Etiqueta: SOBERANIA

SOBERANÍA INDIVIDUAL EN LUGAR DE PATERNALISMO ESTATAL / INDIVIDUAL SOVEREIGNTY IN LIEU OF STATE PATERNALISM (SPANISH-ENGLISH)

Escrito por Luis I. Gómez

¿Existe, en esta Europa de las socialdemocracias, algún resto de propiedad privada? Hablo de propiedad en el verdadero sentido de la palabra: entendida como la verdadera generadora de individualidad, como autonomía personal, aquello que confiere al producto de lo que hacemos una impronta reconocible y asignable a una persona, no me refiero al sistema legal-estatal de concesión de licencias. No les hablo de derechos abstractos amablemente concedidos por el Estado, les hablo de los espacios privados en los que sólo su voluntad cuenta y a los que los demás sólo podríamos acceder bajo condiciones muy especiales dictadas por el “dueño”. Esta forma de entender “propiedad”, o soberanía individual si lo prefieren, cada vez es más ajena al europeo moderno, cada vez más escasa. Y, tal vez por ello, cada vez más valiosa.

El ciudadano de hoy ha sido declarado oficialmente menor de edad. Él y sus acciones ya no son el punto de partida de la dinámica social, sino que forma parte de una masa social GESTIONADA. Menor de edad y gestionado, el ciudadano debe plegarse a los dictados de quienes dirigen la maquinaria social,  maquinaria en la que es visto como un simple número y cuya única función es la de obedecer los objetivos políticos y sociales fijados.

El ciudadano debe comprar coches eléctricos y gastar su dinero en subvenciones para su implementación, debe fumar menos o no hacerlo en absoluto, moverse más en bicicleta o caminar, comer más sano, elegir a los partidos políticos correctos y defender una opinión política “socialmente aceptada”, fomentar las ONG verdes, vivir más ecológicamente, comprar café de comercio justo, beber menos alcohol, no olvidar revisar su estado censal, no poseer armas, jamás jugar a “juegos violentos” en su PC, dedicar la mitad de sus ingresos para el estado, evitar los alimentos transgénicos, educar a sus hijos tal y como el estado nos dice que se debe educar adecuadamente,  escribir de manera “igualitaria”, convertirse en donante de órganos, denunciar los “anuncios sexistas”, construir su casa en los principios de la “eficiencia energética” y, por último pero no menos importante, denunciar cualquier violación de las “leyes de la comunidad” a través de las Redes Sociales, Este es fundamentalmente el fruto del “orden libre y democrático” al principio del siglo 21.

Desde el punto de vista pedagógico-terapéutico – la socialdemocracia es terapia y pedagogía- los GESTORES no pueden abandonar a su destino a los miembros negligentes. Después de todo, ellos se autocomprenden como la encarnación de la razón y, por tanto, reconocen en lo “irracional” su peor enemigo. Perseverantes, se fijan como objetivo educar a estos “herejes sociales” para convertirlos en buenos conciudadanos, educándoles políticamente y en la mejora de su conciencia social, convirtiéndoles en demócratas sinceros, prudentes usuarios de las carreteras, estudiantes “críticos” o votantes fieles; entonces, y sólo entonces, tendrán derecho a una vida plena entregada al servicio de los demás. De la “gente”.

El espacio público y privado se disuelven y mezclan lentamente pero con contundencia, fruto de la labor pedagógico-terapéutica de decenios. Ya nadie se corta un pelo a la hora de mostrar su esfera privada: exibicionistas convulsivos, contamos qué comemos, cómo gastamos el dinero, con quien estamos de fiesta y si fulanito  ligó con menganita. Al mismo tiempo, vemos cómo los asuntos privados se transforman en materia estado. Los “gestores” ya discuten en sus sillones parlamentarios temas que hasta no hace mucho eran exclusivos del ámbito privado: si podemos fumar y cuánto y dónde, qué debemos/podemos beber y comer, que chistes deben hacernos gracia y qué podemos decir acerca de los problemas políticos y sociales, no sea que, alejados de la “corrección política”, debamos ser convenientemente reeducados. La supuesta autoridad y superioridad moral de la clase política es algo ampliamente aceptado como verdad por la gran mayoría, hecho este absolutamente irracional e incompresible, sólo apenas justificable desde la intensa indoctrinación a que estamos sometidos.

Los ciudadanos soberanos no deberían ser persuadidos sobre qué productos, personas o formas de diversión tienen que evitar. No, debemos atrevernos a pensar de nuevo y percibir lo que nos parece razonable, y proclamar nuestra opinión con confianza a los cuatro vientos. Porque la vida privada, el compromiso ofensivo y combativo con lo que nos es propio y nos hace singulares, rompe las exigencias políticas de los ingenieros sociales y les priva del monopolio de la supremacía moral. En estos tiempos que corren, preservar nuestra soberanía individual y el espacio de propiedad en que la desarrollamos es un acto subversivo, que debe ser dignificado. Lamentablemente, es bastante infrecuente.

inglaterra

ENGLISH VERSION

Is there, in this European social democracies, some other private property? I speak of property in the true sense of the word: understood as the true generator of individuality and personal autonomy, that which gives the product of what we do a recognizable and assignable mark a person, I mean the legal-state system licensing. I do not speak kindly of abstract rights granted by the State, I speak of private spaces where only his will own and that others could access only under very special conditions dictated by the «owner». This understanding of «property» or if you prefer individual sovereignty, is becoming increasingly foreign to modern European, increasingly scarce. And perhaps therefore increasingly valuable.

The citizen today has been officially declared a minor. He and his actions are no longer the starting point of social dynamics, but part of a social group MANAGED. Underage and managed, the citizen must bow to the dictates of those who run the social machinery, in which is seen as a simple number and whose only function is to obey the established political and social objectives.

The citizen must buy electric cars and spend their money on subsidies for implementation, should smoke less or not at all, move bike or walk, eat healthier, choose the correct political parties and defend a political opinion «socially accepted «promote green NGOs, live greener, buy fair trade coffee, drink less alcohol, do not forget to review your census state, not possessing weapons, never play» violent games «on your PC, spend half their income the state, to avoid GM foods, educate their children as the state tells us to be educated properly, write «egalitarian» way, become an organ donor, denouncing the «sexist advertising», build your house in principles of «energy efficiency» and, last but not least, report any violation of the «laws of the community» through social networks, this is primarily the result of «free and democratic order» at the beginning of the century twenty-one.

From the pedagogical point of view and therapeutic – social democracy is therapy and pedagogy, managers can not leave their fate to the heedless members. After all, they autocomprenden as the embodiment of reason and therefore recognized as «irrational» your worst enemy. Persevering, they set the objective to educate these «social heretics» to become good citizens, educating them politically and improving their social conscience, making them sincere democrats, prudent road users, students ‘critical’ or faithful voters; then, and only then, they will be entitled to a full life dedicated to the service of others. From the people».

The public and private space dissolve and mix slowly but forcefully, the result of decades-therapeutic pedagogical work. And no one hair is cut when showing your privacy: You exhibitionist convulsive, what we eat, how we spend money, with whom we are celebrating and if fulanito ligated with Menganita. At the same time, we see how private matters become subject state. The «managers» and discussed their parliamentary seats topics that until recently were exclusive private sphere: if we can smoke and how much and where, what should / can drink and eat that jokes should make us grace and what can we say about political and social problems, lest, away from the «political correctness», we should be suitably retrained. The alleged authority and moral superiority of the political class is something widely accepted as true by the vast majority, made this absolutely irrational and incomprehensible, just barely justifiable from the intense indoctrination to which we are subjected.

Sovereign citizens should not be persuaded about which products, persons or forms of entertainment have to avoid. We must not, dare to think again and perceive what we think is reasonable, and our opinion confidently proclaim to the four winds. For privacy, offensive and combative with what we own and makes us unique commitment, break the political demands of social engineers and deprives them of the monopoly of moral supremacy. In these times, preserve our individual sovereignty and space property that we developed is a subversive act, which must be dignified. Unfortunately, it is quite uncommon.

RELEYENDO LA CONSTITUCIÓN DE ESPAÑA.

constitución españolaDecidí estos días leer la Constitución como ejercicio democrático. 
Lo he hecho previamente, desde que llegué a esta, mi segunda tierra, mi país adoptivo. Le leo por tercera vez, y en esta ocasión he revisado artículos concretos. 
Como cada libro que “cae” en mis manos, acostumbro a leer el prólogo y las diferentes notas previas al texto, con lo cual también me he detenido en el Preámbulo, y este en particular vale la pena releerle, dice textualmente “La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía”. 
Paralelamente, recuerdo la definición de la RAE sobre Constitución, “Ley fundamental de un Estado que define el régimen básico de los derechos y libertades de los ciudadanos y los poderes e instituciones de la organización política”.
 
Me queda claro que el Preámbulo busca explicar las razones de una Constitución hecha en un momento en el que España salía de un largo período dictatorial, para encausarse, o al menos eso es lo que se planteó en su momento, en una democracia. Se mencionan varios términos en los que vale la pena detenerse: Justicia, Libertad, Seguridad, Bien de cuantos integran la nación, Soberanía. No puedo evitar revisarles a su vez recordando los hechos ocurridos en estos últimos años.

Hablamos de Justicia, cuando se suceden hechos de corrupción que afectan a partidos e instituciones, donde lo que vale es cuanto poder que se llega a tener o el dinero de las cuentas bancarias; cuando nos sentimos desamparados ante un Estado que protege a asesinos, terroristas, violadores… un Estado que no nos trata a todos por igual, cuando se tiene un título nobiliario que nos hace “diferentes”. Esta Justicia, que si uno de sus miembros actúa bien, debe hacerlo solo y sabiendo que cada paso va a ser medido, revisado y a su vez juzgado por un sector de la sociedad y del mismo Estado.

Seguidamente está a la palabra Libertad, y si, pareciera que disfrutáramos de ella. Podemos hablar, dialogar, dar nuestras opiniones y sabemos que no se nos prohíbe; más si nos comparamos con regímenes donde cualquiera de estos actos, o incluso pensar puede costarte la muerte o en mejores casos la cárcel. Pero qué casualidad, en estos últimos días, la Generalitat de Cataluña ha creado un organismo con fondos del Estado, es decir, de los contribuyentes, nuestros, que quiere o pretende controlar lo que se dice, todo aquello que esté en contra del denominado “derecho a decidir” o inmersión lingüística, o la aberración idiomática “discriminación en positivo”, todo lo que vaya en contra de la secesión/independencia/nacionalismo, e incluso penalizarnos por ello. Lo peor, es que todo ocurre en medio de una profunda crisis, cuando hay una parte importante de la sociedad en paro, sin trabajo, y bajo la tibia mirada del Gobierno Nacional, o más bien su inacción.

Seguridad, siguiente palabra. Cómo olvidar que la Doctrina Parot, con todos sus bemoles acaba de ser abolida. No por el Tribunal de Estrasburgo, si consideramos lo que refieren diferentes abogados, no es vinculante, pero sí lo es la Audiencia Nacional. Quien con un retraso en cientos de casos ha resuelto dejar en libertad a asesinos, terroristas, violadores sin considerar la “seguridad” y los Derechos Humanos del resto de la sociedad, si, de las más de 45 millones de personas que vivimos en esta nación. Seguridad, con una policía catalana que a la vista de los acontecimientos recientes está en la mente de cada uno de nosotros, ¿cumple sus funciones en la “Seguridad ciudadana”, o no?… da mucho que pensar y analizar.
Luego retumba en mi mente, porque no puede más que hacerlo, la palabra “Bien” de los ciudadanos que integran España. Últimamente este “deber” de buscar el “bien” de los ciudadanos queda grande a muchos que son servidores públicos, que distan de serlo, pero si de buscar sus propios bienes y beneficios. La palabra Bien le queda grande a un Estado que en lugar de plantearse qué necesita su población antes de instaurar unas medidas que le ahogan, cumple con los preceptos dictados por organismos internacionales. Creo que hemos de recordar los Derechos Humanos, estos que fueron firmados en 1948, que están en relación directa con la palabra Bien. ¿Se están cumpliendo?, si no es así, ¿A qué esperamos para reclamarles?

Por último, y no menos importante se menciona Soberanía, si recordamos la definición de la RAE, “…reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos”. En estos últimos meses, de manera constante este principio ha sido pisoteado, y quizás lo más grave, es que las instituciones quienes tienen la responsabilidad de protegerle, resguardarle, parecieran paralizadas en bloques de hielo, como aquellas estatuas de sal que menciona la Biblia, solo que esta vez ni siquiera sabemos hacia donde dirigen su mirada. La Soberanía sobre un territorio que por una minoría quiere ser fragmentado. La Soberanía no se discute, es, existe, se ejerce. Eso, debemos recordarlo.
Estoy segura que queda mucho por discutir, hay mucho más en el tintero sobre una constitución que nos podría lucir lejana en el tiempo y de cara a las necesidades actuales. Para ello, hay países que han introducido cambios en sus constituciones a través de enmiendas, otros directamente han hecho constituyentes para crear una nueva. Valdría la pena sopesar los pro y los contras de cada acción. En todo caso, con esta, que hoy alcanza 35 años de haber sido promulgada, estamos incumpliéndole, y desde su preámbulo.

Ante todo esto, ¿Permaneceremos impasibles, nos mantendremos inmutables? ¿Dejaremos que otros decidan por nuestros derechos?, creo que es hora de la ciudadanía activa, y esto desde hace tiempo, desde hace años.