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¡¡ VIVA EL FUTBOL, JA JA JA JA JA JA !!

 

LA «LUMI», EL POLÍTICO Y EL CHOFER.

 

Amanda, una prostituta que trabaja en el parque del retiro, es una mujer de 25 años de hermosas formas y mirada triste, esta casada y es madre de dos hijos.

De repente ve como se acerca un coche, una limusina, los ojos de Amanda brillan ilusionados, si se lo trabajaba bien, no tendría problemas en todo el mes.

Para su sorpresa, bajó Pedro, uno de los gobernantes del país que lo único que hacia era reprimirla.

-¡señorita! Debería irse usted y todas las demás de aquí, esta prohibida la prostitución – decía Pedro.

Amanda no creía lo que decían, ¿prohibida la prostitución? Con cierto temor preguntó él porque.

-¡porque atentan contra su dignidad como mujeres! Señoritas, ¿usted no se siente vejada en este trabajo? – decía Pedro.

-s-si – dijo Amanda con lagrimas en los ojos – la única cosa bonita que oí en mis siete años de trabajo son «sigue chupando así y te pagó el doble».

-pues no se preocupe señorita, con el fin de la prostitución, su dignidad de mujer volverá a lo que era, ya no será un objeto usado que solo se abre de piernas por un billete, ya sus hijos no les llamaran hijos de puta, ya su marido no tendrá que aguantar el peso de su cornamenta, gracias a mí, tendrá un trabajo decente – decía Pedro.

-si ya lo tengo, de día me dedico a fregar los suelos del gran hotel y solo con esto no llego – decía Amanda.

-que su marido trabaje – decía Pedro.

-si le echaron de la obra hace cinco años y no para de buscar trabajo, pero los del INEM no le encuentran el perfil – decía Amanda llorando.

-pues exija aumento de sueldo en el hotel – decía Pedro sonriente.

-¿para que me echen? ¿Con la cantidad de chicas que desean mi puesto? ¿Acaso quiere que juegue con el pan de mis hijos? – decía Amanda.

-vaya, ya se el motivo, usted esta en manos de la mafia, no se preocupe, si testifica, nosotros la protegeremos hasta el juicio – decía Pedro.

-¡no estoy en manos de una mafia!, ¡Estoy aquí porque necesito dinero! – decía Amanda disgustada.

Un cliente iba a requerir los servicios de Amanda, pero Pedro lo espanta bajo amenazas de multa y prisión.

-¡Joder! ¡Yo que necesitaba desahogarme porque mi jefe no para de darme por el culo! – decía el cliente.

-además hago un servicio social, ese hombre le rechazan todas las mujeres ¿cómo va a desahogarse? ¿Violando estudiantes? – decía Amanda furiosa por la perdida de su cliente.

-para eso esta su mano y la tele y los videojuegos y nuestras excitantes campañas políticas – decía Pedro sonriente.

-en vez de apartarnos, ayúdenos, AYUDENOS A DEJAR ESTE TRABAJO DE MIERDA – decía Amanda llorando.

-no puedo, no hay presupuesto – decía Pedro encogiéndose de hombros.

La cara de Amanda quedó con una mueca de sorpresa ¿no puede?.

-¿y los 30.000 millones de euros que dan a los bancos? – preguntaba Amanda.

-ese dinero es necesario para salvar a la banca y que la banca arregle este pequeño crecimiento negativo económico temporal – decía Pedro.

-multidimensional de los pépticos omega alfa Orión veis, ¡llámelo crisis como todo el mundo! – decía disgustada Amanda.

-bueno, esta claro que sois lo que sois, deshechos sociales antihigiénicos que no tienen pizca de dignidad, vamonos Bongo ¡y como lleguemos tarde para acosar sexualmente a mi secretaria te bajo el sueldo otra vez! – decía Pedro.

-¡alto ahí! ¡Págueme lo que me debe! – gritaba Amanda.

-¿deberle? ¿Deberle que? – preguntó Pedro.

-¡la hora de murga que me ha dado y lo del cliente que me ha espantado! ¡Son 80 euros! – decía Amanda.

-lo descontare de sus impuestos – decía Pedro quitándole hierro al asunto.

Pero Amanda tocó un silbato y prostitutas de todas las edades, razas y nacionalidades rodearon el coche de Pedro.

-¿qu-que significa eso? – preguntó Pedro asustado.

-bueno, somos el sindicato de prostitutas ¡a el! – gritaba Amanda.

Todas golpearon a Pedro como si fuera un saco de boxeo, mientras lo golpeaban le caían billetes de 500 euros, a medida que las chicas lo cogían, Pedro gritaba.

-¡nooo! ¡Es para el hotel donde me esperan cuatro prostitu…. estoooo, cuatro embajadoras tailandesas ¡es dinero del estado!

Bongo, el conductor huyó del lugar con una sonrisa, dejando a Pedro en la estacada mientras llamaba por el móvil a la mujer de Pedro diciendo que tendrían toda la semana para ellos.

AQUELLA FATÍDICA NOCHE.

Querida Bella, hace 2 años ligué. Pero no de esa manera patética que tengo de hacerlo, sino por la puerta grande.

Aquella fatídica noche conocí a un bombón que se llamaba Paula. Era una chica sacada de una revista erótica. Una de esas con la que fantaseas todas las noches y que se ves en la calle no te la quitas de la cabeza en seis meses. Paula. Paula se llamaba. Vivíamos en el mismo bloque. Se había mudado hace poco al 8ºD.

Recuerdo que aquella noche pude verla observándome mientras yo bailaba haciendo el «ganso» en la discoteca. Recuerdo cómo se acercó a mí. Como me sonrió. Como se giró. Como me fustigó con su larga y bienoliente melena. Como se me metieron sus pelos en mi ojo y como lloré de dolor. También recuerdo que por un motivo inexplicable en mí conseguí mantener una conversación simpática y que mientras lo hacía notaba algún que otro retortijón.

Como de una nube caí en la realidad que me llevaba a su casa.

– ¡Chavalote hay que cumplir!¡Hay que cumplir!- me dije a mí mismo.

Me invitó a una copa que no me supo a nada. Mientras ella me hablaba cariñosamente agarrada, yo intentaba repasar mentalmente todo lo que había aprendido en 10 años de consumo compulsivo de pornografía. Mi gran maestro, Rocco Sifreddi, me lo había enseñado todo.

En un momento dado, pasó por mi mente el chino de karate kid diciendo: «dal cela, pulil cela dal cela, pulil cela» ¡Lárgate de aquí, cabrón!

Me despertaron de mis cavilaciones, o mejor dicho, mis alucinaciones, unos besos que Paula comenzó a darme en el cuello. Me temblaban las piernas. Se me salía el corazón. Nos íbamos a dar un beso.

-A ver, ¡repasa!- pensé -Posición de los labios. Perfecto. ¿Cantidad de saliva? Bien, bien. ¿Movimiento? Suave y constante. Mano derecha pecho izquierdo, mano izquierda cachete derecho. Todo genial. Perfecto.

Pero de pronto se me encendieron todas las alarmas. ¡Luz roja luz roja! ACUMULACIÓN PELIGROSA DE GASES.

¡Dios mío! Creí que se me iba a escapar el pedo más grande jamás tirado.

-Paula cariño -dije con los ojos achinados y una voz que intentaba disimular el esfuerzo- ¿puedo ir al baño?
– Sí claro, en el pasillo. Segunda puerta a la derecha.

En un último esfuerzo esbocé una sonrisa mientras me dirigía al baño en un paso que se convertía en carrera tras un nuevo retortijón.

Tras varios minutos de descarga y concierto de corneta comencé a recuperar el color y a recordar dónde estaba. Y lo que era más importante, con quién estaba.
Reparé en aquellos momentos en el olor nauseabundo que había creado en aquel pequeño cuarto de baño, pero me volví a relajar cuando vi que tenía ventana y había un bote de desodorante. Además, pensé, estaba en la otra punta de la casa.

Cuando terminé de reflexionar tomé un trozo de papel higiénico y me dispuse a limpiar aquello que siempre hay que limpiar después de hacer una visita al señor Roca, cuando mi mirada fue a parar a mis calzoncillos.

Aquello no era la simple y típica zurrapilla, ni tampoco un pedo sucio. Aquello era una real cagada en mis calzoncillos.

-¿Y ahora qué hago?¿Qué hago? ¡Lavarlos!-exhorté. Pero aquello era demasiado espectacular como para quitarlos con un poquito de agua. Con la tensión por las nubes y las pulsaciones disparadas no podía pensar.

-Céntrate-pensaba-tienes que deshacerte de ellos.

Por una ventana del 8º piso salieron unos slip volando que cayeron en el ojo-patio.

Intentando mantener la dignidad y no hacer mucho ruido lavé mis posaderas en el bidé de aquella casa.

-¿Y ahora que hago? Si me pongo los pantalones va a pensar que soy un guarro. Un tío sin calzoncillos…- pensé- ¡Iré desnudo! Si ahora llego en bolas lo mismo se me pone como una moto.

Me quité el resto de la ropa y salí del baño pensando que era la decisión acertada. Mientras iba por el pasillo iba diciendo: «¡Paula cariño, ya vuelvo!»

Antes de llegar al salón dejé toda la ropa en el suelo y de un salto como si de un equilibrista se tratase entré en el salón con los brazos abiertos, ante el asombro de Paula, Don Antonio (su padre) y Doña Elvira (la madre).

Nuevamente noté los retortijones y sentí que las piernas me fallaban. Sin mediar palabra giré sobre mis pies y me agaché para recoger la ropa ante la incredulidad de los tres, pero con tan mala fortuna que al flexionar el tronco se escuchó como un melódico y sonoro ¡Prrrrt! salía de mi culo.

Tras decir un tímido «losiento» y un «buenasnoches» salí de aquella casa y bajé a toda prisa 4 plantas. Yo vivía en un 3º pero era tal las sensaciones que se agolpaban en mi cabeza y en mi pecho que sentía las piernas paralizadas. Me apoyé de espaldas a la pared mientras trataba se serenarme tomando largas bocanadas de aire.

Pero aquella noche no podía terminar así. La puerta del 4ºC se abrió y apareció Dña Paca una mujer de 76 años, que como supe después, acostumbraba a pasear de madrugada. Esta mujer al verme abrió mucho los ojos, hizo un ruido extraño y cerró la puerta. Tras lo cual se escuchó un golpe seco, que imagino era la cadera de Dña Paca que se había roto al caer.

Tenía que llegar a mi casa. Bajé sigilosa pero velozmente la escalera y saqué la llave de mis pantalones en cuanto llegué a mi puerta.

Debido a mi desconcierto no había escuchado que el ascensor estaba funcionando y que se paraba en mi planta. Y que se abría la puerta. Y que por ella salía mi vecina Mari carmen, que volvía de la juerga.

Tras la sorpresa inicial, fijó su mirada en mi pajarito que tras lo vivido aquella nochecita se había encogido, casi escondido (no recobró su aspecto hasta varios días después). Pues bien, tras echar un vistazo comenzó a reírse sonoramente señalando aquel tímido indicio de hombría.

Aquella fue la peor noche de mi vida. Y la mañana siguiente la más agitada del bloque desde el incendio del 74, ya que Lourdes, la del 6ºB encontró una bola de mierda envuelta en unos calzoncillos en la ventana de su dormitorio. A Dña Paca tuvieron que llevarla al hospital con la cadera rota y una angina de pecho después de que un pervertido desnudo le atacara al salir de casa. Y los Rodríguez, una familia que a pocos les dio tiempo conocer, abandonaron la casa precipitadamente ese día.

Ya no volví a saber nada de Paula y he intentado olvidar aquella noche. Tan solo la sonrisa burlona de mi vecina Mari carmen me recuerda cada día que aquella noche viví una Pesadilla.

LA NUEVA «JOVEN GUARDIA ROJA»

 

EL MENSAJE.

Una mujer muy enamorada le manda un mensaje cariñoso a su amado  diciéndole:
 

 

Mi amor:
Si estas durmiendo mándame tus sueños.
Si estas riendo mándame tu sonrisa.
Si estas llorando mándame tus lagrimas.
¡Te amo!

A lo que el hombre le responde, con el romanticismo propio de los hombres:
Mi amor;
Estoy cagando. ¿Quieres que te mande algo?.

 

  

 

Y…DIGAME ¿EL YAKUZI VIENE EQUIPADO CON «TODO»?

 

¡¡¡ EEEEEEH, ECHAAAADMEEEE UNA MAANOOO !!!!!

 

Tú ya me conoces:le tengo miedo a las alturas .quien puede sostenerme la escalera?

¡una mano por ahi  dispuesta a ayudar!. ?¿?

 ¿Tú crees que treinta manos de pintura serán suficientes?

PERDONADME, AHORA RECUERDO QUE TENGO QUE SACAR A PASEAR AL PERRO.

 

MISS AFGANISTÁN 2011

 

TENDENCIAS DE MODA.

 

Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas
que se reunen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman
«tendencias de moda».
¿Quienes son? ¿Cómo lo hacen?
Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice:
– Veo, veo que este año se va a llevar el azul petróleo.
Y saltan a dúo Victorio y Lucchino:
– Eso, eso. Y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto. ¡Y que se
jodan!.
¡Y date por jodida!. Porque la moda no es una industria. ¡Es una
secta dirigida por maricones! Y de esos seres que nos odian ¿qué
podemos esperar?… Si nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan
en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien. (Creo que lo hacen
para que luzcamos esos ridículos tangas que tanto molestan). O con esos
otros pantalones de pata larga que van limpiando las aceras.
¿Ustedes saben lo que son las fashion victims? Son las mujeres que
han caído en sus redes y ya no pueden escapar. Esas que cuando se
acercan a un escaparate, oyen voces en su cabeza:
– El poder de la moda te obliga, el poder de Dior te gobierna.
Realmente, yo me di cuenta del poder que tiene esta secta cuando
intente comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad?. Un vestido
rojo. Pues no. ¡Porque las tiendas están en el ajo!. Son las
representantes de Dior en la tierra. Y, claro, llego yo, y le digo a
la dependienta:
– Buscaba un vestido rojo.
Y me suelta:
– ¿Rojo? Este año no viene nada en rojo. Este año viene el azul petróleo.
– ¿Y eso rojo de ahí?
– Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.
¡Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Porque, de
repente, me veo diciendo:
– Vale, sácame uno azul petróleo de la 38.
Y, en ese momento, la dependienta me mira como se mira un SEAT Panda
desde un todoterreno:
– ¿La 38? Tú estarás entre la 40 y la 42.
Claro, yo la mire a ella como diciendo:
– Y tu estarás entre gilipollas y tonta del culo.
Pero le dije:
– Perdona, yo soy una 38.
– No, si ya. Pero es que este año viene la 38 ceñida, ¿sabes?.
Y es que ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Minarte
la autoestima para poder dominarte mejor.
Ahí, yo dije:
– Con esto no me pillan. !Yo me pruebo la 38 aunque me la tenga que
meter a rosca!
Y, claro, te miras al espejo y lo que ves es. Una morcilla. Una morcilla
azul petróleo.
Y digo yo:
– Si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por
qué la talla 38 no es siempre la talla 38? Tú vas al Carrefour y la
talla 38 se la puede poner King África y, sin embargo, te vas a Versace
y la 38 no se la pone ni Melody.
Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo.
Sí, porque pensé lo que pensamos todas:
– Así me obligo a adelgazar. Me obligo a adelgazar. ¿Seremos idiotas?
A las dos semanas te estas obligando a regalárselo a tu sobrina. ¡Es como comprarte unos zapatos del 34 para obligarte a que te encoja el pie!.
Pero es que ese es otro de los síntomas de que estas entrando en la
secta: Someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces,
cuando todavía no estas abducida del todo, consigues tener un momento
de lucidez y decir:
– No, no me lo llevo.
Y, entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la
frase definitiva:
– Llévatelo, no seas boba, ¡que lo puedes devolver!
¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver. Eso es como comerte un
trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!. Así que volví a casa con
mi vestido azul petróleo de la 38. Me lo pongo y le pregunto a mi
marido:
– ¿Cómo me queda?
– Pequeño.
– ¿Si? ¿Me marca mucho?.
– Te va a hacer llagas.
Ahí me dije:
– Maribel, contente. Esta es otra prueba. La secta de a moda quiere que
rompas lazos con tu entorno.
– ¡No, no van a poder conmigo!.
Me lance a la calle y no pare hasta que encontré el único vestido
rojo que quedaba en toda la ciudad.
Cuando lo vi, dije:
– ¡Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne. Y que Victorio le de a
Lucchino!
¡Ja! Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo. Pero la
alegría me duro dos escaparates. Es algo que nos pasa a todas las
mujeres. De repente, se te viene el mundo encima:
– Coño, ¿y que hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva
es el azul petróleo?
Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche. Tuve unas pesadillas.
Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes
gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist:
– Maribeeeel. Veeen hacia el glamouuuuur.
Total, que me desperté, empapada en sudor y dije:
– !Vale, esta bien! !Me rindo!.
Me unté entera con vaselina para que me entrara el traje, y me
presenté en la boda de mi amiga Jessi, vestida de azul petróleo.
Cuando llegue a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales…
Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico.
Ahí te das cuenta de que te han captado, has entrado en la secta, y a
partir de ese momento honraras a Victorio y a Lucchino, no nombraras a
Chanel en vano y amaras a Dior sobre todas las cosas.