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Etiqueta: SOCIALISMO
El socialismo y la inmigración ilegal venezolana 🗣️📢

No todos los inmigrantes son iguales.
Hay inmigrantes legales, que suelen ser trabajadores dedicados, costean todos sus gastos y viven según la ley. Hay un número muy reducido de solicitantes de asilo y refugiados válidos, igual tenemos a los inmigrantes ilegales, que aunque también se esfuerzan, infringen la ley de inmigración estadounidense, pero que de alguna u otra forma también podrían ser contribuyentes deseables.
Otros son los delincuentes que no pueden entrar en EE.UU. de ninguna otra forma que no sea ilegalmente y que ejercen su “oficio” una vez dentro.
Y finalmente tenemos a inmigrantes como algunos venezolanos, que entran a la fuerza a Estados Unidos para exigir cosas gratis.
Resulta triste y asombroso ver cómo muchas personas que están ilegalmente en EE.UU aprovecharían la oportunidad de obtener un permiso de trabajo legal, que Joe Biden extendió por decreto a 500.000 venezolanos, a través de un controvertido y general estatus de protección temporal pero estos inmigrantes no los quieren.
Consideran una invitación a trabajar como un insulto.
Quieren mayores paquetes de cupones de alimentos, mejores viviendas proporcionadas por el Estado y más prestaciones.

Tampoco son los primeros venezolanos de este tipo que hemos visto en la oleada migratoria de Joe Biden. En enero, cientos de ilegales venezolanos organizaron protestas por el tipo de vivienda que estaban recibiendo en la ciudad de Nueva York, pidiendo viviendas públicas gratuitas para ellos.
En aquel momento, el New York Post señaló que los migrantes que hacían las peticiones parecían haber sido entrenados por las ONG que les prestaban servicios.
Venezuela no está así porque el socialismo haya fracasado, sino porque fue fielmente implantado (Enviar esta frase por X)
Chávez les enseñó desde que nacieron que el mundo les debía todo y que tenían derecho a una vida desahogada a costa de «los ricos», es decir, de cualquiera que tuviera un sueldo fijo.

Estos ilegales que protestan ahora, son venezolanos entrenados por el chavismo, infectados con el bicho socialista de la dependencia del Estado. Eso no es sólo lo que enseñó Hugo, es lo que quieren.
Como resultado ahora hay Chavistas en EE.UU que están pidiendo que los “gringos” les resuelvan la vida. Cabe destacar, que con todo ese tiempo ocioso y sin educación o habilidades de las que hablar, con frecuencia se superponen con la clase criminal, y siempre terminarán asimilándose a la clase baja estadounidense.
Esos son los que ahora tienen la temeridad de protestar en las calles del país en el que irrumpieron ilegalmente y pedir públicamente que los contribuyentes estadounidenses paguen sus estilos de vida.
Aparte de los verdaderos criminales, estos ilegales deberían ser los primeros ilegales en ser detenidos y destinados a la deportación.
Pero Joe Biden les concede permisos de trabajo, un privilegio que otros ilegales no obtienen, y ellos lo consideran un ultraje y terminan protestando a viva voz en las calles del país que les da cobijo.
Algo huele muy mal aquí y Joe Biden tiene algunas explicaciones que dar.


Mises y la imposibilidad científica del socialismo

Por Luis Torras
En 1920, en pleno apogeo de la Guerra Civil entre bolcheviques y el resto del país, el economista austríaco, –de patria y pensamiento–, Ludwig von Mises publicaba el artículo seminal “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth” en donde de manera sucinta demostraba la imposibilidad científica del cálculo económico en una economía planificada: sin competencia por los recursos, defendió Mises, sin propiedad, resulta imposible una eficiente inversión de los mismos. Dos años después, coincidiendo con la constitución oficial de la URSS, Mises escribía una de sus obras más notables: Socialismo. Análisis económico y sociológico.
En esta obra monumental, el pensador austríaco realiza una pormenorizada crítica al socialismo desde un punto de vista económico, social, y moral. El sistema socialista consistente en la colectivización de los medios de producción, la eliminación de la propiedad, en mayor o menor grado, y la instauración de un orden económico basado en el intervencionismo del Estado en todas las esferas de la vida económica y social. Una cosmovisión del mundo que fue la corriente dominante en Europa y el mundo durante buena parte del siglo XX y que Mises experimentó en primera persona.

Durante la Primera Guerra Mundial, Mises sirvió como capitán de artillería siendo testigo directo de la derrota de su patria. Este episodio confirmó muchas de sus críticas que ya había desarrollado desde muy joven a los excesos nacionalistas que habían caracterizado los años previos a la contienda y que él asociaba al debilitamiento social y económico de su país. Más tarde, sufrió en propia piel la persecución nazi, por su doble condición de judío y librepensador, y la del KGB soviético después, teniendo que emigrar a Estados Unidos en 1940.
La obra y vida de Ludwig von Mises están marcadas por su compromiso con la búsqueda de la verdad científica. Mises responde al arquetipo que inmortalizó Ayn Rand en el personaje de Howark Roark de El Manantial, –novela que entusiasmo a Mises – , ejemplo de coraje intelectual y moral inquebrantable. Mises nunca se dejo tentar por la fama fácil que otorga la espectacularidad de promesas irrealizables y cargadas de falsas expectativas que conducen a la servidumbre de la inflación, los impuestos y regulaciones superfluas y excesivas.
Crítica al socialismo
La ciencia no únicamente consiste en buscar la verdad, también tiene la obligación de desenmascarar errores y falacias. Socialismo es un ejemplo de esto último y resulta un ejemplo destacado del rigor científico del autor que desarma uno por uno los argumentos colectivistas del credo socialista a partir del individualismo metodológico. El libro consta de cinco partes que pueden leerse como libros independientes. Su punto de partida es la importancia de la propiedad y su relación con la cooperación pacífica o, en su ausencia, la inevitabilidad del uso coercitivo del poder y de la violencia. A continuación, Mises expone los fundamentos del socialismo y su imposibilidad para operar y se analiza la supuesta “inevitabilidad del socialismo”, uno de los credos que defendió Marx. La obra también incluye una reflexión sobre la dimensión moral y ética del socialismo y su relación con los orígenes del cristianismo –el comunismo ni empieza con Marx ni, por desgracia, acaba con von Mises (ni siquiera con la caída del Muro de Berlín) – . Por último, el autor destaca y pone en valor la importancia central que tiene la batalla de las ideas para la salvaguarda de una sociedad libre y abierta, un elemento clave y transversal en la obra misiana. El libro cuenta también con un apartado final con las conclusiones y un epílogo, célebre, en donde el pensador austríaco señala el carácter antidemocrático del intervencionismo.
El marcado carácter científico de Socialismo contrasta con la inconsistencia teórica del marxismo. En su impotencia por desarmar la lógica del liberalismo clásico, el marximos tuvo que acudir a los excesos de la retórica; hoy hablaríamos de post-verdad. Marx ni siquiera supo acabar su gran obra El Capital. Por ejemplo, en su crítica al socialismo, Mises desarrolla el concepto de polilogismo para referirse a la tesis marxista que defiende que diferentes grupos razonan de manera distinta. Huelga decir que ningún pensador marxista hasta la fecha ha podido razonar dichos postulados con un mínimo de solvencis. El polilogismo de clases marxista dio pie al polilogismo de razas Nazi, y también lo encontramos en la base del razonamiento de todos los movimientos nacionalistas.

Como en el resto de la obra del pensador austríaco, Socialismo se edifica sobre una visión holística de la acción humana y una refutación frontal al dualismo artificial que pretende diferenciar entre la acción egoísta o altruista, como asumen todavía hoy el grueso de pensadores sociales, o como sucede cuando economistas y politólogos quieren diferenciar entre racional e irracional. A menudo en estos planteamientos se ignora el carácter subjetivo de la acción, –presente en el individualismo metodológico– , donde la cooperación voluntaria las acciones de uno no están en conflicto con las del otro sino que tienen que necesariamente disciplinarse a las acciones de los demás.
La obra de Mises resulta demoledora en todos los aspectos y constituye de alguna manera el tercer acto de un debate intelectual más amplio, importantísimo, entre lo individual y lo colectivo. En tiempos modernos, este debate empieza con la crítica de Carl Menger (fundador de la Escuela de Viena) a la escuela historicista alemana (Schmoller y Wagner, que luego serás dos de los dos grandes pilares intelectuales del nazismo). El segundo acto vendrá de la mano del díscipulo más notable de Menger, Eugen von Böhm-Bawerk que será el primero en hacer una crítica al marxismo aunque sea de manera parcial y no tan completa como la que desarrollará con posterioridad Mises.
Mises edificó su gran obra sobre la base del pensamiento de Menger y Böhm-Bawerk. La gran conquista de este tercer acto es la demostración de la imposibilidad científica del cálculo económico en un entrono de ausencia de propiedad lo que permite la competencia entre usos alternativos para un mismo recursos, lo que a su vez posibilita la formación de precios que reflejen en cada momento la escasez relativa de los bienes y sirven para disciplinar el comportamiento de los agentes económicos. Esto era lo mismo que afirmar la imposibilidad de establecer el socialismo como sistema de dirección económica para el mundo entero, la gran pretensión de los comunistas soviéticos.
No hace falta recordar que el grueso de advertencias lanzadas por Mises desde los años veinte de la pasada centuria fueron desoídas. Tras la Revolución de octubre, Europa se sumergió en uno de los periodos más oscuros de la Historia universal donde más de cien millones de personas murieron en el transcurso del siglo XX a causa de alguna u otra forma de totalitarismo colectivista. Pese a la crudeza de estas experiencias, nuestro tiempo no es ajeno a la ensoñación de pretender dirigir la economía de forma planificada e imponer soluciones desde arriba –aunque sea mediante sistemas democráticos – . La lectura de Socialismo de Mises resulta hoy tan vigente como en 1922 cuando se publicó por primera vez.
Saliendo de una importante exposición de arte en Nueva York, uno de los reporteros le preguntó a Dalí: “¿Qué hay de nuevo en la pintura maestro?” A lo que el genio del Ampurdán respondió de forma automática: “Velázquez.” Sucede hoy lo mismo con Mises y las ciencias sociales.

#SocialismoBasura : El matemático ruso que desenmascaró la naturaleza caníbal del socialismo
El socialismo es fundamentalmente anticultural porque pretende suplantar la iniciativa individual con dictados de arriba abajo de talla única

por FEE
Igor Rostislavovich Shafarevich no es precisamente un nombre muy conocido, pero merece ser recordado un siglo después de su nacimiento y seis años después de su muerte. En 1923, nació en esta fecha -3 de junio- en Zhytomyr, Ucrania, a unos cien kilómetros al oeste de Kiev. Murió en 2017 a la edad de 93 años, dejando tras de sí notables contribuciones a las matemáticas y, de mucho mayor interés para mí, una poderosa acusación de la antigua calamidad conocida como socialismo.
Shafarevich ocupa un lugar destacado en el panteón de los matemáticos del siglo XX. Su nombre está ligado a numerosos teoremas y fórmulas pioneras que ni siquiera puedo empezar a entender, pero que son celebrados como genios entre los entendidos numéricos. En 1981 ingresó en la prestigiosa Royal Society de Londres como uno de los científicos extranjeros más brillantes.
Shafarevich creció en Ucrania, bajo el socialismo impuesto por los soviéticos, y desde muy joven albergó dudas sobre el sistema. A los 30 años empezó a enfrentarse a él por su abierto apoyo a la fe ortodoxa oriental en un imperio oficialmente ateo. Acabó convirtiéndose en un disidente antimarxista y en un aliado de Andrei Sájarov, el físico famoso por defender los derechos humanos frente a los ataques del régimen. A pesar de sus credenciales mundiales en matemáticas, Shafarevich fue despedido de la Universidad de Moscú por su colaboración con Sájarov.
Cuando el gran Aleksandr Solzhenitsyn (autor de Archipiélago Gulag y otras obras fundamentales) pronunció su famoso discurso en la Universidad de Harvard en 1978, citó un libro de Igor Shafarevich que había aparecido tres años antes. Solzhenitsyn, de hecho, escribió el prólogo de la traducción inglesa del libro.
Titulado El fenómeno socialista, es la incursión más significativa y memorable de Shafarevich fuera de las matemáticas y debería figurar como un clásico entre las voluminosas críticas definitivas del socialismo. Mi ejemplar, adquirido en 1981, está lleno de marcas y anotaciones en las que encontré reflexiones que no quería olvidar.
Las primeras 200 páginas del libro repasan las ideas y experimentos socialistas en la historia, desde Platón y Grecia hasta Mesopotamia, Egipto y China, pasando por la civilización inca en Sudamérica. Puede leer una buena versión del capítulo del libro sobre los incas aquí. La nación inca fue efímera (no pudo defenderse de unos cientos de españoles), pero puede que sea la sociedad más minuciosamente regimentada y planificada de forma centralizada que el mundo haya conocido jamás.
En el último tercio del libro, unas cien páginas, Shafarevich ofrece su análisis del socialismo. Argumenta persuasivamente que “al menos tres componentes del ideal socialista -la abolición de la propiedad privada, la abolición de la familia y la igualdad socialista- pueden deducirse de un único principio: *la supresión de la individualidad*”.
El socialismo se presenta en múltiples sabores, por supuesto, pero la versión no adulterada promete “la mayor igualdad posible”. Esto es el colmo de la hipocresía y el engaño, argumenta Shafarevich, porque al mismo tiempo, el socialismo ofrece “una estricta regimentación de toda la vida, que sería imposible sin un control absoluto y una burocracia todopoderosa que engendraría una desigualdad incomparablemente mayor”.
Los individuos participan en la vida como individuos pensantes y actuantes, no como porciones indistinguibles de una mancha colectivista. “La creatividad cultural, en particular la artística, es un ejemplo”, señala el autor. Los italianos del Renacimiento no pintaron La Última Cena. Lo hizo Leonardo da Vinci. “Y en los periodos en que aumentan los movimientos socialistas, la llamada a la destrucción de la cultura se oye cada vez más claramente”, explica Shafarevich.
El socialismo es fundamentalmente anticultural porque pretende suplantar la iniciativa individual con dictados de arriba abajo de talla única. Su proyecto centralizado y obligatorio es, en última instancia, una sentencia de muerte porque “no sólo las personas, sino incluso los animales, no pueden existir si se les reduce al nivel de los engranajes de un mecanismo”. Shafarevich escribe,
[Todos los aspectos de la vida que la hacen atractiva y le dan sentido están relacionados con manifestaciones de individualidad. Por lo tanto, una aplicación consecuente de los principios del socialismo priva a la vida humana de individualidad y, simultáneamente, priva a la vida de su significado y atractivo… conduciría a la extinción física del grupo en el que estos principios estuvieran vigentes, y si triunfaran en el mundo, a la extinción de la humanidad.
El colectivismo que defiende el socialismo es, en última instancia, un espejismo. No existe una “masa” que piense y actúe. Sólo lo hacen los individuos. Así que el llamado “colectivo” se reduce a algunos individuos que ejercen el poder sobre otros individuos. El socialismo es, pues, canibalismo animado por la filosofía. Shafarevich se lo dijo esencialmente al mundo hace medio siglo, y el mundo todavía lucha por aprenderlo.
Como mínimo, deberíamos agradecerle que nos lo haya hecho saber en este centenario de su nacimiento.
Este artículo fue publicado originalmente en la Fundación para la Educación Económica
Lawrence W. Reed es Presidente Emérito y Miembro Superior de la Familia Humphreys en la Fundación para la Educación Económica (FEE), habiendo servido durante casi 11 años como presidente de FEE (2008-2019). Es autor del libro de 2020, Was Jesus a Socialist? así como de Héroes Verdaderos: Increíbles historias verdaderas de coraje, carácter y convicción y perdóneme, profesor: Desafiando los mitos del progresismo.


El socialismo garantiza el fracaso y fabrica imbéciles, pobres y desgraciados
España está en campaña electoral, en vísperas de unas elecciones de gran importancia que van a decidir si nuestro futuro es tiránico o libre. Si gana la coalición de socialistas, comunistas, etarras e independentistas, el país avanzará hacia la tiranía socialista y el Estado será todavía más potente e intervencionista, pero si los votos libres de los ciudadanos les derrotan, España puede ganar cotas de libertad y erradicar los vicios de la izquierda marxista, que propician la delincuencia, la corrupción, la esclavitud y el atraso.
Hace unos días mantuve una conversación con dos matrimonios cubanos, seriamente preocupados por el futuro de España, que según ellos avanza de manera inexorable hacia modelos cercanos a Cuba y Venezuela. Al saber que yo soy periodista y que escribo a diario, me explicaron con claridad meridiana por qué siempre fracasa el socialismo, un sistema que genera pobreza, desigualdad, desinterés, desconfianza y odio. Una de esas personas era miembro del partido comunista cubano, pero al vivir en España se permite ser sincera y reconocer que el sistema cubano es un fracaso completo.
Fue precisamente el comunista del grupo quien me explicó con claridad y detalle el mecanismo perverso que hace fracasar el socialismo allí donde se establece.

El comunista, muy interesado en impedir que el comunismo se establezca en España, donde él vive, me pidió que utilizara mi capacidad de comunicar como periodista para abrir los ojos a los españoles, que, según dijo, corren el peligro de caer en las garras del comunismo, de la mano del PSOE y de Pedro Sánchez.
Para demostrar el drama del socialismo, me contó la siguiente historia:
Un reconocido profesor de economía de la Texas Tech University, la mejor universidad on line del mundo, cuenta que él nunca había suspendido a uno de sus estudiantes pero que, en una ocasión, tuvo que suspender a la clase entera.
Cuenta que esa clase le insistió que el socialismo sí funcionaba, que en este sistema no existían ni pobres ni ricos, sino una total igualdad.
El profesor les propuso a sus alumnos hacer un experimento en clase sobre el socialismo: Todas las notas iban a ser promediadas y a todos los estudiantes se les asignaría la misma nota de forma que nadie sería suspendido y nadie sacaría un sobresaliente.
Después del primer examen, las notas fueron promediadas y todos los estudiantes sacaron Notable. Los estudiantes que se habían preparado muy bien estaban molestos porque esperaban un sobresaliente, pero los estudiantes que estudiaron poco estaban contentos.
Cuando presentaron el segundo examen, los estudiantes que estudiaron poco, estudiaron aún menos, y los estudiantes que habían estudiado duro decidieron no trabajar tan duro ya que no iban a lograr obtener un sobresaliente.
El promedio del segundo examen fue Suficiente! Nadie estuvo contento.
Pero cuando se llevó a cabo el tercer examen, toda la clase sacó insuficiente:¡suspensos a todos.
Las notas nunca mejoraron. Los estudiantes empezaron a pelear entre sí, culpándose los unos a los otros por las malas notas, hasta llegar a insultos y resentimientos, ya que ninguno estaba dispuesto a estudiar para que se beneficiara otro que no lo hacía.
Para asombro de toda la clase, ¡todos perdieron el año..
El profesor les preguntó si ahora entendían la razón del gran fracaso del socialismo.
Es sencillo; simplemente se debe a que el ser humano está dispuesto a sacrificarse trabajando duro cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo; pero cuando el gobierno quita ese incentivo, nadie va a hacer el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Finalmente, el fracaso será general.
Le di las gracias por la anécdota y le prometí que la contaría a mis lectores para que abrieran los ojos y no votaran socialista en las urnas, ahora que todavía les permiten expresar su voluntad política en las elecciones.
Como autor de este artículo quiero reforzar la tesis contra el socialismo con dos citas:
Winston Churchill, premio Nobel en 1953 dijo: «El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de los ignorantes y la prédica de la envidia. Su misión es distribuir la miseria de forma igualitaria para el pueblo».
La ex Primer Ministra Británica Margaret Thatcher declaró:»El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero…. de los demás».


Sobre el socialismo y otras anécdotas de pandilleros
Aquellos que piensan que todo se reduce a una batalla cultural o a procesos electorales son, en el mejor de los casos, funcionales a las dictaduras

El fallecido Olavo de Carvalho concluyó que muchas de las teorías marxistas no pasaban de ser falacias y mentiras. Por ejemplo, asumir que la lucha de clases es la constructora de la historia no tiene ningún asidero en la vida real. Ya que las personas tienen más progreso y mejores condiciones de vida cuando colaboran entre ellas. La lucha de clase destrozaría todo, pero no construirían nada.
Sin embargo, el verdadero peligro del marxismo y del wokis mo, su hijo posmoderno, no radica en sus disparatadas pretensiones de ciencia, sino en haber servido de justificativo para cometer toda clase de crímenes. Veamos.
Durante su «juicio» por traición a Cuba ―objetivamente, era un teatro montado por Fidel y Raúl― el comandante Huber Matos dio testimonio de la infiltración comunista en el proceso revolucionario.
Matos denunció que la Reforma Agraria era, en realidad, una expropiación de tierras a pequeños productores agrarios y familias sembradoras de arroz. Esas ideas ―que salían de la mente de Ernesto Guevara y otros comunistas― no tenían el apoyo de los productores cubanos. Pero eso no le importó a Castro, y para implantarlas recurrió a la táctica de todos los tiranos, encarcelar y matar a sus oponentes.
Pero Fidel solamente estaba repitiendo las tácticas que unas décadas antes había implantado otro dictador comunista, Iósif Stalin.
En su extensa obra, Iósif Stalin: una biografía, el escritor Robert Service nos relata que durante su juventud el dictador ruso era, junto a su pandilla, el principal organizador de asaltos a bancos y familias adineradas. Su mayor golpe lo dio en 1907, cuando su mara robó una diligencia de caudales. Luego del asalto huyeron a Finlandia. El atraco llenó de orgullo a Vladímir Lenin.
En 1922, dos años después de la muerte de Lenin, Iósif Stalin acapara el poder en la URSS, y comienza una purga de sus opositores. León Trotski, su mayor enemigo, fue desterrado de la Unión Soviética en 1929; él se exilia en México. Pero Stalin ya había ordenado su ejecución. En 1940 el militante comunista catalán Jaime Ramón Mercader del Río sería el encargado de cumplir esa orden.
Aunque los teóricos marxistas dicen que ambos tenían diferentes posturas en cuanto al futuro del comunismo, en verdad se trató de una vil y vulgar pelea de matones por el poder. Obviamente, Stalin resultó más sanguinario que Trotski.
No obstante, no es necesario retroceder tanto en la historia, ni viajar tan lejos para encontrar ejemplos, Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, fue uno de los principales exponentes del indigenismo, una especie de versión boliviana del wokismo.
Su militancia en la causa indigenista no se limitó a escribir libros o artículos, sino que, a principios de la década del 90, fundó El Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). La organización estuvo involucrada en asaltos a camiones de remesas y atentados a antenas de telecomunicaciones.
El discurso indigenista sirvió para que los crímenes cometidos por el EGTK sean vistos ante la opinión pública como un acto de «reivindicación» histórica. Pero como dice Max Manwaring, experto en seguridad y violencia pandillera, son simples hampones intentando figurar como luchadores sociales.
Incluso el propio Evo Morales es un producto de las ONGS y el dinero de los cárteles del narcotráfico. Su imagen de «líder» de los indígenas no pasa de ser una escena teatral para ocultar su naturaleza criminal, pedofilia incluida.
A modo de cierre, aquellos que piensan que todo se reduce a una batalla cultural o a procesos electorales son, en el mejor de los casos, funcionales a las dictaduras. Los militantes del castrochavismo están dispuestos a mantener el poder a cualquier costo, incluidos las guerras civiles y el terrorismo de Estado (lo dijo el propio Hugo Chávez). Nunca se trató de política, sino de crimen transnacional.
«La humanidad no es sostenible», el último grito “ambientalista”
El biólogo Paul Ehrlich dijo en la cadena estadounidense CBS que «la humanidad no es sostenible». En los años 70 vaticinó que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así

El alarmismo climático ha normalizado un discurso de control de consumo e intervencionismo estatal que paulatinamente incluye también la promoción del control de población. Pero comenzando el año 2023 este planteamiento parece haber ido un paso más allá. “La humanidad no es sostenible”, afirmó el biólogo Paul Ehrlich en la cadena estadounidense CBS.
“La humanidad no es sostenible. Para mantener nuestro estilo de vida (el tuyo y el mío, básicamente) para todo el planeta, necesitarías cinco Tierras más. No está claro de dónde van a venir los recursos necesarios, los sistemas que sustentan nuestras vidas, que por supuesto son la biodiversidad que estamos acabando. La humanidad está muy ocupada sentada en una rama que estamos cortando”, sentenció Ehrlich en “60 Minutes”, uno de los programas de mayor audiencia en Estados Unidos.
Sus teorías alarmistas han fallado
El presentador Scott Pelley mencionó que Ehrlich había sido visto como un alarmista cuando salió “Population Bomb“. Dicha obra insinúa que la supuesta sobrepoblación acabará con el planeta.
“Estaba alarmado. Todavía estoy alarmado. Todos mis colegas están alarmados”, dijo Ehrlich. “La tasa de extinción es extraordinariamente alta ahora y aumenta todo el tiempo”.
A lo largo de su carrera, Ehrlich ha promovido un discurso fatalista. Desde los años 70 auguró que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así. Pronosticó que Inglaterra no existiría para el año 2000 y su fatalista profecía no se cumplió. También advirtió en la década de los 80 sobre “una ruptura total de la capacidad del planeta para sustentar a la humanidad”. Pero aquí sigue.
La fertilidad se desplomó 50 % en los últimos 70 años
Así como el exvicepresidente de EE. UU., Al Gore, desacertó con el alarmismo climático, también falla Ehrlich. En realidad está sucediendo lo contrario a lo que él ha vaticinado. La pirámide poblacional está invertida. No existe un problema de sobrepoblación sino de baja natalidad. La tasa de fertilidad humana se desplomó aproximadamente 50 % en todo el mundo en los últimos 70 años. La familia promedio tenía cinco hijos en 1952, pero ahora tiene menos de tres. Para el año 2020, el Ministerio de Sanidad de España reportaba 341.315 nacimientos y 493.776 defunciones. Una tendencia similar a la del año anterior. Esto indica que en este país mueren más personas de las que nacen.
Si las tasas de fertilidad no se elevan por encima de los niveles actuales, aproximadamente la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población. Así lo pronostica un informe de la ONU titulado Población mundial a 2300, que hace proyecciones poblacionales para ese año. «La Unión Europea, que recientemente se ha expandido para abarcar a 452 – 455 millones de personas (según cifras 2000 – 2005 ), caería en 2300 a solo 59 millones. Aproximadamente, la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población; y países como la Federación de Rusia e Italia tendrían solo el 1 por ciento de su población actual”.
Reducción de población para mayor control
En lugar de incentivar el crecimiento poblacional, la izquierda política promueve la disminución de la población, sembrando una profunda misantropía, donde retrata al ser humano como el problema y no la solución. De la mano de la radicalización del Partido Demócrata hacia la izquierda, el senador Bernie Sanders ha propuesto financiar abortos en países en vías de desarrollo para combatir el “cambio climático”. Una vez en el poder, Joe Biden revocó el Acuerdo de Ciudad de México para costear abortos con fondos federales desde México y más al sur.
Para comprender el alcance de estas propuestas es necesario conocer al economista marxista Robert Heilbroner. Con la caída del Muro de Berlín, él llamó a volcar la revolución socialista del obrero a la salvación del planeta.
«Las fábricas y almacenes y las granjas y tiendas de una formación socioeconómica socialista deben coordinarse… y esta coordinación debe conllevar la obediencia a un plan central», proclamó. Llamó a «repensar el significado del socialismo» para enfrentar «la carga ecológica que el crecimiento económico está imponiendo al medio ambiente».
De aquí surge el término “sandía” (verdes por fuera y rojos por dentro), un disfraz ecologista que encubre un discurso socialista, sobre todo totalitario, pues sus promotores proponen que todo, desde la producción hasta la reproducción, sean planificadas por el poder central.
Este planteamiento de que la humanidad no es sostenible calza perfecto en los planes de los políticos y economistas que pretenden mayor control. Como Thanos, el villano de los Vengadores, proponen eliminar a la mitad de la población “para salvar el planeta”. Y al hacerlo, en nombre de la naturaleza, promueven ir contra el sentido de supervivencia, una incoherencia total.


El apocalipsis de las ideologías: cómo definirse en la confusa política actual
Si una cosa nos deja claro el momento presente es que capitalismo y socialismo se han finalmente fusionado, dando rienda suelta a la pulsión tecnócrata y autoritaria

Por: DAVID SOUTO ALCALDE
La ideología ha muerto, ¡viva la ideología! Por exagerado que parezca, nunca ha sido más necesario posicionarse ideológicamente que en nuestros días. La lucha sin cuartel que se libra entre democracia y tecnocracia hace que no sean posibles medias tintas y que, cargados de argumentos y de una concepción concreta del hombre, la sociedad y el rol de la política, debamos apostar por una opción u otra. Nunca ha sido, sin embargo, tan desconcertante tomar partido entre los distintos bloques. La división izquierda/derecha, que sigue corriendo por nuestras venas como si fuese sangre verdadera y no una adulterada sustancia que nos embota la razón, nos impide ver que las realidades ideológicas que cada uno de estos bloques acoge son tan divergentes entre sí que pareciese que una mente diabólica separó en ellas lo que era similar, y unió lo que era diferente, para así condenar la racionalidad política al desarraigo y la psicosis.
Hablando de manera clara: hay cierta parte de la izquierda que siempre ha debido ir de la mano de cierta derecha en su defensa de una vanguardia tecnócrata y autoritaria que dirija los destinos de la población en aras de un futuro pretendidamente utópico (es decir, buena parte de los defensores del comunismo y del capitalismo en su dimensión práctica y real). Existe, sin embargo, un vector de la izquierda que en su defensa del poder político común y del derecho a la autosubsistencia como base de la libertad siempre ha debido ir con la derecha que se enfrenta a la concentración del poder y defiende la eticidad de nuestro legado antropológico (es decir, comuneros y tradicionalistas, aunque incluyendo también a los liberales anti-monopolistas, a los comunistas heterodoxos y, como no, a gran parte de los anarquistas de izquierda y derecha).
El desconcierto ideológico imperante queda claro si acudimos a los medios y prestamos atención a qué es lo que dice defender cada quien, y a lo que realmente defiende. Por ejemplo, si sintonizamos EsRadio, medio apologeta del capitalismo como base de la civilización, no solo escucharemos las proclamas de Jiménez Losantos contra el Foro Económico Mundial e instituciones capitalistas afines, sino también sus alertas contra la expropiación de bienes comunales y privados que está llevando a cabo Forestalia para implantar aerogeneradores eléctricos en Teruel por medio de técnicas de destrucción social y ambiental. El elemento más desconcertante de esta crítica es que, aunque Losantos describe a la perfección el intervencionismo masivo que siempre caracterizó al capitalismo en su lógica de creación forzada de mercados verticales, atribuye este al comunismo que estarían promoviendo las élites financieras mundiales y no al capitalismo verde que estas defienden abiertamente. Por si la confusión fuese poca (¿se ha vuelto comunista el capitalismo?), Mónica García, la médico de Más Madrid que nos recomendaba sustituir el alcohol por un vasito de agua, no tiene ningún problema en declararse, desde su ideología de izquierdas, fan del Foro Económico Mundial (presidido por un individuo de pasado nazi desde 1971 que se declara amante de la más distópica política eugenésica) y de todo lo que la élite empresarial mundial cueza en los resorts de Davos.
Desde tiempos del desarrollismo franquista se ha ido implantando un socioliberalismo de facto en el que, una vez entrados en democracia, poca diferencia ha habido entre que gobernase la izquierda o la derecha
Este momentum de confusión ideológica queda claro si acudimos a la revista CTXT, que pese a presentarse a sí misma como furibundamente anticapitalista y tener estampitas de Noam Chomsky (el Tamames yanqui) a lo ancho y largo de sus páginas, nos presenta artículos que no solo defienden al Foro Económico Mundial sino que, en su superación del keynesianismo, apuestan a nivel práctico por políticas propias del capitalismo de destrucción creativa schumpetteriano popularizado por Mariana Mazzucato. En este sentido, debemos destacar el blanqueamiento de ChatGPT llevado a cabo por Sebastian Faaber, quien en una apología ye-yé del impacto de esta tecnología en la educación afirmaba que “la aparición de la inteligencia artificial ha sido una sacudida bienvenida: un desafío para inventar una pedagogía inimitable, impredecible, que no trate a los alumnos como si fueran robots”. Es decir, todo profesor que no se reinvente de acuerdo con los dictados del mercado tecnológico y no participe en una competición sin fin, adaptándose a la “sacudida” del capitalismo (“vendavales de destrucción creativa”, que decía Schumpeter), será relegado a la cuneta histórica de los inútiles (¿no es este discurso abiertamente capitalista, añejamente neoliberal?).
En una línea similar, Nuria Alabao, reconocía en otro artículo el problema futuro que supone la baja natalidad existente en España pero tachaba como etnonacionalismo promover políticas de natalidad (que serían una agresión a la mujeres blancas españolas, suponemos) y apostaba por competir, cuando llegue el momento, con otros países para captar el mayor número de inmigrantes posibles, porque, ya sabemos, atraer mano de obra barata que tenga un estatuto de ciudadanía de segunda o tercera clase para que nos pague las pensiones es política humanitaria (¿desconoce Alabao lo que le ha sucedido a los inmigrantes que desde el siglo XIX han acudido a las llamadas de grandes capitales?)
En definitiva, amarrado a su inconsciente ideológico, el capitalismo, en la más deshumanizada y autoritaria de sus versiones, se está convirtiendo en el espíritu de la nueva izquierda global.
La fusión final de capitalismo y socialismo
¿Son estas posiciones ejemplos de disforia ideológica que requieren la aprobación exprés de una Ley Trans de la ideología, o se trata en realidad de tomas de partido coherentes que muestran en este momento de apocalipsis o revelación ideológica que las aguas están volviendo a su cauce y que cada quien defiende aquello que siempre creyó defender con los vocablos equivocados? Si una cosa nos deja claro el momento presente es que capitalismo y socialismo se han finalmente fusionado, dando rienda suelta a la pulsión tecnócrata y autoritaria que siempre los caracterizó. Por muy contradictorio que pueda parecer equiparar estas dos ideologías, debemos reconocer que la única contradicción es la que se produce entre nuestro ego socialista o capitalista y la terca realidad política. Socialismo y capitalismo son dogmas de fe teóricos que, nacidos como dos reversos de la misma moneda (creencia ciega en el progreso, la industria, etcétera), llevan mezclados ya demasiado tiempo en la práctica como para negar su efectiva coexistencia. El bloque capitalista solo pudo sobrevivir mediante la implantación de políticas de inspiración socialista (pensemos en el New Deal de Roosevelt) mientras que el bloque comunista tuvo que resignarse a promover desde muy pronto un capitalismo de estado que ha dado lugar, en cierto sentido, a la distópica quimera sociocapitalista china tras los pactos entre Nixon y Mao de 1972.
En España la situación no ha sido muy diferente, pues desde tiempos del desarrollismo franquista se ha ido implantando un socioliberalismo de facto en el que, una vez entrados en democracia, poca diferencia ha habido entre que gobernase la izquierda o la derecha. Esto no significa negar intentos en diferentes lugares del globo de imponer revoluciones capitalistas o comunistas en las últimas décadas, las diferencias que puedan existir en el estado español entre comunidades autónomas que hayan enfatizado más un modelo u otro, o el impacto que una pequeña variación en la política económica pueda tener en la vida de amplios grupos de ciudadanos. Se trata simplemente de afirmar que la distinción izquierda/derecha ha sido el opio de las sociedades surgidas del proyecto ordoliberal europeo, el muro que nos ha impedido ver quiénes son nuestros potenciales aliados de lucha ideológica y quienes nuestros adversarios.
La implosión de la revolución tecnócrata
El corrimiento de tierras ideológico que ha destrozado los bastiones de izquierda y derecha lleva décadas gestándose, pero se hizo notorio tras la revolución tecnócrata-global declarada en marzo del 2019 a propósito de la crisis de la covid-19. El elemento que demuestra que se trata de toda una revolución es que muchos de los que apoyaron con entusiasmo la caza de brujas y las medidas autoritarias y contracientíficas implantadas en aquel momento, despertaron en cuanto comprobaron que la tecnocracia global autoritaria empleada entonces se normalizaba. Para muchos queda ya claro que el propósito del régimen tecnócrata global en ciernes no es otro que imponer arbitrariamente y al margen la división de poderes, la esfera pública o los protocolos de la ciencia, medidas en nombre del cambio climático, la digitalización, la búsqueda de la igualdad o la resignificación woke de lo que es un individuo. Estas políticas no parecen tener otra finalidad que la de destruir el tejido social y extraer riqueza a unos niveles nunca antes vistos.
La división ya no será entre izquierda y derecha sino entre proactivos y precaucionarios
Este mismo furor revolucionario es el que comenzó a alterar el contenido de las distintas ideologías. En un abrir y cerrar de ojos, todos aquellos que desde la izquierda defendían políticas de redistribución de la riqueza pasaron a ser considerados criptofascistas (rojipardos, neorrancios, etc.), mientras que los defensores de políticas asociales y estamentales que hacen de la identidad un producto de consumo, pasaron a encarnar el verdadero socialismo. Este proceso de expropiación ideológica no tardará en llegar a la derecha capitalista, haciendo que aquellos liberales que dicen estar en contra de los monopolios y defienden la seguridad material y jurídica del individuo sean tachados de capitalistas reaccionarios, de traidores, o de socialistas encubiertos si se atreven a criticar el autoritarismo tecnócrata de los grandes poderes mundiales, y no aceptan entregar su cuerpo, su alma, e incluso su casa, a causas como la de la Agenda 2030.
Es sencillo constatar que la revolución tecnócrata-global iniciada en 2019 ha producido cambios en los cimientos de nuestras estructuras ideológicas que serían impensables antes de esas fechas. La conjunción de intereses más extraña que este atentado contra la ciudadanía llevó a cabo fue la que unió en una agenda de mínimos a anarcocapitalistas seguidores de Hayek, Mises y demás “austríacos” con simpatizantes de la izquierda comunalista. Esta confluencia nos muestra que estamos ya viviendo bajo un ethos posthumano, pues si hay algo que unifica a estos dos colectivos es la negativa a creer que un grupo selecto de individuos, por superdotados cognitivamente que sean, pueda entender cómo funciona una sociedad e imponer medidas verticales que hagan que esta llegue a un estadio superior (proyecto del posthumanismo). En este sentido, la democracia popular defendida por cierta izquierda (“o povo é quen máis ordena”) acaba convergiendo con lo que hasta ahora parecía una parodia de la misma, es decir, la consideración de que un mercado ha de estar desregulado porque es la gente con la lógica de compraventa la que decide los precios, pues solo Dios, según decía Juan de Lugo en el siglo XVIII, puede conocer el valor real de cada cosa, vistos los múltiples factores que intervienen en este.
En nuestro país esta revolución tecnócrata-global ha producido enormes modificaciones al convertir a los nacionalismos subestatales en defensores del globalismo autoritario deseosos de entregar las soberanías nacionales, que debieran proteger, a las grandes estructuras de gobernanza mundial y privilegiando, por lo tanto, tecnocracia frente a democracia. Si Ana Pontón, líder del BNG, pedía durante la pandemia al presidente de la Xunta que implantase las mismas políticas de corte fascista que Jacinda Ardern estaba imponiendo en Nueva Zelanda (curioso que no reclamase medidas como las de Suecia o incluso México), el catedrático de Stanford Joan Ramon Resina proclamaba hace un par de semanas la superioridad racional de los catalanes sobre los españoles, por no caer los primeros, como los segundos, presa de discursos que cuestionasen las medidas tecnócratas relativas a la crisis de la covid-19, el cambio climático o la política otanista en la guerra de Ucrania. Según el eximio iberista, esta supuesta diferencia de criterio se debería a la naturaleza europea de los catalanes versus la naturaleza africano-oriental de los españoles, que los haría ingeniosos e impetuosos pero poco racionales..
El apocalipsis de las ideologías ante el posthumanismo
El proceso de beatificación de la tecnocracia ejemplificado en los casos anteriores lleva tiempo ganando adeptos en la esfera pública española por medio de las defensas que de ella hacen santos varones como Daniel Innerarity al fantasear con la idea de que vivimos en sociedades tan complejas que las decisiones no pueden ser ya tomadas de acuerdo con los protocolos de las democracias liberales. Esta disyuntiva, sin embargo, está intrínsicamente relacionada con el proyecto de dominación política en marcha del posthumanismo. Partiendo de una reconfiguración ideológica similar a la descrita en este artículo, los transhumanistas Fuller y Lipinska nos alertan de que, en la sociedad de la inteligencia artificial, la división ideológica ya no será entre izquierda/derecha sino entre proactivos (aquellos que aceptan los dictados biotecnológicos para mejorar como especie, pese a los riesgos que implican y la anulación de libertades que conllevan) y los precaucionarios (aquellos que prefieren seguir siendo humanos, anteponiendo la seguridad física y material a experimentos de dudoso resultado).
Fuller y Lipinska presentan el transhumanismo/posthumanismo como una evolución natural del capitalismo que acabaría arrastrando a la izquierda hacia sus redes. En este sentido, todo liberal que defienda la libertad individual y jurídica de los individuos, así como su derecho a la propiedad, debiera estar en pie de guerra ante la realidad capitalista que se está conformando a manos de la ortodoxia posthumana. Por ejemplo, los mismos Fuller y Lipinska afirman desde un prisma imperialista cristiano que el ser humano ha recuperado su divinidad al ser absuelto del pecado original por la redención de Cristo y que, por lo tanto, está obligado a tratar su propio material genético como un capital (partiendo de la idea de hedge fund hablan de hedge genetics) y sumirse en una lógica de riesgo extremo que, por medio de ensayo-error, permita a otros individuos de la especie alcanzar mayores niveles de inteligencia y longevidad y alcanzar así el estatus divino prometido. Para conseguir estos objetivos, los autores apuestan por lo que denominan un enfoque proactivo que cambiaría nuestro reglamento civilizatorio en al menos tres niveles fundamentales. En primer lugar, modificando los protocolos científicos (acelerándolos, sin necesidad de testeos rigurosos) y dejando de lado la máxima Primum non nocere (“Lo primero es no hacer daño”) atribuida al juramento hipocrático; en segundo lugar, modificando las bases del contrato social y de los estados de bienestar para que los individuos puedan asumir riesgos genéticos (formar parte de un experimento, etc.) y ser recompensados por ello; por último, acabando con la cultura socioliberal de los derechos individuales.
Estas ideas, por muy delirantes que parezcan, forman parte de un nuevo sentido común en ciernes, y no será extraño encontrarse cada vez con más férreos defensores de ellas. Las instituciones globales están ya recorriendo este camino, como muestra el hecho de que Jeremy Farrar, hasta hace poco presidente de Wellcome Trust, institución que patrocina proyectos transhumanos con una agenda prácticamente idéntica a la descrita arriba, haya sido nombrado científico jefe de la Organización Mundial de la Salud.
Es por eso que la batalla ideológica es inminente. No se trata ya de discutir lo que debiera ser la izquierda o la derecha mientras tarareamos canciones de Ismael Serrano, sino de asumir que el verdadero dilema está en la estructura del poder político, y que las opciones que se nos presentan, ofuscadas entre colores y culturas políticas, son solo dos: tecnocracia o democracia.

La socialista es una política fracasada
¿Por qué las izquierdas insisten tanto en defender un modelo fracasado como el socialismo? La única explicación creíble es que los marxistas quieren arruinar a la gente para llegar a lo que ellos consideran el «Estado perfecto», que sería como Cuba, donde el pueblo es esclavo y depende por completo de los políticos.
Las izquierdas llaman fascistas a las derechas, pero nadie es más fascista que ellos, capaces de alcanzar el poder sin respetar la voluntad popular y sembrando mentiras, engaños, alianzas sucias y hasta sangre y muerte, en ocasiones extremas.

La reciente Moción de Censura del profesor Tamames ha demostrado con claridad meridiana que las izquierdas que gobiernan España están causando serios daños a la nación y a sus habitantes y que son creadoras de injusticia, pobreza, retroceso y decadencia.
Sin embargo, a pesar de su evidente e indiscutible fracaso, sigue habiendo en España millones de ciudadanos que votan a la izquierda,
Sólo la ignorancia, la envidia y el odio hacen posible que haya tanta gente en la izquierda marxista.
El comunismo y el socialismo tienen dos caras: la «utopía» del cambio del mundo a mejor y el «crimen», que se plasma en aquellos países donde ellos clavan sus garras. Millones de personas en todo el mundo son atraídas por la utopía marxista, pero después son repelidos por el marxismo criminal que empobrece a las naciones, esclaviza y asesina, como ocurre en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Corea del Norte y otros países rojos.
De todos sus crímenes el peor es su interés por arruinar a los pueblos, conscientes de que sólo los pobres les votan a ellos y de que la dependencia del Estado hace a los pueblos esclavos.
La única posibilidad que tiene el marxismo de mantenerse en el poder es pastoreando a rebaños hambrientos, empobrecidos y dependientes de un Estado que ellos controlan.
¿Dónde ha triunfado el comunismo o su primo hermano el socialismo, que es lo mismo pero con un ritmo de avance más lento y cauteloso?
En ningún lugar del mundo. Su rastro siempre es de pobreza, sufrimiento y muerte.
Por suerte, el mundo empieza ya a conocerlos y a descubrir que detrás de la utopía que prometen está la pobreza y el crimen que siempre intentan ocultar.


La debilidad del déspota
Se acerca el momento de la verdad para Pedro Sánchez, el despota español, cuyo sueño es permanecer eternamente en el poder. En los próximos meses se enfrentará a dos elecciones en la que los españoles decididrán si quieren que se quede o que se marche. A esas elecciones acude con fortalezas y debilidades. Su gran fortaleza es que manda mucho, que controla casi todos los resortes del poder y que tiene sometidos a casi la totalidad de los poderes. instituciones y fuerzas de España. Su debilidad es ese mismo poder, que cuando es casi absoluto, como es su caso, corrompe y convierte en imbéciles a los déspotas.
El poder corrompe y fabrica déspotas cada día más débiles y obtusos. El poder aleja de la realidad y confunde. Cuando el poder es absoluto, el déspota se vuelve idiota y ya resulta fácil de destronar.
Ese proceso de deterioro ha funcionado desde hace milenios y ha acabado con cientos de emperadores e imperios que cayeron porque no supieron rodearse de verdad y decencia, sino de sumisión,mentiras y lealtades ciegas.
Cuando nadie de su entorno se atreve a decirle la verdad, el déspota ya está muerto.
El orgullo es el gran enemigo de todo déspota, lo mismo que la vanidad lo es de toda mujer hermosa.

Es lo que le está ocurriendo a Pedro Sánchez, un déspota de libro, que ya valora más al adulador que al amigo sincero, un tipo al que el poder ha deteriorado tanto que no es consciente de que media España le rechaza y le quiere ver lejos del poder y juzgado por sus abusos, arbitrariedades e injusticias.
Desde que murió Franco se habla en España del “Síndrome de la Moncloa”, un proceso inexorable de deterioro mental que afecta y no perdona a los presidentes de gobierno que habitan en ese palacio. Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar y Rajoy lo padecieron y el atontamiento les llevó a perder el poder. Pero con Zapatero y Sánchez, el síndrome ha empeorado y se ha convertido en una enfermedad tan grave que sus víctimas, además de atontarse, se envilecen y se hacen perversas.
Zapatero inauguró el mal terrible que envilece y pervierte a los presidentes, un drama que convirtió a Rajoy en un gilipollas andante y a Sánchez en un ser altamente peligroso y desenfrenado.
Desde Zapatero, ningún político catastrófico paga por sus pecados, lo que constituye una tragedia para el pueblo español, que está sometido a caprichos, abusos, injusticias, errores y suciedades impunes.
Rodeado de un cortejo de aduladores cínicos que no osan contradecirle, Sánchez es ya un pobre diablo con poderes que le desbordan y que no sabe gestionar.
Sánchez se ha vuelto tan obtuso, inflado y prepotente que toma todas las decisiones personalmente, despreciando las toneladas de neuronas de sus asesores contratados, convertidos en enchufados estériles.
¿Le ocultan ya a Sánchez aquello que no desea escuchar? Es más que probable ¿Se atreve alguien a decirle que es el presidente de gobierno más odiado desde Fernando VII y Godoy? No lo creo ¿Se cree Sánchez superior a todos sus asesores, compañeros y adversarios? Seguro que sí ¿Le advierten que los impuestos están asfixiando la economía? ¿Le han advertido que esconder desempleados en las estadísticas es delito? ¿Le advierten que el endeudamiento de España es un suicidio? ¿Le avisan de que el abuso del avión Falcon y de los helicopteros Puma para actos de su partido es un abuso de poder intolerable? ¿Se atreven a decirle que gobernar con socios totalitarios y preñados de odio, como Podemos, BILDU y ERC, le convierten en un peligroso monstruo Franquestein?
El déspota es tan todopoderoso como frágil e imbécil y cuando acapara demasiado poder siempre termina siendo un ridículo pavo real arrogante y un bobo con patas.

