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LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD. Politicamente MUY incorrecto.
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Para Europa, Pedro Sánchez es un apestado, la negativa en recibir al Presidente Guaidó distanciandose de la política común del resto de mandatarios de la Unión y la defensa del sátrapa venezolano lo han señalado en Europa y EEUU.
La cohabitación con el comunismo radical, Podemos (#UnidasPandemias), le ha cerrado las puertas de todos focos de decisión de las democracias occidentales. Estados Unidos ha puesto en su mira a Sánchez y a Iglesias, tras imputar a Maduro y Cabello en delitos de narcótrafico y seguir siendo el gobierno español uno de los escasos valedores del tirano. Tras acceder Iglesias a la información del CESID, se ha cortado el acceso a toda información sensible de la Otan.
No pintamos nada. Nadie recuerda por el maldito virus que Marruecos experto en oler la debilidad de España ha confirmado la amenaza de apropiación de las aguas territoriales frente a Canarias. Nadie ha salido en nuestra defensa. Portugueses e italianos han conseguido rebajas en los aranceles por exportaciones del aceite en USA, nosotros, no.
Finalmente la desastrosa gestión en la Pandemia, somos el país con peores números por habitantes ha puesto en evidencia la solvencia de este gobierno. No tendremos eurobonos ni carta blanca en la financiación de nuestra inmensa deuda, ese legado habitual del socialismo cada vez que gobierna, porque a los ojos de la Unión no somos de fiar. En todo caso recibiremos ayuda si nos dejamos intervenir, eso supone sudor y lágrimas, pero no habrá regalo alguno. Con este gobierno no esperemos nada, en todo caso la ruina de España por muchos, muchísimos años .


La imprevisión del Gobierno socialista-comunista ante la extensión del coronavirus le ha llevado a una huida hacia adelante que ya está empezando a tener efectos muy negativos en el suministro.
Mientras el Gobierno se dedica a instigar caceroladas contra la monarquía para así distraer la atención sobre su mala gestión de esta crisis sanitaria, han empezado a ocurrir cosas que auguran momentos aún más difíciles. Este martes, la requisa por parte del Gobierno de 150.000 mascarillas sanitarias en Jaén dejó desabastecida a la sanidad andaluza, que es la que había encargado ese material a la empresa que sufrió la requisa, una empresa que además fue difamada desde el Gobierno, que presentó la recogida como una incautación, lanzándose varios medios a propagar falsas acusaciones contra esa firma, que ya ha desmentido el bulo del Gobierno. Esa medida ha provocado una protesta del Gobierno andaluz al Gobierno central.
Este jueves el problema ha surgido en la región con más casos de coronavirus en España: la Comunidad de Madrid ha denunciado que el Gobierno retiene en las aduanas el material sanitario que necesita: “Desde que estamos en el estado de alarma, nosotros como comunidad no podemos comprar material y tenemos retenido en las aduanas material de todo tipo”, ha denunciado la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, añadiendo: “En las últimas 48 horas, no nos ha llegado ni una sola mascarilla, absolutamente nada para los hospitales. Estamos trabajando a mínimos”. Esto después de que el Gobierno de Sánchez haya centralizado la distribución de ese material.
En respuesta a esas acusaciones, hoy el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha negado que haya requisas y ha asegurado que ese material ya se ha enviado. Pero a decir verdad, la credibilidad del ministro y de todo el Gobierno está ya muy tocada después de pasarse semanas restando importancia a esta amenaza sanitaria. Que ahora niegue requisas mientras la propia Guardia Civil las anuncia en su web es la guinda que faltaba para confirmar que en este difícil momento el ejecutivo sigue mintiendo a los españoles para tapar los efectos de su imprevisión y sus improvisaciones, y también de algo que viene caracterizando a la facción más extremista de este Gobierno: su torpe empeño en despreciar la ayuda de la iniciativa privada, maltratando a las empresas que la ofrecen generosamente, una política ideológica y sectaria que tiene su máxima plasmación en los mensajes de Podemos y de Izquierda Unida contra la sanidad privada.
Hoy Libre Mercado informa que las requisas generalizadas de material sanitario por parte del Gobierno español están frenando su importación: “El riesgo de que el material sea requisado en frontera ha hecho que muchos fabricantes se nieguen a vender a clientes en España, ya que nadie les asegura que van a cobrar”. Pasa lo mismo con los importadores: las empresas españolas que compraban ese material en el exterior están recibiendo un claro incentivo para dejar de hacerlo: “Illa lo que hace es quitárnoslo y llevárselo a Madrid”. A esto hay que añadir que el Gobierno no explica cómo, cuándo y en qué cuantía va a pagar a las empresas que sufren las requisas, a lo que hay que añadir los retrasos del Gobierno en los pagos. Como señala @absolutexe, en enero de este año “la administración central del estado debía a sus proveedores 488 millones de euros”. Se trata, además, de un problema que no se limita a las mascarillas: también afecta a los guantes de nitrilo, hisopos, gafas de protección, batas desechables e impermeables, soluciones hidroalcohólicas y respiradores. Primero nos ha tocado pagar la imprevisión del Gobierno y sus retrasos a la hora de adquirir ese material, y ahora nos tocará pagar sus modos autoritarios.
La actuación del Gobierno de Sánchez no es la propia de un estado de alarma, ni siquiera de un estado de excepción. El ejecutivo está aplicando unas formas propias de una economía de guerra, y para más inri al estilo soviético. De hecho, este desastre que está provocando con la importación de material sanitario empieza a recordar mucho a la Prodrazvyorstka, la política de requisas impuesta por Lenin. Esa medida se puso en marcha en 1918 cuando la Rusia bolchevique empezó a sufrir el desabastecimiento de grano. La ocurrencia de los comunistas fue confiscar a los campesinos primero el grano, y después el forraje, las patadas y la carne, en muchos casos pretendiendo obligarles a producir estos artículos sin garantizar siquiera un pago por ellos. En agosto hubo en Tambov una revuelta campesina contra esas requisas, que fue brutalmente reprimida por los comunistas, dejando 240.000 muertos entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag, el sistema de campos de concentración instaurado por la dictadura de Lenin.
La represión también alcanzó a los hambrientos obreros de las fábricas que se declararon en huelga por las duras condiciones impuestas por los bolcheviques: en abril de 1919, en la fábrica de Putilov, 900 huelguistas fueron detenidos y 200 fueron ejecutados sin juicio previo. El propio Lenin animaba a matar a los huelguistas, tachándolos de saboteadores: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje”, le dijo a Vladimir Smirnov en un telegrama el 29 de enero de 1920 ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales. El resultado de estas políticas leninistas fueron hambrunas masivas en las que murieron entre 3,9 millones y 7,75 millones de rusos, kazajos y tártaros. Hay que decir que el propio Lenin fomentaba estas desdichas, bajo la premisa de cuanto peor, mejor, en la creencia de que la desesperación de las masas a causa del hambre les haría más favorables a los comunistas: “Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo”, escribió en una carta dirigida al Politburó el 19 de marzo de 1922 que se conserva en la librería del Congreso de EEUU.
A la vista de los planteamientos del primer dictador comunista, en este momento empieza a resultar más escalofriante que nunca acordar de que al menos dos ministros del Gobierno, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, son admiradores de Lenin. Recordemos que en marzo de 2013, sólo un año antes de fundar Podemos y en una conferencia para las Juventudes Comunistas, Iglesias llegó a compararse con Lenin en su papel de títere de los alemanes para desestabilizar a la Rusia zarista, pero en su caso con la dictadura islámica de Irán ocupando el sitio de Alemania. ¿Qué recetas y qué resultados hemos de esperar de un Consejo de Ministros en el que se sientan totalitarios que admiran a ese dictador criminal que mató de hambre a millones de personas? Desde luego, tenemos el peor gobierno posible en una situación tan crítica como ésta.
FUENTE: Outono.net

La crisis del coronavirus en España no se percibió como tal por el Gobierno hasta hace menos de una semana. Este sábado el presidente Pedro Sánchez ha declarado el estado de alarma, pero hace unos días el Ejecutivo de coalición PSOE-Podemos restaba importancia al asunto y animaba, por ejemplo, a acudir a las manifestaciones masivas que por el día de la mujer se celebraron en las principales ciudades españolas.
El pasado 13 de febrero, hace justo un mes, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, insistió en que en España «no hay coronavirus», y por ende «no existe riesgo de infectarse», y señaló que la ansiedad social que se está generando está «un poco fuera de lo razonable».
Más de quince días después de estas declaraciones, Simón seguía mostrándose optimista al respecto. Según se percibía entonces, «casi todos (los casos) están asociados a grupos bien identificados que se han producido a partir de casos conocidos, con lo cual no han aumentado sino que incluso se han reducido algunas de las zonas con las que teníamos dudas sobre el origen y una posible transmisión comunitaria asociada a esos posibles casos». Y enfatizó: «no hay una avalancha de casos».
En esa misma comparecencia, y a preguntas de los periodistas sobre la manifestación del 8M que iba a celebrarse un día después en Madrid, dijo que él no iba a decirle a nadie lo que tenía que hacer pero que si su hijo se lo preguntaba, le diría «que haga lo que quiera». También apuntó que la manifestación «es una convocatoria para nacionales en la que en principio participan nacionales pero no quiere decir que no haya extranjeros ni tampoco algunos de alguna zona de riesgo pero no es una afluencia masiva de personas de zonas de riesgo».
Sobre el tema de las manifestaciones del 8-M no sólo ha sido Fernando Simón el que adoptó esta actitud. El Gobierno animó activamente a participar; de hecho, a la marcha envió a la vicepresidenta Carmen Calvo, a la mujer del propio presidente, Begoña Gómez, y a otras ministras, como Irene Montero, que ha dado positivo en COVID-19.
Después, siempre se ha negado a hacer autocrítica al respecto. El propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, en su comparecencia del pasado martes justificó la celebración de dichas marchas alegando que el «cambio de la situación» e impacto del coronavirus en España se produjo «el domingo al anochecer». «Hemos tomado las medidas que hemos considerado oportunas en el momento en que las hemos considerado oportunas. (…). La situación del lunes no es la misma que la del domingo, o que la del sábado. Esto va a ser así».
A continuación repasamos otras fechas clave en esta cronología que ha recopilado el director de Sin complejos, de esRadio, Luis del Pino:
31 de enero: primer diagnosticado por coronavirus en España (un turista italiano en Tenerife). Pedro Sánchez se prepara para acudir al día siguiente a la cumbre de Beja, donde piensa hablar de cambio climático con sus socios europeos. Diez días antes, ha declarado la emergencia climática en España. Ese mismo 31 de enero, Fernando Simón declaraba que España no iba a tener «más allá de unos cuantos casos diagnosticados».
9 de febrero: segundo diagnosticado en España. Pedro Sánchez se ha reunido tres días antes con Quim Torra para su operación diálogo y ha firmado con Ada Colau dos días antes un convenio de colaboración. Después se ha recluido con su gobierno en Quintos de Mora para abordar los planes legislativos y presupuestarios.
13 de febrero: 3 casos diagnosticados. Pedro Sánchez ha anunciado dos días antes su ley de eutanasia. El día anterior, en el Congreso, ha anunciado también que actualizará la Ley de Memoria Histórica. El mismo 13 de febrero pone un mensaje en Twitter lamentando la cancelación del Mobile World Congress y diciendo que esa cancelación es «una decisión que, de acuerdo con los expertos y la información disponible, no responde a razones de salud pública en España».
24 de febrero: 4 casos diagnosticados. Cuatro días antes, Pedro Sánchez ha empezado a discutir con nuestros socios de la UE los presupuestos europeos tras la salida del Reino Unido. Dos días antes, Pedro Sánchez hablaba en Twitter de la supuesta brecha salarial y de Antonio Machado. El día anterior presentaba la candidatura del PSOE a las elecciones gallegas.
25 de febrero: 8 casos diagnosticados. Pedro Sánchez se hace la foto en la reunión Interministerial sobre el coronavirus, sin tomar ninguna medida, y anuncia el calendario legislativo, afirmando en Twitter que «España necesita un Gobierno de acción, resolutivo y ejecutivo».
26 de febrero: 14 casos diagnosticados. Pedro Sánchez reafirma en el Congreso su compromiso con el diálogo en Cataluña, recibe a Torra con todos los honores en Moncloa y sentencia en Twitter que «el machismo mata». El Ministerio de Sanidad decía en Twitter que aquellos que hubieran venido de zonas de riesgo podían hacer vida normal.
27 de febrero: 26 casos diagnosticados. El Congreso aprobaba, a solicitud del gobierno, el nuevo techo de gasto.
28 de febrero: 45 casos diagnosticados. Pedro Sánchez declara en Twitter «somos un Gobierno resolutivo, de acción, comprometido con el diálogo territorial» y preside la reunión de la Comisión Delegada para el Reto Demográfico.
29 de febrero: 59 casos diagnosticados. Pedro Sánchez habla en Twitter de las medidas que piensan tomar para hacer frente a la revuelta de agricultores y ganaderos.
1 de marzo: 84 casos diagnosticados. Pedro Sánchez presenta en Vitoria la candidatura del PSOE a las elecciones vascas y vuelve a defender lo que él llama «diálogo» en Cataluña.
2 de marzo: 125 casos diagnosticados. Pedro Sánchez reúne al Comité Federal del PSOE para hablar del proyecto de nueva Ley Educativa. Reafirma en Twitter el compromiso de su gobierno con la descarbonización.
3 de marzo: 169 casos diagnosticados y 1 muerto. El gobierno de Pedro Sánchez presenta sus proyectos de Ley Educativa y de Ley de Libertad Sexual.
4 de marzo: 228 casos diagnosticados y 2 muertos. Pedro Sánchez se hace la foto con el personal del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, mientras sigue sin tomar ninguna medida de contención. Eso sí, transmite por Twitter sus «condolencias a las familias de los fallecidos con coronavirus en Euskadi y Valencia» y su «solidaridad con las personas afectadas por este virus». Participa también en el Consejo de Seguridad Nacional, al que asiste por primera vez Pablo Iglesias.
5 de marzo: 282 casos diagnosticados y 3 muertos. Pedro Sánchez anima a través de Twitter a participar en los actos del 8M.
6 de marzo: 365 casos diagnosticados y 8 muertos. Pedro Sánchez sigue animando a través de su cuenta de Twitter a conmemorar el 8M, porque «sin feminismo no hay futuro».
7 de marzo: 430 casos diagnosticados y 10 muertos. El PSOE dice en su cuenta de Twitter que «hay que salir a llenar las calles» al día siguiente, 8M.
8 de marzo: 674 casos diagnosticados y 17 muertos. Pedro Sánchez y el PSOE echan el resto en las redes animando a conmemorar, también en las calles, el Día Internacional de la Mujer.
FUENTE: Libertad Digital


El PSOE quiere subir todos los impuestos de las Comunidades Autónomas del PP hasta igualarlos a los suyos. Se ha hablado de la creación de un suelo mínimo exigible en toda España para el impuesto de las herencias –Sucesiones– o de las donaciones. Pero lo cierto es que el PSOE quiere ir más allá. Busca la igualación de los tipos tributarios de todos los impuestos regionales en España, algo que llevaría a subir el impuesto a los muertos, el de la Donaciones, el Actos Jurídicos Documentados o el de Transmisiones Patrimoniales en todas las autonomías del PP que los han bajado.
El PSOE ha analizado este punto a la hora de debatir sobre los fondos que deben ser destinados a cada región. Y lo hace afirmando que “el alcance del concepto de esfuerzo fiscal similar en todos los territorios” debe ser “entendido como la existencia de una referencia normativa de tipos impositivos efectivos iguales”. Traducido: que a la hora de remitir fondos a las comunidades se asignarán menos recursos a aquellos territorios que fijen los tipos de impositivos de sus tributos autonómicos por debajo del de otras regiones o de los establecidos en las normas base.
De este modo, si una autonomía rebaja esos tipos fiscales deberá saber que, en caso de ganar recaudación por haber generado más actividad económica o haber atraído más riqueza, no le servirá para nada: porque se le asignarán desde el Estado menos fondos procedentes de la bolsa de impuestos nacionales.
El esquema se convierte en una mecánica de castigo a las regiones que quieran bajar impuestos. Algo que pretende llevar a una igualación de los tipos fiscales en un catálogo de impuestos que afecta desde las herencias, hasta las donaciones o las meras compraventas de viviendas.
La medida completa el deseo ya confirmado de la nueva ministra de Hacienda, María Jesús Montero, de subir el Impuesto a las Herencias en Madrid y en las Comunidades Autónomas donde exista una menor carga impositiva, como Canarias o Murcia.
Montero, recién aterrizada en el Fisco, fue consejera durante la etapa de los ERE y se convirtió en la máxima defensora de subidas de impuestos a las Donaciones y Sucesiones. Pero, además, de subirlos en el resto de las comunidades autónomas que han optado, como Madrid, por bajarlos o incluso, casi, eliminarlos para colectivos como los hijos o los hermanos.
Montero se hizo cargo en 2013 de la Consejería de Hacienda y Administración Pública. Y ha sido desde ese momento en el que su protagonismo ha cogido fuerza en la exigencia de que comunidades autónomas como Madrid eliminasen la bonificación en el Impuesto de Sucesiones.
Montero ha liderado, así, las negociaciones –ahora interrumpidas– del nuevo sistema de financiación autonómica. Donde no se ha planteado ni una sola medida de rebaja de impuestos, pero sí de creación de un tipo y pago mínimo obligatorio en estos impuestos para impedir lo que ella califica como una competencia desleal de las comunidades autónomas que bajan impuestos.
La nueva ministra de Hacienda pilotará la aplicación práctica del plan del PSOE, que incluye una subida masiva de impuestos en IRPF, Sociedades, Ahorro y Herencias, según recoge el documento inicialmente adoptado por Sánchez y realizado por Manuel Escudero. El proyecto está previsto para alcanzarlo en una legislatura entera: cuatro años. Y el impacto puede ser de más 7.000 millones por año.
El PSOE sabe que sin esas subidas no podrá soportar la escalada de gasto público que ha prometido a diversos colectivos sociales y a partidos como Podemos y ERC para obtener su apoyo a la moción de censura.

Pablo Iglesias no será ministro, ni Irene Montero vicepresidenta. Al menos por ahora. En septiembre, ya veremos. Las negociaciones para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos han fracasado. Y sí, se ha hablado mucho de cargos y de nombres propios. Pero no podemos olvidar el contenido. Lo sustancial. Las propuestas.
Como explican Cristina Losada y Alberto Penadés, nunca ha habido un gobierno de coalición en la UE formado exclusivamente entre socialistas y comunistas. Ni siquiera aquel primer Ejecutivo de François Miterrand de comienzos de los años 80 era como éste que proyectaban Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque en aquel caso había otros partidos involucrados. Por una parte, parece que a los socialdemócratas europeos no les atrae demasiado la posibilidad de compartir en exclusiva el Consejo de Ministros a unos tipos poco preparados, en muchas ocasiones sin ninguna experiencia de gestión y con propuestas que ya parecían antiguas en 1989.
Desde el lado de la extrema izquierda, entrar en un Gobierno como socio minoritario puede ser un arma de doble filo: durante unos años pisas moqueta y ganas relevancia, pero también perderás la pureza ideológica ante tu electorado al que tendrás que explicar por qué se aprueban o no se aprueban determinadas medidas. Y casi siempre, en las siguientes elecciones, el socio minoritario sale trasquilado. Quizás por eso el empeño de Podemos en crear una especie de Gobierno B, en el que los ministros de uno y otro partido marchasen en paralelo, cerca pero sin tocarse.
Mientras tanto, los españoles se preguntan qué habrían hecho los ministros de Podemos si hubieran llegado al poder. Por ahora, es una incógnita. Eso sí, las peticiones de ministerios de los de Iglesias no son producto de la casualidad. Hablamos de carteras clave en el área económica, con mucho presupuesto y competencias muy relevantes. Con una enorme capacidad para intervenir el mercado, las relaciones laborales y la vida de las empresas.
Para los seguidores de Podemos, éste será un resumen de lo que España se pierde. Los que temían la llegada de la dupla Iglesias-Montero al Consejo de Ministros pensarán «de la que nos hemos librado».
Dividimos las propuestas en cinco apartados. Los que corresponden con los cinco ministerios incluidos en el documento que filtró el PSOE con las exigencias de Podemos. Y tomamos como referencia el programa de la formación de extrema izquierda para las elecciones del pasado abril.
– Ministerio de Trabajo, Seguridad Social y Lucha contra la Precariedad
En este punto, el objetivo está claro. Podemos quiere «derogar las dos reformas laborales, de Zapatero y Rajoy». Por aquí se intuye el primer elemento de fricción con sus posibles socios. Porque en cada punto del programa en el que se habla del tema, se asocian las reformas aprobadas en 2011 y 2013, por PP y PSOE. Tanto en lo que hace referencia al coste del despido, como en lo que tiene que ver con la negociación colectiva. Podemos quiere cargárselo todo.
De hecho, en las modalidades de contratación y coste del despido, Podemos pide ir más allá de lo que había vigente hasta 2011. No les gusta que se diga esto, pero lo cierto es que plantea un modelo de relaciones laborales más parecido al que salió del franquismo que a cualquiera que haya vigente en la Europa actual. Así, la contratación temporal sería casi imposible: se prohíben los contratos de menos de un mes, se obliga a hacer fijo a los seis meses de contrato y se amenaza con inspecciones a las empresas que despidan temporales para comprobar que no se hace para evitar hacerlos fijos.
Evidentemente, este endurecimiento contra los contratos temporales no va en la línea de promover una contratación indefinida algo más flexible (similar al contrato único propuesto por Ciudadanos), sino todo lo contrario. Podemos pide endurecer las causas de despido objetivo para hacer más complicado recurrir a esta herramienta. Por lo tanto, lo que tendríamos es un encarecimiento muy importante de la contratación, menos flexibilidad para hacer frente a imprevistos en las empresas y un mercado laboral más rígido.
Además, en este mismo sentido, Podemos propone «recuperar el poder de la negociación colectiva, devolviendo a los sindicatos la fuerza que les quitaron las reformas de Zapatero y de Rajoy», otorgando prioridad a los convenios sectoriales sobre los de empresa (más poder para las centrales sindicales frente a los sindicatos de empresa) y retomando la ultraactividad de los convenios (un arma de bloqueo para los sindicatos, que pueden exigir lo que deseen en la negociación, porque mientras no haya acuerdo, se mantiene el convenio anterior).
Pero hay más en este Ministerio. Podemos también propone una «jornada laboral de 34 horas semanales (siete horas de lunes a jueves y seis horas los viernes), sin reducción de salario, y reorganización de los tiempos de trabajo, ocio y cuidados». Puede que a algunos les suene bien, pero en realidad es un aumento de costes muy importante para unas empresas españolas que no andan precisamente sobradas en productividad y competitividad.
A los autónomos, se les promete que cotizarán por los «ingresos realmente obtenidos». En el programa electoral se asocia esta promesa a los autónomos de muy bajos ingresos que, efectivamente, verían una reducción de su cuota. A cambio, más del 85% de los trabajadores por cuenta ajena verían un incremento en lo que pagan mes a mes.
Por último (y hablamos de una selección de artículos, en el programa hay mucho más), Podemos introduce una de esas medidas que pueden pasar desapercibidas, porque suenan a lo ya escuchado, pero que tendrían un enorme impacto. Así, la formación morada propone que se considere «discriminación salarial una brecha de más del 20% en las retribuciones de las empresas, de manera que deberán justificarlas ante los tribunales». O lo que es lo mismo, cualquier empresa en la que esto ocurra (el 20% de diferencia) se considerará culpable por defecto y tendrá que demostrar su inocencia. Es decir, se invierte la carga de la prueba, con una consecuencia indeseada muy posible: habrá empresas que se pensarán mucho contratar mujeres con baja cualificación, porque sólo por tenerlas en plantilla se podría ampliar la brecha estadística y tener un problema con la inspección.
En pensiones, Podemos pide derogar la reforma de 2013 (es decir, acabar con cualquier medida de control del gasto) y subir las mínimas y no contributivas (erosionando, todavía más, el carácter contributivo del sistema). Además, propone cambiar las reglas de cálculo para que los nuevos jubilados puedan elegir los años para el cómputo de su base (de nuevo, más gasto). Y, por supuesto, eliminar los topes de cotización (sin tocar la pensión máxima, es decir, sistema todavía menos contributivo) y acabar con los incentivos fiscales a los planes de pensiones.
Por cierto, para cerrar este capítulo, una curiosidad: las políticas activas de empleo, ese conejo que se sacó de la chistera Podemos justo antes de la segunda votación, el pasado jueves, sólo tienen una mención en el programa electoral, en el apartado dedicado a los españoles que viven fuera y quieren retornar. No hay nada sobre el tema en el resto del documento ni propuestas concretas para mejorar la formación de parados o los trabajadores. Es extraño que cobrara tanta importancia a última hora.
– Ministerio de Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude
Detrás de este novedoso nombre (y no es el único ministerio bautizado de forma algo peculiar), lo que se esconden son las propuestas de podemos en materia de impuestos. Aquí el resumen es sencillo: los de Iglesias piden subirlos todos. O casi todos. Hay algunos productos (pocos) que verían reducido el IVA. A cambio, las principales figuras impositivas incrementarían sus tipos:
Eso sí, aquí hay un desequilibrio: son muchas subidas tributarias, pero no especialmente importantes en términos de recaudación. A pesar de la retórica habitual, el grueso de lo que recauda el Estado llega de las clases medias, no de las grandes fortunas (que no hay muchas en España) o de las multinacionales. Si no subes los impuestos a esas clases medias, no subirás sustancialmente los ingresos.
Por eso, si combinamos estas propuestas con el resto del programa de Podemos que, como veremos, implica muchísimo más gasto, las cuentas no salen. La clave está en lo que proponen los de Iglesias en su primer punto para el Ministerio de Hacienda: derogar el artículo 135 de la Constitución, aquel que se reformó en 2011 y dice que «el Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una ley orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario». Y junto a ese artículo de la Constitución, pide derogar también la «Ley de Estabilidad Presupuestaria«.
En resumen, lo que quería Podemos es un ministro de Hacienda con las manos libres en lo que tiene que ver con el déficit. Con barra libre de gasto «social» y apenas medidas impopulares por el lado de los impuestos. Con unos números rojos disparados y sin restricciones legales a ese desequilibrio. Otro problema, y este de los gordos, para Sánchez y para el ministro de Economía al que le tocase ir a Bruselas a defenderlo ante los socios comunitarios.
– Ministerio de Transición Energética, Medioambiente y Derechos de los Animales
Éste es un tema central para Podemos. De hecho, es el que abre su programa electoral: el primer capítulo está dedicado a estos temas. ¿Y qué es lo que se proponía hacer el posible ministro designado por Pablo Iglesias? Pues intervenir en el mercado energético de una forma desconocida en nuestro país desde hace décadas: volvemos, de nuevo a un diseño que se parece más a lo que había vigente durante el franquismo que a cualquier otra cosa.
En este punto, la formación neo-comunista es coherente con lo que tradicionalmente ha propuesto la extrema izquierda y pide crear una «empresa pública de energía» que, para empezar, recupere la gestión de las centrales hidroeléctricas. Y por supuesto, intervenir en el mercado eléctrico de forma directa, entre otras cosas abaratando la factura de la luz vía decreto y escogiendo tecnologías ganadoras (con ayudas) y perdedoras.
El ministro morado tendría también el cometido de cerrar cuanto antes las centrales nucleares y las de carbón. Eso sí, con un matiz interesante: Podemos asegura que «antes de que se pierda un empleo del sector de los combustibles fósiles, se crearán dos empleos con condiciones laborales idénticas o mejores en la misma comarca y que tendrán prioridad absoluta de acceso a ellos las personas afectadas». ¿Cómo se crearán esos empleos en las comarcas mineras afectadas? ¿Quién los creará? ¿Por decreto? No hay detalles al respecto.
Por supuesto, esta lucha por un futuro «más verde» se haría con subvenciones: a la compra de coches eléctricos, a las instalaciones de renovables (pasadas y futuras), a la rehabilitación de viviendas, a las empresas que «adopten las tecnologías más eficientes», a la inversión en baterías, a las infraestructuras de recarga, a las infraestructuras ferroviarias, a la implementación de una estrategia de «reindustrialización verde y economía circular»… ¿Quién pagará todo esto? ¿A cuánto ascendería el coste? Sobre eso no se dice nada. De eso se ocuparía el ministro de Hacienda, el que quiere cargarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria.
En este punto Podemos plantea otra propuesta que sería muy polémica, en Madrid y en Bruselas. La formación morada quiere crear un «Banco de Inversión para la Transición Tecnológica y Económica (BITTE) con el fin de asumir las principales inversiones para la transformación productiva que vamos a emprender» y «aprovechar Bankia como banco público» que atienda las «funciones sociales de la banca». ¿Un sector financiero público que disponga barra libre de crédito para lo que el Gobierno exija y sin atender a criterios comerciales? Nuestros socios en la UE, los que pusieron el dinero para el rescate financiero, algo que no hay que olvidar, seguro que tendrían bastante que decir al respecto.
– Ministerio de Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los cuidados
En este epígrafe hay un poco de todo. Sonaba a Ministerio batiburrillo, que mezclaba dependencia, mayores, educación infantil, pobreza infantil, lucha contra la pobreza, derecho a la vivienda, juventud, familia…
En la mayoría de estos capítulos hay mucho margen para políticas de poco presupuesto (en términos relativos), algunas cedidas a las CCAA, pero con mucho impacto en la opinión pública, con grandes titulares y muy populares para el público de izquierdas: subvenciones, ayudas, programas integrales, observatorios, comisionados contra la pobreza…
Pero por encima de todo, destaca la política de vivienda. Aquí Podemos sí quería entrar a por todas. Su programa electoral implicaba una intervención radical en el mercado inmobiliario que empezaba por la exigencia de «blindar» en la Constitución el derecho a la vivienda. ¿Y esto qué significa? ¿Cómo se hace? Pues garantizando, todavía más, que el ocupante de un inmueble, no importa cuáles sean las circunstancias de esa ocupación, tendrá prioridad sobre el propietario del mismo.
De esta manera, Podemos propone «prohibir los desalojos sin alternativa habitacional»: o lo que es lo mismo, una vez que una persona o familia esté dentro de una casa, no podrán sacarla de la misma si no le garantizan otra vivienda similar (sin que eso quiera decir que tengan que pagar algo, por la primera o la segunda vivienda). En términos prácticos, esto supondría legalizar la ocupación. De hecho, supondría incentivarla hasta extremos desconocidos en ningún otro país europeo. Para tener casa gratis sólo habría que entrar en una que ya estuviese construida y hacerse fuerte allí.
Evidentemente, la formación morada no se queda ahí. También quiere meter la mano en el mercado de alquiler: obligará a los grandes tenedores a ceder sus viviendas vacías para ponerlas en el mercado en régimen de «alquiler social», aseguran que incrementará el parque público de viviendas durante toda la legislatura y prometen «garantizar un alquiler estable, asequible y seguro» limitando las causas de rescisión del contrato. Por supuesto, todo esto unido a una «intervención» decidida en el mercado para «impedir subidas abusivas mediante el control de los precios». Ningún Gobierno europeo ha planteado nunca un programa de intervención del mercado inmobiliario como éste.
Pues bien, esto es lo que lleva Podemos en su programa y lo que habría hecho en el Gobierno. Porque, además, si hay una cartera que desde el principio se dio por hecho que terminaría en sus manos, era la de vivienda.
– Ministerio de Ciencia, Innovación, Universidades y Economía Digital
Aquí Podemos rompe con todo lo anterior, al menos en lo que tiene que ver con la retórica fiscal. Para las universidades, la formación morada apuesta por la política más regresiva posible: la gratuidad total de la matrícula en la educación superior. Los ricos del pasado y los del futuro podrán acceder a un servicio de primer nivel financiado con los impuestos de todos los contribuyentes, ricos y pobres. Ni una palabra de posibles préstamos o de otras opciones similares, que garanticen la igualdad de acceso sin que esto implique cargar al contribuyente con la financiación de este servicio.
En lo que tiene que ver con Ciencia, Podemos promete convertir la «I+D+i en un puntal de nuestra economía», aumentando la inversión pública hasta el equivalente al 2% del PIB. Además, hablamos de «ayudas directas», que superarán «ampliamente a los créditos». En resumen, dinero a fondo perdido, con retorno o no. En esta misma línea, el programa incluye aumentar la inversión de la Agencia Estatal de Investigación con préstamos del citado BITTE (el nuevo banco público que plantean).
Por último, están una serie de propuestas que podríamos denominar voluntaristas acerca de los investigadores y científicos. El partido morado habla de lograr «un aumento neto de 5.000 investigadores e investigadoras cada año» y que «hasta un 75e las personas que inician una carrera científica puedan dedicarse de manera estable a la ciencia o a la educación superior». Es complicado imaginar cómo puede asegurarse esto. ¿Van a ofrecer un puesto de trabajo, sí o sí, al 75% de los licenciados en las carreras de ciencia? ¿Una nueva empresa pública para incluirlos a todos? ¿Sin más requisitos? ¿El objetivo es puramente numérico? Tampoco sobre esto hay demasiados detalles. Como no habrá ministro, por ahora quedará la incertidumbre de cómo lo habrían intentado lograr.


Por/By @ElentirVigo
El PSOE es, sin duda, uno de los actuales partidos españoles cuyo pasado debería provocar más vergüenza a sus actuales dirigentes. Pero no hay vergüenza que valga cuando se vive de la mentira.
Ayer la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, dijo sin ruborizarse lo siguiente: “lleva 140 años haciendo democracia y luchando por las libertades”. Podéis ver aquí el vídeo de su declaración. ¿Es cierto lo que dice Celaá? Ni por asomo. Más bien podríamos afirmar todo lo contrario. Si por algo destacó el PSOE durante gran parte de la historia fue por actuar como un partido totalitario tan extremista como los comunistas. Basta con ver las barbaridades que decía y hacía su fundador.
Fundado en 1879, el PSOE fue desde sus inicios un partido marxista. En agosto de 1902, el partido celebró eu VI Congreso en la ciudad de Gijón. En aquel evento, el fundador del PSOE, el ferrolano Pablo Iglesias Posse, lanzó un discurso de odio: “Queremos la muerte de la Iglesia, cooperadora de la explotación de la burguesía; para ello educamos a los hombres, y así le quitamos conciencias. Pretendemos confiscarle los bienes. No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros“. En 1918, mientras los bolcheviques desarrollaban en Rusia una brutal persecución contra los cristianos, el PSOE incorporó a su programa el objetivo totalitario de “la disolución de todas las órdenes religiosas”. Con estas declaraciones, en las que plasmaban sus prejuicios ideológicos, Pablo Iglesias y su partido encendieron la mecha que unas décadas después llevarían a muchos socialistas a participar en una de las más brutales persecuciones anticatólicas de la Europa contemporánea.

El PSOE tardó más de 30 años en obtener representación. Lo logró en 1910. En la tarde del 7 de julio de 1910, Pablo Iglesias participó en el debate del discurso de la Corona con una incendiaria intervención: “el partido al que yo represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, a establecer la solidaridad humana, y esta aspiración lleva consigo la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército, y la supresión de otras Instituciones necesarias para ese régimen de insolidaridad y antagonismo.” Es decir, que los marxistas del PSOE pretendían eliminar a la Iglesia, a los jueces y a los militares: un programa genuinamente totalitario. Y como suele ser habitual en los totalitarios, su defensa de unas ideas abominables no conoce límites, ni siquiera la violencia: “este partido no ha cambiado de opinión respecto a este particular; estará en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad, como han estado todos los partidos, cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones“, señaló Iglesias.
Un año antes Iglesias y su partido ya habían ofrecido un anticipo de su intento de subvertir la legalidad vigente, cuando el PSOE intentó extender a toda España, mediante una huelga general, los incidentes violentos de la Semana Trágica de Barcelona, lo que provocó la detención de Iglesias y del resto de la cúpula del partido. Y no sin motivo. El 11 de julio, en un mitin del PSOE, Iglesias había pronunciado un discurso abiertamente golpista en el que afirmó: “Los enemigos del pueblo español no son los marroquíes, sino el Gobierno. Hay que combatir al Gobierno empleando todos los medios. En vez de tirar hacia abajo los soldados deben tirar hacia arriba“, añadió, en una incitación clara a los militares para que disparasen contra sus jefes. Hay que tener en cuenta, además, que España estaba en guerra: las declaraciones de Iglesias eran un acto de traición.

El fundador del PSOE no se conformó con hacer gala de una retórica golpista. Además, en la citada sesión del 7 de julio de 1910, desde la tribuna de las Cortes, Iglesias amenazó al diputado conservador Antonio Maura con un atentado terrorista si volvía a presidir el Consejo de Ministros: “Tal ha sido la indignación producida por la política del gobierno presidido por el Sr. Maura, que los elementos proletarios, que nosotros, de quienes se dice que no estimamos a nuestra nación, que no estimamos lo intereses de nuestro país, amándolo de veras, sintiendo las desdichas de todos, hemos llegado al extremo de considerar que antes que Su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal“.
El Socialista, periódico oficial del PSOE, comentó la amenaza en su número del 15 de julio reconoció sin rodeos que Pablo Iglesias había defendido “su tesis de que para evitar á España el bochorno de ser regida nuevamente por un político tan funesto como el jefe del partido conservador era menester apelar á todos los medios, incluso á la violencia“. Sin el menor atisbo de crítica, el diario socialista presentaba el discurso de Iglesias como “una colosal victoria del proletariado”. Una cosa que llama la atención repasando el periódico del PSOE es el culto a la personalidad de su líder, al que se presentaba como “un héroe de sus ideas y un mártir probable de sus justas y loables ambiciones”.

La amenaza provocó un escándalo y el presidente de las Cortes exigió a Iglesias que retirase esas palabras, porque “no puede ampararse en la inmunidad parlamentaria para cometer un delito”. Pablo Iglesias se negó a rectificar. Unos días después, el 22 de julio, Manuel Possá Roca tiroteó a Maura cuanto éste viajaba en tren a Barcelona con su familia, hiriéndole en una pierna y en un brazo. Las Cortes emitieron una declaración oficial condenando el atentado. Pablo Iglesias se negó a apoyar la condena. El 29 de julio, El Socialista se burlaba del atentado en su portada: “El mismo Universo atribuye á la intervención de la santísima virgen el haber escapado con vida el Sr. Maura del infame atentado. ¡Pues fíate de la virgen y no corras!”.
En la página 3, una nota titulada “Sobre el atentado personal”, El Socialista justificó la amenaza de Pablo Iglesias contra Maura apelando a la doctrina católica sobre el tiranicidio. En otro infame artículo que aparecería en su portada, el periódico del PSOE culpaba al propio Maura de su asesinato frustrado “por sus orientaciones reaccionarias”. Es decir, que para el periódico del Partido Socialista, tener determinadas ideas justificaba asesinar al que las defendiese.

Otro de los puntos que suelen “olvidar” los propios socialistas es que Pablo Iglesias simpatizaba con la Unión Soviética y en 1919 el PSOE mostró su disposición a ser el representante español de la Tercera Internacional, con sede en Moscú. El PSOE no disimulaba de ningún modo es afinidad. En su número del 13 de julio de 1919, El Socialista afirmaba: “La Revolución rusa es un acontecimiento magno, y si lograra doblar todos los cabos y vencer todas las dificultades que sistemáticamente se la oponen, lo de Rusia constituiría -lo es ya, sin duda-, la gran epopeya socialista, hacia la que volverán sus ojos, admirados, todos los hombres de buena voluntad“. El periódico del PSOE añadía: “hoy la obra de los rusos encuentra eco en todos los pechos proletarios y, a pesar de las campañas calumniosas de la prensa, que cobra sus censuras a tanto la línea, y a despecho de todos los mentidos horrores que por ahí han circulado, el instinto dice a las masas profundas de proletarios que la Revolución sovietista es su revolución, la que realizará la mayor parte de sus ideales”.
Otro de los gestos de simpatía de Iglesias y de su partido hacia la dictadura bolchevique quedó plasmado en una foto de la manifestación del 1 de mayo de 1919 publicada por la prensa de la época, en la que se ve a Pablo Iglesias y otros dirigentes del PSOE junto a una pancarta con el lema “Viva Rusia”. El 2 de mayo en Abc el lema de la pancarta apareció censurado en la foto, aunque unas páginas más adelante el periódico mencionaba el “Viva Rusia” de la pancarta. El diario explicaba, además, que los convocantes, apelando a la libertad “han intentado que se cerrasen a la fuerza varios establecimientos que estaban abiertos en las calles por donde la manifestación transcurría. Y apoyados por el ya citado concepto de libertad apedrearon a los guardias de Seguridad que estaban allí precisamente para garantizar el ejercicio de las libertades ciudadanas. Estos procedimientos de coacción y de violencia, ejercidos en nombre de tan sano principio, repugnan a los que verdaderamente lo aman”.
El debate sobre la posible adhesión a la Internacional Comunista continuó en el PSOE hasta el congreso extraordinario de 1921, cuando el partido se dividió ante la dureza de las condiciones impuestas por los soviéticos, que incluían, por ejemplo, la expulsión de todos los afiliados que se hubiesen opuesto a la Tercera Internacional, lo que habría implicado la expulsión del propio Iglesias. Teniendo en cuenta sus simpatías de antaño por la URSS, cuesta menos entender hechos como la medalla del Senado concedida por el PSOE al dictador soviético Kostantin Chernenko en 1984, uno de los últimos tiranos comunistas de la línea dura en ese régimen, y la negativa del PSOE a condenar los crímenes del comunismo en 2006, en una sesión del Consejo de Europa.
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(Foto principal: Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, confunde a Einstein con Hemingway en su libro recién publicado “Manual de resistencia”. En el capítulo seis, Pedro Sánchez —o, quizá, Irene Lozano, que ha sido la encargada de dar “forma literaria” a la obra— atribuye una cita a Albert Einstein que en realidad pertenece a Ernest Hemingway.
Ayer salía a la luz otra confusión al citar a San Juan de la Cruz en lugar de asignar la cita a fray Luis de León.
“Por encima de todos los obstáculos, era consciente de que nuestras responsabilidades respectivas nos obligaban a tratar de construir una relación personal, y, como dijo Einstein, solo hay una forma de saber si puedes confiar en una persona: confiar”. Con estas palabras se refiere a su naciente relación con el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
Enrique de la Fuente. Redacción Despiertainfo.com



If my best isn’t good enough then how can it be good enough for two?”
George Michael
Por Daniel Lacalle
Por fin. Al final lo reconocen. Las subidas de impuestos no son para pagar las pensiones ni para reducir el déficit, son por “justicia social” –según la Ministra de Hacienda-.
La frase es magnífica y se une a aquellas proféticas palabras de Carmen Calvo, que ustedes recordarán “el dinero público no es de nadie”. Dice así: «Hay subidas de impuestos con afán recaudatorio y otras que se hacen por justicia social».
La frase parece una broma. Todas las subidas de impuestos tienen afán recaudatorio. ¿“Justicia social”? Pues no. Si lo que le preocupase a nuestra ministra es la justicia social, habría atajado la administración paralela,esa red clientelar de empresas y fundaciones fantasma, que en su comunidad, Andalucía, detrae más de 3.000 millones de euros anuales de recursos públicos (un 3,5% más que en 2017 en el presupuesto de la Comunidad, casi el 10% del gasto no financiero total). Y lo mismo en otras comunidades autónomas. Más de 28.000 millones anuales.
Si al PSOE le preocupase la justicia social, no habría subido impuestos a familias y empresas en todas las comunidades autónomas gobernadas con Podemos hasta alcanzar una presión fiscal entre un punto y hasta dos puntos superior a la media nacional.
El cuento de demonizar las rentas altas empieza por el lenguaje. “Rentas altas”. ¿Quién define “altas”? Parte de hacer creer al que lo lee o escucha que es una renta injusta o desproporcionada. No dicen “las rentas más productivas” o “las rentas mejor remuneradas”, no. “Rentas altas”. Para que usted piense que somos malvados explotadores.
El PSOE y Podemos les cuentan el cuento de que 600.000 personas van a pagar 20.000 millones más de gastos anuales, ustedes se lo creen y, mientras se carcajean, les suben los impuestos a todos con nombres originales (verdes, locales, regionales, Google, CO2). Luego bajan el listón “de rico” a medida que su voracidad confiscatoria no se ve saciada. Hasta que usted es rico y no se había enterado.
Las “rentas altas”, por su parte, trabajan 180 días al año solo para pagar impuestos.
Si partimos de un contribuyente soltero y sin hijos que gana 150.000 euros brutos al año, vemos que su cuña fiscal ya es del 48,25% en las comunidades autónomas del régimen común, y que llega hasta el 53,11% en Navarra. El concepto de “renta alta” es en realidad casi inexistente en España.
Las rentas de 150.000 euros abonan unos 84.000 al año en impuestos, antes de entrar en impuestos indirectos, al ahorro, a la vivienda, etc. Es decir, el equivalente a unos cuatro sueldos brutos medianos.
Ellos saben que un incremento del 10% en el tipo efectivo medio sobre las rentas de más de 150.000 euros hundiría la recaudación entre 500 millones y 2.500 millones de euros. En el más optimista de los casos, efecto casi nulo. Como indica Juan Rallo, hay diversos estudios que lo demuestran.
Si le preocupase la justicia social, no consideraría aceptable detraer en impuesto de la renta más de la mitad de los ingresos de un trabajador, sea cualificado o no, para luego detraer un tercio de sus ahorros, un cuarto de su vivienda y un quinto de su consumo. Pero si le preocupase la justicia social, desde luego se daría cuenta que expoliando a los 90.000 ciudadanos, trabajadores, que ganan más de 120.000 euros ni se pagan las pensiones ni se reduce el déficit ni se mejora el patrón de crecimiento ni aumentan los salarios.
Aquí, de lo que se trata no es de garantizar el estado de bienestar, que se garantiza creando empleo, empresas grandes y sólidas y atrayendo inversión.Se trata de financiar el gasto clientelar y poner escollos al crecimiento para presentarse luego como el salvador. “No le importa quemar el bosque si se convierte en rey de las cenizas” como decían en Game of Thrones.
Ninguna sociedad ha hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos.
Pero lo que es absolutamente intolerable es que digan que no va a afectar a “la clase trabajadora”. Como si los que ganan 120.000 o 150.000 euros al año, o lo que sea, no fueran trabajadores. Y además, incansables, como los demás. Como si los médicos, ingenieros, arquitectos o cualquier grupo que se gane su salario con su esfuerzo no fueran trabajadores que se levantan cada mañana para generar crecimiento, empleo y prosperidad.
Estamos ante una guerra de odio al mérito, al éxito y a la prosperidad. El odio populista a la gran empresa o a los salarios superiores no es la defensa del pueblo o el pequeño empresario. Es la constatación de la envidia al éxito. Porque la definición de gran empresa se va rebajando –como la de “ricos”- hasta que el kiosco de barrio les parece Exxon.
En España tenemos aproximadamente 600.000 personas que ganen más de 60.000 euros y a eso llaman “ricos”. Y unas 750 empresas contribuyen a la inmensa mayoría del impuesto de sociedades. Esas empresas son hasta un 30% más pequeñas en tamaño a la media de los grandes grupos de nuestros países comparables, pero lo llaman “grandes empresas”. La empresa española es fundamentalmente pequeña y mediana y, encima, más pequeñas que la media de nuestras economías comparables.
La fiscalidad confiscatoria es devastadora para el estado de bienestar, el crecimiento y el empleo. Porque los impuestos confiscatorios generan un efecto depresor, y estamos sobrepasando ese nivel con el cuento de que “hay margen”.
“Recaudamos poco”, dicen. Y usan presión fiscal (una ratio recaudatoria, ingresos fiscales sobre PIB) en vez de cuña fiscal (lo que usted y yo pagamos con respecto a lo que ganamos). La primera es ópticamente baja. La segunda es muy alta. ¿Cómo lo solucionan? Subiendo impuestos. Y siguen recaudando “poco”. El que parte, reparte y se lleva la mejor parte.
¿Se han dado cuenta que los que siempre encuentran margen lo hacen con el dinero de los demás? ¿Que los solidarios con el salario y ahorro ajeno siempre consideran que usted gana demasiado y ellos gastan poco?
Una renta de 150.000 euros paga más impuestos que cuatro salarios medianos. ¿No deberíamos incentivar que fuera atractivo atraer inversión, contratar y subir sueldos en vez de multiplicar el coste del impuesto al trabajo y la inversión para que nunca aumenten?
Las grandes empresas generan 1,21 millones de empleos. Es decir, crean 1,21 millones de puestos de trabajo más que los populistas que las atacan. ¿No deberíamos atraer más y mejores?
Según Funcas, el 10% más rico en términos de renta soporta el 48% de todo lo que se recauda en impuesto sobre la renta.
Los “ricos”, señora ministra, son los que mantienen en sus sillones a esos que jamás han creado un puesto de trabajo ni arriesgado sus ahorros para montar una empresa, que jamás se han quedado hasta altas horas de la madrugada, fines de semana y sin vacaciones, para crear riqueza. Los “ricos” son los que pagan el sueldo a esos que atacan al capitalismo desde su iPad pagado con nuestros impuestos mientras se toman un mes de vacaciones después de cuarenta días de “gobierno”. Nunca he visto a unos anticapitalistas más apegados al capital… de los demás.
Las “rentas altas”, señora ministra, son la clase trabajadora que mantiene a su clase política.
Los trabajadores, empresarios, autónomos y familias que ustedes llaman “los ricos” están hartos de los políticos rentistas extractivos, que usan la demagogia para incitar el odio y multiplicar el gasto clientelar, no garantizar el estado de bienestar.
Lo verdaderamente preocupante de España es esta carrera hacia cero de subir impuestos constantemente para recaudar peor y menos. Y así nunca progresaremos. Pero nos daremos palmadas en la espalda diciendo que la culpa es de la nueva, e inferior, definición de “los ricos”. Prepárese.
No se engañen, los populistas saben que las empresas y “rentas altas” pagan muchos impuestos. Lo que buscan es fomentar la envidia, destruir lo que queda y echar a quien quiera venir. Y presentarse como la solución repartiendo las migajas de lo que quede. Destruyendo miles de empleos al día, como ya hemos visto en el pasado. Justicia social.

