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España al borde del precipicio

Por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Escribo pocas veces sobre política española, pero la frustración de las expectativas creadas respecto a una alternancia en el gobierno exige una reflexión. Aunque todo análisis realizado a posteriori –incluyendo este artículo– tiene menos valor que si se hubiera realizado a priori y debe ser tomado cum grano salis, las funestas consecuencias que tendrá la continuación del actual gobierno, cuyos pactos con sus aliados separatistas doy por sentado, requiere de una seria llamada de atención.

La probable permanencia en el poder de un personaje como Sánchez sólo se entiende por un motivo: es un gobernante que nunca ha tenido oposición digna de tal nombre. En efecto, la no-oposición, blandita como el algodón, de Rajoy II (Casado) y Rajoy III (Feijoo) ha sido un regalo extraordinario que le ha permitido cruzar todo tipo de líneas rojas sin recibir coste de respuesta más allá del trémulo piar de un pajarillo. Este estilo político de no-oposición se basa en esperar a que caiga la fruta al suelo en vez de cogerla de las ramas del árbol, en ponerse con parsimonia a la cola esperando que antes o después le llegue el turno, en concentrarse en andar de puntillas y no hacer mucho ruido más que en levantar la voz. Es como un café tibio, algo insulso y poco apetecible y la antítesis de la osadía y audacia necesarias para alcanzar el poder, que la ultraizquierda leninista supo utilizar con tanta eficacia.

Errores de bulto y expectativas frustradas

Algunas críticas sobre el modo en el que el PP ha realizado su campaña electoral me parecen justas. La forma más frecuente de ganar unas elecciones es metiendo miedo a la población y diciéndole a quién culpar de ello. Mientras el PSOE dominaba esta estrategia tan burda como eficiente con el miedo a la “ultraderecha” (particularmente en Cataluña, donde los votantes no separatistas prefieren el apaciguamiento a la firmeza y confrontación, al contrario que los separatistas), el PP aludía como socio preferente a un PSOE moderado hoy inexistente a la vez que denigraba a su socio de gobierno natural: la oposición haciéndose oposición a sí misma. En abierto contraste, el PSOE trataba con guante blanco a sus socios comunistas sin mencionar en ningún momento el “voto útil” a pesar de que la izquierda está tan dividida como la derecha – dividida, pero no enfrentada.

Tras afirmar sentirse “más cerca del PSOE que de Vox” (¿será cierto?), el PP cayó en la trampa de asumir el discurso de su adversario y realizó una campaña acomplejada y a la defensiva centrada en disculparse por sus pactos. ¿Tan difícil era poner como ejemplo el éxito de Madrid, donde tras un gobierno del PP con el apoyo de Vox no sólo no han desfilado las huestes franquistas por la Castellana, sino que los ciudadanos, encantados, han otorgado al PP mayoría absoluta? La patológica falta de combatividad de la no-oposición le impedía incluso fingir indignación y exigir explicaciones a Sánchez por la estable alianza del psicópata con la “ultraizquierda” y el separatismo de pasado golpista o terrorista. Que le haya sido más sencillo al PSOE asustar con la “ultraderecha” que al PP asustar con la alianza subversiva que personifica Sánchez (y que asusta incluso al minoritario socialismo moderado que tantos añoramos) resulta increíble. Por último, la ausencia del líder del PP en el segundo debate fue algo tan patético como el escaño vacío de Rajoy en su moción de censura.

Por lo tanto, aciertan quienes señalan como un problema al principal partido de la no-oposición, pues, como en Hamlet, “algo huele a podrido en Dinamarca”. En efecto, la dinastía Rajoy no terminó con su marcha de la política, sino que continuó con sus sucesores, que permanecieron fieles a ese estilo timorato que he descrito antes y que supone una verdadera bendición para un gobernante agresivo y sin escrúpulos como Sánchez. Éste es el verdadero nudo de la cuestión, y muestra un problema mucho más profundo que afecta a la política española desde la Transición.

El desequilibrio de fondo de la política española

Este estilo de comportarse se basa en la aceptación de las reglas, del lenguaje y de las definiciones de bien y mal del adversario político (el PSOE state of mind de Quintana Paz), lo que da lugar a la dócil aceptación de un doble rasero. Quien expide los pasaportes de corrección política es la izquierda. Por ejemplo, los comunistas subversivos de Podemos, los filoterroristas de Bildu o los delincuentes separatistas catalanes son partidos respetables, pero Vox es una peligrosa “ultraderecha” a la que hay que encadenar. ¿Se imaginan que al golpista Tejero – que pasó 15 años en prisión – se le hubiera indultado a los 3 años como a los catalanes? ¿Se imaginan que el caso ERE – el mayor escándalo de corrupción de la democracia– hubiera afectado a la derecha? Pero la mayor muestra del doble rasero es que, a pesar de que desde la llegada de la democracia toda la violencia política ha provenido de la extrema izquierda (tanto con el terrorismo marxista de ETA y el GRAPO como con los escraches y las violentas manifestaciones de batasunos y podemitas), es sobre la derecha sobre quien recae la sospecha permanente de extremismo.

El mismo estilo es el que explica la obsesión por el “centrismo”, concepto que nada tiene que ver con la loable definición aristotélica de virtud (el justo medio entre dos extremos), sino con un vacío absoluto de ideas y principios y un abandono de la lucha política rayano en la cobardía. ¿Observa acaso el PP que Sánchez o Podemos hayan alcanzado el poder gracias a su “centrismo”? ¿Cómo aspira a tener éxito un partido que vive atrapado por el miedo a pisar las líneas que le marca su adversario para provocarle una indefensión estructural?

En España la mitad del espectro político decidió hace muchos años dar por perdida la batalla del lenguaje y aceptó jugar con las cartas trucadas sin presentar debate ideológico o cultural alguno, limitándose a un seguidismo de toda iniciativa política que presentara la otra mitad (feminismo, ideología de género, etc.). Naturalmente, esto incluye adoptar el epíteto de “ultraderecha” (los ultras sólo pueden ser de derechas) para demonizar al partido que nació originalmente como una disidencia de los votantes traicionados por Rajoy.

En efecto, la crisis crónica del PP y la división de “la derecha” tienen como responsable último a Rajoy, nombrado a dedo con escaso acierto. Tras dos derrotas electorales consecutivas, sólo pudo ganar las elecciones del 2011 gracias a una enorme crisis económica utilizando como ariete la única acción responsable de Zapatero, que fue congelar las pensiones en un entorno de quiebra técnica del Estado. El PP prometió no congelarlas y bajar los impuestos, pero al llegar al poder aumentó las pensiones un insignificante 0,25%, subió los impuestos más allá de lo que proponía el Partido Comunista y, lejos de avergonzarse, se jactó de ello a través del ministro de Hacienda más dañino para la seguridad jurídica de nuestro país (hasta la llegada de Sánchez y el desastre Montero, naturalmente): “Me río porque hemos desconcertado a la izquierda”, afirmó encantado Montoro. Poco tiempo después, el gobierno del PP volvió a mentir sobre la subida del IVA, que realizó después de las elecciones andaluzas del 2012 tras afirmar que no lo haría.

Tras prometer luchar contra la corrupción (sin comentarios) e incumplir su programa, que incluía “la reforma del sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial, para que, conforme a la Constitución, doce de sus veinte miembros sean elegidos por los jueces”, continuó traicionando a sus electores al mantener el protocolo que permitió la salida airosa de ETA tras su derrota policial. Incumplió sus promesas y consolidó todas las leyes ideológicas de ZP, incluyendo la de Memoria Histórica o la del aborto: es más, susurró a sus magistrados afines que metieran en un cajón su propio recurso ante el Constitucional. Increíble.

De este liderazgo tan dañino, del que el PP jamás ha entonado un mea culpa, nació Vox, un partido que tras su inicial ascenso perdió impulso y quedó noqueado con su fracaso en Andalucía, donde intentó pasar de partido nicho a partido mayoritario. Su dificultad para evolucionar desde una política de guerrilla a la de una política de gobierno, sus inoportunas estridencias estéticas y verbales, que favorecen la caricatura y el voto del miedo, la carencia de renovación de sus cuadros y las extrañas inclusiones y exclusiones en sus listas electorales son errores propios de la formación, que sorprendentemente ha omitido toda autocrítica.

La “derecha” puede acudir a las elecciones dividida, pero no enfrentada. El tiempo de despreciarse mutuamente o de apelar al cansino timo del “voto útil” ha pasado.

Los que miran sin ver y escuchan sin entender

Pero el verdadero culpable de que Sánchez pueda seguir gobernando es esa parte del electorado español que le ha votado a pesar de protagonizar la legislatura más escandalosa de la democracia. A esa parte del electorado no parece importarle nada sus mentiras constantes respecto a no indultar a los golpistas catalanes o no gobernar con los comunistas ni con los simpatizantes del terrorismo vasco; o la entrega al País Vasco de las competencias penitenciarias, a lo que se habían negado todos los gobiernos anteriores, que ha servido para acelerar el tercer grado de terroristas de ETA, o la reforma ad hoc del delito de sedición y de malversación para premiar a los golpistas catalanes. Esta parte del electorado tampoco parece darle importancia a la preocupante demolición institucional que ha llevado a cabo, desde su asedio a la jefatura del Estado, al escandaloso cese, sin precedentes, de la directora del CNI o al dictatorial control de un Tribunal Constitucional absolutamente politizado que parece querer bordear la prevaricación sin fingir ya siquiera un mínimo de objetividad.

Los votantes de Sánchez tampoco parecen comprender que votarle significa votar el independentismo catalán y el filoterrorismo de Bildu (ojo, su socio más leal), que amplifican su poder gracias a Sánchez, su topo en la Moncloa. Si esto no les importa, imagínense lo poca importancia que darán a su guerracivilismo desenterrador de muertos, a la sistemática erosión del Estado de Derecho con su abuso del decreto-ley, su ilegal estado de alarma o la aprobación de leyes abiertamente inconstitucionales, o a sus tics autoritarios que le llevan a evitar exponerse al escrutinio público de la prensa o el Parlamento. Tampoco parece importarles el cambio de política exterior respecto al Sahara y su sometimiento a Marruecos en detrimento de los intereses nacionales tras el sospechoso espionaje a su móvil, actuación que en un país con instituciones más sólidas habría dado lugar a una seria investigación independiente. Por último, también les da igual su estilo macarra y el impudoroso amor al lujo y a los privilegios de que ha hecho gala, más propios de un dictador de república bananera que del primer ministro de un país europeo. El mérito de Sánchez es haber comprendido precisamente esto: que puede hacer lo que le venga en gana porque a una parte de su electorado todos estos escándalos le vienen grandes o le resultan indiferentes.

La lección que extrae un psicópata de estas elecciones es que tiene carta blanca para hacer su voluntad sin límite ninguno. Prepárense. Especializado en explotar la carencia de contrapoderes del régimen del 78, que no supo crear instituciones fuertes e independientes ni arbitró suficientes mecanismos de autodefensa ante una situación así, Sánchez continuará con su agenda subversiva e inescrupulosa de demolición del sistema con un poder crecientemente autocrático y arbitrario sin que la ley le sirva de freno, pues domina el Constitucional como si estuviéramos en la URSS. No esperen ninguna ayuda de la UE: Sánchez es uno de los suyos, pues saca un diez en todas las asignaturas ideológicas de Bruselas.

Si Sánchez se mantiene en el poder, el daño que producirá a España será difícilmente reparable: el régimen del 78 quedará herido de muerte y la Constitución será papel mojado. Lamentablemente, ni la oposición, ni los medios, ni gran parte de los españoles se han enterado de lo que nos jugábamos en estas elecciones.

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El programa de los verdes: el suicidio de Europa

En la imagen: el Parlamento Europeo en Bruselas. (Foto de James Arthur Gekiere/Belga Mag/AFP vía Getty Images)

por Drieu Godefridi

Traducción del texto original: The Greens’ Program: The Suicide of Europe
Traducido por Voz Media

Debemos reconocer que los ecologistas europeos, y la extrema izquierda en general, tienen una envidiable capacidad de comunicación. Mientras que los movimientos conservadores siguen encarnándose con demasiada frecuencia en lo que parecen caricaturas políticas deshumanizadas, los ecologistas europeos, sin contar a una histérica Greta Thunberg, se han dotado de rostros frescos y agradables como portavoces que exponen los peores horrores de forma atractiva, tranquila y articulada.

Tomemos, por ejemplo, el recientemente concluido Beyond Growth 2023 en Bruselas, Bélgica. Beyond Growth (Más allá del Crecimiento) es la reunión ideológica anual de los ecologistas europeos y sus innumerables altavoces en el mundo de las organizaciones supuestamente «no gubernamentales»(ONG) financiadas por los gobiernos.

Beyond Growth no se reúne en los salones de un prestigioso hotel o en alguna mansión campestre, sino que confluye y se reúne directamente en los edificios del Parlamento Europeo. Esto no ocurre por casualidad: cuando la prensa informa con cariño sobre la conferencia «Beyond Growth», difunde imágenes de personas reunidas y hablando en las ordenadas filas del Parlamento Europeo. ¿Qué recuerda la mayoría de la gente cuando mira el informe «Beyond Growth»? El Parlamento Europeo. El vínculo entre las propuestas radicales de este cónclave y el Parlamento Europeo se presenta como perfectamente natural: si el Parlamento Europeo quiere un ecologismo radical, ¿cómo podría usted, pequeño votante local, oponerse?

La estrella de la última conferencia fue Anuna De Wever, una belga flamenca que representa a los jóvenes verdes.

Hay que leer y escuchar lo que dicen estos activistas. La mayoría anuncian lo que harán si alcanzan el poder. Escuchemos, pues, las «propuestas» de la encantadora y sonriente De Wever:

  1. «Hay que redistribuir la riqueza», empieza De Wever. ¿A quién, cómo? No hay detalles. Este ha sido un rasgo estándar de todo discurso europeo que se precie y se precie durante un siglo. ¿Sería descabellado sugerir que se empezara a redistribuir la riqueza con los sueldos y bienes de los diputados verdes al Parlamento Europeo?
  2. «Cancelar la deuda climática»: En la mente de los activistas medioambientales, países del «Norte global». que han experimentado un desarrollo significativo, tienen una obligación ecológica con los países del «Sur global». Aunque el capitalismo occidental ha rescatado de la pobreza al mayor número de personas en la historia del mundo, al parecer Occidente también ha creado las mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Además, Europa y Estados Unidos siguen supuestamente «explotando» y «colonizando» muchas regiones del «Sur global» a través de sus empresas multinacionales, agotando sistemáticamente los recursos naturales. Por lo tanto, hay que cancelar la «deuda» con el «Sur», aunque esta «deuda» no tenga nada que ver con el clima.
  3. Introduzcamos una «renta básica universal» inmediatamente, mañana mismo. Cabe imaginar el afán de China, Rusia, Japón, Estados Unidos y Cuba por introducir una renta universal común, algo que, por supuesto, probablemente sólo sea concebible mediante el establecimiento de un gobierno mundial «universal»: una mera formalidad.
  4. Occidente debe declinar. En efecto, Occidente es el mal. La prueba es que es «rico». Por lo tanto, hay que castigar a Occidente, lanzándolo a un colapso –un «decrecimiento»– mientras que otros que no son occidentales seguirán creciendo, por supuesto.
  5. Hay que aumentar los servicios públicos universales (¿duplicarlos? ¿triplicarlos?). ¿Cómo, en un contexto de declive, se financiará este aumento? No se especifican esos detalles.

«Todo esto», continúa De Wever, entre grandes aplausos, «sólo será posible, por supuesto, si destruimos… la supremacía blanca».

¿Supremacía blanca? ¿Qué tiene que ver la supremacía blanca con la economía? Parece que en la mente de muchos ecologistas, el crecimiento económico y la supremacía blanca son efectivamente sinónimos. Al fin y al cabo, parece decirse, fue Occidente, encarnado por Adam Smith en 1776, quien «inventó» el crecimiento económico, y Occidente en aquella época era mayoritariamente blanco, así que destruyendo la supremacía blanca destruimos la idea misma de crecimiento económico.

Parecen estar en una especie de pensamiento mágico que, al ver dos realidades en el mismo conjunto – «blancura» y capitalismo-, postulan un vínculo causal entre ellas.

Si, según Adam Smith, el crecimiento económico para todos es la clave para salir de la pobreza -con el objetivo de hacer más ricos a los pobres, no más pobres a los ricos-, entonces destruir el crecimiento no parece un modelo económico que vaya a proporcionar mucha ayuda. Peor aún, ahora existen esas molestas opciones: ¿Prefieres fomentar el crecimiento permitiendo que los habitantes de los países pobres utilicen combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas natural- o hundir aún más a esas personas en la pobreza negándoles los combustibles fósiles?

Este extraño batiburrillo de restos marxistas -imperialismo, descolonización y Teoría Crítica de la Raza mal digerida- crea un programa que difícilmente unirá a la mayoría de los europeos. El programa incluso ha recibido un nombre: Suicidio Europeo Inmediato. Si Europa emprende el «decrecimiento» económico, como desean los Verdes, este «decrecimiento» implica la destrucción de secciones enteras de las economías europea y occidental. «Decrecimiento» y destrucción económica son sinónimos perfectos. «Decrecimiento» significa reducir las actividades económicas, o gravarlas con impuestos tan punitivos que dejen de existir.

Estos defensores de los verdes representan el 10% de los escaños del Parlamento Europeo, y parecen estar en proceso de ser erradicados electoralmente en muchos estados miembros de la UE. No importa: la UE, no democrática, no elegida, no transparente y no responsable, les ofrece un recurso: las instituciones de la UE, donde los Verdes están por todas partes. Los«10 Verdes«, por ejemplo, son una coalición de diez de las mayores organizaciones y redes ecologistas activas a escala europea. Trabajan para que la UE dé prioridad al clima, el medio ambiente local, la biodiversidad y la salud humana dentro y fuera de sus fronteras. Para difundir sus ideas, estas ONG no elegidas son generosamente financiadas por las propias instituciones de la UE.

El problema fundamental de «Beyond Growth» es que nunca se define lo que ocurriá tras el «decrecimiento». Si los marxistas, y antes que ellos los socialistas, incluidos los nacionalsocialistas alemanes, siempre han intentado definir una teoría económica -proyectos concretos y destrucción de lo existente-, los ecologistas nunca se han molestado en hacerlo. ¿O es que arrojar a Europa a la dependencia energética de Rusia es la principal agenda de los ecologistas?

Esta reticencia a describir «el mundo del después» es comprensible. En el contexto de una Europa endeudada hasta las cejas y que ya grava a sus ciudadanos sólo para pagar los intereses de la deuda, reducir la producción económica significa enfrentarse a la cuestión de quién morirá primero. La sanidad, por ejemplo, ya está siendo racionada y parece que se ha convertido más en una cuestión de recortar costes que de prestar servicios, y más en hacer crecer una burocracia administrativa con un papeleo masivo que en invertir en más médicos y en una atención al paciente mejor y más puntual.

¿Qué pasaría si hubiera «decrecimiento»? ¿Cómo concebir, por ejemplo, una disminución obligatoria de la actividad económica sin someter toda innovación tecnológica al control de una «agencia administrativa»? La UE soñada por los ecologistas empieza a parecerse a una versión de Atlas Shrugged: un país distópico en el que las empresas privadas sufren bajo leyes, reglamentos y burócratas cada vez más onerosos. Tal vez los Verdes deberían reflexionar sobre el mensaje del libro: a pesar de los intentos del Estado de esclavizar las mentes por la fuerza, las personas salen victoriosas en su compromiso con la libertad. La mente humana es el poder que mueve el mundo, no la coacción.

La España embargada y el marrón de las renovables que Sánchez ha multiplicado

Los pleitos internacionales por las renovables brindan una pésima imagen ante las agencias de calificación y los grandes inversores. Mala tarjeta de presentación para un país obligado a financiar una deuda inmensa

JUAN T. DELGADO en VOXPOPULI

No debe ser plato de buen gusto para los profesionales del Tesoro, ni para algunos funcionarios ‘top’ del Ministerio de Economía. Sobre sus espaldas recae la misión de mover en los mercados la deuda soberana española. Esta tarea implica dar la cara ante quienes tienen que calificarla y, por supuesto, ante quienes pueden comprarla. Y el presente no facilita, precisamente, la ‘venta’. España es hoy cualquier cosa menos un ejemplo para los inversores internacionales, y no sólo porque tiene una deuda pública excesiva: para colmo, no paga lo que debe.

Las principales agencias de calificación (Moody’sFitch o S&P) son plenamente conscientes. Se lo han hecho saber los fondos que llevan años litigando contra el Estado por los cambios de retribución de las energías renovables. El marrón lo dejó el Ejecutivo de Mariano Rajoy sin medir las consecuencias. Recordemos: el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó unas primas de ensueño para promover fuentes, como la solar o eólica. El Gobierno de Rajoy, al que tocó comerse el rescate europeo, consideró disparatada la factura y tiró por la calle de en medio, aplicando un tajo radical a la retribución. 

De aquellos polvos vienen los actuales lodos. Los inversores se lanzaron en tromba a denunciar al Estado. Las cortes de arbitraje fueron dándoles uno por uno la razón, imponiendo compensaciones… que el Gobierno de Sánchez se niega a pagar ahora. La bola de nieve se ha hecho tan grande que sólo Venezuela supera hoy a España en el ranking de países morosos. Lo ha contado en Vozpópuli Alberto Sanzya hay ocho laudos impagados por valor de 700 millones y un reguero de litigios que supera el medio centenar.

Hasta el Banco Mundial ha sacado los colores al Gobierno, exigiendo que abone lo exigido en los arbitrajes. Mala tarjeta de presentación para un país obligado a lidiar con una deuda pública descomunal. En septiembre de 2022 superó por primera vez la barrera del billón y medio de euros, y el pasado febrero cerró con un nuevo récord (1,52 billones). La factura desbocada de las pensiones o la falta de voluntad para recortar el gasto superfluo explican, entre otros factores, por qué España tardará mucho más que otros países vecinos en recuperar los niveles de deuda prepandemia.

Sólo este año, el Tesoro tiene que colocar cerca de 257.000 millones de euros, sumando las nuevas emisiones (70.000 millones) y la refinanciación de los títulos en circulación. La rentabilidad exigida en las primeras operaciones del año ya alcanzó los niveles más altos en una década (casi un 3% para los bonos a 10 años).

Al Tesoro le queda un gran trabajo por delante en los próximos meses. A la incertidumbre que genera entre los inversores el año electoral, se suma el goteo de informaciones negativas que seguirán generando los pleitos de las energías renovables.

Pulsos por las renovables

No olvidemos que esos pulsos se libran en las principales plazas del mercado, como Londres Nueva York. E incluso en la lejana Sidney, donde la Corte Suprema ha iniciado un proceso que puede culminar en el embargo de activos de la pública Navantia en suelo australiano. 

Eso es, exactamente, lo que ya está ocurriendo en Reino Unido. El Tribunal Superior de Londres aceptó a principios de este mes el embargo cautelar de la sede del Instituto Cervantes en la capital. Todo un bochorno para quienes trabajan en la institución. Y un apunte negativo más para quienes dan la cara en el Ministerio de Economía ante los inversores y las agencias de calificación de riesgos.

Tanto Moody’s como Fitch o S&P conocieron hace diez días un hecho que prendió como la pólvora en los mercados y en la prensa: un fondo estadounidense (Blasket Renewable Investments) ha solicitado que se declare el ‘default’ de una partida de deuda española. Sus abogados esgrimen que los bonos españoles merecen tal castigo al ser emitidos por un Estado tan mal pagador.

El incendio, lejos de aplacarse, irá extendiéndose, a la vista de la lista de laudos pendientes de pago. El marrón de Rajoy que Sánchez ha multiplicado acabará en manos del próximo presidente. «Lo peor que nos puede pasar es que los inversores internacionales empiecen a percibir que España va camino de convertirse en una especie de Venezuela», asegura uno de los principales banqueros de inversión que operan en nuestro país. «En el fondo, eso es lo que percibió Rafael del Pino. Por eso se marcha Ferrovial.

 

El ecologismo empobrece y mata

por Drieu Godefridi

Traducción del texto original: Environmentalism Impoverishes, Kills
Traducido por Voz Media

Las innumerables restricciones en calefacción y electricidad que los europeos tienen que imponerse tendrán consecuencias devastadoras. Debido a los demenciales precios actuales de la energía, The Economist calcula que este invierno morirán 147.000 europeos, una cifra superior a la media anual. En la imagen (Leon Neal/Getty Images), ancianos sentados en una cafetería del Teatro Jacksons Lane de Londres el 30 de noviembre de 2022. El teatro, al igual que algunas organizaciones benéficas, ayuntamientos y grupos comunitarios, ofrece al público el uso gratuito de zonas comunes con calefacción a modo de «banco caliente», donde la gente puede pasar el tiempo sin necesidad de calentar sus casas.

La explosión de los precios de la energía tras el inicio de la guerra en Ucrania, pero sobre todo como consecuencia de la políticas energéticas verdes que han hecho a Europa tan dependiente del gas ruso durante los últimos 20 años, está llevando a cientos de millones de europeos a restringir su consumo energético en calefacción, especialmente este invierno.

Mientras lee esto, algunas familias europeas están en sus salones a 15 grados (59° Fahrenheit). ¡Feliz Año Nuevo!

Y el invierno no está cerca de su fin. Las innumerables restricciones en calefacción y electricidad que los europeos tienen que imponerse –no les queda más remedio– tendrán consecuencias devastadoras. Esta es la conclusión de un sólido estudio estadístico publicado recientemente por la revista británica The Economist.

Debido a los demenciales precios actuales de la energía, explica The Economist, este invierno morirán 147.000 europeos más que en el promedio anual del periodo 2015-2019. Si el invierno es suave, la cifra se reducirá a 79.000 muertes de más. Si el invierno es duro, se prevé que el excedente de muertes ascienda a 185.000:

«La única conclusión firme que ofrece nuestro modelo es que si las pautas de 2000-19 siguen vigentes en 2022-23, el arma energética rusa será muy potente. Con los precios de la electricidad cerca de sus niveles actuales, morirían unas 147.000 personas más (un 4,8% por encima de la media) que si esos precios volvieran a la media de 2015-19. Con temperaturas suaves –utilizando el invierno más cálido de los últimos 20 años para cada país–, esa cifra descendería a 79.000, un 2,7% más. Y con las [temperaturas] gélidas, tomando como referencia el invierno más frío de cada país desde 2000, ascendería a 185.000, un aumento del 6,0%.»

Se calcula que decenas de miles de soldados han muerto en la guerra de Ucrania. Dicho de otro modo, y según The Economist, incluso en el mejor de los casos –un invierno suave–, la explosión de los precios de la energía podría matar a más europeos que soldados han muerto en la guerra de Ucrania. Asombroso.

The Economist se muestra prudente, y con razón: la explosión de los costes energéticos en el último año no tiene precedentes en Europa. La proyección estadística debe tener en cuenta las políticas nacionales de limitación y suavización de los precios de la energía. Sin embargo, siempre es saludable desconfiar de los modelos matemáticos a futuro –pensemos en los informes del IPCC y en las recientes proyecciones de muertes por covid.

El frío mata. El frío mata directamente a los que renuncian a la calefacción, a los que perecen en la calle. El frío favorece las enfermedades mortales propias del invierno. El frío mata a quienes intentan calentarse por medios alternativos e improvisados durante los apagones e interrupciones del suministro.

Esta tragedia es consecuencia directa de las políticas energéticas verdes que se han seguido en Europa durante los últimos 20 años.

La construcción del orden europeo occidental posterior a la Segunda Guerra Mundial, que aún no era una «Unión Europea», se basó en gran medida en el deseo de fomentar la producción de energía abundante y barata. Dos de las tres comunidades originales –la del carbón y el acero y la de energía atómica– respondieron a ese deseo. El principal objetivo del Euratom era crear «las condiciones para el desarrollo de una potente industria nuclear europea» capaz de garantizar la independencia energética de los seis miembros originales de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (que acabó convirtiéndose en la Unión Europea).

Durante mucho tiempo, la política energética europea estuvo bajo la égida de expertos como Samuele Furfari, conscientes de que la energía sustenta la existencia humana en todas sus manifestaciones.

Hoy, la Comisión Europea está dominada por sedicentes ecologistas como Frans Timmermans y la alemana Ursula von der Leyen –y para qué hablar de las andanzas del Parlamento Europeo–. El desprestigio en que ha caído la única fuente de energía sostenible, no intermitente y genuinamente europea –la nuclear– se debe en gran medida a las decisiones de la UE.

Por supuesto, la energía nuclear no está exenta de riesgos y deficiencias. También está la cuestión de los residuos nucleares, que no son tan fáciles de gestionar. Sin embargo, tras el progresivo destierro del carbón en gran parte de Europa, y dado que los países de la UE prácticamente no disponen de gas propio de fácil extracción, sólo quedan dos opciones: la energía nuclear y el gas importado, procedente hasta ahora de RusiaQatar y Argelia, tres regímenes autoritarios. América también tiene gas, pero para eso Europa necesita terminales de gas natural licuado (GNL). Alemania, por ejemplo, sólo tiene una terminal flotante de este tipo. Estas son las razones por las que la energía nuclear debe formar parte del mix energético europeo, si el Viejo Continente quiere seguir siendo un poco independiente, especialmente de países como Rusia y Qatar.

Esto no exime de sus responsabilidades a los Gobiernos nacionales europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, desinvirtió en un primer momento en el parque nuclear francés, y ahora intenta parchearlo a toda prisa. Bélgica es el único país de Occidente que ha seguido cerrando reactores nucleares plenamente operativos desde el estallido de la guerra en Ucrania. Alemania ha sido comprada por Rusia y su gas. Las mayores organizaciones ecologistas europeas han sido financiadas masivamente (compradas, sobornadas) por Gazprom, es decir, por el Gobierno ruso.

La consecuencia de este ecologismo aplicado –el destierro del carbón por parte de los progresistas, la destrucción de las capacidades nucleares europeas, la extrema dependencia del gas ruso– es que nosotros, los arrogantes europeos, estamos pasando el invierno como un puñado de hobbits.

Drieu Godefridi es abogado (Universidad de Saint-Louis, Lovaina), filósofo (Universidad de Saint-Louis, Lovaina) y doctor en Teoría del Derecho (París IV-Sorbona). Es autor de ‘El Reich Verde’.

Breve historia del fracaso socialcomunista. Por Rafael García Alonso

Por: RAFAEL GARCÍA ALONSO.

La principal seña de identidad del socialcomunismo es su carácter totalitario, subsidiario de la subordinación del individuo a la colectividad. Así, bajo el disfraz de un supuesto “bien común” se esconde la aniquilación de las personas como entidades individuales, de tal forma que bajo el yugo de un Estado con connotaciones hobbesianas los individuos se ven obligadas a renunciar a su propio proyecto vital, asentado en sus valores, motivaciones, talento y laboriosidad. En defensa de sus planteamientos el socialcomunismo ha retorcido el concepto de libertad, recurriendo a lo que Isaiah Berlin denominó “libertad positiva”, la cual conlleva la existencia de un “yo superior” que, lejos de estar doblegado por los deseos del “yo inferior”, busca la autorrealización a través de su conversión en un elemento más de una totalidad social que trasciende los límites del propio individuo. De esta forma, cuando el proyecto individual no coincide con el proyecto colectivo los socialcomunistas arguyen que ello es debido a la ignorancia, razón por la cual entienden imprescindible la reeducación del sujeto para que los objetivos de su “yo auténtico” coincidan con los del “yo colectivo”. En este escenario el Estado socialcomunista se convierte en un gran Leviatán que cercena todo tipo de iniciativa individual en aras de una suerte de “voluntad general”, nítidamente roussoniana, que en realidad no es otra cosa que la voluntad de las élites en el poder.

Evidentemente, para que esta infernal maquinaria liberticida pueda funcionar a pleno rendimiento se hace imprescindible la existencia de unas fuerzas represivo que mantenga a la población sumida en el miedo, un aparato adoctrinador y propagandístico que fortalezca el sometimiento social a su perversión ideológica  y una planificación centralizada de la economía, la cual supone, como Friedrich A. Hayek señala en su obra Camino de servidumbre, “la organización deliberada de los esfuerzos de la sociedad en pro de un objetivo social determinado”. Con este planteamiento de base, el socialcomunismo defiende la dictadura del proletariado y la propiedad estatal de los medios de producción, de tal manera que, sustituyendo al libre mercado y la competencia, debe existir una entidad única, bajo el mando del Partido Comunista, que tendrá la tarea de establecer los bienes y servicios que han de producirse, así como el coste de los mismos. La aplicación de este sistema económico ha demostrado una ineficiencia absoluta, ya que la planificación centralizada de la producción ha provocado allí donde se ha aplicado una deficiente utilización de los recursos y una falta de incentivos a la producción, determinando todo ello la desaparición de la iniciativa privada, la recesión económica y el empobrecimiento de la población.

La República Democrática Alemana (RDA) constituye un ejemplo paradigmático de lo acontecido en los países que cayeron tras la Segunda Guerra Mundial bajo la abyecta sombra proyectada por el llamado por Winston Churchill “Telón de Acero Soviético”. Así, en la RDA cada año el gobierno decidía qué y cuánto se producía, el coste de lo producido y cuanto se dedicaba al mercado interno y a la exportación, estableciendo además un determinado objetivo productivo. Sin embargo, la economía de la Alemania Oriental lejos de crecer se encogía, mientras la deuda pública aumentaba continuamente y la calidad de vida de la población empeoraba progresivamente. Sin embargo, los alemanes orientales no cabían en sí de gozo y no pudiendo soportar tan elevadas dosis de felicidad decidieron huir en masa, de tal forma que cerca de 3 millones de personas abandonaron la RDA. Como las autoridades de la Alemania Oriental no podían consentir tamaño disparate decidieron acabar con el masivo éxodo, para lo cual construyeron en 1961 el Muro de Berlín, al cual llamaron “Muro de Protección Antifascista”, ya que, como es lógico suponer, su única finalidad no era evitar la despoblación, sino proteger a los trabajadores de las garras del capitalismo. Finalmente, en noviembre de 1989, una marea pacífica de alemanes orientales derribó para siempre el muro de la vergüenza.

El fracaso económico de la Europa comunista propició que el Partido Socialdemócrata de Alemania, en el Congreso de Bad Godesberg celebrado en 1959, renunciara al marxismo y se mostrara partidario de la democracia liberal y el libre mercado. Sin embargo, probablemente debido a reminiscencias de su pasado comunista, la socialdemocracia abogó por un Estado paternalista, ignorando que, como decía Immanuel Kant, “el paternalismo es el mayor despotismo imaginable”. En consonancia con ello, orientaron sus esfuerzos en materia económica a procurar una profunda redistribución de la riqueza mediante políticas impositivas confiscatorias y un gasto público desmesurado, sin caer en la consideración de que, como muestra la “Curva de Laffer”, a partir de un determinado punto de inflexión a medida que suben los impuestos disminuye la recaudación fiscal. Generalmente se pone a Suecia como nación que ejemplifica el éxito de la socialdemocracia, pero, como demuestra con todo lujo de detalles Daniel Lacalle en su obra Viaje a la libertad económica, la realidad es muy distinta de la dibujada por los socialistas de nuevo cuño. Así, desde 1960 a 1989, con el Partido Socialdemócrata Sueco en el poder, la carga tributaria soportada por los suecos pasó del 28% al 56% del PIB.; además durante este periodo se perdieron más de 300.000 empleos privados, mientras que el número de funcionarios creció en 885.000 personas, duplicando la media de los países de la OCDE. A comienzos de los años 90, con un Gasto Público del 70% del PIB, un déficit público del 11% del PIB y una tasa de paro del 14%, la situación se tornó insostenible, de tal forma que el sistema saltó por los aires, viéndose Suecia obligada a llevar a cabo una profunda reforma económica de carácter liberal, gracias a la cual pudo revertir la situación y salir de la crisis a la que se vio abocada por la aplicación de unas políticas socialdemócratas en sí mismas autodestructivas.

No obstante, como la necedad combinada con la maldad siempre acaba renaciendo como la mala hierba, tras la desintegración de la Europa comunista, la izquierda se vio en la necesidad de reinventarse y así, en el llamado “Foro de Sao Paulo”, celebrado en 1990 bajo los auspicios de tres dictadores como Fidel Castro, Hugo Chávez y Lula da Silva, nació el llamado “Socialismo del siglo XXI”. Este movimiento político básicamente consiste en la sustitución de la “dictadura del proletariado” por una “democracia iliberal”, es decir, por un sistema político socialcomunista caracterizado por el desmantelamiento del Estado de Derecho mediante el control totalitario de todos los resortes del poder, la nacionalización del tejido productivo, el dominio de los medios de comunicación y el silenciamiento o encarcelamiento de la oposición, celebrándose en este contexto procesos electorales sin ningún tipo de garantías democráticas. Con la llegada al poder en 1999 de un simio antropomorfo como Hugo Chávez, Venezuela se convirtió en el buque insignia del “Socialismo del siglo XXI”. La consecuencia de ello es que dos décadas después la situación no pude ser más dramática para los venezolanos. Así, a pesar de ser el país con mayores reservas de petróleo del mundo, nos encontramos con que, debido al desarrollo de políticas económicas de corte comunista, en el último lustro el PIB venezolano ha caído más del 50%, la tasa de paro ha crecido hasta alcanzar el 47,9%, la pobreza extrema afecta la 79,3% de la población, han emigrado más de 5 millones de personas y Caracas se ha convertido en una de las ciudades más violentas del mundo. De esta forma, se puede decir sin temor a equivocarse que Venezuela lleva años sufriendo las lacras del totalitarismo en el ámbito político y de la miseria en el terreno económico, mostrándonos así la verdadera faz del infernal paraíso socialcomunista.

El “Sanchismo” es otra cosa, es un socialismo sin anclaje ideológico, un salto al vacío, un páramo intelectual, un decorado de cartón piedra, una partitura sin pentagramas, un relato sin trasunto, un retrato desfigurado y, en definitiva, solipsismo narcisista en estado puro. Así, carente de todo principio ético y con la única finalidad de mantenerse en el poder, Pedro Sánchez ha sido capaz de pactar con comunistas desquiciados y separatistas irredentos, aprobando para ello leyes que promueven la falsificación de la historia, la eliminación del sexo biológico, la banalización de la transexualidad, la inmersión lingüística en las Comunidades Autónomas con lenguas cooficiales, ha concedido el indulto a los golpistas catalanes y ha permitido la exaltación del terrorismo etarra. A su vez, el Sanchismo ha provocado una auténtica degradación democrática mediante la politización de la Fiscalía General del Estado, el continuo acoso al Poder Judicial, el asalto a las instituciones del Estado, el control absoluto de los medios de comunicación públicos, la compra de voluntades de los sindicatos de clase a cambio de generosas dádivas y la creación de una costosísima y tupida red clientelar a su servicio. En lo que respecta a la economía los resultados de las políticas sanchistas no han podido ser más desalentadores, ya que, siguiendo unas recetas periclitadas y fracasadas, ha conjugado el Gasto Público desmedido -con el agravante de que hasta 60.000 millones de euros se han utilizado  de manera ineficiente según el Instituto de Estudios Económicos- con unas cargas impositivas desmedidas e inasumibles por los pequeños empresarios, los autónomos y los trabajadores -empeorando la situación su negativa a bajar el IVA de los alimentos básicos- de tal forma que son muchas las familias a las que no les llega el dinero para comer a final de mes. A ello, rindiendo pleitesía a las élites globalistas, debe sumarse un fanatismo medioambiental que impide la utilización de la energía nuclear a pesar de ser la energía más verde, prohíbe explorar la existencia de posibles fuentes energéticas, impulsa la destrucción de 108 embalses, lo cual no solo disminuye la producción de energía hidroeléctrica, sino que también dificulta el suministro de agua a la población, y, finalmente, pone todo tipo de trabas a ganaderos y agricultores, ahogando así al sector primario. Todo ello se corresponde con un ecologismo de salón que soslaya el empobrecimiento energético y demuestra un desconocimiento absoluto de la problemática que rodea al mundo rural. La resultante de todo ello es que, con un crecimiento económico anual prácticamente nulo como demuestran las cifras del PIB, en España estamos asistiendo a la escalada inflacionista más alta de la OCDE, a la tasa de paro más elevada de la eurozona y a una Deuda Pública que ya se sitúa entre las mayores del mundo. En función de todo lo expuesto es inevitable concluir que el Sanchismo ha deteriorado tanto la democracia, hasta convertirla en una oclocracia, como la economía, hasta el punto de sumir a más de un millón de personas en la pobreza. Mientras tanto el psicópata monclovita y su camarilla continúan disfrutando de los privilegios que el ejercicio totalitario y corrupto del poder proporciona.

¡Más madera, es la guerra!

Cuando Pedro Sánchez nos habla mirándonos a la cara y agita sus brazos de dentro hacia afuera mostrando las palmas de sus manos como gesto de humildad, lo que realmente pretende es que creamos que se nos ofrece voluntariosamente para resolver los problemas que padecemos todos.

Sin embargo cuando sonríe compulsivamente sin controlar los músculos de su apolíneo rostro cuando alguien osa a opinar diferente, o simplemente a contradecirlo, realmente lo que consigue es el efecto contrario pues su soberbia lo supera y, o bien arremete e insulta aprovechando su poder y ventaja por ser quien es, o trata de desgastar al adversario enviando contra estos de forma orquestada a sus esbirros con cartera de Ministro, y estos a su vez a sus comisarios políticos con cargo de Secretarios de Estado, de la misma manera que haría un chulo putas o macarra de barrio.

A los españolitos cada vez nos hacen menos gracia sus ocurrencias y bravuconadas pues todos sufrimos la subida de los precios y todos nos sorprendemos y aturdimos cuando nos toca darnos un baño de realidad cada vez que repostamos en la gasolinera o nos llega la factura del agua, la luz, el gas o vamos a comprar comida al Carrefour (ahora que está tan de moda y es tan progre).

Es conocido que los cambios en la dirección de los gobiernos en nuestro país se suelen producir cuando aprieta el bolsillo y por tanto vienen mal dadas, salvo en la actual excepción provocada: primero por una moción de censura cimentada en una sentencia mal redactada y posteriormente corregida; y en  segundo lugar, gracias a una elección donde las minorías que quieren volver al cantonalismo mas rancio, decidieron por la mínima nuestro devenir hacia el actual desparrame político. 

De hecho y pese a que muchos analistas invitamos a la mesura en el gasto durante los periodos vacacionales, ya circula una encuesta por los medios en el que aseguran que el 52% de los encuestados ya reconocen que no llegarán a final de mes en septiembre. Desde luego la situación invita a ello, al cambio de rumbo cuando toque: más aún cuando afloran estudios sensatos con datos de los denominados tozudos al reflejar objetivamente la realidad. Beber de fuentes claras sin contaminar con dinero público (que ya es grave reconocer esto), es complicado pero hasta los medios subvencionados comienzan a usarlos para empezar a cuestionar a quien los colmó durante gran parte de la legislatura.

Los comento cuatro datos sin ánimo de congestionarlos que tienen que ver con la variación interanual de las bajas en la Seguridad Social de los contratos indefinidos: ¿Recuerdan cómo se felicitaban por los miles y miles de contratos indefinidos que habían surgido como florecitas en el campo, gracias a la puñetera reformilla laboral, que según ellos era obligatorio llevar a cabo para recibir los Fondos Next Generation? Pues no han superado el periodo de prueba el 902,6% del total ¿Y la que liaron con los fijos discontinuos? Pues están en su casa sin contar como parados el 521,8% del total ¿Saben que porcentaje de bajas de contratos indefinidos se han producido de forma no voluntaria? El 320,9% de los contratos totales ¿Y voluntarias? El 258,7% ¿Y cuánto porcentaje representan los despidos por causas objetivas? El 234,7%  y por ultimo respecto a este tema: ¿Conocen cuanto se ha incrementado el porcentaje de despidos disciplinarios? Un 170%.

En fin, que parece evidente que no era necesaria la reforma ni mucho menos centrando el asunto en hacer indefinidos o transformar formalmente los contratos temporales en fijos discontinuos, si al final el mercado laboral digan lo que digan, se regula solo y aunque lo debe hacer dentro del marco legal, es evidente que los vicios o virtudes del pasado según se mire, se siguen produciendo de la misma forma aunque en proporciones impresionantes, lo cual solo demuestra que las medidas fueron propagandísticas y mediáticamente falsarias, pues el objeto de las mismas era cambiar la forma de contar parados eliminando de la ecuación por arte de magia, a casi un millón. 

“El Gobierno de la gente”, así se autoproclaman desde el comienzo de la gira “Motomami” de Pedro Sánchez, pero lo cierto es que ni los temporales están contentos porque la mayoría siguen igual que antes; los pensionistas están con la mosca detrás de la oreja, porque los cálculos que promete una y otra vez el ministro del ramo al ser interanuales implica palmar dinero de cara al año que viene; la economía esta gripada por muchas amenazas de tomar las calles que haga la ministra de trabajo; las colas del hambre cada vez son más y más largas; en Cataluña se siguen tomando la Constitución por el pito del sereno de manera recurrente y en Vascongadas más o menos según venga la cosecha de nueces; la inmigración ilegal sigue a buen ritmo para no variar por mucho que digan que si se llevan bien con unos o lo van a intentar con los otros; estos otros son aliados de Putin por lo que ya veremos lo que tardan en cortar el grifo del gas y así nos va, y la vida sigue, y todo pasa hasta que desde la UE (que es la abuela que faltaba por parir), dice que hay que subir los tipos de interés para controlar la inflación y las hipotecas se desbocan. 

Y nos dicen que si es que habíamos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades (y tal…) ¡Pero vamos a ver, que culpa tenemos la ciudadanía si te regalaban los préstamos y las hipotecas a pedo puta? Pues ahora además de decirte que en las horas punta igual te cortan el suministro y que si puedes te pongas placas solares hasta en el cielo de la boca, resulta que nos terminan de ajusticiar con una subida impresionante que ya es la puntilla. 

¡Más madera como decía Groucho Marx, que nos quedan aún dieciséis meses de Sánchez, a saber de Putin, más la madre que parió a Panete y a su prima Úrsula…

FUENTE: Ataraxia Magazine

Antes de que se vaya de vacaciones …

CRISIS CORONAVIRUS

Antes de que se vaya de vacaciones, esto es para usted.
Si es un español afortunado, hoy comenzará sus vacaciones. Un verano atípico y que nunca olvidará. Pero lo que tampoco olvidará jamás, es lo que le tiene preparado otoño, el año 2021 y quién sabe si el resto de su vida.
Mientras usted estará disfrutando de la playa, familia, amigos, restaurantes y demás, su país, camina paso firme hacia el abismo. Si pensó que la crisis del 2008 fue terrible, la crisis que va a sufrir ahora será infernal. Sí, ya sé que para usted, ahora es sólo un número. «El PIB se desploma un 18’5% en el segundo trimestre», leyó ayer en todas partes. Le diré en qué se traduce a corto plazo: quiebras empresariales, desempleo, pobreza, inseguridad y peor calidad de vida. Por ese orden, usted notará, aunque crea que no, las consecuencias del desastre económico.
Pero no se preocupe, de las crisis económicas se sale, o no. ¿De qué depende salir o entrar en el círculo vicioso de la pobreza? Del gobierno que usted tenga. No pretendo amargarle las vacaciones, así que, recurriré al más grande: Sócrates. El filósofo revolucionó a la sociedad simplemente haciendo preguntas a los ciudadanos que habitaban en la ignorancia, pero creían ser enormemente sabios. Las autoridades tuvieron que matarlo porque muchos, descubrían ser unos auténticos estúpidos manipulados por sus gobernantes. Los de entonces, no se diferencian en gran cosa de los actuales. Le hacen creer que sin ellos, no puede prosperar, a pesar de que le arruinan mientras ellos están rodeados de lujo y opulencia.
Sin ánimo de ser exhaustivo, le formularé una serie de preguntas:
¿Por qué el Gobierno no se centra en ayudar al pobre en vez de aplastar al rico?
¿Conoce alguna sociedad que haya mejorado sin ambición, conocimiento y trabajo duro?
¿Cómo va a ser viable un país que gasta más de lo que gana?
¿Cómo vas a generar empleo castigando a las empresas que lo crean?
¿Cómo vas a conseguir que tus ciudadanos vivan mejor si cada vez tienen menos por los impuestos que pagan?
¿El Gobierno le quiere pobre y dependiente del Estado, o autosuficiente y libre para depender únicamente de su trabajo?
Si da con la respuesta correcta, hallará la solución de la crisis.

PSOE/PODEMOS: LA RUINA DE ESPAÑA. / PSOE / PODEMOS: THE RUIN OF SPAIN.

pedropablo

Para Europa, Pedro Sánchez es un apestado, la negativa en recibir al Presidente Guaidó distanciandose de la política común del resto de mandatarios de la Unión y la defensa del sátrapa venezolano lo han señalado en Europa y EEUU.

La cohabitación con el comunismo radical, Podemos (#UnidasPandemias), le ha cerrado las puertas de todos focos de decisión de las democracias occidentales. Estados Unidos ha puesto en su mira a Sánchez y a Iglesias, tras imputar a Maduro y Cabello en delitos de narcótrafico y seguir siendo el gobierno español uno de los escasos valedores del tirano. Tras acceder Iglesias a la información del CESID, se ha cortado el acceso a toda información sensible de la Otan.

No pintamos nada. Nadie recuerda por el maldito virus que Marruecos experto en oler la debilidad de España ha confirmado la amenaza de apropiación de las aguas territoriales frente a Canarias. Nadie ha salido en nuestra defensa. Portugueses e italianos han conseguido rebajas en los aranceles por exportaciones del aceite en USA, nosotros, no.

Finalmente la desastrosa gestión en la Pandemia, somos el país con peores números por habitantes ha puesto en evidencia la solvencia de este gobierno. No tendremos eurobonos ni carta blanca en la financiación de nuestra inmensa deuda, ese legado habitual del socialismo cada vez que gobierna, porque a los ojos de la Unión no somos de fiar. En todo caso recibiremos ayuda si nos dejamos intervenir, eso supone sudor y lágrimas, pero no habrá regalo alguno. Con este gobierno no esperemos nada, en todo caso la ruina de España por muchos, muchísimos años .

La ruina económica que deja Fidel Castro. / The economic ruin left by Fidel Castro. (SPANISH-ENGLISH)

El dictador amasó un gran patrimonio, pero hasta su propio hermano Raúl reconoce que el legado castrista es desastroso.

Por  via LIBREMERCADO

Fidel Castro deja a Cuba sumida en la miseria | Efe
Fidel Castro deja a Cuba sumida en la miseria | Efe

Los actuales salarios no satisfacen las necesidades del trabajador cubano y de su familia

El modelo actual influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal cualificado que opta por salir de Cuba

El sistema desestima la promoción de los más capaces, ya que se traduce, generalmente, en que a mayor responsabilidad, menores ingresos personales

La anterior valoración sobre la ruina socioeconómica de Cuba no la firma ningún furibundo activista anticomunista. En realidad, son declaraciones de Raúl Castro en 2014. El hermano de Fidel reconocía así la necesidad de abandonar progresivamente el comunismo y adoptar un modelo económico más abierto.

Desde entonces, la dictadura ha impulsado tímidas medidas aperturistas, a menudo cosméticas, y también ha aprobado diversas leyes de inversión extranjera que buscan facilitar la entrada de capital en la isla. La viceministra de Comercio Exterior, Ileana Núñez, visitaba Madrid hace dos años y se reunía con el diario El País para reconocer que Cuba necesita «captar recursos financieros y lograr inversiones en sectores estratégicos». La cabecera de referencia de la izquierda escribía entonces que el objetivo de Fidel y Raúl Castro era «sacar al país del estancamiento económico y el subdesarrollo».

La realidad es cruda. Tras medio siglo de dictadura, el sueldo medio de los cubanos no llega a los 600 pesos, lo que se traduce en menos de 20 euros mensuales. ¿Y qué pueden adquirir los cubanos con esos 600 pesos? Un litro de yogur cuesta 30 pesos, un paquete de detergente o un kilo de pollo salen a 120 pesos… Y si ya resulta difícil comprar alimentos, acceder a cualquier comodidad se convierte en una misión imposible. Por ejemplo, una televisión cuesta 16 meses de sueldo íntegro mientras que una hora de internet supone 40 pesos.

La fortuna de Fidel

El impactante documental Cuba y los elefantes pone de manifiesto la miseria que sufren a diario los cubanos:

Pero recién fallecido Fidel Castro no sufría las penurias que sí atraviesa el cubano medio. Según revela su ex guardaespaldas, Juan Reinaldo Sánchez, el dictador nunca se privó de las comodidades y el lujo. «Al contrario de lo que pregonaba, Fidel nunca renunció a los lujos del capitalismo, una cosa era su discurso sobre la «vida austera» que debían vivir los revolucionarios, otra cosa era su modo de vida, que era el de todo un capitalista», escribe.

Ya en su día, Fidel Castro fue incluido en la lista de políticos millonarios que elaboró la revista Forbes. Por aquel entonces, se estimaba que el dictador amasaba un patrimonio cercano a los 800 millones de dólares.

«No es el bloqueo, estúpido»

A menudo se culpa al bloqueo de EEUU del empobrecimiento cubano. En realidad, el progresivo desplome del castrismo se explica por el declive de la Unión Soviética, que cada año inyectaba fondos equivalentes al 30% del PIB isleño. Hoy, Cuba es libre de comerciar con cientos de países y, de hecho, el comercio supone el 40% de su PIB. Sin embargo, la producción de la isla es tan primaria que Cuba es un actor marginal en la globalización.

La clave no está, por tanto, en el bloqueo de EEUU, sino en el atraso económico que ha generado el socialismo. Lo vemos, por ejemplo, con el azúcar y los cigarros. Aunque en 1958 había una producción de azúcar equivalente a 859 toneladas por cada 1.000 personas, hoy esta cifra es de apenas 106, ¡ocho veces menos! Algo parecido ha ocurrido con los cigarros: desde 1958 hasta hoy, su producción cayó de 92.000 a 26.000 por cada 1.000 personas, ¡3,5 veces menos!

inglaterra

TEXT IN ENGLISH

The dictator amassed a great heritage, but even his own brother Raul recognizes that the Castro legacy is disastrous.

Current wages do not meet the needs of the Cuban worker and his family.

The current model negatively influences the discipline and encourages the exodus of qualified personnel who choose to leave Cuba.

The system dismisses the promotion of the most capable, Generally, with greater responsibility, lower personal income

The previous assessment of Cuba’s socioeconomic ruin is not signed by any furious anti-communist activist. In fact, they are declarations of Raúl Castro in 2014. Fidel’s brother thus recognized the need to gradually abandon communism and adopt a more open economic model.

Since then, the dictatorship has encouraged timid, often cosmetic, opening-up measures, and has also passed a number of foreign investment laws aimed at facilitating the entry of capital into the island. Deputy Foreign Trade Minister Ileana Núñez visited Madrid two years ago and met with the newspaper El País to recognize that Cuba needs to «raise financial resources and secure investment in strategic sectors.» The reference header on the left then wrote that the objective of Fidel and Raúl Castro was «to get the country out of economic stagnation and underdevelopment».

The reality is crude. After half a century of dictatorship, the average salary of Cubans does not reach 600 pesos, which translates into less than 20 euros per month. And what can Cubans acquire with those 600 pesos? A liter of yogurt costs 30 pesos, a pack of detergent or a kilo of chicken comes out at 120 pesos … And if it is already difficult to buy food, access to any comfort becomes an impossible mission. For example, a television costs 16 months of full pay while an hour of internet costs 40 pesos.

The Fortune of Fidel.

The shocking documentary Cuba and the elephants shows the misery that Cubans suffer daily:

But recently deceased Fidel Castro did not suffer the hardships that the middle Cuban does. As revealed by his former bodyguard, Juan Reinaldo Sánchez, the dictator never deprived himself of comforts and luxury. «Contrary to what he preached, Fidel never gave up the luxuries of capitalism, one thing was his discourse on the» austere life «that revolutionaries had to live in, another way was his way of life, that of an entire capitalist» , writes.

Already in his day, Fidel Castro was included in the list of millionaire politicians who made Forbes magazine. At that time, it was estimated that the dictator amassed a patrimony near the 800 million dollars.

«It’s not the block, stupid»

The US blockade of Cuban impoverishment is often blamed. In fact, the progressive collapse of Castroism is explained by the decline of the Soviet Union, which each year injected funds equivalent to 30% of the island’s GDP. Today, Cuba is free to trade with hundreds of countries and, in fact, trade accounts for 40% of its GDP. However, the island’s production is so primary that Cuba is a marginal player in globalization.

The key, therefore, is not the US blockade, but the economic backwardness that has generated socialism. We see it, for example, with sugar and cigarettes. Although in 1958 there was a production of sugar equivalent to 859 tons per 1,000 people, today this figure is only 106, eight times less! Something similar has happened with cigars: from 1958 to today, their production fell from 92,000 to 26,000 per 1,000 people, 3.5 times less!

Podemos empobrecerá a los más pobres con su ley de salario mínimo.

Una ley de salario mínimo solo decreta la prohibición jurídica de trabajar por debajo de una determinada remuneración. La ley no obliga a subir los sueldos de nadie

JUAN RAMÓN RALLO

El Congreso aprobó el pasado martes una proposición de Ley de Unidos Podemos para incrementar progresivamente el salario mínimo interprofesional hasta el 60% del salario medio de España en el año 2020. Dado que en la actualidad el salario medio de España asciende a unos 1.881 euros mensuales, la propuesta de la formación morada pasa por fijarlo en 1.108 euros mensuales en 2020 (950 euros mensuales en 14 pagas).

La idea parece razonable, dado que únicamente desarrolla la respectiva sugerencia de la Carta Social Europea: a saber, que los salarios mínimos nacionales representen al menos el 60% de los salarios medios. Sin embargo, su fundamentación económica es muchísimo más endeble y peligrosa, justamente por no entender qué es y qué implicaciones conlleva un incremento normativo del sueldo mínimo.

¿Qué es el salario mínimo?

Empecemos por lo básico: una ley de salario mínimo solo decreta la prohibición jurídica de trabajar por debajo de una determinada remuneración. La ley no obliga a subir los sueldos de nadie, dado que el empresario puede optar por despedir al trabajador antes que abonarle un mayor salario. Si muchas personas confunden ambas proposiciones (subir el salario mínimo legal con incrementar los salarios más bajos de la economía) es porque implícitamente asumen que el empresario no podrá permitirse prescindir de sus empleados y, por consiguiente, se verá empujado a incrementarles su sueldo.

Si la aportación mensual que efectúa un trabajador a los ingresos de la empresa es inferior al salario mínimo legal, el empresario optará por despedirle

Pero esta última hipótesis —que el empresario preferirá siempre aumentar la remuneración de sus trabajadores antes que despedirlos— es cuando menos discutible. Si la aportación mensual que efectúa un trabajador a los ingresos de la empresa (lo que suele llamarse “productividad marginal del trabajador”) es inferior al salario mínimo legal, entonces el empresario optará por despedir a su empleado: “Si gracias a ti ingreso 10 pero me cuestas 15, mejor no te contrato”. Imaginen que el Congreso aprobara una “ley de altura mínima”, según la cual los empresarios no pudieran contratar a trabajadores que midieran menos de 1,85 metros: ¿lograría esa normativa aumentar la altura de los obreros más bajitos o más bien equivaldría a prohibirles trabajar por ley? O imaginen que el Congreso aprobara una “ley de ingresos mínimos” para los autónomos, según la cual ningún trabajador autónomo con ingresos inferiores a 1.100 euros mensuales tiene permitido desarrollar la actividad en nuestro país: ¿conseguiría esa ley que los autónomos ingresaran más o simplemente los condenaría al desempleo? El problema de las leyes de salario mínimo es justamente ese: en lugar de contribuir a mejorar las remuneraciones de los sectores más débiles de la sociedad, puede terminar relegándolos al desempleo estructural.

Ahora bien, es verdad que hay muchos economistas que defienden los aumentos del salario mínimo legal. ¿Por qué? Pues una de dos: o porque consideran que parte de los trabajadores están percibiendo a día de hoy un salario inferior a su productividad marginal (es lo que ocurriría en mercados laborales monopsónicos o con comportamientos similares al monopsonio) o porque creen que el incremento de los salarios mínimos contribuirá a elevar la productividad del trabajo de manera endógena (por ejemplo, porque el mayor coste laboral inducirá a los empresarios a reducir sus ineficiencias organizativas internas; o porque el mayor salario actuará como un estímulo keynesiano sobre el resto de la economía; o porque el mayor salario estimulará a los propios trabajadores a volverse más eficientes; o porque el mayor salario desincentivará la alta rotación de empleados en un mismo puesto de trabajo). En principio, pues, no cabe rechazar teóricamente de plano que un cierto incremento del salario mínimo pudiera generar un incremento sostenible de la ocupación y de las remuneraciones.

Por tanto, para conocer la relevancia real de los anteriores efectos no queda otra que recurrir a la empírica: ¿qué nos dice la experiencia acerca de las consecuencias de los aumentos del salario mínimo legal?

Efectos del salario mínimo

En 2009, los economistas Hristos Doucouliagos y T. D. Stanley publicaron una meta-análisis de 1.474 estimaciones acerca de los efectos del salario mínimo sobre el empleo, y el conjunto de tales estimaciones mostraba que, por cada incremento del 1% en el salario mínimo, el empleo se reducía un 0,19%. Es decir, si Unidos Podemos propone aumentar el salario mínimo legal un 45%, el empleo tenderá a reducirse un 8,5% con respecto a los niveles actuales: una destrucción de 1,5 millones de puestos de trabajo.

Es verdad, sin embargo, que Doucouliagos y Stanley consideran que su devastadora estimación sobre los efectos del salario mínimo se debe a que existe un sesgo de publicación entre los ‘journals’ de Economía: esto es, que los autores y los editores tienden a publicar en mayor medida análisis críticos con el salario mínimo que análisis favorables al mismo. Pero fijémonos en que la exoneración de los efectos destructivos del salario mínimo no se debe a que la evidencia disponible concluya que el salario mínimo es inocuo, sino a la presunción de que la evidencia disponible no es totalmente válida.

Si Unidos Podemos propone aumentar el salario mínimo legal un 45%, el empleo tenderá a reducirse un 8,5%: una destrucción de 1,5 millones de puestos

Pero supongamos que, en efecto, un incremento del salario mínimo no provoca destrucción neta de empleo porque la evidencia negativa sí se halla sesgada. ¿Significa ello que carece de consecuencias negativas sobre los trabajadores? En absoluto. La destrucción de empleo es solo uno de los posibles canales de transmisión de una subida del salario mínimo, pero hay al menos otros cinco canales negativos para los que contamos con diversos grados de evidencia empírica:

  • Ralentización de la creación de empleo: El incremento del salario mínimo no tiene por qué reducir el volumen de empleo actual, sino que bien puede frenar la creación de nuevos puestos de trabajo. Por ejemplo, los economistas Meer y West estiman que un aumento del 10% en el salario mínimo conlleva una reducción del 25% en el ritmo de creación de empleo. Dado que Unidos Podemos desea aumentar el salario mínimo más de un 40%, ello significaría que la creación de empleo de la economía española se frenaría por entero.
  • Reducción del número de horas trabajadas: Los empresarios pueden no despedir a aquellos trabajadores cuyo salario mínimo ha aumentado, pero sí pueden reducir el número de horas por las que los contratan (sustitución de la jornada a tiempo completo por jornada a tiempo parcial). Si la hora de trabajo sale más cara, su demanda de horas de trabajo cae.
  • Reducción de los salarios en especie: Los empresarios pueden compensar el mayor coste salarial con un menor coste no salarial (por ejemplo, una menor inversión en formación interna), de modo que la remuneración total de un trabajador no cambiará pese al mayor salario mínimo legal.
  • Sustitución de trabajadores no cualificados por trabajadores cualificados: Imaginemos que la productividad de un trabajador no cualificado es 10 y la de un trabajador cualificado es 15. Si el coste de contratar al no cualificado es 5 y el de contratar al cualificado es 12, el empresario preferirá incorporar al trabajador no cualificado (su margen de ganancias es mayor). Sin embargo, si se eleva el salario mínimo de 5 a 8, pasará a ser más rentable contratar al trabajador cualificado, de modo que el empresario podría optar por despedir a los empleados no cualificados para incrementar la contratación de los cualificados (el efecto del salario mínimo sobre el empleo total sería nulo, pero saldrían perdiendo aquellos a los que se quería beneficiar con el mayor salario mínimo).
  • Aumento de precios: Los empresarios que vendan bienes o servicios con una demanda muy inelástica podrán repercutir su mayor coste salarial sobre los precios finales. Pero, evidentemente, si los precios de los bienes de consumo aumentan, los salarios reales de todos los trabajadores se reducirán. O dicho de otro modo, el aumento nominal del salario mínimo de algunos trabajadores ocasionará un recorte del salario real de otros trabajadores. ¿Cuál es el saldo neto de este efecto redistributivo entre los que ganan y los que pierden? De acuerdo con un reciente estudio del economista Thomas MaCurdy, el efecto es netamente perjudicial para los más pobres (pues son ellos los que consumen un mayor porcentaje de los productos que más se encarecen).

La evidencia disponible, pues, no parece avalar un incremento del salario mínimo en España: incrementar la frontera mínima legal a partir de la que está permitido trabajar en nuestro país solo contribuirá a reducir muy significativamente el empleo y a hundir los ingresos reales de las familias más pobres. Un riesgo que, con una tasa de paro del 20%, no nos podemos permitir.

Incrementar la frontera mínima legal a partir de la que está permitido trabajar contribuirá a reducir el empleo y a hundir los ingresos de las familias más pobres

Ahora bien, imaginemos que somos relativamente escépticos con respecto a los resultados anteriores. A la postre, sigue habiendo numerosos economistas partidarios de subir el salario mínimo legal. ¿Quedaría en tal caso justificada la propuesta de Unidos Podemos? No, ni mucho menos. Incluso aquellos economistas partidarios de subir el salario mínimo son conscientes de que, a partir de ciertos umbrales, el efecto es siempre negativo. Tomemos el caso de uno de los más destacados defensores académicos de incrementar los salarios mínimos: el profesor Arindrajit Dube.

Dube defiende que los distintos estados que componen EEUU fijen un salario mínimo equivalente al 50% del salario mediano de ese estado. Él mismo reconoce que se trata de una propuesta osada y arriesgada —“la propuesta de incrementar el salario mínimo hasta el 50% del salario mediano va algo más allá del rango salarial para el que disponemos de una mejor evidencia empírica”—, pero por la que cree que merece la pena apostar. En España, el salario mínimo ya representa el 47,8% del salario mediano (el salario mínimo en doce pagas son 764 euros mensuales y el salario mediano en 2015 fue de 1.596 euros), de modo que incluso para economistas como Dube tendríamos poco margen para incrementarlo sin considerables riesgos.

Sucede que Unidos Podemos no pretende aumentar el salario mínimo al entorno —o algo por encima— del 50% del salario mediano, sino al 60% del salario medio, lo cual equivale al 70% del salario mediano. Se trataría, con diferencia, del salario mínimo relativo más elevado de toda la OCDE. Una absoluta imprudencia que multiplicaría todos los riesgos de destrucción de empleo en una economía que ya padece una altísima tasa de paro estructural como la nuestra:

En definitiva, la propuesta de Unidos Podemos de incrementar el salario mínimo hasta el 60% del salario medio es puro populismo laboral. No existe ningún otro país desarrollado con una regulación salarial tan restrictiva y obstructiva, acaso porque sus consecuencias serían verdaderamente devastadoras: y lo serían, muy en especial, para aquellos trabajadores con menores sueldos. Si a Unidos Podemos realmente le preocuparan los sectores más desfavorecidos de la sociedad, mañana mismo procedería a retirar su pauperizadora proposición de Ley: no lo hará porque su genuina preocupación no son los trabajadores pobres, sino alcanzar el poder a hombros del populismo más descarnado… caiga quien caiga.