Etiqueta: SEPARATISMO

Una mafia mueve los hilos de Pedro Sánchez y hace una exhibición de dominación

Abulia y Cobardía

«Peor aún que portugueses, españoles»

Manifestación contra la amnistía en Madrid

Por Francisco Rosell en vozpopuli

En El Planeta de los Simios en que ha devenido España, a base de ver, oír y callar hasta que la gente se ha plantado con un multitudinario “¡Basta ya! contra los enemigos de la nación y de la democracia, se hace realidad la escena final de esta joya del cine de ciencia ficción. Justo cuando el astronauta Taylor cabalga por una playa tras desembarazarse de unos monos inteligentes que lo apresaron en un paraje de pobladores humanos esclavizados por antropoides a causa del aterrizaje forzoso de su nave. De pronto, una oscura mole le hace entrar en shock y que resulta ser la Estatua de la Libertad derruida entre las rocas del mar. Ello le percata de que el planeta de los simios es la Tierra barbarizada por los monos. Espantado grita: “¡Maniáticos! ¡La habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos!”. Con la mirada rota por la escombrada escultura que la Francia de la “Liberté, Egalité, Fraternité” donó a EEUU en el centenario de su independencia, el personaje de Charlton Heston se pregunta cómo sus estúpidos congéneres han consentido autodestruirse arrollando su libertad y su progreso. En un pergamino, habría hallado la respuesta de un filósofo y diputado británico del siglo XVIII, Edmund Burke, tan citado como desoído: “Para que el mal triunfe sólo precisa que los hombres buenos no hagan nada”.

Como la realidad imita al arte, sin aguardar al año 3.978 del filme, este país de los simios ya principió en la antaño democracia de la rica Venezuela del “aquí eso no puede pasar” en la que el golpista indultado Chávez plantó sus garras antropoides y sus síntomas son palpables, con el ex presidente Zapatero como gran canciller bolivariano, en la España de Sáncheztein sometida a neocomunistas y segregacionistas para que el inquilino monclovita ejerza su satrapía sobre el trozo de nación en el que los xenófobos le dejen mandar. Nadie creyó -como hogaño en España- que la “democracia más antigua y sólida de la región” trocaría en narcodictadura que exporta su modelo aquende de los mares.

En este Waterloo español, se asiste a un momento crítico tras dar su rogada venia un prófugo como el “pastelero loco” Puigdemont para que Sánchez sea investido presidente como cabeza de ratón de una coalición Frankenstein -con más partidos dentro que especies el Arca de Noé- conjurada para derogar la Constitución sin darle vela en el entierro al ciudadano y disolver la nación más antigua de Europa con sus cédulas de soberanía a los viejos señoríos feudales. Esos siete votos de Junts son siete puñales clavados en el corazón de la España constitucional. Desde la traición del conde don Julián dramatizada por Zorrilla en El puñal del godo, no se conoce felonía igual, no en vano, destapa la Caja de Pandora y esparce la semilla de la discordia al alimón con fuerzas tan desleales como bulímicas en sus apetencias de un quimérico y explosivo Estado plurinacional.

Sánchez no es hijo de la circunstancia, sino que se vale de ella -como en el Covid- para alzarse contra la legalidad desde el poder como socialistas y secesionistas en 1934 para que la derecha no gobernara

Así, en comandita con los hijos de Chávez y con el separatismo, Sánchez busca entronizarse tirano con el autogolpe en marcha -ahora desde La Moncloa y antes desde la Generalitat- que secunda la asonada catalana de 2017 contra la que él auspició la aplicación del artículo 155 de la Constitución con las reservas, según narra en su Manual de Resistencia, del indolente Rajoy. Enterrando el legado del PSOE del último medio siglo y remontarse al que abocó a la Guerra Civil, Sánchez asume los axiomas neocomunistas y segregacionistas para aferrarse al Gobierno con los españoles de rehenes. Sánchez no es hijo de la circunstancia, sino que se vale de ella -como en el Covid- para alzarse contra la legalidad desde el poder como socialistas y secesionistas en 1934 para que la derecha no gobernara.

Renegando del PSOE refundado en Suresnes y artífice de la Carta Magna, Sánchez entronca, en efecto, con un Largo Caballero que, como ministro de Trabajo de la II República, verbalizó en el XIII Congreso de su formación en 1932: “El Partido Socialista no es reformista cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo”. No le va a la zaga un Sánchez que no aceptó la victoria del PP, por lo que no felicitó a Feijóo ni admitió que Felipe VI designara a éste candidato a la investidura rehusando darle la réplica en un gesto inédito en democracia y enviando en su lugar al camorrista Óscar Puente, quien se comportó como un matón. De hecho, tras ser vencido el 23-J, pese a anticipar la cita para aprovechar la ventaja de convocarlas desde el Gobierno y a la hora de su conveniencia, ha antepuesto, en vez de repetir los comicios, entregar la nación y su democracia a los enemigos de ambas.

Ni siquiera el partido rumano hermano del PSOE, cuando aprobó como él una amnistía a la medida de sus corruptos con la protesta de la calle y el apercibimiento de la UE, osó hacerlo sin un referéndum que, a la postre, rechazó una vileza que, en España, es inconstitucional como Sánchez proclamó antes del 23-J. Como contrapunto, para contravenir el compromiso de abandonar la OTAN, el PSOE de González, con 202 escaños, auspició en 1986 un referéndum sin recurrir a una consulta manipulada entre una militancia menos aborregada y que siete años antes le forzó a dimitir al plantearle su renuncia al marxismo.

Ante este envite contra la nación y la democracia, González y Page (y todo socialista) tienen el deber de frenar la traición de Sánchez al rendir las llaves a los salteadores

El “no es posible” dejó de ser un freno para quien se guía por las líneas rojas que le impuso el comité federal del PSOE para embridarle y al que dobló el brazo. A raíz de ello, implantó su dictadura en un partido de estómagos agradecidos que vive del erario y obedece “La Voz de su amo” como la discográfica del gramófono y el perro. El PSOE defiende una cosa y su contraria a toque de silbato cual perro pavolviano.

Empero, ni González ha sorteado un maléfico patriotismo de partido y se ha limitado a salvar su negra honrilla reclamando urnas minutos antes de que Sánchez rindiera la nación a quien dijo que traería a España para ser juzgado. Aficionado al flamenco, González debería haberse atenido a la salida de Caracol El del Bulto, padre de Manolo Caracol, al empaparle el traje un rebufo de vapor del Expreso que le trasladó de Sevilla a Madrid con harta demora: “Ese roneo, cojones, en Despeñaperros”. A diferencia del barón castellano-manchego Page, cuyo hermano gemelo se ha dado de baja de “este nuevo PSOE” a fuer de socialista, nadie puede jugar al equívoco y deslizar “yo soy el otro”. Aun así, habiendo “mucha necesidad y poca virtud” en Sánchez, a Page tampoco le ayudará ser gemelo si sus diputados transigen con el cambio de régimen dorado con la píldora de la investidura. Ante este envite contra la nación y la democracia, González y Page (y todo socialista) tienen el deber de frenar la traición de Sánchez al rendir las llaves a los salteadores.

Con la frivolidad que acredita su desempeño, Sánchez deshace el esfuerzo integrador por encerrar a los demonios patrios a través del gran acuerdo nacional de 1978 que forjó una Constitución que él ahora convierte en papel mojado con su abordaje consumando desde el poder el intento fallido del teniente coronel Tejero en 1981 al mando de un grupo de guardias civiles. Lejos de pacificar Cataluña como blasona para envolver en nobles propósitos su ambición, asola y socava la convivencia en toda España.

Teniendo marcado a fuego el legado de sus mayores, de viejos socialistas sevillanos como Dulce del Moral o Ventura Castelló, o del ministro republicano Manuel Giménez Fernández, González sabe que una amnistía ilegal redactada por sus agraciados deshará la convivencia. Cuando dos de cada tres españoles votan al PP y al PSOE frente a separatistas en retroceso electoral, Sánchez las rescata al impagable coste de romper la concordia borrando sus delitos y pidiendo perdón a los facinerosos. Así, al fugitivo Puigdemont se le equipara con el exiliado Tarradellas, quien alertó de la “dictadura blanca” de Pujol como embrión de la que funda Sánchez con sus sosias. Un do ut des que imposibilite la alternancia y que allane una independencia “de facto” sufragada por la colonia que será el resto de España tras el expolio separatista. Como sarcasmo, la estafa se hace en nombre de un sacrosanto progreso por el que la izquierda privilegia a los ricos y se preserva, junto a sus sindicatos, su ración de rancho.

Merced a este apaño de conveniencia y connivencia entre bandoleros políticos que se arrogan hacer cuanto les place en esta anarquía gubernamental, el separatismo se garantiza la impunidad. Así, criminaliza a jueces sometidos al tribunal popular de unas Cortes, como en pleno Terror de la Revolución Francesa, que a su vez transfiere la soberanía nacional fuera de España a una mesa de partidos tutelada, con el voto decisorio de la quinta fuerza de Cataluña, por veedores internacionales. Como si fuera un Estado fallido y una democracia caribeña con España y Cataluña como realidades contrapuestas. Para más inri, el truhan Sánchez abona las tesis separatistas y da carta de oficialidad a un remedo de “memoria historia” que abarca desde 1714 hasta 2023 que subvierte la Historia y decreta que la fabulación independentista sea verdad legal. Amnistía y amnesia de una izquierda anestesiada con el cloroformo de sus medios de agitación y propaganda que revierten la Transición.

No hay otra que la rebelión cívica de los servidores públicos y la movilización ciudadana como la de este 12 a las 12 con toda España convertida en una Gran Plaza de la Constitución

A este venenoso móvil, Sánchez aplica el adagio Divide et impera para solidificar su caudillismo e invocar el voto del miedo en una porfiada España en la que el forofismo político es casi tan acusado como el futbolístico. Como historió el hispanista británico Raymond Carr, no hay zona del mundo en el que la mitología de la izquierda pase tan fácil como verdad que en España con la cooperación acomplejada de la derecha.

Tras asumir Sáncheztein las leyes de desconexión de la Constitución y de España del Parlament de 2017, no hay otra que la rebelión cívica de los servidores públicos y la movilización ciudadana como la de este 12 a las 12 con toda España convertida en una Gran Plaza de la Constitución. Los españoles no pueden, si quieren seguir siendo libres e iguales, mostrar la irresolución que Tito Livio advertía entre los romanos ante el expansionismo de Filipo V. “Vosotros pensáis -les exhortó- que lo que se trata es si ha de hacerse la guerra o no; y no es así; lo que se trata es si esperáis al enemigo en Italia, o si iréis a combatirlo a Macedonia porque Filipo no os permitirá escoger la paz”.

Donde los primeros ministros dimiten

En esta hora crítica bajo el dominio de los peores -“kakistocracia” lo llaman-, la resistencia institucional y ciudadana es vital, pues España no es Portugal. Allí basta que un primer ministro lo investigue una Fiscalía independiente por corrupción para que dimita como el martes Antonio Costa, en vez de autoamnistiarse como Sánchez. Aquí, por contra, se avasallan y colonizan instituciones con los amigachos del déspota para que sea legal todo lo que él decida. El litio vale más en Portugal que la nación en España; un delito de corrupción y amiguismo que otro de lesa traición adobada de no menor corrupción y amiguismo.

Así se vuelve del revés la anécdota del escritor y diplomático Eça de Queirós al viajar con otro cónsul en tranvía por París y observar que una mujer no le quitaba ojo. Al dirigirse el novelista al revisor en perfecto francés, la señora le inquirió: “Disculpe. Antes les oí hablar en una lengua que me es ignorada. No es inglés, ni alemán; tampoco italiano. ¿Acaso son españoles?”. “Ay, señora -ironizó-. Peor aún: portugueses”. Ojalá que los españoles fueran hoy portugueses. Tan cerca en lo geográfico y tan lejos en lo democrático, Portugal traza una raya con la España de Sánchez de hinojos ante el separatismo y donde éste, sobre los cascotes de nuestra Estatua de la libertad, aúlla altivo: “Yo, El Supremo”.

Ley de amnistía, el golpe de Estado de Pedro Sánchez

Cataluña: esto es lo que casi nunca explican algunos medios españoles e internacionales

Lo que el separatismo oculta mientras habla de ‘democracia’ o ‘derecho a decidir’

Escribo estas líneas pensando en la impresión que tendrán muchos extranjeros al leer las quejas de los separatistas catalanes. Parecen ser parias en un país que los maltrata y los discrimina.

Esa misma impresión es la que intentan dar algunos medios españoles ideológicamente afines al separatismo catalán. Pero hay una gran diferencia entre lo que el separatismo afirma y lo que pasa en realidad. Veamos algunos datos y hechos.

  • Dicen los separatistas que los catalanes tienen derecho a decidir su futuro, como si viviesen bajo una dictadura y alguien decidiese por ellos. Pero no es así. Como los demás españoles, los catalanes votaron libremente en el referéndum para aprobar la Constitución Española de 1978, esa Constitución que ahora están violando los separatistas. A lo mejor piensas que los catalanes votaron en contra de esa Constitución, pero no fue así: un 90,46% de los catalanes votaron a favor, siendo la cuarta región española que más apoyó el proyecto constitucional. En la provincia Madrid, en la que se sitúa la capital de España, tuvo un respaldo del 86,14%.
  • Los separatistas también dan a entender que los catalanes no se sienten identificados con la Constitución de 1978. Pues bien: el referéndum constitucional de 1978 fue el que más porcentaje de votos a favor tuvo de todos los referendos celebrados en Cataluña en los últimos 40 años. A modo de ejemplo, el Estatuto catalán de 1979 tuvo un 88,15% de votos a favor. El Estatuto de 2006 fue apoyado por el 73,24%. Los partidos separatistas que han iniciado esta ruptura ilegal con la Constitución ni siquiera consiguieron el apoyo de la mitad de los catalanes. Esos partidos separatistas (Junts pel Sí y CUP) reunieron un 47,8% de los votos.
  • Dicen los separatistas que ellos están haciendo un ejercicio de democracia. Pero la democracia implica que todos aceptamos las normas de convivencia libremente elegidas por los españoles en el referéndum constitucional. No es democrático que un 47,8% de separatistas rompan las normas de convivencia que se dieron el 90,46% de los catalanes. Y tampoco es democrático que un gobierno regional se salte la legalidad vigente y las sentencias judiciales, como ha venido haciendo el gobierno catalán en un constante desafío a la legalidad.
  • También afirman los separatistas que ellos sólo desean votar. Leyendo este argumento da la impresión de que a los catalanes nunca se les ha permitido votar. Pero no es cierto. En la actual monarquía parlamentaria española, los catalanes han votado en 13 elecciones generales, 11 elecciones al Parlamento de Cataluña, 10 elecciones municipales, 7 elecciones al Parlamento Europeo y 6 referendos. Es decir, que en la actual democracia española los catalanes han votado libremente en 47 ocasiones, en procesos que seguían las pautas legales y que reunían las condiciones exigibles a una votación democrática. Unas condiciones que no reúne el referéndum ilegal convocado por los partidos separatistas, aprobado en una sesión parlamentaria que violó el reglamento del Parlamento de Cataluña y la Constitución Española.
  • Los separatistas también dicen que Cataluña tiene derecho a autogobernarse. Con esto da la impresión de que los catalanes llevan décadas sometidos al mandato de un gobernador designado desde Madrid. Por el contrario, Cataluña fue la primera región española en obtener un Estatuto de Autonomía (junto con las provincias vascas: ambos fueron aprobados el 18 de diciembre de 1979). Es más: cuando otras regiones españolas aprobaron sus propios estatutos a partir de 1981 (en lo que entonces se conoció como el «café para todos») el separatismo catalán protestó, ya que entendía la autonomía como un privilegio que sólo les correspondía a ellos y a los nacionalistas vascos. Este afán diferencialista ha llevado a los separatistas catalanes a exigir siempre más competencias al Gobierno de España, convirtiéndose en una de las regiones de Europa con las mayores cotas de autogobierno. Ese trato privilegiado ha sido pagado por los separatistas con constantes muestras de deslealtad hacia España, promoviendo el odio hacia el resto de los españoles y fomentando un injusto victimismo, como si fuesen la región más maltratada, a pesar de ser una de las más favorecidas.
  • Dicen los separatistas que hay un conflicto que sólo puede remediarse con soluciones políticas. Lo que quieren decir es que su desafío a la legalidad debe cerrarse con más cesiones por parte del Gobierno de España, y que los actos de desobediencia deben quedar impunes. La exigencia de los separatistas implicaría romper uno de los pilares de toda democracia: la igualdad ante la ley. Todos los ciudadanos estamos obligados a obedecer las leyes y las sentencias judiciales. Esas leyes y esas sentencias son los diques que nos protegen de los abusos de poder por parte de los políticos. La idea de que un político tiene derecho a saltarse la ley y las sentencias judiciales es una idea radicalmente antidemocrática.

Hay que recordar que el propio separatismo ha provocado ese conflicto con su desafío a la legalidad, y que lo hace aceptando como única la ley la ley del embudo. Y es que este mismo separatismo que habla de democracia, a la vez impone multas a los comerciantes que rotulan sus tiendas en español y obliga a los niños a cursar sus estudios solamente en catalán, unas prácticas radicalmente totalitarias en un territorio con dos lenguas oficiales, el español y el catalán. A esto hay que añadir que el gobierno catalán ha impuesto en los colegios un adoctrinamiento ideológico nacionalista que es absolutamente antidemocrático. A los niños catalanes se les imparte el odio a España y la falsificación de la historia para convertirlos en adeptos a la causa separatista. Esa misma manipulación se lleva a cabo desde la televisión pública regional, TV3, unos hechos que vienen siendo motivo de múltiples críticas desde hace décadas.

Finalmente, el llamado nacionalismo moderado se ha aliado con grupos independentistas de extrema izquierda como la CUP (de ideología comunista) para llevar a cabo este golpe separatista contra la legalidad constitucional. Se trata de grupos violentos que han protagonizado campañas de odio contra los turistas en Cataluña, llamando «terroristas» a quienes viajan a esa región por motivos de ocio. Esos grupos radicales de izquierda están siendo usados como una fuerza de choque para amedrentar a los defensores de la Constitución, llevando a cabo actos de acoso contra políticos y funcionarios (e incluso contra sus familias, incluidos sus hijos en edad escolar) y ataques contra sedes de partidos democráticos y negocios de los que no opinan como ellos. Los separatistas deben gran parte de su hegemonía en Cataluña al miedo: se han esforzado por infundir miedo entre todos aquellos que no están de acuerdo con el independentismo, incluso entre los niños.

Los medios de comunicación internacionales casi nunca informan sobre estos hechos y datos que acabo de señalar. Por eso, si sientes respeto por la verdad y por la justicia, si te consideras un demócrata y comprendes, como lo hacemos la mayoría de los españoles, que no puede existir una verdadera democracia sin el respeto por la ley, te ruego que compartas este artículo con tus amigos y conocidos. Esto tienen que conocerlo en todo el mundo.

Elentir

El huido y la traidora

Al Puchi lo ampara el Pumpi

El nuevo plan golpista que obligaría a invocar el Artículo Octavo de la Constitución Española

El separatismo quiere romper España con el 27,49% de los votantes catalanes

Elentir

Los separatistas se sienten tan envalentonados con las cesiones de Pedro Sánchez que ya plantean que una minoría sea capaz de romper la unidad de España.

El separatismo quiere romper España con el 27,49% de los votantes catalanes

Según ha publicado la agencia Europa Presslos separatistas de ERC quieren un referéndum en el que con una participación del 50% y el sí del 55% se declare la independencia de Cataluña. De hecho, es el plan que tienen de cara a los próximos 4 años, después de haber conseguido que Sánchez indultase a los autores del golpe separatista de 2017, y después promoviese la eliminación del delito de sedición y una rebaja sustancial de penas para los autores del delito de malversación. Que socialistas y comunistas hayan aceptado crear un Código Penal a la carta para el separatismo ha transmitido a éste la idea de que Sánchez y sus socios están dispuestos a hacer lo que sea por seguir en el poder.

Aprovechándose de esa falta de escrúpulos de la izquierda, ERC quiere un referéndum pactado con el gobierno para romper España pero que sólo voten los catalanes, mientras el resto de los españoles nos quedamos de espectadores viendo como despedazan nuestro país. Pero la burla planteada por los separatistas no sólo se dirige contra el resto de los españoles, sino también contra los españoles de Cataluña. Las cifras señaladas por ERC implican que el «sí» a la independencia un 27,49% de los votantes catalanes bastase para romper la unidad de España. En las elecciones catalanas de 2021, con un 51,29% de participación, los partidos separatistas sumaron el 48,68% de los votos emitidos. Tal vez esperan conseguir una cifra raspada con la que puedan romper cientos de años de convivencia e historia común entre españoles.

Un golpe a la Constitución con el gobierno como posible cómplice

Por supuesto, lo que ERC plantea claramente es un nuevo golpe separatista, por eso tenía tanto interés en que el gobierno de Pedro Sánchez derogase el delito de sedición y rebajase el delito de malversación: para volver a hacerlo y salir impunes. Si el gobierno de Sánchez aceptase un referéndum así, entonces se convertiría en cómplice del golpe separatista. Ningún gobierno español tiene autoridad ni derecho para convocar un referéndum de independencia. El Artículo 2 de la Constitución es muy claro: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles«. Si el gobierno aceptase trocear España, el gobierno estaría dando un golpe de Estado contra la legalidad constitucional.

Lo que dice el Artículo Octavo de la Constitución Española

Ante una situación así, además de apelar al Artículo 2, deberíamos recordar también el Artículo 8 de la Constitución: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional«. Si el gobierno decide demoler España, el Rey, las Cortes y el Tribunal Constitucional estarían legitimados a reclamar la intervención de las Fuerzas Armadas para poner fin a ese golpe de Estado.

Hay que recordar que la Constitución Española fue aprobada por el 91,81% de los españoles, con una participación del 67,11%. En Cataluña la participación fue del 67,9% y el «sí» sumó el 90,5% de los votos. Así pues, lo que plantea el separatismo no sólo es un nuevo golpe a la Constitución, sino también un secuestro del pueblo catalán. Y para resolver secuestros están las Fuerzas de Seguridad del Estado y, de ser necesario, también las Fuerzas Armadas. No cabe imaginar una misión más noble para nuestros Ejércitos que defender la unidad de España, la democracia y el Estado de Derecho frente a unos golpistas que quieren destruirlos. Es lo que ocurrió en Perú, donde la Policía y el Ejército defendieron la democracia frente al golpe de Estado de Pedro Castillo.

RESPUESTA A LA CARTA A LOS MEDIOS DEL PRESIDENTE QUIM TORRA.

quim_torra_camisa_parda

El actual presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, títere del trotamundos Carles Puigdemont, envió ayer una carta a varios medios de comunicación catalanes titulada Como un solo pueblo contra el fascismo’. Probablemente ni él mismo se da cuenta, pero pedir ya en el título comportarse ante un fenómeno, el que sea, como un solo pueblo, trae implícito que, hoy en día, el pueblo catalán está dividido. Y tiene razón. Él mismo es uno de los responsables.
El escrito es de una hipocresía palmaria. Denuncia unas supuestas agresiones fascistas con la clara intención de identificar con esta ideología los defensores de la hispanidad de Cataluña, señalando especialmente a los que combaten el nacionalismo retirando la suciedad amarilla del espacio público, a la vez que presenta a los separatistas como ejemplos de virtud, pacifismo y baluartes de la democracia. Cómo diría el exministro Trillo, ‘manda huevos’. Desmontaremos en este artículo las mentiras y las medias verdades del señor Torra, a quien agradecemos, también, que inconscientemente nos ayude a comprender mejor cómo funciona el nacionalismo y el proceso impulsado por las élites parasitarias de Cataluña.

gdr
La buena tarea de los GDR. Lo que de verdad molesta a los nacionalistas.

TORRA: «No tenemos que combatir tan sólo una concepción antigua, monárquica y autoritaria de la cosa pública, sino que tenemos que combatir la mentira, el engaño y, más peligroso que nada, la tergiversación de las palabras. Ya lo sabemos: el lenguaje es poder y quien lo controla o quién es capaz de manipularlo, tiene capacidad para cambiar la percepción de la realidad».
Tenemos que darle aquí parte de la razón a este señor. Y decimos parte y no toda porque pretende engañar cuando obvia que son los suyos, precisamente, los maestros de la manipulación de las palabras. Los «procesistas» lo saben bien: Ellos llevan años y años, y de forma agudizada desde el inicio del proceso, manipulando el lenguaje y tergiversando las palabras. Así es cómo han conseguido establecer el marco mental social y, por lo tanto, establecer las reglas del juego. Incluso los contrarios a la secesión de Cataluña utilizan palabras designadas por los separatistas. La ingeniería social nacionalista ha creado toda una serie de conceptos para llevar la iniciativa, presentarse como demócratas perseguidos y desprestigiar a los catalanes fieles, y lo han conseguido: mandato democrático, presos políticos, voluntad popular, fascistas, ultras, parada del país, proceso, derecho a decidir, exiliados… Todo obedece a una muy bien calculada estrategia de comunicación, con la que sin duda han pasado por encima de los contrarios a la secesión.

manipulacic3b3-llenguatge
El nacionalismo ha creado una serie de conceptos para establecer el marco mental de la sociedad.

TORRA: «Hemos visto estos últimos meses y me atrevo a decir estas últimas semanas un incremento notable de las agresiones, amenazas, intimidaciones y violencia fascista a casa nuestra. Unos grupos de individuos agresivos han querido atemorizar los activistas por la libertad de los presos políticos y el regreso de los exiliados».
Antes que nada, el señor Torra no da ningún dato: ni número de denuncias, ni número de heridos, ni número de detenidos. ¿Cómo es posible, si realmente ha existido este incremento notable de las agresiones, según sus propias palabras? Lo que sí hemos visto, y está al alcance de cualquiera en internet, es un aumento palpable de la tensión entre catalanes debido a lo que ha llegado a convertirse en una verdadera guerra propagandística. Unos ponen basura amarilla y otros, más sensatos, la quitan. Y es que con esto no contaban, está claro. Todo este clima de tensión que, puntualmente, puede acabar a puñetazos (y gracias) es mérito exclusivo del nacionalismo. Esto no existía, fuera de hechos puntuales, hasta que ustedes han llevado a cabo un verdadero golpe de estado pasando por encima de la mitad de la población, violando descaradamente las leyes nacionales e incluso el Estatuto de Cataluña y tratando de imponer la maldita república porque les da la gana. No lo dude, señor Torra: Estaremos siempre enfrente suyo y de su proyecto totalitario. Siempre.
Ahora, tratar de identificar a los que se encargan de dejar nuestra casa limpia y pulcra, los llamados GDR (Grupos de Defensa y Resistencia) y otros, con el fascismo, es un ejercicio de manipulación del lenguaje y una mentira como un piano de gorda. Lo que les molesta a ustedes es la rebelión cívica contra el abuso y la ocupación del espacio público, y por eso tratan de desprestigiar a los GDR mientras calla ante las actuaciones violentas e intimidatorias, estas sí demostradas, de sus CDR. Hipocresía nacionalista pura y dura.
Le recordamos también que los políticos que están en prisión lo están, preventivamente, por graves delitos que atentan contra la paz social y el bien común, no por motivos políticos. La prueba es que usted, que es un fanático separatista, es presidente (de paja) de la desprestigiada Generalitat de Catalunya, no está en prisión. Y aplique el razonamiento a los cobardes que prefirieron huir antes de que dar la cara.
TORRA: «La policía catalana tiene que hacer su trabajo. No lo tenemos que situar en el centro del debate político».
Pero qué morro, oiga. Ahora, después de utilizar descaradamente a los mossos para permitir un referéndum ilegal, después de utilizarlos para espiar y controlar a la disidencia, con el mayor Trapero pendiente de un juicio que puede comportarle años de prisión, ahora dice usted que no se tiene que situar los mossos al centro del debate político. Pues mire, haberlo pensado antes. Muchos pensamos que la policía autonómica es un cuerpo desleal que no está al servicio de todos los catalanes, sino de un proyecto político totalitario. Puntualizamos, eso sí, que hay agentes que son excelentes profesionales que saben separar sus opiniones políticas de su trabajo. Lástima que no sea la tónica general.

mossos-vergonya-anc
¿La policía de todos?

TORRA: «Es evidente que el Estado español no ha hecho limpio de este magma fascista y que la transición no hizo un corte seco con el pasado».
Y tiene toda la razón. Su partido, CiU o cómo se diga ahora, puede dar cuenta de esto. De los 219 alcaldes que había a Cataluña al morir el general Franco, 95 se presentaron después a las elecciones por su partido. Calle, hombre, calle, que no le conviene hablar.
TORRA: «Pido a todos los partidos políticos catalanes y españoles que condenen enérgicamente la violencia de estos grupos fascistas contra los independentistas… No hace falta ser independentista para actuar con contundencia contra los violentos».
Y nosotros le pedimos que no calle ante las agresiones, amenazas e intimidaciones por parte de sus amigos separatistas hacia los catalanes hispanos. No hace falta ser patriota español para actuar con contundencia contra los violentos, ¿verdad?

TORRA: «Nadie, ni aquí ni en el mundo, duda del carácter completamente pacífico movimiento independentista que estos últimos años se ha expresado en la calle con una pulcritud y civismo ejemplar».
No se puede ser más falso y más hipócrita. Las agresiones, amenazas e intimidaciones son continuas. Inés Arrimadas no puede andar tranquila por muchos pueblos de Cataluña, sedes de partidos políticos o asociaciones no nacionalistas son continuamente atacadas (pintadas, destrozos, excrementos…), se producen ataques personales e intimidaciones incluso en domicilios de particulares, los jóvenes de SCC no han podido nunca hacer ningún acto a la UAB sin protección policial, la quema de banderas españolas, fotos del rey o del juez Llarena (que no puede ni cenar sin ser perseguido) es habitual… son sólo algunos ejemplos, pero la lista es larga. Es usted un mentiroso, señor Torra.

rivera-amenac3a7a-bala1
Rivera amenazado.

agressic3b3-uab-scc
La revolución de las sonrisas

franco-felipe-rajoy-amenac3a7a-2jpg1
Obsesiones del separatismo.

seu-ciutadans-excrements1
Sin comentarios.

Presidente Torra, usted manipula las palabras cuando califica de fascistas a los que quitan los lacitos. Usted las manipula cuando habla de presos políticos, exiliados y activistas y luchadores por la libertad. Usted miente cuando generaliza señalando a los GDR como violentos. Usted calla cuando la violencia viene de su lado siendo, cuando es (en teoría), presidente de todos los catalanes. Usted quizás no se da cuenta, pero el «proceso» y su proyecto de republiquita están dentro del fascismo que los descontaminadores de churros amarillos. Y sobre todo, señor Torra, usted, que es un creador de odio, no está legitimado para dar lecciones. Usted, que ha dicho cosas como estas sobre los españoles, lo mejor que puede hacer es callar:

«Los españoles sólo saben expoliar».

«Vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario».

«El fascismo de los españoles que viven en Cataluña es infinitamente patético, repulsivo».

«Ahora miras en tu país y vuelves a ver hablar las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, aun así, que destilan odio».

Para acabar, sólo decirle que es un placer recordarle que USTED TAMBIÉN ES ESPAÑOL. ¡Enhorabuena, presidente! No todo el mundo tiene este privilegio.

El guardiolismo, enfermedad crónica del catalanismo

241017-guardiola-independentista
Pep Guardiola, en un acto independentista con Puigdemont, Junqueras y Forcadell el pasado mes de junio. | Cordon Press

¿Qué enfermedad moral lleva a Guardiola y los guardiolos catalanes a vivir instalados en la mentira compulsiva, en el embuste total y absoluto?

Por Federico Jiménez Losantos en LIBERTAD DIGITAL

El ayer futbolista, hoy entrenador y siempre pesadísimo hijo de Sampedor, fiel a su cita semanal con la vanidad al modo nacionalista, que es la pública denigración de España, porque sólo denigrándola logra sentirse superior al resto de los españoles y a buena parte de la humanidad, ha resumido en pocas frases el mal crónico del catalanismo, nacionalismo o separatismo catalán, una fiebre con diferentes grados de temperatura pero que revela una misma enfermedad: el autobombo servido por la mentira.

Guardiola ha dicho: «Estoy como toda la gente que no quiere el mal para los demás ni para sus familias. Todo lo que hemos hecho seis millones de personas saliendo a la calle en estos años lo hemos hecho de manera pacífica… o más que eso. Cuando dicen que somos generadores de violencia, se equivocan de lleno. Puedes estar de acuerdo o no, ya sabemos que las ideas son de cada uno, también los jueces pueden hacer su trabajo».

Y, añadió: «Es una gran injusticia que nos comparen con la kale borroka o con ETA. (…) Esto es muy sencillo: es ver lo que pasó el 1 de octubre. La fotografía no engaña, los vídeos no engañan. Y hay muchos. Hace años se podía, pero ahora no. Todos los mensajes, desde el presidente Puigdemont, el vicepresidente Junqueras, presidente de la ANC, presidente de Ómnium… Toda la gente de allí lo ha dicho mediante el pacifismo y expresarse mediante el voto de las urnas. Por eso es muy injusto: puedes no estar de acuerdo conmigo, pero hay fotos e imágenes».

 

Ni seis millones, ni fotos ni imágenes verdaderas

Nunca han salido seis millones a la calle, como dice el demagogo de Sampedor, ni catalanes, ni norcoreanos. Esos seis millones son los que el mayor ladronazo de Europa, Jordi Pujol, exhibió en una campaña pagada en diarios de todo el mundo para fingir que la Barcelona del 92, cuyos Juegos Olímpicos consiguió el franquista Samaranch y pagó toda España, no estaba en España sino en un ente sin fronteras llamado, solo en catalán, Catalunya. Ente unívoco, «un sol poble», donde no había más diferencia que la de ser catalán de nacimiento, amb arrels, o con «voluntat de ser-ho«.

El sueño totalitario de Pujol era el de cualquier cerdito con nostalgia de jabalí: «Ein Volk, ein Reich, ein Führer». Un solo pueblo, el alemán; un solo Estado, al que todo se somete; y un Caudillo, al que todos obedecen. Ni siquiera entonces, cuando los gobiernos de Madrid celebraban aquel vasto sistema de latrocinio que «aseguraba la gobernabilidad de España», toda Cataluña pensaba lo mismo ni aceptaba el proyecto separatista. Menos aún ahora, cuando una mayoría de votantes catalanes rechaza la violenta imposición de la ruptura de España de los separatistas como Guardiola.

En realidad, sólo la pereza analfabeta del periodismo inglés impide preguntarle al entrenador del Manchester City: ¿cómo es posible que, de esos seis millones de los que habla, sólo dos voten a partidos separatistas; que la mayor manifestación de la historia de Cataluña haya sido la de las banderas españolas, un millón en la calle; y que el partido más votado en las últimas elecciones legales sea antinacionalista, llamado Ciudadanos? ¿Y por qué se empeña en contar las votaciones ilegales como si fueran legales?

Pero hay algo peor que la pereza analfabeta del periodismo deportivo inglés: lapereza criminal del Gobierno de España para contrarrestar esas fotos e imágenes trucadas, la campaña de intoxicación internacional que no sólo orquestaron los corresponsales amaestrados por la Generalidad, sino la TV3, el gang Roures y las televisiones de Soraya, con La Sexta a la cabeza. Hoy sabemos que de los mil heridos sólo hubo dos; que Marta Dedosrrotos es una mentirosa compulsiva que ni fue manoseada por la policía, como dijo Colau, ni nadie le rompió nada; que la famosa anciana ensangrentada se había caído por una escalera antes de que llegase la policía; que por orden de la Generalidad se computaron todas las altas en hospitales como lesiones a manos de la policía; que no hubo ni una foto de los políticos separatistas con sus heridos porque los heridos eran policías, más de un centenar; que en las fotos de las cargas de la Policía nacional se añadieron imágenes de los Mozos de Escuadra contra el 15M ¡y de la policía turca!

La violencia de los compinches de Guardiola

Más aún: en el auto del juez Llarena se reseñan más de 300 actos violentos por parte de los separatistas, dentro del cuadro violentísimo de convocar a millones de personas a participar en un Golpe de Estado, más de lo que se nunca han atrevido a hacer la ETA y sus cachorros callejeros. El terrorista Otegui es el héroe de las Diadas a que convoca Guardiola. En el último cerco institucional se coreaban gritos de apoyo al terrorismo. Y la mayoría golpista del Parlamento se niega a condenar los actos violentos.

Cataluña es una dictadura nacionalista desde hace cuarenta años. La persecución de los disidentes políticos la llevan a cabo las instituciones que en teoría representan al Estado y bandas organizadas de matones que atacan en la calle o el trabajo a quienes pretenden algo tan elemental como que sus hijos reciban la enseñanza en su lengua materna, el español, proscrito de la enseñanza pública y objeto de multa si se usa para rotular establecimientos. La violencia política en Cataluña no es la que por orden judicial padecen unos pocos golpistas sino la que desde hace décadas sufren los que se han opuesto a la dictadura separatista. El presidente en el exilio es Boadella, al que le talaron los cipreses de su casa, no Puigdemont, que no se atrevió a convocar elecciones y a evitar la cárcel, por miedo a los radicales de ERC.

El mismo día en que hablaba –o sea, que mentía- Guardiola, un muchacho era apaleado por llevar una bandera española. Lo mismo les sucedió a dos chicas por llevar el uniforme de la Selección Española de Fútbol a la que Guardiola perteneció porque económicamente le convenía. Son continuos los asaltos a los tenderetes de Sociedad Civil Catalana y las sedes del PP y Ciudadanos, que, conviene repetirlo, ha sido el partido más votado por los catalanes en las últimas elecciones legales. Nadie en España ni ningún país europeo ha acudido más veces a las urnas que los catalanes. Lo que pretendían los separatistas era convocar por la fuerza un plebiscito ilegal para proclamar la ruptura del régimen constitucional español, la sumisión de media Cataluña a la otra media y la destrucción del Estado. A eso, la máxima violencia posible contra la legalidad española y europea, le llama el cantamañanas de Sampedor «pacifismo», «democracia» y «votar».

Complejo de superioridad, complejo de inferioridad

¿Qué enfermedad moral lleva a Guardiola y los guardiolos catalanes a vivir instalados en la mentira compulsiva, en el embuste total y absoluto? Esta misma semana, el médico del Bayern, que tuvo que dejar el club por los celos de Guardiola y que ha vuelto a su club al largarse el demagogo, daba esta pista en un libro: «Guardiola se cree más que nadie, pero esa superioridad que exhibe esconde un profundo complejo de inferioridad«Hay quien dice que el famoso complejo de superioridad de los catalanes les ha llevado al extremo de creerse argentinos. Con Messi en el Barça, difícil. Pero es cierto que la fatuidad que a diario exhiben, al modo de Guardiola, tantos políticos y periodistas catalanes esconde una duda primordial: si somos tan modernos y tan superiores al resto de España, ¿por qué nunca hemos sido independientes, ni capaces de vencer a esa antigualla de Estado casposo? Si España vale tan poco y Cataluña tanto, ¿cómo es que nunca jamás, ni antes ni después de los romanos, hemos valido más que ellos?

Para no contestar esta pregunta han hecho falta cuarenta años de dictadura política, de inmersión lingüística, de desinformación mediática, de corrupción de los Gobiernos de Madrid y de la conversión de toda la clase dirigente de Barcelona en una mafia cleptocrática para, finalmente, perpetrar un golpe de Estado, luego arrepentirse, después reafirmarse en plantar cara a los jueces, a continuación huir de la Justicia, luego gemir, siempre llorar y, mientras se agrede a los indefensos, seguir quejándose.

Esa enfermedad moral de vivir en perpetua impostura, exhibiendo a diario su fanfarronería miedosa, no la cura el médico de Sampedor ni Freud resucitado. Para mí que no tiene cura. Lo importante es evitar el contagio.