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GUIA POLITICAMENTE INCORRECTA DEL ISLAM.

Existe una aceptación generalizada, hasta el punto de convertirse en axiomática, de que el castigo corporal islámico a las mujeres es de orden cultural, que no deriva del Corán y que actualmente el islam ofrece a las mujeres una vida mejor de la que pueden disfrutar en Occidente.

[…] Leila Ahmed, profesora de estudios sobre las mujeres y la religión en Harvard, [ha declarado]: «Me sorprende hasta qué punto la gente piensa que Afganistán y los talibanes representan a las mujeres y al islam». Ahmed dice: «Nos encontramos en las primeras etapas de un gran replanteamiento del islam para su apertura hacia las mujeres. [Los expertos musulmanes] están efectuando una relectura de los textos sagrados del islam, desde el Corán hasta los textos legales, en todas sus posibles alternativas».

 

Relecturas

 

(…) La «relectura» del Corán y de otros textos sagrados del islam, ¿va realmente a contribuir a «una apertura del islam hacia las mujeres»? Éstos son algunos de los textos de los que habría que efectuar una «relectura»:

– Las mujeres son inferiores a los hombres, y deben ser gobernadas por éstos: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá los ha hecho superiores a ellas» (Corán, 4: 34).

 

– El Corán compara a la mujer con un campo (tierra cultivable) a ser usado por el hombre según su voluntad: «Vuestras mujeres son vuestro campo de cultivo; id, pues, a vuestro campo de cultivo como queráis» (2: 223).

 

– También declara que el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre: «Y llamad para que sirvan de testigos a dos de vuestros hombres; y si no encontráis dos hombres, entonces, un hombre y dos mujeres que os parezcan aceptables como testigos, de modo que si una yerra, la otra subsane su error» (2: 282).

 

– Permite a los hombres casarse con hasta cuatro mujeres, y también tener sexo con esclavas: «Y si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces casaos con otras mujeres que os sean lícitas: dos, tres o cuatro; pero si teméis no ser capaces de tratarlas con equidad, entonces sólo con una, o con aquellas esclavas que sean de vuestra propiedad. Esto hará más probable que no os desviéis de la rectitud» (4: 3).

 

– Ordena que la herencia de un hijo debe ser el doble que la de una hija: «Con relación a la herencia de vuestros hijos, Alá os prescribe lo siguiente: al varón le corresponde el equivalente a la porción de dos hembras» (4: 11).

 

– Indica a los maridos que golpeen a sus esposas desobedientes: «Las mujeres virtuosas son las verdaderamente devotas, que guardan la intimidad que Alá ha ordenado que se guarde. Pero a aquellas cuya animadversión temáis, amonestadlas, y luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles» (4: 34).

Aisha, la más amada de las numerosas esposas de Mahoma, amonestó a las mujeres en forma muy clara: «Oh, mujeres, si conocierais los derechos que vuestros maridos tienen sobre vosotras, entonces cada una de vosotras limpiaría el polvo de los pies de su marido con su cara».

 

Puede ser que individualmente los musulmanes respeten y honren a las mujeres, pero el islam no lo hace.

 

(…)

 

El matrimonio infantil

 

El Corán da por sentada la existencia del matrimonio infantil en sus directivas sobre el divorcio. En las consideraciones acerca del periodo de espera requerido para determinar si la mujer está encinta, dice: «En cuanto a aquellas de vuestras mujeres que han pasado la edad de la menstruación, y aquellas que no la tienen, su período de espera será de tres meses» (Corán, 65: 4; la cursiva es mía). En otras palabras, aquí Alá está previendo un escenario donde la mujer prepúber no solamente está casada, sino en el cual su marido se divorcia de ella.

 

Una razón de la «revelación» de este versículo a Mahoma es que él mismo tenía una esposa niña: el Profeta «se casó con Aisha cuando ella era una niña de seis años, y él consumó ese matrimonio cuando ella tenía nueve años». Los matrimonios infantiles eran habituales en Arabia durante el siglo VII, y aquí nuevamente el Corán ha retomado una práctica que debía haber sido abandonada hace tiempo, otorgándole el carácter de una revelación divina.

 

El castigo corporal a las mujeres

 

Una vez se le dijo a Mahoma que «las mujeres se habían envalentonado con sus maridos», por lo cual él «concedió el permiso para que las golpearan». Cuando algunas mujeres se quejaron, Mahoma señaló: «Muchas mujeres han acudido a la familia de Mahoma para quejarse de sus maridos. Ellas no son de las mejores entre vosotras». Estaba disgustado con las mujeres que se quejaban, y no con los maridos que les pegaban. En otro momento, agrega: «A un hombre no se le debe preguntar por qué pega a su mujer».

 

Otro hadiz relata que en una ocasión una mujer acudió a Mahoma para pedir justicia. «Aisha dijo que la mujer [vino] usando un velo verde, [y se quejó a Aisha de su marido, y le mostró una mancha verde en su piel causada por golpes]. Entre las mujeres, era una costumbre el respaldarse mutuamente, por lo cual cuando llegó el Mensajero de Alá, Aisha dijo: ´Nunca he visto sufrir tanto a una mujer como a las mujeres creyentes. ¡Mira! ¡Su piel está más verde que su ropa!´».

 

(…)

 

Una oferta que no se puede rechazar

 

Mahoma destacaba el hecho de que las mujeres eran posesiones de sus maridos: «El Mensajero de Alá dijo: ´Si un marido convoca a su mujer a su cama [para tener relaciones sexuales] y ella se niega y provoca así que él se duerma enfadado, los ángeles la maldecirán hasta la mañana siguiente´». Esto se ha mantenido en la ley islámica: «El marido solamente está obligado a mantener a su mujer cuando ella se entregue o se ofrezca a él, lo que significa que le permita gozar en forma absoluta de su persona, y que no se niegue a tener sexo con él en cualquier momento del día o de la noche».

 

No deben salir solas

 

La ley islámica estipula que «el marido puede prohibir a su mujer salir de su casa», y que «una mujer no debe abandonar la ciudad sin estar acompañada por su marido o por algún miembro de su familia política, a menos que el viaje sea obligatorio, como el haj [la peregrinación a La Meca]. En otras circunstancias, es ilegal que ella viaje, o que el marido le permita hacerlo».

 

Según Amnistía Internacional, en Arabia Saudí «las mujeres […] que caminen sin compañía, o que vayan en compañía de un hombre que no sea su marido ni tampoco un pariente cercano, corren el riesgo de ser arrestadas bajo sospecha de prostitución o de otras ofensas morales«.

 

 

 

Maridos temporales

 

Para un hombre musulmán no hay nada tan sencillo como el divorcio. Todo lo que tiene que hacer es decirle a su mujer: «Me divorcio de ti», y el divorcio queda consumado. La aparente crudeza de esta disposición pareciera estar mitigada por este versículo del Corán: «Y si una mujer teme ser maltratada o abandonada por su marido, no incurrirán en falta si ambos se avienen a reconciliarse pacíficamente: pues lo mejor es la reconciliación» (Corán, 4: 128). Pero esta apelación al acuerdo no es un llamamiento a un encuentro entre iguales, al menos tal como es interpretado por la Hadiz. Aisha explica este versículo: «Se refiere a la mujer cuyo marido ya no quiere conservarla, sino que quiere divorciarse de ella y casarse con otra, y entonces ella le dice: ´Quédate conmigo y no te divorcies, y cásate con otra mujer, y no tienes que mantenerme ni dormir conmigo´».

 

La posibilidad de que un hombre se divorcie de su mujer en un rapto de ira y luego quiera reconciliarse con ella da pie a otra originalidad de la ley islámica: una vez que una mujer musulmana se ha divorciado tres veces del mismo marido, debe casarse y divorciarse de otro hombre antes de poder volver con el primero: «Cuando un hombre libre se ha divorciado tres veces, es ilegal que se vuelva a casar con la misma mujer antes de que ella se haya casado con otro en un matrimonio válido, y que el nuevo marido haya copulado con ella».

 

(…)

 

Esta indicación ha dado origen al fenómeno de los «maridos temporales». Después de que un marido se divorciara de su mujer en un arranque de resentimiento, estos hombres iban a «casarse» con la infortunada divorciada por una noche para permitirle volver con su marido y su familia.

 

Licencia profética

 

Cuando Mahoma ya tenía nueve esposas y numerosas concubinas, Alá le otorgó un permiso especial para tener tantas mujeres como quisiera: «¡Oh Profeta! Hemos hecho lícitas para ti a tus esposas, a las que has pagado sus dotes, así como a las que tu diestra mano posee procedentes del botín de guerra que Alá te ha concedido. Y [hemos hecho lícitas para ti] a las hijas de tus tíos y tías paternos, y a las hijas de tus tíos y tías maternos que hayan emigrado contigo [a Yazrib], y a cualquier mujer que libremente se ofrezca al Profeta y con la que el Profeta quiera casarse, esto sólo como privilegio tuyo, no de los demás creyentes» (Corán, 33: 50). Estas profecías tan convenientes son numerosas en el Corán; Alá incluso ordena a Mahoma que se case con la atractiva esposa divorciada de su hijo adoptivo (33: 37).

 

El deseo de Mahoma ha cosechado amargos frutos. Estos pasajes del Corán son sólo dos ejemplos de la profunda convicción de que las mujeres no pueden ser iguales a los hombres en cuanto a su dignidad como seres humanos, sino que son objetos concedidos a los hombres y usados por éstos. La poligamia, desde luego, está basada en esta suposición, y se va trasladando hacia el Oeste con el islam. La poligamia ha pasado a ser tan común entre los musulmanes de Gran Bretaña, que a finales de 2004 los británicos consideraron su reconocimiento a los efectos de la aplicación de los impuestos.

 

Esposas temporales

 

El islam chiita, (…) dominante en Irán, también permite tener «esposas temporales». Esto es una provisión para los hombres que quieren tener una compañía femenina por un corto periodo de tiempo. En un matrimonio temporal, o mut’a, la pareja firma un acuerdo matrimonial que es el habitual en todos los demás aspectos, salvo que incluye un límite de tiempo para el mismo. Una tradición de Mahoma estipula que un matrimonio temporal «debería durar tres noches, y si ellos quieren continuar pueden hacerlo, y si se quieren separar, también». No obstante, muchas de estas uniones no llegan a durar las tres noches.

 

La autorización de esta práctica se basa en una variante chiita de la lectura de un versículo del Corán (4: 24), así como (…) en este párrafo de los hadices: «Jabir ben Abdulá y Salama ben al-Akwa han relatado: cuando estábamos en el ejército, el Mensajero de Alá vino a nosotros y dijo: ´Vosotros tenéis la autorización para el mut’a (…), por lo tanto, realizadlo´». Los musulmanes sunníes, que constituyen el 85% del total, proclaman que luego Mahoma revocó esta provisión, pero los chiitas no están de acuerdo con esa medida. De todos modos, las esposas temporales tienden a congregarse en las ciudades sagradas chiitas, donde pueden ofrecer compañía a los seminaristas solitarios.

 

Violación: se necesitan cuatro testigos

 

La mayor amenaza para las mujeres reside en la concepción musulmana de la violación, en la medida en que se conjuga con las restricciones islámicas respecto a la validez del testimonio femenino. En un juicio, el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre (Corán, 2: 282).

 

Los teóricos de la ley islámica han restringido aún más la validez del testimonio femenino al limitarlo, en palabras de un manual legal (…), a «casos relativos a la propiedad o a transacciones referidas a propiedades, tales como las ventas». En otros casos solamente pueden testificar los hombres. En los casos de abuso sexual, se requieren cuatro testigos. Éstos deben poder aportar otros elementos aparte de la mera testificación de que se ha producido un hecho de fornicación, adulterio o violación; en este último caso, deben haber sido testigos presenciales.

 

Esta disposición tan peculiar como demoledora tiene su origen en un incidente de la vida de Mahoma, cuando su esposa Aisha fue acusada de infidelidad. La acusación conmocionó especialmente a Mahoma, porque Aisha era su esposa favorita. Pero en este caso, como en muchos otros, Alá acudió en ayuda de su Profeta, le reveló la inocencia de Aisha e instituyó la estipulación de los cuatro testigos requeridos para los pecados sexuales: «¿Cómo es que no presentan cuatro testigos para probar su imputación? Pues, ¡si no presentan dichos testigos, son ésos los que, ante Alá, son en verdad mentirosos!» (Corán, 24: 13).

 

Por consiguiente, es casi imposible probar una violación en los territorios que siguen los dictados de la sharia. Los hombres pueden cometer una violación con total impunidad: si niegan los cargos y no hay testigos, serán absueltos, porque el testimonio de la víctima es inadmisible. Peor aún, si una mujer acusa a un hombre de violación puede terminar incriminándose a sí misma. Si no se pueden encontrar los testigos masculinos requeridos, la acusación de violación de la víctima pasa a ser una admisión del adulterio. Esto explica el grave hecho de que hasta el 75% de las mujeres encarceladas en Pakistán lo están por el crimen de haber sido víctimas de una violación.

 

(…)

 

La circuncisión femenina

 

(…) no es una costumbre específicamente islámica, dado que existe en una cierta cantidad de grupos culturales y religiosos de África y del sur de Asia. Entre los musulmanes, prevalece principalmente en Egipto y su entorno. A pesar de que, en el mejor de los casos, hay escasas referencias a esta horrible práctica en el Corán o en los hadices, los musulmanes que la practican la revisten de un significado religioso. Un manual legal islámico establece que la circuncisión es requerida «tanto para los hombres como para las mujeres».

 

Para el jeque Mohamed Sayed Tantawi, el gran jeque de Al-Azhar, la circuncisión femenina es «una práctica loable que honra a las mujeres». En su carácter de gran imán de Al-Azhar, Tantawi es, según palabras de un periodista de la BBC, «la mayor autoridad espiritual de casi mil millones de musulmanes sunníes». Quizás a los ojos del jeque Tantawi el dolor que causa a sus víctimas la circuncisión femenina bien vale el resultado; la mayor parte de las autoridades concuerdan en que la circuncisión femenina está diseñada para reducir la respuesta sexual de la mujer, de modo tal que sea menos propensa a cometer adulterio.

 

Las perspectivas a largo plazo no son nada halagüeñas

 

Mientras los hombres continúen leyendo y creyendo en el Corán, las mujeres van a ser ciudadanas despreciadas de segunda clase, sujetas a la angustia y la deshumanización de la poligamia, a la amenaza de un divorcio fácil y arbitrario; y, lo que es aún peor, van a estar sometidas a golpes, a falsas acusaciones y a la pérdida de la práctica totalidad de las libertades humanas más elementales.

 

No se trata de fenómenos que se den en un grupo o en un partido, ni de forma efímera. Son las consecuencias de considerar el Corán como la palabra absoluta, perfecta y eternamente válida de Alá. En la medida en que los hombres sigan creyendo firmemente en el Corán, las mujeres estarán en peligro.

 

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NOTA: Este texto es un fragmento editado del capítulo 5 de GUÍA POLÍTICAMENTE INCORRECTA DEL ISLAM (Ciudadela), de ROBERT SPENCER, titulado «El islam oprime a las mujeres».

www.librohispania.com/

UNA VOLTAIRE FEMENINA: WAFA SULTÁN

 

Un estupendo artículo de Ana Nuño, MUY A TENER EN CUENTA.

Una Voltaire femenina: Wafa Sultan

 

No tiene el porte de reina africana de Ayaan Hirsi Ali o Nyamko Sabuni, ni la frescura de Necla Kelek, ni el aspecto de intelectual de Mina Ahadi. Es una mujer regordeta, y me recuerda a la que me vende verdura fresca en un mercado de Barcelona. Que siempre me recibe con una sonrisa y un «Hola, reina, què posarem avui?».

Tampoco es abogada o socióloga, y no ha hecho carrera como política. Estudió medicina y es psiquiatra, y ya habrá comprendido el lector que no tiene eso que llaman «perfil mediático». Nacida en la ciudad costera siria de Baniyas en 1958, en una familia de estricta obediencia musulmana (alauita), estudió medicina en la Universidad de Aleppo. Fue ahí, en 1979, donde tuvo su primera epifanía negativa con el Islam: le tocó asistir al asesinato de uno de sus profesores, acribillado a balazos por unos fanáticos miembros de la Hermandad Musulmana al grito de «Allahou Ajbar!». (Por cierto, un conciudadano sirio, refugiado como ella en Estados Unidos, ha publicado el típico artículo teledirigido para refutar que el profesor El Youssef muriera en los predios de la Universidad de Aleppo y, de paso, para insinuar que Sultan se ha inventado esa historia).

Hasta los treinta años vivió en su país de origen, pero después de tratar como psiquiatra numerosos casos de mujeres sometidas a violencias consideradas normales en el ámbito islámico decidió expatriarse a Estados Unidos, país en el que reside desde 1989 y del que ha adquirido la nacionalidad. No se cansa de decir, en todos los foros, en los medios y en la red (a través de Annaqed, página web fundada por otro sirio afincado en USA), básicamente tres cosas: 1) que el Islam es más que una religión: una cultura que desde hace catorce siglos oprime a quienes la profesan; 2) que la cultura islámica niega el intercambio y la asimilación con otras culturas y busca activamente la destrucción de culturas diferentes; 3) que las principales víctimas del Islam son las mujeres.

Llama la atención en la biografía de Wafa Sultan un par de datos: aunque nacida en una familia devotamente musulmana, se crió en una ciudad, Baniyas, con una minoría significativa de cristianos, y vivió hasta el inicio de su madurez en Siria, es decir, en un país árabe y mayoritariamente de religión musulmana pero oficialmente aconfesional y socialista. No se trata de una saudí o una qatarí, por tanto, ni siquiera de una egipcia (conviene recordar que más del 90% de las egipcias han sido sometidas a una de las tres formas más corrientes de mutilación genital, o FGC). Pero cuando toma la palabra es un huracán.

Y se atreve a tomarla en cualquier ágora, incluso ante los integristas de la fe y las costumbres que denuncia. De hecho, Wafa Sultan se convirtió, para la revista Time, en una de las 100 personas más influyentes del mundo después de haber salido airosa de una encerrona en Al Yazira, el 21 de febrero de 2006. Realizada por Memri y colgada en la web, la versión editada del debate que sostuvo en la cadena qatarí con Ibrahim al Khouly, imam suní de la mezquita Helwan de El Cairo y profesor de la Universidad Al Azhar, es uno de los documentos que en los últimos años ha tenido mayor difusión: más de un millón de descargas en las primeras dos semanas.

Por descontado, su intervención no ha pasado inadvertida entre los defensores de los derechos humanos a la islámica moda, y Sultan ha recibido desde entonces varias amenazas de muerte. No se piense que es retórica la frase anterior: existe, desde 1990, una declaración alternativa a la más famosa y universalmente reconocidaDeclaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, adoptada por la Asamblea General de esta misma organización en 1990 (U. N. Doc. A/CONF.157/PC/62/Add.18), con la intención declarada de establecer un código paralelo, dictado desde la perspectiva y los intereses de los países islámicos. Su artículo primero no tiene desperdicio: donde la declaración de 1948 de Naciones Unidas reza: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros», el nuevo decálogo de la Alianza de Civilizaciones islámicas dice: «Todos los seres humanos integran una sola familia, cuyos miembros están unidos por su subordinación a Alá y descienden de Adán».

De todas las denuncias de Sultan, la de más calado tiene que ver con este punto, no precisamente doctrinal sino de principios: el Islam oprime desde hace siglos a sus súbditos, pero lo hace no sólo porque sea una religión ferozmente excluyente de los infieles, sino porque aspira a imponerse como ley única y universal. De hecho, según Sultan, lo que diferencia a las democracias occidentales de los países musulmanes (especialmente, en su opinión, los árabes) es que en éstos no hay separación entre Estado y religión. No es una observación novedosa, pero Sultan insiste en este punto, en un momento en que muchos de sus contemporáneos le sacan el cuerpo para evitar ser acusados de defender las tesis de Samuel Huntington, que han sido caricaturizadas como sulfurosas manifestaciones de racismo antiislámico por la progresía occidental. En una entrevista publicada a fines de 2007 en FrontPage, a la pregunta de si el Islam y la democracia son compatibles, la respuesta de Sultan no dejaba lugar a dudas: «Por el momento, no lo son». Y explicaba por qué:

Las sociedades democráticas liberales reconocen y otorgan los mismos derechos a todos, independientemente de la religión, el sexo y la raza. Son sociedades que separan la religión del Estado. El Islam es a la vez religión y Estado.

En lo que respecta a los seres humanos, las mujeres no son iguales a los hombres. Los no musulmanes no son iguales a los musulmanes. En un mundo dominado por el Islam, los no musulmanes serán considerados y tratados como dhimmies, como ciudadanos de segunda clase sometidos a leyes específicas.

No menos vehemente (y emotiva) se muestra Sultan al denunciar las violencias que padecen las mujeres en nombre del respeto a las diversas variantes de la sharia. Ha tratado profesionalmente algunos de estos casos, pero también ha vivido de cerca, en su propia familia, las trágicas consecuencias de los matrimonios de honor, práctica común en todo el orbe islámico. Pero el valor de Sultan, en los dos sentidos de la palabra, trasciende el asunto de la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres sometidas a leyes islámicas. Como el mejor Voltaire, el del caso Calas, Sultan procura basar sus denuncias en casos con nombre y apellidos, pero no pierde nunca de vista lo esencial: que el Islam es un peligro para todos, hombres y mujeres, sean o no musulmanes, porque sus cultores lo consideran no sólo una religión, sino una ideología política.

El mensaje radicalmente incorrecto de esta mujer, que no se limita a hablar en nombre de otras mujeres ni sólo de las violaciones de derechos humanos en países musulmanes, está dirigido sobre todo a quienes hemos nacido y vivimos en democracias. Y que tan fácilmente olvidamos lo que está en juego.

Para empezar, hemos de reconocer que el Islam es considerado por la mayoría de musulmanes creyentes no sólo una religión, sino una ideología de dominación política. Por lo tanto, Occidente no debe tratar al Islam únicamente como una religión. (…) Hasta febrero de 2006, cuando tuvo lugar mi entrevista en Al Yazira, sentía la necesidad de hacer pedagogía sólo con el público árabe, con el que compartía mis reflexiones sobre el Islam. Pero después de esa entrevista (…) he descubierto que por desgracia también los occidentales son poco conscientes de las realidades del islamismo. (…) La ignorancia no es una opción ante [estas realidades]. Occidente tiene que darse cuenta de que el islamismo no tiene cabida en las democracias liberales y las sociedades abiertas.

FUENTE: http://www.forojovenes.com/historia/mujeres-contra-el-islam-11100.html

EN CATALUÑA CONTROLAN LOS MUSULMANES

 

Alerta en Cataluña por la expansión musulmana organizada. El movimiento salafista controla en Tarragona ya cinco mezquitas.
Los Mossos d’Esquadra investigan desde hace un año a raíz de que un tribunal islámico condenase a muerte a una mujer. Las escuchas, seguimientos y registros han puesto al descubierto una red perfectamente organizada que se nutre económicamente gracias a las mezquitas.

Las escuchas telefónicas revelan que las mezquitas son también utilizadas como fuente de ingresos, autoridad y control sobre los musulmanes. “Los hermanos de Torredembarra están subiendo y no quieren dar más dinero”, le comenta un imán no identificado al líder salafista de Reus. Ambos relacionan el aumento de su influencia con más ingresos. “Ahora hay muchas, quizá son 10 u 11 mezquitas. Si podríamos recoger 500 euros al día, así podríamos conseguir 5.000 euros al mes”, calculan.

Asímismo se han encontrado ejemplares del Corán con varias Suras señaladas:

“Matad a los idólatras donde los encontréis. ¡Cogedlos, sitiadlos! ¡Pre­paradles toda clase de emboscadas!” Corán, Sura 9 – 5

“Aquellos que nieguen el Islam deben ser muertos. Si se vuelven (del Islam), entonces cogedlos, matadlos donde los encontréis” (Corán 4-89 [91])

El Corán ordena la guerra santa (Yijad) a todos los musulmanes, para imponer el Islam a toda la Humanidad. Eso es la Yijad. Sólo están exentos de hacer la Yijad los minusválidos, los ciegos y los mutilados (Corán 4, 95 [97])

Están en contacto con imanes de otras provincias e incluso reciben la visita secreta de oscuros personajes internacionales.
A los amantes de la Alianza de inCivilizaciones todo les parece bien, incluso que exijan piscinas y playas para su uso exclusivo, olvidando que en sus países no cambian ni una coma por nadie y que persiguen y expulsan a los cristianos, queman iglesias y matan.

Aquí también han venido a matar, por si los comedores de alfalfa no se han dado cuenta todavía. Recordemos el fallido atentado planeado en el Metro de Barcelona no hace mucho. Y no olvidemos cómo el espía francés infiltrado en la organización fue “quemado” por el inútil de la Moncloa al dar su nombre, teniendo que ser escondido junto con toda su familia. Cualquiera diría que este tipo está al servicio de los terroristas de todo tipo… (nótese la ironía).

Yo ya he hecho mi elección para las próximas elecciones catalanas y no dudaré en introducir la papeleta en la urna. Tal vez no eche a Espot y esto es lo que me ha hecho dudar hasta ahora, pero el peligro islámico es superior y con éste sí va a acabar. Cada cosa a su tiempo, hay prioridades.

FUENTE: http://daltdelarcdesantmartmyblog.wordpress.com/2010/06/21/en-cataluna-controlan-los-musulmanes/

STOP

ISLAM