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«ISRAEL ES UN ESTADO CANALLA» — ¡ EXCELENTE !

 

Lo he recibido por mail y es, desde luego, excelente, solo tengo que hacer, desgraciadamente, una salvedad, el debatiente hace, supongo que por desconocer realmente lo que se «cuece» en España, cosa que tampoco es de extrañar debido al escaso por no decir NULO interés que España despierta en el mundo, gracias a quienes todos sabemos, incluso los tontos que le votan, la afirmación de que, «Nunca verán al gobierno español en conversaciones de paz con los líderes de la ETA», CRASO ERROR, todos sabemos en España, incluso, reitero, los lerdos que les votan, que el gobierno de España no solo SI ha negociado con ETA, sinó que SIGUE NEGOCIANDO ACTUALMENTE CON ETA.

Hecha esta salvedad, he aquí el documento:

«La defensa más brillantemente audaz de Israel desde que Moisés dividió el Mar Rojo» – The Irish Independent
Israel es un Estado Canalla 
UN Watch Briefing Vol. 264, 19 de noviembre de 2010
Este notable discurso, fue pronunciado por Gabriel Latner, un estudiante de Cambridge de 19 años de edad, en un reciente debate de la sociedad de debates de la prestigiosa universidad. UN Watch se enorgullece en anunciar que el Sr. Latner vendrá a las Naciones Unidas en 2011 como pasante en nuestra organización. 
El debate de Cambridge se centró en la propuesta de que «Israel es un Estado canalla». Fue propuesta por Lauren Booth de Inglaterra, una ferviente opositora de Israel, que trabaja para el canal de televisión mundial estatal de Teherán, y que recientemente se convirtió al islamismo en una visita a Irán. En el debate, a su lado, estuvo acompañada por Mark McDonald, fundador de los Amigos Laboristas de Palestina, y del otro lado el Sr. Latner. 
The Irish Independent ha denominado el discurso del Sr. Latner como «la defensa más brillantemente audaz de Israel desde que Moisés dividió el Mar Rojo». 
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Israel es un Estado Canalla        http://images.Quebles.com/hotmail/emoticons/1511766.GIF
Gabriel Latner 
Esta es una guerra de ideales, y los otros oradores aquí esta noche son, merecidamente, idealistas. Yo no lo soy. Yo soy un realista. Estoy aquí para ganar. Tengo un único objetivo esta tarde – tener al menos una mayoría de ustedes saliendo por la puerta de los «Sí».
Me enfrento a un reto singular – la mayoría de ustedes, si no todos, ya han tomado una decisión. Este tema es muy polarizante, para la gran mayoría de ustedes, como para que no tengan ya tomada una opinión. Estaría dispuesto a apostar que la mitad de ustedes apoya firmemente la moción, y la mitad se opone firmemente a ella. 
Quiero ganar, y estamos destinados a un empate. Estoy tentado a hacer lo que mis compañeros oradores van a hacer – simplemente hacer un refrito de todo lo malo que el gobierno israelí ha hecho, en un intento de satisfacer a aquellos de ustedes que están de acuerdo con ellos. Y tal vez culparán al raro indeciso de entre ustedes para que vote por la propuesta, o más exactamente, en contra de Israel. 
Sería tan fácil torcer el significado y la importancia del «derecho» internacional para hacer que Israel parezca un estado criminal. Pero eso ha sido hecho hasta la muerte. 
Sería más fácil aún apelar a vuestra simpatía, con historias personalizadas del sufrimiento palestino. Y se pueden dar discursos muy elocuentes sobre esas cuestiones. 
Pero la verdad es que tratar mal a la gente, ya sea a sus ciudadanos o a los de una nación ocupada, no convierte a un estado en «canalla». Si lo hiciera, Canadá, EE.UU. y Australia, todos serían estados canallas, en base a cómo tratan a sus poblaciones indígenas. El tratamiento de Gran Bretaña a los irlandeses, fácilmente lo calificaría para usar este apodo. Estos argumentos, aunque emocionalmente satisfactorios, carecen de rigor intelectual. 
Más importante aún, simplemente no creo que podamos ganar con esos argumentos. No van a cambiar los números. La mitad de ustedes estarán de acuerdo con ellos, la mitad de ustedes no. Así que voy a probar algo diferente, algo un poco no ortodoxo. 
Voy a tratar de convencer a los sionistas acérrimos y partidarios de Israel, aquí esta noche, para que voten por la propuesta. Al final de mi intervención habré presentado cinco argumentos a favor de Israel que demostrarán que Israel es, si no un «estado canalla», al menos «pícaro». 
Quiero ser claro. No voy a argumentar que Israel es «malo». No voy a argumentar que no merece existir. No voy a argumentar que se comporta peor que cualquier otro país. Sólo voy a argumentar que Israel es «canalla». 
La palabra «canalla» ha llegado a tener connotaciones excepcionalmente condenatorias. Pero la palabra en sí es valorativamente neutral. El Diccionario Oxford de Inglés define canalla como «aberrante, anormal, fuera de lugar, que ocurre (especialmente en forma aislada) en un lugar o tiempo inesperado», mientras que un diccionario de una institución mucho más grande da esta definición: «comportarse de maneras que no se esperan o no normales, frecuentemente de forma destructiva». 
Estas definiciones, y otras, se centran en la idea de anomalía – lo inesperado o poco común. Usando esta definición, un estado canalla es aquel que actúa de una manera inesperada, poco frecuente o aberrante. Un estado que se comporta exactamente como Israel. 
El primer argumento es estadístico. El sólo hecho de que Israel es un estado judío lo hace suficientemente anómalo como para ser llamado un estado canalla: Hay 195 países en el mundo. Algunos son cristianos, algunos musulmanes, algunos son seculares. Israel es el único país del mundo que es judío. O, para hablar matemáticamente por un momento, la probabilidad de cualquier estado, elegido al azar, de ser judío es 0,0051. En comparación con la probabilidad de un billete de lotería del Reino Unido de ganar al menos £10 es 0,017 – más del doble de probabilidades. Lo judío de Israel es una aberración estadística. 
El segundo argumento concierne al humanitarismo de Israel, en particular, la respuesta de Israel a una crisis de refugiados. No a la crisis de los refugiados palestinos – porque estoy seguro de que los demás oradores la cubrirán – sino la cuestión de los refugiados de Darfur. Todo el mundo sabe que lo que ocurrió, y sigue ocurriendo, en Darfur hay un genocidio, ya sea que las Naciones Unidas y la Liga Árabe lo denominen o no de ese modo. (De hecho, esperaría que el Sr. Massih sea capaz de hablar acerca de eso – en realidad es algo así como un experto sobre la crisis en Darfur, de hecho, es su experiencia la que lo ha sacado para representar al ex dictador de Sudán, mientras está siendo investigado por la Corte Penal Internacional.) 
Se ha producido un éxodo masivo de Darfur, los oprimidos buscan seguridad. No han tenido mucha suerte. Muchos se han ido hacia el norte, a Egipto – donde son tratados de manera despreciable. Los valientes hacen una carrera por el desierto, en un intento de llegar a Israel. No sólo se enfrentan a las amenazas naturales de la península del Sinaí, sino que también los soldados egipcios que patrullan la frontera los utilizan para practicar tiro al blanco. ¿Por qué se arriesgan? 
Porque en Israel se los trata con compasión – se les trata como a los refugiados que son – y tal vez la memoria cultural de genocidio de Israel es la culpable. El gobierno israelí ha ido tan lejos como para conceder la nacionalidad a varios cientos de refugiados de Darfur. Esto, por sí sólo, ubica a Israel aparte del resto del mundo. 
Pero el verdadero punto de distinción es el siguiente: Las FDI envían soldados y médicos para patrullar la frontera con Egipto. Son enviados en busca de refugiados que intentan cruzar a Israel. No para enviarlos de vuelta a Egipto, sino para salvarlos de la deshidratación, del agotamiento por calor, y de las balas egipcias. 
Comparen esto con la reacción de EE.UU. a la inmigración ilegal a través de su frontera con México. El gobierno estadounidense ha arrestado a personas particulares por haberles dado agua a los que cruzaban la frontera y que se estaban muriendo de sed – y aquí el gobierno de Israel está enviando a sus soldados para salvar a los inmigrantes ilegales. Llamar a ese tipo de comportamiento anómalo es quedarse corto. 
Mi tercer argumento es que el gobierno israelí se dedica a una actividad que el resto del mundo rechaza – negocia con terroristas. Olvídense del ex Presidente de la OLP Yasser Arafat, un hombre que murió con sangre en sus manos – están en el proceso de negociación con terroristas en estos momentos. Yasser Abed Rabbo es uno de los negociadores líderes de la OLP que ha sido enviado a las conversaciones de paz con Israel. Abed Rabbo solía ser también un líder del FPLP – una organización de «luchadores por la libertad» que, bajo la dirección de Abed Rabbo, se dedicada a la promoción de actividades por la libertad tales como el asesinato de 22 estudiantes israelíes de secundaria. 
Y el gobierno israelí envía delegados a sentarse en una mesa con este hombre, y a hablar de paz. Y el mundo aplaude. Nunca verán al gobierno español en conversaciones de paz con los líderes de la ETA – el gobierno británico nunca negociaría con Thomas Murphy. Y si el presidente Obama se sentara a hablar de paz con Osama Bin Laden, el mundo lo vería como una locura. Pero Israel no puede hacer exactamente lo mismo – y ganarse el reconocimiento internacional en el proceso. Esa es la definición del diccionario de canalla – comportarse de una manera que es inesperada, o no normal. 
Otra parte de la definición del diccionario es el comportamiento o actividad «que ocurre en un lugar o tiempo inesperado». Cuando se compara a Israel con sus vecinos regionales, se pone de manifiesto hasta qué punto Israel es canalla. Y aquí está el cuarto argumento: Israel tiene un historial de derechos humanos mejor que cualquiera de sus vecinos. En ningún momento de la historia, ha habido alguna vez un estado democrático liberal en Medio Oriente – con excepción de Israel. De todos los países de Medio Oriente, Israel es el único donde la comunidad LGBT disfruta de una pequeña medida de igualdad. 
En Kuwait, Líbano, Omán, Qatar y Siria, la conducta homosexual se castiga con azotes, encarcelamiento, o ambos. Pero los homosexuales, ahí, están un poco mejor en comparación con sus homólogos de Irán, Arabia Saudita y Yemen, donde son condenados a muerte. Los homosexuales israelíes pueden adoptar, servir abiertamente en el ejército, efectuar uniones civiles, y están protegidos por una legislación anti discriminatoria en términos excepcionalmente enérgicos. Le gana a una sentencia a muerte. De hecho, le gana a EE.UU. 
La protección de las libertades civiles de los ciudadanos de Israel se ha ganado el reconocimiento internacional. Freedom House es una ONG que emite un informe anual sobre democracia y libertades civiles en cada uno de los 195 países en el mundo. Califica a cada país como «Libre», «Parcialmente Libre», o «No libre». En Medio Oriente, Israel es el único país que ha ganado la calificación como país «libre». No es de extrañar, dado el nivel de libertad que se les otorga a los ciudadanos de Líbano, digamos – un país calificado como «parcialmente libre», donde hay leyes contra periodistas que critican, no sólo al gobierno libanés, sino también al régimen sirio. Espero que la Sra. Booth hable acerca de esto, dada su experiencia trabajando como «periodista» para Irán.
Irán es un país calificado «no libre», ubicándolo junto a China, Zimbabwe, Corea del Norte y Myanmar. En Irán, como espero que la Sra. Booth diga en su discurso, existe un «Tribunal de Prensa», que procesa a los periodistas por delitos atroces, tales como criticar al Ayatollah, informar sobre historias que dañen los «fundamentos de la república islámica», por usar «fuentes sospechosas” (es decir, occidentales), o insultar al Islam. Irán es el líder mundial en términos de periodistas encarcelados, con 39 periodistas (que sepamos) en la cárcel al 2009. También expulsaron a casi todos los periodistas occidentales durante las elecciones de 2009. (No sé si la Sra. Booth se vio afectada por eso). 
Supongo que, en realidad, no podemos esperar otra cosa de una teocracia. Que es lo que son la mayoría de los países de Medio Oriente. Teocracias y autocracias. Pero Israel es la exclusiva, la única, la canalla democracia. De todos los países del Medio Oriente, sólo en Israel las protestas contra el gobierno no son aplastadas y no se censura la información. 
Tengo un argumento final – el último clavo en el ataúd de la oposición – y está sentado justo cruzando el pasillo. La presencia del Sr. Ran Gidor aquí es toda la evidencia que cualquiera de nosotros debería necesitar para denominar, con toda confianza, a Israel un estado canalla. Para aquellos de ustedes que nunca han oído hablar de él, el Sr. Gidor es un consejero político agregado a la embajada de Israel en Londres. Es el tipo que el gobierno israelí envió para que los represente en las Naciones Unidas. Sabe lo que está haciendo. Y está aquí esta noche. Y es increíble. 
Consideremos, por un momento, lo que significa su presencia aquí. El gobierno de Israel ha firmado, permitiendo que uno de sus representantes diplomáticos, de alto nivel, participe en un debate sobre su legitimidad. Eso es notable. 
¿Creen, por un minuto, que algún otro país haría lo mismo? Si la Sociedad de Debate de la Universidad de Yale tuviera un debate donde la moción fuera «Esta casa cree que Gran Bretaña es un estado racista y totalitario que le ha hecho un daño irrevocable a los pueblos del mundo», Gran Bretaña permitiría participar a cualquiera de sus funcionarios? No. 
¿Participaría China en un debate sobre el status de Taiwán? Nunca. 
Y no hay absolutamente ninguna posibilidad de que se le permita a un funcionario del gobierno estadounidense discutir en un debate acerca de su tratamiento a los prisioneros en la Bahía de Guantánamo. 
Pero Israel ha enviado al Sr. Ran Gidor para argumentar esta noche contra una «periodista» estrella de la televisión pseudo realidad, y contra mí, un estudiante de derecho de 19 años de edad, que está totalmente no calificado para hablar sobre el tema en cuestión. 
Todos los gobiernos del mundo se deben estar riendo de Israel en este momento – porque olvidó la regla número 1. Nunca añadirles credibilidad a chiflados, participando con ellos. Es la misma razón por la que no verán a Stephen Hawking o Richard Dawkins debatir con David Icke. Pero Israel está haciendo precisamente eso. Una vez más, comportándose de una manera que es inesperada, o no normal. Comportándose como un estado canalla. 
Estos son los cinco argumentos que han sido dirigidos contra los partidarios de Israel. Pero me quedan uno o dos minutos. Y he aquí un argumento para todos ustedes – Israel deliberada y enérgicamente no tiene en cuenta el derecho internacional. En 1981 Israel destruyó Osirak – el laboratorio para la bomba nuclear de Sadam Hussein. Todos los gobiernos del mundo sabían que Hussein estaba construyendo una bomba. Y no hicieron nada. A excepción de Israel. Sí, al hacerlo, violó la ley y la costumbre internacional. Pero también nos salvó a todos de un Irak nuclear. 
Esa acción canalla debería otorgarle a Israel un lugar de respeto a los ojos de todos los pueblos amantes de la libertad. Pero no es así. Pero esta noche, mientras nos escuchan dele parlotear, quiero que recuerden algo: mientras están aquí, el Irán de Khomeini está trabajando en la bomba. Y si son honestos con ustedes mismos, saben que Israel es el único país que puede, y hará algo al respecto. Israel, por necesidad, actuará de una manera que no es la norma, y mejor que esperen que lo haga de manera destructiva. Cualquier persona sana preferiría un Israel canalla que un Irán nuclear. Excepto la Sra. Booth.
El autor, un estudiante de derecho de la Universidad de Cambridge, en 2011 será un pasante en UN Watch. Texto editado para publicación del original. Se adjunta la version original en ingles.
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld 
DIFUSION: WWW.PORISRAEL.ORG

 

 

 

EL PACIFISMO, TOLERANCIA Y FRATERNIDAD ISLÁMICA EN UNA MIRADA

 

QUE NADIE SE LLAME A ENGAÑO, esto es lo que REALMENTE QUIEREN, ESTO ES LO QUE RESPETAN ELLOS AL RESTO DE LAS CULTURAS, CIVILIZACIONES, NACIONES, CREENCIAS, ETC., ETC..

 

EL ISLAM COMO RELIGIÓN. LAS SECTAS

De todos es sabido que es necesario conocer bien al enemigo que te ataca para defenderse con efectividad. Ese es precisamente el objetivo de este trabajo, intentar dar unas pinceladas que sirvan primero para demostrar que estamos ante un enemigo de la Verdadera Religión*, y segundo para tener una imagen rápida y clara de su estructura, que facilite el profundizar en su conocimiento, y el gozar de una mínima capacidad crítica a fin de asimilar correctamente la información que de él nos llegue. Por un lado, repasaremos de manera sucinta los fundamentos de la creencia islámica, y las fuentes y elementos adicionales en materia doctrinal; por otro, intentaremos fijar las diferencias entre los distintos grupos islámicos más importantes, diferencias que convierten a los mahometanos en una masa mucho menos homogénea de lo que a menudo se piensa

El término “Islam” es de origen árabe y significa “sumisión”. Según la fe islámica, Dios ha transmitido a la humanidad una serie de revelaciones a través de diversos profetas a lo largo de los siglos, de Adán a Jesús, pasando por Noé, Abraham y Moisés, entre otros. De hecho, los musulmanes se consideran a sí mismos, junto con cristianos y judíos, como descendientes de Abraham, en una pretensión absolutamente mítica e infundada. Creen que estas revelaciones anteriores fueron imperfectas, y que, además, fueron deformadas por los hombres con el devenir del tiempo. Mahoma es el último de los profetas, el más importante, el que cierra el ciclo de la revelación divina con el libro sagrado, el Corán. Así pues, allí donde la Torah o el Evangelio entren en contradicción con los preceptos coránicos, veremos una huella de la corrupción humana o una revelación incompleta. Se trataría de la obra de Satanás, que aleja a los hombres y a las naciones del servicio de Dios.

El Corán no es fruto, como en el caso del Antiguo y el Nuevo Testamento, de una inspiración de Dios, que se sirve de instrumentos humanos para dar a conocer su Palabra, sino que es dictado por Dios mismo a Mahoma a través de San Gabriel. El texto sería simplemente la transcripción literal de un Corán increado, transcripción realizada en lengua árabe que resulta ser, por ende, sagrada. Durante la vida del profeta, esas palabras se conservaron de memoria por parte de un grupo de discípulos especialmente dedicados a esta tarea. Diezmados en una de las múltiples batallas iniciales para imponer el Islam en Arabia, se decidió ponerlas por escrito para asegurar su pervivencia. La redacción definitiva más antigua corresponde al tiempo del califa Otmán, y fue realizada por Zaid ibn Tabib, que hizo la clasificación de los 6226 versículos en 114 suras, ordenadas de mayor a menor extensión, con la excepción de la primera sura, la Sura al-Fatiah, que sólo tiene 7 versículos.

El Corán es, pues, un trabajo perfecto, eterno e inalterable. Así como los católicos decimos que Dios se ha hecho hombre y hablamos de Encarnación, para describir la creencia musulmana, habría que decir que Dios se ha hecho libro, y que este libro es el Corán. No hay ninguna posibilidad de interpretación crítica o histórica, ni de distinción entre elementos fundamentales y accesorios. El apego al Corán inunda la vida del musulmán: recitado a los niños en la cuna, memorizado en cuanto se aprende a hablar, copiado para aprender a escribir, compañía en el tránsito de la muerte. En una religión sin sacerdotes y sin sacramentos, el libro es la relación casi exclusiva con Dios. Así pues, es un craso error hablar de clero islámico, no tiene sentido alguno; sólo existen predicadores, exegetas y jueces. Los ulemas son estudiosos del Corán encargados de la predicación; los imanes son los líderes espirituales de la comunidad musulmana (umma). Ello, sumado a una doctrina de libre examen, hace que no quepa hablar en sentido estricto de ortodoxia y herejías islámicas, sino de corrientes mayoritarias o minoritarias.

Fundamentos doctrinales. Los cinco pilares.

La predicación inicial de Mahoma se basó en tres puntos: el monoteísmo radical, un único dios, todo bondad y todo poder; la idea de juicio final; y la respuesta del hombre que ha de ser triple: gratitud, adoración (afirmación pública de fe) y generosidad.

Dios creó la naturaleza de la nada, dando como resultado un conjunto armónico, un cosmos ordenado cuyo propio funcionamiento es la principal prueba de la existencia de su Creador. Alá es enteramente autosuficiente, con lo que es ridículo suponerle compañeros o hijos. Creó a los ángeles para que formaran su corte y a los hombres y genios (jinn) para que le sirvieran obedientemente. Dios es además misericordioso, y dispuesto a perdonar al pecador arrepentido, siempre y cuando profese la auténtica fe y le adore sinceramente. Es el señor del día del Juicio, en el que cuidadosamente serán contabilizados el debe de faltas y el haber de méritos de cada uno, para que eternamente se goce en el paraíso o se padezca en el infierno. Paraíso, por cierto, vívidamente descrito como lleno de concupiscencias y placeres terrenales; revisaremos este punto a la hora de tocar la moral islámica. En el Corán se reconoce además otra clase de juicio divino, que afecta a la historia de las naciones, castigadas con la destrucción o sojuzgadas por pueblos más virtuosos si no se someten al Islam.

Aparte de estos postulados iniciales, la doctrina islámica, tremendamente simplista, se asienta sobre lo que se conoce como “los cinco pilares”:

Xahada o testimonio: la proclamación de la unicidad de Dios, expresada en la fórmula “No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta”. Esta profesión debe ser hecha pública por cada musulmán al menos una vez en su vida, lo que equivale al ingreso en la comunidad islámica.

Salat u oración: realizada cinco veces al día. Consiste en unas frases pronunciadas siguiendo un conjunto de posturas: de pie, inclinado, postrado y sentado. La oración pública tiene lugar el viernes, día de la semana reservado para las observancias religiosas especiales. Cada viernes, los musulmanes acuden a una sesión especial de oración que tiene lugar al mediodía. A ella asisten los varones, en tanto que las mujeres hacen las plegarias especiales en casa. Lo que hace diferente a la plegaria del viernes en el sermón dado por el imán, que se conoce como jutba, en el que se habla a menudo de asuntos políticos o sociales.

Sawn o ayuno: se practica todos los años durante el Ramadán, el noveno mes del año, en recuerdo del mes en el que Mahoma recibió la revelación divina. Se combina la abstinencia física y el incremento de las prácticas religiosas, con lo que se obtiene el perdón de los pecados anteriores. Los enfermos o viajeros quedan exentos de la obligación, debiendo compensarla cuando les sea posible en días posteriores.

Zakat o limosna: ha tenido y tiene diversas interpretaciones. En algunas épocas, se entendía como tal el pago de un impuesto al Estado, como vehículo de sostenimiento de la comunidad; hasta que no se pagaba, no se podía considerar legítima la propiedad y fortuna de un musulmán. Hoy en día se espera de los musulmanes que lo paguen voluntariamente. Conviene distinguirlo de la sadaqa que es un acto de caridad, no una obligación.

Hayy o peregrinación a La Meca: todo musulmán debe hacerlo al menos una vez en su vida, siempre y cuando tenga los medios necesarios y no deje sin satisfacer las necesidades domésticas. Se realiza durante el duodécimo mes del año y va acompañado de numerosos ritos, abstinencia y purificaciones. En La Meca, se participa en unos actos rituales que duran 5 días.

La Sunna y la Shariah

La Sunna o tradición es la segunda fuente de la fe. Vino a completar y explicar el Corán tras la muerte de Mahoma. Son los testimonios de la vida del profeta, sus prácticas religiosas y los recuerdos (hadices) sobre su conducta en vida. Estos hadices fueron filtrados y seleccionados en el siglo IX y contienen principios éticos y prescripciones para la vida social. La Sunna es, como veremos, la primera fuente de división dentro del Islam.

La Shariah (camino) es la ley islámica. El Corán tiene carácter de código moral, civil y penal: no estamos ante una doctrina social inspiradora que debe informar los principios sobre los que se asiente la ley sino ante la ley en sí. La Shariah es la aplicación práctica de ese código, que debe extenderse a todos los ámbitos de la vida, entendidos en una indivisible unidad de acuerdo con la filosofía social islámica. La shariah privada ha sido más respetada, mientras que la pública ha sido saltada siempre que le ha convenido al poder político; en el Islam, la “teología” (más correctamente cabría decir pseudoteología), siempre ha estado subordinada a los intereses temporales: de lo contrario, los musulmanes no pagarían impuestos ni conocerían las instituciones crediticias, por ejemplo. Existen cuatro escuelas jurídicas “ortodoxas” en el Islam, que se reconocen mutuamente como legítimas: maliquí, hanafí, chafí y hanbalí; al margen de estas, que son todas sunnitas, hay una quinta escuela chiíta. La coincidencia entre ellas estriba siempre en los cinco pilares.

Todos los actos del hombre se clasifican en cinco categorías legales: deber absoluto (exige recompensa o castigo), actos meritorios (recompensa si se realizan), actos permisibles, actos reprensibles (sin castigo) y actos prohibidos (castigados). En lo penal, la apostasía, el asesinato, el daño físico premeditado y el bandidaje se castigan con la muerte; el homicidio o los daños físicos involuntarios se sancionan con una multa; el robo, con la amputación de la mano derecha; el adulterio, la falsa acusación y el consumo de alcohol con azotes; el resto de delitos, considerados leves, sólo implican una amonestación. En lo civil, el hombre tiene un grado superior a la mujer según el Corán, con derecho a golpearla como marido o como padre; el matrimonio no es indisoluble, se acepta la poligamia y la separación a iniciativa de cualquiera de los cónyuges; el Estado debe establecer los mecanismos necesarios para el sostenimiento económico de las mezquitas.

Elementos adicionales del Islam

Conviene insistir en el simplismo y las contradicciones internas del Islam, seguidas inevitablemente del caos absoluto que es el Corán. Hasta el siglo X, y más como una necesidad defensiva frente a la Teología cristiana que otra cosa, no aparecen los mutazilíes, los dogmatizadores del Islam, que contaron desde el principio con la oposición de los círculos conservadores, refractarios a toda sistematización. Los filósofos medievales como Avicena y Averroes, que intentaron integrar el pensamiento griego, fundamentalmente el aristotélico, con el Islam, llegaron necesariamente a anular varios artículos de fe, hasta el punto de considerar la religión como “filosofía para la plebe”, una especie de metáfora generalizada para aquellos que no podían alcanzar a comprender la filosofía. Ni que decir tiene que enseguida el Islam “ortodoxo” cercenó cualquier intento subsiguiente de especulación racional. ¡Cuán diferente es la historia de la escolástica cristiana, brillantísima síntesis de Razón y Fe, como sólo puede esperarse de la Fe verdadera!

En la moral islámica encuentran cobijo pecados capitales. Desde la concupiscencia, fomentada por la creencia en un paraíso hedonista, hasta la ira, pasando sobre todo por la soberbia; soberbia tanto de la umma situada por encima de los “perros infieles”, como del musulmán que se enfrenta a la misericordia de Dios armado únicamente del libre examen. Se consideran graves los pecados que atentan contra Dios y contra la fe, y los que destruyen o dañan la vida humana; los pecados leves serían aquellos que afectan a los medios de vida y el falso testimonio. Dios perdona todos los pecados salvo la incredulidad y la injusticia. La moral ha sido motivo de controversia en el Islam: los mutazilíes afirmaban que el hombre era capaz de establecer mediante la razón la bondad o maldad de un acto; los asharíes conservadores, por el contrario, asumían que esto era competencia exclusiva de Alá. En todo caso, la moral queda siempre subordinada por la ley (más o menos un “es moral lo que es legal”).

La umma es la comunidad islámica, que no se fundamenta en principios de raza o nacionalidad, y que trasciende las fronteras. Es el conjunto de quienes se someten a Dios y obedecen su ley.

La Ijma es el acuerdo de la comunidad. Es un importantísimo matiz que sirve para justificar cualquier evolución de la doctrina o el derecho islámico, y en la que encuentran amparo, dentro del propio Islam, todas las manifiestas contradicciones que un estudio detallado revela. Enunciado en palabras de Mahoma, el principio se puede transcribir como “mi comunidad nunca consentirá un error”. En fin, podemos considerarla en cierta medida como la primera actualización, anterior al liberalismo, de la estupidez protagórica. La umma se convierte así en infalible, y como en su momento la umma determinó que cierta diversidad de opinión sobre la interpretación del Corán es un regalo misericordioso de Dios (allá por la época de la dogmatización de la que hablábamos antes), voilà que el texto inflexible, eterno e inmutable se interpreta a gusto del consumidor sin reparos teológicos a priori. La ijma permitió que apareciese el misticismo, del que hablaremos luego, y el culto a los santos, prohibidísimo en el Corán, pero que se aceptó por la práctica popular árabe, de raigambre politeísta.

Del concepto de umma se deriva también la visión geopolítica del Islam. Dar al-Islam (la casa del Islam) es el conjunto de países que tienen al Islam como religión de Estado, y dar al-Harb (la casa de la guerra) es el mundo no musulmán, impío. En dar al-Islam, el infiel monoteísta (dhimmi) es tolerado, aunque no puede optar a ninguna función político-administrativa; su único derecho es el de someterse a la ley islámica para ser protegido política y militarmente, a cambio de un impuesto. Esta es la razón de la supervivencia de minorías dhimmis en los países musulmanes. No existe la posibilidad de matrimonio mixto si el varón es dhimmi (el Corán prohíbe incluso la mera amistad con el infiel), ni se pueden levantar templos nuevos, ni se admite en un juicio el testimonio de un dhimmi. El proselitismo no musulmán también está prohibido, mientras que el Islam debe ser predicado en iglesias y sinagogas.

Por otra parte, los habitantes de dar al-Harb pueden ser muertos en tierras musulmanas si han entrado sin autorización, aunque sean náufragos. De hecho, dar al-Harb pertenece de derecho al Islam, que debe recuperarlos tan pronto como las circunstancias lo permitan. Es obligatorio hacerle la guerra o someterlo, no hay paz más allá de la conversión y la sumisión. La tregua (sulh) sólo es lícita cuando no hay posibilidad de victoria, los musulmanes pueden predicar en tierra infiel sin reciprocidad y toda medida adicional redunda en un beneficio para asegurar la victoria final. Que los gobiernos occidentales examinen con atención este precepto, y deduzcan de él el auténtico significado de la yihad o guerra santa.

Sectas y variedades del Islam

El laberinto de variantes dentro de la creencia islámica es casi infinito, como corresponde a una doctrina sin jerarquía y sin ortodoxia alguna. Nos limitaremos a repasar las más significativas, que conviene conocer para saber enfrentarse mejor a la realidad compleja del Islam, añadiendo algún caso especialmente curioso o llamativo.

Los sunnitas aceptan la Sunna, que consideran sirve para adaptar el Corán a todo tiempo y lugar. Creen en el califato electivo, no admiten secta alguna y, considerados en sentido amplio, suponen el 90% del total de los musulmanes. Los wahabíes, en el poder en Arabia Saudí, no son una secta en sí mismos, sino una variante especialmente puritana y ortodoxa del sunnismo. Rechazan radicalmente toda forma de idolatría, lo que les llevó tiempo atrás a al destrucción de santuarios en Kerbala y en la propia ciudad de La Meca. Tras la conformación del Estado saudí, relajaron en parte su doctrina, aunque se les considera el régimen más extremista del mundo islámico, al margen de los talibán afganos. A modo de ejemplo, sirva decir que no abolieron la esclavitud hasta 1962.

Los chiítas (guerrilleros de Alí) apoyan el califato hereditario. La división con los sunnitas, profundizada doctrinalmente en el transcurso de los siglos, arranca de su defensa de Alí, yerno de Mahoma, a quien éste había investido de una “jurisdicción igual a la suya”. Sin embargo, a la muerte del profeta fue postergado por tres califas antes de dirigir la comunidad, y cuando accedió al califato se enfrentó con una oposición virulenta, hasta ser derrotado en combate. Los chiítas duodecimanos o imaníes (el 90% de los chiíes) esperan la vuelta del duodécimo descendiente del profeta, perdido en el desierto, y que les dejó descabezados desde el siglo IX. En el chiísmo la palabra del ayatollah equivale a la ley.

Los jaridchíes son un grupo escindido en los primeros tiempos del chiísmo, debido a lo que ellos consideraron actitud cobarde de Alí. Creen que el califa no tiene por qué ser descendiente del profeta, sino que ha de ser el más digno y piadoso de la comunidad, lo que les dio cierto éxito en poblaciones no árabes, como las del Magreb. Sostenían que la comisión de pecados serios sin arrepentimiento excluye al individuo de la umma, lo que les llevó a considerar impías a las autoridades en su época inicial. Los jaridchíes más moderados, también denominados mzabíes o ibadíes, sobreviven hoy en día en número de apenas millón y medio, repartidos por Omán, Djerba y el sur de Argelia.

Los ismaelitas son otra secta de chiítas radicales escindidos, con fuertes influencias del gnosticismo y el neoplatonismo. Entre las variantes de esta secta encontramos a los alawíes, que creen que Alí fue una encarnación de Alá; los drusos, surgidos tras la desaparición en el Cairo del califa al Hakim, a quien consideran también una encarnación de Dios; y la novelesca secta de los hashassin, los “asesinos”, especie de orden antitemplaria extendida por Armenia, Siria y Tierra Santa en la época de las Cruzadas. Fundada por el misterioso Anciano de la Montaña, tenía su centro en la fortaleza de Alamut, donde los miembros eran adiestrados en las artes del asesinato y fanatizados mediante el uso de estupefacientes, lo que les llevaba a cometer los más audaces crímenes seguros de alcanzar el Paraíso. Llegaron a asesinar a grandes personalidades de la época, tanto musulmanas como cristianas, entre ellas un Gran Maestre del Temple. Fueron definitivamente arrasados por las hordas mogolas.

Los sufíes, o místicos musulmanes, no son en realidad una secta en sí mismos, pues surgieron en las distintas variantes del Islam. Aficionados a la música, el baile y la poesía, elevaron el árabe vulgar a lengua religiosa, lo que les valió cierto predicamento entre las capas populares. Contaron en su momento con recia oposición, pero, finalmente, la ijma sirvió para justificar el misticismo “verdadero”, que encontró alambicadas confirmaciones en el Corán y la Sunna, frete al misticismo herético, de tipo panteísta. El misticismo ortodoxo es de carácter fundamentalmente ético; pretende la unión con Dios a través de la purificación moral del alma. En realidad, los sufíes absorbieron las enseñanzas de místicos judíos y cristianos que vivían en determinadas zonas de Oriente Medio, y fueron desarrollando sus ideas ascéticas iniciales en prácticas más formales. Así nacieron centros de sufismo a cargo de un maestro con sus discípulos que sirvieron para expandir el Islam; con el paso del tiempo los centros se transformaron en las llamadas órdenes sufíes, inspiradas por las enseñanzas del maestro original.

Los ahmadíes o babíes son los seguidores de un iluminado decimonónico que decía ser la reencarnación de Cristo y del Krishna hindú. En términos coloquiales, serían una especie de testigos de Jehová del Islam; eso sí, radicalmente anticristianos. Desarrollaron una doctrina pacifista y universalista y se declararon religión independiente, logrando numerosos adeptos en los Estados Unidos, fundamentalmente entre la población negra.

El llamado Islam popular viene a representar la anuencia de la ijma para continuar con prácticas animistas o espiritistas, destinadas a mantener a raya a toda clase de espíritus y diablillos que pululan por el mundo. Sin embargo, quizás el más importante Islam popular sea el de Indonesia. Indonesia es el país islámico más poblado (200 millones de habitantes), y también el menos islámico. La mayor parte de la población, los llamados abangan (campesinos) practican una religión sincrética, muy influida por el sufismo, de marcado carácter panteísta. Los musulmanes “ortodoxos”, conocidos como los santri (conocedores de la Escritura), y que se ven a sí mismos como una élite en medio de una vasta masa de ignorantes o descreídos, sólo tienen cierta relevancia numérica en Sumatra.

Finalmente, también cabe hablar de musulmanes secularizados, cada vez menos importantes, pues solían ser aquellos que habían derivado hacia el marxismo.

Islam y Cristianismo

Consideremos brevemente las relaciones entre Islam y Cristianismo. Los mahometanos consideran a Jesús como un gran profeta, y creen en la virginidad de Santa María. Pero el Corán hace al Niño Jesús negar su divinidad, y edifica una leyenda por la que, en la Cruz, Jesús es suplantado, siendo asunto a los cielos en vida. Y es que, evidentemente, carece de sentido el acto redentor de la cruz cuando no hay pecado original que redimir, pues resulta que el propio Dios ya perdonó a Adán inmediatamente después de la caída, limitándose a hacerle padecer la decrepitud física del envejecimiento. Por lo tanto, existe una oposición ya no sólo de orden teológico, sino de orden antropológico con el Cristianismo, al no concebir al hombre como inclinado al mal. Otro aspecto muy a tener en cuenta en esta confrontación es el sirk, es decir, el término árabe que describe la asociación de algo con dios. El sirk es uno de los pecados imperdonables, pecado que precisamente cometen los cristianos al proclamar la divinidad de Cristo. De hecho, el Islam considera politeístas a los cristianos por creer en la Santísima Trinidad. En definitiva, el Corán no puede considerarse, a pesar de la pretensión musulmana, una continuación superadora de la revelación bíblica, toda vez que niega todos los fundamentos doctrinales de la verdadera Religión, que se asienta sobre el Verbo encarnado y vivo, y no sobre el Verbo escrito.

Como señala acertadamente Luis María Sandoval en su artículo “Esencia y papel del Islam”, publicado en la revista Arbil, es fácilmente explicable la escasa capacidad evangelizadora entre los musulmanes, debido a la propia estructura de su religión. Es una creencia postcristiana, con la capacidad de configurarse por lo tanto en contra del cristianismo, y adaptada mefistofélicamente a la medida del hombre. Este simplismo sería igualmente el causante de la propensión del Islam hacia el extremismo.

Islam y Occidente

Las relaciones entre el Islam y Occidente pueden entenderse en una doble clave temporal: el complejo del pasado y la esperanza del futuro. El colonialismo fue, en efecto, un golpe increíble sufrido por los países islámicos. Embebidos de su desprecio hacia los infieles, se encontraron repentinamente con la súbita, aplastante e indiscutible derrota frente a las escasas pero modernas tropas coloniales. La trascendencia de esta circunstancia es tal que hoy en día no podría entenderse el sentimiento de los mahometanos hacia Occidente sin concebirlo como un gran complejo heredado de aquellos tiempos.

Un complejo que se tradujo en diferentes posturas que intentaban justificar el desastre. Todas coinciden en que ninguna se baja del burro de la superioridad:

La teoría conspiratoria, absurda, justificada por míticos documentos que nadie ha visto nunca.

La teoría del castigo de Alá, que había permitido la derrota de los creyentes por su desviación de la fe mahometana.

La teoría de que, en realidad, el avance de Occidente se debe a la grandiosa herencia cultural del Islam medieval, de manera que la superioridad técnica y material es, en realidad, de origen islámico.

Esta última teoría, no menos fantasiosa que las otras dos, goza, sin embargo, de un incomprensible predicamento en la historiografía débil y entreguista del Occidente actual. En todo caso, no es este el lugar de rebatirla, pues nos llevaría demasiado lejos en la exposición.

La segunda clave temporal que mencionaba es la de la esperanza en el futuro: esperanza a la que me lleva mi deber del optimismo para juzgar la situación actual. El Islam, utilizado como un ariete más para demoler el Occidente cristiano, es, posiblemente, la única gran potencia humana que escapa al control del Mundialismo. El perro rabioso ha mordido la mano del amo, un amo que creía controlarlo sin problema alguno en base a laicización y progreso material cuando llegase el momento. En el largo plazo, y espero que no se me acuse de tener las menores ansias de devenir en profeta, existirán dos salidas a la situación. O bien el Islam arrasa Occidente, como así hizo, por ejemplo, con el Norte de África en los siglos VII-VIII hasta no dejar ni el menor rastro de aquella floreciente perla cristiana; o bien se transforma como digo, en la gran esperanza, en la gran oportunidad. Esta solución, que es por la que quiero decantarme, implicaría que el Islam fuese el catalizador de la reacción de Occidente, que, viendo como con el liberalismo, el hedonismo y el materialismo no pueden hacer otra cosa que sucumbir ante el empuje musulmán, resurja de sus ya ni siquiera humeantes cenizas para, con brío renovado, reconstruir la Cristiandad.

Conclusión

A la luz de lo que es el Islam, es evidente que es un enemigo de nuestra Fe, un enemigo poderoso e irreconciliable, con el que no caben componendas y ecumenismos. Un enemigo poderoso, pero, como vemos, dividido y vencible, a pesar de la imagen homogénea que a veces transmite y que nos intimida con cierta aureola de imbatibilidad. Y un enemigo irreconciliable, ante el que sólo cabe la encomienda a San Miguel Arcángel para combatirlo: desde la Fe, con la oración; desde la razón, con la Teología y la Filosofía; desde la acción práctica, con la lucha por la restauración de la Iglesia; y, cuando llegue el momento en el que sea necesario –momento que mucho me temo que llegará–, desde las trincheras, con las armas en la mano.

Texto: Arturo Fontangordo para Revista Arbil

*NOTA: Creo preciso aclarar que YO ME DESMARCO DE TÉRMINOS COMO «VERDADERA RELIGIÓN» .