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MUSICA: When You’re In Love With A Beautiful Woman by DOCTOR HOOK AND THE MEDICINE SHOW

¿Un Don Quijote negro? El PSOE promueve la diversidad racial en series y obras de teatro

Los socialistas quieren incentivar los «castings abiertos» y aprobar medidas para incorporar a los rodajes «personas con otros orígenes culturales o étnico-raciales»

El PSOE quiere promover la diversidad racial en el cine y series españolas / Europa Press.

POR: BORJA NEGRETE

Un Don Quijote negro que recorre la Mancha junto a su inseparable escudero Sancho Wanda, un asiático que regenta una tienda de ultramarinos. Podría ser una de las futuras versiones del clásico de Cervantes si España empieza a seguir la línea trazada por grandes majors y plataformas como Disney, Netflix o Amazon, como desea el PSOE. El grupo parlamentario socialista ha registrado una Proposición No de Ley (PNL) en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados para que se tomen medidas que favorezcan la incorporación de «personas con otros orígenes culturales y/o étnico-raciales» en los rodajes de películas y series en el teatro.

El PSOE no está conforme con cómo las minorías étnicas de nuestro país están representadas actualmente en el cine español o en las series. Considera no solo que están infrarrepresentadas, sino que además cuando aparecen en la gran pantalla lo hacen de manera estereotipada: «Los personajes extranjeros no tienen papeles principales y sus roles están asociados con actividades de tipo delictivo, policial o militar. Es decir, que la representación de las personas de origen diverso en el sector del audiovisual está estereotipada«.

El principal partido en el Gobierno se ha propuesto «establecer medidas que fomenten en el ámbito escénico, cinematográfico y audiovisual la incorporación de personas con otros orígenes culturales y/o étnico-raciales. Medidas como, por ejemplo, la promoción de ‘castings abiertos’ o el fomento de formación sobre diversidad cultural y étnico-racial«.

En un casting, lo habitual es que el director establezca unos requisitos físicos para que los participantes se asemejen al personaje que tienen que representar. Estos requisitos pueden ir desde la estatura, al color de piel de ojos. El PSOE quiere incentivar los «castings abiertos«, es decir, aquellos en los que no se establecen unas prerrogativas físicas determinadas para dar cabida a minorías étnicas.

El PSOE no solo quiere que se mejore la visibilidad de las minorías étnicas en los productos culturales, sino también que sus propias culturas queden representadas en obras de teatro, películas series que beban de sus autores y referentes. En la PNL piden «llevar a cabo políticas de promoción desde la perspectiva de la diversidad cultural y étnico-racial en la programación, en materia laboral, en la política de ayudas, en la política de adquisición de obras y en todos aquellos espacios e iniciativas que el Ministerio de Cultura y Deporte considere».

Falta de datos

Los socialistas consideran que las minorías étnicas y raciales no están representadas en nuestro corpus cultural actual pese a no existir datos al respecto, como reconocen en la PNL. Sus fuentes son asociaciones que denuncian esta situación.

«La falta de estudios en torno a la realidad de las personas de orígenes étnico-raciales y culturales diversos hace difícil una aproximación objetiva al problema de su discriminación. No obstante, existen numerosos colectivos de origen diverso que denuncian discriminación a la hora de acceder al sistema cultural, y que, por tanto, ven mermado su sentido de pertenencia».

Una ola que viene de EEUU

La propuesta socialista es el primer paso en nuestro país hacia una ola cultural procedente de las grandes productoras estadounidenses. El PSOE es, no obstante, bastante genérico en cuanto a sus propuestas y ninguna llega tan lejos como la que los premios Oscar se impusieron hace algunos años. Por ejemplo, para poder optar a los grandes premios de la Academia, al menos uno de los actores principales o intérpretes secundarios relevantes debe pertenecer a uno de los siguientes grupos raciales o étnicos:

  • Asiático
  • Hawaiano nativo u otro tipo de isleño originario de Oceanía
  • Indígena/Nativo americano/Nativo de Alaska
  • Latino/Hispano
  • Negro/Afroamericano
  • Originario de Oriente Próximo/Norte de África
  • Otra etnia poco representada

Otra de las normas estipula que al menos el 30% de los actores secundarios o con papeles menores deben ser mujeres, o de una etnia minoritaria, LGTBI+ o deben padecer alguna discapacidad física, cognitiva o auditiva. En definitiva, toda una serie de requisitos que hace que poder participar en los premios cinematográficos sea como pedir una licencia de obra al Ayuntamiento. Estas condiciones dejarían fuera de las candidatas a obras maestras como El Apartamento o El hombre tranquilo.

Los premios Oscar son una campaña publicitaria magnífica para las películas, por lo que todas las productoras -más allá del beneficio que generan con el espectador woke- se han procurado adaptar a estos requisitos, lo que está llenando el cine de sirenitas negras o mujeres empoderadas y hombres blancos heteros malísimos -muchas veces, con una calidad cinematográfica cuestionable, aunque para gustos, los colores-. Los premios Goya, de momento, se libran de estas premisas.

Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género.

Fue promovido por marxistas para aplicar la lucha de clases a la sexualidad.

«Nos insultaban diciéndonos que éramos unas zorras, unas hijas de puta, que nos teníamos que pudrir…» Esto, aunque lo parezca, no es el relato de una escena de maltrato doméstico.

Una violenta pervesión del feminismo original

Esos insultos atrozmente machistas los sufrieron ayer mujeres de Vox en una marcha feminista en Madrid. Las insultadas, además, fueron agredidas y precisaron protección policial, y todo por el mero hecho de atreverse a cuestionar los dogmas ideológicos del feminismo de género. Entre otros lemas violentos, se corearon barbaridades como «vamos a quemar la Conferencia Episcopal««machotes a machete» y «varón, pardillo, tu boca en el bordillo», en referencia al método con el que un nazi le destrozaba la cabeza a un joven negro en la película «American History X». Pero ¿en qué consiste esta ideología de género o feminismo de género? Su denominación la acuñó una feminista, Christina Hoff Sommers, abiertamente opuesta a él. En su libro «Who Stole Feminism?» (¿Quién robó el feminismo?), publicado en 1994, escribió lo siguiente:

«El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del ‘género’ es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del ‘género’ a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.»

Una manipulación del feminismo promovida desde la ultraizquierda

Ese feminismo de género, profundamente materialista y promovido inicialmente desde la extrema izquierda, quiso aplicar la tesis marxista de la lucha de clases a las relaciones sexuales, tal como explicaba una de las creadoras del feminismo radical, Shulamith Firestone (1944-2012). En su libro «La dialéctica del sexo» (1970) bebía directamente del pensamiento de Karl Marx:

«Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; que se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.»

El objetivo: acabar con la maternidad; el medio: el aborto

Pero ¿cómo acabar con esas diferencias sexuales, si sólo las mujeres pueden ser madres? Firestone lo tenía claro: «el núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza.». ¿Y cuál era la solución que proponía frente a esa opresión«La liberación de las mujeres de la tiranía de su biología reproductiva por todos los medios disponibles», y esto último incluye el aborto, por supuesto. Este feminismo de género decía defender a la mujer desligándola de una facultad exclusivamente femenina -la maternidad- y enfrentándola a sus hijos, convertidos en simples obstáculos para alcanzar esa «liberación», de forma que si hace falta, se les liquida con la aprobación de la ley y la financiación del Estado. Así se crearon las perversas y totalitarias bases ideológicas de la legalización del aborto en países democráticos.

Un proyecto de ingeniería social que se empezó a aplicar en la URSS

Esa visión nefasta y materialista de la maternidad y de las relaciones con los hijos fue promovida inicialmente por el marxismo, al que le interesaba destruir las relaciones familiares en su concepción totalitaria de la sociedad. No es casualidad que las dictaduras comunistas fuesen las más activas promotoras del aborto: el primer país que lo legalizó fue la URSS en 1920. En Cuba se legalizó en 1965, seis años después de la instauración de la dictadura castrista. A día de hoy, entre los países que más desprotegen a los niños por nacer en el mundo están dictaduras comunistas como China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. La promoción del aborto en esos países y también en muchos países democráticos ha generado la más absoluta irresponsabilidad de hombres y mujeres sobre los frutos de su sexualidad, pero con ciertas diferencias. Y es que las leyes creadas para permitir matar a los hijos por nacer han sido especialmente beneficiosas para los hombres que querían desentenderse de su descendencia, al convertir ésta en la consecuencia de una mera elección de la mujer y, por tanto, exclusiva responsabilidad suya. Una feminista actual, Cecilia Voss Koch, ha denunciado las consecuencias del aborto para las mujeres:

«A base de animar a la sociedad a considerar al hijo de una mujer como una especie de propiedad desechable, el aborto refuerza la imagen de la propia mujer como una propiedad disponible y como un objeto sexual reutilizable -un recurso sexual renovable. No es ninguna coincidencia que el mayor contribuyente financiero a la causa de los «derechos de aborto» sea la Fundación Playboy. Cuando el aborto está disponible para todas las mujeres, toda la responsabilidad masculina para el control de la fecundidad ha sido eliminada. Un hombre sólo necesita ofrecer a la mujer un dinero para un aborto y eso es todo: ninguna responsabilidad, ninguna relación, ningún compromiso. Y en eso estamos… ¡recicladas y utilizadas de nuevo!»

Contra las niñas por nacer y las madres en nombre del feminismo

Esa legislación perversa ha dado lugar a la matanza de más de dos millones de niños por nacer en España. Teniendo en cuenta que algo más del 48% de los recién nacidos en España son niñas, podríamos concluir que de esos dos millones, más de 960.000 eran niñas por nacer, asesinadas con el beneplácito e incluso con el aplauso del feminismo de género. Pero esta matanza de niñas no es el único efecto directo de las leyes abortistas en las propias mujeres. Hace dos años la Fundación Madrina denunciaba que nueve de cada diez mujeres españolas sufren ‘mobbing maternal’ en sus empresas, de modo que ser madre se ha convertido en un factor de exclusión social y laboral para la mujer. Y es que la desprotección de los niños por nacer va ligada a la desprotección de la maternidad. En 2009, durante un debate en el Parlamento de Galicia, una diputada socialista favorable al aborto tachó de «ultraderechista» la propuesta de ofrecer apoyo a las madres embarazadas sin recursos. En febrero de 2011, cuando el gobierno gallego aprobó definitivamente un plan de ayuda a la mujer embarazada, el PSOE descalificó la medida diciendo que pretendía «exportar a Galicia el modelo familiar de la ultraderecha». En un tono parecido, pero en este caso en el Parlamento de Asturias, la izquierda descalificaba una iniciativa similar entre insultos a las madres, llegando el PSOE a tachar de «casi ilegal» una iniciativa para apoyar a madres embarazadas sin recursos, considerando que ofrecerles alternativas al aborto va «contra el derecho de la mujer a decidir». Un derecho que, por lo visto, sólo deja una opción a las madres: abortar.

El siguiente objetivo a destruir: la familia

Pero al feminismo de género no le bastaba con cargarse la maternidad para alcanzar sus objetivos. Esa ideología totalitaria chocaba con la existencia de una institución social ligada a la maternidad: la familia. En la citada obra, Shulamith Firestone apelaba nuevamente a Karl Marx para justificar este proyecto feminista de ingeniería social:

«Marx intuyó la existencia de algo cuya profundidad escapaba a sus conocimientos, cuando observó que la familia contenía en sí misma -en embrión- todos los antagonismos que luego se desarrollarían a mayor escala dentro de la sociedad y el estado. A menos que la revolución arranque de cuajo la organización social básica -la familia biológica, el vínculo a través del cual la psicología del poder puede siempre subsistir clandestinamente-, el germen parasitario de la explotación jamás será aniquilado. Necesitamos una revolución sexual mucho más amplia que la socialista y, por supuesto, que la incluya- para erradicar verdaderamente todos los sistemas clasistas».

¿Y cómo proponía destruir la familia? Pues recurriendo directamente a la ciencia-ficción para diseñar una sociedad sin familias:

«La reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos sería sustituida por la reproducción artificial… La división del trabajo desaparecería mediante la eliminación total del mismo (cybernation). Se destruiría así la tiranía de la familia biológica.«

Nos encontramos ya con un diseño social puramente orwelliano, que se parece peligrosamente al de la novela «1984» y que, como el comunismo, pretende subvertir las instituciones naturales de la sociedad a golpe de ingeniería social, recurriendo a todo tipo de atropellos para lograr sus objetivos, incluso agredir a las mujeres que no están de acuerdo con ese proyecto totalitario.

Una ingeniería social que genera opresión, violencia e injusticia

Resulta alarmante comprobar hasta qué punto estas aberrantes tesis están siendo asumidas por sociedades como la nuestra, desatando la violencia contra el discrepante, la violencia contra los niños por nacer y la violencia en el seno de la familia. En este sentido, tampoco es casualidad que las leyes basadas en la ideología de género invisibilicen la violencia doméstica que sufren hombres y niños varones, y que la mera palabra de una mujer baste para detener a su pareja masculina, dando pie a la presentación de denuncias falsas y a la utilización de esta ley perversa como un método de chantaje. Recordemos que en los siete primeros años de su aplicación, los Juzgados de Violencia sobre la Mujer recibieron 1.034.613 denunciasresultando exculpados 826.616 denunciados, el 79,89%. se trata de la única ley, además, en la que el sexo es un factor a tener en cuenta en el caso de valorar si una denuncia merece ser considerada o si el culpable es reo de un delito (en el caso del varón) o de una falta (si es mujer), en una directa violación de la igualdad ante la ley y del derecho a la presunción de inocencia que proclama la Constitución. Y a estas agresiones contra derechos fundamentales, igual que pasa con la más brutal de todas -el aborto, que implica violar el derecho a vivir-, ya ni siquiera se opone la actual derecha parlamentaria, ya sea por complejo, por tibieza o por miedo a ser blanco de las iras de personas violentas como las que ayer agredieron a unas mujeres por discrepar. Con esta ingeniería social promovida por el feminismo de género no estamos consiguiendo una sociedad más libre e igualitaria, sino más opresiva, violenta e injusta. Y ya va siendo hora de decirlo alto y claro.

ELENTIR

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El espeluznante fin último de la ideología de género explicado por uno de sus creadores.

Shulamith Firestone quería una sociedad comunista que normalizara la pedofilia

La ideología de género, surgida de la extrema izquierda y ahora muy extendida en la sociedad, es una fuente incesante de disparates. Pero, ¿cuál es su objetivo final?

La diferencia entre feminismo de equidad y feminismo de género

En 2008 ya señalé aquí la diferencia entre feminismo de igualdad y feminismo de género . El primero buscaba, desde una perspectiva liberal, la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, un propósito muy loable que ya se ha logrado en los países occidentales. Sin embargo, el feminismo de género no tiene una perspectiva liberal, sino marxista. La primera en describir la verdadera naturaleza del feminismo de género fue la feminista Christina Hoff Sommers en su libro “¿Quién robó el feminismo?” (1994), en el que acuñó el término “ideología de género” para referirse a ese feminismo marxista. En 2016, en una entrevista publicada por el diario español El Mundo , lo definió así:

“Es una escuela de feminismo de línea dura que ve a las mujeres, incluso en Occidente, como cautivas de un sistema de injusticia y opresión. Según esta teoría, cada logro humano lleva en realidad el sello del patriarcado: la literatura, la filosofía, la ciencia, la música o el lenguaje. No basta con cambiar las leyes o las tradiciones. Todo el sistema tiene que ser desmantelado. El feminismo de género surgió de la política radical de la década de 1960 y estuvo marcado por la filosofía marxista y la de Marcuse, Frantz Fanon y Michel Foucault”.

Lo que escribió una de las fundadoras del feminismo de género

En mi artículo sobre el origen totalitario del feminismo de género , expuse algunos de los escritos publicados en 1970 por una de sus creadoras y autoras más influyentes: la comunista canadiense Shulamith Firestone. Vimos entonces cómo este fanático radical se proponía abiertamente destruir “la familia biológica”, inspirado en el pensamiento de Karl Marx.

Creía que el comunismo fracasó porque no destruyó a la familia.

Sin embargo, en su libro “La dialéctica del sexo” (1970) Firestone no se queda ahí. Para ella, la destrucción de la familia es parte de algo aún mayor. En la primera edición publicada por Bantam Book, en la página 212 se puede leer lo siguiente:

“El fracaso de la Revolución Rusa se debe directamente al fracaso de sus intentos de eliminar la represión familiar y sexual. Este fracaso, a su vez, como hemos visto, fue causado por las limitaciones de un análisis revolucionario con sesgo masculino basado únicamente en la clase económica, que no tuvo en cuenta a la familia en su totalidad, ni siquiera en su función como unidad económica. Del mismo modo, todas las revoluciones socialistas hasta la fecha han sido o serán fracasos precisamente por estas razones. Cualquier liberación inicial bajo el socialismo actual siempre debe volver a la represión, porque la estructura familiar es la fuente de la opresión psicológica, económica y política”.

Es decir, que las razones por las que Firestone quería destruir a la familia no solo tenían una supuesta relación con un propósito de liberación de la mujer: lo que ella realmente quería era el triunfo del comunismo destruyendo a la familia, que es el dique social más sólido frente al totalitarismo. experimentos Para ella, el comunismo había fracasado en Rusia no porque hubiera sido demasiado totalitario, sino porque había revertido sus planes más totalitarios.

Propuso abolir la infancia y normalizar el incesto y la pedofilia

En la página 239 del libro, Firestone propone la abolición del “concepto de infancia”, desvinculándolo de cualquier relación con sus padres biológicos , y señala que “aunque los niños serían menos, no estarían monopolizados, sino que se mezclarían libremente toda la sociedad en beneficio de todos”.

Lo que nos encontramos en la página 240 es la consecuencia que saca Firestone de esa sociedad totalitaria: la normalización de la pedofilia y el incesto. Hablando de los niños, afirma: “si él decidiera relacionarse sexualmente con adultos, aunque decidiera elegir a su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechazara sus insinuaciones sexuales , porque el tabú del incesto sería han perdido su función.”

En la misma página repite sin rodeos su intención de normalizar la pedofilia ( algo que también defendió otra de las ideólogas del feminismo de género, Simone de Beauvoir ): “Las relaciones con los niños incluirían tanto sexo genital como el niño fuera capaz de hacer —probablemente considerablemente—. más de lo que ahora creemos— pero debido a que el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, la falta de orgasmo no presentaría un problema serio. Los tabúes del sexo adulto/niño y homosexual desaparecerían”.

Una ideología que ha acabado asumiendo incluso la acomplejada derecha

Después de leer estas aberraciones, escritas por una mujer que padeció esquizofrenia durante décadas, es escalofriante darse cuenta de la enorme influencia que ha alcanzado en nuestra sociedad la ideología de género formulada por Firestone , hasta el punto de que ya no es solo una colección de tonterías. defendida desde la extrema izquierda, pero también por el resto del mapa político. Incluso la derecha más tímida ha terminado asumiendo estas tonterías sin dudar , arremetiendo contra quienes aún nos oponemos a ellas.

Ya no pueden decir que un grupo de exagerados “ultraderechistas” intentan vincular la ideología de género con la promoción de la pedofilia y de una sociedad totalitaria , ya que una de las fundadoras de esa ideología lo expuso abiertamente. La pregunta que debemos hacernos ahora es: sabiendo esto, ¿están dispuestos a seguir siendo cómplices de esa ideología creada para empujarnos hacia una sociedad totalitaria, comunista y pedófila?

ELENTIR.

Dos filósofos de prestigio desmontan la “ideología de género” / Two prestigious philosophers dismantle the «gender ideology»

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Impedimos que un niño de 12 años coma las chuches que quiera, pero dejamos que decida cambiarse de sexo. Nos preocupa el efecto a medio plazo de su más mínima obesidad, pero permitimos que sea sometido a tratamientos hormonales irreversibles que alientan una futura mutilación genital. Negamos (justamente) la capacidad de un menor para consentir en una relación sexual con adultos, pero condenamos al oprobio público y al escarmiento mediático a quien niegue a un niño, que lo ignora todo sobre el sexo, su capacidad para consentir, inducido por adultos, en intervenciones químicas o quirúrgicas sobre su sexo.

¿”Dejamos”? ¿”Permitimos”? ¿”Condenamos”?

No. Quienes “dejan”, “permiten” y “condenan” son ideológicamente -y, en algunos casos, incluso personalmente- los mismos que ayer (y, como ahora, en nombre del Progreso y los Derechos) jaleaban la pederastia como una forma de liberación sexual.

Dos filósofos han denunciado esta hipocresía y estas contradicciones en un reciente artículo en Le Figaro: se trata de Olivier Rey, matemático y filósofo y miembro permanente del Instituto de Historia y de Filosofía de las Ciencias y la Técnica, y Jean-François Braunstein, profesor de Filosofía en la Universidad de París-I Panteón-Sorbona.

Cambio de sexo para los menores: el descontrol de la lógica de los derechos

En las últimas semanas, con ocasión del caso Matzneff, nos hemos preguntado: ¿cómo hemos podido, en los años 70 y 80, ser tan condescendientes con los adultos que reivindicaban haber tenido relaciones sexuales con niños o adolescentes muy jóvenes? Cuestión, cuanto menos, sesgada. De hecho, es falso decir que, en los años 70 y 80, “nos” mostrábamos particularmente condescendientes al respecto. Una minoría, que pretendía encarnar el progreso y el sentido de la historia, creía que eso estaba bien y relegaba a todos los que no pensaban igual del lado de los idiotas, los reprimidos, los reaccionarios podridos.

Bernard Kouchner [co-fundador de Médicos sin Fronteras y Médicos del Mundo, exministro de Sanidad con Lionel Jospin y luego de Asuntos Exteriores con Nicolas Sarkozy], situado en uno de los primeros lugares en la lista de firmantes de una petición que, en 1977, defendía el derecho a tener relaciones sexuales con niños, invoca el ambiente de la época: “Otros tiempos, otras costumbres. El periodo era estúpidamente laxo y permisivo”.

El periodo es la excusa perfecta. Si la población era realmente tan laxa y permisiva (tan falta de common decency), no habría sido necesaria una petición para permitir lo que la mayoría reprobaba. Kouchner debería haber dicho: el pequeño círculo al que yo pertenecía, que en su lucha contra el “orden moral” sermoneaba a Francia, era “estúpidamente laxo y permisivo”.

Más grave aún. Los que hoy se llaman “progresistas” son los primeros en indignarse por las fechorías del pasado. Muchos de ellos son los impulsores diligentes o, en su defecto, los acompañantes indulgentes de las violencias inéditas cometidas contra los niños. Es lo que sucede, por ejemplo, con esta nueva maravilla: los niños que el Estado certifica que no tienen padre. Genealogía truncada, organizada por el poder público: existe el derecho de la mujer a tener un hijo sin padre, pero «no el del niño a tenerlo, cualquiera que sea el momento para ello» (declaración del diputado Jean-Louis Touraine, relator del proyecto de ley bioética, en la comisión parlamentaria, 11 de septiembre de 2019). Evidentemente, los niños sin madre no tardarán en llegar: el «vientre de alquiler para todos» está ya de camino.

Dichos niños serán muy ingratos si se quejan: no sólo llegarán al mundo con una calidad mínima garantizada debido a la selección de gametos y al diagnóstico preimplantacional, sino que además podrán cambiar de sexo si el que les ha sido “asignado” no les convence.

Pero la diferencia sexual no es una nimiedad: dado que la humanidad está formada por hombres y mujeres, nadie puede pretender ser, él sólo, depositario de la humanidad. La sexuación desmiente el fantasma de la omnipotencia y la plenitud personal, e inscribe en cada uno de nosotros el límite. Comprendemos que para el niño enfrentarse a la diferenciación sexual puede generar dificultades. Y en algunos casos incluso grandes dificultades. Es responsabilidad de los padres, los adultos y las instituciones ayudarlos de la mejor manera posible a superarlos. Pero ha surgido otra idea: proponer a todo el que no esté satisfecho con su sexo que lo cambie. Y esto, en edades cada vez más tempranas.

‘Bloqueo de la pubertad’

Así, en Estados Unidos, como en el Reino Unido y en el norte de Europa, a un niño de unos doce años con disforia de género se le puede proponer, si los padres lo permiten, un tratamiento con “bloqueadores de la pubertad” para que tenga tiempo para reflexionar. A continuación, a los 15 o 16 años, el adolescente, que en realidad sigue siendo niño, puede por voluntad propia, lanzarse a una “transición” guiada por hormonas, cuyos efectos son en su mayoría irreversibles (desconociendo también si este tipo de medicación, que deberá ser tomada de por vida, tiene a la larga efectos nefastos sobre la salud), para pasar, en última instancia, por quirófano a partir de los 18 años.

Los hechos dicen que al “bloqueo de la pubertad” sigue, en la casi totalidad de los casos, una “transición” efectiva. Lo cual es lógico: al impedir que el cuerpo madure, el tratamiento también impide que el cerebro lo haga, con el pretexto de dar tiempo para la reflexión; pero lo único que hace es paralizar la situación en espera de que el paciente llegue a la mayoría de edad para que la “transición” emprendida llegue a su conclusión. Dicho de otro modo: se carga sobre la voluntad de un niño de 11 ó 12 años el peso de decidir la puesta en marcha de un proceso de cambio de sexo.

Comparemos esto con la severidad con la que son condenadas hoy en día las relaciones sexuales entre adultos y niños o jóvenes adolescentes. Aunque estas relaciones fueran “consentidas”, la ley estima que los niños y los jóvenes adolescentes son demasiado jóvenes para que el “consentimiento” en cuestión, si existe, autorice a un adulto a tener relaciones sexuales con ellos. Pero en este caso, ¿qué habría que pensar de las personas para las cuales el deseo expresado por niños de la misma edad, o aún más jóvenes, de cambiar de sexo, es ley, por lo que consideran que es necesario responder proporcionándoles los tratamientos adecuados? ¿Demasiado jóvenes para que sea verdad su consentimiento a una relación sexual con un adulto, pero suficientemente maduros para comprometerse a una “transición” de un sexo a otro?

Por el momento, en su conjunto los médicos y la administración del Ministerio de Sanidad son, en la práctica, más prudentes en Francia que en Estados Unidos o el Norte de Europa. Sin embargo, podemos confiar en que los detractores del “retraso francés” obtendrán rápidamente un alineamiento con lo que es ya costumbre en los países más “avanzados”.

En el Reino Unido, la multiplicación de casos tratados por la sanidad pública en el Gender Identity Development Service (GIDS) es asombrosa: de 97 en 2009-2010 a 2590 en 2017-2018 [un crecimiento de casi el 2500% en una década]. Y la lista de espera no deja de aumentar ante el flujo de peticiones. Una serie de vídeos en internet se encargan promoverlo entre los niños, y los padres tienen cada vez más dificultades en ofrecer resistencia, porque el mensaje que reciben de manera insistente es que los buenos padres son los que “acompañan”. Es lo que muestran las películas. Y la televisión.

En Estados Unidos, un niño, Jazz Jennings, ha hecho pública su “transición” de niño a niña en I Am Jazz, un reality show del canal TLC (The Learning Channel), en el que se le ve con su familia, sus amigos, en el colegio. La primera temporada fue emitida en 2015; la quinta, emitida a principios de 2019, acompañó a Jazz hasta la clínica en la que se llevó a cabo la operación de “confirmación de género”.

Cuando Jazz tenía sólo siete años, sus padres lanzaron la Fundación TransKids Purple Rainbow en apoyo de los jóvenes transgénero. Estos son los padres que se pone como ejemplo a seguir. Los que actúan de otro modo son unos monstruos, peores que los Thénardier, quienes por malos que fuesen no se habrían opuesto a que Cosette se convirtiera en Nicolás [alusión al matrimonio de posaderos en Los Miserables, de Víctor Hugo, a quienes Fantine entrega su hija Cosette para que se ocupen de ella. La alusión a Nicolás tal vez tenga que ver con el protagonista de las novelas de René Goscinny El pequeño Nicolás, para seguir en ámbito literario; ndt].

El documental Trans Kids: It’s Time to Talk, realizado por la psicoterapeuta Stella O’Malley y difundido en el Reino Unido en noviembre de 2018 por Channel 4, incluye el testimonio desgarrador de una madre sometida por este contexto: ¿cómo podría ella convertirse en la madrastra tránsfoba que se opone a la “transición” que quiere su hija y que el sistema de salud pública británico propone? Al mismo tiempo, piensa en la posibilidad de que su hija, años más tarde, se arrepienta de su transformación y le reproche el haberse sometido al ambiente: “¿Quién puede asegurar que Matt no nos diga, a los 25 años: ‘¡Era un niño, tenía once años! ¿Por qué me habéis hecho esto? No me dejabais comer chocolate, o hacer esto o lo otro, ¿por qué entonces habéis tomado la decisión de darme inhibidores de la pubertad?’”.

Tiene razón en plantearse la pregunta: hay personas que, años más tarde, se han arrepentido de su “decisión”, y desean volver a su sexo original, desean “detransicionar”. Pese a ello, recordar las dificultades a las que tienen que hacer frente los transexuales después de su “transición” es casi imposible, sería “hacerle el juego” a los tránsfobos.

Cuando James Caspian, un psicoterapeuta que ha acompañado a un gran número de jóvenes durante su “transición” quiso llevar a cabo un estudio sobre los transgénero que, más tarde, se han arrepentido de haber seguido este camino, la universidad de Bath Spa rechazó el proyecto alegando que era “potencialmente políticamente incorrecto” y podía dañar la reputación de la universidad en las redes sociales. Una universidad debe estar del lado del progreso; y el progreso es la felicidad que la “transición” garantiza.

Stella O’Malley tenía razones muy personales para realizar este documental sobre los niños “trans”. Nació en los años 70 en Dublín, y toda su vida se sintió un chico, vivió como un chico. Cuando llegó la pubertad, fue una tragedia: la transformación de su cuerpo desmentía lo que ella quería y pretendía ser. Pero esta tragedia fue también un pasaje. Ahora, con la distancia, Stella O’Malley constata: “Emergí como mujer y soy feliz de ser mujer. Me casé y tengo dos hijos a los que amo. Ya no consigo ver en mí a ese niño que yo era”.

Tiempos caóticos

Sin duda, la evolución no siempre es tan favorable. No obstante, en la mayoría de los casos, antes de la existencia de los “tratamientos”, los raros casos de disforia de género eran estados temporales que se reabsorbían con el paso a la edad adulta. Sería positivo tenerlo en cuenta: la feminista Camille Paglia acusa a los «propagandistas transgénero» de «abuso infantil» y afirma que «los padres no deberían hacerle esto a sus hijos».

Stella O’Malley se da cuenta de la suerte que tuvo: “Si llego a nacer treinta y cinco años más tarde, estoy segura de que habría sido ese niño que está siempre en internet, elige recibir el tratamiento hormonal y transiciona, estoy convencida de ello”. Piensa que la mayoría de los niños que deciden transicionar se equivocan, como se hubiera equivocado ella: «Los desorientamos. Creo que están confundidos y nosotros los desorientamos».

En los tiempos caóticos en los que vivimos, es muy difícil proyectarse hacia un futuro de varios decenios. Si sobreviniera un colapso, como predicen algunos, las personas recordarían con incredulidad, en medio de las ruinas, esta moda “trans” que agitó al mundo cuando estaba al borde del abismo. Si la trayectoria se mantiene igual, del mismo modo que los “progresistas” de 2020 se alarman de la libre sexualidad con niños y adolescentes muy jóvenes que era “tendencia” defender e impulsar unos decenios antes, los “progresistas” de 2050 se alarmarán al saber que, en 2020, era considerado progresista proponer la “transición” de un sexo al otro a los muy jóvenes. Los que hoy animan o simplemente admiten las “transiciones precoces” dirán: era la época. Pero no, no era la época: eran ellos.

FUENTE: ALERTANACIONAL

El orgasmo no es un complot de Occidente»: Islam y sexo, una relación de amor y odio

En las sociedades musulmanas, la aproximación al sexo es cada vez más problemática a medida que los islamistas y ultraconservadores ganan peso. ¿Su solución? Una represión aún mayor

MUSULMANAS EN BERLIN
Dos chicas con velo pasan ante el cartel de un ‘sex shop’ en Berlín, en julio de 2017. (Reuters)

«El orgasmo no es un complot de Occidente». Lo clama el escritor argelino Kamel Daoud, harto ya de una oleada de tabúes que se van apoderando del mundo musulmán: cada día se exige más a las mujeres que sean decentes, púdicas, religiosas, vírgenes… pero también cada día aumenta el acoso sexual en la calle. A las que parece que no lo son, primero, y luego, a todas.

La dicotomía se presenta entre la mujer virtuosa y virgen, que no plantea una amenaza al patriarcado, frente a una ‘occidentalizada’, es decir sexualmente permisiva, que supone una depravación moral. Todo es cuestión de un pudor regulado por las ‘fetuas’ (dictámenes religiosos) de imames y telepredicadores, fundamentalistas de un nuevo islam que ha demonizado el sexo y ha convertido el cuerpo de la mujer en su gran obsesión. Algo que hay que cubrir con un velo y tener bajo control estricto.

El jeque marroquí Abdelbari Zemzemi es el rey de las fatuas sexuales. Ha dado su bendición a las mujeres para que usen “una zanahoria o una botella” para masturbarse y a los hombres para que se compren una muñeca hinchable como pareja. Cualquier cosa está bien “para no caer en el pecado”, es decir, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Eso nunca.

Los permisos de Zemzemi solo se aplican –dice– a las personas “que lo necesitan” y especialmente a las que están teniendo“impedimentos” para unirse en el santo matrimonio. Para los demás, “amén” a todo experimento, siempre cuando sea entre cónyuges. En un dictamen anterior, Zemzemi consideró que el sexo de un marido con su difunta esposa, recién fallecida, es “totalmente legítimo” porque ella, su mujer, “le pertenece antes y después de la muerte”.

A falta de leyes, la sociedad se encarga de establecer las reglas: un hombre y una mujer no pueden pasar la noche juntos en un hotel egipcio ni marroquí a falta de un certificado de matrimonio. Puede que sin este papel, incluso un paseo romántico por la costa de Tánger, cogidos de la mano, acabe en comisaría. Darse un beso en público es ya una falta de respeto, con anillo o sin él.

Proteger el honor de la familia por encima de todo, ser chica de bien, y actuar de acuerdo a lo preestablecido es el máximo deber ciudadano de cada fémina. De ahí que violar a una mujer no se considera tanto una agresión contra la libertad de ella sino como un delito contra la moral pública; un delito en el que ella tendrá parte si – a ojos de la sociedad – hizo algo para que el hombre se sintiese “impulsado” a violarla. Por ejemplo andar sola de noche o llevar una falda corta. El delito no es la agresión, es el sexo. Por eso también está penado en casi todos los países musulmanes el sexo libremente consentido entre adultos (el artículo 490 del Código Penal marroquí prevé hasta un año de prisión para ello, aunque raramente se aplica).

La sexualidad femenina como amenaza

“A mí se me ha perforado la mente con que el sexo antes del matrimonio es malo y que mi virginidad es lo más importante”, reconoce Mariam, de 24 años. “La mayoría de las mujeres árabes con las que he tenido relaciones solo mantienen sexo anal para no romper su himen, e incluso así, después tienen muchos remordimientos”, explica Karim, de 27 años. “Aunque es cuestión de vergüenza y timidez, de tabú, también tiene mucho de ignorancia. Todos sabemos cómo se tienen hijos, pero nadie habla del sexo porque les da vergüenza. Hablar de disfrutarlo es ya algo inimaginable”.

La obsesión por regular y controlar cada detalle de las relaciones individuales en las sociedades musulmanas, espoleada por la oleada de fundamentalismo religioso que vive la región desde hace un par de décadas, ha convertido la cuestión del sexo en un tabú social cada día más severo. La propia idea de una “sociedad musulmana”, tal y como la define el fundamentalismo islámico, es precisamente la de una sociedad en la que no existe la “depravación moral de Occidente”, es decir la posibilidad del sexo libremente compartido y disfrutado entre adultos. En la sociedad islámica, tal y como la intentan fijar los jeques del fundamentalismo, el honor de un hombre reside en el control del cuerpo de todas las mujeres de su familia: su esposa, sus hijas, su hermana, su madre. La sexualidad de ellas es una amenaza para el orden social, una fuente de inmoralidad: no tienen capacidad de controlarse a sí mismas y necesitan de un hombre que proteja su virtud y su pureza.

“Sé un hombre: tapa a tus mujeres”. Este fue el lema de una campaña que hizo furor en las redes sociales en Marruecos el pasado verano. No era una idea nueva: copiaba una iniciativa lanzada en Argelia en 2015. El mensaje cargaba a los hombres de la responsabilidad de garantizar que “sus” mujeres no fueran en bikini a la playa ni llevaran ropa corta o ajustada en verano. La respuesta no tardó: la activista marroquí Betty Lachgar –ya experimentada en lanzar campañas por la libertad sexual, por la derogación de la ley que criminaliza las relaciones sexuales entre adultos no casados, la despenalización del aborto y la legalización de la homosexualidad– y la rifeña Zoubida Maallem Boughaba difundieron el lema “Sé una mujer libre”.

“Nuestras abuelas no llevaban velo”

Zoubida Maallem y otra activista, la melillense Mimunt Hamido Yahia, coordinadora del blog No Nos Taparán, lamentan que estas campañas contra la “desnudez” -estar en bikini cuenta como “estar desnuda”- estén “colonizando” el norte de África, donde hasta hace una generación no hubo tanto sentido del pudor. “Nuestras madres no llevaban hiyab, y nuestras abuelas menos”, defiende Hamido. Distingue entre el típico pañuelo campesino, que se ha llevado en todas las sociedades rurales del Mediterráneo, y el hiyab moderno, que se asocia a una idea de castidad y pureza, de ocultamiento del cabello de la mujer por su supuesto atractivo sexual y que incluso ha llegado ya hasta a las pasarelas de moda de marcas como Dolce & Gabbana. “En las fotos de mi abuela se le ven las trenzas bajo la pañoleta”, asevera.

La idea de ocultación de la mujer como pecaminoso objeto de deseo subyace en la teología islámica, pero solo se hizo presente a nivel público en las sociedades musulmanas en los últimos 30 años. El terreno comenzó a gestarse en los años setenta, cuando el islam político comenzó su andadura, pero se hizo visible por primera vez desde las tribunas del poder con la Revolución iraní en 1979. Luego llegó el ascenso de los talibanes en Afganistán, la guerra civil –perdida militarmente, pero ganada en el terreno social– de los islamistas en Argelia en los años 90 y, ya después de la Primavera Árabe, el auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto o del partido Ennahda en Túnez.

La globalización de estos movimientos, que se declaran salvadores de un mundo laico, ha venido acompañado de un protagonismo cada vez mayor de los predicadores que se inspiran en Arabia Saudí y Qatar, dos países dominados por la escuela wahabí, un movimiento ultraortodoxo nacido en el siglo XVIII, y considerado secta casi hereje hasta el siglo XX. Ahora está en vías de convertirse en la única versión conocida del islam, sobre todo en Europa, donde los colectivos de musulmanes inmigrantes, a menudo de segunda o incluso tercera generación, desconocen totalmente la fe de sus abuelas y se alimentan únicamente de las fetuas que hallan en los foros de internet, impregnadas de un fundamentalismo exacerbado no tan lejos de la ideología del Daesh.

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Un grupo de egipcias protesta contra el acoso sexual en el centro de El Cairo (Reuters)

El sexo fuera del matrimonio, el gran tabú

Esta relación de amor-odio que mantiene el islam con el sexo es bastante reciente. Durante los siglos de esplendor de la civilización arábiga, hasta aproximadamente el XVII, abundaba no solo la poesía erótica –tanto heterosexual como homosexual– sino también los tratados de sexología e incluso los manuales para ligar. El flirteo se consideraba una de las bellas artes, de Córdoba a Bagdad, y no consta que tener éxito se castigara con la lapidación. “Tenemos la suerte de que la religión musulmana, a diferencia de la católica o la judía, considera que la relación sexual debe dar placer, no sólo servir a la procreación”, subraya la feminista marroquí Aïcha Zaïmi Sakhri, que a finales de los años 90 lanzó la revista ‘Femmes du Maroc’.

Entre consejos de belleza, moda y reportajes críticos con el patriarcado se escondía en cada número una doble página negra con información sexual: anatomía del clítoris, consejos de cómo llegar al orgasmo, masturbación. “Claro que es audaz, dirán dios mío, de qué hablan… pero no está prohibido. Lo que no podemos hacer es hablar del sexo fuera del matrimonio. De este tema hablamos sólo entre líneas. Porque estas relaciones están prohibidas por la ley”, reconocía Sakhri. Pero el placer en sí no está demonizado por los teólogos.

Similar iniciativa lanzó, una década más tarde, la artista Joumana Haddad en Líbano, con la revista Jasad (Cuerpo). Pero en los países entre Casablanca y Beirut, poco material hay para ellas y ellos para informarse. En Egipto funciona desde hace pocos años la plataforma digital Ma3looma (“Un dato”), fundada para combatir la enorme ignorancia de la juventud en materia sexual. Lo más atractivo es su servicio de preguntas y respuestas, siempre anónimas. Las dudas expresadas muestran el nivel de educación sexual: “No, usted no se puede quedar embarazada con un beso”. “No, tampoco por lavar su ropa interior junto a la de un hombre”, advierte, en respuesta a las cientos de preguntas que recibe cada más.

El tabú sexual en Egipto es tan amplio que –a diferencia de lo que ocurre en Marruecos– una entrevista a un sexólogo en televisión se puede convertir en escándalo nacional. “Estos temas son para hablarlos en la pareja y en la habitación”, insistió el muy popular presentador Tamer Amin. El escritor egipcio Ahmed Naji fue condenado a dos años de prisión por “violar la moral pública” con uno de los capítulos de su novela. El demandante, un lector de su libro, le acusó de provocarle “taquicardias y una bajada de tensión arterial”. Por lo mismo, la educación sexual no existe ni en las escuelas ni en las conversaciones entre padres, amigos o incluso hermanos. Porque el saber lleva al querer, creen. Hablar sobre el sexo hará que los jóvenes intenten tener relaciones sexuales sin esperar a la boda.

El problema es que el sustituto de la educación sexual, la pornografía en internet, crea una concepción distorsionada de las relaciones entre hombres y mujeres, un mundo donde no hace falta el consentimiento ni el respeto. Y las consecuencias están a la vista: el auge del acoso sexual callejero. Un acoso verbal, que a menudo deriva en frotamientos. Sus autores se justifican con la imposibilidad de “aliviar” sus pulsiones sexuales de otra manera. Al no poder establecer un diálogo normal con una chica -a ellas les dicen que no hablen con chicos extraños-, el cuerpo femenino se convierte en un mero objeto.

Y ese objeto del deseo sigue ahí, aun bajo todas las capas de tela. Cuando Rania Fahmi, de 20 años y de una zona rural de Egipto, sale a la calle, lo hace vestida de negro y de largo, sin nada que marque una curva, con el pelo cubierto… pero parece que la simple presencia de una mujer en un callejón basta para despertar la bestia masculina. Rania se ha visto obligada a arrear varios golpes con el bolso al hombre que la acosaba, haciéndose viral en las redes sociales y llevando a su agresor a prisión.

¿De quién es la culpa si destapas la carne?

La gravedad de la situación obligó a reaccionar el pasado septiembre a la Universidad Al Azhar, una de las mayores autoridades religiosas del islam, feudo del conservadurismo. «Algunos tratan de hacer de la ropa de una mujer o de su comportamiento un pretexto para justificar el terrible crimen del acosador, como si la mujer fuera responsable de tal pecado», declaró esta institución. Pero la fetua tuvo poco impacto entre la oleada de mensajes que cada día llegan desde telepredicadores y páginas web religiosas, y que coinciden todas en que la mujer es la responsable de evitar el acoso, no dando oportunidad. El jeque australiano Taj Aldin al-Hilali, oriundo de Egipto, lanzó su famosa parábola del gato y la carne para explicar el acoso. Si se deja una carne en la mesa sin tapar, y el gato se la come, ¿de quién es la culpa? Del gato no: solo sigue su instinto. Lo que hay que tapar es la carne, concluyó el predicador.

El símil resume a la perfección la teología islámica respecto al cuerpo de la mujer: constituye motivo de ‘fitna’, es decir cizaña, enfrentamiento, incitación a la rebeldía. El hombre –sostiene esta escuela– es un animal rapaz por naturaleza; si se quiere evitar que se abalance sobre una mujer en la calle y así perturba el orden social, hay que evitar que tenga oportunidad para ello. Hay que evitar que haya mujeres en la calle o, si las hay, al menos hay que taparlas para que no se vea incitado a asaltarlas.

Este es, precisamente, el razonamiento teológico que fundamenta el uso del velo islamista, conocido como hiyab. O su versión más estricta, el niqab o burka, que cubre toda la cara. Por eso, argumenta Mimunt Hamido, defender el velo en España como signo de “multiculturalidad” o “respeto a costumbres ajenas” es desconocer totalmente el significado que conlleva y que es “una separación sexista de la sociedades entre agresores por naturaleza y agredidas culpables”. “El velo no es una prenda más: es un símbolo que clasifica las mujeres en decentes e indecentes”, denuncia. En esta línea, un abogado egipcio, Nabil al Wahsh, ha afirmado incluso en la televisión que violar a las mujeres con pantalones vaqueros ajustados es un «deber nacional» y acosarlas es “una obligación patriótica”. Porque, dijo, nadie quiere ver a una mujer atrayendo la atención de los hombres.

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Una mujer en la piscina del Wome Deluxe Hotel, un resort ‘halal’ en Alanya, Turquía. (Reuters)

Otro famoso símil para convencer a las chicas de que elegir el hiyab es la única manera de ser una mujer decente es el de la piruleta: “Si te ofrecen dos caramelos, uno con su envoltorio y el otro ya abierto y rodeado de moscas ¿cuál elegirías?” Las “moscas”, en esta versión, son los chicos que siguen a una mujer en la calle para gritarle obscenidades. Pero sufrir este acoso no es culpa de las moscas: es culpa de quien no lleva el envoltorio.

Socialmente. Legalmente no, o ya no. El pasado septiembre, el Gobierno marroquí anunció por fin una nueva ley, largamente reclamada por los movimientos feministas, para erradicar la violencia contra las mujeres. No solo tipifica por primera vez como delito forzar a alguien a casarse contra su voluntad, sino también penaliza con seis meses de cárcel y multa el acoso sexual. Queda por ver si se aplicará.

La experiencia de Egipto no deja mucho lugar al optimismo: también allí se castiga el acoso con seis meses de prisión y multa desde una reforma legal de 2014. Pero cuando la activista Amal Fathy publicó este año un video en las redes sociales en el que relataba cómo había sido acosada sexualmentecuando hacía gestiones en un banco y denunciaba que el Gobierno no está haciendo lo suficiente para proteger a las mujeres contra esta lacra, el arma legal se convirtió en bumerán. El video llegó a la prensa internacional y la policía no tardó en ir a su casa y arrestarla. A finales de septiembre pasado, un tribunal la sentenció a dos años de cárcel y una multa de 490 euros por “difundir noticias falsas” y manchar la imagen del país.

El himen a toda costa

Atrapados entre sus impulsos sexuales y la responsabilidad de vigilar sobre la decencia de “sus” mujeres –un concepto que para muchos no incluye solo las de su familia, sino todas las de su país o incluso cualquier musulmana en el mundo– , muchos jóvenes han descubierto una válvula: las otras. Las que no son musulmanas. Las ‘occidentales’. Ellas no necesitan ser decentes: nacen putas, más o menos. Ligar con una europea es la solución perfecta para un chico musulmán que no tiene medios para casarse, pero se horroriza ante la idea de manchar el honor de la que podría ser su futura esposa.

Es la vía de escape de Tareq (nombre ficticio) , un egipcio de 25 años para el que “no hay otra solución más allá del matrimonio” para poder tener relaciones sexuales con una mujer. Reconoce que es “una necesidad humana digan lo que digan los religiosos” e ironiza que está “harto del porno”. “Quiero tocar a un cuerpo humano sin pagar por ello”, suspira, mientras toma una cerveza en un bar de Ámsterdam. El Barrio Rojo es su atracción favorita: “¿Y qué quieres que haga? ¿Violar a las chicas en la calle? Aquí al menos dan a la gente esta salida, allí nos ahogamos con lo que hay”. El próximo verano celebrará su boda por todo lo alto con una chica cinco años más joven y a la que apenas conoce. Ambos residen en El Cairo. Le quedan pocos meses pero “son una eternidad”. No tiene remordimientos por lo que pueda pensar su prometida. Es un matrimonio arreglado con “una chica decente y con estudios”, cuenta con orgullo.

Ella no tiene esta vía de escape mientras se prepara para la misma boda. Será el día en el que perderá la virginidad, ese símbolo de dignidad que le garantiza un matrimonio. Un símbolo que no ha perdido vigor desde los días de la tradición en los que garantizaba el honor público de la familia. Hace una generación –lo cuenta la socióloga marroquí Soumaya Naamane Guessous en su tesis “Más allá del pudor”, una investigación sobre las costumbres sexuales de las marroquíes, realizada en los años 80 y bestseller en todas las librerías marroquíes hasta hoy, con una decena larga de reediciones– no faltaban madres que daban a sus hijas el consejo de ‘enrollarse’ con sus novietes todo lo que quisieran… siempre y cuando preservaran el himen. Eso no.

Hoy, la obsesión llega más lejos. Hay casos en los que una pareja de novios,tras una etapa de encuentros sexuales, decide casarse… y que por mutuo acuerdo deciden que la chica acuda a una clínica para recomponerse el himen y ser virgen de nuevo para su ahora futuro esposo. Porque ¿cómo se va a casar él con una chica que no haya sabido preservarse para el día de la boda?

En el Magreb, la floreciente industria de la recomposición del himen se denuncia a veces como un negocio que se aprovecha de los tabúes y, como no, los refuerza. Pero en otras longitudes puede ser un salvavidas. En los países árabes al este de Egipto, y hasta el sureste de Turquía, persiste la terrible costumbre de los asesinatos de honor: si el vecindario sospecha que una chica podría haber perdido la virginidad, o que actúa como si pudiera estar dispuesta a perderla, sobre la familia recae la obligación de matarla. Una tradición tan fuerte que varios países prácticamente la permiten por ley: en Jordania, el castigo para el asesino no suele sobrepasar los seis meses.

Cuando se propuso, en 2003, reformar la ley para abolir la atenuante del ‘honor’ vulnerado, los diputados de los Hermanos Musulmanes votaron en contra. Ante la pregunta de cómo podían proteger con su voto una tradición que no viene en el Corán ni es compatible con la norma islámica de que nadie debe ser ejecutado sin juicio público y sentencia de un juez, la respuesta era fácil: no, matar no es islámico, aducían, pero sirve para evitar que a las chicas se les ocurra cometer un pecado.

Cute Guinea Pig Love- Mating And Giving Birth

María Calvo: “La Ley Cifuentes es retrógrada, en EEUU la ciencia dice justo lo contrario”

María Calvo Charro destaca que en EEUU la ciencia recomienda no realizar operaciones de cambio de sexo ni tratar estos temas con los niños, todo lo contrario de lo aprobado por Cifuentes.

POR: Pablo González de Castejón EN: Actuall

La ley antidiscriminación LGTBI aprobada la semana pasada por la Asamblea de Madrid a propuesta del Partido Popular, con Cristina Cifuentes a la cabeza, continua suscitando reacciones contrarias a la misma, en especial dentro del mundo de la educación, uno de los apartados en el que esta ley ejerce una mayor intromisión.

Una de las voces más críticas de las consultadas por Actuall ha sido María Calvo Charro, presidenta de la Asociación europea de centros de educación diferenciada (EASSE), profesora de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III y autora de libros comoAlteridad sexual, razones frente a la ideología de género‘.

Lo primero que remarca María es que le llama más la atención el contenido de la ley que el partido que la propuso y la aprobó (el PP), porque ya vio venir las intenciones de los populares cuando el año pasado el Ministerio de Sanidad publicó la Guía ‘Abraza la diversidad’, un documento que da una serie de directrices para los alumnos y los profesores en un intento de prevenir la discriminación LGTBI en las escuelas.

María Calvo: “Se les estimula a masturbarse, a tocar al vecino, a elegir su identidad sexual,… se les adoctrina”

“Si te metes a ver los contenidos, son casi pornográficos. Se quiere enseñar a los niños una educación sexual que no necesitan. Se les estimula a masturbarse, a tocar al vecino, a elegir su identidad sexual,… se les adoctrina”, afirma la profesora Calvo.

Dicha Guía, que cumple de forma clara los requisitos para que se utilice en todos los colegios de la comunidad (públicos, privados y concertados) y se imparta a todos los alumnos (desde los 0 a los 18 años), fue elaborada con el consenso de grupos LGTBI.

María Calvo Charro / Youtube

Esta ley no contó con ninguna asociación de padres, o de expertos educativos independiente, sino que fue elaborada con el consenso de grupos LGTBI que además revisarán de manera anual el funcionamiento de la norma. Una decisión que no gustó mucho en Concapa.

Para María Calvo no es sorprendente, ya que cualquier profesional desaconsejaría enseñar sexo a los niños. “Los niños no se plantean esas cosas. Se saltan la parte psicológica y esto les afecta. Están violando sus derechos, les puede traumatizar“, insiste.

Es más, la presidenta de la asociación remarca que en España intentamos ir de mordernos con estas leyes, pero que en el fondo vamos con 30 años de retraso. “Es una ley muy anticuada y retrógrada. En EEUU ya han dado la vuelta a esto”.

María Calvo: “Me llamarán homófoba por decir esto, pero yo hablo de datos, es sentido común”

Se refiere a que ahora la tendencia en EEUU es a no hablar con los más pequeños de sexo, sino a enseñarles a autocontrolarse. “Me llamarán homófoba por decir esto, pero yo hablo de datos, es sentido común. Hoy está todo dominado por el relativismo absoluto y el emotivismo, la muerte de la razón”.

Es difícil argumentar frente a alguien que te dice yo me siento así y ya está, reconoce María Calvo, pero se debería tener más en cuenta los estudios del Instituto John Hopkins, que ha pasado de ser el primer lugar en realizar operaciones de cambios de sexo en los año 70 a recomendar no operar a nadie porque no soluciona nada.

Mariano Bailly-Bailliere: “Es un paso más en el control de la sociedad” 

Para Mariano Bailly-Bailliere, miembro de objetores a Educación para la Ciudadanía, “la Ley contra la “LGTBfobia” supone un paso más en el control de la sociedad civil por parte de las autoridades”.

Y es que esta ley lo que “pretende es enjuiciar y educar obligatoriamente los sentimientos de los los menores de edad sin mediar ningún consentimiento paterno“. Insiste Mariano en que “más que al respeto o a la tolerancia, la norma aspira a que los miembros de los colectivos LGTBI sean queridos por sus conciudadanos”.

Además, argumenta que “las agresiones contra el respeto y la tolerancia están ya tipificadas en el Código Penal”, por lo hablar de que “los hechos son objeto de la justicia pero los motivos son indemostrables. Y la inversión de la carga de la prueba propia de regímenes totalitarios”.

Bailly-Bailliere: “Pretender achacar un hecho delictivo a un sentimiento es tan dudoso como ineficaz: lo que ha de juzgarse es el hecho”

Lo resumen así: “Pretender achacar un hecho delictivo a un sentimiento es tan dudoso como ineficaz: lo que ha de juzgarse es el hecho, no sus motivaciones”.

Sobre lo que debería hacer el gobierno de Cristina Cifuentes Bailly-Bailliere remarca que “el Estado debe velar por el respeto y la tolerancia. Y este respeto ampara tanto a quien se considera ciudadano LGTBI como a quien no lo es. En igualdad: sin supuestas discriminaciones positivas que, además de  privilegiar a unos en detrimento de los otros, transmiten un mensaje ideológico”.

Esculturales (whit music, song: «Gimme All Your Lovin» by ZZ Top)

Culos / Butts ( I )

Así de simple ¿para que mas?, al pan, pan y al vino, vino ¿no? perro_lindo_pulgoso_14mi_bigger