Y el video…..bueno, no adelanto absolutamente nada, MEJOR VER y quienes sean un tanto….digamos mojigatillos o algo así, MEJOR PASAR DE ELLO.

ESTAIS ADVERTIDOS.

Y quien quiera saber algo mas, puede buscar también por el nombre de ella, Kembra Pfalher, no pongo enlaces porque hay en google bastantes y ESO SI, PRACTICAMENTE TODO ESTÁ EN INGLÉS.

STUDIO VERSION

THE VOLUPTUOUS HORROR OF KAREN BLACK – » UNDERWEAR DRAWER «

Come home look around
Don’t know which ways up or down.
Stand up sit down stare at the wall.
I want to change my life
But I don’t know how!

Underware Drawer
Underware Drawer
I want to clean out my underware Drawer

Got some chiffon scarves.
Some old shit I never wear.
Sprinkle it with glitter.
Show that old chest I care.

Underware Drawer
Underware Drawer
I want to clean out my underware Drawer

I want to start a new life
I want to start a fresh
I’m tired of a small life
Iwant more.

Underware Drawer
Underware Drawer
I want to clean out my underware Drawer

Got some torn panties
So many mismathed socks
Got some old stockings
Seen the school of hard knock

I got my things in order
So I can concentrate
I’ll start with my undies
This will decide my fate

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Cajón de ropa interior
cajón de ropa interior
Quiero limpiar mi cajón de ropa interior

conseguida algunos pañuelos de gasa.
algunos mierda de edad que nunca se desgastan.
rociará con brillo.
Demostrar que el pecho viejo me importa.

Cajón de ropa interior
cajón de ropa interior
Quiero limpiar mi cajón de ropa interior

Quiero empezar una nueva vida Quiero empezar de nuevo
Estoy cansada de mi pequeña vida
Quiero mas

Cajón de ropa interior
cajón de ropa interior
Quiero limpiar mi cajón de ropa interior

Nos dieron unas bragas rasgadas
Tantos calcetines desparejados
Nos dieron unas medias viejas
Visto en la escuela de golpe fuerte

Tengo mis cosas en orden
Así que me puedo concentrar
Voy a empezar con mi ropa interior
Esto decidirá mi destino

o decidirá mi destino