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“En España no se defiende la propiedad privada”

«Esto [se permite] para el mantenimiento del actual gobierno comunista del querido Pedro Sánchez», destacó Daniel Esteve en entrevista con PanAm Post

 por Mamela Fiallo Flor

Los “okupas”, como se conocen en España a los invasores de la propiedad privada, se han convertido en un problema que en este país se agrava con una legislación tan laxa. Es justamente por la falta de respuesta efectiva por parte del Estado que han surgido emprendimientos privados para recuperar lugares ocupados ilegalmente. Desokupa es tal vez una de las empresas más conocidas en materia de desalojos. Su CEO y fundador, Daniel Esteve, ha acaparado espacio en la prensa local e internacional no solo por los resultados conseguidos por su compañía sino también por señalar directamente como responsable de que esta situación se haya agudizado al Gobierno de Pedro Sánchez, al que califica sin tapujos como “comunista”.

“En España, por desgracia, no se defiende la propiedad privada, como me imagino ya sabe todo el mundo. Es una vergüenza”, así comienza a responder Daniel Esteve la entrevista que concedió a PanAm Post en la que también explica que se trata de una situación que es más grave en algunas zonas del país que en otras. Por ejemplo, lamenta que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, incluso haya sido okupa antes de llegar al cargo e imparta talleres con dinero del erario público para enseñar a invadir. “Es una apología del delito, es una locura”, señala Daniel Esteve al respecto.

Más que un negocio, Desokupa ha asumido una labor de principios, ya que brinda servicios de forma gratuita para ancianos. Cuenta que el caso más emotivo fue cuando recuperó la vivienda de un anciano que estaba hospitalizado. Además, parte de la ganancia se dedica a la Fundación Alberto Tres Huevos para niños con cáncer.

La situación de irrespeto a la propiedad privada es de tal magnitud en España que hasta la policía ha solicitado sus servicios para ayudar a desalojar okupas en más de 450 circunstancias.

“En España, por desgracia, no se defiende la propiedad privada, como me imagino ya sabe todo el mundo. Es una vergüenza”, aseguró Daniel Esteve, CEO y fundador de Desokupa. (PanAm Post)

Uso político de los okupas

Daniel Esteve destaca que hay un móvil político detrás de los okupas. “Yo tengo una teoría, que esto [se permite] para el mantenimiento del actual gobierno comunista del querido Pedro Sánchez, que permite la inmigración, sobre todo la de Marruecos, de una manera brutal, permite la ‘okupación’. Esos inmigrantes cuando llegan ya tienen casa, permite el empadronamiento, les da ayudas y persigue a las empresas como la mía”.

En exclusiva confesó que el gobierno pretende cerrar la empresa Desokupa, ya que desde la izquierda se defiende a los invasores por encima de los propietarios. Pero él asegura contar con los alegatos jurídicos para responder así como lo hizo en el pasado con una demanda que presentó contra el exvicepresidente segundo del Gobierno de España, Pablo Iglesias, por calumnias, tras haberlo acusado de “nazi” por defender la propiedad privada.

Esta política del Gobierno español estaría además alineada con los objetivos de la Agenda 2030, que uno de ellos reza que “no poseerás nada y serás feliz“. En España existe incluso el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, presidido por una militante comunista de Podemos, y el ataque contra la propiedad privada va de la mano con su discurso e ideales comunistas.

La propiedad privada es la esencia de la libertad / Private Property Is the Essence of Liberty

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La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales.

Por / By Ron Paul para MisesInstitute

[Extraído de A Foreign Policy of Freedom]

6512La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales. Privacidad y propiedad están entrelazadas. Si se protegieran ambas, poco habría que decir acerca de otras libertades civiles. Si la casa, iglesia o negocio propios son nuestro castillo y la privacidad de una persona, de sus papeles y efectos, está rígidamente protegida, todos los derechos deseados en una sociedad libre estarán garantizados. Proteger diligentemente el derecho a la privacidad y la propiedad garantiza la experiencia religiosa, periodística y política, así como una economía de libre mercado y una moneda fuerte. Una vez aparece una actitud descuidada con respecto a la privacidad, todos los demás derechos están en peligro.

Hoy vemos un ataque sistemático y persistente a la privacidad de los ciudadanos estadounidenses, que socava el principio de propiedad privada. Comprender por qué el ataque a la privacidad se está extendiendo rápidamente y reconocer la necesidad de invertir esta tendencia son algo necesario si ha de sobrevivir nuestra República.

La falta de respeto por la privacidad y la propiedad de los colonos americanos por parte del trono británico fue una poderosa motivación para la Revolución Americana y generó la Cuarta Enmienda, clara y de palabras fuertes. Se destaca que las pesquisas y apropiaciones están prohibidas salvo cuando se emita orden judicial por causa probable corroborada por juramento o protesta, dando detalles como el lugar, persona y cosas a embargar. Esto está muy lejos de la apropiación rutinaria del gobierno federal y la expropiación de propiedad que se producen hoy. Nuestros papeles ya no se consideran personales y se ha eliminado su confidencialidad. La propiedad privada es investigada por agentes federales sin anuncio previo. Se imponen enormes multas cuando parecen haberse violado regulaciones federales y se reclama probar la inocencia si alguien decide luchar contra el abuso en tribunales y evitar las duras multas.

Ochenta mil burócratas federales y policías armados patrullan hoy nuestro territorio y establecimientos comerciales. Se monitoriza a grupos religiosos sospechosos y a veces se destruyen su el proceso legal oportuno, con poca o ninguna evidencia de mala actuación. La jurisdicción local y estatal raramente se reconoce una vez que aparecen los federales. Hoy es habitual que el gobierno expropie propiedad ilegalmente, obligando a las víctimas a probar su inocencia para recuperarla. Fracasan muchas veces debido a los costes y los obstáculos legales que se ponen en el camino de la víctima.

A pesar de que los votantes de la década de 1990 han reclamado un cambio de dirección y un gobierno más pequeño y menos intrusivo, se ha acelerado el ataque a la privacidad del Congreso, la administración y los tribunales. Se han planteado o implantado planes para una tarjeta nacional de identidad, un banco nacional de datos médicos, un banco de datos sobre médicos individuales, padres irresponsables, programas intrusivos monitorizando todas nuestras transacciones financieras.

El número de la Seguridad Social se ha establecido como identificador universal. Ahora el número de la Seguridad Social se usa comúnmente para casi todo: obtener un certificado de nacimiento, comprar un coche, ver a un médico, conseguir un empleo, abrir una cuenta corriente, conseguir una licencia para conducir, hacer cualquier compra rutinaria y, por supuesto, un certificado de defunción. La vigilancia del gobierno de la cuna a la tumba está aquí haciéndose cada día más omnipresente. El ataque a la privacidad no es una coincidencia ni un acontecimiento que aparece por ninguna razón explicable. Es el resultado de una filosofía que lo justifica y lo requiere. Un gobierno no dedicado a conservar la libertad debe, por su propia naturaleza, permitir que se erosione este preciado derecho. Un sistema político diseñado, como estaba el nuestro, para proteger la vida, la libertad y la propiedad, protegería con vigor todos los derechos ciudadanos a la privacidad; esto no puede pasar salvo que la propiedad y frutos del trabajo propio de todo ciudadano estén protegidos frente a la confiscación por matones en la calle, así como en nuestros cuerpos legislativos.

Los promotores de la intrusión del gobierno en nuestra privacidad normalmente usan clichés desgastados para defender lo que hacen. El argumento más común es que si no tienes nada que ocultar, ¿por qué te preocupas? Es ridículo. No tenemos nada que ocultar en nuestras casas o nuestros dormitorios, pero esa no es una razón para que deba permitirse al Gran Hermano monitorizarnos con una cámara de vigilancia.

Lo mismo puede argumentarse acerca de nuestras iglesias, nuestros negocios o cualquier acción pacífica que podamos realizar. Nuestras actividades personales no son asunto de nadie más. No tenemos nada que esconder, pero si no tenemos cuidado, tenemos mucho que perder: nuestro derecho a que nos dejen en paz. Otros argumentan que al hacer funcionar programas públicos eficientemente y sin fraude, se logra un mejor control con un identificador universal, el número de Seguridad Social. Puede que la eficiencia y la protección mejoren con el uso de un identificador universal, pero esto contradice toda idea del papel apropiado del gobierno en una sociedad libre. La mayoría de los programas federales son inconstitucionales, para empezar, así que eliminar el despilfarro y el fraude y promover la eficiencia para un programa que requiere la violación de los derechos de otro no debería ser una gran prioridad del Congreso. Pero la tentación es demasiado grande, incluso para los que cuestionan la sensatez de los programas públicos, y se hace aceptable un compromiso sobre la Cuarta Enmienda.

Nunca he oído una propuesta para promover una tarjeta nacional de identificación o algo parecido ofreciendo una razón que no sea un buen propósito. Esencialmente todos los que votan para permitir la erosión continua de nuestra privacidad y otros derechos constitucionales nunca lo hacen porque apoyen conscientemente un gobierno tiránico: siempre se hace con buena intención.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe.

inglaterra

This selection is taken from chapter 10 of A Foreign Policy of Freedom by Ron Paul, available in both print and ebook editions at the Mises Store.

Privacy is the essence of liberty. Without it, individual rights cannot exist. Privacy and property are interlocked. If both were protected, little would need to be said about other civil liberties. If one’s home, church or business is one’s castle, and the privacy of one’s person, papers and effects are rigidly protected, all rights desired in a free society will be guaranteed. Diligently protecting the right to privacy and property guarantees religious, journalistic and political experience, as well as a free market economy and sound money. Once a careless attitude emerges with respect to privacy, all other rights are jeopardized.

Today we find a systematic and pervasive attack on the privacy of American citizens, which undermines the principle of private property ownership. Understanding why the attack on privacy is rapidly expanding and recognizing a need to reverse this trend are necessary if our Republic is to survive.

Lack of respect for the privacy and property of the American colonists by the British throne was a powerful motivation for the American Revolution and resulted in the strongly-worded and crystal-clear Fourth Amendment. Emphatically, searches and seizures are prohibited except when warrants are issued upon probable cause supported by oath or affirmation, with details given as to place, person and things to be seized. This is a far cry from the routine seizure by the federal government and forfeiture of property which occurs today. Our papers are no longer considered personal and their confidentiality has been eliminated. Private property is searched by federal agents without announcement. Huge fines are levied when federal regulations appear to have been violated, and proof of innocence is demanded if one chooses to fight the abuse in court and avoid the heavy fines.

Eighty thousand armed federal bureaucrats and law enforcement officers now patrol our land and business establishments. Suspicious religious groups are monitored and sometimes destroyed without due process of law, with little or no evidence of wrong doing. Local and state jurisdiction is rarely recognized once the feds move in. Today, it is routine for government to illegally seize property, requiring the victims to prove their innocence in order to retrieve their property. Many times they fail due to the expense and legal roadblocks placed in the victim’s way.

Although the voters in the 1990s have cried out for a change in direction and demanded a smaller, less-intrusive government, the attack on privacy by the Congress, the administration, and the courts has, nevertheless, accelerated. Plans have now been laid or implemented for a national I.D. card, a national medical data bank, a data bank on individual MDs, deadbeat dads, intrusive programs monitoring our every financial transaction.

The Social Security number has been established as the universal identifier. The Social Security number is now commonly used for just about everything: getting a birth certificate, buying a car, seeing an MD, getting a job, opening up a bank account, getting a driver’s license, making many routine purchases, and, of course, a death certificate. Cradle-to-the-grave government surveillance is here and daily getting more pervasive. The attack on privacy is not a coincidence or an event that arises for no explainable reason. It results from a philosophy that justifies it and requires it. A government not dedicated to preserving liberty must, by its very nature, allow this precious right to erode. A political system designed as ours was to protect life, liberty, and property would vigorously protect all citizens’ rights to privacy; this cannot occur unless the property and the fruits of one’s labor, of every citizen, is protected from confiscation by thugs in the street as well as those in our legislative bodies.

The promoters of government intrusion into our privacy characteristically use worn out clichés to defend what they do. The most common argument is that if you have nothing to hide, why worry about it? This is ludicrous. We have nothing to hide in our homes or our bedrooms, but that is no reason why Big Brother should be permitted to monitor us with a surveillance camera.

The same can be argued about our churches, our businesses, or any peaceful action we may pursue. Our personal activities are no one else’s business. We may have nothing to hide, but, if we are not careful, we have plenty to lose — our right to be left alone. Others argue that to operate government programs efficiently and without fraud, close monitoring is best achieved with a universal identifier, the Social Security number. Efficiency and protection from fraud may well be enhanced with the use of a universal identifier, but this contradicts the whole notion of the proper role for government in a free society. Most of the federal programs are unconstitutional to begin with, so eliminating waste and fraud and promoting efficiency for a program that requires a violation of someone else’s rights should not be a high priority of the Congress. But the temptation is too great, even for those who question the wisdom of the government programs, and compromise of the Fourth Amendment becomes acceptable.

I have never heard of a proposal to promote the national I.D. card, or anything short of this for any reasons other than a good purpose. Essentially all those who vote to allow the continual erosion of our privacy and other Constitutional rights never do it because they consciously support a tyrannical government; it is always done with good intention.

SOBERANÍA INDIVIDUAL EN LUGAR DE PATERNALISMO ESTATAL / INDIVIDUAL SOVEREIGNTY IN LIEU OF STATE PATERNALISM (SPANISH-ENGLISH)

Escrito por Luis I. Gómez

¿Existe, en esta Europa de las socialdemocracias, algún resto de propiedad privada? Hablo de propiedad en el verdadero sentido de la palabra: entendida como la verdadera generadora de individualidad, como autonomía personal, aquello que confiere al producto de lo que hacemos una impronta reconocible y asignable a una persona, no me refiero al sistema legal-estatal de concesión de licencias. No les hablo de derechos abstractos amablemente concedidos por el Estado, les hablo de los espacios privados en los que sólo su voluntad cuenta y a los que los demás sólo podríamos acceder bajo condiciones muy especiales dictadas por el “dueño”. Esta forma de entender “propiedad”, o soberanía individual si lo prefieren, cada vez es más ajena al europeo moderno, cada vez más escasa. Y, tal vez por ello, cada vez más valiosa.

El ciudadano de hoy ha sido declarado oficialmente menor de edad. Él y sus acciones ya no son el punto de partida de la dinámica social, sino que forma parte de una masa social GESTIONADA. Menor de edad y gestionado, el ciudadano debe plegarse a los dictados de quienes dirigen la maquinaria social,  maquinaria en la que es visto como un simple número y cuya única función es la de obedecer los objetivos políticos y sociales fijados.

El ciudadano debe comprar coches eléctricos y gastar su dinero en subvenciones para su implementación, debe fumar menos o no hacerlo en absoluto, moverse más en bicicleta o caminar, comer más sano, elegir a los partidos políticos correctos y defender una opinión política “socialmente aceptada”, fomentar las ONG verdes, vivir más ecológicamente, comprar café de comercio justo, beber menos alcohol, no olvidar revisar su estado censal, no poseer armas, jamás jugar a “juegos violentos” en su PC, dedicar la mitad de sus ingresos para el estado, evitar los alimentos transgénicos, educar a sus hijos tal y como el estado nos dice que se debe educar adecuadamente,  escribir de manera “igualitaria”, convertirse en donante de órganos, denunciar los “anuncios sexistas”, construir su casa en los principios de la “eficiencia energética” y, por último pero no menos importante, denunciar cualquier violación de las “leyes de la comunidad” a través de las Redes Sociales, Este es fundamentalmente el fruto del “orden libre y democrático” al principio del siglo 21.

Desde el punto de vista pedagógico-terapéutico – la socialdemocracia es terapia y pedagogía- los GESTORES no pueden abandonar a su destino a los miembros negligentes. Después de todo, ellos se autocomprenden como la encarnación de la razón y, por tanto, reconocen en lo “irracional” su peor enemigo. Perseverantes, se fijan como objetivo educar a estos “herejes sociales” para convertirlos en buenos conciudadanos, educándoles políticamente y en la mejora de su conciencia social, convirtiéndoles en demócratas sinceros, prudentes usuarios de las carreteras, estudiantes “críticos” o votantes fieles; entonces, y sólo entonces, tendrán derecho a una vida plena entregada al servicio de los demás. De la “gente”.

El espacio público y privado se disuelven y mezclan lentamente pero con contundencia, fruto de la labor pedagógico-terapéutica de decenios. Ya nadie se corta un pelo a la hora de mostrar su esfera privada: exibicionistas convulsivos, contamos qué comemos, cómo gastamos el dinero, con quien estamos de fiesta y si fulanito  ligó con menganita. Al mismo tiempo, vemos cómo los asuntos privados se transforman en materia estado. Los “gestores” ya discuten en sus sillones parlamentarios temas que hasta no hace mucho eran exclusivos del ámbito privado: si podemos fumar y cuánto y dónde, qué debemos/podemos beber y comer, que chistes deben hacernos gracia y qué podemos decir acerca de los problemas políticos y sociales, no sea que, alejados de la “corrección política”, debamos ser convenientemente reeducados. La supuesta autoridad y superioridad moral de la clase política es algo ampliamente aceptado como verdad por la gran mayoría, hecho este absolutamente irracional e incompresible, sólo apenas justificable desde la intensa indoctrinación a que estamos sometidos.

Los ciudadanos soberanos no deberían ser persuadidos sobre qué productos, personas o formas de diversión tienen que evitar. No, debemos atrevernos a pensar de nuevo y percibir lo que nos parece razonable, y proclamar nuestra opinión con confianza a los cuatro vientos. Porque la vida privada, el compromiso ofensivo y combativo con lo que nos es propio y nos hace singulares, rompe las exigencias políticas de los ingenieros sociales y les priva del monopolio de la supremacía moral. En estos tiempos que corren, preservar nuestra soberanía individual y el espacio de propiedad en que la desarrollamos es un acto subversivo, que debe ser dignificado. Lamentablemente, es bastante infrecuente.

inglaterra

ENGLISH VERSION

Is there, in this European social democracies, some other private property? I speak of property in the true sense of the word: understood as the true generator of individuality and personal autonomy, that which gives the product of what we do a recognizable and assignable mark a person, I mean the legal-state system licensing. I do not speak kindly of abstract rights granted by the State, I speak of private spaces where only his will own and that others could access only under very special conditions dictated by the «owner». This understanding of «property» or if you prefer individual sovereignty, is becoming increasingly foreign to modern European, increasingly scarce. And perhaps therefore increasingly valuable.

The citizen today has been officially declared a minor. He and his actions are no longer the starting point of social dynamics, but part of a social group MANAGED. Underage and managed, the citizen must bow to the dictates of those who run the social machinery, in which is seen as a simple number and whose only function is to obey the established political and social objectives.

The citizen must buy electric cars and spend their money on subsidies for implementation, should smoke less or not at all, move bike or walk, eat healthier, choose the correct political parties and defend a political opinion «socially accepted «promote green NGOs, live greener, buy fair trade coffee, drink less alcohol, do not forget to review your census state, not possessing weapons, never play» violent games «on your PC, spend half their income the state, to avoid GM foods, educate their children as the state tells us to be educated properly, write «egalitarian» way, become an organ donor, denouncing the «sexist advertising», build your house in principles of «energy efficiency» and, last but not least, report any violation of the «laws of the community» through social networks, this is primarily the result of «free and democratic order» at the beginning of the century twenty-one.

From the pedagogical point of view and therapeutic – social democracy is therapy and pedagogy, managers can not leave their fate to the heedless members. After all, they autocomprenden as the embodiment of reason and therefore recognized as «irrational» your worst enemy. Persevering, they set the objective to educate these «social heretics» to become good citizens, educating them politically and improving their social conscience, making them sincere democrats, prudent road users, students ‘critical’ or faithful voters; then, and only then, they will be entitled to a full life dedicated to the service of others. From the people».

The public and private space dissolve and mix slowly but forcefully, the result of decades-therapeutic pedagogical work. And no one hair is cut when showing your privacy: You exhibitionist convulsive, what we eat, how we spend money, with whom we are celebrating and if fulanito ligated with Menganita. At the same time, we see how private matters become subject state. The «managers» and discussed their parliamentary seats topics that until recently were exclusive private sphere: if we can smoke and how much and where, what should / can drink and eat that jokes should make us grace and what can we say about political and social problems, lest, away from the «political correctness», we should be suitably retrained. The alleged authority and moral superiority of the political class is something widely accepted as true by the vast majority, made this absolutely irrational and incomprehensible, just barely justifiable from the intense indoctrination to which we are subjected.

Sovereign citizens should not be persuaded about which products, persons or forms of entertainment have to avoid. We must not, dare to think again and perceive what we think is reasonable, and our opinion confidently proclaim to the four winds. For privacy, offensive and combative with what we own and makes us unique commitment, break the political demands of social engineers and deprives them of the monopoly of moral supremacy. In these times, preserve our individual sovereignty and space property that we developed is a subversive act, which must be dignified. Unfortunately, it is quite uncommon.