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LA PROPIEDAD NO ES UN ROBO. ES UN DERECHO HUMANO. / PROPERTY IS NOT THEFT. IT IS A HUMAN RIGHT.

Se comienza por declarar impotente al individuo

y se concluye por justificar la intervención de la sociedad

en su acción. Destruyendo la libertad, sujetando sus pensamientos,

sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas.”

Mayor General Ignacio Agramonte

Por Carlos Alberto Montaner

dsc7977-e1542228226888Ésta es una magnífica oportunidad de abordar el tema de la propiedad. La estructura de poder en Cuba, incluido Raúl Castro, sabe que se equivocó totalmente al suscribir el comunismo, especialmente desde 1968, cuando Fidel Castro decretó la “ofensiva revolucionaria” y fueron confiscadas hasta las herramientas de los zapateros.

Entonces, unas 60 000 microempresas, casi todas familiares, pasaron a ser operadas por el Estado, con todo lo que ello tiene de ineficiencia y desidia. La situación, que ya era catastrófica, se agravó hasta la desesperación. La Isla se convirtió en el país más comunista del planeta y así le ha ido a esa pobre nación.

Hoy, quienes erraron y traicionaron la revolución colocándola bajo la advocación del marxismo-leninismo y la dictadura, tratan de enmendar el desastre, pero no saben cómo hacerlo. Han convocado a una nueva Constituyente, pero no permiten que los intelectuales y artistas afines, agrupados en la UNEAC, muchos de ellos aparentemente partidarios de la Revolución, participen en las discusiones. Les temen a las ideas no controladas.

Ni siquiera se atreven a elegir el camino chino o el vietnamita (cero libertades políticas y abundante propiedad privada). Los paraliza el fantasma de Fidel Castro. ¿Qué hubiera hecho o dicho el Máximo Líder? Durante más de medio siglo abdicaron de la facultad de pensar con cabeza propia y ya no saben cómo hacerlo. Tienen la certeza de haber destruido los fundamentos de una sociedad, pero carecen del coraje de admitirlo.

Comencemos.

La primera persona que declaró que algo era suyo no cometió un delito. Lo que afirmaba que le pertenecía, probablemente así era. Quien arrancó una fruta o mató a un animal para comérselo, sintió que eran suyos. Había invertido su propio esfuerzo y tiempo en lograrlo.

Entre los mamíferos superiores dedicados a la cacería se repite la tendencia. La criatura alfa que dirige la manada, captura y mata a su presa, sacia su apetito y luego deja los restos, que a veces son abundantes, a los miembros de su grupo.

Ese es el comienzo remoto de la prosperidad y el progreso: la propiedad. La propiedad podía ser privada, de un individuo o de una familia, del grupo o del Estado, pero alguien debía asumir la posesión del bien.

¿Es la propiedad un robo?

“La propiedad es un robo”, escribió Pierre Joseph Proudhon en 1840.

Era una frase para epatar a la burguesía, pero se trasformó en un juicio moral compartido absolutamente injusto. La propiedad, por el contrario, es un elemento clave en cualquier sociedad. Otras personas respondieron a la frase de Proudhon agregando que el verdadero robo era apoderarse de unos bienes por los que no habían luchado.

La propiedad privada, en cualquiera de sus formas, es una manera objetiva de remunerar a los emprendedores, lo que a veces no está reñido con el altruismo. Bill Gates dedica el 90% de su inmensa fortuna a ejercer la caridad por medio de su fundación. Y si Estados Unidos es una nación extremadamente rica y poderosa, es porque ha alentado la labor de los emprendedores: los Edison, los Ford, los Steve Jobs de este mundo.

La democracia liberal no les encuentra inconvenientes a los emprendedores y mucho menos le teme al éxito económico que pueden obtener. Es al revés: son los empresarios que fracasan los que destruyen el capital. Los triunfadores lo crean y todos nos beneficiamos de ellos directa o indirectamente.

Directamente, se benefician los trabajadores que devengan un salario, los consumidores que obtienen un bien o un servicio que valoran positivamente, o los accionistas que ven cómo se multiplica el precio de sus acciones al tiempo que reciben dividendos.

Indirectamente, se beneficia el conjunto de la sociedad con el pago de impuestos de estos empresarios. ¿Para qué arriesgar el capital colectivo en una empresa pública, cuando recibimos el 20 o 25% (o más) de los beneficios de las empresas privadas? Si ganan, ganamos todos. Si pierden, pierden ellos, los capitalistas.

En los Estados bien administrados, sin corrupción o amiguismos, esos beneficios se convierten en escuelas, alcantarillados, electricidad, puentes y otras obras de infraestructura que multiplican la eficacia de los empresarios privados.

Por otra parte, sabemos que la empresa pública suele ser una fuente de corrupción, de clientelismo y de pérdidas de recursos. Por eso, entre los criterios empleados por la Unión Europea para admitir a las naciones ex comunistas que llamaron a sus puertas, estuvo que privatizaran todas las empresas en manos del Estado. Fue una sabia medida.

La discusión sobre las virtudes y defectos de la propiedad privada o pública es muy antigua y desde entonces no se ha terminado de debatir. Los griegos tuvieron dos modelos clásicos: Esparta y Atenas. La sociedad espartana era un apéndice del Estado. El Estado ateniense, en cambio, era un apéndice de la sociedad. Platón era un defensor del modelo estatista espartano. Aristóteles, del modelo liberal ateniense.

Aristóteles afirmaba algo que todavía es un razonamiento correcto: cuando todo es de todos, nada es de nadie. Nadie se responsabiliza con el mantenimiento de los bienes comunes y es inevitable la decadencia.

En las ciudades cubanas, especialmente en La Habana, el señalamiento de Aristóteles es absolutamente claro. ¿Por qué, después de seis décadas de comunismo, las calles, los parques, las viviendas están destruida como si hubieran sufrido un bombardeo? Porque nada era de nadie, y porque las decisiones sobre el mantenimiento de esas infraestructuras eran tomadas por unos apparatchicks remotos que carecían de un interés directo en los bienes.

En donde existe propiedad privada, los dueños quieren preservarlas y aportan una parte de sus ahorros a estos fines. Yo adquirí en Madrid un hermoso piso construido en 1807 sobre los muros de donde había vivido y donde murió Cervantes dos siglos antes. Mi familia y yo vivimos diez años en esa vivienda. Luego la vendimos. La casa se mantiene en perfecto estado, pese a los defectos de la construcción original.

La “plusvalía”

Marx hablaba en Das Kapital de “la acumulación primaria de capital” como una forma de despojar a los trabajadores de lo que les pertenecía. Esta operación de despojo es la raíz de su teoría de “la plusvalía”, un error conceptual que muchas personas continúan propagando. La plusvalía era esa diferencia entre lo que vale el trabajo de una persona y lo que realmente le pagan. El capitalista se queda con la plusvalía y acumulaba más capital.

Hasta que, en su propia época, Eugen von Böhm-Bawerk, de la Escuela Austriaca de economía, definió esa diferencia como un premio que, a veces, recibían los inversionistas por arriesgar su capital generando bienes o servicios que las personas podían o no adquirir. Cuando uno sabe que las empresas de nueva creación fracasan un 75% de las veces, advierte que Marx estaba minuciosamente equivocado.

Cuando uno sabe que una deriva de la regla de Pareto, esa que establece que apenas el 20% de los productos que se ofertan alcanzan el 80% de las ventas, advierte que Marx no tenía una idea muy clara de cómo se creaba la riqueza o cómo se perdía.

Estaba tan afianzada la definición marxista de la plusvalía que recuerdo en Moscú, durante la transición a la economía de mercado, a un excamarada que a voz en cuello justificaba los atropellos y la corrupción con la hipótesis que se trataba de “una forma de acumulación primaria de capital”. Había dejado de ser marxista, pero no podía alejarse del razonamiento fundamental del fundador de la secta.

La plusvalía era algo tan esencial en el pensamiento de Karl Marx que cuando éste muere, en 1883, en la despedida de duelo que le hace Friedrich Engels, su amigo del alma y del bolsillo, quien mejor conocía su obra, afirma que al pensador alemán se le deben dos hallazgos clave para la humanidad: la plusvalía y el materialismo dialéctico. Dos errores –agrego- basados en dos ilustres pensadores también equivocados: David Ricardo con su “Teoría del Valor”, donde se origina la hipótesis de la plusvalía, y Georg Hegel, punto de partida del materialismo dialéctico.

¿Hay algún asidero que demuestre el carácter de “derecho natural” de la propiedad. Creo que sí. Las personas son capaces de dar la vida por lo que les pertenece o por lo que creen que les pertenece. Están dispuestas a matar o morir por adquirir ciertos bienes. No hay nada más humano que defender “lo nuestro” con los dientes. Así como también protestar contra cualquier “agravio comparativo” en la posesión de los bienes.

Egoísmo y altruismo 

No obstante, frente a ese “derecho natural” a la propiedad, quienes se oponen a ella no sólo opinan que ahí radica el inicio de las actitudes egoístas que dan lugar a sangrientas querellas, sino que existen determinadas personas que muestran su disposición a compartir los bienes en comunas, cooperativas y otras formas de propiedad colectiva.

Eso en gran medida cierto. Nadie debe dudar que hay algunas personas extremadamente solidarias que se sienten moralmente compensadas en sociedades igualitarias en las que no existe la propiedad privada. La Madre Teresa es un buen ejemplo. Al Dr. Albert Schweitzer le concedieron el Premio Nobel en 1952 por haber dedicado su vida al bienestar de las personas más pobres y enfermas del planeta.

El problema surge cuando se les trata de imponer a todos los seres humanos lo que parece ser la tendencia de una minoría. Esto suele ocurrir en las sociedades colectivistas. Al fin y al cabo, la “dictadura del proletariado” fue proclamada por el propio Marx y durante los 74 años que duró el experimento de la URSS todo lo que se consiguió fue endurecer la represión hasta que que resultaba obvio que no se trataba de un fenómeno temporal, sino que el carácter contra natura del sistema requería de la mano dura y los gulags para poder prevalecer.

Afortunadamente, la “democracia liberal” ha resuelto ese dilema autorizando todo tipo de propiedad, siempre que la vinculación sea libremente escogida por los ciudadanos. En Israel, España o Estados Unidos, en cualquier “democracia liberal”, las personas pueden acceder a una cooperativa, sumarse a una comuna, poseer una empresa por acciones o tener una empresa personal o familiar. La afinidad puede ser religiosa, ideológica, étnica o de cualquier índole. Lo esencial es la existencia de libertad para elegiry cumplir con las leyes.

¿Es mejor o peor la propiedad colectiva o la privada en cualquiera de sus formas? A mi juicio, y al de cualquier observador que no vea los resultados a través de los anteojos ideológicos, le privada es infinitamente mejor.

Es mejor, en la creación de riquezas. Ahí están los ejemplos de las dos Alemania y las dos Corea para demostrarlo.

He utilizado el ejemplo decenas de veces: los mismos ingenieros alemanes que en Occidente fabricaban los Mercedes Benz, en la Alemania Oriental creaban los Trabant, y apenas lograban alcanzar el 50% del per cápita de los occidentales. Los de la Alemania comunista, ante la competencia, habían creado un muro en Berlín y dado órdenes de disparar a matar para evitar que sus ciudadanos continuaran huyendo del “paraíso del proletariado”.

En 1953, cuando terminó la Guerra de Corea con un precario armisticio, los surcoreanos, esencialmente la zona agrícola de la Península, tenían los niveles de pobreza de Honduras. Los del norte, los colectivistas, en cambio, contaban con una base industrial muy afectada por los bombardeos, pero con una tradición de éxitos indiscutible. Hoy los surcoreanos alcanzan la riqueza de Holanda y es la tierra de Samsung, Kia, Hyundai y un honroso etcétera. Los del norte tienen el per cápita de Honduras y han provocado hambrunas que han matado a dos millones de personas.

Es bastante evidente: la propiedad no es un robo. Es un derecho humano que a todos nos conviene que exista.

La sociedad y la propiedad. Seminario.
Interamerican Institute for Democracy
Miami, FLORIDA. 13 de noviembre de 2018

Podemos quiere expropiar 120.000 viviendas a empresas y particulares

El partido morado pretende que los pisos vacíos de los grandes propietarios -más de diez inmuebles- sean cedidos a alquiler social.

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Una de las grandes obsesiones del Podemos consiste en declararle la guerra a los propietarios de viviendas, ya que, desde su nacimiento como partido, plantea la cesión obligatoria de inmuebles a la Administración Pública con el fin de fomentar el «alquiler social», así como la legalización de los okupas y la prohibición de los desahucios -por impago de hipoteca o alquiler-, impidiendo así a los legítimos dueños la recuperación de su propiedad.

Aunque, al principio, la formación morada insistía en que su objetivo se centraba en los pisos de bancos e inmobiliarias, lo cierto es que en 2015 ya hablaba abiertamente de empresas y particulares, siempre y cuando poseyeran más de diez viviendas. De este modo, los «grandes tenedores» se verían obligados a ceder sus inmuebles en «alquiler social» -con un precio inferior al del mercado-, bajo la amenaza directa de sanciones económicas o expropiación forzosa, en caso de que permanecieran vacíos.

Siguiendo los pasos de Baleares

Ahora, aprovechando la presentación de su proyecto alternativo de Presupuestos, Podemos detalla un poco más su particular «Plan de Alquiler de Viviendas a Precios Sociales», cuyo coste estima en 700 millones de euros para las arcas públicas en 2018. En concreto, su propuesta se enmarca dentro de las 15 que hace la formación para «cambiar un país».

Consiste en desarrollar «una ley de vivienda similar a la que en este momento se tramita en el Parlamento de las Islas Baleares, con el objetivo de incrementar la disponibilidad de viviendas de alquiler a precio asequible o alquiler social. Se pondrán a disposición del alquiler social hasta 120.000 viviendas de grandes tenedores (propietarios de más de diez viviendas) que lleven al menos dos años cerradas, mediante una cesión del uso de la vivienda desocupada a cambio de un precio de compensación a los propietarios».

Es decir, todos aquellos propietarios, tanto particulares como empresas, que mantengan vacías sus viviendas durante más de dos años correrían el riesgo de perder su propiedad mediante una expropiación de uso.

Según la ley que tramita Baleares, los «grandes poseedores» son las personas físicas y jurídicas que, directa o indirectamente -a través de sociedades-, tienen diez o más viviendas en propiedad, alquiler o usufructo y participan de manera activa en el mercado (desarrollan una actividad económica con los inmuebles).

Libre Mercado

PODEMOS99

La propiedad privada es la esencia de la libertad / Private Property Is the Essence of Liberty

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La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales.

Por / By Ron Paul para MisesInstitute

[Extraído de A Foreign Policy of Freedom]

6512La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales. Privacidad y propiedad están entrelazadas. Si se protegieran ambas, poco habría que decir acerca de otras libertades civiles. Si la casa, iglesia o negocio propios son nuestro castillo y la privacidad de una persona, de sus papeles y efectos, está rígidamente protegida, todos los derechos deseados en una sociedad libre estarán garantizados. Proteger diligentemente el derecho a la privacidad y la propiedad garantiza la experiencia religiosa, periodística y política, así como una economía de libre mercado y una moneda fuerte. Una vez aparece una actitud descuidada con respecto a la privacidad, todos los demás derechos están en peligro.

Hoy vemos un ataque sistemático y persistente a la privacidad de los ciudadanos estadounidenses, que socava el principio de propiedad privada. Comprender por qué el ataque a la privacidad se está extendiendo rápidamente y reconocer la necesidad de invertir esta tendencia son algo necesario si ha de sobrevivir nuestra República.

La falta de respeto por la privacidad y la propiedad de los colonos americanos por parte del trono británico fue una poderosa motivación para la Revolución Americana y generó la Cuarta Enmienda, clara y de palabras fuertes. Se destaca que las pesquisas y apropiaciones están prohibidas salvo cuando se emita orden judicial por causa probable corroborada por juramento o protesta, dando detalles como el lugar, persona y cosas a embargar. Esto está muy lejos de la apropiación rutinaria del gobierno federal y la expropiación de propiedad que se producen hoy. Nuestros papeles ya no se consideran personales y se ha eliminado su confidencialidad. La propiedad privada es investigada por agentes federales sin anuncio previo. Se imponen enormes multas cuando parecen haberse violado regulaciones federales y se reclama probar la inocencia si alguien decide luchar contra el abuso en tribunales y evitar las duras multas.

Ochenta mil burócratas federales y policías armados patrullan hoy nuestro territorio y establecimientos comerciales. Se monitoriza a grupos religiosos sospechosos y a veces se destruyen su el proceso legal oportuno, con poca o ninguna evidencia de mala actuación. La jurisdicción local y estatal raramente se reconoce una vez que aparecen los federales. Hoy es habitual que el gobierno expropie propiedad ilegalmente, obligando a las víctimas a probar su inocencia para recuperarla. Fracasan muchas veces debido a los costes y los obstáculos legales que se ponen en el camino de la víctima.

A pesar de que los votantes de la década de 1990 han reclamado un cambio de dirección y un gobierno más pequeño y menos intrusivo, se ha acelerado el ataque a la privacidad del Congreso, la administración y los tribunales. Se han planteado o implantado planes para una tarjeta nacional de identidad, un banco nacional de datos médicos, un banco de datos sobre médicos individuales, padres irresponsables, programas intrusivos monitorizando todas nuestras transacciones financieras.

El número de la Seguridad Social se ha establecido como identificador universal. Ahora el número de la Seguridad Social se usa comúnmente para casi todo: obtener un certificado de nacimiento, comprar un coche, ver a un médico, conseguir un empleo, abrir una cuenta corriente, conseguir una licencia para conducir, hacer cualquier compra rutinaria y, por supuesto, un certificado de defunción. La vigilancia del gobierno de la cuna a la tumba está aquí haciéndose cada día más omnipresente. El ataque a la privacidad no es una coincidencia ni un acontecimiento que aparece por ninguna razón explicable. Es el resultado de una filosofía que lo justifica y lo requiere. Un gobierno no dedicado a conservar la libertad debe, por su propia naturaleza, permitir que se erosione este preciado derecho. Un sistema político diseñado, como estaba el nuestro, para proteger la vida, la libertad y la propiedad, protegería con vigor todos los derechos ciudadanos a la privacidad; esto no puede pasar salvo que la propiedad y frutos del trabajo propio de todo ciudadano estén protegidos frente a la confiscación por matones en la calle, así como en nuestros cuerpos legislativos.

Los promotores de la intrusión del gobierno en nuestra privacidad normalmente usan clichés desgastados para defender lo que hacen. El argumento más común es que si no tienes nada que ocultar, ¿por qué te preocupas? Es ridículo. No tenemos nada que ocultar en nuestras casas o nuestros dormitorios, pero esa no es una razón para que deba permitirse al Gran Hermano monitorizarnos con una cámara de vigilancia.

Lo mismo puede argumentarse acerca de nuestras iglesias, nuestros negocios o cualquier acción pacífica que podamos realizar. Nuestras actividades personales no son asunto de nadie más. No tenemos nada que esconder, pero si no tenemos cuidado, tenemos mucho que perder: nuestro derecho a que nos dejen en paz. Otros argumentan que al hacer funcionar programas públicos eficientemente y sin fraude, se logra un mejor control con un identificador universal, el número de Seguridad Social. Puede que la eficiencia y la protección mejoren con el uso de un identificador universal, pero esto contradice toda idea del papel apropiado del gobierno en una sociedad libre. La mayoría de los programas federales son inconstitucionales, para empezar, así que eliminar el despilfarro y el fraude y promover la eficiencia para un programa que requiere la violación de los derechos de otro no debería ser una gran prioridad del Congreso. Pero la tentación es demasiado grande, incluso para los que cuestionan la sensatez de los programas públicos, y se hace aceptable un compromiso sobre la Cuarta Enmienda.

Nunca he oído una propuesta para promover una tarjeta nacional de identificación o algo parecido ofreciendo una razón que no sea un buen propósito. Esencialmente todos los que votan para permitir la erosión continua de nuestra privacidad y otros derechos constitucionales nunca lo hacen porque apoyen conscientemente un gobierno tiránico: siempre se hace con buena intención.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe.

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This selection is taken from chapter 10 of A Foreign Policy of Freedom by Ron Paul, available in both print and ebook editions at the Mises Store.

Privacy is the essence of liberty. Without it, individual rights cannot exist. Privacy and property are interlocked. If both were protected, little would need to be said about other civil liberties. If one’s home, church or business is one’s castle, and the privacy of one’s person, papers and effects are rigidly protected, all rights desired in a free society will be guaranteed. Diligently protecting the right to privacy and property guarantees religious, journalistic and political experience, as well as a free market economy and sound money. Once a careless attitude emerges with respect to privacy, all other rights are jeopardized.

Today we find a systematic and pervasive attack on the privacy of American citizens, which undermines the principle of private property ownership. Understanding why the attack on privacy is rapidly expanding and recognizing a need to reverse this trend are necessary if our Republic is to survive.

Lack of respect for the privacy and property of the American colonists by the British throne was a powerful motivation for the American Revolution and resulted in the strongly-worded and crystal-clear Fourth Amendment. Emphatically, searches and seizures are prohibited except when warrants are issued upon probable cause supported by oath or affirmation, with details given as to place, person and things to be seized. This is a far cry from the routine seizure by the federal government and forfeiture of property which occurs today. Our papers are no longer considered personal and their confidentiality has been eliminated. Private property is searched by federal agents without announcement. Huge fines are levied when federal regulations appear to have been violated, and proof of innocence is demanded if one chooses to fight the abuse in court and avoid the heavy fines.

Eighty thousand armed federal bureaucrats and law enforcement officers now patrol our land and business establishments. Suspicious religious groups are monitored and sometimes destroyed without due process of law, with little or no evidence of wrong doing. Local and state jurisdiction is rarely recognized once the feds move in. Today, it is routine for government to illegally seize property, requiring the victims to prove their innocence in order to retrieve their property. Many times they fail due to the expense and legal roadblocks placed in the victim’s way.

Although the voters in the 1990s have cried out for a change in direction and demanded a smaller, less-intrusive government, the attack on privacy by the Congress, the administration, and the courts has, nevertheless, accelerated. Plans have now been laid or implemented for a national I.D. card, a national medical data bank, a data bank on individual MDs, deadbeat dads, intrusive programs monitoring our every financial transaction.

The Social Security number has been established as the universal identifier. The Social Security number is now commonly used for just about everything: getting a birth certificate, buying a car, seeing an MD, getting a job, opening up a bank account, getting a driver’s license, making many routine purchases, and, of course, a death certificate. Cradle-to-the-grave government surveillance is here and daily getting more pervasive. The attack on privacy is not a coincidence or an event that arises for no explainable reason. It results from a philosophy that justifies it and requires it. A government not dedicated to preserving liberty must, by its very nature, allow this precious right to erode. A political system designed as ours was to protect life, liberty, and property would vigorously protect all citizens’ rights to privacy; this cannot occur unless the property and the fruits of one’s labor, of every citizen, is protected from confiscation by thugs in the street as well as those in our legislative bodies.

The promoters of government intrusion into our privacy characteristically use worn out clichés to defend what they do. The most common argument is that if you have nothing to hide, why worry about it? This is ludicrous. We have nothing to hide in our homes or our bedrooms, but that is no reason why Big Brother should be permitted to monitor us with a surveillance camera.

The same can be argued about our churches, our businesses, or any peaceful action we may pursue. Our personal activities are no one else’s business. We may have nothing to hide, but, if we are not careful, we have plenty to lose — our right to be left alone. Others argue that to operate government programs efficiently and without fraud, close monitoring is best achieved with a universal identifier, the Social Security number. Efficiency and protection from fraud may well be enhanced with the use of a universal identifier, but this contradicts the whole notion of the proper role for government in a free society. Most of the federal programs are unconstitutional to begin with, so eliminating waste and fraud and promoting efficiency for a program that requires a violation of someone else’s rights should not be a high priority of the Congress. But the temptation is too great, even for those who question the wisdom of the government programs, and compromise of the Fourth Amendment becomes acceptable.

I have never heard of a proposal to promote the national I.D. card, or anything short of this for any reasons other than a good purpose. Essentially all those who vote to allow the continual erosion of our privacy and other Constitutional rights never do it because they consciously support a tyrannical government; it is always done with good intention.