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Un diario afín al gobierno de Sánchez quiere más pobreza «por las buenas o por las malas»

Es lo último de la extrema izquierda: proponer la pobreza como algo deseable

El socialismo es una ideología que pretende someter toda la riqueza de la sociedad al control del Estado, buscando siempre nuevas excusas.

Elentir

La miseria generada por el comunismo con la excusa de su utopía

Hace cien años la excusa era conseguir una sociedad sin clases en la que todos fuesen iguales y nadie tuviese más que nadie, una utopía totalitaria para la que los comunistas exigían sacrificar la libertad y el derecho a la propiedad privada. Con esa excusa, el comunismo sembró el mundo de brutales dictaduras que hundieron en la miseria a pueblos enteros, provocando hambrunas que mataron a millones de personas. Después de ese sangriento experimento, el comunismo ya debería haber quedado descalificado universalmente, pero sigue intentando conseguir su objetivo totalitario recurriendo a nuevas excusas.

La izquierda anuncia un apocalipsis si no seguimos sus recetas

El pretexto más utilizado hoy por la izquierda para volver a intentar someter a la sociedad a un Estado autoritario es el catastrofismo ecologista. Los nuevos charlatanes socialistas y comunistas nos anuncian un apocalipsis planetario si no seguimos sus consejos. Como ya nadie se cree la utopía comunista de hace un siglo, ahora recurren al miedo al futuro para intentar lograr el mismo objetivo. Llevan años intentándolo: desde la década de 1960 vienen pronosticado catástrofes que nunca se han cumplido, pero gracias a esos mensajes catastrofistas han promovido la normalización del aborto, una creciente presión fiscal y un cada vez mayor control de la economía por parte del Estado.

Puesto que el socialismo ha demostrado ser una ideología desastrosa en materia económica, que sólo sabe generar miseria, la izquierda ha decidido convencernos de que su incompetencia es una virtud y que lo correcto es ser más pobres. No se trata de una broma, aunque lo parezca, y no es algo que se le haya ocurrido hace unos días: la extrema izquierda lleva ya algunos años proponiendo la tesis del «decrecimiento»El objetivo sigue siendo el mismo que hace cien años: destruir el capitalismo, que ha demostrado ser el sistema económico más adecuado para generar riqueza y prosperidad.

«Empobrecerse por las buenas o por las malas»

Este jueves, Eldiario.es, un medio español de extrema izquierda afín al gobierno de Pedro Sánchez (hace unos meses participó en la fiesta del décimo aniversario de ese medio), publicó una noticia con este titular: «Empobrecerse por las buenas o por las malas, la receta para salvar el planeta«. La noticia habla sobre un ensayo de Jorge Riechmann un profesor universitario vinculado al partido de ultraizquierda Podemos.

Acabar con el capitalismo invocando a Karl Marx

En 2015, la web del partido Anticapitalistas, una organización comunista trotskista, publicó una entrevista a Riechmann en la que este profesor afirmaba:

«Yo defiendo desde hace tiempo que no podemos pensar en una sociedad que sea sustentable de verdad y que siga siendo capitalista. Si queremos sociedades que puedan durar en el tiempo, que sean perdurables, no hay forma de esquivar la cuestión del sistema y las rupturas anticapitalistas. Tenemos que fijarnos más en algo que, aunque ya estaba presente en El capital de Marx, no ha tenido mucha importancia en los intentos históricos de avanzar en el socialismo: la idea de que las fuerzas productivas son, a la vez e idisociablemente, fuerzas destructivas».

Lo que ahora propone Riechmann en Eldiario.es es lo siguiente: «Mi propuesta de ecosocialismo descalzo trata de ayudar a que tomemos el camino de ‘por las buenas’, deshaciéndonos de ilusiones e impulsando dinámicas de decrecimiento material y energético, redistribución masiva, educación en la ‘igualibertad’, relocalización productiva, tecnologías sencillas, agroecología, recampesinización de nuestras sociedades, renaturalización de zonas extensas de la biosfera, cultivo de una nueva Cultura de la Tierra».

Un plan de empobrecimiento que recuerda al de los Jemeres Rojos

Ese discurso recuerda terriblemente a lo que los Jemeres Rojos intentaron en Camboya, así que podemos hacernos una idea de cómo sería la cosa si la extrema izquierda decide que hay que empobrecerse «por las malas». En Camboya la cosa acabó en un genocidio perpetrado por los comunistas con 2 millones de muertos, la cuarta parte de la población del país. El final de ese genocidio llegó en 1979, hace 44 años. No ha pasado ni medio siglo y ya tenemos otra vez a la extrema izquierda intentandos vendernos otra vez las mimas patrañas.

Foto: La Moncloa. Pedro Sánchez con Ignacio Escolar, director de Eldiario.es, en la fiesta del décimo aniversario de ese medio. Este sujeto, se las da de periodista (hasta ahora, lo que ha conseguido son algunas quiebras de medios) cuando no pasó de tercero de carrera (creo que se quedó en segundo)

Así actua el comunismo cuando toma el poder.

Por: Jorge Hau

Lo que ocurre es que cuando el comunismo llega al poder lo hace sobre ya algo existente, toda una sociedad con muchos ya propietarios de sus casas, de sus coches, entonces algunas no se la expropiarán. Si usted vive en una mansión, posiblemente si la tomen y la dividan o lo obligarán a compartirla con quienes no tienen casas. Si usted tiene un solo coche, ni siquiera lo molestarán pero si tiene muchos, seguro que le quitan algunos para dárselos a los miembros del partido comunista en comando de toda la nación.

Con el tiempo, comenzarán con la fabricación en masa de viviendas, quizá tipo bloques al estilo de toda la URSS y Europa oriental cuando todos eran comunistas. Si usted tiene la mala suerte de vivir en una zona que quieran desarrollar, bueno, le quitarán su casa y le ofrecerán uno de esos apartamentos que están fabricando y que lucirá exactamente igual al que recibirán todos los demás.

En cuanto a su coche, con el tiempo no servirá y tendrá que desecharlo. No conseguirá repuestos y tarde o temprano ya no podrá circular más, quiza no consiga neumáticos, ni baterias, ni nada de eso. Y es muy probable que jamás podrá tener un coche propio, la prioridad en comunismo es el transporte público no los coches para individuos. Tampoco le expropiarán su ropa, sus zapatos, su ropa interior y objetos u otros artículos y utensilios de uso personal.

La ideología comunista va es en contra de la propiedad de los medios de producción no en contra de toda propiedad privada. Y ahí está el asunto. En comunismo la competencia es vista como un desperdicio, las marcas desaparecen y habrá una sola marca para cada producto, producido por empresas en manos del estado o que han expropiadas. De manera que no existirá variedad que ira desapareciendo con el tiempo. La prioridad es vestir a todos, no vestir algunos con la moda.

Todos comenzarán a lucir iguales a los demás. La igualdad es prioritaria en comunismo y el simple hecho de querer ser diferente, de vestir diferente será mal visto, será condenado por la sociedad comunista que verá todo ese compartimiento como proveniente de la sociedad capitalista decadente. La música, si proviene de otros paises que no son comunistas, será prohibida o al menos condenada como algo negativo.

Surgirá un nacionalismo extremo que te harán odiar todo lo que provenga de afuera. Comenzarán a cambiar la historia para borrar todo aquello que no les gusta y añadirán cosas que nunca pasó ni ocurrió realmente, para así crear próceres y personajes que elevarán la causa comunista, pero que nunca ocurrió. Crearán héroes y le enseñarán a los niños a venerarlos.

Recuerde también, ya no habrá múltiples canales de TV, centenas sino miles de estaciones de radio en el país, ni múltiples periódicos. El comunismo controla la informacion y la noticia y de esa manera ya usted nunca mas podrá enterarse de cosas que no le conviene al gobierno. Escuchará sólo aquellas que pasan la censura del estado y que el estado manipula para siempre aparecer que son ellos los buenos, quienes toman las mejores decisiones, que son ellos los héroes, que sin ellos nada de lo que usted reciba sería posible.

Le quitarán su autoestima, su individualidad para ser reemplazado por nosotros, ya no se permitira el yo, siempre es el nosotros, no se permitirá el beneficio propio, todo tiene que ser por el bien común. Usted seguirá siendo propietario de su ropa, de su par de zapatos, y de todo lo que tenga en su vivienda, pero recuerde, la vivienda se la dio el estado, el transporte publico se lo dará el estado, la educación se lo dará el estado, su salud se lo dará el estado, todo girará en torno al estado.

Le harán creer que todo lo que usted tiene y disfruta proviene de estado y que tienes que agradecerlo por toda tu vida, te harán creer que el estado hace un bien o presta ayuda de manera desinteresada. Ya no importa lo que ganes, y lo que hagas, todos son iguales, y si no pueden producir suficiente, te darán una Tarjeta de Racionamiento, un Carnet de la Patria con un paquetito de azúcar, varias harinas, un paquete de espaguetis, otro de arroz y cuando tus hijos tengan hambre, te harán recordad que ellos comen no gracias a usted, sino gracias al estado benefactor.

Las viviendas que fueron privadas y aun se preservan, lucirán abandonadas porque el estado no llevará a cabo reparaciones de ningún tipo a viviendas privadas, y como no ganarás suficiente, lucirán como ruinas, la prioridad es mantener lo que ellos construyeron y distribuyeron entre la población, no mantener propiedad privada de individuos. Ellos no harán nada al respecto con tu propiedad, usted no podría hacerlo solo por su propia cuenta. Las consecuencias son inevitables.

El problema del comunismo no es que te quitarán tu cepillo de diente, tus calzoncillos, medias, pantalones franelas y camisas, tu bicicleta si tiene una, tu coche si tienen uno, y tu vivienda s tienes una. Tampoco serán los precios, todos serán muy barato pero no se consigue nada, hay que hacer colas kilométricas por horas en espera que cuando llegues puedas comprar algo que necesitas.

El milagro comunista es que Cuba tenga que importar azúcar, y que Venezuela tenga que importar petróleo, gasolina u otros derivados del petróleo. El milagro comunista es que Venezuela y Cuba no tengan suficiente agua potable, ni electricidad, o gas para la población. El problema del comunismo es que el estado asume el papel del individuo, el que toma las decisiones por ti, el que alimenta tus hijos, el que decide que será de ellos en el futuro. El estado es todo y se ubica por encima de todos sus ciudadanos. En comunismo, el individuo no tiene valor alguno. El sistema comunista es una máquina de hacer guerra que dedica casi todos sus recursos en armamentos y un enorme ejército.

En los pocos países que quedan que se autodenominan «comunistas», todo es del estado. Nada es tuyo, ni siquiera lamentablemente tu vida.

El socialismo es un cáncer

Se extirpó en 1989 Y volvió con muchas metástasis.

SOCIALISM:
A very effective method of
to turn the rich into the poor.
Poor into wretched and rulers into millionaires.
rulers into millionaires

Por Eduardo Servente | Ingeniero civil

Hacia fines del siglo XIX, para contrarrestar las diferencias que se producían en la explosión de la revolución industrial, y en vez de corregir los defectos que sufría la sociedad por los drásticos cambios en los sistemas de producción, muchas sociedades comenzaron a incursionar en distintas pruebas con los postulados socialistas y comunistas que podríamos decir habían comenzado a ser parte de las nuevas ideologías sociales con la Revolución Francesa.

Las distintas líneas políticas que aparecen desde principios del turbulento siglo XX tienen todas orígenes similares. Podemos decir que los primeros pasos coinciden con la revolución rusa de 1917. Ahí es donde Lenín, con su marcado odio y ataque a los ricos dueños de las tierras habla que el socialismo es el paso al comunismo, el cual es la pureza ideológica.

Benito Mussolini coincide plenamente con el ideario socialista y opina igual que Lenín que el trabajador no era por naturaleza revolucionario y había que empujarlo por la elite intelectual. La diferencia de Mussolini es que ve que el nacionalismo era una idea más aglutinante que la revolución de los trabajadores. 

Después de un gran fracaso electoral donde solo obtiene 5000 votos en Milán, su propia sección, con muchos disturbios especialmente por el norte de Italia, il Duce lanza dos amenazas con fuertes discursos en Udine y Nápoles exigiendo se le entregue el poder. Increíblemente el 29 de octubre de 1922 marcha sobre Roma y le usurpa el poder al Primer Ministro Luigi Facta.

Poco tiempo después Adolf Hitler emergió con su nuevo sistema socialista al que llama nacional socialismo. También usó políticas de identidad nacionalistas para reunir y unificar a sus seguidores.

De la misma manera que Lenín apuntaba contra los ricos dueños de las tierras y Mao Zedong contra los propietarios, Hitler lo hizo contra los judíos expresando así su odio hacia los propietarios y al capitalismo.

En definitiva, el socialismo, el fascismo y el nacional socialismo son muy similares. Tienen el mismo origen, los mismos objetivos, aunque con distintas motivaciones y quizás algunas diferencias en el aspecto organizativo.

Como bien dice Joshua Philipp: “El actual relato de que el socialismo está de algún modo separado del nazismo y del fascismo, y aún más, creer que estos conceptos están divorciados de sus orígenes comunistas, se debe al revisionismo histórico y a mucha acrobacia mental.”

Por eso insisto con un concepto que vengo expresando hace tiempo y es que las ideologías políticas no las podemos representar en un segmento donde en los extremos estén a la izquierda el comunismo y a la derecha el nazismo y en el medio todas las demás que se aplican en el mundo, sino que la representación más real sería una circunferencia donde se puedan ubicar todas las ideologías y las dos mencionadas estarán bastante cerca una de la otra.

No pensar de esa manera, es decir que el socialismo es pariente cercano de las ideologías como el fascismo y el nazismo, tan denostadas y criticadas casi unánimemente por toda la sociedad es como dicen los psicólogos una transferencia de culpa.

El socialismo / comunismo, además de haberse cobrado la vida de más de 100 millones de personas en el último siglo, el sistema fracasó por destruir la moral y la creencia humana.

Para el socialismo la propiedad de los medios de producción debe ser social y no privada, la libertad es limitada en vez de plena, el trabajo es un deber y no un derecho, la distribución de riqueza debe ser igualitaria y no de acuerdo al mérito de cada uno, y el marco institucional es centralizado al contrario del sistema capitalista.

Históricamente, luego del desorden de la I Guerra Mundial y como dijimos sucede el advenimiento de gobiernos comunistas como fascistas y nazis, luego se produce la II Guerra Mundial donde después del sangriento conflicto desaparecen esas dictaduras, que si bien hubo posteriormente gobiernos dictatoriales llamados de derecha, no tuvieron la entidad de aquellos derrotados entonces. De hecho nosotros vivimos de cerca dictaduras llamadas de derecha que nos castigaron en todo Latinoamérica.

Luego de la II guerra comenzaron los tiempos de la llamada guerra fría, en la que el mundo estaba dividido en dos, aquellos países que apoyaban al capitalismo liderados por Estados Unidos, y los que estaban dentro de la órbita del comunismo o socialismo liderados y dirigidos por la Unión Soviética y en menor medida por China.

El mundo vivió un proceso de más de cuarenta años donde esa división estuvo más o menos marcada, con momento tranquilos y momentos de mucha tensión.

Pero en 1989 el socialismo cayó estrepitosamente derrotado por su propia ineficacia. La misma sociedad de los países comunistas y socialistas se rebeló y buscó su propia libertad, y los fuertes gobiernos totalitarios de antes nada pudieron hacer para frenar el deseo natural del hombre.

Como símbolo de ese momento se toma la caída del muro de Berlín en noviembre de ese año. Con la caída del muro se rompieron las barreras que separaban al mundo y ese pueblo oprimido durante tanto tiempo por el socialismo quiso buscar su libertad y posibilidad de progreso en el capitalismo.

Se había extirpado el cáncer. El socialismo había producido tanto mal en el mundo que era irrisorio pensar que podía volver de alguna manera.

Pero también como muchas veces produce esa terrible enfermedad hizo metástasis en varios lugares del planeta para traer más violencia y pobreza.

Con lo que respecta a nuestra zona geográfica, poco tiempo después de la caída del muro, algunos sobrevivientes liderados por Fidel Castro desde Cuba y en complicidad con varios mandatarios americanos como Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y el matrimonio Kirchner organizados bajo el título de Foro de Sâo Paulo arman la gran estrategia global para retomar para el socialismo todo el sub continente.

Con metas muy marcadas, con grandes financiaciones provenientes del narcotráfico y aprovechando el caldo de cultivo que aparecía en la pobreza de ciertos países se dedicaron a imponer nuevamente el socialismo mediante fuertes campañas políticas, con violentos actos anárquicos con mucha destrucción, con planes de convencimiento mediante ataques al orden establecido, a la propiedad privada, a la cultura y a la familia.

Lamentablemente cuentan con la complicidad, supongamos inocente, de distintas líneas políticas que actúan con tibieza buscando consenso donde no lo hay, o bien las entidades religiosas, incluyendo a la iglesia católica que quizás menosprecien el riesgo que se corre.

La destrucción que están produciendo es enorme y será muy difícil salir de esta situación.

En Latinoamérica ya casi no hay medias tintas. Está bien marcado cuáles son los gobiernos o líderes que van en un sentido u otro y las batallas libradas y a librar son muy fuertes. En cambio, en Europa, como en otras épocas sufrieron el socialismo de forma más drástica, no se ve tanta injerencia de esta ideología, aunque hay que prevenir que existen partidos políticos y algunos gobiernos que constantemente vuelven a lo mismo.

Es raro que los pueblos no sepan ver y comparar cómo se desarrollan otros en el mundo. Hoy todas las noticias nos llegan al instante, y si bien hay mucho manejo de la información y siempre hay comentarios tendenciosos que ensucian la pureza de la misma, los hechos se saben, se conocen. Entonces es muy fácil copiar lo bueno y descartar lo malo.

Una de las cosas que está a la vista, por más que lo quieran esconder, es que el socialismo fracasó en cualquier lugar donde se lo haya aplicado y con la intensidad o modo que lo hayan hecho.

El socialismo es un cáncer, se extirpó en 1989 simbólicamente con la caída del muro de Berlín, pero volvió con muchas y peligrosas metástasis.

La única cura para esa terrible enfermedad es la libertad y el sistema económico del capitalismo.

España en Qatar 2022: El fracaso del Socialismo.

Luis Enrique optó por el socialismo futbolístico, y fracasó. La luchoneta es el tiki taka, pero con menos talento que en el pasado. Nuestro estilo de juego es la plasmación en el campo de la planificación económica. La filosofía es el imperio del grupo sobre el individuo; absoluto, despiadado, y sin concesiones.

Por José Carlos Rodríguez

La selección española ha fracasado miserablemente en el último mundial de fútbol. Los españoles, y más los aficionados al fútbol, pasamos del entusiasmo a la fatalidad en menos de lo que dura un partido de fútbol. Tenemos un espíritu ciclotímico acelerado. Tras la victoria frente a la amabilísima Costa Rica por un resultado de tie break, los aficionados hinchieron el pecho recordando las glorias pasadas, escasas pero brillantes, y se deleitaron con el enfrentamiento contra el último rival. ¡Si hasta Los Simpson, Isaías y Jeremías del siglo XXI, habían previsto que la final del campeonato de 2022 sería contra Brasil!

Ahora sólo queda la desolación. Caminamos por nuestras ilusiones pasadas como entre fantasmas del pasado, que vienen a atormentarnos. Estamos en un bosque oscuro, en noche de luna nueva, sin estrella que nos guíe; no nos vale ni la que llevan en el pecho los jugadores de la selección nacional. Con el frío en los pies, la desolación en el corazón, y el pasado en la mirada, caminamos sin rumbo.

El individuo tiene un conocimiento de tiempo y lugar que el planificador no puede adelantar. Cómo será el futuro depende de información que todavía no se ha creado. Por eso es imposible predecirlo. Por eso fracasan el socialismo y sus tiki taka

Un país es un entramado de afectos, y es la convivencia con un conjunto de instituciones comunes. También es una comunidad histórica, y la conciencia de lo que fue condiciona lo que creemos que somos y podemos ser. Es normal que a un país con un pasado tan glorioso, derrumbado por los siglos y aherrojado por la leyenda negra, le cueste gestionar las expectativas.

Sobre la selección nacional volcamos una parte de nuestra identidad común. Nosotros estamos con los jugadores, porque ellos son lo mejor de nosotros. Es lo que podemos dar al mundo en un escaparate mundial y con normas más o menos iguales para todos. Aquí repetimos el hábito mental de mirar a un glorioso pasado con el ánimo de repetirlo. Sólo que, claro, ese pasado lo hemos visto con nuestros propios ojos.

Y así se plantaron 23 jugadores, comandados por Luis Enrique, para medirnos con el selecto club de los mejores equipos del mundo. Francia cuenta con un talento sobresaliente, y parece que inagotable. Las nuevas generaciones son mejores que las anteriores. Brasil desde el optimismo y Argentina desde la tragedia han escogido lo mejor de millones de chicos que buscan salir de su situación jugando con la pelota. Inglaterra decepcionará, como hace últimamente, pero con talento. “Alemania es Alemania”, nos recordaba el expresidente Mariano Rajoy en una de sus crónicas de COU. ¿Qué podemos ofrecer ante todas ellas?

Luis Enrique optó por el socialismo futbolístico, y fracasó. La luchoneta es el tiki taka, pero con menos talento que en el pasado. Nuestro estilo de juego es la plasmación en el campo de la planificación económica. La filosofía es el imperio del grupo sobre el individuo; absoluto, despiadado, y sin concesiones. Si el socialismo es la posesión pública de los medios de producción, el tiki taka es la posesión grupal del balón.

Es cierto que, a no ser que Unai Simón le dé un pase al contrario a dos metros de la portería, lo cual no es improbable, poseer el balón resta opciones al equipo contrario de meternos gol. Pero que el sistema no es infalible lo demuestran el gol de Alemania y los dos goles de Japón.

El sistema de juego es como la plasmación socialista de una tabla input-output de Wassily Leontief. No es casualidad que el economista fuera ruso; los primeros esfuerzos por hacer una representación esquemática del proceso de producción para facilitar la planificación son de los primeros años del socialismo en aquel país. En esa representación se explicita la relación de cada producto con el resto. En el fútbol, el pase de un jugador a otro no es estable. Pero lo que hemos visto de la selección nacional se aleja del fútbol y se acerca a una tabla input-output, con pases predecibles entre jugadores que ocupaban el lugar sobre el campo donde antes estuvo dibujado un punto sobre un mapa.

El socialismo real, el de Rusia, al menos, sacrificó el consumo a la producción. La propia producción era el objetivo. La construcción del socialismo se podía observar en la erección de enormes e ineficientes fábricas, en el trabajo de grandes extensiones de terreno explotadas a medias por trabajadores esclavizados. El presente se sacrificaba en aras de un futuro que siempre quedaba lejos. Aquí, el objetivo, que era el gol, quedó siempre postergado. Los jugadores se pasaban los unos a los otros, en una iteración sin límite, pero yerma.

En el fútbol hay orden. Pero en el fútbol también aparecen los individuos. El individuo tiene un conocimiento de tiempo y lugar que el planificador no puede adelantar. Cómo será el futuro depende de información que todavía no se ha creado. Por eso es imposible predecirlo. Por eso fracasan el socialismo y sus tiki taka, porque la planificación tiene las patas muy cortas. En cuanto comienza el juego, las circunstancias no serán las que haya podido prever el entrenador.

Es más, los propios jugadores son capaces de crear situaciones de peligro donde en principio no las había. En el último partido de nuestra selección, Nico Williams traicionó el esquema de juego moviéndose de un lado a otro, dislocándose el hombro a basa de pedir un balón que no le llegaba. ¿Cómo le iba a llegar, si lo que hacía no estaba planificado? Nunca habían desaparecido tanto los jugadores en la selección. Nunca habían sido subsumidos en el grupo de forma tan consistente y absurda. El socialismo es capaz de obtener fracasos espectaculares. No meter un gol en 120 minutos y con tres penaltis lanzados es un fracaso a la altura de cualquier otro.

En el ámbito militar, esta tensión entre el orden y la respuesta a circunstancias no previstas se ha resuelto con el concepto de doctrina. Las doctrinas son principios generales que le sirven a los militares de distinto rango a dar una respuesta con mayores posibilidades de éxito, a la luz de la nueva situación.

La nueva situación para Luis Enrique Martínez es el paro obrero. Esperemos que con Luis de la Fuente llegue la perestroika.

Foto: Adrian Swancar.

Seis maneras en que el socialismo es antisocial

Los socialistas tienen problemas con las matemáticas: son buenos en la división y la sustracción, pero desconocen la suma o la multiplicación

Si parece que los socialistas no saben realmente lo que es, eso sólo es cierto en parte. En la mayoría de los casos, simplemente no quieren que TÚ sepas lo que realmente es. (FEE)

 por FEE

He aquí una pregunta para una disertación de doctorado: ¿Cómo es que algo tan radicalmente antisocial recibió el nombre de socialismo?

Dejo ese enojoso asunto a quien quiera escribirlo. Mientras tanto, puedo ayudar al proyecto ofreciendo algunas de las razones por las que el socialismo es un artificio evidentemente antisocial.

En primer lugar, ¿qué es el socialismo? Para una definición, los propios socialistas ofrecen numerosos blancos móviles. Por ejemplo:

Es hablar alegremente y compartir las cosas, aunque bajo el socialismo hay menos que compartir y alegrarse.

Es la gratuidad hasta que llegan las facturas.

Es el estado del bienestar, en el que los políticos se benefician y los demás pagamos la cuenta. (Véase «La utopía de los ratones de John Calhoun y las reflexiones sobre el Estado del bienestar»).

Son líneas de pan que nos unen a todos, de alguna manera. Recordemos que Bernie Sanders proclamó una vez que las colas para conseguir comida en los países comunistas eran una bendición disfrazada.

Es la propiedad gubernamental de los medios de producción para que la economía pueda zumbar con la eficiencia del Departamento de Vehículos a Motor.

Es cuando los trabajadores dirigen las fábricas en las que alguien ha invertido.

Es cuando las élites despistadas le dicen a la economía lo que tiene que hacer.

Es Escandinavia (que no es socialista).

Es la utopía comunal donde todos reciben una porción igual sin importar el esfuerzo, hasta que casi se mueren de hambre. Los peregrinos lo intentaron hasta que se vieron obligados a sustituirlo por la propiedad privada. (Véase también «El lado oscuro del paraíso: Una breve historia de los experimentos utópicos de América en la vida comunal»).

Es Venezuela, o era Venezuela hasta que no funcionó.

Si parece que los socialistas no saben realmente lo que es, eso sólo es cierto en parte. En la mayoría de los casos, simplemente no quieren que TÚ sepas lo que realmente es. Los mejores charlatanes son siempre los más listos.

El socialismo es percibido, con razón y de forma generalizada, como diametralmente opuesto al capitalismo. Así que no es posible que se trate de actos de cuidado, de compartir, de dar y de ser compasivo con los necesitados. En el capitalismo se demuestra que hay más cuidado, reparto, donación y compasión hacia los necesitados.

Incluso cuando se trata de ayuda exterior, los países capitalistas son los donantes y los países socialistas son los receptores. No se puede regalar o compartir con nadie si no se crea en primer lugar, y el socialismo no ofrece en absoluto ninguna teoría de creación de riqueza, sólo confiscación y consumo de la misma.

Otra forma de pensar en las distinciones entre estos dos sistemas opuestos es esta: El capitalismo es lo que sucede cuando se deja a la gente libre y pacífica en paz. En ese sentido, es natural y espontáneo. El socialismo no es más que los planes presuntuosos de matones y sabihondos que imponen sus planes a punta de pistola. En ese sentido, es antinatural, artificioso, arbitrario y oficioso.

Los socialistas tienen problemas con las matemáticas: son buenos en la división y la sustracción, pero desconocen la suma o la multiplicación. Si tu hijo de segundo grado te dice que 3 + 2 = 1, sabes que es un futuro socialista. Lo mismo si te dice que los impuestos sobre los cigarrillos desincentivan el consumo de tabaco pero que los impuestos sobre la inversión, la contratación o la creación de empresas sólo tienen efectos beneficiosos. Los conocimientos de economía de los socialistas son aún más sombríos: Piensan que la oferta y la demanda significa que el pueblo demanda y el gobierno suministra.

En mi libro, ¿Fue Jesús un socialista? hice volar las bombas de humo para revelar lo que realmente es el socialismo:

“Es la concentración de poder en manos del Estado, que luego despliega la fuerza legal para uno o más de estos propósitos (y generalmente los tres en una u otra medida): la redistribución de los ingresos, la propiedad gubernamental de los bienes y la planificación central de la vida económica.”

Obsérvese que los socialistas no proponen alcanzar sus objetivos por consentimiento mutuo. No abogan por recaudar el dinero para sus planes por medio de ventas de pasteles o solicitudes de caridad. Su participación no es voluntaria. De principio a fin, la característica que define al socialismo no son tanto las promesas destinadas a seducir como el método por el que implementa su programa: la *FUERZA*. Si es voluntario, no es socialismo. Es así de sencillo.

Ahora que sabemos qué es el socialismo, ¿por qué es antisocial? Déjenme contar las formas:

¿Por qué? Porque ellos lo dicen. ¿No es esa razón suficiente? «Cuanto más planifica el Estado», escribió el economista austriaco F. A. Hayek, «más difícil resulta la planificación para el individuo». Pero a los socialistas no les importa eso porque lo que tienen en mente es seguramente más noble que cualquier cosa que pensemos los campesinos.

Este es un logro notable, quizás la contribución singular del socialismo a la sociología. Aunque la vida de un socialista sea un desastre, sabe cómo dirigir la de los demás. Aunque no crea en la existencia de Dios, piensa que el Estado puede serlo. Hayek también dio en el clavo en esta cuestión cuando escribió: «La curiosa tarea de la economía es convencer a los hombres de lo poco que saben sobre lo que imaginan que pueden diseñar». Los socialistas imaginan que pueden diseñar casi todo, pero, como he explicado, ninguno de ellos podría hacer algo tan simple como un lápiz.

Ningún negacionista del cambio climático niega que éste exista. Pero los socialistas afirman que si existe la naturaleza humana, pueden abolirla y reinventarla. Los seres humanos son individuos, no hay dos iguales en todos los sentidos, pero los socialistas creen que pueden homogeneizarnos y colectivizarnos en una mancha obediente. No les molesta castigar el éxito y los logros individuales aunque el resultado final sea un empobrecimiento igual. Creen que los seres humanos trabajarán más duro y de forma más inteligente para el Estado que para ellos mismos o sus familias. Esto está mucho más cerca de la brujería que de la ciencia.

¿Te has dado cuenta de que la agenda socialista no es una página de sugerencias útiles, o una lista de consejos para vivir mejor? Cuando están al mando, no puedes decir «No, gracias». ¿Libertad de elección? No, señor. Las ideas socialistas son tan buenas, dice el viejo refrán, que deben ser obligatorias y las opiniones contrarias deben ser censuradas. En el fondo de cada socialista, incluso de los ingenuos pero bien intencionados, hay un totalitario luchando por salir. Esto es lo que los socialistas acaban haciendo con una regularidad tan monótona que se puede contar absolutamente con ello. Cuando un capitalista compra una plataforma de medios sociales y la abre a todos los puntos de vista, son los socialistas los que enloquecen y exigen investigaciones.

En su notable libro, Intelectuales, el historiador británico Paul Johnson escribió un capítulo que levanta ampollas sobre el gurú por excelencia del socialismo, Karl Marx. Johnson cita a la propia madre de Marx como famosa por comentar que deseaba que su hijo Karl «acumulara algo de capital en lugar de limitarse a escribir sobre él». La señora Marx tenía razón. Karl y sus acólitos, en un grado u otro, hacen la guerra al generador más poderoso de la riqueza material que mejora la vida de la gente, es decir, la propiedad privada y su acumulación por parte de individuos privados que buscan beneficios y que invierten, crean y emplean. Dondequiera que tal locura gane poder, hace retroceder a sus súbditos hacia la caverna.

Desde Marx hasta los socialistas actuales, el conflicto lo es todo. Si no está presente, lo inventan. Después de todo, todo el mundo es víctima o villano, opresor o parte de los oprimidos. El conflicto es la forma en que se desarrolla la historia, nos dicen. Y, al igual que los quirománticos y los tarotistas, declaran que el futuro está de su parte. Esta perspectiva siempre enfadada descarta el espíritu de gratitud, especialmente hacia los capitalistas. Los socialistas nunca se presentan en una empresa de cualquier tamaño con carteles que exclaman «Gracias por asumir riesgos, ofrecer productos y emplear a personas».

Imagina que estás en un cóctel y entra un odioso aguafiestas. Domina la conversación y rezuma desprecio por los puntos de vista diferentes. Si te pasas de la raya, te amenaza con callar a los dos. Le dice a cada persona lo que debe beber y le quita todo lo demás. Aburre la sala con su arrogancia. Todo lo que dice es una mera pretensión de conocimiento que ni conoce ni le interesa conocer. Te denuncia por tus ambiciones y te exige que cumplas las suyas. Te quita tus cosas porque tienes más que él, o simplemente porque quiere. Si rechazas sus avances, llamará a la policía. Es un charlatán con un bate de béisbol.

¿Dirías que ese tipo es antisocial? Claro que sí. Es lo más antisocial que puede haber.

Por las mismas razones, también lo es el socialismo.

Uno de los mejores economistas de la historia, Ludwig von Mises, escribió este elocuente resumen:

“Un hombre que elige entre beber un vaso de leche y un vaso de una solución de cianuro de potasio no elige entre dos bebidas; elige entre la vida y la muerte. Una sociedad que elige entre el capitalismo y el socialismo no elige entre dos sistemas sociales; elige entre la cooperación social y la desintegración de la sociedad. El socialismo no es una alternativa al capitalismo; es una alternativa a cualquier sistema bajo el cual los hombres puedan vivir como seres humanos.”

Una versión anterior de este ensayo fue publicada en El American. Luego en FEE.org


Lawrence W. Reed es presidente Emérito y Miembro Superior de la Familia Humphreys en la Fundación para la Educación Económica (FEE), habiendo servido durante casi 11 años como presidente de FEE (2008-2019). 

I told you that having a socialist human being would bring us problems.

La no-ley que legalilza todo crimen

l

La predominancia del COLECTIVISMO SOCIALISTA mediante el ESTATISMO en sus variadas formas (pero con el mismo fin de someter al individuo), han lavado la cabeza de millones en la creencia letal de que la ley puede «surgir», «ser creada» desde cabezas humanas reunidas en un recinto.

Y no, el hecho de que LA LEY, emana de algo más allá de seres en igualdad de la especie que por lo tanto jamás pueden legislar sobre-contra ella misma.

Lo cual es «ellos mismos» y destrona toda la farsa de la «creación de leyes», por un grupo de no otra cosa que delincuentes de la más alta soberbia.

La ignorancia masiva sostiene esa perversión y los efectos jamás pueden cambiar, mientras la humanidad no sea consciente de que por el hecho de esa NATURALEZA EN COMÚN COMO ESPECIE, fueron reconocidos como autoevidentes LOS DERECHOS INDIVIDUALES NATURALES (LEY NATURAL).

Desde ese basamento absoluto, debería ser imposible que los criminales que a diario son obedecidos como si fuesen los ancestrales sacerdotes de una secta que bajo el designio e inspiración de los dioses, pueden someter a capricho, legislar y violentar a piacere a todo aquel que se encuentra bajo su potestad. O sea: toda la población menos ellos.

Nada ha cambiado con la DEMAGOGIA POPULISTA y la ignorancia vocacional, el embrutecimiento de una mayoría adoctrinada, por no procurarse la propia educación como seres individuales.

Y no como esclavos de los políticos bajo discursos hipnóticos, mentiras y distorsiones de conceptos, pervirtiendo el lenguaje y las mentes. (Individuo Libre)

LAS DESVENTURAS Y MALDADES DE LA BONDAD EXTREMA SOCIAL-COMUNISTA.

No considere a los colectivistas como ‘idealistas sinceros pero engañados’. La propuesta de esclavizar a algunos hombres por el bien de otros no es un ideal; la brutalidad no es ‘idealista’, no importa cuál sea su propósito. Nunca diga que el deseo de ‘hacer bien’ por la fuerza es un buen motivo. Ni la impetuosidad ni la estupidez son buenos motivos. AYN RAND.

AYN RAND.

No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio. 

AYN RAND.

Por: Carlos Aurelio Caldito Aunión

Es mucha la gente, demasiada, que hoy en pleno siglo XXI piensa que el comunismo es bueno y que sus seguidores y quienes han pretendido llevarlo a la práctica, durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI, es gente bienintencionada, todo ello a pesar de las enormes maldades que el socialcomunismo ha ocasionado durante décadas y décadas: hambre, enfermedad, muerte, tragedias y más tragedias, en nombre del socialismo.

Dicen que la ignorancia es muy atrevida y lleva a decir tonterías. Así es, sin duda. Y, para más INRI quienes hacen de altavoces del social-comunismo, ahora travestido de globalismo (¿qué fue primero, el huevo o la gallina?) están logrando, tras haber asaltado las univesidades y los centros de enseñanza en general, que la gente haga un acto de desmemoria y siga mirando con simpatías las diversas fórmulas colectivistas, intervencionistas, de planificación centralizada de la economía y la cada vez mayor limintación de derechos y libertades, con los pretextos más increíbles… Claro que, en parte, la buena fama del social-comunismo guarda relación con el hecho de haber sido los vencedores del nazi-fascismo en la segunda guerra mundial. Aunque, esto último es harina de otro costal, y asunto a tratar en otro texto.

Pues sí, sigue habiendo una inmensa -que no famélica- legión de progres que consideran que la URRSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) actuaba de buena fe y que sus dirigentes, eran buena gente si su proyecto no funcionó es porque se equivocaron (aquello de «humanum errare est»). Pues, como bien se sabe Lenin, Stalin, Mao, Pol-Pot, y etc. estaban movidos por su enorme amor a la Humanidad y su objetivo fundamental era conseguir un mundo feliz donde los humanos gocen del amor… y, cómo no, merjorar las condiciones de la clase trabajadora. Lo que ocurre es que lo hicieron de manera equivocada.

La mayoría de los jóvenes estadounidenses prefiere el socialismo o el comunismo al capitalismo, según estudios de opinión realizados en los últimos años… el 51 por ciento de esos estadounidenses actualmente entre las edades de 21 y 29, “millennials” (generación del milenio), preferiría vivir en un país socialista o comunista que en un país capitalista.

Ya digo, la URRSS y sus países satélites (Alemania Oriental, Rumanía, Yugoslavia, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, etc.) no fueron un regímenes malvados.

La revolución bolchevique, allá por 1917, dio lugar casi instantáneamente a un estado de partido único con represión de la disidencia, ejecuciones sumarias, campos de concentración (con unos 70.000 reclusos en el momento de la muerte de Lenin a principios de 1924), una campaña estatal concertada contra la religión, terror contra el campo. – y así sucesivamente.

Sin mencionar una policía secreta dieciséis veces más grande que cualquier cosa que el Zar Alejandro hubiera construido.

Y eso sin mencionar las atrocidades mucho peores que vinieron después: más de cien millones de muertos (algunos hablan de ciento cincuenta millones).

Oigan, ucranianos, estamos llevando a cabo la colectivización de una manera que matará de hambre a millones de ustedes, pero cariño, no se atrevan a olvidar que nuestros corazones están en el lugar correcto. 

El Holodomor, la mejor muestra de la bondad extrema del socialcomunismo.

La colectivización forzosa impuesta por Iósif Stalin condenó a una cruel muerte por inanición a unos siete millones de personas en toda la Unión Soviética, particularmente en Ucrania. El aparato del Estado requisó cosechas y alimentos y cercó poblaciones enteras para que nadie pudiera salir, sentenciando a sus habitantes a una muerte segura.

Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso fueron las regiones más castigadas por la «colectivización forzosa» propuesta por el Estado. Esta obligaba al campesinado a convertirse en proletario. A finales de 1927 estalló la llamada «crisis de las cosechas», cuando se produjo una caída espectacular en las entregas de los productos agrícolas a los organismos del Estado y se agravó en 1928, cuando los campesinos sólo pudieron entregar 4,8 millones de toneladas en lugar de los 6,8 millones del año anterior.

Aquella situación proporcionó a Stalin el pretexto perfecto para intervenir directamente en Ucrania. Como respuesta a aquella crisis, la Unión Soviética puso en marcha un plan quinquenal encaminado a desarrollar un ambicioso proyecto económico además de proceder a la modernización de la industria pesada en todo el país. Y una de sus propuestas estrella consistía en que fueran las exportaciones de trigo quienes pagaran la factura: la exportaciones de trigo ucraniano.

A partir de 1930, destacamentos de la Dirección Política del Estado (GPU) comenzaron a requisar de forma abusiva el grano y el trigo ucranianos, dejando las tierras sin las semillas necesarias para que pudieran germinar, ni tampoco dieron tiempo suficiente a la tierra para que se pudiera volver a plantar.

El 7 de agosto de 1932 se aprobó la Ley de las Espigas, que establecía castigos para todos aquellos que estuviesen en contra de la confiscación y, sobre todo, para todos los campesinos que se atreviesen a robar grano. De esa manera, se impusieron penas de prisión a muchas personas que fueron encarceladas en centros penitenciarios de las ciudades de Balashevo o Elan. A pesar de aquellas medidas, los robos fruto de la desesperación fueron tan elevados que las autoridades crearon tribunales para dictar penas de muerte a los saqueadores. Según registros de la época, bajo el paraguas jurídico de la Ley de las Espigas se ejecutó a 5.400 personas y 125.000 más fueron enviadas a los gulags de Siberia.

Al amparo de la Ley de las Espigas se ejecutó a más de 5.000 personas y unas 125.000 más fueron enviadas a los gulags.

Temeroso de una contrarrevolución, Stalin tenía muy presente la revuelta de los campesinos ucranianos durante la Guerra Civil Rusa que tuvo lugar entre 1918 y 1921. Conocedor de la hambruna que sufría el país a comienzos de los años treinta, en 1932 tomó la decisión de endurecer las condiciones en Ucrania, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera salir y creando unas brigadas que iban de casa en casa confiscando la comida de los campesinos.

Conocido como Holodomor, palabra ucraniana que significa «matar de hambre», el programa diseñado por el Estado soviético tenía una doble finalidad: por una parte pretendía eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado, y, por otra, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se definía como proeuropeo y anti Moscú.

En apenas unos meses, a comienzos de la primavera de 1932, los campesinos ucranianos empezaron a morir de hambre. Algunos documentos hablan de niños con el vientre hinchado por la falta de alimento, familias enteras obligadas a alimentarse de hierba o cortezas de roble, e incluso se comían a los perros y a los gatos. La situación llegó a tal punto que algunos historiadores afirman que en las zonas rurales más pobres se generalizó el canibalismo y los cadáveres se agolpaban en las calles porque nadie tenía fuerzas para poder darles sepultura.

En la obra Todo fluye, del ucraniano Vasili Grossman, el autor describe los efectos de la hambruna de la siguiente manera: «Al principio el hambre te echa de casa. Primero es un fuego que te quema, te atormenta, te desgarra las tripas y el alma: el hombre huye de casa […]. Luego llega el día en que el hambriento vuelve atrás, se arrastra hasta casa. Esto significa que el hambre le ha vencido, aquel hombre ya no se salvará. Se mete en la cama y permanece tumbado. Una vez el hambre lo ha vencido, el hombre ya no se levantará, no solo porque ya no tenga fuerzas: le falta interés, ya no quiere vivir. Se queda tumbado en silencio y no quiere que nadie lo toque. El hambriento no quiere comer […] no quiere que le molesten: quiere que le dejen en paz».

De los campos de trigo llegaba un hedor insoportable, y la gente hambrienta se arrastraba hasta allí para cortar las espigas y comérselas, pero al no poder digerirlas morían allí mismo. Era tal la cantidad de cadáveres que se acumulaban en los campos, que los soldados de la GPU tuvieron que emplear trenes para retirar los cuerpos sin vida y cavar gigantescas fosas comunes para evitar que se propagasen enfermedades. Los campesinos que eran capturados por la GPU eran sometidos a terribles torturas en los centros de detención.

Nadezhda Alilúyeva, segunda esposa de Stalin, pidió a su marido que reconsiderase su política en Ucrania. Nadezhda se había negado a llevar la vida cómoda que le ofrecía el Kremlin y quiso ingresar en la Escuela Técnica. Allí descubrió la realidad de la miserable vida que llevaba la mayoría de la población. Sus compañeros de trabajo le hablaron de las detenciones y de los fusilamientos arbitrarios que su marido le negaba que sucedieran. Este baño de realidad unido a las continuas infidelidades de Stalin sumergieron a Nadezhda en una profunda depresión. Una noche, en noviembre de 1932, al regresar de una celebración conmemorativa del aniversario de la Revolución, Nadezhda fue hallada muerta en su habitación junto a un revólver Walther, aunque Stalin obligó a los médicos a redactar un informe en el que se informaba que había muerto de apendicitis.

El Holodomor fue silenciado en muchos países gracias al eficiente aparato de propaganda del Komintern (Internacional Comunista), que logró desviar la atención del problema y vender una buena imagen de la URSS a nivel internacional. El antiguo Primer Ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia y los campesinos parecían felices. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: «¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!».

Gran Bretaña, Estados Unidos y la Sociedad de Naciones adoptaron la misma postura que Francia. Tan sólo unos periodistas italianos presentes en Kharkov, Odessa y Novorossisk quisieron denunciar lo ocurrido, aunque no pudieron informar de los hechos debido a que la Italia fascista de Benito Mussolini, que en aquellos instantes estaba intentando normalizar sus relaciones diplomáticas con la URSS, les prohibió hacerlo.

A inicios de 1934, el Holodomor finalizó en toda Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso. El resultado fue que alrededor 7 millones de personas murieron de inanición, y hasta un total de 40 millones de personas en toda la Unión Soviética se vieron afectadas por la hambruna. Para muchos historiadores, el Holodomor que tuvo lugar entre 1932 y 1934 fue el mayor crimen cometido en época de Stalin y de toda la historia de la Unión Soviética, constituyendo una de las mayores tragedias humanitarias del siglo XX.

Para saber más acerca de las bondades del socialcomunismo, les recomiendo que lean ustedes:

«Las desventuras de la bondad extrema»

Mauricio Rojas expone en su libro una de las principales paradojas del marxismo: cómo la bondad extrema de los supuestos fines –la salvación de la humanidad, la búsqueda del hombre nuevo y la construcción del paraíso en la tierra–, se convirtió en la maldad más cruenta y extrema capaz de exigir cualquier sacrificio de vidas humanas para imponer el «progreso». El texto es un recorrido personal que comienza en el doloroso desengaño sufrido ante la utopía marxista y desemboca años después en la asunción personal de los principios de la democracia liberal, donde en vez de la liberación colectiva del género humano prevalecen ya los derechos del individuo, la libertad y la responsabilidad moral de la persona.

 Aquí puede descargar el libro en formato PDF.

La bota del Estado / The boot of the State

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Es difícil encontrar una pluma tan ligera y espléndida como la de Stefan Zweig. El genial escritor tuvo el enorme placer de crecer en una época extraordinaria. La Viena de finales del siglo XIX y principios del XX estaba habitada por Hayek, Mach, Freud, Schumpeter, Kafka, Musil, Mises, etc., desde la Atenas de Pericles no se había visto una concentración mayor de talento y sabiduría. Una sociedad basada en los pilares de la autoexigencia, las ganas de instruirse, de ser libres, de no depender de nada más allá de tu talento y trabajo. Todo lo radical y violento se antojaba imposible en la era de la razón.
Zweig se resistía a aceptar que Freud estaba en lo cierto cuando afirmaba que la forma de vida vienesa tan solo era una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada por las fuerzas destructoras. Un hombre tan bondadoso como él, no podía concebir la idea de ver caer una sociedad que lo tenía todo a su alcance, en manos del fanatismo inculto representado por los nacionalsocialistas de Hitler y compañía. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Zweig acabaría suicidándose tras ver como su amada Viena pasaba de ser una ciudad culta, cosmopolita y tolerante, a un bastión de la violencia, el nacionalismo paleto y la intolerancia. El individuo fue aplastado por la bota del Estado, que durante décadas apagó la luz del progreso y la innovación que surge de forma espontánea por individuos brillantes.
Y en eso estamos ahora. Un gran número de personas se ha rendido y está esperando que venga un burócrata manirroto a ayudarles. Tengan claro, que jamás lo harán. Solamente les atarán para siempre a las cadenas del estatismo clientelar. Ese y no otro, es el fin último de cualquier gobernante socialista para saber que su poder está asegurado. La pandemia nos está costando vidas, quiebras, pobreza, depresiones y millones de personas asustadas que no ven la luz al final del túnel. El gran reto de nuestro tiempo será evitar que una sociedad que habitará en la pobreza, la desesperanza y rodeada de miserables que trataran por todos los medios de aprovechar la situación, caiga en manos del populismo como los contemporáneos de Zweig.

España, líder mundial en coronavirus, y los españoles aplauden. / Spain, world leader in coronavirus, and the Spaniards applaud.

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Para llegar a los fallecidos por Coronavirus en España habría que sumar los fallecidos en los siguientes países:

Canadá 1500

Australia 64

Finlandia 90

Portugal 687

Irlanda 571

Japón 222

Noruega 164

Suecia 1500

Austria 443

Suiza 1370

Alemania 4500

Chequia 181

Hungría 172

Grecia 110

Serbia 117

Croacia 139

Holanda 3600

Rusia 313

Taiwán 6

Filipinas 400

Indonesia 535

Malasia 190

India 521

México 650

Brasil 2300

Nuestro presidente Sánchez dice que esto es una pandemia global que afecta a todos por igual. A todos por igual menos a España, porque, al parecer, su ejecutivo fue el primero en tomar medidas, medidas gracias a las cuales se han salvado, según sus propias palabras…..decenas de miles de vidas. Es decir, aún le tenemos que agradecer que no nos haya matado a todos.

Pero es que las cifras que ya han adelantado Castilla-La Mancha, Cataluña o Madrid elevan el número de fallecidos hasta los 32.000.

Por lo que deberíamos añadir otros países hasta llegar a esa cifra:

Egipto 224

Marruecos 187

Ecuador 450

Perú 350

Colombia 166

Chile 126

Uruguay 9

Sudáfrica 52

Turquía 1890

Ucrania 133

Dinamarca 346

Islandia 9

Polonia 350

Rumanía 421

Eslovaquia 11

Bulgaria 42

Israel 170

Tailandia 47

Bangladesh 80

Argentina 132

Luxemburgo 72

Bélgica 5432

Paraguay 8

Bolivia 32

Nueva Zelanda 12

Arabia Saudí 100

Pakistán 160

Bosnia 50

Lituania 33

República Dominicana 217

Panamá 120

Honduras 46

Costa Rica 4

El Salvador 7

Argelia 367

Camerún 42

Singapur 11

Sri Lanka 7

y Corea del Sur 234

¿¿Buena gestión??

Cuáles son los motivos para tener a la población encerrada en casa 58 días??? Habéis tenido dos putos meses para comprar masivamente test para todos!! DOS PUTOS MESES!!!

¿Dónde están los test rápidos que debería tener España? Y todavía queréis alargar más este encarcelamiento? Qué razones hay aparte de PRIVARNOS DE NUESTRA LIBERTAD y de saltaros a la torera la Constitución?

Queréis hundir en la miseria al país y que todos dependan de vuestra paga mensual?? Donde cojones estáis todos ??? QUE OS PASA?? No os dais cuenta de lo que pretenden???

NI UNA SOLA QUEJA.

-En Suecia, las personas pueden circular libremente. 350 muertos

– En Alemania, se permite salir a pasear y hacer deporte. 2.800 muertos

– En Portugal, no hay confinamiento legal, solo recomendaciones de distancia social y prohibición de juntarse más de 5 personas. 600 muertos

– En Corea del Sur, confinamiento obligado solo para contagiados y quien tenga relación directa con un contagiado. 230 muertos

-En Noruega, Austria, Dinamarca, similares medidas y parecidos resultados.

– En España. Confinamiento obligado total por ley para todos. 20.000 muertos, record mundial en muertos por millón de habitantes.

Y ni una sola queja. A pesar de las medidas y todos sus muertos, ni una sola queja del pueblo.

NI una queja por ese confinamiento que recorta derechos esenciales y libertades básicas en una democracia. Ni una sola queja a pesar de los terroríficos resultados obtenidos. Ni una sola queja, ni una sola pregunta sobre si quizás, hay otra forma de hacer las cosas al margen de obligar a todo un pueblo, a estar en sus casas.

Un pueblo adormecido durante las 24 horas del día, por unas televisiones cómplices que solo muestran canciones pegadizas, sonrisas y aplausos en los balcones, pero jamás nuestros muertos. Una televisiones que te dicen que compres una vez a la semana y te quedes en casa el resto del tiempo, coaccionándote, chantajeándote emocionalmente, arrinconando socialmente al

que se atreve a reflexionar y tratando como irresponsables y culpables del desastre humano que sufrimos, a quienes cumpliendo la ley, compran el pan, válgame Dios, cada día. Unas televisiones que desviando la atención buscan otros culpables y señalan, una y otra vez, como si fueran asesinos o terroristas desalmados, a algún incauto que se la ha ocurrido sacar a su perro a hacer pis a un monte desierto o a algunos padres que con sus hijos, deciden irse el fin de semana a su segunda casa, ya que sin duda, son los culpables de que haya 32.000 muertos.

Pero ni una sola queja, solo aceptación e incluso convencimiento.

A pesar de todas las medidas gubernamentales de recorte de derechos fundamentales, medidas que no han tomado en otros países que les ha ido mejor y que a nosotros nos han llevado al mayor número de muertos del mundo, ni una sola queja por un pueblo subyugado.

Ni una sola queja.

Aunque no puedas ni salir a enterrar a tu madre o a tu padre, ni a llorarles, ni a verles antes de la muerte y sin embargo, 6 u 8 tertulianos de medios de comunicacion complices, puedan juntarse para insistir con el quedarse en casa y lo bien que lo estamos todos haciendo.

Y ante tal recorte de derechos fundamentales, ni una sola queja, solo comprensión, aceptación y apoyo por parte de todo un pueblo, que te crucifica si consideras que, como hacen otros paises, hay otras formas que no sean el total confinamiento. Un pueblo, el mismo pueblo, que un día, no hace mucho tiempo, se quejaba e indignaba ardientemente porque un perro murió a causa del ébola, llamando por ello asesino al gobierno.

Un pueblo capaz de expulsar de sus edificios a trabajadores sanitarios, cajeros de supermercados o similares, con una vileza y mezquindad insuperables.

Todo un pueblo que sí se queja e indigna, pero no ante el recorte de sus libertades y derechos o por el número causado de muertos, sino que enrabietado, en esto sí, conforma una policía popular, como en la época nazi con los judios o en la calvinista con las brujas, donde mira con recelo y apunta con el dedo, a quien aunque cumpla la ley, se salta los dictados sacando el perro, comprando el pan y yendo al supermercado habitualmente. Y quien no forma parte de ello, simplemente calla, se encierra en su casa y no dice nada, no vaya a ser señalado por la la otra parte del pueblo.

Triste pueblo, ese que por un lado tiene a la policía popular, mezquina y envalentonada por los dictados de sus gobernantes y que insulta al vecino o le echa de su casa si es sanitario o cajera de supermercado, de forma enrabietada y cegados por una moral retorcida, y por otro, al resto, gente acobardada, oculta, acomplejada y en silencio, no sea que les señalen también a ellos.

En fin, es la historia de un pueblo adoctrinado, arropado en su propia masa, dogmático y convencido éticamente de que el brutal recorte de libertades y derechos es el camino, a pesar de que ese camino nos haya llevado a llorar por el record mundial de muertos por millón de personas y a poner al borde de la ruina a millones de familas. Y todo ello, teniendo como ejemplo a otros países, que más respetuosos con el ser humano, sus libertades y sus derechos, han contenido mejor la pandemia, han logrado salvar miles de vidas y millones de pequeñas empresas y empleos.

Y si no tienes ni una sola queja no hace falta que compartas, en eso eres libre……yo sí me quejo.

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FUENTE: VERDADES OFENDEN

El socialismo es una forma de locura criminal / Socialism is a form of criminal madness

El socialismo es tierra fértil para gobernantes con delirios psicopáticos y claros trastornos de ego.

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Como lo relata Orwell en «Rebelión en la granja», las falsas promesas derivan en represión. (Foto: Flickr)

Mi amigo Asier Morales Rasquín señalaba recientemente en su columna del PanAmPost que la conducta de políticos que juegan con los temores de la población impulsando soluciones falsas a problemas reales es psicopática. Morales es Psicólogo clínico con varias maestrías y amplia experiencia, además de egresado de un programa de estudios superiores en economía con mención en teoría del capital y teoría del ciclo económico. Cuando afirma que una política económica es una solución falsa que empeorara un problema en lugar de resolverlo, lo hace como un calificado estudioso de la teoría económica, tanto como cuando explica mediante la Psicología aquellas conductas.

La inviabilidad del socialismo

Que el socialismo es un sistema económico inviable condenado a prolongarse mediante el parasitismo y la explotación para finalmente colapsar, es un hecho bien explicado por la teoría económica desde principios del siglo pasado –algo que economistas socialistas han pretendido falsamente refutar mediante subterfugios teóricos inconsistentes y trucos propagandísticos deleznables–  que todos los experimentos socialistas de la historia –de 1534 a nuestros días– han dejado claro para en todos y cada uno de los casos en que se intentó realmente. Se trata de experimentos insensatos que han ocasionado más sufrimiento, miseria y exterminado más víctimas inocentes que ningún otro en la historia. Negarlo (e insistir tercamente en lo imposible, una y otra vez, con total indiferencia por la destrucción material y moral que en todos y cada uno de los experimentos previos asesinó a cientos, miles o millones, según el alcance criminal de cada caso) es más que un error y peor que una insensatez: es un crimen moral.

La locura socialista

La conducta psicopática del gobernante –o del político que a ello aspira– antes mencionada es casi inconcebible fuera del amplio catálogo de ideas falsas del socialismo en sentido amplio. Serán casi siempre falsedades socialistas las que hagan posible al gobernante psicopático –el que logra sus fines a costa del daño a inocentes mediante la manipulación de la ignorancia y el temor–. Existe una razón para ello: la razón es que la idea misma del socialismo puede y debe ser definida como una forma de locura. La locura la define el diccionario de la RAE como privación del juicio o del uso de la razón. Sin juicio ni uso de razón se llega necesariamente a una desconexión de la realidad externa, física y social. El término «locura» implica que alguien perciba o construya mentalmente una realidad falsa por la que guíe su conducta en el mundo real. Sea la locura producto involuntario de una enfermedad o decisión voluntaria, lo cierto es que ese crimen moral de la insistencia en el error socialista es una forma de locura, una muy ampliamente extendida.

Una patología social

Hay dos grandes subconjuntos de socialismos. Los que tienen el poder y los que luchan por alcanzarlo. No olvidemos que los socialistas entienden por “alcanzar el poder” mucho más que el ejercicio –temporal o permanente– del gobierno de Estado. El poder que buscan es el de rehacer completamente el orden social –de cada consciencia individual a la totalidad de las relaciones de producción y consumo– por un ideal de igualitarismo colectivista que exige destruir todo –hasta los cimientos la cooperación social y la tradición moral– para finalmente imponer sobre las ruinas materiales y morales el más completo, gris y miserable totalitarismo.

Orwell logró en una fábula moderna –Rebelión en la granja– mostrar la realidad tras la falsa promesa socialista, desde la miseria, explotación, propaganda y represión omnipresentes, hasta la última y más descarada mentira en nombre de la que se ha sacrificado a millones, la de una igualdad en que finalmente algunos serán “más iguales que otros”. Los animales de la granja animal le creen al profeta del “animalismo”, el cerdo mayor. Por ello, elevan al poder a los cerdos y se condenan a sí mismos a una espiral de locura mortal bajo el control totalitario del peor cerdo psicópata. Lo que ilustra incluso que inevitablemente serán los peores los que gobernaran en la locura.

Las siete formas de la locura socialista

Con profundo y justificado pesimismo sobre los españoles de su tiempo –previo a la locura del experimento totalitario del frente popular que ocasionó el baño de sangre de la guerra civil y concluyó en el duro mal menor del prolongado autoritarismo que la ganó– Pio Baroja los clasificaba en siete categorías:

  1. Los que no saben;
  2. los que no quieren saber,
  3. los que odian el saber;
  4. los que sufren por no saber;
  5. los que aparentan saber;
  6. los que triunfan sin saber y;
  7. los que medran gracias a lo que los demás no saben.

Estos últimos, concluía Pio Baroja, se llaman a sí mismos políticos a veces hasta intelectuales.

Son también las siete formas del ser socialista –todo socialista entra en una o en varias– porque se trata de negar la realidad. Saber no es otra cosa que comprender y explicar la realidad. Cuando prevalecen tales insensateces, el socialismo triunfa en las mentes. Estamos ante una sociedad condenada que irá, tarde o temprano, a la destrucción y miseria material y moral, mediante la envidia y resentimiento triunfantes en búsqueda del totalitarismo a través de una orgía de destrucción y muerte. Sabemos que tal infierno será minimizado, justificado, defendido, ocultado y finalmente encubierto tras infinidad de mentiras compartidas por los socialistas que en todo el mundo buscan eso –y no otra cosa– en su locura. Esta locura está dotada de una ideología criminal, para mediante la mentira extender la destrucción para alcanzar el poder y materializar el infierno en la tierra. Ser socialista es prometer el cielo para traer el infierno. Creer que es otra cosa y apoyarlo negándose a verlo como es en realidad, también es una forma de locura socialista, la de los tontos útiles sin los que el socialismo poco o nada lograría.

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