#StopIslam
¡Joder, me cago en la puta, me cago en el copón con ruedas, me cago en la p … que los p…, si es que …!



LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD. Politicamente MUY incorrecto.
Etiqueta: STOP ISLAM




OLEGNA H., DESTACADAS, Y RORY BRANKER
La guerra entre Israel y el grupo extremista Hamás sigue en el ojo de la humanidad, no solo por la cantidad de muertos y heridos que está dejando este conflicto, o por la destrucción de Palestina, la Franja de Gaza e Israel, si no tambien por la viralización de un contenido multimedia que levanta las alarmas de todas las naciones que no estén en concordancia con los terroristas islamistas.
En el material audiovisual se aprecia a Mahmoud al-Zahar, líder islamista y cofundador del grupo terrorista Hamás, en el cual anuncia que Israel es el primer objetivo miliar de sus agresiones. Este comandante da una amenaza a través de este video grabado en diciembre de 2022 a los gobiernos de Medio Oriente.
Mahmoud habla de que Alá (Dios) dominará todo el mundo, explicando que su objetivo será toda nación que impida esta consigna “divina”.
“Alá acercó los confines del mundo uno al otro por mi causa, y yo he visto sus extremos oriental y occidental. El dominio de mi nación alcanzaría esos confines que se han acercado a mi” rezaba el líder extremista en el material publicado.
Para estos radicales religiosos su lucha no es solo por territorio, el cual buscan tomar por la fuerza alegando que les pertenece por derecho, sino que los cristianos, también son una amenaza, que según su doctrina deben ser exterminados por la voluntad de su Dios.
A su vez Mahmoud exhortó a todos los gobiernos del mundo a alinearse con sus puntos de vistas ideológicos y religiosos, amenazando con su grupo de radicales Hamás, el cual es el más grande entre los varios grupos islamistas palestinos.
El grupo fue fundado en 1987 por el jeque Ahmed Yassin, un refugiado palestino que vivía en Gaza, durante la primera intifada o levantamiento, que estuvo marcada por protestas generalizadas contra la ocupación de Israel.

El objetivo principal de estos extremistas es la liberación de Gaza, la destrucción Israel el cual acusan de invasores y la sustitución de esta nación hebrea por un Estado islámico. A esta consigna despiadada se suma ahora la intención de imponer su fe en todo el mundo a la fuerza, profesando que ese es el designio de su Dios (Alá).
El video que lleva casi un año grabado aparece dentro de este nuevo conflicto que se desenlaza bajo las mismas intenciones, sobrepasando ya los mil muertos en ambos lados de la contienda armada.
Para Israel la única forma de terminar con esta pesadilla bélica es exterminar a los radicales de Hamás, jurando que los reducirá a ruinas, aseveró su primer ministro Benjamín Netanyahu.
Hamás es ISIS (Publicar esta frase en X)
Para el día de hoy la ofensiva hebrea esta alcanzando los objetivos establecidos, tomando ya la frontera de Gaza y tratando de reducir las muertes hebreas como efecto colateral.
Esta nación, víctima de los terroristas, está siendo apoyada por muchos gobiernos, entre ellos la Unión Europea y Estados Unidos, este último brindándole un apoyo incondicional, en un aspecto diplomático y militar, a tal punto de poner a su disposición el portaaviones más grande del mundo llamado USS Gerald R. el cual se presume estará en las costas de Gaza para su uso en contra de Hamás.

Después de cuatro días de intensa brutalidad de esta guerra, se cree que los radicales estarían dispuestos a negociar un “cese al fuego”, según información publicada por un medio de comunicación de la península de Catar (Al Jazeera), ya que los hebreos a pesar de sus múltiples muertes han logrado dar de baja a dos importantes altos cargos de la milicia palestina de Hamás, asumiéndose por los resultados que su promesa de reducirlos a cenizas parece estar cumpliéndose.

#StopIslam




Por Michel Houellebecq – Michel Onfray
“El deseo de los franceses no es que los musulmanes se asimilen, sino que dejen de robarles y agredirlos. O que se vayan.»
Michel Houellebecq, quien para muchos es el mayor y, para todos, el más exitoso novelista contemporáneo, acaba de celebrar con el filósofo Michel Onfray una larga y plebiscitada conversación. En pocos días se han agotado todos los ejemplares de la primera edición de la revista Front Populaire (45 densas páginas) editada por Onfray.
Sobre la base del resumen de dicha entrevista ofrecida por el periódico hispanoamericano Infobae, nos complace informar de tan interesante debate a nuestros lectores.
No se anduvo con chiquitas Houellebecq. Fue más claro, tajante y categórico que nunca. No dejó títere con cabeza. Ante sus palabras se derrumbaron todos los vergonzosos mitos de un mundo entregado a la pérdida. Fue particularmente claro respecto a la invasión migratoria: la Gran Sustitución, como se la llama corrientemente en Francia y como pronto se la llamará, esperemos, también entre nosotros.
Ésta fue su frase más contundente, la que más repercusión ha tenido:
“El deseo de la población autóctona francesa no es que los musulmanes se asimilen, sino que dejen de robarles y agredirlos.
O, en su defecto, que se vayan”.
Palabras que ya le han valido al novelista una querella criminal por parte del rector de la Gran Mezquita de París por “incitación al odio contra los musulmanes”, pues quienes, bajo amenaza de muerte, expulsaron de Argelia a millones de franceses (“la valise ou le tombeau”: la maleta o la tumba, les conminaban) sólo ven odio y no defensa de la propia identidad francesa a quienes de tal forma se defienden, entre otras cosas, de los ataques terroristas (de nuevo, como cada año, en la Noche de San Silvestre, hubo, por ejemplo, cerca de 700 coches incendiados y varias residencias atacadas en Francia por la chusma —“la racaille”— inmigrante).
Para el autor de Sumisión, la Gran Sustitución (el remplazo de la mayoría de la población europea por población de otras etnias) no constituye una teoría, “sino un hecho”. “En materia de inmigración, nadie controla nada, ése es todo problema. Europa será barrida por este cataclismo”.
“Es objetivamente lo que dicen las cifras”, asiente Onfray.
Los dos pensadores coinciden en que es inevitable el declive demográfico —y el cultural, económico y espiritual— de Occidente.
Houllebecq cree que, aunque Francia no está declinando a un ritmo más rápido que otros países europeos, sí tiene, a diferencia de otros, “una conciencia excepcionalmente alta de su propio ocaso”.
“Debo reconocer una incertidumbre real sobre la dimensión religiosa de la Gran Sustitución —precisa—. Porque no sé de qué religión son estas personas que acuden cada vez más a Europa. La hipótesis común es que hay muchos musulmanes. Pero también hay cada vez más evangelistas en los países africanos. Y lo que ocurra dependerá en gran medida de esto. En África ya hay guerras religiosas, con Boko Haram, por ejemplo. Se exportarán sin problema”, vaticina.
Para Houellebebecq, el colapso de Francia es una obviedad. “Es la modernidad en sí misma la que genera su propia destrucción. Esto es muy inquietante”, explica. Para el autor, todo lo que vive Francia es una copia americana.
“Por ejemplo —advierte— sólo creo a medias en el izquierdismo. Siempre me ha costado tomármelo en serio. Lo veo como algo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, digamos desde 1945; a saber, una servil imitación de todo lo que se hace en los Estados Unidos. Un poco como una moda que la gente sigue sin creérsela. Y creo que, si cambia Estados Unidos, cambiaremos también nosotros”.
Houellebebecq llega a la conclusión de que “la única posibilidad de sobrevivir sería que la supremacía blanca se convirtiera en trendy (se pusiera de moda) en Estados Unidos”.
Aunque los dos pensadores coinciden en que a los franceses les aguardan una serie de peligros, como la descristianización, la degradación del medio ambiente, el transhumanismo, el americanismo, la Gran Sustitución y la burocracia europea, sus opiniones divergen, sin embargo, en el tema del islam.
Onfray cree que el islamismo representa una amenaza menor para Francia de lo que cree Houellebecq. Argumenta para ello que el islam político “no es un fenómeno tan poderoso”, sino más bien “una reacción al poder estadounidense”. El director de Front Populaire sostiene que los musulmanes, con el tiempo, sustituirán sus creencias religiosas por el consumismo, al igual que ya han hecho muchas otras culturas tradicionales de todo el mundo, incluidos los europeos cristianos de Occidente.
Houellebecq, sin embargo, cree que “cuando territorios enteros estén bajo control islamista, se producirán actos de resistencia [por parte de la población blanca]”.
Lo que podemos ver —asegura Houellebecq— es que la gente [blanca, se entiende] se está armando. Compran armas, hacen cursos en campos de tiro. Y no son exaltados. Cuando territorios enteros estén bajo control islamista, creo que se producirán actos de resistencia. Habrá atentados y tiroteos en mezquitas, en cafés frecuentados por musulmanes… En resumen, habrá un Bataclan al revés”, dice aludiendo a los atentados de 2015 en la discoteca Bataclan de París, en los que 130 personas fueron asesinadas y 416 resultaron heridas por los islamistas. Los atentados fueron los más mortíferos ocurridos en Francia desde la Segunda Guerra Mundial.
“Pero los musulmanes no se conformarán con poner velas y ramos de flores…”, ironiza alarmado.
Onfray fue más allá: “Algunos creen que la guerra civil está por llegar; pero yo creo que ya está aquí. Creo que vamos hacia la horda primitiva”
Houllebecq vuelve a la polémica cuando analiza la pena de muerte. “¿Es la abolición del progreso?”, se pregunta. “No lo sé. Cuando veo crímenes tan atroces, me lo pregunto. Porque las familias de las víctimas piden claramente venganza, es una reacción normal”.
Onfray lo confronta, afirmando que sigue estando de acuerdo con las posiciones de Albert Camus y Arthur Koestler en sus Reflexiones sobre la pena capital y la prisión, y afirma que no existe una buena razón para infligir la muerte a alguien.
“Pero nuestra sociedad se basa, entre otras cosas, en el hecho de que aceptamos renunciar a la venganza individual, y eso es un gran esfuerzo […]. ¿No debería el Estado vengarnos un poco?”, replica Houllebecq, adentrándose de nuevo en el camino de lo políticamente incorrecto.
“La pena de muerte no va a revivir a las víctimas, pero si el culpable muere, se restaura el equilibrio”, afirma.
Además, propone la elección popular de los jueces: “Sería una buena manera de que los ciudadanos tengan más control sobre el sistema judicial. Me parece que es una medida democrática básica”.
Curiosamente, el diálogo llega a una inesperada conclusión: “Al final, usted es como yo, un populista”, dice Onfray. A lo que Houellebecq replica: “Me parece bien. Tengo mis dudas de que lo sea de derechas; pero ‘populista’ me viene bien”.





Una vez más, el terrorismo islamista pone sobre la mesa un asunto incómodo para aquellos que, erróneamente, consideran que todas las religiones son iguales.
Los nuevos nazis: una multitud celebra el asesinato de judíos gritando ‘Alá es grande’
Los 7 regímenes comunistas y 36 islámicos que más persiguen a los cristianos en 2023
Esta semana, extremistas islámicos han asesinado a una persona en Algeciras (España) y a siete personas en Jerusalén (Israel). Se da la coincidencia de que el primer crimen se llevó a cabo en el marco de varios ataques a iglesias católicas, mientras que el segundo se hizo en un ataque contra una sinagoga judía. Una vez más, y teniendo en cuenta los numerosos precedentes de atentados terroristas cometidos por islamistas, cabe preguntarse: ¿esos crímenes se llevan a cabo siguiendo los preceptos del Islam o contradiciéndolos?
A la hora de responder a esa pregunta, creo que hemos de partir de la base de que ser musulmán no convierte a nadie en mala persona. Estoy convencido de que la amplia mayoría de los musulmanes son personas que no tienen ni la más mínima intención de hacer daño a nadie. De hecho, muchos de los atentados del terrorismo islamista se dirigen contra los propios musulmanes en países de mayoría islámica. El extremismo islámico suele manifestar un odio atroz hacia otras ramas del propio Islam. No olvido tampoco que en España y en Israel hay musulmanes sirviendo a su Patria en las Fuerzas Armadas, y lo hacen desde el respeto a las personas que profesamos otras creencias.
No escribo estas líneas para juzgar a todos los musulmanes por igual, porque sería una grandísima injusticia. A las personas hay que valorarlas por sus actos, y si un musulmán lleva una vida decente y hace buenas obras, no merece ser señalado por las malas obras de otros.
Mi propósito no es juzgar a las buenas personas que profesan el Islam, de distintas formas, sino valorar el propio Islam y si merece la equiparación que algunos hacen entre ésa y otras religiones. Indudablemente, a lo largo de la historia muchos han cometido toda clase de atrocidades en nombre de Dios y también en nombre de la Libertad y en nombre del ateísmo, y eso no significa que ser creyente, amar la Libertad o ser ateo te conviertan en un criminal. La pregunta clave es: ¿tu religión o tu ideología te llevan a favorecer la convivencia con otras personas, o es al contrario? Ésta es la pregunta que algunos parecen olvidar a la hora de valorar las religiones y las ideologías.
Evidentemente, no es lo mismo una ideología que fomenta el odio y la violencia hacia otros y que acaba desencadenando matanzas -como ha ocurrido con el comunismo y el nacional-socialismo- que una ideología que defiende la libertad, la paz y la tolerancia. Y lo mismo podemos decir de las religiones.
En el Sagrado Corán, que es un libro escrito en tono imperativo, la Sura 9:29 dice lo siguiente en referencia a cristianos y judíos:
«¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!»
Por el contrario, en el Evangelio según San Mateo (5, 43-48) se leen las siguientes palabras de Jesucristo:
«Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Así pues, hay una religión que llama a combatir a los que no creen en Alá, y hay otra religión que llama a amar a nuestros enemigos, incluso a los que nos persiguen. Cuando un musulmán se dedica a combatir a las personas de otras religiones puede encontrar una justificación en su libro sagrado. Un cristiano que odia a otra persona, aunque sea un enemigo, está incumpliendo un mandato del propio Cristo. Se pongan como se pongan algunos, no, no todas las religiones son iguales ni equiparables, y deberíamos ya abandonar la ficción de que lo son.
Por supuesto, todo creyente tiene derecho a ejercer su libertad religiosa, sean cuales sean sus creencias, pero esto no significa que todas las religiones sean iguales, de la misma forma que la libertad de expresión no significa que todas las opiniones sean iguales. Que exista esa libertad no me impide afirmar que ciertas ideologías están basadas en errores, y lo mismo cabe decir de determinadas religiones, entre ellas el Islam, a juzgar por lo que dice el Corán.
Lo más alarmante es que decir esto sobre el Cristianismo es algo habitual y que no conlleva ninguna clase de violencia, pero hoy en día, en Europa, el mero hecho de someter a crítica al Islam está convirtiéndose en una práctica de riesgo a causa de la intolerancia y de la violencia de muchos seguidores de esa religión.
Por otra parte, creo necesario recordar que hace sólo 11 días conocimos un informe que señala que los cristianos están sufriendo niveles altos o extremos de persecución en 36 países islámicos, entre ellos algunos supuestamente «moderados» como Marruecos, Túnez y Turquía.
En varios países europeos hay ya porcentajes importantes de inmigrantes procedentes de algunos de esos países islámicos, y con ellos se está trasladando a Europa la intolerancia que los cristianos sufren en dichos países. Aquí en Occidente, los musulmanes tienen plena libertad para practicar su religión, algo que no ocurre con los cristianos en países islámicos. Los musulmanes que residen en Europa deberían ser los primeros en exigir para cristianos y judíos en los países islámicos el respeto y la libertad que exigen para sí mismos en Europa.
En este sentido, ya va siendo hora de señalar que el problema que tiene Europa no es la «islamofobia», sino el extremismo islámico. La islamofobia no ha provocado masacres terroristas como la del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la del 11 de marzo de 2004 en Madrid o la del 7 de julio de 2005 en Londres. Fueron islamistas. Si el Islam no se esfuerza por corregir sus errores y moderarse, ¿qué clase de respeto es la que nos pide?



Por/By ÁNGEL MARTÍNEZ en/in El Confidencial
El veto migratorio contra ciudadanos de siete países musulmanes impuesto por Donald Trump provocó una reacción de condena unánime por parte de los líderes europeos. Angela Merkel, que llegó a «explicar» al presidente de EEUU el contenido de la Convención de Ginebra, François Hollande, que pidió «una respuesta de Europa», la ‘premier’ británica, Theresa May, y la propia Unión Europea repudiaron «una medida que pone bajo sospecha a personas de una confesión». Ahora, cuando el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito (San Francisco) ha rechazado restituir el veto, un estudio revela un rechazo generalizado entre las sociedades europeas a la inmigración procedente de países islámicos.
Frente a la posición de Bruselas, los líderes de la extrema derecha populista, como el holandés Geert Wilders o Marine Le Pen, se han deshecho en elogios hacia el presidente de EEUU. En medio del cruce de condenas y halagos, ¿qué posición respaldan las sociedades europeas a la hora de encarar la inmigración musulmana? Según una encuesta de Chatham House —un ‘think tank’ británico de orientación centrista cuyo director, Robin Niblett, es contrario al Brexit—, hay evidencias que muestran un respaldo público subyacente a las posiciones de Trump y de las nuevas formaciones de extrema derecha en el Viejo Continente.
El sondeo, en el que han participado 10.000 personas de 10 países, evidencia el rechazo ciudadano a recibir inmigrantes musulmanes. En los 10 estados de Europa, una media del 55% está de acuerdo con detener los flujos migratorios procedentes de países islámicos, frente a un 20% que está en contra. Chatham House planteó la pregunta —»¿Debe detenerse toda migración de estados de mayoría musulmana?«— a ciudadanos de Bélgica, Alemania, Grecia, España, Francia, Italia, Austria, Reino Unido, Hungría y Polonia.
La mayoría de los encuestados, excepto en dos países, apoya un veto migratorio ‘antimusulmán’, con porcentajes que van desde el 71% en Polonia, 65% en Austria, 53% en Alemania y 51% en Italia hasta el 47% en Reino Unido y 41% en España. En ninguno de los estados incluidos en el estudio, realizado antes de que el presidente de EEUU firmase su orden ejecutiva, el porcentaje de aquellos que rechazan la medida supera el 32%.
Porcentaje de acuerdo con la frase

La oposición social a la llegada de nuevos inmigrantes musulmanes es especialmente fuerte en Francia, Bélgica, Austria, Polonia y Hungría, a pesar de que la magnitud de las comunidades musulmanas en estos países, donde al menos el 38% «apoya encarecidamente» un veto migratorio, es muy diversa. Con la excepción de Polonia, estos países se han visto considerablemente ‘afectados’ por la llamada crisis de los refugiados o han sufrido atentados de corte yihadista en los últimos años. Asimismo, en la mayoría de estos estados, la extrema derecha está profundamente arraigada como fuerza política y pretende convertir este rechazo al islam en votos. En un año de elecciones trascendentales en Europa, Marine Le Pen, la alemana Frauke Petry o el holandés Geert Wilders pueden acabar determinando la política de Francia, Alemania y Holanda.
The immigration veto against citizens of seven Muslim countries imposed by Donald Trump provoked a unanimous condemnation by European leaders. Angela Merkel, who came to «explain» to the US president the content of the Geneva Convention, François Hollande, who called for «a response from Europe», British ‘premier’ Theresa May, and the European Union itself repudiated ‘ Measure that puts people of a confession under suspicion «. Now, when the Ninth Circuit Court of Appeals (San Francisco) has refused to reinstate the veto, a study reveals a widespread rejection among European societies of immigration from Islamic countries.
Faced with the position of Brussels, the leaders of the populist extreme right, such as the Dutch Geert Wilders or Marine Le Pen, have been praised for the US president. Amid the crosses of condemnation and flattery, what position do European societies support when it comes to dealing with Muslim immigration? According to a survey by Chatham House – a centrist-minded British think tank whose director, Robin Niblett, is against Brexit – there is evidence showing public support underlying Trump’s positions and new far-right formations in The Old Continent.
The survey, which involved 10,000 people from 10 countries, shows the citizen’s rejection of receiving Muslim immigrants. In the 10 states of Europe, an average of 55% agrees to stop the flow of migrants from Islamic countries, compared with 20% against. Chatham House posed the question – «Should any migration of Muslim-majority states stop?» – citizens of Belgium, Germany, Greece, Spain, France, Italy, Austria, UK, Hungary and Poland.
Most respondents, except in two countries, support an ‘anti-Muslim’ immigration veto, ranging from 71% in Poland, 65% in Austria, 53% in Germany and 51% in Italy to 47% in the Kingdom And 41% in Spain. In none of the states included in the study, made before the US president signed his executive order, the percentage of those who reject the measure exceeds 32%.
Percentage according to phrase

Social opposition to the arrival of new Muslim immigrants is particularly strong in France, Belgium, Austria, Poland and Hungary, although the magnitude of Muslim communities in these countries, where at least 38% «strongly support» a veto Migratory, is very diverse. With the exception of Poland, these countries have been considerably ‘affected’ by the so-called refugee crisis or have suffered jihadist attacks in recent years. Likewise, in most of these states, the far right is deeply rooted as a political force and aims to turn this rejection of Islam into votes. In a year of momentous elections in Europe, Marine Le Pen, the German Frauke Petry or the Dutchman Geert Wilders may end up determining the policy of France, Germany and Holland.
Sus juzgados son mezquitas, su ley es la sharia: los jueces islámicos socavan las leyes de varios países europeos. Las autoridades legales no saben cómo defenderse contra eso. Las estadísticas de la delincuencia europea muestran una tasa de criminalidad proporcionalmente mayor entre las poblaciones de origen no occidental (tráfico de drogas, tráfico de inmigrantes, falsificación de documentos, robos con violencia, violación, prostitución, crímenes de honor, etc).

Alertamos de la quiebra del estado de derecho en una Europa que cuenta ya con dos justicias paralelas. Y ése no es el único problema. El problema es que uno quiere imponerse y destruir al otro, al que desprecia. Y que poco a poco lo va consiguiendo, con ayuda y apoyo de los propios occidentales.
Los también llamados “jueces islámicos” o árbitros están resolviendo causas penales en varios países europeos. Los inmigrantes musulmanes prefieren sus propios jueces y no confían en los sistemas legales seculares occidentales. Por lo tanto, los sistemas de justicia islámica sombra están introduciéndose en las sociedades occidentales. “Resolver controversias penales bajo la sharia puede parecer inocente,pero socava la idea occidental de justicia”, afirma el Der Spiegel.
El periodista Joachim Wagner, autor de un nuevo estudio alemán sobre la justicia paralela, dice que el mundo bajo la sombra del sistema de justicia islámica es “muy extraño, y completamente incomprensible para un abogado alemán”. Sigue sus propias reglas. Los árbitros islámicos no están interesados en las pruebas, en la evidencia, cuando se dicta una resolución, y al contrario que en el derecho penal alemán, la cuestión de quién tiene la culpa no juega un gran papel. “Los árbitros hablan con la familia del autor, que generalmente son los que lo han pedido, y con la familia de la víctima”, dice Wagner. “Ellos preguntan: ¿Por qué sucedió esto? ¿Cuán grave ha sido el daño? Pero para ellos, una solución del conflicto, un compromiso, es lo más importante”.

“El problema comienza cuando los árbitros fuerzan el sistema de justicia fuera de este marco, especialmente en el caso de las infracciones penales”, dice Wagner. “En ese momento se socava el monopolio estatal sobre la violencia. La resolución de conflictos islámicos, en particular, como he experimentado, a menudo se logra a través de la violencia y las amenazas. A menudo es un dictadura de poder por parte de la familia más fuerte”.
“Estos árbitros tratan de resolver conflictos de acuerdo a la ley islámica y dejando de lado el derecho penal alemán. Vemos testimonios de testigos retirados de los tribunales alemanas y acusaciones trivializadas hasta el punto que la causa entera se desestima. “El sistema judicial es impotente, en parte, porque no se ha abordado el problema con suficiente fuerza. Los jueces y fiscales “están desbordados, porque no saben cómo reaccionar”, afirma Wagner. “Están en el centro de un caso legal, y de repente no hay testigos. El ochenta y siete por ciento de los casos que he investigado, o bien fueron sobreseídos o bien terminaron con una sentencia absolutoria si hay árbitros islámicos están involucrados. Las decisiones de los árbitros islámicos, por lo que comprobé, con frecuencia se ejecutan por la fuerza y mediante amenazas.”
“Algunos abogados defensores, dice Wagner, necesitan dejar de comportarse como si fueran meros sirvientes de un sistema paralelo de justicia. Se permiten ser dirigidos por los deseos de sus clientes, sin reparar en la verdad y la justicia”.
El semanario Der Spiegel cuenta algunos casos y luego indica que el problema no es exclusivo de Alemania. En otros países como en Holanda, la situación llega a extremos tales como que son los propios tribunales occidentales los que aplican y juzgan según la ley sharia, despreciando por completo las leyes que se comprometieron a defender y aplicar. El artículo cuenta que incluso se han llegado a aplicar las primitivas leyes somalíes en casos tratados en tribunales holandeses. La poligamia se aplica sin problemas, incluso la ley holandesa reconoce la legalidad de estas uniones. Las violaciones incestuosas, en el seno de una familia, dice el autor, que son muy comunes entre turcos, marroquíes, paquistaníes, iraquíes e iraníes, no son denunciadas por miedo a los crímenes de honor. Y me imagino que ante la indefensión a la que están sometidas, ya que el sistema legal occidental desampara a estas víctimas, como nos cuentan a través de varios ejemplos.
Uno de los tribunales islámicos que existen en el Reino Unido.
La influencia del islam es tal que incluso la BBC ha suprimido las siglas AC
(antes de Cristo) y BC (después de Cristo) por los términos “Era Común” y “Antes de la Era común”, todo para no ofender a los musulmanes. Todos los símbolos cristianos están prohibidos en Gran Bretaña, pero ningún símbolo islámico lo está. En esta locura y sinrazón hay incluso arzobispos cristianos, como el de Canterbury, que ha defendido el derecho de los musulmanes a aplicar la sharia. Afortunadamente, el obispo anglicano de Rochester, paquistaní de nacimiento, disiente de semejante barbaridad. Una columnista de The Sunday Times, Minette Marrin, afirma que “nuestro sistema legal mantiene las mejores virtudes de nuestra sociedad”, y añade “todo el que no lo acepte no debería estar aquí”. Y tiene razón, dice el autor del artículo: quien quiera llevar burka ¿por qué no se va a los países donde tienen que llevarlos? Quien quiere vivir bajo la sharia ¿Por qué no emigra a los lugares donde ya está implantada?.
Concluye el autor del artículo con una frase de Minette Marin que me parece acertadísima:
“Hay mucho que decir en contra de la Sharia y el deseo de un 40% de los musulmanes británicos de vivir bajo ella”, escribe Minette Marrin. “La sharia es justamente lo que hay que temer aquí: se discute, a veces de modo inculto, en la necesidad de una reforma totalmente inaceptable en Gran Bretaña.” Acusa al arzobispo de Canterbury de buscar “minar nuestro sistema legal y los valores sobre los que descansa”. Y añade que es un “apaciguamiento innecesario hacia un conjunto de valores extranjeros. Es una traición a todos aquellos que lucharon y murieron aquí, a lo largo de los siglos, por la libertad y la igualdad en el Estado de Derecho y de su valor frente a la injusticia y la sinrazón”.
Es también una traición, no sólo a nuestros antepasados, sino a nuestros descendientes. ¿Qué clase de mundo les dejaríamos si es un mundo bajo la sharia?
FUENTE: LA VERDAD.news
por Denis MacEoin
28 de Mayo de 2016
Traducción del texto original: Sharia Law or One Law for All?
Traducido por El Medio
Con la afluencia de millones de musulmanes en Europa, algunos desde Siria, otros de lugares tan lejanos como Afganistán o la África subsahariana, varios países están experimentando ya altos niveles de descomposición social. Varios artículos han explicado los problemas que han surgido en países como Suecia y Alemania. Esos problemas son de naturaleza socioeconómica: cómo acomodar a tal influjo de migrantes, los crecientes costes de proporcionarles alojamiento, alimentos y ayudas, y los gastos derivados de reforzar la vigilancia policial en algunos lugares donde la anarquía va en aumento. Si los migrantes siguen entrando en los países de la Unión Europea al ritmo actual, es probable que estos costes se disparen; en algunos países, como Hungría, ya han visto lo contraproducente y autodestructiva que ha sido la recepción en Europa de casi cualquiera que haya alcanzado sus fronteras.
El impacto inmediato de estas llegadas no será, sin embargo, un problema
sencillo, algo que se pueda remediar con restricciones en las cifras, deportando a migrantes ilegales o construyendo vallas. En las últimas décadas, algunos países europeos –en especial Gran Bretaña, Francia, Alemania y Dinamarca– han recibido grandes cantidades de inmigrantes musulmanes, la mayoría a través de canales legales. Según un informe del Centro Pew en 2010, han entrado más de 44 millones de personas en toda Europa, una cifra que se espera que crezca hasta los 58 millones en 2030.
La ola migratoria de los países musulmanes que comenzó en 2015 seguramente hará crecer sustancialmente estas cifras. En Francia, los ciudadanos de las antiguas colonias francesas en Marruecos, Argelia y algunos estados subsaharianos, junto con los migrantes de otros países musulmanes de Oriente Medio y Asia, forman una población estimada de varios millones, y se calcula que es la población musulmana con más tamaño en Europa. A Francia le sigue de cerca Alemania, país que está aceptando en estos momentos a una gran cantidad de inmigrantes. Actualmente hay unos 5,8 millones de musulmanes en Alemania, pero se espera en general que esta cifra crezca exponencialmente en los próximos cinco años o más.
Reino Unido tiene, con unos 3 millones, la tercera mayor población musulmana de Europa. El islam es hoy la segunda religión por tamaño en el país. La mayoría de los primeros musulmanes británicos llegaron de áreas rurales de Pakistán (como Mirpur y Sylhet, en Bangladés) desde la década de 1950. Con el tiempo, muchos musulmanes británicos se han integrado bien en el conjunto de la población. Pero en general, la integración ha sido un grave problema, especialmente en ciudades como Bradford, o en algunas áreas de Londres, como Tower Hamlets, y hay indicios de que, con el tiempo, la asimilación no se vuelve más fácil, sino más difícil. Un informe de 2007 del think tank británico Policy Exchange, Living Apart Together, reveló que miembros de generaciones más jóvenes eran más radicales y ortodoxos que sus padres y abuelos, un giro casi sin precedentes dentro de una población inmigrante de tres o más generaciones. La misma pauta se puede observar en toda Europa y en Estados Unidos. Una señal visible de este deseo de mantenerse al margen de la sociedad general es el aumento continuo en las cifras de musulmanas jóvenes que visten niqabs, burkas y hiyabs, que antes eran sólo una tradición, y que ahora al parecer se consideran una obligatoria afirmación de la identidad musulmana.
En Alemania, el número de salafistas creció un 25 por ciento en la primera mitad de 2015, según un informe de The Clarion Project. El salafismo es una modalidad del islam que insiste en aplicar cualquier cosa que dijeran o hicieran Mahoma y compañía, en no tolerar cualquier adaptación al cambio de los tiempos y en no reconocer la democracia o las leyes de origen humano. Esta negativa a adaptarse la ha expresado muy bien el ayatolá de Irán, Ruholá Jomeini:
«El islam no está constreñido por el tiempo o el espacio, porque es eterno (…), lo que Mahoma permitió es permisible hasta el Día de la Resurrección; lo que prohibió está prohibido hasta el Día de la Resurrección. No es permisible que se suplanten sus preceptos, o que sus enseñanzas caigan en desuso, o que los castigos [que él estableció] se abandonen, o que los tributos que él impuso se suspendan, o que cese la defensa de los musulmanes y de sus territorios.»
La mayor expresión de este fracaso de la integración, en realidad una deliberada negativa a ello, se puede encontrar en las aproximadamente 750 zones urbaines sensibles en Francia,zonas vetadas controladas por los musulmanes, adonde la policía, los cuerpos de bomberos y otros representantes del orden social no se atreven a ir por miedo a que se desencadenen disturbios y ataques. Ahora existen zonas similares en otros países europeos, en especial en Suecia y Alemania.
En Reino Unido, las cosas no han llegado hasta el punto de que haya lugares donde la policía y otros cuerpos no se atrevan a entrar. Pero en algunas zonas dominadas por los musulmanes, los no musulmanes podrían no ser bienvenidos, especialmente las mujeres que vayan «inadecuadamente» vestidas. Según el censo británico de 2011, hay más de cien enclaves musulmanes en el país. «La población musulmana supera el 85 por ciento en algunas partes de Blackburn», señala el experto Soeren Kern, «y el 70 por ciento está concentrado en media docena de distritos de Birmingham y Bradford». Las cifras son similarmente altas en muchas otras localidades británicas.
Majid Nawaz, de la Quilliam Foundation contra el extremismo, ha hablado de la tendencia al alza de algunos jóvenes musulmanes radicales de patrullar sus calles para imponer una aplicación estricta de la ley islámica de la sharia a musulmanes y no musulmanes, que contraviene directamente los estándares legales británicos.
En Gran Bretaña, los «Musulmanes Contra los Cruzados» han declarado hace poco un Proyecto de Emiratos Islámicos, con el que buscan reforzar su versión de la sharia en doce ciudades británicas. Entre sus objetivos han mencionado dos distritos de Londres, Waltham Forest y Tower Hamlets. No es de extrañar, pues, que en esos dos distritos «patrullas musulmanas» encapuchadas hayan tomado las calles y empezado a aplicar una estricta visión de la sharia a sus desprevenidos habitantes. Las «patrullas musulmanas» advierten de que el alcohol, la ropa «inmodesta» y la homosexualidad están ahora prohibidas. Para sumar a las amenazas, todo esto se graba y se sube a internet. Ahora, en el este de Londres algunas tiendas ya no se sienten libres de contratar a mujeres que vayan descubiertas o a vender alcohol sin temor a revanchas violentas.
Nawaz escribía después: «Las patrullas musulmanas podrían volverse mucho más peligrosas, y tal vez estén dispuestas a lisiar o a asesinar si se les unen yihadistas curtidos por el combate». Los musulmanes han dado palizas por fumar durante Ramadán; los no musulmanes han tenido que marcharse por ir con alcohol por las calles británicas.
Un reciente informe de Rahem Kassam cita a policías británicos que
admiten que a menudo han tenido que pedir permiso a los líderes musulmanes para entrar en ciertas áreas, y que tienen instrucciones de no acudir a su trabajo o a ciertos lugares vestidos de uniforme.
Esta es la piedra angular sobre la que gira gran parte de los problemas: creer que la ley islámica tiene todo el derecho a ser puesta en práctica en los países no musulmanes, y la insistencia en que un sistema paralelo, aun desigual, pueda funcionar junto a los códigos legales civiles y penales a los que se adhiere la mayoría de los ciudadanos del país. A más de un no musulmán se le ha obligado a abandonar «territorio islámico», y algunos radicales han intentado establecer «zonas controladas por la sharia», donde sólo se aplican las leyes islámicas. Han puesto pegatinas en farolas y otras partes que dicen: «Estás entrando en una zona controlada por la sharia», donde no puede haber alcohol, ni juego, ni drogas, ni tabaco, ni pornografía, ni prostitución, ni siquiera música o conciertos.
Y eso no es todo. Soeren Kern escribió en 2011:
Un grupo musulmán en Reino Unido ha lanzado una campaña para convertir doce ciudades británicas –incluyendo lo que llama «Londonistán» en estados islámicos independientes. Los llamados Emiratos Islámicos funcionarían como enclaves autónomos regidos por la ley de la sharia y operarían completamente al margen de la jurisprudencia británica.
El Proyecto de los Emiratos Islámicos, lanzado por la organización Musulmanes Contra los Cruzados, menciona las localidades británicas de Birmingham, Bradford, Derby, Dewsbury, Leeds, Leicester, Liverpool, Luton, Manchester, Sheffield y también Waltham Forest, al norte de Londres, y Tower Hamlets, al este, como objetivos para la aplicación general de la ley de la sharia.
Todo esto es, por supuesto, ilegal. La ilegalidad no podría estar más clara. Aquí vemos que autoproclamadas entidades musulmanas desafectas actúan para ejercer el poder de imponer la ley en las calles de las ciudades europeas y, en la práctica, el mandato de la ley islámica rige en muchos pueblos y ciudades. No hace mucho, una considerable cifra de musulmanes de París y sus alrededores entraron en la ciudad y tomaron calles enteras con el fin de practicar la oración de mediodía del viernes. Se bloqueó el tráfico, los residentes no podían entrar o salir de sus casas, los comercios tuvieron que cerrar porque los clientes no podían llegar a ellos; y mientras tanto, la policía no hacía nada, observaba sin interferir, sabiendo que, si actuaban para preservar la ley, se desencadenarían disturbios. En internet se pueden encontrar vídeos de estos incidentes. Se sabe que, en los lugares donde las bandas de radicales operan como si fuesen mafias, se producen crímenes como los asesinatos por honor, la mutilación genital femenina (MGF), la expulsión –o algo peor– de las personas consideradas apóstatas, etc. Lo más común es que muchos estados occidentales se vean impotentes para evitar los matrimonios forzosos y con menores, el velo obligatorio, la poligamia y otros.
La policía, por temor a que la acusen de racismo e «islamofobia», es reacia a tomar medidas: en 2014 y 2015, la policía y los trabajadores sociales hicieron la vista gorda a los acosos sexuales, la prostitución y las violaciones de bandas musulmanas a adolescentes británicas en localidades como Oxford, Birmingham, Rochdale y Rotherham. El informe del profesor Alexis Jay sobre la situación sólo en Rotherham demostraba la grave dejación de varios organismos, desde la policía a los servicios sociales. Los delitos en estos casos eran, por supuesto, una vulneración de la ley de la sharia, no su aplicación[1]. Sin embargo, parece haber también una postura que defiende que los musulmanes tienen derecho a comportarse como quieran, y que la aplicación de la ley británica es irrelevante. En un juicio contra nueve hombres en Rochdale, el juez Gerald Clifton estableció en su sentencia: «Todos ustedes han tratado a las víctimas como si no mereciesen ningún respeto; no eran parte de su comunidad o religión.» Esta declaración ilustra por sí sola el fondo del problema.
Pero el choque de la ley islámica con la ley nacional en varios países europeos se ha centrado sobre todo en el establecimiento de consejos de la sharia o tribunales de la sharia. Éstos han provocado un debate más amplio que la financiación islámica, incluso, que ahora está muy bien situada en el sistema bancario internacional, pese a que es como si la Alemania del Tercer Reich tuviese su propio sistema bancario en el que todas las transacciones fuesen exclusivamente destinadas a fortalecer el Tercer Reich. En Gran Bretaña, este año, se ha sabido que, para financiar las costosas reformas de la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes, se ha llegado a un acuerdo para utilizar bonos islámicos. Una de sus consecuencias es que los lores y los miembros del Parlamento no podrán tener bares ni consumir alcohol en sus propias instalaciones.

El debate sobre el tribunal de la sharia ha sido particularmente intenso en Reino Unido, donde desde 2008 ha habido intentos (algunos con éxito) de introducir la sharia en el sistema legal. En una charla en el Consejo Musulmán de Londres en julio de ese año, el juez Phillips, presidente del Tribunal Supremo, declaró que consideraba que la introducción de la sharia en Reino Unido sería beneficiosa para la sociedad, siempre que no contravenga la ley británica. Es esa condición la que no se ha cumplido. No muchos meses antes, en febrero, Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, la principal figura de la iglesia británica –y también, como Phillips, con escaño en la Cámara de los Lores–, expresó la opinión de que sería apropiado que los musulmanes británicos utilizasen la sharia. Sostenía que «dar un estatus oficial a la ley islámica en Reino Unido ayudaría a lograr la cohesión social, porque algunos musulmanes no se ven reflejados en el sistema legal británico». Y prosiguió:
No es como si estuviésemos trayendo un sistema rival y extranjero; ya tenemos en esta comunidad una serie de casos en los que la ley internacional de las comunidades religiosas es reconocida por la ley local (…) Hay margen para averiguar cómo se podrían acomodar constructivamente algunos aspectos de la ley musulmana, al igual que hemos hecho con algunos aspectos de otras leyes religiosas.
Ahí es donde empezó el debate. La sugerencia de Williams de introducir la sharia fue rechazada de inmediato por el primer ministro, Gordon Brown, y por Sayeeda Warsi, parlamentaria conservadora y ministra en la oposición de Cohesión de la Comunidad y la Acción Social. Warsi, ella misma musulmana, decía lo siguiente:
Las declaraciones del arzobispo no ayudan y pueden agravar la confusión que ya existe entre nuestras comunidades. (…) Debemos asegurarnos de que las personas de todas las culturas y religiones son tratadas como iguales ante la ley. La libertad dentro de la ley permite respetar algunas prácticas religiosas. Pero seamos absolutamente claros: todos los ciudadanos británicos deben someterse a las leyes británicas desarrolladas por el Parlamento y por los tribunales.
Sin embargo, un año antes, la sharia ya había entrado en el país. Una organización llamada Tribunal de Arbitraje Musulmán se erigió a sí misma a raíz de la Ley de Arbitraje de 1996. Ésta permite que particulares y empresas accedan de mutuo acuerdo a someterse a una reunión en la que una tercera parte decide sobre los argumentos en conflicto. El acuerdo mutuo es, por supuesto, el elemento en el que se basa la ley. Los tribunales musulmanes se limitan a los asuntos económicos y de propiedad. Utilizan las normas de la sharia para intervenir no sólo entre musulmanes, sino también entre no musulmanes que quieran resolver sus litigios según los estándares de la sharia. Desde 2007, la MAT ha abierto tribunales en Nuneaton, Londres, Birmingham, Bradford y Manchester. Se consideran todos legales, y sus sentencias pueden ser confirmadas por los tribunales del condado y el Tribunal Supremo.
La aquiescencia a la regularización de la sharia dentro de los procesos legales de Reino Unido recibió un gran impulso durante un breve periodo cuando, en marzo de 2014, la Law Society publicó una guía de instrucciones para permitir que determinados procuradores prepararan testamentos «conformes con la sharia», aunque pudiesen discriminar a las viudas, a los no musulmanes, a las herederas, a los hijos adoptados y otros. Cuando empezó a acalorarse el debate y la Law Society recibió duras críticas, retiró algunos meses después la guía y se disculpó por haberlas presentado. Fue un sano ejemplo de cómo el debate abierto puede lograr resultados en las sociedades democráticas.
Por esa época, no obstante, había unos 85 consejos de la sharia en funcionamiento, la mayoría de ellos abiertamente, y otros en las trastiendas, por todo Reino Unido. A todos les fue garantizado el reconocimiento de las instituciones. Estos consejos se confunden a menudo con los tribunales de arbitraje, pero en realidad son muy diferentes. Un consejo (a veces llamado tribunal) funciona como un servicio de mediación, también legal en la ley británica. Sin embargo, las decisiones de estos consejos no están contempladas por la ley británica. Suelen estar compuestos por un pequeño grupo de ancianos con diversos grados de formación en leyes islámicas, y por lo general dictan consejos o fatwas [opiniones religiosas] basadas en las sentencias de cualquiera de las principales escuelas de derecho musulmán.
Son estos consejos los que causan mayor preocupación, especialmente el limitado rango de materias sobre las cuales dictan sentencias: matrimonio, divorcio, custodia de los hijos y herencias. En todos estos ámbitos, las preocupaciones residen principalmente en el tratamiento a las mujeres musulmanas. Entre los principales críticos de la sharia en estos temas es uno de los miembros más visionarios de la Cámara de los Lores británica, la baronesa Caroline Cox[2]. Lo primero que hizo tras entrar en la Cámara de los Lores fue partir en un camión de 32 toneladas a varios países comunistas –Polonia, Rumanía y la Unión Soviética– para llevar medicinas al otro lado del Telón de Acero. Fue uno de los primeros políticos que se tomó en serio la amenaza del islam, exponiendo sus argumentos en un libro en 2003, The ‘West’, Islam and Islamism. Is ideological Islam compatible with liberal democracy?
Esta preocupación por el islamismo y su incompatibilidad con las normas de la democracia laica se centra especialmente en la aplicación de la ley de la sharia dentro de países como Reino Unido, donde se considera que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Hablando sobre los tribunales de la sharia en 2011, la baronesa Cox declaró:
No podemos quedarnos sentados cómodamente en nuestros sofás rojos y verdes mientras algunas mujeres están sufriendo un sistema que es completamente incompatible con los principios legales sobre los que se fundó este país… Si no hacemos nada, estaremos consintiéndolo.
Hace poco realizó un reportaje titulado A Parallel World: Confronting the abuse of many Muslim women in Britain today, publicado por la editorial Bow Group. En él, no sólo describe los problemas a los que se enfrentan muchas musulmanas en los consejos de la sharia, sino que presenta el amplio testimonio de mujeres que han sufrido discriminación y abusos por parte de estos «tribunales».[3]
En mayo de 2012, la baronesa Cox presentó su primer proyecto de ley sobre Servicios de Arbitraje y Mediación (Igualdad) en la Cámara de los Lores. El proyecto de ley tuvo su segunda lectura en octubre de ese mismo año, pero no pasó de ahí. Estuvo respaldado, sin embargo, por un extenso conjunto de pruebas presentado en un documento, Equal and Free?, de la National Secular Society. En junio de 2015, Cox presentó una versión modificada del proyecto de ley. Tuvo su segunda lectura en octubre, y en noviembre llegó a la fase de comisión. Aún tiene que pasar por algunas fases más hasta que pueda enviarse a la Cámara de los Comunes, y tal vez algún día reciba la sanción real y se convierta en ley. Tuvo una cálida acogida entre los miembros de la Cámara de los Lores, con sólo una opinión en contra, la de Lord Sheikh, miembro musulmán que ve muy poca culpa o ninguna en cualquier cosa que digan o hagan los musulmanes. Sin embargo, el ministro del gobierno, Lord Faulks, dijo que la actual legislación civil es lo único que se necesita para garantizar la justicia para las mujeres musulmanas.
Las cosas no son ni mucho menos tan sencillas como al gobierno le gustaría que fuesen. La ley de la sharia no es un sistema concreto y claro que pueda mezclarse fácilmente con los valores y estatutos occidentales. No pasa nada si los imanes o los consejos reparten asesoramiento sobre las regulaciones que afectan al rezo obligatorio, al ayuno obligatorio, a la peregrinación obligatoria, a las limosnas obligatorias, a lo adecuado o inadecuado de seguir esta tradición espiritual, o incluso cuando hombres y mujeres se sienten juntos o se vean sin un acompañante. Para los musulmanes devotos, estas son cosas que tienen que saber, y aunque el consejo que puedan recibir sobre algunas normas difiera de la escuela de derecho o de las prácticas culturales de su comunidad específica, eso no tiene nada que ver con la ley británica.
Pero hay mucho más de lo que se ve en la superficie. Un problema es que es difícil, si no imposible, reformar la sharia. Las sentencias legales están fosilizadas en una tradición u otra, y se les da continuidad porque se considera que derivan de una combinación del versos del Corán, las tradiciones sagradas o los libros de referencia fiqh (o jurisprudencia). Es difícil, por lo tanto, modificar leyes sobre cualquier cosa para que se ajusten a la necesidad de actualizarlas en los términos de los valores occidentales sobre los derechos humanos. A muchos musulmanes puede incomodarles hoy el uso de la yihad como grito de guerra para organizaciones terroristas como el Estado Islámico, pero ningún estudioso o grupo de estudiosos tiene derecho a abolir la tradicional ley de la yihad. La innovación religiosa (bid’a) equivale a la herejía, y la herejía conlleva la excomunión y el infierno, como se ha estipulado durante siglos. La creciente influencia del islamismo salafista se basa precisamente en que cualquier renovación de la fe significa retroceder a las prácticas y las palabras de Mahoma y compañía, no avanzar hacia la reforma.


En los consejos de la sharia no parece haber ningún método formal para guardar un registro de lo que se dice y se decide. Apenas se permite que haya no musulmanes presentes en los procesos y, en consecuencia, ni el gobierno ni ninguna comunidad jurídica tiene forma de vigilar periódicamente los procesos. Incluso Machteld Zee, cuyo próximo libro, Choosing Sharia? Multiculturalism, Islamic Fundamentalism and British Sharia Councils, será el primer análisis académico de lo que sucede en los consejos, sólo pasó dos tardes en un consejo en Leyton y otra más en uno de Birmingham. No se permiten que personas cualificadas y designadas por el gobierno hagan inspecciones sin previo aviso. No hay nada ni remotamente parecido al organismo de inspección de colegios del gobierno, Ofsted, que ha visitado periódicamente (aunque no siempre de forma correcta) los colegios musulmanes. Así que no hay realmente forma de saber qué pasa, aparte de los testimonios de las mujeres que han denunciado prácticas abusivas o ilegales.
Los tribunales de primera instancia, los tribunales de condado y los tribunales de la Corona son completamente transparentes (excepto en los asuntos que se tratan a puerta cerrada), llevan un archivo completo, y el público es libre de visitarlos y observar. Los riesgos de permitir que los consejos dicten sentencias sin que haya un inspector observando son obvios. Y si no se lleva un registro completo de los procesos, siempre será difícil volver a examinar a fondo un caso si surgen problemas legales después.
Además, el sistema legal británico no tiene voz en el nombramiento de los comités de los consejos de la sharia. Parece que no hay ningún mecanismo acordado para los nombramientos, y el origen y la identidad de los candidatos siguen siendo un motivo de preocupación en varios aspectos. No hay un solo rango de calificaciones para los estudiantes musulmanes (ulema) o para quienes dictan jurisprudencia (fuqaha’). La mayoría habrá asistido a una especie de madraza [escuela religiosa islámica], y muchos se habrán postrado a los pies de algún jeque en concreto para que le conceda una ijaza: normalmente esto significa que tiene permiso para impartir clase basándose en un libro escrito por ese jeque. Algunos acabarán algún curso, pero habrá poca coherencia. Se están obteniendo cada vez más cualificaciones de madrazas con sede en el Reino Unido, en especial de la Darul-Ulom en Bury, o en su equivalente de alto nivel en Dewsbury, aunque hay otras tres Darul-Ulom en Reino Unido. En Londres, las clases infantiles son inspeccionadas por Ofsted, las otras no. La de Bury y otras madrazas se adscriben a la versión deobandi del islam (presente en el norte de India, Pakistán, Bangladés y Afganistán). Las madrazas pakistaníes de las que surgieron los talibanes fueron y son de credo deobandi. Muchas madrazas de Pakistán financiadas por los saudíes han sido utilizadas para reclutar para la yihad.
Los deobandis, de influencia wahabista, controlan la mayoría de mezquitas de Gran Bretaña, pero no es ni mucho menos el único grupo con mezquitas y otras instituciones.[4] Hay también grupos más pequeños de imanes y estudiosos salafistas, muchos de los cuales provienen de madrazas financiadas por los saudís.[5]
La situación se vuelve más compleja si se le suman las grandes cantidades de estudiosos y juristas que surgen de los colegios de Pakistán, Bangladés e India. Éstos tienden a ser muy conservadores y siguen desempeñando una función primordial proporcionando imanes y otros miembros a los consejos de la sharia.
En suma, estas diferencias en la formación, las cualificaciones, las habilidades lingüísticas y demás significan que no hay un terreno neutral para la experiencia y el conocimiento, sino que hay una considerable laxitud respecto a cómo se interpreta la ley de la sharia. Muchas veces, los expertos que se adhieren a una rama del islam discreparán vehementemente de otros. Por lo general, se considera que los consejos de la sharia y los tribunales de arbitraje musulmanes son conservadores, con pocos defensores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la vista.
Por último, hay un rasgo menos conocido de la teoría moderna de la sharia que afecta a Europa, América del Norte y otros lugares de Occidente. En la teoría clásica islámica, el mundo se divide entre la Casa del Islam (Dar al Islam), los territorios regidos por gobiernos islámicos, y la Casa de la Guerra (Dar al Harb), regiones bajo control no musulmán. En términos estrictos, un musulmán que viva en un país no musulmán está obligado a abandonarlo y a volver a un estado musulmán, normalmente algún lugar dentro del imperio musulmán. En términos estrictos, lo apropiado, e incluso obligatorio, es que los musulmanes vivan en países no musulmanes cuando dichos países están bajo un régimen musulmán, al margen del tamaño de las dos poblaciones. En todos los imperios islámicos ha habido una mayoría de no musulmanes. La expansión y el imperialismo musulmán significaba que los musulmanes controlaran territorios donde, al principio, no fuesen mayoría. Estos territorios se considerabanDar al Islam. Después, cuando los musulmanes fueron expulsados de lugares como Portugal y España, esos países se convirtieron en Dar al Harb y, a ojos de muchos musulmanes, se hizo necesario luchar contra ellos para devolverlos al islam, como está sucediendo hoy con Israel.
Cuando en los siglos XIX y XX los no musulmanes se hicieron con el control de los territorios musulmanes, hubo que transigir. Sin embargo, durante el siglo XX, y cada vez más en el actual, un gran número de musulmanes se fueron a vivir a países occidentales. Con la afluencia de refugiados en Europa en 2015, los musulmanes que viven fuera de territorios islámicos se han enfrentado a dilemas respecto a la aplicación de la sharia, especialmente cuando entra en conflicto con las leyes civiles de sus países de acogida.
La respuesta de muchos musulmanes ha sido desarrollar una nueva forma de jurisprudencia islámica, fiqh al ‘aqaliyat, «jurisprudencia para las minorías». Ésta empezó en la década de 1990, sobre todo por la iniciativa de dos estudiosos musulmanes, Shayj Taha Jabir al Alwani y Shayj Yusuf al Qaradawi. Alwani es presidente de la Escuela Superior de Ciencias Islámicas y Sociales en Ashburn (Virginia), ahora parte de la Universidad de Córdoba, y fundador y expresidente del Consejo Fiqh de América del Norte, asociado a la Sociedad Islámica de América del Norte (ISNA, por sus siglas en inglés). La propia ISNA, por supuesto, fue identificada hace tiempo como organización pantalla de los radicales Hermanos Musulmanes. Esa conexión se hace más patente cuando se observa a Yusuf al Qaradawi, residente en Qatar y uno de los principales ideólogos de los Hermanos Musulmanes. El programa de televisión de Qaradawi, al-Sharīʿa wa al-Ḥayā, es seguido internacionalmente por unos 60 millones de personas, y su extensa web de fatwas, Islam Online, es consultada por millones

Los principios bajo los cuales opera la jurisprudencia para las minorías son en cierto modo complejos. Parte del debate afecta a si los países no musulmanes con grandes minorías musulmanas siguen siendo la «Casa de la Guerra»; por lo general, se rechaza esa idea. Si los estados occidentales no están en estado de guerra con el islam, entonces los musulmanes no están obligados a abandonarlos para buscar refugio en un país islámico. En ese caso, es necesario interpretar las normas de la sharia para hacer posible que los musulmanes vivan en territorios a los cuales han emigrado, o en los que se encuentren por periodos limitados, como por ejemplo un viaje de estudios al extranjero. En todo caso, los ajustes a los modos occidentales no permiten un cambio efectivo de la sharia.
En 1997, el gobierno de Qatar proporcionó fondos para crear una institución conocida como el Consejo Europeo para la Fatwa y la Investigación (ECFR, por sus siglas en inglés), con sede en Dublín. El consejo, cuyo presidente es el propio Qaradawi, se creó bajo los auspicios de la Federación de Organizaciones Islámicas en Europa, otra organización pantalla de los Hermanos Musulmanes, vinculada estrechamente a la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, Hamás. El ECFR tiene 32 miembros, más o menos la mitad de los estados europeos, y el resto son de América del Norte, África del Norte y el Golfo. Sus fatwas hacen muy poco por integrar las normas de la sharia en las sociedades europeas. Una fatwa declara:
«La sharia no puede ser enmendada para ajustarse a los cambiantes valores y estándares del hombre, sino que es la norma absoluta a la que deben conformarse todos los valores y conductas humanas; es el marco de referencia para ellos; es la escala por la que deben ser sopesadas.»
La verdadera trascendencia del ECFR y su grupo internacional de juristas es que es un organismo extraterritorial que emite sentencias, proporciona soluciones legales y arbitra sobre todos los aspectos de la ley islámica. Su impacto en los tribunales nacionales de la sharia, como el Tribunal Musulmán de Arbitraje británico, y el Consejo Islámico de la Sharia de Reino Unido, no se puede calcular fácilmente, pero sin duda desempeña una función importante. Si se leen las fatwas del ECFR y muchas de las páginas web de fatwas, está claro que los organismos nacionales de la sharia en los países occidentales están funcionando fuera de los límites de los sistemas legales británico, francés y otros. Ningún estado europeo o americano puede ejercer un pleno control sobre quién oficia en dichos consejos, quién les influye y qué sentencias inspiran sus dictámenes.
Aunque el ECFR es el principal organismo de la fatwa en Europa, otras organizaciones nacionales –en Francia, Alemania y Noruega, por ejemplo– emiten fatwas en otras lenguas. En todas partes, el enfoque es casi el mismo. Sea mediante la jurisprudencia convencional o la jurisprudencia de las minorías, no se ve una vía clara para mejorar la asimilación de los musulmanes en las sociedades europeas, ni la acomodación de la ley de la sharia junto a la ley occidental dictada por el hombre.
A menos que la mentalidad del clero musulmán acepte la reforma, el islam salafista seguirá arrastrando a los musulmanes al pasado. Bajo la estricta aplicación de la sharia, sigue surgiendo una pregunta: ¿qué va a pasar con los cada vez más millones de recién llegados para quienes los códigos legales occidentales son un valor secundario; para los cuales, tal vez, sean sólo un obstáculo en su camino hacia un objetivo último de separación total de las sociedades de acogida?

En Sharia Law or One Law for All, llamo la atención sobre otro nivel de sentencias de la sharia que proveen fatwas para muchos musulmanes británicos, en particular la generación más joven. Se trata de páginas web: «bancos de fatwas». Personas o parejas envían preguntas a los muftis que administran las páginas, y reciben respuestas en forma de fatwas que se consideran acreditadas. Las preguntas y respuestas se conservan en galerías de sentencias, por las que cualquiera puede navegar en busca de consejos. Las páginas no son en modo alguno coherentes, y difieren de un estudioso a otro. Pero sí dan una idea de los tipos de sentencias que se pueden dictar en los consejos de la sharia.
Por ejemplo:
Algunas de estas fatwas aconsejan acciones ilegales y otras trasgreden los derechos humanos básicos aplicados por los tribunales británicos. Demuestran gráficamente lo cuestionable que es permitir un sistema legal paralelo dentro de un sistema nacional unitario.
[1] Ver Umdat al-salik de Ahmad ibn Naqib, traducido por Nuh Ha Mim Keller al inglés comoReliance of the Traveller (Beltsville MD, 1991 y 1994), pág. 595: «Cuando el agresor esté violando a alguien con quien tenga prohibido por la ley cualquier relación sexual, es permisible matarlo inmediatamente», basado en una declaración de Abu’l Hasan al Mawardi, el famoso jurista de Shafi’i (972-1058).
[2] La Baronesa Cox entró en la Cámara de los Lores en 1982, y desde entonces ha hecho una magnífica contribución a causas humanitarias en todo el mundo, viajando a zonas remotas con conflictos y violaciones de los derechos humanos, asumiendo un gran riesgo personal.
[3] Se han expresado opiniones similares en los dos años anteriores, en un informe de 2010 de la organización One Law for All de Maryam Namazie, titulado Sharia Law for Britain: A Threat to One Law for All and Equal Rights. El informe, a su vez, había sido precedido por un libro, titulado Sharia Law or ‘One Law for All’?, escrito por el autor de este artículo para el think tankindependiente Civitas (el instituto para el estudio de la sociedad civil).
[4] Otros musulmanes de origen pakistaní han recibido orientación de influencia sufí, que, aunque se adhiere a la misma escuela de derecho hanafí, está en constante conflicto con los deobandis. Hay sin duda más jóvenes musulmanes formándose en Reino Unido, y muchos de ellos experimentan dificultades con los cursos impartidos en urdu, como en Bury.
[5] Para más detalles, ver Medina in Birmingham, Najaf in Brent: Inside British Islam, de Innes Bowen (Londres, 2014).


Por Douglas Murray
Traducción del texto original: Britain? Moderates? How’s That Again?
Traducido por El Medio
A menudo, uno oye hablar de la «mayoría musulmana moderada». Después de cualquier ataque terrorista, los políticos nos dicen que «la mayoría de los musulmanes lo condena totalmente». Después de cualquier salvajada, los comentaristas y analistas se levantan corriendo para decir: «Por supuesto que la inmensa mayoría de los musulmanes son moderados». ¿Pero es eso cierto? ¿Son «moderados» la inmensa mayoría de los musulmanes?
Una serie de factores indica quizá no sea así, y el más obvio es el problema que revelan repetidamente las encuestas de opinión. Una y otra vez, los resultados de las encuestas de opinión en el mundo occidental, no importa si son en Oriente Medio o el norte de África, presentan una imagen bastante diferente de la aguatinta de la «mayoría moderada».
Ciertamente, esas encuestas suelen demostrar que, por ejemplo, sólo el 27 por ciento de los musulmanes británicos tienen «alguna simpatía por los motivos que hay detrás de los atentados» contra la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo el año pasado. Ciertamente, eso sólo supone entre una cuarta parte y un tercio de los musulmanes británicos que simpatizan con el escuadrón contra la blasfemia. En otras ocasiones, como ocurrió hace poco en Gran Bretaña con una encuesta de ICM encargada por Channel 4, se encuentra que una mayoría de musulmanes tiene posturas sobre las cuales discreparía la mayoría de la población británica. Así, por ejemplo, la reciente encuesta de ICM halló que el 52 por ciento de los musulmanes británicos cree que se debería ilegalizar la homosexualidad. Es una cifra impactante. No es que el 52 por ciento de los musulmanes británicos diga que la homosexualidad no sea de su agrado, o que no esté del todo a favor del matrimonio gay, sino que el 52 por ciento de los musulmanes británicos cree que la homosexualidad debería ser un delito penado la ley.
Pero es en lo que sucede después de que aparezcan esas encuestas cuando la idea de la «mayoría moderada» entra en tensión. Primero, por supuesto, siempre hay un intento de dar un sesgo positivo a los resultados. Así, por ejemplo, cuando salió la encuesta sobre Charlie Hebdoel año pasado, la BBC (que había encargado la encuesta) informó sobre ella con este titular: «La mayoría de los musulmanes británicos ‘se opone a emprender represalias por las viñetas de Mahoma’«. Aunque es cierto, no es el aspecto más llamativo de los resultados. Pero lo más revelador es lo que sucede después, y lo que verdaderamente hace cuestionar si estamos tratando con una «mayoría moderada» o, más francamente, con una «minoría moderada». Porque siempre que salen los resultados, casi toda la comunidad musulmana, incluidos casi todos los musulmanes en los medios y todos los grupos de autoproclamados «líderes de la comunidad musulmana» intentan demostrar que la encuesta es un fraude. Ocurrió cuando salió la encuesta de ICM en Reino Unido, como ocurrió con todas las encuestas anteriores. A excepción de uno o dos destacados disidentes musulmanes, todas las voces musulmanas en los medios y todos los grupos musulmanes decidieron no preocuparse por los resultados de ICM, sino intentar desmontar su validez, su metodología e incluso los «motivos» de la encuesta. Esto es profundamente elocuente.
Vale la pena probar en este punto un experimento mental. Al margen de la comunidad de donde usted provenga, imagínese su reacción si apareciera una encuesta, como la de ICM sobre los musulmanes británicos, sobre la comunidad de la que usted se sienta parte. Imagine que es usted judío, y que sale una encuesta que dice que la mayor parte del resto de judíos de su país quiere convertir la homosexualidad en delito. ¿Cuál sería su primera reacción? Mi impresión es que la mayoría de los judíos se sentiría profundamente avergonzada. Muy poco después de esa primera reacción, quizá empezaría a preguntarse qué se podría hacer para dar la vuelta a esa terrible estadística. Es posible que, si no conoce a nadie de su religión que piense que se debe criminalizar la homosexualidad, y nunca antes se ha encontrado con esa postura (o con alguna encuesta previa que indicase lo mismo), pueda dudar de la credibilidad y metodología de la encuesta. Pero si no, probablemente suspiraría y se preguntaría qué se podría hacer para mejorar las cosas. Si sabe que los resultados son bastante precisos, ¿por qué intentaría hacer trizas los resultados?
Asimismo, si mañana se publicara una encuesta sobre las opiniones de la población británica de educación cristiana en Reino Unido, me interesaría por ella. Si revelara que el 39 por ciento de los cristianos británicos cree que las mujeres siempre deberían obedecer a sus maridos (como reveló la encuesta de ICM sobre los musulmanes británicos), entonces me preocuparía. Si también hallara que casi una cuarta parte (el 23 por ciento) de la población británica de origen cristiano quisiera que algunas zonas de Reino Unido se desligaran de la ley de la nación y fuesen en su lugar gobernadas por alguna «interpretación» bíblica y literal de la ley, me preocuparía aún más.
Por supuesto, es bastante difícil que se produzca alguna de estas eventualidades. Pero pongámonos en que se produce. ¿Cuál sería mi reacción? Lo primero sería bajar la cabeza avergonzado. Y la bajaría aún más si los resultados no me sorprendiesen en absoluto. Si yo siempre hubiese sabido que mi «comunidad» mantiene esa postura, y una encuesta sacara a la luz esa verdad, me sentiría profundamente avergonzado de que lo que yo siempre supe también lo supiera ahora el resto del país.
Lo más interesante es que, cuando aparecen dichas encuestas de opinión de los musulmanes británicos, nunca, jamás, hay el menor indicio de tal introspección. No hay bochorno ni preocupación, sólo ataques. Si hubiese realmente una «mayoría moderada», cuando saliese una encuesta que dijese que una cuarta parte de tu comunidad quiere básicamente alterar la ley de la nación y vivir bajo la ley de la sharia, el 75 por ciento restante dedicaría el tiempo a intentar cambiar la opinión de esa cuarta parte. En su lugar, un 74 por ciento de ese 75 por ciento que no está a favor de la sharia dedica su tiempo a cubrir al 25 por ciento y a atacar a la empresa demoscópica que lo descubrió. Es un pequeño síntoma de un problema mucho mayor, cuyas repercusiones apenas han empezado a afrontar nuestras sociedades.