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Lluvia.

167222_145109515548374_100001479808686_259841_329299_n El cielo ennegrece, las nubes gruesas de agua cubren cualquier azul que quiera asomar. Solo miro desde mi escondite como todo se torna oscuridad, me gusta y sonrío por tal motivo. Espero un poco a que todo termine por volverse gris… Entonces salto. Doscientos cincuenta metros me separan del piso y nadie se ha dado cuenta que he caído de pie como un gato, pero con más elegancia.

Mis pasos se pierden entre tanta gente, ¿Quién puede notar la diferencia entre un cuerpo caliente y uno frío? Parece que ellos no.

Las gotas comienzan a caer, pequeñas y castigantes para aquellos que no les gusta. Me detengo un segundo, mis ojos oscurecidos por las sombras voltean hacia arriba, se escucha un trueno y los pasos se apresuran por todos lados.

Y entre tanta muchedumbre le miro, coqueta como siempre; ofreciendo sus encantos ha aquellos que los quieran aceptar. Me acerco con cautela mirándole de en hito en hito… Deslizando mi vista entre sus curvas con grato placer. O más bien morboso placer, se que no hace demasiado ella era un él, y me divierte ver como muchos no notan la diferencia.

No es la primera vez que le observo pero no pensé encontrarla bajo la lluvia, las gotas hacen que su atuendo se pegue aun más de lo que es, su maquillaje aprueba de agua se mantiene sobre su rostro, mientras sus cabellos de rojo vivo se oscurecen por el agua que atrapan.

Me encanta verle… Y deleitarme con sus pensamientos, tan sádicos como yo.

Ella vende su cuerpo pero a la vez regala la muerte, lo sabe y lo disfruta, en eso se parece a mí solo que la que ella esparce es lenta y dolorosa… La que yo ofrezco es rápida pero no menos indolora.

Me mira, sus ojos azules tan muertos como su alma me devoran, y pide dentro de su pensamiento que sea su cliente solo por una noche. No necesita más ni yo tampoco. Pero no pienso darle ese placer de morir tan rápido, me gusta ver su sufrimiento. Así que niego lentamente y “no” le digo con la mirada, ella sonríe pensando en que ya habrá alguna otra oportunidad de fingir orgasmos a mi lado. Yo le correspondo la sonrisa, no queriendo desilusionarle.

Veo al incauto de la noche, se le acerca un poco tembloroso no por el frio que hace ni por lo mojado que está sino porque esa noche dejará de ser la burla de sus amigos. Lo está evaluando, sin leer la mente del chico se da cuenta que será su primera vez, sin pudor alguno le da un beso depredador. Después susurra palabras para él…

Le dice que no.

Le ha rechazado. Vaya ¿Así que todavía tiene corazón? Una diferencia más entre ella y yo.

El mío hace mucho que ha dejado de latir. Y no me interesa arrebatar la vida de un mozalbete como ese.

Él se desilusiona, tanto tiempo que tardo en reunir el dinero para poderla sentir y ella no acepta. No sabe que suerte tiene.
Se retira cabizbajo… Llevando en su pensamiento la idea de ir algún burdel moderno para no desperdiciar lo ganado aunque no sea con la que él quería.

Ella permanece en su esquina, recargada sobre la pared de una edificación antigua, sigue aguardando a que la presa480973_170091616476731_1602141489_n perfecta llegue. Yo me deslizo entre la muchedumbre hasta un rincón donde le pueda ver y no ser visto por sus bellos ojos.
Las gotas todavía son llovizna, nada que ella no pueda soportar; sabe que bajo el agua se ve más sexy y lo utiliza a su favor. Ahora sí, un galán se acerca… Es de esos que se creen que deben de besar el suelo por donde pasan o eso me dice su expresión… El incauto perfecto, lo sé al ver su sonrisa de depredador “Amor, aquí tu eres la presa” – piensa ella. Estoy de acuerdo. Se cuelga sutilmente de su brazo y se van hacia el auto estacionado a unos cien metros.

Ahí va mi encanto, contoneando sus caderas, causando envidias y celos por donde pasa. Sonrisa triunfadora en sus labios, esta es una de esas noches que realmente piensa disfrutar… Yo también.

Mis pasos, después de horas, me llevan a “La cueva de Narciso” un lugar de moda en la ciudad donde jóvenes entrados en los veintes van a disfrutar… Mis presas favoritas. Me encanta su supuesta madurez y su estúpida forma de pensar, creen que tienen el mundo en sus manos y como cual pastel están ansiosos por devorarlo sin dejar migajas.

Esta noche estoy contento, una extraña alegría me invade así que me dejo guiar por la música y entre sus notas me enredo. Mis piernas y brazos se mueven al ritmo que escucho. Solo dejo que la magia fluya… Mis manos recorren mi cuerpo de una forma seductora, una invitación para nada sutil que ya ha sido captada. Unas manos juguetonas se unen a las mías; medianas, suaves, tersas que se quieren esconder entre los pliegues de mi camisa. Tocan mi piel y se estremecen por lo fría de ésta pero aun así no se retiran siguen explorando debajo de la tela. Un casto beso es depositado en mi espalda… pidiendo algo más que esto.

Me volteo sin escaparme del abrazo, bajo un poco la mirada para toparme con almendrados ojos. Grandes, llamativos, cautivadores, soñadores, ebrios ojos castaños. El olor a alcohol huye de sus poros, su mirar se ve algo turbia, seguramente lo combino con algo más; algo frecuente y nada extraño en lugares como este donde la “sana diversión” no existe.
Se pega más a mí y mueve sus caderas de tal forma que busca animarme con ello… Le sonrío. Me agacho y le beso… al ambiente se torna ardiente, sus hormonas exigen más.

Seguimos moviéndonos con la música, extiendo el juego lo más que se pueda… hasta que, ella harta de mis sutiles retrocesos me toma de la mano y me jala hasta el cuarto oscuro. Dejo que lo haga, es más divertido cuando piensan que tienen el control de la situación.

El aroma a sexo golpea mi olfato, miro a las distintas parejas copulando en cualquier lugar confiados en que la oscuridad los cubre. Sonrío para mis adentros mientras ella tropieza con algunos cuerpos que se revuelcan en el piso.

Al fin llegamos a un lugar que parece ser de su agrado, al lado nuestro ya hay una pareja entregada al placer.

Sus brazos se enredan en mi cuello jugueteando con mis cabellos obligando a agacharme en un demandante beso… las caricias proliferan.

La pareja a nuestro lado se ha ido. No pasa mucho en que otra toma ese lugar… nosotros ya estamos terminando con lo nuestro, ella parece satisfecha pero falto yo. Mi lengua se desliza por su cuello, ella suelta un sutil suspiro. Mis colmillos se encajan en su piel causando que se estremezca entre mis brazos forcejeando para que la suelte… sus quejidos se confunden con placenteros, su voz atorada en la garganta sin poder pedir ayuda. De apoco sus fuerzas la dejan mientras continuo alimentándome. Al final, su cuerpo está completamente laxo entre mis manos. Lo suelto y este se desliza, sin gracia alguna, hasta el piso.
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Le miro sin emoción alguna. Mi apetito no ha sido saciado en su totalidad… la pareja de al lado no se ha dado cuenta de nada. Me uno a ellos besando a la chica, la cual no protesta sino al contrario corresponde el beso con ansias…

El chico sigue con un vaivén en las caderas mientras yo me apropio de su cuello, ella recibe gustosa… no por mucho tiempo, cuando termino dejo que él continúe disfrutando de un cuerpo sin vida.



Cuando salgo del antro la lluvia ya está en su apogeo… Ésta cae sobre mí eliminando el nauseabundo aroma del que se había impregnado mi ropa… Las gotas me limpian el rostro del sudor ajeno y de mis labios se llevan los rastros de sangre que había.

Nunca he sido muy pulcro a la hora de comer por tal motivo gozo de la lluvia… Porque ella suavemente retira de mi toda señal que pueda revelar el peligroso ser que realmente soy, ese que esconde detrás de mis ojos verdes.

Me alejo del lugar, mis pasos se ahogan entre el imparable caer del agua… mientras, satisfecho, me abrigo entre las frescas capas de la lluvia; mi contento se ha extinguido igual que la magia que me envolvía esta noche, es hora de volver a casa.

AUTOR: eternity_bat

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LA ÚLTIMA COMUNIÓN.

 

Tenía 8 años, un niño de lo más normal, en el mas llano sentido de esa palabra.

 

El día de mi Primera Comunión estaba rebosante de alegría y tremendamente inquieto, la idea de recibir el cuerpo de Jesucristo en mi interior me llenaba de gozo. También estaba ansioso por probarme ese traje tan bonito, de marinero, blanco con un lazo azul marino que me hacia sentir un ser superior.

 

La ceremonia alcanzó cotas de emoción difícilmente superables; la liturgia, la devoción general, ese ambiente de fiesta con Jesús y los cánticos arrancó mas de una lágrima, a parte de las mías. Recibí la Eucaristía con recogimiento e hice partícipe a Nuestro Señor de mis mejores intenciones.
Tras el ágape los niños jugamos en un patio trasero con jolgorio. Allí estaba Lazarito, mi mejor amigo, solitario en en un rincón. Con su camiseta amarilla con rayas verdes, callado y tímido como ha sido su carácter y forma de ser desde siempre.

Mi madre vino hacia mi y llevándome de la mano hasta mi amigo me preguntó.
-¿Porqué no os vais hasta el parque los dos a dar un paseo, para que te vea todo el mundo lo guapo que estas con ese traje tan bonito?
La idea me hizo saltar chispas de los ojos. Fuimos hasta el parque riendo y a ratos corriendo para ver quien era mas veloz, me sentía un ser divino y elevado, un héroe poderoso y bendecido. Antes de llegar al parque, había que atravesar un paso a nivel de ferrocarril, no señalizado y con la casualidad de que se acercaba un mercancías hacia nosotros. Paramos al lado de la vía para verlo pasar de cerca. Tenía a mi amigo a mi derecha muy pegado a mi, palpitando de emoción y creo que con un poco de miedo. Momentos antes de traspasarnos la locomotora donde estábamos, sin pensarlo ni saber porque, lo empujé a las vías. Vi su cuerpo desaparecer delante de la máquina pasando a toda velocidad. Cuando se alejó el tren miré desde mi posición sin moverme y no lo pude ver. Corrí hasta mi casa llorando preso del pánico y del arrepentimiento. Cuando llegué allí estaba él, en el sitio que había ocupado antes como si nada hubiera pasado, sin un rasguño, con su semblante habitual. Se que me quedé bloqueado y que me hubo mucha agitación, también que me cayó una reprimenda tremenda de mis padres, y automáticamente el fin de la fiesta. Solo recuerdo de ese momento a Lazarito, marchándose de la fiesta cabizbajo, triste y sin mirarme ni hablarme. Tampoco me hablaría mas el resto de su vida.

Han pasado 35 años de esto y algunas veces lo he visto de vez en cuando. Me he cruzado con él algunas veces y jamás me mira ni me habla, camina solo o esta sentado en algún banco con aire deprimido. También veo como va envejeciendo con el paso del tiempo. Un día sin saber porque o quizás ya demasiado atormentado por peso de tantos años decidí ir a visitarlo y hablar con él. Resultó muy difícil localizarlo, no tenia su dirección, ni sabía donde trabajaba, ni tampoco conservaba contactos comunes que me pudieran informar. Solo recordaba la casa donde vivía y hasta allí me dirigí sin saber como afrontar la situación.


Me abrió la puerta una señora de mediana edad que en seguida supuse que no era su madre, le expliqué que buscaba una familia que había vivido en esa casa hacia 35 años.
-Perdone señor , no le puedo decir, vivo en esta casa desde hace 30 años, mi marido murió hace 6 meses y dentro de poco me mudare a casa de mi hija- Me respondió con extrema amabilidad y un deje de pena.
-Ni tampoco tengo la dirección de los anteriores propietarios. Lo siento señor- su voz se hizo aun mas triste- Solo se que cayó la desgracia cayó sobre ellos cuando su único hijo murió un día atropellado por un tren. La madre murió al poco tiempo y el padre se suicidó
Me quede callado sin comprender ni reaccionar.
-Hay una caja en el sótano que era de ellos, la iba a tirar, quizá usted la quiera si tenía amistad con esa familia.- la acepté en seguida y me ofrecí a buscarla yo mismo.
La incertidumbre me llevó a abrir la vieja caja allí mismo a la luz del sótano- si no le interesa nada no se preocupe, yo mismo la tirar, le dejo solo no tenga prisa- oí la voz de la señora subiendo las escaleras.
Dentro de la caja había muchos libros, papeles sueltos, juguetes, fotos y un bolsa llena de ropa. Vi los juguetes, un recorte de su esquela de defunción.. No entendía nada, me sentía muy nervioso y con miedo. Abrí la bolsa de ropa febrilmente y saque un montón de trapos, entre ellos estaba lo que había sido un traje de Primera Comunión destrozado, sucio y con manchas oscuras de sangre seca.
Miré las fotos y en algunas salía Lazarito con su carita de niño. Vi también una foto del día de su Primera Comunión y rodeado de sus amigos. Busqué con ansiedad entre los las caras de los niños y entre ellos me reconocí, yo estaba un rincón con mi camiseta amarilla con rayas verdes. Algo de mi interior se derrumbó y lloré sin consuelo totalmente roto.
Por fin he recordado lo que hice, ahora se quien soy y lo que pasó. Es hora de empezar a aceptarlo. Descansa en paz amigo mío y te pido perdón con toda mi alma por lo que te hice, no supe impedir que la envidia me envenenara el corazón.
A partir de este día jamás lo volví a ver.

AUTOR: Jul-Rauz