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Katyn: genocidio con la firma de Stalin

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En la URSS de Stalin no había problemas con la población disidente ni con los prisioneros: o al gulag o a la fosa.

Después de firmar el pacto de amistad con Adolf Hitler, Stalin apuñaló por la espalda a los polacos el 17 de septiembre, dieciséis días después de que Alemania atacase por el oeste.

La máquina de propaganda bolchevique funcionó perfectamente y repartió sus consignas a comunistas de todo el mundo: la URSS sólo había acudido para proteger a las minorías ucranianas y bielorrusas. El problema fue para el Ejército Rojo y la policía secreta, la NKVD, mandada por Lavrenti Beria: qué hacer con las decenas de miles de oficiales capturados. Se habían rendido más de 200.000 militares.

La NKVD los distribuyó en varios campos de concentración construidos a toda prisa. De acuerdo con el historiador Donald Rayfield (Stalin y los verdugos), en ellos muchos polacos murieron de hambre, frío y enfermedades; otros miles fueron convertidos en esclavos: 25.000 fuerin enviados al Cáucaso para construir carreteras y 11.000 más a las minas de Ucrania. También se entregó a los alemanes 43.000 polacos que provenían de la zona ocupada por los primeros.

El más duro castigo para los reaccionarios

A Beria y a Stalin les sorprendió que los polacos no se resignasen a la cautividad y la muerte lenta. Tanto los militares como sus familias reclamaban derechos como el de recibir correspondencia (que los alemanes no negaban a sus compatriotas presos) y pedían amparo a las embajadas. Añadían que si la URSS estaba en guerra con Polonia tenían que ser tratados de acuerdo a la Convención de Ginebra, pero que si entre ambos países había estado de paz su detención era ilegal.

El 5 de marzo de 1940 Beria declaró al Politburó que los polacos eran «enemigos recalcitrantes del poder soviético», incapaces de ser reeducados, por lo que proponía aplicarles «el castigo más severo: el fusilamiento». Seis miembros del Politburó votaron ese mismo día a favor del exterminio en masa. Stalin fue el primero en firmar la orden; le siguieron Voroshílov y Molotov. Se trata de uno de los escasos documentos en que uno de los genocidas del siglo XX se responsabilizó por escrito del exterminio de quienes había escogido por enemigos.

Parte de las ejecuciones se realizaron en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, que ha dado nombre al genocidio, pero también las hubo en las cárceles de las ciudades de Kalinin y Jarkov.

Se calcula el número de asesinados en casi 22.000, de los que un 8% eran judíos, además de otros grupos nacionales como ucranianos y bielorrusos. Junto a los capellanes católicos también cayó el principal rabino del Ejército polaco.

En el colmo de la hipocresía, en una reunión en Moscú en diciembre de 1941, Stalin, el padrecito de los pueblos, espetó al general Sikorski, primer ministro del Gobierno polaco en el exilio y jefe de sus fuerzas armadas, que los oficiales que reclamaba habían escapado a pie a Manchuria.

Se cargó el crimen a los alemanes

Un oficial alemán adscrito a labores de inteligencia en el Grupo de Ejércitos Centro, el general Rudolf von Gersdorff, recibió en 1943 informes sobre los enterramientos realizados en Katyn. En abril, los alemanes excavaron la zona y descubrieron miles de cadáveres (serían poco más de 4.000), con el tiro en la nuca marca de la NKVD.

El ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, montó una de sus mejores operaciones. Llevó al bosque a varios periodistas para que difundiesen la noticia; también organizó una comisión internacional de investigadores, que incluía a la Cruz Roja Internacional, que aseveró que los cuerpos pertenecían a militares polacos asesinados (por objetos como diarios, cartas y periódicos) en torno a abril y mayo de 1940.

Los soviéticos replicaron que los alemanes eran los exterminadores, que éstos, en su maldad, habían exhumado los cadáveres, introducido los objetos en las ropas y vuelto a enterrarlos, antes de convocar a los periodistas y los médicos.

Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt tomaron partido por la versión de Stalin. El paso siguiente fue hacer callar al Gobierno polaco en el exilio, por cuya causa los aliados habían ido a la guerra y que combatía a los nazis desde septiembre de 1939.

Józef Czapski, aristócrata y pintor, oficial del Ejército que debido a su fama fue salvado de la muerte por intercesión del duce Benito Mussolini, investigó la suerte de sus compatriotas. En su libro En tierra inhumana escribió que en el Tribunal de Nüremberg se produjo

un suceso sin precedentes en toda la historia del derecho y de la jurisdicción en el mundo civilizado: el acusado de haber cometido un crimen se lo imputó a otro y lo juzgó por él.

En Minsk, según Rayfield, los soviéticos ahorcaron a varios oficiales alemanes por el delito de haber masacrado a los polacos.

En Occidente, el desprecio a los polacos que no se sometieron a Stalin llegó al punto de que el Gobierno laborista británico no les invitó a participar en el desfile de la victoria, celebrado en Londres en 1946.

Durante las décadas siguientes, la matanza de Katyn fue una de las líneas rojas que marcaban la división entre los comunistas y sus compañeros de viaje, por un lado, y los anticomunistas, por el otro. Quienes dudasen de la versión soviética, recibían las marcas de anticomunistas viscerales, agentes de la CIA y hasta de pronazis.

Czapski sostiene que un elemento que influyó en la desgana de los anglosajones y los franceses para buscar la verdad fue su vinculación con el nazismo.

No puede ser únicamente consecuencia de la campaña de la prensa comunista, tan susceptible en este punto y tan agresiva con cualquiera que se atreva a hablar con objetividad del tema. Diré más: sobre este asunto planea la sombra de Goebbels y de su propaganda histérica, un recuerdo que oscurece los contornos de la imagen y hace que toda información sobre Katyn parezca sospechosa.

Y es que todo lo que tocó Hitler es sospechoso.

Entre las matanzas cometidas por Stalin que Jruschov le atribuyó en el discurso que pronunció en el XX Congreso del PCUS en 1956, aunque incluyó las grandes purgas, no citó Katyn. El reconocimiento por los soviéticos de que habían cometido genocidios en la guerra contra la bestia nazifascista habría despojado a los comunistas del mayor elemento propagandístico de que disponían: su sacrificio para eliminar a Hitler.

Reconocimiento por la URSS

El régimen soviético se negó a reconocer su autoría hasta finales de los años 80. Los esfuerzos polacos, incluso bajo el comunismo tambaleante, empezaron a horadar la muralla de mentiras. El 13 de abril de 1990 Mijaíl Gorbachovreconoció que la NKVD había asesinado a los militares polacos y presentó sus condolencias a la nación polaca. Ese mismo año el presidente ruso, Boris Yeltsin, entregó numerosos documentos al presidente polaco, Lech Walesa.

En 2005 el Parlamento polaco aprobó una resolución reclamando a Rusia que calificase el exterminio de esos 22.000 polacos como genocidio. El presidente Putin lo llamó «crimen político» en una entrevista en un diario polaco. En 2010 Putin y el presidente polaco, Donald Tusk, acudieron juntos al monumento de Katyn y la televisión rusa emitió la película polaca del mismo título que describe la matanza. En noviembre de ese año la Duma aprobó, con la oposición de los diputados comunistas, una resolución en la que se afirmaba que las muertes fueron ordenadas por Stalin.

El enfrentamiento entre Rusia y Europa de los últimos años también ha afectado a este asunto. Moscú no ha desclasificado aún los archivos pendientes. Y, cómo no, los comunistas rusos vuelven a mostrar su capacidad para mentir al seguir manteniendo la versión de que los asesinos fueron los nazis.

NOTA: Y es muy curioso ver como la propaganda nazi y la comunista ES PRACTICAMENTE IGUAL. SU ESTÉTICA ES LA MISMA:

Nazino, el canibalismo inducido por Stalin – JUAN E. PFLÜGER / La Gaceta de los Negocios

ESTO ES LA IZQUIERDA, ESTO ES EL COMUNISMO Y…¡¡¡ESTO, NO OS QUEPA DUDA, ES «PODEMOS»!!!. Podemos tiene ESA MISMA IDEOLOGÍA.

Si PODEMOS llega a conseguir una mayoría absoluta alguna vez, NO VOLVERÁ A HABER VOTACIONES, TENDREMOS QUE ESTAR COMPLETAMENTE A MERCED DEL ESTADO E INCLUSO PUEDEN LLEGAR A OCURRIR COSAS DE ESAS A QUIENES SE MUESTREN DISCONFORMES.

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La tragedia de Nazino, la isla de los caníbales, es una muestra más de la aberración moral a la que llegó el comunismo en la Unión Soviética. Allí, en mayo de 1933 fueron abandonados a su suerte 322 mujeres y 5.783 hombres calificados por el régimen soviético como “elementos obsoletos, desclasados y socialmente dañinos”. Aunque eran en realidad ciudadanos rusos de las ciudades de Moscú y Leningrado que habían sido detenidos por la policía soviética por no llevar encima sus pasaportes interiores.

Los pasaportes interiores fueron documentos creados en 1932 por el Gobierno de Stalin para controlar el traslado de los ciudadanos de la URSS entre diferentes localidades del país. En tan solo cinco meses se rechazó la solicitud de pasaporte interno de 90.000 personas y fueron detenidas por la policía.

En aquellos momentos, el régimen soviético en la URSS mantenía una población presa de entre 2 y 3 millones…

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ASÍ TRATA LA IZQUIERDA A LOS HOMOSEXUALES

 

La izquierda, tanto los partidos socialistas como los comunistas, se presenta ahora como defensora del reducido sector homosexual de la población. Sin embargo, la verdad histórica es muy distinta. 

Recordemos algunas de las acciones de la izquierda internacional contra los homosexaules.

Históricamente, la izquierda ha visto la homosexualidad como una depravación burguesa, que ha perseguido cuando disponía del poder. En los años 70, tanto antes como después de la muerte de Franco, los grupos comunistas y troskistas solían difamar a quienes los abandonaban con las acusaciones de ‘maricón’ o ‘drogata’. En el fondo, a la izquierda sólo le interesan los homosexuales como una minoría activa que le puede servir para ganar las elecciones y fundar una nueva cultura y una nueva moral en la que ella designe lo que es correcto.

Como prueba del odio que la izquierda siente por los homosexuales basta citar algunas ‘gracias’ de los socialistas. José Luis Corcuera, ministro del Interior, tachó al periodista Pablo Sebastián de «perder aceite» (23 de noviembre de 1993). Alfonso Guerra se rió de la supuesta homosexualidad de Mariano Rajoy en un mitin celebrado en León el 31 de agosto de 2003 ante mineros y el propio Rodríguez Zapatero. El ex vicepresidente del Gobierno y diputado por Sevilla llamó a Rajoy “mariposón”; los asistentes se rieron y aplaudieron mucho, empezando por Rodríguez.

También cabe citar que Rodríguez no propuso en el Congreso ninguna medida a favor de los homosexuales de las que demanda el ‘lobby rosa’ desde que fue elegido diputado por primera vez, en 1986. Rodríguez tardó entre siete y ocho años en comprender la importancia de los derechos de este grupo. Lo mismo se puede aplicar a María Teresa Fernández de la Vega, secretaria de Estado de Justicia en uno de los últimos Gobiernos de Felipe González y luego diputada; silencio ante las peticiones homosexuales. 

 

Los homosexuales y el comunismo soviético

La Unión Soviética empezó diciendo que el Estado no se iba a inmiscuir en la privacidad de las personas y que las leyes no estarían contaminadas de moralidad burguesa, pero pronto cambió de opinión.

La homosexualidad se convirtió en un delito en 1934. En 1936, el diario Pravda comentaba que “el matrimonio es el asunto más serio de la vida”. Se construyó una teoría para demostrar que Marx y Engels nunca estuvieron contra la familia. Los chivos expiatorios fueron Trotsky, Bukharin, Krylenko y sus seguidores, los enemigos del pueblo pagados por los fascistas para propagar la teoría contrarrevolucionaria a favor de la extinción de la familia y el desorden sexual en la URSS para desacreditar a los soviets.

En los años 20, el estatus de los homosexuales soviéticos era aceptable. Algunos homosexuales (Mikhail Kuzmin, Nikolai Klyuev y Sophia Parnok, entre otros), tuvieron un papel relevante en la cultura soviética, aunque una discusión filosófica abierta sobre el tema fue progresivamente muriendo. En 1933, el gobierno anunció el cambio de la ley: el intercurso anal entre hombres era un delito. Los códigos penales de todas las repúblicas fueron modificados.

Según el artículo 121 del código Penal de la Federación Rusa, las relaciones sexuales entre hombres eran punibles con la privación de libertad por un periodo de cinco años y, en caso de haber sido realizadas con fuerza, amenaza, con abuso de superioridad o con un menor, el periodo de privación de libertad podía ser de hasta 8 años.

En 1936, Nikolai Krylenko, Comisario de Justicia del Pueblo, concluyó que la homosexualidad era producto de la decadencia y de la explotación de clases.

 

La izquierda y los homosexuales en la historia

– Stalin aplicó la pena de muerte para los homosexuales.

– Fidel castro aplica la pena de cárcel a los homosexuales. 

– El Che Guevara, idolatrado por la izquierda, ejecutó personalmente a homosexuales.

– Pier Paolo Pasolini fue expulsado del Partido Comunista italiano en 1949 por ser homosexual.

¿TE HA QUEDADO CLARO

 

«PEDRITO»?

Y SI HABLAMOS DEL ISLAM YA NI TE CUENTO.