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La manifestación feminista desde dentro: «Saca tu rosario de mis ovarios» y otras muchas ‘lindezas’

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Nada mas empezar vemos una pancarta que nos demuestra que, efectivamente, la manifestación tiene mas que ver con la política de ultraizquierda que con los derechos de la mujer / C. Jordá

Las feministas anticapitalistas terminan la manifestación comiendo hamburguesas en el McDonalds.

Por Elena Berberana en LIBREMERCADO

«Tía, estoy cansada, la gente no anda, me duele la espalda, vamos al parque a sentarnos». Su amiga responde con una reprimenda: «Tía, solo llevamos aquí media hora, en el concierto de Lady Gaga estuvimos siete horas haciendo cola y no nos dolía nada, aunque yo también estoy harta ya». Son las 19:30h y en el Paseo del Prado no cabe ni un alma. Las feministas empiezan a desesperarse porque no pueden moverse. Pero allí están las animadoras del cotarro para que el ambiente no decaiga pese a que sólo han pasado 30 minutos de concentración.

Una joven con megáfono en mano se dirige a los miles de manifestantes que portan cientos de carteles con proclamas y grita: «¡Qué viva la lucha de la mujer obrera! ¡Sí al socialismo, no al capitalismo!«. Cientos de banderas con hoces y martillos ondean y la multitud teñida de morado corea y repite las consignas anticapitalistas mientras fuman Malboro, Lucky Strike o Chesterfield y captan el emotivo momento con sus móviles.

Numerosos dispositivos Iphone y Samsung Galaxy se alzan en el ala anarcocomunista. Además de los lazos morados, las jóvenes, en su mayoría adolescentes y veinteañeras, llevan los labios pintados del mismo color violeta. A ninguna le falta el rímel en sus pestañas, colorete, pelo alisado casi de peluquería, zapatillas Converse, Adidas, Nike o Reebok, mochilas Vans y sus lemas pintados en un cartón que antiguamente sirvió de embalaje a una SmartTV.

 

La chica que estuvo horas en una cola para ver a Lady Gaga le comenta a su amiga que «tiene sed» y necesita «que le sujete su pancarta». De su mochila John Smith saca una Coca Cola. Tras abrir la lata y beber vuelve a tomar posesión de su reivindicativo estandarte en el que se puede leer: «No al heteropatriarcado capitalista». La joven sigue bebiendo Coca Cola. El grupo de al lado, aunque está más animado, no para de quejarse. «¿Cuándo va a empezar esto a andar? ¡Me aburro!», exclama una chica con unos granos en la cara que denotan la dura pubertad que está atravesando. Lleva unas gafas de sol Ray Ban colgadas, masca chicle nerviosa y su pandilla empieza a tocar las palmas y a cantar una letra difícil de pillar. «¡Saca tu rosario de mis ovarios!«. Las chicas de alrededor, contagiadas por la original cancioncita, la repiten a la vez que pegan un ligero saltito. «¡Saca tu rosario de mis ovarios!» Y llevadas por el júbilo añaden: «¡Sola, borracha, quiero llegar a casa!».

Miles de chicas ríen y suena de fondo un clásico que todas conocen:»¡La talla 38 me aprieta el chocho!«. Los coros son ensordecedores, pero no todas cantan. Hay grupúsculos que se abstienen de gritar contra el Primmark y Zara. Cinco hembras millennials se miran entre ellas y susurran, como si estuvieran escondiéndose de la mismísima Stasi, que ellas tienen una talla 34 y 36 y que el otro día estuvieron en el Primmark de la Gran Vía comprando. Lo cierto es que no son las únicas que se muestran más honestas a la hora de no verbalizar la crítica a las medidas en costura femenina. Un círculo de chicas con las mechas teñidas de rosa y blanco permanecen calladas ante sus compañeras. «¡La talla 38 me aprieta el coño!, ¡Abajo Amancio Ortega!, ¡Abajo Inditex!«.

Cabe destacar que, paradójicamente, las protagonistas e iniciadoras de la cantinela contra el empresario gallego lucen unos pitillos que dejan entrever sus delgadas piernas de talla 34. Rápidamente cambian de tercio y ahora toca saltar de nuevo. «¡Un bote, dos botes, machista el que no bote!«. Hay que decir que no todas cantan porque las fuerzas ya no son las mismas tras cincuenta minutos esperando a avanzar. Los pocos chicos que hay botan sin pensárselo dos veces. Uno de ellos le comenta al otro que mejor que salte si no quiere que lo tachen de machirulo.

A las 20:10h muchas desisten de «su lucha feminista y obrera» e intentan salir como pueden del atolladero humano formado en el Paseo del Parque. Las del concierto de Lady Gaga ya se han ido. La marabunta se altera y un hombre no manifestante que intenta cruzar al otro lado regaña a una mujer:»¿Qué hace usted aquí con un bebé en el carrito? ¡Lo está poniendo en peligro!»

El frente comunista

Se viven algunos momentos de pánico, hay decenas de carricoches con pequeños dentro y un cartel por cada vehículo. «Huelga de cuidados a otros y al hogar». La muchedumbre se agolpa y los coches de bebé encuentran su hueco entre las bicicletas de alquiler. Algunas respiran tranquilas. Pero otras no.

La histeria empieza a apodarse en el sector del Frente Comunista. Al parecer, el motivo es que no tienen Internet en sus teléfonos. Las comunistas Instagramers feministas entran en una histeria colectiva, chillan y se preguntan unas a otras si «les va el Whatsapp» o si «pueden llamar». No, ninguna puede. «Como en Nochevieja, no funciona Internet». «¿Y cómo vamos a subir las fotos?», espeta una de ella preocupada. Las sindicalistas a lo lejos sí parecen tener mejor suerte. Están posando como auténticas modelos de la Fórmula 1. Se nota que dominan la imagen. «¿Lo has subido a Insta?». «¿Salgo guapa?». «¡Dame la barra de labios de Helena Rubinstein!», reclama entre risas y agitada la manifestante de UGT.

Cientos de chicas comienzan a andar para alivio de muchas. Hay señoras, mujeres mayores vestidas al estilo de la Pasionaria. Estas hembras maduras se escandalizan al escuchar a sus herederas. Hay una palabra que está en boca de todas: «Coño». «¡No saliste de una costilla! ¡Hombres, salisteis de nuestro coño!». «Con mi coño hago lo que quiero». «Mi coño es mío». Y agregan animadas:»¡El falo es tendencia en todos los museos, no me quedan euros para ver algo tan feo!«.

Jóvenes al rescate

Parecen muy enfadadas. La gente anda lentamente y las que se quieren escapar por los laterales, pese a llevar menos de una hora trabajando contra el heteropatriarcado, desean huir. Una valla de metal impide a cientos de ellas escapar. La rabia se apodera de las jóvenes, se forma un tapón y sollozan porque el barro está manchando sus Nike. Repentinamente unos chicos sortean el muro sin problemas y empiezan a coger a las mujeres en brazos para que puedan pasar al otro lado de la acera.

El caso es que estos héroes se ven metidos en un embrollo cuando ven que son decenas las féminas que solicitan su ayuda masculina para salvar el obstáculo de metal. Los chicos no saben qué hacer, son muchas reclamando ser salvadas de las arenas. Una de ellas sostiene una pancarta con un mensaje que hace refunfuñar a los jovencitos. «No os necesitamos hombres, el mundo sin nosotras se para». Estos buenos samaritanos se dejan los riñones, no cabe duda, su rostro refleja esfuerzo y dolor, pero ahí siguieron hasta sabe Dios.

A las 21:15 hay hambre. Es la hora de la cena, y el malvado capitalismo opresor de la mujer ya no parece ser tan malo. McDonalds, Burguer King, Telepizza y Foster Hollywood están hasta la bola. Las colas colapsan las entradas. Las femicomunistas ocupan todas las mesas y hacen filas que salen hasta la calle. La encargada del McDonalds intenta organizar a sus trabajadores para que el caos no se apodere del establecimiento. Un ejército de Big Mac, refrescos y helados desfilan por el local.

La mayoría paga con tarjeta y come mirando su Whastapp. Una de ellas expresa alegría al contemplar que su foto de la mani ha tenido 205 Me Gustaen Facebook. Su amiga con el lazo morado a medio hacer le contesta: «Es que las sudaderas Billabong son un acierto para la mani«. En la mesa de al lado cuatro musulmanas con el hijab de color morado se quedan mirando pensativas a las españolas. Las jóvenes estrellas de Facebook tiran sus pancartas a la papelera del McDonalds junto con los restos de comida sobrante de su MacMenú. Es hora de irse…

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ALFONSO USSIA: Azafatos

PODEMOS AZAFATAS FEMINAZIS

Por/By Alfonso Ussia en La Razón

El profesor Carlos Rodríguez Braun ha publicado en La Razón un texto, como todos los suyos, embriagador e inteligente. Trata del feminismo cutre y de las azafatas del Circuito de Jerez, que quieren eliminar los estalinistas de Podemos. A Stalin le encantaban las soviéticas vestidas de uniforme, y elegía a las altas, rubías y amables en los anocheceres para tenerlas a su servicio. Con las que daba gatillazo, las destinaba a Siberia para que aprendieran a comportarse con mayor calidad y calidez. Los grupos feministas que desean terminar con la presencia de las azafatas guapas del Circuito de Jerez, son de prestigio internacional. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven y Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando y Equiláteras Asociación de Cádiz. Grupos de enorme prestigio. Al final, Carlos Rodríguez Braun formula una pregunta, porque aun estamos en situación de formular preguntas, y haciendo uso de su libertad, que aún la disfrutamos, se cuestiona: ¿Que piensan las azafatas de todo esto?

Coincide la memez de los llamados colectivos feministas de los aires vendimiadores, salineros y atlánticos, con la decisión adoptada por los organizadores de la Vuelta a España de suprimir los besos de las azafatas a los ciclistas triunfadores y prohibirles sus «poses» de modelos. Los acomplejados organizadores han hallado una solución para no ser agobiados por la obsesión sexual del feminismo activo, que no desea ningún espacio de igualdad entre los hombres y las mujeres, sino darle al rollo del sexo, del que algunas están faltas y escasamente cumplidas. Y para ello, para armonizar, van a contratar azafatos. Es decir, que hay explotación sexual con las azafatas y no con los azafatos. De esas cosas se ocupan.

El durísimo deporte del ciclismo, que se endurece aún mas en las grandes vueltas, -Giro, Tour y Vuelta-, merece todo mi respeto, pero no me llena. Decía Antonio Mingote de su amigo Luis García Berlanga: -¿Como un tipo tan inteligente puede pasarse horas siguiendo una etapa que casi siempre gana el mismo ciclista?-. Se refería a las de alta montaña en el Tour en tiempos del gran Miguel Indurain. El anticiclismo de Mingote se resumía en un dibujo fabuloso. Tres afanosos, con la lengua fuera, ascendían por un puerto de categoría especial. Entre ellos, con una bicicleta de anchos neumáticos y un cajón acoplado entre los manillares, pedaleaba un vendedor de helados. Y el vendedor de helados les decía a los ciclistas, -Voy al pelotón de cabeza, que me han pedido unos helados, y ahora vuelvo con vosotros-.

No hay nada sexual en la costumbre de las azafatas. Los ciclistas que suben al podio llegan agotados. No se fijarían ni en una ardilla. Una ardilla, por otra parte, poco agraciada según el baremo de belleza de las ardillas. Esas azafatas altas, guapas y refrescantes, forman parte de la estética del ciclismo. Resulta curiosa la tirria que sienten las feministas por las mujeres jóvenes, atractivas y deslumbrantes. Es comprensible la tirria, pero no la obsesión por aniquilar su trabajo. Las azafatas del ciclismo, del motorismo, del automovilismo y de los Congresos y Eventos múltiples y diversos, son guapas porque iluminan la vulgaridad. Si un Congreso de fabricante de gafas, de ópticos, es servido e informado por un grupo de azafatas feas, gordas, malhumoradas con la vida, y con las mareas violetas fluyendo por los axilámenes, al siguiente congreso no hay óptico que se apunte. Esas azafatas que han cometido el delito social de nacer guapas, viven de ser guapas, y tienen todo el derecho para hacerlo. España está perdiendo la libertad, el tesoro más importante del ser humano. Y todo es consecuencia de la envidia. El feminismo no tendría que sufrir porque unas mujeres se ganen la vida entregando un ramo de flores y besando los papos de un ciclista sudado que termina de subir y bajar cuatro puertos de alta montaña. El feminismo sufre por otros motivos, muy compresibles, por otra parte.

Con azafatos en lugar de azafatas, va a ver el ciclismo su tía. No porque tenga importancia el cambio de sexo en los que entregan el ramo de flores, sino por el sometimiento y el miedo que algunos tienen a quienes se mueven, casi exclusivamente, por el rencor y la envidia, para terminar con las costumbres y sustituirlas por sus complejos.

Son, sencillamente, unas pesadas.

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Professor Carlos Rodríguez Braun has published in La Razón a text, like all his, intoxicating and intelligent. It deals with the seedy feminism and the hostesses of the Circuito de Jerez, who want to eliminate the Stalinists from Podemos. Stalin loved the Soviets dressed in uniform, and chose the tall, blond and friendly at dusk to have them at his service. With those that gave a trigger, he sent them to Siberia so that they learned to behave with greater quality and warmth. Feminist groups who wish to end the presence of the beautiful hostesses of the Circuito de Jerez, are of international prestige. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven and Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando and Equiláteras Association of Cádiz. Groups of enormous prestige. In the end, Carlos Rodríguez Braun asks a question, because we are still in a position to ask questions, and making use of his freedom, which we still enjoy, is questioned: What do stewardesses think of all this?

The stupid thing  of the so-called feminist collectives of the vineyards, salineros and atlantic airs, coincides with the decision taken by the organizers of the Vuelta a España to suppress the kisses of the stewardesses to the successful cyclists and to prohibit their «poses» of models. The organized organizers have found a solution not to be overwhelmed by the sexual obsession of active feminism, who does not want any space of equality between men and women, but to give to the roll of sex, of which some are lacking and scarcely fulfilled. And to do this, to harmonize, they will hire stewardesses. That is, there is sexual exploitation with the hostesses and not with the hostesses. Those things are taken care of.

The hard sport of cycling, which harden even more in the big laps, -Giro, Tour and Vuelta-, deserves all my respect, but it does not fill me. Antonio Mingote said of his friend Luis Garcia Berlanga: – How such a smart guy can spend hours following a stage that almost always wins the same cyclist? He referred to the high mountains on the Tour in the time of the great Miguel Indurain. Mingote’s anticiclismo was summed up in a fabulous drawing. Three anxious, with their tongues outside, they ascended by a port of special category. Between them, with a bicycle of wide tires and a drawer coupled between the handlebars, pedaled an ice cream vendor. And the ice-cream vendor was saying to the cyclists, «I’m going to the peloton of the head, they asked me for some ice cream, and now I’m coming back with you.»

There is nothing sexual in the custom of the stewardesses. The riders on the podium are exhausted. They would not even notice a squirrel. A squirrel, on the other hand, ungracious according to the beauty scale of the squirrels. These high stewards, beautiful and refreshing, are part of the aesthetics of cycling. It is curious how the feminists feel for the young women, attractive and dazzling. It is understandable the tirria, but not the obsession to annihilate his work. The hostesses of cycling, motorcycling, motorsport and multiple and diverse congresses and events are beautiful because they illuminate vulgarity. If a congress of optical glasses manufacturer is served and informed by a group of ugly, fat, ill-tempered stewardesses with life, and with the violet tides flowing through the axils, at the next congress there is no optic to be pointed. Those stewardesses who have committed the social crime of being born beautiful, live to be beautiful, and have every right to do so. Spain is losing freedom, the most important treasure of the human being. And all is a consequence of envy. Feminism would not have to suffer because some women make a living by delivering a bouquet of flowers and kissing the sweating of a sweaty cyclist who finishes raising and lowering four high mountain passes. Feminism suffers for other reasons, very compressible, on the other hand.

With stewardesses rather than stewardesses, she will see her aunt cycling. Not because it is important to change the sex in those who deliver the bouquet, but because of the submission and fear that some have to those who move, almost exclusively, by resentment and envy, to end the customs and replace them with Their complexes.

They are simply heavy.

 

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Las vividoras del género y la tasa de inevitabilidad. Una reflexión de Alicia Rubio/Profesionales por la ética.

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Cuando unas cifras de siniestrabilidad son altas, por ejemplo, imaginemos que hay 10.000 muertos anuales en accidentes de tráfico, lo primero que se hace es estudiar las causas, caso por caso, para tratar de descubrir las razones de tan alto índice de muertes, y tratar de solventarlas.

Lo normal sería descubrir que hay carreteras mal trazadas o deterioradas, puntos negros de accidentes por causas diversas, muertes por no utilizar los cinturones, por conducir bajo los efectos del alcohol… y poner en marcha todas las acciones necesarias para eliminar esas causas.
Con nuevas carreteras, campañas de concienciación, multas disuasorias…el índice de muertes bajaría mucho y fácilmente.

Sin embargo, cualquier persona sensata sabe que, a partir de un punto, bajar la siniestrabilidad en el tráfico es prácticamente imposible: no hay ley, ni obra pública que evite que un conductor se duerma, que sufra un despiste, que cometa un error, que le de…

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